Abrió sus puertas el 10 de
octubre de 1949 como «Bar Casino», en la calle Tucumán 62. Sus dueños fueron
Pedro Evaristo Díaz y Edmundo Soria, pero, al poco tiempo, don Pedro adquirió
la parte de su socio y el establecimiento pasó de ser una pizzería a convertirse
en un clásico bodegón que acunaba a la bohemia santiagueña. Fue entonces cuando
lo bautizó «El Rincón de los Artistas».
Por ese boliche pasaron todas las
notables figuras musicales de Santiago, turistas y personalidades de la cultura
nacional que visitaban nuestra ciudad, como Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato,
Victoria Ocampo, Mercedes Sosa, Nelly Omar, Atahualpa Yupanqui, Horacio
Guarany, Astor Piazzolla y Selva Gigena, por nombrar algunos.
Entre los valores locales,
citamos a Andrés Chazarreta, Julio Argentino Jerez, los Hermanos Simón, Oscar
Segundo Carrizo, Cachilo Díaz, Coquito Cáceres, Hugo Díaz, Fidel Lucero, los
Hermanos Campos, «Diablito» Santillán, «Mandinga» Orellana, Los Carabajal,
Carlos Saavedra, Luis Billaud, Mariano Paz, Justo Marambio Serrano, etc.
Desde temprano, «El Rincón» abría
sus puertas, y el sonido de un bandoneón o el repique de un bombo daba la señal
de que comenzaba la gran cita salamanquera en el corazón del centro
santiagueño.
Desgraciadamente, por razones
económicas, el 26 de diciembre de 1976 cerró sus puertas para siempre y, con
este ingrato percance, se perdió una de las historias más nutridas de nuestra
rica cultura tradicional.
¿Y LA PLACA DÓNDE ESTÁ?
El Honorable Concejo Deliberante
Municipal de Santiago del Estero, mediante la Ordenanza N.º 3.183/99,
establece:
VISTO: El análisis del Expediente
N.º 198-8-99, realizado por la Comisión de Educación, Cultura y Turismo,
mediante el cual el bloque MOCISO eleva un proyecto de resolución solicitando
la colocación de una placa informativa en calle Tucumán 62, en el local donde
funcionó «El Rincón de los Artistas»; y
CONSIDERANDO: (...) que «El
Rincón de los Artistas» es parte de la historia bohemia de los santiagueños;
Que el artículo 1 de la Ordenanza
N.º 3.073/98 dispone la colocación de carteles de proclama informativa en
edificios, lugares y sitios de la ciudad capital donde se haya verificado el
acontecer de hechos relevantes.
Por ello, el Honorable Concejo
Deliberante de Santiago del Estero sanciona con fuerza de ordenanza:
Art. 1.º: «Dispónese la
colocación de una placa informativa en calle Tucumán 62 para hacer saber a la
ciudadanía que allí funcionó “El Rincón de los Artistas”».
Art. 2.º: El Departamento
Ejecutivo, a través del área competente, y el Honorable Concejo Deliberante
organizarán, en fecha a convenir, el acto público de descubrimiento de la
placa.
Art. 3.º: Comuníquese al
Departamento Ejecutivo, dése al Boletín Municipal, regístrese y archívese.
Sala de Sesiones, 9 de marzo de
1999.
Firmas: ingeniero Marcelo
Lugones, viceintendente, y doctora Matilde O'Mill, secretaria general.
Cuenta el periodista Roberto
Eduardo «Pupi» Vozza que la placa fue colocada, pero que, cuando se construyó
el Centro Cultural del Bicentenario (CCB), que posee tres ingresos: por las
calles Libertad, Pellegrini y Tucumán, y que fue inaugurado el 24 de julio de
2010, la distintiva placa desapareció sin que nadie diera una explicación,
puesto que nunca fue repuesta.
Aún hoy, y a pesar de que su
ausencia fue denunciada en las redes sociales, nadie responde a esta incógnita.
Es una pena para la cultura
santiagueña que esta placa haya desaparecido, ya que ilustraba a las nuevas generaciones
sobre aquel lugar, que fue una verdadera represa cultural donde abrevaron
nuestras más notables figuras artísticas en todas sus ramas.
O. H. E.
«UN RINCÓN PARA EL MANDINGA...»
Víctor Armando Orellana, apodado
«El Mandinga del Bandoneón», fue un destacado músico ejecutante de bandoneón y
una figura esencial del mítico «Rincón de los Artistas», de don Pedro Evaristo
Díaz.
Alto, elegante, de espíritu
alegre y bonachón, supo ganarse la confianza y la admiración de los habitués y
de sus colegas músicos.
Cuentan los memoriosos que, a
media mañana nomás, ya llegaba al Rincón y, sin más, desgranaba melodías que
despertaban la curiosidad de los transeúntes que pasaban por la calle Tucumán y
se convertían en una invitación a ingresar.
La mayoría de los foráneos que
visitaban Santiago se alojaban, por aquel entonces, en el Savoy Hotel o en el
Palace Hotel, situados en la vereda de enfrente del bodegón. Al escuchar los
sones de una chacarera o el repiqueteo de un legüero, visitar el Rincón se
convertía en una cita obligada. Lo mismo ocurría con los grandes artistas
nacionales que se hospedaban allí.
Cierto día, el gran Astor
Piazzolla visitó Santiago y se cruzó al bodegón para degustar unas empanadas y
oír a nuestros musiqueros. Observó detenidamente varias ejecuciones de
«Mandinga». Este, al percatarse de la presencia del «revolucionario del tango»,
le cedió el bandoneón y le pidió que tocara algo. El gran maestro marplatense
no se hizo de rogar: ejecutó un par de tangos y los parroquianos celebraron con
un ruidoso aplauso.
«El Mandinga», que oficiaba de
presentador, dijo en voz alta: «¡Grande, maestro!». Astor, como todo grande,
respondió humildemente: «El maestro es usted, que tocó tan bien, ya que a su
fuelle le faltan algunos botones...». Admirado, Orellana pidió al público que
renovara el aplauso.
Víctor Manuel Orellana nació en
1939, en el barrio San Martín de La Banda. Cuando cerró definitivamente «El
Rincón», cabizbajo y melancólico, emigró a Buenos Aires. A pesar de compartir
muchos escenarios con músicos de la talla de «Vitillo» Ábalos, «Yayo» Cartier,
entre otros, aquella gran mole de cemento no tenía la esencia ni la bohemia del
célebre Rincón.
«Mandinga» murió el 3 de julio de
2014 en Buenos Aires, afectado por la diabetes.
Víctor Manuel Orellana fue un
alma musical del pago que se fue de gira eterna, buscando ese «Rincón» que no
supo encontrar.
Santiago le debe un merecido
tributo.
Del libro inédito «Anécdotas de
folcloristas santiagueños», de Omar Sapo Estanciero.

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