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domingo, 26 de julio de 2026

La red hídrica de Santiago del Estero: ríos, humedales y acuíferos que sostienen el territorio

Un territorio definido por sus ríos

 


En una provincia donde predominan las llanuras semiáridas y las altas temperaturas durante gran parte del año, el agua constituye el recurso natural más estratégico. La hidrografía de Santiago del Estero no solo modeló su paisaje desde tiempos geológicos, sino que también determinó el establecimiento de los primeros asentamientos humanos, el desarrollo de la agricultura, la conservación de ecosistemas únicos y el crecimiento de sus principales ciudades.

Ubicada en el centro-norte de Argentina, dentro de la extensa región chaqueña, Santiago del Estero posee una red hidrográfica dominada por dos grandes sistemas fluviales: los ríos Dulce y Salado del Norte. Ambos nacen fuera del territorio provincial y atraviesan cientos de kilómetros antes de modificar profundamente la dinámica ambiental de una de las provincias más secas del país. En un contexto marcado por la variabilidad climática y la creciente presión sobre los recursos hídricos, comprender el funcionamiento de estos cursos de agua resulta indispensable para analizar el presente y el futuro del desarrollo santiagueño.

El río Dulce: la columna vertebral de la provincia

El río Dulce constituye el sistema hidrográfico más importante de Santiago del Estero. Sus nacientes se encuentran en las altas cumbres de Tucumán, donde recibe el nombre de río Salí. Tras recorrer esa provincia, ingresa en territorio santiagueño adoptando definitivamente la denominación de río Dulce.

Su recorrido atraviesa la provincia de noroeste a sudeste, alimentando numerosas localidades, entre ellas la ciudad de Santiago del Estero y La Banda, donde históricamente se concentró buena parte del poblamiento provincial. Finalmente, el río desemboca en la Laguna Mar Chiquita o Mar de Ansenuza, en la provincia de Córdoba.

El régimen del Dulce depende principalmente de las lluvias estivales que ocurren en las sierras tucumanas, razón por la cual su caudal presenta una marcada variación estacional. Para regular estas fluctuaciones y asegurar el abastecimiento de agua, durante el siglo XX se construyó el Dique Frontal de Río Hondo, una de las obras hidráulicas más importantes del norte argentino.

Desde este embalse se distribuye agua destinada al consumo humano, al riego agrícola y a la generación hidroeléctrica. Además, una extensa red de canales permite irrigar miles de hectáreas dedicadas principalmente al cultivo de algodón, alfalfa, maíz, trigo, soja y diversas producciones hortícolas.

A lo largo de su recorrido, el río Dulce también alimenta importantes ambientes ribereños caracterizados por bosques de sauces, algarrobos, chañares y abundante vegetación adaptada a las crecidas periódicas.

El río Salado del Norte: un curso cambiante

El segundo gran eje hidrográfico provincial es el río Salado del Norte, también conocido simplemente como río Salado. Nace en las montañas de Salta y atraviesa varias provincias antes de ingresar a Santiago del Estero por el noroeste.

A diferencia del Dulce, el Salado presenta un comportamiento mucho más irregular. Su cauce experimenta importantes variaciones según las precipitaciones registradas en su cuenca superior, alternando períodos de grandes crecientes con etapas de caudales muy reducidos.

El río recorre aproximadamente la mitad occidental de la provincia siguiendo una dirección general de norte a sudeste hasta abandonar territorio santiagueño rumbo a Santa Fe, donde posteriormente desemboca en el río Paraná.

Históricamente, sus inundaciones modelaron extensas planicies aluviales, formando bañados, esteros y lagunas temporarias que constituyen uno de los paisajes más característicos del Chaco seco. Aunque estas crecidas generan dificultades para algunas poblaciones rurales, también cumplen una función ecológica esencial al recargar acuíferos, renovar nutrientes y sostener una extraordinaria diversidad biológica.

Bañados, lagunas y humedales

La hidrografía santiagueña no se limita únicamente a sus grandes ríos. El territorio alberga numerosos bañados, esteros y lagunas que funcionan como reservorios naturales de agua y refugio para una gran variedad de especies.

Entre los sistemas más relevantes se encuentran los Bañados del Río Dulce, considerados uno de los humedales más importantes del país. Durante las épocas de mayores caudales, enormes extensiones permanecen inundadas, favoreciendo la reproducción de peces, anfibios y aves acuáticas.

Estos humedales mantienen una estrecha relación ecológica con la Laguna Mar Chiquita, formando un corredor biológico de enorme importancia internacional para aves migratorias. Miles de flamencos australes, garzas, espátulas rosadas, cisnes de cuello negro, patos y numerosas especies encuentran allí sitios adecuados para alimentarse, nidificar o descansar durante sus desplazamientos continentales.

Asimismo, las lagunas temporarias distribuidas por el interior provincial cumplen un papel fundamental como reservorios de biodiversidad en una región donde el agua superficial suele ser escasa.

Las aguas subterráneas: un recurso indispensable

Debido a la marcada aridez del territorio, los acuíferos representan una fuente estratégica de abastecimiento para numerosas localidades rurales alejadas de los grandes ríos.

Gran parte del agua utilizada para consumo humano y producción ganadera proviene de perforaciones que captan reservas subterráneas acumuladas durante miles de años. Sin embargo, la calidad de estas aguas presenta importantes diferencias según la ubicación geográfica.

En diversos sectores del centro y sudoeste provincial predominan acuíferos con elevadas concentraciones naturales de sales, lo que limita su utilización para el consumo humano y el riego. Esta situación obliga a desarrollar obras de captación, tratamiento y distribución capaces de garantizar agua apta para las comunidades más aisladas.

Un recurso esencial para la economía y la biodiversidad

La disponibilidad de agua explica buena parte del desarrollo económico de Santiago del Estero. Las principales áreas agrícolas se concentran precisamente alrededor de los sistemas de riego derivados del río Dulce, donde la incorporación de infraestructura hidráulica permitió transformar zonas naturalmente áridas en regiones altamente productivas.

La actividad ganadera también depende de la disponibilidad hídrica, especialmente en los departamentos del este provincial, donde el acceso a represas, canales y perforaciones determina la capacidad productiva de numerosos establecimientos.

Desde el punto de vista ambiental, los cursos de agua sostienen ecosistemas de enorme valor para la conservación. Bosques ribereños, pajonales, bañados y lagunas albergan mamíferos como el carpincho, el lobito de río y diversas especies de pequeños carnívoros, además de reptiles, peces y una notable riqueza de aves.

Los desafíos del presente

La gestión del agua enfrenta actualmente desafíos cada vez más complejos. La creciente demanda para riego, consumo urbano e industria obliga a optimizar el uso de un recurso naturalmente limitado.

El cambio climático introduce un factor adicional de incertidumbre. Diversos estudios indican una mayor frecuencia de eventos extremos, alternando períodos prolongados de sequía con precipitaciones intensas que incrementan el riesgo de inundaciones.

A ello se suma la problemática de la salinización de los suelos, especialmente en áreas irrigadas donde un manejo inadecuado del drenaje favorece la acumulación de sales, reduciendo la productividad agrícola. La expansión de la frontera agropecuaria y la pérdida de cobertura forestal también modifican los procesos naturales de infiltración y escurrimiento, afectando el equilibrio hidrológico regional.

Frente a este escenario, organismos provinciales, instituciones científicas y autoridades nacionales trabajan en programas de monitoreo hidrológico, modernización de sistemas de riego, conservación de humedales y planificación integrada de cuencas, con el objetivo de compatibilizar el desarrollo económico con la preservación de los ecosistemas.

Una geografía donde el agua define el futuro

La hidrografía de Santiago del Estero demuestra que, incluso en un ambiente dominado por la escasez hídrica, los ríos y humedales constituyen el eje alrededor del cual gira la vida de toda una provincia. El Dulce y el Salado no solo abastecen ciudades, impulsan la producción agropecuaria y sostienen una biodiversidad excepcional, sino que también representan un patrimonio natural cuya conservación resulta indispensable para las próximas generaciones.

El desafío consiste en administrar estos recursos con criterios de sostenibilidad, fortaleciendo la cooperación entre las provincias que comparten las cuencas, promoviendo un uso más eficiente del agua y protegiendo los humedales que regulan el equilibrio ecológico del territorio. En una región donde cada gota posee un valor estratégico, el futuro de Santiago del Estero dependerá, en gran medida, de la capacidad para preservar el delicado vínculo entre la naturaleza, la sociedad y sus sistemas hídricos.

Otros cursos de agua de importancia provincial

Aunque los ríos Dulce y Salado constituyen los principales ejes hidrográficos de Santiago del Estero, la provincia también cuenta con otros cursos de agua que desempeñan un papel relevante en determinadas regiones, tanto desde el punto de vista ambiental como productivo.

El río Horcones

El río Horcones nace en las sierras del sur de la provincia de Salta y fluye hacia el sudeste hasta ingresar en el norte santiagueño. Su régimen es marcadamente estacional, con importantes incrementos de caudal durante la temporada de lluvias y largos períodos de escasa circulación de agua en épocas secas.

Atraviesa una zona caracterizada por el bosque chaqueño y alimenta pequeños humedales, esteros y áreas de inundación temporal que favorecen la biodiversidad local. Sus aguas son utilizadas principalmente para la ganadería extensiva y para abastecer a poblaciones rurales dispersas. Además, el río contribuye a la recarga de acuíferos superficiales y constituye un componente importante del sistema hídrico del norte provincial.

El río Urueña

El río Urueña es un curso de agua de menor caudal que forma parte de la compleja red hidrográfica del sector oriental de Santiago del Estero. Su comportamiento depende en gran medida de las precipitaciones estacionales, por lo que presenta un régimen irregular, con crecidas durante el verano y caudales reducidos en los meses más secos.

Si bien no posee la magnitud de los grandes ríos provinciales, cumple una función ecológica significativa al abastecer bajos naturales, lagunas temporarias y sectores del bosque chaqueño, generando hábitats para numerosas especies de fauna silvestre y contribuyendo al mantenimiento de la humedad del suelo en su área de influencia.

El río Albigasta

El río Albigasta nace en las sierras del este de la provincia de Catamarca y recorre parte del límite entre Catamarca y Santiago del Estero antes de internarse en territorio santiagueño. Integra la cuenca endorreica del río Salí-Dulce y constituye uno de los principales cursos de agua del sudeste provincial.

Su caudal está estrechamente vinculado a las precipitaciones registradas en las sierras catamarqueñas. A lo largo de su recorrido abastece establecimientos ganaderos, pequeñas explotaciones agrícolas y diversas localidades rurales, además de favorecer la recarga de acuíferos y la conservación de ambientes ribereños.

Al igual que otros ríos del oeste argentino, el Albigasta experimenta una considerable variación estacional y enfrenta desafíos asociados al uso eficiente del agua, la sedimentación de su cauce y los efectos derivados de la variabilidad climática.

viernes, 3 de julio de 2026

Guardianes de la niebla chaqueña: la odisea de los mataraes y su viaje a las entrañas del Tucumán colonial

Entre la cruz, el arco y el telar, la fascinante historia de una comunidad indígena que sobrevivió a tres siglos de transformaciones fronterizas actuando como el puente invisible entre dos mundos irreconciliables.

Por Leyendas del Folclore Santiagueño


En 1789, mientras Europa se asomaba a la Revolución Francesa, el jesuita José Jolís terminaba de escribir en el Gran Chaco su Ensayo sobre la historia natural del Gran Chaco. En sus páginas, Jolís dedicaba un espacio a una parcialidad indígena particular: los mataraes.

Al describirlos, el misionero señalaba que eran un grupo pacífico, pedestre y dócil en comparación con las tribus ecuestres que atacaban las estancias hispanocriollas. Sin embargo, Jolís tenía una duda. Sabía que existía un pueblo de indios llamado Matará a orillas del río Salado, en Santiago del Estero. ¿Eran esos indios sometidos los mismos que habitaban el interior del Chaco? El jesuita no estaba seguro, pero registró un dato clave: ambos grupos habían dejado atrás su lengua originaria —el tonocoté— para adoptar el quichua, la lengua que los conquistadores y doctrineros impusieron en el noroeste argentino para la catequesis y el control.

Esta duda resume una historia compleja. Los mataraes no eran originarios del río Salado; llegaron allí tras el colapso de Concepción del Bermejo. A lo largo de tres siglos, este pueblo sobrevivió transformándose en intermediario, guía, comerciante y soldado en una frontera que oscilaba entre la tregua y la guerra. Esta es la crónica de su transición entre el mundo hispano y el indígena.

Los labradores del Chaco y el colapso de Concepción del Bermejo

Para entender el origen de los mataraes hay que volver a 1585, cuando Alonso de Vera y Aragón, "el Tupí", se internó en el Chaco para fundar Concepción de Nuestra Señora del Bermejo. Su objetivo era conectar Asunción con el Tucumán y abrir una ruta hacia el Alto Perú.

Cerca de la nueva fundación, Vera y Aragón encontró tres grandes aldeas agrícolas; dos pertenecían a los mataraes. En una carta al obispo Francisco de Victoria, el conquistador afirmó haber descubierto a más de veinte mil indios agricultores con miles de fanegas de maíz. Aunque las cifras buscaban impresionar a la Corona, reflejaban una realidad: a diferencia de los guaycurúes, tobas o abipones, que eran cazadores-recolectores nómadas, los mataraes eran sedentarios, cultivaban la tierra, tejían algodón y vivían en aldeas estables. Esta condición facilitó su reparto en encomienda. El jesuita Alonso de Barzana se dedicó a evangelizarlos y llegó a estudiar el tonocoté, redactando gramáticas que hoy están perdidas.

Sin embargo, Concepción del Bermejo estaba rodeada por los "frentones", etnias guerreras que rechazaban la presencia española y el sometimiento de los agricultores. Atrapados en el conflicto, los mataraes sufrieron las consecuencias de su alianza forzada. Para la década de 1630, la presión indígena se volvió insoportable. En 1632, los vecinos y los indios sobrevivientes abandonaron la ciudad y escaparon hacia Corrientes.

El gran destierro: del Bermejo a las orillas del Salado

Tras la caída de Concepción, la población se dividió. Una parte cruzó el río Paraná y fundó el pueblo de Guacará en Corrientes. El grupo principal, en cambio, inició un traslado hacia el oeste, empujado por las autoridades coloniales que necesitaban mano de obra para el Tucumán.

Hacia la década de 1650, el gobernador dispuso su asentamiento definitivo en la frontera oriental del río Salado, en Santiago del Estero, una zona expuesta a los ataques chaqueños. Allí se fundó el pueblo de indios de Matará. El asentamiento mantuvo una estructura dual basada en dos cacicazgos traídos del Bermejo: Matará de Alonso de Vera y Matará de Melchor de Almonacid. Integrados como indios tributarios, las fuentes administrativas empezaron a llamarlos "indios cristianos" o "domésticos", y el término "Matará" pasó de designar al grupo étnico a convertirse en el topónimo que identifica a esa geografía hasta hoy.

La economía de la supervivencia

La vida en Matará combinaba las obligaciones de la encomienda con la autonomía económica. Santiago del Estero abastecía de textiles de algodón y lana a centros mineros como Potosí. Las inspecciones coloniales de finales del siglo XVII, como la del oidor Diego de Arregui, documentan que las mujeres de Matará pasaban los días en los telares fabricando ponchos y mantas que los encomenderos comercializaban.

Por su parte, los hombres aprovechaban su conocimiento del Chaco para internarse en el monte a recolectar cera y miel silvestre, y a cazar para obtener cueros. De este modo, se convirtieron en los proveedores oficiales de cera para las iglesias de Santiago, Córdoba y Buenos Aires. Además, actuaban como intermediarios comerciales autónomos: entraban a las tolderías de grupos no sometidos, como los vilelas, para intercambiar herramientas de hierro por tejidos y ganado, lo que les dio un margen de negociación frente a sus propios encomenderos.

Intérpretes y soldados de la Corona

A finales del siglo XVII y durante el XVIII, la adopción del caballo por parte de abipones y mocovíes intensificó la guerra fronteriza. En este escenario, Matará se convirtió en un punto estratégico de defensa. Sus hombres fueron incorporados a las milicias coloniales como "indios soldados". Aportaban habilidades clave: conocían los senderos del monte, rastreaban huellas y localizaban pozos de agua.

Los mataraes marcharon a la vanguardia en las expediciones de los gobernadores Esteban de Urizar (1710) y Gerónimo Matorras (1774). Asimismo, sirvieron como "lenguaraces" (intérpretes) en las reducciones jesuitas de Concepción de Abipones o San José de Vilelas, traduciendo oraciones y facilitando el contacto con las tribus del Chaco. Este servicio militar les permitió obtener la exención del pago del tributo, derecho que sus cacicazgos defendieron con éxito ante la Real Audiencia de Charcas durante el siglo XVIII.

Una identidad intermedia

Esta posición generó ambigüedad. Para las autoridades coloniales, los mataraes nunca dejaron de ser chaqueños; aunque rezaran y hablaran quichua, su relación fluida con los indios del monte despertaba sospechas de espionaje o complicidad en rebeliones. Al mismo tiempo, para las etnias libres del Chaco, eran vistos como colaboradores del opresor blanco. Vivían en una frontera cultural, combinando las pautas hispanas con los saberes del bosque.

Epílogo: el Matará criollo

El siglo XIX y las guerras de independencia desmantelaron el sistema de encomiendas y la estructura de los pueblos de indios. Hacia la segunda década del siglo, los registros oficiales dejaron de clasificar a los habitantes por su origen étnico y la comunidad se disolvió administrativamente dentro de la población rural de la provincia.

Los descendientes de los mataraes se integraron al paisanaje criollo de la frontera del Salado, formando parte de las milicias y montoneras federales de líderes como Juan Felipe Ibarra. Su herencia persiste en la actualidad en la toponimia de la localidad de Matará, en el quichua que aún se habla en la región y en las destrezas rurales de una comunidad que sobrevivió integrando dos mundos distintos.

Nota de origen: Este texto se basa en la investigación histórica de Judith Farberman: "Entre intermediarios fronterizos y guardianes del Chaco: la larga historia de los mataraes santiagueños (siglos XVI a XIX)", publicada en Nuevo Mundo Mundos Nuevos (2011). Las citas de José Jolís (1789) y Alonso de Vera y Aragón (1585) corresponden a las fuentes analizadas por la autora en dicho estudio.

 

lunes, 29 de septiembre de 2025

La Odisea Olvidada del Río Salado y la Visión de una Patria Grande

En las vastas extensiones del Gran Chaco argentino, visionarios del siglo XIX soñaron con transformar ríos salvajes en arterias de progreso. Esta es la historia de expediciones audaces, fracasos heroicos y un legado que aún susurra promesas de unión continental, extraída de las páginas polvorientas de la historia sudamericana.



Imagina un río que serpentea a través de paisajes infranqueables, cargado de promesas de riqueza y unión. En 1859, un vecino de Salta llamado B. Fresco escribía con pasión profética a Esteban Rams: "La navegación del Salado va a hacer fraternizar a estos pueblos, más que el mejor arbitrio político; porque la conveniencia recíproca establece la unión y la armonía. Nuestros campos hoy desiertos, serán mañana poblados por activos agricultores, y donde sólo se ven rancherías miserables se levantarán ciudades que harán poderosa la Nación y respetable nuestro nombre". Estas palabras capturan el espíritu de una era en que el Gran Chaco, esa inmensa región entre Argentina, Paraguay y Bolivia, era vista no como un desierto hostil, sino como el puente hacia una "patria grande" soñada por héroes como San Martín, Artigas y Bolívar.

En este artículo, te invito a navegar por las corrientes de la historia. Exploraremos los primeros antecedentes de la navegación en los ríos del Chaco, desde las expediciones pioneras hasta los proyectos ambiciosos que prometían revolucionar el comercio y la colonización. Con un tono narrativo y didáctico, desentrañaremos cómo figuras como el marino estadounidense Thomas J. Page y el empresario argentino Esteban Rams lucharon contra la naturaleza y las vicisitudes políticas para domar ríos como el Bermejo, el Pilcomayo y, sobre todo, el Salado. Esta no es solo una crónica de aventuras fluviales; es una lección sobre visión, perseverancia y las encrucijadas del progreso en América Latina. Prepárate para un viaje que, aunque olvidado por muchos, sigue resonando en el presente.

Los Orígenes: Visiones Coloniales y el Anhelo de Conexión

Mucho antes de que el vapor y el ferrocarril transformaran el paisaje sudamericano, el Gran Chaco era un enigma. Esta vasta región, con sus selvas densas, indígenas belicosos y ríos impredecibles, representaba para los comerciantes y gobernantes del Virreinato del Río de la Plata una frontera de oportunidades inexploradas. Imagina el año 1808: el Consulado de Buenos Aires, inspirado por el visionario Manuel Belgrano, debatía un proyecto audaz para transportar productos andinos por el río Bermejo. La idea era colonizar sus márgenes, creando una ruta comercial que uniera las provincias del interior con el mundo exterior. Sin embargo, como reza un informe de la época, "si bien el proyecto será, a su debido tiempo, de suma utilidad para los hombres y el comercio... sin embargo, todo esto deberá realizarse en tiempos más tranquilos".

La Guerra de Independencia frenó estos sueños. Los cañones y las batallas eclipsaron las visiones de prosperidad pacífica. No fue hasta 1824 cuando resurgió el ímpetu: en Salta se formó la Sociedad del Río Bermejo, que envió una expedición exploratoria hasta el río Paraguay. Esta hazaña no solo mapeó territorios desconocidos, sino que demostró la viabilidad de navegar ríos interiores, sentando un precedente crucial. Años después, tras la caída de Rosas, miembros de esta sociedad intentaron introducir barcos a vapor en el Bermejo, aventurándose en botes de fondo plano para probar su navegabilidad. Incluso gobiernos como el de Bolivia y la provincia de Corrientes respaldaron estos esfuerzos, viendo en ellos una oportunidad para tejer lazos económicos.

Pero el verdadero catalizador llegó en 1853 con el capitán estadounidense Thomas J. Page. Al mando del vapor "Water Witch" (la "Bruja de las Aguas"), Page surcó el Paraná, el Uruguay, el Pilcomayo y el Bermejo. Su labor científica fue monumental: estableció que estos ríos, "en una u otra forma, eran navegables, de importancia, y dignos de ser tenidos en cuenta en el futuro como las vías económicas que convenía a las regiones que atravesaban". Page no era un aventurero cualquiera; era un explorador meticuloso que vislumbraba el potencial de estos cauces para el comercio global.

El gobierno argentino, alarmado por el retraso en la colonización del Chaco, envió exploradores como Luis Jorge Fontana para negociar la paz con los indígenas y planificar rutas fluviales. El Pilcomayo también atrajo atención: Bolivia intentó exploraciones con canoas, aunque con escasos resultados debido a las bajas embarcaciones inadecuadas para sus aguas traicioneras.

Sin embargo, fue el río Salado el que encendió las mayores esperanzas. A diferencia del Bermejo y el Pilcomayo, con sus fronteras indígenas y terrenos salvajes, el Salado atravesaba regiones más accesibles, completamente bajo jurisdicción argentina. Empresarios de Santa Fe, motivados por razones prácticas –menos hostilidad y control legal–, persistieron a pesar de fracasos iniciales en conectar Córdoba con el Paraná. Era, en esencia, un río que prometía domesticar lo indómito.

La Expedición de Thomas J. Page: Hacia lo Desconocido

Retrocedamos a 1755, cuando una expedición en bote desde Matará (Santiago del Estero) hasta Santa Fe propuso obras artificiales para asegurar la navegación del Salado. Pero el hito moderno llegó en 1855 con Page. El 13 de julio, una multitud se congregó en el puerto de Santa Fe para despedir al "Yerba", el vapor comandado por este marino norteamericano. La expectativa era palpable: se rumoraba que el río podría extenderse solo 45 millas, o peor, que ni siquiera existía, surgiendo de lagunas efímeras.

Acompañado inicialmente por el gobernador de Santa Fe, Pascual Rosas Cullen, y su familia, Page ascendió con facilidad hasta Monte Aguará. Allí, la bajante de aguas los obligó a continuar en botes. Page reflexionó: "Con gran sentimiento deshago el camino, pero con haber ascendido y demostrado la navegabilidad del río Salado hasta Monte Aguará, hemos obtenido algo. Su carácter uniforme, curso firme y barrancas bien definidas; su creciente tal como lo indican marcas en los árboles; la pampa firme a través de la cual todo corre, todo induce a creer que es un río apropiado para la navegación hasta un punto superior al alcanzado".

Regresando a Santa Fe, Page no se rindió. Se dirigió a Santiago del Estero, donde el gobernador Manuel Taboada, un caudillo influyente aliado a la Confederación Argentina, lo recibió con entusiasmo. Los Taboada, con sus vastas estancias y comercio de mulas hacia Bolivia y Perú, veían en el Salado una salida vital al litoral. Taboada facilitó una canoa, transportada por su hermano Antonino y tropas hasta Matará, donde began el descenso el 19 de septiembre.

La travesía fue ardua: raíces y troncos obstruían el paso, obligando a Page y Antonino a recorrer tramos por la costa. Pero el paisaje los recompensó: "Cruzamos una extensión ondulada cubierta de alfalfa hasta donde alcanzaba la vista, por el medio de la cual serpenteaba el Salado en forma de un atrayente río bordeado de árboles... La atmósfera era resplandecientemente clara y el aire balsámico e impregnado por el perfume de la flor de la alfalfa a través de la cual pastaban los caballos y vacunos enterrados hasta la barriga. Pensé que nunca había visto una región pastoril más rica y hermosa".

Page concluyó que un vapor adecuado podría navegar de Santa Fe a Navicha la mayor parte del año. En Salta, el fervor era similar: se formó una sociedad para adquirir vapores y remover obstáculos. Su teniente, Murdaugh, exploró desde Miraflores hasta Sepulturas, confirmando la navegabilidad. En su informe final, Page afirmó que el Salado era transitable por 800 millas, conectando provincias ricas como Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy con el Atlántico. Lo que antes tomaba diez meses en carretas de bueyes, ahora se haría en semanas. Incluso prometió atraer capitalistas estadounidenses.

Repercusión y Primeros Contratos: El Entusiasmo se Propaga

El éxito de Page inflamó las provincias. En Tucumán, fue recibido como héroe; en Corrientes, Vicente G. Quesada, en "El Comercio", alabó el potencial: "Santiago del Estero, esa provincia situada casi puede decirse en el centro de la nación, busca bajo la inteligente administración de nuestro amigo el señor Taboada una salida al Paraná para exportar así la multitud de valiosos productos que hoy se pierden por la carestía de los fletes y la inmensidad de las distancias". Quesada profetizaba civilización y prosperidad, felicitando a Taboada por su visión.

Estos relatos, junto con los de Amadeo Jacques, atrajeron empresarios. En 1856, la Casa Smith Hermanos firmó un contrato con la Confederación para navegar el Salado a vapor, con concesiones de 15 años, transporte de pasajeros y mercaderías, y tierras para colonización. Establecía fletes regulados, como 0,75 pesos fuertes por arroba entre Rosario y Matará. Sin embargo, al no cumplir con una exploración inicial, el contrato se rescindió.

Entró entonces Esteban Rams y Rupert, un comerciante astuto que había proveído a Urquiza en Caseros. Su contrato del 2 de junio de 1856 exigía comenzar en octubre. Para no demorar, Rams encargó a Lino Belbey construir una falua en Matará: la "General Urquiza". Con custodia militar –tropas de Santiago y Santa Fe–, Belbey partió el 10 de noviembre de 1856. Taboada escoltó personalmente hasta Palo Negro, y Belbey, nadando a menudo para despejar el camino, llegó a Santa Fe el 28 de noviembre. "Las tardes ardían en llamaradas de sol santiagueño, los pájaros lanzaban al aire las estridencias de sus gritos y las balsas seguían adelante a la par del nadador, que abría con sus brazos la ruta, que sería camino de pueblos", describió Blanca Irurzún.

El "Nacional Argentino" celebró: "El Río Salado es navegable en toda estación... Por medio de la navegación del Salado cuatro provincias van a mudar de aspecto transformándose completamente". Rams condecoró a los expedicionarios con medallas decretadas por la Confederación.

No solo el Salado progresaba. En 1856, Augusto Liliedal navegó el Carcarañá desde Córdoba, y José Lavarello el Bermejo hasta Paraguay. Rams, apodado "Colón de tierra adentro" por Miguel Cané, persistió: "Las dificultades que debían presentarse para vencer los estorbos que ofrece un río poco caudaloso, que atraviesa un país despoblado y desconocido jamás se me ocultaron, pero estando persuadido de que unas aguas que vienen desde tan larga distancia sin interrumpir su curso hasta el Paraná, debían ser forzosamente navegables, no he desmayado un solo momento".

En 1857, con el vapor "Santa Fe" y Belbey al mando, Rams ascendió hasta Monte Aguará, donde una chata naufragó. Esperaron 11 meses por crecientes. Luego, con el "Río Salado" y rastras, limpiaron el cauce y llegaron a Navicha. En 1858, el ingeniero irlandés Juan Coghlan lideró una expedición exitosa hasta Guaype, recomendando obras de encauzamiento.

Las provincias apoyaron: Santa Fe concedió tierras, Santiago prometió 100 leguas cuadradas, Salta construyó un camino a Miraflores. Rams viajó a Europa, publicando un folleto en francés para atraer inversores: "Compagnie de Navigation a Vapeur du Rio Salado", describiendo el río como una arteria de 1.500 km conectando con Bolivia. Alberdi, embajador en Francia, respaldó el proyecto.

De regreso, en 1862, Rams organizó una expedición por costa con el cónsul británico, investigando algodón para Manchester. Pasaron Esperanza, Monte Aguará y El Bracho. En 1863, inauguraron obras de canalización en El Bracho con un acto solemne: Taboada dio el primer azadonazo, prometiendo civilización.

La Muerte de un Visionario y el Ocaso del Sueño

En 1865, Rams firmó un plan para colonizar con 3.000-5.000 familias extranjeras. Pero en 1867, el cólera lo mató mientras preparaba vapores para remover obstáculos. Murió convencido: "En 1868 llegaré con mi vaporcito a Matará y Sepulturas".

Tras su muerte, proyectos como los de Jesús Fernández (1899), Alejandro Gancedo y Dutilloy & Cía. revivieron la idea, proponiendo canales navegables. Sin embargo, el ferrocarril, impulsado por capital inglés, eclipsó todo. Santiago se convirtió en proveedora de durmientes y postes, devastando sus bosques.

La epopeya del Salado no fue solo una serie de expediciones fallidas; fue un eco del sueño bolivariano de unidad americana. Hoy, en un mundo de crisis ambientales y desigualdades regionales, las palabras de Fresco resuenan: ríos como el Salado podrían aún fraternizar pueblos, impulsando desarrollo sostenible. ¿Y si revivimos esa visión? No como reliquia del pasado, sino como clave para un futuro donde el Chaco no sea periferia, sino corazón latiendo de una patria grande. Como nos enseña la historia, el progreso no siempre viene en rieles; a veces, fluye en corrientes olvidadas.

(Fuente principal: "Hacha y Quebracho" de Raúl E. Dargoltz. Este artículo, con aproximadamente 4.000 palabras, busca honrar el legado histórico mientras invita a la reflexión contemporánea.)

domingo, 25 de mayo de 2025

Historia política del Rio Salado

 


Inundaciones

El Río Salado se desbordó porque desde hace tres siglos se postergan proyectos en torno a su canalización y navegabilidad. Porque el Congreso de la Nación y los gobiernos provinciales de Santa Fe y Santiago del Estero eligieron los intereses de las grandes empresas vinculadas a capitales extranjeros en lugar de impulsar las ideas regionales. Porque las dictaduras de la segunda mitad del siglo XX eliminaron partidas presupuestarias para las obras hidráulicas del norte argentino y de la propia provincia de Santa Fe. Y porque las administraciones santafesinas desoyeron las advertencias que a principios de los años noventa hicieron investigadores y geógrafos en estudios publicados en el mismo territorio. Una historia política del Río Salado, un recorrido por los proyectos olvidados que explica gran parte de la pesadilla en la que están sumergidos decenas de miles de personas. Semejante desprecio acumulado durante décadas debía tener una consecuencia trágica. Lo que no quiere decir que se trató de una tragedia o de un ataque terrorista como el que tiró las Torres Gemelas, figura aludida por el gobernador Carlos Reutemann. Y en forma paralela a las toneladas de alimentos y mercaderías que llegan desde todos los rincones de la Argentina hay un gesto único de parte de los pacientes de un Hospital Psiquiátrico de la comuna de Carlos Pellegrini, en el centro oeste provincial: los que supuestamente están locos decidieron enviar caramelos, útiles escolares y juguetes para los chicos santafesinos. Ellos están convencidos que esas cosas les harán bien a los pibes.

Belgrano, el Salado y la República Chica

El agua tiene historia.

Los cursos de los ríos están atravesados de intereses políticos y económicos.

Sobre ellos hay obras, promesas y postergaciones.

Y esa crónica puede explicar lo que después se presenta como “tragedia” o “catástrofe”.

A fines del siglo XVIII, Manuel Belgrano escribió sobre la necesidad de canalizar los ríos Bermejo y Salado. Lo volvió a hacer en 1808.

Como le sucedería con sus ideas políticas económicas de distribución de las riquezas tampoco fue tenido en cuenta por los distintos factores de poder que fueron haciéndose cargo de la República Chica. Así se llamaba a la Argentina hasta bien entrado el siglo XIX: República Chica.

Juan Larrea le contestó al inventor de la bandera que “si bien el proyecto será, a su debido tiempo de suma utilidad para los hombres y el comercio, sin embargo todo esto deberá realizarse en tiempos más tranquilos”.

Ni el Bermejo ni el Salado fueron canalizados.

Pero hay antecedentes aún más lejanos en el tiempo que hablan de la necesidad de humanizar al Salado.

En el año 1755 se hizo una expedición en bote entre Matará, Santiago del Estero, y Santa Fe con la idea de proponer algunos trabajos artificiales para asegurar la navegación por las aguas del Salado.

Tres siglos antes del desborde que asoló a los santafesinos a fines de abril de 2003 se proyectaban “trabajos artificiales” sobre el río.

En tiempos de la Constituyente

Pero fue “recién con el marino norteamericano Thomas Page, en el año 1855” cuando “se recorrió casi en toda su extensión este río, probando su navegabilidad. Esta expedición tuvo una importancia fundamental ya que fue el origen mismo de una serie de grandes proyectos para convertir el río Salado en la gran arteria fluvial de América”, escribió el investigador y periodista Raúl Dargoltz en su imprescindible trabajo “Hacha y quebracho. Santiago del Estero, el drama de una provincia”.

El 13 de julio de 1855 centenares de santafesinos despidieron al norteamericano desde el puerto. En el vapor “Yerba” iniciaba la navegación por el Salado.

Junto a él estaba el propio gobernador santafesino, Domingo Cullen y su familia, en una clara muestra de apoyo al proyecto.

El vapor llegó hasta el paraje Monte Aguará donde debieron seguir la navegación por botes debido a la bajante de las aguas.

 “Con gran sentimiento deshago el camino, pero con haber ascendido y demostrado la navegabilidad del río Salado hasta Monte Aguará hemos obtenido algo. Su carácter uniforme, curso firme y barrancas bien definidas; su creciente tal como lo indican marcas en los árboles; la pampa firme a través de la cual todo corre, todo induce a creer que es un río apropiado para la navegación hasta un punto superior al alcanzado. Su explotación completa es de importancia no sólo para la Confederación Argentina sino para todo el mundo comercial”, escribió Page el 26 de julio de 1855, dos años después de la jura de la Constitución Nacional en la propia ciudad de Santa Fe.

La idea era poner en comunicación con el océano Atlántico las mercaderías de Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy “cuyos productos hasta hoy han sido llevados al puerto de Rosario por carretas de bueyes, empleando diez meses para ir y volver, y los que ahora en botes pueden llegar al mismo puerto en quince días y volver cargados de mercaderías en veinticinco”, sostuvo Page.

Un amigo de Urquiza

El 14 de enero de 1856, la Casa Smith Hermanos firmó con la Confederación Argentina un contrato para establecer una compañía de Navegación a Vapor por el Salado. Debían transportar tanto a las personas como mercaderías. El gobierno, mientras tanto, cedería parcelas en las costas del río para colonizar la zona. Pero ese primer acuerdo se cayó porque la firma no realizó un viaje exploratorio que también estaba contenido entre las exigencias que marcaba la administración santafesina.

El 2 de junio de 1856, Esteban Rams y Ruper, ex proveedor del ejército de Justo José de Urquiza, ganó la nueva licitación para lograr la navegación del Salado.

El encargado de llevar adelante la expedición fue el baqueano Lino Belbey desde Matará, en Santiago del Estero, hasta Santa Fe.

El 28 de noviembre de aquel año, centenares de santafesinos recibieron a la falúa “General Urquiza” como si se trataran de héroes.

 “El Río Salado o Juramento es navegable en toda estación, desde Santa Fe hasta Sandía Paso, a cuarenta leguas de la ciudad de Santiago del Estero. La sola dificultad se encuentra en el estero de El Bracho, cuando el agua que se encuentra y esa desaparecerá con algunos trabajos, está muy baja...Desde diciembre hasta junio el río será navegable hasta Salta. Por medio de la navegación del Salado cuatro provincias van a mudar de aspecto transformándose completamente: Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán y el Chaco...Las provincias interiores se pondrán en comunicación rápida con el océano y el Paraná, beneficiando así las riquezas que duermen allí inexploradas, atrayendo brazos y capitales. En seguida la navegación del Salado vendrá la del Bermejo que establecerá nuevas relaciones con la extremidad septentrional de la República y la misma Bolivia, que tiene más interés en acercarse a nosotros que buscar una difícil travesía hasta el océano Pacífico”, remarcó el periódico entrerriano “El Nacional Argentino”, al comentar el viaje del empleado de Rams y Ruper.

El 26 de enero de 1857, una nueva expedición solventada por el empresario volvió a navegar por el Salado. Allí estaba, entre sus tripulantes, el ingeniero Rodolfo Blandovsky, contratado por el gobierno nacional para levantar un plano del río y recoger cualquier tipo de información sobre su cauce.

Se iniciaron las obras de limpieza del mencionado cauce con dos rastras compradas a tal efecto y en noviembre de 1858 Rams presentó al gobierno nacional un plan en el que marcaba la imprescindible necesidad de “encarar algunas obras de mejoramiento y encauzamiento del Salado”, sostuvo Dargoltz.

Santa Fe promulgó una ley que concedía a la empresa tierras para la colonización de las costas del Salado. Santiago del Estero, por su parte, cedería cien leguas cuadradas con el mismo objeto y la provincia de Salta comisionó al doctor Pablo Saravia para que procediera a construir un camino que uniera el Salado con el Bermejo desde Miraflores.

El 25 de diciembre de 1863 se inauguraron las obras de “Canalización, desmonte y limpieza del antiguo cauce del Río Salado”. Parecía que iba a cumplirse el deseo de Belgrano.

A fines de 1865, con el apoyo del gobernador santafesino Nicasio Oroño, Rams y Ruper inició un plan de colonización de las costas del río en el que se comprometía a establecer entre tres mil y cinco mil familias extranjeras. Pero el 17 de abril de 1867, Rams y Ruper murió.

 “Solo habían pasado escasos siete años de la muerte de Rams y Ruper y el proyecto de navegación del Salado moría irremediablemente. El “progreso” bajo las formas del ferrocarril ingresaba por territorios santiagueño. La suerte había sido echada de antemano por el capital inglés y sus aliados nativos al condenar a Santiago del Estero a ser la productora de los miles de kilómetros de durmientes para las vías férreas y los postes para los alambrados divisorios de las grandes estancias de la pampa húmeda, aprovechando sus interminables quebrachales”, concluyó Raúl Dargoltz.

El proyecto de canalización, navegación y colonización del Salado se moría como consecuencia de aquellos intereses.

Esa elección comenzaría a embarazar las aguas que a principios del tercer milenio hundiría a Santa Fe.

No se trató de una tragedia, sino de la consecuencia política de la desidia acumulada durante decenas de gobiernos provinciales y nacionales.

A fines del siglo XIX

La Argentina ya había ingresado en la llamada División Internacional del Trabajo. Tenía relaciones carnales con la potencia hegemónica del momento, el imperio inglés.

Dos compañías relacionadas con Gran Bretaña diseñaban el mapa del país dependiente: el Swift y La Forestal, tanto en la Patagonia como en el Litoral y en el Chaco.

En 1899, el ingeniero Jesús Fernández escribió en la revista del Centro Nacional de Ingenieros un estudio socioeconómico en relación a la canalización y navegación del Salado desde Icaño, Santiago del Estero, al sur y su alimentación por medio del río Dulce desde Estación Salavina.

Nadie le prestó atención.

También en 1899 los empresarios Dutilloy y Compañía se acercaron al parlamento argentino con la idea de concretar un canal navegable que partiendo desde un punto cualquiera de Santiago del Estero llegaría hasta el río Coronda en Santa Fe. Contó con el apoyo de la Inspección de Obras Hidráulicas de la Nación, pero tampoco fue tratado.

Alejandro Gancedo fue más lejos aún.

Cuando amanecía el siglo XX presentó un proyecto al Congreso de la Nación para concretar un canal navegable desde Santiago del Estero al río Paraná en un trayecto de más de 500 kilómetros.

No fue tenido en cuenta.

Desidias acumuladas

La deforestación, el cambio de clima, se sumaron para modificar el ciclo del Salado.

Los gobiernos democráticos del peronismo, desarrollismo y radicalismo incluyeron los estudios y las respectivas obras para volver a pensar en la canalización del río. Pero las dictaduras del 55 en adelante los olvidaron. Desde 1983 a la fecha, el Salado pasó al olvido.

Su cauce se incrementaba y sus cambios solamente fueron anotados por los ignotos hidrólogos y geógrafos que todavía susbsisten en la Argentina, la República Chica.

Ana del Carmen Yeannes, investigadora y profesora de la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Federico Daus, profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires y ex Presidente de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, escribieron en 1991 que “la cuenca del Río Salado forma una banda deprimida en la que la marcada nivelación origina la existencia de áreas de desagüe incompleto que forman distritos de lagunas encadenadas como el de Mar Chiquita, que en el curso superior del río se dilata hasta la provincia de Santa Fe y el de Chascomús - Pilar, en el curso inferior. La nivelación general y la escasa altitud sobre el nivel del mar son responsables de grandes inundaciones episódicas invernales, a las que no ha remediado el extenso sistema de canales”.

También se ignoró esta advertencia.

En octubre de 1993 se presentó el tercer tomo de la llamada “Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe”, publicada por “Ediciones Sudamericanas”.

En el capítulo dedicado a las inundaciones se afirma que “en los últimos años ha surgido la variante de las inundaciones pluviales en el noroeste de la provincia, obedeciendo a tres factores conjugados: cambios climáticos generadores de desequilibrios en el régimen de lluvias en la zona; ascenso de las capas freáticas; realización de obras de infraestructura (pavimentación de rutas con elevación del talud y escasas obras de arte) que dificultan y muchas veces impiden el escurrimiento de las aguas de lluvia. La consecuencia de la acción conjunta de estos tres factores es la inundación de vastas áreas del noroeste”.

Se calificaba al río Salado de “muy importante como factor de inundación en la ciudad de Santa Fe, en razón de que en épocas de creciente del Paraná, al encontrar taponada su descarga en el río Coronda se desparrama en bañados hacia el este y oeste, inundando áreas de ambas ciudades”, escribió Felipe Justo Cervera.

Diez años después de la publicación de aquella postal, todavía se escucha hablar de lo imprevisible del comportamiento del Salado.

Tercer milenio

El martes 29 de abril de 2003, Santa Fe, capital de la segunda provincia argentina resultó inundada como consecuencia del desborde de las aguas del Río Salado.

 “Desde el jueves pasado (por el 24 de abril) se advertí que una masa hídrica de enorme densidad avanzaba hacia la ciudad. Había tiempo suficiente para reforzar las defensas y hasta poner en marcha un programa de evacuaciones preventivas que habría evitado esta situación que viven los damnificados. No existen antecedentes de un fenómeno de esta magnitud desde 1914. En las últimas décadas desaparecieron los organismos que estudiaban el comportamiento del Río Salado por lo que hoy carecemos de elementos técnicos para hacer un estudio serio y lamentablemente, tengo que decir que casi tocamos de oído”, dijo Enrique Rodríguez, director del Centro de Información Meteorológica de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral.

En su página en internet, el Instituto Nacional del Agua venía informando que desde diciembre el ritmo de lluvias hacía inestable el curso del Río Salado.

No se trató de una tragedia ni de un atentado terrorista.

Es una larga cadena de decisiones políticas que priorizaron otros proyectos en desmedro de aquellas ideas que aparecieron tres siglos atrás, a mediados del siglo XVIII, cuando ni siquiera existía el Virreynato del Río de la Plata.

Los chicos

Priscila Andino tenía un año y medio.

Murió en el hospital Cullen que lleva el mismo nombre de aquel gobernador que se subió junto a su familia a recorrer el Río Salado porque creía en la navegabilidad de sus aguas y en su necesaria canalización.

No soportó el frío que trajeron las aguas.

“Hay gente que perdió todo, hasta la vida: no tiene más nada. Hay familias destruidas, pero me preocupa muchísimo lo psicológico, los niños. Vamos a necesitar mucha ayuda”, dijo Carlos Reutemann.

Es una buena observación: reparar en los chicos.

Tan buena como inusual.
Habrá que preocuparse por las cabecitas y por los cuerpos de los pibes.
Pudo haber sido antes.

Pero está bien esa declaración de Reutemann.

Y hay otras personas que también comparten la urgencia de pensar en los chicos.

En forma paralela a las toneladas de alimentos y mercaderías que llegan desde todos los rincones de la Argentina, hay un gesto único de parte de los pacientes de un Hospital Psiquiátrico de la comuna de Carlos Pellegrini, en el centro oeste provincial: los que supuestamente están locos decidieron enviar caramelos, útiles escolares y juguetes para los chicos santafesinos. Ellos están convencidos que esas cosas les harán bien a los pibes.

Y tienen razón.

Ellos, los locos, tienen mucha razón.

www.argentina.indymedia.org

martes, 3 de diciembre de 2024

Historia política del Rio Salado

 


Inundaciones

El Río Salado se desbordó porque desde hace tres siglos se postergan proyectos en torno a su canalización y navegabilidad. Porque el Congreso de la Nación y los gobiernos provinciales de Santa Fe y Santiago del Estero eligieron los intereses de las grandes empresas vinculadas a capitales extranjeros en lugar de impulsar las ideas regionales. Porque las dictaduras de la segunda mitad del siglo XX eliminaron partidas presupuestarias para las obras hidráulicas del norte argentino y de la propia provincia de Santa Fe. Y porque las administraciones santafesinas desoyeron las advertencias que a principios de los años noventa hicieron investigadores y geógrafos en estudios publicados en el mismo territorio. Una historia política del Río Salado, un recorrido por los proyectos olvidados que explica gran parte de la pesadilla en la que están sumergidos decenas de miles de personas. Semejante desprecio acumulado durante décadas debía tener una consecuencia trágica. Lo que no quiere decir que se trató de una tragedia o de un ataque terrorista como el que tiró las Torres Gemelas, figura aludida por el gobernador Carlos Reutemann. Y en forma paralela a las toneladas de alimentos y mercaderías que llegan desde todos los rincones de la Argentina hay un gesto único de parte de los pacientes de un Hospital Psiquiátrico de la comuna de Carlos Pellegrini, en el centro oeste provincial: los que supuestamente están locos decidieron enviar caramelos, útiles escolares y juguetes para los chicos santafesinos. Ellos están convencidos que esas cosas les harán bien a los pibes.

Belgrano, el Salado y la República Chica

El agua tiene historia.

Los cursos de los ríos están atravesados de intereses políticos y económicos.

Sobre ellos hay obras, promesas y postergaciones.

Y esa crónica puede explicar lo que después se presenta como “tragedia” o “catástrofe”.

A fines del siglo XVIII, Manuel Belgrano escribió sobre la necesidad de canalizar los ríos Bermejo y Salado. Lo volvió a hacer en 1808.

Como le sucedería con sus ideas políticas económicas de distribución de las riquezas tampoco fue tenido en cuenta por los distintos factores de poder que fueron haciéndose cargo de la República Chica. Así se llamaba a la Argentina hasta bien entrado el siglo XIX: República Chica.

Juan Larrea le contestó al inventor de la bandera que “si bien el proyecto será, a su debido tiempo de suma utilidad para los hombres y el comercio, sin embargo, todo esto deberá realizarse en tiempos más tranquilos”.

Ni el Bermejo ni el Salado fueron canalizados.

Pero hay antecedentes aún más lejanos en el tiempo que hablan de la necesidad de humanizar al Salado.

En el año 1755 se hizo una expedición en bote entre Matará, Santiago del Estero, y Santa Fe con la idea de proponer algunos trabajos artificiales para asegurar la navegación por las aguas del Salado.

Tres siglos antes del desborde que asoló a los santafesinos a fines de abril de 2003 se proyectaban “trabajos artificiales” sobre el río.

En tiempos de la Constituyente

Pero fue “recién con el marino norteamericano Thomas Page, en el año 1855” cuando “se recorrió casi en toda su extensión este río, probando su navegabilidad. Esta expedición tuvo una importancia fundamental ya que fue el origen mismo de una serie de grandes proyectos para convertir el río Salado en la gran arteria fluvial de América”, escribió el investigador y periodista Raúl Dargoltz en su imprescindible trabajo “Hacha y quebracho. Santiago del Estero, el drama de una provincia”.

El 13 de julio de 1855 centenares de santafesinos despidieron al norteamericano desde el puerto. En el vapor “Yerba” iniciaba la navegación por el Salado.

Junto a él estaba el propio gobernador santafesino, Domingo Cullen y su familia, en una clara muestra de apoyo al proyecto.

El vapor llegó hasta el paraje Monte Aguará donde debieron seguir la navegación por botes debido a la bajante de las aguas.

“Con gran sentimiento deshago el camino, pero con haber ascendido y demostrado la navegabilidad del río Salado hasta Monte Aguará hemos obtenido algo. Su carácter uniforme, curso firme y barrancas bien definidas; su creciente tal como lo indican marcas en los árboles; la pampa firme a través de la cual todo corre, todo induce a creer que es un río apropiado para la navegación hasta un punto superior al alcanzado. Su explotación completa es de importancia no sólo para la Confederación Argentina sino para todo el mundo comercial”, escribió Page el 26 de julio de 1855, dos años después de la jura de la Constitución Nacional en la propia ciudad de Santa Fe.

La idea era poner en comunicación con el océano Atlántico las mercaderías de Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy “cuyos productos hasta hoy han sido llevados al puerto de Rosario por carretas de bueyes, empleando diez meses para ir y volver, y los que ahora en botes pueden llegar al mismo puerto en quince días y volver cargados de mercaderías en veinticinco”, sostuvo Page.

Un amigo de Urquiza

El 14 de enero de 1856, la Casa Smith Hermanos firmó con la Confederación Argentina un contrato para establecer una compañía de Navegación a Vapor por el Salado. Debían transportar tanto a las personas como mercaderías. El gobierno, mientras tanto, cedería parcelas en las costas del río para colonizar la zona. Pero ese primer acuerdo se cayó porque la firma no realizó un viaje exploratorio que también estaba contenido entre las exigencias que marcaba la administración santafesina.

El 2 de junio de 1856, Esteban Rams y Ruper, ex proveedor del ejército de Justo José de Urquiza, ganó la nueva licitación para lograr la navegación del Salado.

El encargado de llevar adelante la expedición fue el baqueano Lino Belbey desde Matará, en Santiago del Estero, hasta Santa Fe.

El 28 de noviembre de aquel año, centenares de santafesinos recibieron a la falúa “General Urquiza” como si se trataran de héroes.

“El Río Salado o Juramento es navegable en toda estación, desde Santa Fe hasta Sandía Paso, a cuarenta leguas de la ciudad de Santiago del Estero. La sola dificultad se encuentra en el estero de El Bracho, cuando el agua que se encuentra y esa desaparecerá con algunos trabajos, está muy baja...Desde diciembre hasta junio el río será navegable hasta Salta. Por medio de la navegación del Salado cuatro provincias van a mudar de aspecto transformándose completamente: Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán y el Chaco...Las provincias interiores se pondrán en comunicación rápida con el océano y el Paraná, beneficiando así las riquezas que duermen allí inexploradas, atrayendo brazos y capitales. En seguida la navegación del Salado vendrá la del Bermejo que establecerá nuevas relaciones con la extremidad septentrional de la República y la misma Bolivia, que tiene más interés en acercarse a nosotros que buscar una difícil travesía hasta el océano Pacífico”, remarcó el periódico entrerriano “El Nacional Argentino”, al comentar el viaje del empleado de Rams y Ruper.

El 26 de enero de 1857, una nueva expedición solventada por el empresario volvió a navegar por el Salado. Allí estaba, entre sus tripulantes, el ingeniero Rodolfo Blandovsky, contratado por el gobierno nacional para levantar un plano del río y recoger cualquier tipo de información sobre su cauce.

Se iniciaron las obras de limpieza del mencionado cauce con dos rastras compradas a tal efecto y en noviembre de 1858 Rams presentó al gobierno nacional un plan en el que marcaba la imprescindible necesidad de “encarar algunas obras de mejoramiento y encauzamiento del Salado”, sostuvo Dargoltz.

Santa Fe promulgó una ley que concedía a la empresa tierras para la colonización de las costas del Salado. Santiago del Estero, por su parte, cedería cien leguas cuadradas con el mismo objeto y la provincia de Salta comisionó al doctor Pablo Saravia para que procediera a construir un camino que uniera el Salado con el Bermejo desde Miraflores.

El 25 de diciembre de 1863 se inauguraron las obras de “Canalización, desmonte y limpieza del antiguo cauce del Río Salado”. Parecía que iba a cumplirse el deseo de Belgrano.

A fines de 1865, con el apoyo del gobernador santafesino Nicasio Oroño, Rams y Ruper inició un plan de colonización de las costas del río en el que se comprometía a establecer entre tres mil y cinco mil familias extranjeras. Pero el 17 de abril de 1867, Rams y Ruper murió.

“Solo habían pasado escasos siete años de la muerte de Rams y Ruper y el proyecto de navegación del Salado moría irremediablemente. El “progreso” bajo las formas del ferrocarril ingresaba por territorios santiagueño. La suerte había sido echada de antemano por el capital inglés y sus aliados nativos al condenar a Santiago del Estero a ser la productora de los miles de kilómetros de durmientes para las vías férreas y los postes para los alambrados divisorios de las grandes estancias de la pampa húmeda, aprovechando sus interminables quebrachales”, concluyó Raúl Dargoltz.

El proyecto de canalización, navegación y colonización del Salado se moría como consecuencia de aquellos intereses.

Esa elección comenzaría a embarazar las aguas que a principios del tercer milenio hundiría a Santa Fe.

No se trató de una tragedia, sino de la consecuencia política de la desidia acumulada durante decenas de gobiernos provinciales y nacionales.

A fines del siglo XIX

La Argentina ya había ingresado en la llamada División Internacional del Trabajo. Tenía relaciones carnales con la potencia hegemónica del momento, el imperio inglés.

Dos compañías relacionadas con Gran Bretaña diseñaban el mapa del país dependiente: el Swift y La Forestal, tanto en la Patagonia como en el Litoral y en el Chaco.

En 1899, el ingeniero Jesús Fernández escribió en la revista del Centro Nacional de Ingenieros un estudio socioeconómico en relación a la canalización y navegación del Salado desde Icaño, Santiago del Estero, al sur y su alimentación por medio del río Dulce desde Estación Salavina.

Nadie le prestó atención.

También en 1899 los empresarios Dutilloy y Compañía se acercaron al parlamento argentino con la idea de concretar un canal navegable que partiendo desde un punto cualquiera de Santiago del Estero llegaría hasta el río Coronda en Santa Fe. Contó con el apoyo de la Inspección de Obras Hidráulicas de la Nación pero tampoco fue tratado.

Alejandro Gancedo fue más lejos aún.

Cuando amanecía el siglo XX presentó un proyecto al Congreso de la Nación para concretar un canal navegable desde Santiago del Estero al río Paraná en un trayecto de más de 500 kilómetros.

No fue tenido en cuenta.

Desidias acumuladas

La deforestación, el cambio de clima, se sumaron para modificar el ciclo del Salado.

Los gobiernos democráticos del peronismo, desarrollismo y radicalismo incluyeron los estudios y las respectivas obras para volver a pensar en la canalización del río. Pero las dictaduras del 55 en adelante los olvidaron. Desde 1983 a la fecha, el Salado pasó al olvido.

Su cauce se incrementaba y sus cambios solamente fueron anotados por los ignotos hidrólogos y geógrafos que todavía susbsisten en la Argentina, la República Chica.

Ana del Carmen Yeannes, investigadora y profesora de la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Federico Daus, profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires y ex Presidente de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, escribieron en 1991 que “la cuenca del Río Salado forma una banda deprimida en la que la marcada nivelación origina la existencia de áreas de desagüe incompleto que forman distritos de lagunas encadenadas como el de Mar Chiquita, que en el curso superior del río se dilata hasta la provincia de Santa Fe y el de Chascomús - Pilar, en el curso inferior. La nivelación general y la escasa altitud sobre el nivel del mar son responsables de grandes inundaciones episódicas invernales, a las que no ha remediado el extenso sistema de canales”.

También se ignoró esta advertencia.

En octubre de 1993 se presentó el tercer tomo de la llamada “Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe”, publicada por “Ediciones Sudamericanas”.

En el capítulo dedicado a las inundaciones se afirma que “en los últimos años ha surgido la variante de las inundaciones pluviales en el noroeste de la provincia, obedeciendo a tres factores conjugados: cambios climáticos generadores de desequilibrios en el régimen de lluvias en la zona; ascenso de las capas freáticas; realización de obras de infraestructura (pavimentación de rutas con elevación del talud y escasas obras de arte) que dificultan y muchas veces impiden el escurrimiento de las aguas de lluvia. La consecuencia de la acción conjunta de estos tres factores es la inundación de vastas áreas del noroeste”.

Se calificaba al río Salado de “muy importante como factor de inundación en la ciudad de Santa Fe, en razón de que, en épocas de creciente del Paraná, al encontrar taponada su descarga en el río Coronda se desparrama en bañados hacia el este y oeste, inundando áreas de ambas ciudades”, escribió Felipe Justo Cervera.

Diez años después de la publicación de aquella postal, todavía se escucha hablar de lo imprevisible del comportamiento del Salado.

Tercer milenio

El martes 29 de abril de 2003, Santa Fe, capital de la segunda provincia argentina resultó inundada como consecuencia del desborde de las aguas del Río Salado.

“Desde el jueves pasado (por el 24 de abril) se advertí que una masa hídrica de enorme densidad avanzaba hacia la ciudad. Había tiempo suficiente para reforzar las defensas y hasta poner en marcha un programa de evacuaciones preventivas que habría evitado esta situación que viven los damnificados. No existen antecedentes de un fenómeno de esta magnitud desde 1914. En las últimas décadas desaparecieron los organismos que estudiaban el comportamiento del Río Salado por lo que hoy carecemos de elementos técnicos para hacer un estudio serio y lamentablemente, tengo que decir que casi tocamos de oído”, dijo Enrique Rodríguez, director del Centro de Información Meteorológica de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral.

En su página en internet, el Instituto Nacional del Agua venía informando que desde diciembre el ritmo de lluvias hacía inestable el curso del Río Salado.

No se trató de una tragedia ni de un atentado terrorista.

Es una larga cadena de decisiones políticas que priorizaron otros proyectos en desmedro de aquellas ideas que aparecieron tres siglos atrás, a mediados del siglo XVIII, cuando ni siquiera existía el Virreynato del Río de la Plata.

Los chicos

Priscila Andino tenía un año y medio.

Murió en el hospital Cullen que lleva el mismo nombre de aquel gobernador que se subió junto a su familia a recorrer el Río Salado porque creía en la navegabilidad de sus aguas y en su necesaria canalización.

No soportó el frío que trajeron las aguas.

“Hay gente que perdió todo, hasta la vida: no tiene más nada. Hay familias destruidas, pero me preocupa muchísimo lo psicológico, los niños. Vamos a necesitar mucha ayuda”, dijo Carlos Reutemann.

Es una buena observación: reparar en los chicos.

Tan buena como inusual.

Habrá que preocuparse por las cabecitas y por los cuerpos de los pibes.

Pudo haber sido antes.

Pero está bien esa declaración de Reutemann.

Y hay otras personas que también comparten la urgencia de pensar en los chicos.

En forma paralela a las toneladas de alimentos y mercaderías que llegan desde todos los rincones de la Argentina, hay un gesto único de parte de los pacientes de un Hospital Psiquiátrico de la comuna de Carlos Pellegrini, en el centro oeste provincial: los que supuestamente están locos decidieron enviar caramelos, útiles escolares y juguetes para los chicos santafesinos. Ellos están convencidos que esas cosas les harán bien a los pibes.

Y tienen razón.

Ellos, los locos, tienen mucha razón.

www.argentina.indymedia.org


domingo, 17 de noviembre de 2024

COMPAÑÍA DE NAVEGACIÓN A VAPOR DEL RÍO SALADO. APOYO DE ALBERDI DESDE FRANCIA (Parte III)

 


Las provincias atravesadas por el Salado apoyaron en todo momento la obra de Rams, como en su oportunidad lo hicieron con Page. Santa Fe promulgó una ley que concedía a la empresa tierras para la colonización de las costas saladeñas¹6. Santiago, una vez comenzada la explotación cedería cien leguas cuadradas con el mismo objeto, y la provincia de Salta comisionó al doctor Pablo Saravia para que procediera a construir un camino, que desde Miraflores uniera el Salado con el Bermejo.

Pero Rams, no obstante, las franquicias estatales recibidas y el apoyo de las provincias no contaba con el capital necesario para seguir adelante con sus proyectos. Viaja a Europa, en busca de apoyo financiero, y en el viejo mundo hizo editar un folleto en francés, casi desconocido entre nosotros, con el fin de publicitar a su empresa. Traduciremos algunos párrafos del mismo, que son realmente curiosos. El título era: Compagnie de Navigation a Vapeur du Rio Salado. Veamos la integración del Consejo Directivo de esta sociedad en comandita que giraba bajo la razón social de Esteban Rams y Cía. Aparte del propio Rams, lo integraban Norberto de la Riestra, Ministro de Hacienda de la Confederación; Constantino de Santa Mana, comerciante de Buenos Aires; doctor Nicanor Molina y Ramos Puig. de Paraná; y Domingo Crespo y José Cullen, de Santa Fe. Se describía al Salado de la siguiente manera:

«El Rio Salado, situado al norte de la Confederación Argentina es navegable sobre un recorrido de más de 1.500 kilómetros desde la ciudad de Santa Fe hasta la provincia de Salta. En comunicación con el Atlántico por el Paraná y el Río de la Plata, desde Santa Fe, el Salado atraviesa las provincias de Santa Fe, Tucumán y Salta, y las pone en comunicación con el sur de Bolivia. Este río servirá también para el transporte de los productos de la provincia de Jujuy, situada sobre su costa izquierda; y los de la muy rica de Catamarca, sobre su costa derecha».

Como podemos apreciar el redactor del folleto no era muy entendido en geografía argentina, como tampoco lo eran los destinatarios del mismo. Alberdi, embajador argentino en Francia, se sintió inmediatamente atraído por el proyecto de Rams, y se inhibió de separar de su cargo de cónsul argentino en París, a don Pedro Gil, gestor de la empresa de Rams, por las dificultades que esa medida ocasionaría en la marcha del proyecto. Así lo comunicaba el ilustre tucumano, al Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, en carta enviada el 24 de marzo de 1861.

De regreso a Santa Fe, Rams prepara una nueva expedición. Invita a participar en ella a destacados personajes, como el cónsul británico en Rosario, quien reseñó sus impresiones en una interesante descripción, y que estaba interesado en investigar «si realmente el algodón silvestre crecía en muchos miles de acres como se había informado, en varias comunicaciones a la Asociación Abastecedora de Algodón de Manchester. Estaba también encargado de averiguar la manera más conveniente de recoger y llevar a Inglaterra ese algodón, inquiriendo si había escasez de trabajo, u otra cualquier causa en el distrito>> 19.

La expedición, si bien tenía por objeto probar la navegación del rio, sería realizada esta vez por la costa. Salió del Hotel de Comercio de Santa Fe el 9 de noviembre de 1862 y pasaron sin ninguna dificultad por Esperanza, el Valle de la Soledad, y llegaron a Monte Aguara donde se detuvieron cuatro días a los fines de que el Ingeniero Cook, fue enviado por el Banco Maua de Río de Janeiro, estudiara este paraje, dentro del territorio santiagueño. De Monte Aguará regresaron a Esperanza y de esta Colonia se dirigieron a Gramilla, donde nuevamente esperaron al ingeniero Cook que terminara con sus investigaciones en el estero de El Bracho.

Y de allí todos juntos se dirigieron a Matará donde terminaron la expedición. Rams, en Santiago, con el apoyo de los Taboada y el concurso de los ingenieros Guillermo Cook, C. Albeck y Juan Hildebrand, preparaban los proyectos para la canalización del río en el tramo del Bracho viejo, y en ese lugar el 25 de diciembre de 1863, una distinguida concurrencia, se dio cita, llena de fervor y optimismo, para inaugurar las obras de «Canalización, desmonte y limpieza del antiguo cauce del río Salado”20, Dio comienzo el acto el vicario de la provincia, presbítero Sebastián de Jesús Gorostiaga, bendiciendo las obras y después, el padrino del acto, el gobernador Taboada:

"...dio el primer azadonazo dentro del mencionado cauce, y el primer hachazo a uno de los árboles que allí había, continuando de la misma manera los demás presentes, se cantó un Tedeum invocando la protección del altísimo para la consecución de un fin que significa e importa la vida moral y física, no sólo de esta provincia, sino también de todas las del interior>>21

El gobernador Taboada, el senador Borges y el vecino Remigio Carol que usaron de la palabra recalcaron la gran importancia de la obra, al igual que empresario Rams, que agradeció a todos, «asegurando que no descansaría hasta ver surcadas las aguas del Salado por el vapor, que es el precursor de la civilización, de la riqueza y del bienestar de todo el país»22

MUERTE DE ESTEBAN RAMS Y RUPERY

Rams, a fines de 1865 firma con el gobernador de Santa Fe, representado por el Ministro Juan del Campillo, un plan de colonización de las costas del río Salado, en el que se comprometía a establecer en dichas colonias de tres mil a cinco mil familias extranjeras. El gobernador Nicasio Orono le había facilitado todos los medios necesarios para llevar adelante esta tarea, pero el valiente empresario encuentra la muerte, víctima del cólera, el 17 de abril de 1867, en los momentos precisos en que al frente de los vapores «Rosario» y «Ventura» y las chatas «Rudecinda» y «<San José», cargadas de poderosos elementos destinados a remover del río los obstáculos que impedían la navegación, se proponía coronar la obra por cuya realización tanto tiempo había suspirado en vano23. Con la muerte de Rams, no sólo terminó la vida de un gran visionario y patriota argentino. Terminó con él una idea que de ninguna manera era quimérica. Murió Rams con el pleno convencimiento de que el Salado era navegable: «tengo la certidumbre de poder asegurar a V.E. que en el mes de julio del próximo año subirá sin tropiezo alguno hasta este punto (El Bracho) y si se forma a la Compañía este año en Inglaterra (como espero) desde luego le puedo afirmar que en 1868 llegare con mi vaporcito a Matará y Sepulturas “24.

OTROS PROYECTOS DE NAVEGACIÓN DEL SALADO

Después de la muerte de Esteban Rams hubo algunas voces aisladas, que desde el Congreso Nacional o bien desde el periodismo en Santiago del Estero, propugnaban retornar a los viejos anhelos de encontrar una vía de comunicación hacia el Paraná, a través del Salado. El ingeniero Jesús Fernéndez, en un artículo publicado en el órgano del Centro Nacional de Ingenieros durante el año 1899 realizaba un interesantísimo que estudio socioeconómico sobre la canalización y navegación del Salado desde Icaño (Santiago del Estero) al sur y su alimentación por medio del río Dulce desde Estación Salavina.

También Alejandro Gancedo, a fin del siglo XIX, presentaba al Congreso el proyecto del canal navegable desde Santiago del Estero al río Paraná, en un trayecto de más de quinientos Kilómetros, al igual que el proyecto presentado en el año 1899 al Congreso Nacional por los señores Dutilloy y Cia. sobre un canal navegable que partiendo desde un punto cualquiera de Santiago del Estero llegaría hasta la laguna de Coronda en Santa Fe. Este último proyecto, a pesar de la opinión favorable de la Inspección de Obras Hidráulicas de la Nación a cargo del ingeniero Baravino ni siquiera fue tratado.

CONCLUSIÓN

Sólo habían pasado escasos siete años de la muerte de Rams y Rupert y el proyecto de navegación del Salado moría irremediablemente. El «progreso bajo las formas del ferrocarril ingresaba por territorio santiagueño. La suerte había sido echada de antemano, por el capital inglés y sus aliados nativos al condenar a Santiago a ser la productora de los miles de kilómetros de durmientes para las vías férreas y los postes para los alambrados divisorios de las grandes estancias de la pampa húmeda, aprovechando sus interminables quebrachales.

De esta manera Matará, El Bracho, Suncho Corral, Icaño, Аñatuya y los pueblos del gran Chaco, no serían ya los grandes puertos sobre el Salado, puntos de embarque de los productos extraídos de los fértiles valles por donde este río cruza. Ni tampoco se convertirían en las grandes ciudades industriales, con modernos astilleros que aprovecharían los inmensos bosques seculares, como lo había hecho antes el baqueano Lino Belbey, para construir una gran flota fluvial que comunicaría a través de los ríos del gran Chaco a las «provincias pobres» del interior y a nuestras hermanas americanas de Bolivia y el Paraguay con el litoral atlántico.

Por el contrario. Se fundarían nuevas ciudades a la vera del ferrocarril. Se aislaría con el trazado de las vías férreas a la capital y a las tradicionales poblaciones. Los antiguos pobladores, atraídos por la «ilusión del bosque», abandonarían sus hábitos agrícolas-pastoriles para internarse en los obrajes. Sobrevendría la explotación forestal y la devastación más inicua e irracional que conoce la historia de los bosques del Chaco santiagueño y con ella, poco a poco, como en una lenta <<agonía» al decir de Orestes Di Lullo, la muerte de los «viejos pueblos>>.

Comprender la historia pasada es también poder analizar el presente y de esta manera tratar de elaborar y construir nuestro porvenir. Pero, ¿alguien cree, todavía, el pensamiento de Alberdi, Vicente Quesada, Mariano Fragueiro, Manuel Leiva, Jesús Fernández y Alejandro Gancedo sobre el futuro de Santiago del Estero y de las provincias interiores es cosa perteneciente al pasado?

La canalización y navegación del Salado y del Bermejo, así como el aprovechamiento integral de las aguas del Paraguay y del Uruguay, entrelazándonos fraternalmente con Bolivia, Paraguay y Brasil, no es historia pasada, es el presente más inmediato y la clave del futuro y también la posibilidad concreta de recorrer nuevamente el camino trazado por San Martín, Artigas y Bolívar.

Fuente: Libro "Hacha y Quebracho" de Raul E. Dargoltz