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lunes, 3 de agosto de 2026

Donde el algarrobo es mejor que el oro

 


 

GUANACO SOMBRIANA, Argentina - Cansadas de que la sequía les arrebate a sus hombres y mate sus animales, las mujeres de Guanaco Sombriana, un pueblo del norte de Argentina, salen a pelear su destino aprovechando un árbol que hasta ahora apenas daba sombra en estos paisajes áridos.

El campo de fútbol es un símbolo de esta región semiárida del departamento de Atamisqui, 120 kilómetros al sur de Santiago del Estero, capital de la provincia homónima.

Dos arcos de ramas secas enmarcan la vegetación rala de cactus y arbustos bajos sobre el suelo blanco y salitroso que se extiende por el distrito de unos 10.000 habitantes.

La cancha vacía tiene un significado igual de desolador: los jugadores, maridos, hermanos, hijos y padres, volaron como trabajadores “golondrinas”, esta vez a la cosecha de maíz y de arándano en el sur del país.

“Me llegué a quedar sola con mis siete hijos hasta ocho meses por año. Para sobrevivir criaba vacas, cabritos, lechones y gallinas. Vendíamos y algo nos quedaba para nuestro consumo. Pero, como hace dos años venimos padeciendo una sequía, muchos animales se han muerto”, cuenta Graciela Sauco.

Dicen que es la peor sequía de los últimos 10 años. No hay dinero para forraje y los animales se mueren ante la impotencia de sus dueños. Son campesinos pobres, con predios de hasta 50 hectáreas, heredados de sus antepasados y que poseen en “ánimo de dueño” (sin título de propiedad).

Tampoco se puede sembrar, como antaño, zapallo ni maíz para los animales.

“Me gustaría que mis hijos tuvieran un trabajo mejor, para que no vayan tan lejos. Los extraños”, dice Sauco entre sollozos.

“El último hijo se fue hoy a la desflorada (de maíz) en Buenos Aires. Viven en casitas prefabricadas, pasan calor, duermen en catres”, se lamenta Eleuteria Ledesma.

Para las fiestas de fin de año, “no les dieron permiso para venir”, lo que entristece más a las mujeres de Guanaco Sombriana.

Pero ahora albergan una esperanza.

Una década atrás se organizaron en la Asociación de Pequeños Productores de las Salinas Atamisqueñas (APPSA Guanaco), hoy integrada por 80 familias en esta aldea de 566 habitantes.

 Los comienzos fueron difíciles, recuerda Lastenio Castaño, asesor técnico de la Subsecretaría de Agricultura Familiar del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina.

 “No hay agua a veces ni para el consumo de las personas, menos para los animales o para sembrar. Aquí lo único que se da es ganado caprino”, observa. Pero, “pese a ser un animalito muy aguerrido, en estos últimos años ha habido mucha mortandad”.

La biodiversidad del monte (bosque de arbustos bajos), tampoco ayuda para “emprender alguna cuestión productiva”, señala a Tierramérica. “Hay muy poca variedad de especies”.

Los campesinos tenían la ilusión de que el galpón de adobe que construyeron fuera “un lugar para acopiar frutos del monte y granos para hacer un alimento balanceado para sus animales”, recuerda Castaño.

APPSA, con apoyo de la Subsecretaría y de la Unidad para el Cambio Rural (UCAR), tiene además un pequeño molino para extraer harina de las vainas del algarrobo blanco (Prosopis alba) y negro (Prosopis nigra), típico de la región y presente hasta en las canciones folklóricas santiagueñas.

Las vainas solo se usaban en Guanaco Sombriana como alimento de ganado en épocas críticas. La Asociación tomó cursos de producción de harina de algarroba y alimentos panificados, de moda en tiendas naturistas y ferias orgánicas.

La harina es aromática y dulce, con sabor similar al cacao, rica en fibras, proteínas, fósforo, potasio, calcio, hierro, pectina, varias vitaminas y taninos.

“Antes molíamos las vainas con mortero. Con el nuevo molino molemos un montón en poco tiempo. No solo vainas, sino todo lo que queramos, también el maíz”, explica Lili Farías.

Tierramérica llegó a la sede de APPSA un día de diciembre de trabajo febril, en plena época de cosecha.

Una camioneta cargada de bolsas con vainas estaciona en la puerta. La Asociación ahora tiene recursos para comprar cosecha a otros poblados.

Las mujeres pesan las bolsas y llevan las cuentas en un cuadernito. Otras muelen, en una carrera contra el tiempo. La temperatura llega a 50 grados en esta época del año y las vainas pueden “abicharse”, explican.

Para hacer sus cuentas usan la calculadora de los teléfonos celulares, que “solo sirven para eso y para sacar fotos, porque no tenemos señal”, se queja Marcela Leguizamón.

Cada socia aporta una botella de agua de sus aljibes. Toman mate, la típica infusión de yerba mate, y festejan unos 2.000 kilogramos de harina.

“Esto ha sido un paso muy importante para la Asociación, que ha crecido y está más independiente; tenemos fondos para manejar. Antes nos arreglábamos con las cuotas de los socios o rifas. Ahora, con la venta de la harina nos queda ganancia”, dice Claudia Rojas.

Castaño señala que es necesario mejorar la distribución comercial, el transporte y servicios básicos como electricidad y agua.

Pero APPSA se ha convertido en un interlocutor más fuerte para plantear sus demandas a las autoridades.

Con un fondo rotatorio de unos 21.000 dólares para esta y otras comunidades, APPSA puede comprar alimentos para el ganado y otorgar microcréditos para alambrado de corrales y construcción de aljibes, entre otras necesidades.

El fondo rotatorio se financia a través del Programa de Desarrollo de Áreas Rurales de UCAR, que tiene alcance nacional y se destina a “contribuir a la cohesión social y productiva” de los campesinos, con énfasis en las economías regionales.

Las asociadas de APPSA sueñan con computadoras “para tener un registro de todo” porque los “papelitos a veces se traspapelan”, señala Leguizamón.

Los ingresos de cada familia comienzan a mejorar. Se emplean en comida, ropa o motocicletas, el medio de transporte por excelencia en esta región de caminos a veces intransitables.

“Estamos viendo que jóvenes que se van como golondrinas se queden aquí a trabajar con los frutos del monte. ¿Para qué van a trabajar otras tierras, pudiendo aprovechar lo que tenemos aquí?”, cuestiona Farías.

Se estima que 75 por ciento de la superficie argentina es tierra seca y 40 por ciento de esa área ya manifiesta síntomas de desertificación.

El gobierno quiere extender el proyecto a otras regiones con algarrobo autóctono.

En San Gerónimo, situado en el vecino departamento de Loreto, se replica una experiencia similar.

Teolinda Coronel, su hija, su sobrina y una nieta se van al monte a cosechar vainas de algarroba a las 6.30 de la mañana.

 “Traemos el termo, tomamos mate y volvemos al mediodía. Para esa hora cada una ha juntado 35 kilos o más”, explica. La cosecha recomienza a las cinco de la tarde, cuando baja el sol lacerante.

Ella espera que los hijos vuelvan. Con lo que ganan como golondrinas “no pueden ni pagar sus cuentas”. Y con las vainas han podido comprar ropa, zapatos o ayudar a sus madres.

El recorrido por las zonas donde la vaina de algarroba se ha vuelto oro termina en una mesa con alfajores, budines y bizcochuelos, acompañados de la bebida aloja y del dulce arrope de chañar, otro árbol leguminoso de la zona.

Estos frutos traen también ganancias que no se anotan en los cuadernos.

“Antes estaba en casa estresada pensando cómo hacer unas moneditas y ahora vienen a mi casa a comprar mis productos, conozco otros lugares, otras personas”, cuenta Graciela Ardiles, productora de la localidad de Arraga, que antes trabajaba limpiando casas ajenas.

 “Ahora tengo mi carrera laboral independiente. Y mis hijos podrán estudiar, como yo no pude”, remata. Fuente: ipsnoticias.net

jueves, 30 de julio de 2026

Árboles urbanos: los guardianes silenciosos que protegen la vida en nuestras ciudades

Más que un elemento decorativo del paisaje urbano, los árboles son aliados fundamentales frente al calor, la contaminación y la pérdida de calidad ambiental. Su cuidado, especialmente en ciudades emplazadas en zonas áridas como Santiago del Estero, exige una mirada responsable que abandone las podas destructivas y valore su verdadera función ecológica.


 

Cuando una ciudad aprende a mirar sus árboles

Caminar por una calle cubierta de hojas en otoño cambia el día por un segundo. Rompe con la monotonía del cemento y el ruido del tráfico. Como decía el profesor Julián Cámara Hernández en 1980, para muchos chicos que van a la escuela pisando ese colchón amarillo, la experiencia es casi como cruzar un bosque escondido en medio de la ciudad.

Esa escena tan simple nos recuerda algo fundamental: los árboles urbanos no están de adorno. Son seres vivos que sostienen el equilibrio de nuestro entorno y que, si los tratamos bien, nos devuelven bienestar todos los días.

Desde Leyendas del Folclore santiagueño, un espacio pensado para rescatar historias, tradiciones y paisajes de nuestra tierra, también queremos poner la mirada en estos vecinos silenciosos: los árboles que acompañan nuestras calles, plazas y barrios.

La poda mal entendida: un daño evitable


Durante mucho tiempo se creyó que cortar las ramas de más hacía que el árbol creciera con más fuerza. Sin embargo, los especialistas insisten en lo contrario: la poda agresiva arruina su desarrollo. Año a año vemos cómo ejemplares adaptados al calor extremo, la falta de espacio y la contaminación sufren cortes a ciegas que rompen su forma natural.

Al podar las ramas principales y achicar la copa de golpe, el árbol pierde la capacidad de alimentarse, enferma más fácil y entra en un deterioro paulatino.

Los ingenieros agrónomos María del Carmen Echenique, Ricardo González Junyent y Alicia Dobra aclaran que una buena poda debe ser puntual: retirar ramas secas, quebradas o débiles, y hacer solo los ajustes necesarios para despejar cables o construcciones, sin deformar la copa. El árbol no necesita un castigo para crecer; necesita condiciones adecuadas y respeto por su especie.

Refugio natural contra el calor


El valor del arbolado es aún mayor en zonas secas o semiáridas. En lugares como Santiago del Estero, donde el calor aprieta durante gran parte del año, los árboles son la mejor defensa natural. Su sombra evita que el sol pegue de lleno sobre las veredas, frena el calentamiento del asfalto y ayuda a conservar la humedad del aire.

Un árbol bien ubicado transforma una calle o una plaza en un lugar donde da gusto estar. No solo refresca el ambiente, sino que mejora directo la calidad de vida de los vecinos. Por eso hay que entenderlo como una obra de infraestructura tan necesaria como cualquier servicio básico.

Filtros de aire en medio de la ciudad



Además de dar sombra, las hojas actúan como filtros naturales que atrapan el polvo y la contaminación de los autos, las industrias y las obras en construcción.

Una investigación difundida por la Municipalidad de Paraná y la Universidad Nacional de Entre Ríos en 1992 mostró esta diferencia al medir partículas contaminantes en Frankfurt, Alemania:

  • Calles sin árboles: 12.880 partículas por litro de aire.
  • Calles arboladas: 3.870 partículas por litro de aire.
  • Parques: 3.260 partículas por litro de aire.

Ahí donde hay árboles, el aire cambia. Y sus aportes no se quedan ahí: en 1978, un estudio citado por Decourt midió la presencia de bacterias en distintos entornos con resultados contundentes:

  • Zonas comerciales: 4.000.000 de gérmenes por metro cúbico.
  • Avenidas urbanas: 575.000 gérmenes por metro cúbico.
  • Bosques: apenas 50 gérmenes por metro cúbico.

Cuidar los árboles es cuidar nuestra historia

Los árboles son parte de nuestra rutina y de la memoria colectiva. Están en la vereda donde jugaron varias generaciones, en la plaza de las reuniones familiares y en los caminos que guardan recuerdos.

Para protegerlos hace falta cambiar la cabeza. Una poda racional y respetuosa mantiene ejemplares sanos por décadas; la intervención agresiva, en cambio, solo acelera su pérdida. La ciudad necesita sombra firme, no troncos debilitados.

Cada árbol que queda en pie es una reserva de vida. Comprender su valor es entender que la naturaleza no empieza ni termina en un parque o en el campo: también camina con nosotros por la vereda.

Desde Leyendas del Folclore santiagueño creemos que los paisajes también cuentan quiénes somos. Y en esa historia, los árboles son testigos del paso del tiempo y aliados indispensables para vivir mejor.

Bibliografía consultada

  • Cámara Hernández, J. (1980). Algunos árboles cultivados en las calles de la ciudad de Buenos Aires. Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires - Secretaría de Educación.
  • Decourt, N. (1978). Sobre algunas funciones de los árboles y bosques en el medio urbano. Ecología Forestal. Mundi-Prensa.
  • Echenique, M. y González Junyent, R. (2000). Poda de Especies Ornamentales. Facultad de Ciencias Agrarias - Universidad Nacional del Comahue.
  • Fundación Biósfera y FCAyF - Universidad Nacional de La Plata (1995). Planeamiento paisajista y medio ambiente.
  • Municipalidad de Paraná y Universidad Nacional de Entre Ríos (1992). El árbol en la ciudad.
  • Ros Orta (1996). La empresa de Jardinería y Paisajismo. Mundi-Prensa.

 


sábado, 28 de marzo de 2026

La Guerra Silenciosa de Jasimampa: Tierras Raras, Niobio y la Lucha de un Pueblo por su Futuro

Entre la riqueza mineral que promete un futuro de alta tecnología y la defensa ancestral de un territorio, las comunidades del sur de Santiago del Estero se enfrentan a un dilema que resuena en toda América Latina. El hallazgo de "tierras raras" y niobio ha desatado una batalla desigual entre corporaciones mineras, el Estado y los pobladores que resisten el avance de la megaminería a cielo abierto, temiendo la destrucción de su ecosistema y su modo de vida.

 


El Grito en el Monte: Cuando los Huevos son la Última Trinchera

Un día de 2011, en la aridez polvorienta del departamento de Quebrachos, en el corazón profundo de Santiago del Estero, la tensión acumulada durante meses estalló de la forma más rudimentaria y simbólica posible. Un grupo de pobladores, hombres y mujeres de rostros curtidos por el sol y manos acostumbradas a la tierra, se paró frente a una comitiva de geólogos y técnicos. No portaban armas de fuego ni pancartas elaboradas. Su arsenal era lo que tenían a mano: huevos y frutos de su propia cosecha. Los proyectiles orgánicos se estrellaron contra los vehículos y las figuras de los forasteros, un gesto desesperado y visceral de rechazo. Aunque el intento fue inútil para frenar el avance físico de la expedición —compuesta por científicos del CONICET y representantes de intereses extranjeros—, el mensaje resonó con la claridad de un trueno en el silencio del monte: no son bienvenidos.

Este episodio, casi anecdótico en su simpleza, encapsula la esencia de un conflicto complejo y multifacético que se gesta en el sur santiagueño. No se trata solo de un puñado de vecinos resistiendo una exploración. Es el choque de dos mundos: por un lado, la lógica global de la extracción de recursos estratégicos, impulsada por la demanda insaciable de la industria tecnológica y militar; por el otro, la defensa de un territorio, de un modo de vida y de un recurso cada vez más preciado: el agua.

La zona en disputa es Jasimampa y sus alrededores, un paraje que abarca los departamentos de Quebrachos y Ojo de Agua. Un lugar que, hasta hace poco, solo era conocido por sus leyendas locales y su rica herencia arqueológica sanavirona. Pero bajo su suelo reseco se esconde un tesoro del siglo XXI, una veta de minerales que ha puesto a esta remota región en el mapa de las corporaciones mineras internacionales. El conflicto no es nuevo, pero cada día que pasa, la presión aumenta, y la pregunta que flota en el aire es si la defensa a "huevazos" será suficiente para detener la maquinaria del "progreso" extractivista.

El Tesoro Escondido: ¿Qué son las Tierras Raras y el Niobio?

Para entender la magnitud de lo que está en juego, es necesario hablar de los minerales que han desatado la codicia. La publicación original de ADIN Santiago y los informes posteriores hablan de dos hallazgos principales: las "tierras raras" y el niobio.

Las "Tierras Raras": El combustible de la modernidad

El término "tierras raras" es, en sí mismo, un poco engañoso. No son necesariamente "raras" en términos de abundancia en la corteza terrestre, pero es muy infrecuente encontrarlas en concentraciones suficientemente altas como para que su extracción sea económicamente viable. Este grupo está compuesto por 17 elementos químicos: el escandio, el itrio y los 15 lantánidos.

Fueron geólogos del CONICET quienes, ya en 2005, redescubrieron la importancia del yacimiento de Jasimampa, identificándolo como una fuente de "tierras raras livianas". ¿Por qué son tan importantes? Porque son componentes esenciales, casi insustituibles, para la fabricación de la tecnología que define nuestra era. Desde los imanes permanentes de las turbinas eólicas y los motores de los autos eléctricos, hasta las pantallas de nuestros smartphones, las fibras ópticas que transportan internet, los láseres de uso médico y militar, y los sistemas de guía de misiles. La denominada "economía verde" y la industria de la defensa dependen críticamente de ellas.

El problema es que su extracción y procesamiento son procesos altamente contaminantes. A menudo, estos minerales se encuentran mezclados con elementos radiactivos como el torio y el uranio. Separarlos requiere el uso masivo de ácidos y otros productos químicos que, si no se gestionan con un cuidado extremo, pueden contaminar de forma irreversible las fuentes de agua y el suelo.

Niobio: El metal de la era nuclear y aeroespacial

Junto a las tierras raras, en Jasimampa se ha encontrado una cantidad significativa de niobio. Aunque no pertenece al grupo de los lantánidos, este metal de transición es igualmente estratégico. Su principal cualidad es la capacidad de crear superaleaciones extremadamente resistentes al calor y la corrosión, pero a la vez muy ligeras.

Esto lo convierte en un material indispensable para industrias de vanguardia:

* Aeroespacial: Se utiliza en la fabricación de turbinas de aviones y cohetes espaciales.

* Nuclear: Es fundamental en la construcción de reactores y plantas nucleares por su resistencia a altas temperaturas y su baja captura de neutrones.

* Militar: Se emplea en la producción de armamento avanzado y aleaciones para vehículos blindados y buques de guerra.

* Tecnología: Es un componente clave en la fabricación de imanes superconductores, utilizados en aceleradores de partículas (como el del CERN) y en equipos de resonancia magnética.

El yacimiento detectado en Jasimampa, según las primeras estimaciones, abarcaría una superficie de 15 kilómetros cuadrados con una profundidad de 500 metros. Explotar un depósito de estas características a cielo abierto implica, literalmente, volar una montaña. Significa remover toda la capa superficial de tierra, vegetación y roca, pulverizarla y tratarla químicamente para separar el mineral. El impacto ambiental es brutal: destrucción total del ecosistema en la superficie, generación de montañas de escombros (relaves) que pueden filtrar metales pesados y químicos a las napas freáticas, y la liberación de polvillo tóxico y radiactivo que puede ser transportado por el viento a kilómetros de distancia.

Para una región semiárida como el sur de Santiago del Estero, donde cada gota de agua es vital, la amenaza de contaminar los acuíferos subterráneos no es una preocupación abstracta, es una sentencia de muerte para la agricultura, la ganadería y la vida misma.

El Desembarco: Corporaciones, Científicos y Políticos

El avance minero no es un acto espontáneo. Es una estrategia coordinada que involucra a múltiples actores, cada uno jugando un rol específico en el tablero.

Las Empresas Canadienses: La cara visible del capital

Los informes mencionan a la empresa canadiense Gaia Energy como una de las primeras en realizar tareas de exploración en la zona. Esta compañía, junto a otras como Bolland Minera S.A. (que manifestó descubrimiento de oro en Guasayán), representa el capital internacional. Canadá es una de las "naciones mineras" por excelencia, hogar de muchas de las corporaciones más grandes del mundo que, amparadas en legislaciones favorables en sus países de origen, se expanden por el cono sur en busca de recursos.

Su estrategia de penetración es un manual bien conocido en toda América Latina. Comienza con la exploración, a menudo realizada bajo convenios con gobiernos provinciales y con el aval científico de instituciones locales. Una vez confirmado el potencial del yacimiento, inician un trabajo de "relacionamiento comunitario". Como relató Adolfo Farías, del MOCASE-VC, en una entrevista, este trabajo consiste en promesas de empleo, dinero y desarrollo. "Van a tener trabajo, van a tener dinero", les dicen. Ofrecen casas en el pueblo, vehículos, celulares, e incluso reparten golosinas en el Día de la Madre. Es una táctica de "divide y reinarás", buscando quebrar la cohesión social, comprando voluntades y aislando a quienes se oponen.

El Rol del CONICET: ¿Ciencia al servicio de quién?

La participación del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) añade una capa de complejidad y controversia. Por un lado, su función es generar conocimiento científico sobre los recursos del país. El redescubrimiento del potencial de Jasimampa en 2005 fue un logro geológico. Sin embargo, para los movimientos campesinos, este conocimiento no es neutral. "El CONICET lo que hace es dar pie con su investigación a que se introduzca la minería a cielo abierto", afirmó Adolfo Farías.

La ciencia, que debería servir al bien común, es percibida aquí como la punta de lanza que abre el camino a los intereses corporativos. La legitimidad que aporta una institución científica de prestigio es utilizada para validar proyectos que, desde la perspectiva de las comunidades, son destructivos. Esta "complicidad", como la denomina la publicación original de ADIN, genera una profunda desconfianza hacia la comunidad científica, vista no como un aliado, sino como parte del aparato extractivista.

El Silencio y la Complicidad Política

El eslabón final y crucial es el poder político. Las fuentes originales son contundentes al señalar la connivencia de las autoridades a distintos niveles. El entonces gobernador, Gerardo Zamora, es mencionado como quien habría dado "luz verde" al proyecto, anunciando en la Legislatura provincial el respaldo a la llegada de una empresa canadiense.

A nivel local, la situación es aún más desesperante para los vecinos. Los intendentes de Sumampa, Luis Antonio Galván, y de Ojo de Agua, Rodolfo Lino Cappellini, son acusados de inacción y de responder con un simple "no podemos hacer nada, porque la orden viene de arriba". Esta actitud deja a las comunidades en un estado de total desamparo institucional. Cuando golpearon las puertas de la Defensoría del Pueblo, la subsecretaría de Derechos Humanos y la dirección de Minería, no encontraron respuestas.

La maquinaria estatal no solo omite, sino que actúa. Se denuncia que funcionarios del gobierno de Zamora facilitaron la exploración, autorizando sobrevuelos y compartiendo información. Peor aún, cuando la resistencia de los pobladores se hizo más firme, se recurrió al aparato judicial y policial. Abogadas ligadas al Poder Ejecutivo habrían utilizado el Registro de la Propiedad para cuestionar la tenencia de la tierra de los campesinos —muchos de los cuales son poseedores ancestrales sin títulos formales— y obtener órdenes de desalojo. Se relatan enfrentamientos directos entre la policía y los vecinos, en una clara demostración de que el Estado está dispuesto a usar la fuerza para imponer el proyecto minero.

Voces de la Resistencia: "El Territorio No Se Vende, Se Defiende"

Frente a este avance coordinado, la resistencia se organiza desde la base, tejiendo alianzas y fortaleciendo una identidad común en defensa del territorio.

El MOCASE-VC y la Lucha por la Tierra

El Movimiento Campesino de Santiago del Estero - Vía Campesina (MOCASE-VC) es uno de los actores centrales de esta resistencia. Su lucha no es nueva; durante décadas han enfrentado los desmontes para el avance de la frontera sojera y los desalojos a manos de empresarios y terratenientes. La amenaza minera es solo un nuevo capítulo de la misma batalla por el control del territorio.

Adolfo Farías, miembro del movimiento, explica que su reclamo va más allá de la propiedad privada. "Lo que se reclama es el territorio, tanto el de pastaje comunitario como el de vida. Tiene que ver con una cuestión cultural muy fuerte". Para estas comunidades, la tierra no es una mercancía, es el espacio donde se desarrolla su cultura, su economía de subsistencia y su identidad. La minería a cielo abierto no solo contamina el agua, sino que destruye este tejido social y cultural.

La memoria histórica juega un papel crucial. Farías recuerda que en la zona de Ojo de Agua, hace décadas, experimentos mineros dejaron un saldo de muertes y enfermedades. "Varios compañeros murieron por causa de eso, y otros están en sillas de ruedas". Ese pasado traumático alimenta la desconfianza actual y refuerza la determinación de no permitir que la historia se repita.

La Red de Solidaridad y la Falta de "Contrato Social"

La lucha de Jasimampa no está aislada. Se enmarca en un movimiento nacional y latinoamericano de resistencia contra la megaminería. El lema "El Famatina no se toca", que nació en La Rioja y logró frenar un proyecto de la misma Barrick Gold, se convirtió en un símbolo de que la "licencia social" es tan importante como la licencia gubernamental.

Alejandro Romero, el ambientalista citado en uno de los textos, lo expresa claramente: "La mega-minería no tiene contrato social para actuar en La Rioja y por las movilizaciones de Santiago del Estero tampoco". Este concepto de "contrato social" o "licencia social" es fundamental. Sostiene que, aunque un gobierno autorice un proyecto, si la comunidad local lo rechaza de manera masiva y sostenida, el proyecto carece de legitimidad para operar.

En Santiago del Estero, esta resistencia se ha manifestado de múltiples formas:

* Acción directa: Ocupando instalaciones y oponiéndose físicamente al avance de las maquinarias.

* Organización comunitaria: Realizando reuniones entre vecinos para compartir información y coordinar acciones.

* Alianzas estratégicas: Articulando con otras organizaciones como la Asamblea Socio Ambiental de Catamarca, la Pastoral Social, radios comunitarias y equipos de derechos humanos.

* Disputa ideológica: Confrontando el discurso pro-minero en los espacios públicos, como las escuelas, y denunciando la persecución policial a los jóvenes activistas.

Este entramado de resistencia es la principal barrera que ha impedido, hasta ahora, que la explotación avance a gran escala. Es una lucha asimétrica, de David contra Goliat, donde la fuerza no reside en el poder económico o político, sino en la unidad, la convicción y el profundo arraigo al territorio.

El Dilema del Desarrollo: ¿Turismo Sostenible o Saqueo Subvencionado?

En medio del conflicto, surgen voces que proponen un modelo de desarrollo alternativo. Un empresario local, cuyo nombre no se especifica en los textos, intenta impulsar un emprendimiento turístico en Villa Quebrachos, un pueblo fundado alrededor de 1850 que hoy está casi deshabitado pero rodeado de un monte de enorme riqueza en biodiversidad.

Su argumento es simple y contundente: "El turismo es plata que queda aquí, mientras que la mega-minería lo único que deja es destrucción, contaminación y prácticamente nada de dinero". Esta afirmación toca un punto neurálgico del debate minero en Argentina: el marco legal. Las leyes de la década de 1990, conocidas como las "leyes Gioja-Menem" (en referencia al entonces secretario de Minería y al presidente), crearon un régimen de promoción de inversiones extremadamente favorable para las corporaciones. Este régimen incluye beneficios como la estabilidad fiscal por 30 años, la exención de numerosos impuestos, un tope a las regalías provinciales del 3% sobre el valor "boca de mina" (un valor muy inferior al del mercado final) y la devolución del IVA.

En la práctica, esto significa que las empresas se llevan la mayor parte de la ganancia, mientras que las provincias y las comunidades locales asumen la totalidad de los costos ambientales y sociales. El empresario turístico lo resume así: la minería está "subvencionada" por el Estado para saquear los recursos, mientras que su proyecto, que busca preservar el entorno y generar un ingreso que se reinvierta localmente, no recibe el mismo apoyo. "No tengo la misma suerte que las mineras", lamenta.

Esta dicotomía plantea la pregunta fundamental sobre el modelo de desarrollo que se quiere para la región y para el país. ¿Se optará por un modelo extractivista de corto plazo, que genera ganancias concentradas y pasivos ambientales permanentes? ¿O se apostará por alternativas sostenibles que valoren el patrimonio natural y cultural, generando un desarrollo más equitativo y a largo plazo?

La propuesta turística no es una solución mágica, pero representa una visión del territorio radicalmente opuesta a la de la minería: una visión donde el valor no reside en lo que se puede extraer y destruir, sino en lo que se puede preservar y compartir.

Cierre Reflexivo: Un Espejo del Futuro

El conflicto de Jasimampa, Ojo de Agua y Sumampa es mucho más que una disputa local. Es un microcosmos que refleja las tensiones más profundas del siglo XXI. Es la lucha entre el Norte global, ávido de materias primas para sostener su modelo tecnológico, y el Sur global, cuyos territorios y comunidades pagan el costo de ese modelo. Es la confrontación entre una visión del "progreso" basada en la extracción ilimitada y una concepción del "buen vivir" anclada en el equilibrio con el entorno.

La historia de los pobladores que se defienden con huevos, de los campesinos que reclaman el territorio como espacio de vida, y del empresario que sueña con un turismo que preserve la belleza del monte, nos interpela a todos. Nos obliga a preguntarnos de dónde vienen los minerales que hacen funcionar nuestros dispositivos, qué costo humano y ambiental tienen, y si estamos dispuestos a aceptar que el bienestar de unos se construya sobre el sacrificio de otros.

Hasta noviembre de 2023, la resistencia en Santiago del Estero había logrado contener el avance a gran escala. Pero la presión no ha cesado. Los precios de las tierras raras y el niobio siguen en alza, y la demanda estratégica es cada vez mayor. El yacimiento de Jasimampa sigue ahí, latente, como una promesa de riqueza para unos y una amenaza de destrucción para otros.

La guerra silenciosa que se libra en el monte santiagueño no ha terminado. Es una batalla por el agua, por la tierra, por la memoria y, en última instancia, por el derecho a decidir el propio futuro. El resultado de esta lucha, en un rincón olvidado de Argentina, podría ser un espejo de lo que nos espera como sociedad global.

 

Fuentes citadas y consultadas para la elaboración de este artículo:

Este relato se construyó con voces reales:

* Las palabras de Adolfo Farías y las comunidades de MOCASE-VC, recogidas por el Observatorio de Conflictos por los Recursos Naturales (OCRN) y Acción por la Biodiversidad (26 de octubre de 2011).

* Testimonios de vecinos de Sumampa y Ojo de Agua, publicados originalmente por ADIN Santiago.

* Documentos de la Dirección de Minería de Santiago del Estero sobre el proyecto “Bolland VI”.

* Denuncias de la Pastoral Social del Obispado de Santiago del Estero y la Red de Radios Comunitarias.

* Contexto histórico y legal basado en la Ley 24.196 (Ley de Promoción Minera, conocida como “Gioja-Menem”).

Este artículo no pretende ser neutral. Pretende ser humano.

domingo, 29 de junio de 2025

Alerta ambiental: El río Paraná registra los niveles más altos de glifosato en peces a nivel mundial

 

Captura Facebook

Un estudio científico revela una contaminación sin precedentes en la cuenca del Paraná, con concentraciones de agroquímicos que superan hasta 500 veces los límites permitidos. La vida acuática y la salud humana están en riesgo.

Santa Fe/Entre Ríos – El río Paraná, una de las principales fuentes de agua dulce de Argentina, enfrenta una crisis ambiental sin precedentes debido a la contaminación masiva con glifosato y otros plaguicidas. Un estudio liderado por el investigador Rafael Lajmanovich demostró que peces como el sábalo presentan concentraciones de hasta 5.000 microgramos de glifosato por kilo en sus músculos, la cifra más alta registrada en el mundo.

Un cóctel tóxico en el agua

La investigación identificó al menos nueve plaguicidas que llegan al Paraná a través de arroyos de Santa Fe y Entre Ríos, como el arroyo Las Tunas y el Crespo, cuyas aguas atraviesan zonas agrícolas, ganaderas e industriales. "Todos los desechos terminan en el río", advierte el informe.

Pero el glifosato no es el único problema. En el arroyo Crespo, una zona de producción avícola, el agua es "directamente negra y con olor nauseabundo", con niveles de Escherichia coli (bacteria indicadora de contaminación fecal) muy superiores a lo permitido. Además, hay denuncias sobre descargas ilegales de efluentes industriales. "Es agua con mierda", describe crudamente el estudio.

La vida acuática, en peligro de extinción

Los experimentos realizados con renacuajos expuestos a estas aguas fueron contundentes: el 100% murió en 24 horas. "En estas condiciones, la vida ya no puede desarrollarse", alertan los científicos.

Un riesgo para la salud humana

Los niveles detectados en los peces superan ampliamente los estándares internacionales:

Organización Mundial de la Salud (OMS): entre 10 y 100 µg/kg en animales.

CENASA (límite para consumo humano): 0,2 a 0,5 µg/kg en alimentos.

"El glifosato está en los peces que comemos, en el agua que bebemos y hasta en nuestros cuerpos", señala el informe. Ya hay sentencias judiciales que reconocen el peligro de este herbicida, pero la contaminación sigue aumentando.

Un problema que atraviesa fronteras

El Paraná no solo recoge los desechos de múltiples provincias, sino también de otros países sudamericanos. Si los ríos se convierten en "depósitos de mierda", como denuncian las comunidades, el futuro de quienes dependen de ellos está en juego.

¿Hasta cuándo se seguirá permitiendo este envenenamiento silencioso? La pregunta queda flotando, como el glifosato en las aguas del Paraná.

¿Te preocupa esta situación? Compartí esta nota y exigí acciones concretas. #BastaDeContaminación #RíoParanáEnPeligro