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sábado, 15 de noviembre de 2025

Pamperito Paz: El Latido de un Corazón Santiagueño

 


En el universo del folclore argentino, algunos nombres no se escriben, se sienten en el eco de los parches. Uno de ellos es el de Pedro Alberto Paz, “Pamperito”, el bombisto que convirtió un instrumento en un lenguaje del alma. Nacido un día como hoy en 1939 y partido físicamente un 18 de junio de 2002, su legado es ese ritmo inconfundible que aún late en la memoria colectiva.

Pamperito no solo tocaba el bombo; lo habitaba. Forjó un estilo único, una sincopa que se hizo voz propia. Su viaje musical comenzó con Los Hermanos Juárez, para luego sumar su pulso a la música de Bailón Peralta Luna. Su talento era tan requerido como indispensable; su repique acompañó a gigantes como Mercedes Sosa, Daniel Toro y Martha y Waldo de los Ríos, dejando una huella sutil pero imborrable en cada grabación.

Había una época dorada, en la que Red Star organizaba peñas que eran el termómetro de la escena. A la entrada, con su proverbial aire señorial, estaba el animador Hugo Ocaranza. Y había una frase que resumía una verdad absoluta: "Esta noche no hay peña, Pamperito no pude venir...". Medio en serio, medio en broma, esa sentencia consagraba lo que todos sabían: sin él, la fiesta estaba incompleta.

Con su rostro juvenil y su bombo como extensión natural del cuerpo, Pamperito era la figura infaltable. Era la garantía de que la noche tendría el compás correcto. Una anécdota lo pinta de cuerpo entero: en el escenario de la Peña Salteña de Mar del Plata, el gran “Ñato” Gramajo, otro titán del bombo, hizo una declaración que era a la vez un elogio y un reconocimiento: "Yo toco hasta un tango con el bombo, pero en Santiago está Pamperito, un joven bombisto que interpreta música clásica". No había mayor honor.

Hoy, lo evocamos con los versos que Miguel Brevetta Rodríguez le dedicó, un retrato en coplas que captura su esencia juguetona y su corazón de niño:

Inflable en las peñas/ la noche lo busca...

Traiganlo a Pamperito/ con su bombo juguetón/ que se le sientan los parches/ de su niño corazón.

No le aflojes pega fuerte/ los parches van a aguantar...

Retumbo musiquero/ se escucha palpitar/ tu bombo camorrero/ no cansa de sonar.

 Manos diablas se te mezclan/ con la copla y el cantar...

Santiago no tendrá/ bombisto mejor.

Pamperito era más que un músico; era el narrador de las alegrías, el picaflor soñador que derramaba picardías con sus palillos. Su bombo no era solo de madera y cuero; era el corazón juguetón de una tradición que late, con fuerza y con fiesta, para siempre.

jueves, 7 de agosto de 2025

El bombo legüero: un viaje por el corazón rítmico del folklore argentino

 Carlos Rivero, músico y docente, desentraña en su método Bombo Legüero y Percusión Folklórica Argentina los secretos de este instrumento emblemático. Su investigación revela un origen multicultural, técnicas de construcción ancestrales y ritmos que definen la identidad musical del país.


El bombo legüero no es solo un instrumento: es un puente entre continentes, un testimonio vivo de la mezcla cultural que forjó Argentina. Desde las comunidades afrodescendientes en Santiago del Estero hasta las danzas andinas, su sonido grave y resonante ha acompañado celebraciones, luchas y memorias. Pero, ¿cómo llegó a convertirse en el alma de nuestro folklore?

Un instrumento con raíces globales

En las páginas de su libro, Rivero desafía las narrativas tradicionales. Mientras algunos musicólogos como Isabel Aretz vinculaban el bombo a las cajas de guerra europeas, el autor rastrea su parentesco con tambores africanos —como los de Guinea o Camerún— y afroperuanos. Pruebas históricas, como censos del siglo XVIII en Salavina (Santiago del Estero), revelan una población negra significativa, clave en la difusión de estos ritmos.

"No podemos negar el aporte africano ni los elementos árabes que llegaron con la colonia", escribe Rivero, citando grabaciones de curulao colombiano o marineras peruanas, donde ya asomaban combinaciones de 6/8 y 3/4, base de géneros como la chacarera.

El arte de construir un bombo

El método detalla con precisión artesanal cómo se fabrica un bombo legüero auténtico:

Caja: preferentemente de ceibo seco, aunque hoy se usan maderas más accesibles como guatambú.

Parches: de cuero de oveja, cabra o incluso —en zonas rurales— de panza de burro o venado.

Tientos: cuero crudo o de suela, trenzado para tensar los parches.

Rivero advierte sobre los "secretos" del armado: desde mojar los cueros hasta ajustarlos con templaderas, un proceso que requiere paciencia y oficio.

Ritmos que cuentan historias

El libro desglosa los patrones rítmicos de géneros como:

Vidalas: lentas y solemnes, con acentuaciones que imitan el canto con caja.

Chacareras: rápidas y festivas, donde el bombo marca el diálogo entre guitarra y violín.

Carnavalitos y huaynos: con compases irregulares heredados de tradiciones prehispánicas.

Cada ritmo se ejemplifica con partituras y adaptaciones para set de percusión, invitando a músicos a explorar desde lo tradicional hasta lo experimental.

Cierre reflexivo

El bombo legüero es más que madera y cuero: es un símbolo de resistencia cultural. En sus golpes resuenan las huellas de pueblos originarios, africanos esclavizados y criollos que reinventaron su identidad. Como escribe Rivero: "El folklore es un ente vivo que da libertad e identidad". Hoy, su legado sigue latiendo, no solo en peñas y festivales, sino en las manos de quienes, como Rivero, se atreven a mezclar herencia y innovación.

Fuente: Bombo Legüero y Percusión Folklórica Argentina (Carlos Rivero, 2004).