Por Miguel Coria
Una tarde del año 1990
llegó a la disquería RADAR (Peatonal Tucumán N°16) a una reunión con el gerente
para concretar la grabación y edición de un material discográfico.
Don FORTUNATO JUÁREZ
llegó con toda su humildad a cuestas, con su sonrisa inconfundible, con esa
personalidad austera y paisana, pero con toda una trayectoria a sus espaldas
como músico, autor, compositor y figura legendaria del arte nativo santiagueño.
Allí lo conocí
personalmente; artísticamente lo hice desde siempre. Desde sus consagradas
obras musicales marcando la belleza, el paisaje, los personajes y la historia
de un Santiago que hoy extraña sus formas y su arte.
Don Fortunato junto a sus
hermanos y sobrino, LOS HERMANOS JUÁREZ, lograron plasmar en una grabación
(cassette) un material discográfico (foto) que hoy es un objeto de
"culto" en el patrimonio musical santiagueño de raíz nativa.
Hasta cuando caminaba
mostraba la "santiagueñidad" don Fortunato.
Con un vocabulario
plagado de santiagueñismos auténticos (utilizaba muchos diminutivos), los que
alguna vez hemos podido dialogar con él, además de estar hablando con una
figura fundamental del movimiento tradicionalista santiagueño, nos nutrimos de
aquel hombre de "tierra adentro", cuya personalidad y costumbres
seguían unidos a la tierra, su vida seguía atada a las tradiciones de éste
pueblo y ese camino lo llevó a enriquecer la cultura popular de nuestro suelo.
En otra de sus visitas a
la disqueria y productora discográfica RADAR me obsequió una gacetilla
(todavía la conservo) con una serie de notas periodísticas de medios
santiagueños y argentinos.
Hoy se recuerda 21 años
de su fallecimiento, de su paso hacia ese otro plano; pero su recuerdo y su
obra siguen estando presente en cada músico, en cada cantor, en cada
compositor, en cada poeta santiagueño dando prueba de su existencia y
preservando esa autenticidad nacida desde las raíces mismas de una provincia
donde más allá de los tiempos todavía habitan en su arte la belleza y la
frescura de lo genuino.
