viernes, 10 de abril de 2026

La Estirpe del Monte y el Diapasón: El Encuentro que Forjó una Leyenda



En el vasto mapa sentimental de Santiago del Estero, existen encuentros que trascienden la mera anécdota para convertirse en mitología fundacional de nuestra cultura. Uno de esos instantes ocurrió a finales de la década del 40, en el corazón de Nueva Esperanza, cuando un joven Carlos Carabajal —quien por entonces dividía su fervor entre los goles de Sarmiento y el canto— cruzó su destino con el de Don Ponciano Luna. Aquel encuentro, rescatado del archivo sonoro de Juan Carlos Carabajal en su emblemático programa Mateando con Juan Carlos, no solo dio origen a una de las chacareras más entrañables del cancionero popular, sino que cristalizó una forma de entender la vida y el arte.

El Retrato de una Nobleza Rural

Hacia 1947, el llamado del fútbol llevó a Carlos a Nueva Esperanza. Sin embargo, en la casa de su hermano Tito, la pelota cedió protagonismo al asombro. Allí lo esperaba Ponciano Luna. Al recordarlo, la voz de Carlos se impregna de una devoción casi sagrada: describe a Ponciano no solo como un músico, sino como el arquetipo de la hidalguía del monte. Era una nobleza que no se heredaba por títulos, sino por la educación del silencio, el trato afectuoso y esa hospitalidad intrínseca del hombre de campo.

La conexión fue inmediata y telúrica. Ponciano desenfundó el violín y Carlos, con la intuición de los elegidos, se dispuso a acompañarlo. En ese diálogo entre cuerdas y madera, nació un afecto que pronto se expandió hacia los caminos polvorientos de la provincia.

La Liturgia del Camino: Sulquis y Leguas

La formación de un trío junto a Don Lucindo Prado marcó una época de trashumancia musical. Eran tiempos donde la distancia se medía en el cansancio de los animales y la paciencia del viajero. Para tocar un sábado, la partida se imponía el viernes; el sulky era el templo móvil donde se custodiaban los instrumentos. Había una ética del cuidado: llegar antes para que los caballos descansaran, un respeto por el ritmo natural que hoy parece olvidado en la urgencia de la modernidad.

A través de leguas y barriales, Carlos operaba como un puente cultural. Él traía consigo las melodías "de moda" de la capital santiagueña, transmitiéndolas de boca en boca a Ponciano y Lucindo, quienes las tamizaban a través de su propia sensibilidad rural.

El Humor como Refugio

La narrativa de Carlos Carabajal nos regala también una pincelada del ingenio criollo. Entre las "barritas" de jóvenes que rodeaban a los músicos en busca de novedades, Ponciano Luna ejercía una sabiduría pícara. Ante la insistencia de algún muchacho que, buscando lucirse, le preguntaba qué pieza seguía en el repertorio —“¿Qué viene, Don Ponciano?”—, el violinista apelaba a una sordera táctica y magistral. “Cerveza nomás, hijo”, respondía, transformando la ansiedad del pedido en una invitación al brindis, recordándoles que el arte, en el baile, es también una celebración del encuentro.

Del Recuerdo a la Canción

Aquel vínculo, forjado en la nobleza de las madrugadas de Nueva Esperanza, terminó por decantar en la creación artística. Años más tarde, Carlos, junto a su hijo Peteco, traduciría esa admiración en los versos y la melodía de “A Don Ponciano Luna”.

Lo que comenzó como una invitación para jugar un campeonato de fútbol terminó convirtiéndose en un hito de la identidad cultural santiagueña. La historia de Ponciano Luna, rescatada por los Carabajal, nos recuerda que detrás de cada gran chacarera palpita un hombre, un camino recorrido en sulky y la inagotable nobleza de una estirpe que se niega a ser silencio.

Fuente: Fragmento de la entrevista de Juan Carlos Carabajal a Carlos Carabajal en el programa Mateando con Juan Carlos.


jueves, 9 de abril de 2026

La memoria sumergida: un réquiem y renacimiento de Villa Río Hondo

 


Una geografía fantasma yace bajo la extensión turquesa del Embalse del Dique Frontal. En las profundidades del embalse, inaugurado en la primavera de septiembre de 1967, yacen los cimientos de un mundo entregado a las aguas. Es un paisaje marcado por el desarraigo —ese profundo y singular sentimiento hispano de desarraigo— donde el sacrificio de un pueblo se convirtió en el precio del progreso.

La liturgia de la partida

El 26 de marzo permanece grabado en la memoria colectiva de la región, no como un día de derrota, sino como un testimonio de fortaleza comunitaria. Hace cincuenta y nueve años, los habitantes de Villa Río Hondo realizaron un último y desgarrador rito de paso. Liderados por el inquebrantable Padre Juan Bradford, la comunidad transformó su desplazamiento en una procesión.

Con una cruz en alto y sus pertenencias mundanas a cuestas, emprendieron un éxodo tanto espiritual como físico. Fue una epopeya del pueblo, un momento donde la dicotomía entre pérdida y esperanza se desdibujó. El padre Bradford no se limitó a ofrecer oraciones; les brindó el apoyo emocional necesario para sobrellevar el trauma de ver su tierra ancestral destinada a ser sepultada bajo el agua.

La arquitectura de la memoria

En 2026, a las puertas del sexagésimo aniversario de este acontecimiento trascendental, se ha iniciado un minucioso trabajo de recuperación histórica. Este año marca un periodo de profunda reflexión archivística: la recopilación de fechas, documentos antiguos y testimonios orales de las familias que llevaron el espíritu de la antigua villa a su nuevo emplazamiento.

Sin embargo, el testimonio más conmovedor de esta historia no se encuentra en un libro de contabilidad, sino en la viva silueta del Museo Histórico y Religioso. Allí, en el umbral de la iglesia patrimonial, se alza un árbol que ha resistido el paso de las décadas. Durante cuarenta y cinco años, sus dos ramas principales se han extendido hacia el cielo, imitando la postura de un alma en perpetua súplica.

"Estos 'brazos implorantes' sirven como un monumento botánico silencioso a la presencia del Padre y al legado perdurable del grupo juvenil 'Juan Bradford' ."

Una visión para el Jubileo de Diamante

Este árbol simbólico sigue siendo un puente entre el pasado sumergido y el presente resiliente. Mientras la comunidad se prepara para las conmemoraciones históricas de 2026, la atención trasciende la mera nostalgia. Es una invitación a contemplar el Éxodo de Villa Río Hondo con una mirada crítica: como la historia de un pueblo que, ante la creciente ola de cambios, eligió caminar unido, guiado por su fe.

En el suave murmullo de las olas del embalse y en las ramas que se extienden sobre el árbol guardián del museo, la historia de Villa Río Hondo sigue latente, un testimonio de la belleza que puede rescatarse de las profundidades del sacrificio.

El arquitecto de lo invisible: Don José Gómez Basualdo y los ritmos de la Tierra

 

Don José Hilario Gómez Basualdo

En el panteón de la identidad argentina, existen figuras cuyas sombras se ciernen imponentes sobre el paisaje, pero cuyos nombres solo susurran el viento y los más devotos de la tradición. Don José Hilario Gómez Basualdo es una de ellas: un arquitecto silencioso del alma de Santiago. A menudo eclipsado por los "Patriarcas" del folclore, Basualdo fue quien tradujo el pulso de los bosques secos y el polvo de los salitrales en un sofisticado lenguaje coreográfico. Hablar de él es hablar de una vida entregada por completo al ritual de la danza.

El origen de un movimiento

Nacido el 14 de enero de 1907 en el corazón de Santiago del Estero, la iniciación de Basualdo en los sagrados misterios del movimiento comenzó a la tierna edad de ocho años. En el íntimo patio de la familia Pastoriza, bajo la tutela de su tío, Don “Nachi” Gómez, el joven José sintió por primera vez la gravedad de la tierra a través de sus talones.

En la década de 1920, se había convertido en un puente entre dos mundos. En una época en que la danza tradicional se limitaba en gran medida a la periferia rural, Basualdo llevó estas "formas renovadoras" al centro urbano de Santiago. Poseía la rara habilidad de preservar la energía cruda y visceral del campo, a la vez que la refinaba para el escenario. Esta dualidad llamó la atención de Andrés Chazarreta , el titán del folclore argentino, y Basualdo pronto se convirtió en el bailarín principal de la compañía de Chazarreta, actuando en el legendario Teatro Politeama .

Una cartografía del alma: 112 obras de arte

Sin embargo, un espíritu creativo tan inquieto como el de Basualdo no podía permanecer mucho tiempo como mero intérprete. Buscando una voz independiente, se separó del «Patriarca» para fundar su propia academia. Fue allí donde floreció su genio, dando como resultado una impresionante obra: 112 composiciones originales. Basualdo no se limitó a coreografiar; desenterró el inconsciente colectivo de su pueblo. Sus creaciones eran unidades artísticas completas, que entrelazaban música, letra y movimiento. Si bien algunas de sus obras siguen siendo pilares del repertorio nacional, otras se han convertido en valiosas reliquias de la historia cultural de Santiago.

Los Pilares:  Huayra Muyoj y La Cortejada, expresiones que capturaron el diálogo rítmico del cortejo y el viento.

Los Clásicos Escondidos:  Achachita , El Marote Horco , Santiago Manta , y el inquietante El Crespín .

Los Ecos Míticos:  El Turay o Kakuy y El Humam Puca , donde la leyenda cobra vida.

Finalmente, estas danzas fueron consagradas como "Danzas Tradicionales Argentinas", un reconocimiento a su integridad estructural y a su profunda resonancia cultural.

La pedagogía de la tradición

En 1962, tras retirarse de la administración pública, Basualdo emprendió una nueva misión: la institucionalización de la danza. Trasladándose a Rosario y, posteriormente, expandiéndose a Córdoba, fundó academias que elevaron el folclore de un simple pasatiempo a una rigurosa disciplina académica. Bajo su tutela, cientos de estudiantes aspiraron a obtener los títulos de Maestro de Folclore y Profesor de Ciencias Folclóricas y Danzas Nativas.

Comprendió que, para que una tradición perdure, debe enseñarse con la misma precisión que el ballet clásico o la filosofía. Este compromiso le valió el máximo reconocimiento en 1977, cuando, en el Auditorio Triunfal de Buenos Aires, fue proclamado oficialmente "Padre de las Danzas Argentinas".

El Eterno Retorno: Del 25 de Mayo a Cosquín

Aunque Don José falleció el 25 de julio de 1981, su obra conserva una vitalidad inagotable. Resurge periódicamente para recordar a la nación sus raíces. En 2005, el Teatro 25 de Mayo le rindió homenaje, pero quizás la celebración más brillante tuvo lugar durante el Festival Nacional de Folklore de Cosquín en 2014.

Allí, la delegación oficial de Santiago del Estero —una constelación de maestros que incluía a Isabel Neirot, Motta Luna y los herederos de Simón— revivió sus zambas, chacareras y gatos. Mientras los bailarines trazaban los intrincados patrones del Huayra Muyoj y el El Tuaj , quedó claro que el legado de Basualdo no es una pieza estática de museo. Es una entidad viva y palpitante.

"Presenciar una coreografía de Basualdo es ver la historia de Santiago del Estero escrita en el aire."

Hoy, al recordar a este titán de las artes, vemos a un hombre que hizo más que enseñar pasos; forjó una identidad. Don José Gómez Basualdo sigue siendo el latido silencioso del bombo, el sutil polvo que levanta un zapateo y la gracia imperecedera de un pueblo que se niega a olvidar la belleza de sus orígenes.

¿Y si había petróleo en Santiago del Estero? El enigma enterrado de Siete de Abril

Por Leyendas del Folclore Santiagueño 

 


Hay historias que comienzan con un rumor. Y en los años treinta, en pleno monte santiagueño, ese rumor se fue colando entre las charlas de fogón, las caminatas por los campos y los silencios cargados de intuición. En la zona de Siete de Abril, allá en el noroeste de la provincia, cerca del límite con Salta, algunos decían que el suelo olía raro, que la tierra tenía un color más oscuro de lo normal... y que quizás, solo quizás, había algo más abajo. Algo valioso. Tal vez, petróleo.

La idea encendió una chispa. Y no solo entre los lugareños. El Gobierno provincial, atento, no tardó en tomar cartas en el asunto. Si había una mínima posibilidad de que ese "oro negro" estuviera ahí, había que comprobarlo. Así, en 1932, se puso en marcha una investigación oficial para responder la gran pregunta: ¿hay petróleo en Santiago del Estero?

Un geólogo, una sierrita y una misión clara

La provincia pidió ayuda a la Nación. Y la Nación respondió. El Ministerio de Agricultura envió a uno de sus especialistas más destacados: el doctor Pablo Groeber, de la Dirección General de Minas, Geología e Hidrología. Groeber no solo tenía formación científica: tenía experiencia en el terreno, paciencia y ojo clínico para leer la historia escondida en las piedras.

El 12 de julio de 1932 comenzó su recorrido por la región. Su atención se centró en un punto clave: el Cerro del Remate, una sierrita que se recorta en el paisaje, cerca de Siete de Abril. Con su libreta de campo en mano, Groeber analizó capas de roca, midió inclinaciones, identificó formaciones. Pisó barro, yeso y caliza. Lo examinó todo con rigurosidad casi obsesiva.

Un mes después, llegó la respuesta.

Cuando la tierra dice que no:

La verdad es que muchos esperaban un “sí”. Pero el informe de Groeber fue contundente: no hay petróleo.

¿La razón? La tierra simplemente no guarda ese tipo de secretos. Lo que el geólogo encontró fueron formaciones muy antiguas, con rocas cuarcíticas del Precámbrico, de esas que ya estaban allí mucho antes de los dinosaurios. Y encima de eso, sedimentos del Mioceno, con yeso, arcillas, algunas calizas. Pero nada más.

La clave está en el origen de esos sedimentos. Son continentales y salobres, no marinos. Y es que para que haya petróleo, tiene que haber habido vida marina enterrada, atrapada y cocinada durante millones de años. Aquí, en cambio, el paisaje fue otro: lagunas salobres, ríos antiguos, vientos que desgastaron todo lo que pudieron.

Incluso si alguna vez hubo una capa petrolífera, lo más probable —según Groeber— es que la erosión la haya barrido mucho antes de que se formaran las capas actuales. El tiempo, como siempre, jugó su propio juego.

Aguas que arden… pero no con petróleo

 

Como parte del estudio, también se analizó una vertiente sulfurosa en Ojo de Agua, más al sur de la provincia. Allí el agua brota caliente, con olor penetrante y ese aspecto misterioso que alimenta todo tipo de creencias. ¿Sería una señal de petróleo?

Nada de eso. El análisis químico mostró que el agua era muy salada, con altísimos niveles de cloruros. Su tacto era jabonoso, su sabor agresivo. La conclusión fue clara: inapta para el consumo humano y animal. Su origen es geotérmico, pero no tiene relación con la presencia de hidrocarburos. Una vez más, la naturaleza mostraba sus propios mecanismos, muy distintos a los que la gente imaginaba.

Lo que sí quedó bajo la superficie

Ahora bien, sería injusto decir que todo fue en vano. El trabajo del doctor Groeber dejó una huella profunda. Su informe detallado trazó el primer mapa geológico serio de la región, describió en profundidad las capas del subsuelo, explicó los procesos que moldearon ese rincón del país. Y dejó una enseñanza invaluable: la ciencia también se construye a partir de lo que no se encuentra.

Hoy, a casi un siglo de aquel viaje, la historia de Siete de Abril se cuenta como una anécdota entrañable. Es la historia de una búsqueda que no halló petróleo, pero sí conocimiento, curiosidad y un legado científico.

Y también es un recordatorio. Porque antes de hacer grandes promesas o jugárselo todo por una corazonada, hay que aprender a leer la tierra con humildad. Escucharla. Preguntarle. Entender que sus respuestas no siempre son las que queremos, pero casi siempre son las que necesitamos.

Y en este caso, la tierra dijo lo suyo con claridad: no hay petróleo... pero hay historia. Y eso también vale.

Fuentes:

Informe del Dr. Pablo Groeber, Dirección General de Minas, Geología e Hidrología (1932)

Archivos del Ministerio de Agricultura de la Nación

De Acequias y Palacetes: Un Paseo por el Santiago que el Tiempo (Casi) se Llevó

 

Acequia Belgrano

¿Alguna vez te detuviste en medio de la Avenida Belgrano, cerraste los ojos e intentaste imaginar cómo sonaba esta ciudad hace cuatro siglos? Probablemente hoy escuches el rugido de los colectivos y el murmullo incesante del comercio, pero si pudiéramos viajar en el tiempo, el sonido protagonista sería otro: el del agua corriendo con fuerza por una acequia gigantesca.

Santiago del Estero, nuestra "Madre de Ciudades", no solo es cuna de poetas y cantores; es un rompecabezas de historias fascinantes que a menudo pisamos sin darnos cuenta. Hoy te invito a que nos tomemos un café virtual y charlemos sobre esos rincones, edificios y decisiones que transformaron nuestra fisonomía urbana. ¡Prepárate, porque hay datos que te van a volar la cabeza!

El "río" que dividía la calle: La mítica Acequia Real

Imagínate esto: corría el año 1577. Mientras en el resto del mundo pasaban cosas de libros de historia antigua, aquí ya se estaba construyendo una obra de ingeniería asombrosa. La Acequia Real (o Acequia Belgrano) no era un simple zanjón; era una arteria vital de más de 5 kilómetros de largo que corría justo por donde hoy caminas para ir al centro.

Aquí es donde la historia se pone interesante y un poco misteriosa. ¿Quién la hizo realmente?

La versión mística: Muchos dicen que fueron los Jesuitas, conocidos por su destreza constructiva.

La versión oficial: Existe una carta del 20 de marzo de 1557 enviada por el Gobernador Gonzalo de Abreu y Figueroa al Virrey del Perú, lo que le da el crédito legal a él.

Lo más nostálgico es pensar en la alameda gigantesca que la bordeaba. Era un túnel verde de álamos que refrescaba la ciudad. Lamentablemente, en 1970, bajo una visión de "modernización" del gobierno de Carlos Jenssen, la acequia fue entubada y los árboles talados. Un golpe ecológico que los santiagueños de pura cepa todavía lamentan.

De Casa de Gobierno a Joya Cultural

Si hay un edificio que se roba todas las miradas frente a la Plaza Libertad, es el actual Centro Cultural del Bicentenario (CCB). Pero, ¿sabías que no siempre fue ese faro de cultura?

Construido en 1866 por los hermanos Cánepa durante el gobierno de Manuel Taboada, nació para ser el Cabildo y la Casa de Gobierno. Ubicado estratégicamente en la esquina de Libertad y Tucumán, este edificio ha visto pasar toda nuestra historia política. Fue recién en 1988 cuando se lo declaró Monumento Histórico Provincial, protegiendo para siempre sus paredes cargadas de secretos.

La Casona de los Taboada: El "Multiespacio" del Siglo XIX

A la vuelta, en Buenos Aires al 100, se encuentra la casona construida en 1870 por Gaspar Taboada. Si crees que los espacios de coworking son modernos, esta casa te lleva la delantera. A lo largo de los años, allí funcionaron:

 

·         La primera oficina de Telégrafos.

·         La primera oficina de Teléfonos.

·         La redacción del diario El Liberal.

·         ¡Y hasta el Círculo de Ajedrez!

 

El lujo de la Belgrano: 80 Chalets y una Boite

Hubo una época, no tan lejana, en la que la Avenida Belgrano parecía un catálogo de arquitectura europea. Entre el barrio Jorge Newbery y Campo Contreras, se erigían aproximadamente 80 chalets impresionantes.

Nombres como Los Hoyos, el del Gobernador Cáceres, o los de las familias Bagnato y Corvalán, eran sinónimo de elegancia. ¿Lo más curioso? En esa zona también funcionaba una Cancha de Pato y la mítica boite "Fantasius", donde la juventud de otras décadas gastaba la suela de sus zapatos.

El tren que llegaba a la puerta de casa

Hoy nos parece una locura, pero el 12 de octubre de 1884, el ferrocarril llegó literalmente hasta la Plaza Libertad. ¡Imagínate el humo y el silbato del tren en pleno centro!

Tuvimos dos estaciones principales que marcaron épocas:

Estación Belgrano: (Libertad y Pringles). Originalmente del Central Córdoba, hoy es el querido Parque Oeste.

Estación Mitre: (Perú y Alvear). De trocha ancha, el lugar donde hoy funciona el moderno FÓRUM.

El tren no solo traía gente; traía el progreso que permitió, por ejemplo, que en 1904 se inaugurara el servicio de agua corriente y en 1905 se levantara el imponente edificio del Banco Nación.

Secretos en las paredes y cambios de nombre

¿Alguna vez te sentiste observado en la calle Libertad al 400? No es tu imaginación, son los Atlantes de Piedra. Estas figuras colosales que sostienen la estructura frente a la Plaza Libertad fueron creadas por el arquitecto y escultor Rafael Delgado Castro a principios del siglo XX. Son, sin duda, los guardianes más antiguos del centro.

Pero no todo fue piedra y construcción. Los años 70 trajeron cambios drásticos, incluso en cómo llamamos a nuestros barrios. ¿Sabías que muchos de ellos tenían nombres mucho más pintorescos antes de que el gobierno de facto los rebautizara?

Chimillo pasó a ser Reconquista e Independencia.

Tala Pozo se convirtió en Almirante Brown.

Las Cejas fue renombrado como Don Bosco.

Incluso la naturaleza sufrió: en esa época se eliminó la platabanda de hermosos lapachos que adornaban las avenidas Sáenz Peña y Pedro León Gallo. Una decisión que, al igual que la tala de la alameda de la Belgrano, nos dejó una ciudad un poco más calurosa y menos colorida.

Un legado que late

Santiago del Estero es mucho más que sus calles adoquinadas en 1916 o el gas natural que llegó en 1951. Es una ciudad que supo ser industrial, con el Ingenio Saint Germes (1881) como símbolo de tecnología punta, y que supo reinventarse una y otra vez.

Desde el viejo matadero municipal de 1907 (que luego fue mercado y hoy es Jefatura de Policía) hasta la puesta en valor del Complejo Taboada en 2024, nuestra identidad está grabada en cada ladrillo puesto por los Cánepa, Delgado Castro o los pioneros anónimos.

Caminar hoy por Santiago es recorrer un libro abierto. La próxima vez que pases por la Belgrano, recordá que bajo tus pies alguna vez corrió un canal de agua cristalina y que, a tu alrededor, la historia sigue viva, esperando a ser contada.

¿Cuál de estos datos te sorprendió más? ¿Te imaginas cómo sería Santiago hoy si todavía tuviéramos esa acequia bordeada de álamos? La próxima vez que camines por el centro, levanta la vista: siempre hay un detalle del pasado esperando a saludarte.

* Este artículo fue realizado con información del Archivo Gráfico Cultural Santiagueño de Omar Sapo Estanciero, un guardián incansable de nuestra memoria colectiva.

RAMÓN GOMEZ CORNET

 


 

Nació el 1 de Marzo de 1898. Fue una figura representativa del acervo plástico nacional. Su nombre cubre una etapa del arte argentino que obtuvo el reconocimiento unánime de la Autorretrato Gómez Cornet crítica nacional. Su vocación artística se despertó en la adolescencia y fue enviado a Córdoba donde comenzó su formación en la Academia de Bellas Artes.

En 1917 realizó su primer viaje a España, Francia e Italia. Al regresar presentó sus primeras obras en Buenos Aires; Cezanne y Renoir lo habían impactado. En 1921 expuso en el salón Chandler de la calle Florida; en 1923 emprendió su segundo periplo europeo; en 1927 se presentó en el Salón Nacional y en La Plata; al año siguiente expuso sus retratos de niños y mujeres santiagueñas. Desde entonces sus muestras lo destacaron a la consideración de la crítica más exigente quizás porque su arte reflejaba en los rostros telúricos el drama de los hombres y niños de su tierra. Medalla de Plata del Salón de Paraná, Premio Estímulo en el Salón Nacional, Primer Premio de Pintura del XXVII Salón Nacional, Primer Premio en el Salón de Acuarelistas, Premio Arte Clásico Presidente de la Nación. Realizó exposiciones en Nueva York, Tucumán y Santiago del Estero.

En esta última propició y logró la creación del Museo Provincial de Bellas Artes, que hoy lleva su nombre. Trasladado a Mendoza ocupó la cátedra de Pintura de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1949 obtuvo el Gran premio de Honor en el Salón Nacional; en 1950 el Premio Presidente Perón del Salón de Santa Fe. Se trasladó a Tucumán designado por su Universidad Nacional para dictar la cátedra de Dibujo; regresó a la Universidad de Cuyo desde donde retornó a Buenos Aires. Proyectó y logró la creación de la Academia de Bellas Artes de Santiago del Estero. El 9 de abril de 1964 falleció en Buenos Aires. Su nombre figura entre los plásticos más importantes del arte argentino.

Para realizar una visita virtual de sus obras, recomendamos seguir el siguiente enlace: http://www.arteargentino.com/sala/gomezcornet/index.htm

miércoles, 8 de abril de 2026

Zambas y sus versiones "La 7 de Abril"


Zamba “la 7 de abril”

La 7 de Abril es para muchos la madre de las zambas, acaso porque su belleza se completa con misterios. Por ejemplo, no se conoce a su autor verdadero y poco sabemos sobre el motivo de su nombre. Según escribe José Antonio Faro es su libro Zambas históricas y tradicionales, existen dos versiones de la 7 de Abril.

Una es la que Andrés Chazarreta le escuchó tocar a músicos populares santiagueños, a inicios del siglo XX, y que en 1916 registró a su nombre, con una letra romántica.

En 1923, Manuel Gómez Carrillo, publicó una versión cuyas diferencias con la de Chazarreta son de notación musical, dato irrelevante para músicas de tradición oral. A esa versión, Leda Valladares le agregó años más tarde una letra que tampoco explica el nombre.

Si bien no se conoce con exactitud su autor ni el motivo del nombre, santiagueño y tucumanos se disputan la pertenencia.

La investigadora Isabel Aretz refiere que el verdadero autor sería un violinista tucumano conocido como el “Ñato Carrillo”, que murió en 1911. Otras fuentes dan como autor al arpista Agenor Reynoso. Pero en Santiago del Estero es atribuida por tradición a diversos músicos populares de fines del siglo XIX, entre ellos un arpista, “el ciego Chaza”. Los Hermanos Abalos decían que jamás se iba a conocer quién fue realmente su autor. En SADAIC hay dos registros: una de Chazarreta y la otra de Gómez Carrillo.

El nombre

Con respecto al origen de su nombre, se manejan varias conjeturas. Al noreste de Tucumán, en el departamento Burruyacú, existe una localidad con el nombre 7 de Abril. Una comuna sobre la Ruta Nacional 34, uno de los tantos pueblos de esa región que hasta mediados del siglo XX vivió de obrajes madereros y hoy extraña el tren. La letra de Leda Valladares tiene más que ver por esa región:

………………..

“queda engualichado bajo el monte”

…………………

“bajo un viejo quebrachal,”

…………………………

También se dice de una historia de amor. El título de la zamba, dicen en el pueblo, evoca una historia de amor no correspondido: un joven de familia acomodada se enamora de una joven de familia humilde, esta relación no era aprobada por la familia del joven. El muchacho se va a la Universidad y vuelve recibido de abogado y es nombrado juez de paz de 7 de Abril. Y debió casar a la mujer que amaba con otro hombre. Con esta historia tiene que ver tanto la letra de la versión de Pedro E. Díaz, como la letra de la otra versión, la de Domingo Lombardi.

Por otro lado, el 7 de Abril se conmemora el levantamiento de Tucumán contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas. La proclama del 7 de Abril de 1840, cuando Marcos Avellaneda encabezó el pronunciamiento de la llamada “Liga del Norte”, que Rosas respondió con el envío del general Oribe y el coronel Mariano Maza para reprimir a los insurrectos, quienes al mando del general Juan Galo de Lavalle fueron derrotados en Famaillá. Avellaneda huyó al norte, pero Oribe lo alcanzó en Metán y lo fusiló. Llevaron su cabeza a Tucumán y la expusieron en la plaza principal durante varios días.

La 7 de Abril, dos versiones, tres letras y tantas conjeturas. El misterio de una zamba con nombre de día, de tres vueltas para los bailarines y de fascinante vuelo melódico para los cantores. Es una zamba de “tres vueltas” o zamba “larga”, es decir de treinta y seis compases, con la particularidad-casi desconocida entonces-de que la vuelta final lleva melodía diferente a las dos primeras.

VERSIONES DE LA ZAMBA “LA SIETE DE ABRIL”

La Zamba “La Siete de Abril”: Versión A. Chazarreta- Pedro E. Díaz

"La Siete de Abril" (zamba) fue registrada por don Andrés Chazarreta, como autor de letra y música, registro Nº 3049 de SADAIC. Letra Pedro Evaristo Díaz

I

Triste y con penas me voy
voy cantando esta canción
buscando consuelo en esta zamba
porque me ha pedido el corazón.

 

Lejos se escucha mi voz
y ella dice en su cantar
en aquellas noches silenciosas,
canto porque alivio mi pesar.


Otros andarán por ahí
igualitos como yo,
cantando tristes sus penas;
Zamba sos mi canción.

 

II

Como el perfume de flor
suave acompasada sos,
has hecho bailar a muchos criollos
haciendo vivir la tradición.

 

Tu melodía, quizás,
siempre ha sido para mí
la que muchas veces he soñado,
y así te nombré Siete de Abril.

 

Otros andarán por ahí
igualitos como yo,
cantando tristes sus penas;
Zamba sos mi canción.

Esta versión es la que más fue grabada por los artistas y más conocida.

La Zamba “La Siete de Abril”: Versión GOMEZ CARRILLO MANUEL

- VALLADARES LEDA. Registro Nº29306

1

Vengan al cerro a escuchar
como canta el montaraz;
clava su baguala en pleno cielo
con un alarido de orfandad.

 

Quien sale al campo a llorar
las vidalas del amor
queda engualichado bajo el monte
y entre los quejidos del tambor.

 

Zamba de largos sauzales
fiel rescoldo del peón:
que tu pañuelo al aire
nunca nos diga adiós.

2

Qué lindo es dejarse estar
bajo un viejo quebrachal,
cerca de las grandes salamancas
resollando todo el carnaval.

 

Nadie se quiera morir
sin gozar el carnaval,
sin echar la entraña de su canto
en el vuelo del polvaredal.

 

Zamba de triste follaje,
resolana del cantor,
que tu pañuelo al aire
nunca nos diga adiós.

La música es recopilación de Manuel Gómez Carrillo.

En cambio, esta versión es la que más me costó encontrar una versión cantada. Que gracias a la artista Miriam García compartió esta zamba grabada por ella que estará en un material que estará a la venta en Agosto 2015. Es una exquisita interpretación de La 7 de Abril.

La Zamba “La Siete de Abril”: Versión A. Chazarreta- DOMINGO LOMBARDI

La zamba 7 de Abril
vamos viditai a bailar
obligando gracias a tu perfil
Y encendiendo amor es tu mirar
con tú pañuelito ya gentil
y como queriéndote alejar

 

Una encendida pasión
acepto encanto sentir
dando una esperanza al corazón
porque tus desdén hace sufrir
no me quites alma esta ilusión
porque sin ella no podré vivir.

 

Criolla labios como flor
La que sol beso al pasar
Y brinda las dulzuras
De algarroba y chañar
No hagas la desventura
De quien te sabe amar.

 

Quiero volverte a cantar
en esta zamba mi dolor
al ver si por fin
puedo alcanzar
 y ser dueño de tu corazón
y en el pañuelito he de expresar
al rodear tu pecho mi intensión

 

Sobre tu frente pondré
Una corona triunfal
Con un amor constante y leal
Un liviano paso seguiré
Y en tu pollerita de percal
Flores de mis sierras prenderé.

 

Va esta zamba a terminar
Dando tregua a mi dolor
De negarme un consuelo
Mi alma tendrás valor
Y a tus pies mi pañuelo
Rindo en prueba de amor.
 

Grabado por: Julio Molina Cabral

POR OTRO LADO, SE GRABÓ OTRO TIPO DE VERSIÓN CON MÚSICA DE A. CHAZARRETA.

Y EN CANTO SE AGREGA UN ESTRIBILLO.

Me dicen que los conjuntos en los bailes en el campo arengaban para que la gente se arrimara a bailar.

Alberto Ocampo y sus Changuitos Violineros intérpretes de esta versión.

 “Adiós adiós mi Tucumán, tierra de donde nací cuna de mis abuelos te canto 7 de abril”.

SIETE DE ABRIL- M. GOMEZ CARRILLO-BLANCA IRURZÚN.

Sol de abril en Tucumán
Mil deseos de volar
Con sus madreselvas perfumadas
Y con su luz clara el rosedal
Enfrentando a Juan Manuel de Rosa
El jazmín de Tucumán

 

Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán

 

Canto de un 7 de abril
Luminoso y soñador
Haber la esperanza tucumana
Libre la mañana su esplendor
Hay un envainar  de resbalosas
Ya universal restaurador

 

Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán
 

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