De las aldeas fluviales
de los tonocotés a la consolidación del conurbano moderno: una crónica profunda
sobre los flujos humanos, las guerras de frontera, el auge forestal y el nuevo
rostro de la provincia más antigua de la Argentina.
Por Leyendas del Folclore Santiagueño
Introducción: El rumor
del agua y el barro del tiempo
El
mapa de Santiago del Estero no se dibuja solamente con líneas políticas ni con
coordenadas geográficas; se escribe, fundamentalmente, con el movimiento del
agua y el barro que dejan las crecidas. Hay un hilo conductor que une a los
antiguos alfareros prehispánicos, que moldeaban vasijas a la orilla del río
Dulce, con los obreros golondrinas que a mediados del siglo XX subían a los
trenes, y con los jóvenes que hoy caminan por el conurbano
Santiago-La Banda. Es la historia de un territorio marcado por la migración, la
resistencia y la adaptación.
Santiago
del Estero, la "Madre de Ciudades", tiene la paradoja de albergar el
asentamiento europeo más antiguo que se mantiene en pie en el suelo argentino
y, al mismo tiempo, de haber transitado los senderos más complejos de
dispersión y reconfiguración poblacional de la región. Mirar sus números
censales no es un ejercicio de estadística fría, sino una forma de asomarse a
una experiencia colectiva donde el paisaje del bosque santiagueño y los
caprichos de sus dos ríos principales —el Dulce y el Salado— dictaron las
reglas.
¿Cómo
hizo aquella llanura habitada por comunidades agrícolas para transformarse en
el corazón administrativo de la inmensa Gobernación del Tucumán, perder luego
peso frente a sus vecinas, sufrir el éxodo de sus habitantes y, finalmente,
experimentar un crecimiento que la vuelve a colocar en el centro de la escena
del Norte Grande? Para entender este proceso, es necesario desandar los pasos
del tiempo y seguir el curso de su historia demográfica.
1.
El amanecer precolonial: el mundo tonocoté y la vida en los albardones
Mucho
antes de que los conquistadores españoles llegaran a la llanura, el territorio
santiagueño ya tenía una densa actividad humana. Sin embargo, la reconstrucción
de este pasado precolonial no fue sencilla. Las fuentes coloniales dejaron
abundantes referencias sobre estos pobladores originarios, pero sus testimonios
suelen ser contradictorios en los nombres y las descripciones de los grupos.
Fue
la arqueología la que aportó claridad. A través del análisis de los restos
materiales, las cerámicas y los entierros, se diferenciaron las etapas
culturales de la región. En el centro de este universo prehispánico, ocupando
el área misma donde más tarde se fundaría la capital, se recortaba la figura de
los tonocotés.
El
mapa de los pueblos originarios
El
hábitat de los tonocotés estaba definido por la llanura aluvial bañada por los
ríos Dulce y Salado, aproximadamente entre los paralelos 26° y 29° de latitud
sur. Sus fronteras marcaban una vecindad compleja:
- Al Norte,
en las zonas más boscosas, se encontraban los lules.
- Al Sur,
hacia las sierras de Sumampa y Ambargasta, se asentaban los sanavirones.
- Al Oeste,
contra las siluetas del Aconquija y las tierras de Ancasti, se ubicaban
los cacanos (diaguitas).
- Al Este,
cruzando la ribera izquierda del río Salado, el territorio se abría hacia
el Chaco Gualamba, dominio de grupos guaycurúes y abipones.
Arquitectura de lo
efímero: los túmulos fluviales
Los
tonocotés eran indígenas sedentarios y agricultores. Aunque recibieron
influencias de las culturas andinas —visibles en sus técnicas textiles y
ciertos motivos religiosos—, su modo de vida estaba moldeado por la llanura.
Sabían que la supervivencia dependía de entender el régimen de los ríos. Por
eso, montaban sus aldeas en las orillas, aprovechando las elevaciones naturales
llamadas albardones, o construyendo montículos artificiales de tierra conocidos
como "túmulos". Estas elevaciones ponían a salvo a las familias y sus
bienes durante las crecidas estacionales del Dulce y el Salado.
En
lo alto de estos túmulos levantaban sus viviendas con materiales perecederos:
ramas, barro y techos cónicos o a dos aguas hechos de paja, con plantas
circulares o rectangulares. Como la vida en la llanura incluía conflictos con
grupos vecinos, los poblados solían estar rodeados por "palos a
pique", empalizadas de troncos que funcionaban como defensa contra las
incursiones rápidas de los cazadores nómades del Chaco.
Estética, vestimenta y
armamento
Físicamente,
los estudios óseos realizados en los yacimientos del río Salado muestran personas
de estatura regular, rostros anchos y narices medianas. Su indumentaria
combinaba los recursos de la fauna local con el tejido. Los hombres solían
vestir un delantal corto de plumas de ñandú y collares del mismo material. Las
mujeres confeccionaban sus prendas utilizando fibras de chaguar o lana obtenida
del comercio de guanacos y llamas. Su vestimenta consistía en un chiripá
inferior y un paño principal anudado sobre uno de los hombros.
Durante
el invierno, ambos sexos usaban mantas de abrigo hechas de lana. Estas prendas
se adornaban con "chaquiras", pequeñas cuentas circulares que
fabricaban puliendo huesos de ave y que utilizaban para decorar los bordes de
la ropa, pulseras y collares.
Para
la defensa y la caza, los tonocotés utilizaban arco y flecha, boleadoras,
hondas, hachas de piedra pulida y macanas, unos garrotes gruesos elaborados con
maderas duras como el quebracho o el algarrobo. El arco llamó la atención de
los primeros cronistas por su gran tamaño, lo que exigía flechas largas y
pesadas. Un rasgo particular de estos guerreros era el uso de flechas
impregnadas con un veneno letal cuya composición exacta se perdió.
La economía del bañado y
el culto a la lechuza
Aunque
la base de su subsistencia era la agricultura del maíz, el poroto y el zapallo,
los tonocotés complementaban su dieta explotando los recursos de su entorno.
Los ríos Dulce y Salado concentraban fauna diversa: cuises, vizcachas, conejos
silvestres, armadillos y guanacos. Las puntas de flecha halladas en los
yacimientos arqueológicos reflejan la importancia de la caza.
La
pesca era otra actividad vital. Construían "corrales" o trampas de
ramas en los cauces secundarios de los ríos para encerrar a los peces y
atraparlos con redes o flechas desde la orilla. Sábalos, dorados, palometas y
bagres formaban parte habitual de su alimentación.
Recursos de la Llanura Tonocoté
├── Agricultura: Maíz, porotos, zapallos
├── Pesca: Corrales de ramas, redes, arcos (Sábalo, Dorado, Bagre)
├── Caza: Cuises, vizcachas, armadillos, guanacos, suris
└── Recolección: Algarroba, chañar, tunas, yuca silvestre, miel
Cuando
el monte fructificaba, la comunidad se volcaba a la
recolección de la algarroba, el chañar y las tunas, además de raíces como la
yuca silvestre. Esta abundancia estacional coincidía con celebraciones
comunitarias y rituales que los españoles describieron como
"borracheras". En estas festividades se consumían bebidas elaboradas
a base de la fermentación de la algarroba (aloja) o del maíz (chicha), sirviendo
para estrechar lazos y alianzas.
En
el plano espiritual, honraban a sus muertos disponiendo entierros en grandes
urnas de barro cocido que ubicaban cerca de sus casas. Sus ceremonias estaban
destinadas a deidades vinculadas con las fuerzas de la naturaleza,
representadas principalmente por la serpiente y la lechuza.
La
alfarería fue la manifestación técnica más destacada de este pueblo. Eran
ceramistas que producían pucos, urnas funerarias y jarros decorados con diseños
geométricos y zoomorfos en tonos rojos, negros y blancos. En muchas piezas
aparece la figura de la deidad Antropo-Ornito-Ofídica, una criatura que funde
rasgos humanos, de aves (búhos o lechuzas) y de serpientes, sintetizando los
elementos de la llanura.
2. La corriente
colonizadora: las tres columnas de la conquista
El
destino de la región cambió a mediados del siglo XVI, cuando el territorio del
actual suelo argentino comenzó a ser ocupado mediante tres corrientes
colonizadoras independientes que avanzaron simultáneamente desde distintos
puntos del continente.
CORRIENTE DEL NORTE: Desde el
Alto Perú (Bolivia) ── Conquista del Tucumán
CORRIENTE DEL OESTE: Desde Chile
(Andes) ─────────── Conquista de Cuyo
CORRIENTE DEL ESTE: Desde España
(Atlántico) ────── Litoral Rioplatense
La primera de estas
columnas fue la Corriente del Norte, proveniente del floreciente pero
tumultuoso Alto Perú (la actual Bolivia). Los conquistadores descendieron
abriéndose paso por la Quebrada de Humahuaca, con la misión de ocupar la
inmensa e inexplorada región que los incas llamaban el "Tucumán".
Aquella denominación,
según explican los historiadores coloniales, derivaba de Tucma, el nombre de un
poderoso e influyente cacique que gobernaba los ricos valles Calchaquíes y cuya
fama había llegado a oídos de los hombres de armas europeos.
Casi en paralelo, la
Corriente del Oeste avanzaba desde la Capitanía General de Chile. Atravesando
las cumbres eternamente nevadas de la Cordillera de los Andes, los
expedicionarios chilenos tenían la orden de conquistar y fundar ciudades en la
vertiente oriental, la región conocida como Cuyo. Por último, la Corriente del
Este penetraba directamente desde el Océano Atlántico. Proveniente de la
metrópoli española, esta columna buscaba consolidar una cabecera de playa en el
litoral rioplatense, abriendo una vía de acceso directa hacia el interior del
continente.
El
espejismo del oro y el rastro de sangre de Diego de Rojas
¿Qué buscaban los
españoles en esa inmensidad verde y reseca de la llanura central? Al igual que
en el resto de América, el motor inicial fue un espejismo: la búsqueda
frenética y obsesiva de riquezas minerales, de yacimientos fabulosos de oro y
plata que alimentaban las leyendas de "Los Césares" o la mítica
tierra de "Trapalanda".
Para ordenar el
territorio y calmar las sangrientas guerras civiles entre los propios conquistadores
en el Perú, el presidente de la Real Audiencia de Lima, el clérigo Pedro de La
Gasca, comenzó a otorgar permisos de exploración hacia el sur. La primera
expedición de tanteo la lideró Diego de Almagro en el temprano año de 1533.
Almagro y sus hombres alcanzaron las tierras altas de la actual provincia de
Jujuy, pero al encontrarse con una geografía áspera y la ausencia total de
imperios mineros relucientes, decidieron dar la vuelta y regresar
desilusionados al Perú.
El verdadero quiebre lo
protagonizó el capitán Diego de Rojas. En 1542, recibió la orden formal de La
Gasca de acometer definitivamente la entrada al Tucumán. Rojas y su hueste
protagonizaron una de las mayores hazañas militares de la época: penetraron por
primera vez en el corazón del Noroeste argentino, adentrándose en un medio
biológico completamente desconocido, caluroso y hostil. Buscando establecer un
punto de apoyo, Rojas intentó fundar el fuerte de Medellín del Soconcho, que se
convertiría en el primer ensayo de población europea en la zona.
Sin embargo, la fortuna
no acompañó al capitán. Su avance hacia el sur fue permanentemente hostigado
por las flechas de los nativos. El drama se desencadenó en la Quebrada de
Maquijata, en las actuales Sierras de Guasayán. Allí, una flecha disparada por
los defensores del territorio hirió a Rojas en la pierna. No parecía una herida
mortal, pero la punta del proyectil estaba impregnada con el letal veneno de
los tonocotés. Tras agonizar durante varios días entre fiebres y delirios,
Diego de Rojas murió en un punto muy cercano a los límites actuales entre
Santiago del Estero y Córdoba. Descabezada y desmoralizada, la campaña militar
no tuvo más remedio que replegarse y emprender el largo camino de regreso al
Perú.
El
drama de la fundación: Una ciudad errante llamada El Barco
La muerte de Rojas no
detuvo la ambición de la corona española. El 19 de junio de 1549, el capitán
Juan Núñez del Prado recibió un encargo formal del gobernador Pedro de La
Gasca: regresar a las tierras recién exploradas del Tucumán y fundar de manera
estable una ciudad. Los objetivos estratégicos eran tres: asegurar el camino
que comunicaba el Alto Perú con Chile, explorar la viabilidad de una ruta
comercial directa hacia el Río de la Plata y, finalmente, emprender la evangelización
de las densas poblaciones nativas que habitaban las cuencas fluviales.
Las Estaciones de la
Ciudad Errante
Barco I (1550) ─── Llanos de Tucumán (cerca de Montero)
↓ (Conflicto con
Villagra / Traslado geopolítico)
Barco II (1551) ─── Valle Quiri-quiri (Salta)
↓ (Hostigamiento
Calchaquí / Temor a Chile)
Barco III (1552) ── Orilla del Río Dulce (Santiago del
Estero)
↓ (Expulsión por
Francisco de Aguirre)
SANTIAGO DEL ESTERO (1553) ── Fundación definitiva y traslado
final
La
primera fue la Corriente del Norte, proveniente del Alto Perú. Los
conquistadores descendieron por la Quebrada de Humahuaca con la misión de
ocupar la región que los incas llamaban el "Tucumán". Esta
denominación, según los cronistas, derivaba de Tucma, el nombre de un
cacique que gobernaba los valles Calchaquíes.
En
paralelo, la Corriente del Oeste avanzaba desde Chile. Atravesando la
Cordillera de los Andes, los expedicionarios tenían la orden de fundar ciudades
en la vertiente oriental, la región de Cuyo. Por último, la Corriente del
Este penetraba desde el Océano Atlántico. Proveniente de España, buscaba
consolidar una base en el litoral rioplatense para abrir una vía de acceso
hacia el interior.
El rastro de Diego de
Rojas
Al
igual que en otras regiones de América, el motor inicial de las expediciones
fue la búsqueda de riquezas minerales, estimulada por leyendas como la de
"Los Césares" o "Trapalanda".
Para
ordenar el territorio tras las guerras civiles en el Perú, el presidente de la
Real Audiencia de Lima, Pedro de La Gasca, otorgó permisos de exploración hacia
el sur. La primera expedición de tanteo la lideró Diego de Almagro en 1335,
alcanzando el norte de la actual provincia de Jujuy, pero ante la falta de
metales preciosos decidió regresar al Perú.
El
avance definitivo lo protagonizó el capitán Diego de Rojas. En 1542 recibió la
orden de La Gasca de entrar al Tucumán. Rojas y sus hombres ingresaron al
Noroeste argentino y, buscando establecer un punto de apoyo, intentaron fundar
el fuerte de Medellín del Soconcho, el primer ensayo de población europea en la
zona.
Sin
embargo, la campaña enfrentó la resistencia de los nativos. En la Quebrada de
Maquijata, en las actuales Sierras de Guasayán, una flecha hirió a Rojas en la
pierna. La punta del proyectil estaba impregnada con el veneno utilizado por
los tonocotés y, tras agonizar durante varios días, el capitán murió en un
punto cercano a los límites actuales entre Santiago del Estero y Córdoba. Sin
su líder, la expedición terminó replegándose hacia el Perú.
3. La fundación: una
ciudad errante llamada El Barco
El
intento de colonización continuó. El 19 de junio de 1549, el capitán Juan Núñez
del Prado recibió el encargo de regresar a las tierras del Tucumán y fundar una
ciudad estable. Los objetivos eran asegurar el camino entre el Alto Perú y
Chile, explorar una ruta hacia el Río de la Plata y emprender la evangelización
de las poblaciones nativas.
Las Estaciones de la Ciudad
Errante
Barco I (1550) ─── Llanos de Tucumán (cerca de Montero)
↓ (Conflicto con Villagra / Traslado
geopolítico)
Barco II (1551) ─── Valle
Quiri-quiri (Salta)
↓ (Hostigamiento Calchaquí / Temor a
Chile)
Barco III (1552) ── Orilla
del Río Dulce (Santiago del Estero)
↓ (Expulsión por Francisco de Aguirre)
SANTIAGO DEL ESTERO (1553)
── Fundación definitiva y traslado final
Núñez
del Prado partió de Potosí y en 1550 levantó la primera versión de la ciudad,
bautizándola como El Barco, en homenaje a la localidad española de Barco
de Ávila, cuna de La Gasca. Este primer asentamiento se ubicó en los llanos
tucumanos, cerca de la actual ciudad de Monteros.
La
ubicación generó conflictos de jurisdicción con las autoridades de Chile. El
capitán chileno Francisco de Villagra, que regresaba de una campaña, se topó
con el asentamiento el 10 de noviembre de 1550 e intimó a Núñez a someterse a
la autoridad del gobernador de Chile, Pedro de Valdivia. Núñez del Prado cedió
inicialmente para evitar un enfrentamiento, pero una vez que Villagra se
retiró, decidió despoblar la ciudad y trasladar a los vecinos hacia el norte,
al Valle Quiri-quiri (en la actual provincia de Salta), fundando en junio de
1551 Barco II.
El
nuevo sitio sufrió el hostigamiento constante de los indígenas calchaquíes.
Ante el peligro de destrucción y para evitar nuevos conflictos con Chile, Núñez
del Prado ordenó una nueva mudanza en junio de 1552. Guió a los pobladores
hacia el sur, buscando el amparo de la llanura de los tonocotés, y estableció Barco
III a poca distancia de donde hoy se levanta la plaza principal de Santiago
del Estero. Esta aldea se convirtió en la raíz del asentamiento actual.
La intervención de
Francisco de Aguirre y la resolución del debate histórico
El
traslado de la ciudad motivó la intervención de Santiago de Chile. Al enterarse
de los movimientos de Núñez del Prado, el gobernador Pedro de Valdivia envió al
capitán Francisco de Aguirre con una tropa de unos 70 hombres.
Aguirre
llegó a Barco III el 20 de mayo de 1553 durante la ausencia de Núñez del Prado,
quien exploraba la región de Famatina. Tomó el control del asentamiento, apresó
a las autoridades locales y expulsó a los hombres de confianza de Núñez. El 24
de junio de 1553, Aguirre realizó una ceremonia de refundación, renombrando al
poblado como Santiago del Estero del Nuevo Maestrazgo, combinando el
nombre del apóstol con la fisonomía del lugar, caracterizado por las lagunas y
esteros que formaba el río Dulce. La fecha oficial se fijó más tarde el 25 de
julio. En diciembre de ese mismo año, para evitar las inundaciones veraniegas,
Aguirre ordenó trasladar las viviendas unos metros hacia su ubicación
definitiva, en las inmediaciones del actual Parque Aguirre.
Durante
mucho tiempo, los historiadores discutieron si la fundación debía atribuirse a
Núñez del Prado o a Francisco de Aguirre. La historiografía actual concuerda en
que el acto de trasladar o renombrar una ciudad presupone la existencia previa
de esa comunidad. Por lo tanto, se reconoce a Juan Núñez del Prado como
el fundador legítimo de la ciudad original, y a Francisco de Aguirre
como el encargado de su traslado y bautismo definitivo.
4. El período colonial:
esplendor y declive de la capitalidad
A
pesar de sus inicios inestables, la ciudad se transformó en el nodo político y
militar de la ocupación española en la región. Aunque inicialmente dependía de
Chile, la Corona Española dispuso en 1563 que el territorio pasara a la órbita
de la Audiencia de Charcas, dentro del Virreinato del Perú. En 1564 se creó la Provincia
de Tucumán, Juríes y Diaguitas, fijando su capital en Santiago del Estero
bajo el gobierno de Francisco de Aguirre.
Del Esplendor Territorial al
Éxodo Administrativo
1564 ── Santiago es Capital
de la Gobernación del Tucumán (700.000 km²)
1570 ── Se establece la
Primera Diócesis de la actual Argentina
↓ (Inundaciones constantes del Río Dulce /
Aislamiento)
1699 ── El Obispado y la
Capitalidad se trasladan a Córdoba y Salta
Con
la consolidación de la Gobernación y la creación del Obispado en 1570, Santiago
del Estero administraba un territorio de más de 700.000 kilómetros cuadrados
que abarcaba las actuales provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca,
Santiago del Estero, La Rioja, Córdoba y la región boliviana de Tarija.
Desde
la plaza santiagueña partieron las expediciones que fundaron las demás
capitales del Noroeste y del Centro del país (San Miguel de Tucumán, Córdoba,
Salta, La Rioja, San Salvador de Jujuy y Catamarca), lo que le valió el título
de Madre de Ciudades. En sus calles se levantó también la primera
catedral del territorio nacional.
El impacto ambiental y el
traslado de las instituciones
A
diferencia de Córdoba o Salta, que lograron un crecimiento urbano sostenido
gracias a sus rutas comerciales y climas más estables, Santiago enfrentó serias
dificultades ambientales. Su principal problema fue el río Dulce, cuyas
crecidas periódicas inundaban el caserío, destruyendo viviendas, iglesias y
archivos coloniales.
Este
factor desincentivó la inversión y complicó la administración. Santiago comenzó
a quedar al margen de las rutas comerciales dinámicas que conectaban a Buenos
Aires con Potosí. La pérdida de peso institucional se formalizó a finales del
siglo XVII: la sede del gobierno se mudó a Córdoba y Salta, y en 1699 la
diócesis eclesiástica fue trasladada definitivamente a la ciudad de Córdoba.
Sin
embargo, los registros de la época muestran un fenómeno particular. Mientras
las instituciones abandonaban la ciudad, la población del campo santiagueño
continuó creciendo. En las zonas de pastoreo y en los montes cercanos a los
ríos se consolidó una sociedad rural densa y mestiza, que fusionó elementos
nativos, colonos y de población africana. Esta comunidad rural mantuvo el uso
de la lengua quichua y sostuvo la vitalidad demográfica de la provincia. Al
comenzar el proceso de la Independencia, a principios del siglo XIX, Santiago
del Estero era la tercera provincia más poblada del territorio
argentino.
Las reformas borbónicas
En
las últimas décadas del dominio colonial, las reformas de la dinastía borbónica
modificaron la organización política. En 1776, el territorio pasó a formar
parte del Virreinato del Río de la Plata, concluyendo la dependencia directa de
Lima.
Con
la Real Ordenanza de Intendentes de 1782, Santiago del Estero quedó integrada
inicialmente en la Gobernación Intendencia de San Miguel de Tucumán. Sin
embargo, en 1783, el rey Carlos III modificó la estructura creándose dos
unidades:
- La Gobernación
Intendencia de Salta del Tucumán, con sede en Salta, que incluía a
Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán, Jujuy y Salta.
- La Gobernación
Intendencia de Córdoba del Tucumán, que agrupaba a Córdoba, San Luis,
Mendoza, San Juan y La Rioja.
De
este modo, Santiago del Estero inició el siglo XIX bajo la subordinación
política de los cabildos de Salta y Tucumán, una situación que generaría
tensiones durante el proceso de emancipación.
5. Revolución y el camino
hacia la autonomía provincial
Al
comenzar la Revolución de Mayo de 1810, Santiago del Estero apoyó la causa
patriota, pero no logró obtener una representación política acorde al volumen
de su población rural. El centralismo y los intereses de las capitales vecinas
postergaron los reclamos locales.
La
tensión aumentó en 1814 cuando el Director Supremo, Gervasio Antonio de
Posadas, disolvió la intendencia de Salta y creó la Gobernación Intendencia del
Tucumán, fijando la capital en San Miguel. Santiago del Estero y Catamarca
quedaron bajo las órdenes del cabildo tucumano, lo que impulsó las demandas de
autogobierno.
El movimiento de Juan
Francisco Borges
El
primer intento formal por lograr la autonomía provincial fue liderado por el
coronel Juan Francisco Borges. Entre 1815 y 1817, Borges encabezó dos
levantamientos revolucionarios dirigidos a romper la dependencia política de
Tucumán.
Su
movimiento chocó con la estrategia de centralización militar del Congreso de
Tucumán y del Ejército del Norte. El general Manuel Belgrano, abocado a
mantener la unidad interna frente al avance realista desde el norte, ordenó
reprimir la sublevación. Borges fue derrotado, capturado y, por orden de
Belgrano, fusilado el 1 de enero de 1817.
Juan Felipe Ibarra y la
declaración de 1820
La
disolución del poder central del Directorio y del Congreso de Buenos Aires en
1820, tras la batalla de Cepeda, modificó el panorama político. El gobernador
de Tucumán, Bernabé Aráoz, intentó constituir la República Federal del Tucumán,
obligando a Santiago del Estero a someterse a su jurisdicción.
La
reacción local fue inmediata. El comandante de la frontera oriental, Juan
Felipe Ibarra, marchó con sus milicias hacia la ciudad capital, desalojó a
las autoridades alineadas con Tucumán y, con el respaldo de una asamblea de
vecinos, firmó el manifiesto del 27 de abril de 1820, proclamando la
soberanía de la Provincia de Santiago del Estero. Ibarra asumió el gobierno y
consolidó la existencia institucional de la provincia durante las tres décadas
siguientes.
6. Evolución de la
población y ciclos demográficos
Desde
su consolidación como provincia autónoma, la población de Santiago del Estero
mostró un crecimiento continuo en términos absolutos, aunque con fuertes
variaciones en sus tasas intercensales debido a los cambios económicos.
El
Primer Censo Nacional de 1869 registró para la provincia 132.898 habitantes,
representando el 7,7% del total del país y ubicándola en el cuarto lugar
entre las jurisdicciones más pobladas.
El
Censo Nacional de 2022 mostró que la provincia superó el millón de habitantes,
alcanzando los 1.054.028 pobladores, lo que implica multiplicar por casi
ocho veces la cifra del siglo XIX. Sin embargo, ese volumen representa
actualmente el 2,3% del total nacional, lo que sitúa a la provincia en
el undécimo (11º) lugar de la jerarquía demográfica del país.
Evolución de la representatividad poblacional
santiagueña sobre el total nacional:
1869: ██████████████ 7,7%
1914: ██████ 3,3%
1970: ████ 2,1%
2022: ████ 2,3%
Las etapas demográficas
La
evolución de la población santiagueña se divide en tres períodos principales
asociados a sus condiciones productivas:
- El auge forestal y ferroviario
(1869-1947): Período de
crecimiento sostenido impulsado por la explotación industrial del
quebracho colorado para durmientes ferroviarios y tanino. El tendido de
ramales ferroviarios facilitó el surgimiento de nuevas localidades y
atrajo mano de obra al interior del territorio.
- El ciclo de emigración (1947-1970): Caracterizado por el agotamiento de los
recursos forestales y el cierre de los obrajes, lo que generó un
estancamiento económico. Entre los censos de 1947 y 1960 la provincia
registró una pérdida neta de habitantes. Muchos santiagueños migraron
hacia los centros urbanos e industriales de la región pampeana,
principalmente al Gran Buenos Aires.
- Estabilización y crecimiento reciente
(1970-2022): A partir
de 1970 el flujo emigratorio comenzó a moderarse. El último período
intercensal (2010-2022) mostró un incremento del 21% en la
población, acelerando el crecimiento en comparación con el 9% registrado
entre 2001 y 2010.
7. Contrastes
demográficos por departamentos
El
análisis a nivel departamental muestra diferencias internas significativas en
el crecimiento de la población.
El
departamento Atamisqui registró la mayor variación intercensal de la
provincia entre 2010 y 2022, con un crecimiento del 34,5%. Un grupo dinámico
de departamentos, entre los que se encuentran Jiménez, Pellegrini, Choya,
Silípica, Moreno, Capital, Avellaneda, General Taboada y Juan Felipe Ibarra,
mostró incrementos de entre el 20% y el 30%. En contraste, los menores niveles
de crecimiento se registraron en Rivadavia, Sarmiento, Ojo de Agua y
Quebrachos.
Variación Intercensal Departamental 2010-2022
Atamisqui ──────────██████████████████ 34,5% (Máximo
crecimiento)
Grupo Dinámico ─────█████████████ 20% - 30% (Capital,
Choya, Moreno, Taboada)
Grupo Atenuado ─────████ 3% - 8% (Rivadavia,
Sarmiento, Ojo de Agua)
Mitre ──────────────░░░
(- Valor Negativo - Decrecimiento Único)
Por
otra parte, el departamento Mitre, ubicado en el extremo sur de la
provincia, fue la única jurisdicción que presentó una variación intercensal
negativa. Este comportamiento refleja un proceso de despoblamiento
vinculado al aislamiento geográfico y la migración de su población joven hacia
otros centros urbanos.
8. Estructura de la
población y transición demográfica
Las
pirámides de población permiten observar los cambios en la composición por edad
y sexo de la sociedad santiagueña.
Al
comparar la estructura del censo 2010 con las proyecciones para 2020, se hace
evidente el avance de la provincia hacia una forma acampanada. Este
perfil muestra un estrechamiento relativo de la base (menor proporción de
niños) y un ensanchamiento de los tramos medios y superiores (adultos y adultos
mayores), indicando un proceso de transición demográfica.
Este
comportamiento responde a los siguientes factores:
- Reducción de la base de la pirámide: La proporción de población infantil disminuyó
debido a una baja sostenida en la tasa de fecundidad.
- Crecimiento de los tramos medios: Los grupos de edad de entre 35 y 60 años se
incrementaron, asociado a la reducción de la tasa de mortalidad general
por mejoras en las condiciones sanitarias.
- Distribución por sexo en las edades
medias: Se observa
una mayor presencia de mujeres en los tramos de 30 a 50 años. Esto se
vincula tanto a la incidencia de la mortalidad masculina en ciertos rangos
como a las características de la migración laboral estacional o
permanente, que involucra mayoritariamente a varones.
- Incremento del ápice: El tramo correspondiente a mayores de 60 años
muestra un crecimiento progresivo, reflejando un aumento en la esperanza
de vida. En las edades avanzadas se manifiesta claramente la mayor
supervivencia femenina.
Estas
transformaciones modifican las demandas sociales, incrementando la proporción
de población pasiva mayor de 65 años en relación con la población en edad
escolar primaria (hasta 14 años).
El proceso de transición
demográfica
El
comportamiento de la provincia se encuadra dentro de la fase de transición
del modelo demográfico general.
Fases de la Transición
Demográfica Universal
Fase 1: Preindustrial ───
Natalidad Alta + Mortalidad Alta = Crecimiento Bajo
Fase 2: Transición ──────
Subfase A: Natalidad Alta + Mortalidad en Baja = Explosión
Subfase B: Natalidad
en Baja + Mortalidad Baja = Equilibrio
Fase 3: Moderna ─────────
Natalidad Baja + Mortalidad Baja = Crecimiento Nulo/Viejo
Los
registros históricos indican que la tasa de natalidad de la provincia se
mantuvo elevada hasta promediar el siglo XX, alcanzando un valor del 44‰ en
1950, para luego iniciar un descenso progresivo que llegó al 25,3‰ en 1995. Por
su parte, la tasa de mortalidad descendió desde un 15,3‰ en 1920 hasta situarse
en un 6,1‰ en 1995. De este modo, el crecimiento vegetativo acompañó estas
tendencias de modernización biológica de la población.
9. Procesos migratorios:
balance de entradas y salidas
A
diferencia de la región pampeana o el litoral, Santiago del Estero no recibió
corrientes masivas de inmigración extranjera a fines del siglo XIX y principios
del XX. El aporte de población extranjera fue bajo en términos absolutos.
Los
datos de los censos de 1914 y 1947 muestran que la presencia de inmigrantes
europeos y de otras regiones tuvo un peso acotado en el volumen total, aunque
con un impacto significativo en la actividad comercial y cultural. Las
principales colectividades fueron:
- Españoles: Representaron el 37,6% del total de
extranjeros residentes.
- Italianos: Constituyeron el 21,5%, asentándose
principalmente en actividades agrícolas.
- Árabes (Sirio-Libaneses): Con el 18,4%, tuvieron una participación
destacada en el comercio urbano y de las localidades del interior.
- Rusos: Conformaron el 8,3%.
Estas
comunidades se integraron con la población criolla preexistente, influyendo en
la configuración social y económica de la provincia.
La emigración santiagueña
El
fenómeno migratorio más relevante en la provincia fue la emigración, que
se intensificó a partir de la década de 1930 en consonancia con el proceso de
urbanización e industrialización del área metropolitana de Buenos Aires.
Según
estudios de Gómez e Isorni (1998), para el censo de 1947 la cantidad de
personas nacidas en Santiago del Estero que residían en otras jurisdicciones se
había incrementado un 12% en comparación con 1914. El principal destino
de este flujo fue la región pampeana: la provincia de Buenos Aires, el Gran
Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe concentraron el 75,3% de los emigrantes.
La provincia de Tucumán absorbió un 9,0%, vinculada principalmente a la
actividad de la zafra azucarera.
Destinos de la Diáspora
Santiaguina
├── Región Pampeana (Bs. As., AMBA, Córdoba,
Santa Fe) ── 75,3%
├── Provincia de Tucumán ─────────────────────
9,0%
└── Resto del País ─────────────────────────
15,7%
Esta tendencia emigratoria comenzó a
desacelerarse en las últimas décadas del siglo XX, registrando una baja del
61,17% en el volumen de nuevos emigrantes hacia 1991 en relación con las etapas
críticas de los años sesenta. La reducción del flujo de salida se consolidó en
los censos de 2010 y 2022.
La
moderación de la emigración externa coincidió con un proceso de migración
interna desde las zonas rurales hacia las principales ciudades de la provincia,
impulsando el crecimiento del aglomerado capitalino. Asimismo, se registró un
flujo de retorno de familias santiagueñas desde Buenos Aires hacia centros
urbanos locales, principalmente al conurbano Santiago-La Banda.
10. Distribución
territorial de la población y densidad
La
población de Santiago del Estero se encuentra distribuida de manera desigual en
su territorio. La concentración principal se localiza en el departamento
Capital y disminuye hacia las áreas periféricas y fronterizas de la provincia.
El
territorio provincial se divide en cinco zonas según sus niveles de densidad:
- Zona de concentración máxima: El departamento Capital presenta el
valor más elevado con 115,6 habitantes por kilómetro cuadrado.
- Primer anillo: Los departamentos de Banda, Robles y Río
Hondo, localizados en las áreas de riego y ejes viales principales,
registran densidades superiores a 20 habitantes por kilómetro cuadrado.
- Segundo anillo: Conformado por los departamentos de Choya,
Silípica, Loreto, San Martín, Atamisqui, Avellaneda y General Taboada, con
valores que oscilan entre 4 y 9,9 habitantes por kilómetro cuadrado.
- Área de baja densidad: Un conjunto de 13 departamentos que
cubren gran parte del territorio provincial presenta registros de entre 2
y 3,9 habitantes por kilómetro cuadrado.
- Área periférica: Los departamentos de Alberdi, Mitre y
Rivadavia muestran los menores niveles de ocupación, con valores entre 0,5
y 1,9 habitantes por kilómetro cuadrado.
Población urbana y rural
La
población de la provincia es mayoritariamente urbana, aunque conserva una de
las proporciones de población rural más altas del país. El 71,5% de los
habitantes reside en localidades de 500 o más pobladores. Nueve
departamentos concentran en 37 centros urbanos al 62% de la población
provincial. En 15 departamentos, más de la mitad de los residentes vive en
áreas urbanas.
Los
departamentos de Capital, Banda, Choya, Belgrano y Aguirre registran bajos
niveles de dispersión rural, concentrando a sus habitantes en las cabeceras
departamentales o nodos urbanos principales. El departamento Choya refleja esta
situación, ya que la mayor parte de su población se localiza en la ciudad de
Frías.
Por
el contrario, el departamento Mitre presenta un 100% de población rural
dispersa o habitando en asentamientos de menos de 500 habitantes. En una
situación intermedia, varios departamentos combinan población dispersa con
localidades de menos de 3.000 habitantes. Las cabeceras de Pellegrini (Nueva
Esperanza) y Quebrachos (Sumampa) alcanzan los 4.800 residentes urbanos. Cuatro
departamentos (Figueroa, San Martín, Silípica y Mitre) no poseen localidades
que superen el piso de los 2.000 habitantes.
11. Estructura del
sistema urbano provincial
La
red urbana organiza el territorio a través de las funciones administrativas,
comerciales, de salud y educativas. Los centros urbanos de Santiago del Estero
varían desde pequeños asentamientos rurales hasta la capital de la provincia.
De acuerdo a su población e infraestructura, se estructuran en cuatro niveles:
Las Categorías Municipales según la
Constitución Provincial
1ª Categoría ────── >
20.000 habitantes (Santiago, La Banda, Termas, Frías, Añatuya) [cite: 178, 181]
2ª Categoría ────── >
10.000 habitantes (Quimilí, Fernández, Monte Quemado, Loreto, Clodomira) [cite:
179, 181]
3ª Categoría ────── >
2.000 habitantes (28 ciudades en total en la provincia) [cite: 180, 181]
* Comisiones Municipales ──
Localidades menores o con menor desarrollo financiero
A. Centro Regional: el
conurbano principal
El
núcleo urbano principal está conformado por las ciudades de Santiago del
Estero (252.192 habitantes) y La Banda (106.441 habitantes).
Vinculadas a través del río Dulce por infraestructura vial, constituyen un
conurbano de 358.633 habitantes.
Este
centro concentra las principales funciones político-administrativas,
financieras, judiciales y educativas de la provincia. Hacia este nodo confluyen
las rutas provinciales y nacionales, extendiendo su área de influencia sobre
todo el territorio santiagueño.
B. Centros Locales
Son
localidades intermedias que actúan como proveedores de servicios para sus
respectivos departamentos o áreas de influencia regional. Se clasifican en dos
tramos:
- Centros locales mayores (10.000 a
28.000 habitantes):
Integrado por Las Termas de Río Hondo, Frías, Añatuya, Fernández, Monte
Quemado, Clodomira, Loreto y Quimilí. Poseen infraestructura de salud
(hospitales zonales), seguridad, educación terciaria y servicios básicos
consolidados. Mientras Fernández, Clodomira y Loreto operan bajo la
influencia directa del área capitalina, los centros más distantes
establecen relaciones comerciales y de servicios con provincias vecinas:
Las Termas con Tucumán; Frías con Catamarca y Córdoba; y Monte Quemado con
el norte de Salta y el Chaco.
- Centros locales menores (3.000 a
9.000 habitantes):
Incluye a ciudades como Suncho Corral, Beltrán, Villa Ojo de Agua,
Forres, Sumampa, Bandera, Colonia El Simbolar, Campo Gallo, Pinto, Nueva
Esperanza, Tintina, Pampa de los Guanacos y Los Juríes. Cuentan con
servicios de salud distritales, sucursales bancarias y escuelas
secundarias, estructurando las actividades de su entorno rural.
C. Centros Menores (1.000
a 3.000 habitantes)
Este
tramo abarca a localidades como El Bobadal, La Cañada, Lavalle, Weisburd,
Sachayoj, Icaño, San Pedro de Guasayán, Los Telares, El Simbolar, Herrera, Brea
Pozo, Sol de Julio, Garza, Villa Atamisqui, Colonia Dora, Pozo Hondo y Selva.
Cumplen funciones de servicios esenciales para la población rural dispersa.
Varias de estas localidades son cabeceras departamentales y cuentan con oferta
educativa secundaria y, en algunos casos, tecnicaturas terciarias.
D. Núcleos Rurales (500 a
990 habitantes)
Constituyen
el nivel básico de la red urbana, representado por localidades como Villa
Salavina, Guardia Escolta, Nueva Francia, Bandera Bajada, Tapso, Villa Río
Hondo, Mailín, Villa La Punta, La Invernada, Árraga, El Caburé, La Aurora, El
Charco, Matará, Colonia Tinco, Lugones, Malbrán, El Mojón, Vilelas, Los
Pirpintos, Tacañitas, Taboada, Real Sayana, Rapelli, Choya, Laprida y Los
Quirogas. Se organizan administrativamente como Comisiones Municipales y
disponen de servicios básicos de salud y educación elemental. Destaca el caso
de Bandera Bajada, que cuenta con un centro de educación terciaria para su zona
de influencia.
12. Organización política
y régimen municipal
La
organización institucional de los centros urbanos está regulada por la
Constitución de la Provincia de Santiago del Estero (Artículos 204, 205 y 206),
que reconoce la autonomía de los municipios. Su categorización legal y la
asignación de recursos se determinan en función del número de habitantes:
Actualmente,
la provincia cuenta con 28 localidades con rango de Municipio. La
estructura de gobierno municipal se distribuye entre las intendencias de
primera categoría (Santiago del Estero, La Banda, Termas de Río Hondo, Frías y
Añatuya) y las de segunda categoría (Quimilí, Fernández, Monte Quemado, Loreto
y Clodomira). Las intendencias restantes corresponden a la tercera categoría,
mientras que las localidades de menor escala demográfica se administran bajo la
forma de Comisiones Municipales para adaptar la gestión pública a las
características de la población.
Cierre reflexivo: el
porvenir que viene de la tierra
La
trayectoria demográfica de Santiago del Estero muestra que los movimientos de
población responden de manera directa a los procesos históricos, económicos y
ambientales del territorio. Desde los túmulos construidos por los tonocotés
para resguardarse de las inundaciones del río Dulce, el arraigo y la adaptación
definieron la ocupación de este espacio.
La
provincia transitó la pérdida de sus funciones político-administrativas en la
época colonial, el impacto económico y social del ciclo forestal y el éxodo de
sus habitantes hacia otras regiones del país. En el siglo XXI, los datos
muestran una estabilización de estos procesos: la provincia superó el millón de
habitantes, las tasas de emigración se redujeron y se consolidó una red de
ciudades distribuidas en sus diferentes departamentos.
La
evolución demográfica indica que el desarrollo actual de Santiago del Estero no
depende de la memoria de su pasado institucional colonial, sino de la articulación
de su territorio, la retención de su población y el fortalecimiento de su
estructura productiva y social interna.
Fuentes bibliográficas y
documentales de referencia
- Aspectos
Demográficos de la Provincia de Santiago del Estero, Material Didáctico de Ciencias Sociales para
el Nivel Primario. Autores: Gómez Diego, Guevel Alicia, Santillán Osvaldo.
- Censos
Nacionales de Población, Hogares y Viviendas de la República Argentina
(Años 1869, 1914, 1947, 1960, 1970, 1980, 1991, 2001, 2010 y 2022).
- Gómez, S. e
Isorni, M. (1998). Análisis de los movimientos migratorios internos e
idiosincrasia de la población santiagueña en el siglo XX.
- Constitución
de la Provincia de Santiago del Estero (Artículos 204, 205 y 206 sobre el
Régimen Municipal).
- Furlani de
Civit, María Estela; Molina de Buono, Gladis. Aclaraciones sobre áreas
de influencia frente a efímeros territorios organizacionales, Facultad
de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo (UNC), 2001.