lunes, 27 de abril de 2026

Víctor Manuel Ledesma, un músico santiagueño que se radicó en el Alto Valle


Recorrió América del Sur y actuó en la Casa Rosada. En una gira por Río Negro y Neuquén decidió radicarse en la región, en la que fue declarado ciudadano ilustre.

Un representante legítimo del sentir popular lo constituyó don Víctor Manuel Ledesma, autor e intérprete de música folklórica argentina, la que aprendiera en el campo de su provincia natal.

Nació en Loreto Santiago del Estero en el año 1909. A los 16 años se fue a Buenos Aires y trabajó en un varieté cantando, tocando la guitarra y bailando. Se integró al conjunto nativo que dirigía el folklorista Saúl López Figueroa y posteriormente se unió a la compañía teatral que representaba obras gauchescas en el Teatro Ópera.

Fue integrante de un dúo de danzas con el primer bailarín de la compañía de Andrés Chazarreta, Pedro Jiménez. Posteriormente trabajó en el teatro Nacional con la Compañía Muiño-Alippi, junto al maestro julio de Caro, cerrando cada actuación con un número de malambo.

En el año 1932 actuó en Uruguay y conoció al escritor Claudio Martínez Paiva que estaba exiliado ahí y junto con Fernando Ochoa formaron un conjunto folklórico. Asimismo, conoció a Rodolfo Martínez y allí nació el dúo con el que recorrieron caminos argentinos por 45 años.

En el año 1935 fueron a Buenos Aires y participaron de la inauguración de LR 1- radio El Mundo, en la que actuaron durante nueve años.

En el año 1939 fueron contratados por la empresa Toddy para actuar en varios países de América del Sur e Islas de las Antillas para difundir la música folklórica argentina.

De regreso en Buenos Aires actuaron en varias emisoras radiales y en la compañía de Florencio Parravicini junto a los actores Santiago Arrieta, Luisa Vehil y Mecha Oritz, entre otros; y grabaron para la RCA Víctor.

En toda la trayectoria artística del dúo Martínez Ledesma fueron acompañados musicalmente por los pianistas Juan Polito, Carlos García, Horacio Salgan, Enrique Villegas, Juan Carlos Correa y Cesar Orlando.

Don Víctor actuó para Igor Stravinsky con Atahualpa Yupanki y Martha de los Ríos, con quienes luego trabaría una gran amistad.

En sus actuaciones en la Casa Rosada varios presidentes se deleitaron con sus actuaciones: Ortiz, Castillo, Perón y Evita y hasta Alfonsín.

En el año 1963 el dúo Martínez Ledesma fue contratado para actuar en las provincias de Río Negro y Neuquén. Es así que un año después don Víctor se radicó en Neuquén se dedicó a la enseñanza del folklore a niños, jóvenes y adultos toda la experiencia en danzas y música folklórica.

En 1970 regresó a Buenos Aires y grabó por última vez el dúo Martínez-Ledesma con Carlos García. Además, participaron en la película “El canto cuenta su historia” y grabaron una larga duración titulado “El Regreso de Martínez Ledesma y Carlos García”.

Don Víctor formó su segundo matrimonio con Amalia Cassataro, -hermana de la reconocida cantante Blanca Cassataro-, con la que tuvo dos hijas Fabiana y Amalia.

Cuando regresó definitivamente a Neuquén, Ledesma creó y dirigió en el año 1971 el Ballet Folklórico Juvenil auspiciado por la Dirección de Cultura del Neuquén.

Fue autor de composiciones de música folklórica. Decía que los temas le salen del corazón, que las ideas nacían, aunque no las busque, son una necesidad “de adentro”.

Hice una zamba para Neuquén, ‘Zambita del Neuquén’; la letra es de mi amigo locutor y poeta Juan Carlos Passalacqua…” contaba Víctor. También recordó que desde la zamba “Que no me vea la luna”, que tiene más de 40 años, Juan Carlos es quien le escribía las letras. Entre su autoría tenemos: Chacal Manta, Chacarera del adiós, La última chacarera del dormido, La Añoradora, No soy tan fiero, Zambita del Neuquén, Que no me vea la luna, entre otros.

En 1995 don Víctor fue honrado por el Concejo Deliberante de Neuquén con la designación de Ciudadano Ilustre. La Sociedad de Autores y Compositores de Música (S.A.D.A.I.C.) lo galardonó por su tarea en la difusión de la música argentina.

En el año 2000, la Asociación Personajes de mi Ciudad distinguió a don Víctor quien cantó, bailó y tocó con una ex -alumna.

Fuente: Victor Hugo Sayago

¿La Chacarera nació en Bolivia? El enigma musical que une y divide al Gran Chaco

 


La chacarera es un género coreográfico y musical de ritmo binario de subdivisión ternaria (6/8) y compás de amalgama (3/4), considerado un pilar de la identidad cultural del Noroeste Argentino (NOA), con epicentro en Santiago del Estero. Sin embargo, dada la porosidad de las fronteras coloniales y republicanas, ha surgido el debate sobre su posible génesis en territorio boliviano, específicamente en la región del Gran Chaco. Este informe examina dicha hipótesis bajo el rigor de la etnomusicología comparada y la historiografía regional.

1. El Argumento de la Continuidad Geocultural (Gran Chaco)

La hipótesis del origen boliviano se sustenta primordialmente en la unidad cultural del Gran Chaco, una ecorregión que abarca partes de Bolivia, Argentina y Paraguay.

Evidencia Etnográfica: En el Chaco boliviano (Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz), la chacarera es una expresión viva. Los defensores de esta tesis sostienen que el género nació en las misiones jesuíticas o en las haciendas coloniales de la Real Audiencia de Charcas (actual Bolivia) y descendió por el cauce de los ríos Pilcomayo y Bermejo hacia las llanuras santiagueñas.

Contrapunto Académico: La musicología tradicional (Vega, 1944) sostiene que la chacarera es una evolución local de danzas picarescas europeas que ingresaron por el Perú. La presencia de la chacarera en Bolivia se interpreta, bajo el consenso predominante, como una expansión centrífuga desde Santiago del Estero hacia el norte durante el siglo XIX y principios del XX, vinculada a las rutas comerciales y el movimiento de peones rurales.

2. Análisis Musical y Organológico

Para determinar un origen, es crucial analizar la estructura rítmica y la instrumentación.

Ritmo y Estructura: La chacarera comparte la célula rítmica fundamental con otros géneros del cono sur, como el gato o el escondido. No presenta rasgos estructurales que la vinculen de manera exclusiva con la rítmica andina boliviana (predominantemente pentatónica o de metros distintos).

La Influencia Afro: Investigadores modernos como Gómez (2010) sugieren una fuerte raíz afro en el "repique" del bombo legüero. Si bien Bolivia tiene una rica tradición afro (Saya), los patrones rítmicos de la chacarera guardan mayor similitud con los desarrollos del área tucumano-santiagueña.

3. Evidencia Lingüística e Histórica

Etimología: El término "chacarera" deriva de chaca (chacra), voz quichua para "granja" o "campo de cultivo". Si bien el quichua fue lengua franca en el Tucumán colonial y parte del Alto Perú, su consolidación como nombre de género musical tiene registros históricos más tempranos y densos en la actual Argentina.

Fuentes Primarias: No existen partituras o crónicas de viajeros previas a 1850 que ubiquen a la "chacarera" nominalmente en Bolivia. Las primeras menciones documentales sólidas aparecen en salones y zonas rurales de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

4. Difusión Transfronteriza: El Caso de Tarija

El departamento de Tarija es el epicentro de la chacarera en Bolivia. La apropiación es tan profunda que se considera parte esencial de su folclore regional.

El fenómeno de la re-territorialización: La etnomusicología sugiere que la chacarera no "nació" en Bolivia, sino que fue adoptada y adaptada con una identidad propia (Chacarera tarijeña), que difiere de la santiagueña en la cadencia del violín y el estilo del zapateo. Esta adopción fue facilitada por la trashumancia de trabajadores golondrina y el comercio de ganado entre el NOA y el sur boliviano.

Conclusión Fundamentada

Tras el análisis de las evidencias, se concluye que la hipótesis de un origen geográfico en el actual territorio boliviano carece de sustento documental y musicológico suficiente.

La chacarera es, con mayor probabilidad, un fenómeno de génesis regional en la llanura santiagueña (Argentina), producto del sincretismo entre la rítmica española, la influencia africana y la cosmovisión criolla-quichua. Su presencia en Bolivia no debe verse como una prueba de origen, sino como un exitoso ejemplo de difusión transfronteriza, donde el género fue abrazado por el pueblo boliviano, dotándolo de matices locales que hoy enriquecen el patrimonio sudamericano.

Bibliografía Consultada 

Vega, Carlos (1944). Las danzas populares argentinas. Buenos Aires: Instituto de Musicología.

Aretz, Isabel (1952). El folklore musical argentino. Buenos Aires: Ricordi.

D’Orbigny, Alcide (1835-1847). Voyage dans l'Amérique méridionale.

Gómez, Rubén (2010). La raíz africana en el folclore del NOA. Revista de Investigaciones Folclóricas.

Paredes Candia, Antonio (1976). La danza folclórica en Bolivia. La Paz: Ediciones Isla.


La Chacarera: Origen Compartido, Tradición sin Fronteras / Un ritmo con dos patrias y una sola raíz

  Por el equipo de redacción

Detrás del zapateo y el bombo legüero se esconde una historia de idas y vueltas que pocos conocen. Especialistas afirman que la chacarera nació en el Gran Chaco, una región que desdibuja fronteras y abraza dos países. Acá te contamos por qué.



Si alguna vez bailaste o escuchaste una chacarera, seguramente sentiste esa mezcla de energía y nostalgia que brota del bombo y la guitarra. Pero si te preguntamos dónde nació… ¿qué responderías? ¿Argentina? ¿Bolivia? La respuesta, como suele ocurrir con las tradiciones vivas, es mucho más fascinante que una simple casilla en un mapa.

Porque la chacarera —ese género que late fuerte en peñas, festivales y reuniones familiares— no tiene una única cuna. Al menos no en el sentido político del término. En cambio, los expertos en folclore señalan una región compartida como su verdadero origen: el Gran Chaco, esa inmensa llanura que abraza el norte argentino, el sur boliviano, Paraguay y una parte de Brasil.

Un origen con dos versiones

La historia más conocida —y también la más difundida— pone las coordenadas en Santiago del Estero, más precisamente en el paraje de Salavina. Allí, hacia mediados del siglo XIX, los trabajadores de las chacras (de ahí el nombre del género) habrían comenzado a dar forma a este ritmo. La investigadora Isabel Aretz encontró documentos que ya mencionaban la chacarera hacia 1850, y el uso del quichua santiagueño en algunas letras parecía sellar el origen argentino.

Pero la otra orilla del charco tiene su propia memoria. En Bolivia, especialmente en Tarija, Santa Cruz y Chuquisaca, la chacarera también late con fuerza. Y no es una copia tardía: los investigadores han rastreado variantes locales que se desarrollaron en paralelo, con una diferencia clave: la chacarera boliviana, a diferencia de la santiagueña, nunca se cantó en quichua. Ese detalle delata un camino evolutivo propio.

Entonces, ¿quién tiene la razón?

La respuesta más honesta que puede dar un folclorólogo es esta: la chacarera nació en el Gran Chaco, pero encontró su forma definitiva en Santiago del Estero. Esa región compartida fue el verdadero crisol. Allí se mezclaron tres herencias: la indígena (sobre todo quichua), la africana (marcada en el bombo legüero) y la europea (en la guitarra y la estructura armónica).

El género, en sus inicios, no respetaba fronteras porque las fronteras —al menos las que conocemos hoy— no existían. Lo que existían eran chacras, cosechas, peones que se trasladaban de un lugar a otro y, con ellos, la música.

La misma danza, dos países

Lo fascinante del caso es que, al observar las dos tradiciones, las similitudes pesan más que las diferencias. Tanto en Argentina como en Bolivia, la chacarera se baila en pareja suelta, dentro de un rectángulo imaginario, con zapateo firme y ese castañeo de dedos que parece anticipar el redoble del bombo. El compás de 6/8 —con esa cadencia que a veces se siente como 3/4— es idéntico. Y el instrumento insignia, el bombo legüero, suena igual al sur que al norte de la frontera.

No es casualidad: durante décadas, campesinos, músicos y bailarines cruzaron la región del Chaco sin pedir permiso. La chacarera viajaba con ellos.

Hoy, el género vive un momento de renovación. Bandas jóvenes de ambos países la recuperan, la mezclan con otros ritmos y la suben a escenarios internacionales. Y aunque cada tanto alguna discusión en redes sociales reclama la “pureza” del origen (como ocurrió en noviembre de 2025 con un video viral de una artista boliviana bailando con los colores de su país), la mayoría de los especialistas prefiere mirar hacia atrás con una mirada menos nacionalista y más realista.

 “Si alguien puede quejarse de apropiación cultural —escribió un usuario en aquella polémica— sería un peruano, porque la chacarera viene de la zamacueca”.

Un comentario provocador, sí, pero que recuerda algo esencial: el folclore latinoamericano es un enorme tejido de influencias mutuas. La chacarera le debe tanto a la zamacueca peruana como a las músicas indígenas del Chaco, al igual que le debe al bombo africano y a la guitarra española.

Ningún género nace en el vacío.

Un cierre con ritmo de bombo

Entonces, ¿la chacarera es argentina o boliviana? La respuesta académica, serena y quizás un poco incómoda para los nacionalismos de ambos lados, es esta: las dos cosas a la vez.

Santiago del Estero le dio forma, la sistematizó y la difundió al mundo. Pero el corazón del género late más fuerte en la memoria del Gran Chaco, esa tierra sin pasaporte donde los peones compartían faena, idioma y música antes de que los mapas los separaran.

Quizás lo más sabio, cuando suene el bombo y se levante la tierra en una peña, no sea preguntar de dónde viene la chacarera, sino celebrar que —por suerte— todavía nos sigue juntando.

Referencias

Aretz, Isabel. Hallazgo en "Memorias de Florencio Sal" (Tucumán, 1913)

Vega, Carlos. Estudios sobre la chacarera y su presencia en Bolivia

Gutiérrez, Miguel Ángel. "Técnica Básica de Rasgueo"

domingo, 26 de abril de 2026

Don Manuel Augusto Jugo: El latido eterno del Barrio Chino

 A más de un siglo de su nacimiento, recordamos al hombre que llevó la esencia de Santiago del Estero a los grandes escenarios y cuya obra, forjada junto a los patriarcas del folklore, sigue siendo el refugio de nuestra identidad musical.



Un 26 de abril de 1912, en el corazón del Barrio Chino santiagueño, nacía Manuel Augusto Jugo. La calle Unzaga, a metros del Regimiento 18, fue el escenario de sus primeros pasos, pero su destino estaba marcado por el sonido de las cuerdas y el canto que brota de la tierra misma.

Su trayectoria no fue producto del azar, sino de un deambular persistente por las provincias del Norte, donde su voz y su guitarra empezaron a cobrar renombre. Ese talento no pasó inadvertido para el patriarca Don Andrés Chazarreta, quien lo convocó para integrar su prestigiosa Compañía de Arte Nativo. Fue el inicio de un ascenso meteórico que en 1936 lo llevaría a las luces de la gran ciudad, actuando en Radio El Mundo y dejando sus primeras huellas grabadas en los surcos de RCA Víctor junto a Miguel Acuña.

Sin embargo, la historia grande de nuestra música guarda un rincón especial para su alianza con Leónidas del Jesús “Nono” Corvalán. El dúo Corvalán-Jugo fue mucho más que una sociedad musical; fue un matrimonio artístico que duró 45 años. Juntos recorrieron cada rincón de la Argentina, integrando las formaciones más emblemáticas de la época: desde la orquesta de Chazarreta hasta los conjuntos de Bailón Peralta Luna y José Gómez Basualdo.

Manuel fue un hombre de una sencillez que conmovía. A pesar de los aplausos y de haber compuesto himnos como la “Zamba para mi luna”, nunca perdió esa amabilidad propia de los "pagos". Ese reconocimiento a su integridad y talento cristalizó en 2005, cuando el Ateneo Cultural Folclórico de Cosquín le rindió un emotivo homenaje, devolviéndole en afecto todo lo que él le entregó a la cultura popular.

Un Legado Imprescindible

·         Qué lindo se ha puesto el pago

·         Ciudad madre de ciudades (con Leocadio Torres)

·         Quiscaloro, quiscaloro (con Cristóforo Juárez)

·         Violincito santiagueño (con Fortunato Juarez)

·         Zamba para mi luna

·         Yacu Misky

Porque mientras haya una guitarra en un patio santiagueño, la voz de Don Manuel seguirá contando historias.


El hombre que le puso música a la nostalgia: Una tarde con don Manuel Jugo

 A sus 94 años, el legendario guitarrista y compositor santiagueño nos abre las puertas de su hogar para desandar el camino de una vida entre cuerdas, trenes de carga y el nacimiento de himnos populares como “Añoranzas”.



La tarde caía con esa pesadez típica de la humedad tras la lluvia en el barrio Jorge Newbery. Pero dentro de la casa de don Manuel Jugo, el clima era otro. Allí, el tiempo parece haberse detenido para dar lugar a la memoria. Manuel, con la lucidez de quien ha vivido cada segundo con intensidad, nos esperaba rodeado de sus hijas y de recuerdos que huelen a madera de guitarra y a viajes infinitos.

Manuel Augusto Jugo nació un 26 de abril de 1913, y aunque hoy diga con humildad que su memoria ya no responde, sus anécdotas fluyen con una precisión asombrosa. Su romance con la música comenzó casi como un acto de rebeldía: “Debo haber agarrado la guitarra a escondidas”, confiesa entre risas, recordando el instrumento de su padrastro, quien supo acompañar al mismísimo Andrés Chazarreta.

"En 1938 fuimos a Radio Belgrano y Julio Jerez nos trajo una chacarera. Tuvimos que ensayarla toda la noche, tomando algo, seguro. Era 'Añoranzas'".

Aquel encuentro en Buenos Aires marcaría la historia del folklore argentino. Junto a su compañero de ruta, el "Nono" Jesús Corvalán, integró el legendario Dúo Jugo-Corvalán. Fueron tiempos dorados donde el talento santiagueño conquistaba la capital, no por azar, sino por el peso de su arte. En 1936, Chazarreta ya lo había llevado a debutar en Radio El Mundo y a grabar en los míticos estudios de RCA Víctor.

Su vida fue un desfile de figuras icónicas. Compartió transmisiones con Agustín Magaldi, a quien recuerda como un hombre "muy buen mozo", y cruzó miradas en un rincón de la radio con la mismísima Libertad Lamarque. “Su mismo nombre la llevaba a eso, a la libertad”, reflexiona hoy Manuel, con una sonrisa pícara al recordar su exilio posterior.

Pero Jugo no fue solo un hombre de escenarios y radios elegantes. Fue, ante todo, un buscador. Un viajero que recorrió el norte argentino en trenes de carga, compartiendo vagones con inmigrantes polacos, con la guitarra como único equipaje y el horizonte como destino. “He andado tanto, hermano”, repite, rememorando aquel espíritu libre que incluso lo llevó a enrolarse en Salta antes de que el maestro Chazarreta lo mandara a buscar para traerlo de vuelta al redil de la música.

Su legado creativo es inmenso. De su inspiración nacieron clásicos como “Qué lindo se ha puesto el pago” y la inolvidable “Zamba para mi luna”, compuesta una noche de verano en el patio de su casa. Esta última, grabada por Los Cantores de Salavina y rescatada por el Dúo Coplanacu, sigue emocionando hasta a los propios intérpretes; Roberto Cantos no pudo evitar las lágrimas en un reciente homenaje al maestro.

Hacia el final de nuestra charla, a pesar de que la salud ya no le permite abrazar la guitarra como antes, Manuel no se priva de regalarnos su voz. Se pone de pie en el living y entona un valsecito inédito dedicado a los 450 años de Santiago del Estero. Su vitalidad es contagiosa, su espíritu, inquebrantable.

Cierre reflexivo:

Al despedirnos, queda la sensación de haber transitado por un puente hacia un pasado de sacrificios y grandes satisfacciones. Don Manuel Jugo representa esa estirpe de artistas para quienes la música no era un negocio, sino una forma de caminar la vida. Se va uno con el corazón lleno, sabiendo que mientras existan hombres como él, la esencia de nuestro suelo seguirá vibrando en cada acorde de una chacarera o en el silencio de una zamba bajo la luna.

Nota basada en la entrevista publicada el 9 de mayo de 2007 en el semanario Notiexpress, considerada la última gran crónica realizada al maestro en su tierra natal.

sábado, 25 de abril de 2026

Mucho más que asfalto: El rincón santiagueño donde nació la libertad

 ¿Alguna vez te pusiste a pensar que las calles por las que caminas todos los días para ir al trabajo, a la facultad o a tomar un café tienen "memoria"? A veces vamos tan apurados que nos olvidamos de que Santiago del Estero, nuestra Madre de Ciudades, es un museo a cielo abierto.

 

Crédito: El Liberal

En vísperas de este 27 de abril, nos pusimos el traje de detectives históricos para contarte qué pasó en una de las esquinas más transitadas de la ciudad. Spoiler: hubo rebeliones, gritos de libertad y mucha pasión santiagueña.

Libertad y Tucumán: El "Kilómetro Cero" de nuestra identidad

Si te parás hoy en el cruce de las calles Libertad y Tucumán, frente a la actual Plaza Libertad, vas a ver el movimiento típico del centro. Pero si pudiéramos viajar en el tiempo hasta principios del siglo XIX, el paisaje sería muy distinto, aunque igual de intenso.

En ese punto exacto funcionaba el Cabildo, el corazón donde se cocinaba la política de Santiago. No era solo un edificio de adobe y tejas; era el lugar donde se decidía el futuro de todos nosotros.



Los rebeldes que se plantaron

Para 1810, el clima ya estaba "calentito". Un nombre que seguro escuchaste en la escuela, Juan Francisco Borges, andaba a las patadas con los miembros del Cabildo. Borges no era un tipo tranquilo: tenía el sueño de una provincia libre y no iba a parar hasta conseguirla.

Pero la historia de nuestra autonomía no fue un camino de rosas. Fijate estos datos:

* La Rebelión de Isnardi (1815): En esta misma esquina se gestó el primer gran intento de decir "basta". Fue el primer chispazo de una llama que ya no se apagaría.

* El grito de Borges (septiembre de 1815): Pocos meses después, Borges se la jugó entera. Intentó por primera vez separar a Santiago de la tutela de Tucumán. No le salió bien a la primera, pero dejó la semilla plantada.

1820: El año en que todo cambió

Finalmente, después de muchas idas y vueltas, en abril de 1820, Santiago del Estero consiguió su tan ansiada Autonomía. ¿Y dónde creés que se juntó la gente a festejar y a seguir construyendo la provincia? Exacto: en esa misma zona que hoy caminas cada vez que vas al centro.

Ese cuadrante de la ciudad fue el punto central de la vida política y social. Ahí, entre esas cuatro esquinas, se definió que los santiagueños queríamos gobernarnos a nosotros mismos.

Ver la ciudad con otros ojos

Conocer nuestra historia es, en definitiva, conocer nuestra ciudad. Ahora, cuando pases por Libertad y Tucumán, ya no vas a ver solo semáforos y negocios. Vas a ver el fantasma del viejo Cabildo, vas a imaginar a Borges planeando sus revoluciones y vas a sentir el eco de aquellos que, hace más de 200 años, soñaron con la provincia que tenemos hoy.

¡Feliz 27 de abril para todos! A celebrar nuestra autonomía y, sobre todo, a seguir caminando estas calles con el orgullo de saber de dónde venimos.

¿Sabías qué? La Plaza Libertad no siempre fue como la conocemos. Fue el escenario de fusilamientos, celebraciones patrias y hasta ferias populares, manteniéndose por más de dos siglos como el living de todos los santiagueños.

Fuente “Camino al Día de la Autonomía Provincial” Equipo de Investigación Historia UNSE (@historia.unse


viernes, 24 de abril de 2026

El hombre que nos enseñó a bailar: ¿Quién fue Andrés Chazarreta?

 


Si hoy vas a una peña, escuchas una zamba o te emocionas con una chacarera, hay un nombre que tienes que conocer: Andrés Avelino Chazarreta. No es solo un nombre de calle o de escuela; estamos hablando del verdadero "Patriarca del Folclore Argentino".

Un 24 de abril de 1960, Don Andrés se despidió de este mundo, pero nos dejó la banda sonora de nuestra identidad. ¿Quieres saber por qué su historia es tan fascinante? Sentate, que te cuento.

Un "maestro" en todo sentido

Don Andrés nació en Santiago del Estero un 29 de marzo de 1876. Pero no fue "solo" músico. El tipo era un todoterreno: fue Maestro Normal, Director e incluso Inspector de Escuelas. Quizás esa vocación de enseñar fue la que lo llevó a rescatar nuestros sonidos antes de que se perdieran en el olvido.

Lo más increíble es su destreza técnica. Imaginate esto: ¡ejecutaba 16 instrumentos musicales! Con una base sólida de solfeo y un ojo clínico para la coreografía, Chazarreta no solo tocaba, sino que entendía el baile como nadie.

El día que el folclore "copó" la Capital

Para principios del siglo XX, el folclore era algo "del interior", algo que se quedaba en los patios de tierra. Pero Chazarreta tenía otros planes.

1916: Publicó su Primer Álbum Musical Santiagueño, un hito para la industria musical de la época.

1921: ¡El gran salto! El 18 de marzo, se plantó en el Teatro Politeama de Capital Federal con su Compañía de Arte Nativo. Fue una revolución; la ciudad de Buenos Aires descubrió que había un país entero vibrando con otros ritmos.

1941: Fundó el Instituto del Folclore, que llegó a tener 72 sucursales en toda la Argentina. ¡Un verdadero influencer de la tradición!

Una fábrica de hits (antes de que existieran los hits)

Si sos amante de la música popular, seguro escuchaste o bailaste alguna de sus obras. Don Andrés compuso o recopiló más de 400 temas. Entre su lista de "imprescindibles" encontramos joyas como:

"La 7 de Abril" (un himno para los amantes de la zamba).

"Criollita santiagueña" (en colaboración con el mismísimo Atahualpa Yupanqui).

"La Telesita" y "El 180".

Su capacidad para colaborar con otros grandes, como Agustín Carabajal o Pedro Evaristo Díaz, demuestra que para él, el folclore era una construcción colectiva, un abrazo entre provincias.

Una postal para el recuerdo

Cerrá los ojos e imaginate esta escena en mayo de 1948: la Plaza principal de Catamarca está colmada. Allí está la Compañía de Arte Nativo.

En las fotos de la época se lo ve a Don Andrés, imponente con su poncho, sosteniendo su sombrero con ambas manos. A su lado, su hijo Agustín y figuras legendarias como el Dúo Jugo-Corvalán. Era una verdadera selección nacional de la cultura, llevando nuestra esencia de plaza en plaza.

Dato curioso: Mucha de esta información proviene del libro inédito Biografías de Folcloristas Santiagueños de Omar "Sapo" Estanciero, un tesoro que guarda la memoria de quienes hicieron grande nuestra música.

Hoy, a más de 60 años de su partida, el bombo legüero sigue latiendo gracias a que un maestro santiagueño decidió que nuestra música merecía ser escuchada en todo el mundo. ¡Salud, Patriarca!