miércoles, 8 de abril de 2026

Zambas y sus versiones "La 7 de Abril"


Zamba “la 7 de abril”

La 7 de Abril es para muchos la madre de las zambas, acaso porque su belleza se completa con misterios. Por ejemplo, no se conoce a su autor verdadero y poco sabemos sobre el motivo de su nombre. Según escribe José Antonio Faro es su libro Zambas históricas y tradicionales, existen dos versiones de la 7 de Abril.

Una es la que Andrés Chazarreta le escuchó tocar a músicos populares santiagueños, a inicios del siglo XX, y que en 1916 registró a su nombre, con una letra romántica.

En 1923, Manuel Gómez Carrillo, publicó una versión cuyas diferencias con la de Chazarreta son de notación musical, dato irrelevante para músicas de tradición oral. A esa versión, Leda Valladares le agregó años más tarde una letra que tampoco explica el nombre.

Si bien no se conoce con exactitud su autor ni el motivo del nombre, santiagueño y tucumanos se disputan la pertenencia.

La investigadora Isabel Aretz refiere que el verdadero autor sería un violinista tucumano conocido como el “Ñato Carrillo”, que murió en 1911. Otras fuentes dan como autor al arpista Agenor Reynoso. Pero en Santiago del Estero es atribuida por tradición a diversos músicos populares de fines del siglo XIX, entre ellos un arpista, “el ciego Chaza”. Los Hermanos Abalos decían que jamás se iba a conocer quién fue realmente su autor. En SADAIC hay dos registros: una de Chazarreta y la otra de Gómez Carrillo.

El nombre

Con respecto al origen de su nombre, se manejan varias conjeturas. Al noreste de Tucumán, en el departamento Burruyacú, existe una localidad con el nombre 7 de Abril. Una comuna sobre la Ruta Nacional 34, uno de los tantos pueblos de esa región que hasta mediados del siglo XX vivió de obrajes madereros y hoy extraña el tren. La letra de Leda Valladares tiene más que ver por esa región:

………………..

“queda engualichado bajo el monte”

…………………

“bajo un viejo quebrachal,”

…………………………

También se dice de una historia de amor. El título de la zamba, dicen en el pueblo, evoca una historia de amor no correspondido: un joven de familia acomodada se enamora de una joven de familia humilde, esta relación no era aprobada por la familia del joven. El muchacho se va a la Universidad y vuelve recibido de abogado y es nombrado juez de paz de 7 de Abril. Y debió casar a la mujer que amaba con otro hombre. Con esta historia tiene que ver tanto la letra de la versión de Pedro E. Díaz, como la letra de la otra versión, la de Domingo Lombardi.

Por otro lado, el 7 de Abril se conmemora el levantamiento de Tucumán contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas. La proclama del 7 de Abril de 1840, cuando Marcos Avellaneda encabezó el pronunciamiento de la llamada “Liga del Norte”, que Rosas respondió con el envío del general Oribe y el coronel Mariano Maza para reprimir a los insurrectos, quienes al mando del general Juan Galo de Lavalle fueron derrotados en Famaillá. Avellaneda huyó al norte, pero Oribe lo alcanzó en Metán y lo fusiló. Llevaron su cabeza a Tucumán y la expusieron en la plaza principal durante varios días.

La 7 de Abril, dos versiones, tres letras y tantas conjeturas. El misterio de una zamba con nombre de día, de tres vueltas para los bailarines y de fascinante vuelo melódico para los cantores. Es una zamba de “tres vueltas” o zamba “larga”, es decir de treinta y seis compases, con la particularidad-casi desconocida entonces-de que la vuelta final lleva melodía diferente a las dos primeras.

VERSIONES DE LA ZAMBA “LA SIETE DE ABRIL”

La Zamba “La Siete de Abril”: Versión A. Chazarreta- Pedro E. Díaz

"La Siete de Abril" (zamba) fue registrada por don Andrés Chazarreta, como autor de letra y música, registro Nº 3049 de SADAIC. Letra Pedro Evaristo Díaz

I

Triste y con penas me voy
voy cantando esta canción
buscando consuelo en esta zamba
porque me ha pedido el corazón.

 

Lejos se escucha mi voz
y ella dice en su cantar
en aquellas noches silenciosas,
canto porque alivio mi pesar.


Otros andarán por ahí
igualitos como yo,
cantando tristes sus penas;
Zamba sos mi canción.

 

II

Como el perfume de flor
suave acompasada sos,
has hecho bailar a muchos criollos
haciendo vivir la tradición.

 

Tu melodía, quizás,
siempre ha sido para mí
la que muchas veces he soñado,
y así te nombré Siete de Abril.

 

Otros andarán por ahí
igualitos como yo,
cantando tristes sus penas;
Zamba sos mi canción.

Esta versión es la que más fue grabada por los artistas y más conocida.

La Zamba “La Siete de Abril”: Versión GOMEZ CARRILLO MANUEL

- VALLADARES LEDA. Registro Nº29306

1

Vengan al cerro a escuchar
como canta el montaraz;
clava su baguala en pleno cielo
con un alarido de orfandad.

 

Quien sale al campo a llorar
las vidalas del amor
queda engualichado bajo el monte
y entre los quejidos del tambor.

 

Zamba de largos sauzales
fiel rescoldo del peón:
que tu pañuelo al aire
nunca nos diga adiós.

2

Qué lindo es dejarse estar
bajo un viejo quebrachal,
cerca de las grandes salamancas
resollando todo el carnaval.

 

Nadie se quiera morir
sin gozar el carnaval,
sin echar la entraña de su canto
en el vuelo del polvaredal.

 

Zamba de triste follaje,
resolana del cantor,
que tu pañuelo al aire
nunca nos diga adiós.

La música es recopilación de Manuel Gómez Carrillo.

En cambio, esta versión es la que más me costó encontrar una versión cantada. Que gracias a la artista Miriam García compartió esta zamba grabada por ella que estará en un material que estará a la venta en Agosto 2015. Es una exquisita interpretación de La 7 de Abril.

La Zamba “La Siete de Abril”: Versión A. Chazarreta- DOMINGO LOMBARDI

La zamba 7 de Abril
vamos viditai a bailar
obligando gracias a tu perfil
Y encendiendo amor es tu mirar
con tú pañuelito ya gentil
y como queriéndote alejar

 

Una encendida pasión
acepto encanto sentir
dando una esperanza al corazón
porque tus desdén hace sufrir
no me quites alma esta ilusión
porque sin ella no podré vivir.

 

Criolla labios como flor
La que sol beso al pasar
Y brinda las dulzuras
De algarroba y chañar
No hagas la desventura
De quien te sabe amar.

 

Quiero volverte a cantar
en esta zamba mi dolor
al ver si por fin
puedo alcanzar
 y ser dueño de tu corazón
y en el pañuelito he de expresar
al rodear tu pecho mi intensión

 

Sobre tu frente pondré
Una corona triunfal
Con un amor constante y leal
Un liviano paso seguiré
Y en tu pollerita de percal
Flores de mis sierras prenderé.

 

Va esta zamba a terminar
Dando tregua a mi dolor
De negarme un consuelo
Mi alma tendrás valor
Y a tus pies mi pañuelo
Rindo en prueba de amor.
 

Grabado por: Julio Molina Cabral

POR OTRO LADO, SE GRABÓ OTRO TIPO DE VERSIÓN CON MÚSICA DE A. CHAZARRETA.

Y EN CANTO SE AGREGA UN ESTRIBILLO.

Me dicen que los conjuntos en los bailes en el campo arengaban para que la gente se arrimara a bailar.

Alberto Ocampo y sus Changuitos Violineros intérpretes de esta versión.

 “Adiós adiós mi Tucumán, tierra de donde nací cuna de mis abuelos te canto 7 de abril”.

SIETE DE ABRIL- M. GOMEZ CARRILLO-BLANCA IRURZÚN.

Sol de abril en Tucumán
Mil deseos de volar
Con sus madreselvas perfumadas
Y con su luz clara el rosedal
Enfrentando a Juan Manuel de Rosa
El jazmín de Tucumán

 

Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán

 

Canto de un 7 de abril
Luminoso y soñador
Haber la esperanza tucumana
Libre la mañana su esplendor
Hay un envainar  de resbalosas
Ya universal restaurador

 

Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán
 

Fte: http://raicesmusical.blogspot.com/

sábado, 4 de abril de 2026

Don Cristóforo Juarez

 


Representan anhelos, pensamientos sueltos del criollo que, pensativo, cumple con su misión diaria y al mismo tiempo sueña con integrarse más al entorno misterioso de la naturaleza que lo rodea. Quisiera permanecer para siempre, de alguna forma, en este ámbito que lo viera nacer y crecer. Quisiera trascender a la existencia terrenal, entregando algo que pueda servir al cuerpo y al espíritu del prójimo. Quisiera ser recordado, para quedarse del todo en estos pagos.

En estos días recordamos especialmente a dos santiagueños que nos han dejado obras, aparentemente distintas, pero cuyos objetivos son los mismos: enaltecer y dignificar al ser humano en forma integral. Ambos fueron docentes. El Profesor y Médico Dr. Ramón Carrillo nos legó un sistema hospitalario ejemplar para toda América del Sud y el concepto de la prevención sanitaria. El Maestro y Poeta Don Cristóforo Juárez entregó a coetáneos y a la posteridad la prosa y poesía que vivió en el suelo santiagueño, mostrándonos nuestra realidad e inquietudes.

Ramón Carrillo nació el 7 de Marzo de 1.906 en Santiago del Estero. Sería largo detallar su brillante paso por las escuelas primaria y secundaria en nuestra ciudad, la Universidad en Buenos Aires, los tres años becado en Europa, los logros para la comunidad en su especialidad, la Neurología... Lo que no hay que obviar es que el genial médico fue el Primer Ministro de Salud de la Nación, que organizó el sistema de salud desde una óptica nueva para la época, que nos parece tan natural ahora: la prevención (aunque no tomemos conciencia en cada uno de nosotros todavía). Bregó por la independencia científica de nuestro país. Impulsó la creación de la primera fábrica argentina de medicamentos. Afirmaba que los adelantos científicos y técnicos no servían si sus beneficios no llegaban a toda la población. Fiel a su creencia de que el pueblo merece una vida sana, digna y prolongada, puso énfasis en la atención materna e infantil. Además, colaboró desde su puesto con la creación de Hogares Escuela y Hogares de Ancianos.

Don Cristóforo Juárez nació en Cúyoj (Dpto. Banda) un día de Julio de 1.900. Conoció la campaña provinciana, su paisaje y su gente. Desde San Carlos (Dpto. Banda), con 16 años de edad y su título de Maestro Rural, partió hacia Verón (Dpto. Salavina) para enseñar y aprender con los criollos y los montes salavineros. En su carrera docente llegó a ser Vocal y Presidente del Consejo de Educación. Las vivencias e inquietudes de su rica vida interior nos quedaron en libros publicados e inéditos. Los cantores mantienen viva su alma de poeta, cantándole al Tiempo de la Fruta Madura (póckoy pacha), a un amor dejado en Pampa de los Guanacos, a la épica vida del Chasqui Venancio Caro o la Rubia Moreno, al lindo pago del Polear, mostrándonos la Estampa del Mansero o el Alma Challuera del santiagueño... Leyendo sus libros podremos percibir plenamente los Reflejos del Salitral, Llájtay, Cantares, La Vara Prodigiosa... Seguiremos degustando sus Coplas Maduras a medida que se publiquen o canten.

El Dr. Carrillo, que había llegado al alto cargo nacional con el afán de servir, cuando hubo realizado lo necesario para producir cambios altamente positivos en la salud de la población, declinó luchar contra quienes ambicionaban su Ministerio. Renunció y fué a Estados Unidos para tratarse de la hipertensión que lo torturaba. Despojado luego de sus bienes en Buenos Aires, se empleó en una empresa norteamericana que lo envió a Belém do Pará (Brasil) donde falleció en Diciembre de 1.956. Desde 1.972, descansa en paz en tierra santiagueña. En su honor, desde el año 2.006, el 7 de Marzo es Día del Médico Santiagueño. Don Cristóforo Juárez, con 79 años de edad, escribía la poesía “He llegado a la cumbre”, cuya última estrofa dice:

 

“Mi pupila se apaga como en la estatua griega
 
la pátina ha borrado la ilusión y la fe
 
estoy sólo en la altura, como un cóndor que llega
 
exhausto hasta la cima, para morir después.”

 

 Don Cristóforo Juárez falleció en la ciudad de Santiago del Estero el 10 de Marzo de 1.980.

Encontraremos al Dr. Ramón Carrillo en cada hospital de Sudamérica, en cada posta sanitaria y en cada Médico de Acción Radiante que recorre la zona rural. En cuanto al maestro y poeta bandeño, Juan Carlos Carabajal sintetizó así su permanencia entre nosotros:

 

“Cristóforo Juárez vuelve: 

 

en cada copla del alma
 
y tienen las chacareras
 
olor a Tierra Mojada.”

 

http://aleroquichua.org/sitio/nota_verduc.php?id=8

Termas de Río Hondo y las "aguas del sol"

 


La ciudad de Río Hondo, cuyo nombre original era Miraflores, es un centro de turismo cuya importancia radica en el balneario termal junto al río Dulce. Sobre este mismo río se halla el Dique Frontal, el cual embalsa un lago artificial apto para la náutica y la pesca deportiva.

El dique fue inaugurado en 1967 con el fin de atenuar las crecidas, mejorar el riego y generar energía.

Las aguas del río Dulce eran ya conocidas desde la época precolombina con el nombre de Aguas del Sol. El prestigio de la ciudad existe desde hace siglos; los príncipes del Alto Perú - los incas- llegaban a las "aguas milagrosas" para disfrutar de un microclima único y darle energía termomineral a sus vidas.

Antes de la llegada de los españoles habitaban la zona aborígenes sedentarios, los tonocotes. Estos se ubicaron a orillas del Soconcho, río de aguas mansas, que en quechua se llamó Misky Mayu y los españoles tradujeron como Río Dulce.

Fueron los príncipes incas quienes organizaron caravanas desde el Cuzco, cruzando el altiplano hasta las orillas del Misky Mayu, para aprovechar las virtudes de las yacu rupáj (aguas calientes) consideradas por ellos de origen divino.

Los incas decían que sus manantiales traían el fuego de la tierra y daban milagrosamente la salud al sufriente o al enfermo. Su fama se extendió con los relatos hasta el imperio del Hijo del Sol, en las alturas del Tahuantisuyo.

Las postas de Vinará y Miraflores le acercaron viajeros ilustres en la época de la Conquista: San Francisco Solano, los congresales de Tucumán, el Ejército del Norte, Facundo Quiroga y los Taboada.

A comienzo del siglo XX, Termas era un villorrio de 300 habitantes y comenzaban a surgir los primeros hoteles para el turismo que encontró algunos precursores a fines del XIX, ya que el primer alojamiento se construyó en 1884.

Fue reubicada a 21 kilómetros de su sitio primitivo en el año 1966, para construir el Dique Frontal.

Su emplazamiento original se encuentra cubierto por las aguas del lago.

Fue declarada ciudad el 6 de septiembre de 1954, pero el Municipio obtuvo su autonomía recién en 1958 y se eligió como primer intendente municipal al sr. Luis Jorge Manzur.

Hoy, es el mayor centro turístico de la provincia y uno de los más importantes de la región.

Se cuenta que san Francisco Solano pasó por la antigua villa rumbo al Tucumán, para proveerse de madera de nogal y construir el templo que hoy se levanta en la ciudad capital de Santiago del Estero. Al regresar, se encontró en las cercanías de Villa Río Hondo con el gran río crecido (río Dulce). Era humanamente imposible vadearlo, pero el santo, se cuenta, desató su cordón, lo arrojó al río y dijo: "Río Hondo, no impedirás nuestro paso". Entonces las aguas se abrieron. Fue el primero en tocar la otra orilla y dejó sus huellas y la de su mula en una piedra que aún se conserva y venera en la nueva Capilla Villa Río Hondo.

A partir de este hecho milagroso, el Santo de la Cruz y el Violín es venerado en la región y el nombre original de Miraflores se transformó a Río Hondo.

Fuente: facebook/elpatiosantiagueño


Felipe Corpos: la voz quichua que encendió un fuego en Santiago del Estero

Poeta, payador y militante cultural, fundador del Alero Quichua Santiagueño. Su vida fue breve, pero su legado continúa iluminando la memoria y la identidad de un pueblo.




El eco de una lengua ancestral

Cuando se habla de las raíces culturales de Santiago del Estero, el nombre de Felipe Benicio Corpos aparece como una de esas presencias que, aunque breves en el tiempo, dejan huella. Fue poeta, payador, quichuista y uno de los impulsores de un movimiento clave en la defensa del patrimonio lingüístico del norte argentino: el Alero Quichua Santiagueño.

Hablar de él es, inevitablemente, hablar del quichua. Esa lengua que llegó desde los Andes y encontró en Santiago un territorio donde echar raíces propias. Resistió siglos de desprecio y silenciamiento, pero siguió viva en las casas, en las coplas, en los rezos, en las charlas de patio. Felipe entendió temprano que no alcanzaba con resistir: había que darle un lugar visible dentro de la cultura argentina.

Su vida, atravesada por la pasión y el compromiso, también refleja una época en la que las tradiciones luchaban por no quedar arrasadas por la modernidad. Su historia permite ver cómo un hombre del interior del departamento Figueroa logró encender una llama que todavía sigue prendida.

Infancia entre el monte y la lengua quichua

Felipe nació el 23 de agosto de 1935 en Villa Figueroa. Creció en Los Nogales, Pampa Muyoj, en un entorno donde el quichua no era algo excepcional: era el idioma cotidiano. Se hablaba en la familia, en el trabajo, en la vida diaria.

A los nueve años se trasladó a la ciudad de Santiago del Estero con sus padres. Allí terminó la secundaria en la Escuela de Comercio Antenor Ferreyra y se recibió de Perito Mercantil. Ese cambio marcó una tensión que lo acompañaría siempre: el paso de un mundo campesino, íntimamente ligado al quichua, a un espacio urbano donde esa lengua quedaba al margen.

Más tarde viajó a Córdoba para estudiar Abogacía. Cursó tres años y entró en contacto con ambientes universitarios y políticos. Ese paso seguramente reforzó su mirada sobre la situación de las lenguas originarias. Sin embargo, decidió volver. Su camino no estaba en los tribunales, sino en la defensa cultural.

El encuentro con Sixto Palavecino

En 1968, ya de regreso en Santiago, conoció a Sixto Doroteo Palavecino. El vínculo fue inmediato. Compartían la misma preocupación: el quichua seguía vivo, pero recluido, sin reconocimiento público.

Mientras buena parte de la sociedad lo consideraba un idioma menor, ellos lo veían como un núcleo cultural profundo. De esa coincidencia nació una amistad y un proyecto común que terminaría cambiando el panorama cultural de la provincia.

Nace el Alero Quichua Santiagueño

El 5 de octubre de 1969, junto a Vicente Salto y Domingo Antonio Bravo, dieron forma al Alero Quichua Santiagueño. Empezó como un programa de radio, pero rápidamente superó ese formato.

Tenía algo distinto: por primera vez, la radio abría un espacio en lengua indígena en Argentina. No se trataba de hablar *sobre* los campesinos, sino de que ellos mismos tomaran la palabra. Desde distintos puntos de la provincia, la gente participaba con relatos, canciones y coplas.

Felipe lo definía con claridad en una de las aperturas del programa: una voz que se eleva desde el Santiago quichua para mostrar su cultura desde adentro. No era una consigna. Era una forma de devolverle dignidad a una lengua.

Escuelas y expansión

El impacto fue rápido. En 1971 se creó la primera filial en Villa Atamisqui, y después llegaron otras en Córdoba, Buenos Aires y Tucumán.

Pero el crecimiento no fue solo territorial. También hubo un impulso educativo fuerte. Se promovieron escuelas de quichua y, en 1973, se incorporó la cátedra de Cultura Quichua en el profesorado provincial. Ese mismo año se dictaron cursos en distintos puntos de Santiago.

El desafío era grande: enseñar a escribir una lengua que durante siglos se transmitió de forma oral. Aun así, la respuesta fue positiva. El quichua empezaba a salir del ámbito doméstico y a ocupar espacio en las aulas.

Discos y debates culturales

El Alero también impulsó proyectos discográficos. En 1971 se editó un disco documental del canto quichua con el sello Diapasón, con apoyo de Alfredo Ábalos. Allí se incluyó la traducción al quichua del Martín Fierro, realizada por Vicente J. Salto.

En 1973, Felipe organizó una mesa redonda radial sobre el origen de la chacarera. Un tema que, todavía hoy, genera discusión. Ese mismo año se lanzó el disco *Santiago del Estero, desde sus coplas al país*, que amplió la difusión de la cultura local.

El poeta detrás del proyecto

Más allá de su rol como gestor, Felipe era poeta. Escribió letras que luego se transformaron en canciones populares, muchas musicalizadas por Sixto Palavecino. De ahí nacieron piezas como El sacherito, Mi tata sabía canta, Pa’ que bailen o La ñaupa ñaupa.

También trabajó con otros músicos en distintas composiciones. Parte de su obra fue grabada, pero otra sigue inédita. Ese material, todavía disperso, es un reservorio cultural que espera ser recuperado.

Compromiso con la vida cotidiana

Para Felipe, la lengua no era un objeto aislado. En sus programas hablaba de la vida rural, de prácticas agrícolas, de saberes transmitidos de generación en generación. Recuperaba refranes, cuentos, formas de entender el mundo.

En 1974 participó en la creación de la Sociedad de Folkloristas Santiagueños. Ese mismo año lanzó el programa *Domingos Santiagueños*, donde profundizaba en temas vinculados a la identidad local.

También colaboró con investigaciones en historia, arqueología y lingüística. Su objetivo era claro: mostrar que la cultura popular no era un adorno, sino un sistema de conocimiento.

Una vida breve

El 13 de diciembre de 1974, un accidente terminó con su vida. Tenía 39 años. La pérdida fue fuerte y dejó un vacío difícil de cubrir.

Sin embargo, su trabajo no se detuvo. El Alero siguió, las escuelas continuaron, y su nombre empezó a consolidarse como referencia dentro de la cultura santiagueña. Hoy lo recuerdan en espacios públicos y en instituciones educativas que llevan su nombre.

Una herencia que sigue

La historia de Felipe Corpos muestra algo concreto: la cultura no se sostiene sola. Necesita gente que la empuje, que la defienda, que la haga visible.

El quichua santiagueño sigue vivo en gran parte por ese tipo de esfuerzos. Cada vez que se canta en esa lengua o alguien la aprende, hay una continuidad que no se cortó.

Su legado no es abstracto. Está en la voz de la gente, en la música, en las palabras que todavía circulan. Y deja una pregunta abierta, bastante directa: qué estamos dispuestos a sostener para que no desaparezca.

Fuentes consultadas:

Alero Quichua Santiagueño- Diario El Liberal-Diccionario Cultural Santiagueño-María Teresa Papalardo-Antología de poetas santiagueños-Alfonso Nassif.

 

viernes, 3 de abril de 2026

Ramón “Toy” Von Zeilau (1955-1990)

 


Ramón “Toy” Von Zeilau nació un 20 de marzo de 1955 y se destacó como músico y cantor popular, reconocido por su particular entonación y su privilegiado registro vocal. Durante su vida, consolidó una participación artística significativa dentro del folclore santiagueño, dejando una huella imborrable en quienes valoraron su talento y dedicación al arte.

Aunque su fallecimiento a temprana edad limitó el registro documental de su obra, su legado musical incluye algunas grabaciones en vivo y otras realizadas en estudio. Entre estas, destaca la grabación en formato cassette titulada Más santiagueño imposible, producida por Oscar Valles, en la que participaron reconocidos artistas como Jacinto Piedra y Peteco Carabajal, entre otros.

Una anécdota particularmente memorable dentro de su carrera ocurrió en la emblemática peña La Casa del Folclorista, donde Ramón “Toy” Von Zeilau tuvo el honor de interpretar por primera vez la chacarera Entre a mi pago sin golpear, compuesta por Pablo Raúl Trullenque y Carlos Carabajal. Cierta noche, Carlos Carabajal llegó a la peña y encontró a Toy, a quien le comentó acerca de esta nueva creación y le hizo escuchar la melodía. Embelesado por la canción, Toy le solicitó cantarla esa misma noche. Carlos Carabajal, conocido como “El Padre de la Chacarera”, aceptó gustosamente. Se apartaron del salón para compartir los acordes y la melodía, y esa noche de estreno se coronó con una fuerte ovación del público, sellando un momento inolvidable en la historia del folclore santiagueño.

Otra historia que refleja el impacto de Toy en el ambiente artístico fue su proyecto con Jacinto Piedra. Se sabe que ambos planeaban formar un dúo llamado El Dúo del Futuro, un sueño que prometía fusionar sus talentos únicos. Tras un primer ensayo, quedaron en reunirse dos días después para continuar con los preparativos. Sin embargo, al día siguiente, Toy Von Zeilau enfermó gravemente y fue internado, sin poder recuperarse. Su partida ocurrió el 3 de abril de 1990, tras una dura batalla contra una grave enfermedad. Meses más tarde, Jacinto Piedra también falleció, dejando truncado un proyecto que, según quienes los conocieron, habría marcado un antes y después en la música santiagueña.

A lo largo de su trayectoria, Ramón “Toy” Von Zeilau fue galardonado con el reconocimiento “Mistol de Oro”, otorgado por personalidades destacadas del folclore, premio que refleja la gran estima que despertó entre sus pares y el público. Además de su faceta artística, fue un ferviente hincha del club Unión Santiago, pasión que acompañó su vida con el mismo entusiasmo que entregaba a la música.

A pesar de su partida prematura, su valoración dentro del ambiente folclórico de la provincia continúa siendo elevada, manteniendo vivo el recuerdo de un artista querido y respetado. Su legado, junto a historias como la del dúo que nunca fue, sigue inspirando a nuevas generaciones de músicos y amantes del folclore.

Esta biografía se basa en el libro inédito Biografías de folcloristas santiagueños de Omar “Sapo” Estanciero, complementada con la valiosa colaboración de Santiago Von Zeilau.

 

martes, 31 de marzo de 2026

Juanita Simón, un testimonio que sobrevive



Basualdo la presenta en el escenario del cine Petit Palais en el concurso "Voces Argentinas" y gana el 1º premio cantando el vals "Rosas de Otoño". Ahí surge su misteriosa vocación que deleitaría a toda la Argentina, con un estilo musical, revelación que se aglutina junto a sus hermanos.

Ya integrante del conjunto Los Hermanos Simón, por indicaciones de los Dr. José y Antonio Castiglione, inauguran artísticamente L.V. 11 y un año después (1937) L.V. 12 de Tucumán

De nuevo el silencio. Juanita manifiesta: "Estando mi padre en agonía me dijo que tenía que seguir cantando. Que lo haga con el cariño de siempre. Que lo haga junto a mis hermanos" continua: "eso lo llevo prendido en mi corazón..." Me cuenta, que estando de seis meses de embarazo hace su primera grabación. Luego se sumarían más de 16 L.P. y alrededor de 233 obras grabadas. Con el gobierno de don Eduardo Miguel se mandaron 12.000 discos a los EE. UU. para proyectar nuestra música en los países del norte. Siempre pegadita a sus hermanos recorre cientos de escenarios; toda la Argentina. Dejando un testimonio original y una larga trayectoria de un movimiento que marcó un momento trascendental en la historia del canto argentino. Su pensamiento recorre las imágenes triunfadoras de cuantos recuerdos: "quince años en Radio Bel- grano (Bs. As.) seguidos de renovadas expresiones por un público que nos quería y nos seguía en la audición "Oro y Flama".

No soy el único que puedo descubrir las bondades de esta mujer, pero tengo los medios para hacerlo. Curiosamente le pregunto, ¿por qué no sigue cantando? Su hija me responde. Ella está apoyada en su hombro. "...Mi mami ha vivido mientras cantaba continúa Nilda del Valle (Pochi) su vida siempre fue el canto. Ella renace sobre el escenario. Tiene tanto para seguir entregando..."

Quién no recuerda la calidez de Juanita cantando "Tacita de Plata"; "La Siete de Abril"; "Brasita de mi Chala"; "Chacarera del violín"; "Cajoneando mi guitarra"; "Mi guitarra eres tú"; etc. etc.

En fin, de alguna forma soy un testigo que sabe de su trayectoria, de su música auténtica. Sin deformaciones. Tengo la sensación que estoy rastreando los profundos filamentos de una ver- tiente maravillosa que no admite duda. Es que, Juanita Simón es un testimonio vital que nos sobrevive.

¿Por qué? Porque supo transitar la huella de fidelidad y respeto con la esencia de nuestro folklore. Porque de ella podemos extraer: experiencia, sabiduría, generosidad y pasión que se ha convertido en una verdadera historia, con la cual podríamos llenar páginas enteras. Es que Juanita Simón representa el arquetipo nacional de nuestra música, porque sus cualidades vocales e interpretativas la ubican en un lugar de preponderancia.

La escucho con un verdadero silencio. Me reseña su trayectoria artística. Tenía doce hermanos. Al principio sus padres (Don Juan y Da. Florinda) no la dejaban cantar”. Mujer... qué diría la familia". Juanita no aceptó...porque era este desafío. Cuando tenía diez años, don Gómez

CARLOS MIGUEL FUENTES

Publicada en FBK por: Don Omar Estanciero


sábado, 28 de marzo de 2026

Cuando el quichua era vergüenza: la vida de Don Sixto Palavecino

Entre violines, chacareras y palabras heredadas, construyó una obra que habla del monte, del desarraigo y de una lengua que se negó a desaparecer.

 

Foto: José Luis “Ducky” Ducournau

Hay trayectorias que no hacen ruido al principio. La de Don Sixto Palavecino fue así. Empezó de joven, escribiendo en quichua y poniendo música a esas letras, armando su propio repertorio sin vueltas. Con el tiempo, esa práctica íntima se volvió una marca clara: cantar lo que otros no estaban diciendo.

Un repertorio que nace de lo vivido

Desde los años treinta ya componía. Primero la palabra, después la música. Todo en quichua. No era una elección estética: era su forma natural de expresarse.

En 1954 registró sus primeras obras, pero esas canciones ya circulaban mucho antes. Hablaban del monte, de la vida diaria, de lo que pasaba en serio. No había maquillaje. Aparecía el paisaje, sí, pero también los problemas.

El éxodo santiagueño fue uno de los temas que más trabajó. En "Llajtaymanta llojserani" se mete de lleno en el desarraigo. En "Viaje de la pastorcita", en cambio, pone el foco en las jóvenes que se van con una idea idealizada de la ciudad. La letra muestra ese contraste: lo que se sueña y lo que se pierde.

De la vergüenza al orgullo

Hubo un momento que lo marcó. Leyendo el diario, se enteró de que Domingo Bravo enseñaba quichua en Santiago. Eso lo sacudió.

En su entorno, hablar quichua no siempre era bien visto. Había burlas, silencios incómodos. A veces directamente se lo evitaba. De ahí salió "Penckacus causaj carani" - "Avergonzado vivía".

En esa chacarera aparece esa incomodidad: el quedarse atrás cuando otros hablaban en castellano, el callarse para no exponerse. Pero también aparece el giro. Con el tiempo, lo que era motivo de vergüenza empezó a valorarse. Y él dejó de esconderse. Empezó a cantar en quichua con más decisión.

Una peluquería distinta

En 1969 abrió una peluquería en Santiago del Estero. Tenía lo básico: espejo, sillón, muebles sobrios. Pero el clima era otro.

Mientras los clientes esperaban, tocaba. Chacareras, gatos, escondidos. A veces con guitarra, otras con violín o bandoneón. Era una peluquería, pero también un espacio donde la música aparecía sin aviso.

Algunos días estaba tranquila. Otros se llenaba. Pasaron figuras como Horacio Guarany o Héctor Larrea. También equipos de televisión que caían a grabar.

Una escena simple lo resume bien. Un chango entra y Sixto le dice: "¿Quién te ha cortao tan fiero?". El chico responde: "Usted, Don Sixto". Y él, sin perder el tono: "Ehh... te ha crecio desparejo, chango". Seco, directo.

El Alero Quichua y el trabajo de fondo

Más allá de la música, hubo un trabajo sostenido con la lengua. Ahí aparece Felipe Benicio Corpos.

Se conocieron en 1968. Compartían la misma preocupación por el quichua. De esa relación nació el Alero Quichua Santiagueño. No era solo un espacio cultural. Era una forma de organizar la defensa del idioma.

Desde ahí impulsaron su enseñanza, promovieron actividades y crearon nuevos aleros en distintos lugares. Corpos también escribió, hizo radio y trabajó en la difusión de la cultura del monte.

Murió joven, en 1974, con 39 años. Aun así, dejó un material que sigue circulando en archivos, grabaciones y en la memoria de quienes lo conocieron.

Reconocimientos que llegaron con el tiempo

Con los años, la figura de Don Sixto se fue consolidando. Recorrió escenarios, compartió con artistas como Mercedes Sosa y León Gieco, y recibió distintos reconocimientos.

Entre ellos, el Premio Konex como instrumentista, la distinción como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina y otros vinculados a su trabajo con el quichua. También recibió una bendición apostólica de Juan Pablo II.

Ya de grande, con 93 años, fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario. Viajó acompañado por una delegación de quichuistas. El reconocimiento iba más allá de su figura individual.

La historia de Don Sixto no es solo la de un músico. Es la de alguien que pasó de callarse a decir, de correrse a ocupar un lugar. Lo que antes se escondía, terminó siendo su identidad pública.

Sus canciones siguen ahí. No como recuerdo, sino como registro de una forma de ver y nombrar el mundo. Y eso, en el fondo, es lo que todavía sostiene su vigencia.

Zambas y sus versiones "La 7 de Abril"