sábado, 7 de febrero de 2026

El origen de la chacarera

 


Quizás muchos no lo sepan, pero la chacarera, proveniente de Salavina  tiene elementos afros aportados por negros esclavizados llegados desde el Perú a través del Camino Real, una vía de comunicación de cerca de 3 000 km que fuera construida hace más de 400 años por los conquistadores españoles y por la cual transitaban comerciantes, soldados y religiosos, con el objeto de transportar mercancías, violar nativas, diezmar poblaciones originarias, robar obras de arte para fundirlas y transformarlas en lingotes, traer la religión verdadera y poblar el Tucumán y el norte argentino hasta Buenos Aires para crear un acceso al Océano Atlántico. De esta manera se fue formando un camino principal que unía al Alto Perú con Córdoba y demás. Así que, por medio de la ruta antedicha, sabemos llegan los africanos esclavizados desde el Viejo Perú hasta Santiago del Estero y crean en ese lugar la chacarera (en realidad crean el gato, dado que éste es progenitor de aquélla, hay consenso en el rubro sobre esto, lo hablamos con Vitillo además que fue alumno de Don Andrés Chazarreta), cuya sesquialtera, hemiola vertical o rítmica en cruz, que es la polirritmia 3/4-6/8 de la proyección folklórica, viene desde el Äfrica; los ritmos de nuestro folklore que están en 6/8 suelen jugar con esa polirritmia entre 2 y 3 tiempos, por eso suelen signarse 6/8 (¾), y esto los asemeja en muchos aspectos entre ellos y con otros ritmos similares, como el joropo venezolano, la zamba, la zamacueca, etc. Esto lo charlamos también con el querido Raúl Carnota, coincidiendo. Asimismo, este viaje, trae el quechua de los Incas (el Inka es el soberano, y Quechua es el pueblo originario) al centro de la actual Argentina (la entrada del quechua al actual territorio nacional es anterior, ver más adelante), que aquí se transforma en el quichua santiagueño. El primer gato registrado fue ‘Relaciones para el gato’ por Rafael Rodríguez Brizuela, y el segundo, ‘Gato’ (a secas), dos meses luego, por Juan Varela, José Lizzoli y Eduardo Barberis, ambos grabados en 1905 en cilindro de cera Edison por Robert Lehmann-Nitsche y que quién escribe tiene en su haber.

Santiago del Estero es la ciudad permanente más antigua del país, fundada en 1553 en su actual emplazamiento (a continuación, un artículo sobre esto). Salavina, que debe su nombre a los Salavinones (pueblo originario) o sanavirones, es la cuna de la chacarera (existen chacareras anónimas con letras antiquísimas en quichua) y del bombo legüero, que es distinto a cualquier otro membranófono nativo. En todo Santiago hubo y hay afrodescendientes; por ejemplo, en San Félix, casi todos sus habitantes lo son (ver más adelante). Recordemos que en 1778 (luego de la creación del Virreinato del Río de La Plata, que fue en 1776) se lleva a cabo el primer censo en el Río de la Plata (Censo de Vértiz), arrojando los siguientes resultados respecto de la población negroafricana: para Catamarca: 52%, Tucumán: 42%, Córdoba: 44%, Buenos Aires: 30%, Santiago del Estero: 54% (el Negro Casimiro Alcorta –hijo de una esclava de Amancio Alcorta, de quien toma el apellido-, autor de Cara sucia, el más antiguo tango de autor conocido, era afrosantiagueño; su madre era esclava del conocido músico y estanciero Amancio Alcorta) y Salta: 46%. O sea, a fines de s. XVIII en Santiago del Estero, eran más los no blancos que los blancos, pues la población que no entra en estos porcentajes no era toda blanca, sino que había también originarios y mestizos.

La mención más antigua que hay a la Chacarera fue hallada por Isabel Aretz, en las "Memorias de Florencio Sal", publicadas en Tucumán (abril de 1913); allí, está escrito que la chacarera se bailaba en esa provincia ya hacia 1850. Aretz recogió chacareras bajo los nombres de Chacra y Molino, en el oeste de Córdoba.

Con respecto a las versiones musicales antiguas de la chacarera, podemos citar, entre otras, las de Andrés Chazarreta (1911, ‘16, ‘20 y siguientes), las de Manuel Gómez Carrillo (1920 y ‘23), y las de Carlos Gardel junto a Razzano (1925 La choyana, con música de Alberto Acuña-letra de René Ruiz).

La etimología del nombre.

La palabra proviene de chacarero, trabajador de una chácara o chacra (del quichua santiagueño chakra: ‘maizal’, ‘tierra de labor’, que a su vez viene del quechua čhakra), y se refiere a un terreno o especie de granja, donde se siembra y/o practica al ganadería, dado que inicialmente se bailó en estos sitios, en el campo.

El aspecto musical.

El ritmo de gato hoy vive en, obviamente, la chacarera, pero además en el escondido, el pala-pala, el malambo, etc., llegando inclusive hasta la provincia de Buenos aires con el nombre de huella

La “forma” de la chacarera es: intro (frase 2 compases x3)-estrofa (frase 2 compases x4)-inter (6 compases)-estrofa (8 compases)-inter (6 compases)-estrofa (8 compases)-estrofa (o estribillo, 8 compases), todo esto, 2 veces, donde el período de 8 compases que dura cada estrofa está formado por 2 vueltas de 2 antecedentes + 2 consecuentes cada una, y es donde se canta.

Las chacareras pueden ser de 6 u 8 compases (lo que dura la introducción y también las vueltas enteras). La chacarera doble tiene 16 compases más que la chacarera (a secas); o sea, sus 4 estrofas duran 12 compases en vez de 8. Un ejemplo de chacarera doble es Añoranzas de Julio Argentino Jerez o La sachapera de Oscar Valles y Carlos Carabajal. La chacarera trunca puede ser simple (Coplas de cielo y río de Carlos “Negro” Aguirre), doble (La de los angelitos de Adolfo Ábalos y Julián Díaz, Déjame que me vaya de Roberto Ternán y Cuti Carabajal), de 6 u 8 compases, la diferencia está en su escritura musical: la hace trunca la acentuación en su tiempo débil al comienzo y al final, el acento cae en el 2° tiempo del compás de ¾, cosa que no sucede con las chacareras a secas, o sea, las que no son truncas (que suele decírseles derechas), donde el acento cae en el 3er. tiempo del compás. La chacarera trunca (La vieja de los Hnos. Díaz y Oscar “Cacho” Valles) termina todas las frases en el 3er. tiempo, carece de 1º, por lo que se produce un contratiempo debido a la ausencia del mismo. Tanto las chacareras (simples) como las chacareras dobles pueden ser truncas. La chacarera puede ser simple, dentro de las cuales hay normal y trunca, y doble, que también se divide en normal y en trunca. Una chacarera simple es Hacéme sufrir de los hnos. Simón.

El acompañamiento del bajo consta de un silencio de negra y dos negras.

La segunda voz puede ser en 3as. o en 6as. (menos común), ambas descendentes

Sobre la fundación de la ciudad.

Santiago del Estero es la ciudad más antigua del país que aún se mantiene en pie, fundada en 1553 por Francisco de Aguirre, si bien, a rigor, originalmente la ciudad fue fundada el 24 de junio de 1550 por Juan Núñez de Prado, proveniente del Perú, con el nombre de El Barco, en honor a su ciudad natal en España, El Barco de Ávila. Núñez de Prado se vio obligado a trasladarla al año siguiente, y luego, tuvo que retrasladarla, en 1552. Los habitantes de esta tercera ciudad de El Barco fueron conminados por Francisco de Aguirre, proveniente de Chile, a mudarse a una nueva ubicación y, junto con colonos que él mismo traía del territorio trasandino (Nueva Extremadura, perteneciente al Virreinato del Perú en esa época, luego Capitanía General de Chile, a fines de s. XVII), fundó una cuarta ciudad, pero con otro nombre: Santiago (por el Apóstol Santiago) del Estero (por hallarse junto a una laguna cercana al río Dulce) el 25 de julio de 1553.

Con Núñez de Prado, además de españoles, llegaron numerosos originarios de habla quechua, lengua que dio origen al actual quichua santiagueño, ampliamente difundido en la provincia.

Pero, antes de la llegada de los españoles ya había gente ahí y había una cultura preexistente, estaban los salavinones o sanavirones –de allí el nombre de la ciudad o distrito de Salavina, departamento del mismo nombre-, así que éstos fueron sus primeros habitantes. Los conquistadors españoles los llamaron yugitas, como se advierte en la Información de servicios presentada en julio de 1548 por Pedro González del Prado

La quechuización del Río de la Plata.

Quechua es el pueblo originario que tuvo si centro en Qosqo, que significa el ombligo del mundo y a la cual los españoles rebautizaron como Cuzco, que no significa nada. El Quichua es la variante lingüística santiagueña.

La quechuización del actual territorio nacional arranca antes, en 1472 más precisamente, 4º período, Incaico o Imperial de la etapa Agroalfarera o de productores en el NOA, región rebautizada como Collasuyu por los quechuas; Domingo A. Bravo atribuye la "primera entrada" del quechua a la región del Tucumán a la expedición del capitán Diego Rojas en 1543. Estas expediciones estaban compuestas por yanaconas (indios de servicio) hablantes quechuas. Entre 1550 y 1553, Santiago del Estero se consolida como capital de dicha región; esta acción quechuizante se da porque el quechua era hablado desde Quito hasta el Reino de Chile y el Reino del Tucma. Según lo expresa el profesor Marcos A. Moringio cuando se refiere a la autoridad del Inca Garcilaso. Fuente: Estado actual del quichua santiagueño. Domingo A. Bravo Ed. 1989.

Como pregunta final, les hago la siguiente: nombren 5 temas de bandas de rock internacionales… ahora nombren 5 títulos de chacareras… voy a ser más bueno y sumamente indulgente: sólo tararéenlas… espero no haber herido susceptibilidades, pero de eso se trata la transculturación, y es un arma más poderosa que la pólvora, dado que no es tan evidente.

San Félix, ciudad negroafricana santiagueña.

Dedicado a mi amigo y hermano Carlos Alberto Torres.

En San Félix, Provincia de Santiago del Estero, sus habitantes (gentilicio: “sanfeleños”) se consideran afrodescendientes, y es su orgullo pertenecer a la rama de africanos esclavizados que pusieron el cuerpo para construir la nación. Probablemente no tengan todos el fenotipo africano, pero ése quizás sea un error nuestro: el pretender considerar afros sólo a los que sí lo manifiesten en la cara. Lo llevan en la sangre, y también lo han heredado culturalmente.

Hace unos años vi una filmación de Titilao Alderete, el poblador más antiguo de San Félix, que en aquel entonces tenía más de cien años y era nieto de los fundadores del pueblo.

“Hoy Usted acaba de aprender algo nuevo”.

p.d.: como era de esperar, va a surgir un montón de gente iluminada que se aburre porque ya lo sabe todo inclusive lo que yo estoy pensando en este justo preciso momento porque tienen el don de la adivinación entonces ya saben de antemano lo que voy a escribir, y le van a ver errores a esto por todos lados, van a darse cuenta que está todo mal, al punto que es cuasi perverso porque ellos son expertos de los defectos. En lugar de buscar el propósito constructivo de quien lo escribió o mandarle en todo caso un mensaje personal en un acto hidalgo si creyeran notar algo que pudiera no ser correcto, van a defenestrar y escrachar en público y enojarse con quien lo escribió. A toda esa gente, un gran abrazo y profundo deseo de mejora, pues no se puede vivir con toda esa ira adentro: hace mal.

Los Demas Dan Alguna Opinion..........

Roberto Rutigliano Eso mismo, la chacarera es una mezcla de 3/4 con 6/8 un tipo de superposición que no existe en la tradición europea; claramente es una polirrtima heredada de la cultura musical africana...esto es evidente, la constatación histórica ayuda a reforzar la descendencia.

Luis Blaugen-Ballin El joropo venezolano es igual.

Roberto Rutigliano hay toda una musicalidad negra en toda la costa del pacífico que tiene ese estilo en 6/8...el Joropo me parece más parecido con el valsecito peruano...

Luis Blaugen-Ballin Pero el vals es 3/4, y el joropo es polirrítmico.

Milton Blanco En el vals criollo peruano muchas veces escuché que al improvisar los músicos superponian de a tandas 3/4 y 6/8

Roberto Rutigliano el joropo me suena como en 3/4 rápido...

Ruben Trionfini Había dos maneras que tenían los Incas de invadir territorios...... Una por supuesto era la guerra directa, para someter pueblos y anexarlos al sistema de vasallaje, práctica en la que llegaron a eliminar culturas de la faz de la tierra, matando a todos sus integrantes e incluso arando el terreno, si es que las poblaciones en cuestión no se querían someter............ Otra era la utilización de "mitamaes", o sea grupos de población Inca, que se dejaban viviendo en un lugar determinado al cual querían colonizar, para que, por cuestiones de transferencia cultural, con el paso del tiempo, el lugar se amolde primero a la cultura inca, y luego se doblegue a la misma.......... Esta manera, creo que fue la elegida en el caso que se hace referencia de Santiago del Estero...... Es muy llamativo que el Quichua santiagueño, no se hable más abajo de esa localización geográfica, ni más arriba tampoco.... o sea quedó como una isla idiomática en ese lugar, ya que la utilización del grupo de mitamaes, lo circunscribió a ese espacio territorial...

Silvana Truyol El quichua es prohibido como lengua en el Tucuman por cedula real (Carlos III) alrededor de 1730. Ya en 1635 el obispo Maldonado expuso su queja por carta al rey diciendo... Poco hablan los indios y españoles en castellano porque esta connaturalizada la lengua general de los indios...

Juan Antonio Campos LAS ACTAS DEL 9 DE JULIO ESTAN REDACTADAS EN QUECHUA Y AIMARA ….

Daniel Lescano Gran parte del territorio santiagueño su lengua ancestral es el Quichua no solo en Salavina

Ruben Trionfini Con respecto al ritmo de chacarera, venido con los negros africanos o descendiente de los ritmos traídos por ellos, puede que la entrada haya sido por el camino real que iba de Lima a Sucre, pero, si tenemos en cuenta que los negros venían con los Españoles y no con los Incas, ese camino fue posterior al utilizado por la colonización para entrar a lo que ahora llamamos Argentina........ Se entró primero por Chile, y desde allí se fundó primero Esteco, desaparecida, y luego Santiago del Estero, por Francisco de Aguirre......... La colonización fue una cuestión familiar, si se puede decir así, y desde Chile, Valdivia mandó a Juan Jufré a fundar San Juan, luego a su hijo Luis Jufré a fundar San Luis y este era sobrino nieto de Aguirre......... Espero haber enriquecido la charla...

Luis Blaugen-Ballin Este camino es el primero, por ese camino arriban los primeros realistas a la actual pcia. de Sgo. del Estero, junto con afros esclavizados y quechuas. Desde Chile será años luego, cuando venga Aguirre.

Juan Melo Ruben y Luis aqui, ni el articulo tampoco, se menciona el camino del Capasnian o Chapajnian que nacia en eel noroeste de Cordoba hacia Perú. Segun nuestros antiguos pueblos originarios, leáse Inka, queshua. Kolla, aymara, inclusive diaguita quilmes, sanavirones... conocian todo ese camino. Su construccion, casi natural por el tránsito constante, es varios siglos antes de la llegada española. Sobre la chacarera se podria afirmar que su ritmo es similar a otras danzas nativas, preexistentes. Lo probable es que sea de pueblos originarios del NE y no afro. Inclusive el bombo es similar a los tambores nativos a lo que se sumaron los aros para tensar los parches situación que sí aparece en tambores originalmente africanos. Por último, me permito trazar un paralelo donde afirmo que los ritmos africanos relegados a los afro en América, ninguno se parece a la chacarera. Para dar magnitud a esta afirmacion a esto digo que ni el tambó (hoy conocido como tango) ni el canbombe rioplatense se parecen a la chacarera en cuestion... dejo abierta la charla para agregar mas detalles. Abrazos

Joaquín Dufour Hola Juan. La música rioplatense no guarda parentezco con la chacarera porque las naciones de esclavos que llegaron al Bs As eran mayormente Congos. Los afros que entraron en Santiago (al menos al principio) venían desde Lima, lo hicieron mucho tiempo antes.

Según lo entiendo yo, de las culturas a nivel mundial que desarrollaron la verticalidad de la ritmica (polirritmias), la que nos llega a América es la africana, que en si misma está dividida en culturas muy diferentes entre si, a las cuales "como son todos igual de negros" solemos no mirar en detalle. Hasta donde yo tengo entendido, ninguna de las culturas preexistentes de América desarrollo verticalidad rítmica.

En la polirritmia hay dos figuras básicas, la ya conocida 3/4 6/8, que es ternaria (bueh, si se ve de la perspectiva del 3/4 no, pero...) y la conocida como 3 3 2, que es negra con puntillo dos veces y negra. Está figura se entrelaza con el pulso de un compás binario de 4 tiempos. A partir de ahí se estructura practicamente toda la música popular en América, con exepción de las expresiones originarias y algún que otro ritmo trasplantado de Europa, como la Polka o el Vals.

Cada una de estas polirritmias (que tampoco venían impolutas de África, claro) con el paso de los tiempos se van a vestir de todas las particularidades con las cuales llegaron a nuestros oidos En cuanto a la rítmica. La chacarera como tal o el gato, son una estructura coregrafica musical.

El ritmo madre es el malambo, y este viene de malembe, similar origen afro cómo el de la expresión musical afrovenezolana. Así como lo rítmico musical podría incluirse el zapateo, diferente a la coreografía que es un elemento más bien español, y la incorporación de boleadoras que si bien a simple vista más relacionado con la cultura nativa originaria, en África hay usos rítmico-musicales con elementos similares a estos que acompañan la música/danza, más bien de tipo agrario. Tocar tiene sentido y razón y no la mera expresión artística como lo ha síganos la cultura europea. Esto puede tener con chacarera en su etimología derivada de chacra como por ahí se dice. En cuanto a términos Zamba viene de semba, que en Brasil es la ombligueada, danzas de fertilidad.

Jorge Galian Chazarreta Excelente!!!! ¡Luis Blaugen-Ballin Un orgullo que me lo diga un Chazarreta!

Kyoge Betsuden Así me lo enseño el gran Toro Stafforini

Luis Blaugen-Ballin Pasáme eso por privado, forma parte de un laburo más grande esto, que estamos haciendo con otros colaboradores.

Kyoge Betsuden No tengo nada escrito, tu artículo me trajo recuerdos de conversaciones.

Kyoge Betsuden Muy buena la 📝

Jose Pavoni Excelente Luis, admiro tus amplios conocimientos culturales.

Roberto Rutigliano Gracias mestre

Mariela Díaz Sí. La gente se enoja mucho cuando decís que la Chacarera tiene raíces también negras...y que vino de Perú.

Luis Blaugen-Ballin La gente se enoja por cualquier cosa, todo hoy es motivo de agravios, todo el mundo está irascible... el enojo es directamente proporcional a la ignorancia

Roberto Fernandez Rizo Luis Blaugen-Ballin acá el enojo viene por lo de negro. En Argentina ocurre que no quieren reconocer lo negro en su cultura. Y lo negro está desde Alaska hasta la Tierra del fuego.

Pero la realidad es más fuerte que cualquier deseo. Tan es así, que si hay algo que identifica a la cultura argentina es el tango. Y tango proviene de ntangu, palabra del kikongo, que es el idioma del pueblo Kongo. Y los kongos han sido la cultura africana que más aportes hizo a la música popular del continente americano.

Roberto Fernandez Rizo Hola Luis, ¿cómo estás?  me interesa mucho tu artículo sobre la Chacarera y conocer más sobre el tema. Intuyo que tango congo, un patrón rítmico afroamericano, tambien siguió ese camino. Saludos

Luis Blaugen-Ballin El tango venía por otra corriente, del Atlántico digámosle, por eso hay analogías entre el son, la habanera, la milonga, el tango primigenio (no Gardel). En cambio, estos afros, que venían del Perú, muchos eran afros criollos, y generan los ritmos 6/8 (3/4), en contraposición a los del tango, que es otra música, corchea con puntillo semi 2 corcheas o sus derivados (3+3+2)

Roberto Fernandez Rizo Luis Blaugen-Ballin muchas gracias.

Luis Blaugen-Ballin Igual nada de lo escribo es una verdad revelada, pues es pasible de ser mejorado, siempre que sea con respeto y sin arrojar descréditos. tengo un artículo similar sobre el tango.  del Indio como decís Yupanqui

Este continente ya tenía caminos y población y muestro desarrollo

Luis Blaugen-Ballin Existían varios caminos, los quechuas ingresaron al NOA antes que llegarna los españoles, también había otros pueblos en Santiago antes de esto (tonokotés, sanavirones, etc.), pero esos caminos no tenían la extensión de este camino real que ilustro en el mapa...

Por: Luis Blaugen-Ballin -

Los ulalos

 



En el Estrella del Norte, llegó Eric Satie a Santiago del Estero, una mañana de agosto de 1918. Tranquilo, cruzó la ancha sala de la estación siguiendo a un simpático changarín, que le explicaba cómo manejarse con los "mateos". Salieron a un resplandor que él nunca había visto: "el sol vive aquí", se dijo.

Tomó uno de los coches de plaza que se alineaban enfrente, bajo la suave sombra de árboles frondosos. "A Villa Constantina", indicó. "Calle San Martín 1412".

Recomendado por un amigo cordobés, tenía preparada ya una habitación en la casa de una familia de barrio. Un muchacho le ayudó con las dos valijas.

A pesar de haber sido largo, el viaje desde Buenos Aires no lo había cansado. Luego de algunos minutos, la dueña de la pensión golpeó la puerta para preguntarle si prefería mate o café.

-Mate -contestó Eric, quien ya había degustado ese néctar en París, gracias a un poeta argentino.

Desde aquel momento, todo sucedió con placidez. El almuerzo amable, compartido con la familia que vivía en aquella casa, la larga siesta. Como a las seis de la tarde, salió a dar un paseo por el barrio. Le encantó. Callecitas de tierra, silencio, árboles desconocidos para él, bajos y coposos junto a las veredas. Silencio. Tranquilidad en las gentes. Jóvenes y mayores conversando distendidos en las veredas, frente a mesitas de madera o metal. En las que se veían platitos con queso cortado en cubos, fiambres, masitas, pan, gabetas de maderas, pavas y mate.

Dos días después, apenas terminó el desayuno, le avisaron que en la sala principal de la casa lo esperaba su guía. Eran las ocho de la mañana. Eric sintió una agradable corriente de entusiasmo. Fue hasta su habitación sólo para retirar el pequeño maletín.

El hombre en la sala era un joven muy bello. Camisa ocre, bombacha militar, botas. Sobre el grueso cinto de cuero, junto a la gran hebilla, llevaba cruzada una cartuchera, de la cual se veía salir la culata del revólver.

-Qué tal, amigo. ¿Ya está listo para partir? - saludó estirando su mano y fijando en los de Satie sus transparentes ojos verdes.

-Estoy listo... señor...

-Mi nombre es Brígido Carreras -avisó el joven con voz gruesa. Afuera esperaban dos caballos. La distancia no era muy larga. Llegarían esa misma noche.

A unos cien metros vieron dos jinetes, que parecían esperar junto a la ruta. Declinaba ya la oración y los objetos se difuminaban.

-Pare un momentito -escuchó Satie que Brígido le decía. Lo vio entonces quitar del costado un instrumento que reconoció como las boleadoras. Sin apuro, el joven fijó uno de los extremos anudándolo en el cabezal de su montura. Luego extrajo un facón reluciente de la vaina que llevaba, también sobre su cinto, fijada en la espalda. El francés se sintió repentinamente aterrorizado. Como adivinándolo, Brígido lo tranquilizó.

-No se preocupe, amigo. Esto se va a terminar rápido y a usted no le va a pasar nada. Vamos ahora...

Dos hombres vestidos de negro salieron a su encuentro. Se cruzaron sobre la no muy ancha senda pedregosa. Sus caballos caracoleaban. Eran jóvenes, parecían muy fuertes. Ostentaban una elegancia inesperada. Camisas blancas con cuellos bordados bajo chalecos negros de terciopelo. Rastras y espuelas de plata.

-Por acá no se puede pasar... -dijo uno que llevaba en su mano el revólver desenfundado. -Son campos de propiedad privada.

-Somos huéspedes de don Moisés Carol -le aclaró Brígido. Pero el guardián respondió:

-Don Moisés Carol no tiene autoridad aquí.

Entonces con un movimiento velocísimo que a Satie lo estremeció, Brígido derribó al que llevaba el revólver de un bolazo en la sien. Como un refucilo lanzó el facón hacia la frente del otro, que cayó, también, agarrándose la frente de donde brotaba abundantemente su sangre.

Satie estaba a punto de desvanecerse; su asombro llegaría al colmo cuando viese que los caballos de los otros desaparecían y los hombres derribados por Brígido se metamorfoseaban... Convertidos en oscuras bestias, semejantes a cerdos peludos, huyeron berreando. Y se perdieron entre los matorrales y la oscuridad.

Don Moisés Carol también tenía ojos verdes, algo diluidos por la edad. Debía de ser un hombre como de ochenta años.

-Los llevaré enseguida a la casa de los ulalos... ellos se muestran únicamente en dos horarios, por las noches y a la siesta... -explicó el anciano.

Se internaron los tres a caballo, por un senderito en el cual cabían sólo en fila de a uno. Satie percibió que descendían, aunque levemente. Al fin llegaron a un tupido lugar del bosque, en el cual, después de pasar por una especie de hueco entre las enredaderas, se internaron, a pie, por un largo corredor donde las paredes parecían haber sido hechas sólo con apretada vegetación.

Entraron a un espacio redondo, amoblado con estantes, sillones y mesas de piedra, iluminado por antorchas sobre las paredes, también de piedra gris. En su centro, tras una mesa, estaban dos pequeños seres que a Satie le provocaron un sobresalto.


En sus cabezas calvas había ojos, narices -nimias- boca y bajo su mandíbula tenían delgados cuellos. También sus delgados torsos se extendían en brazos largos por los costados, con manos delgadísimas, de delicados dedos "como de pianistas" apreció el francés. No parecían humanos, sin embargo. Bajo las camisas de sarga se veía una piel grisácea, con tonalidades amarillas y verdes, que jamás conociera antes.

-Él es Eric Satie -indicó don Moisés Carol a los extraños seres.

- ¡Bienvenido! -contestó uno de ellos: - ¡Lo esperábamos!

Satie sintió una corriente de alegría interior que le pareció provenir directamente de esa voz, que más bien parecía transmitirse directamente por los pensamientos a su cabeza.

-Nosotros somos Sapa y Anyo. Ulalos. ¿Puedo tocar su mano?...

Satie se la extendió.

El ulalo cerró sus ojos al tomarla. Mantuvo entre sus dos manos la mano derecha de Satie y luego de unos cincuenta segundos exclamó:

- ¡Mmm...! ¡Usted es un hombre muy refinado!...

Así fue el primer encuentro de Eric Satie con los ulalos. El 27 de agosto de 1918 en Sinchi Caña, Santiago del Estero.

Luego de pernoctar en lo de don Moisés, regresaron con Brígido a la ciudad. Fuente: www.facebook.com/juliocarreras.escritor

jueves, 5 de febrero de 2026

La 7 de Abril: El enigma detrás de la "madre de las zambas"

Don Pedro Evaristo Diaz

En el vasto universo del folclore argentino, pocas piezas despiertan tanta fascinación y misterio como "La 7 de Abril". Considerada la madre de las zambas "de tres vueltas" o zambas largas, su estructura de 36 compases y su melodía final diferenciada la convierten en una joya técnica. Pero más allá de su música, lo que realmente cautiva es la densa niebla que rodea su origen y su nombre.

¿Por qué "7 de Abril"?

Aunque la fecha fue instituida como el Día de la Zamba en honor a esta obra, el motivo real del título sigue siendo objeto de debate. Existen tres grandes teorías que mezclan la sangre, el progreso y el corazón:

La huella histórica: Se dice que homenajea a la localidad tucumana de "7 de Abril" (ubicada en el límite con Santiago del Estero). Allí, un 7 de abril de 1840, se inició el pronunciamiento de la "Liga del Norte" contra Juan Manuel de Rosas.

La llegada del progreso: Otros sostienen que el nombre celebra la llegada del ferrocarril al pueblo, ocurrida en la misma fecha pero del año 1908.

El drama del Juez: Una versión romántica cuenta la historia de un joven rico que, tras recibirse de abogado y ser nombrado juez, debió enfrentar su destino más cruel: casar a la mujer pobre que amaba con otro hombre. Se dice que la letra de Pedro Evaristo Díaz y la de Domingo Lombardi nacieron de este dolor.

Una autoría en disputa

¿Quién fue el verdadero creador de esta melodía que hoy todos silbamos? La lista de pretendientes es larga y revela la rica tradición oral de nuestra tierra:

Andrés Chazarreta: Fue el primero en registrarla en 1916 tras escucharla de músicos populares santiagueños.

Los autores anónimos: Investigadores como Isabel Aretz apuntan a que el verdadero autor fue "El Ñato" Carrillo, un violinista tucumano que falleció en 1911. Otros nombres que resuenan en las cuerdas del arpa son Agenor Reynoso y el "Ciego Chaza".

La injusticia de Don Pedro

Aunque la versión más popular en las peñas es la de Pedro Evaristo Díaz, la historia nos deja un sabor agridulce: Don Pedro nunca pudo cobrar por su autoría. El destino decidió que su obra fuera de todos, menos de él en los papeles.

"La 7 de Abril" no es solo una danza; es un rompecabezas de la identidad del NOA, una zamba que se baila con la elegancia de la historia y se canta con el misterio de lo que nunca se llegará a conocer del todo.

Referencia: Basado en el libro inédito "Historia del cancionero folclórico santiagueño" de Omar "Sapo" Estanciero.

Manuel Gómez Carrillo: Publicó una versión musicalmente distinta en 1923, sobre la cual trabajaron figuras como Leda Valladares y la poetisa Blanca Irurzun."LA 7 DE ABRL" (Pedro Evaristo Díaz/Andrés Chazarreta)

Triste y con pena me voy// voy cantando está canción// buscando consuelo en esta zamba// porque me ha pedido el corazón.

Lejos se escucha una voz// mientras dice en si cantar// en aquella noche silenciosa// dando fuerte alivio a mi pesar.

Otros andarán por ahí// igualito como yo// cantando triste mis penas// zamba con mi canción.

Como el perfume de flor// suave, acompasados son// has hecho bailar a muchos criollos// haciendo vivir la tradición.

Tu melodía quizás// siempre ha sido para mi// hace muchas noches he soñado// y así te nombre 7 de abril.

"LA 7 DE ABRIL" (Domingo Lombardi/ Andrés Chazarreta)

La zamba 7 de Abril// vamos vidita a bailar// obligando gracia a tu perfil// y encendiendo amor es tu mirar// con tu pañuelo ya gentil// y como queriéndote alejar.

Una encendida pasión// aceptó encanto sentir// dando una esperanza al corazón// porque tu desdén hace sufrir// no me quites mi alma está ilusion// porque sin ella no podré vivir.

Criolla labios como flor// la que el sol besó al pasar// y brindas las dulzuras// de algarroba y de chañar// no hagas la desventura// de quien te sabe amar.

Quiero volverte a cantar// en esta zamba mi dolor// al ver si por fin puedo alcanzar// y ser dueño de tu corazón// u en el pañuelito he de expresar// al rodear tu pecho mi intención.

Sobre tu frente pondré// una corona triunfal// con amor constante y leal// un liviano paso seguiré// y en tu pollerita de percal// flores de mi sierra pondré.

Va está zamba a terminar// dando tregua a mi dolor// de negarme un consuelo// mi alma tendrás valor// y a tus pies mi pañuelo// rindo en prueba de amor.

"LA 7 DE ABRIL" (Leda Valladares/Manuel Gómez Carrillo).

Vengan al cerro a escuchar// como canta el montaraz // clava su baguala en pleno cielo// con un alarido de horfandad.

Quien sale al campo a llorar// las vidalas del amor// queda engualichado bajo el monte// y entre los quejidos del tambor.

Zamba de largos sauzales// fiel rescoldo del peón// que tu pañuelo al aire// nunca nos diga adiós.

Que lindo es dejarse estar// bajo un viejo quebrachal// cerca de las grandes salamancas// resollando todo el carnaval.

Nadie se quiere morir// sin gozar el carnaval// sin echar la entraña de  su canto// en el vuelo del polvaredal.

Zamba de triste follaje// resolana del cantor// que  tu pañuelo al aire// nunca nos diga adiós.

La Siete de Abril: SIETE DE ABRIL- M. GOMEZ CARRILLO-BLANCA  IRURZÚN.

Sol de abril en Tucumán
Mil deseos de volar
Con sus madreselvas perfumadas
Y con su luz clara el rosedal
Enfrentando a Juan Manuel de Rosa
El jazmín de Tucumán


Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán


Canto de un 7 de abril
Luminoso y soñador
Haber la esperanza tucumana
Libre la mañana su esplendor
Hay un envainar de resbalosas
Ya universal restaurador


Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán

(Gentileza de Rubén Chamorro)

OMAR SAPO ESTANCIERO


domingo, 1 de febrero de 2026

Santiago del Estero, la cuna del vino argentino

En 1556, cinco conquistadores y un grupo anónimo de indígenas se embarcaron desde Santiago del Estero en una misión que parecía casi imposible. Su travesía, atravesando desiertos, “tierras de guerra” y cumbres heladas, no solo trajo consigo a un sacerdote. En sus cargamentos, escondía el germen de una industria que marcaría el rumbo de una nación: las primeras plantas de vid.



Imaginen la escena: Santiago del Estero, 1556. Una joven aldea, la primera ciudad argentina, lucha por establecerse en un vasto y desconocido territorio. Entre las muchas carencias, hay una que resulta crucial para la vida espiritual de esta incipiente comunidad: la falta de un sacerdote que oficiara los ritos católicos. Esta necesidad urgente desatará, sin que sus protagonistas lo sepan, un viaje épico cuyo mayor tesoro no será un hombre de fe, sino unos frágiles sarmientos que transformarán para siempre el paladar y la economía del futuro país.

Desarrollo narrativo:

La historia, que se encuentra documentada en papeles oficiales de la época citados por el medio El Liberal, comienza con una decisión valiente. Los habitantes de Santiago, que dependían de la lejana capitanía de Chile, organizaron una expedición para cruzar el continente en busca de un religioso. A finales de ese año, cinco conquistadores españoles partieron, acompañados –como destaca la crónica– por guías y porteadores indígenas “sin los cuales el recorrido hubiera sido imposible”, aunque sus nombres se han perdido en el olvido de los registros.

Tres décadas más tarde, un testigo describiría esa ruta con una elocuencia que eriza la piel. Habló de “caminos extremadamente difíciles de cordilleras nevadas, con un frío intenso y desolados”, un trayecto “de todo extremo y peligroso”. Relató una imagen dantesca: “una gran cantidad de indios muertos, helados, enteros y sin corromperse, gracias al intenso frío”, junto a los caballos muertos de la expedición de Diego de Almagro. Era una travesía donde se jugaba la vida.

Después de atravesar territorios hostiles de los lules y calchaquíes y cruzar la majestuosa cordillera de los Andes, la comitiva llegó a La Serena, en la costa chilena, a principios de 1557. Allí, el éxito superó todas las expectativas. En su regreso, no solo trajeron al fray Juan Cidrón (o Cedrón), sino algo que resultaría invaluable: “semillas de algodón y plantas de viña”. Este cargamento vegetal fue “de mucho provecho”, según los documentos, ya que en la región solo se cultivaba maíz. Así, quedó oficialmente registrada la llegada más antigua de la vid al actual territorio argentino.

La semilla que se convirtió en viña

Desde esa “madre de ciudades” que fue Santiago del Estero, la vid comenzó su lenta pero firme expansión. A medida que se fundaban nuevas ciudades en la Gobernación del Tucumán, los sarmientos viajaron con fundadores, soldados y, sobre todo, con los misioneros. Para el siglo XVII, ya había producción de vinos y aguardientes en La Rioja y Córdoba. La tradición, como indican las fuentes, atribuye a los jesuitas la introducción de vides en Salta, traídas desde Perú y el Alto Perú.

Pero la historia del vino en Argentina tiene más de un solo prólogo. Mientras en el Noroeste se afianzaba la vid “santiagueña”, otra puerta de entrada se abría en el este. Asunción del Paraguay, conocida como otra “Madre de Ciudades” del Litoral, comenzó su producción vitivinícola bastante temprano, probablemente con cepas que llegaron por el Atlántico. Para 1573 –el año en que se fundaron Córdoba y Santa Fe–, Paraguay ya producía alrededor de 6000 arrobas de vino, y medio siglo después contaba con más de un millón y medio de plantas. Sin embargo, con el tiempo, esta vitalidad se fue desvaneciendo, hasta el punto en que Paraguay empezó a consumir vinos de Cuyo, la región que, décadas más tarde, se convertiría en el corazón vitivinícola del país.

Los otros padres fundadores: Valdivia y el primer viñedo mendocino

La historia del vino argentino también se teje con otro nombre emblemático: Pedro de Valdivia. Según cuenta la tradición histórica, este conquistador, tras fundar Santiago de Chile en 1541, cruzó la cordillera y llegó a la región de Cuyo en 1551. Allí, en lo que hoy conocemos como Mendoza, habría establecido lazos con los pueblos huarpes y, lo más importante, plantado el primer viñedo de la región, unos años antes de la famosa epopeya de Cedrón. Este acto pionero, aunque menos documentado que su viaje a Chile, sienta las bases míticas de la vitivinicultura cuyana. Más tarde, en 1561, Pedro del Castillo fundaría formalmente la ciudad de Mendoza, consolidando el lugar desde donde, siglos después, surgirían los vinos que conquistarían el mundo.

La próxima vez que levantemos una copa de vino argentino, vale la pena recordar que su historia no se reduce solo a la tierra fértil o al sol radiante. Se encuentra en el frío implacable de un paso montañoso, en la tenacidad de unos viajeros anónimos –españoles e indígenas– y en el pragmatismo de colonos que, ante todo, buscaban un refugio espiritual. Esa primera viña en Santiago del Estero, surgida de una odisea, fue la semilla de un mapa vitivinícola que se expandiría por el Noroeste, el Litoral y que hallaría en Cuyo su tierra prometida. Así, la historia del vino argentino es también la historia de un riesgo extremo, de un intercambio cultural forzado pero profundo, y de una pequeña planta que, contra todo pronóstico, encontró en estas tierras no solo un hogar, sino una identidad poderosa. En definitiva, la copa que sostenemos contiene mucho más que un simple líquido: guarda la memoria de un viaje fundacional.


Mañu Luna, El último silbido del río dulce

 




En el mapa afectivo de Santiago del Estero, existen nombres que dejan de pertenecer a una familia para transformarse en patrimonio de la memoria colectiva. Manuel Aníbal “Mañu” Luna, nacido aquel 29 de mayo de 1928, fue uno de esos hombres cuya vida se tejió con los hilos de la identidad más profunda: el fútbol, el río y la hermandad del barrio.

Hijo dilecto del Barrio 8 de Abril, Mañu vivió frente al Club Atlético Mitre, en la calle Francisca Jacques. Aquella cercanía no fue solo geográfica, sino sentimental; su estirpe estuvo ligada para siempre al "Aurinegro", donde brilló como un jugador notable, dejando un legado que continuaría en las canchas con sus hijos y nietos —nombres como Musha y Bombón—, quienes heredaron su destreza y su pasión por la redonda.

Un hogar de puertas abiertas

Pero la verdadera mística de los Luna se cocía a fuego lento en la intimidad de su casa. Junto a su compañera de vida, María Sara Véliz, Mañu fundó un hogar que fue, durante medio siglo, un templo de la hospitalidad. Allí, entre 18 hijos y el bullicio de una familia numerosa, se cultivó el rito de la amistad.

Mañu era un "challuero" de alma, un pescador que conocía los secretos y las correntadas del bravo Río Dulce como quien lee las líneas de su propia mano. De sus aguas extraía el sustento y el deleite: bagres, bogas y dorados que Sara transformaba en manjares. Aquella casa se convirtió en una posta obligatoria donde músicos, poetas, deportistas y turistas se sentaban a la mesa para compartir una sopa de bagre o un chupín, borrando las jerarquías en una comunión de cuentos, guitarras y madrugadas.

El mito en la canción y la palabra

La figura de Mañu Luna fue tan potente que desbordó la realidad para instalarse en el cancionero popular. El gran Alfredo Ábalos, con versos de Oscar Valles, inmortalizó su estampa en la chacarera "Mi barrio 8 de Abril", recordándolo como el proveedor de esos bagres que Sara sabía cocinar para los "changos" del lugar.

Incluso por encima de las rivalidades futbolísticas, el afecto hacia él era unánime. Vicente "Morenito" Suárez, ferviente hincha de Central Córdoba, le dedicó su pluma en "Para Mañu Luna", retratándolo con la caña al hombro, silbando bajito un gato o una chacarera mientras miraba la costanera, esperando el pique del dorado bajo la luz del naciente. Asimismo, Miguel Brevetta Rodríguez y el músico Tomás Lescano celebraron en un gato su figura humilde y necesaria, aquel hombre que "chimpaba" las lagunas para calmar la hambruna con los tesoros del río.

El legado del pescador

Mañu no solo fue el hombre del río; fue también un trabajador respetado en la Escuela Manuel Belgrano, donde su bonhomía le ganó el respeto de toda la comunidad educativa.

Su partida física, el 5 de julio de 2000, no logró silenciar el eco de su nombre. Mañu Luna permanece vivo cada vez que alguien cruza el Misky Mayu, cada vez que suena un bombo en el 8 de Abril y en cada plato de comida criolla compartido con un desconocido. Fue, en esencia, el símbolo de un Santiago que se resiste al olvido: un hombre que supo hacer de la sencillez un arte y de la amistad una religión.

Fuente: Extracto del libro inédito "Biografías de Folcloristas Santiagueños, Segunda Parte", de Omar "Sapo" Estanciero.

sábado, 31 de enero de 2026

Los Cabezones: el bar donde Santiago latía al ritmo de la amistad y el arte

En la vereda de la bohemia perdida, un reducto en Independencia 187 se convirtió en el corazón cultural de una provincia. Fue bunker de poetas, refugio de músicos, estación de trenes para almas creativas. Esta es la historia del bar-café que nació sin nombre y se hizo leyenda.

 


Santiago del Estero, cuna milenaria de folclore y artistas, ha visto nacer y morir escenarios de leyenda. Primero fue el mítico "Bar Casino" o "Rincón de los Artistas", que durante casi tres décadas congregó a la bohemia. Pero cuando sus puertas se cerraron en 1976, un silencio incómodo se adueñó de las noches. Hasta que, en 1983, como respondiendo a un llamado de la tierra, dos hermanos encendieron las luces de un nuevo refugio en Independencia 187. Un lugar al que los propios parroquianos, con cariño y complicidad, bautizarían para siempre: "Los Cabezones".

No hubo cartel luminoso que lo anunciara, pero la fama del bar-café de los hermanos Alberto "Ari" y Ramón Paz se extendió como un reguero de pólvora cultural. Lo que comenzó como un local para leer el diario o compartir un café entre amigos, se transformó paulatinamente en el bunker indispensable de la cultura santiagueña y nacional. Sus mesas fueron testigos de la alquimia única que se da cuando el terruño se abre al mundo.

El reconocimiento oficial llegó en 2006, cuando el entonces Secretario de Cultura de la Nación, Jorge Núñez, lo eligió para lanzar el ciclo federal "Café, Cultura Nación". Ese sello fue el impulso que consolidó su epopeya. Por su pequeño escenario y sus rincones desfilaron un mosaico deslumbrante: la voz de Ernesto Sábato se mezcló con la guitarra de Liliana Herrero; la lucidez de Osvaldo Bayer y Juan Mascaró en cine-debate compartió espacio con los pasos de Juan Carlos Copes; el rock de David Lebón resonó junto al jazz de Pablo Tozzi. La plástica dejó su huella literal en las paredes, con obras de Rafael Touriño o el retrato de Alfredo Ábalos que el artista jujeño Guadalupe "Michi" Aparicio dibujó con ceniza y vino.



Era un lugar sin jerarquías, donde poetas como Selva "Pocha" Ramos o Alberto Tasso recitaban versos mientras sonaba una zamba de Chacho Echenique. Las noches de función completa eran leyenda: "Hubo noches que cerraban las puertas porque no cabía un alfiler", recuerda la crónica, y los rezagados escuchaban el recital desde la vereda, convertida en platea libre.

En 2008, como había ocurrido con su antecesor, "Los Cabezones" apagó sus luces definitivamente. Y con él, se fue un pedazo del alma colectiva. La metáfora popular lo dice claro: "Llora el kakuy en la rama, gime el crespín, la Salamanca cerró su cueva y el santiagueño quedó en orfandad cultural".

Pero los lugares que verdaderamente laten en el corazón de la gente nunca mueren del todo. Lo sabía bien el poeta Chilalo Jiménez, quien en una carta publicada en 2008 elevó un sentido homenaje al bar de los hermanos Paz. Para él, y para tantos habitués, "Los Cabezones" no fue solo un espacio público. Fue un "lugar interior", una "estación de trenes" de afectos, un "brasero crepitado de amigos" donde se ejercitaba, por sobre todas las cosas, la camaradería.

Hoy, en la puerta de Independencia 187, no hay una placa que recuerde la epopeya. Solo queda el reclamo silencioso de quienes extrañan "el cielo presto, el canto estable que incendia los sentidos". La historia de "Los Cabezones" es la prueba de que los verdaderos templos culturales no se construyen con ladrillos, sino con abrazos, versos sueltos, acordes y la calidez de un café compartido contra el olvido. Un fueguito que, aunque apagado, sigue ardiendo en la alacena del alma de toda una provincia.

Fuente: Información histórica y testimonial recopilada a partir de crónicas y la carta pública de Chilalo Jiménez (2/3/08, Tucumán), en referencia al bar-café cultural "Los Cabezones" de Santiago del Estero. Archivo de gráfico de Omar Sapo Estanciero.

viernes, 30 de enero de 2026

La casa de don Arsenio Salazar

 


Bajo la sombra de un algarrobo de más de un siglo de vida, un grupo de folcloristas, desde 1996 hasta 2003, en el mes de julio, se reúne para celebrar el homenaje de: "La Fiesta del Árbol Folclórico" en la casa de don Arsenio Salazar (1895-1952) en calle La Plata 717, quien fue promotor social y cultural; dirigente de la Asociación Pro Fomento y Cultura del Barrio Norte (hoy Barrio Alberdi), cuyo Parque Norte, lleva su nombre.

El referente y promotor de este homenaje es Julio Rodríguez Ledesma, músico, autor, compositor, conferencista de folclore, quichuista.

"El algarrobo es el árbol del pan, de la vida; de él sacamos el patay y la aloja".

El hijo de don Salazar, lo alentó a Julio Rodríguez Ledesma para organizar este movimiento cultural que guarda en su memoria lo vivido en ese patio.

Ese añoso árbol guarda en sus entrañas el sonido de las guitarras de Atahualpa Yupanqui, Eduardo Falú, soco y cachilo Díaz, Jaime Dávalos, Horacio Guarany, las mudanzas de Santiago Ayala "el chúcaro", la celestial música del arpa de Baltasar Gallardo, del mandolín de Pecos Rodríguez, entre otros.

Fueron sus iniciadores: "el pibe" Gerez (presidente), Óscar Mario "pelao" navarro, juan Carlos Soria Paz, Nardo Roldán, los hermanos castañares, los hermanos Jiménez, Silvina Caloso (estos 2 últimos venían desde Buenos Aires), entre otros más.

Fuente: Omar sapo Estanciero


El origen de la chacarera