viernes, 9 de octubre de 2026

LA CAPILLA DE MATARÁ

Foto publicada por El Liberal *

En la Villa de Matará, para Pascua, se celebran las fiestas en honor de la Virgen de los Dolores.

La capilla es antigua. Según una leyenda tallada en el dintel del marco, en la puerta principal, fue construida en 1760. Su aspecto, sin embargo, dice más que la fecha. En efecto, a uno y otro lado, se observan muros derruidos y montículos de escombros. Tres pilares de mampostería, sostienen el frontispicio sin torre. Y en lo alto, una cruz.

En el pequeño atrio, el viajero recoge la impresión que deja las cosas abandonadas. Años de vientos y lluvias han calado las paredes de adobe, anchas de un metro, y han producido en ellas grietas profundas. Por todas partes, señales inequívocas del tiempo. El frontispicio, desconchado. El revoque caído.

Las puertas que cierran la entrada son de algarrobo. El marco, con tallas de la época.

Al entrar, se percibe un olor de casa vetusta. La nave es amplia y larga. El techo, con cabriadas de quebracho que reposan sobre soportales labrados, es de un blanco sucio. Lo mismo que las paredes interiores, donde el salitre ha mordido los zócalos.

Recorremos la nave. Al fondo resplandecen en el suelo algunos cirios encendidos, Miramos en la penumbra. Un altar, desmontado en parte —los restos yacen por el suelo— de talla antigua, de un gran valor tradicional, con florones, volutas y querubes en alto relieve. Sobre la parte del altar que aún hace de tal, un crucifijo de plata oxidada. Sobre unas andas, la imagen de la Virgen de los Dolores, "patrona" de Matará, vestida de luto, y con una cara de blancura antigua sin retoques ni pinturas. Lleva en sus manos un rosario y una corona de espinas. Otra imagen, del Rosario, vestida de seda rosa, con su bastón y su Niño en brazos. Y varias imágenes más: un San José, una Virgen Purísima, una Virgen de la Candelaria, un San Miguel, un San Juan, una Santa Lucía. Miramos a una y otra parte. Un púlpito de color de tierra; dos escaños antiguos, probablemente de la época; un hermoso sillón de algarrobo blanco con asiento de cuero y de gran factura rústica y un Misal fechado en MDCCCLXXVII, con la siguiente dedicatoria: "A la capilla de Ntr. Sra. del Carmen, de la Brea, en la parroquia de Matará, su antiguo cura Laureano Perez Acevedo, Córdoba, 4 de agosto de 1882."

Según Don Gabino Ledesma, el viejo cancerbero del templo, las "fiestas grandes" se celebran en Pascua, con romería de peregrinantes, procesiones, bailes, músicas y "estruendos". Pero ya no se acuerdan más de la Virgen de los Dolores, ni de la vieja capilla.

Todo se va desmenuzando en polvo: templo, imágenes, costumbres, devoción, y los años cubren las cosas y las almas de soledad y tedio.

Salimos. Asoma un sol magnífico. El aire es puro. Miramos el viejo cementerio en el atrio de la iglesia. Cruces de madera y una cerca de alambre, "yuyos" y malezas. Y más allá, una pampa triste, sin vegetación. Sólo algunos viejos algarrobos centenarios coronados de una mata escasa de follaje. Y entre ellos, unos pocos ranchos miserables.

Extraido del libro: El folklore de Santiago del Estero – Orestes Di Lullo

* Capilla de Villa Matará, de la era Jesuítica, Foto de 1955 Colección de María Eugenia Di Lullo de Garay, fotógrafo no identificado, publicado por El Liberal.-

LA FIESTA DE TUAMA

 

Foto: El Liberal


Saliendo de Manogasta, después de atravesar un hermoso “bajo”, donde altos algarrobos y frondosos talas muestran la opulencia de sus follajes, se llega al “río viejo”, un brazo del Dulce, ya cegado por las arenas y la desviación de las aguas. En la misma barranca, que está profundamente orlada de talas que decoran la ribera, empieza Tuama, antigua población indígena de la época de la Conquista y muy anterior a ella.

Trasponiendo esta barranca, muy alta e imponente, ya unas cuadras de ella, se encuentra la capillita donde se venera la imagen de la Purísima Concepción, “patrona” del lugar, a mediados de diciembre, fecha en que un mundo de gente acude en peregrinación de los departamentos vecinos.

La capilla, rústica, pequeña y sencilla, es una pieza cuadrangular de material cocido con techo a dos aguas sobre cabriadas de quebracho. Su frente, enjalbegado, mira al cementerio que se extiende a sus pies entre alambradas. Más allá se divisa el talar de la barranca y por allá y por aquí, árboles centenarios, donde se guarece la gente de los rayos del sol.

Después de la misa, la Purísima es llevada en procesión. La acompaña San Antonio. Y entre banderas argentinas y adornos blanco-celestes y bombas, tiros y “estruendos”, la procesión recorre, a la vuelta, el cementerio, en cuyas cuatro esquinas hace una “parada”.

De espaldas al templo, después de la procesión, la Virgen hace su última estancia para que los fieles tomen gracia besando el ruedo de su vestidura. Durante la procesión se le cantaba, antes, “Nuestros Clamores” y al final, como despedida:

Adiós Reina del Cielo

madre del Redentor,

adiós prenda adorada

de mi sincero amor (CCI).

Luego, mientras se espera la llegada de los “indios”, la concurrencia se traslada a los bailes, instalados bajo el talar, a varias cuadras de la capilla. Son las 10 de la mañana. Se baila, se bebe, se canta, se viene. Hay un gentío apeñuscado en la sombra, entre el humo de las frituras y de los cohetes. Y se grita y se juega a la “taba”. Y más allá se pelea. Y por todas partes, en negocios improvisados, se oyen las notas de la música nativa.

Por fin, a las doce, se anuncia con “cornetas” la llegada de los “indios”. Y se escucha en todos la palabra de la espera ansiosa: “¡Ya vienen, ya vienen!”. Por un momento cesa la música, cesa el baile y todos escrutan la lejanía, hacia “Las Higueras”, lugar de donde han partido los corredores. Allá, se divisa el polvo que levantan los “indios”. Bajo el sol que quema, azotándose las piernas con una rama de algarrobo, llegan hasta la capilla, se postran y después de cumplir la promesa, retoman la carrera hasta el lugar de la fiesta donde son agasajados. Los “indios” son: Olegario Galván, Alfonso Caravajal, Gerásimo Corvalán y Liberato Caravajal, todos vecinos del lugar que, de este modo, reviven una antigua tradición indígena.

Después de la carrera, los corredores son sajados en las venas de la pierna con un cortaplumas.

Antes —nos cuenta doña Candelaria Coronel— había más devoción. “Los indios sabían mear la tierra antes de salir, señor, y al volver, pa acercarse a la Virgen, sabían caminar de rodillas”. Se acostumbraba, también, a llenar de roscas de pan la caña de la “corneta” con que se tocaba. Este instrumento, todavía usado en ciertas solemnidades religiosas, consiste en una larga caña hueca, a cuyo extremo se aplica un cuerno. Produce un sonido bronco y cavernario (CII).

Extraido del libro: El folklore de Santiago del Estero – Orestes Di Lullo

La Rubia Moreno y La Tigra: dos mujeres, dos bandos y una batalla que las unió en la historia

 




En las guerras civiles argentinas del siglo XIX, dos mujeres de orígenes muy distintos quedaron enfrentadas por sus ideas políticas. Santos Moreno, la célebre Rubia Moreno, y Dolores Díaz, conocida como La Tigra, tuvieron participación en la batalla de Pozo de Vargas, en 1867. Sus destinos fueron diferentes, pero ambos dejaron al descubierto una parte poco contada de aquella historia: el lugar que ocuparon las mujeres en los conflictos por el poder.

Hay nombres que sobreviven en los libros de historia y otros que siguen andando por los caminos de la memoria popular. En Santiago del Estero, Santos Moreno, la Rubia Moreno, pertenece a estos últimos. Su figura quedó asociada a una pulpería junto al río Dulce, a una falda roja, una vincha y un puñal. La zamba que le dedicaron terminó de convertirla en personaje familiar para varias generaciones de santiagueños.

Mucho menos conocida es Dolores Díaz, apodada La Tigra, una mujer que tomó partido por el federalismo y acompañó las montoneras de Felipe Varela. La historia de ambas aparece en el artículo Mujeres en pugna: la Rubia Moreno y la Tigra, del escritor Juan Carlos Serqueiros, publicado en el blog Esa vieja cultura frita. Allí se reconstruyen sus trayectorias y su participación en uno de los enfrentamientos más duros de las guerras civiles argentinas.

Sus vidas tuvieron un punto de encuentro en Pozo de Vargas, La Rioja, el 10 de abril de 1867. No hay certezas de que se hayan conocido personalmente. Lo que las reuniones fueron la guerra, aunque cada una llegó a ella desde un lugar diferente.

Santos Moreno, la pulpera del río Dulce

Santos Moreno habría nacido en Santiago del Estero en 1840. Los datos sobre su infancia son escasos, pero se sabe, según las reconstrucciones biográficas que circularon sobre ella, que pertenecía a una familia dedicada al comercio. Su padre tenía una pulpería situada cerca del antiguo camino de El Polear, en las proximidades del río Dulce, una zona de tránsito para viajeros, comerciantes y arrieros.

Tras la muerte de su madre, Santos comenzó a colaborar en el negocio familiar. Ese ambiente, frecuentado por hombres acostumbrados a los caminos ya las disputas de la época, habría contribuido a forjar su carácter.

La imagen que quedó de ella es la de una mujer de personalidad firme, capaz de hacerse respetar en un mundo dominado por varones. La tradición la describe con falda roja, el cabello sujeto por una vincha y un punal en la cintura. Conviene recordar que parte de esa estampa también pertenece a la construcción legendaria que el folclore hizo de su figura.

La Rubia Moreno simpatizaba con el liberalismo de los hermanos Antonino y Manuel Taboada, dirigentes que ejercían una poderosa influencia política en Santiago del Estero. Según Serqueiros, llegó a comprometer parte de los recursos familiares en apoyo de ese sector.

Su historia permite asomarse a una época en la que las pulperías eran mucho más que comercios rurales. Allí circulaban noticias, se discutía de política, se organizaban relaciones y se tejían lealtades. Quien manejaba uno de esos establecimientos podía tener una influencia considerable en su entorno.

La Rubia Moreno no fue una espectadora distante de la política. Su adhesión a los Taboada la colocó dentro de una trama de enfrentamientos que excedía las fronteras provinciales.

La Tigra, una mujer en las filas federales

De Dolores Díaz se conocen menos datos. Se desconoce con precisión dónde nació, quiénes fueron sus padres y en qué año llegó al mundo. Algunas versiones la consideran riojana; otras la vinculan con Catamarca. Su apodo, La Tigra, quedó asociado a un carácter decidido ya su participación en las fuerzas federales.

Su camino político fue distinto del de Santos Moreno. Dolores se incorporó a la montonera de Felipe Varela, el caudillo que encabezó una rebelión contra el gobierno de Bartolomé Mitre. En aquel tiempo, las provincias del interior cuestionaron el predominio político de Buenos Aires y la organización nacional impulsada desde el poder central. Las diferencias entre unitarios y federales seguían alimentando levantamientos, persecuciones y enfrentamientos armados.

La Tigra no aparece en los relatos como una figura decorativa que acompañaba a los combatientes. Según la reconstrucción de Serqueiros, actuó en la primera línea de batalla. Su intervención más conocida ocurrió cuando Felipe Varela quedó expuesto al fuego enemigo, después de que su caballo muriera durante el combate.

Dolores se acercó con su montura y ayudó al caudillo a subir. Varela consiguió escapar de una situación que podía haberle costado la vida. El historiador José María Rosa reconoció el episodio y destacó que el jefe federal había salvado la vida gracias a La Tigra.

El relato tiene la fuerza de una escena de guerra, aunque conviene distinguir entre la reconstrucción histórica y los detalles que las narraciones posteriores han transmitido. Lo que permanece es la imagen de una mujer que, en medio del combate, tomó una decisión que pudo cambiar el destino inmediato de uno de los principales dirigentes federales.

Pozo de Vargas: el día en que sus caminos se cruzaron

El 10 de abril de 1867, en las afueras de la ciudad de La Rioja, los ejércitos de Antonino Taboada y Felipe Varela se enfrentaron en la batalla de Pozo de Vargas. El episodio formó parte de las guerras civiles argentinas y de la rebelión federal conocida como la Revolución de los Colorados. La Cámara de Diputados de la Nación ha registrado el enfrentamiento como uno de los acontecimientos que marcaron la derrota de aquella rebelión.

El agua tuvo un papel decisivo. Las tropas de Varela habían recorrido una zona árida y llegaron agotadas y sedientas. Taboada había ubicado sus fuerzas junto al Pozo de Vargas, un reservorio que ofrecía una ventaja estratégica. La superioridad del armamento del ejército nacional también pesó en el resultado.

La batalla se prolongó durante horas. Los federales lanzaron cargas contra las posiciones enemigas, pero no lograron imponerse. Al caer la tarde, Taboada conservó el campo de batalla y Varela debió retirarse.

En ese escenario estaban las dos mujeres. La Rubia Moreno acompañaba al sector de Taboada, mientras La Tigra combatía con los federales. No se enfrentaron necesariamente cara a cara: sus historias quedaron entrelazadas por pertenecer a fuerzas opuestas en una misma batalla.

El resultado tuvo consecuencias personales para ambas. Según Serqueiros, el padre de Santos Moreno murió durante el enfrentamiento. Dolores Díaz fue capturada por las fuerzas vencedoras. La victoria militar había definido quién controlaría el terreno, pero para quienes sobrevivieron comenzaba otra etapa, marcada por las represalias y la incertidumbre.

Dos destinos después de la batalla.

Santos Moreno regresó a Santiago del Estero y continuó vinculado a su pulpería. Las versiones biográficas también le atribuyen una labor de ayuda a niños pobres y desamparados, a quienes habrían apadrinado. Su suerte económica, según Serqueiros, pudo verse afectada por la pérdida de influencia de los Taboada durante los cambios políticos posteriores a la presidencia de Mitre. No contamos con datos suficientes para reconstruir con exactitud todos los detalles de esa etapa.

Su nombre, de todos los modos, no desapareció. La zamba La Rubia Moreno, con versos de Cristóforo Juárez y música de Agustín Carabajal, contribuyó a mantenerla presente en el cancionero popular. La letra recupera la pulpera del camino, su falda roja y su carácter recio, y la sitúa en el paisaje del río Dulce.

La historia de Dolores Díaz tuvo un desenlace mucho más oscuro. Una carta fechada el 7 de febrero de 1868, firmada por Antonino Taboada y dirigida al juez de La Rioja Natanael Morcillo, informa que La Tigra había sido confinada, junto con otras cinco mujeres, en la frontera de Santiago del Estero. Taboada justificaba la medida como una decisión destinada a mantener el orden en La Rioja y señalaba que las mujeres no habían sido sometidas a juicio.

El documento permite comprobar que Dolores fue trasladada por decisión militar y que su situación quedó atravesada por las disputas políticas de la época. También revela el lenguaje con que las autoridades vencedoras describían a sus adversarios: mientras ellas hablaban de orden, a las mujeres vinculadas con la montonera se las presentaba como responsables de robos y desórdenes.

Después de ese registro, su rastro se vuelve incierto. No se conoce con seguridad dónde vivieron sus últimos años, cuándo murió ni dónde fueron sepultados sus restos. A diferencia de la Rubia Moreno, La Tigra tampoco quedó asociada a una zamba que mantuviera su nombre en circulación.

La historia que quedó fuera de los grandes relatos.

Hay una pregunta que atraviesa las vidas de estas dos mujeres: ¿qué lugar les ha reservado la historia argentina a quienes participaron en las guerras civiles sin ocupar los cargos de gobierno ni escribir sus propias memorias?

La documentación sobre Santos Moreno y Dolores Díaz es incompleta. Algunos detalles proceden de reconstrucciones posteriores y otros han llegado a través de la tradición oral. Por eso conviene evitar que las imágenes populares terminen ocupando el lugar de las pruebas históricas. La Rubia Moreno fue mucho más que la mujer de la falda roja, y La Tigra merece ser recordada más allá del episodio en el que salvó a Felipe Varela.

Sus historias también muestran que las mujeres tomaron partido, movilizaron recursos, participaron en los combates y sufrieron las consecuencias de las derrotas. En sus vidas se cruzaron las lealtades políticas, las diferencias sociales y una guerra que dejó heridas mucho más allá del campo de batalla.

Desde Santiago del Estero, la figura de la Rubia Moreno continúa viva gracias a la música y la memoria popular. La Tigra, en cambio, permanece en los márgenes, sostenida por documentos dispersos y relatos históricos que intentan recuperar su trayectoria.

Volver sobre ambas es mirar las guerras civiles desde otro ángulo. En Pozo de Vargas no se enfrentaron solamente dos ejércitos. También se cruzaron dos mujeres que eligieron bandos diferentes y pagaron, cada una a su manera, el precio de aquella decisión.

La historia de una se convirtió en zamba. La de la otra quedó suspendida en una carta militar. Entre ambas hay un capítulo de la Argentina del siglo XIX que todavía merece ser contado.

Fuentes consultadas

Nota editorial: las fechas biográficas, algunos episodios personales y el destino final de La Tigra no están documentados con la misma precisión que la batalla y la carta de 1868. El artículo distingue esos vacíos para no presentar como certezas datos que siguen siendo inciertos.

 

 

Don Cristóforo Juárez, el baluarte menos difundido de la bandeñidad

 



Familia e infancia

Fue una de las principales personalidades de la cultura santiagueña y de la región. Maestro, docente, escritor, poeta, investigador, periodista, deportista. Un hombre muy comprometido con las raíces de su tierra natal.

Nació en el paraje Cuyoj, en el departamento Banda, el 24 de julio de 1900. Sus padres fueron don Vicente Juárez y doña Rosario Páez Jerez. Fueron ellos los que advirtieron el desarrollo que tenía el gran pueblo Banda, y eso los llevo a instalarse más cerca de la floreciente ciudad. De esa manera se trasladaron al lugar denominado San Carlos, en el mismo departamento Banda. La familia estaba conformada por siete hermanos, cuatro varones y tres mujeres.

A los nueve años, Cristóforo quedó huérfano de padre. Fue su madre una matrona con fuertes principios cristianos, quien quedó a cargo de sus siete hijos.

Había heredado de su esposo varias hectáreas de campos, y con los frutos de la tierra crió y educó a sus hijos.

El docente

A los dieciséis años se recibió de maestro en la Escuela Normal de La Banda y su primer trabajo como docente fue en Verón, departamento Salavina. De esa manera y allí en relación con la naturaleza y su problemática, esa influencia telúrica de ese hábitat fue lo que trasuntó tiempo después en su obra. Allí captó el conocimiento profundo del monte santiagueño que luego afloró en el poeta y escritor.

Ya casado, junto con su esposa Clara Rosa Caporaletti se trasladó a Suncho Corral y en una escuelita de Azogasta, departamento Sarmiento, a orillas del río Salado, en plena región shalaca santiagueña, continuó su etapa como maestro, para luego trasladarse a la ciudad de La Banda, al barrio La Isla, donde se jubiló como director de su querida Escuela Nacional 409, que él mismo había acunado en su casa, donde vivía con su familia (1955).

Llegó a ocupar el más alto cargo que puede aspirar un docente en Santiago del Estero, fue presidente del Consejo General de Educación y también fue vocal de este estamento oficial.

Obra literaria

Su primer libro “Reflejos del salitral” data del año 1939, con dos ediciones más en 1951 y 1973. Se destacan allí, entre otros poemas, las vidalas restauradas y la poesía dialectal, subtitulada “Brazos de carbón”. En esa obra literaria, con prólogo del escritor, poeta, investigador y abogado santiagueño Bernardo Canal Feijóo, don Cristóforo rescata el valor de la soledad y el dolor por el misterio del monte: ”Me he bañado en la luz de sus lunas nevadas y he pasado corriendo, como sombra ligera de una nube lejana, sin dejarle mis rastros, sin dejarle mis lágrimas, tan salobres y amargas, que se estancan en mi alma como un gran salitral”.

Fue esta obra literaria la que le permitió a nuestro apasionado, respetuoso, sencillo poeta ingresar en ese prestigioso y recordado cenáculo de la historia literaria y política santiagueña: La Brasa.

Esta institución muy cerrada lo admitió en los últimos años de su existencia. Pablo Rojas Paz dijo de protagonista nuestro: “Los que entendemos su lenguaje telúrico llegamos hasta la esencia de su poesía de pueblo castigado, de alma sentada, de sol rajante, de ceniza caliente, de árbol con las raíces del aire…”.

En 1956 estrena con mucho éxito en el Teatro 25 de Mayo, su obra teatral “La Rubia Moreno”, un drama en tres actos y que fue repuesta muchos años después en 1984.

Don Cristóforo le dedicó como un auténtico eje de su obra un poema a “la Rubia Moreno” y además realizó una investigación histórica de la vida de esta mujer bandeña, Santos Moreno, y su actuación en las luchas por la Independencia provincial y nacional (publicada con estilo periodístico por el diario EL LIBERAL el 18/11/1979).

Después de algunos años, manifestó su obra con la edición de otra publicación literaria: “Cantares” (1972), allí incluyó chacareras, zambas, gatos, vidalas y coplas, muchas de ellas de carácter histórico y descriptivo (“Romance del Chasqui Venancio Caro” o “Pampa de los Guanacos”. Esta obra sirvió a muchos músicos y cantores para rescatar viejas letras del folclore poético. Allí nuestro poeta dice: “El hombre santiagueño está identificado con el paisaje que lo rodea por la copla, expresión simple y llana madura de elocuencia y de honda raigambre sentimental”.

En el año 1974 apareció “Llajtay” (pago mío), que es un estudio de carácter histórico-literario en prosa y en verso sobre los orígenes de La Banda, sus personajes, tradiciones, sus árboles, anécdotas de niño, el tren real que unía Buenos Aires con el norte. Ahí demuestra su valoración hacia lo que él consideraba su pueblo. “Absalón el cautivo”, “Carnavales bandeños”, “Los quebrachos colorados”, o sus relatos sobre Antajé, El Polear y Cúyoj, nos conceden a todos los santiagueños el conocimiento profundo de un indiscutible hombre de las letras santiagueñas que marcó el rumbo de esa expresión.

En 1979 nos entrega “La vara prodigiosa”, allí se muestra como un consumado autor de sonetos con entonación filosófica.

Y su obra póstuma “Coplas maduras”, editada por sus hijas y su familia en el año 2011, es una recopilación de varios textos que él no llegó a editar. Allí abundan sus poesías, varias inéditas, letras con métrica de chacareras, zambas, vidalas, todas con esa sangre santiagueña que brotó desde su corazón y que su familia rescató para que su obra perviva en la literatura y el cancionero popular folclórico.

 

Debemos acotar también que colaboraó con destacadas revistas literarias en nuestra provincia como “ Picada ” , “ Vertical ” y también en los prestigiosos “ Cuadernos de Cultura ” en los años setenta .

Su obra musical

Son innumerables los músicos y compositores santiagueños que fundamentaron con melodías sus textos literarios. Sus palabras fueron rescatadas y hoy conforman ese legado vernáculo donde aflora constantemente la esencia tradicional en simbiosis con el ser santiagueño y nacional.

Su primera obra registrada en Sadaic data del año 1964, un 24 de abril y es tal vez la canción que debe tener más versiones. Me estoy refiriendo a la chacarera “A la sombra de mi mamá”, con melodía de don Carlos Carabajal.

La familia Carabajal, tanto don Carlos como Agustín, Cuti y Peteco, fueron cautivados por la obra de don Cristóforo Juárez. Pero no fueron los únicos, debemos agregar a esa gran lista nombres prestigiosos del cancionero popular santiagueño de raíz folclórica como: Los Hermanos Simón, Alberto Pérez, Leocadio Torres, Los Hermanos Luis y Antonio Ríos, Orlando Gerez, Juan Díaz, Álvaro Capello, Eduardo Marcos, Hilario Pueyo, Manuel Augusto Jugo, Fortunato Juárez, entre otros, que en dúo autoral con don Cristóforo nos ofrecen presentaciones musicales de honda influencia musical y poética que se transformaron con el tiempo en cabales enseñanzas para las nuevas generaciones de músicos, cantores, poetas y compositores santiagueños y argentinos que cargan en sus destinos la herencia, convicción y propagación de un mensaje musical que representa la cultura popular de un pueblo.

Cristóforo Juárez pertenece a la especie de artistas esos de una meritoria labor como cronista de la historia, tradiciones y costumbres de su tierra natal, cimentando desde su lugar de escritor, autor, poeta, investigador y periodista, esa búsqueda de representar y dejar constancia de los hechos que marcaron el rumbo y la tradición cultural de esta provincia cuatro veces centenaria.

Por Miguel Coria para EL LIBERAL.

 


¿Se acabó la "reserva de talento" argentina? El duro diagnóstico sobre el colapso educativo

Por años vivimos con la idea de que en Argentina el talento sobra y se multiplica de forma natural. Sin embargo, los datos actuales muestran un panorama muy diferente: la máquina de formar mentes brillantes se detuvo y el sistema educativo no está en crisis, sino en colapso.




Siempre nos gustó pensarnos como un país de mentes brillantes. Nos llena de orgullo recordar a nuestros Premios Nobel, a los inventores, a los profesionales reconocidos en el exterior o a esa capacidad tan criolla de atar todo con alambre y salir adelante. Pero, ¿qué pasa cuando la fábrica de talento se queda sin insumos?

Para el especialista en educación Mariano Narodowski, la respuesta es contundente: el "stock de talento" argentino se terminó. Ya no estamos ante una crisis pasajera de las que se resuelven con un par de reformas; estamos frente a un colapso silencioso que amenaza el futuro del país.

La radiografía de un aula: números que duelen

Para entender la dimensión del problema no hace falta ser un experto en estadística, basta con mirar lo que pasa con 100 chicos que ingresan a primer grado: Solo 10 llegan al final de la secundaria a tiempo y con los conocimientos adecuados; De esos 10 afortunados, apenas uno pertenece a los sectores de menores recursos. Los 90 restantes quedan en el camino: o abandonan, o se atrasan, o se reciben sin comprender los textos fundamentales.

El mito de que la educación privada salva a las familias de esta realidad tampoco resiste los datos. Un alumno argentino del nivel socioeconómico más alto —que asiste a colegios con cuotas en dólares— rinde al mismo nivel académico que los estudiantes más vulnerables de países como España, Grecia o Turquía.

Si nos comparamos con la región en pruebas de comprensión lectora, el panorama es similar: los niveles de la primaria argentina hoy se asemejan a los de El Salvador o Marruecos.

¿Crisis o colapso? La diferencia que lo cambia todo

Solemos usar la palabra "crisis" para casi todo, pero en pedagogía la precisión importa. De una crisis se sale: se toca fondo, se reestructura y se vuelve a subir. Un colapso, en cambio, funciona como un auto empantanado en la arena: cuanto más acelerás, más te hundís.

Según el diagnóstico, el sistema actual atrapó a todos los actores en una red de burocracia e irresponsabilidad compartida: Gobiernos centralizados: Ahogan a las escuelas con directivas, protocolos y trámites que poco tienen que ver con lo que pasa dentro del aula; Directivos atados de manos: La función de un director de escuela se transformó en la de un administrador de papeles en lugar de ser un líder pedagógico; Docentes desconfiados: Trabajan bajo un esquema donde la enseñanza quedó en segundo plano frente al cumplimiento formal.

Al final del día, si los chicos aprenden o no, nadie se hace cargo.

La ilusión del "pasan todos" y el mérito desdibujado

Uno de los puntos más polémicos de los últimos años es la política de no repitencia en la secundaria. Nació con una buena intención: evitar que los chicos abandonen la escuela por repetir de año. Sin embargo, la solución terminó siendo peores que el problema.

Al eliminar la exigencia, la señal para los adolescentes es clara: hacer las cosas bien o no hacer nada da exactamente lo mismo. Esto no solo desmotiva a quienes se esfuerzan todos los días, sino que entrega títulos que perdieron su valor real en el mercado laboral y en la universidad. El problema de fondo nunca fue si se debe repetir o no, sino si los estudiantes están aprendiendo.

Jugar con el equipo que tenemos hoy

¿Cómo se sale de este terreno movedizo? Aunque muchos analistas sugieren rehacer desde cero la formación de los futuros docentes, esa solución llevaría más de 20 años en mostrar resultados. Y la urgencia es hoy.

La analogía futbolera resulta inevitable: si tu equipo está perdiendo el campeonato, no podés esperar a que las divisiones inferiores crezcan para ganar el partido del domingo. Tenés que salir a la cancha a mejorar el rendimiento de los jugadores que ya tenés en el plantel.

La prioridad inmediata debe ser devolverle el poder y la autonomía a las escuelas, respaldar a los docentes que hoy están frente a los alumnos y recuperar la exigencia académica como la principal herramienta de inclusión social. Sin educación de calidad, el talento deja de ser una certeza para convertirse en un recuerdo del pasado.

Un llamado a la reflexión

La charla con Narodowski deja una certeza inquietante: no alcanza con discursos bienintencionados ni con parches de ocasión. Si la Argentina quiere recuperar su futuro, necesita mirar de frente el colapso educativo y empezar a reconstruir las aulas desde sus cimientos.

Fuente: La Voz

 


miércoles, 7 de octubre de 2026

El asado argentino, entre la tradición y el cuidado del monte

 


El asado es una de esas costumbres argentinas que parecen intocables. Nos juntamos alrededor del fuego, ponemos la carne en la parrilla y esperamos mientras las brasas hacen su trabajo. Es una escena que se repite en miles de casas, patios y reuniones.

Pero hay algo de ese ritual que casi nunca discutimos: la leña.

El chef Santiago Blondel ha puesto el tema sobre la mesa. Nacido en la Patagonia y radicado en La Cumbre, Córdoba, ha cuestionado el uso del quebracho colorado como leña para preparar el asado.

Y acá conviene aclarar algo. Blondel no está cuestionando el asado ni pretende terminar con una tradición argentina. Su preocupación está puesta en el origen de la madera que usamos para hacer el fuego y en el impacto que puede tener sobre los bosques nativos.

"Se recomienda que la mejor leña para el asado es el quebracho colorado. Pero el quebracho colorado tarda 120 años en crecer y nadie lo resiembra. Es como matar una orca para servir una aleta y enorgullecerte de eso", ha dicho en declaraciones a Clarín.

La comparación puede resultar fuerte, pero plantea una pregunta bastante sencilla: si un árbol necesita décadas para crecer, ¿qué pasa cuando lo cortamos para convertirlo en leña y nadie garantiza que vuelva a crecer?

Ese es el punto que Blondel quiere poner en discusión.

De hecho, él mismo ha explicado que ama el asado y las tradiciones argentinas. "No estoy en contra del asado. Es más, amo mi país, amo el asado y amo las tradiciones", ha señalado en Cadena 3.

Entonces, ¿qué propone?

La idea es empezar a producir leña de una manera que permita mantener la costumbre del fuego sin poner en riesgo los bosques nativos. En otras palabras, seguir haciendo asados, pero prestar un poco más de atención a qué madera estamos quemando.

Y cuando se habla de bosques nativos, Córdoba aparece como un ejemplo que permite entender la dimensión del problema. Según la estimación mencionada por Blondel, en la provincia quedaría apenas el 2% del bosque nativo original.

Eso cambia bastante la mirada.

Porque cuando usamos una especie nativa para hacer fuego no estamos hablando simplemente de un pedazo de madera. Estamos hablando de un árbol que forma parte de un ambiente que ya ha sufrido una fuerte reducción.

La preocupación también alcanza al norte argentino. Blondel ha sido muy directo al referirse a la situación del Chaco: "Estamos arrasando Chaco".

Por eso plantea la necesidad de desarrollar una producción de leña sustentable y, además, de garantizar que esa leña tenga un origen legal.

"Necesitamos empezar a producir leña sustentable, como existe en otras partes del mundo, y leña legal, porque, al fin y al cabo, la leña que estamos consumiendo es totalmente ilegal", ha afirmado.

La discusión resulta interesante porque toca una parte del asado de la que casi nunca hablamos.

Cuando pensamos en una parrilla, solemos discutir qué corte comprar, cómo salar la carne, cuánto tiempo dejarla sobre las brasas o si conviene usar carbón. La procedencia de la leña suele quedar bastante lejos de esas conversaciones.

Pero la madera también tiene una historia.

Puede provenir de una plantación destinada a producir leña o de un árbol nativo que ha tardado muchas décadas en crecer. Desde la parrilla, probablemente las dos opciones se vean iguales. Para el ambiente, claramente no significan lo mismo.

Las declaraciones de Blondel han aparecido en la previa de La Cumbre Gastronómica, un foro que se realizará en Córdoba a fines de octubre y que ha sido impulsado por el propio chef. Allí, la relación entre gastronomía y ambiente será uno de los temas que estarán sobre la mesa.

Y la pregunta queda planteada.

¿Podemos mantener el ritual del asado y, al mismo tiempo, cambiar la manera en que conseguimos la leña?

¿Podemos disfrutar de un fuego bien hecho sin que detrás de esas brasas haya un bosque nativo que tardará décadas en recuperarse?

Tal vez la discusión no tenga que empezar en la parrilla. Quizás haya que empezar bastante antes, cuando alguien decide qué árbol cortar y qué madera convertir en fuego.

Porque detrás de un buen asado también puede haber una pregunta que hasta ahora hemos hecho muy pocas veces: ¿cuánto bosque estamos convirtiendo en brasas?

Sixto Palavecino: Quichuista Hasta La Medula

 



Lo encontramos en esos informales camarines de un club, cuando ensayaba con sus acompañantes en medio de pequeños grupos de cantores.

Algunos entonaban una zamba salteña.

Otros desparramaban la alegría de una chacarera picaresca.

Los más, se acercaban, invadían ese universo de sencillez y sabiduría que había creado don Sixto Palavecino. Violín y guitarras sonaban entre los muros de la mediatridá.

No queríamos apartarlo de lo suyo. Sin embargo, a don Sixto le fue fácil convenir una charla: todo lugar sirve si se tiene algo que decir.

"Nací en Barrancas, departamento de Salavina, hace 62 años", prevee con astucia antes de que le insinuáramos la pregunta.

Después, claro, precisamos saber su andar de chico, en el campo santiagueño.

¿Qué hacía? Todas las tareas del campo: cuidar cabras y ovejas, sembrar.

Aun recuerda deslumbrado la figura de su abuelo.

—Era músico. Conservo algunos versos que cantaba mi abuelo:

"Si tienes un buen amigo,
bríndale todo tu aprecio,
pero no le participes,
los secretos de tu pecho".

Y otros del patrimonio de Santiago:

"Cuando quiero quiero mucho
si me olvidan no me quejo
cuando me quieren dejar
antes que me dejen dejo".

Coplas de la amistad y del amor, rotundas, reflejos de principios de vida y de conductas a seguir. Ese dejo milenario que se percibe en Santiago.

"Mi abuelo tocaba chacareras, vidalas, gatos, escondidos. Tenía guitarra, acordeón y violín. Hacia los 10 años me incliné por el violín. Como no tenía posibilidades para comprarme uno, lo hice a cuchillo nomás."

—Don Sixto ¿hablaba en quichua y en castellano en ese entonces?

—Hasta los 9 años, sólo quichua. Recién a esa edad comencé a aprender castellano. En las escuelas no permitían conversar en quichua; en realidad, era despreciado.

—Pero usted lo siguió hablando...

—Era el idioma de nuestros mayores: yo quería que se hablara. A medida que fui creciendo y cono- ciendo, empecé a componer chacareras, vidalas y gatos en quichua.

—Hace pocos minutos lo escuché saludando a una persona en quichua.

¿Qué dijo?

—"Amasua, Ama Lulla, Ama Ckella". Es un saludo que significa "Ni ladrón, ni mentiroso, ni haragán". Los quechuas santiagueños se saludaban así.

—Sabemos que su preocupación ha sido recuperar el quichua en todas sus posibilidades como idioma vigente.

—Así es. Viviendo en el campo, mi deseo permanente era mantenerlo y, además, tener un programa radial dedicado exclusivamente a esa lengua. Domingo Bravo fue uno de los investigadores que más aportó en ese sentido.

—¿Hasta cuándo vivió en el campo de Santiago?

—Hace recién 17 años que vivo en la ciudad, fundamentalmente porque mis hijos querían estudiar y lo hicieron.

—Don Sixto ¿cuál es su medio de vida?

—Soy peluquero, ese es mi trabajo fuera de mi actividad musical y de mi tarea en la institución "Alero quichua", de la que soy uno de los fundadores. El "Alero quichua" está dedicado a impulsar, rescatar y difundir en todos los ámbitos los recursos, la riqueza y la vigencia del quichua. Sus integrantes estudian y colaboran con diversas entidades, hogares, escuelas, etc.

—¿Suele salir contratado como intérprete?

—Sí, actúo. Este año estuve en Cosquín en la noche dedicada a Santiago del Estero.

En pocos minutos llamaron a don Sixto al escenario. Allí lo esperaba el canto El suyo, el de "Llajta y Manta Llojserami", que dice del abandono de la querencia.

Sin embargo, para Sixto Palavecino fue solo por un día. Santiago lo reclamaba.

Fuente: Revista Folklore

LA CAPILLA DE MATARÁ