lunes, 21 de septiembre de 2026

Las dos versiones de la chacarera “La vieja”

 


Navegando por internet, siempre en cosas del pago, me encontré con dos versiones de la famosa chacarera "La vieja". No sé si alguna vez se pusieron a reparar en este asunto, creo que sí. La famosa chacarera de los hermanos Díaz, tiene dos letras, una que es la más famosa es la de Oscar Valles y que han grabado la mayoría de los intérpretes populares. Lo que no tiene discusión es que la música pertenece a los hermanos Julián y Benicio Díaz.

Esta chacarera trunca tiene dos títulos: La Vieja y Coplas para la más vieja de las truncas, en algunas canciones es "Coplas para la más vieja". Pero no es el único aspecto raro de esta lírica, llama la atención que los autores también cambian según el título.

Mientras que bajo el título de La Vieja, algunos le dan la autoría a Oscar "Cacho" Valles, otros de la adjudican a José Antonio Faro. Y con el título de "Coplas para la más vieja de las truncas" el autor siempre aparece, y no únicamente de la letra sino también la música, es Adolfo Abalos, que de hecho la grabo con ese título y la melodía es exacta a la de los hermanos Diaz.

Ricardo De Cicco escribió:

1) La única versión registrada en Sadaic de esta chacarera trunca lo está con música del Soco y Cachilo Díaz y letra de Oscar Valles.

2) Marcelo Simón en el sentido obituario que escribiera el 7 de Abril del 2003 para la agencia Telam titulado "Murió un Cacho de Argentina" decía : "...Una de las razones más claras por la que debemos agradecer su talento, es porqué redescubrió y completó las creaciones de los geniales salavineros Julián y Benicio Díaz...que permitieron mostrar al país y al mundo, fragmentos del dulcísimo lirismo de los campesinos de la mesopotamia santiagueña...".

3) Y el mismo Valles contaba públicamente que alguna vez estando en Santiago del Estero : "... Cachilo Díaz me pidió que le ponga letra a sus chacareras, y así nacieron La Humilde, La Amorosa, La Vieja y otras...". Estos dichos dichos pueden encontrarse en Internet.

4) Si bien como dice Sergio en el hilo anterior, el GVA y Los Huanca Hua grabaron la letra que escribe ahora, los propios Quilla obviamente, y el Chango Nieto, Los Nocheros de Anta, Los Tucu Tucu, Horacio Guarany y Tamara Castro por ejemplo (como para unir generaciones) grabaron la letra de Valles.

5) Valles tiene registrados con los Díaz o sólo con el Cachilo, 12 temas.

Los primeros son de comienzos de la década del 50, comenzando por la Mocha que fue el tema 16 registrado por Valles inmediatamente después de "Porque será que parece", le siguió La Humilde, el Ventajao (un hermoso gato grabado por Atahualpa con Los Quilla), y el 4to.fue La Vieja, su tema Nº 38 y registrado "ahí nomás" de Zamba de las Tolderías.

Es decir que más allá de sus propios temas como La Compañera (Ya compuesta para ese entonces) Valles iba poniéndole para la misma época, letra a Los Díaz y música a Buenaventura Luna. Y esto era mucho antes de las grabaciones de los Huanca y el GVA. Esto es lo que humildemente puedo aportar.

Que no cierra el debate pero creí interesante comentar.

Un abrazo.

La que es menos conocida o ha tenido menos difusión es la siguiente:

 

Esta chacarera es trunca
nacida en salavina
se ha criado en las guitarras
del Soco y Cachilo Díaz.

La tocaban en guitarra
en guitarra y bandoneón
mandolín guitarra y bombo
y así la recuerdo yo.

¡Salavina es un pedazo
de Santiago del Estero
es la tierra que más quiero
decía un salavinero!

Estribillo

Chacarera chacarera
¡la mas vieja de las truncas!
¡Por ahi tal vez te olviden
pero en Salavina nunca!
¡uy vidita con las truncas!
¡medio bravas por los demás!
aunque ariscas y cruzadas
churitas para cantar.

Si te dice algún amigo
¡tocamélo una trunquita!
hazle escuchando La Vieja
¡con alma y bien sentidita!
Una vieja y otra vieja
y otra vieja ya son tres
si las viejas son como esa
¡vengan todas de una vez!

 

La vieja (Chacarera)

Letra: Óscar Valles; Música: Julián y Benicio Díaz

 

Esta chacarera es trunca
alma y vida de Santiago
vieja como los coyuyos
que cantan allá en mi pago.
Sangre de salitre y canto
que corre por los esteros
polvareda, vino y farra
febril del salavinero.

Yo la traigo de mi tierra
donde el monte besa al cielo
hecha canto en mi guitarra
y la del "Soco" en el recuerdo.


        Estribillo


Todas la llaman la vieja
y algunos me la han copiado
pero esta es la verdadera
que baila todo Santiago.


Achalay mi chacarera
soncoy bulla de mi pecho
y rescoldo de las coplas
que cantaron mis abuelos.


Apenitas se la escucha
la sangre me cosquillea
y hasta se salen del alma
las penas y mudancean.


Compañera de mis noches
llamita de mis adentros
pa' alumbrar a mis paisanos
humildes pero contentos.


       Estribillo


Todas la llaman la vieja
y algunos me la han copiado
pero esta es la verdadera
que baila todo Santiago.

 

Aquí están las dos. ¿Cuál será la primera? ¿A cuál llamar la original?

Fuente: mileniomdq.blogspot.com.ar


domingo, 20 de septiembre de 2026

Marcelo "Cola" Ferreyra, en el recuerdo | El gran letrista evocado por su esposa Elva Jugo y su amigo Pedro Rojas Cuozzo

 Se decía coplero y no poeta. Del indescifrable territorio de su soledad trajo palabras musicales para las melodías que componían, entre otros, Onofre Paz, Carlos Carabajal, Carlos Leguizamón, Leocadio Torres, Cuti Carabajal, Hugo Torres, Shalo Leguizamón, sus coautores.



Nacido en un Santiago del Estero de otra época, buen bailarín, gran conocedor del folklore y de la historia argentina, activo hombre de letras, Marcelo Ferreyra es una figura fundamental en el diagrama de la música nativa.

Hablar con Elva Jugo significa ingresar a una marea de recuerdos que tiene que ver con un personaje apasionante: su esposo Marcelo Ferreyra, letrista de folklore santiagueño, hombre de la vieja guardia de músicos y artistas, fallecido en julio de 1992.

La notable capacidad de Marcelo como poeta, su gran visión de folklorista y la enorme cantidad de temas que dejó, son, de alguna manera, indicadores de un camino que deberán seguir, en algún momento, los que se dedican a la tarea de la canción.

Elva Jugo fue durante muchos años su compañera, en la vida y en las letras, y tiene la palabra encendida y clara a la hora de evocar al "Cola i'gallo", como se lo conoció a Ferreyra en el ambiente de los músicos. Esta mujer sencilla que es Elva, que habla con voz medida y sin altisonancias, publicada en 1995 a través del sello Phonodisc una grabación homenaje a su esposo. Son 10 canciones (cuyas músicas pertenecen en su mayoría a Elva) que evocan parte de la muy frondosa producción del escritor santiagueño.

Del lúcido recuerdo de Elva sale un concepto como éste: "Marcelo era extraordinario produciendo temas. Veía algo por la calle que le interesaba, un pájaro, una flor... y era como si entrara en otra dimensión. Cuando regresó, ya tenía completo el tema y me lo recitaba. Tenía una memoria y una facilidad increíble para eso" .

El "Cola" era, según evoca Elva, un hombre muy casero que casi no iba a las reuniones. Eran casi siempre infructuosos los pedidos para una fotografía o un reportaje que documentaran su memoria y su obra. No quería hacerlo. Ella le preguntaba el por qué; él respondió: "no tiene importancia lo mío, no tiene valor" .

Pero la obra del "Cola" sí que tenía importancia. Sus temas fueron grabados por primerísimas figuras del canto argentino (Chalchaleros, Manseros Santiagueños, Zamba Quipildor, Cantores del Alba, Los Santiagueños, entre muchos otros) lo cual confirma la trascendencia que su autor mismo, un hombre solitario y triste, les negaba.

Historia de amor y de vida

"El venía a mi casa -recuerda Elva- en calle Unzaga, entre Chacabuco y Patagonia, pues era amigo de una de mis hermanas. Curiosamente, allí no lo vi, no lo conocí. Estando en Buenos Aires, tras volver de un viaje de Bolivia adonde estuve establecido un tiempo, mis hermanas sugirieron ir a dar un paseo. Yo por entonces atravesaba una fuerte crisis de depresión por la enfermedad de mi padre. Entonces nos encontramos durante ese paseo, de noche y Marcelo se acercó a saludar a mi hermana. Ahí nos conocimos. Luego de esa vez nunca más nos separamos. Fueron 28 años. Finalmente compramos una casa en Glew, un pueblito lindo de la provincia de Buenos Aires, a 39 minutos de Constitución, que es el lugar en que vivo.

MI AMIGO TIENE UNA PENA / SOLEDAD, TIERRA Y QUIMERA / AUSENCIAS DEL PAGO VIEJO / AMORES, MADRE, QUERENCIA. / COPLERO DE CIUDAD Y MONTE / DE RAZAS DESHEREDADAS / PERO REVIVE EN TUS COPLAS / PUEBLOS, CAMPOS Y TU INFANCIA. / COPLERO DE LOS SILENCIOS / DEL AMOR, ALMA Y VIDALA / CANTANDO TUS DULCES ZAMBAS / VUELVO A MI TIERRA LEJANA. / MARCELO COPLA FERREYRA / SONCOY BULLA DE MI PECHO / HOY TE CANTA AGRADECIDO / ESTE CANTOR SANTIAGUEÑO.

"Coplas para un coplero", de Shalo Leguizamón y Germán Gómez, es una canción dedicada a la figura del poeta santiagueño. Es además una de las obras que inspiraron el recuerdo de quien fuera prolífico letrista (oficio que cuenta con prestigiosos nombres: Pablo R. Trullenque, Vicente Castiñeira, y siguen las firmas). "También Felipe Rojas -nos apunta Elva- le escribió un hermoso tema, lo que demuestra el cariño y el afecto con que se lo recuerda".

Pedro Segundo Rojas Cuozzo, historiador de vivencias santiagueñas, también tiene lo suyo para decir acerca de Marcelo "Cola i' gallo" Ferreyra. "Tenía la mirada puesta en la belleza del cielo santiagueño -comienza. Y como una forma de ejemplificar la inventiva de Ferreyra recurre a una anécdota: "en el barrio se ganaba la admiración de todos al hacer letras en forma de parodias en base a canciones conocidas. Luego ingresó en una academia de danzas y se lo distinguió por su elegancia para bailar la zamba. Tengo en el recuerdo noches interminables de amigos, zapateos, guitarra y bombo".

Trascurre la charla y la palabra bohemio surge casi de manera obvia para describir la personalidad de Marcelo Ferreyra. Casi de manera automática, Elva corrige sobre la marcha...

"...era un bohemio muy pulcro, uno muy especial. A pesar de que parecía jocoso era tímido al extremo. Cuando llegaba a un lugar y no conocía a nadie, pegaba la vuelta y se iba. Tenía una cantidad de amigos que lo querían y lo respetaban".

¿Cuál fue la primera canción que le grabaron a Marcelo?

-"Chacarera del finado", por Los Chalchaleros. Marcelo conoció a Ernesto Cabezas en la provincia de Buenos Aires, cerca de Merlo. Marcelo tenía la costumbre de silbar despacio y cajónear sobre su pecho. Y Cabezas (que no lo conocía hasta entonces) iba sentado a la par en el tren; lo escuché y de inmediato trabaron amistad. Marcelo le cantó la chacarera, Ernesto se entusiasmó y llevó la propuesta al conjunto de grabársela. También era amigo de Juan Carlos Saravia.

Otros amigos de Marcelo eran Los Manseros.

-Los quería mucho a Los Manseros; También era amigo de Zamba Quipildor, que le grabó varios temas. También Mercedes Sosa le grabó una canción: "Cuando muere el angelito". Fue muy amigo de Juan Carlos Aguirre de Los Cantores del Alba. Muchos conjuntos importantes llevaron la poesía de Marcelo a distintos puntos del globo.

Nuevamente el que habla es Pedro Rojas Cuozzo: "otra cualidad de Marcelo Ferreyra que lo distinguía de los adolescentes del barrio. Cuando digo el barrio me refiero al lugar de reunión, Avenida Roca y calle Catamarca. Marcelo fue un excelente ejecutante de bombo. En el barrio se comentaba que Los Chalchaleros querían tenerlo para que les tocara el bombo a la usanza salteña. Marcelo no congenió con esa propuesta y no ingresó al conjunto. Después, en su andar con el arte nativo fue fomentado su vuelo poético y lo demostró con su "Zamba del Cuarto Centenario", que había escrito con motivos de los festejos que se avecinaban por la fundación de nuestra ciudad. Afirmado sobre una pared y cajoneando sobre su pecho con las manos, nos cantó la zamba. Las autoridades del Consejo General de Educación oficializaron la zamba para que fuera enseñada en las escuelas".

En su cotidianeidad matrimonial, Marcelo y Elva Jugo conjugaron dos roles: esposos y creadores. Nos dice que era la cosa más natural, algo que ocurría a diario: "Marcelo hacía una letra y me preguntaba si podía ponerle música. Sucedió con María sin luz, y con El niño del pájaro, un tema que hicimos para Hugo Díaz y que no se conoció. Con Marcelo escribimos muchas canciones. Después de su muerte hice Alma vidalera, sobre una letra suya".

Elva Jugo, cancionista de nota y su guitarra, flanqueada por Marcelo Ferreyra, su compañero de toda la vida.

Algunas de las canciones más famosas de Marcelo Ferreyra

Entre las canciones más conocidas de Marcelo Ferreyra compuestas junto a diversos coautores destacan temas como "Chacarera para mi vuelta" (con Onofre Paz), "Canción para una vieja ciudad" y "Cristo del río" (ambas con Elva Jugo), "Changuito lustrador", "Si 'io' fuera río", "Gatito de un carnaval" y "Chacarera para un arbolito" (con Carlos Leguizamón), además de "Tierra sufrida" y "La otumpeña" (con Leocadio Torres). Asimismo, su repertorio incluye "Zamba para un bohemio mecenas" (con Carlos Carabajal), "Gatito para un cochero" (con Juan José Piñón), "Hombre pueblo" (con José Herrera), "El tata bombo" y "Hermano coplero" (con Cuti Carabajal), finalizando con "Un brindis por Santiago" y "Coplas a Claudio Ramiro" (ambas junto a Hugo Torres).

Fuente: Santiago, Guitarra y Copla

 

La chacarera: su origen y dispersión


Por: Julio Rodríguez Ledesma

En vísperas del nacimiento del Alero Quichua Santiagueño y durante las frecuentes visitas a la casa de don Domingo Bravo acompañando a Felipe Corpos, informó a nuestro eminente profesor acerca de una tesis sobre la sureñidad de la chacarera (encontré ese trabajo en el año 1968 en el Festival de Malambo de Laborde). Don Domingo Bravo me dijo que ya estaba enterado y que le faltaban algunos detalles para refutar tal tesitura.

En 1978, dentro de un anuario del diario El Liberal, dio a conocer su encomiable trabajo de aclaración sobre la santiagueñidad de la chacarera.

En esta oportunidad podríamos dar a conocer documentalmente, cuáles fueron los elementos de aquella peregrina y hoy olvidada sustentación:

1º) 1880: El viajero francés Paillard informa haber visto bailar una danza de nombre chacarera en los pagos de Tapalqué (Provincia de Buenos Aires).

2º) 1883: Ventura Linch, en su conocido libro llamado "El Folclore Bonaerense", escribe que la chacarera era bailada por los pagos de Dolores (Buenos Aires).

3º) 1895: Roberto J. Pairó afirma que por la campaña bonaerense se bailaba la chacarera.

4º) 1896: El catamarqueño Exequiel Soria, autor de sainetes tangueros, en una de sus obras teatrales estrenadas en Buenos Aires hace tocar con la guitarra una chacarera durante la Guerra contra el Paraguay a un suboficial del Ejército Argentino.

En nuestra provincia, recién en 1905 se documenta nuestra danza en los aportes literarios de Ricardo Rojas y don Andrónico Gil Rojas.

Lo que importa destacar (y aquí comienza nuestro trabajo) es la causa motivadora de aquellas chacareras bailadas y apuntadas por tales viajeros, investigadores y sainetistas. Lo que ellos no dicen, o mejor dicho no escriben, es que aquellas danzas debieron bailarla santiagueños turistas ambulantes antes y durante la creación del Virreynato del Río de la Plata, ya las pruebas nos remitiremos:

1750: Existe una pulpería denominada "El Santiagueño" en lo que hoy es provincia de Buenos Aires.

1774: Figuran en carácter de detenidos en la Banda Oriental del Uruguay, por la policía local, dos gauderios o changadores, uno afiliado como cordobés y el otro como santiagueño.

1786: Pedro Martínez, apodado "Indio santiagueño" hace huir del rancho a María Josefa Constanzo y se casa con ella. Tal osadía constituye un proceso sensacional entre los dos poderes, el Real y el Eclesiástico, y causa la renuncia de un diputado y del comisario de la Inquisición.Tal suceso ocurrió en los pagos de La Cañada de Morón, hoy conocido como partido de Morón, en el Gran Buenos Aires.El diputado del Cabildo era Riglos y el comisario era de apellido Maciel.

1835: Llega a Buenos Aires en una tropa de carretas y se queda definitivamente don Amancio Alcorta, con toda su familia, empleados y esclavos santiagueños.

1845: Hilario Ascasubi escribe "Santos Vega o los Mellizos de la Flor".En la obra, Santos Vega improvisa en el rancho de Rufo Toloza y Juana Petrona, ambos santiagueños residentes en la provincia de Buenos Aires.Tanto Rufo como Juana improvisaron, por turno, compitiendo amistosamente con Santos Vega.

1869: En un censo provincial aparece citada en profesión de curandera, y en los pagos de Tandil, la santiagueña Inés Revainera.

1779: Aparece un santiagueño en "La Vuelta de Martín Fierro".

Y la lista sigue, pero lo importante es remarcar nada más que lo anterior a 1880, vale decir, la cita del viajero francés Paillard.Y sin tener estos antecedentes documentados igualmente podrían haberla bailado santiagueños transumantes.Pero valen tales documentos a manera de probanzas inequívocas.

En otra oportunidad rastrearemos la cuestión coreográfica, el desarrollo musical y la referencia poética.

Hasta la próxima. Fuente: Santiago Guitarra y Copla

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

  • Juan Baltasar Maciel un maestro de la Generación de Mayo. Juan Probst, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, 1946.
  • Pilchas criollas. Franco de Assucao. Editorial Emecé, 1992.
  • Revista Savia Argentina, 1990.
  • Memoria Foklórica Santiagueña, 1997.
  • Reseña de Amancio Alcorta. Nicolás Avellaneda. Té gustaría que analice o resume algún aspecto particular de este texto sobre la historia de la chacarera?

 

Los Patios Viejos

 #SantiagoDelEstero #Argentina #Folclore

 

"EL ALGIBE famoso de los Taboada, se ampara en el tiempo y en la cordial enredadera."

Junto a la ciudad han ido muriendo.

Cuando esta sacó pecho sobre el asfalto, y los caserones vastos, de cuatro horizontes abiertos ya no justificaron su antaña presencia, con la última instancia de la piqueta, aquellos patios circunferenciales -oh girasoles familiares- fueron recogiendo cual si fuera un maravilloso pañuelo de sol las cuatro puntas de su dulce intimidad.

Han ido replegándose en el recuerdo

Paralelamente la ciudad ha erguido la fisonomía moderna y en la necesidad impostergable de nuevas exigencias, ha terminado con el litigio de presente y pasado, de centro a periferia.

Así, junto a la ciudad han ido oprimiéndose, marchitándose. Así, ya no se presenta la pausa del tiempo, la luz, luz; las luciérnagas; la luna, florecida luna.

Ya no se distribuye la vida familiar junto al aljibe de roldana quejumbrosa, o al rosal aquel que un día cualquiera vis ti la primavera de púrpura y sol.

Ya no se espera la desnudez del otoño en las manos doradas que voltea la viña mustia. Ni llegan los fríos por la redonda llamadaada del naranjo compañero.

Ni se mira ir la tarde en la ronda infantil desplegada cotidianamente. (Si miráis por los ojos de alguna cancela veréis las figuras recortadas y la voz aún fotografiada):

Buenos días su señoría:

Mantantero liro lá... (Asoma el viejo corredor su rostro surcado de vigas,, y es cribe el recuerdo en la péñola de su silencio)...

Así, junto a la ciudad nueva, el perímetro íntimo de los patios se va diluyendo en la despedida. Pero el desplazamiento fue lento. Tal vez quedó como una intención secreta prendiéndose al encanto de las huertas interiores, o deteniéndose en los dinteles de los caserones predestinados.

Tal vez, al derrumbe del primer caserón de leyenda en más de un solar se guardaban historias y reliquias del recuerdo, saraos, clavecín, espliegos... fue como un cataclismo que signó en el ánimo y en la realidad, las formas perentorias.

Más entonces, en el corazón alineado de la nomenclatura urbana surgieron los parapetos duros, en otro diálogo de pertas y zaguanes. Y el viejo patio terminó retaceado en cuatro macetas.

Los patios viejos ya no tuvieron bando.

Su amplia pulcritud, su conyocar al paisaje fue esfumando su destino. El encanto pequeño de las tertulias, el mantón vívido de rosas té o claveles que cada uno extendiera con grandor de alma, acabó en el museo de las postales de familia. Apenas si Buenos días su señoría hoy, en algunos adobones sobrevivientes, su presencia nos detiene un instante. ¿Cuántos quedan, con gesto amistoso y melancólico? (Yo he mirado por algunos de ellos y he evocado la vida lenta consumida en el reloj de arena de las angustias, de las alegrías y de las voces ausentes).

Con los patios viejos he traído mi ciudad y la postal de su infancia

Miro en su paisaje, y estoy en su olor de tiempo y mentas, en su remanso de años y pasado.

He visto a los niños en la cuerda de plazas y parques. Y digo: los patios ya no tienen bando.

Han ido recogiendo, cual si fuera un pañuelo de sol, las cuatro puntas de su dulce intimidad.

Clementina Rosa Quenel, Santiago, mayo de 1948.

Fuente: Número Del Cincuentenario 1898, diario El Liberal. 

 

De Santiago a las luces de la calle Corrientes: la historia fascinante de Carlos Schaeffer Gallo

 

¿Cómo hace un muchacho del interior para abrirse paso en la capital y terminar escribiéndole obras al mismísimo Pablo Podestá o tangos a Carlos Gardel? ¿Qué empuja a alguien a dejar el suelo propio para arriesgarlo todo por las palabras? Si nunca escuchas tu nombre, prepara una buena ronda de mates: estás por descubrir a un gigante olvidado pero imprescindible de nuestra cultura.

Nacido el 19 de septiembre de 1889 en Santiago del Estero, Schaeffer Gallo no eligió escribir: tenía el impulso de las letras ardiendo en las venas. Aunque dio sus primeros pasos en los diarios locales, el horizonte santiagueño pronto le quedó chico. La gran ciudad llamaba con fuerza. Hacia 1910, en medio del bullicio del Centenario, armó las valijas y desembarcó en Buenos Aires. No buscaba refugio ni comodidad; buscaba dejar una huella imborrable.

Del barro periodístico al brillo del escenario

Apenas pisó la capital, la realidad no le dio tregua, pero la urgencia de expresarse pudo más. Ganó espacio a fuerza de talento en las redacciones más leídas — La Mañana, Argentina y Caras y Caretas —. Sin embargo, informar no le bastaba: necesitaba dar voz al sentimiento popular. Por eso fundó la revista criolla Mate Amargo y promovió la red de asistencia Cruz Verde, mostrando que su vocación no terminaba en el tintero.

Pero el verdadero pulso de su vida latía en el teatro. En Santiago había probado el escenario como actor aficionado, pero la verdadera consagración —esa que define un antes y un después— llegó el 26 de mayo de 1913. Esa noche histórica, el genial Pablo Podestá estrenó su primera obra, La Novia de Zupay , en el Teatro Nuevo.

El impacto fue desbordante: la máquina creativa de Schaeffer Gallo ya no se detuvo jamás. Escribió cerca de 150 obras teatrales, codo a codo con titanes como José González Castillo, Florencio Parravicini y Elías Alippi. Conquistó al público masivo con éxitos inolvidables como La Leyenda del Kacuy , El Gaucho Judío o El amigo íntimo , hasta tocar el cielo del arte lírico al llevar su ópera La ciudad roja al majestuoso Teatro Colón. ¿Cuánta disciplina y pasión se necesitan para pasar del teatro de barrio a la máxima sala del país?

Radio, versos y dos tangos grabados en la historia

Llegaron las décadas de 1930 y 1940, y su voz encontró un nuevo canal: el aire de las grandes emisoras radiales. Sus radioteatros, cuentos y novelas acompañaron la intimidad de millas de hogares porteños. Y en una Buenos Aires que respiraba 2×4, el encuentro con el tango no fue una casualidad, sino un destino inevitable.

Schaeffer Gallo compuso la letra de dos obras que pasarían a la inmortalidad al ser elegidas por la voz más grande de todas: Carlos Gardel. Mangiá mangiá papirusa (con música de Arturo De Bassi) y Déjeme que l'acompañe cobraron vida en 1928, resonando en el Teatro Ópera y al otro lado del río, en Montevideo. Imaginar las propias palabras en la garganta del Zorzal es rozar la gloria popular.

La complicidad intacta antes del adiós

Poco antes de su fallecimiento, el 21 de enero de 1966, Schaeffer Gallo revivió con una sonrisa atesorada los recuerdos de aquellos años dorados en las calles porteñas. Entre ellos, una charla inolvidable con Gardel que mostraba la cercanía entre dos grandes.

Sucedió una noche en que cruzó al ídolo caminando desaliñado y en mangas de camisa:

«¡Carlitos!, ¿qué andás haciendo a estas horas y con esa facha? ¡Has perdido la línea!» , le soltó el dramaturgo.

Y Gardel, desarmando cualquier solemnidad con su picardía habitual, le devolvió:

«No, che... es que me estoy poniendo gordo ya estas horas salgo a caminar para rebajar de peso. A las minas no les gusta que aumenten de mondongo» .

Ese gesto espontáneo resume la estatura de Carlos Schaeffer Gallo: un artista enorme, sin poses, con el corazón enraizado en Santiago y una pluma que grabó su nombre para siempre en la historia cultural argentina.

 

 

 

Los bailarines de todos los montes

 


Del coyuyal santiagueño al Louvre parisino; de los patios de tierra al Cirque du Soleil; de la capital de la chacarera a Nueva York, Tokio, Bagdad… Los Saavedra son el emblema de una familia que resignificó la danza folclórica, y cuyo legado, lejos de la extinción, se replica en pueblos, ciudades y provincias, como el misterio que enciende la pasión.

Pablo Donadio escribió: Como decía Don Juan Matos, la guía de Carlos Castañeda, “el camino hacia el futuro, no es más que el regreso hacia los orígenes”, recuerda Juan Saavedra. Y si bien sus padres transmitieron la cultura musical a sus hijos, hay que remontarse al pasado y hablar de su hermano Carlos, experto bailarín y zapateador, un visionario. En un reportaje con Laura Falcoff, del diario Clarín, contó cómo fue fusionando las enseñanzas y bailes familiares con el carnaval, cuando pispeaba a gauchos bien ataviados.

"Había una academia que se llamaba El Rancho, y en la entrada ponían un biombo para que los que pasaban por la calle no miraran. Yo me tiraba panza al piso y lo único que veía eran los pies de los bailarines. Así aprendí", recuerda Carlos, que comenzó a trabajar en Buenos Aires en 1951 junto al armoniquista Hugo Díaz, tocando el bombo y bailando con la esposa de Díaz. Poco después se formaría con su hermano Juan, y más tarde con sus hijos Koki y Pajarín, el grupo Los Indianos, que brilló en Europa, en varios países árabes, en Nueva York y en Montecarlo, actuando especialmente para el príncipe Rainiero y su familia.

Pero, y pese al éxito, la nostalgia pudo más, y los trajo de regreso, a compartir clases y talleres, codeándose con otros talentos como Santiago Ayala, “el Chúcaro”, disfrutando de la experiencia, sin perder los orígenes: “Hugo Díaz me decía que yo tenía que bailar para los que podía pagar para verme y también para los que no. Gracias a Dios tenía medios de movilidad, y nos largábamos con mi hermano Juan. Teatros no habría, pero siempre había un club; si no, una escuela. Peteco Carabajal y Jacinto Piedra también hacían esos viajes, y nadie cobraba un peso sólo lo que la gente tuviera voluntad de dar: si era nada, nada”, recordaba Carlos en el reportaje.

Los Saavedra regresaron a las vivencias que tuvieron de niños, creciendo en un entorno donde el baile fue integrador familiar, y algo siempre a compartir.

Foto: Los Saavedra, allá en el tiempo; Juan, Pajarín, Carlos y Koky

Fuente: Patio Santiagueño

De La Banda a Europa a ritmo de rock: la historia de Luis Lazarte y el Día del Guitarrista Bandeño

 


Cada 20 de septiembre, la ciudad de La Banda afina su memoria para celebrar el Día del Guitarrista Bandeño , una efeméride instituida por el Concejo Deliberante que transforma el dolor de una partida en homenaje imperecedero. La fecha evoca el fallecimiento en 2018 de Luis Lazarte, un artista cuya figura sintetiza el alma musical, la entrega cotidiana y la identidad sonora de su tierra.

Lazarte no fue solo un intérprete excepcional; Fue el pulso que acompañó al legendario Carlos Carabajal. Juntos cruzaron el océano rumbo a España en un periplo singular propiciado por Almagato, la agrupación española que reinventó el repertorio folclórico santiagueño a través de la potencia del heavy rock. En ese cruce de fronteras y géneros, la guitarra de Lazarte tendió puentes inesperados entre la tradición telúrica y la vanguardia del rock internacional.

Más allá del escenario, su valor simbólico reside en la devoción por el oficio y la calidez humana. En palabras de Vale Carabajal, nieta de Carlos, Lazarte poseía esa chispa única con la que le hizo creer al prolífico compositor que era, en efecto, el "Charly García del folclore". Su legado se tejió en el ritual diario: la fidelidad en el ensayo, el gesto pausado de ilustrar las "violas", el compañerismo en las giras y la complicidad de las copas compartidas.

Hoy, cuando el silencio reemplaza a su punteo inolvidable, el eco de su madera sigue resonando en cada rincón bandeño, recordando que las cuerdas de una guitarra también pueden guardar la historia y la emoción de todo un pueblo.