miércoles, 28 de octubre de 2026

¿Cómo se hicieron los primeros caminos cuando no había autos ni trenes?

Para unir pueblos y ciudades se seguía el rastro de los animales y se evitaban los peligros que acechaban a cada paso.-

Tambo incaico de Tambillitos 


La ubicación de ciudades y pueblos de nuestro país ha sido determinada muchas veces por cuestiones geográficas (un paraje con servicios naturales como agua potable o pastos), o económicas (una actividad, minera, agropecuaria), pero siempre se debía contar con buenas comunicaciones.

Las comunicaciones entre las primitivas urbes podían ser trazados prehispánicos como el “camino del Inca” en el noroeste argentino con sus tambos (edificios y corrales equipados para chasquis/correos) ubicados estratégicamente o sendas y rastrilladas indias que inteligentemente vinculaban sitios. Estas últimas fueron formadas por el desplazamiento nómade de tribus que elegían para sus rutas sectores ideales, seguros, altos, con pastos, agua y evitando zonas de peligro (guadales, bajos, arenales, etc.). Muchos de estos caminos también fueron generados por animales en migración con su acertado sentido de ubicación y movimiento.

Las rastrilladas significaban que el indio cabalgaba arrastrando el extremo trasero de su lanza, la cual iba dejando un surco o rastro en el camino. Las huellas de los animales en arreo y estas marcas configuraban una tierra rastrillada, es decir un camino natural de uso frecuente. También se llamaron veredas indias, rutas, rumbos y sendas. Según Lucio V. Mansilla, “una rastrillada son los surcos paralelos y tortuosos que con sus idas y venidas han dejado los indios en el campo”.

Al decir del historiador Ricardo Sigal Fogliani, los indios eran excelente topógrafos naturales, ya que sus caminos, aunque a veces parecían caprichosos, siempre tenían su razón de ser (El fuerte Paz en la campaña al desierto, 2019).

Más tarde, aparecen en estos caminos, las “postas” y “dormidas” coloniales, lugares de recambio de caballos o bueyes y descanso de pasajeros. La ciudad de Pergamino, en la provincia de Buenos Aires, nace como “La dormida”, ya que, en viaje desde Buenos Aires sin parar, era una etapa adonde se llegaba a la hora de descansar. (Enrique Barba, Rastrilladas, huellas y caminos, 1956). Muchas de estas construcciones civiles derivarían en ciudades.

Estas sendas y huellas naturales de pasto pisado, arena y piedras recibieron nombres como “camino de la costa, del bajo, del alto, del fondo, de los tehuelches, del médano, del desierto, del Norte, de las salinas, del Sur, de los Chilenos, de las Pampas”, etc. Fueron una autentica red vial y entramado caminero por donde circularon conquistadores, llamas y correos, guanacos y tribus indias, ejércitos y comerciantes, carretas y galeras, mulas, caballos y bueyes.

Algo parecido ocurrió en Europa donde hay autopistas y tendidos de ferrocarril que se sitúan en la traza de antiguas vías del imperio romano. En nuestro país, los ingenieros ingleses fueron los precursores en trenes, recurriendo a veces a los caminos ya establecidos, mejorando con tecnología moderna las ubicaciones y cotas de niveles. Todo el conocimiento informal de la geografía de la naturaleza que tenía el indio fue validado y perfeccionado. Se puede considerar a los pobladores originarios de nuestro país como los primeros urbanistas.

Con el tiempo, algunos de estos trazados primitivos se transformaron en rutas y autovías modernas (RN9 –antigua ruta a Perú-, RN7-camino de carretas a Mendoza y Chile-, RN5 –CABA a La Pampa-, RN3 a Patagonia, etc.), otros quedaron como una cicatriz de tierra en campos y potreros que, sin uso actual, son un vestigio del pasado.

Fuente: www.lanacion.com.ar

 

Voces, caminos y memoria: El pulso vivo de la Mesopotamia santiagueña de la mano de Raúl Castillo

Docente, escritor y promotor cultural, Raúl Castillo ha dedicado buena parte de su vida a rescatar la memoria de la Mesopotamia santiagueña. A través de sus libros y de la Red de Información Patrimonial, ha impulsado una mirada sobre los pueblos, los caminos antiguos y las tradiciones que han quedado al margen de los relatos más conocidos de la provincia.





La historia de Santiago del Estero no se ha escrito solamente en sus ciudades, sus instituciones o las márgenes del río Dulce. También se ha construido en los caminos de tierra, en las comunidades rurales, en la lengua quichua y en las historias que han pasado de generación en generación, muchas veces sin llegar a los libros.

A recuperar esa memoria ha dedicado buena parte de su vida Raúl Castillo, un docente que, después de años de trabajo en las escuelas y de promoción humana, ha encontrado en la escritura otra manera de acercarse a las comunidades del interior santiagueño.

Sus libros han recorrido la historia de la Mesopotamia santiagueña, las huellas de los pueblos originarios, los antiguos caminos reales y los vínculos culturales que atraviesan las fronteras. Su preocupación ha ido más allá de reconstruir el pasado: ha buscado que ese conocimiento sirva para comprender el presente y abrir nuevas posibilidades para las comunidades rurales.

Los pueblos que existían antes del ferrocarril.

Uno de los ejes del trabajo de Castillo ha sido la Mesopotamia santiagueña, el territorio comprendido entre los ríos Dulce y Salado. Allí, mucho antes de la llegada del ferrocarril, ya existían comunidades indígenas que habitaban y recorrían la región, establecían relaciones entre sí y defendían sus territorios.

Ese pasado ha sido el punto de partida de Los pueblos antes de las vías , su primer libro. La obra ha propuesto mirar la historia provincial desde una perspectiva que no comienza con la expansión ferroviaria ni con la organización de las instituciones modernas, sino con las poblaciones que ya vivían en esos espacios.

En una entrevista con APU, Castillo ha explicado que los pueblos originarios habían desarrollado su vida en la región mucho antes de la llegada de los españoles y sus descendientes criollos. Entre esas comunidades ha habido relaciones de amistad, intercambios y también enfrentamientos.

La llegada del ferrocarril ha producido una transformación profunda en el territorio. Las vías han modificado las comunicaciones y la organización de los espacios, y han terminado por dividir una región cuya historia era anterior a esos trazados.

El título del libro ha resumido, precisamente, esa intención: recordar que las vías no han llegado a un territorio vacío. Antes de que las locomotoras conectaran localidades y centros comerciales, ya había pueblos, recorridos y formas de vida que merecían ser conocidos.

Los antiguos caminos reales y una historia poco contada

La investigación ha continuado en Paseando por el camino real, el segundo libro de Castillo. En esta obra, el autor ha vuelto sobre los antiguos caminos que atravesaban la Mesopotamia santiagueña y que formaban parte de las rutas de circulación de la época colonial.

Los llamados caminos reales, conocidos como caminos del Rey, han comunicado poblaciones y han permitido el desplazamiento de personas y mercancías. Su importancia, sin embargo, no ha quedado igualmente reflejada en los relatos históricos que han llegado hasta nuestros días.

Castillo ha señalado que la margen derecha del río Dulce ha concentrado buena parte de la atención histórica por la presencia de las autoridades militares y religiosas y por las condiciones de circulación que ofrecía. Del otro lado, en la margen izquierda, la situación ha sido diferente: allí han habitado pueblos originarios que han defendido sus territorios y cuya presencia ha condicionado los desplazamientos de los colonizadores.

Ese contraste ha permitido comprender por qué algunas zonas han quedado mejor representadas en los relatos históricos que otras.

La propuesta de Castillo ha invitado a recorrer esos espacios desde otra perspectiva. Los caminos no han sido solamente huellas sobre el terreno: también han hablado de los encuentros entre culturas, de las disputas por el territorio y de las relaciones que se han establecido entre las poblaciones.

Mirar la historia desde el interior ha permitido, así, recuperar lugares que suelen quedar relegados cuando el relato se concentra exclusivamente en las grandes ciudades o en los acontecimientos políticos más conocidos.

De Fernández a Alemania: un sueño entre dos mundos

El interés de Castillo por los vínculos entre comunidades también ha aparecido en Un sueño entre dos mundos, su tercer libro. La obra ha abordado la relación entre el pueblo santiagueño de Fernández y una localidad de Alemania, a partir de la idea de construir un vínculo entre sociedades geográficamente distantes.

El proyecto ha expresado una preocupación que ha atravesado su trabajo: las comunidades pueden reconocerse en sus diferencias y encontrar puntos de encuentro a través de la cultura, la memoria y el intercambio.

Su producción ha incluido también Desde la Mama Antula al Presidente Illia, un cuarto libro que ha ampliado el recorrido hacia figuras de distintos momentos de la historia argentina.

En conjunto, estas publicaciones han mostrado una inquietud persistente. Castillo ha buscado conectar procesos históricos, personajes y experiencias locales que, observados desde una perspectiva más amplia, han ayudado a comprender la identidad santiagueña.

Una red para recuperar el patrimonio de la Mesopotamia

En 2020, cuando Santiago del Estero ha conmemorado los 200 años de su autonomía provincial, Castillo y un grupo de colaboradores han puesto en marcha la Red de Información Patrimonial de la Mesopotamia Santiagueña.

La iniciativa ha surgido de una preocupación concreta: una parte considerable de la historia y la cultura de la región no ha recibido la difusión que sus impulsores han considerado necesaria.

En la entrevista con APU, Castillo ha contado que la red se ha formado con la participación de docentes en actividad y jubilados, directores de orquesta y funcionarios municipales, entre otros integrantes. El objetivo ha sido reunir, registrar y difundir el patrimonio histórico y cultural de las comunidades situadas entre los dos ríos.

La lengua quichua, las expresiones artísticas, las costumbres y las historias locales han formado parte de ese universo que la organización ha buscado documentar.

La propuesta también ha contemplado excursiones para que los chicos de las localidades vinculadas al río Dulce puedan conocer las comunidades del Salado, y viceversa. La idea ha sido sencilla: muchas veces, dos pueblos relativamente cercanos conocen poco de sus respectivas historias y realidades.

Promover esos encuentros ha permitido acercar a las nuevas generaciones a un territorio que comparten, pero que no siempre recorren o conocen en profundidad.

La red se ha planteado, además, una tarea que ha excedido la recuperación cultural. Castillo ha querido que el intercambio entre localidades pueda contribuir a mejorar las condiciones de vida de la población rural.

El intercambio entre pueblos como alternativa económica

Durante aquella entrevista, Castillo ha explicado que la iniciativa también ha buscado generar espacios de conversación con comisionados municipales, intendentes, concejales y otros representantes de las comunidades.

El propósito ha sido identificar qué productos pueden comercializarse entre localidades de la Mesopotamia santiagueña sin necesidad de pasar por la ciudad capital.

La propuesta ha retomado una práctica que Castillo ha vinculado con los pueblos originarios: el intercambio de productos entre comunidades, sin depender necesariamente de un centro único de distribución.

En lugar de concentrar las operaciones comerciales en un solo lugar, la red ha pretendido favorecer los vínculos directos entre productores y compradores de distintas localidades. Con ello, sus impulsores han esperado reducir costos y abrir nuevas oportunidades para la producción rural.

Como ejemplo, Castillo ha mencionado una reunión con el secretario de Producción de Colonia Simbolar, situada a unos 25 kilómetros de Fernández, y con jóvenes provenientes de Suncho Corral, entre ellos un concejal.

El encuentro ha servido para intercambiar ideas sobre las posibilidades productivas de la zona.

En esa mirada, la historia no ha quedado encerrada en el pasado. El conocimiento de los antiguos vínculos entre comunidades ha ofrecido pistas para pensar otras formas de organización económica, fortalecer las relaciones entre localidades y aprovechar mejor los recursos de cada lugar.

Una revista para dejar testimonio de la historia local

La Red de Información Patrimonial también se ha propuesto crear una publicación periódica que reúna investigaciones, testimonios y registros sobre la Mesopotamia santiagueña.

Según ha contado Castillo, la organización ha obtenido un premio del Ministerio de Cultura de la Nación que ha contemplado un subsidio para desarrollar esa tarea. La intención ha sido editar una revista trimestral o cuatrimestral que deje constancia de la historia y las expresiones culturales de la región.

La publicación ha permitido reunir materiales que, de otro modo, podrían permanecer dispersos entre archivos personales, recuerdos familiares y relatos transmitidos oralmente.

En las comunidades rurales, muchas historias han sobrevivido gracias a quienes las han contado. Pero esa transmisión puede interrumpirse cuando desaparecen los mayores o cuando las nuevas generaciones pierden contacto con las experiencias de sus antepasados.

Registrar esos relatos, documentar las costumbres y dar a conocer las investigaciones locales ha constituido una manera de conservarlos y ponerlos al alcance de otros lectores.

Los jóvenes, protagonistas de lo que viene

Después de décadas de docencia, trabajo cultural y participación política, Castillo ha mantenido una preocupación que ha atravesado todos sus proyectos: la necesidad de incorporar a los jóvenes.

En el tramo final de la entrevista, ha dejado un mensaje dirigido a quienes estaban terminando el secundario. Para él, los proyectos personales y colectivos han necesitado un sueño, un ideal que permita imaginar una realidad distinta.

A sus 77 años, según ha recordado durante aquella conversación, ha seguido pensando en la posibilidad de una Argentina y una provincia diferentes. Pero también ha reconocido las limitaciones de su generación, especialmente frente a los cambios tecnológicos.

Por eso ha insistido en que los jóvenes deben participar activamente en los proyectos culturales, sociales y productivos. No como simples colaboradores, sino como quienes tendrán que sostenerlos y darles continuidad.

Su planteo también ha incluido la necesidad de trabajar entre generaciones. La experiencia acumulada por los mayores, las ideas de quienes se encuentran en una etapa intermedia de la vida y los conocimientos de los más jóvenes pueden complementarse para construir iniciativas con mayor alcance.

La Red de Información Patrimonial ha nacido con esa intención: recuperar una historia que no siempre ha encontrado espacio en los relatos más difundidos y, al mismo tiempo, generar herramientas para que las comunidades puedan reconocerse en ella.

En la Mesopotamia santiagueña, los antiguos caminos, los pueblos originarios, la lengua quichua y las tradiciones rurales forman parte de una historia que todavía tiene mucho por contar. El trabajo de Raúl Castillo ha buscado reunir esas huellas y ponerlas en circulación, para que el pasado de los pueblos no quede reducido a un recuerdo aislado, sino que siga formando parte de la vida de quienes los habitan.

Fuentes consultadas

  • Agencia Paco Urondo. “Raúl Castillo: Es importante que en todos los proyectos se involucren los jóvenes”. 22 de noviembre de 2020. Leer entrevista.
  • Cámara de Diputados de la Nación. Proyecto de resolución sobre Los pueblos antes de las vías. 2015. Consultar documento.
  • Cámara de Diputados de la Nación. Proyecto de resolución sobre Paseando por el camino real. 2016. Consultar documento.
  • Región Mesopotamia SDE. “Nuestra historia”. Consultar publicación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

martes, 27 de octubre de 2026

La experiencia de la navegación del Río Salado

 


 

Una de las aventuras más impactantes para la transformación de la región se dio en estas tierras y en esto, aparece el proyecto de la “Navegación del Salado”.

La decisión de Justo José de Urquiza, en el año 1852, que autorizó la libre navegabilidad de los ríos interiores, (precisamente uno de los conflictos que tenía con Rosas) desencadenó el sueño de muchos dirigentes del norte argentino, especialmente de Santiago, Salta y Santa Fe, de buscar una salida navegable del río Juramento o Salado a través del río Paraná, hacia el puerto de Buenos aires.

Ya en esos momentos, los dirigentes tenían en claro que el poder residía en Buenos Aires con la importación y exportación de productos, allí funcionaba la Aduana. Además, había un interés económico por el algodón desde Estados Unidos, ya que se país estaba sufriendo las consecuencias de su guerra interna entre las colonias. 

La experiencia de la navegación, se puso en marcha en los años siguientes con la presencia del oficial de marina norteamericana Thomas J. Page, que con la colaboración económica de los comerciantes Esteban y Rupert Rams y Cia, más el apoyo militar del Gral. Antonino Taboada, empezaron a realizar navegaciones de pruebas desde Villa Matará.

Había muchas dificultades, desde la profundidad del río, las condiciones inapropiadas del barco, los árboles en el medio del río, entre otros. Pero por fin se cumplió el recorrido el 2 de junio de 1856. La noticia llegó al Gobierno Nacional quien obsequió al Gral. Taboada una medalla de oro por tan valiosa gesta. Lamentablemente todo este proyecto quedó en la nada en los años posteriores. Como también en los años siguientes, la frustrada navegación del Bermejo. Todos estos impulsos, como una manera de sacar al interior de su letargo y como una respuesta positiva a lo que significaba el federalismo.

A modo de información y de anécdota de todo esto, señalo que la localidad de Icaño, por ejemplo, antes de tener ese nombre, se llamaba Esteban Rams, y los pobladores del norte de Santa Fe, en agradecimiento a este comerciante impusieron su nombre, en agradecimiento por sus avances en aras del progreso. La pequeña localidad de Esteban Rams, hoy de unos 500 habitantes, reconoce en este español, a uno de sus precursores. 

Descubrir nuevas verdades 

Hay mucho por hacer en este sentido, como también el de seguir realizando investigaciones de capillas, cementerios olvidados, asentamientos aborígenes, que están diseminadas en todo el territorio provincial.

Por otro lado, hay que pensar que en términos de descubrir verdades, todo no está dicho, este es el desafío, para cualquier escuela del interior, habrá que buscar una buena motivación para que se lancen a un trabajo de rescatar nuestro patrimonio, y esa motivación debe venir desde una nueva perspectiva de la educación provincial, que tiene que ver con los regionalismos, será una buena forma de enriquecernos y mostrar una sana competencia de acciones concretas en la investigación.

Es necesario ir dejando testimonio de todo lo que va apareciendo, carteles, monolitos, etc. y pongo como ejemplo el caso de Pitambalá, un asentamiento aborígen, teatro de una de las batallas más sangrientas de nuestra historia, la que dio comienzo el proceso de la Autonomía en Santiago del Estero.

Treinta muertos, ochenta heridos. En diciembre se cumplen 200 años de esa gesta heroica, olvidada. La circunstancia, debería servir como un hecho educativo trascendente, para ejemplo de las generaciones actuales y futuras, entender que la Patria es sacrificio y lucha. Es el momento del estudio, de preparar para honrar a nuestros héroes.

Hay mucho por hacer, y como lo dijo el Dr. Raúl Jorge Lima, en el prólogo del libro, Paseando por el Camino Real, todo es de “de final abierto”.

Reivindicación de la zona

En septiembre del 2013, con la ley 7.131 se declaró a Villa Matará, Pueblo Histórico de la Provincia de Santiago. Del Estero. En julio del 2015, el Congreso de la Nación, con la intervención unánime de los diputados nacionales por Santiago, sacó una resolución donde se declara de interés cultural esta temática, de rescatar la historia de los pueblos antiguos.

En esa misma línea de trabajo, la Cámara de Diputados de la Provincia, en el mes de octubre de 2015, aprueba la ley 7.181, que declara a Villa Robles como “Pueblo Histórico”.

Con el mismo criterio y con la participación de muchos diputados y comisionados municipales, el 7 de junio de 2016, se sacó la Ley 7190, por la que se declara “Región Histórica”, el margen izquierdo del río Dulce, en el espacio comprendido entre las localidades de La Bajada (Banda) hasta Pitambalá (San Martín). yo

Raúl Jorge Castillo

El autor de “Los pueblos antes de las vías” recurrió al trabajo realizado por historiadores y también de estadísticas. Tal es el caso del antropólogo José Togo, en un trabajo auspiciado por la Unse, “Santiago del Estero una mirada ambiental”, manifiesta en el Capítulo de Asentamientos Humanos, donde indica que “… sobre los cursos de los ríos Dulce y Salado, se ha desarrollado gran parte de la historia humana provincial, que tiene una antigüedad de mayor a los 8.000 años…”.

Allí también señala también que “solo en sus márgenes pudieron haber prosperado poblaciones sedentarias de agricultores”.

También, recurra al libro “Matará” de la Dra. Amalia Gramajo y Hugo Martínez Moreno. También el historiador Raúl Bazán, en su comentario preliminar de la Historia de Santiago del Estero, de Antonio V. Castiglione; y “La Industria en Santiago del Estero”, obra de la Dra. María Mercedes Tenti de Laitán.

Sus últimos trabajos “Los pueblos antes de las vías” y “Paseando por el Camino Real” fueron declarados de interés cultural por votación unánime en la Cámara de Diputados de la Nación.

Fuente: El Liberal

 

Pedro San Germes y el Ingenio Contreras

Según La Memoria Descriptiva De Santiago Del Estero De Alejandro Gancedo (1885) 




Por María Mercedes Tenti

Según Gancedo, Pedro San Germes, fue quien más tuvo cuadras de alfalfa sembradas hacia 1885, en Santiago del Estero (tres años antes recibiendo a invernadas en su finca de Contreras). Con 100 cuadras de este forraje mantenían anualmente mil cabezas de ganado mayor.

En 1876 San Germes comenzó a plantar 80 surcos de 7 varas de caña de azúcar, traídas de Tucumán, con el propósito de iniciar la fabricación de azúcar en la provincia. Para el efecto, al fuerte capital con que contaba, aumentó la suma de 40.000 pesos bolivianos, resultado de la venta de un molino harinero a vapor.

San Germes era un empresario de origen francés, muy emprendedor, que había ensayado anteriormente en la provincia cultivos de tabaco y sorgo, además de fabricar harina.

El Ingenio Contreras de Pedro San Germes era imponente. El edificio de las máquinas ocupaba una superficie de 3.737 metros cuadrados. Constaba de dos trapiches movidos a vapor, que podían moler 400.000 kilos de caña en un día. Dieciocho centrifugadoras completaban el trabajo, que llegaba a producir más de dos mil arrobas de azúcar, diariamente. En el Establecimiento se carneaban cinco y seis animales al día, en época de la cosecha, para más de 1000 peones.

La propiedad de San Germes se hallaba situada a 7 kilómetros al Sur de la ciudad de Santiago del Estero, su superficie era de 800 cuadras de un terreno llano y de fácil irrigación. La plantación de caña de azúcar ocupaba una extensión de más de seiscientas hectáreas. 100 cuadras de la misma propiedad estaban ocupadas por alfalfa, destinadas al mantenimiento del ganado del establecimiento (vacuno, yeguarizo, mular). El resto del terreno estaba ocupado por bosques de algarrobos y quebrachos que proporcionaban la cantidad de leña suficiente y en parte la madera para carros y otros usos de carpintería que se confeccionaban en el establecimiento. Un canal de gran capacidad que partían del río Dulce conducía el agua para el riego de los cultivos.

En el centro de la plantación de caña se encontraba el edificio que contenía las máquinas para la elaboración de azúcar y aguardiente y las habitaciones para los administradores y empleados. El edificio de la maquinaria ocupaba una superficie de tres hectáreas de terreno, dividida en cuatro cuerpos. En la fachada principal había tres cuerpos de cuatrocientos metros cuadrados; uno de ellos servía de depósito, otro de taller a vapor, para refaccionar y fabricar todo lo que se necesita en el establecimiento y el tercero para la Dirección. A los dos costados se encontraban más de cuarenta habitaciones, ocupadas por empleados, administradores, despensas, etc.

Las máquinas y aparatos que servían para la fabricación de azúcar y aguardiente habían sido construidos en los talleres de la Compañía francesa Fives Lille. El azúcar se fabricaba en dos trapiches que extraían el jugo de 50 mil arrobas de caña cada veinticuatro horas y producían alrededor de 350,000 litros de jugo, los que daban 2500 a 3000 arrobas de azúcar. Diez defecadores recibían por medio de una bomba los jugos, a medida que los trapiches los producían. Los jugos se vaciaban en un canal de hierro que los distribuían en 16 filtros que contenían cada uno veinte hectolitros de negro animal. A medida que salían de los filtros eran recibidos en dos aparatos que producían la evaporación. Concentrados los jugos eran nuevamente filtrados y purificados. 

La última concentración y cristalización se hacía también en el vacío, por medio de dos aparatos llamados tachos al vacío, que contenían 140 hectolitros de masa concentrada y cristalizada. Otros dieciocho aparatos a fuerza centrífuga separaban los cristales de las mieles. Las mieles que se escapaban de estos aparatos volvían al tacho al vacío, para recibir un nuevo cocimiento, terminado el cual se depositan en 600 cristalizadores o bateas de hierro, donde se operaba la cristalización del azúcar de segunda clase. La cristalización del azúcar de tercera clase se efectuaba en 30 depósitos de hierro de 100 hectolitros de contenido cada uno, o sean 3000 hectolitros de depósito.

Las mieles que sobraban de estas tres operaciones, es decir, las que ya no contenían azúcar cristalizable, eran depositadas en cuatro calicantos subterráneos de una capacidad de 600 hectolitros, de las que se preparaba el aguardiente. La elaboración se hacía por medio de alambiques y rectificadores. Todos los aparatos de destilería se hallaban situados en una de las extremidades del primer cuerpo del edificio, separados de los demás aparatos para la producción del azúcar, por una pared. En este Departamento había 18 toneladas, cuya capacidad era de 150 hectolitros cada uno, en los que se efectuaba la fermentación de las mieles.

Los alambiques daban, cada 24 horas, 60 hectolitros de aguardiente. Dos rectificadores lo recibían y producían alcohol (3700 litros cada 24 horas).

El carbón de huesos o animal negro, que servía para la refinación del azúcar, se fabricaba en el mismo establecimiento. La revivificación del carbón se hacía en dos hornos -de 80 hectolitros— 16 calicantos para la fermentación y todos los demás aparatos necesarios, movidos por su correspondiente máquina a vapor.

La fuerza motriz que necesitaban las distintas operaciones de la fabricación de azúcar, aguardiente etc., estaban representadas por 13 máquinas a vapor. Toda la fábrica estaba alumbrada por luz eléctrica producida por maquinaria de propiedad del establecimiento. Un teléfono estaba en comunicación la administración con la casa de San Gérmes en la ciudad.

El poder de la maquinaria no se limitaba a moler las 250 cuadras de caña que producía el establecimiento, sino que siempre se aumentaba con la de otros plantadores cercanos a quienes se les compraba la producción. La compañía contaba con 60 carros de 2 ruedas y 6 de 4 ruedas, que podían cargar juntos 4800 arrobas; 600 mulas y 200 bueyes.

La Industria, órgano del Centro Industrial de Buenos Aires, núm. 35, septiembre de 1880, decía:

“Azúcar de Santiago: La muestra de este producto, elaborada en el Ingenio de los señores San Gérmes hermanos y que hace algunos días está expuesta en el local de nuestra asociación, remitida por el senador señor don- Gregorio Santillán, ha causado una agradable sorpresa a los inteligentes que la han examinado.

Los primeros visitantes han ocurrido, en la creencia de encontrar un artículo semejante al que ya conocemos como producto de las provincias, pero su vista arrancaba exclamaciones que hubieran causado verdadera satisfacción al industrial que la elaboración. Entrando después a un examen detenido de sus condiciones, las opiniones de las numerosas personas que la han examinado. Están de acuerdo en que aun cuando no tiene el brillo de la azúcar francesa y americana, su blancura, calidad y pureza, la colocación en situación favorable para establecer una competencia de ventajosa sobre ellas.

Su sabor es muy agradable ya pesar de la consistencia del pan o terrones, se presta fácilmente a la disolución, sin dejar el más mínimo residuo de impurezas o materias extrañas a su composición.

Tales son en resumen las unánimes opiniones de los visitantes que concurren allí diariamente, siendo cada uno de ellos un entusiasta propagador de las condiciones de este excelente producto, que atrae a otros nuevos interesados ​​en su examen; Sería necesaria una gran producción para llenar el número de pedidos. Según el experimento que hemos hecho, calculamos que su fuerza de endulzar está en una proporción de un 20 por ciento más o menos sobre la mejor que nos viene del Exterior ” .

Respecto de Pedro San Germes, Gancedo opinaba:

El industrial que nos ocupa, fue en sus primeros años pobre de dinero y hoy lo tenemos rico, en sentido moral y material. Hacia 1864/1865 pisó por vez primera el suelo argentino. Sin horizontes en su país, Francia, se dirige a la Argentina. A su llegada se desarrollaron en Rosario ganando un sueldo mensual de veinticinco pesos.

Luego empezó entre Córdoba, Tucumán y Santiago a hacer sus primeros negocios con éxito. Establecido en Santiago del Estero se hizo propietario del primer molino harinero a vapor que vendió luego a los señores Silva y Beltrán, y del terreno “Contreras”, el que destinó al principio para invernadas de ganado. Luego se dedicó al cultivo de la caña de azúcar y, ayudado por una ley que exoneraba de impuestos por quince años al establecimiento azucarero que se establecía, se resolvió llevar a cabo, y en el año siguiente funcionaba ya con éxito.

El día de la inauguración de la maquinaria del ingenio Contreras, (1879), con la presencia de numeroso público, la banda de música y los silbatos de las máquinas a vapor, se pronunciaron notables discursos.

A principios del año 1880 Saint Gérmes practicó un ensayo del que obtuvo muy buenos resultados en la fabricación del extracto de quebracho (tanino). También fue propietario del primer molino harinero a vapor. La harina elaborada en ese molino obtuvo el primer premio en la Exposición de París y en otras. En 1878 fue vendido a Silva y Beltrán. Tenía un cómodo edificio con todas las habitaciones necesarias para los empleados, depósitos de trigo, harina y talleres de carpintería y herrería, etc.

Fuente: historiacriticammt.blogspot.com.ar

 


Halloween y las Alumbradas de Santiago del Estero: dos formas de recordar a los muertos

Aunque Halloween y las Alumbradas comparten algunas imágenes vinculadas con la muerte, la oscuridad y el mundo de los espíritus, sus historias y sus sentidos culturales son diferentes. En Santiago del Estero, la costumbre de reunirse en los cementerios durante el Día de los Fieles Difuntos ha conservado una manera particular de mantener vivo el vínculo con quienes han muerto.



Una noche para volver al cementerio

Al caer la tarde del 1 de noviembre, en distintos pueblos de Santiago del Estero, las familias han comenzado a llegar a los cementerios con velas, flores, sillas y algo para compartir. Algunas han viajado desde otras localidades; otras han regresado desde ciudades lejanas para visitar las tumbas de sus familiares. La reunión puede prolongarse durante la noche y continuar al día siguiente.

La costumbre se conoce como Alumbrada. En lugares como Maco, Manogasta, Tuama, Sumamao y La Vuelta de la Barranca, esta práctica ha reunido a generaciones enteras alrededor de las sepulturas. Allí se reza, se cuentan anécdotas, se recuerdan episodios familiares y, en ocasiones, también hay lugar para las bromas y las risas. Los chicos juegan mientras los mayores conversan. La muerte está presente, pero no ha borrado la vida cotidiana.

El Centro Cultural del Bicentenario de Santiago del Estero ha señalado que las Alumbradas forman parte de la identidad cultural de la región y que en ellas confluyen el calendario católico y creencias populares vinculadas con los muertos. No se trata solamente de encender velas frente a una tumba. La reunión permite encontrarse con los familiares, renovar recuerdos y transmitir una costumbre que ha pasado de una generación a otra.

Esta particular relación con los difuntos invita a comparar las Alumbradas con Halloween, una celebración que también ha incorporado imágenes de la muerte, la noche y los seres sobrenaturales. Sin embargo, las semejanzas no alcanzan para afirmar que ambas tradiciones tengan un origen común.

Las Alumbradas: recordar en compañía

En las Alumbradas, la muerte no ha quedado reducida a una ceremonia breve ni a un momento de recogimiento individual. Las familias han llevado sillas hasta las tumbas, se han sentado en ronda y han compartido mate, comida y bebidas. En algunos casos, los alimentos se han colocado sobre las sepulturas o junto a ellas. Las velas permanecen encendidas durante buena parte de la celebración.

La presencia de los vivos alrededor de los muertos ha dado al cementerio un carácter distinto del habitual. Por unas horas, deja de ser únicamente un lugar de despedida y se convierte en un espacio de encuentro. Los recuerdos circulan entre quienes están allí. Una historia contada por un abuelo puede despertar la memoria de una persona ausente; una anécdota familiar puede provocar risas en medio de un ambiente que, desde afuera, alguien imaginaría exclusivamente solemne.

También se ha mantenido la costumbre de visitar otras tumbas, sobre todo las de familiares y conocidos. La expresión vecinos de muerto, recogida en testimonios sobre esta tradición, permite entender una dimensión importante de las Alumbradas: el vínculo con los difuntos no se limita al parentesco directo. El recuerdo alcanza a los vecinos y a otras personas que han formado parte de la vida de una comunidad.

En ese sentido, la celebración no ha reunido solamente a una familia alrededor de sus muertos. Ha vuelto a poner en contacto a personas que, durante el resto del año, viven lejos unas de otras. El regreso de quienes han emigrado a otras provincias ha reforzado ese carácter comunitario.

Entre el calendario católico y las creencias populares

Las Alumbradas se realizan durante las fechas dedicadas a Todos los Santos y a los Fieles Difuntos. La Iglesia católica ha establecido estas jornadas dentro de su calendario litúrgico, pero las prácticas que se desarrollan en Santiago del Estero han adquirido características propias.

El Centro Cultural del Bicentenario ha relacionado la tradición con una cosmovisión indígena, además de su marco católico. Esa referencia resulta importante, aunque debe manejarse con cuidado: reconocer la presencia de creencias de distintos orígenes no permite establecer, por sí solo, cuáles de los elementos actuales proceden de tiempos prehispánicos ni cuándo se han incorporado a la celebración.

El investigador Carlos Bonetti, en un artículo publicado por Noticias del Estero, ha advertido que el significado específico de la realización nocturna no aparece claramente establecido en los registros eclesiásticos coloniales ni ha sido explicado de manera uniforme por quienes participan de la costumbre. Su observación invita a evitar las respuestas fáciles. No todo aquello que parece antiguo puede atribuirse, sin más, a una práctica indígena anterior a la conquista.

La diferencia entre las Alumbradas rurales y las visitas a los cementerios urbanos también merece atención. En distintas localidades del interior, la reunión ha comenzado al anochecer y se ha extendido durante la noche. En la ciudad, en cambio, las visitas suelen concentrarse durante el día y las normas de funcionamiento de los cementerios pueden limitar el ingreso nocturno.

Esa diferencia no es menor. La luz de las velas, las conversaciones junto a las tumbas y la permanencia durante varias horas han dado a las Alumbradas rurales una forma que no siempre se encuentra en las prácticas urbanas. La costumbre ha expresado, así, una manera local de relacionarse con la muerte, sin que eso signifique que todos los santiagueños la vivan del mismo modo.

Samhain, la noche y el mundo de los espíritus

Halloween tiene una historia diferente. Entre sus antecedentes se encuentra Samhain, una festividad vinculada con las antiguas sociedades celtas y con el final de la temporada de cosechas. Su nombre se ha asociado con el fin del verano y con el comienzo de una etapa más oscura del año.

En las interpretaciones tradicionales de Samhain, ese cambio de estación ha estado relacionado con la idea de un límite más permeable entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Algunas narraciones han sostenido que los espíritus podían regresar durante ese período. El fuego y las hogueras han ocupado un lugar importante en las reconstrucciones de la celebración, aunque los detalles de los antiguos rituales no siempre se han conservado con la precisión que suele atribuirles la divulgación popular.

Con el avance del cristianismo en Europa, las celebraciones vinculadas con los muertos se han relacionado con las jornadas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Con el paso de los siglos, la víspera de Todos los Santos ha dado lugar a Halloween, cuyo desarrollo moderno ha incorporado disfraces, calabazas iluminadas, relatos de terror y actividades recreativas.

En la actualidad, Halloween se ha extendido por numerosos países y ha adquirido un fuerte componente comercial. Para muchas personas, sobre todo niños y jóvenes, la celebración se ha convertido en una ocasión para disfrazarse, recorrer las calles y participar en fiestas. En otros ámbitos, se ha mantenido o recuperado su relación con antiguas creencias europeas y con prácticas neopaganas.

Las Alumbradas y Halloween comparten, entonces, un calendario cercano y ciertas imágenes relacionadas con la muerte y la oscuridad. Pero esa coincidencia no demuestra una continuidad histórica entre ambas.

La luz: una semejanza que no alcanza para probar un origen común

Las velas son uno de los elementos más visibles de las Alumbradas. Su luz permite reconocer las tumbas, acompaña la permanencia de las familias y expresa el cuidado de quienes han muerto. En la tradición santiagueña, mantener encendida una vela puede formar parte de una obligación afectiva: alguien ha recordado al difunto y ha acudido a su sepultura.

En algunas familias se han utilizado velas blancas, mientras que las de otros colores se han asociado con los niños fallecidos, conocidos popularmente como angelitos. Los detalles varían de una localidad a otra y entre las propias familias. Por eso, no corresponde presentar una única forma de celebración como si fuera idéntica en toda la provincia.

En los relatos sobre Samhain también aparecen el fuego y las luces, asociados con la protección frente a los espíritus o con la relación entre ambos mundos. En versiones posteriores de Halloween, las calabazas talladas e iluminadas se han convertido en uno de sus símbolos más reconocibles.

La semejanza visual es evidente: en los dos casos, una luz se destaca en medio de la oscuridad y queda vinculada con un imaginario sobre la muerte. Pero el parecido no permite concluir que la vela santiagueña derive de los antiguos fuegos celtas, ni que las Alumbradas hayan surgido de una tradición equivalente a Samhain. La luz puede adquirir significados similares en sociedades diferentes sin que exista una transmisión directa entre ellas.

La comida, la conversación y la presencia de los ausentes

Otra coincidencia posible se encuentra en la comida. En las Alumbradas, las familias han compartido alimentos y bebidas junto a las tumbas. Esas comidas acompañan la reunión y forman parte de una sociabilidad que se extiende más allá de la visita breve al cementerio. La conversación, los recuerdos y la presencia de varias generaciones han convertido la jornada en una experiencia colectiva.

Las descripciones de Samhain también han incluido referencias a alimentos ofrecidos a los espíritus o dejados fuera de las viviendas. Sin embargo, las fuentes disponibles no permiten establecer una equivalencia directa entre esas prácticas y la comida que las familias santiagueñas llevan a las sepulturas.

Conviene distinguir dos cuestiones. Una es reconocer que distintas culturas han relacionado los alimentos con sus muertos. La otra, muy diferente, es sostener que esa coincidencia revela un origen compartido. Para afirmar lo segundo harían falta pruebas históricas que, en este caso, no se han presentado.

En las Alumbradas, además, la comida no tiene un único sentido. Se comparte entre los vivos, acompaña la conversación y forma parte de la visita a los difuntos. Reducirla a una ofrenda ritual dejaría afuera buena parte de lo que ocurre durante la reunión.

La noche y las distintas maneras de vivir la muerte

La realización nocturna ha contribuido a darle a las Alumbradas una atmósfera particular. Las velas recortan las siluetas de las tumbas; las conversaciones se escuchan entre los pasillos y las familias permanecen juntas durante horas. El cementerio, que en otros momentos suele asociarse con el silencio y la separación, se transforma en un lugar de encuentro.

Esa escena contrasta con las formas más habituales de visitar los cementerios urbanos, donde la concurrencia suele ser diurna y la permanencia más breve. No obstante, la diferencia no debe interpretarse como una oposición absoluta entre una cultura rural que celebra la muerte y una cultura urbana que la vive con tristeza. Las prácticas son diversas y también cambian con el tiempo.

La noche ha tenido un lugar destacado en las interpretaciones de Samhain, vinculada con el cambio de estación y con la creencia en una proximidad especial entre los vivos y los muertos. En Halloween, esa dimensión se ha conservado parcialmente, aunque hoy convive con el entretenimiento, el consumo y las fiestas de disfraces.

En las Alumbradas, en cambio, el centro de la reunión sigue siendo el vínculo con personas concretas: padres, abuelos, hijos, hermanos, vecinos y amigos. Los participantes no acuden a representar la muerte ni a convertirla en un espectáculo. Van a visitar a sus muertos y a compartir ese momento con quienes siguen vivos.

¿Existe una relación histórica entre Halloween y las Alumbradas?

Con la información disponible, no se ha podido demostrar una relación histórica directa entre Halloween, Samhain y las Alumbradas de Santiago del Estero. Las semejanzas que se observan son interesantes para el análisis antropológico, pero no bastan para establecer una filiación cultural.

Ambas tradiciones han vinculado determinadas fechas del calendario con la muerte y han recurrido a elementos como la luz, la reunión colectiva y los alimentos. Sin embargo, esas coincidencias conviven con diferencias profundas. Halloween ha incorporado con fuerza el disfraz, los personajes sobrenaturales y las actividades recreativas; las Alumbradas se han sostenido, sobre todo, en la visita a las tumbas, el recuerdo familiar y el encuentro comunitario.

Tampoco corresponde atribuir todos los componentes de las Alumbradas a una única tradición prehispánica. Las fuentes consultadas han señalado la convivencia de creencias indígenas, prácticas populares y referencias católicas, pero no han establecido el origen preciso de cada elemento. La historia de una costumbre puede reunir aportes diversos sin que sea posible separar con certeza cada uno de ellos.

La comparación resulta más útil cuando permite reconocer esas diferencias, en lugar de borrarlas.

Una tradición santiagueña que mantiene vivo el recuerdo

Las Alumbradas han conservado en Santiago del Estero una manera de visitar a los muertos que combina la memoria familiar con la vida comunitaria. En los cementerios del interior, las velas han iluminado las tumbas mientras las familias han compartido historias, alimentos y silencios. También ha habido risas, chicos jugando y encuentros entre personas que hacía tiempo no se veían.

Halloween y las Alumbradas permiten observar cómo distintas sociedades han creado prácticas para relacionarse con la muerte. Pero no cuentan necesariamente la misma historia ni responden a una misma tradición.

La costumbre santiagueña tiene un valor propio. Para comprenderla, no hace falta convertirla en una versión local de Halloween ni atribuirle un origen que las fuentes no han demostrado. Basta con atender a lo que sucede cada año en esos cementerios: las familias vuelven, encienden sus velas y se sientan junto a quienes han formado parte de sus vidas. Durante unas horas, el recuerdo deja de ser algo individual y se comparte con los demás.

Fuentes consultadas

 

La sirena del canal bandeño

Cuento inspirado en el poema «Por las calles bandeñas» de Cristoforo Juárez



En La Banda, cuando el sol se escondía detrás de los algarrobos y las callejas se regresaban pardas bajo la luz del atardecer, los viejos aseguraban que el canal despertaba de un sueño antiguo. Decían que, en ciertas noches serenas, sus aguas podían escuchar los deseos de los enamorados y concederles un destino extraordinario.

Julián, un joven guitarrero de corazón soñador, conoció aquella leyenda desde niño. Cada tarde recorría los senderos junto al canal, buscando una melodía que expresara el amor que sentía por Elena, una muchacha de ojos oscuros a quien todavía no se había atrevido a confesarle sus sentimientos.

Una noche, mientras los grillos afinaban su concierto entre los pastizales y las luciérnagas bordaban destellos verdes bajo la fronda, Julián descubrió una estrella flotando sobre el agua. No era un reflejo común: brillaba con luz propia y se desplazaba lentamente contra la corriente.

El joven se acercó a la orilla. Entonces, la estrella se transformó en una mujer de cabellos plateados y vestido azul, cuya figura parecía tejida con la claridad de la luna.

—Soy la Sirena del Canal —dijo con una voz semejante al murmullo del agua—. He escuchado tus canciones y conozco el anhelo que guardas en el pecho. Puedo concederte un deseo, pero tendrás que entregarme aquello que más apreciás.

Julián abrazó su guitarra. Era el único tesoro que poseía, heredado de su abuelo, quien le había enseñado a descubrir música en el viento, en los pájaros y hasta en el silencio.

La sirena extendiendo una mano. Si el muchacho aceptaba, Elena lo amaría para siempre, pero su guitarra perdería la voz y jamás volvería a escucharse una melodía nacida de sus cuerdas.

Julián miró las aguas iluminadas. Imaginó una vida junto a Elena, aunque también comprendió que no podía obligar al corazón de otra persona a seguir sus deseos.

—Quiero que ella sea feliz, aunque no sea conmigo —respondió finalmente.

La sirena guardó silencio. Después sonoramente y levantó los brazos. De pronto, miles de estrellas descendieron del cielo y se hundieron en el canal. Los árboles comenzaron a brillar, los grillos redoblaron su canto y las luciérnagas formaron un sendero luminoso que conducía hasta el patio donde los jóvenes se reunían bajo las parras.

—Has elegido el deseo más difícil —dijo la mujer—. Por eso recibirás un don que ningún hechizo podrá quitarte.

Tocó las cuerdas de la guitarra y desapareció en una lluvia de luces esmeraldas.

Julián llegó al patio cuando Elena conversaba con sus amigos. Se sentó bajo la parra y comenzó a tocar. La melodía se extendió por las calles, atravesó los ranchos y alcanzó las orillas del canal. Elena reconoció en aquella música una ternura que nunca había advertido y se acercó a escucharlo.

Desde aquella noche, los dos comenzaron a encontrarse al caer la tarde. El amor creció entre paseos, canciones y silencios compartidos, sin promesas mágicas ni juramentos eternos.

Y cuentan los antiguos que, cuando la noche es serena y una estrella parece nadar sobre el canal, la Sirena vuelve a escuchar la guitarra de Julián. Entonces, las luciérnagas encienden su collar verde y las callejas bandeñas se convierten, por unas horas, en un camino de estrellas donde los sueños encuentran su rumbo.