En Santiago del Estero, los músicos y humoristas se reúnen principalmente en grandes festividades populares, peñas tradicionales y eventos que celebran la identidad local.
Entre los cuales es muy
recordado CACHO.... aquí uno de sus cuentos.
Cuento del pescado",
que retrata con mucha gracia la picardía santiagueña:
Cuenta Cacho que un
pescador saca un pez del río y, en lugar de comerlo, decide criarlo en un
balde. Con el tiempo, el pescado se va acostumbrando tanto a estar fuera del
agua que empieza a caminar por el patio. El dueño le pone de nombre Pancho.
La historia escala en
humor cuando Pancho, el pescado, empieza a comportarse como un perro: corretea
entre los pollos, se pelea con los perros de verdad y hasta duerme la siesta
bajo el algarrobo. El desenlace es trágico y cómico a la vez: un día, Pancho
intenta cruzar un puente, se cae accidentalmente al río y, como ya se había
"olvidado de nadar" por pasar tanto tiempo en el patio, ¡muere
ahogado!
Otras
historias populares en sus discos:
El santiagueño y el
Obelisco: Relata la llegada de un paisano al Gran Buenos Aires que, asombrado
ante el Obelisco, es abordado por un porteño que intenta
"vendérselo". El santiagueño, sin perder la calma, le responde:
"Vaya envolviéndolo nomás, señor, que ya vuelvo".
La rivalidad fraternal:
Sus cuentos solían jugar con la relación entre santiagueños y tucumanos,
siempre aclarando que, a pesar de las bromas sobre quién es más mentiroso o
"pícaro", existe una relación de hermandad profunda entre ambas
provincias.
Puedes encontrar estas y
otras narraciones en su álbum emblemático "Santiagueñadas", donde
mezclaba estas historias con sus canciones folclóricas.
"¡Sixto, le he
puesto letra al Tero!" Con esta exclamación y una de sus amplias sonrisas
entró Cacho Lobo en la peluquería de Don Sixto Palavecino. Las horas
compartidas, las actuaciones juntos, la lucha en común por el Alero Quichua
Santiagueño, y su particular modo de ser, alegre y extrovertido, hacían que
Cacho tuviese ese trato familiar hacia Don Sixto.
Amadeo Lobo era de
Laprida, pequeño pueblo del Departamento Choya con una estación de ferrocarril,
a poco menos de 40 Km de Loreto yendo hacia Frías. Cacho recordaba siempre a su
Laprida como un pueblo tranquilo, de gente amable, algo de salitral y mucho
folclore.
Desde chico se inclinó
hacia la música folclórica. Aprendió a tocar la guitarra y el charango. El
bombo no era para aprender, sino mas bien algo natural, igual que el canto. Un
poco más crecido también escribía versos a los que les ponía música.
En la ciudad de Santiago
del Estero, Cacho Lobo fue cantor y músico. Su carácter chispeante y ocurrente
fue manifestándose cada vez más en los escenarios y poco a poco el humorista
casi desplazó al cantor. El humor ante un micrófono es cosa seria, más aún si
tenemos en cuenta que Cacho era de los humoristas que no recurren a la palabra
soez o a la agresión verbal para arrancar una risa del público.
Se integró al Alero
Quichua Santiagueño en la época en que Felipe Corpos conducía la audición
radial. Cuando Corpos sufrió el accidente fatal, fueron Nidia Franicevich y
Cacho Lobo quienes debieron hacerse cargo de conducir la audición. Después se
incorporó Rubén Palavecino a la conducción de la audición, y al poco tiempo
Nidia se fue a Jujuy para trabajar como locutora en una emisora de radio.
La conducción de la
audición radial era compartida entre Rubén Palavecino y Cacho Lobo. En las
reuniones de los Lunes por la noche en la peluquería de Don Sixto se
planificaba la audición del Domingo que seguía, las salidas a la campaña y
otras actividades. Si tales salidas impedían la emisión directa de la audición
radial, se grababa el Jueves por la noche.
Con motivo del casamiento
del cantor José Sequeira en Villa Salavina, los integrantes del Alero Quichua
hemos viajado en un ómnibus contratado para tal fin. La ceremonia y fiesta de
casamiento fueron celebradas un Sábado por la noche. El Domingo por la mañana,
Don Sixto, Rubén, Cacho Lobo, José M. Lami Hernández (h) y Edgardo Mansilla han
ido hasta Barrancas, donde Doña Abdona de Villarreal ha hecho entrega a Don
Sixto del primer violín que él tuviera y que hacía décadas había cambiado por
otro mejor. Ese trascendental momento ha sido registrado en fotografías y
grabación de audio. Tal como hacía Felipe Corpos, en las salidas del Alero se
tomaban grabaciones para luego reproducir en la audición.
En las reuniones de esos
tiempos, la gente del Alero Quichua estaba procurando un terreno donde
construir La Posta Quichua, que sería un emprendimiento integral
tradicionalista. Don Sixto tuvo una entrevista con el Gobernador de la
Provincia, General César Fermín Ochoa, con quien dialogó en quichua, pues el
General Ochoa era quichuista natural del departamento Atamishqui. De esa
reunión, a la que Don Sixto concurrió con otras personas del Alero, surgió la
urgente necesidad de tramitar la Personería Jurídica. Cacho Lobo fue uno de los
impulsores del trámite que se inició en Septiembre de 1.977 y también fue uno
de los integrantes de la Comisión Directiva, que era presidida por Don Sixto
Palavecino.
Su primer disco, grabado
en el formato Larga Duración, se llama Cacho Lobo y sus Santiagueñadas. El
disco ha sido presentado junto con el disco Corazón de Mishtoles de Carmen Palavecino.
Esa noche Radio Nacional ha transmitido la presentación desde el Teatro 25 de
Mayo, que estaba lleno de público mayoritariamente integrante o simpatizante
del Alero Quichua Santiagueño.
En su actividad laboral,
llegó a tener una imprenta en la que trabajaba con sus hijos, a los que formaba
en lo laboral, en lo artístico y fundamentalmente en los valores humanos.
Generalmente actuaba
solo, a veces con Don Sixto y a veces como Cacho Lobo y Sus Hijos. Walter Lobo
tocaba la guitarra y cantaba a dúo con Cacho. Pablo tocaba el bandoneón y es un
músico de prestigio nacional que participó en la grabación del Volumen 6 del
Alero Quichua. Mario es violinista y se dedica a la enseñanza. El más chiquito
de los que subían al escenario cantaba y hacía imitaciones, mientras que las
dos niñas tocaban el bombo. Cacho escribió y grabó el poema Romance Para mis
Hijos, donde los compara con las notas musicales. En el disco Cacho Lobo y Sus
Hijos (1.987) participan Walter, Pablo, Mario y las dos chicas.
Serio y firme a la hora
de defender convicciones, en el trato personal era alegre y bromista. Gustaba
de poner un apodo a su interlocutor, para mudar hacia otro en el próximo
encuentro, pues el sobrenombre era solo para el momento. Recordando una
expresión de Felipe Corpos, llamaba a la peluquería de Don Sixto "La
Jabonería de Vieytes", evocando el local donde se reunían a conspirar los
patriotas de Mayo de 1.810. En homenaje a Felipe Corpos, creó el gato El Felipe
Benicio.
Don Sixto solía tocar en
todas sus actuaciones un gato suyo que imitaba al tero. Cacho sabía bien la
melodía por ser compañero habitual en la radio y en otras actuaciones. La noche
en que llegó a la peluquería anunciando que había puesto letra al gato, lo
cantó enseguida con la guitarra que Don Sixto siempre tenía en su lugar de
trabajo. La letra describe poéticamente el aspecto y costumbres de la avecita.
Una vez registrado, el nombre quedó como El Canto del Tero, música de Don Sixto
Palavecino y letra de Cacho Lobo. Ha sido grabado por intérpretes nacionales.
A los nuevos cantores,
ansiosos por subir a los escenarios, Cacho solía aconsejar una buena
preparación cultural para tener fundamentos a la hora de hablar al público.
Decía que uno debía leer por lo menos el manual Santiago del Estero de la escuela
primaria. Sugería ensayar ante un espejo para controlar postura, ademanes y
gestos. También solía decir: "Changos, no anden con dudas; consulten a Don
Sixto; él no solo es nuestro factor humano aglutinante sino también un hombre
que sabe mucho."
De pronto, Cacho Lobo
dejó de concurrir a todas las actividades del Alero Quichua. Evitaba hablar de
los motivos para tal alejamiento. La muchachada del Alero y del folclore en
general concurría a diario a la imprenta, donde había conversación alegre y
sana, bromas, música, canto y mate. Bebidas alcohólicas no; ni pensarlo en un
lugar de trabajo; además, ni el dueño ni sus hijos bebían.
Años después se fue a
vivir en Arrufó, provincia de Santa Fe, de donde volvió enfermo y empobrecido.
Falleció en Santiago del Estero el 18 de Marzo de 1.997.
Además del recuerdo de su
gran sonrisa, sonoras carcajadas y sanos consejos, nos quedan varias creaciones
folclóricas, como la chacarera Coplas Dulces, con música de Don Sixto. Con
Orlando Gerez creó el chamamé Río Santiagueño y la chacarera Fuelle
Santiagueño. La polca llamada Posiblemente, también es de Cacho, al igual que
la zamba Coplitas Jujeñas, la chacarera Amaneciendo en Vidalas, la chacarera
Anga Súmaj, la zamba Regresando al Pago y la chacarera Don Braulio. Hay más creaciones
de Cacho para conocer o recordar. Habrá que preguntar a sus hijos, que siguen
sembrando notas musicales por el pago.
Por: Cristian Ramón Verduc


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