Construido para ser el motor de desarrollo del Noroeste argentino, el embalse de las Termas de Río Hondo enfrenta hoy una doble amenaza: la asfixia por sedimentos y un cóctel tóxico que pone en jaque no solo a Santiago del Estero, sino a toda la cuenca del Salí-Dulce. Una historia de promesas incumplidas y un grito ambiental que no puede seguir esperando.
Imaginen un espejo de
agua de casi 300 kilómetros cuadrados, diseñado para domar las crecidas, regar
más de mil kilómetros cuadrados, generar energía y convertirse en el pulmón
turístico de Santiago del Estero. Ese era el sueño original del embalse de Río
Hondo. Sin embargo, hoy, bajo la aparente calma de sus 5,3 metros de
profundidad media, late un corazón enfermo.
[Gráfico sugerido 1:
Infografía comparativa. A la izquierda, una silueta del embalse con sus datos
originales (Superficie: 296,7 km², Volumen: 1745 hm³). A la derecha, un
indicador de alerta mostrando la pérdida de más de 4.000 hectáreas de espejo de
agua y la reducción de su vida útil del 100% al 35%].
La asfixia lenta: Cuando
la montaña se desmorona
El primer enemigo del
embalse no llega con estruendo, sino grano a grano. Se llama colmatación.
El proceso es tan brutal
como poético en su tragedia: las intensas lluvias del pedemonte tucumano (que
superan los 2.800 mm anuales) golpean una montaña degradada por la
deforestación para dar lugar a cultivos de cítricos y caña de azúcar. Sin la
rugosidad de la vegetación para frenarlo, el suelo arcilloso se disgrega. El
agua, ahora cargada de sedimentos rocosos y altamente abrasiva, arrastra todo a
su paso con gran energía hasta que, al llegar a la calma del lago, estos
materiales se depositan en el fondo.
El resultado es
alarmante: el embalse ha perdido entre un 10% y un 17% de su capacidad de
almacenamiento según cifras oficiales, pero investigaciones de la UNSE sugieren
que esta cifra podría alcanzar el 35%. La sedimentación anual supera el 2%, un
ritmo tan acelerado que el propio río Salí ha perdido su cauce natural,
formando un nuevo delta en su desembocadura. El lago se está llenando de
tierra, y con ella, se entierra su futuro.
[Gráfico sugerido 2:
Ilustración secuencial o mapa de la cuenca que muestre el recorrido del agua
desde el pedemonte (5.500 m de altura) hasta la presa, destacando visualmente
cómo la falta de vegetación permite el arrastre de sedimentos (70% arcilla, 20%
limo, 10% arena) hacia el embalse].
Un cóctel tóxico: La
contaminación con nombre y apellido
Si la tierra lo asfixia,
el agua lo envenena. Durante la época de zafra (de octubre a marzo), cuando el
lago suele estar casi lleno, más del 80% de su superficie se encuentra
contaminada.
Pero la amenaza también
viaja desde el norte. La Minera La Alumbrera, en Catamarca, traslada su
producción mediante un mineraloducto de 317 km que ha sufrido múltiples roturas
documentadas. El agua residual de su proceso de deshidratación es vertida en el
canal DP2, que desemboca en el río Salí y, finalmente, en nuestro embalse.
Informes de Gendarmería ya han detectado metales pesados como cobre y cromo en
niveles superiores a los tolerables; inhibidores biológicos capaces de bloquear
el transporte de oxígeno en la sangre.
[Gráfico sugerido 3: Mapa
de calor de la cuenca Salí-Dulce señalando los focos de contaminación:
Ingenios, frigoríficos, curtiembres, el mineraloducto desde Catamarca y el
basural de Cruz Alta, con una leyenda que indique el nivel de afectación
estacional (1/3, 1/2 o 80% del lago contaminado)].
El grito de la cuenca:
Una deuda que no admite más postergaciones
El deterioro de Río Hondo
no es un problema aislado de Santiago del Estero. Es una bomba de tiempo ecológica
que afecta el agua de riego y ganadería local, pone en peligro la biodiversidad
de la Laguna de Mar Chiquita en Córdoba y amenaza con contaminar las aguas
trasvasadas hacia la provincia de Santa Fe. La fauna ictícola del embalse,
advierten los estudios, podría extinguirse en menos de cinco años.
Frente a este panorama,
el Foro Ambiental de Las Termas de Río Hondo levantó la voz, presentando
un petitorio urgente amparado en el Artículo 41 de la Constitución Nacional.
Sus demandas son claras y no admiten medias tintas:
- La construcción obligatoria de
plantas de tratamiento de efluentes industriales y cloacales en un plazo
no mayor a un año.
- La declaración de emergencia
ambiental para convocar a universidades y expertos a salvar la vida que
aún resiste en el embalse.
- Un plan inmediato de reforestación y
vallas de contención de sedimentos en el pedemonte tucumano.
- La inclusión de la sociedad civil en
el Comité de Cuenca Salí-Dulce para auditar con nombre y apellido a las
empresas contaminantes.
El espejo que nos
devuelve nuestra responsabilidad
El agua no tiene memoria,
pero la tierra sí. Cada litro de agua que el embalse de Río Hondo pierde por
sedimentación o envenena por negligencia industrial, es una promesa rota con
las generaciones futuras.
Recuperar este cuerpo de
agua no es solo una cuestión de ingeniería o de presupuestos; es una obligación
moral. Requiere dragado, sí, pero sobre todo requiere voluntad política,
reforestación masiva y un cambio radical en el modelo de producción de la
cuenca.
Como reza la última línea
del informe que dio origen a esta lucha: "Depende de nosotros".
La pregunta que nos queda flotando, como la bruma sobre el lago al amanecer, es
si seremos capaces de actuar antes de que el nuevo delta del río Salí se
convierta en la única orilla que nos quede.
Nota del editor: Este
artículo se basa en el "Informe Ambiental Termas Río Hondo",
elaborado a partir de documentación de la Asociación de Ingenieros, Técnicos y
Especialistas de Santiago del Estero (AITE) y datos de la UNSE, la Policía
Ecológica de Tucumán y el Foro Ambiental de Las Termas.









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