domingo, 1 de noviembre de 2026

El origen de la chacarera

 


Quizás muchos no lo sepan, pero la chacarera, proveniente de Salavina tiene elementos afros aportados por negros esclavizados llegados desde el Perú a través del Camino Real, una vía de comunicación de cerca de 3 000 km que fuera construida hace más de 400 años por los conquistadores españoles y por la cual transitaban comerciantes, soldados y religiosos, con el objeto de transportar mercancías, violar nativas, diezmar poblaciones originarias, robar obras de arte para fundirlas y transformarlas en lingotes, traer la religión verdadera y poblar el Tucumán y el norte argentino hasta Buenos Aires para crear un acceso al Océano Atlántico. De esta manera se fue formando un camino principal que unía al Alto Perú con Córdoba y demás. Así que, por medio de la ruta antedicha, sabemos llegan los africanos esclavizados desde el Viejo Perú hasta Santiago del Estero y crean en ese lugar la chacarera (en realidad crean el gato, dado que éste es progenitor de aquélla, hay consenso en el rubro sobre esto, lo hablamos con Vitillo además que fue alumno de Don Andrés Chazarreta), cuya sesquialtera, hemiola vertical o rítmica en cruz, que es la polirritmia 3/4-6/8 de la proyección folklórica, viene desde el África; los ritmos de nuestro folklore que están en 6/8 suelen jugar con esa polirritmia entre 2 y 3 tiempos, por eso suelen firmar 6/8 (¾), y esto los asemeja en muchos aspectos entre ellos y con otros ritmos similares, como el joropo venezolano, la zamba, la zamacueca, etc. Esto lo charlamos también con el querido Raúl Carnota, coincidiendo. Asimismo, este viaje, trae el quechua de los Incas (el Inka es el soberano, y Quechua es el pueblo originario) al centro de la actual Argentina (la entrada del quechua al actual territorio nacional es anterior, ver más adelante), que aquí se transforma en el quichua santiagueño. El primer gato registrado fue 'Relaciones para el gato' por Rafael Rodríguez Brizuela, y el segundo, 'Gato' (a secas), dos meses luego, por Juan Varela, José Lizzoli y Eduardo Barberis, ambos grabados en 1905 en cilindro de cera Edison por Robert Lehmann-Nitsche y que quién escribe tiene en su haber. 

Santiago del Estero es la ciudad permanente más antigua del país, fundada en 1553 en su actual emplazamiento (a continuación, un artículo sobre esto). Salavina, que debe su nombre a los Salavinones (pueblo originario) o sanavirones, es la cuna de la chacarera (existen chacareras anónimas con letras antiquísimas en quichua) y del bombo legüero, que es distinto a cualquier otro membranófono nativo. En todo Santiago hubo y hay afrodescendientes; por ejemplo, en San Félix, casi todos sus habitantes lo son (ver más adelante). Recordemos que en 1778 (luego de la creación del Virreinato del Río de La Plata, que fue en 1776) se lleva a cabo el primer censo en el Río de la Plata (Censo de Vértiz), arrojando los siguientes resultados respecto de la población negroafricana: para Catamarca: 52%, Tucumán: 42%, Córdoba: 44%, Buenos Aires: 30%, Santiago del Estero: 54% (el Negro Casimiro Alcorta –hijo de una esclava de Amancio Alcorta, de quien toma el apellido-, autor de Cara sucia, el más antiguo tango de autor conocido, era afrosantiagueño; Oh mar, a fines de s. XVIII en Santiago del Estero, eran más los no blancos que los blancos, pues la población que no entra en estos porcentajes no era toda blanca, sino que había también originarios y mestizos.

La mención más antigua que hay a la Chacarera fue encontrada por Isabel Aretz, en las "Memorias de Florencio Sal", publicadas en Tucumán (abril de 1913); allí, está escrito que la chacarera se bailaba en esa provincia ya hacia 1850. Aretz recogió chacareras bajo los nombres de Chacra y Molino, en el oeste de Córdoba.

Con respecto a las versiones musicales antiguas de la chacarera, podemos citar, entre otras, las de Andrés Chazarreta (1911, '16, '20 y siguientes), las de Manuel Gómez Carrillo (1920 y '23), y las de Carlos Gardel junto a Razzano (1925 La choyana, con música de Alberto Acuña-letra de René Ruiz).

La etimología del nombre.

La palabra proviene de chacarero, trabajador de una chácara o chacra (del quichua santiagueño chakra: 'maizal', 'tierra de labor', que a su vez viene del quechua čhakra), y se refiere a un terreno o especie de granja, donde se siembra y/o practica a la ganadería, dado que inicialmente se bailó en estos sitios, en el campo.

El aspecto musical.

El ritmo de gato hoy vive en, obviamente, la chacarera, pero además en el escondido, el pala-pala, el malambo, etc., llegando inclusive hasta la provincia de Buenos aires con el nombre de huella.

La “forma” de la chacarera es: intro (frase 2 compases x3)-estrofa (frase 2 compases x4)-inter (6 compases)-estrofa (8 compases)-inter (6 compases)-estrofa (8 compases)-estrofa (o estribillo, 8 compases), todo esto, 2 veces, donde el período de 8 compases que dura cada estrofa está formado por 2 vueltas de 2 antecedentes + 2 consecuentes cada una, y es donde se canta.

Las chacareras pueden ser de 6 u 8 compases (lo que dura la introducción y también las vueltas enteras). La chacarera doble tiene 16 compases más que la chacarera (a secas); o sea, sus 4 estrofas duran 12 compases en vez de 8. Un ejemplo de chacarera doble es Añoranzas de Julio Argentino Jerez o La sachapera de Oscar Valles y Carlos Carabajal. La chacarera trunca puede ser simple (Coplas de cielo y río de Carlos “Negro” Aguirre), doble (La de los angelitos de Adolfo Ábalos y Julián Díaz, Déjame que me vaya de Roberto Ternán y Cuti Carabajal), de 6 u 8 compases, la diferencia está en su escritura musical: la hace trunca la acentuación en su tiempo débil al comienzo y al final, el acento cae en el 2° tiempo del compás de ¾, cosa que no sucede con las chacareras a secas, o sea, las que no son truncas (que suele decírseles derechas), donde el acento cae en el 3er. tiempo del compás. La chacarera trunca (La vieja de los Hnos. Díaz y Oscar “Cacho” Valles) termina todas las frases en el 3er. tiempo, carece de 1º, por lo que se produce un contratiempo debido a la ausencia del mismo. Tanto las chacareras (simples) como las chacareras dobles pueden ser truncas. La chacarera puede ser simple, dentro de las cuales hay normal y trunca, y doble, que también se divide en normal y en trunca. Una chacarera simple es Hacéme sufrir de los hnos. Simón.

El acompañamiento del bajo consta de un silencio de negra y dos negras.

La segunda voz puede ser en 3as. o en 6as. (menos común), ambas descendientes

Sobre la fundación de la ciudad.

Santiago del Estero es la ciudad más antigua del país que aún se mantiene en pie, fundada en 1553 por Francisco de Aguirre, si bien, a rigor, originalmente la ciudad fue fundada el 24 de junio de 1550 por Juan Núñez de Prado, proveniente del Perú, con el nombre de El Barco, en honor a su ciudad natal en España, El Barco de Ávila. Núñez de Prado se vio obligado a trasladarla al año siguiente, y luego, tuvo que retrasladarla, en 1552. Los habitantes de esta tercera ciudad de El Barco fueron conminados por Francisco de Aguirre, proveniente de Chile, a mudarse a una nueva ubicación y, junto con colonos que él mismo traía del territorio trasandino (Nueva Extremadura, perteneciente al Virreinato del Perú en esa época, luego Capitanía General de Chile, a fines del s. XVII), fundó una cuarta. ciudad, pero con otro nombre: Santiago (por el Apóstol Santiago) del Estero (por hallarse junto a una laguna cercana al río Dulce) el 25 de julio de 1553.

Con Núñez de Prado, además de españoles, llegaron numerosos originarios de habla quechua, lengua que dio origen al actual quichua santiagueño, ampliamente difundido en la provincia.

Pero, antes de la llegada de los españoles ya había gente ahí y había una cultura preexistente, estaban los salavinones o sanavirones –de allí el nombre de la ciudad o distrito de Salavina, departamento del mismo nombre-, así que éstos fueron sus primeros habitantes. Los conquistadores españoles los llamaron yugitas, como se advierte en la Información de servicios presentada en julio de 1548 por Pedro González del Prado.

La quechuización del Río de la Plata.

Quechua es el pueblo originario que tuvo si centro en Qosqo, que significa el ombligo del mundo ya la cual los españoles rebautizaron como Cuzco, que no significa nada. El Quichua es la variante lingüística santiagueña.

La quechuización del actual territorio nacional arranca antes, en 1472 más precisamente, 4º período, Incaico o Imperial de la etapa Agroalfarera o de productores en el NOA, región rebautizada como Collasuyu por los quechuas; Domingo A. Bravo atribuye la "primera entrada" del quechua a la región del Tucumán a la expedición del capitán Diego Rojas en 1543. Estas expediciones estaban compuestas por yanaconas (indios de servicio) hablantes quechuas. Entre 1550 y 1553, Santiago del Estero se consolida como capital de dicha región; esta acción quechuizante se da porque el quechua era hablado desde Quito hasta el Reino de Chile y el Reino del Tucma. Según lo expresa el profesor Marcos A. Moringio cuando se refiere a la autoridad del Inca Garcilaso. Fuente: Estado actual del quichua santiagueño. Domingo A. Bravo Ed. 1989.

Como pregunta final, les hago la siguiente: nombren 5 temas de bandas de rock internacionales… ahora nombren 5 títulos de chacareras… voy a ser más bueno y sumamente indulgente: sólo tararéenlas… espero no haber herido susceptibilidades, pero de eso se trata la transculturación, y es un arma más poderosa que la pólvora, dado que no es tan evidente.

San Félix, ciudad negra africana santiagueña.

Dedicado a mi amigo y hermano Carlos Alberto Torres.

En San Félix, Provincia de Santiago del Estero, sus habitantes (gentilicio: “sanfeleños”) se consideran afrodescendientes, y es su orgullo pertenecer a la rama de africanos esclavizados que pusieron el cuerpo para construir la nación. Probablemente no tengan todos el fenotipo africano, pero ése quizás sea un error nuestro: el pretendiente considera afros sólo a los que sí lo manifiestan en la cara. Lo llevan en la sangre, y también lo han heredado culturalmente.

Hace unos años vi una filmación de Titilao Alderete, el poblador más antiguo de San Félix, que en aquel entonces tenía más de cien años y era nieto de los fundadores del pueblo.

“Hoy Usted acaba de aprender algo nuevo”.

pd: como era de esperar, va a surgir un montón de gente iluminada que se aburre porque ya lo sabe todo inclusive lo que yo estoy pensando en este justo preciso momento porque tienen el don de la adivinación entonces ya saben de antemano lo que voy a escribir, y le van a ver errores a esto por todos lados, van a darse cuenta que está todo mal, al punto que es cuasi perverso porque ellos son expertos de los defectos. En lugar de buscar el propósito constructivo de quien lo escribió o mandarle en todo caso un mensaje personal en un acto hidalgo si creyeran notar algo que pudiera no ser correcto, van a defender y escrachar en público y enojarse con quien lo escribió. A toda esa gente, un gran abrazo y profundo deseo de mejora, pues no se puede vivir con toda esa ira adentro: hace mal.

Los Demas Dan Alguna Opinión...........

Roberto Rutigliano Eso mismo, la chacarera es una mezcla de 3/4 con 6/8 un tipo de superposición que no existe en la tradición europea; Claramente es una política heredada de la cultura musical africana...esto es evidente, la constatación histórica ayuda a reforzar la descendencia.

Luis Blaugen-Ballin El joropo venezolano es igual.

Roberto Rutigliano hay toda una musicalidad negra en toda la costa del pacífico que tiene ese estilo en 6/8...el Joropo me parece más parecido con el valsecito peruano...

Luis Blaugen-Ballin Pero el vals es 3/4, y el joropo es polirrítmico.

Milton Blanco En el vals criollo peruano muchas veces escuché que al improvisar los músicos superponian de a tandas 3/4 y 6/8

Roberto Rutigliano el joropo me suena como en 3/4 rápido...

Ruben Trionfini Había dos maneras que tenían los Incas de invadir territorios...... Una por supuesto era la guerra directa, para someter pueblos y anexarlos al sistema de vasallaje, práctica en la que llegaron a eliminar culturas de la faz de la tierra, matando a todos sus integrantes e incluso arando el terreno, si es que las poblaciones en cuestión no se querían someter............ Otra era la utilización de "mitamaes", o sea grupos de población Inca, que se dejaban viviendo en un lugar determinado al cual querían colonizar, para que, por cuestiones de transferencia cultural, con el paso del tiempo, el lugar se amolde primero a la cultura inca, y luego se doblegue a la misma........ Esta manera, creo que fue la elegida en el caso que se hace referencia de Santiago del Estero. mitamaes, lo circunscribió a ese espacio territorial...

Silvana Truyol El quichua es prohibido como lengua en el Tucumán por cédula real (Carlos III) alrededor de 1730. Ya en 1635 el obispo Maldonado expuso su queja por carta al rey diciendo... Poco hablan los indios y españoles en castellano porque esta connaturalizada la lengua general de los indios...

Juan Antonio Campos LAS ACTAS DEL 9 DE JULIO ESTAN REDACTADAS EN QUECHUA Y AIMARA….

Daniel Lescano Gran parte del territorio santiagueño su lengua ancestral es el Quichua no solo en Salavina

Ruben Trionfini Con respecto al ritmo de chacarera, venido con los negros africanos o descendiente de los ritmos traídos por ellos, puede que la entrada haya sido por el camino real que iba de Lima a Sucre, pero, si tenemos en cuenta que los negrosn venían con los españoles y no con los Incas, ese camino fue posterior al utilizado por la colonización para entrar a lo que ahora llamamos Argentina........ Se entró primero por Chile, y desde allí se fundó primero Esteco, desaparecida, y luego Santiago del Estero, por Francisco de Aguirre....... La colonización fue una cuestión familiar, si se puede decir así, y desde Chile, Valdivia mandó a Juan Jufré a fundar San Juan, luego a su hijo Luis Jufré a fundar San Luis y este era sobrino nieto de Aguirre....... Espero haber enriquecido la charla...

Luis Blaugen-Ballin Este camino es el primero, por ese camino arriban los primeros realistas a la actual pcia. de Sgo. del Estero, junto con afros esclavizados y quechuas. Desde Chile serán años luego, cuando venga Aguirre.

Juan Melo Ruben y Luis aqui, ni el articulo tampoco, se menciona el camino del Capasnian o Chapajnian que nacia en anguila noroeste de Cordoba hacia Perú. Según nuestros antiguos pueblos originarios, leáse Inka, queshua. Kolla, aymara, inclusive diaguita quilmes, sanavirones... conocian todo ese camino. Su construcción, casi natural por el tránsito constante, es varios siglos antes de la llegada española. Sobre la chacarera se podría afirmar que su ritmo es similar a otras danzas nativas, preexistentes. Lo probable es que sea de pueblos originarios del NE y no afro. Inclusive el bombo es similar a los tambores nativos a lo que se sumaron los aros para tensar los parches situación que sí aparece en tambores originalmente africanos. Por último, me permito trazar un paralelo donde afirmo que los ritmos africanos relegados a los afro en América, ninguno se parece a la chacarera. Para dar magnitud a esta afirmación a esto digo que ni el tambó (hoy conocido como tango) ni el canbombe rioplatense se parecen a la chacarera en cuestión... dejo abierta la charla para agregar más detalles. Abrazos

Joaquín Dufour Hola Juan. La música rioplatense no guarda parentezco con la chacarera porque las naciones de esclavos que llegaron al Bs As eran mayormente Congos. Los afros que entraron en Santiago (al menos al principio) venían desde Lima, lo hicieron mucho tiempo antes.

Según lo entiendo yo, de las culturas a nivel mundial que desarrollaron la verticalidad de la ritmica (polirritmias), la que nos llega a América es la africana, que en si misma está dividida en culturas muy diferentes entre sí, a las cuales "como son todos iguales de negros" solemos no mirar en detalle. Hasta donde yo tengo entendido, ninguna de las culturas preexistentes de América desarrollo verticalidad rítmica.

En la polirritmia hay dos figuras básicas, la ya conocida 3/4 6/8, que es ternaria (bueh, si se ve de la perspectiva del 3/4 no, pero...) y la conocida como 3 3 2, que es negra con puntillo dos veces y negra. Está figura se entrelaza con el pulso de un compás binario de 4 tiempos. A partir de ahí se estructura prácticamente toda la música popular en América, con excepción de las expresiones originarias y algún que otro ritmo trasplantado de Europa, como la Polka o el Vals.

Cada una de estas polirritmias (que tampoco venían impolutas de África, claro) con el paso de los tiempos se van a vestir de todas las particularidades con las cuales llegaron a nuestros oidos En cuanto a la rítmica. La chacarera como tal o el gato, son una estructura coregráfica musical.

El ritmo madre es el malambo, y este viene de malembe, similar origen afro cómo el de la expresión musical afrovenezolana. Así como lo rítmico musical podría incluirse el zapateo, diferente a la coreografía que es un elemento más bien español, y la incorporación de boleadoras que si bien una simple vista más relacionada con la cultura nativa originaria, en África hay usos rítmico-musicales con elementos similares a estos que acompañan la música/danza, más bien de tipo agrario. Tocar tiene sentido y razón y no la mera expresión artística como lo ha síganos la cultura europea. Esto puede tener con chacarera en su etimología derivada de chacra como por ahí se dice. En cuanto a términos Zamba viene de semba, que en Brasil es la ombligueada, danzas de fertilidad.

Jorge Galian Chazarreta Excelente!!!! ¡Luis Blaugen-Ballin Un orgullo que me lo diga un Chazarreta!

Kyoge Betsuden Así me lo enseño el gran Toro Stafforini

Luis Blaugen-Ballin Pasáme eso por privado, forma parte de un laboratorio más grande esto, que estamos haciendo con otros colaboradores.

Kyoge Betsuden No tengo nada escrito, tu artículo me trajo recuerdos de conversaciones.

Kyoge Betsuden Muy buena la 📝

Jose Pavoni Excelente Luis, admiro tus amplios conocimientos culturales.

Roberto Rutigliano Gracias mestre

Mariela Díaz Sí. La gente se enoja mucho cuando dices que la Chacarera tiene raíces también negras... y que vino de Perú.

Luis Blaugen-Ballin La gente se enoja por cualquier cosa, todo hoy es motivo de agravios, todo el mundo está irascible... el enojo es directamente proporcional a la ignorancia

Roberto Fernández Rizo Luis Blaugen-Ballin acá el ojo viene por lo de negro. En Argentina ocurre que no quieren reconocer lo negro en su cultura. Y lo negro está desde Alaska hasta la Tierra del fuego.

Pero la realidad es más fuerte que cualquier deseo. Tan es así, que si hay algo que identifica a la cultura argentina es el tango. Y el tango proviene de ntangu, palabra del kikongo, que es el idioma del pueblo Kongo. Y los kongos han sido la cultura africana que más aportes hizo a la música popular del continente americano.

Roberto Fernández Rizo Hola Luis, ¿cómo estás?  Me interesa mucho tu artículo sobre la Chacarera y conocer más sobre el tema. Intuyo que tango congo, un patrón rítmico afroamericano, también siguió ese camino. Saludos

Luis Blaugen-Ballin El tango venía por otra corriente, del Atlántico digámosle, por eso hay analogías entre el son, la habanera, la milonga, el tango primigenio (no Gardel). En cambio, estos afros, que venían del Perú, muchos eran afros criollos, y generan los ritmos 6/8 (3/4), en contraposición a los del tango, que es otra música, corchea con puntillo semi 2 corcheas o sus derivados (3+3+2)

Roberto Fernández Rizo Luis Blaugen-Ballin muchas gracias.

Luis Blaugen-Ballin Igual nada de lo escribo es una verdad revelada, pues es pasible de ser mejorado, siempre que sea con respeto y sin arrojar descréditos. Tengo un artículo similar sobre el tango.   del Indio como decís Yupanqui

Este continente ya tenía caminos y población y muestro desarrollo.

Luis Blaugen-Ballin Existían varios caminos, los quechuas ingresaron al NOA antes que llegarna los españoles, también había otros pueblos en Santiago antes de esto (tonokotés, sanavirones, etc.), pero esos caminos no tenían la extensión de este camino real que ilustro en el mapa...

Por: Luis Blaugen-Ballin -

 


sábado, 31 de octubre de 2026

Los monstruos del folklore argentino: Cinco leyendas que atraviesan generaciones


Hay un perro negro que, según cuentan, recorría los sótanos de los ingenios buscando trabajadores para cumplir un pacto con el diablo. En el monte, un ser de pies invertidos castigaba a quienes no respetaban la naturaleza. Y en los ríos patagónicos, una criatura con forma de cuero esperaba a los desprevenidos para arrastrarlos bajo el agua.

Son historias que parecen salidas de una pesadilla, pero forman parte del folklore argentino. La luz mala, el Pombero, el Familiar, el Cuero y el Lobizón habitan desde hace generaciones los relatos de pueblos y comunidades de distintas regiones del país.

Algunas nacieron del temor a los fenómenos naturales; otras sirvieron para advertir sobre los peligros del entorno, transmitir antiguas creencias o expresar conflictos sociales que pocas veces encontraban otra forma de hacerse escuchar.

Detrás de cada monstruo hay una historia. Y no todas hablan de criaturas sobrenaturales: algunas cuentan mucho sobre la vida, los miedos y las injusticias de quienes las imaginaron.

La luz mala: cuando la muerte parece encenderse en el campo



En las noches de campo, lejos de los pueblos y de cualquier iluminación artificial, una luz que aparece a ras del suelo puede convertirse en una experiencia difícil de olvidar.

La tradición popular la conoce como luz mala. Según las versiones más extendidas, es el alma de un difunto que no recibió sepultura cristiana o de un espíritu condenado a vagar por la tierra. En algunas regiones del Nordeste también recibe el nombre de farol de Mandinga, en referencia al demonio dentro de las creencias populares.

Los relatos distinguen diferentes colores. La luz blanca suele asociarse con tesoros enterrados, mientras que las tonalidades rojizas o verdosas anuncian una presencia peligrosa. Hay quienes aseguran que permanece quieta en medio del campo; otros cuentan que se desplaza a gran velocidad y persigue a viajeros, arrieros y paisanos.

Frente a ella, los hombres de campo tenían sus propios recursos. Una de las creencias indicaba que había que morder la vaina del cuchillo o clavar el facón en la tierra, con el filo orientado hacia la luz. Las armas de fuego no servían contra los espíritus, decían, pero el hierro podía ofrecer protección.

También se creía que aquella aparición señalaba un tesoro enterrado. Algunos buscadores marcaban el lugar donde desaparecía para regresar durante el día y excavar. Se hablaba de antiguas ollas de oro escondidas desde tiempos coloniales. La búsqueda, sin embargo, podía terminar mal: los relatos anunciaban que de la tierra salían gases espesos y náuseas, capaces de enfermar a quien se acercara.

Una de las explicaciones naturales propuestas es el llamado fuego fatuo, un fenómeno asociado a la división de materia orgánica en ambientes húmedos. No obstante, la explicación de que estas luces se atribuyen a la combustión espontánea del fósforo y el metano no está científicamente demostrada para todos los casos.

También existe una interpretación vinculada con la vida rural: en algunos establecimientos se habría difundido la fama de que determinados campos estaban habitados por la luz mala para desalentar a los cuatreros y evitar que se acercaran al ganado durante la noche.

Entre el fenómeno natural y la creencia sobrenatural, la luz mala ocupa un lugar particular en el imaginario campesino. Una pequeña claridad en medio de la oscuridad podía convertirse en señal de muerte, anuncio de un tesoro o advertencia para quien anduviera solo por el campo.

El Pombero: el dueño del monte y de la siesta




En las regiones de influencia guaraní, especialmente en el Nordeste argentino, pocos personajes tienen una presencia tan fuerte como el Pombero.

Los relatos lo describen como un ser pequeño, cubierto de pelo y con un sombrero de paja viejo que oculta buena parte de su rostro. Lleva un bastón y tiene una característica inquietante: sus pies están invertidos, con los talones hacia adelante. Por eso, quien intenta seguir sus huellas puede terminar alejándose de él sin darse cuenta.

Se lo conoce como el dueño de la siesta, ese momento en que el campo parece detenerse y los adultos descansan. Los chicos que se alejaban de sus casas para internarse entre los algarrobales, los cañaverales o la espesura del monte podían encontrarse con él. Según las historias, tenía la capacidad de raptarlos, confundirlos o hacerlos desaparecer durante varias horas.

Pero el Pombero no era una amenaza exclusiva para los niños. También vigilaba el comportamiento de los adultos, especialmente de quienes trabajaban en el monte. Cazar más animales de los necesarios o talar árboles sin respetar el entorno podía despertar su enojo.

Los castigos llegaban durante la noche: piedras contra el techo, animales asustados, sonidos extraños y cantos de pájaros que conducían a los desprevenidos hacia lugares de los que después no podían salir.

La tradición también hablaba de pactos. Durante treinta noches consecutivas, algunas personas dejaban ofrendas en los límites del monte: tabaco, caña y miel. Si el Pombero aceptaba esos regalos, podía convertirse en protector de la vivienda, los cultivos y los animales. Interrumpir la entrega, en cambio, era considerada una falta grave.

La figura del Pombero expresa una relación particular con la naturaleza. No se trata de un monte vacío, disponible para cualquier uso, sino de un espacio habitado por fuerzas que deben respetarse. El temor a sus represalias podía desalentar la caza indiscriminada y la destrucción de la vegetación.

También había una razón doméstica: mantener a los chicos cerca de sus casas durante las horas de descanso de los mayores. Así, una misma criatura sirve para explicar ruidos nocturnos, proteger el entorno y poner límites a las travesuras infantiles.

El Familiar: el monstruo que habitaba los ingenios azucareros


En Tucumán y Salta circula una de las leyendas más oscuras del folklore del Noroeste: la del Familiar. Su historia está asociada con los grandes ingenios azucareros y con las condiciones de explotación que marcaron la vida de millas de trabajadores rurales.

Los relatos lo describen como un perro enorme, de pelaje negro, ojos rojizos, garras afiladas y pesadas cadenas que arrastran por los pasillos subterráneos de los establecimientos industriales. En otras versiones aparece como una serpiente gigante cubierta de pelo.

La leyenda sostenía que los propietarios de los ingenios habían realizado un pacto con el demonio para obtener riquezas, prosperidad económica y cosechas buenas. A cambio, debían entregar una vida humana cada año.

La víctima solía ser un trabajador solitario, alguien sin familiares en la zona o un peón que se había enfrentado a sus patrones. Lo enviaban a buscar una herramienta o cumplir alguna tarea en los sótanos y dependencias más apartadas. Después desaparecía. Al día siguiente, según la narración popular, solo quedaban sus pertenencias, mientras el patrón seguía acumulando riquezas.

Algunas versiones aseguraban que los objetos religiosos, como un rosario de plata bendecido o una cruz, podían proteger al trabajador. También se hablaba de puñales con empuñaduras en forma de cruz, capaces de herir al monstruo y obligarlo a escapar. Quien conseguía sobrevivir, sin embargo, debía abandonar inmediatamente el ingenio.

La leyenda cobra otro sentido cuando se la relaciona con la historia laboral de los establecimientos azucareros. Durante décadas, los trabajadores soportaron jornadas agotadoras, salarios miserables, hacinamiento y relaciones profundamente desiguales. Los propietarios ejercían un poder que muchas veces excedía la organización del trabajo. Las protestas y los reclamos por mejores condiciones podrían terminar en persecuciones y represalias.

En ese contexto, el Familiar puede interpretarse como una representación del miedo que dominaba la vida de los trabajadores. El monstruo que esperaba en los sótanos condensaba la violencia de un sistema en el que los patrones tenían un enorme poder sobre quienes dependían de ellos para sobrevivir.

La historia también pudo servir para explicar desapariciones y mantener sometidos a los peones. El trabajador que bajaba al sótano y no regresaba quedó envuelto en una explicación sobrenatural que podía desviar la atención de las responsabilidades humanas.

Las antiguas chimeneas de los ingenios todavía forman parte del paisaje de Tucumán y Salta. Detrás de esa arquitectura industrial, que transformó la economía del Noroeste, permanece una narración en la que la riqueza de unos pocos tenía un precio que pagaban otros.

El Cuero: la criatura que acecha bajo las aguas patagónicas


En los lagos y ríos de la Patagonia existe una leyenda que convierte un objeto cotidiano en una amenaza mortal: el Cuero.

A primera vista parece una piel de vaca o de oveja flotando sobre el agua. También puede confundirse con una manta abandonada entre las piedras de la orilla. Pero, según la tradición, no se trata de un cuero muerto, sino de una criatura sobrenatural que espera a sus víctimas.

En algunas versiones de origen mapuche aparece bajo el nombre de trülke wekufü. Su aspecto recuerda al de una manta o una piel extendida, aunque tiene características monstruosas: bordes provistos de garras, una boca en la parte central del cuerpo y una especie de ventosa capaz de succionar a los animales y las personas que se acercan.

El ataque es arrepentido. Cuando una víctima pisa la supuesta piel o se acerca demasiado, el Cuero se enrolla alrededor de su cuerpo y la arrastra hacia las profundidades. Algunas historias hablan de animales que desaparecen mientras bebe agua. Otros cuentan episodios protagonizados por niños que descansaban cerca de los ríos mientras sus madres lavaban la ropa.

Las armas comunes no servían contra su cuerpo resbaladizo. La única manera de vencerlo, decían los antiguos relatos, era arrojar al agua ramas espinosas de calafate u otras plantas. Al intentar envolverlas, el monstruo terminaba desgarrándose con sus propias espinas.

No hay pruebas que permitan identificar el cuero con una especie animal concreta. Se han propuesto explicaciones vinculadas con animales acuáticos de cuerpo aplanado, organismos gelatinosos y otros fenómenos naturales capaces de producir apariencias extrañas bajo el agua.

También puede entenderse como una advertencia de nacimiento de la experiencia cotidiana. Los lagos y ríos alimentados por el deshielo pueden ser extremadamente fríos, tener corrientes fuertes y presentar remolinos difíciles de detectar desde la orilla. En ese contexto, una criatura capaz de arrastrar a quienes se acercaban al agua funcionaba como una advertencia para mantener a los chicos alejados de las zonas peligrosas.

El Lobizón: la maldición del séptimo hijo y una leyenda que llegó hasta la Casa Rosada




El Lobizón es una de las criaturas más conocidas del imaginario popular argentino. Su historia, con raíces europeas y guaraníes, se expande por el Litoral y otras regiones del país.

La creencia tradicional sostiene que cuando una familia tiene siete hijos varones consecutivos, sin ninguna mujer entre ellos, el menor queda destinado a convertirse en Lobizón.

La transformación llegaría durante la adolescencia, especialmente las noches de martes y viernes y con mayor intensidad durante la luna llena. Según los relatos, el joven debía alejarse de su casa y dirigirse a un lugar solitario, como un monte, un gallinero o un cementerio. Allí se revolcaba tres veces sobre la tierra y comenzaba una transformación dolorosa.

El resultado era una criatura parecida a un perro enorme, negro y de aspecto feroz. Se decía que recorría los alrededores de los pueblos, se alimentaba de carroña y desenterraba cadáveres. Con la llegada del día recuperaba su apariencia humana y, en algunas versiones, ni siquiera recordaba lo ocurrido durante la noche.

Las consecuencias de esta creencia podrían ser mucho más dolorosas que la propia leyenda. Durante mucho tiempo, las familias que tenían un séptimo hijo varón podían ser objeto de sospechas y temores. Los relatos populares mencionan a niños rechazados y marginados por quienes creían que estaban destinados a convertirse en monstruos.

Para contrarrestar esa amenaza se difundió la costumbre de bautizar al niño y buscarle un padrino poderoso. Una de las tradiciones más conocidas consistía en solicitar que el propio presidente de la Nación asumiera ese compromiso.

La práctica adquirió una dimensión institucional a partir de la llegada de inmigrantes rusos al país. Las familias de ese origen transmitieron una costumbre vinculada con el padrinazgo del séptimo hijo varón por parte del zar. En la Argentina, esa tradición encontró un lugar propio y terminó incorporándose a las prácticas del Estado.

En 1974, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, se formalizó el padrinazgo mediante el Decreto presidencial 848/74. En 2009, la práctica se extendió también a la séptima hija mujer. El beneficio contempla una medalla conmemorativa y una beca de estudios.

Una superstición que podía convertir a un niño en objeto de rechazo terminó dando lugar a una tradición institucional de protección. Es uno de los recorridos más singulares de estas leyendas: el Lobizón pasó de los relatos familiares a formar parte de una práctica oficial del Estado argentino.

Los miedos detrás de las leyendas

Las cinco criaturas pertenecen a regiones y tradiciones diferentes, pero sus historias permiten reconocer preocupaciones compartidas. La luz mala daba una explicación a las apariciones luminosas; el Pombero imponía límites en el monte; el Cuero advertía sobre los peligros del agua. El Familiar ponía en escena la violencia de las relaciones laborales y el Lobizón mostraba cómo una superstición podía afectar la vida de una familia.

No todas estas historias nacieron por las mismas razones ni pueden explicarse de una sola manera. Algunas reúnen creencias indígenas y europeas; otras se transformaron al pasar de una generación a otra. Su transmisión oral hizo que convivieran distintas versiones, con personajes y episodios que cambian según la región.

En esas diferencias está buena parte de su riqueza. No son relatos detenidos en el tiempo: siguen circulando porque alguien los cuenta, los recuerda o los incorporan a una conversación familiar.

Quizás la próxima vez que una luz aparezca en un campo oscuro, que algo se mueva entre los árboles o que una sombra cruce la superficie de un lago, alguien vuelva a mencionar alguna de estas historias. Y probablemente no falte quien prefiera cambiar de tema.

Por: Leyendas del Folclore Santiagueño

 

Grandeza y decadencia de Santiago del Estero: La tierra que devora a sus hijos

A partir del ensayo de Orestes Di Lullo (1897-1987)  Grandeza y decadencia de Santiago del Estero .



La tierra que no tiene paisaje

Quien recorre Santiago del Estero, arranca Orestes Di Lullo, tiende a restaurarle importancia. "Ni siquiera tiene paisaje". Ancha, muda, soledosa. Esa pasividad, sin embargo, es un embrujo.

Para Di Lullo - médico, historiador y ensayista central de la santiagueñidad - esa tierra es la protagonista. No son los hombres que hacen la tierra. Es la tierra la que hace a los hombres. Una tierra hecha de extremos: "llanuras y bosques, serranías, esteros y salitrales, verdes lujuriosos y verdes secos; inundaciones y sequías espantosas; fríos siberianos y calorías africanas".

De ahí sale su teoría. Santiago vive en ciclos de acción e inacción, de grandeza y decadencia, de empecinamiento y decepción. Y nada explica mejor al santiagueño que el lazo con esa madre tierra. Lo dice el propio Di Lullo: "Hay una simbiosis entre la tierra y el hombre que convive en ella. Hay un cordón umbilical que va de la madre al hijo".

El Siglo de Oro: Madre de Ciudades

Mediados del siglo XVI. Llegan las corrientes de la conquista: Diego de Rojas, Juan Núñez de Prado, Francisco de Villagrán, Francisco de Aguirre. Por un designio extraño, como lo define Di Lullo, todas confluyen en Santiago. En 1553 se fundó la ciudad que será madre de ciudades.

El dato que rescata es contundente: en 1562, en todo el territorio que hoy es el país, solo queda en pie Santiago del Estero. Londres, Cañete y Córdoba del Calchaquí habían desaparecido. ¿Por qué resistir? Porque, en su tesis, "fue el resultado de un acto de fe". Cuatro veces trasladada. Nunca abandonada.

De su vientre salen Esteco, Madrid de las Juntas, Talavera, San Miguel de Tucumán, Córdoba, La Rioja, Salta, Jujuy. "Toda una maternidad inagotable. Pero cada fundación que promueve, con hombres y pertrechos, suyos, es una sangría de su propia vida. Muere un poco cada vez, pero cumple su destino".

Ese es el siglo de oro, de la fundación hasta fines del XVII. Santiago concentra la primera Catedral del país —donde, nota Di Lullo, se habría consagrado incluso Francisco de Borja—, el primer Seminario, las primeras escuelas de latín y gramática, las primeras bibliotecas importantes como las del Obispo Trejo y el Deán Salcedo. Por allí desfilan Barzana, Victoria, Solano, y cronistas como Lizárraga y Rojas de Oquendo.

La base material es el obraje. Di Lullo marca un contraste que va a sostener todo el ensayo: "El indio en el obraje de antaño era encerrado, pero vivía en comunidad. Trabajaba, pero amparado por una legislación humana". Habla de las Ordenanzas de Alfaro —para él, "la primera legislación obrera y social del país"—, de las Cédulas Reales del 17 de octubre de 1612 y del 3 de octubre de 1614, y de la Junta de Reclamos del 14 de julio de 1664, que regulaba jornales, precio de subsistencias y 40 días pagos para que el indio atendiera su propia sementera.

La estancia colonial es un "vasto taller": carne salada, cuero, jabón con lejía de jumi, velas de sebo, quesos, vino, aloja, dulces de fruta silvestre. Y todo regido por una pedagogía mítica. El Sachayoj, deidad del bosque, "castigando al que cortaba más árboles de los necesarios". El Pampayoj, el Mayumaman, el Orkomaman. Equilibrio entre lo material y lo espiritual.

La noche larga: 1699, el despojo

El quiebre tiene fecha: 1699. Acaba de levantarse la cuarta Iglesia Matriz ya Santiago le quitan el centro eclesiástico. La Catedral se traslada a Córdoba. Con ella se va el Seminario. "Fue la capital del Tucumán y dejó de serlo. Quedó inerme, expoliada, sin derechos y la vida de la población enmudeció de estupor".

Empieza lo que Di Lullo llama "la gran noche de su historia": el siglo XVIII, el siglo de los fortines y la decadencia material. Santiago queda para poner sangre en la frontera, de Jujuy a Córdoba, asegurando los caminos que ella misma había abierto.

El golpe final es la expulsión de los jesuitas en 1767 —el texto mecanografiado trae 1787 por errata—. "Se rompió nada menos que la unidad de la colonia, la única incipiente vertebración que poseíamos". Mil volúmenes de biblioteca, casas, estancias, talleres, esclavos. Todo "quedó en manos de las temporalidades" y fue saqueado.

De esa oscuridad, sin embargo, salen tres rebeldes que Di Lullo rescata:

Sor María Antonia de la Paz y Figueroa. Santiagueña, en 1779 forma "la más grande de las milicias espirituales" y recorre a pie las provincias hasta Buenos Aires para desafiar a Carlos III. Di Lullo consigna que el 8 de agosto de 1917 Benedicto XV firmó el decreto para introducir su causa. Serie la primera santa argentina.

Juan Francisco Borges, precursor de la autonomía.

Juan Felipe Ibarra, campeón del federalismo.

El espejismo del progreso: del 67 al 82

El XIX encuentra un exangüe de Santiago. Hay dos respiros.

El primero es político. Cabildo del 25 de junio de 1810. Di Lullo apunta un detalle que otros dejan pasar: "La proclama del Cabildo de Santiago de 1810, dictada por Borges, es la única que no habla de los derechos de Fernando VII ni de la Madre Patria". Es la voz más radical de Mayo. Después vienen Potosí, Huaqui, Las Piedras, Salta y Tucumán; los pedidos urgentes de reservas en 1814 para la Ciudadela, en 1816 por intermedio de Lacarra, en 1817 por el general Álvarez y en 1819 por el Ejército Auxiliar.

El segundo respiro es económico y tarda en llegar. En 1867 termina la lucha fratricida con la Batalla de Vargas. "Los soldados regresan al lar nativo. El campo se puebla de vida". Llegan la mensajería, el correo, el telégrafo. Para esa época, anota Di Lullo, hay diez ingenios azucareros y más de cien molinos harineros, algunos a vapor.

La estancia vuelve a ser centro. Cita al viajero Hutchinson, que sobre una estancia santiagueña "dijo que no había conocido otro mejor. Y venía dicho autor de Buenos Aires, pasando por Santa Fe y Córdoba".

Entre 1872 y 1882 el esfuerzo productor se multiplica. Llegan Jacques, Groussac, Vella, Saint Germes, Bruchman, Cánepa, Mac Lean, Schafer, Traine, Oberlander, De Mitri y cien más. Se fundan bancos. "Circulaba el dinero a raudales. Las tierras decuplicaron su valor". Faltaba solo el ferrocarril.

El ferrocarril: la estocada final

Acá está la denuncia más dura de Di Lullo.

La primera línea no une los pueblos prósperos que ya existían - Loreto, Atamisqui o Soconcho, Salavina, Sumampa, Matará, Silípica, Figueroa, Guasayán, Río Hondo - sino que "cruzó zonas áridas y desérticas" por "arbitrarias razones especulativas". Los pueblos nuevos, fundados a la vera del riel, "se encontraron de pronto sin agua".

Sin agua, la única riqueza a mano era el bosque. "Ahí estaba, cercano, el bosque impenetrable. Árboles corpulentos formados en el transcurso de siglos". 

Comienza la devastación.

Di Lullo da números que para su época son brutales: de 6.500.000 hectáreas del mejor quebracho del mundo quedan 500.000, "sin beneficio alguno". A 50 pesos la tonelada de ganancia para el obrajero, calcula, "éste habría sacado de la provincia la cantidad de cinco mil millones de pesos. Igual suma habría ingresado a las empresas ferroviarias por concepto de flete".

El progreso se invierte. "En pocos años desaparecen las grandes curtiembres santiagueñas, algunas de las cuales curtían de 20 a 30 mil suelas por año. Los cueros iban en bruto a Norteamérica, Inglaterra o Francia y regresaban curtidos para desalojar a los de plaza. Los rollizos de quebracho eran exportados para la fabricación del tanino. Nuestras maderas se quemaban para hacer carbón, mientras importábamos maderas para la construcción". La frase final es seca: "Fuimos despojados de todo lo noble, hasta que quedamos exhaustos y abarrotados de chafalonías".

El régimen de trabajo es peor que el colonial: "En el obraje actual el paria trabaja para vivir esclavizado, para no morir". Y deja la tesis política del ensayo: "Más que explotación forestal, esta industria debería llamarse explotación humana".

De ahí al éxodo hay un paso. "El éxodo del santiagueño a los obrajes fue una sangría de material humano apto para la agricultura o la ganadería. Se agudizó el problema con la emigración a las cosechas de Tucumán, Córdoba y Santa Fe, y actualmente también al Chaco y Buenos Aires, adonde acude ahora no solamente el hombre sino también la mujer. Esta hemorragia de brazos se ha convertido a la provincia en un vasto vivero humano".

El quebracho y el santiagueño

Di Lullo cierra con su metáfora telúrica y una periodización por ciclos de 50 años: mediados del XVI, conquista y población; fines del XVII, realizaciones materiales, morales y espirituales, el siglo de oro; el XVIII, "el peor ciclo de su historia. Es la pérdida de toda ilusión y de toda esperanza. Es el despojo y el vejamen"; el XIX, hegemonía y organización nacional.

Y deja una imagen que resume todo: el quebracho.

"Reparad, finalmente, en la tierra del santiagueño, sin paisaje ostensible, porque él está dentro de su alma y en esta tierra, un árbol, el quebracho, una variedad que sólo en los precisos términos de la provincia se da y nunca en otra parte del mundo; una variedad que es el símbolo de la permanencia, de la resistencia, del empecinamiento, de la pertinacia: una especie vegetal que une un siglo con otro a través de la historia, que se eleva de la tierra y tardíamente da flores y frutos y en él se reconoce el santiagueño, porque ambos son eternos el quebracho por duro y el santiagueño por esa condición elástica, proteiforme, soslayada, evasiva, mimética de su alma, blandura en fin que es su dureza".

Esa blandura dura es la clave. El santiagueño, dice Di Lullo, ha vivido entre el "facilismo" de una naturaleza pródiga y la "necesidad" que impone una naturaleza inclemente. Entre esos dos polos, "de equilibrios sobre la cuerda floja de la 'ocasión'". Una palabra que, concluye, "tiene significado de destino en esta vida ancha y estrecha del santiagueño (ancha por dentro y estrecha por fuera)".

Cuatro siglos de emigrar, volver, morir en la guerra y renacer del bosque. A mediados del siglo XX, cuando escribe, el hombre está frente a su destino y el éxodo ya no alcanza. Le queda una última transformación: "Puesto en trance, por la necesidad, dejará salir sus deseos reprimidos, su pena derrotada, sus anhelos inflorecidos y caducos. Romperá sus limitaciones y aquel fondo proceloso y ancestral se volcará como las crecidas impetuosas de sus ríos mansos".

Entre las referencias que estos mencionan se encuentra un trabajo publicado en la revista Ampurias, Barcelona, ​​tomo 35, 1973, páginas 255 a 260, titulado “La expedición de Diego de Rojas al Noroeste Argentino y sus derivaciones hacia los estudios arqueológicos”. También se han utilizado las referencias a Pedro de Angelis y Adán Quiroga que aparecen en el material, aunque los documentos no precisan los títulos de las obras correspondientes.

Para los episodios de la marcha, las prácticas medicinales indígenas y los conflictos internos de la expedición, el material cita la crónica de Pedro Gutiérrez de Santa Clara, conocida como Historia de las guerras más que civiles que hubo en el Reino del Perú o Quinquenarios. Se menciona asimismo el testimonio del soldado Diego Fernández sobre el episodio de la ciénaga. Algunas versiones de los hechos presentan diferencias, especialmente en cuanto al lugar exacto de la herida que provocó la muerte de Rojas.

El origen de la chacarera