jueves, 24 de septiembre de 2026

El regreso del poeta: cuando La Banda despidió a Julio Argentino Jerez a puro bombo y guitarra

 


Hay viajes que jamás se hacen por placer. Se hacen por mandato, por lealtad, por una última promesa que quema en el pecho. ¿Y los regresos? Hay regresos que no traen alegría alguna, pero sí esa grieta profunda donde se cruzan el orgullo, la pérdida y la nostalgia... esa herida abierta que solo el folclore es capaz de transformar en mito.

A las tres de la tarde de un día implacable, un edema agudo de pulmón le apágó la vida a Julio Argentino Jerez . La partida del gran poeta y compositor bandeño fue repentina, pero su deseo final era un mandato sagrado, casi un susurro desesperado a sus seres queridos: volver a descansar en su tierra . Sus amigos sintieron la urgencia inmediata. No había tiempo para vacilar. Apenas les llegó la trágica noticia, movieron cielo y tierra para que el ausente no quedara lejos de casa.

Tras 18 infinitas horas de viaje, deteniéndose en cada estación como si el paisaje entero le rindiera tributo, el tren Estrella del Norte frenó su marcha a las 9:20 de la mañana del sábado 23 de septiembre. A bordo venía el féretro, custodiado por su cuñado “el Duro” García —quien viajó con el alma en vilo a buscarlo— y por el Dr. José Antonio Faro en representación de SADAIC. El hijo predilecto estaba de vuelta, aunque ya no podía escuchar el alboroto de su gente.

Un recibo ahogado en flores y memoria.

¿Cómo se contiene el dolor de toda una ciudad? La estación de La Banda ya no era una plataforma de trenes; era un mar de gente contenido por la angustia. La noticia había corrido como reguerazo de pólvora y nadie —absolutamente nadie— quiso quedarse afuera de este abrazo de bienvenida y despedida.

Desde allí, el cortejo avanzó lentamente hacia la casa materna en Sarmiento 494 . Quienes pisaron esa vereda jamás olvidarán la escena: el féretro llegó literalmente tapado de flores, sepultado bajo el afecto físico e indestructible de un pueblo que se negaba a dejarlo ir.

El cuerpo permaneció en la casa hasta las cuatro de la tarde. El calor pegaba con fuerza, una siesta abrasadora que quemaba la piel, pero ese sol sofocante no logró dispersarse a la multitud. Nadie se movió. Era el preludio de una de las manifestaciones populares más desgarradoras y conmovedoras de las que se tenga memoria en la región.

Dieciocho cuadras de agonía, dieciocho chacareras de gloria

El pueblo se rebeló contra el silencio fúnebre. Un gigante del cancionero no podía irse a la tumba en penumbras ni con marchas acartonadas. La gente cargó el ataúd a pulso, sintiendo el peso muerto de su ídolo sobre los hombros, y emprendió una caminata de 18 cuadras hacia el cementerio local.

¿Una marcha fúnebre tradicional? En absoluto. Fue una auténtica elegía folclórica nacida de las entrañas de la tierra.

Entre el retumbo visceral de los bombos y el rasgueo desesperado de las guitarras, la procesión se frenaba en cada esquina. ¿Para qué detenerse en medio del sofocante trayecto? Para cantar. En cada cruce de calles, los músicos del pueblo alzaban la voz y ejecutaban una chacarera en su honor. La misma música que Julio les había reglado para siempre era ahora el único refugio para sobrellevar el andar de las 18 cuadras.

El llanto que desbordó en la tumba y la gran deuda pendiente

Al cruzar los portones del cementerio, la tensión acumulada durante horas llegó a su punto de quietud. Al borde de la fosa abierta, sus colegas y vecinos le dedicaron un último responso de música vernácula. Fue el colapso. Ese nudo asfixiante que oprimía las gargantas se rompió de golpe; la angustia contenida estalló en un llanto colectivo e incontenible que deshizo a los presentes en lágrimas sinceras. La ausencia dolía en el cuerpo.

En medio de ese clima de pesar, se alzaron las palabras de despedida para intentar ponerle voz a la tragedia:

  • José Antonio Faro , por SADAIC y los folcloristas santiagueños exiliados por afecto en Buenos Aires.
  • José Fernando Arias , por la Municipalidad y la Comisión Honoraria.
  • Alejandro Bruhn Gauna , en nombre de la peña “Andrés Chazarreta” del Centro de Viajantes.
  • Hipólito Noriega , por la comisión provisoria del Instituto del Folclore.
  • Juan Simón , por sus amigos personales de la vida.
  • Nabor Barrionuevo , en representación de la peña “Benicio Díaz”.
  • Leandro Martínez , por sus entrañables hermanos de La Banda.

Fue Martínez quien, golpeado por la emoción pero con el deseo vivo de que su memoria no fuera devorada por el olvido, lanzó una propuesta que encendió a la multitud: fundar de inmediato la peña “Julio Argentino Jerez” .

Sin embargo, el tiempo pasó y la historia dejó al desnudo una realidad amarga: aquella promesa nunca se concretó en paredes y techo. Pero, ¿necesita acaso el espíritu de su música una estructura de ladrillos para mantenerse en pie? Su legado no quedó atrapado en el olvido, pero el desafío sigue abierto. El llamado continúa flotando en el aire, esperando que los folcloristas bandeños de hoy recojan la posta y le salden, de una vez por todas, la deuda de honor a quien lo dio todo por su tierra.

 

 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Cuando Santiago empezó a contar su propia historia: poetas, músicos y voces que quedaron en la memoria

Antes de que muchas de aquellas voces quedaran en los libros y en los discos, hubo jóvenes que se reunían, escribían revistas, viajaban para encontrarse con otros poetas y buscaban una manera de expresar lo que sentían por su tierra. Entre ellos estuvieron Carlos Abregú Virreira, Enrique Almonacid y Benicio "Soco" Díaz.


Hay momentos en la historia cultural de un pueblo que no parecen extraordinarios mientras están ocurriendo. Unos jóvenes se reúnen, escriben, discuten y publican una revista que quizás dura poco. Viajan a otra ciudad para conocer poetas. Visitan a un escritor famoso. Alguien recuerda, muchos años después, una anécdota ocurrida en otro tiempo. Nada de eso parece, a primera vista, capaz de cambiar la historia. Pero con el paso de los años, esas pequeñas escenas terminan convirtiéndose en memoria. Y cuando uno vuelve sobre ellas, descubre que allí estaban algunas de las personas que ayudaron a construir la identidad cultural de Santiago del Estero.

Hacia 1917-1918, un grupo de jóvenes escritores santiagueños decidió reunirse alrededor de la literatura. Así nació "Los inmortales", un cenáculo literario integrado por Horacio Manuel Maldonado, Carlos Abregú Virreira, José Paz y Enrique Almonacid, entre otros. El grupo también editó dos revistas, "Bohemia" y "Proteo", publicaciones de corta existencia que, sin embargo, dan cuenta de una época de inquietudes y búsquedas. Escribir y publicar significaba entonces abrir un espacio para las nuevas ideas y, de algún modo, empezar a construir una voz propia.

Carlos Abregú Virreira fue uno de aquellos protagonistas. Y fue precisamente él quien dejó el relato de un viaje que terminaría regalando una de esas historias que vale la pena volver a contar.

Un día, Abregú Virreira y Enrique Almonacid decidieron viajar a Tucumán. Querían tomar contacto con los poetas locales, entre ellos Raúl Paverini, Mercedes Maciel Ledesma, David Salmón Cadeneau y Fernando de Prat Gay. Pero antes de visitar a esos escritores tenían una cita que, por sí sola, justificaba el viaje: fueron a la casa de Ricardo Jaimes Freyre, ubicada en 25 de Mayo 397.

Entre los santiagueños, la figura de Jaimes Freyre despertaba opiniones encontradas. Algunos lo admiraban; otros desconfiaban de su prestigio. Algo parecido ocurría con nombres como Leopoldo Lugones y Rubén Darío. Sin embargo, aquella visita parece haber dejado una impresión profunda en los jóvenes.

Jaimes Freyre los recibió cordialmente en su escritorio. Allí comenzó una conversación que Abregú Virreira recordaría muchos años después. Hablaron de literatura, de escritores y de episodios ocurridos en Buenos Aires y París. Jaimes Freyre contó sobre su trato con Rubén Darío, su amistad con Amado Nervo y su admiración por Lugones, pese al distanciamiento que existía entre ambos en aquellos días.

Pero hubo una historia que dejó especialmente impresionados a los visitantes. Una historia que tenía como protagonista a Rubén Darío.

Había ocurrido en Buenos Aires, durante una fiesta literaria organizada por Calixto Oyuela, Vega Belgrano y otras figuras de la cultura. Rubén Darío había comprometido su participación, pero finalmente no pudo llegar. Para no faltar por completo a la cita, envió un poema inédito para que fuera leído durante el acto.

Y entonces surgió un problema inesperado. Nadie quería leerlo. Los versos eran largos y cortos, y el propio Darío los había señalado con lápiz rojo. La lectura requería conocer bien el ritmo del poema.

Faltaban apenas unos minutos para que comenzara el acto cuando llegó Ricardo Jaimes Freyre. La situación parecía tener solución. "¡Nadie más indicado que usted!", le dijeron.

Jaimes Freyre tomó el poema y lo leyó ante el público. Cuando terminó, llegó la ovación. No fue un aplauso pasajero. Según el relato de Abregú Virreira, se mantuvo durante largos minutos, sostenido y unánime.

Entonces Jaimes Freyre hizo una pausa. Miró a los jóvenes santiagueños y, según recuerda Abregú Virreira, sus ojos parecían agrandados por la emoción. Aquel poema que acababa de leer era nada menos que "Marcha triunfal", de Rubén Darío.

Más allá de la anécdota, cuesta no imaginar la escena: un teatro porteño, un poema de Darío, Jaimes Freyre frente al público y, muchos años después, aquel recuerdo llegando hasta dos jóvenes santiagueños que escuchaban la historia en un escritorio de Tucumán. La memoria cultural también se construye así, de boca en boca, de una generación a otra.

Aquella generación tampoco veía una frontera rígida entre literatura, música, danza y tradición popular. Ricardo Jaimes Freyre asesoró en materia artística y coreográfica a Andrés Chazarreta, una figura vinculada al desarrollo del folklore santiagueño. En ese ambiente aparecieron también composiciones relacionadas con la identidad de la provincia, entre ellas "Se oye una vidala", "Vidalita de la santiagueña", "Vidalita del santiagueño", "Ay, el triste santiagueño" y "27 de abril", además de otras obras.

La palabra escrita y la música popular comenzaban a encontrarse en un mismo territorio. Y ese territorio tenía nombre: Santiago del Estero.

Muchos años después de aquellas primeras experiencias literarias, otra voz quedaría ligada para siempre a la memoria musical santiagueña. El 24 de septiembre de 1899 nacía en Salavina Benicio "Soco" Díaz.

Para evocarlo, Enrique Almonacid escribió desde Buenos Aires, el 20 de noviembre de 1949, una poesía titulada "Canción para Benicio Díaz". El poema comienza regresando a la infancia, a Salavina, a la música y a una guitarra. Almonacid imagina al niño Benicio con el alma convertida en cuerda musical, cantando para la tierra y compartiendo las coplas del terruño junto a Cachilo y su guitarra.

La escena tiene algo profundamente ligado al paisaje santiagueño: las estrellas, la tierra, el malambo, la guitarra y una voz que parece confundirse con el lugar donde nació.

Después aparece Salavina nuevamente. La antigua villa bañada por el Misky Mayu. Y aparece también la ausencia. Las estrellas buscan al cantor mientras su voz, lejos de desaparecer, continúa viajando de puerta en puerta.

"Andando... Andando..."

La expresión se transforma en uno de los hilos más fuertes de la evocación. Benicio y Cachilo avanzan juntos, como buscando un nido, una ventana amiga, un lugar donde dejar una serenata. Una serenata que, grabada en disco, ya se había convertido en canción.

Hay algo curioso en estas historias. Los protagonistas probablemente no podían imaginar cómo serían recordados décadas después. Para ellos, escribir una revista, reunirse con otros escritores, viajar a Tucumán o tocar una guitarra formaba parte de la vida cultural de su tiempo.

Pero el tiempo hace su trabajo. Algunas revistas desaparecen. Los papeles se vuelven difíciles de encontrar. Los nombres quedan fuera de las conversaciones cotidianas. Y entonces aparecen los recuerdos: una anécdota contada por alguien que estuvo allí, un poema escrito muchos años después, una canción registrada en un disco, una referencia perdida en una publicación.

Son pequeñas piezas que, juntas, permiten reconstruir una época.

La historia cultural de Santiago del Estero también está hecha de esas piezas. Está en los escritores que intentaron publicar cuando todavía no sabían si alguien los leería. Está en los músicos que llevaron las voces del territorio de un lugar a otro. Está en quienes conservaron una anécdota porque entendieron que algún día podía ser importante.

Por eso vale la pena volver sobre estos nombres. Porque detrás de Carlos Abregú Virreira, Enrique Almonacid, Ricardo Jaimes Freyre y Benicio "Soco" Díaz no hay solamente biografías. Hay una época, una generación que buscó expresarse y que, entre poemas, revistas, guitarras, vidalas y recuerdos, fue dejando una huella.

Una huella que todavía podemos seguir.

Como aquella voz que Almonacid imaginó alejándose por las calles de Salavina: "Andando... Andando..."

Y quizás la memoria de una cultura sea justamente eso: seguir andando, aun cuando quienes comenzaron el camino ya no estén.

Si querés, puedo darle todavía un tono más cercano al de una crónica de "Leyendas del Folclore Santiagueño", con más paisaje, memoria y pequeñas escenas, sin hacerlo demasiado literario.

 

martes, 22 de septiembre de 2026

Entre mitos, melodías enredadas y memoria viva: la historia de Agustín Carabajal

 

Hablar de la música de Santiago del Estero es meterse en un universo de patios de tierra, bombos retumbando y apellidos que son sinónimo de leyenda. Si hay uno que manda en ese mapa folclórico, es Carabajal. Y dentro de esa dinastía, la figura de Agustín Carabajal se destaca por peso propio: fue cantor, bailarín, cofundador de Los Carabajal, creador del Festival Nacional de la Chacarera y motor de varios grupos clave de la época.

Sin embargo, como suele pasar con las figuras populares, con los años su historia se fue llenando de mitos, errores de registro y relatos orales que pedían a gritos una revisión.

El enredo de las partituras

Para entender sus idas y vueltas con la música hay que remontarse a uno de los episodios más curiosos del cancionero santiagueño. Don Andrés Chazarreta había compuesto dos chacareras instrumentales: "La loretana" y la "Chacarera del itín". Tenían melodías casi idénticas.

La confusión empezó cuando Agustín le puso letra a "La loretana", pero la obra terminó difundiéndose e inscribiéndose popularmente como "Chacarera del itín". Jorge Luis Carabajal, hijo de Agustín, recordaba que esa confusión le trajo a su madre más de un dolor de cabeza en SADAIC a la hora de cobrar los derechos, debido a la superposición de temas y partituras. En los registros oficiales figuran 21 obras inscritas por Agustín, incluida la autoría compartida de la "Chacarera del itín" junto a Chazarreta. Cosas del pago y de los papeles.

Un padrino presidencial y el viaje a Buenos Aires

La vida de Agustín estuvo marcada por hechos singulares desde el comienzo. Nacido el 14 de agosto de 1933 en La Banda, fue el séptimo hijo varón consecutivo del matrimonio de Don Rosario Carabajal y Doña María Luisa Paz. Por ley y costumbre de la época, fue apadrinado por el entonces presidente de la Nación, Agustín Pedro Justo.

De muy joven armó un dúo con su hermano Carlos para recorrer los escenarios locales, hasta que conoció a Antonio Ramírez. Juntos formaron el dúo Los Centinelas y en 1956 armaron las valijas rumbo a Buenos Aires, integrados en la compañía de cantores y bailarines de Andrés Chazarreta.

La tragedia de Los Cantores de Salavina y el mito desarmado

En 1959 nació un grupo fundamental para la música norteña: Los Cantores de Salavina. Durante décadas, la versión popular sostuvo dos cosas: que Agustín había sido su fundador y que se había salvado de milagro del trágico accidente automovilístico de 1963 en el que murieron varios de sus integrantes.

Pero la historia oral no siempre coincide con los hechos. A sus casi 80 años, Osvaldo Duthu, único sobreviviente de aquel choque, decidió poner las cosas en su lugar y aclarar dos puntos clave:

  1. ¿Fundador o integrante? Duthu explicó que el grupo lo creó él en su casa junto a su hermano Luciano. Probaron varias voces y Agustín llegó recomendado. Fue un pilar fundamental del conjunto, pero no su fundador.
  2. El día del accidente: En octubre de 1963, cuando el auto volcó al regresar de una actuación en Bahía Blanca, Agustín no iba a bordo. Se había retirado de la formación cuatro meses antes y su lugar lo ocupaba Víctor Quinteros. En esa ruta murieron Luciano Duthu, Antonio Ramírez y el propio Quinteros.

Tiempo después, para rendir homenaje a los músicos fallecidos, se fundaron Las Voces de Salavina, donde Agustín volvió a cantar junto a sus hermanos Cuti y Carlos, y su sobrino Cali.

El legado de Los Carabajal y el Festival

Tras un breve paso de ocho meses por Los Manseros Santiagueños, en 1967 Agustín dio el paso decisivo: convocó a Carlos, a Cuti y a su sobrino Cali para fundar Los Carabajal. La idea era renovar el sonido de la música santiagueña sin perder la raíz. En paralelo, imaginó y concretó junto a Carlos el Festival Nacional de la Chacarera, un espacio que se convirtió en referencia cultural y que hasta el día de hoy se celebra en el Club Unión Santiago.

Agustín falleció el 14 de junio de 1975 en La Banda. Tenía solo 41 años. En esas cuatro décadas dejó clásicos absolutos del cancionero popular como "La Telesita" (junto a Chazarreta), "Pampa de los Guanacos", "La rubia Moreno" (con Cristóforo Juárez), "Alma de reza baile" y "Escondido del Cachilo".

A veces la memoria colectiva simplifica o confunde los hechos. Pero entre los documentos, el testimonio de quienes compartieron escenario con él y las canciones que se siguen cantando, la historia de Agustín Carabajal ocupa, finalmente, el lugar exacto que le corresponde.

 

Los primeros años de vida en la ciudad de El Barco y Santiago del Estero

“Porqué vos el capitán, Juan Núñez de Prado, aveis de hazer la pacificación de los naturales y población de pueblo que vais a hazer y poblar la provincia de Tucumán.”

  


Por Juan Manuel Viaña , Director Archivo Histórico de Santiago del Estero

La ciudad de Santiago del Estero es el resultado de tres grandes esfuerzos, que se concretan en tres grandes nombres: Diego de Rojas (1543), Juan Núñez de Prado (1550-1552), y Francisco de Aguirre (1553). La ciudad del Barco fue fundada el 29 de junio de 1550, por Juan Núñez de Prado, tal como lo ordenara el Virrey Licenciado Pedro La Gasca el 29 de junio de 1549: “Porqué vos el capitán, Juan Núñez de Prado, aveis de hazer la pacificación de los naturales y población de pueblo que vais a hazer y poblar la provincia de Tucumán.”

¿Pero cómo era este procedimiento de poblar un pueblo?

Desde que llegaron los españoles a américa, fue la preocupación de los reyes españoles que las ciudades fuesen construidas en las costas de mares o ríos, que los lugares sean apropiados para la navegación, y pudieran abastecerse de agua, alimentos. Se recomendaba que tales ciudades estuviesen localizadas en sitios salubres y no húmedos, con agua potable y buen aire, en cercanía de bosques y de tierras cultivables.

Pare ello se estableció una ordenanza en la cual se describía en forma bastante detallada el procedimiento a seguir cuando se fundase una ciudad. Entre los apartados más importantes se detallaba el modo de cómo proceder en la construcción las ciudades. Como información principal se debía conocer el número de los pobladores que habitarán la nueva aldea, y sólo después se debía proceder la división de las parcelas y lotes para edificación de las casas y el trazado de las calles, dejando en el centro de la misma, un lugar destinado a una Plaza, una Iglesia, y las Casas Gubernativas y Municipales, (cabildo y Gobierno). Una vez trazado establecida la ciudad se debía dejar constancia en un pergamino el plano con toda la información de la misma, la orientación, los lotes repartidos, nómina de pobladores, nombre de calles, etc. El mismo debía copiarse y enviar una copia a la sede del virreinato.

Estos procedimientos trajeron muchos inconvenientes a la corona, debido al desorden administrativo, ya que no siempre se respetaban los trazados o las formas en el plano. Un claro ejemplo fue la fundación de Esteco o Talavera, donde se dibujó un plano perfectamente armado y parcelado, mientras que la misma Esteco descubierta 433 años después por el arqueólogo Juan Alfredo Tomasini, las ruinas muestran otro trazado.

En 1573, se promulga otra ordenanza que fue firmada por el rey Felipe II, para una nueva y más moderna urbanización colonial Estas ordenanzas estaban agrupadas en tres partes: la primera referida a los descubrimientos, la segunda a las nuevas poblaciones y la tercera a las pacificaciones.

En cuanto a las nuevas poblaciones, se recomendaba elegir sitios saludables, donde puedan sobrevivir personas y animales, crezcan frutos y plantas de buen tamaño que garanticen el abastecimiento alimenticio. También que haya abundancia en árboles para proveer de leña y permita con la madera la construcción de casas. Debía estar cerca de fuentes de agua para el consumo y el regadío; que el aire fuese puro, el cielo claro y el clima templado, también tenían que estar cerca de pueblos indígenas para poder evangelizarlos.

Una vez escogido el lugar, el primer paso era trazar la Plaza principal, que debía estar ubicada en el centro mismo de la ciudad, y de ella debían partir las calles de forma rectilínea y paralela para llegar a los confines del poblado. Con este esquema reticular, la ciudad tendría la posibilidad de desarrollar un crecimiento ilimitado.

Alrededor de la Plaza central, debían ubicarse una Catedral o Iglesia principal, el Cabildo y la residencia del Gobierno.

En la cercanía de la Iglesia, debía construirse un hospital para enfermos no contagiosos; y un segundo, para los enfermos con males contagiosos, que debía estar en un sitio alejado y sin que el cruce del viento lo llevase hasta el centro de la ciudad.

¿Cómo era Barco/Santiago del Estero, como vivían sus habitantes?

Seguramente debe haber tenido algo de lo arriba descripto, a pesar, que las ordenanzas de Felipe II fueran posteriores, pero seguían los lineamientos de construcciones de la época. Lamentablemente no tenemos planos de Barco o de Santiago del Estero, para saber cómo eran, como estaban trazadas sus calles y cuál fue el repartimiento de solares. Según los estudios arqueológicos, la ciudad fue construida con madera y adobe, con calles de tierra, ya que no se contaba con piedras en la región, como si lo tuvo San Miguel de Tucumán, en su primer asentamiento en la zona de Ibatin.

De la vida de sus pobladores encontramos información en diversos Archivos. Entre ellos podemos ver Expedientes de Concesiones de Encomiendas, de Probanzas de Méritos y Servicios de los Conquistadores, en las Cartas de los Gobernadores, en los Expedientes de Almonedas de Bienes Difuntos, etc. Precisamente estos últimos (tomando como referencia el trabajo de Sosa-Buteler Bonaparte), nos ofrecen muchos datos, y nos brindan un panorama de los primeros años de vida de Barco y Santiago. En ellos no solo son mencionados los nombres de los pobladores, sino que además nos brindan información sobre los bienes materiales en aquellos años, la situación económica, etc.

La práctica se iniciaba cuando un vecino dictaba su testamento, con presencia del escribano público, y designaba albaceas para que al momento de su fallecimiento dispusieran de sus bienes de la mejor manera posible. En todos los casos al mismo día del fallecimiento, el Alcalde y el Escribano público del Cabildo, proceden a inventariar los bienes del difunto, para colocarlos en poder y bajo la protección del Albacea. Luego procedían a hacer la Almoneda de los bienes rematantes. Para ello se efectuaba un pregón durante tres días en la plaza pública, invitando a los vecinos a participar del remate. Los bienes que quedaban sin rematar, quedaban bajo custodia del Albaceas, quien debía realizar una nueva venta en Almoneda. Lo recaudado se enviaba a los herederos que haya declarado el difunto en su testamento.

En el expediente de Almoneda de Difuntos, fechado en Barco en 1552, de Juan Martin Pesquera, el Alcalde Ordinario Miguel de Ardiles, juntamente con un Escribano (quien también figuraba como Alcalde ordinario en 1555, ya Santiago del Estero), se dirigen al hogar de Pesquera, ya fallecido, y certifica que el mismo tenía “una choza con techumbre de ramas”, y realizaron el inventario para su posterior subasta. Los siguientes bienes pertenecientes al difunto fueron:

1 caballo ensillado y enfrenado, 1 yegua castaña, 1 calza de paño y terciopelo, 1 Jubón (chaleco) rojo, 3 herraduras nuevas, 1 plato de peltre pequeño, 1 par alpargatas blancas nuevas y dos negras viejas, 1 arcabuz, sin caja, 2 reservas de trigo y maíz, 12 clavos, 5 perros, 2 se reataron en 44 pesos

1/2 puerca (chancha) que compartía con Santos Blázquez, 1 talabarte viejo y uno nuevo (cinturón donde se cuelga la espada o sable).

En este testamento también figura que se pagaron por 25 misas para el difunto, que recibieron los padres Carvajal y Trueno.

En otra venta de bienes en Almoneda, que fuera de Cristóbal Infante, fallecido en 1555, en el Santiago, se remataron los siguientes bienes: 1 yegua, 1 caballo tres alba (tres patas blancas), 1 caballo morcillo, (color negro), 1 chamarra nagra, 1 cadena de fierros, 1 cuchillo, una barrena y una navaja, 1 chacra temprana junto a esta ciudad, 1 chacra vieja, 1 camisa vieja y un pañuelo, 1 golpe de maíz y una fanega de trigo (equivale a 55 kg), 1 par de borceguíes, etc.

En esta primera ciudad argentina, el pequeño núcleo social contaba ya con todos sus elementos constitutivos representados por españoles, aborígenes y negros. Estos últimos no figuran en su condición de esclavos. En la mayoría de los testamentos figuran como pregoneros (empleados).

Según el censo del año 1608, en cumplimiento de lo ordenado por el Rey para las provincias del Tucumán, se envió los datos de esta ciudad de Santiago del Estero, que fuera cabeza de la gobernación de la provincia del Tucumán el siguiente catastro:

- Llamase por nombre Santiago del Estero, a sesenta y cinco años que se fundó - fue su fundador (en blanco). Llamase toda la provincia Tucumán y está sitiada en llano junto a un rio caudaloso, y los naturales hablan la lengua general y otros, otras lenguas conforme a sus naciones, que algunas de ellas se llaman la quichua, la tonocoté, la cacá, etc.

Tiene esta ciudad por armas un Estero (rio) un Castillo, tres Veneras por mandado del Rey nuestro señor don Felipe II.

= Está poblada esta ciudad con sus cuadras, y en medio la Plaza con cinco cuadras a lo largo que es la mayor longitud en que están avecindados los moradores del pueblo.

= Hay casas, no tiene casas reales (edificación para el rey o gobernante), y las casas de cabildo se trata ahora de levantarlas, y para ello se ha traído algunos materiales porque las que había se cayeron.

= No tiene edificios suntuosos esta ciudad, no tiene arrabales (alrededores poblados), porque saliendo de la ciudad entra el campo, por una parte se va a al río, y por la otra salida a la acequia principal, donde están las chacras para el sustento de los vecinos de ella.

= Los edificios son de adobes, y las casas bajas excepto tres o cuatro que son de altos.

= La forma de los Tribunales que tiene esta ciudad son en la asistencia donde se ocupan en cosas tocantes a justicia y gobierno, así de la dicha ciudad como las demás de esta provincia que ocurren aquí a pedir su justicia.

= Tiene esta ciudad un Gobernador que al presente lo es don Alonso de Ribera por título de su majestad, y un Teniente de Gobernador y Justicia Mayor, dos Alcaldes Ordinarios (El de primer voto era un Juez de primera instancia en asuntos civiles; y el de segundo voto era el juez de primera instancia en lo criminal.), dos Alcaldes de la Hermandad (Eran jueces Entendían en los delitos cometidos en el despoblado, es decir en el campo), un Alguacil Mayor, otro Alguacil Menor, (Alguacil Mayor: Era el que ejercía funciones de Jefe de Policía otro, Alguacil Menor: Era un funcionario de menor rango que el Aguacil Mayor), que esta justicia es toda la que tiene la dicha ciudad, y cada uno de los dichos Jueces y Ministros acuden a las obligaciones de sus oficios y no tienen salario ninguno, solamente el gobernador de la provincia, a que su majestad le tiene señalado que son 4 mil pesos. Hay cabildo y dos oficios de escribanos uno de gobernación, y otro público del cabildo.

= Hay en esta ciudad vecinos y moradores, 160 hombres poco más o menos, y 100 mujeres españolas y mestizas. Hay también en esta ciudad algunos portugueses, habrá 50 negros en esta ciudad y otras tantas negras, muy pocos mulatos.

= Toda esta es tierra llana y arenisca, que andan carretas, y tiene mucho bosque, la mayor parte de algarrobos que es el principal sustento de los naturales. Tiene quebracho blanco y mucha cantidad de cedro.

= En el verano hace mucho calor en esta ciudad, de tal suerte que es excesivo y el invierno 2 meses del año, que son junio y julio, con algún frío.

 = Hay algunas enfermedades que estas corren más en tiempo de frio, que en el de calor. Generalmente viven con mucha salud en esta ciudad.

= Tiene un río que corre poco y se consume en términos de la ciudad. A 40 leguas de ella crece y mengua por sus tiempos.

= Tiene otro rio esta ciudad a 14 leguas de aquí que llaman el Salado, donde están situados los indios de la jurisdicción de esta ciudad. Este rio tiene mucho pescado y lo más común son los sábalos y bagres.

= Se siembra en esta ciudad y su jurisdicción, Trigo, Maíz, Cebada, Garbanzos, Habas, Ajos, Cebollas y otras legumbres y hortalizas, de manera que abastece para españoles e indios.

= Trabajan la tierra con arados y bueyes.

= A ésta ciudad cuando le falta comida acuden de la de Tucumán, Córdoba y Esteco.

= La carne que se come es Vaca y Carnero, vale cada Carnero en pie 12 reales, y una arroba de vaca 2 reales y medio, 16 libras de Pan valen 8 reales, el vino vale 3 reales.

= Dentro de esta ciudad se han hecho más de 600 arrobas de vino de las chacras que están en la acequia principal. (Cuando se habla de la Acequia, se está refiriendo a lo que hoy es la avenida Belgrano que, según unos documentos de 1577, fue abierta por el Gobernador Don Gonzalo de Abreu y Figueroa).

= A 5 leguas de esta ciudad están unas salinas donde se cose sal para el sustento de esta ciudad.

= Esta ciudad tiene en la Catedral 5 sacerdotes y 1 obispo, que la renta del obispo será cada un año de 4 a 5 mil pesos. Los Curas no tienen salario ninguno, más que de algún funeral, casamiento u otros percances.

= Tiene un Hospital esta ciudad y que comúnmente tiene enfermos.

= Hay en esta ciudad el convento del señor San Francisco que tiene 6 frailes, viven de limosna, y no tienen renta ninguna más de la que su Majestad les da para vino y aceite para la lámpara.

= Hay otro convento de Nuestra Señora de las Mercedes que tiene 4 frailes, viven por el mismo orden que los Franciscanos.

= Hay un colegio de la Compañía de Jesús que tiene de 5 a 6 padres, que viven de limosna. Tienen en su casa un estudio de gramática, y una escuela donde se enseña a leer y a escribir a españoles, mestizos e indios que quieren acudir a ellos.

Las fundación de esta primera ciudad, su permanencia y posterior crecimiento, fue producto del esfuerzo y sacrificio de un puñado de personas, alejados de sus tierras y sus familias, y que sufrieron hambre, aislamiento, abandono, y falta de recursos, pero que supieron llevar adelante a Santiago del Estero, y posibilitaron que de ella nacieran nuevas ciudades y nuevos ciudadanos, y así crecieron las familias y se arraigaron, y conformaron el núcleo de nuestra sociedad, componiendo nuestra “sangre” criolla, con la mezcla del europeo, el indio y el negro. La decisión de permanecer en estas ciudades pequeñas, constituyó verdaderamente un gesto de grandeza y valentía, ya que lejos de gozar de beneficios de vivir en grandes y opulentas ciudades como Lima, la Ciudad de los Reyes, Santo Domingo, etc., decidieron enfrentar la nada, y desde la nada construir un pueblo, y por ende una nación.

De nuestra la Madre de Ciudades nacieron:

29 de junio de 1550 - Del Barco, (Juan Núñez de Prado)

1551 - Barco II, (Juan Núñez de Prado)

1552 - Barco III, (Juan Núñez de Prado)

25 de julio de 1553 - Santiago del Estero (Francisco de Aguirre)

24 de junio de 1558 - Londres de la Nueva Inglaterra (J. Pérez de Zurita)

Marzo de 1559 - Córdoba de Calchaquí (Juan Pérez de Zurita)

1560 - Cañete de Ibatín, provincia de Tucumán (Juan Pérez de Zurita)

20 de Agosto de 1561 – Nieva (Juan Pérez de Zurita)

Fuente: www.elliberal.com.ar

 

lunes, 21 de septiembre de 2026

Las dos versiones de la chacarera “La vieja”

 


Navegando por internet, siempre en cosas del pago, me encontré con dos versiones de la famosa chacarera "La vieja". No sé si alguna vez se pusieron a reparar en este asunto, creo que sí. La famosa chacarera de los hermanos Díaz, tiene dos letras, una que es la más famosa es la de Oscar Valles y que han grabado la mayoría de los intérpretes populares. Lo que no tiene discusión es que la música pertenece a los hermanos Julián y Benicio Díaz.

Esta chacarera trunca tiene dos títulos: La Vieja y Coplas para la más vieja de las truncas, en algunas canciones es "Coplas para la más vieja". Pero no es el único aspecto raro de esta lírica, llama la atención que los autores también cambian según el título.

Mientras que bajo el título de La Vieja, algunos le dan la autoría a Oscar "Cacho" Valles, otros de la adjudican a José Antonio Faro. Y con el título de "Coplas para la más vieja de las truncas" el autor siempre aparece, y no únicamente de la letra sino también la música, es Adolfo Abalos, que de hecho la grabo con ese título y la melodía es exacta a la de los hermanos Diaz.

Ricardo De Cicco escribió:

1) La única versión registrada en Sadaic de esta chacarera trunca lo está con música del Soco y Cachilo Díaz y letra de Oscar Valles.

2) Marcelo Simón en el sentido obituario que escribiera el 7 de Abril del 2003 para la agencia Telam titulado "Murió un Cacho de Argentina" decía : "...Una de las razones más claras por la que debemos agradecer su talento, es porqué redescubrió y completó las creaciones de los geniales salavineros Julián y Benicio Díaz...que permitieron mostrar al país y al mundo, fragmentos del dulcísimo lirismo de los campesinos de la mesopotamia santiagueña...".

3) Y el mismo Valles contaba públicamente que alguna vez estando en Santiago del Estero : "... Cachilo Díaz me pidió que le ponga letra a sus chacareras, y así nacieron La Humilde, La Amorosa, La Vieja y otras...". Estos dichos dichos pueden encontrarse en Internet.

4) Si bien como dice Sergio en el hilo anterior, el GVA y Los Huanca Hua grabaron la letra que escribe ahora, los propios Quilla obviamente, y el Chango Nieto, Los Nocheros de Anta, Los Tucu Tucu, Horacio Guarany y Tamara Castro por ejemplo (como para unir generaciones) grabaron la letra de Valles.

5) Valles tiene registrados con los Díaz o sólo con el Cachilo, 12 temas.

Los primeros son de comienzos de la década del 50, comenzando por la Mocha que fue el tema 16 registrado por Valles inmediatamente después de "Porque será que parece", le siguió La Humilde, el Ventajao (un hermoso gato grabado por Atahualpa con Los Quilla), y el 4to.fue La Vieja, su tema Nº 38 y registrado "ahí nomás" de Zamba de las Tolderías.

Es decir que más allá de sus propios temas como La Compañera (Ya compuesta para ese entonces) Valles iba poniéndole para la misma época, letra a Los Díaz y música a Buenaventura Luna. Y esto era mucho antes de las grabaciones de los Huanca y el GVA. Esto es lo que humildemente puedo aportar.

Que no cierra el debate pero creí interesante comentar. Un abrazo.

La que es menos conocida o ha tenido menos difusión es la siguiente:

 

Esta chacarera es trunca
nacida en salavina
se ha criado en las guitarras
del Soco y Cachilo Díaz.

La tocaban en guitarra
en guitarra y bandoneón
mandolín guitarra y bombo
y así la recuerdo yo.

¡Salavina es un pedazo
de Santiago del Estero
es la tierra que más quiero
decía un salavinero!

Estribillo

Chacarera chacarera
¡la mas vieja de las truncas!
¡Por ahi tal vez te olviden
pero en Salavina nunca!
¡uy vidita con las truncas!
¡medio bravas por los demás!
aunque ariscas y cruzadas
churitas para cantar.

Si te dice algún amigo
¡tocamélo una trunquita!
hazle escuchando La Vieja
¡con alma y bien sentidita!
Una vieja y otra vieja
y otra vieja ya son tres
si las viejas son como esa
¡vengan todas de una vez!

 

La vieja (Chacarera)

Letra: Óscar Valles; Música: Julián y Benicio Díaz

 

Esta chacarera es trunca
alma y vida de Santiago
vieja como los coyuyos
que cantan allá en mi pago.


Sangre de salitre y canto
que corre por los esteros
polvareda, vino y farra
febril del salavinero.

Yo la traigo de mi tierra
donde el monte besa al cielo
hecha canto en mi guitarra
y la del "Soco" en el recuerdo.


        Estribillo


Todas la llaman la vieja
y algunos me la han copiado
pero esta es la verdadera
que baila todo Santiago.


Achalay mi chacarera
soncoy bulla de mi pecho
y rescoldo de las coplas
que cantaron mis abuelos.


Apenitas se la escucha
la sangre me cosquillea
y hasta se salen del alma
las penas y mudancean.


Compañera de mis noches
llamita de mis adentros
pa' alumbrar a mis paisanos
humildes pero contentos.


       Estribillo


Todas la llaman la vieja
y algunos me la han copiado
pero esta es la verdadera
que baila todo Santiago.

 

Aquí están las dos. ¿Cuál será la primera? ¿A cuál llamar la original?

Fuente: mileniomdq.blogspot.com.ar


domingo, 20 de septiembre de 2026

Marcelo "Cola" Ferreyra, en el recuerdo | El gran letrista evocado por su esposa Elva Jugo y su amigo Pedro Rojas Cuozzo

 Se decía coplero y no poeta. Del indescifrable territorio de su soledad trajo palabras musicales para las melodías que componían, entre otros, Onofre Paz, Carlos Carabajal, Carlos Leguizamón, Leocadio Torres, Cuti Carabajal, Hugo Torres, Shalo Leguizamón, sus coautores.



Nacido en un Santiago del Estero de otra época, buen bailarín, gran conocedor del folklore y de la historia argentina, activo hombre de letras, Marcelo Ferreyra es una figura fundamental en el diagrama de la música nativa.

Hablar con Elva Jugo significa ingresar a una marea de recuerdos que tiene que ver con un personaje apasionante: su esposo Marcelo Ferreyra, letrista de folklore santiagueño, hombre de la vieja guardia de músicos y artistas, fallecido en julio de 1992.

La notable capacidad de Marcelo como poeta, su gran visión de folklorista y la enorme cantidad de temas que dejó, son, de alguna manera, indicadores de un camino que deberán seguir, en algún momento, los que se dedican a la tarea de la canción.

Elva Jugo fue durante muchos años su compañera, en la vida y en las letras, y tiene la palabra encendida y clara a la hora de evocar al "Cola i'gallo", como se lo conoció a Ferreyra en el ambiente de los músicos. Esta mujer sencilla que es Elva, que habla con voz medida y sin altisonancias, publicada en 1995 a través del sello Phonodisc una grabación homenaje a su esposo. Son 10 canciones (cuyas músicas pertenecen en su mayoría a Elva) que evocan parte de la muy frondosa producción del escritor santiagueño.

Del lúcido recuerdo de Elva sale un concepto como éste: "Marcelo era extraordinario produciendo temas. Veía algo por la calle que le interesaba, un pájaro, una flor... y era como si entrara en otra dimensión. Cuando regresó, ya tenía completo el tema y me lo recitaba. Tenía una memoria y una facilidad increíble para eso" .

El "Cola" era, según evoca Elva, un hombre muy casero que casi no iba a las reuniones. Eran casi siempre infructuosos los pedidos para una fotografía o un reportaje que documentaran su memoria y su obra. No quería hacerlo. Ella le preguntaba el por qué; él respondió: "no tiene importancia lo mío, no tiene valor" .

Pero la obra del "Cola" sí que tenía importancia. Sus temas fueron grabados por primerísimas figuras del canto argentino (Chalchaleros, Manseros Santiagueños, Zamba Quipildor, Cantores del Alba, Los Santiagueños, entre muchos otros) lo cual confirma la trascendencia que su autor mismo, un hombre solitario y triste, les negaba.

Historia de amor y de vida

"El venía a mi casa -recuerda Elva- en calle Unzaga, entre Chacabuco y Patagonia, pues era amigo de una de mis hermanas. Curiosamente, allí no lo vi, no lo conocí. Estando en Buenos Aires, tras volver de un viaje de Bolivia a donde estuve establecido un tiempo, mis hermanas sugirieron ir a dar un paseo. Yo por entonces atravesaba una fuerte crisis de depresión por la enfermedad de mi padre. Entonces nos encontramos durante ese paseo, de noche y Marcelo se acercó a Saludar a mi hermana. Ahí nos conocimos. Luego de esa vez nunca más nos separamos. Fueron 28 años. Finalmente compramos una casa en Glew, un pueblito lindo de la provincia de Buenos Aires, a 39 minutos de Constitución, que es el lugar en que vivo .

MI AMIGO TIENE UNA PENA / SOLEDAD, TIERRA Y QUIMERA / AUSENCIAS DEL PAGO VIEJO / AMORES, MADRE, QUERENCIA. / COPLERO DE CIUDAD Y MONTE / DE RAZAS DESHEREDADAS / PERO REVIVE EN TUS COPLAS / PUEBLOS, CAMPOS Y TU INFANCIA. / COPLERO DE LOS SILENCIOS / DEL AMOR, ALMA Y VIDALA / CANTANDO TUS DULCES ZAMBAS / VUELVO A MI TIERRA LEJANA. / MARCELO COPLA FERREYRA / SONCOY BULLA DE MI PECHO / HOY TE CANTA AGRADECIDO / ESTE CANTOR SANTIAGUEÑO.

"Coplas para un coplero", de Shalo Leguizamón y Germán Gómez, es una canción dedicada a la figura del poeta santiagueño. Es además una de las obras que inspiraron el recuerdo de quien fuera prolífico letrista (oficio que cuenta con prestigiosos nombres: Pablo R. Trullenque, Vicente Castiñeira, y siguen las firmas). "También Felipe Rojas -nos apunta Elva- le escribió un hermoso tema, lo que demuestra el cariño y el afecto con que se lo recuerda".

Pedro Segundo Rojas Cuozzo, historiador de vivencias santiagueñas, también tiene lo suyo para decir acerca de Marcelo "Cola i' gallo" Ferreyra. "Tenía la mirada puesta en la belleza del cielo santiagueño -comienza. Y como una forma de ejemplificar la inventiva de Ferreyra recurre a una anécdota: "en el barrio se ganaba la admiración de todos al hacer letras en forma de parodias en base a canciones conocidas. Luego ingresó en una academia de danzas y se lo distinguió por su elegancia para bailar la zamba. Tengo en el recuerdo noches interminables de amigos, zapateos, guitarra y bombo".

Trascurre la charla y la palabra bohemio surge casi de manera obvia para describir la personalidad de Marcelo Ferreyra. Casi de manera automática, Elva corrige sobre la marcha...

"...era un bohemio muy pulcro, uno muy especial. A pesar de que parecía jocoso era tímido al extremo. Cuando llegaba a un lugar y no conocía a nadie, pegaba la vuelta y se iba. Tenía una cantidad de amigos que lo querían y lo respetaban".

¿Cuál fue la primera canción que le grabaron a Marcelo?

-"Chacarera del finado", por Los Chalchaleros. Marcelo conoció a Ernesto Cabezas en la provincia de Buenos Aires, cerca de Merlo. Marcelo tenía la costumbre de silbar despacio y cajónear sobre su pecho. Y Cabezas (que no lo conocía hasta entonces) iba sentado a la par en el tren; lo escuché y de inmediato trabaron amistad. Marcelo le cantó la chacarera, Ernesto se entusiasmó y llevó la propuesta al conjunto de grabársela. También era amigo de Juan Carlos Saravia.

Otros amigos de Marcelo eran Los Manseros.

-Los quería mucho a Los Manseros; También era amigo de Zamba Quipildor, que le grabó varios temas. También Mercedes Sosa le grabó una canción: "Cuando muere el angelito". Fue muy amigo de Juan Carlos Aguirre de Los Cantores del Alba. Muchos conjuntos importantes llevaron la poesía de Marcelo a distintos puntos del globo.

Nuevamente el que habla es Pedro Rojas Cuozzo: "otra cualidad de Marcelo Ferreyra que lo distinguía de los adolescentes del barrio. Cuando digo el barrio me refiero al lugar de reunión, Avenida Roca y calle Catamarca. Marcelo fue un excelente ejecutante de bombo. En el barrio se comentaba que Los Chalchaleros querían tenerlo para que les tocara el bombo a la usanza salteña. Marcelo no congenió con esa propuesta y no ingresó al conjunto. Después, en su andar con el arte nativo fue fomentado su vuelo poético y lo demostrado con su "Zamba del Cuarto Centenario", que había escrito con motivos de los festejos que se avecinaban por la fundación de nuestra ciudad. Afirmado sobre una pared y cajoneando sobre su pecho con las manos, nos cantó la zamba.

En su cotidianeidad matrimonial, Marcelo y Elva Jugo conjugaron dos roles: esposos y creadores. Nos dice que era la cosa más natural, algo que ocurría a diario: "Marcelo hacía una letra y me preguntaba si podía ponerle música. Sucedió con María sin luz, y con El niño del pájaro, un tema que hicimos para Hugo Díaz y que no se conoció. Con Marcelo escribimos muchas canciones. Después de su muerte hice Alma vidalera, sobre una letra suya".

Elva Jugo, cancionista de nota y su guitarra, flanqueada por Marcelo Ferreyra, su compañero de toda la vida.

Algunas de las canciones más famosas de Marcelo Ferreyra

Entre las canciones más conocidas de Marcelo Ferreyra compuestas junto a diversos coautores destacan temas como "Chacarera para mi vuelta" (con Onofre Paz), "Canción para una vieja ciudad" y " Cristo del río " (ambas con Elva Jugo), "Changuito lustrador", "Si 'io' fuera río", "Gatito de un carnaval" y "Chacarera para un arbolito" (con Carlos Leguizamón), además de "Tierra sufrida" y "La otumpeña" (con Leocadio Torres). Asimismo, su repertorio incluye "Zamba para un bohemio guitarrero" (con Carlos Carabajal), "Gatito para un cochero" (con Juan José Piñón), "Hombre pueblo" (con José Herrera), "El tata bombo" y "Hermano coplero" (con Cuti Carabajal), finalizando con "Un brindis por Santiago" y "Coplas a Claudio Ramiro" (ambas junto a Hugo Torres).

Fuente: Santiago, Guitarra y Copla