lunes, 25 de mayo de 2026

El espejo roto del Río Hondo: cuando un embalse cuenta lo que la cuenca calla

Durante cuatro estaciones, un equipo de investigadores de la UNC y la UNSE sumergió botellas Van Dorn, sondas multiparamétricas y discos de Secchi en las aguas del embalse. Lo que encontraron fue un ecosistema en punto de inflexión: hipereutrófico, con floraciones tóxicas y un oxígeno que se desvanece en la columna de agua. Esta es la crónica científica y narrativa de un paisaje que ya no es el que conocimos, y un llamado a mirar debajo de la superficie.



Todo comenzó con una pregunta simple, de esas que solo surgen cuando el agua deja de comportarse como la memoria colectiva espera: ¿qué ocurre realmente bajo la superficie del embalse Río Hondo? No era una inquietud meramente académica. Era un llamado de atención escrito en la opacidad del agua, en los peces que jadeaban cerca de la orilla, en las manchas verdes que a veces pintaban la superficie como un óleo alterado por el tiempo.



 
Entre octubre de 2006 y septiembre de 2007, un consorcio conformado por la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional de Santiago del Estero desplegó un programa de monitoreo sistemático. Cuatro campañas estacionales, ocho puntos de muestreo, perfiles verticales, análisis de nutrientes, fitoplancton, zooplancton y cianotoxinas. El resultado, plasmado en el Programa de Monitoreo del Embalse Río Hondo. Informe Final (diciembre de 2007), no fue solo un documento técnico. Fue una radiografía de un cuerpo de agua que había cruzado, silenciosamente, el umbral de la hipereutrofización. Esta nota recorre esos hallazgos con el rigor que la ciencia exige y el lenguaje que la narrativa contemporánea merece. Porque el Río Hondo no es solo un embalse: es un testigo de cómo la cuenca, sus usos productivos y sus descargas han reescrito, sin consultarnos, el equilibrio de un ecosistema templado-tropical.

I. El peso de lo invisible: cuando el agua deja de ser transparente

Para quien lo visita por primera vez, el embalse Río Hondo puede parecer un lago más del noroeste argentino: extenso, rodeado de vegetación ribereña, con esa brisa tibia que anuncia el atardecer en la frontera entre Santiago del Estero y Tucumán. Pero la limnología, esa ciencia que lee los lagos como si fueran libros abiertos, nos enseña que la superficie es solo la portada. El primer parámetro que delató el cambio fue la transparencia. El disco de Secchi, un sencillo instrumento circular pintado de blanco y negro que se hunde hasta desaparecer de la vista del observador, arrojó números alarmantes: entre 0,05 y 0,85 metros. En términos llanos, la luz penetraba menos de un metro.


Para ponerlo en perspectiva, los investigadores compararon estas mediciones con otros cuerpos de agua regionales. La transparencia del Río Hondo resultó cuatro veces menor que la de embalses eutróficos como Los Molinos o La Viña en Córdoba, y ocho veces inferior a la de Piedras Moras, un sistema mesotrófico-eutrófico (Bazán, 2006; del Olmo et al., 2006). ¿Por qué importa esto? Porque la luz es el motor de la vida acuática. Cuando no llega a las capas profundas, la fotosíntesis se restringe, la columna de agua se vuelve un escenario de sombras y la productividad primaria se limita a la superficie. El informe señala que gran parte del embalse presentó una capa fótica reducida a los primeros 50 centímetros, con la luz convirtiéndose en un factor limitante para el crecimiento algal (IETC, 2001).

Esta opacidad no es casual. Es el resultado de una doble carga: sólidos en suspensión de origen inorgánico, arrastrados por la erosión de la cuenca y la resuspensión en zonas litorales por acción del oleaje, y materia orgánica particulada proveniente de vertidos y de la propia biomasa en descomposición (Chapman, 1996). El agua, que debería ser un espejo del cielo, se había vuelto un filtro denso, cargado de la historia de usos agrícolas, urbanos e industriales de su territorio. Los investigadores utilizaron sondas Horiba U-10, U-23 y W-22XD para trazar perfiles de turbiedad, conductividad y temperatura, confirmando que el embalse, de profundidad media menor a 3 metros, funcionaba como un sistema somero donde la resuspensión y el aporte advectivo de sedimentos modificaban constantemente la claridad del agua. El Río Hondo había dejado de reflejar. Había comenzado a absorber.

Foto de campo con disco de Secchi


II. El festín descontrolado: nutrientes, fósforo y el umbral de no retorno

Si la transparencia es la ventana, los nutrientes son el combustible. Y en el Río Hondo, el tanque estaba rebosando. El fósforo total (PT) osciló entre 200 y 1800 µg/L, con un promedio de 500 µg/L. Para dimensionarlo: los lagos mesotróficos suelen mantenerse por debajo de 30 µg/L. Estamos hablando de una concentración 16 veces superior. El fósforo reactivo soluble (PRS), la fracción inmediatamente disponible para las algas, no se quedaba atrás: entre 157 y 798 µg/L, valores que superan en 50 veces los registros de cuerpos eutróficos típicos. El nitrógeno inorgánico total (NIT), dominado por nitratos, mostró gradientes espaciales marcados, con picos en las desembocaduras de los ríos Salí, Gastona, Medina y Marapa, y una distribución que variaba según la campaña, reflejando el pulso hidrológico y las cargas difusas de la cuenca. En marzo de 2007, por ejemplo, el nitrato representó el 89% del NIT, con un gradiente longitudinal claro desde las desembocaduras hacia el centro. En septiembre, la distribución se invirtió, sugiriendo procesos de reciclaje interno y liberación desde los sedimentos tras la estratificación estival.

Mapa espacial de fósforo total


La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD, 1982) estableció hace décadas umbrales claros para clasificar el estado trófico de lagos y embalses. Con un PT medio de 500 µg/L, clorofila-a máxima de 77 µg/L y una transparencia mínima de solo 0,15 m, el Río Hondo encaja sin ambigüedades en la categoría de hipereutrófico. El informe es contundente: “Los lagos y embalses hipereutróficos representan la última etapa del proceso de eutrofización. A diferencia de otros sistemas eutróficos, donde las reducciones en la carga de nutrientes pueden revertir el proceso, esas medidas pocas veces son factibles en los cuerpos de agua hipereutróficos”. Esta advertencia no es menor. Señala un punto de no retorno ecológico, donde el sistema ya no responde linealmente a las intervenciones. La acumulación de nutrientes en los sedimentos, la liberación interna durante los periodos de estratificación y la adaptación de la comunidad biológica crean un círculo vicioso. El embalse, que alguna vez fue un sistema dinámico y equilibrado, se había convertido en una trampa biogeoquímica.

Mapa de nitrógeno inorgánico


El Índice de Carlson, habitualmente utilizado para evaluar el estado trófico, fue descartado por los investigadores. ¿La razón? No se cumplían sus supuestos teóricos. La transparencia no dependía solo de la biomasa fitoplanctónica, sino del material en suspensión inorgánico y orgánico. Además, el nutriente limitante durante el periodo estudiado fue el nitrógeno, no el fósforo. Esta excepción metodológica es, en sí misma, un diagnóstico: el Río Hondo ya no obedecía a las reglas de los lagos templados clásicos. Había desarrollado su propia dinámica, alterada por cargas externas y por su morfometría somera. Como señala Chapman (1996), la eutrofización es un proceso de enriquecimiento que, en exceso, simplifica las comunidades biológicas y altera los ciclos naturales. En el Río Hondo, esa simplificación ya estaba en marcha.

III. La marea verde: cianobacterias, toxinas y el silencio regulatorio

Pulsos estacionales de floración: las cianobacterias dominaron en octubre 2006 y junio 2007


Donde hay nutrientes en exceso y luz limitada en profundidad, las algas encuentran su nicho. Pero no todas las algas son iguales. El monitoreo reveló una comunidad fitoplanctónica de baja diversidad genérica: apenas 37 géneros identificados en total. Dominaban las cianófitas, también conocidas como cianobacterias o algas verdeazuladas: Microcystis, Anabaena, Oscillatoria. Junto a ellas, diatomeas como Aulacoseira y Synedra, y euglenófitas como Euglena y Phacus, estas últimas reconocidas internacionalmente como indicadoras de degradación ambiental y alta carga de materia orgánica.


Floración visible de cianobacterias cerca de la presa: la baja transparencia es evidente. Marzo 2007.

En octubre de 2006, en la desembocadura del río Salí, las cianófitas alcanzaron 13,7 millones de células por litro. En junio de 2007, en el centro del embalse, el número se disparó a 156,8 millones de células por litro, con Microcystis como género dominante. Eran floraciones masivas, visibles a veces como parches verdes o espumas en la superficie. Los investigadores las fotografiaron, las contaron en cámaras Sedwick-Rafter bajo microscopio invertido, y registraron sus pulsos estacionales. Pero lo más preocupante no era la cantidad, sino la cualidad. Algunas de estas cianobacterias son productoras de microcistinas, hepatotoxinas cíclicas estables en el agua, resistentes a cambios de pH y temperatura, que solo se destruyen térmicamente a 160 °C.

Manchas verdes en la superficie: las floraciones no fueron homogéneas, sino que formaron parches visibles que alertaban sobre el riesgo sanitario


El estudio detectó variantes MC-LR, MC-RR y MC-YR, con concentraciones totales que variaron entre 0,1 y 26,4 µg/L. El límite de la Organización Mundial de la Salud para agua potable y recreacional es de 1 µg/L. En el 66% de las muestras analizadas durante periodos de predominio de cianófitas, ese límite se superó. 

La OMS (1998, 2003) advierte sobre los riesgos: desde irritaciones cutáneas y problemas gastrointestinales hasta intoxicaciones crónicas con potencial de daño hepático y promoción tumoral. Las microcistinas actúan inhibiendo irreversiblemente las fosfatasas 1 y 2A, desencadenando hemorragias intrahepáticas y destrucción de la arquitectura tisular (Mackintosh et al., 1990; Malbrouk, 2004).

Toxinas por encima del límite de la OMS: en el 66% de las muestras con predominio de cianófitas, la concentración superó 1 µg/L. Fuente: Programa de Monitoreo, UNC-UNSE, 2007.  
Y aquí aparece una brecha normativa que el informe no elude. En Argentina, la legislación sobre calidad de aguas no contemplaba la obligatoriedad de detectar cianófitas ni establecer valores límite para sus toxinas. Solo la provincia de Buenos Aires avanzaba en reformas a la Ley 11820 para incluir este aspecto. Mientras tanto, en las provincias de la cuenca del Salí-Dulce, el vacío legal persistía. La ciencia había puesto el dato sobre la mesa; la política aún no había respondido. Como señala el informe, “a veces una adecuada vigilancia y control resulta difícil… es común como medida a corto plazo, la disposición de la información pública”. Pero la información, sin marcos de acción, es solo un espejo roto. La presencia de espumas en áreas de natación implicaba el riesgo más alto para bañistas y pescadores, y las guías internacionales establecían valores de alarma moderada a partir de 100.000 cél/mL (equivalentes a 50 µg de clorofila/L bajo predominio cianobacteriano). En varias campañas, el Río Hondo superó esos umbrales sin que existiera un protocolo de respuesta sanitaria consolidado.

IV. El aliento que falta: oxígeno, peces y la red trófica en tensión

La eutrofización no solo se mide en nutrientes o toxinas. Se siente en el aliento del agua. El oxígeno disuelto (OD) es el parámetro vital de todo ecosistema acuático aeróbico. En el Río Hondo, sus valores oscilaron entre 0 y 11 mg/L, con una distribución vertical que dibujaba una curva clinógrada típica de cuerpos hipereutróficos: descenso progresivo con la profundidad, agotamiento en el hipolimnio. 

Zonas de anoxia en las desembocaduras: los valores críticos (<4 mg/L) se concentraron en Salí y Gastona, especialmente en invierno, creando 'zonas muertas' para la vida acuática.


En las desembocaduras del Salí y Gastona, y en el fondo del centro y la presa, se registró anoxia o valores inferiores a 4 mg/L, el umbral considerado crítico para la protección de la vida acuática (Wetzel, 1981). Diversos autores sitúan ese límite entre 4 y 5 mg/L; algunas especies como las carpas pueden soportar concentraciones menores a 2 mg/L por lapsos breves, pero no de forma sostenida.

Curva clinógrada típica de embalses eutróficos: el oxígeno se agota en profundidad mientras la temperatura se estratifica, reflejando la dinámica monomíctica tropical del embalse

Los investigadores lo vieron con sus propios ojos: “gran cantidad de alevines y peces mayores ‘boqueando’ cerca de la superficie en la zona de la desembocadura del Salí”. No era una metáfora. Era un síntoma clínico de un ecosistema asfixiado por la descomposición de la materia orgánica y los procesos oxidativos que consumen el oxígeno más rápido de lo que la atmósfera o la fotosíntesis pueden reponerlo. La temperatura del agua, entre 13 y 27 °C, con termoclinas débiles o estacionales, confirmó la clasificación del embalse como monomíctico tropical: mezcla completa en invierno, estratificación en verano. Pero esta dinámica, lejos de purificar, actuaba como un sello temporal. Durante la estratificación, el hipolimnio quedaba aislado, acumulando materia orgánica en descomposición, liberando amonio y fósforo desde los sedimentos, y creando un caldo de cultivo para la anoxia. Cuando la mezcla invernal llegaba, arrastraba esas condiciones hacia la columna completa. El oxígeno, entonces, no era solo un número en una sonda. Era el latido de un sistema que se estaba ahogando en su propia productividad.

Y en ese silencio subacuático, el zooplancton intentaba adaptarse. Rotíferos como Keratella tropica y K. coclearis, copépodos como Acanthocyclops robustus y cladóceros como Daphnia y Bosmina mostraron pulsos de desarrollo desincronizados con el fitoplancton. ¿Por qué? Porque las cianobacterias dominantes no son palatables. Son tóxicas, fibrosas, difíciles de digerir. El zooplancton, ese eslabón fundamental entre productores primarios y consumidores secundarios, se topaba con un alimento de mala calidad nutricional. 

Rotíferos, crustáceos y protozoarios: la comunidad zooplanctónica reflejó los cambios en la calidad del alimento disponible, con predominio de protozoarios cuando dominaban las cianófitas no palatables


Como señalan Conde y Porcuna et al. (2003), el zooplancton no solo depende de la cantidad de alimento, sino de su calidad. La competencia, la depredación y la toxicidad reconfiguraban la red trófica. En la campaña 4, con predominio de crisófitas, los crustáceos respondieron con un pulso de desarrollo. Pero en las campañas de floración cianobacteriana, los protozoarios como Tintinus dominaban, mientras los rotíferos y crustáceos retrocedían. Muchos metabolitos excretados por las cianófitas confieren olor y gusto al agua, y actúan como mecanismos de defensa contra el pastoreo (Odum, 1972). El ecosistema no se había colapsado, pero se había reordenado. Y ese reordenamiento, silencioso pero medible, es la antesala de los cambios que terminan afectando a la ictiofauna, a la pesca, a la recreación y, en última instancia, a las comunidades que dependen del agua.

V. Más allá del dato: ciencia, gestión y la memoria del embalse

El informe de diciembre de 2007 no fue un punto final. Fue un parte de batalla. Los investigadores de la UNC y la UNSE, bajo la dirección del Dr. César Luis Bonelli y con el trabajo de campo de equipos multidisciplinarios que incluyeron biólogos, ingenieros ambientales y técnicos de la Dirección Provincial de Aguas y Saneamiento (DIPAS), entregaron un documento que cumplía con las normas ISO 5667/1, /2 y /3, los protocolos APHA/AWWA/WEF (2000) y las guías de la OMS. Pero la ciencia, por más rigurosa que sea, no opera en el vacío. El Río Hondo es un embalse de uso múltiple: riego, generación hidroeléctrica, recreación, pesca, abastecimiento. Cada uno de estos usos choca con las realidades detectadas. La baja transparencia dificulta la potabilización. Las microcistinas exigen tratamientos avanzados. La anoxia limita la vida acuática y la pesca deportiva. Las floraciones de algas disuaden el turismo y la recreación segura.

Biomasa algal por campaña: la clorofila-a confirmó el estado hipereutrófico del embalse, con picos de hasta 203 µg/L en la desembocadura del Gastona. Síntesis visual del deterioro


Y sin embargo, el marco regulatorio provincial y nacional seguía anclado en paradigmas del siglo XX, centrados en parámetros físicos y químicos clásicos, pero ciegos ante los indicadores biológicos y toxicológicos emergentes. El informe lo dice con claridad: “La detección de valores de OD por debajo de 4 mg/L somete a la ictiofauna… a condiciones que comprometen su desarrollo normal”. Y más adelante: “El mejor conocimiento de la evolución del estado trófico del embalse y la forma en que se afecta a los componentes de la cadena trófica permitirá contar con elementos para una gestión eficiente en la recuperación de la calidad del agua”. Pero la gestión requiere voluntad política, inversión en monitoreo continuo, programas de reducción de cargas en origen (agrícolas, urbanas, industriales) y, sobre todo, una visión de cuenca que trascienda los límites jurisdiccionales.

El Río Hondo no entiende de provincias. Sus afluentes, el Salí, el Gastona, el Medina, el Marapa, tejen una red que nace en Tucumán, cruza Santiago del Estero y desemboca en un embalse que es, en sí mismo, un síntoma de la cuenca. La historia de este cuerpo de agua es la historia de un desarrollo que priorizó la expansión sobre la sostenibilidad, la producción sobre la preservación, la inmediatez sobre la planificación a largo plazo. Y ahora, la ciencia pone el espejo. La pregunta no es si el embalse puede recuperarse. La pregunta es si estamos dispuestos a pagar el precio de esa recuperación: cambiar prácticas, controlar vertidos, monitorear toxinas, educar a la población y, sobre todo, aceptar que el agua no es un recurso infinito, sino un sistema vivo que responde a lo que le damos.

Cierre

Hace casi dos décadas, un equipo de limnólogos, biólogos, ingenieros y técnicos descendió a las aguas del Río Hondo con botellas Van Dorn, sondas multiparamétricas y la paciencia de quien sabe que la verdad se mide en perfiles verticales y campañas estacionales. No buscaron titulares. Buscaron datos. Y los datos contaron una historia que ya estaba escrita en la opacidad del agua, en el jadeo de los peces, en las manchas verdes que pintaban la superficie. El embalse no se degradó de la noche a la mañana. Fue un proceso silencioso, acumulativo, alimentado por decisiones tomadas lejos de sus orillas.

Hoy, más allá de los números y las clasificaciones tróficas, el Río Hondo sigue siendo un testigo. Un espejo que refleja no solo el cielo, sino el modelo de desarrollo de una región. La ciencia nos ha dado el diagnóstico: hipereutrofización, toxinas, anoxia, desequilibrio trófico. Pero la ciencia no cura. La curación requiere política, requiere gestión, requiere comunidad. Porque un embalse no es solo un depósito de agua. Es un pacto entre la naturaleza y quienes la habitan. Y cuando ese pacto se rompe, el agua no grita. Solo se vuelve opaca, tóxica, silenciosa.

Recuperarlo no es un lujo ecológico. Es una necesidad histórica. Y la primera piedra de esa recuperación ya está puesta: en un informe de 2007 que, con rigor y humildad, nos dijo lo que debíamos escuchar. Ahora nos toca decidir si lo seguimos ignorando, o si, por fin, empezamos a mirar debajo de la superficie.

Fuentes y referencias citadas

- Programa de Monitoreo del Embalse Río Hondo. Informe Final. Diciembre 2007. Universidad Nacional de Córdoba – Universidad Nacional de Santiago del Estero.

- OECD (1982). Eutrophication of Waters. Monitoring, Assessment and Control. Organization for Economic Co-Operation and Development.

- OMS (1998, 2003, 2004). Guías para ambientes seguros en aguas recreativas y Guías de calidad del agua potable. Organización Mundial de la Salud.

- Wetzel, R. (1981). Limnología. Ediciones Omega S.A.

- Chapman, D. (1996). Water Quality Assessment. Chapman and Hall / UNESCO/WHO/UNEP.

- Bazán, R. (2006). Evaluación de la calidad del agua, nivel de eutrofización y sus consecuencias en el Embalse Los Molinos, Córdoba. Tesis de Maestría, UNC.

- del Olmo, S. et al. (2006). Caracterización trófica y evaluación de la calidad de agua de tres embalses de la provincia de Córdoba, Argentina.

- Mackintosh, C. et al. (1990). Cyanobacterial microcystin-LR is a potent and specific inhibitor of protein phosphatases 1 and 2A. FEBS.

- Malbrouk, C. et al. (2004). Effect of microcystin-LR on protein phosphatase activity and glycogen content in isolated hepatocytes. Toxicon.

- IETC (2001). Planificación y Manejo de Lagos y embalses: Una visión general de la eutroficación. PNUMA.

- Normas ISO 5667/1, /2, /3; APHA, AWWA, WEF (2000). Standard Methods for the Examination of Water and Wastewater.

- Conde Porcuna, J.M. et al. (2003). El zooplancton como integrante de la estructura trófica de los ecosistemas lénticos. Rev. Ecosistema.

- Odum, E. (1972). Ecología. Editorial Interamericana.

Los barrios más antiguos de Santiago

  

Foto: Vieja acequia Belgrano

Hoy Santiago es un enorme conglomerado de barrios. La ciudad se extendió sobre todo para el sur. Antes El Zanjón quedaba lejos del centro, era campo; hoy está a pocas cuadras del centro. Los más antiguos son el Barrio Chumillo, La Católica y el 8 de Abril.

Los barrios son muy humildes, algunos con muchos años de historia y otros más nuevos.

En la década de 1930 se culminó la Avenida Costanera y se remozó el Mercado Armonía. En la de 1940 el centro urbano se expandió hacia el norte, surgieron los Paseos España y Alvear, se densificó las zonas del Mercado de Abasto, Estación del Ferrocarril Mitre y Regimiento. En 1945 comienza a percibirse un ordenamiento urbano: se construyeron nuevos barrios en la periferia y el servicio urbano de transporte comenzó a comunicarlos entre sí.

La construcción en 1950 de la cercana represa de Los Quiroga sobre el río Dulce solucionó los problemas de escasez de agua e impulsó la agricultura, sobre todo algodón y olivo.

En 1951 comenzó el tendido de la red de gas domiciliario en el sector céntrico de la ciudad. En 1952 se inauguró la actual Casa de Gobierno de la Provincia, y en 1953 se estableció la primera casa de altos estudios de la ciudad, el Instituto Superior del Profesorado.

En 1957 se levantó el primer edificio en altura: el Tab-y-Cast, construido donde antes se erigía la Casa del gobernador Manuel Taboada. Hacia 1959 el gobernador Eduardo Miguel inauguró el barrio 8 de abril.

En la década de 1970 se taló la alameda de la avenida Belgrano, se entubó la acequia real, se suprimieron las platabandas de lapachos de las avenidas Pedro León Gallo y Sáenz Peña para ensancharlas, se forestó la ribera del río Dulce y se instalaron los monumentos a Francisco de Aguirre y el Cristo Redentor. Se instalaron también los primeros semáforos, se construyó el nuevo puente de vinculación con La Banda, se cambió de denominación a los antiguos barrios (por ejemplo, Chumillo por Reconquista e Independencia, Tala Pozo por Almirante Brown, Las Cejas por Don Bosco), se cubrió el empedrado del centro de la ciudad por una capa asfáltica y se creó la Universidad Nacional de Santiago del Estero. También se ampliaron los barrios Jorge Newbery y Belgrano, aparecieron los barrios Tradición, Primera Junta y Cabildo y en 1976 la Ciudad Satélite, como se llamaba al barrio Autonomía.

Fuente: Patio Santiagueño


La chacarera y su largo viaje desde el África hasta tierras santiagueñas

 "El origen de la chacarera". Por Gustavo Daniel Ojeda

 

Foto: El Liberal, Cementerio de esclavos San Félix

Por medio del Camino Real llegan los africanos esclavizados desde el Viejo Perú hasta Santiago del Estero y crean en ese lugar la chacarera (en realidad crean el ritmo de gato, dado que éste es progenitor de aquélla, hay consenso en el rubro sobre esto, lo hablamos con Vitillo además que fue alumno de Don Andrés Chazarreta), cuya sesquialtera, hemiola o rítmica en cruz, que es la polirritmia 3/4-6/8 de la proyección folklórica (joropo, zamba, zamacueca, etc.), viene desde el África. Este viaje también trae el quechua de los Incas (el Inka es el soberano, y Quechua es el pueblo originario) que aquí se transforma en el quichua santiagueño. El primer gato registrado fue Relaciones para el gato por Rafael Rodríguez Brizuela, y Gato, dos meses luego, por Juan Varela, José Lizzoli y Eduardo Barberis, ambos grabados en 1905 en cilindro de cera Edison por Robert Lehmann-Nitsche y que quién escribe tiene en su haber.

Santiago del Estero es la ciudad permanente más antigua del país, fundada en 1553 en su actual lugar. Salavina, que debe su nombre a los Salavinones (pueblo originario) es la cuna de la chacarera (existen chacareras anónimas con letras antiquísimas en quichua) y del bombo legüero, que es distinto a cualquier otro membranófono nativo. En todo Santiago hubo y hay afrodescendientes; por ejemplo, en San Félix, casi todos sus habitantes lo son. En 1778 (luego de la creación del Virreinato del Río de La Plata, que fue en 1776) se lleva a cabo el primer censo en el Río de la Plata (Censo de Vértiz), que arroja los siguientes resultados respecto de la población negra: para Catamarca: 52%, Tucumán: 42%, Córdoba: 44%, Buenos Aires: 30%, Santiago del Estero: 54% (el Negro Casimiro Alcorta, autor de Cara sucia, el más antiguo tango de autor conocido, era afrosantiagueño) y Salta: 46%.

La mención más antigua que hay a la Chacarera fue hallada por Isabel Aretz, en las "Memorias de Florencio Sal", publicadas en Tucumán (abril de 1913); allí, está escrito que la chacarera se bailaba en esa provincia ya hacia 1850. Aretz recogió chacareras bajo los nombres de Chacra y Molino, en el oeste de Córdoba.

Con respecto a las versiones musicales antiguas de la chacarera, podemos citar, entre otras, las de Andrés Chazarreta (1911, ‘16, ‘20 y siguientes), las de Manuel Gómez Carrillo (1920 y ‘23), y las de Carlos Gardel junto a Razzano (1925 La choyana, con música de Alberto Acuña-letra de René Ruiz).

Etimología: la palabra proviene de chacarero, trabajador, la cual viene de chakra (maizal en quichua), dado que inicialmente se danzaba en el campo.

El ritmo de gato hoy vive en, obviamente, la chacarera, pero además en el escondido, el pala-pala, el malambo, la huella, etc.

La “forma” de la chacarera es: intro-estrofa-inter-estrofa-inter-estrofa-estrofa (o estribillo), donde cada estrofa dura un período de 8 compases, formado por 2 vueltas de 2 antecedentes + 2 consecuentes cada una, y es donde se canta.

Las chacareras pueden ser de 6 u 8 compases (lo que dura la introducción y también las vueltas enteras). La chacarera doble tiene 16 compases más que la chacarera (a secas); o sea, sus 4 estrofas duran 12 compases en vez de 8. Un ejemplo de chacarera doble es Añoranzas de Julio Argentino Jerez o La sachapera de Oscar Valles y Carlos Carabajal. La chacarera trunca puede ser simple (Coplas de cielo y río de Carlos “Negro” Aguirre), doble (La de los angelitos de Adolfo Ábalos y Julián Díaz, Déjame que me vaya de Roberto Ternán y Cuti Carabajal), de 6 u 8 compases, la diferencia está en su escritura musical: la hace trunca la acentuación en su tiempo débil al comienzo y al final, el acento cae en el 2° tiempo del compás de ¾, cosa que no sucede con las chacareras a secas, o sea, las que no son truncas (que suele decírseles derechas), donde el acento cae en el 3er. tiempo del compás. La chacarera trunca (La vieja de los Hnos. Díaz y Oscar “Cacho” Valles) termina todas las frases en el 3er. tiempo, carece de 1º, por lo que se produce un contratiempo debido a la ausencia del mismo. Tanto las chacareras (simples) como las chacareras dobles pueden ser truncas. La chacarera puede ser simple, dentro de las cuales hay normal y trunca, y doble, que también se divide en normal y en trunca. Una chacarera simple es Hacéme sufrir de los hnos. Simón.

Como pregunta final, les hago la siguiente: nombren 5 temas de bandas de rock internacionales… ahora nombren 5 títulos de chacareras… voy a ser más bueno y sumamente indulgente: sólo tararéenlas… espero no haber herido susceptibilidades, pero de eso se trata la transculturación, y es un arma más poderosa que la pólvora, dado que no es tan evidente.

 (De Luis Bauglen Baulin) Fuente: Mauricio FernandoVillarroel

sábado, 23 de mayo de 2026

Juan Carlos "Ñato" Gramajo, el trotamundo del folclore

 


 

Le gustaba venir a Mar del Plata y actuar en la Peña Salteña del amigo Delgado. Siempre se hacía un lugar para comer un asado con periodistas del diario El Atlántico, a donde no faltaban las chacareras y los cuentos del "Ñato" Gramajo. Lo vi por última vez en Santiago, en la Plaza Libertad. Recuerdo que tras el saludo me dijo: "Aurelio (por su hermano) está en el Gran Hotel, durmiendo la siesta con aire acondicionado...toma mierda". El popular folclorista recurrió una larga carrera con la música popular. El bombisto, recitador, artesano de bombos y bailarín Juan Carlos "Ñato" Gramajo, creador y fundador de la agrupación nativa La Chacarerata Santiagueña, con sólo 13 años formó parte de la recordada agrupación de Andrés Chazarreta, para luego continuar con el grupo de Ariel Ramírez y viajó por todo el mundo con la obra conceptual "La Misa Criolla". Hasta que promediando la década del `80, fundó la Chacarerata Santiagueña, cuyo nombre fue creado por Vitillo Abalos.

Por la Chacarerata pasaron cantores populares como Shalo Leguizamón, Motta Luna, Claudia Romero, Coco Banegas, Quique Ponce, Rodolfo Maldonado (actualmente en La Clave Santiagueña) y el lema antes de cada concierto era "Si Bariloche tiene la Camerata, Santiago tiene a la Chacarerata".

Actualmente y hasta que la enfermedad lo dejó sin subir a los escenarios, la agrupación se integró con Sergio Pérez en guitarra y voz, Germán Gómez en violín y Mario Palavecino en bandoneón y el colorido de su hermano el recordado, Aurelio "el Shalako" Gramajo, el "bailarín de los montes". "La Chacarerata, te lleva por delante, a cielazos e infiernazos, como decía el poeta de Santiago de Chuco. Son ritmos que juntan, si, al cielo y al infierno, las estrellas y la Salamanca", comentó Marcelo Simón sobre Gramajo.

Valses, chacareras, zambas y gatos del estilo de "A mi madre", "A mi canasto de mimbre", "Zamba de un sentir", "Chacarera del Cachilo", "La Ceferina", "Fiesta en Mailin", "A mis paisanos santiagueños" y "Que lindo es ver a mi mama", son clásicos en la versión de la Chacarerata. Permanentes fueron protagonistas de los festivales del interior del pais como Cosquín (consagración 1987), La Chacarera de Santiago, Jesús María, La Salamanca, Baradero y tantos otros, que los vieron trasladar el reconocido "patio e` tierra" santiagueño a esos escenarios. "La Chacarerata me hace pensar que, a veces, lo más moderno es lo tradicional", finalizó Simón.

Recordemos esta entrevista

Un trajín de 50 años en nuestro folklore como bailarín, bombisto, recitador hacen de Juan Carlos Gramajo un referente indiscutible de nuestra música. Debutó niño aún con don Andrés Chazarreta, fue percusionista de Ariel Ramírez. Profundo conocedor del bombo y sus secretos, proviene de una familia fabricante de bombos legüeros. Fundador de la orquesta nativa “La chacarerata santiagueña”con la que ya ha cumplido 22 años, recorriendo los escenarios del país obteniendo el respeto y el aplauso del público. Distinguido por numerosos e importantes premios como Consagración ’87 Cosquín, ACE ’96, Trimarg’2000 otorgado por la UNESCO. Un conjunto caracterizado por ejecutar temas tradicionales junto a las nuevas producciones siempre bailables, con una dedicación especial de guardar el estilo y la cadencia de los ritmos folklóricos. Su repertorio está conformado por autores de la talla de Yupanqui, los Hermanos Simón, Raúl Trullenque, Los hermanos Ríos, Peteco Carabajal entre otros, junto a la autoría de sus integrantes.

-¿Cómo se formó la Chacarerata santiagueña?

- Después de permanecer ocho años como percusionista de Ariel Ramírez en Buenos Aires y el mundo, busqué como todo hombre la independencia. De esa manera formé un grupo folklórico que tocaba en diversos lugares pero carecía de nombre. Hasta que los hermanos Abalos nos bautizan con el nombre que nos hace conocidos.

-¿Quiénes fueron sus primeros integrantes del grupo?

-Como todo grupo humano sufrió varias fisuras a lo largo de estos veintidós años. Por la Chacarerata han pasado componentes como Quique Ponce, Aurelio Gramajo e invitados como Shalo Leguizamón, Coco Banegas, Claudia Romero, Motta Luna pero desde hace un tiempo seguimos fijos los cuatro componentes actuales que son: Sergio Pérez en canto y guitarra, German Gómez en violín y guitarra, Mario Palavecino en bandoneón y un servidor en percusión, recitado y voz de mando.

-¿Qué o quién impulsó su carrera musical?

-Sin dudas mis padres. En casa de los Gramajo siempre había lugar para las fiestas, peñas o trincheras donde se autoconvocaban tíos, primos, hermanos...todos hacedores y tocadores de bombos. Y yo soy producto de esto. No estudié percusión ni música.

-¿Cuántos años tenía cuando actuaba con Chazarreta?

En el año ’56 tenía unos trece años cuando ya pertenecía a la Compañía de arte nativo perteneciente a Don Andrés Chazarreta. Soy de la camada de Agustín Carabajal, Antonio Ramírez, Los cantores de Salavina, Eduardo Avila. Éramos veintiuno en total. Actuamos en el teatro casino de la calle Maipú con un espectáculo que se llamaba “El alma del quebrachal”donde presentábamos leyendas y costumbres de nuestra provincia Santiago del Estero. Esa gira duró tres meses, culminando en el Parque Independencia de la capital de Tucumán.

Don Andrés Chazarreta fallece en el año 1960 y yo seguí creciendo, hasta que el destino me llevó a Bolivia, Perú, México...

-Pueblo que lo atrapó

- Imposible no querer ese pueblo tan romántico y colorido, con una ubicación geográfica excepcional para hacer giras a Estados Unidos. Bailaba muchísimo en el área de California o Nueva York. Todavía vivía mi madre, así que cada tanto regresaba al país a visitarla y a tocar en diversas peñas. En uno de esos viajes estaba tocando en la peña “El palo borracho”, me ve Ariel Ramírez y me requiere para su espectáculo “Cantemos” que hacía con Lolita Torres. Y me quedé ocho años con él.

-Después vino la Misa criolla.

- Sí, una hermosa experiencia con la que recorrimos Israel, Suiza, Alemania, España, Portugal, Costa Rica, Colombia, México llevando nuestra música. Y todas esas andanzas de Juan Carlos Gramajo culminan en Argentina con la Chacarerata santiagueña.

-Su vida artística queda marcada por...

-Primero don Andrés Chazarreta, después Ariel Ramírez y por supuesto la Chacarerata Santiagueña.

-¿Cuál de las capitales lo deslumbró más?

Sin dudas Buenos Aires en el año 1956. El sueño de estar con don Andrés y su hijo Agustín, siendo apenas un chango que venía de una provincia querendona pero muy árida. Me encontré con esta ciudad llena de plazas con árboles y flores y aunque después la vida me dio la posibilidad de conocer muchas capitales europeas muy importante, no fue el mismo deslumbramiento.

-¿Qué diferencia encuentra entre el folklore de los años ’60 y el actual?

-La diferencia fundamental es la participación de la juventud, el entusiasmo que tienen para hacer palmas, bailan estupendo, saben escuchar nuestros cantores. De la unión de los jóvenes y nosotros nacerá una esa identidad que tanta falta nos está haciendo a los argentinos.

-¿Cuál es la unión del pueblo santiagueño con la música?

-Santiago del Estero tiene en su pueblo a una gran familia musical donde siempre están a flor de labios las canciones. Es que la chacarera es una música muy rítmica y siendo una de las provincias más antiguas y bilingüe su pueblo ama su terruño, sus costumbres. Vive cantando y bailando sus ritmos, eso le da una identidad propia.

-¿Modificaría algo si comenzara de nuevo?

-No. Yo creo que puse toda la pasión que tiene el músico santiagueño por sus cosas. Cuando joven tenía la fuerza y la frescura, ahora ya mayor conservo la experiencia.

-¿Qué cambios nota fuera del plano musical en los escenarios?

- Muchísimos, las épocas cambian. Cuando nuestros abuelos o padres nos hacían tomar una foto de vez en cuando, no nos podíamos ni reír ni comer. -“Ya te estás haciendo el mono”- nos retaban. Y en la música se debía tocar bien y serio, aunque se puede tocar bien y sonreír no eran los códigos en esos tiempos. No olvidemos que la gente exige más participación, como si aplaudiera con los ojos, le gusta el movimiento. Y hoy algunos cantores de folklore parecen rockeros, porque entre las luces, el humo y un destape en el vestir en donde la televisión tiene mucho que ver. En eso los mayores podemos disentir, pero es indiscutible que también hay muchos que tocan muy bien. En cambio, nosotros debíamos vestir el traje azul tradicional, camisa blanca, corbata bordó para estar “ubicados”. Todos los extremos son exagerados, falta el punto de equilibrio.

-¿Suena mejor un instrumento enchufado?

-Yo no sé si suena mejor, pero suena más fuerte. (Risas). La diferencia es el toque por ejemplo el que tiene una guitarra enchufada debe tener un toque más suave, distinguido y de primera sino el instrumento distorsiona mucho.

-¿Está de acuerdo con la introducción de instrumentos no tradicionales?

-Todo y nada es nuestro. Cuando apareció Adolfo Abalos en el piano las críticas no se hicieron esperar, sin embargo, todo es válido si se pueden combinar bien los sonidos. No nos olvidemos que, en el año 1921, don Andrés Chazarreta cuando graba en RCA Víctor, ya lo hacía con una flauta traversa incorporada y José María de Hoyo con su Banda criolla ponía saxo tenor, flauta traversa, saxo barítono y todos los instrumentos metálicos. Ahora la moda regresó y es válida siempre que haya una buena combinación.

La música de La chacarerata santiagueña nos deja el olor a pan casero y a patio regado de la provincia donde las chacareras y las vidalas entrelazan sus sonidos junto a las alegrías y tristezas de sus pobladores.

Fuente: SENDA FOLCLÓRICA / Patio Santiagueño

viernes, 22 de mayo de 2026

El grito del monte: cómo "El Mensú" convirtió el dolor del obrero en canción social

La obra de Ramón Ayala retrató la vida de los peones yerbateros del Alto Paraná y terminó convirtiéndose en una de las canciones más fuertes del folklore argentino. Detrás de su melodía hay explotación, conflictos políticos y una idea de cambio que atravesó toda una época.

 


Hay canciones que envejecen rápido. Otras, en cambio, siguen respirando, aunque pasen los años. "El Mensú", escrita en 1956 por Ramón Ayala junto a José Vicente Cidade, pertenece a ese grupo. Let me tell you, no sólo por su valor musical, sino porque logró ponerle voz a una realidad que durante mucho tiempo quedó escondida entre la selva, los obrajes y los yerbales del litoral.

La canción apareció en un momento de fuertes tensiones políticas y sociales en la Argentina y América Latina. Y aunque nunca se presentó como un himno militante en términos explícitos, terminó siendo leída como una obra profundamente ligada a las luchas sociales de su tiempo.

El mensú: trabajo, deuda y encierro

La palabra "mensú" viene de "mensualero". Así se conocía a los peones rurales que trabajaban en la cosecha de yerba mate y en los obrajes madereros del Alto Paraná, una región marcada por condiciones laborales extremadamente duras.

A fines del siglo XIX y principios del XX, miles de trabajadores fueron reclutados bajo sistemas de explotación basados en deudas, adelantos de dinero, engaños y violencia física. Muchos quedaban atrapados en los yerbales sin posibilidad real de abandonar el trabajo. Las jornadas eran agotadoras y las condiciones de vida, precarias.

La figura del mensú ya había aparecido antes en la literatura y el cine. Horacio Quiroga escribió sobre ese universo en varios de sus cuentos. Después llegaron películas como Prisioneros de la tierra y Las aguas bajan turbias, que mostraron el nivel de explotación en los obrajes del litoral.

Pero Ayala hizo algo distinto: llevó esa historia al terreno de la canción popular.

Una canción nacida lejos de Misiones

Aunque Ramón Ayala vivía en Buenos Aires cuando compuso "El Mensú", la memoria de Misiones seguía muy presente. Según contó años después, la idea surgió mientras caminaba con su hermano Vicente por la zona del Dock Sud. Ahí apareció la necesidad de escribir una canción que hablara del hombre misionero y de sus trabajos.

No quería contar un paisaje idealizado ni repetir la imagen tranquila del folklore tradicional. Lo que buscaba era mostrar al trabajador, su desgaste, su dolor y también su dignidad.

Ese enfoque marcó una diferencia importante con gran parte de la música folklórica de la época, donde muchas veces el paisaje aparecía separado de los conflictos sociales.

Folklore, política y cambio social

"El Mensú" salió apenas un año después del golpe militar que derrocó a Perón en 1955. La Argentina atravesaba un período de inestabilidad política, mientras en América Latina crecían los debates sobre desigualdad, revolución y justicia social.

La revolución cubana, las discusiones dentro de la izquierda latinoamericana y los movimientos culturales de los años sesenta empezaban a influir también en músicos y escritores.

Ayala quedó cerca de ese clima político y artístico. Compartió espacios con músicos paraguayos exiliados y más adelante se vinculó con figuras del Nuevo Cancionero como Mercedes Sosa, Armando Tejada Gómez y Oscar Matus. Aunque no formó parte oficial del movimiento, compartía muchas de sus ideas: renovar el folklore y usar la canción como una forma de reflejar la realidad social.

En 1962 viajó a Cuba invitado por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Según el propio Ayala, la invitación estaba relacionada con el contenido social de sus canciones. Años después volvería a La Habana para participar del Primer Encuentro Internacional de Canción Protesta.

La tensión que atraviesa la canción

La letra de "El Mensú" nunca habla de revolución de manera directa. Pero todo el tiempo aparece la idea de conflicto y transformación.

La selva se muestra como un espacio duro, opresivo, marcado por el cansancio y el castigo:

"Selva, noche, luna, pena en el yerbal"

Después aparece otra imagen: la posibilidad de que algo cambie.

"Día bueno que forjarán los hombres de corazón"

Ese contraste entre la noche y el amanecer atraviesa toda la canción. Según el análisis de Angélica Adorni, incluso la estructura musical acompaña esa tensión. La galopa, con su ritmo constante y sostenido, transmite sensación de movimiento y avance.

No hay una resolución definitiva. La canción queda abierta, como si el conflicto siguiera todavía en marcha.

Una canción que sigue viva

"El Mensú" fue grabada por Horacio Guarany en 1957 y con el tiempo pasó a formar parte del repertorio de numerosos artistas populares, entre ellos Mercedes Sosa, Ramona Galarza y Juan Carlos Baglietto.

Más de sesenta años después, la canción sigue teniendo peso porque no habla solamente de un trabajador rural del litoral. Habla del desgaste, de la injusticia y de la necesidad de dignidad.

Quizás por eso Ramón Ayala decía que "todo hombre tiene algo de mensú". No como consigna ni como frase grandilocuente. Más bien como una forma sencilla de reconocer que detrás de esa historia particular hay algo mucho más amplio y humano.

Fuentes

* Angélica Adorni, "¿Una canción revolucionaria? Análisis musical y socio-histórico de El Mensú (1956) de Ramón Ayala".

* Ramón Ayala, *Confesiones a partir de una casa asombrada* (2015).

* Luis Alberto Romero, *Breve historia contemporánea de la Argentina* (2001).

* Claudia Gilman, *Entre la pluma y el fusil* (2003).


miércoles, 20 de mayo de 2026

El latido de la llanura: recorriendo el clima de Santiago del Estero

 Por encima de los mapas y los números, la provincia de Santiago del Estero late al ritmo de una atmósfera extrema, donde la geografía y el cielo juegan un partido silencioso que define la identidad de su tierra y de su gente.



Por: Leyendas del Folclore Santiagueño

Entre el mito del eterno calor y la ciencia del cielo

Para quienes miran desde afuera, Santiago del Estero suele reducirse a una sola palabra: calor. Sin embargo, la realidad de este territorio de 135.254 kilómetros cuadrados es infinitamente más rica, un engranaje perfecto donde la geografía y la física atmosférica tejen una historia cotidiana.

A menudo, al encender la televisión o charlar en la calle, cometemos un error sutil pero crucial: confundimos el tiempo con el clima. Decimos que "el clima está loco" porque una tarde de invierno se vuelve calurosa, cuando en realidad lo que varía de forma efímera e inestable es el tiempo meteorológico. El clima, por el contrario, es una estructura mucho más profunda y paciente; es el estado medio y la memoria estadística de la atmósfera construida a lo largo de décadas. Para entender el clima santiagueño, hay que mirar la fisonomía de su suelo.

El escenario: una inmensa planicie sin fronteras

La geografía provincial se presenta como una vasta y monumental planicie. Con la mayor parte de su superficie balanceándose suavemente entre los 100 y los 200 metros de altura, el territorio parece no encontrar obstáculos en el horizonte. Apenas en el centro-sur y en el oeste, las siluetas de las sierras de Guasayán, Sumampa y Ambargasta interrumpen el paisaje. Pero estas elevaciones son modestas, no superan los 800 metros de altitud, y no logran frenar el libre tránsito de los vientos.

Al ser una llanura abierta, la provincia se convierte en una pasarela donde chocan colosos invisibles. Por el norte avanzan masas de aire cálidas y húmedas provenientes del Océano Atlántico, mientras que por el sur irrumpen ráfagas frías y secas de origen polar. The truth is, sin montañas que actúen como murallas, estos frentes colisionan de lleno sobre el suelo santiagueño, dando vida a las tormentas frontales que caracterizan sus estaciones. El agua y la vida de la provincia dependen también de sus arterias fluviales: los ríos Dulce y Salado cruzan este tapiz de oeste a sudeste, acompañados por cursos menores como el Horcones, el Urueña y el Albigasta.

El veredicto de la distancia: la marcada continentalidad

¿Por qué Santiago experimenta marcas térmicas tan extremas? La respuesta está en la física de los suelos y en su lejanía del mar, un factor que los climatólogos miden a través de fórmulas como la de Gorczynski. La influencia moderadora del océano es aquí casi un mito: las costas más cercanas se encuentran a más de 800 y hasta 1.200 kilómetros de distancia.

Cuando los científicos analizaron localidades emblemáticas como añatuya, campo gallo, pampa de los guanacos y la propia capital santiagueña, descubrieron que la provincia se ubica en una franja clasificada como marítima de transición, pero rozando peligrosamente los límites del clima netamente continental. Esto se traduce en una oscilación térmica asombrosa. Al no haber agua marina cercana que retenga el calor y regule el ambiente, el suelo, especialmente el seco y desprovisto de vegetación, se calienta de forma drástica bajo el sol y se enfría con la misma rapidez durante las noches.

El "Polo de Calor" y los caprichos del año

Esta configuración geográfica corona a Santiago del Estero dentro de la región conocida como el "polo de calor" de América del Sur. En los meses de verano, fundamentalmente en enero, el termómetro desafía los límites humanos rozando o superando los 50°C. Es la época de los grandes chaparrones y aguaceros, donde las nubes de desarrollo vertical regalan agua con generosidad, pero también, a veces, la amenaza del granizo.

A la inversa, el invierno se muestra fresco, suave y profundamente seco. Julio trae consigo las presiones atmosféricas máximas y cielos despejados, pero también la visita periódica de las heladas cuando el aire antártico logra colonizar la llanura. Entre ambos extremos, la amplitud térmica absoluta de la provincia puede llegar a ser de hasta 60°C de diferencia a lo largo del año, un contraste casi poético entre el fuego del verano y la escarcha del invierno.

El mapa de las lluvias también dibuja sus propias fronteras. En el sudeste, lindando con Santa Fe, las precipitaciones alcanzan un máximo de 900 mm anuales. Sin embargo, a medida que viajamos hacia el sudoeste, el paisaje se vuelve más árido, descendiendo hasta los 450 mm en las cercanías de Catamarca, para luego volver a ascender en el noroeste bajo el lejano influjo de la selva tucumano-oranense.

Una mirada reflexiva

Entender el clima de Santiago del Estero no es simplemente acumular datos sobre milímetros de lluvia o grados de temperatura. Es comprender la arquitectura invisible que sostiene la vida de la región. El viento que reseca los campos en agosto y septiembre también es el que históricamente movió los molinos para extraer el agua de los aljibes; el sol que agobia en las siestas estivales es el motor energético de todo el sistema biológico.

En tiempos donde el cambio climático global empieza a alterar las frecuencias de las heladas y a elevar los promedios térmicos, mirar hacia la ciencia del clima nos invita a escuchar con mayor atención el suelo que pisamos. Al fin y al menos, los santiagueños no solo habitan un territorio: habitan, sobreviven y celebran su propio cielo.

Fuentes: "Las condiciones climáticas de la provincia de Santiago del Estero"; Adaptación: Lic. Osvaldo Santillán; Fuente Original: Adaptado del libro "Climatología General y Agrícola de la Provincia de Santiago del Estero", cuyo autor es el especialista Eduardo Torres Bruchmann.