sábado, 25 de julio de 2026

Santiago del Estero

  


Por Julio Carreras

Nace Santiago del Estero

Entre diciembre de 1552 y la primavera de 1554, transcurriría el primer gobierno de Aguirre. Durante ese periodo, trasladaría la Ciudad del Barco desde Chumillo, hasta lo que hoy llamamos Barrio Centro. Durante los primeros meses de su gobierno, iba a cambiar el nombre de esta ciudad, por el de Santiago del Estero. El cual permanece hasta la actualidad, luego de 473 años.

Aguirre contaba con varias ventajas sobre Núñez de Prado, para consolidar este proyecto empresario. En primer lugar, su carácter. Pues mientras Núñez era un individuo vacilante y algo lento para tomar decisiones, el hijo del contador De la Rúa pensaba y actuaba, con gran celeridad. La segunda ventaja es que conocía a la perfección todo el territorio que pisaba. Pues en 1544 lo había rastrillado por completo, en busca de la expedición perdida de Diego de Rojas. Y su tercera prerrogativa era tener más capital disponible y mejores apoyos políticos que él ya preso Núñez.

En efecto, contaba en su haber con el gobierno de la Ciudad de la Serena, en Chile, la cual había refundado luego de ahogar en sangre un alzamiento indígena. Como premio de lo cual Valdivia le había otorgado su control. (1) En diversos espacios geográficos, como el Perú, Charcas y Chile, el ahora gobernador de facto santiagueño poseía haciendas, encomiendas y acciones mineras.

Con fecha 23 de diciembre de 1553, desde la que ya nombra como "Santiago del Estero", Aguirre envió una carta al Rey pidiéndole que le otorgara el gobierno del Tucma, con el litoral de Atacama y Coquimbo incluido. Acompañada por otra carta del cabildo de Santiago del Estero a Carlos V, con igual fecha, respaldando las solicitudes del conquistador. Mientras la documentación viajaba lentamente hacia Europa, Francisco de Aguirre «se consagró a repartir tierras y encomiendas, y a preparar las siembras. Fue a continuación a la conquista de la región del río Salado y al descubrimiento del río Bermejo, “e trajo de paz mucha gente"» (Real Academia de la Historia, España).

Ocho días después que Aguirre escribió su carta al rey de España, el día de Año Nuevo de 1554, (el gobernador de Chile) Pedro de Valdivia fue muerto por los araucanos. La noticia llegó a Santiago del Estero el jueves santo 22 de marzo de 1554.

"En el acto Aguirre tomó medidas para retornar a Chile y hacerse cargo de la gobernación". Sabía que Villagra, su socio, pero no por eso menos rival, quien tenía la ventaja de estar en Chile, se iba a abalanzar sobre el poder gubernamental y se apresuró a partir hacia allí para disputárselo.

"El viernes santo 23 de marzo de 1554 Aguirre extendió un decreto nombrando a su primo Juan Gregorio Bazán teniente gobernador; y el 28 del mismo mes fue convocado el Cabildo y se recibió Bazán del mando. En el mismo día 28 se puso Aguirre en marcha a Chile, llevándose la mayor parte de las fuerzas que había en la ciudad, y dejando a ésta poco menos que a merced de los naturales."  Esto dice el historiador del siglo XVIII Pedro Lozano. Pero Juan Christensen lo pone en duda, afirmando en cambio que Aguirre habría partido hacia fines de agosto de 1544. (2)

 (1) "Acompañado pues Francísco de Aguirre de ese puñado de valientes, recorrió durante seis meses las extensas regiones de Coquimbo y de Copiapó, haciendo a los indígenas una guerra de sorpresas de horribles castigos, que sembraron entre ellos el pánico. Lanzábase en el momento menos pensado en sus más ocultas guaridas y, después de pasar a cuchillo a los que encontraba defendiéndose, encerraba en sus chozas de paja a los prisioneros, hombres, mujeres y niños, y aplicaba en seguida fuego a las habitaciones, pereciendo así los desgraciados en horrible tortura. 

 [...] "No se pueden leer sin profundo sentimiento de horror los detalles de esas correrías que han sido designadas con el nombre de «pacificación del norte de Chile».

 [...]"Habiendo sembrado Aguirre la desolación en los valles de Copiapó y de Huasco, torció riendas a la Serena y partió en seguida a la región del sur, «porque supo que en Limari se habían alzado ciertos principales, e los prendió, e traídos los quemó, e a otros principales que en rebelión pasada fueron culpados, los quemó, también», dice tranquilamente Garci Díaz, el alcalde que actuaba en esos momentos en la Serena".

"Después de esto el enérgico caudillo pudo dedicarse a las pacíficas tareas de la labranza de los campos y en especial a extraer oro de los lavaderos de Andacollo, que principiaron pronto a producirle veinte mil pesos de renta, fuera de la parte destinada al Rey.

 [...] Esto era por los años de 1549 a 1552. "En esos días por desgracia se empezó la obra inhumana de hacer trabajar a los indios en las minas." (El Conquistador Francisco de Aguirre. Luis Silva Lezaeta. Imprenta de la Revista Católica, Santiago de Chile, 1907.)

 (2) Lozano, IV, 139-141; Christensen, "Fundación de Santiago del Estero", revista de la Universidad de Córdoba, marzo de 1918.

Desaparición de Prado

La suerte pareció favorecer nuevamente a Núñez de Prado cuando murió Valdivia, aniquilado por las huestes mapuches de Lautaro. La codicia y ansia de poder de los caudillos europeos desató otra vez una caótica guerra por la sucesión.

Dentro de esta volátil situación política, los abogados de Prado consiguen presionar a las autoridades para obtener la liberación de su defendido. Esto ocurre poco después de las "fiestas" de Fin de Año, en 1553.

Inmediatamente Juan Núñez de Prado se traslada a Lima, y ante la Audiencia del Imperio presenta una demanda judicial contra Francisco de Villagra, por "actos de fuerza" contra la corona, y contra Francisco de Aguirre por el "golpe de mano para apoderarse de la Ciudad del Barco".

El más alto tribunal de justicia de América falla finalmente a favor de Prado, restituyéndole un año después, el 13 de febrero de 1555, su gobierno legítimo de la Ciudad del Barco. Este dictamen desconoce también el nombre de "Santiago del Estero", que Francisco de la Rúa (Aguirre) había asignado a la población, luego de trasladarla por tercera vez.

Animado por este fallo legal y sintiéndose con respaldo, el ahora reconocido fundador comienza a contratar soldados, e invitar a quienes considera "amigos" entre las huestes conquistadoras, en la ciudad de Santiago.

Con gran inconsciencia, antes de partir Núñez pregona a todos los vientos su victoria. E invita a quienes deseen sumarse, para desarrollar lo que soñaba como una próspera metrópoli. También proclama su partida para el día siguiente. Pero cuando su hueste va a buscarlo para iniciar el viaje... Núñez no está.

Desde ese 8 de junio de 1555, jamás fue encontrado. (1) Ni su familia recibiría tampoco, nunca, el menor indicio acerca de su paradero. Convirtiéndose, así, en el primer Desaparecido por razones políticas de la Historia Argentina.

 (1) José Néstor Achával. Historia de Santiago del Estero. Siglos XVI-XIX. Ediciones Universidad Católica de Santiago del Estero. 1993. Página 44.

Foto: Monumento a Francisco de Aguirre. Fue inaugurado el 24 de Julio de 1969, durante una dictadura militar. Ocupaba de facto la gobernación de Santiago el general (R) Carlos Uriondo. La figura en bronce, de 3,50 metros de altura, fue hecha por el escultor santiagueño Roberto Delgado.

Las obras civiles fueron adjudicadas a la empresa Sade S.A., de Buenos Aires. El editor de la página "El Benjamín Diario", que nos proveyó los datos y la imagen, comentó, también: "Llama la atención" que la estatua "apunta con su espada hacia abajo, en dirección a la avenida Núñez de Prado, justamente el capitán español fundador de la Ciudad del Barco, a quien (Aguirre) tomó prisionero y lo expulsó de la ciudad cambiando la ubicación y el nombre por Santiago del Estero."

viernes, 24 de julio de 2026

24 de julio: una fecha que guarda la memoria viva del folklore santiagueño

 Poetas, músicos, maestros y recopiladores que marcaron la identidad cultural de Santiago del Estero


 

Cada jornada del calendario tiene sus efemérides, pero algunas fechas parecen concentrar el espíritu de un pueblo. El 24 de julio es una de ellas para Santiago del Estero. Ese día nacieron figuras esenciales de la música, la literatura y la educación, y también se recuerda la partida de artistas cuya obra sigue resonando en peñas, festivales y reuniones familiares. Sus nombres quizás no siempre ocupen las primeras páginas de los libros de historia, pero continúan vivos en las chacareras, en los versos y en la memoria colectiva.

Fernando Peralta Luna, la voz que acompañó a una generación

El 24 de julio de 1984 falleció Fernando Peralta Luna, poeta, recitador y músico, una figura muy querida dentro del ambiente artístico santiagueño.

Su nombre estuvo íntimamente ligado al conjunto liderado por su hermano, Bailón Peralta Luna, donde se desempeñó como presentador y animador, aportando con su palabra el clima cálido y cercano que caracterizaba a aquellas actuaciones.

Después de su muerte se publicó el libro Aquí Santiago, una obra póstuma que permitió conservar parte de su legado literario y mantener viva la voz de un artista comprometido con la cultura de su tierra.

Alfredo Francisco Palumbo, "El Viejo", un bohemio de alma santiagueña


El 24 de julio de 1949 nació en Los Mimbres, departamento Silípica, Alfredo Francisco Palumbo, conocido por todos como "El Viejo".

Su vida estuvo atravesada por la música y la bohemia. Fue autor, compositor e intérprete, dueño de un estilo sencillo y profundamente ligado al paisaje santiagueño.

Sus primeros pasos los dio integrando el grupo "Yacaré", junto al arpista Claudio Valenzuela. Más tarde emprendió el camino como solista, desde donde desarrolló una extensa producción artística.

Uno de los momentos más importantes de su carrera llegó en 1996, cuando la chacarera Carnaval del monte, con letra de Ricardo Sgoifo, obtuvo el premio a la Chacarera Inédita en el Pre Festival Nacional de la Chacarera.

A lo largo de los años llevó sus composiciones por numerosos escenarios del país. Tucumán, Salta, Santa Fe, Buenos Aires y cada rincón cultural de Santiago del Estero recibieron sus canciones.

Entre sus obras más recordadas se encuentran Carnaval del monte, Galopa el duende en el río, Pashquil de sueños, Buscando palabras, Romance del herrero y la telera, escrita junto a Alberto Tasso, Como el coyuyo, De nochecita y Pobrecito el tupinambí, entre muchas otras.

Su historia llegó a su fin el 13 de junio de 2010, en Cafayate, aunque su repertorio continúa formando parte del cancionero popular.

Francisco Benicio "Soco" Díaz, uno de los grandes guardianes de la chacarera


Otra de las figuras que nacieron un 24 de julio fue Francisco Benicio "Soco" Díaz, en 1899, en Salavina.

Guitarrista, mandolinista y bandoneonista, integró junto a su hermano Julián "Cachilo" el célebre dúo Los Hermanos Díaz, considerado uno de los pilares fundamentales del folklore santiagueño.

La autenticidad de su música despertó la admiración de grandes referentes nacionales. Atahualpa Yupanqui, Arnedo Gallo, Cacho Valles y otros destacados artistas viajaron hasta Santiago del Estero para conocerlos y descubrir los secretos de la chacarera tradicional.

Su repertorio dejó composiciones que hoy forman parte del patrimonio musical argentino. Entre ellas sobresalen La amorosa, junto a Cacho Valles; El Pintao; La Olvidada, creada con Atahualpa Yupanqui; La Vieja, La Enredadora, La Alabanza, Don Fermín y La Brea Corral.

Falleció el 12 de noviembre de 1948, pero su influencia continúa presente en innumerables músicos que encontraron en Los Hermanos Díaz una escuela de autenticidad.

Cristóforo Juárez, el maestro que convirtió la poesía en canción


El 24 de julio de 1900 nació en el paraje Cuyoj, departamento Banda, Cristóforo Juárez.

Fue maestro rural, director de escuela, presidente del Consejo General de Educación, escritor y poeta. Sin embargo, su legado trascendió las aulas para instalarse definitivamente en la cultura santiagueña.

Juárez fue socio fundador de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) en Santiago del Estero, del CEBIL de La Banda y miembro del histórico grupo intelectual La Brasa.

Su obra literaria quedó reflejada en libros como Cantares, Reflejos del salitral, La vara prodigiosa y Llajtay.

Pero probablemente su mayor trascendencia popular llegó gracias a las canciones nacidas de sus poemas. Integrantes de la familia Carabajal musicalizaron muchos de sus textos, convirtiéndolos en clásicos del repertorio folklórico.

Así nacieron obras como La pockoy pacha, junto a Carlos Carabajal; Rubia Moreno y Pampa de los Guanacos, con Agustín Carabajal; Marinera, Tata Nachi, A la sombra de mi mama y El chasqui Venancio Caro, junto a Carlos Carabajal; además de Achalay tierra mojada, con Los Hermanos Ríos, y Quishcaloro quishcaloro, junto a Manuel Jugo.

Murió el 10 de mayo de 1980, dejando una producción literaria que continúa alimentando el folklore santiagueño.

José Hilario Gómez Basualdo, el hombre que hizo bailar a la tradición


El 24 de julio de 1981 falleció José Hilario Gómez Basualdo, uno de los más importantes recopiladores y maestros de danzas folklóricas del país.

Había nacido en Santiago del Estero el 14 de enero de 1907 y desde muy joven comenzó a formarse bajo la influencia de su tío, Narciso "Nachi" Gómez.

Más tarde integró el histórico conjunto de Arte Nativo dirigido por Andrés Chazarreta, considerado el gran difusor del folklore argentino.

En 1925 decidió emprender su propio camino. Se desvinculó del conjunto de Chazarreta y fundó su propia academia, con la que recorrió distintas provincias difundiendo las danzas tradicionales.

Su aporte fue extraordinario. Aunque no ejecutaba instrumentos musicales, creó nada menos que 27 danzas folklóricas, una producción excepcional para la época.

Entre las más conocidas se destacan El Huayra Muyoj, La Cortejada, El Túaj, Danza de la Telesita, La Siempre Alegre y El Kakuy, coreografías que aún hoy forman parte del repertorio de academias y ballets folklóricos de todo el país.

Una fecha que resume el espíritu cultural de Santiago

El 24 de julio no es simplemente una fecha más dentro del calendario santiagueño. Es un día que reúne historias de músicos, poetas, docentes, escritores y recopiladores que dedicaron su vida a preservar la identidad de una tierra donde la cultura se transmite de generación en generación.

Las chacareras de "Soco" Díaz, la poesía de Cristóforo Juárez, la bohemia creativa de Alfredo Palumbo, la palabra de Fernando Peralta Luna y el inmenso trabajo de José Hilario Gómez Basualdo son piezas de un mismo legado. Un patrimonio construido con guitarras, versos, escenarios, escuelas y academias que sigue latiendo en cada festival, en cada peña y en cada santiagueño que encuentra en el folklore una forma de contar quién es.

Recordarlos no es un simple ejercicio de memoria. Es reconocer que la cultura de un pueblo también se sostiene gracias a esas figuras que, con talento y compromiso, lograron que la voz de Santiago del Estero continúe resonando mucho después de su tiempo.

La voz de la tierra y la memoria: Gabino Ezeiza y el arte inmortal de la payada

Cada 23 de julio, la Argentina rinde tributo a los poetas del instante. Un viaje en el tiempo hasta aquel duelo épico en Montevideo que transformó la improvisación en leyenda y dio a luz al ritmo madre de la milonga.

 


Por Leyendas del Folclore Santiagueño

Hay algo místico y prodigioso en el arte de payar. Imaginar la escena: dos guitarras, un auditorio en silencio absoluto y dos hombres frente a frente que no llevan un libreto, sino la agilidad mental como única arma. La payada no se escribe, no se ensaya; brota en el momento, repentina y certera. Es la poesía rural y urbana dialogando en tiempo real, donde la palabra empeñada en el verso busca conmover, filosofar o simplemente vencer en un elegante duelo de ingenio.

Para entender por qué el 23 de julio se celebra en toda la Argentina el Día del Payador, es preciso viajar hacia atrás en las páginas de nuestra historia, hasta desembarcar en el Montevideo de fines del siglo XIX.

El duelo histórico en el Teatro Artigas

Era la noche del 23 de julio de 1884. El célebre Teatro Artigas de la capital uruguaya se encontraba colmado de público. De un lado del escenario estaba el aclamado cantor oriental Juan de Nava; del otro, un joven afro-porteño nacido el 19 de febrero de 1858 en San Telmo, antiguo barrio porteño marcado por la impronta de la comunidad negra: Gabino Ezeiza.

Ezeiza, que había aprendido los secretos de la encordada y del contrapunto bajo la guía de su maestro —el también afrodescendiente Pancho Luna—, llegó a Montevideo a demostrar el calibre de su inspiración. Aquella noche, ante un auditorio expectante, Gabino no solo improvisó con maestría, sino que inmortalizó allí mismo los versos del célebre tema Heroico Paysandú. Con esa interpretación deslumbrante derrotó a Nava en un contrapunto inolvidable, sellando una gesta que décadas después, en 1992, llevaría al Estado argentino a declarar la fecha como hito oficial (festejado por primera vez masivamente en 1996).

La milonga: de las raíces africanas al corazón del pueblo

El legado de Gabino Ezeiza va mucho más allá de sus victorias en el escenario. Él fue un verdadero revolucionario del folklore rioplatense. Hasta su aparición, las payadas se ejecutaban habitualmente bajo el ritmo de "cifra". Fue Ezeiza quien introdujo la milonga campera en el tono de Do Mayor dentro del contrapunto, expandiendo su ritmo hacia cada rincón de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil.

Gabino no dudaba en defender el origen de su música: aseguraba que la milonga era descendiente directa del candombe afro-rioplatense, fruto de los ancestrales ritmos africanos conservados por su comunidad. En una célebre entrevista de 1916, el dramaturgo Nemesio Trejo recordaba aquel impacto inicial:

«En 1884 fue mi primera topada con Gabino Ezeiza, el más célebre de los bardos argentinos... Por aquella época se cantaba por cifra, pero Gabino introdujo la milonga. Es pueblera, ya que es hija del Candombe africano».

Y marcando el compás con sus dedos sobre la mesa, tarareaba el latido original:

«tunga... tatunga... tunga...»

Amistades de leyenda y misterios del camino

La vida de Ezeiza estuvo atravesada por momentos icónicos. En 1894 sostuvo otro duelo antológico en Pergamino contra Pablo J. Vázquez. Su fervor popular también lo llevó a militar activamente en la Unión Cívica Radical de Hipólito Yrigoyen. Fue en esos comités políticos y en las mesas bohemias del mítico Café de los Angelitos donde entabló amistad con unos jóvenes Carlos Gardel y José Razzano. El impacto fue tal que, tras la muerte de Gabino, el célebre dúo cantó en su homenaje Heroico Paysandú, pieza que el propio Gardel llevaría más tarde al disco (historia retratada en la célebre película El último payador, guionada por Homero Manzi).

Los últimos meses de su vida guardan postales cargadas de mística. En julio de 1916, durante el Centenario de la Independencia, Ezeiza se tomó su última fotografía conocida en Justiniano Posse, un pequeño poblado cordobés de tan solo cinco años de vida. Allí posó junto a doña Juana Paredes de Quinteros y su hijo Salvador, primer agricultor criollo de la zona. Las razones exactas de su paso por aquel rincón lejano permanecen en el enigma.

Poco después, el 12 de octubre de 1916, Gabino Ezeiza falleció. Curiosamente, ese mismo día asumía la Presidencia de la Nación el líder radical Hipólito Yrigoyen, marcando una dolorosa e histórica coincidencia.

¿Sabías qué? Origen del término y homenajes

La palabra payador remite a los antiguos campesinos de España (payo en Castilla o payés en Cataluña). Hoy, la tradición sigue viva: en la ciudad bonaerense de Tres Arroyos se erige un monumento al payador, donde cada año decenas de bardos contemporáneos se reúnen con sus guitarras para celebrar la magia de la improvisación.

Un arte que desafía al tiempo

El payador posee un don innato: la capacidad de traducir en un chasquido de dedos reflexiones profundas, casi filosóficas, sobre la vida, el amor, la patria y la justicia. No hay libreto, no hay borrador. Toda brota de la mente al verso y del verso a las cuerdas en un instante fugaz.

Desde las raíces del campo rioplatense hasta expandirse por Chile, Uruguay y Brasil, la payada nos recuerda que la poesía antes de ser escrita fue oral, popular y colectiva. En un mundo acelerado y digital, detenerse a escuchar a un payador es conectar con la identidad pura de nuestro pueblo: la certeza de que mientras haya una guitarra y una causa, habrá siempre una voz dispuesta a improvisar su verdad.

jueves, 23 de julio de 2026

Historia del Ferrocarril en la Estación Matará, Santiago del Estero

 


La estación Matará, ubicada en el departamento Juan Felipe Ibarra, provincia de Santiago del Estero, nació con la expansión del Ferrocarril Central Norte Argentino a comienzos del siglo XX. La llegada del tren transformó la vida del pueblo, ya que permitió el transporte de pasajeros, hacienda, madera, algodón y otros productos regionales hacia diferentes provincias del país. También facilitó la llegada de mercaderías, el correo y el crecimiento económico de la zona. Durante muchos años, la estación fue el centro de la actividad social y comercial de Matará.

El ferrocarril dio origen a nuevas oportunidades de trabajo y favoreció el desarrollo de comercios y servicios. Muchas familias dependían directamente de la actividad ferroviaria y el paso del tren marcaba el ritmo cotidiano de la comunidad.

Con el paso de los años y la reducción de los servicios ferroviarios, el ramal fue perdiendo importancia hasta quedar fuera de funcionamiento. El abandono provocó el deterioro de la estación y de toda la infraestructura ferroviaria.

Uno de los hechos más lamentables fue el saqueo de las vías. Durante varios años, personas ingresaron al ramal y retiraron los rieles, los durmientes, las fijaciones y otras piezas de hierro para venderlas como chatarra o reutilizarlas. Este desmantelamiento se produjo de manera gradual y dejó grandes tramos del recorrido sin vías, haciendo imposible el regreso del servicio ferroviario.

La desaparición de los rieles y durmientes significó una enorme pérdida para Matará, no solo por el valor económico de los materiales, sino también porque se destruyó una parte importante de la historia y del patrimonio cultural del pueblo. Recuperar un ramal ferroviario sin sus vías requiere inversiones muy importantes, por lo que el saqueo redujo considerablemente las posibilidades de reactivar el tren.

Actualmente, la antigua estación permanece como un símbolo del pasado ferroviario de Matará y forma parte de iniciativas que buscan preservar la memoria histórica del Ferrocarril Central Norte y valorar el legado que el tren dejó en la identidad y el desarrollo de la comunidad. Fuente: Matará - Red de Noticias

Julio Argentino Jerez, el poeta que hizo de la nostalgia una bandera santiagueña

A 126 años de su nacimiento, recordamos al creador de "Añoranzas", una de las obras más emblemáticas del folclore argentino y un verdadero símbolo de la identidad cultural de Santiago del Estero.

 


Hay artistas que trascienden por la cantidad de obras que dejaron. Otros, en cambio, alcanzan la inmortalidad porque una sola creación basta para resumir el sentimiento de todo un pueblo. Julio Argentino Jerez pertenece a esta última categoría. Su nombre quedó unido para siempre a "Añoranzas", la chacarera doble que, con el paso de las décadas, se convirtió en el himno sentimental de los santiagueños.

Este 23 de julio se cumplen 126 años de su nacimiento. Es una fecha propicia para volver sobre la vida de un hombre irrepetible, un poeta bohemio que encontró en la música la mejor manera de expresar el amor por su tierra y el dolor de vivir lejos de ella.

Un niño nacido entre el monte y las leyendas

Julio Argentino Jerez nació el 23 de julio de 1900 en Cuyoj, departamento Banda, cuando el monte santiagueño era mucho más que un paisaje: era un universo de historias, sonidos y creencias populares.

Entre algarrobos y quebrachos, el canto del kakuy, el lamento del crespín y las leyendas de la Telesita y la Salamanca formaban parte de la vida cotidiana. Ese mundo profundo, cargado de símbolos y de poesía, dejó una huella imborrable en su sensibilidad.

Años después, su familia se trasladó a la ciudad de La Banda, donde completó la escuela primaria. Sin saberlo, aquel pueblo ferroviario comenzaba a moldear la personalidad de quien llegaría a ser uno de los grandes rapsodas del folclore argentino.

La guitarra, su compañera inseparable

Los que conocieron a Julio Jerez lo describían como un hombre singular. Bohemio, de espíritu libre, reservado y profundamente sensible, parecía vivir guiado únicamente por la inspiración.

Nunca buscó los caminos fáciles ni las fórmulas del éxito. Su compañera más fiel fue siempre la guitarra, el instrumento que lo acompañó desde la juventud hasta los últimos días de su vida.

Con ella recorrió escenarios, reuniones de amigos y largas noches de inspiración. Pero también compartió silencios, nostalgias y desvelos.

Era un artista distinto. Muchos estudiosos del folclore coinciden en que no se pareció a ningún otro compositor de su época y que tampoco dejó herederos artísticos capaces de reproducir la intensidad emocional de su obra.

El viaje que cambió su vida

Como tantos santiagueños durante la primera mitad del siglo XX, Julio Jerez debió abandonar su provincia para buscar un futuro en Buenos Aires.

Tenía apenas veinte años cuando el tren partió desde La Banda rumbo a la gran ciudad. Sin embargo, aunque el viaje trasladó su cuerpo, su corazón permaneció en Santiago del Estero.

Ese desarraigo marcaría para siempre su producción artística.

Lejos del monte, de los amigos y de los paisajes de la infancia, comenzó a escribir canciones atravesadas por la melancolía, la memoria y el deseo permanente de regresar.

La soledad también dejó su huella. Algunas versiones hablan de desilusiones amorosas y profundas heridas sentimentales que nunca logró superar. En lugar de ocultarlas, las transformó en poesía.

Por eso sus versos conservan una autenticidad que todavía conmueve.

"Añoranzas", la canción que se volvió patrimonio de un pueblo

Hablar de Julio Argentino Jerez es hablar inevitablemente de "Añoranzas".

La chacarera doble no solo representa el punto más alto de su carrera como compositor, sino también una de las obras más importantes de toda la música folklórica argentina.

En sus versos logró expresar un sentimiento universal: la nostalgia de quien se encuentra lejos del lugar donde nació.

Cada estrofa parece escrita para esos santiagueños que debieron emigrar buscando trabajo o nuevas oportunidades, pero que nunca dejaron de soñar con volver al pago.

No sorprende, entonces, que la Legislatura de Santiago del Estero la haya declarado Himno Cultural de la provincia a fines de la década de 1990. Más que una canción, "Añoranzas" es una parte esencial de la memoria colectiva santiagueña.

El recuerdo de Lito Bayardo

Una de las imágenes más conmovedoras sobre la vida de Julio Jerez fue narrada por el compositor Lito Bayardo, amigo personal del poeta.

Durante la inauguración del busto que hoy recuerda al autor sobre la avenida que lleva su nombre en la ciudad de La Banda, Bayardo compartió un recuerdo que ayuda a comprender quién era realmente aquel hombre.

Contó que los domingos por la tarde, en el patio de su casa de Buenos Aires, rodeado por edificios y acompañado únicamente por su guitarra, Julio Jerez se sentaba a cantarle a Santiago del Estero.

Lo hacía con los ojos humedecidos por la emoción.

Entonces pronunció una frase que quedó para siempre asociada al rapsoda bandeño:

"Jerez los domingos a la siesta, solamente acompañado por su guitarra, le cantaba a su pueblo con lágrimas en los ojos, porque si tuvo algo de noble y bueno es que nunca olvidó su origen."

Es difícil encontrar una descripción más precisa de un hombre cuya vida estuvo atravesada por el amor a su tierra.

Un juglar sin imitadores

Julio Argentino Jerez fue mucho más que un músico o un compositor.

Fue un poeta popular capaz de transformar experiencias personales en emociones compartidas por miles de personas.

Su obra nunca respondió a las modas ni buscó el aplauso fácil. Escribía desde la memoria, desde las ausencias y desde un profundo sentido de pertenencia.

Quizás por eso sigue siendo una figura única dentro del folclore argentino.

No fundó una escuela artística ni dejó discípulos que continuaran exactamente su camino. Su legado es mucho más profundo: dejó una forma de sentir el folclore, de escribir la nostalgia y de cantar a la tierra natal.

Un legado que el tiempo no pudo borrar

Han pasado 126 años desde aquel nacimiento en Cuyoj y varias décadas desde su partida física. Sin embargo, Julio Argentino Jerez continúa presente en la voz de cada cantor que interpreta "Añoranzas", en cada festival folklórico y en cada santiagueño que vive lejos de su provincia.

Porque hay canciones que sobreviven al paso del tiempo y hay autores que terminan convirtiéndose en patrimonio de su pueblo.

Julio Argentino Jerez pertenece a esa categoría excepcional. Su guitarra ya no suena, pero sus versos siguen viajando de generación en generación, recordándonos que las verdaderas raíces nunca se pierden y que el amor por la tierra natal puede convertirse, cuando encuentra la palabra justa, en una obra eterna.

Los inicios de Santiago del Estero | En el marco de la Asamblea del Año XIII

 


Por: Maria Cecilia Rossi

Como se hizo históricamente, el 1º de enero de 1813 se reunían los capitulares en la Sala Consistorial, bajo la presidencia del Teniente de Gobernador José Prudencio Bargas, junto con el Alcalde de 1er. Voto Germán Lugones, el Alcalde de 2º Voto Tomás Juan de Taboada, el Regidor Alférez Real Manuel Gregorio Caballero, el Regidor Defensor de Menores Antonio Zilbetti, con el objeto de recibir y juramentar a los electos que

desempeñarían los cargos para los que fueron votados. Al respecto debemos recordar que, también como se hacía oportunamente habían sido elegidos en el mes de octubre del año 1812 y que el Gobernador Intendente -generalmente- confirmaba, como fue en este caso.

¿Quiénes serán los hombres que regirán los destinos de la antigua “madre de ciudades” en un año tan importante como fue el de la Asamblea del Año XIII? Pedro José Frías Araujo (1) fue electo Alcalde de 1er. Voto, pero su ausencia de Santiago del Estero al momento de ser juramentado, en tanto se encontraba en Buenos Aires atendiendo sus propios negocios, generó una situación un tanto complicada que quedará en potestad de los capitulares salientes el poder resolver, quien lo reemplazará o que actitud asumirán, también de acuerdo a las indicaciones que recibieran. Luego tomaron un juramento colectivo al resto de los capitulares: Gregorio Antonio Díaz Juárez Baviano como Alcalde de 2º Voto, Roque Jacinto Vieyra Zuasnábar (2) Regidor Alcalde Mayor Provincial, Domingo Cainzo como Regidor Defensor de Menores, Mariano Santillán Alcalde de 1er. Voto con depósito de vara por la ausencia de Frías, y Juan Antonio de Herrera Aguirre (3) como Regidor Llano. El Procurador de la ciudad Pedro de Urréjola, Alcalde de la Santa hermandad del curato de copo Ignacio Argañaráz; por el Partido de Loreto juramentaba Bartolomé Lugones.

Por otra parte, este año se producía el traslado de Bargas como Capitán de la Compañía de Alabarderos de Mendoza y llegaba una comunicación del General Manuel Belgrano, ordenando al Cabildo santiagueño poner en posesión de tal cargo al Teniente Esteban Hernández (4), un hombre que había luchado las guerras de la independencia desde que estas comenzaron con la formación del Ejército del Norte, combatiendo en Cotagaita y en la batalla de Suipacha. Fue comandante en el combate de Chiriquiya, del 31 de mayo de 1811 y en el combate de Yuracoragua (en la pampa de Jesús de Machaca, o Guaqui) el 6 de junio de ese mismo año, como Jefe del Regimiento de Caballería de la Patria, también llamado Dragones Ligeros de la Patria. En esta última oportunidad, el Comandante Hernández luchará junto con el Capitán Eustaquio Moldes. Luego, su historia se torna difusa hasta que lo encontramos en Santiago del Estero con el nombramiento del Gral. Belgrano. Todo indica que éste instalaba en Santiago del Estero un hombre de su confianza, merecedor de todo su respeto militar, y entendiendo que le podía confiar una tarea como la de ordenar políticamente un Cabildo históricamente por demás complicado y atravesado por luchas intestinas que llevaban por lo menos un par de siglos y con miras a agravarse. La situación central de este agravamiento al que hacemos referencia, se venía desarrollando desde 1812, y el Cabildo de comienzos del 1813 recibía las órdenes, impartidas por Feliciano Antonio Chiclana, de separar de su cargo al Alcalde de 1er. Voto del año 1812 Germán Lugones, debía entregar las llaves del Ayuntamiento y todo lo que tuviera a su cargo. ¿Pero qué había pasado para que se tomara semejante actitud? Los capitulares expresaron que Lugones arrebató el Libro de Acuerdo, los puso en el Archivo al que cerró con su llave la que se guardó en el bolsillo y se fue. De modo que sin Libros de Acuerdo no podían asentar el juramento del Teniente de Gobernador Hernández.

Mientras Lugones acometía toda esta clase de actos calificados por su pares capitulares de excesos y escándalos, fallecía el antiguo Teniente Tesorero José Antonio de Velasco y se nombraba, interinamente, a José Pelayo de Alcorta, Administrador Provincial de la Real Renta de Correos, hasta que se nombró a Pedro Pablo Gorostiaga, encargándole que administre fiel y legalmente, con sujeción a las leyes, cédulas e instrucciones, culminando la larga serie de confirmaciones el 4 de enero de 1813 (5). De modo que el breve interinato de Hernández lo compartirá con la administración de Gorostiaga. Pero el mandato de Hernández llegaría pronto a su fin y una nueva orden, esta vez emitida por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña, Antonio A. de Fonte, y Juan Manuel de Luca como Secretario, ordenando el cese de las funciones de Hernández y la confirmación en el cargo del Capitán De Regimiento de Número Primero de Patricios, Mariano Sarasa. La confirmación al Cabildo de Santiago se realizará el 1º de febrero de 1813.

Las reuniones capitulares se convierten en breves, precisas, se trata lo necesario y puntualmente, casi como si ser capitular se hubiera convertido en un trabajo. ¿Falta de compromiso con el destino urbano? ¿Excesiva injerencia de la Junta Central (en sus distintos tramos y calificaciones)? He aquí una hipótesis a confirmar. Mientras tanto, y casi al margen de los conflictos políticos, la vida de la ciudad giraba en torno a cuestiones cotidianas y la siempre problemática situación de los presos, que estaban en un edificio que se derrumbaba y no había grillos ni esposas para sujetarlos, por lo tanto se escapaban; se ponían a remate todos los Ramos: Acequia, Carne, Carretas de Abastos, y se fijaban carteles en los “lugares acostumbrados” para que los interesados se reuniesen en las puertas del Cabildo al toque de la caja.

La Revolución había pasado por Santiago y por encima de Santiago, ciudad y jurisdicción que seguía aportando hombres y recursos más que ninguna otra, como lo reconocía Bartolomé Mitre cuando escribía en 1859 la Historia de Belgrano. Pero las cuestiones cotidianas eran las mismas que un año atrás, que dos, que diez o que el siglo pasado.

Continuidades de una historia urbana sosteniendo una pertinencia tenaz (6).

Fuente: Santiago del Estero, Historia y Cultura

Notas                                                                                   

1. Nacido en Santiago del Estero el 29 de octubre de 1777, falleció en buenos Aires en 1837. Era hijo de José de Frías Suárez de Cantillana y de Casilda de Araujo Ibáñez. Casado con Justa de Ávila Paz en 1806 en San Miguel de Tucumán con la cual tuvo seis hijos, José Aparicio, Emiliano Domingo, Cesárea, Josefa Isabel, Justo Pastor y Ángela Frías Ávila.

2. Estaba casado con Melchora Díaz Juárez Baviano y tuvo dos hijos, Mercedes y Mariano Vieyra Zuasnábar Díaz.

3. Era hijo de Diego Martín de Herrera Graneros, nacido en Río Chico, Tucumán, y de Bonifacia Aguirre Aráoz Marcos de Mendoza, casado con María Antonia Suárez de Cantillana Santillán. Fue cabildante en 1816. Testó en su estancia de Pallca, departamento de Silípica el 22 de noviembre de 1842, declarando que sus bienes consistían en tres esclavos, una estanca de un cuarto de legua de frente por tres de fondo, una casa en la ciudad y otro cuarto de lega de tierras contiguas a su estancia.

4. Figueroa, Andrés (1925) Revista del Archivo, Tomo 2, Nº 3, pp. 52-53.

5. Figueroa (1925) Op. Cit. pp. 53-55.

6. Actas Capitulares de Santiago del Estero, Academia Nacional de la Historia (1951) 1806-1833, pp. 408.

Origen: revista Claves para Comprender la Historia. Horizonte Bicentenario 2010-2016 - Año 5 - Nº 21, abril de 2013.


Julio Argentino Gerez y su gloriosa humildad

 



SIEMPRE estaba, con su aire triste, su melancólica sonrisa y esa su eterna cordial benevolencia para todos, ante una mesa del bar de Talcahuano y Corrientes, ese buen santiagueño, excelente camarada, gran músico, compositor y tranquilo libador que se llamaba Julio Argentino Gerez. . .

Gerez -él escribía su apellido así, con G-, tenía esa profunda dulzura provinciana, mitad dubitativa esperanza, mitad confianza en la vida.

Julio Argentino -su padre era un roquista irreversible-, llamado, así como homenaje a Julio Argentino Roca, dos veces presidente del país y fianzador de la conquista del desierto, fue desde niño un espíritu contemplativo.

Cuando tuvo 15 años, le llegó a las manos la primera guitarra. Comenzó como jugando. Pero el milagro de la música se hizo en él. Y desde que sacó en el encordado las primeras melodías, no abandonó más el instrumento. Sus hermanos estudiaron. Lograron su carrera profesional. Pero Julio Argentino, abrazado a su guitarra, le entregaba su emoción esperanzada. Vio pasar a su vera a los otros compañeros, distinguiéndose en el comercio, en la industria. Pero Julio Argentino seguía fiel a lo suyo.

Un buen día fue a la estación de La Banda. Tenía cinco pesos en el bolsillo. Estudió la lista de pasajes, el horario de trenes, y con un pasaje de cinco pesos hizo su primer viaje al Sur. Llegó hasta donde alcanzó el dinero. Ahí se detuvo. Y ahí se enfrentó a la vida, por primera vez. Acababa de dejar el hogar de sus mayores y se disponía a la lucha.

Tenía el arma bajo el brazo: su vieja guitarra. Su voz de cantor y su inspiración poética la dotarían de munición...

Su sueño era llegar a Buenos Aires. Anduvo conociendo mundo, y, como él mismo decía: "Correr mundo es duro, pero enseña". Gerez aprendió mucho. Aprendí ante toda la música de los lugares por donde transitaba. Así, apenas cumplidos los 25 años, llegó a Buenos Aires. Y pasó aquí una vida dura, de lucha y de sacrificios, hasta que, en 1927, cuando se produjo en la ciudad un interés por las cosas folklóricas, entró en la radio.

Pero, para desgracia suya, no lo dejaron hacer folklore. Comenzó su actuación como cantor de tangos. Cantaba bien. Tenía hermosa voz. Y su acento santiagueño, aun en la canción, daba a los tangos un no sé qué de exótico, que gusto.

A los tangos ni siquiera los ensayaba. En las horas de descanso de su trabajo en la radio, ensayaba lo suyo. La música nativa. Como trepado en ella, regresaba a sus pagos, oía las cosas queridas, andaba caminos viejos, asomaba su recuerdo a la puerta de los ranchos, ponía de nuevo el oído a las canciones que arrullaron su niñez y alentaron su adolescencia.

Dos años más tarde, en 1929, nace "La engañera". Fue su gran triunfo. Pero Gerez nunca estuvo entusiasmado con su zamba, a la que alguien llamaba "La cumparsita" del folklore. Una vez, en aquel bar de Talcahuano y Corrientes, que aún existe y es frecuentado por gente de la farándula, nos decía: -La música es de zamba. Pero en la letra me salió el tango... No es lo que yo quería... Pero qué se le va a hacer. Hay que aguantar el éxito, como si fuera merecido...

Tras de redimir de ese éxito. Aparecen "Añoranzas.", "Baguala", "Camino de Buenos Aires", "Amarguras"... y su gran éxito: "Noche, noche...".

Trabaja con ardor. Le brota la música. Mas piensa en su tierra, cuando la ciudad parece absorberlo con más intensidad. Es entonces que escribe. Música y letra suyas, casi siempre. Llega a tener cerca de un centenario de composiciones. Pero él, cuando cantaba, no se limitaba a cantar solamente lo suyo. Hacía lo ajeno con más voluntad. Y a él, a su tesón, se debe el éxito de "Debajo de la morera", de Virgilio Carmona. Julio Argentino trabajó esa zamba con todo su entusiasmo, más que si fuera su propio autor.

Así transcurrió la vida de Julio Argentino Gerez. Humilde, pero florecido de bellas cosas. Generoso hasta la abnegación, siempre estaba dispuesto a darlo todo. Jamás pedía nada. Tanto que Corsini mismo, en la época de su apogeo, le pidió personalmente la zamba " Tardecita norteña ", de la que hizo un suceso.

Después de 40 años de lucha, sin regresar a Santiago como músico, decide regresar. Lo hace al frente de un conjunto de diez ejecutantes, para actuar en espectáculos de primera categoría. Recibe así la consagración en su propia provincia. Esto era su sueño. Ya lo había cumplido. Un año más tarde, con la sonrisa gozosa, entra en la eternidad y nace para el recuerdo de todos los que tanto lo quisimos. Su música lo sobrevive, incorporada ya a lo clásico del folklore argentino. Y es eso: musical y poética, la huella que dejó su paso por la vida, don Julio Argentino Gerez.

 

Publicada originalmente en Revista Folklore (15/1/1962)

 

Santiago del Estero