domingo, 14 de junio de 2026

La lenta agonía del embalse Río Hondo: La crisis silenciosa que amenaza el corazón hídrico del Norte

Construido para ser el motor de desarrollo del Noroeste argentino, el embalse de las Termas de Río Hondo enfrenta hoy una doble amenaza: la asfixia por sedimentos y un cóctel tóxico que pone en jaque no solo a Santiago del Estero, sino a toda la cuenca del Salí-Dulce. Una historia de promesas incumplidas y un grito ambiental que no puede seguir esperando.



Imaginen un espejo de agua de casi 300 kilómetros cuadrados, diseñado para domar las crecidas, regar más de mil kilómetros cuadrados, generar energía y convertirse en el pulmón turístico de Santiago del Estero. Ese era el sueño original del embalse de Río Hondo. Sin embargo, hoy, bajo la aparente calma de sus 5,3 metros de profundidad media, late un corazón enfermo.


Lo que alguna vez fue una obra de ingeniería de propósitos múltiples se ha transformado en el escenario de una crisis ecológica silenciosa, pero devastadora. Según advierten informes técnicos y la propia Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), la vida útil del lago, proyectada originalmente en 200 años, se ha reducido drásticamente a tan solo 70 años. Y de esos, ya hemos consumido 35.

[Gráfico sugerido 1: Infografía comparativa. A la izquierda, una silueta del embalse con sus datos originales (Superficie: 296,7 km², Volumen: 1745 hm³). A la derecha, un indicador de alerta mostrando la pérdida de más de 4.000 hectáreas de espejo de agua y la reducción de su vida útil del 100% al 35%].

La asfixia lenta: Cuando la montaña se desmorona

El primer enemigo del embalse no llega con estruendo, sino grano a grano. Se llama colmatación.



El proceso es tan brutal como poético en su tragedia: las intensas lluvias del pedemonte tucumano (que superan los 2.800 mm anuales) golpean una montaña degradada por la deforestación para dar lugar a cultivos de cítricos y caña de azúcar. Sin la rugosidad de la vegetación para frenarlo, el suelo arcilloso se disgrega. El agua, ahora cargada de sedimentos rocosos y altamente abrasiva, arrastra todo a su paso con gran energía hasta que, al llegar a la calma del lago, estos materiales se depositan en el fondo.

El resultado es alarmante: el embalse ha perdido entre un 10% y un 17% de su capacidad de almacenamiento según cifras oficiales, pero investigaciones de la UNSE sugieren que esta cifra podría alcanzar el 35%. La sedimentación anual supera el 2%, un ritmo tan acelerado que el propio río Salí ha perdido su cauce natural, formando un nuevo delta en su desembocadura. El lago se está llenando de tierra, y con ella, se entierra su futuro.

[Gráfico sugerido 2: Ilustración secuencial o mapa de la cuenca que muestre el recorrido del agua desde el pedemonte (5.500 m de altura) hasta la presa, destacando visualmente cómo la falta de vegetación permite el arrastre de sedimentos (70% arcilla, 20% limo, 10% arena) hacia el embalse].

Un cóctel tóxico: La contaminación con nombre y apellido

Si la tierra lo asfixia, el agua lo envenena. Durante la época de zafra (de octubre a marzo), cuando el lago suele estar casi lleno, más del 80% de su superficie se encuentra contaminada.





No se trata de un fenómeno abstracto. La contaminación tiene nombre y apellido, y sus fuentes están documentadas por la Policía Ecológica de Tucumán y el Juzgado Federal desde 1995. Los principales culpables son los residuos de la industria azucarera (cachaza, melaza y vinaza), que actúan como fertilizantes descontrolados, alterando el nitrógeno y el fósforo del agua. A esto se suman los desechos cloacales sin tratar y basurales a cielo abierto, como el de Pacará Pintado, donde la quema de PVC libera dioxinas a apenas 10 metros del río Salí.

Pero la amenaza también viaja desde el norte. La Minera La Alumbrera, en Catamarca, traslada su producción mediante un mineraloducto de 317 km que ha sufrido múltiples roturas documentadas. El agua residual de su proceso de deshidratación es vertida en el canal DP2, que desemboca en el río Salí y, finalmente, en nuestro embalse. Informes de Gendarmería ya han detectado metales pesados como cobre y cromo en niveles superiores a los tolerables; inhibidores biológicos capaces de bloquear el transporte de oxígeno en la sangre.

[Gráfico sugerido 3: Mapa de calor de la cuenca Salí-Dulce señalando los focos de contaminación: Ingenios, frigoríficos, curtiembres, el mineraloducto desde Catamarca y el basural de Cruz Alta, con una leyenda que indique el nivel de afectación estacional (1/3, 1/2 o 80% del lago contaminado)].

El grito de la cuenca: Una deuda que no admite más postergaciones

El deterioro de Río Hondo no es un problema aislado de Santiago del Estero. Es una bomba de tiempo ecológica que afecta el agua de riego y ganadería local, pone en peligro la biodiversidad de la Laguna de Mar Chiquita en Córdoba y amenaza con contaminar las aguas trasvasadas hacia la provincia de Santa Fe. La fauna ictícola del embalse, advierten los estudios, podría extinguirse en menos de cinco años.

Frente a este panorama, el Foro Ambiental de Las Termas de Río Hondo levantó la voz, presentando un petitorio urgente amparado en el Artículo 41 de la Constitución Nacional. Sus demandas son claras y no admiten medias tintas:

  1. La construcción obligatoria de plantas de tratamiento de efluentes industriales y cloacales en un plazo no mayor a un año.
  2. La declaración de emergencia ambiental para convocar a universidades y expertos a salvar la vida que aún resiste en el embalse.
  3. Un plan inmediato de reforestación y vallas de contención de sedimentos en el pedemonte tucumano.
  4. La inclusión de la sociedad civil en el Comité de Cuenca Salí-Dulce para auditar con nombre y apellido a las empresas contaminantes.

El espejo que nos devuelve nuestra responsabilidad

El agua no tiene memoria, pero la tierra sí. Cada litro de agua que el embalse de Río Hondo pierde por sedimentación o envenena por negligencia industrial, es una promesa rota con las generaciones futuras.

Recuperar este cuerpo de agua no es solo una cuestión de ingeniería o de presupuestos; es una obligación moral. Requiere dragado, sí, pero sobre todo requiere voluntad política, reforestación masiva y un cambio radical en el modelo de producción de la cuenca.

Como reza la última línea del informe que dio origen a esta lucha: "Depende de nosotros". La pregunta que nos queda flotando, como la bruma sobre el lago al amanecer, es si seremos capaces de actuar antes de que el nuevo delta del río Salí se convierta en la única orilla que nos quede.


Nota del editor: Este artículo se basa en el "Informe Ambiental Termas Río Hondo", elaborado a partir de documentación de la Asociación de Ingenieros, Técnicos y Especialistas de Santiago del Estero (AITE) y datos de la UNSE, la Policía Ecológica de Tucumán y el Foro Ambiental de Las Termas.

 

martes, 9 de junio de 2026

El día que el Río de la Plata tembló: la noche de pánico que la historia borró

Una madrugada de 1888, un sismo de 5,5 grados sacudió Buenos Aires, Colonia y Montevideo. La crónica de un fenómeno olvidado en una región que se cree inmune a los caprichos de la Tierra.



La madrugada del 5 de junio de 1888 era tan fría como cualquier otra de finales de otoño en el Río de la Plata. En Buenos Aires y Montevideo, las familias dormían al amparo de casas bajas, ajenas a la idea de que el suelo bajo sus pies pudiera traicionarlas. Pero a las 3:20 de la mañana, la geología rompió el libreto: un fuerte sismo de magnitud 5,5 en la escala de Richter, con epicentro a solo 41 kilómetros al este de la capital argentina y a unos 15 kilómetros de Colonia del Sacramento, despertó a miles de personas en un radio de más de 300 kilómetros. El estuario rioplatense, pacífico por antonomasia, acababa de convertirse en el escenario de un terremoto.

Las crónicas de la época rescatan con asombro un pánico generalizado en una población que jamás había experimentado algo semejante. El diario montevideano La Tribuna Popular, en su edición del 6 de junio, describía el caos doméstico con precisión fotográfica:

"El maderamen de las casas crujía fuertemente, las lámparas se bamboleaban, los muebles se movían y los cuadros caían de las paredes. Se rompieron objetos de cristalería y se pudo ver porcelana saltando de los aparadores. Los habitantes han permanecido en vela parte de la noche, azorados a causa de un fortísimo temblor de tierra…".

El fenómeno constó de dos partes. Según los telegramas enviados desde Montevideo y replicados por el diario rosarino El Municipio, se sintió un primer pulso leve, seguido de un breve reposo, y luego un segundo impacto brutal que se prolongó durante 58 agónicos segundos. En Buenos Aires, el cimbronazo provocó la caída y el derrumbe de varios muros en las obras de la iglesia de la Piedad, además de registrarse con fuerza en la recién fundada ciudad de La Plata.

Mientras tanto, en el agua, los efectos rozaron el misticismo. El periódico La Lucha, de Colonia, relató la insólita odisea del vapor Saturno, que navegaba rumbo a Buenos Aires:

"El vapor Saturno (...) navegaba tranquilo por el centro del canal con más de 20 pies de agua cuando de pronto se detuvo como si tocara el fondo. El capitán hizo echar la sonda pero se encontró con que el barco, movido por una fuerza oculta, zarpaba por sí mismo de la varadura y seguía su camino". Era la energía liberada desde el hipocentro, a 30 kilómetros de profundidad, que se abría paso hacia la superficie.

La falta de edificios en altura evitó una tragedia mayor y redujo los daños materiales a niveles leves. Al comprobarse que provincias sísmicas tradicionales como San Luis o las de la región de Cuyo no habían sentido nada, los expertos de la época llegaron a una conclusión inquietante: el temblor provenía directamente del mismísimo subsuelo rioplatense.

El mito de la llanura inmóvil

La memoria humana suele ser frágil frente a los tiempos de la naturaleza. Antes de 1888, ya existía un antecedente el 15 de agosto de 1848, pero al no causar daños, se lo archivó como una anomalía aislada. Se asumió erróneamente que los sismos eran cosas "del Pacífico" o de zonas montañosas lejanas.

Sin embargo, los científicos recuerdan una verdad incómoda: no existen en el mundo regiones totalmente asísmicas. La historia geológica local sumó nuevos capítulos el 26 de junio de 1988 y el 10 de enero de 1990 (este último, el único registrado en el territorio continental uruguayo). Más recientemente, el 30 de noviembre de 2018, la tierra volvió a hablar cuando un sismo de magnitud 3,8 sacudió el sur del Gran Buenos Aires a las 10:27 de la mañana.

¿A qué se deben estos movimientos en una zona supuestamente llana y tranquila? Según Alberto Benavides Sosa, ingeniero agrimensor, máster en geofísica y expresidente del Centro Regional de Sismología para América del Sur (Ceresis)—, las miradas apuntan a la cuenca de Punta del Este. Se trata de una región submarina altamente fallada donde el reacomodamiento y movimiento de bloques tectónicos genera las ondas que terminan por sacudir nuestras costas.

El terremoto de 1888 sobrevive hoy como una joya de la pátina histórica de ambas márgenes del río, un recordatorio de que la calma rioplatense es, a fin de cuentas, un estado transitorio. Debajo de la rutina urbana y del río marrón, la Tierra sigue viva, respirando a su propio ritmo milenario, recordándonos de tanto en tanto que el suelo firme es solo una perspectiva temporal.

 

 

domingo, 7 de junio de 2026

El hilo invisible de la pasión argentina: ¿Qué hace que un pueblo llore unido?

 Desde el trágico vuelo de Jorge Newbery hasta el adiós al Indio Solari, la historia de nuestro país se escribe a través de funerales masivos, pasiones desbordantes y una lealtad que desafía al tiempo.



¿Qué misterioso lazo une a un aristócrata de los cielos, un presidente derrocado, un cantor de tangos, una abanderada de los humildes, un general, un líder patagónico, un dios del fútbol y un cosmonauta del rock? A simple vista, sus vidas transcurrieron por carriles opuestos. Sin embargo, todos ellos —Jorge Newbery, Hipólito Yrigoyen, Carlos Gardel, Eva Perón, Juan Domingo Perón, Néstor Kirchner, Diego Maradona y el Indio Solari— comparten el título de haber protagonizado los fenómenos de idolatría popular más intensos y conmovedores de la historia argentina.

Hay algo en el ADN de este país que no sabe de despedidas discretas. Cuando la Argentina ama, ama hasta el desborde; y cuando pierde a sus ídolos, transforma el dolor en una manifestación colectiva incontrolable.

Los pioneros del mito: El cielo y el llanto de los desposeídos

El fenómeno no es nuevo. El primer eslabón de esta cadena de devoción nació en 1914 con Jorge Newbery. Tenía apenas 38 años cuando su avión se estrelló durante un vuelo acrobático. Newbery pertenecía a la alta sociedad, pero el pueblo lo adoptó como propio. No solo por sus hazañas deportivas y aeronáuticas, sino por un dato que la historia oficial suele barrer bajo la alfombra: su defensa ferviente del petróleo argentino frente a los avances de la norteamericana Standard Oil. Su funeral unió a aristócratas y obreros en un solo dolor. Nacía el primer ídolo popular.

Casi dos décadas después, en 1933, la muerte de Hipólito Yrigoyen inauguró los sepelios de masas con tintes políticos. El expresidente radical, víctima del primer golpe de Estado del país, fue despedido por cientos de miles de personas. Muchos de ellos caminaban con la culpa a cuestas por haber creído en los cantos de sirena de "la hora de la espada". En un acto de puro fervor, la multitud arrancó el féretro de la cureña militar que lo transportaba y lo llevó a pulso, en andas, hasta el cementerio.

Poco después, en 1935, la tragedia de Medellín apagó la voz de Carlos Gardel. El gobierno golpista de la época, temeroso de la reacción popular, dilató durante 45 días el traslado de sus restos desde Colombia. Pero el sentimiento no se enfría con el tiempo: cuando el Zorzal Criollo llegó finalmente al país, las calles se poblaron de un llanto que el tango todavía canta.

La era de las plazas llenas y el dolor político

Si hablamos de mística, el funeral de Eva Perón en 1952 marcó un antes y un después. Su vínculo con las mayorías iba mucho más allá de cualquier aparato de propaganda estatal; Evita era, para los postergados, una santa en la tierra. Las exequias duraron 16 días y obligaron al gobierno a diseñar una logística inédita para que millones de argentinos pudieran tocar, aunque fuera por un segundo, el vidrio de su féretro.

El eco de esa devoción regresó en 1974 con la partida de Juan Domingo Perón. Su muerte no solo trajo dolor, sino un frío presentimiento: se iba el único hombre capaz de contener el vendaval de violencia que acechaba al país. Más de un millón y medio de personas quedaron fuera del Congreso, bajo la lluvia, sin poder darle el último adiós al viejo general.

Ya en el siglo XXI, la historia volvió a repetirse con el fallecimiento sorpresivo de Néstor Kirchner en 2010. Durante cuatro días, una marea de jóvenes y trabajadores desfiló para despedir al hombre que presidia la UNASUR y cuyo liderazgo fue reconocido desde Barack Obama hasta Ban Ki-moon. Millones lo lloraron entonces, y su ausencia sigue pesando en el tablero político actual.

Los dioses modernos: Entre la gambeta y el pogo

Los ídolos no solo habitan en los palacios de gobierno. En noviembre de 2020, el adiós a Diego Armando Maradona demostró que la pasión argentina puede ser tan caótica como hermosa. Su velatorio en la Casa Rosada desbordó cualquier previsión. Cuando la familia decidió acortar los tiempos para iniciar el cortejo hacia Bella Vista, la tensión acumulada en la Avenida 9 de Julio estalló en incidentes. El pueblo sentía que le arrebataban a su Dios pagano, aquel que los había hecho felices cuando no había motivos para serlo.

Y en estos días, la emoción vuelve a encarnarse en la figura del Indio Solari. Su partida física marca su ingreso definitivo al Olimpo de las leyendas nacionales, ese espacio reservado para los que logran mover multitudes que viajan miles de kilómetros por un "pogo", un ritual que excede lo musical para transformarse en pura identidad.

La coherencia como brújula

Al final del día, cabe preguntarse qué une a figuras tan disímiles. La respuesta no está en sus profesiones ni en sus extracciones sociales, sino en dos virtudes escasas: la coherencia a lo largo de sus vidas y, fundamentalmente, la sensibilidad para interpretar los deseos, las frustraciones y las alegrías de las mayorías.

Eso que algunos intentan explicar con la razón y otros simplemente llaman argentinidad: esa fuerza invisible que, a pesar de los golpes y las épocas, sigue empujando a millones de almas a salir a la calle para decir "presente".

Fuentes consultadas: Registros históricos sobre el desarrollo de la aviación y la defensa del petróleo en Argentina (caso Jorge Newbery); crónicas periodísticas de época sobre los funerales de Estado de Hipólito Yrigoyen (1933), Juan Domingo Perón (1974) y Néstor Kirchner (2010); archivos de la repatriación de los restos de Carlos Gardel (1936); documentos oficiales sobre las exequias de Eva Perón (1952); crónicas de los sucesos de la Casa Rosada durante el velatorio de Diego Maradona (2020) y coberturas recientes sobre el legado cultural del Indio Solari.

 

viernes, 5 de junio de 2026

Murió Paulino, postal y olvido de las calles de Santiago

 



En el día de hoy murió Paulino a los 75 años. Se fue un eterno personaje de las calles céntricas de Santiago. Consuetudinario mendigo; nadie conoció dónde vivía, cuál era su nombre real, si comía o si tenía hijos. Creo que a la sociedad poco y nada le interesó su vida.

Perduró en el tiempo a pesar de que la vida le fue esquiva. No ofendía a nadie, ni aun cuando se le negaba una limosna. Él seguía deambulando: desaseado, flaco, de pelo duro, desdentado y con evidentes rasgos afro, una condición que también lo marginaba. Tampoco se supo si tuvo educación escolar; hace años, mendigaba junto a su madre.

Lo cierto es que pasaron los años y los gobiernos, y nadie se ocupó de mejorarle la vida a este y a otros personajes de la ciudad. Son postales urbanas, pero no pueden morir así, indigentes y postergados.

No es una exageración lo que relato. En el Nuevo Diario del 27 de julio de 2003 se contaba una anécdota suya en el desaparecido Trust Pastelero, que quedará grabada en la memoria de quienes la vivieron:

"Resulta que el muchacho que atendía la caja estaba muy entretenido mirando la televisión. Habían pedido un lomito y el mozo se lo dejó a un costado para que se fiche. En eso, Paulino, que volvía del baño, se dio cuenta y, como el cajero estaba abstraído, empezó a comerlo: primero un mordisco, después otro y por último se llevó el resto. Todos los muchachos que eran habitués del bar se dieron cuenta, pero no dijeron nada; se unieron en solidaridad y complicidad. Obviamente, cuando el mozo se avivó, fue raudamente a buscarlo a la vereda. Pero Paulino ya andaba por ahí, satisfecho y escabullido entre la gente. ¡Por fin carne!"

Miguel Brevetta Rodriguez escribió un poema "Paulino" y que Tomás Lescano en ritmo de chamamé, lo describe a la perfección y el que grabó interpretándolo por destacados artistas santiagueños:


Vinará 1821: La paz de los caudillos

 El día que el Norte dejó de mirarse con fusiles para empezar a mirarse con leyes.



En noviembre de 1819 -tiempos de revueltas internas y enfrentamientos armados en la frontera Norte con las milicias realistas-, Bernabé Aráoz fue nombrado gobernador de Tucumán, y a los pocos días, a través de un congreso elegido especialmente, hizo promulgar la constitución de la República de Tucumán, sosteniendo que era la respuesta regional al problema del país anarquizado. Sin embargo, Salta y Santiago del Estero decidieron no sumarse a la nueva entidad político-territorial gestada por Aráoz (En ese entonces, el nombre de república no significaba más que “estado” en su sentido local o nacional). Desde los días de los levantamientos del coronel Juan Francisco Borges, en 1815 y 1816, Santiago del Estero tenía latentes aspiraciones autonomistas que se reavivaron durante el gobierno a Bernabé Aráoz.

La chispa revolucionaria se encendió cuando los cabildantes santiagueños -presionados por Aráoz para elegir representantes que le fueran adictos-, decidieron convocar al comandante del Fortín de Abipones, Juan Felipe Ibarra, para enfrentar a las tropas del capitán Echauri, enviadas por Aráoz para instigarlos. El 31 de marzo -en plena Semana Santa-, se produjo el combate que dio el triunfo a las huestes de Ibarra. 

Obtenida la Autonomía Provincial de Santiago del Estero en forma definitiva el 27 de abril de 1820, el gobernador de Tucumán, general Bernabé Aráoz, no se conformó con la secesión político-geográfica del territorio que, hasta entonces, había integrado la Gobernación-Intendencia (ahora República) que gobernaba. Intentos militares, escaramuzas limítrofes de partidas invasoras y continuas amenazas provenientes de Aráoz, llevaron al gobernador santiagueño, comandante Juan Felipe Ibarra, a organizar también sus tropas y estacionarlas cerca de Vinará, posta estratégica y población colindante con la provincia de Tucumán, en el departamento Río Hondo. Simultáneamente, solicitaba la mediación del gobernador de Córdoba, general Juan Bautista Bustos, que ya había reconocido la autonomía santiagueña e invitaba a todas las provincias a elegir diputados para reunirse en Córdoba y proceder a la organización constitucional del país, ya que habían caducado todas las autoridades nacionales después de la renuncia del último director, general Rondeau y la disolución del Congreso Constituyente de 1816-1820. Ibarra se dirigió asimismo al gobernador de Salta, general Martín Miguel de Güemes, buscando ayuda, porque Güemes sufría idénticas hostilidades de parte de Aráoz, que le impedían organizar una división auxiliar para marchar sobre el Alto Perú, en ayuda combinada con el ejército del general José de San Martín que, en esos momentos, operaba sobre los realistas del Perú. Las hostilidades latentes durante todo el año veinte afloraron a comienzos del siguiente, cuando una partida armada en Tucumán (donde Aráoz acogía a los enemigos locales de Ibarra allí refugiados), bajo las órdenes del capitán Gregorio Iramaín y el coronel tucumano Pedro Roca, invadieron Santiago el 18 de enero de 1821.

Resurgió la guerra tucumano-santiagueña, y el 1 de febrero el gobernador Güemes se dirigió al Cabildo salteño haciendo conocer su decisión de ayudar a Santiago del Estero ante la invasión que sufría, y participar en la contienda junto al gobernador Ibarra. El 5 de febrero, en el combate de Los Palmares, Ibarra derrotó a las fuerzas de Iramaín-Roca, aprestándose a repeler nuevas invasiones, pues Aráoz organizaba su propio ejército con el fuerte armamento que había quedado de los restos del Ejército del Norte en Tucumán, puesto al mando de expertos veteranos de guerra. El coronel Abraham González y el coronel salteño Eduardo Arias, que defeccionó de la guerra gaucha y se exilió en Tucumán al servicio de Aráoz. Cabe señalar que el 13 de marzo de 1821, el gobernador salteño, Martín Miguel de Güemes, declaró la guerra a la República de Tucumán, argumentando que Bernabé Aráoz no había querido contribuir para el mantenimiento de la campaña del Alto Perú.

Güemes, por su parte, mandó un contingente para reforzar el ejército de Ibarra al mando del coronel Alejandro Heredia, de origen tucumano, enrolado con los salteños. Graves y fundadas sospechas se manifestaron acerca de la poca disposición de Heredia para enfrentar a sus comprovincianos, y de tentadoras propuestas de Aráoz a fin de arreglar una solución pactada. El hecho es que las tropas tucumanas se enfrentaron con las santiagueño-salteñas en el Rincón de Marlopa, el 3 de abril de 1821, en proximidades de la vecina capital, y los comandantes Gonzáles-Arias vencieron a Ibarra-Heredia en el enfrentamiento. Como consecuencia del mismo, los salteños se volvieron a su provincia, pues Güemes los precisaba para hacer frente a una conspiración interna, que estalló el 24 de mayo, con el fin de derrocar su gobierno, y los santiagueños retrocedieron hasta Vinará y allí acamparon para prevenir una nueva invasión a su provincia.

Uno de los pactos preexistentes a la Constitución

En esos momentos llegó a Santiago un mediador enviado por el gobernador Bustos, de Córdoba, quien quería evitar los conflictos internos, a fin de apresurar la reunión del Congreso Nacional en Córdoba, y organizar el país dentro de los principios federales. Era el doctor Andrés Pacheco de Melo quien, luego de conversar con Ibarra, se dirigió a Tucumán y comenzó a negociar el tratado de paz entre ambas provincias. Estas gestiones, comunicadas también a Güemes, tuvieron éxito al nombrarse los delegados para la redacción definitiva del tratado: el Presbítero Pedro León Gallo por Santiago del Estero y el Presbítero Pedro Miguel Aráoz (hermano de Bernabé), por Tucumán. El diputado cordobés sirvió de garante a sus cláusulas, y los negociadores lo firmaron en Vinará el 5 de junio de 1821, constituyéndose en uno de los Pactos Preexistentes que invoca la Constitución Nacional y en el primero del Norte. Cronológicamente, es el cuarto de los pactos fundadores, después del de Pilar -febrero de 1820-, de la Costa de Avalos en abril, inspirado por Artigas, y de Benegas, en noviembre de 1820. Así quedaba sellada la paz entre Tucumán y Santiago, con el compromiso de auxiliarse recíprocamente ante cualquier ataque o amenaza. Ambas provincias conservarían su independencia y cualquier problema territorial sería dirimido por el Congreso Nacional a reunirse en Córdoba, al cual debían concurrir Tucumán y Santiago; se obligaban a concurrir al Congreso e invitaban a Salta a adherir al pacto y a la invitación del gobernador Bustos. Ayudaría a Salta en su lucha contra los invasores realistas, y se devolverían prisioneros.

Dos días después de la firma del Pacto de Vinará, el 7 de junio por la noche, Güemes era emboscado en Salta por el militar español José María Valdéz. En la encerrona resultó herido y logró dirigirse a caballo hacia el río Arias, donde fue asistido y transportado en camilla para dirigirse hasta el Chamical, pero pese a los cuidados de su médico, el jefe gaucho murió en el trayecto el 17 de junio.

El 21 de agosto, era depuesto Aráoz del gobierno y reemplazado por el coronel Abraham González, su antiguo lugarteniente, quien ejerció el mando hasta el año siguiente. Separado Aráoz, la paz entre Tucumán y Santiago quedó afirmada.

Aunque las guerras civiles no terminarían, a partir del Pacto de Vinará, Santiago del Estero sentaba el primer precedente en el Norte de crear las condiciones fundamentales de paz interior y entendimiento entre estados para la firma del Pacto Federal de 1831 y sus posteriores adhesiones, el cual funcionó en los hechos como una Constitución de la Argentina que se organizaba como Nación, hasta la sanción de la Carta Magna de 1853. De ese modo, el ideal autonomista y federal de Santiago del Estero, que era una consecuencia de la Revolución de Mayo, se afianzaba en los hechos con su institucionalización en marcha, despejando injerencias y amenazas extrañas en la determinación de su destino.

Resúmen

El Pacto de Vinará, firmado el 5 de junio de 1821, puso fin a la guerra que mantenían

Santiago del Estero y Tucumán en los tiempos iniciales de nuestra Nación, constituyéndose en uno de los Pactos Preexistentes que invoca la Constitución Nacional. Cronológicamente es el cuarto, después del de Pilar (febrero de 1820), de la Costa de Avalos en abril, inspirado por Artigas, y de Benegas (24 de noviembre de 1820). De ese modo quedaba sellada la paz entre Santiago y Tucumán, con el compromiso de auxiliarse recíprocamente ante cualquier ataque o amenaza.

Fuente: nuevodiarioweb.com.ar

 

martes, 2 de junio de 2026

Cadenas en el monte: El Almamula, la maldición del norte argentino que nadie se atreve a nombrar

En las noches de Santiago del Estero, el viento helado y el sonido de hierros arrastrándose anuncian la llegada de una criatura que no es un simple monstruo, sino el castigo viviente de los pecados ocultos. Un viaje al corazón de una leyenda que usó el miedo para imponer la moral y que, hasta el día de hoy, eriza la piel de los viajeros.



Hay tierras en el corazón del norte argentino donde el calor parece derretir el aire y los montes guardan secretos que la gente prefiere no despertar. Santiago del Estero es una de ellas. Allí, cuando el sol cae y las sombras se alargan entre los cañaverales y los senderos de tierra, las familias se encierran. No temen a un animal salvaje ni a las alimañas. Temen al castigo. Temen al Almamula.

La anatomía de la culpa

Dicen los que saben que el Almamula no nace de la biología, sino del pecado. En comunidades antiguas, profundamente marcadas por el dogma de la Iglesia y el peso de la sociedad, aquellos que cometían actos prohibidos, incesto, adulterio o deseos inconfesables, eran condenados a una maldición terrible.

Durante el día, el pecador podía caminar entre sus vecinos con una apariencia completamente normal. Pero al caer el sol, la humanidad se desprendía de su cuerpo para dar paso al tormento. La persona se transformaba en una mula descomunal, negra como la noche, de crines desordenadas y ojos rojos como brazas encendidas. Pero lo peor no era su figura, sino lo que cargaba: cadenas colgando del cuello, el peso metálico de su propia culpa.

El terror que cabalga en la oscuridad

Qquienes aseguran haberlo visto coinciden en un detalle escalofriante: al almamula primero se lo escucha. No llega en silencio. Su presencia se anuncia con el chirrido de las cadenas arrastrándose sobre la tierra seca, un viento helado que corta el aire estival del monte y un bramido grave, desgarrador, que rompe el silencio de la noche.

Entonces, el monte reacciona. Los perros de las casas ladran desesperados, tirando de sus cadenas; las aves enmudecen. Y la gente, desde el interior de los ranchos, se aferra a sus rosarios rezando para que la sombra de ojos brillantes pase de largo. El animal corre, relincha y golpea la tierra con sus cascos, en un intento fútil por liberarse de lo que lo atormenta, solo logrando infundir un terror absoluto en quien se atreva a cruzarlo.

El control social y las huellas del amanecer

Más allá del espanto, la leyenda siempre cumplió un propósito implacable: el control social. Los viejos del monte contaban que el almamula era la prueba viviente del precio del pecado. Y había una forma de descubrir al condenado: bastaba con seguir las huellas del animal al amanecer. Invariablemente, el rastro terminaba en la puerta de un rancho. Y detrás de esas paredes, vivía el portador del secreto.

Los testimonios se multiplican por los caminos santiagueños. Un ciclista que volvía de un baile juró haber sido perseguido por la bestia incansable, salvándose únicamente al cruzar el umbral de la iglesia local. En los ingenios azucareros, los obreros aún hablan del sonido metálico que se cuela entre los cañaverales, rodeándolos en la oscuridad.

También están las tragedias familiares. Una mujer relató cómo su tía, señalada por el pueblo como pecadora, era asediada cada noche por los bramidos cerca de su casa. El día que la tía murió, el monte entero guardó un silencio sepulcral. Nunca más se volvió a escuchar al Almamula en esa zona.

Facones de plata en Clodomira

Las crónicas orales guardan relatos que se transmiten de generación en generación, como la de una familia que en los años 70 acampaba en la vieja estación de tren de Clodomira. Era una noche de verano, y los durmientes descansaban en los catres de la galería cuando los perros estallaron en ladridos frenéticos.

Los hombres de la casa no dudaron. Salieron a la oscuridad armados con faroles y facones de plata cruzados en forma de espada, listos para hacerle frente a la bestia. Afuera, la silueta de un caballo negro de ojos rojos los observaba. El tiempo que duró el enfrentamiento es un misterio que los niños, escondidos adentro, nunca terminaron de entender, pero que quedó grabado a fuego en la memoria familiar de los santiagueños.

Un mito universal con raíces profundas

El Almamula no camina solo por el mundo de los mitos. Comparte el deambular eterno con La Llorona, aunque mientras esta busca a sus hijos, la mula maldita carga con el peso de la transgresión. Incluso resuena con figuras de otras latitudes, como los Skinwalkers (brujos transformados en animales) de los navajos en Estados Unidos.

Sin embargo, a diferencia de los críptidos que la criptozoología intenta explicar cómo bestias físicas, como el Yeti o el Okapi, , el Almamula tiene un origen puramente sobrenatural y religioso. No es un animal del monte. Es un castigo. Los investigadores coinciden en que esta leyenda fue una herramienta magistral para imponer reglas en comunidades aisladas, utilizando un miedo tan visceral que logró atravesar los siglos.

El peso de los secretos

Pero entonces, la duda persiste en el aire espeso de la noche. Si solo fuera un cuento para asustar niños, ¿cómo se explican las cadenas? ¿Las persecuciones a muerte en medio de la ruta? ¿El silencio antinatural del monte cuando alguien muere?

Quizás el Almamula no sea más que el reflejo de lo que más tememos como sociedad: el castigo, la culpa ineludible y esos secretos aterradores que, tarde o temprano, siempre salen a la luz.

Así que ya lo sabes. Si alguna vez tus pasos te llevan por el norte argentino, por los caminos de tierra de Santiago del Estero, y sientes que el viento se vuelve helado de repente; si escuchas cadenas arrastrándose en la oscuridad y un bramido retumba en el monte... reza. Porque quizás lo que se acerca no es un animal cualquiera. Quizás sea el Almamula, y venga a cobrar lo que se le debe.

Fuente y material de referencia: ElAlmamula: la leyenda argentina que nadie quiere escuchar 

 


FORTUNATO JUÁREZ: Genuina personalidad del nativismo santiagueño

 Por Miguel Coria



Una tarde del año 1990 llegó a la disquería RADAR (Peatonal Tucumán N°16) a una reunión con el gerente para concretar la grabación y edición de un material discográfico. 

Don FORTUNATO JUÁREZ llegó con toda su humildad a cuestas, con su sonrisa inconfundible, con esa personalidad austera y paisana, pero con toda una trayectoria a sus espaldas como músico, autor, compositor y figura legendaria del arte nativo santiagueño.

Allí lo conocí personalmente; artísticamente lo hice desde siempre. Desde sus consagradas obras musicales marcando la belleza, el paisaje, los personajes y la historia de un Santiago que hoy extraña sus formas y su arte.

Don Fortunato junto a sus hermanos y sobrino, LOS HERMANOS JUÁREZ, lograron plasmar en una grabación (cassette) un material discográfico (foto) que hoy es un objeto de "culto" en el patrimonio musical santiagueño de raíz nativa.

Hasta cuando caminaba mostraba la "santiagueñidad" don Fortunato. 

Con un vocabulario plagado de santiagueñismos auténticos (utilizaba muchos diminutivos), los que alguna vez hemos podido dialogar con él, además de estar hablando con una figura fundamental del movimiento tradicionalista santiagueño, nos nutrimos de aquel hombre de "tierra adentro", cuya personalidad y costumbres seguían unidos a la tierra, su vida seguía atada a las tradiciones de éste pueblo y ese camino lo llevó a enriquecer la cultura popular de nuestro suelo.

En otra de sus visitas a la disqueria y productora discográfica RADAR me obsequió una gacetilla (todavía la conservo) con una serie de notas periodísticas de medios santiagueños y argentinos. 

Hoy se recuerda 21 años de su fallecimiento, de su paso hacia ese otro plano; pero su recuerdo y su obra siguen estando presente en cada músico, en cada cantor, en cada compositor, en cada poeta santiagueño dando prueba de su existencia y preservando esa autenticidad nacida desde las raíces mismas de una provincia donde más allá de los tiempos todavía habitan en su arte la belleza y la frescura de lo genuino.