Por Domingo A. Bravo.
Todo hecho folclórico es
la afloración de un sustrato etnocultural que emerge, en un momento dado, desde
los hontanares profundos de la raza por vías de la tradición.
Por eso tiene un
contenido de pueblo y de cultura que le permite, en sus vivencias anímicas,
estar presente siempre.
A ello se debe que el
folklore esté, esencialmente, en el alma sensible del pueblo capaz de
emocionarse hasta el entusiasmo o conmoverse hasta la angustia o el asombro
ante los hechos típicos de su ámbito regional. Y en lo referente a la
explicación intelectual de estos casos no re basa su saber los límites de lo
empírico, adquiridos en la experiencia di recta de los aconteceres naturales u originados
por entes que mueven funciones esotéricas anímicas las que se aceptan sin
análisis de causas y efectos, en tanto, cuando son realizados por el hombre el
pueblo los acepta y los hace suyos sin preguntar por el autor que los produjo.
De ahí resulta que una de las condiciones básicas para que un hecho sea
folklórico es su anonimato. Por eso el pueblo los modifica, los recrea, en la
medida de su capacidad creadora dentro del ámbito sociocultural de su época.
Los hechos que escapan a
estas condiciones básicas no serán folklóricas sino proyecciones folklóricas.
Todas estas condiciones
se cumplen en la chacarera, dentro del ámbito geosociocultural de Santiago del
Estero, contenida en la amplitud etnolingüística de su origen y evolución.
Sobre esa base elaboramos nuestra tesis de la santiagueñidad de la chacarera.
CONTENIDO
DE SU NOMBRE
Toda palabra es un
significado que trae en sí mismo su significado contenido en el sistema
morfofonético de su composición que encierre, como vehículo de comunicación, el
mensaje del hombre con sus semejantes.
Para captar en todo su
alcance el mensaje necesitamos conocer el étimo base y los morfemas
significativos que estructuran el vocablo con arreglo a la lengua a que estos
elementos lingüísticos pertenecen en toda su dimensión de tiempo, cultura y
espacio.
Planteado así el problema
veamos primero el étimo base: En quichua peruano, lengua madre, tenemos (dic.
Lira, 1-, p. 86): "Chahra, f. Tierra o terreno labrantío... Lugar
sembrado. Hacienda, predio rústico , estancia, finca."; en el quichua
boliviano (Urioste-Herrero, 2, p. 184) leemos: "Chajra. Sembradío.
Parcela. "; en el quichua ecuatoriano (Luis Cordero, 3-, p. 21):
"Chagra, n. Sementera, especialmente maíz". y en el quichua
colombiano (Arturo Pazos, 4-, p. 17):, "Chagra, chahra: sementera".
Por su parte, el quichua
santiagueño registra así esta voz (Dic. Bravo, 5-, tres ediciones):
"Chacra, s. Bot. Zee Mays. Planta de maíz. // Por ext. aunque poco
empleada, la plantación de maíz Oh maíz".
Como vemos, todas las formas quichuas, tanto la lengua de origen como sus derivaciones dialectales, registran el vocablo en su categoría de sustantivo; pero no así en su derivación adjetival puesto que ninguno de los diccionarios de esta lengua, a excepción del quichua santiagueño, registra el adjetivo chacarero y su femenino chacarera. Ello prueba, sin lugar a dudas, que en la extensa dimensión de la geografía lingüística del quidhus andino no existe el vocabulario y por lo tanto el objeto de referencia.
En cambio, en el quichua
santiagueño tenemos el vocablo, en sus dos acepciones de sustantivos y
adjetivos, consignado así (Dic. Bravo, 5- ): "Chacarera, s. Danza
folklórica ampliamente conocida en sus tres aspectos constitutivos:
coreografía, música y canto..." y "Chacarero, га, adj. Trabajador
rural de la chacra u oriundo de ella".
Solo en el quichua básico
tenemos un equivalente al adjetivo chacarero, inserto así en el Dic. Lira, pág.
87: "Chahrá-yokk, f. Hacendado, terrateniente, propietario de fundos o
parcelas". Y "Chahrákukk, adj. y s. Persona que se ocupa en
menesteres agrícolas, que es el que hace sus faenas".
En ninguno de estos dos
vocablos y sus respectivas acepciones asoma la chacarera como danza, música o
canción y, más aún, ni siquiera en el diccionario de "Peruanismo" de
Marte Hildebrandt aparece esta voz. Prueba evidente de su inexistencia en el
Perú y su ámbito quichua andino.
NACIMIENTO
DE LA DANZA
¿Cuándo habría nacido
esta danza?
Para nosotros, con fecha
imprecisable, en los tiempos de la minga, sistema primitivo de cooperativismo
americano, probablemente más efectivo que nuestras mutuales, puesto que
descansaba en el concepto que podríamos sintetizar con esta conocida fórmula: "uno
para todos y todos para uno" .
Con este método incaico,
introducido al Tucumán desde el Perú por la conquista, se construyeron las
viviendas, se efectuaban las siembras y se levantaban las cosechas.
Hasta muy entrado este
siglo, en ambiente rural del NO y Centro argentinos, y muy especialmente en
Sgo. del Estero, se cosechaba el trigo en "en tiempo de las segadas",
faenas que terminaban con una fiesta ofrecida por el dueño de la finca a sus
voluntarios ayudantes, en la que se bebía como bebida ritual "caña
compuesta", se comía en abundancia y se celebraba el acontecimiento con
música, baile y canto. Y no dudamos que, antes como ahora, había en "las
chacras" bellas chacareras a las que la galantería masculina les habría
ofrecido el homenaje de la danza y el canto en la fiesta, las que no podrían
haber sido la jota ni el taquirari puesto. que los actores no eran españoles ni
peruanos sino un nuevo tipo humano surgido de la conquista.
Y le habrían cantado a la
donosa de entonces, en alegre son de guitarra andaluza, bilingües coplas
octosílabas de galantería y amor.
Hasta no hace mucho la música para esta danza era siempre cantada, costumbre que se conserva aún hoy en ambiente rural.
Y esa danza alegre,
dinámica, de letra querendona y picaresca, en directa alusión a su
destinataria, de elementos musicales españoles y nombre criollo, en simbólica
hibridación quichua castellana, se llama chacarera.
ANTIGÜEDAD
HISTÓRICA DE LA CHACARERA
¿Cuándo nació esta danza?
No lo sabemos, ni creemos que nos sea dable saberlo alguna vez porque los
hechos folklóricos no son históricos sino tradicionales, lo que no quita que
andando el tiempo y de acuerdo con la importancia que cobre el hecho, puede
éste ascender a los niveles históricos.
A uno de esos hechos
pertenece la chacarera. Y ya en el plano histórico tenemos lo siguiente: El
registro más antiguo del que tenemos noticia documental la debemos a la
musicóloga Isabel Aretz, quien en su enjundiosa obra "Folklore musical
argentino", p. 202, dice: "La trayectoria antigua de esta danza es
muy difícil de seguir, en cuanto no se menciona en documentos de la primera
mitad del siglo pasado, al menos con el nombre de chacarera, y sólo en las
"Memorias" de don Florencio. Sal, que exhumé en Tucumán, aparece
entre las danzas que se usaban hacia 1850. En Buenos Aires la menciona ya en
1883, don Ventura R. Lynch, quien cree por error que se trataba de una danza
puramente local, de dolores.
El vocablo, que el nombre
de nuestra danza nació en los primeros tiempos de la conquista española cuando
aún se escribía chacara, sin acento, de cuya derivación nació el adjetivo:
chacarero y su femenino chacarera que, andando el tiempo, alcanzó la categoría.
de sustantivo para el nombre de nuestra danza.
Creando el vocablo, fácil
es conjeturar que en aquella época se habría creado una danza a la que se
aplicó el calificativo derivado del mismo en hibridación quichua-castellana y
se la llamada chacarera. No pudo haber sido antes porque la danza jamás se
llamó chahráyokk (forma quichua) ni después porque porque tampoco adoptó las
formas inexistentes del esdrújulo chácarera ni del grave chacrera.
ÁMBITO
GEOGRÁFICO DE LA CHACARERA
Toda creación de un hecho
folklórico lleva Involucrada en sí misma el espíritu del pueblo. Lo que no
lleva esta esencia popular, pierde arraigo y desaparece por falta de fuerza
telúrica para su vivencia, pero los hechos que tienen esta esencia perduran a
través del tiempo hasta convertirse en tradición, leyenda o mito. Eso,
exactamente, ha ocurrido con la chacarera en Sgo. del Estero.
En tanto en el litoral
argentino, a donde llegó, no cabe duda, por el "Camino del Perú", no
ocurrió lo mismo. Allá ha perdido vigencia, ha desaparecido como desaparecen,
paulatinamente, las especies de trasplante cuando llevadas a un medio extraño
les falta el clima propicio para su adaptación y desarrollo. Eso mismo ocurrio
a la chacarera en el litoral argentino.
La aseveración de Isabel Aretz (Ob. cit. p. 202) cuando dice: "La chacarera, lo mismo que la zamba y el gato se baila en gran parte del país, aun- que, excluido el litoral", es prueba concluyente al respecto.
De que la chacarera no es
danza típica del folklore litoraleño se ha confirmado en el gran Festival
Folklórico de Cosquín (Córdoba) tanto en el Ateneo como en el escenario de la
Plaza Próspero Molina, al que asistimos, salvo circunstancias ausencias, desde
1962 hasta 1977 , donde integramos, casi siempre, el jurado que discernía,
entre los conjuntos presentados, sobre la autenticidad de las representaciones.
Más aún, ningún conjunto folklórico, representativo de las provincias
argentinas, presentó jamás la chacarera como danza típica regional.
Cabe agregar, confirmando
el aserto, que tampoco la chacarera es danza típica en sus respectivas
regiones, según la fehaciente información dada por los folkloristas destacados:
Dr. Ramón Viveros (Corrientes), Teófilo C. Marcado (Catamarca y La Rioja), Hugo
Alcides Ifrán (Santa Fe) y Florencio López (Entre Ríos), entre otros.
En cambio, en la
representación santiagueña jamás faltó la chacarera como danza o como canto,
encendiendo de entusiasmo a la multitudinaria concurrencia por el alma que
ponían los protagonistas en sus interpretaciones.
LA
EMOCIÓN DE LA CHACARERA
Ninguna pieza folklórica,
danza o canción, enciende los ánimos del santiagueño como la chacarera. A la
vidala se la escucha con reconcentrada atención porque su música y su letra le
hablan de recónditas cultas de amor y de ausencias en. esta tierra del éxodo; a
la zamba porque es la danza del donaire señorial y del mensaje galante en los
pañuelos; el gato, el escondido y el malambo pueden encender el entusiasmo por
la dinámica de su danza y la vivacidad de su música; inclusive hasta puede
gustar en silencio la ejecución de estas piezas, pero cuando se ejecuta una
chacarera desbordan los entusiasmos, estalan los aplausos, se acompaña la
música y hasta se entonan las letras cuando éstas son conocidas. como las del
eminente cultor de esta danza Julio Argentino Jerez.
Así es la chacarera en
Santiago, hace vibrar el alma santiagueña con el estímulo de su mensaje nativo.
LA
MÚSICA DE LA CHACARERA
No podía faltar a esta
profunda raigambre anímica la música que la representará como una afloración
estética del alma nativa. Y entonces nació con la espontaneidad de las cosas
naturales que florecen en el alma del artista como un mensaje de la raza. Por
eso la chacarera no tiene autor, es del acervo folklórico del pueblo como el
cancionero quichua-castellano de su riquísima poesía anónima. A esa chacarera
anónima, la creada por el pueblo y recogida por Andrés Chazarreta nos referimos
en el presente trabajo.
RITUAL DE DANZA LA CHACARERA
Tan santiagueña es la
chacarera que en Sgo. del Estero ha llegado hasta la sublimación del mito en el
alma popular que la ha convertido en danza ritual para sus fiestas
tradicionales como en la "telesiada", por ejemplo. En esta fiesta
folklórico-pagana se prenden velas en homenaje a esta diosa de la selva, se
bailan 7 (siete) chacareras y la fiesta dura "hasta que las velas no
ardan". También el reza-baile se inicia con la chacarera lo mismo la
fiesta de las comadres.
LA
ORIUNDEZ DE LA CHACARERA
Dentro del ámbito
noroesteño la chacarera, danza agrícola, debió nacer en las riberas del Dulce
donde los españoles de la "Primera Entrada", expedición descubridora
de Diego de Rojas, según su cronista D. Gonzales de Prado, encontraron
"maizales en berza".
Sobre la base de lo
expuesto, sostenemos que la chacarera es santiagueña.
Artículo publicado
originalmente en Revista Folklore.-






