sábado, 17 de octubre de 2026

El pulso de la tierra y los lujos del espíritu: Cuando Atahualpa Yupanqui abrió las puertas de su casa



Hay entrevistas que son simples cuestionarios y hay otras que funcionan como una máquina del tiempo. Eso es lo que ocurre al asomarse a una charla inédita grabada en Buenos Aires en abril de 1979, donde el periodista dorreguense Eduardo Reyes logró sentar un charlar a Don Atahualpa Yupanqui. Lejos del mito bronceado que imponen los escenarios gigantescos, el folklorista se muestra allí en pantuflas, por decirlo de algún modo: reflexivo, generoso con las palabras y con esa mirada honda que solo tienen los que han caminado cada rincón del país sabiendo mirar sin prisa.

Entre taxistas de Buenos Aires y templos medievales en Europa

La charla arranca desmitificando distancias. Yupanqui venía de pasar una temporada larga en la Argentina, demorando sus compromisos en España y México, y contaba con una sonrisa algo socarrona cómo lo trataba el público. Lejos de ser el artista intocable, recordaba anécdotas cotidianas con la calidez del hombre de a pie: subirse a un taxi en Buenos Aires para ir a buscar un libro de Borges a la calle Florida, y que el chofer, al reconocerlo, se negará a cobrarle el viaje tras hacer ocho kilómetros hasta Palermo.

Pero lo curioso es cómo ese andar por el mundo lo llevaba a encontrar similitudes insospecchadas. Radicado gran parte de su tiempo en Europa, Yupanqui contaba cómo llevaba su arte a pueblitos perdidos de la Bretaña o la Normandía francesa, lugares sin cines ni teatros donde los recitales se armaban directamente en iglesias románicas, con el permiso del cura y la condición de tocar música instrumental y vidalas que no rompieran el clima del templo. Y allí, entre productores de queso camembert y artesanos de la madera, se encontraban al "paisano" europeo: ese trabajador rudimentario que, a pesar de la dureza de las tareas del campo, guardaba en sus manos la paciencia y el pulso necesarios para la artesanía fina. Para Atahualpa, eso eran los "lujos del espíritu paisano": saber hacer cosas bellas con las manos después de haber empuñado el arado o bregado con la bestia.

El galope sin herraduras y la leyenda del paisano errante

Hacia el tramo más entrañable de la charla, la música y la memoria de la infancia se cruzan de golpe. Inevitablemente, al hablar de los ritmos del campo, Yupanqui rescata el sonido más cautivante y misterioso de su niñez pampeana: el galope lento y tendido de un caballo en la noche.

De ahí brota el recuerdo de una leyenda que le contaba su padre en los pagos de Pehuajó: la historia del Paisano Errante. Aquel joven que, tras una ofensa imperdonable a su madre, recibió una maldición campera: vagar por los caminos de la noche al tranco de su caballo, con la pena de que se le rompiera la guitarra y nunca más encontrara sosiego. Para el músico, aquel eco lejano en la oscuridad de los campos no era un relato terrorífico, sino una presencia que invitaba a pensar en los grandes misterios de la llanura.

Los payadores como los primeros periodistas de la Pampa

Defensor acérrimo de la tradición por sobre el mero efecto comercial, Yupanqui también se hizo un tiempo para reivocar la figura del payador. Lejos de verlo solo como un cantor dotado, lo definió con una precisión hermosa: el primer periodista que tuvo la Pampa.

En tiempos donde las noticias tardaban semanas en llegar, era el juglar a caballo quien recorría los pueblos llevando las novedades de lo que pasaba en los pagos vecinos: inundaciones, duelos criollos o historias de caminos. Un oficio emparentado con los viejos juglares europeos del medioevo, que adaptaba su ingenio mental a la rima estricta de la décima mientras la noche comenzaba a cerrarse sobre el horizonte.

El canto para la tradición y no para el disco

Hacia el final, la charla deja una advertencia que el tiempo se convertiría en profecía. Recordando una caminata por Buenos Aires junto al insigne musicólogo Carlos Vega, Atahualpa rescataba una frase lapidaria al escuchar a un grupo joven muy pintón pero vacíos de raíz: “Qué lástima que canten para el disco y no para la tradición”.

Para Yupanqui, el folclore no era un museo estático, pero sí exigía un respeto reverencial. Acercarse a la música de raíz era, en sus propias palabras, ingresar a un templo. Una lección de humildad, memoria y consecuencia que, a décadas de aquella grabación conservada por el Archivo Audiovisual de Coronel Dorrego, sigue resonando con la fuerza de un clarín en medio del monte.

Fuente: Entrevista a Atahualpa Yupanqui (1979) - Archivo Audiovisual de Coronel Dorrego.

 

Mate de exportación: Cuando el valor agregado no llega al cosechero



Hay postales que resumen a la perfección las contradicciones de la época. En los últimos años, el mate dejó de ser solo esa excusa cotidiana con la que nos reconocemos a los argentinos en cualquier rincón del mundo y se transformó en una tendencia global. De la mano de futbolistas de primera línea, creadores de contenido de vida sana y tiendas orgánicas en Berlín, Nueva York o Tokio, la infusión se promociona como un superalimento repleto de antioxidantes. Se exporta a más de veinte países y no para de sumar adeptos en el Norte Global. Pero a millas de kilómetros de las cafeterías donde sirven yerba en recipientes de diseño, la realidad de quienes la cosechan no entra en ningún folleto publicitario.

En Misiones, el corazón de la producción yerbatera junto con Corrientes, el contraste golpea. De un lado está el volumen de ventas al exterior; del otro, la precariedad con la que se junta la hoja en el campo.

El primer eslabón, a la sombra

Detrás de cada ronda de mates está el tarefero. La tarefa —la recolección manual de las hojas— se sigue haciendo prácticamente igual que hace un siglo.

La rutina empieza de madrugada. A las cuatro de la mañana, los cosecheros suben a la caja de camiones viejos para meterse por caminos de tierra roja hacia los yerbales. Por delante les quedan diez o doce horas de trabajo a pleno sol o bajo la humedad agobiante del monte. Cosechan a mano, juntan las ramas y arman las "ponchadas": bultos de yerba recién cortadas que cargan sobre la espalda y que pueden pesar entre 100 y 130 kilos.

Ese esfuerzo diario pasa factura rápido. Columnas desviadas, desgaste articular prematuro y secuelas por accidentes de trabajo —incluidas amputaciones en los secaderos o durante el corte de la planta— son marcas habituales en los cuerpos de los cosecheros. A eso se le suma la inestabilidad laboral. En la región trabajan unos 18.000 tareferos, pero entre los gremios y las organizaciones sociales coinciden en que la cifra real es bastante mayor debido al empleo no registrado.

Trabajan únicamente entre cuatro y seis meses al año, durante la zafra. El resto del tiempo quedan desocupados y sin ningún tipo de ingreso formal. En barrios como 100 Hectáreas, en las afueras de Oberá, viven familias enteras que llevan tres o cuatro generaciones dedicadas a la tarefa, muchas veces en casas precarias y sin acceso regular a agua potable ni luz eléctrica.

Desregulación y el costo del hilo más delgado

La situación se volvió más compleja con los cambios recientes en la política agroindustrial. Históricamente, el cultivo en Misiones dependió de una red de más de 13.000 pequeños y medianos productores, muchos de ellos descendientes de los inmigrantes europeos que poblaron la provincia a comienzos del siglo XX.

Sin embargo, la desregulación del sector y la eliminación de los precios de referencia para la hoja verde desequilibraron la negociación. Con el valor liberado al juego del mercado, las grandes industrias secadoras y los molinos imponen precios más bajos. En esa cadena, el ajuste siempre cae sobre el eslabón más débil: si el pequeño productor cobra menos por kilo de hoja verde, lo primero que se recorta o se congela frente a la inflación es la paga a destajo del tarefero.

Es la misma distorsión que se ve en otros mercados agrícolas globales, como el del café en Centroamérica o el cacao en África. El producto final gana estatus y precio en las góndolas internacionales, pero ese valor agregado nunca baja hasta el trabajador rural que lo cosecha.

Una cuenta que no cierra

El crecimiento de la yerba mate en el exterior impone un debate indispensable. Hoy el consumidor internacional busca saber de dónde viene lo que toma y exige producción sostenible y trabajo justo. Seguir vendiendo una imagen de bienestar y tradición sustentada en el desgaste físico no registrado de millas de familias misioneras no solo es injusto: a la larga tampoco es sostenible.

Cada vez que cebamos un mate, sostenerlo es fácil. Lo difícil es no pensar en los bultos de 130 kilos que todavía se cargan a pulso en la selva para que esa yerba llegue a la mesa.

Fuente elpais.com


"Cigarrillos "Mimados" La Primera Fábrica De Cigarros De Santiago Del Estero. (1928)

 


El domingo 7 de octubre de 1928, en horas del mediodía, se procedió a la inauguración de la primera fábrica de cigarrillos santiagueños, "Mimados". La misma pertenecía a un inmigrante de la comunidad sirio-libanes, de apellido Mdalel. Este acontecimiento histórico para la industria santiagueña contó con una gran participación del público santiagueño, entre los que se encontraba el gobernador de la provincia, Ing. Santiago Maradona, una multitud se congregó en sus instalaciones, no solo por la novedad que concitaba el mismo, si no también por los premios que se entregarían ese día a los presentes, quienes recibían un paquete de cigarros con un número en su interior, con el cual participarían en un sorteo de importantes premios. Algunos datos recolectados del "Diario La Hora", nos cuentan que la producción a la vista generada por las maquinas, producía una gran atención entre las personas, esta elaboraba unos 600 cigarros sueltos por minuto, el personal compuesto en su mayoría por mujeres, solo un hombre trabajaba en esta fábrica, dónde se empaquetaban 400 atados por día trabajando de 7:30 a 11:30 y de 14 a 18. Cobraban 50 centavos por cada 100 paquetes, ganando 2 pesos por día. Se desconoce cuándo se produjo la desaparición de esta fábrica pionera en materia de consumo del tabaco.

Más adelante, hacia 1931, figuraba también registrada en el Catálogo de Fábricas Argentinas de Cigarrillos bajo la denominación Tabacalera Santiagueña (ubicada en Absalón Rojas 176-180), la cual comercializaba "Mimados" junto con otras líneas como Santiagueños Especiales, Santiagueños Extra Finos y Viva Noi. Se desconoce la fecha exacta de su cierre definitivo.

Fuente: Fernando Ramiro Godoy


viernes, 16 de octubre de 2026

El enigma del Barco III: La refundación errante y el río que movió sus fronteras. ¿Fue sobre la margen derecha o sobre la izquierda?



En junio de 1552, el capitán Juan Núñez de Prado fundó la ciudad del Barco en los llanos de Tucumán. Fue un asentamiento efímero, pero marcó el origen de lo que hoy es Santiago del Estero. Durante siglos, los historiadores dieron por sentado algo que parecía inamovible: la ciudad se construyó en la margen derecha del río del Estero (hoy río Dulce), al sur de la capital provincial.

Pero en 2012, el historiador Antonio Virgilio Castiglione publicó una investigación que sacudió esa certeza. Reveló un misterio donde la geografía, el agua y la ambición imperial se entrelazan de maneras inesperadas. La premisa es simple pero revolucionaria: ¿y si la ciudad no se construyó donde los historiadores dicen, sino que fue el río el que cambió de cauce y reescribió el mapa?

La cartografía europea: un espejo del pasado

Todo empezó en enero de 2012. Castiglione viajaba a Australia y, como suele hacer, visitó las mapotecas de la National Library y la N.S.W. Public Library. Allí encontró mapas del siglo XVII dibujados por los mejores cartógrafos europeos. Y contaban una historia radicalmente distinta a la que se aceptaba localmente.

En cartas geográficas de Hendrik Hondius (1657), Nicolas Sanson (1691), Vincenzo Coronelli (1693) y Guillaume de L'Isle (1714), la ciudad aparece sistemáticamente en la margen izquierda (este) del río. "En al menos siete u ocho de ellos colocan a la ciudad del 'Varco' o 'St. Jacques del Eftero' o 'S. Iago' en la margen oriental del río Dulce", detalla Castiglione.

La lógica del investigador es implacable: "¿Por qué razones todos los cartógrafos europeos del S. XVII confeccionaron con tanta precisión sus mapas... y se habrían equivocado únicamente con el Barco?".

Las voces de los conquistadores y la Ley del Sol

Para desentrañar el enigma, Castiglione recurrió a las probanzas de méritos y servicios de 1585. Son documentos donde los primeros habitantes relataron sus hazañas. Ninguno especifica en qué margen del río estaba la ciudad, pero sus testimonios revelan la vulnerabilidad del asentamiento.

Gonzalo Sánchez Garzón recordó que Núñez de Prado "la fundó un poco más debajo de donde al presente está". Pero fue Juan Cano quien aportó la pista definitiva sobre el drama hídrico: "por inconvenientes con las avenidas del río se fundó donde ahora está poblada por el Cap. F. de Aguirre, llamándola Santiago del Estero".

Además, hay un detalle legal que respalda la tesis de la margen izquierda. Las Ordenanzas de las Leyes de Indias eran explícitas sobre la orientación de las nuevas urbes: "en caso de edificar a la ribera de algún río, dispongan la población de forma, que saliendo el sol, diese primero en el pueblo, que en el agua". Para cumplir con esa norma real, la ciudad debía fundarse obligatoriamente en la margen izquierda.

La geología de un río errante

La ciencia moderna terminó de cerrar el debate. Consultorías con geólogos y el análisis de imágenes satelitales confirman que el río Dulce es un curso de agua "errante o ambulante". Los paleocauces visibles desde el espacio demuestran que en 1552 el cauce principal estaba más al oeste.

Con el paso de los siglos, el arrastre de sedimentos y las crecidas estivales empujaron al río hacia el este. Eso dejó a la primitiva fundación —y a la posterior ciudad de Aguirre— atrapada en lo que hoy es la margen derecha. Incluso sepultó trazas originales bajo su nuevo lecho.

El litigio de las 100 leguas

La ubicación de El Barco no fue solo una cuestión de hidrodinámica. También fue geopolítica. El gobernador de Chile, Pedro de Valdivia, y sus lugartenientes Francisco de Aguirre y Francisco de Villagra, reclamaban que el territorio pertenecía a su jurisdicción, limitada a 100 leguas desde el Océano Pacífico.

Para validar ese reclamo, en 1556 el piloto Nicolás de Dios testificó que Santiago del Estero caía dentro de la Gobernación de Chile, tras medir su latitud. Pero Castiglione utiliza tecnología actual para desmentir a los chilenos. Calculando la legua castellana de la época (equivalente a 4,175 km) y usando coordenadas satelitales, la distancia real entre Santiago del Estero y Copiapó superaba las 143 leguas.

"Estos modernos elementos confirman que Núñez de Prado estaba acertado cuando fundó las ciudades del Barco II y III... ya que estaba afuera de esa 100 leguas", sentencia el historiador. La demostración es clara: Valdivia y Aguirre reclamaban tierras que legalmente no les correspondían.

El legado de un paisaje cambiante

La historia de la ciudad del Barco enseña algo fundamental: el pasado no está escrito solo con tinta sobre pergamino. También lo escriben el agua, el limo y los sedimentos. La ciudad que Núñez de Prado soñó a la izquierda del río fue devorada y desplazada por la furia y la mutabilidad de la llanura santiagueña.

Hoy, al mirar el cauce del río Dulce, no solo vemos un recurso hídrico vital para Santiago del Estero. Observamos el archivo geológico de una fundación perdida. Un testimonio silencioso de cómo la naturaleza tiene la última palabra sobre los mapas trazados por los hombres.

La ciudad del Barco no desapareció por un error de sus fundadores. Desapareció porque el río, caprichoso y soberano, decidió cambiar de camino.

 

 


jueves, 15 de octubre de 2026

El secuestro del Gobernador Gelasio Lagar (1895)

Septiembre al 200 (hoy Galería Central), en cuyos sótanos los seguidores de Pedro García tuvieron secuestrado en 1895, al Gobernador Gelasio Lagar. Hasta 1953 funcionó en el lugar la Municipalidad de la Capital".


En el año 1895, los sótanos de dicha propiedad fueron utilizados por simpatizantes de Pedro García para mantener secuestrado al gobernador Gelasio Lagar.

Publicado en fbk por Ambito Santiagueño

Archivo: Desaparece el Café Tokio

 


Después de 45 años —nos dicen los bien informados— el Café Tokio, ubicado en la esquina Libertad e Independencia, cierra sus puertas definitivamente. Ha comenzado ya a liquidar todas sus existencias: muebles, mesas de billar, sillas, etc. En el Santiago de 45 años atrás el Café Tokio fue, sin duda, una necesidad y sirvió a sus fines comerciales con el designio impuesto por su fundador, don Soichi Ishihara, auténtico representante de la colonia japonesa que por entonces afluía al país. Pero no solo ser vía café, como podrá suponerse; También tenía cantina y los parroquianos saboreaban buenas minutas a toda hora. Además, incorporó juegos de billar que se constituyeron en motivos de frecuentación bulliciosa para todos. Y eso que desde el comienzo compitió con confiterías de moda como la Del Águila y Condor Huasi, que en su época se hicieron familiares porque contrataban orquestas de señoritas y ofrecían espectáculos. El viejo edificio ha cumplido su ciclo y pronto será demolido. Se construirá allí un local de tres pisos de propiedad del Nuevo Banco de Santiago del Estero, con secciones destinadas a oficinas comerciales y algunos departamentos, según referencias.

Casa Tahuil y casona Díaz Gallo: el patrimonio histórico de Santiago del Estero, entre la demolición y el abandono

La Municipalidad ha impulsado un proyecto para retirar la protección patrimonial de la Casa Tahuil y habilitar su posible demolición. Mientras tanto, la antigua sede del Museo Histórico Orestes Di Lullo sigue esperando la restauración anunciada por el gobernador Gerardo Zamora en septiembre de 2025. Dos casos que vuelven a poner en discusión la conservación de la arquitectura histórica de la capital santiagueña.



Santiago del Estero ha perdido numerosas construcciones antiguas durante las últimas décadas. En el centro, las viviendas que alguna vez definieron el paisaje urbano han cedido lugar a edificios nuevos y emprendimientos inmobiliarios. Ahora, la Casa Tahuil enfrenta la posibilidad de desaparecer, mientras otra construcción emblemática continúa a la espera de una recuperación que no se ha concretado.

Casa Tahuil: una construcción singular bajo amenaza

Ubicada sobre calle Urquiza, la Casa Tahuil ha sido una de las expresiones más particulares de la arquitectura neocolonial que conserva la ciudad. Su diseño combina referencias coloniales con elementos de la corriente californiana desarrollada a comienzos del siglo XX, que recuperaba formas tradicionales mediante técnicas constructivas modernas.

Según explicó el estudiante de Arquitectura de la Universidad Católica de Santiago del Estero Samir Badr, en una entrevista con Info del Estero, la vivienda fue construida originalmente por la familia Zaiek, a partir de un proyecto atribuido al arquitecto Cordero. En 1955 pasó a manos de la familia Tahuil y, años después, fue alquilada para el funcionamiento del Consejo Médico, que permaneció allí hasta 2015.

Desde entonces, el inmueble quedó sin uso. Alrededor de 2020 comenzó a ser vallado y, a principios de 2024, la empresa Lo Bruno SA, actual propietaria, inició trabajos de demolición. Los cuestionamientos públicos y las denuncias difundidas en redes sociales contribuyeron a detener las tareas.

La controversia ha llegado ahora al Concejo Deliberante de la Capital, donde el Departamento Ejecutivo municipal ha impulsado un proyecto para revisar la catalogación patrimonial de la propiedad. Si prospera la desafectación, la casa podría perder la protección que actualmente condiciona su demolición.

La iniciativa se apoya en la Ordenanza 4860/13, que regula la protección de inmuebles y sectores urbanos de valor histórico, arquitectónico y cultural. Entre los argumentos técnicos del municipio figuran la ubicación de la vivienda dentro del terreno, el espacio libre del frente y la discontinuidad que, según el área de Planeamiento, genera en la trama edificada de calle Urquiza. El informe también señala que su disposición reduce la superficie disponible para construir.

El proyecto se encontraba en comisión al momento de difundirse la información, por lo que la decisión todavía no se ha consumado.

Un dictamen que necesita aclaraciones

Entre los fundamentos de la iniciativa municipal se ha mencionado un supuesto dictamen coincidente del Colegio de Arquitectos de Santiago del Estero. Según la información difundida, la entidad ha negado haber avalado la destrucción de la casa.

La diferencia entre ambas versiones requiere una explicación documental. Conocer el dictamen citado por el municipio y contrastarlo con una respuesta formal del Colegio permitiría establecer con precisión qué posición ha adoptado la institución.

El fiscal municipal Martín Ramos ha señalado que la desafectación debe tramitarse en el Concejo Deliberante. El proyecto también establece condiciones para una eventual construcción nueva, que debería respetar la línea municipal y la altura de los edificios linderos y del entorno histórico.

La publicación completa del expediente permitiría conocer los fundamentos de la medida y las alternativas de conservación que se han considerado antes de avanzar con una posible demolición.

¿Conservar o construir? Una discusión que va más allá de una casa

Para Samir Badr, el patrimonio arquitectónico puede ofrecer oportunidades que exceden su valor histórico. Durante la entrevista con Info del Estero, el estudiante ha planteado que la estética urbana también puede atraer visitantes, generar actividad económica y favorecer nuevos circuitos culturales.

«¿Por qué la gente quiere ir a Europa a ver el patrimonio histórico y cultural?», se ha preguntado. Como ejemplo local, ha mencionado el movimiento que genera el Fórum de Santiago del Estero y ha propuesto pensar en otros usos para los edificios antiguos.

En el caso de la Casa Tahuil, una posibilidad sería estudiar su recuperación y adaptación como centro cultural u otro espacio abierto a la comunidad. La viabilidad de esas alternativas dependería de las condiciones edilicias, la inversión necesaria y las características del proyecto.

La ciudad cuenta con Áreas de Protección Histórica establecidas por la Ordenanza 4860/13, entre ellas los sectores Avellaneda–Iglesia San Francisco, Urquiza–Iglesia Santo Domingo y 24 de Septiembre–Iglesia La Merced. Este sistema busca preservar sectores del tejido urbano que conservan valores históricos y arquitectónicos.

La discusión sobre la Casa Tahuil plantea, entonces, una pregunta concreta: ¿qué alternativas se han evaluado antes de considerar el retiro de su protección? La respuesta requiere fundamentos técnicos accesibles y una evaluación que contemple tanto las condiciones del terreno como el valor del inmueble.

 


La casona Díaz Gallo sigue esperando su restauración

Mientras se discute el futuro de la Casa Tahuil, la casona Díaz Gallo, antigua sede del Museo Histórico Orestes Di Lullo, continúa a la espera de una intervención. Con más de dos siglos de antigüedad, es uno de los testimonios de la arquitectura santiagueña de comienzos del siglo XIX que todavía permanecen en pie.

Durante años, el edificio ha funcionado como espacio de conservación y difusión de la memoria provincial. Su valor está ligado tanto a sus características arquitectónicas como a la actividad cultural que ha albergado.

En septiembre de 2025, durante la inauguración del espacio Mama Antula en el Parque Aguirre, el gobernador Gerardo Zamora anunció la intención de remozar la propiedad. Desde entonces, la información disponible no permite establecer con claridad qué avances se han producido, qué trabajos se han previsto ni cuándo comenzarían las obras.

No hay información suficiente para afirmar que exista una iniciativa formal destinada a retirar su protección patrimonial o demolerla. La preocupación pasa por la falta de avances verificables y por el riesgo de que el deterioro se agrave sin un mantenimiento sostenido.

La recuperación necesita un diagnóstico técnico, un presupuesto y un cronograma de ejecución. También hace falta conocer qué destino tendrá el inmueble una vez restaurado y cómo se garantizará su conservación a largo plazo.

Una ciudad que ha perdido parte de su historia

La transformación del centro santiagueño ha modificado profundamente su paisaje. Numerosas viviendas antiguas han sido reemplazadas por edificios de propiedad horizontal y nuevos emprendimientos, reduciendo la presencia de construcciones que permitían reconocer distintas etapas del desarrollo urbano.

Cada demolición implica la pérdida de materiales, técnicas constructivas y formas de habitar que ayudan a comprender cómo ha crecido la ciudad. Las fotografías y los documentos conservan parte de esa memoria, pero no reemplazan la presencia física de los edificios ni su relación con el entorno.

La renovación urbana responde a necesidades concretas, aunque su avance plantea el desafío de establecer reglas que permitan compatibilizar la construcción con la conservación patrimonial. Para eso hacen falta criterios claros, controles efectivos y alternativas viables para recuperar los inmuebles que han perdido su función original.

La Casa Tahuil y la casona Díaz Gallo representan dos situaciones diferentes. En una, el Concejo Deliberante debe resolver si corresponde retirar la protección patrimonial; en la otra, las autoridades provinciales necesitan informar qué ha ocurrido con la restauración anunciada.

Ambos casos reclaman decisiones concretas y explicaciones públicas. Santiago del Estero ha perdido buena parte de su arquitectura histórica y todavía conserva edificios que podrían seguir formando parte de su vida cultural. El futuro de estas dos construcciones dependerá de que las medidas anunciadas se traduzcan en acciones y de que su valor sea considerado antes de que resulte demasiado tarde para recuperarlas.

Fuentes: infodelestero.com - visionsantiago.com