sábado, 28 de marzo de 2026

Cuando el quichua era vergüenza: la vida de Don Sixto Palavecino

Entre violines, chacareras y palabras heredadas, construyó una obra que habla del monte, del desarraigo y de una lengua que se negó a desaparecer.

 

Foto: José Luis “Ducky” Ducournau

Hay trayectorias que no hacen ruido al principio. La de Don Sixto Palavecino fue así. Empezó de joven, escribiendo en quichua y poniendo música a esas letras, armando su propio repertorio sin vueltas. Con el tiempo, esa práctica íntima se volvió una marca clara: cantar lo que otros no estaban diciendo.

Un repertorio que nace de lo vivido

Desde los años treinta ya componía. Primero la palabra, después la música. Todo en quichua. No era una elección estética: era su forma natural de expresarse.

En 1954 registró sus primeras obras, pero esas canciones ya circulaban mucho antes. Hablaban del monte, de la vida diaria, de lo que pasaba en serio. No había maquillaje. Aparecía el paisaje, sí, pero también los problemas.

El éxodo santiagueño fue uno de los temas que más trabajó. En "Llajtaymanta llojserani" se mete de lleno en el desarraigo. En "Viaje de la pastorcita", en cambio, pone el foco en las jóvenes que se van con una idea idealizada de la ciudad. La letra muestra ese contraste: lo que se sueña y lo que se pierde.

De la vergüenza al orgullo

Hubo un momento que lo marcó. Leyendo el diario, se enteró de que Domingo Bravo enseñaba quichua en Santiago. Eso lo sacudió.

En su entorno, hablar quichua no siempre era bien visto. Había burlas, silencios incómodos. A veces directamente se lo evitaba. De ahí salió "Penckacus causaj carani" - "Avergonzado vivía".

En esa chacarera aparece esa incomodidad: el quedarse atrás cuando otros hablaban en castellano, el callarse para no exponerse. Pero también aparece el giro. Con el tiempo, lo que era motivo de vergüenza empezó a valorarse. Y él dejó de esconderse. Empezó a cantar en quichua con más decisión.

Una peluquería distinta

En 1969 abrió una peluquería en Santiago del Estero. Tenía lo básico: espejo, sillón, muebles sobrios. Pero el clima era otro.

Mientras los clientes esperaban, tocaba. Chacareras, gatos, escondidos. A veces con guitarra, otras con violín o bandoneón. Era una peluquería, pero también un espacio donde la música aparecía sin aviso.

Algunos días estaba tranquila. Otros se llenaba. Pasaron figuras como Horacio Guarany o Héctor Larrea. También equipos de televisión que caían a grabar.

Una escena simple lo resume bien. Un chango entra y Sixto le dice: "¿Quién te ha cortao tan fiero?". El chico responde: "Usted, Don Sixto". Y él, sin perder el tono: "Ehh... te ha crecio desparejo, chango". Seco, directo.

El Alero Quichua y el trabajo de fondo

Más allá de la música, hubo un trabajo sostenido con la lengua. Ahí aparece Felipe Benicio Corpos.

Se conocieron en 1968. Compartían la misma preocupación por el quichua. De esa relación nació el Alero Quichua Santiagueño. No era solo un espacio cultural. Era una forma de organizar la defensa del idioma.

Desde ahí impulsaron su enseñanza, promovieron actividades y crearon nuevos aleros en distintos lugares. Corpos también escribió, hizo radio y trabajó en la difusión de la cultura del monte.

Murió joven, en 1974, con 39 años. Aun así, dejó un material que sigue circulando en archivos, grabaciones y en la memoria de quienes lo conocieron.

Reconocimientos que llegaron con el tiempo

Con los años, la figura de Don Sixto se fue consolidando. Recorrió escenarios, compartió con artistas como Mercedes Sosa y León Gieco, y recibió distintos reconocimientos.

Entre ellos, el Premio Konex como instrumentista, la distinción como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina y otros vinculados a su trabajo con el quichua. También recibió una bendición apostólica de Juan Pablo II.

Ya de grande, con 93 años, fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario. Viajó acompañado por una delegación de quichuistas. El reconocimiento iba más allá de su figura individual.

La historia de Don Sixto no es solo la de un músico. Es la de alguien que pasó de callarse a decir, de correrse a ocupar un lugar. Lo que antes se escondía, terminó siendo su identidad pública.

Sus canciones siguen ahí. No como recuerdo, sino como registro de una forma de ver y nombrar el mundo. Y eso, en el fondo, es lo que todavía sostiene su vigencia.

La Guerra Silenciosa de Jasimampa: Tierras Raras, Niobio y la Lucha de un Pueblo por su Futuro

Entre la riqueza mineral que promete un futuro de alta tecnología y la defensa ancestral de un territorio, las comunidades del sur de Santiago del Estero se enfrentan a un dilema que resuena en toda América Latina. El hallazgo de "tierras raras" y niobio ha desatado una batalla desigual entre corporaciones mineras, el Estado y los pobladores que resisten el avance de la megaminería a cielo abierto, temiendo la destrucción de su ecosistema y su modo de vida.

 


El Grito en el Monte: Cuando los Huevos son la Última Trinchera

Un día de 2011, en la aridez polvorienta del departamento de Quebrachos, en el corazón profundo de Santiago del Estero, la tensión acumulada durante meses estalló de la forma más rudimentaria y simbólica posible. Un grupo de pobladores, hombres y mujeres de rostros curtidos por el sol y manos acostumbradas a la tierra, se paró frente a una comitiva de geólogos y técnicos. No portaban armas de fuego ni pancartas elaboradas. Su arsenal era lo que tenían a mano: huevos y frutos de su propia cosecha. Los proyectiles orgánicos se estrellaron contra los vehículos y las figuras de los forasteros, un gesto desesperado y visceral de rechazo. Aunque el intento fue inútil para frenar el avance físico de la expedición —compuesta por científicos del CONICET y representantes de intereses extranjeros—, el mensaje resonó con la claridad de un trueno en el silencio del monte: no son bienvenidos.

Este episodio, casi anecdótico en su simpleza, encapsula la esencia de un conflicto complejo y multifacético que se gesta en el sur santiagueño. No se trata solo de un puñado de vecinos resistiendo una exploración. Es el choque de dos mundos: por un lado, la lógica global de la extracción de recursos estratégicos, impulsada por la demanda insaciable de la industria tecnológica y militar; por el otro, la defensa de un territorio, de un modo de vida y de un recurso cada vez más preciado: el agua.

La zona en disputa es Jasimampa y sus alrededores, un paraje que abarca los departamentos de Quebrachos y Ojo de Agua. Un lugar que, hasta hace poco, solo era conocido por sus leyendas locales y su rica herencia arqueológica sanavirona. Pero bajo su suelo reseco se esconde un tesoro del siglo XXI, una veta de minerales que ha puesto a esta remota región en el mapa de las corporaciones mineras internacionales. El conflicto no es nuevo, pero cada día que pasa, la presión aumenta, y la pregunta que flota en el aire es si la defensa a "huevazos" será suficiente para detener la maquinaria del "progreso" extractivista.

El Tesoro Escondido: ¿Qué son las Tierras Raras y el Niobio?

Para entender la magnitud de lo que está en juego, es necesario hablar de los minerales que han desatado la codicia. La publicación original de ADIN Santiago y los informes posteriores hablan de dos hallazgos principales: las "tierras raras" y el niobio.

Las "Tierras Raras": El combustible de la modernidad

El término "tierras raras" es, en sí mismo, un poco engañoso. No son necesariamente "raras" en términos de abundancia en la corteza terrestre, pero es muy infrecuente encontrarlas en concentraciones suficientemente altas como para que su extracción sea económicamente viable. Este grupo está compuesto por 17 elementos químicos: el escandio, el itrio y los 15 lantánidos.

Fueron geólogos del CONICET quienes, ya en 2005, redescubrieron la importancia del yacimiento de Jasimampa, identificándolo como una fuente de "tierras raras livianas". ¿Por qué son tan importantes? Porque son componentes esenciales, casi insustituibles, para la fabricación de la tecnología que define nuestra era. Desde los imanes permanentes de las turbinas eólicas y los motores de los autos eléctricos, hasta las pantallas de nuestros smartphones, las fibras ópticas que transportan internet, los láseres de uso médico y militar, y los sistemas de guía de misiles. La denominada "economía verde" y la industria de la defensa dependen críticamente de ellas.

El problema es que su extracción y procesamiento son procesos altamente contaminantes. A menudo, estos minerales se encuentran mezclados con elementos radiactivos como el torio y el uranio. Separarlos requiere el uso masivo de ácidos y otros productos químicos que, si no se gestionan con un cuidado extremo, pueden contaminar de forma irreversible las fuentes de agua y el suelo.

Niobio: El metal de la era nuclear y aeroespacial

Junto a las tierras raras, en Jasimampa se ha encontrado una cantidad significativa de niobio. Aunque no pertenece al grupo de los lantánidos, este metal de transición es igualmente estratégico. Su principal cualidad es la capacidad de crear superaleaciones extremadamente resistentes al calor y la corrosión, pero a la vez muy ligeras.

Esto lo convierte en un material indispensable para industrias de vanguardia:

* Aeroespacial: Se utiliza en la fabricación de turbinas de aviones y cohetes espaciales.

* Nuclear: Es fundamental en la construcción de reactores y plantas nucleares por su resistencia a altas temperaturas y su baja captura de neutrones.

* Militar: Se emplea en la producción de armamento avanzado y aleaciones para vehículos blindados y buques de guerra.

* Tecnología: Es un componente clave en la fabricación de imanes superconductores, utilizados en aceleradores de partículas (como el del CERN) y en equipos de resonancia magnética.

El yacimiento detectado en Jasimampa, según las primeras estimaciones, abarcaría una superficie de 15 kilómetros cuadrados con una profundidad de 500 metros. Explotar un depósito de estas características a cielo abierto implica, literalmente, volar una montaña. Significa remover toda la capa superficial de tierra, vegetación y roca, pulverizarla y tratarla químicamente para separar el mineral. El impacto ambiental es brutal: destrucción total del ecosistema en la superficie, generación de montañas de escombros (relaves) que pueden filtrar metales pesados y químicos a las napas freáticas, y la liberación de polvillo tóxico y radiactivo que puede ser transportado por el viento a kilómetros de distancia.

Para una región semiárida como el sur de Santiago del Estero, donde cada gota de agua es vital, la amenaza de contaminar los acuíferos subterráneos no es una preocupación abstracta, es una sentencia de muerte para la agricultura, la ganadería y la vida misma.

El Desembarco: Corporaciones, Científicos y Políticos

El avance minero no es un acto espontáneo. Es una estrategia coordinada que involucra a múltiples actores, cada uno jugando un rol específico en el tablero.

Las Empresas Canadienses: La cara visible del capital

Los informes mencionan a la empresa canadiense Gaia Energy como una de las primeras en realizar tareas de exploración en la zona. Esta compañía, junto a otras como Bolland Minera S.A. (que manifestó descubrimiento de oro en Guasayán), representa el capital internacional. Canadá es una de las "naciones mineras" por excelencia, hogar de muchas de las corporaciones más grandes del mundo que, amparadas en legislaciones favorables en sus países de origen, se expanden por el cono sur en busca de recursos.

Su estrategia de penetración es un manual bien conocido en toda América Latina. Comienza con la exploración, a menudo realizada bajo convenios con gobiernos provinciales y con el aval científico de instituciones locales. Una vez confirmado el potencial del yacimiento, inician un trabajo de "relacionamiento comunitario". Como relató Adolfo Farías, del MOCASE-VC, en una entrevista, este trabajo consiste en promesas de empleo, dinero y desarrollo. "Van a tener trabajo, van a tener dinero", les dicen. Ofrecen casas en el pueblo, vehículos, celulares, e incluso reparten golosinas en el Día de la Madre. Es una táctica de "divide y reinarás", buscando quebrar la cohesión social, comprando voluntades y aislando a quienes se oponen.

El Rol del CONICET: ¿Ciencia al servicio de quién?

La participación del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) añade una capa de complejidad y controversia. Por un lado, su función es generar conocimiento científico sobre los recursos del país. El redescubrimiento del potencial de Jasimampa en 2005 fue un logro geológico. Sin embargo, para los movimientos campesinos, este conocimiento no es neutral. "El CONICET lo que hace es dar pie con su investigación a que se introduzca la minería a cielo abierto", afirmó Adolfo Farías.

La ciencia, que debería servir al bien común, es percibida aquí como la punta de lanza que abre el camino a los intereses corporativos. La legitimidad que aporta una institución científica de prestigio es utilizada para validar proyectos que, desde la perspectiva de las comunidades, son destructivos. Esta "complicidad", como la denomina la publicación original de ADIN, genera una profunda desconfianza hacia la comunidad científica, vista no como un aliado, sino como parte del aparato extractivista.

El Silencio y la Complicidad Política

El eslabón final y crucial es el poder político. Las fuentes originales son contundentes al señalar la connivencia de las autoridades a distintos niveles. El entonces gobernador, Gerardo Zamora, es mencionado como quien habría dado "luz verde" al proyecto, anunciando en la Legislatura provincial el respaldo a la llegada de una empresa canadiense.

A nivel local, la situación es aún más desesperante para los vecinos. Los intendentes de Sumampa, Luis Antonio Galván, y de Ojo de Agua, Rodolfo Lino Cappellini, son acusados de inacción y de responder con un simple "no podemos hacer nada, porque la orden viene de arriba". Esta actitud deja a las comunidades en un estado de total desamparo institucional. Cuando golpearon las puertas de la Defensoría del Pueblo, la subsecretaría de Derechos Humanos y la dirección de Minería, no encontraron respuestas.

La maquinaria estatal no solo omite, sino que actúa. Se denuncia que funcionarios del gobierno de Zamora facilitaron la exploración, autorizando sobrevuelos y compartiendo información. Peor aún, cuando la resistencia de los pobladores se hizo más firme, se recurrió al aparato judicial y policial. Abogadas ligadas al Poder Ejecutivo habrían utilizado el Registro de la Propiedad para cuestionar la tenencia de la tierra de los campesinos —muchos de los cuales son poseedores ancestrales sin títulos formales— y obtener órdenes de desalojo. Se relatan enfrentamientos directos entre la policía y los vecinos, en una clara demostración de que el Estado está dispuesto a usar la fuerza para imponer el proyecto minero.

Voces de la Resistencia: "El Territorio No Se Vende, Se Defiende"

Frente a este avance coordinado, la resistencia se organiza desde la base, tejiendo alianzas y fortaleciendo una identidad común en defensa del territorio.

El MOCASE-VC y la Lucha por la Tierra

El Movimiento Campesino de Santiago del Estero - Vía Campesina (MOCASE-VC) es uno de los actores centrales de esta resistencia. Su lucha no es nueva; durante décadas han enfrentado los desmontes para el avance de la frontera sojera y los desalojos a manos de empresarios y terratenientes. La amenaza minera es solo un nuevo capítulo de la misma batalla por el control del territorio.

Adolfo Farías, miembro del movimiento, explica que su reclamo va más allá de la propiedad privada. "Lo que se reclama es el territorio, tanto el de pastaje comunitario como el de vida. Tiene que ver con una cuestión cultural muy fuerte". Para estas comunidades, la tierra no es una mercancía, es el espacio donde se desarrolla su cultura, su economía de subsistencia y su identidad. La minería a cielo abierto no solo contamina el agua, sino que destruye este tejido social y cultural.

La memoria histórica juega un papel crucial. Farías recuerda que en la zona de Ojo de Agua, hace décadas, experimentos mineros dejaron un saldo de muertes y enfermedades. "Varios compañeros murieron por causa de eso, y otros están en sillas de ruedas". Ese pasado traumático alimenta la desconfianza actual y refuerza la determinación de no permitir que la historia se repita.

La Red de Solidaridad y la Falta de "Contrato Social"

La lucha de Jasimampa no está aislada. Se enmarca en un movimiento nacional y latinoamericano de resistencia contra la megaminería. El lema "El Famatina no se toca", que nació en La Rioja y logró frenar un proyecto de la misma Barrick Gold, se convirtió en un símbolo de que la "licencia social" es tan importante como la licencia gubernamental.

Alejandro Romero, el ambientalista citado en uno de los textos, lo expresa claramente: "La mega-minería no tiene contrato social para actuar en La Rioja y por las movilizaciones de Santiago del Estero tampoco". Este concepto de "contrato social" o "licencia social" es fundamental. Sostiene que, aunque un gobierno autorice un proyecto, si la comunidad local lo rechaza de manera masiva y sostenida, el proyecto carece de legitimidad para operar.

En Santiago del Estero, esta resistencia se ha manifestado de múltiples formas:

* Acción directa: Ocupando instalaciones y oponiéndose físicamente al avance de las maquinarias.

* Organización comunitaria: Realizando reuniones entre vecinos para compartir información y coordinar acciones.

* Alianzas estratégicas: Articulando con otras organizaciones como la Asamblea Socio Ambiental de Catamarca, la Pastoral Social, radios comunitarias y equipos de derechos humanos.

* Disputa ideológica: Confrontando el discurso pro-minero en los espacios públicos, como las escuelas, y denunciando la persecución policial a los jóvenes activistas.

Este entramado de resistencia es la principal barrera que ha impedido, hasta ahora, que la explotación avance a gran escala. Es una lucha asimétrica, de David contra Goliat, donde la fuerza no reside en el poder económico o político, sino en la unidad, la convicción y el profundo arraigo al territorio.

El Dilema del Desarrollo: ¿Turismo Sostenible o Saqueo Subvencionado?

En medio del conflicto, surgen voces que proponen un modelo de desarrollo alternativo. Un empresario local, cuyo nombre no se especifica en los textos, intenta impulsar un emprendimiento turístico en Villa Quebrachos, un pueblo fundado alrededor de 1850 que hoy está casi deshabitado pero rodeado de un monte de enorme riqueza en biodiversidad.

Su argumento es simple y contundente: "El turismo es plata que queda aquí, mientras que la mega-minería lo único que deja es destrucción, contaminación y prácticamente nada de dinero". Esta afirmación toca un punto neurálgico del debate minero en Argentina: el marco legal. Las leyes de la década de 1990, conocidas como las "leyes Gioja-Menem" (en referencia al entonces secretario de Minería y al presidente), crearon un régimen de promoción de inversiones extremadamente favorable para las corporaciones. Este régimen incluye beneficios como la estabilidad fiscal por 30 años, la exención de numerosos impuestos, un tope a las regalías provinciales del 3% sobre el valor "boca de mina" (un valor muy inferior al del mercado final) y la devolución del IVA.

En la práctica, esto significa que las empresas se llevan la mayor parte de la ganancia, mientras que las provincias y las comunidades locales asumen la totalidad de los costos ambientales y sociales. El empresario turístico lo resume así: la minería está "subvencionada" por el Estado para saquear los recursos, mientras que su proyecto, que busca preservar el entorno y generar un ingreso que se reinvierta localmente, no recibe el mismo apoyo. "No tengo la misma suerte que las mineras", lamenta.

Esta dicotomía plantea la pregunta fundamental sobre el modelo de desarrollo que se quiere para la región y para el país. ¿Se optará por un modelo extractivista de corto plazo, que genera ganancias concentradas y pasivos ambientales permanentes? ¿O se apostará por alternativas sostenibles que valoren el patrimonio natural y cultural, generando un desarrollo más equitativo y a largo plazo?

La propuesta turística no es una solución mágica, pero representa una visión del territorio radicalmente opuesta a la de la minería: una visión donde el valor no reside en lo que se puede extraer y destruir, sino en lo que se puede preservar y compartir.

Cierre Reflexivo: Un Espejo del Futuro

El conflicto de Jasimampa, Ojo de Agua y Sumampa es mucho más que una disputa local. Es un microcosmos que refleja las tensiones más profundas del siglo XXI. Es la lucha entre el Norte global, ávido de materias primas para sostener su modelo tecnológico, y el Sur global, cuyos territorios y comunidades pagan el costo de ese modelo. Es la confrontación entre una visión del "progreso" basada en la extracción ilimitada y una concepción del "buen vivir" anclada en el equilibrio con el entorno.

La historia de los pobladores que se defienden con huevos, de los campesinos que reclaman el territorio como espacio de vida, y del empresario que sueña con un turismo que preserve la belleza del monte, nos interpela a todos. Nos obliga a preguntarnos de dónde vienen los minerales que hacen funcionar nuestros dispositivos, qué costo humano y ambiental tienen, y si estamos dispuestos a aceptar que el bienestar de unos se construya sobre el sacrificio de otros.

Hasta noviembre de 2023, la resistencia en Santiago del Estero había logrado contener el avance a gran escala. Pero la presión no ha cesado. Los precios de las tierras raras y el niobio siguen en alza, y la demanda estratégica es cada vez mayor. El yacimiento de Jasimampa sigue ahí, latente, como una promesa de riqueza para unos y una amenaza de destrucción para otros.

La guerra silenciosa que se libra en el monte santiagueño no ha terminado. Es una batalla por el agua, por la tierra, por la memoria y, en última instancia, por el derecho a decidir el propio futuro. El resultado de esta lucha, en un rincón olvidado de Argentina, podría ser un espejo de lo que nos espera como sociedad global.

 

Fuentes citadas y consultadas para la elaboración de este artículo:

Este relato se construyó con voces reales:

* Las palabras de Adolfo Farías y las comunidades de MOCASE-VC, recogidas por el Observatorio de Conflictos por los Recursos Naturales (OCRN) y Acción por la Biodiversidad (26 de octubre de 2011).

* Testimonios de vecinos de Sumampa y Ojo de Agua, publicados originalmente por ADIN Santiago.

* Documentos de la Dirección de Minería de Santiago del Estero sobre el proyecto “Bolland VI”.

* Denuncias de la Pastoral Social del Obispado de Santiago del Estero y la Red de Radios Comunitarias.

* Contexto histórico y legal basado en la Ley 24.196 (Ley de Promoción Minera, conocida como “Gioja-Menem”).

Este artículo no pretende ser neutral. Pretende ser humano.

Sixto Palavecino: El público espera el "Long Play" que grabaré para R.C.A Víctor

Escribe Polo Serrano

 


Con el deseo de llevar en forma variada los reportajes de nuestros valores, entreviste a Sixto Palavecino, decir este nombre, es pronunciar dos palabras que mejor se ubican dentro del panorama folklórico y en el cariño popular.

Me trasladé al domicilio de este artista en el Jeep del diario La Hora y fui recibido por Haidee, hija mayor de don Sixto.

Este salió a mi encuentro con Carmencita hija menor y expreso:

Lo esperaba Polo, pues A. Salomón difusor de la RCA Víctor me había anunciado su visita.

De esa manera tan simple fui recibido por este valor del folklore, la misma forma directa con que “habla” en sus canciones a todos los públicos y que no está basada en ningún secreto que no sea su forma de ser.

-Yo nací en Salavina hace 49 años y desde mis años de chango aprendí a tocar de oído el violín y luego la guitarra.

-¿Cuándo comenzó a tocar el bandoneón?

-Un conjunto folklórico visito mi pago y me entusiasmo ese instrumento, cuando lo vi tocar a uno de los integrantes de esa orquesta y de inmediato compré y volqué mi vocación musical en el bandoneón que muchas satisfacciones me dio.

-¿Cuándo comenzó a actuar en nuestra ciudad?

-En el año 1962 decidí venir con mi familia a Ciudad Capital y de inmediato comencé a actuar, pues el conjunto estaba integrado por mis hijos, Rubén, Haideee y Carmencita, y siempre tenemos el repertorio bien ensayado, sobre todo que no tengo problemas de incumplimiento por parte de los músicos, muy vulgar en nuestro medio, pues todos vivimos juntos.

-¿Sus hijos aparte de ser músicos desarrollan otras actividades?

-Por supuesto, Rubén que tiene 21 años es Maestro mayor de obras, Haidee de 19 años estudia magisterio y Carmencita, la menor está terminando sus estudios primarios. A veces eso me impide poder desarrollar una actividad más amplia, pues tengo muchas propuestas para recorrer el país, planes que dejare para las vacaciones escolares.

-Según me informo A. Salomón que usted había grabado un Long Play y otro disco simple.

-Es verdad, grave un total de 15 piezas que fueron realizadas en el mismo día ante la admiración de técnicos y director artístico del sello grabador, pues generalmente esa cantidad se graba en 2 o 3 días.

-¿Podría nombrarme alguna de las composiciones que grabo?

-Con mucho gusto, “Historia de un sufrido” (chacarera), que nos habla de las penurias que paso Palito Ortega antes de llegar al estrellato. “El astro de Santiago” (chacarera) que narra el recibimiento que le tributo el pueblo santiagueño cuando Leo Dan nos visitó por primera vez después de triunfar.

-¿Por qué no los titulo entonces con el nombre de los astros?

-Ese fue mi propósito, pero cuando fui en la SADAIC, me exigían una autorización escrita de los astros referidos, lo que hubiera resultado imposible localizarlos por los múltiples compromisos que tienen.

-¿Qué otros títulos grabo?

-Fiel Compañera (chacarera); Para mi bombo leguero (chacarera); Carbonerito santiagueño (bailecito); Así es mi gato (gato).

-¿En la capital Federal que actuaciones realizo?

-En radio Splendid en una audición que hable en quichua y luego yo mismo hice la traducción. Mis hijos cantaron en quichua y fueron muy aplaudidos. También nos presentamos en Radio Argentina, Radio Libertad y Canal 9 de TV y en lugares de espectáculos y en peñas folklóricas.

-¿Qué planes tiene para el futuro?

-Como le decía espero que termine el año escolar para poder cumplir compromisos en Bs As, ahora aquí actuamos los fines de semana en peñas folklóricas y pronto haremos radio, también para la fiesta del Señor de Mailin cumpliremos un compromiso en esa localidad.

-Quiere agregar algo las para terminar este reportaje?

-Sí, agradecer al público en general, a los colegas que cuando supieron de mi grabación del Long Play se interesaron por saber cuándo sale a la venta pata adquirirlo.

Nota publicada originalmente en la edición del día Sábado 15 de mayo de 1965 en el Diario La Hora de Sgo del Estero.


jueves, 26 de marzo de 2026

El Petit Palais: La Historia de un Cine que Sobrevivió a las Llamas, a los Años y a la Memoria Olvidada

En una esquina de Santiago del Estero, donde el tiempo parece detenerse, aún se alza un edificio que fue testigo de la primera magia del séptimo arte en el norte argentino. El Petit Palais no fue solo un cine: fue un escenario de amor, música, incendios, reinicios y leyendas. Hoy, con una placa conmemorativa que lo devuelve a la memoria colectiva, su historia vuelve a proyectarse —no en pantalla, sino en las palabras de quienes la vivieron, la recordaron y la cuidaron como un tesoro familiar. Este es el relato de un lugar que nació con un águila de piedra, se quemó con el celuloide y resurgió con el estilo Art Deco… y que hoy, más que nunca, reclama su lugar en la historia cultural de Argentina.

 “Las cosas no mueren si las recordamos.” - Leonardo “Nano” Gigli -




En una esquina de Santiago del Estero, donde el tiempo parece detenerse, aún se alza un edificio que fue testigo de la primera magia del séptimo arte en el norte argentino. El Petit Palais no fue solo un cine: fue un escenario de amor, música, incendios, reinicios y leyendas. Hoy, con una placa conmemorativa que lo devuelve a la memoria colectiva, su historia vuelve a proyectarse —no en pantalla, sino en las palabras de quienes la vivieron, la recordaron y la cuidaron como un tesoro familiar. Este es el relato de un lugar que nació con un águila de piedra, se quemó con el celuloide y resurgió con el estilo Art Deco… y que hoy, más que nunca, reclama su lugar en la historia cultural de Argentina.

La primera vez que Leonardo “Nano” Gigli enciende el grabador, no está contando una historia. Está abriendo una puerta. Una puerta que da a un mundo de pianos que lloran con las películas mudas, de proyectores que arden con el celuloide, de confiterías donde los billares son testigos de amor y de un águila de piedra que, en realidad, era un cóndor.

Nano no es un historiador. Es un narrador. Un artesano de recuerdos. Un heredero de historias que su padre, don Vicente, le dejó como legado —y que él, con la gracia de quien sabe que el pasado no es polvo, sino música, lo convierte en escena viva.

Y si hoy, en diciembre de 2025, la “Madre de Ciudades” ilumina su historia con una placa conmemorativa en la fachada del antiguo Petit Palais, es porque alguien como Nano —y como los Mazure, los Renzi, los Cinquegrani, los Oshiro— decidió que esta historia no podía quedar en el olvido. Que el cine no es solo entretenimiento, sino memoria. Que una sala de proyección puede ser un templo. Y que una placa, aunque pequeña, puede encender una luz que lleva cien años apagada.

Capítulo I: El Águila que No Era Águila — Y el Hombre que la Puso en Escena

Todo comenzó con un francés. Paul Mazure. Un hombre de mirada inquieta, que llegó a Santiago del Estero a principios del siglo XX con una idea: no solo vender dulces, sino vender sueños.

En la esquina de Avellaneda y 24 de Septiembre, instaló la Confitería El Águila —un nombre que, según Nano Gigli, era más poético que exacto:

“En realidad, era un cóndor”, ríe. “Pero a la gente le gustaba decir ‘águila’, porque sonaba más elegante. Y el cóndor, bueno… era más santiagueño, pero menos glamoroso”.

Ese cóndor de piedra —hoy, sobre un pedestal en la placita Lugones, frente a la Iglesia San Francisco— no era solo un adorno. Era un símbolo. Un anuncio de que allí, en ese rincón de la ciudad, se estaba gestando algo más que un negocio: se estaba creando un espacio de encuentro, de arte, de espectáculo.

Dentro de la confitería, había billares, mesas en el exterior, una barra… y, en el fondo, un escenario. Un escenario donde, en los años 10, actuaban orquestas pequeñas, cantantes, músicos que daban vida a las noches santiagueñas.

Pero Mazure no se conformó con eso. En 1917 —o tal vez 1910, o 1915, como recuerda Nano, porque “la memoria no es un reloj, es un río”—, abrió el Petit Palais. El primer cine de Santiago del Estero.

 





Un cine que, como su confitería, era un espacio de lujo, de elegancia, de magia. Un lugar donde, en blanco y negro, sin sonido, se proyectaban películas que, gracias a un piano o a una pequeña orquesta, cobraban vida.

Y aquí es donde entra la música. Porque en el Petit Palais, el cine no era solo imagen. Era sonido. Era emoción. Y la emoción la ponía un violinista llamado “Pedrito” Cinquegrani, y una pianista llamada Marica Balzaretti. Dos músicos que, según Nano, se enamoraron en el escenario del Petit Palais —y que luego se casaron.

“Era como una película de amor”, dice, con esa sonrisa que solo tienen los que saben que la historia no es solo hechos, sino sentimientos.

Capítulo II: El Cine que Se Quemó — Y que Resurgió de sus Cenizas

Pero la historia del Petit Palais no es solo de amor y música. Es también de fuego. De tragedia. De resurrección.

En 1937 —o 1938, según las fuentes—, un incendio consumió el cine. No fue un incendio cualquiera. Fue un incendio que se alimentó del celuloide, ese material inflamable que, en los primeros años del cine, era tan peligroso como mágico.

 “Las películas eran de celuloide”, explica Nano, “y con un poco de calor, se quemaban y producían llamas. Por eso había muchos incendios en los cines”.

Y el Petit Palais no fue la excepción.

El incendio ocurrió en la madrugada del 11 de octubre de 1937. Un policía, alertado por las llamas y el humo, dio la alarma. Pero los bomberos, con sus mangueras llenas de perforaciones, no pudieron hacer mucho. El fuego se propagó con rapidez, devorando todo: las estructuras internas, las puertas, los cristales.

Y cuando las llamas cedieron, a las ocho de la mañana, lo único que quedaba era ceniza. Ceniza de un cine, de una confitería, de una historia.

 


Pero la historia no terminó ahí. Porque, como en las mejores películas, el Petit Palais resurgió. En diciembre de 1938, apenas un año después del incendio, el cine reabrió sus puertas. Pero no era el mismo. Había cambiado. Se había modernizado. El arquitecto Aníbal Oberlander y el productor Remo Staffolani lo habían reconstruido en estilo Art Deco —un estilo que, en aquel entonces, era sinónimo de modernidad, de elegancia, de futuro.

La nueva fachada era imponente. Dos escudos con liras en los laterales, un mascarón ornamental en el centro, columnas con bajorrelieves de instrumentos musicales, frisos y dentículos de orden corintio.

Y, en el interior, una sala con 900 butacas Pullman, un sistema moderno de refrigeración, mejoras acústicas… todo para ofrecer una experiencia cinematográfica de vanguardia.

Capítulo III: El Cine que Dio Origen a Otros Cines — Y que se Convirtió en un Faro Cultural

Pero el Petit Palais no fue solo un cine. Fue un faro. Un faro que iluminó el camino para otros cines en Santiago del Estero. Y que, gracias a su éxito, convirtió a la ciudad en un centro cultural del norte argentino.

En los años 20 y 30, Santiago del Estero se llenó de cines. El Splendid, en el Teatro 25 de Mayo; el Capitol, en la esquina de 9 de Julio y 25 de Mayo; el Renzi, en Yrigoyen; y, en verano, películas se proyectaban incluso en el Parque de Grandes Espectáculos. Pero el Petit Palais seguía siendo el rey. El cine más grande, el más moderno, el más elegante.

Y no solo por su arquitectura. También por su programación. Las películas que se proyectaban en el Petit Palais eran de las mejores distribuidoras de la época: Max Gluschamann, Foxx Film, Nueva York Film, Exchange. Y, además, se proyectaban noticieros en forma de cortometrajes documentales, capturados por el italiano Vicente Gigli —el padre de Nano—, que era prácticamente el único en el norte argentino que tenía una colección de filmes que registraban los sucesos sociales, políticos y religiosos de la época.

Pero, quizás, el momento más memorable en la historia del Petit Palais fue en mayo de 1919. Porque en esos días, el dúo Gardel-Razzano —acompañado por su guitarrista José Ricardo— se presentó en el cine. Fueron tres noches consecutivas: los días 16, 17 y 18 de mayo. Una actuación triunfal. Tanto, que se repitió durante tres días consecutivos. Y, para cerrar la noche, se proyectaban películas mudas protagonizadas por el actor William Russell.

 



Esa actuación fue tan importante, que en 1990 —71 años después—, se colocó una placa en el frente del Petit Palais, ofrecida por “Los Amigos del Tango”. Una placa que, aunque el cine ya no existe, sigue allí, como un recordatorio de que, en aquel lugar, una vez, se escuchó la voz de Gardel.

Capítulo IV: La Noche que Gardel Cantó en Santiago — Cuando la Historia se Volvió Teatro

Pero la historia del Petit Palais no terminó en 1919. Ni en 1938. Ni en 1980. Porque, como dice Nano, “las cosas no mueren si las recordamos”. Y en Santiago del Estero, alguien decidió que la historia de Gardel en el Petit Palais no podía quedar solo en una placa. Tenía que volver a la vida. En escena.

Así nació “La noche que Gardel cantó en Santiago”, una representación teatral creada por un grupo de actores y cantantes locales, inspirada en aquellos tres días de mayo de 1919. Con la pluma del actor y director teatral José “Machi” Kairuz, la historia se ficcionó, se tejió, se volvió emoción viva.

“A partir de ese hecho real —que nuestro mayor cantante nacional llegó a Santiago— ficcionamos una historia. Y la misma que contamos es la última noche de él en Santiago cantando, donde se entrecruza con una historia de amor prohibido con un final… que para saberlo tienen que venir a verlo”, evocó Kairuz en una entrevista con El Liberal.

La obra no solo revive la voz de Gardel. Revive el ambiente del Petit Palais. La música, la emoción, el olor a celuloide, el calor de la sala, la magia de una noche en la que el tango llegó a la “Madre de Ciudades” y se quedó en su alma. Y, como en el cine mudo, la música —ahora en vivo— vuelve a acompañar la historia. Pero esta vez, no con un piano. Con una orquesta. Con voces. Con pasión.

Y así, el Petit Palais no solo sigue vivo en la memoria. Sigue vivo en el escenario. En las voces de los actores. En las lágrimas del público. En la emoción de quienes, como Nano, saben que la historia no es solo hechos. Es sentimientos. Es música. Es amor.

Capítulo V: El Cine que se Vendió — Y que, Aunque Cerró, Nunca Murió

Pero, como toda buena historia, la del Petit Palais también tuvo un final. O, mejor dicho, varios finales.

En 1949, Carlos Mazure —el hijo de Paul— vendió la confitería El Águila y la propiedad al Sr. José Noguerol. Al año siguiente, el cine fue vendido a la Sociedad Inmobiliaria del Norte S.R.L., aunque la Compañía Cinematográfica del Norte S.A. de Tucumán continuó administrándolo. Y, en la década de los 80, el cine cerró sus puertas.

Pero, aunque cerró, no murió. Porque, como dice Nano, “las cosas no mueren si las recordamos”. Y la gente de Santiago del Estero lo recordó. Lo recordó en las historias que se contaban en las confiterías, en los recuerdos de los que habían ido a ver películas en su infancia, en las fotos que se guardaban en los álbumes de familia.

Y, ahora, en diciembre de 2025, con la colocación de una nueva placa conmemorativa, el Petit Palais vuelve a la vida. No como cine, sino como símbolo. Como memoria. Como historia.

 


Capítulo VI: El Cine que nos Enseña — Que la Cultura es Memoria

Y aquí es donde el Petit Palais deja de ser solo un edificio, y se convierte en una lección. Una lección sobre la importancia del cine en la vida de una sociedad. Porque el cine no es solo entretenimiento. Es memoria. Es historia. Es cultura.

En el Petit Palais, se proyectaron películas que, hoy, nos parecen antiguas. Pero, en su momento, eran la vanguardia. Eran el futuro. Y, al proyectarlas, el cine no solo entretenía, sino que también preservaba la memoria colectiva. Capturaba momentos que, de otra manera, podrían haberse perdido en el olvido.

Y no solo las películas. También los eventos sociales, políticos y religiosos de la época. Porque, como dice Nano, “el cine no es solo lo que se ve en la pantalla. Es lo que se vive fuera de ella”. Y en el Petit Palais, se vivió mucho. Se vivió amor, música, tragedia, resurrección. Se vivió historia.

Por eso, hoy, cuando recordamos el Petit Palais, no solo celebramos su esplendor arquitectónico, ni su importancia en la vida cultural de Santiago del Estero. También reflexionamos sobre la continuidad de la historia y la cultura a través del tiempo. Sobre cómo, a pesar de los desafíos, un cine puede sobrevivir. No físicamente, pero sí en la memoria. En las palabras. En las historias.

El Petit Palais no fue solo un cine. Fue un testigo. Un testigo de una época en la que el cine era magia, en la que una película muda podía hacer llorar a una sala entera, en la que un incendio podía destruir un edificio, pero no una historia.

Y hoy, con una placa conmemorativa que lo devuelve a la memoria colectiva, el Petit Palais vuelve a proyectarse. No en pantalla, sino en las palabras de quienes lo vivieron, lo recordaron, lo cuidaron. En las palabras de Nano Gigli, que, con su voz cálida y su memoria viva, nos recuerda que el pasado no es polvo, sino música. Que una sala de proyección puede ser un templo. Y que una placa, aunque pequeña, puede encender una luz que lleva cien años apagada.

Pero también vuelve a proyectarse en el escenario. En la obra “La noche que Gardel cantó en Santiago”, donde la historia se vuelve teatro, y el tango vuelve a sonar en la ciudad que lo recibió con los brazos abiertos. Porque, como dice Kairuz, la historia no termina. Se reinventa. Se canta. Se cuenta. Se vive.

Porque, al final, el cine no es solo entretenimiento. Es memoria. Es historia. Es cultura. Y el Petit Palais, aunque ya no proyecte películas, sigue siendo, más que nunca, un cine. Un cine que, en la memoria de quienes lo amaron, sigue proyectando historias. Historias que, como las películas de celuloide, pueden quemarse… pero que, como el espíritu del Petit Palais, nunca se apagan.

 

¿Querés saber más?

Visita la placita Lugones y busca el cóndor de piedra. Es el mismo que adornaba la Confitería El Águila.

Paseate por la calle 24 de Septiembre y mirá la fachada del antiguo Petit Palais. Aún se conserva.

Si tenés fotos, recuerdos o historias del Petit Palais, ¡compártelas con nosotros! Queremos seguir construyendo esta memoria colectiva.

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¡No te pierdas la obra teatral “La noche que Gardel cantó en Santiago”! Próximas funciones en el Centro Cultural Bicentenario. ¡Las entradas vuelan!

Fuentes:

* El Liberal (2025). “Hoy, 5 de diciembre, la ‘Madre de Ciudades’ iluminará su historia con el emotivo descubrimiento de una placa conmemorativa en el frente del antiguo cine Petit Palais”.

* El Liberal (2025). “La noche que Gardel cantó en Santiago: una obra teatral revive el mítico concierto de 1919”.

* Victor Hugo Sayago (2025). “16 de mayo de 1919, cuando el famoso dúo Gardel-Razzano hizo su entrada triunfal en el Petit Palais Mazure”.

* Leonardo “Nano” Gigli (entrevista personal, 2025).

* Liliana Mazure (bisnieta de Paul Mazure, 2025).

* Antonio Virgilio Castiglione (2025). “Historia del cine en Santiago del Estero”.

* Diario El Liberal (1937-1938). Informes sobre el incendio y la reconstrucción del Petit Palais.

* José “Machi” Kairuz (entrevista, 2025). Sobre la creación de la obra teatral “La noche que Gardel cantó en Santiago”.

Nota del Autor:

Este artículo fue escrito con la intención de rescatar, honrar y difundir la historia del Cine Petit Palais, un lugar que, aunque ya no proyecte películas, sigue siendo un símbolo de la cultura y la memoria de Santiago del Estero. Agradezco a Leonardo “Nano” Gigli, a Liliana Mazure, a José “Machi” Kairuz, y a todos los que, con sus recuerdos y sus historias, hicieron posible este relato. Porque, como dice Nano, “las cosas no mueren si las recordamos”. Y esta historia, hoy, está viva.

Tula Gómez, el caballero de la Plaza Libertad

Con su elegante traje y una rosa en el ojal, Dr. Mario “Tula” Gómez era un personaje inolvidable del microcentro santiagueño. Todas las tardes, desde los cafés frente a la Plaza Libertad, saludaba cortésmente a quienes pasaban, dejando tras de sí una estela de anécdotas y leyendas urbanas.




La figura de Mario “Tula” Gómez emergía cada tarde bajo la sombra de los ficus y los faroles antiguos de la plaza. Alto, delgado y siempre impecable, Tula caminaba con paso altivo entre las mesas de los cafés. Saludaba a las damas con una sonrisa amable y un piropo respetuoso, un ritual tan habitual como la salida del sol. Dicen que su porte elegante y la rosa en el ojal dejaban una fragancia de época: la de un tiempo en que la cortesía era un arte casi perdido.

De la política a los cafés del centro

Detrás de aquel personaje galante se escondía un hombre de buen pasar económico y trayectoria pública. En el primer gobierno peronista, Mario Tula Gómez fue Presidente de la Cámara de Diputados de la provincia. Más tarde, dejó la función legislativa para dirigir el Registro del Automotor, que curiosamente instaló en su propia casa, en la calle 24 de Septiembre al 400. Aquellos que lo conocieron aseguran que, pese a su estatus social, Tula era tan cercano como cualquier vecino de barrio: lo veías subir a su coche gris después de despachar algún trámite, o tomarse un mate en la vereda mientras leía el periódico. Su elegancia no opacaba su humanidad; al contrario, era la cara amable de la burocracia cotidiana.

El ingenio del piropo

No faltan las historias donde su humor fue protagonista. Una anécdota célebre narra que mientras esperaba su turno en la oficina, el doctor Tula entretenía a dos ingenieros explicándoles las mejores maneras de conquistar a una chica. Uno de ellos interrumpió divertido: “No se moleste con tantas explicaciones… mi amigo el ingeniero Fulano es muy amante de su mujer, hombre de iglesia y sumamente correcto”. Ante esta afirmación, Tula los miró con picardía y soltó: “¿Y usted? –Yo, ¿yo? ¡Soy maricón! –respondió con sorna al encontrarse con esa anécdota publicada en el diario local. Este relato da cuenta de su ingenio y de cómo rompía moldes con un humor franco y desinhibido.\

De hombre real a leyenda popular

El encanto de Tula traspasó la realidad cuando la música popular santiagueña lo inmortalizó en un vals. Compuesto por Miguel Brevetta Rodríguez y Tomás Lescano e interpretado por Alberto “Lechuga” Gerez, el tema “Tula Gómez” retrata su imagen con versos poéticos:

Las vecinas lo han visto pasar / con su trajinar altivo al doctor / dejando la fragancia ancestral / de su palpitar, de su bella flor…

El vals prosigue evocando el sombrero al viento y la rosa de equipaje que siempre llevaba consigo, símbolos de un linaje modesto pero orgulloso. En él se escucha una voz nostálgica que señala: “Tula Gómez, ¿quién te vio por esas calles pasar?”. Así, la canción convierte al personaje en una “estampa” que vive para siempre en el paisaje urbano.

Legado y memoria de un personaje popular

Años después, la figura de Tula Gómez sigue viva en la memoria de Santiago del Estero. Para algunos fue simplemente un hombre amable y divertido; para otros, un símbolo de un pasado donde lo cotidiano se teñía de folclore. Más allá de la anécdota o el vals, su historia invita a reflexionar sobre aquellos personajes que dan color al día a día de la ciudad. El Dr. Tula nos recuerda que detrás de cada calle empedrada hay héroes anónimos con historias para contar: hombres que con un saludo cortés o un verso improvisado tejieron la narrativa de una época. Así, caminando por la Plaza Libertad, es fácil imaginar su figura elegante, saludando, piropeando y dejando para quienes quieren escucharlo un mensaje poético escrito en cada flor de su ojal.

Tula Gómez, símbolo de elegancia y picardía

Una rosa en el ojal, un sombrero al viento y un piropo bajo la manga: así recorría Santiago del Estero el inolvidable Dr. Mario “Tula” Gómez. En pocas líneas revive la imagen de este personaje legendario del microcentro santiagueño.

¿Quién no lo ha visto alguna vez pasear por la Plaza Libertad con su porte altivo? Tula Gómez, de sonrisa fácil y traje impecable, encarnaba un estilo propio en las tardes santiagueñas. Fue diputado provincial en el primer gobierno peronista y, después, director del Registro del Automotor —¡desde su propia casa! —, pero fueron sus piropos corteses y su humor los que conquistaron corazones. Se cuenta que, en una sala de espera, al hablar de amores, soltó con sorna: “¿Y yo? ¡Soy maricón!”, arrancando risas.

Su fama llegó incluso a la música: un vals folclórico lo inmortaliza cantando su altivo caminar con sombrero y rosa. Décadas más tarde, Mario “Tula” Gómez vive en la memoria popular como un caballero pícaro que convertía cada saludo en un verso. Así, bajo la luna santiagueña, su leyenda sigue andando por las veredas, tan viva como siempre.

 

miércoles, 25 de marzo de 2026

En el 76 / Golpe Militar.

La copla de mi padre y la música de Sixto Palavecino. se alzan en lucha en los montes santiagueños. ¡Nace esta Chacarera contra el golpe militar!!! Gana el Festival de la tradición, Añatuya.

 


COPLAS DE UN CHANGO
 
Cuatro puntales
enramada proletaria,
techo de tierra.
Esa es la casa del pobre,
paredes lona arpillera.
 
Rotas sus ropas,
el frió golpeando entero
de una tapera.
Sale un chango taleoneando
toda sus carnes afuera.
 
Panes de cuando
cuervos volando su presa,
filos que ciegan.
Van desgajando tristezas,
hacha con hambre cuatrera.
 
Yo... los he visto,
bañarse en llantos
pobres changos.
Desparramarse la cruz,
besarse las manos.
 
Dardo del valle Gómez / Sixto Palavecino,

La canción gana el festival de la canción inédita, ambos son abucheados y tildados de zurdos, revolucionarios, los propios reaccionaban al miedo producido de aquella época.

Don Sixto y mi Padre se tiene que ir de urgencia por los montes.

CULTURA Y PROCESO MILITAR

Mi padre y Sixto comienzan a ser observado por los militares que en el caso de mi padre los seguían permanentemente, a sol y sombra. De Cultura a mi casa siempre nos seguía un soldado.

Cuando mi Padre izaba la bandera Argentina en la puerta de cultura en la calle 25 de mayo, en la esquina otro militar observaba cada tarde lo que hacia mi padre.

Mi padre me decía... "No tengas miedo, camina. Y caminábamos hasta Villa Constatina, frente las vías del ferrocarril, yo tenía 6 años.

Así la cultura fue su causa, la copla parda su vos, y su forma de militancia para enfrentar con coplas esos tiempos de muertes injustas, asesinatos, torturas, de silenciamiento y exilio de sus amigos como Mercedes sosa, Horacio Guarany, o la Muerte de su mejor amigo Jorge Cafrune.

Dardo del Valle Gomez (h).

Historias del Proceso Militar