martes, 27 de octubre de 2026

La experiencia de la navegación del Río Salado

 


 

Una de las aventuras más impactantes para la transformación de la región se dio en estas tierras y en esto, aparece el proyecto de la “Navegación del Salado”.

La decisión de Justo José de Urquiza, en el año 1852, que autorizó la libre navegabilidad de los ríos interiores, (precisamente uno de los conflictos que tenía con Rosas) desencadenó el sueño de muchos dirigentes del norte argentino, especialmente de Santiago, Salta y Santa Fe, de buscar una salida navegable del río Juramento o Salado a través del río Paraná, hacia el puerto de Buenos aires.

Ya en esos momentos, los dirigentes tenían en claro que el poder residía en Buenos Aires con la importación y exportación de productos, allí funcionaba la Aduana. Además, había un interés económico por el algodón desde Estados Unidos, ya que se país estaba sufriendo las consecuencias de su guerra interna entre las colonias. 

La experiencia de la navegación, se puso en marcha en los años siguientes con la presencia del oficial de marina norteamericana Thomas J. Page, que con la colaboración económica de los comerciantes Esteban y Rupert Rams y Cia, más el apoyo militar del Gral. Antonino Taboada, empezaron a realizar navegaciones de pruebas desde Villa Matará.

Había muchas dificultades, desde la profundidad del río, las condiciones inapropiadas del barco, los árboles en el medio del río, entre otros. Pero por fin se cumplió el recorrido el 2 de junio de 1856. La noticia llegó al Gobierno Nacional quien obsequió al Gral. Taboada una medalla de oro por tan valiosa gesta. Lamentablemente todo este proyecto quedó en la nada en los años posteriores. Como también en los años siguientes, la frustrada navegación del Bermejo. Todos estos impulsos, como una manera de sacar al interior de su letargo y como una respuesta positiva a lo que significaba el federalismo.

A modo de información y de anécdota de todo esto, señalo que la localidad de Icaño, por ejemplo, antes de tener ese nombre, se llamaba Esteban Rams, y los pobladores del norte de Santa Fe, en agradecimiento a este comerciante impusieron su nombre, en agradecimiento por sus avances en aras del progreso. La pequeña localidad de Esteban Rams, hoy de unos 500 habitantes, reconoce en este español, a uno de sus precursores. 

Descubrir nuevas verdades 

Hay mucho por hacer en este sentido, como también el de seguir realizando investigaciones de capillas, cementerios olvidados, asentamientos aborígenes, que están diseminadas en todo el territorio provincial.

Por otro lado, hay que pensar que en términos de descubrir verdades, todo no está dicho, este es el desafío, para cualquier escuela del interior, habrá que buscar una buena motivación para que se lancen a un trabajo de rescatar nuestro patrimonio, y esa motivación debe venir desde una nueva perspectiva de la educación provincial, que tiene que ver con los regionalismos, será una buena forma de enriquecernos y mostrar una sana competencia de acciones concretas en la investigación.

Es necesario ir dejando testimonio de todo lo que va apareciendo, carteles, monolitos, etc. y pongo como ejemplo el caso de Pitambalá, un asentamiento aborígen, teatro de una de las batallas más sangrientas de nuestra historia, la que dio comienzo el proceso de la Autonomía en Santiago del Estero.

Treinta muertos, ochenta heridos. En diciembre se cumplen 200 años de esa gesta heroica, olvidada. La circunstancia, debería servir como un hecho educativo trascendente, para ejemplo de las generaciones actuales y futuras, entender que la Patria es sacrificio y lucha. Es el momento del estudio, de preparar para honrar a nuestros héroes.

Hay mucho por hacer, y como lo dijo el Dr. Raúl Jorge Lima, en el prólogo del libro, Paseando por el Camino Real, todo es de “de final abierto”.

Reivindicación de la zona

En septiembre del 2013, con la ley 7.131 se declaró a Villa Matará, Pueblo Histórico de la Provincia de Santiago. Del Estero. En julio del 2015, el Congreso de la Nación, con la intervención unánime de los diputados nacionales por Santiago, sacó una resolución donde se declara de interés cultural esta temática, de rescatar la historia de los pueblos antiguos.

En esa misma línea de trabajo, la Cámara de Diputados de la Provincia, en el mes de octubre de 2015, aprueba la ley 7.181, que declara a Villa Robles como “Pueblo Histórico”.

Con el mismo criterio y con la participación de muchos diputados y comisionados municipales, el 7 de junio de 2016, se sacó la Ley 7190, por la que se declara “Región Histórica”, el margen izquierdo del río Dulce, en el espacio comprendido entre las localidades de La Bajada (Banda) hasta Pitambalá (San Martín). yo

Raúl Jorge Castillo

El autor de “Los pueblos antes de las vías” recurrió al trabajo realizado por historiadores y también de estadísticas. Tal es el caso del antropólogo José Togo, en un trabajo auspiciado por la Unse, “Santiago del Estero una mirada ambiental”, manifiesta en el Capítulo de Asentamientos Humanos, donde indica que “… sobre los cursos de los ríos Dulce y Salado, se ha desarrollado gran parte de la historia humana provincial, que tiene una antigüedad de mayor a los 8.000 años…”.

Allí también señala también que “solo en sus márgenes pudieron haber prosperado poblaciones sedentarias de agricultores”.

También, recurra al libro “Matará” de la Dra. Amalia Gramajo y Hugo Martínez Moreno. También el historiador Raúl Bazán, en su comentario preliminar de la Historia de Santiago del Estero, de Antonio V. Castiglione; y “La Industria en Santiago del Estero”, obra de la Dra. María Mercedes Tenti de Laitán.

Sus últimos trabajos “Los pueblos antes de las vías” y “Paseando por el Camino Real” fueron declarados de interés cultural por votación unánime en la Cámara de Diputados de la Nación.

Fuente: El Liberal

 

Pedro San Germes y el Ingenio Contreras

Según La Memoria Descriptiva De Santiago Del Estero De Alejandro Gancedo (1885) 




Por María Mercedes Tenti

Según Gancedo, Pedro San Germes, fue quien más tuvo cuadras de alfalfa sembradas hacia 1885, en Santiago del Estero (tres años antes recibiendo a invernadas en su finca de Contreras). Con 100 cuadras de este forraje mantenían anualmente mil cabezas de ganado mayor.

En 1876 San Germes comenzó a plantar 80 surcos de 7 varas de caña de azúcar, traídas de Tucumán, con el propósito de iniciar la fabricación de azúcar en la provincia. Para el efecto, al fuerte capital con que contaba, aumentó la suma de 40.000 pesos bolivianos, resultado de la venta de un molino harinero a vapor.

San Germes era un empresario de origen francés, muy emprendedor, que había ensayado anteriormente en la provincia cultivos de tabaco y sorgo, además de fabricar harina.

El Ingenio Contreras de Pedro San Germes era imponente. El edificio de las máquinas ocupaba una superficie de 3.737 metros cuadrados. Constaba de dos trapiches movidos a vapor, que podían moler 400.000 kilos de caña en un día. Dieciocho centrifugadoras completaban el trabajo, que llegaba a producir más de dos mil arrobas de azúcar, diariamente. En el Establecimiento se carneaban cinco y seis animales al día, en época de la cosecha, para más de 1000 peones.

La propiedad de San Germes se hallaba situada a 7 kilómetros al Sur de la ciudad de Santiago del Estero, su superficie era de 800 cuadras de un terreno llano y de fácil irrigación. La plantación de caña de azúcar ocupaba una extensión de más de seiscientas hectáreas. 100 cuadras de la misma propiedad estaban ocupadas por alfalfa, destinadas al mantenimiento del ganado del establecimiento (vacuno, yeguarizo, mular). El resto del terreno estaba ocupado por bosques de algarrobos y quebrachos que proporcionaban la cantidad de leña suficiente y en parte la madera para carros y otros usos de carpintería que se confeccionaban en el establecimiento. Un canal de gran capacidad que partían del río Dulce conducía el agua para el riego de los cultivos.

En el centro de la plantación de caña se encontraba el edificio que contenía las máquinas para la elaboración de azúcar y aguardiente y las habitaciones para los administradores y empleados. El edificio de la maquinaria ocupaba una superficie de tres hectáreas de terreno, dividida en cuatro cuerpos. En la fachada principal había tres cuerpos de cuatrocientos metros cuadrados; uno de ellos servía de depósito, otro de taller a vapor, para refaccionar y fabricar todo lo que se necesita en el establecimiento y el tercero para la Dirección. A los dos costados se encontraban más de cuarenta habitaciones, ocupadas por empleados, administradores, despensas, etc.

Las máquinas y aparatos que servían para la fabricación de azúcar y aguardiente habían sido construidos en los talleres de la Compañía francesa Fives Lille. El azúcar se fabricaba en dos trapiches que extraían el jugo de 50 mil arrobas de caña cada veinticuatro horas y producían alrededor de 350,000 litros de jugo, los que daban 2500 a 3000 arrobas de azúcar. Diez defecadores recibían por medio de una bomba los jugos, a medida que los trapiches los producían. Los jugos se vaciaban en un canal de hierro que los distribuían en 16 filtros que contenían cada uno veinte hectolitros de negro animal. A medida que salían de los filtros eran recibidos en dos aparatos que producían la evaporación. Concentrados los jugos eran nuevamente filtrados y purificados. 

La última concentración y cristalización se hacía también en el vacío, por medio de dos aparatos llamados tachos al vacío, que contenían 140 hectolitros de masa concentrada y cristalizada. Otros dieciocho aparatos a fuerza centrífuga separaban los cristales de las mieles. Las mieles que se escapaban de estos aparatos volvían al tacho al vacío, para recibir un nuevo cocimiento, terminado el cual se depositan en 600 cristalizadores o bateas de hierro, donde se operaba la cristalización del azúcar de segunda clase. La cristalización del azúcar de tercera clase se efectuaba en 30 depósitos de hierro de 100 hectolitros de contenido cada uno, o sean 3000 hectolitros de depósito.

Las mieles que sobraban de estas tres operaciones, es decir, las que ya no contenían azúcar cristalizable, eran depositadas en cuatro calicantos subterráneos de una capacidad de 600 hectolitros, de las que se preparaba el aguardiente. La elaboración se hacía por medio de alambiques y rectificadores. Todos los aparatos de destilería se hallaban situados en una de las extremidades del primer cuerpo del edificio, separados de los demás aparatos para la producción del azúcar, por una pared. En este Departamento había 18 toneladas, cuya capacidad era de 150 hectolitros cada uno, en los que se efectuaba la fermentación de las mieles.

Los alambiques daban, cada 24 horas, 60 hectolitros de aguardiente. Dos rectificadores lo recibían y producían alcohol (3700 litros cada 24 horas).

El carbón de huesos o animal negro, que servía para la refinación del azúcar, se fabricaba en el mismo establecimiento. La revivificación del carbón se hacía en dos hornos -de 80 hectolitros— 16 calicantos para la fermentación y todos los demás aparatos necesarios, movidos por su correspondiente máquina a vapor.

La fuerza motriz que necesitaban las distintas operaciones de la fabricación de azúcar, aguardiente etc., estaban representadas por 13 máquinas a vapor. Toda la fábrica estaba alumbrada por luz eléctrica producida por maquinaria de propiedad del establecimiento. Un teléfono estaba en comunicación la administración con la casa de San Gérmes en la ciudad.

El poder de la maquinaria no se limitaba a moler las 250 cuadras de caña que producía el establecimiento, sino que siempre se aumentaba con la de otros plantadores cercanos a quienes se les compraba la producción. La compañía contaba con 60 carros de 2 ruedas y 6 de 4 ruedas, que podían cargar juntos 4800 arrobas; 600 mulas y 200 bueyes.

La Industria, órgano del Centro Industrial de Buenos Aires, núm. 35, septiembre de 1880, decía:

“Azúcar de Santiago: La muestra de este producto, elaborada en el Ingenio de los señores San Gérmes hermanos y que hace algunos días está expuesta en el local de nuestra asociación, remitida por el senador señor don- Gregorio Santillán, ha causado una agradable sorpresa a los inteligentes que la han examinado.

Los primeros visitantes han ocurrido, en la creencia de encontrar un artículo semejante al que ya conocemos como producto de las provincias, pero su vista arrancaba exclamaciones que hubieran causado verdadera satisfacción al industrial que la elaboración. Entrando después a un examen detenido de sus condiciones, las opiniones de las numerosas personas que la han examinado. Están de acuerdo en que aun cuando no tiene el brillo de la azúcar francesa y americana, su blancura, calidad y pureza, la colocación en situación favorable para establecer una competencia de ventajosa sobre ellas.

Su sabor es muy agradable ya pesar de la consistencia del pan o terrones, se presta fácilmente a la disolución, sin dejar el más mínimo residuo de impurezas o materias extrañas a su composición.

Tales son en resumen las unánimes opiniones de los visitantes que concurren allí diariamente, siendo cada uno de ellos un entusiasta propagador de las condiciones de este excelente producto, que atrae a otros nuevos interesados ​​en su examen; Sería necesaria una gran producción para llenar el número de pedidos. Según el experimento que hemos hecho, calculamos que su fuerza de endulzar está en una proporción de un 20 por ciento más o menos sobre la mejor que nos viene del Exterior ” .

Respecto de Pedro San Germes, Gancedo opinaba:

El industrial que nos ocupa, fue en sus primeros años pobre de dinero y hoy lo tenemos rico, en sentido moral y material. Hacia 1864/1865 pisó por vez primera el suelo argentino. Sin horizontes en su país, Francia, se dirige a la Argentina. A su llegada se desarrollaron en Rosario ganando un sueldo mensual de veinticinco pesos.

Luego empezó entre Córdoba, Tucumán y Santiago a hacer sus primeros negocios con éxito. Establecido en Santiago del Estero se hizo propietario del primer molino harinero a vapor que vendió luego a los señores Silva y Beltrán, y del terreno “Contreras”, el que destinó al principio para invernadas de ganado. Luego se dedicó al cultivo de la caña de azúcar y, ayudado por una ley que exoneraba de impuestos por quince años al establecimiento azucarero que se establecía, se resolvió llevar a cabo, y en el año siguiente funcionaba ya con éxito.

El día de la inauguración de la maquinaria del ingenio Contreras, (1879), con la presencia de numeroso público, la banda de música y los silbatos de las máquinas a vapor, se pronunciaron notables discursos.

A principios del año 1880 Saint Gérmes practicó un ensayo del que obtuvo muy buenos resultados en la fabricación del extracto de quebracho (tanino). También fue propietario del primer molino harinero a vapor. La harina elaborada en ese molino obtuvo el primer premio en la Exposición de París y en otras. En 1878 fue vendido a Silva y Beltrán. Tenía un cómodo edificio con todas las habitaciones necesarias para los empleados, depósitos de trigo, harina y talleres de carpintería y herrería, etc.

Fuente: historiacriticammt.blogspot.com.ar

 


Halloween y las Alumbradas de Santiago del Estero: dos formas de recordar a los muertos

Aunque Halloween y las Alumbradas comparten algunas imágenes vinculadas con la muerte, la oscuridad y el mundo de los espíritus, sus historias y sus sentidos culturales son diferentes. En Santiago del Estero, la costumbre de reunirse en los cementerios durante el Día de los Fieles Difuntos ha conservado una manera particular de mantener vivo el vínculo con quienes han muerto.



Una noche para volver al cementerio

Al caer la tarde del 1 de noviembre, en distintos pueblos de Santiago del Estero, las familias han comenzado a llegar a los cementerios con velas, flores, sillas y algo para compartir. Algunas han viajado desde otras localidades; otras han regresado desde ciudades lejanas para visitar las tumbas de sus familiares. La reunión puede prolongarse durante la noche y continuar al día siguiente.

La costumbre se conoce como Alumbrada. En lugares como Maco, Manogasta, Tuama, Sumamao y La Vuelta de la Barranca, esta práctica ha reunido a generaciones enteras alrededor de las sepulturas. Allí se reza, se cuentan anécdotas, se recuerdan episodios familiares y, en ocasiones, también hay lugar para las bromas y las risas. Los chicos juegan mientras los mayores conversan. La muerte está presente, pero no ha borrado la vida cotidiana.

El Centro Cultural del Bicentenario de Santiago del Estero ha señalado que las Alumbradas forman parte de la identidad cultural de la región y que en ellas confluyen el calendario católico y creencias populares vinculadas con los muertos. No se trata solamente de encender velas frente a una tumba. La reunión permite encontrarse con los familiares, renovar recuerdos y transmitir una costumbre que ha pasado de una generación a otra.

Esta particular relación con los difuntos invita a comparar las Alumbradas con Halloween, una celebración que también ha incorporado imágenes de la muerte, la noche y los seres sobrenaturales. Sin embargo, las semejanzas no alcanzan para afirmar que ambas tradiciones tengan un origen común.

Las Alumbradas: recordar en compañía

En las Alumbradas, la muerte no ha quedado reducida a una ceremonia breve ni a un momento de recogimiento individual. Las familias han llevado sillas hasta las tumbas, se han sentado en ronda y han compartido mate, comida y bebidas. En algunos casos, los alimentos se han colocado sobre las sepulturas o junto a ellas. Las velas permanecen encendidas durante buena parte de la celebración.

La presencia de los vivos alrededor de los muertos ha dado al cementerio un carácter distinto del habitual. Por unas horas, deja de ser únicamente un lugar de despedida y se convierte en un espacio de encuentro. Los recuerdos circulan entre quienes están allí. Una historia contada por un abuelo puede despertar la memoria de una persona ausente; una anécdota familiar puede provocar risas en medio de un ambiente que, desde afuera, alguien imaginaría exclusivamente solemne.

También se ha mantenido la costumbre de visitar otras tumbas, sobre todo las de familiares y conocidos. La expresión vecinos de muerto, recogida en testimonios sobre esta tradición, permite entender una dimensión importante de las Alumbradas: el vínculo con los difuntos no se limita al parentesco directo. El recuerdo alcanza a los vecinos y a otras personas que han formado parte de la vida de una comunidad.

En ese sentido, la celebración no ha reunido solamente a una familia alrededor de sus muertos. Ha vuelto a poner en contacto a personas que, durante el resto del año, viven lejos unas de otras. El regreso de quienes han emigrado a otras provincias ha reforzado ese carácter comunitario.

Entre el calendario católico y las creencias populares

Las Alumbradas se realizan durante las fechas dedicadas a Todos los Santos y a los Fieles Difuntos. La Iglesia católica ha establecido estas jornadas dentro de su calendario litúrgico, pero las prácticas que se desarrollan en Santiago del Estero han adquirido características propias.

El Centro Cultural del Bicentenario ha relacionado la tradición con una cosmovisión indígena, además de su marco católico. Esa referencia resulta importante, aunque debe manejarse con cuidado: reconocer la presencia de creencias de distintos orígenes no permite establecer, por sí solo, cuáles de los elementos actuales proceden de tiempos prehispánicos ni cuándo se han incorporado a la celebración.

El investigador Carlos Bonetti, en un artículo publicado por Noticias del Estero, ha advertido que el significado específico de la realización nocturna no aparece claramente establecido en los registros eclesiásticos coloniales ni ha sido explicado de manera uniforme por quienes participan de la costumbre. Su observación invita a evitar las respuestas fáciles. No todo aquello que parece antiguo puede atribuirse, sin más, a una práctica indígena anterior a la conquista.

La diferencia entre las Alumbradas rurales y las visitas a los cementerios urbanos también merece atención. En distintas localidades del interior, la reunión ha comenzado al anochecer y se ha extendido durante la noche. En la ciudad, en cambio, las visitas suelen concentrarse durante el día y las normas de funcionamiento de los cementerios pueden limitar el ingreso nocturno.

Esa diferencia no es menor. La luz de las velas, las conversaciones junto a las tumbas y la permanencia durante varias horas han dado a las Alumbradas rurales una forma que no siempre se encuentra en las prácticas urbanas. La costumbre ha expresado, así, una manera local de relacionarse con la muerte, sin que eso signifique que todos los santiagueños la vivan del mismo modo.

Samhain, la noche y el mundo de los espíritus

Halloween tiene una historia diferente. Entre sus antecedentes se encuentra Samhain, una festividad vinculada con las antiguas sociedades celtas y con el final de la temporada de cosechas. Su nombre se ha asociado con el fin del verano y con el comienzo de una etapa más oscura del año.

En las interpretaciones tradicionales de Samhain, ese cambio de estación ha estado relacionado con la idea de un límite más permeable entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Algunas narraciones han sostenido que los espíritus podían regresar durante ese período. El fuego y las hogueras han ocupado un lugar importante en las reconstrucciones de la celebración, aunque los detalles de los antiguos rituales no siempre se han conservado con la precisión que suele atribuirles la divulgación popular.

Con el avance del cristianismo en Europa, las celebraciones vinculadas con los muertos se han relacionado con las jornadas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Con el paso de los siglos, la víspera de Todos los Santos ha dado lugar a Halloween, cuyo desarrollo moderno ha incorporado disfraces, calabazas iluminadas, relatos de terror y actividades recreativas.

En la actualidad, Halloween se ha extendido por numerosos países y ha adquirido un fuerte componente comercial. Para muchas personas, sobre todo niños y jóvenes, la celebración se ha convertido en una ocasión para disfrazarse, recorrer las calles y participar en fiestas. En otros ámbitos, se ha mantenido o recuperado su relación con antiguas creencias europeas y con prácticas neopaganas.

Las Alumbradas y Halloween comparten, entonces, un calendario cercano y ciertas imágenes relacionadas con la muerte y la oscuridad. Pero esa coincidencia no demuestra una continuidad histórica entre ambas.

La luz: una semejanza que no alcanza para probar un origen común

Las velas son uno de los elementos más visibles de las Alumbradas. Su luz permite reconocer las tumbas, acompaña la permanencia de las familias y expresa el cuidado de quienes han muerto. En la tradición santiagueña, mantener encendida una vela puede formar parte de una obligación afectiva: alguien ha recordado al difunto y ha acudido a su sepultura.

En algunas familias se han utilizado velas blancas, mientras que las de otros colores se han asociado con los niños fallecidos, conocidos popularmente como angelitos. Los detalles varían de una localidad a otra y entre las propias familias. Por eso, no corresponde presentar una única forma de celebración como si fuera idéntica en toda la provincia.

En los relatos sobre Samhain también aparecen el fuego y las luces, asociados con la protección frente a los espíritus o con la relación entre ambos mundos. En versiones posteriores de Halloween, las calabazas talladas e iluminadas se han convertido en uno de sus símbolos más reconocibles.

La semejanza visual es evidente: en los dos casos, una luz se destaca en medio de la oscuridad y queda vinculada con un imaginario sobre la muerte. Pero el parecido no permite concluir que la vela santiagueña derive de los antiguos fuegos celtas, ni que las Alumbradas hayan surgido de una tradición equivalente a Samhain. La luz puede adquirir significados similares en sociedades diferentes sin que exista una transmisión directa entre ellas.

La comida, la conversación y la presencia de los ausentes

Otra coincidencia posible se encuentra en la comida. En las Alumbradas, las familias han compartido alimentos y bebidas junto a las tumbas. Esas comidas acompañan la reunión y forman parte de una sociabilidad que se extiende más allá de la visita breve al cementerio. La conversación, los recuerdos y la presencia de varias generaciones han convertido la jornada en una experiencia colectiva.

Las descripciones de Samhain también han incluido referencias a alimentos ofrecidos a los espíritus o dejados fuera de las viviendas. Sin embargo, las fuentes disponibles no permiten establecer una equivalencia directa entre esas prácticas y la comida que las familias santiagueñas llevan a las sepulturas.

Conviene distinguir dos cuestiones. Una es reconocer que distintas culturas han relacionado los alimentos con sus muertos. La otra, muy diferente, es sostener que esa coincidencia revela un origen compartido. Para afirmar lo segundo harían falta pruebas históricas que, en este caso, no se han presentado.

En las Alumbradas, además, la comida no tiene un único sentido. Se comparte entre los vivos, acompaña la conversación y forma parte de la visita a los difuntos. Reducirla a una ofrenda ritual dejaría afuera buena parte de lo que ocurre durante la reunión.

La noche y las distintas maneras de vivir la muerte

La realización nocturna ha contribuido a darle a las Alumbradas una atmósfera particular. Las velas recortan las siluetas de las tumbas; las conversaciones se escuchan entre los pasillos y las familias permanecen juntas durante horas. El cementerio, que en otros momentos suele asociarse con el silencio y la separación, se transforma en un lugar de encuentro.

Esa escena contrasta con las formas más habituales de visitar los cementerios urbanos, donde la concurrencia suele ser diurna y la permanencia más breve. No obstante, la diferencia no debe interpretarse como una oposición absoluta entre una cultura rural que celebra la muerte y una cultura urbana que la vive con tristeza. Las prácticas son diversas y también cambian con el tiempo.

La noche ha tenido un lugar destacado en las interpretaciones de Samhain, vinculada con el cambio de estación y con la creencia en una proximidad especial entre los vivos y los muertos. En Halloween, esa dimensión se ha conservado parcialmente, aunque hoy convive con el entretenimiento, el consumo y las fiestas de disfraces.

En las Alumbradas, en cambio, el centro de la reunión sigue siendo el vínculo con personas concretas: padres, abuelos, hijos, hermanos, vecinos y amigos. Los participantes no acuden a representar la muerte ni a convertirla en un espectáculo. Van a visitar a sus muertos y a compartir ese momento con quienes siguen vivos.

¿Existe una relación histórica entre Halloween y las Alumbradas?

Con la información disponible, no se ha podido demostrar una relación histórica directa entre Halloween, Samhain y las Alumbradas de Santiago del Estero. Las semejanzas que se observan son interesantes para el análisis antropológico, pero no bastan para establecer una filiación cultural.

Ambas tradiciones han vinculado determinadas fechas del calendario con la muerte y han recurrido a elementos como la luz, la reunión colectiva y los alimentos. Sin embargo, esas coincidencias conviven con diferencias profundas. Halloween ha incorporado con fuerza el disfraz, los personajes sobrenaturales y las actividades recreativas; las Alumbradas se han sostenido, sobre todo, en la visita a las tumbas, el recuerdo familiar y el encuentro comunitario.

Tampoco corresponde atribuir todos los componentes de las Alumbradas a una única tradición prehispánica. Las fuentes consultadas han señalado la convivencia de creencias indígenas, prácticas populares y referencias católicas, pero no han establecido el origen preciso de cada elemento. La historia de una costumbre puede reunir aportes diversos sin que sea posible separar con certeza cada uno de ellos.

La comparación resulta más útil cuando permite reconocer esas diferencias, en lugar de borrarlas.

Una tradición santiagueña que mantiene vivo el recuerdo

Las Alumbradas han conservado en Santiago del Estero una manera de visitar a los muertos que combina la memoria familiar con la vida comunitaria. En los cementerios del interior, las velas han iluminado las tumbas mientras las familias han compartido historias, alimentos y silencios. También ha habido risas, chicos jugando y encuentros entre personas que hacía tiempo no se veían.

Halloween y las Alumbradas permiten observar cómo distintas sociedades han creado prácticas para relacionarse con la muerte. Pero no cuentan necesariamente la misma historia ni responden a una misma tradición.

La costumbre santiagueña tiene un valor propio. Para comprenderla, no hace falta convertirla en una versión local de Halloween ni atribuirle un origen que las fuentes no han demostrado. Basta con atender a lo que sucede cada año en esos cementerios: las familias vuelven, encienden sus velas y se sientan junto a quienes han formado parte de sus vidas. Durante unas horas, el recuerdo deja de ser algo individual y se comparte con los demás.

Fuentes consultadas

 

La sirena del canal bandeño

Cuento inspirado en el poema «Por las calles bandeñas» de Cristoforo Juárez



En La Banda, cuando el sol se escondía detrás de los algarrobos y las callejas se regresaban pardas bajo la luz del atardecer, los viejos aseguraban que el canal despertaba de un sueño antiguo. Decían que, en ciertas noches serenas, sus aguas podían escuchar los deseos de los enamorados y concederles un destino extraordinario.

Julián, un joven guitarrero de corazón soñador, conoció aquella leyenda desde niño. Cada tarde recorría los senderos junto al canal, buscando una melodía que expresara el amor que sentía por Elena, una muchacha de ojos oscuros a quien todavía no se había atrevido a confesarle sus sentimientos.

Una noche, mientras los grillos afinaban su concierto entre los pastizales y las luciérnagas bordaban destellos verdes bajo la fronda, Julián descubrió una estrella flotando sobre el agua. No era un reflejo común: brillaba con luz propia y se desplazaba lentamente contra la corriente.

El joven se acercó a la orilla. Entonces, la estrella se transformó en una mujer de cabellos plateados y vestido azul, cuya figura parecía tejida con la claridad de la luna.

—Soy la Sirena del Canal —dijo con una voz semejante al murmullo del agua—. He escuchado tus canciones y conozco el anhelo que guardas en el pecho. Puedo concederte un deseo, pero tendrás que entregarme aquello que más apreciás.

Julián abrazó su guitarra. Era el único tesoro que poseía, heredado de su abuelo, quien le había enseñado a descubrir música en el viento, en los pájaros y hasta en el silencio.

La sirena extendiendo una mano. Si el muchacho aceptaba, Elena lo amaría para siempre, pero su guitarra perdería la voz y jamás volvería a escucharse una melodía nacida de sus cuerdas.

Julián miró las aguas iluminadas. Imaginó una vida junto a Elena, aunque también comprendió que no podía obligar al corazón de otra persona a seguir sus deseos.

—Quiero que ella sea feliz, aunque no sea conmigo —respondió finalmente.

La sirena guardó silencio. Después sonoramente y levantó los brazos. De pronto, miles de estrellas descendieron del cielo y se hundieron en el canal. Los árboles comenzaron a brillar, los grillos redoblaron su canto y las luciérnagas formaron un sendero luminoso que conducía hasta el patio donde los jóvenes se reunían bajo las parras.

—Has elegido el deseo más difícil —dijo la mujer—. Por eso recibirás un don que ningún hechizo podrá quitarte.

Tocó las cuerdas de la guitarra y desapareció en una lluvia de luces esmeraldas.

Julián llegó al patio cuando Elena conversaba con sus amigos. Se sentó bajo la parra y comenzó a tocar. La melodía se extendió por las calles, atravesó los ranchos y alcanzó las orillas del canal. Elena reconoció en aquella música una ternura que nunca había advertido y se acercó a escucharlo.

Desde aquella noche, los dos comenzaron a encontrarse al caer la tarde. El amor creció entre paseos, canciones y silencios compartidos, sin promesas mágicas ni juramentos eternos.

Y cuentan los antiguos que, cuando la noche es serena y una estrella parece nadar sobre el canal, la Sirena vuelve a escuchar la guitarra de Julián. Entonces, las luciérnagas encienden su collar verde y las callejas bandeñas se convierten, por unas horas, en un camino de estrellas donde los sueños encuentran su rumbo.

 

El monte santiagueño bajo el avance del modelo agroexportador: Ferrocarriles, obrajes y desigualdad

Mientras la Argentina de la Generación del 80 crecía al ritmo de las exportaciones agropecuarias, Santiago del Estero se integraba a la economía nacional a través de la explotación forestal. El ferrocarril abrió nuevos mercados para el quebracho, pero también cambió la vida rural, las relaciones laborales y el paisaje provincial.



Un país que crecía a dos velocidades

A fines del siglo XIX, la Argentina atravesaba una transformación profunda. Los campos de la región pampeana producían cada vez más cereales y carnes para los mercados europeos. Los ferrocarriles avanzaban hacia nuevas zonas productivas y los puertos concentraban buena parte del comercio exterior. Bajo la conducción política de la Generación del 80, el país consolidaba su lugar en la economía mundial como proveedor de alimentos y materias primas.

El crecimiento abrió oportunidades, pero sus beneficios no llegaron por igual a todas las provincias. Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos encontraron en la agricultura y la ganadería de exportación una fuente de expansión. En otras regiones, con estructuras productivas diferentes, la integración siguió otros caminos.

Santiago del Estero ofrece un ejemplo de esas diferencias. La provincia no se convirtió en una gran región cerealera. Su vinculación con la economía nacional pasó, en buena medida, por la explotación de sus bosques. La llegada del ferrocarril y la creciente demanda de madera impulsaron los obrajes, que ocuparon un lugar importante en la economía santiagueña durante las primeras décadas del siglo XX.

La actividad generó trabajo e ingresos, pero también concentró recursos, alteró las condiciones de vida de la población rural y dejó una marca profunda en el monte.

La Argentina agroexportadora y el proyecto de la Generación del 80

El modelo agroexportador funcionaba sobre una relación económica definida: la Argentina vendía productos primarios al exterior e importaba manufacturas, maquinaria y otros bienes industriales. La demanda europea, especialmente la británica, estimuló la producción agropecuaria y atrajo inversiones destinadas a financiar ferrocarriles, puertos y otras obras de infraestructura.

La Generación del 80 consolidó ese rumbo mediante el fortalecimiento del Estado nacional, la promoción de las inversiones y la expansión de las comunicaciones. Las presidencias de Julio Argentino Roca, entre 1880 y 1886 y entre 1898 y 1904, formaron parte de ese proceso.

La modernización económica convivió con profundas desigualdades. La apropiación de territorios mediante campañas militares, el sometimiento de comunidades indígenas y la concentración de la propiedad rural fueron parte de la construcción del nuevo orden. El crecimiento no eliminó las diferencias sociales; en muchos casos, las profundizó.

La expansión del comercio exterior también acentuó los desequilibrios regionales. La región pampeana cuenta con condiciones favorables para la producción agropecuaria, cercanía a los puertos e infraestructura en desarrollo. Las provincias del norte, en cambio, debieron encontrar otras formas de incorporarse a esa economía.

Santiago del Estero antes de los obrajes

Para entender los cambios que llegaron con la explotación forestal, conviene detenerse en la economía santiagueña anterior a ese auge.

Durante buena parte del siglo XIX, la ganadería, la agricultura de subsistencia y las manufacturas domésticas sostenían buena parte de la vida rural. La hilandería y el tejido de algodón tenían una presencia importante, especialmente entre las mujeres. El monte, por su parte, proporcionaba alimentos, combustibles y materias primas que las familias aprovechaban para vivir y comerciar.

Una investigación de José Vezzosi y Joaquín Abuchacra, publicada en la revista Sociohistórica , recupera datos del censo de 1869 que permiten dimensionar aquella realidad. Santiago del Estero tenía entonces 132,898 habitantes y alrededor del 85% de la población vivía en áreas rurales. Más de 32.000 personas se dedicaban a la hilandería y al tejido.

La provincia no estaba aislada de los mercados. Su economía, sin embargo, tenía una organización diferente de la que se impondría con la expansión capitalista de fines del siglo XIX.

También hubo intentos de impulsar la agricultura comercial bajo riego y desarrollar la industria azucarera. Desde 1875, distintos sectores de la dirección provincial promovieron iniciativas para ampliar las tierras cultivables, generar ingresos fiscales y crear puestos de trabajo. Esos proyectos perdieron fuerza y, hacia mediados de la década de 1890, la actividad azucarera prácticamente había desaparecido.

El auge forestal llegó después de esas experiencias, en un territorio donde ya se habían producido cambios económicos y disputas por la tierra. Los obrajes no aparecieron de un día para otro: se asentaron sobre una economía que venía transformándose.

El ferrocarril abrió el camino al quebracho.

La llegada del ferrocarril cambió la relación entre Santiago del Estero y los mercados nacionales. El traslado de productos desde el interior dejó de depender exclusivamente de caminos lentos y costosos, y nuevas zonas pudieron incorporarse a los circuitos comerciales.

Las propias vías ferroviarias impulsarán la demanda de madera. Los durmientes, los postes para alambrados y el combustible utilizado para distintas actividades requerirían grandes cantidades de recursos forestales. El quebracho santiagueño, apreciado por su dureza y resistencia, encontró así un mercado en expansión.

Un trabajo de María De Estrada, publicado en la revista Estudios Socioterritoriales , analiza los vínculos entre la llegada del ferrocarril, la organización de los obrajes y los cambios territoriales en el monte chaco-santiagueño.

Desde fines del siglo XIX, y con mayor intensidad durante las primeras décadas del XX, los establecimientos forestales avanzaron sobre distintas zonas de la provincia. Allí trabajaban hacheros, cargadores, carboneros y otros peones dedicados a la tala, el procesamiento y el transporte de la madera.

La actividad generó empleo y favoreció la aparición de asentamientos vinculados a las estaciones ferroviarias y los centros de producción. También atrajo empresarios y capitales cuyos principales intereses, en muchos casos, estaban fuera de la provincia.

Santiago del Estero se incorporó así a la economía nacional como proveedora de materias primas. Su participación fue distinta de la pampeana: buena parte de la madera se destinaba al mercado interno, aunque la demanda estaba ligada a la expansión de los ferrocarriles y del sector agropecuario exportador.

El costo social de la riqueza forestal

La expansión de los obrajes no mejoró por iguales las condiciones de vida. En numerosos establecimientos, los trabajadores dependían de contratistas para conseguir empleo, herramientas y provisiones. Los sistemas de proveeduría podrían generar deudas que dificultaban abandonar el lugar de trabajo.

A esa dependencia se sumaban los cambios en la propiedad de la tierra, que habían limitado las posibilidades de acceso a los recursos para numerosos sectores campesinos e indígenas. Para quienes dependían del monte y de las actividades rurales, las alternativas para sostenerse eran cada vez más limitadas.

Para algunas familias, el obraje era una fuente de ingresos. Para otros, significó desplazamientos, dependencia económica y pérdida de acceso a recursos que habían utilizado durante generaciones.

La emigración santiagueña tenía antecedentes al auge forestal y respondía a distintas causas. Sin embargo, la escasa diversificación productiva, las desigualdades regionales y las condiciones laborales contribuyeron a que la búsqueda de trabajo fuera de la provincia siguiera siendo una alternativa para muchos hogares.

La expansión de una actividad económica no garantizaba que la riqueza quedara en el territorio ni que mejoraran las condiciones de quienes la producían.

Un monte transformado por la explotación

El avance de los obrajes también cambió el paisaje. El quebracho colorado fue uno de los recursos más buscados, aunque la explotación forestal incluía otras especies destinadas a la producción de leña, carbón y postes.

El ferrocarril permitió llegar a zonas boscosas que antes tenían mayores dificultades para vender su producción. Cuando disminuían los recursos aprovechables, los establecimientos podían trasladarse hacia otros sectores del monte.

La tala afectó mucho más que la disponibilidad de madera. Las comunidades rurales dependían del bosque para obtener alimentos, materiales y combustibles. La reducción de esos recursos alteró sus condiciones de subsistencia y las posibilidades de sostener actividades ganaderas y agrícolas.

La explotación podía generar ingresos mientras hubiera árboles con valor comercial. Cuando el recurso escaseaba o perdía rentabilidad, las alternativas se reducían. En los lugares donde la economía dependía de los obrajes, esa dinámica dejaba a los trabajadores y sus familias expuestos a nuevas dificultades.

El caso del quebracho santiagueño muestra una contradicción de aquella expansión económica: el aprovechamiento de los recursos naturales permitió incorporar territorios a los mercados, pero no garantizó la conservación de los bosques ni una distribución equitativa de los beneficios.

La crisis de 1929 y una economía que siguió dependiendo del monte.

La crisis internacional de 1929 afectó al comercio mundial y dejó al descubierto los riesgos de una economía muy dependiente de los mercados externos. En la Argentina, marcó el fin de la etapa clásica del modelo agroexportador y dio paso a una mayor intervención estatal y al desarrollo progresivo de la industrialización por sustitución de importaciones.

En Santiago del Estero, ese cambio no significó el final inmediato de los obrajes. La explotación forestal continuó durante buena parte del siglo XX, sostenida por la demanda de madera, postes, leña y carbón. Su evolución estuvo ligada a las necesidades ferroviarias, la expansión agropecuaria y las variaciones del mercado.

Con el tiempo, las dificultades de la actividad dejaron en evidencia los límites de una economía dependiente de la extracción de recursos naturales. Allí donde la riqueza había surgido del monte, quedaban las consecuencias de la explotación y el desafío de encontrar otras actividades capaces de sostener a la población.

Una historia de integración y desigualdad.

La experiencia santiagueña permite observar el modelo agroexportador desde una perspectiva distinta de la que ofrecen los grandes puertos y las llanuras pampeanas. Mientras la Argentina exportaba cereales y carnes, Santiago del Estero se vinculaba a esa expansión mediante la explotación forestal y el abastecimiento de materias primas.

El ferrocarril se acercó a los mercados, los obrajes generaron empleo y la madera adquirió valor comercial. Pero el proceso también favoreció la concentración de recursos, expuso a numerosos trabajadores a condiciones laborales precarias y aceleró la transformación de los bosques nativos.

La cuestión de fondo es quiénes se beneficiaron con ese crecimiento y quiénes debieron asumir sus costos. En Santiago del Estero, la expansión de los obrajes formó parte de una transformación nacional que amplió los mercados e integró nuevos territorios, pero mantuvo profundas diferencias entre regiones y grupos sociales.

El monte se convirtió en una fuente de riqueza para una economía en expansión. Para muchas familias, también fue el lugar donde se desarrolló un cambio que redujo sus posibilidades de vivir de los recursos que habían aprovechado durante generaciones.

Fuentes para profundizar

Museo Roca, Instituto de Investigaciones Históricas. ¿Qué es el modelo agroexportador y por qué transformó a la economía argentina?

Vezzosi, José y Abuchacra, Joaquín. Poner al territorio bajo los intereses del Estado. Actos fundacionales y estatalidad provincial: un provisorio acercamiento a la prefiguración de los mercados básicos en Santiago del Estero (1820-1892). Sociohistórica.

De Estrada, María. Santiago del Estero: de rieles, obrajes y quebracho. Análisis de la configuración territorial del período técnico iniciado con la llegada del ferrocarril al monte chaco-santiagueño. Estudios Socioterritoriales.

Girbal-Blacha, Noemí M. Desequilibrio regional y políticas públicas agrarias. Argentina 1880-1960. Revista Páginas.

Rossi, María Cecilia. Exploraciones y estudios sobre los nuevos espacios económicos durante el siglo XIX. Santiago del Estero, 1850-1875. Mundo Agrario.

lunes, 26 de octubre de 2026

¿Más lluvias en Santiago del Estero? Qué se sabe sobre el avance de El Niño

El fenómeno climático que se desarrolla en el Pacífico ecuatorial podría modificar el régimen de lluvias y temperaturas en distintas regiones del mundo. En Argentina, sus efectos pueden alcanzar a la producción agropecuaria, la infraestructura y la gestión del agua. Para Santiago del Estero, el desafío pasa por anticipar los riesgos sin confundir los pronósticos con una catástrofe anunciada.



La evolución de El Niño mantiene en alerta a los organismos meteorológicos y a las autoridades. Las proyecciones para los próximos meses apuntan a un episodio de gran intensidad, cuyos efectos podrían extenderse hasta comienzos de 2027. Qué ocurrirá en cada región dependerá de las condiciones climáticas locales y de la distribución de las precipitaciones.

En Santiago del Estero, el ingeniero Howard van Meer, integrante del grupo de Recursos Naturales del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), advirtió en declaraciones a Nuevo Diario que la provincia puede verse afectada por el fenómeno. Sus consecuencias, de todos modos, no serían necesariamente las mismas que se esperan para el Litoral y la región pampeana.

La diferencia importa. Un episodio intenso de El Niño no significa que todas las provincias vayan a recibir lluvias extraordinarias ni que las inundaciones sean inevitables. La cuestión es identificar dónde pueden concentrarse los riesgos y con qué recursos cuentan las comunidades para hacerles frente.

Un fenómeno del Pacífico con efectos en todo el mundo

El Niño forma parte del sistema conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un fenómeno que surge de la interacción entre el océano y la atmósfera. Cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de sus valores habituales, se producen cambios en la circulación atmosférica que pueden alterar las precipitaciones y las temperaturas en regiones alejadas de ese océano.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió el 3 de septiembre de 2026 que El Niño se encontraba consolidado y que podía intensificarse hasta alcanzar una fase muy fuerte. Sus proyecciones indicaron una probabilidad cercana al 100 % de que el fenómeno persistiera hasta febrero de 2027. También señaló un aumento de los riesgos de inundaciones, sequías y calor extremo, con efectos diferentes según la región.

Esa distribución desigual explica buena parte de la preocupación internacional. Mientras algunas zonas pueden recibir lluvias por encima de lo normal, otras podrían atravesar períodos secos. La estación del año, las condiciones atmosféricas y las características de cada territorio influyen en el resultado.

Por eso, conocer la intensidad de El Niño no alcanza para determinar qué sucederá en un lugar concreto. También hace falta observar cómo responde el clima regional y qué condiciones encuentra el agua cuando llega al suelo.

Santiago del Estero: más humedad y lluvias que exigen atención

La advertencia de Howard van Meer pone el foco en las particularidades climáticas de Santiago del Estero. La provincia podría atravesar períodos de mayor humedad, nubosidad persistente y precipitaciones intensas, aunque eso no implica que vaya a recibir los mismos volúmenes de agua que otras regiones del país.

Según el especialista, las condiciones observadas durante la primavera de 2026, con jornadas frescas y húmedas, podrían prolongarse durante algunos períodos. La nubosidad limita el calentamiento diurno y las lluvias concentradas en poco tiempo pueden generar anegamientos, sobre todo cuando el suelo ya está saturado o tiene poca capacidad para absorber más agua.

Conviene distinguir estas posibilidades de un pronóstico específico para cada localidad. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) elabora perspectivas estacionales que indican probabilidades para períodos de varios meses, pero no permiten anticipar con exactitud cuánto lloverá en cada ciudad o paraje. Incluso con precipitaciones acumuladas dentro de los valores normales, pueden producirse tormentas intensas en jornadas puntuales.

En una provincia donde la actividad agropecuaria tiene un peso considerable, esos episodios pueden complicar el tránsito por caminos rurales, el traslado de animales y la logística de las cosechas. El exceso de agua también puede favorecer las pasturas y mejorar las reservas hídricas. El resultado dependerá de cuánto llueva, en qué momento y durante cuánto tiempo.

Prepararse supone contemplar esos escenarios distintos, sin dar por hecho que habrá una emergencia generalizada ni descartar los problemas que pueden provocar las precipitaciones intensas.

La respuesta del Estado, bajo presión

El avance de El Niño también pone a prueba la coordinación entre los organismos públicos. La información meteorológica necesita traducirse en medidas concretas: alertas oportunas, caminos transitables, desagües en condiciones y recursos disponibles para asistir a las poblaciones afectadas.

En septiembre, el Gobierno nacional informó sobre la coordinación de medidas con provincias y municipios para afrontar el ciclo climático 2026-2027. La planificación contempla el trabajo conjunto entre organismos públicos y representantes del sector agropecuario, con el propósito de mejorar la preparación ante posibles excesos de precipitaciones.

En octubre, el Ministerio de Defensa comunicó el despliegue preventivo de recursos militares en el Litoral para asistir a la población ante eventuales emergencias. La planificación incluye capacidades logísticas y operativas para intervenir en zonas que podrían inundarse o quedar aisladas.

Estas iniciativas muestran que el fenómeno ya forma parte de la agenda pública. La eficacia de la respuesta, sin embargo, no dependerá únicamente de los operativos que se desplieguen cuando empiecen los problemas.

El mantenimiento de los desagües, el estado de los caminos, la infraestructura hídrica y el ordenamiento territorial también inciden en las consecuencias de una temporada lluviosa. En el campo, disponer de información a tiempo puede permitir el traslado preventivo de animales o la reorganización de las tareas productivas antes de que un camino quede intransitable.

Para Santiago del Estero, la planificación debe atender las diferencias dentro de la propia provincia. Las necesidades de las ciudades no son las mismas que las de los establecimientos rurales o las comunidades próximas a cursos de agua. Una respuesta adecuada requiere información localizada y medidas acordes con cada situación.

El impacto económico también cruza fronteras

Los efectos de El Niño pueden sentirse mucho más allá de las zonas donde se concentran las lluvias. Las alteraciones de los patrones climáticos repercuten sobre la producción de alimentos, el transporte y las economías que dependen de los recursos naturales.

En Argentina, las variaciones de las precipitaciones pueden modificar los rendimientos agrícolas, los costos de producción y la circulación de mercaderías. Para el sector agropecuario, tanto la falta de agua como los excesos pueden representar un problema. La magnitud de las pérdidas o los beneficios dependerá de las condiciones que enfrente cada región y de la capacidad de adaptación de los productores.

El INTA cuenta con herramientas para analizar estos escenarios a partir de registros históricos y proyecciones climáticas. Una de ellas es AgroENSO, desarrollada junto con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), que brinda información para evaluar decisiones relacionadas con la campaña agrícola 2026/2027.

El acceso a estos datos puede ayudar a ajustar las decisiones productivas, aunque los pronósticos no eliminan la incertidumbre. Su utilidad depende de que la información llegue a quienes deben tomar decisiones y se actualice a medida que cambian las condiciones.

La cooperación entre organismos científicos nacionales e internacionales también permite mejorar los diagnósticos y reconocer con mayor precisión las zonas expuestas.

Qué puede esperarse en los próximos meses

Las proyecciones climáticas todavía están sujetas a cambios. La OMM anticipa que El Niño mantendrá una intensidad elevada, mientras que los informes nacionales advierten sobre riesgos que varían según la región. Con la información disponible, no se puede afirmar que Santiago del Estero vaya a atravesar una temporada de inundaciones generalizadas.

Sí hay motivos para seguir de cerca los pronósticos oficiales, actualizar los planes de contingencia y preparar a las comunidades ante posibles episodios de lluvias intensas. Para las autoridades, esto implica sostener la coordinación entre jurisdicciones y contar con recursos que permitan actuar antes de que una situación se vuelva crítica.

El Niño es un fenómeno natural, pero sus consecuencias también dependen de las condiciones en las que encuentra a cada territorio. La infraestructura, la planificación y la capacidad de respuesta pueden reducir los daños, tanto en las ciudades como en las zonas rurales.

En Santiago del Estero, habrá que observar cómo evoluciona el régimen de lluvias durante los próximos meses. El pronóstico marca un escenario que merece atención, no una certeza sobre lo que ocurrirá. La diferencia entre ambas cosas es la que permite prepararse con seriedad, sin alimentar el alarmismo ni perder de vista los riesgos reales.

Fuentes consultadas

- Nuevo Diario Web: Un experto advirtió cómo afectará El Niño a Santiago del Estero. Entrevista al ingeniero Howard van Meer, del INTA.

- Organización Meteorológica Mundial. Perspectivas de El Niño para 2026-2027.

- Servicio Meteorológico Nacional. Seguimiento del fenómeno El Niño-La Niña.

- Instituto Nacional del Agua y organismos nacionales. Boletines de situación hidrometeorológica.

- Gobierno argentino. Coordinación de medidas preventivas para el ciclo ENOS 2026-2027.

- INTA: Fenómeno climático El Niño. Información técnica y herramientas para la planificación agropecuaria.