miércoles, 15 de abril de 2026

La santiagueña

 Por Omar sapo Estanciero



Cuenta TRISTÁN "TATÍN" MONTE que, en 1970, cuando ejercía la docencia en el Departamento Salavina, le supieron relatar que esta chacarera, tenía casi 400 años y nació titulada "Salavinapaj" ("Para Salavina") y muchísimos años después, BAILÓN PERALTA LUNA, la recopila y ALBERTO "GRINGO" BRAVO DE ZAMORA, le incorpora una letra.

Según MONTE, recuerda que en aquella oportunidad le contaron 2 versiones tituladas:  "Salavinamanta" ("De Salavina") y "Salavinapaj "("Para Salavina"). Siempre se ejecutó instrumentalmente y que la versión cantada en quichua, se extinguió.

Por eso, MONTE, hizo una nueva letra en la cual se respeta la esencia de lo que es y representa para el salavinero esta chacarera. (TRISTÁN MONTE, abril 2025).

Ahora bien, según los registros en SADAIC #3181 ISWC T0370034766 Registrada el 9/9 1953 por BAILÓN PERALTA LUNA y no figura ALBERTO BRAVO DE ZAMORA.

Siguiendo con la búsqueda (de mi amigo y colega, a quien agradezco la gentileza JOSÉ "RUBIO" JIMÉNEZ) figura en los registros #2407 ISWC T0370023768 con fecha 01/09/ 1933 de PEDRO CONTRERAS Y RAÚL ODILÓN CONTRERAS.

Entendemos que el 1/08/ 1930, se funda El Círculo de Autores y Compositores de Música. La Asociación Argentina de Autores con la primera, se fusionaron y dan lugar a SADAIC en Lavalle 1545, Capital Federal el 9 de junio 1936.

O sea, DON PEDRO CONTRERAS, tal vez la registró en la primitiva institución.

Por último, figura con el nombre "La santiagueña", zamba, #2403 ISWC T0370023713 con fecha 6/02/1937 a nombre de ANDRÉS AVELINO CHAZARRETA.

"LA SANTIAGUEÑA" (ALBERTO BRAVO DE ZAMORA/ BAILÓN PERALTA LUNA)

"El perfume de tus montes/de lejos me está llamando/ y el recuerdo de tu boca/de lejos me está llamando. // Olfateando estoy viditay/aroma por mi olvidado/ que como un dulce lamento/ en mi se va adentrando.// Quiero estar en Salavina/ pa chacarear mejor/ comenzar con luz de luna/ terminar con luz de sol./// Chacarera yo te canto/aunque esté lejos mi dueña/ vientito tal vez no pueda/ llegar a mi santiagueña.///Están de fiesta en mi rancho/ahora que vuelto a mi pago/y el bombo que llevo adentro/suena más fuerte en Santiago. // Quisiera ser pensamiento/para estar dentro de ti/ saber lo piensas/ cuando te acuerdas de mí.//Sos cadena del amor/que me tiene prisionero/ quisiera ser tu cariño/ para darte algún desvelo".

"LA SANTIAGUEÑA” (TRISTÁN MONTE/ BAILÓN PERALTA LUNA recop.) "Aquí les traigo esta ofrenda/aquerenciada en las salinas/ es la madre de las truncas/y ha nacido en Salavina. // Tiene hechizo y tiene magia, /de misterio y de leyenda, /y en la urdimbre de las notas/ el sentir de una telera.//La recuerdan por las noches/cuando el canto se alza en vuelo/ con dulzura de violines/ y el latir de los legueros. ///La nombraron voces quichuas/en la copla amanecida/ la madre de las truncas/ y ha nacido en Salavina. /// El embrujo en su cadencia/es mudanza y zarandeo/ cuando en los patios de tierra/ se entreveran los recuerdos. // La estrenó la voz del viento, /en siestas salavineras/los coyuyos cantores/ la llamaron Chacarera. //Enredada en los acordes/de la luna sobre el río/en sus notas va llevando/ la razón del canto mío".

DEL LIBRO "HISTORIA DEL CANCIONERO FOLCLÓRICO POPULAR SANTIAGUEÑO" DE OMAR SAPO ESTANCIERO

lunes, 13 de abril de 2026

La leyenda del Orko Maman, la Madre del Cerro

 


Don Benigno Corvalán, vecino de El Zanjón, Dto. Capital, que fue "manual" de don Gaspar Taboada, cuenta que allá, por el año 70, se había perdido en el cerro de Guasayán, una mula cargada con tres barriles de aguardiente. Un arriero fue en su seguimiento y después de mucho andar se encontró ante una laguna, circundada de piedras de oro, que producían vivos reflejos en el agua en que se reflejaban. Quedó asombrado el arriero y al levantar la vista, vio sobre una peña a una mujer desnuda, de singular belleza, que peinaba sus cabellos rubios con un peine de oro. Era la madre del cerro u orko maman, como se la llama en quichua, de orko: cerro, y maman: madre.

Pasada la sorpresa que en el arriero produjo esta visión de la deidad tutelar, cargó algunas piedras de oro y fuése para el pueblo, donde contó la extraña aventura. Los vecinos, organizados en comisión, partieron para la conquista del tesoro. Iba a la cabeza el arriero del cuento. Pero cerca ya de la laguna, una densa neblina los tapó, impidiéndoles proseguir la búsqueda.

Cuentan, además, que la madre del cerro se encolerizó cierta vez que jaloneaban las faldas de la serranía de Guasayán por no haberla invocado ni buscado su protección. Al ir a cavar la pica, todo el cerro se estremeció sacudido por un sismo, del que todavía guardan memoria los pobladores de la zona.

La leyenda del orko maman, en su primera versión se asemeja a la del peine de oro de la laguna del cerro bayo de Tucumán.

 

Extraído del libro: El Folklore de Santiago del Estero, de Orestes Di Lullo


domingo, 12 de abril de 2026

Cacho Lobo y una vida a plena risa

 Por Cristian Ramón Verduc


"¡Sixto, le he puesto letra al Tero!" Con esta exclamación y una de sus amplias sonrisas entró Cacho Lobo en la peluquería de Don Sixto Palavecino. Las horas compartidas, las actuaciones juntos, la lucha en común por el Alero Quichua Santiagueño, y su particular modo de ser, alegre y extrovertido, hacían que Cacho tuviese ese trato familiar hacia Don Sixto.

Amadeo Lobo era de Laprida, pequeño pueblo del Departamento Choya con una estación de ferrocarril, a poco menos de 40 Km de Loreto yendo hacia Frías. Cacho recordaba siempre a su Laprida como un pueblo tranquilo, de gente amable, algo de salitral y mucho folclore.

Desde chico se inclinó hacia la música folclórica. Aprendió a tocar la guitarra y el charango. El bombo no era para aprender, sino más bien algo natural, igual que el canto. Un poco más crecido también escribía versos a los que les ponía música.

En la ciudad de Santiago del Estero, Cacho Lobo fue cantor y músico. Su carácter chispeante y ocurrente fue manifestándose cada vez más en los escenarios y poco a poco el humorista casi desplazó al cantor. El humor ante un micrófono es cosa seria, más aún si tenemos en cuenta que Cacho era de los humoristas que no recurren a la palabra soez o a la agresión verbal para arrancar una risa del público.

Se integró al Alero Quichua Santiagueño en la época en que Felipe Corpos conducía la audición radial. Cuando Corpos sufrió el accidente fatal, fueron Nidia Franicevich y Cacho Lobo quienes debieron hacerse cargo de conducir la audición. Después se incorporó Rubén Palavecino a la conducción de la audición, y al poco tiempo Nidia se fue a Jujuy para trabajar como locutora en una emisora de radio.

La conducción de la audición radial era compartida entre Rubén Palavecino y Cacho Lobo. En las reuniones de los Lunes por la noche en la peluquería de Don Sixto se planificaba la audición del Domingo que seguía, las salidas a la campaña y otras actividades. Si tales salidas impedían la emisión directa de la audición radial, se grababa el Jueves por la noche.

Con motivo del casamiento del cantor José Sequeira en Villa Salavina, los integrantes del Alero Quichua hemos viajado en un ómnibus contratado para tal fin. La ceremonia y fiesta de casamiento fueron celebradas un Sábado por la noche. El Domingo por la mañana, Don Sixto, Rubén, Cacho Lobo, José M. Lami Hernández (h) y Edgardo Mansilla han ido hasta Barrancas, donde Doña Abdona de Villarreal ha hecho entrega a Don Sixto del primer violín que él tuviera y que hacía décadas había cambiado por otro mejor. Ese trascendental momento ha sido registrado en fotografías y grabación de audio. Tal como hacía Felipe Corpos, en las salidas del Alero se tomaban grabaciones para luego reproducir en la audición.

En las reuniones de esos tiempos, la gente del Alero Quichua estaba procurando un terreno donde construir La Posta Quichua, que sería un emprendimiento integral tradicionalista. Don Sixto tuvo una entrevista con el Gobernador de la Provincia, General César Fermín Ochoa, con quien dialogó en quichua, pues el General Ochoa era quichuista natural del departamento Atamishqui. De esa reunión, a la que Don Sixto concurrió con otras personas del Alero, surgió la urgente necesidad de tramitar la Personería Jurídica. Cacho Lobo fue uno de los impulsores del trámite que se inició en Septiembre de 1.977 y también fue uno de los integrantes de la Comisión Directiva, que era presidida por Don Sixto Palavecino.

Su primer disco, grabado en el formato Larga Duración, se llama Cacho Lobo y sus Santiagueñadas. El disco ha sido presentado junto con el disco Corazón de Mishtoles de Carmen Palavecino. Esa noche Radio Nacional ha transmitido la presentación desde el Teatro 25 de Mayo, que estaba lleno de público mayoritariamente integrante o simpatizante del Alero Quichua Santiagueño.

En su actividad laboral, llegó a tener una imprenta en la que trabajaba con sus hijos, a los que formaba en lo laboral, en lo artístico y fundamentalmente en los valores humanos.

Generalmente actuaba solo, a veces con Don Sixto y a veces como Cacho Lobo y Sus Hijos. Walter Lobo tocaba la guitarra y cantaba a dúo con Cacho. Pablo tocaba el bandoneón y es un músico de prestigio nacional que participó en la grabación del Volumen 6 del Alero Quichua. Mario es violinista y se dedica a la enseñanza. El más chiquito de los que subían al escenario cantaba y hacía imitaciones, mientras que las dos niñas tocaban el bombo. Cacho escribió y grabó el poema Romance Para mis Hijos, donde los compara con las notas musicales. En el disco Cacho Lobo y Sus Hijos (1.987) participan Walter, Pablo, Mario y las dos chicas.

Serio y firme a la hora de defender convicciones, en el trato personal era alegre y bromista. Gustaba de poner un apodo a su interlocutor, para mudar hacia otro en el próximo encuentro, pues el sobrenombre era solo para el momento. Recordando una expresión de Felipe Corpos, llamaba a la peluquería de Don Sixto "La Jabonería de Vieytes", evocando el local donde se reunían a conspirar los patriotas de Mayo de 1.810. En homenaje a Felipe Corpos, creó el gato El Felipe Benicio.

Don Sixto solía tocar en todas sus actuaciones un gato suyo que imitaba al tero. Cacho sabía bien la melodía por ser compañero habitual en la radio y en otras actuaciones. La noche en que llegó a la peluquería anunciando que había puesto letra al gato, lo cantó enseguida con la guitarra que Don Sixto siempre tenía en su lugar de trabajo. La letra describe poéticamente el aspecto y costumbres de la avecita. Una vez registrado, el nombre quedó como El Canto del Tero, música de Don Sixto Palavecino y letra de Cacho Lobo. Ha sido grabado por intérpretes nacionales.

A los nuevos cantores, ansiosos por subir a los escenarios, Cacho solía aconsejar una buena preparación cultural para tener fundamentos a la hora de hablar al público. Decía que uno debía leer por lo menos el manual Santiago del Estero de la escuela primaria. Sugería ensayar ante un espejo para controlar postura, ademanes y gestos. También solía decir: "Changos, no anden con dudas; consulten a Don Sixto; él no solo es nuestro factor humano aglutinante sino también un hombre que sabe mucho."

De pronto, Cacho Lobo dejó de concurrir a todas las actividades del Alero Quichua. Evitaba hablar de los motivos para tal alejamiento. La muchachada del Alero y del folclore en general concurría a diario a la imprenta, donde había conversación alegre y sana, bromas, música, canto y mate. Bebidas alcohólicas no; ni pensarlo en un lugar de trabajo; además, ni el dueño ni sus hijos bebían.

Años después se fue a vivir en Arrufó, provincia de Santa Fe, de donde volvió enfermo y empobrecido. Falleció en Santiago del Estero el 18 de Marzo de 1.997.

Además del recuerdo de su gran sonrisa, sonoras carcajadas y sanos consejos, nos quedan varias creaciones folclóricas, como la chacarera Coplas Dulces, con música de Don Sixto. Con Orlando Gerez creó el chamamé Río Santiagueño y la chacarera Fuelle Santiagueño. La polca llamada Posiblemente, también es de Cacho, al igual que la zamba Coplitas Jujeñas, la chacarera Amaneciendo en Vidalas, la chacarera Anga Súmaj, la zamba Regresando al Pago y la chacarera Don Braulio. Hay más creaciones de Cacho para conocer o recordar. Habrá que preguntar a sus hijos, que siguen sembrando notas musicales por el pago.

Fuente: Facebook: Patio Santiagueño


sábado, 11 de abril de 2026

La noche trágica de Villa Loreto

 


A 12 km de la Ciudad de Loreto se encuentra la Villa Vieja sepultada bajo las aguas del Mishki Mayu. Conoció su destino de desgracia hace más de 100 años, posiblemente un 18 de noviembre. En 1908 fue arrastrada por una masa de agua y lodo desbordados del Mishki mayu.

La creciente llegó a las tres de la madrugada y no hubo tiempo de salvar nada. El agua furiosa los sorprendió mientras sus pobladores descansaban después de una calurosa jornada de trabajo.

Indalecio Gómez, un antiguo poblador y sobreviviente de la inundación, la llamó “la noche trágica”. Sólo algunos atinaron a subir a techos y árboles, pues el cauce del canal de Tuama había desbordado por tercera vez. El amanecer encontró a los pobladores con dos metros y medio de agua y un sordo silencio de espanto los invadió.

El párroco Juan Retambay, durante toda la noche y en bote, hablaba a los pobladores, les pedía que piensen, que debían abandonar sus casas para trasladarse hacia la Estación Loreto. Los invitaba a viajar junto a la patrona y muchos lo siguieron. Según la historia, "TATACU" Carmen (Tata: Padre; cu: más que), violinisto y botero de la zona, salvó a varios vecinos. Otros, huyeron. Los objetos de culto y la imagen de la Virgen fueron trasladados a la Estación Loreto.

Retambay construye sobre la vieja capilla en honor a la Virgen de las Mercedes el templo a la virgen patrona, iniciando los trabajos entre los años 1934 y 1937 junto con los sobrevivientes de la desparecida Villa Loreto.

El carácter reflexivo de la historia permitió a los pobladores emitir un único y valioso punto de vista, la inundación fue el resultado de numerosos factores de desencuentros políticos, de indiferencia comunitaria y de excesivas riquezas materiales, las que no permitieron avizorar aquel trágico final.

 

Violín de Tatacu (Letra y música: Fortunato Juárez)

 

Pucha! que lindo pago
fue la Villa Loreto
rodeada de gente feliz
de paz y respeto,
casitas con recovas
y lindos parapetos.
Al tan, tan!! del campanario
se llenaba el viejo templo
y la Virgen de Loreto
Dejaba su bendición.
 
El Río Dulce regaba
canales y acequias.
 
El paisano con su arado
canturreando vidalitas
sembraba siempre soñando
cosechar dichas sin fin.
 
Andaba en esos tiempos
Tatacu con su violín.
 
Tatacu Carmen su violín
paseaba en las fiestas
en épocas del carnaval
andaba en la siesta
embrujando trincheras
hasta el amanecer.
 
Carpintero era su oficio
botero y nadador
vencedor del Río Dulce
quichuista de lo mejor.
 
Así llegó aquel día
que es tan triste contarlo.
 
El Río Dulce y su bravura
se llevó a Villa Loreto
y Tatacu con sus botes
salvando a la población.
 
Todo eso ya es recuerdo
que me oprime el corazón.

 

Fuente: FolkloreCLUB

El general San Martín en Santiago

Por Crístian Ramón Verduc


Los atardeceres veraniegos en la provincia de Santiago del Estero se hacen agradables con el aroma de yuyos, con el canto de los pájaros y “lejos lejos” (de vez en cuando) el cantar de una vidala. Los recuerdos de esa conjunción de horizonte rojizo y alta temperatura, hacen que el vidalero cante en tierras lejanas: “Atardeceres de fuego ¡Ay, quién pudiera volver a aquellos tiempos ya idos, revivir aquel ayer!” La vidala llamada La Manogasteña, que interpretan Los Manseros Santiagueños, nos cuenta de la nostalgia que siente el criollo de Manogasta que vive en un pago lejano, diferente al de su origen.

Es muy posible que esa persona se sienta inconscientemente obligada a parecer lo que no es. Esto ocurre generalmente con los provincianos que emigran hacia Buenos Aires. Estando allá, procuran ocultar su verdadera identidad y mimetizarse en la masa de gente llegada de todo el país. Es una enorme masa humana de diversos orígenes, casi todos procurando imitar a los “porteños”.

Esos llamados porteños son en su mayoría gente que ha llegado antes, como tributo de las provincias al remolino succionante que son la Capital Federal y alrededores. Si una persona joven provinciana es de escasos recursos económicos, es muy probable que deba viajar a Buenos Aires para procurar empleo y enviar dinero a la familia que quedó en el pago querido.

En otros casos, en los que no hay apuros materiales, la juventud debe emigrar de su lugar de origen hacia Buenos Aires u otro centro urbano desarrollado para tener mejores posibilidades en cuanto a educación. Los artistas viajan hacia Buenos Aires para procurar el éxito, pues en el pago se reconoce más a lo que viene desde la gran ciudad. Lamentablemente, el centralismo no es una característica exclusiva de nuestro país ni de estos tiempos. Se puede ver históricamente en los imperios y países, grandes o pequeños, todos con su ciudad capital recibiendo tributos desde los confines territoriales, como cuando se exprime una fruta, presionando de afuera hacia adentro.

Históricamente han sido las ciudades sede del gobierno las que han recibido los mayores recursos y ofrecido para sus habitantes las mejores oportunidades. Se puede afirmar sin temor a errar, que esa situación se viene dando desde el fondo de los tiempos en todos los continentes de nuestro planeta. A fines del Siglo XVIII, un matrimonio español que vivía en un lejano departamento del Virreynato del Río de la Plata, quiso darles a sus hijos buenas oportunidades, con visión de futuro, así que todos emigraron a Buenos Aires, y de ahí a España.

El menor de los cinco hijos era un “gurí” correntino, que había nacido el 25 de Febrero de 1778 en Yapeyú, departamento de las Misiones Guaraníticas. Era José Francisdo de San Martín y Matorras, hijo de Juan de San Martín, Teniente Gobernador del departamento Yapeyú, y de Doña Gregoria Matorras del Ser. Como era costumbre en esa época, el niño fue criado en su primera infancia por una empleada o criada de la casa.

En el caso de José de San Martín, su niñera era guaraní, de nombre Rosa Guarú. Hay sospechas de que Rosa Guarú sería la madre biológica de nuestro prócer, lo que le otorgaría criollismo de sangre, además del que demostró en los sentimientos. Más allá de especulaciones, el hecho es que el mayor prócer argentino nació en Yapeyú, actual provincia de Corrientes, y amó a su lugar natal, a todo el país y su gente.

José de San Martín tenía seis años de edad cuando toda la familia se estableció un tiempo en Buenos Aires y de allí partió hacia España. A los once años de edad ingresó como Cadete en el Regimiento de Murcia. Pocos años después, combatió en el Norte de África, también en territorio español y francés. A los treinta y cuatro años de edad, cuando ya era Teniente Coronel de Caballería del Ejército de España, retornó a Buenos Aires junto con otros oficiales nacidos en nuestro territorio.

El Triunvirato reconoció el grado militar de San Martín y le encomendó la formación de un cuerpo de caballería, unidad terrestre de rápida movilización y poderosa en el combate. Así nació el Regimiento de Granaderos a Caballo, el que tuvo su bautismo de fuego en San Lorenzo, unos kilómetros al Norte de Rosario, el 3 de Febrero de 1.812. Poco después, San Martín tomó el Camino Real, con orden de relevar al General Manuel Belgrano en el mando del Ejército del Norte, recientemente derrotado por los españoles en Vilcapugio y Ayohuma. Ambos próceres de la Patria se encontraron en la provincia de Salta, posiblemente en Yatasto, y en Tucumán conversaron largamentesobre las dificultades para hacer retroceder a los españoles del Alto Perú (hoy Bolivia), naciendo así en el Padre de la Patria la idea de cruzar hacia Chile para expulsar a las tropas realistas y de allí pasar a Perú con el mismo objetivo.

El Camino Real era la ruta terrestre que unía Buenos Aires con Tarija, en el Alto Perú (actual Bolivia), pasando por las provincias de Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy. Cada tanto, entre las ciudades, había una posta, lugar de descanso y recambio de animales. Viniendo del Sur, la última posta antes de la ciudad de Santiago del Estero ha sido la de Manogasta, distante poco más de treinta kilómetros de la Madre de Ciudades.

 

Éste fue uno de los lugares donde paró a descansar el Padre de la Patria en su extenso viaje. Hoy es fácil llegar hasta Manogasta, pues la ruta que antes era el Camino Real está pavimentada. Se sale de la ciudad de Santiago del Estero por la calle Independencia y, pasando por Los Flores, Maco, Maquito, La Vuelta de la Barranca, Los Cardozo, San Pedro y Upianita, se puede ver una isleta en el centro de la ruta. En esa isleta está protegido el Algarrobo Histórico que diera sombra a Don José de San Martín.

Hacia la derecha nace el camino hacia Buey Rodeo y a la izquierda está el cementerio de Manogasta. Es posible que, mientras la tropa descansaba en Manogasta, San Martín haya tocado la guitarra y cantado bajo el algarrobo, o tal vez haya escuchado el cantar de algún manogasteño. El canto era una de los principales entretenimientos de aquellos tiempos no tan lejanos. “Pago antiguo y tan sufrido, vieja posta del ayer. Aquí te canta tu hijo, que tanto añora el volver.”

El santiagueño que canta desde la distancia, deseando regresar al pago, se siente más apegado a su terruño. Cuando está agrupado con los coterráneos también emigrados, deja de lado la ficción negadora de su origen y se muestra tal cual es. Desde Santiago del Estero, lo mejor que podemos hacer para que el emigrado y el visitante encuentren a Santiago del Estero cuando vengan, es mantener intactas las raíces folclóricas que nos dan personalidad. El quichua forma parte de nuestra identidad santiagueña.

Somos santiagueños; hemos nacido y pasado nuestros mejores años en nuestra provincia. Seamos lo que debemos ser: Auténticos santiagueños. Ya lo dijo el General José de San Martín, nacido hace doscientos cuarenta y seis años en Corrientes, el mismo Libertador que pasó por nuestra provincia hace doscientos dos años: “Serás lo que debas ser, o no serás nada.”


Lo que escribió Mario Arnedo Gallo cuando murió su amigo "Soco" Díaz, su homenaje a Luis Billaud y a la acequia de la Belgrano

 


“Salavina ¡Ay, Salavina! Quisiera verte otra vez…” escribía el gran músico y poeta, nostalgioso y apenado al enterarse de la muerte de su amigo Benicio Díaz. Mario Arnedo Gallo estaba en la provincia de Buenos Aires, sin posibilidades de poder dar un último adiós al “Soco” Díaz, y su pena tomó forma de zamba.

Mario Arnedo Gallo nació en Santiago del Estero el 15 de Mayo de 1.915. En su época de estudiante vivió en Santa Fe. Luego volvió a Santiago, para años después radicarse en la provincia de Buenos Aires, donde vivió hasta el fin de sus días, aunque siempre volviendo al pago aunque sea por lapsos muy breves.

La zamba Salavina es una de las piezas más valiosas e interpretadas del folclore nacional; su melodía es cautivante y su letra va al monte, sobrevuela el río y vuelve al pequeño poblado.

Villa Salavina es una de las poblaciones más antiguas de la provincia de Santiago del Estero, construida a orillas del Río Dulce y cargada de historia. Para conocer gran parte de esa rica historia, hay que procurar leer La Agonía de los Pueblos, del Dr. Orestes Di Lullo. En el capítulo dedicado a Salavina, nos relata en una prosa sentida la importancia económica, política y cultural que tuviera la Villa Salavina y su decadencia posterior. Cabe agregar que en la actualidad, Salavina no está agonizando y sigue siendo una importante población del sur de nuestra provincia. Mejorando la comunicación vial, seguramente Salavina volverá a florecer totalmente.

Extraído de una nota de Cristian Ramón Verduc

CHACARERA DEL CANTOR

Es muy probable que la Chacarera del Cantor la haya compuesto en homenaje o recuerdo de su amigo el Dr. Luis Billaud, como lo sugiere su estribillo "Chacarera, chacarera, chacarera de mi flor y mi bombo sumameño recuerdo de Luis Billaud". Mario Arnedo se juntaba en largas y recordadas veladas con los hermanos Julián “Cachilo” y Benicio “Soco” Díaz en guitarra y bandoneón, el juez Luis Billaud en el bombo y Sofanor Díaz, en guitarra. También menciona al Dr. Billaud en la chacarera “Ayayitay”: “Vino hay en las penas, sangre en el color y una cruz de palo en el dolor. Ayayitay Luis Billaud.”. Es el mismo personaje que aparece en una de las dos letras de la chacarera La Mocha: “El doctor Billaud bailaba y al pelo la chacarera, despacito mudanceaba en medio la polvareda”. Una letra es de Oscar Arturo Mazanti (Oscar Cacho Valle) y la otra del Dr. José Antonio Faro Palumbo, sobrino de don A. Chazarreta.-

Con su bombo sumameño se está refiriendo al Pueblo de Sumamao - Departamento de Silípica – donde se festeja a San Esteban (26 de diciembre) una de las manifestaciones más populares de fe, y se caracteriza por una mezcla de rito católico con pagano que fueron introducidas por los aborígenes, donde los promesantes acuden a caballo y al ritmo de los bombos. Me comentó mi amigo e investigador Alberto “Gringo” Bravo de Zamora que el bombo de Billaut lo conserva la esposa de Arnedo Gallo, doña María Susana Insausti. Un dato más que interesante: el Dr. Luis Billaud es autor de la zamba “Agüita chirle”.-

LA DURA VIDA EN CAPITAL

Arnedo Gallo vivió casi cuatro décadas en Hurlingham, en 1947 llegó con su mujer, y su pequeño hijo Fernando. La familia alquiló una casa sobre la calle Remedios de Escalada, a media cuadra de la estación Hurlingham y al poco tiempo se mudaron a Santa María, una casa quinta que estaba en Solís y Vergara y que ya fue demolida. Era muy grande y tenía muchas habitaciones, medía 40 metros de frente y los fondos llegaban hasta la calle Remedios de Escalada. Por ahí pasaron muchos músicos que gracias al enorme espacio podían tocar hasta la hora que quisieran sin molestar a nadie. Ensayaban y hacían guitarreadas a las que concurrían amigos y familiares.

Seguramente cantaban hasta la madrugada y por el gusto de cantar, como dice la chacarera. Yo soy cantor y disculpen, santiagueñito i' nacido, soy como el viejo quebracho, vivo mejor al descuido (pelusitas de totora- chacarera)

Como todo provinciano, en especial el santiagueño, la vida en la “Capi” fue siempre dura y difícil. Mario Arnedo no fue la excepción: Cuando salí de Santiago todo el camino pensaba, que solo con mi ponchito, y mis alpargatas sobraban. Llegando a Buenos Aires, me di cuenta el equívoco, porque a veces no comía y al otro día tampoco. Así barajao' el naipe, venía la cosa muy fea, pensando en parar la olla, dentre a cantar chacareras. (la yuya- chacarera).Tuvo que vender el piano para poder pagar el parto en el que nació su hijo Diego (hoy integrante de Divididos).

No cabe dudas que esa dureza que marca el desarraigo quizás la podía en cierta forma sosegar con su “cantar” porqué como bien lo dice en la zamba “Tristeza santiagueña” No es bueno hacerse mal juicio, de quién arrastra un penar, tan sólo el alba comprende cuando un santiagueño se pone a cantar.-

La estrofa que dice Cuando la gente no canta y no nos deja cantar me da ganas de prestarles un corazón de zorzal es de una formidable exactitud para quienes hemos tenido la oportunidad de compartir guitarreadas o reuniones –especialmente de amigos- donde no falta uno o varios comensales que ni siquiera vale la pena prestarles un corazón de zorzal.

LA ACEQUIA DE LA BELGRANO

La célebre acequia de la Belgrano


Para Mario Arnedo todo canta…Canta el agua, canta el río, el coyuyo y el crespín (el crespín va rompiendo el silencio sobre amargos senderos de sal -Salavina-zamba), así cantaba un paisano por los pagos de Mailín. (Mi chacarerita mota si me habrás visto “machao”, cuando el diablo anda en el vino por Mailín y Sumamao. Cuando el diablo anda en el vino-chacarera).

Canta el agua en las acequias el otrora fresco y arbolado paseo, sacude la memoria de los que peinan canas. Y también amaga una lágrima furtiva escaparse ante el inevitable cotejo entre pasado y presente. La acequia de la avenida Belgrano fue una sorprendente obra de ingeniería que dio origen a la agricultura de riego. Nuestra “acequia principal”, como se la llamó primitivamente por ser única y la de mayor caudal, al servicio de “chacras y sementeras”, fue centro de interés económico, político, social y religioso de la ciudad, desde los albores de su existencia. Según relata la historiadora Sara Díaz de Raed, en su libro “Monumentos y Lugares Históricos de Santiago del Estero”.

Adalberto Mario Raúl Arnedo Gallo, falleció el 22 de noviembre de 2.001 a los 83 años.-

Foto:Julián y Benicio Díaz, Sofanor Díaz, Luis Billaud en el bombo y Mario Arnedo Gallo en el piano. La célebre acequia de la Belgrano.

Publicado por Dardo Molina Chazarreta | FBK: Patio santiagueño

Cuando el monte enseñaba a tocar: la historia de Carlos Carabajal y Don Ponciano Luna

 


En los caminos polvorientos del norte santiagueño, lejos de radios y escenarios, la música nacía al calor del fogón. Esta es la historia de un encuentro que dejó huella en el cancionero popular.

Un viaje largo hacia el corazón del monte

A fines de los años 40, cuando viajar dentro de Santiago del Estero era casi una aventura, Carlos Carabajal emprendió un trayecto que marcaría su vida para siempre.

Su destino era Nueva Esperanza, en el departamento Pellegrini, a más de 200 kilómetros de la capital provincial. Allí trabajaba su hermano, Ernesto "Tito" Carabajal, quien había sido nombrado en el Correo años antes.

El viaje no era sencillo. Había que descender en 7 de Abril y continuar en sulky durante horas, con paradas obligadas para que el caballo descansara. Ocho horas más, bajo el calor, el polvo y el silencio del monte.

Pero al llegar, lo esperaba algo más que compañía familiar.

El encuentro con un maestro del monte

En ese paisaje áspero y profundo, Carlos conoció a Ponciano Luna, un hombre mayor, de esos que parecen hechos de tierra y música.

Luna era un musiquero completo: bandoneón, guitarra, violín. Tocaba todo, y lo hacía con una naturalidad que no se aprende en academias. Ya tenía referencias del joven Carabajal, y no tardaron en armar un pequeño conjunto junto a Lucindo Prado, cuñado de Tito.

Así empezó una etapa intensa: noches de baile en el campo, carnavales monte adentro, escenarios improvisados sobre acoplados y públicos de cientos de personas que llegaban a pie, a caballo o en sulky.

No había micrófonos. No había parlantes. Había que cantar fuerte, sostener el ritmo, atravesar la noche.

Bailes, calor y vino caliente

Las condiciones eran duras. El calor apretaba, los caminos eran largos, y el “refrigerio” para el viaje era vino —puro y caliente— que acompañaba el trajín.

En esos bailes, la música era todo. Folclore, chamamé, tangos, valses. Un repertorio amplio para un público exigente que no conocía otra forma de escuchar que no fuera en vivo.

Y en medio de ese mundo, Don Ponciano tenía su sello.

Cuando alguien se acercaba a agradecerle, él fingía no escuchar. Se hacía el sordo, miraba de reojo y respondía con picardía:

—"Cerceza nomás. Gracias".

Una escena mínima, pero suficiente para entender el carácter del personaje.

Aprender al lado del fogón

La relación entre Carlos y Ponciano fue mucho más que musical. Fue, en esencia, una transmisión.

Años después, descendientes de Luna recordarían cómo aquel joven llegó casi sin nada: una tarde fría, con un bolsito gastado, tímido, silencioso. Lo recibieron con mate y tortilla a la parrilla, y se quedó.

No solo encontró un lugar donde dormir. Encontró una familia.

Le dieron ropa, calzado. Lo acompañaron. Y, sobre todo, le enseñaron.

Las noches se volvían largas entre guitarras y bandoneones. Ponciano tocaba, Carlos aprendía a acompañar. No había partituras, no había teoría: había oído, repetición, paciencia.

Ahí, en ese intercambio casi invisible, empezó a formarse una manera de entender la música.

Una amistad que se volvió canción

El tiempo separó los caminos. Carlos tuvo que regresar para cumplir con el servicio militar. Después volvió, se reencontraron, compartieron nuevas melodías.

Pero la vida siguió su curso.

Años más tarde, ya instalado en Buenos Aires, Carlos Carabajal transformó esa memoria en música. Junto a Peteco Carabajal, compuso una chacarera que sería un homenaje directo:

 “A Don Ponciano Luna”

Una canción cargada de afecto, de aprendizaje, de gratitud. En sus versos aparecen los lugares, los recuerdos, los consejos de aquel hombre que le enseñó algo más que acordes.

Le enseñó una forma de estar en el mundo.

Lo que queda cuando la música pasa

Historias como esta no suelen figurar en los grandes libros. O quedan, como en este caso, en manuscritos inéditos, en relatos familiares, en la memoria oral.

Pero dicen mucho.

Hablan de una época en la que la música no era espectáculo, sino encuentro. En la que un joven podía llegar con nada y, sin darse cuenta, empezar a construir un camino.

Y también hablan de esos maestros anónimos —como Ponciano Luna— que no dejaron discos ni escenarios, pero sí algo más difícil de registrar: la huella en otros.

A veces, el verdadero legado no se escucha en una grabación.

Se escucha, todavía, en la forma en que alguien toca una guitarra bajo el mismo cielo del monte.

Fuentes consultadas: Fragmento de la entrevista de Juan Carlos Carabajal a Carlos Carabajal en el programa Mateando con Juan Carlos. Nuevo Diario web. Libro inédito "historia del cancionero folclórico santiagueño" de Omar sapo Estanciero


La santiagueña