miércoles, 13 de mayo de 2026

La mudanza del silencio: El zapateo femenino como acto de resistencia y memoria

Históricamente narrado como un duelo de virilidad y destreza masculina, el malambo esconde bajo la tierra las huellas de mujeres que desafiaron su tiempo. Recuperar su historia no es solo un ejercicio académico, sino un acto político para desarmar los mitos que nos impidieron verlas.




El sonido es un golpe seco, un latido que retumba en el pecho. Por generaciones, nos contaron que ese estruendo contra el suelo era patrimonio exclusivo del gaucho, una prueba de fuerza y masculinidad. Pero si escuchamos con atención, entre los pliegues de nuestra historia, el zapateo también suena en clave de mujer. La presencia femenina en el malambo no es una "incorporación" moderna; es una existencia ancestral que fue sistemáticamente invisibilizada por una narrativa patriarcal.

Romper el mito: La mujer más allá de la sombra

Durante décadas, la historiografía oficial del folklore relegó a la mujer al rol de acompañante: la que espera, la que luce el vestido, la que suaviza la escena. Sin embargo, los estudios de Carlos Vega y otros investigadores nos devuelven una imagen mucho más potente. El malambo, como expresión de identidad, nunca tuvo un solo dueño.

La invisibilización de la mujer en esta danza no fue un accidente, sino el resultado de una construcción cultural que menospreció su capacidad técnica. A pesar de esto, ellas estuvieron ahí, apropiándose de una herramienta de expresión que les permitía demostrar destreza, creatividad y, sobre todo, una fuerza que la sociedad de entonces prefería no ver.

El eco de 1921: Cuando ellas ocuparon el centro

Uno de los testimonios más disruptivos que sobreviven al paso del tiempo proviene de la Encuesta Nacional de Folklore de 1921. Allí, un hombre de 65 años llamado Lorenzo Maratini dejó asentado un dato que hoy es una bandera: la participación de parejas mixtas en competencias de malambo.

Este registro no es una simple anécdota. Es la prueba de que existieron espacios de competencia directa, donde la mujer no era una invitada de piedra, sino una contendiente que desafiaba la norma. Eran mujeres que, hace más de un siglo, ya estaban disputando el territorio del zapateo, demostrando que la técnica y el ritmo no conocen de géneros, sino de pasión y pertenencia.

El malambo como lenguaje de liberación actual

Hoy, el resurgimiento del interés por nuestras raíces ha permitido que miles de bailarinas retomen ese legado. Ya no se trata de "imitar" al varón, sino de reinterpretar el malambo desde la corporalidad y la vivencia femenina. Las nuevas interpretaciones incorporan elementos contemporáneos que dialogan con las luchas actuales de las mujeres en Argentina.

Sin embargo, el camino hacia el reconocimiento pleno sigue teniendo obstáculos. La percepción del malambo como un bastión de lo masculino genera techos de cristal en competencias y festivales. Por eso, las iniciativas de talleres y espacios exclusivos para mujeres no son solo pedagógicas, sino reparadoras: buscan reescribir una narrativa donde ellas sean, por fin, las protagonistas de su propio zapateo.

Un cierre para que la tierra hable

Reconocer la presencia femenina en el malambo es devolverle al folklore su verdadera integridad. No podemos hablar de una danza "nacional" si dejamos fuera a la mitad de la población que la sostuvo en las sombras.

El malambo es, y debe ser, un reflejo de una cultura inclusiva. Mientras cada vez más mujeres marquen sus mudanzas sobre la tierra, el eco de aquellas pioneras de 1921 seguirá vibrando, recordándonos que el zapateo no es solo una danza, sino un grito de libertad que ya nadie puede silenciar.

#MalamboFemenino #FolkloreArgentino #MujeresEnLaHistoria #CulturaNacional #DanzaArgentina

martes, 12 de mayo de 2026

Zamba de Vargas, Versión del zapateador y guitarrero Narciso "Nachi"Gómez

 


Sobre esta zamba: Tanto en Santiago del Estero como en La Rioja, se han recopilado distintas versiones de la zamba de Vargas, llegándose a contabilizar hasta 39, que exaltan a uno u otro ejército según su procedencia. Algo similar sucedió en las provincias vecinas. Es que la denominada ‘canción patriótica’ surgida a partir de la gesta revolucionaria de mayo, como una canción de protesta, había ido transformándose en la denominada canción partidista, que caracterizó al período de las luchas intestinas de mediados del siglo XIX, tanto en el bando unitario como en el federal. Muchas de estas piezas del denominado folclore histórico, transmitidas en forma oral, se perdieron a lo largo de los años por falta de una recopilación sistemática de las mismas, aunque algunas perviven en la memoria colectiva.

Oscar Segundo Carrizo tomó del zapateador y guitarrero Narciso Gómez, ¨Nachi Gómez¨, la siguiente versión:

Nachi Gómez es por sí mismo una acentuada evocación de nuestro folklore bailable y musical. Es, sin disputa, el santiagueño que más intensamente lo ha vivido. Desde los días inmediatos postcoloniales, Nachi era ya un “chango” a quien arrastraba insensiblemente al baile y al canto popular. En toda una visión retrospectiva, fugaz y llena de color, nos refiere Nachi sus andanzas de cantor, de bailarín y de músico.

Tenía apenas –dice Nachi- 13 años cuando hombre como de treinta me desavió a un “malambo”. Yo bailaba descalzo. No tenía zapatos. Así “chaquin ya talla” –con los pies al campo- dice en quichua, me presenté. Le gané fácilmente. Sabía yo muchas mudanzas y tenía las tabas livianas. Me dijeron que el hombre se enojó y que me buscó para azotarme. El individuo era de Salavina y pronto se fue. Después de este hecho mi crédito se agrandó. Todos comenzaban a invitarme.

Por esos tiempos -dice haciendo una digresión- el monte estaba metido todavía en la ciudad. Para llegar a estos lugares -donde hoy vive en Colón y Pringles, sobre Güemes- al centro, o sea al Cabildo, teníamos que ir por un caminito de cabras, haciendo a un lado los “ichiles”, una planta regional sin espinas.

No había mucha gente -prosigue Nachi- que cantar o bailara bien nuestros bailes. Tenían entonces las reuniones otro carácter. La gente bebía mucho. Los cantores tenían el orgullo cerril de no ceder sitio a otros. Cuando se juntaban dos, se producía el reto. Venía la payada, esta seguía el desafío a beber y cuando no había vencidos evidentes, esta disputa adquiría caracteres más feroces: salían de sus vainas los cuchillos y los hombres se trababan en terrible duelo. Era en los tiempos cosas de machos.

Usted, -le decimos a Nachi- debe haber conocido mucha gente y muchos lugares.

Cierto, no había bailes ni fiestas que yo no conociera en la provincia. Conozco casi todos los santos a los que se hace fiesta. Hombres de todas las categorías. Yo estuve en Rosario con el doctor Manuel Gorostiaga, gran santiagueño. Era ordenanza. Por ahí andando me ocurrió un percance curioso. Yo no sabía leer. Trabé conocimiento con una “galleguita”. Me enamoré de ella y ella se prendió de mí. Y como la mujer enamorada hace milagros, ella me enseñó a leer y escribir. Y en cuanto aprendí le perdí el amor. Dicen que el diablo también perdió su influencia en la tierra por meterse a enseñar.

Más tarde volví para mis pagos. Cometí otro error si podemos decir así. Robé a la mujer que es hoy mi esposa y a los tiempos me casé. No dejé de bailar ni de cantar por eso. Esta era mi pasión más fuerte. Eso sí, no aprendí ni a beber ni a fumar. Sólo tenía la debilidad de “zorriar”. Indica con esto que le cautivaban las faldas. Nachi era, además, buen tabeador y los naipes en sus manos, se embrujaban para favorecerlo.

Nachi está hoy un poco viejo. Más de setenta años. Posee una memoria extraordinaria para todas estas cosas. Nos hubiese agradado consignar todo lo que nos ha dicho, pero el espacio, severo dictador, nos lo impide.

Nachi, es además compositor. Escribe piezas bailables. Tiene varias que han sido ya grabadas y se difunden en discos. Tiene otras en preparación.

De modo que es Vd. -decimos- quien más ha agitado el folklore.

-Sí, porque yo lo he bailado, lo he cantado, lo he tocado y lo he vivido. Todavía lo vivo, aunque con menos intensidad, pero con igual fervor

lunes, 11 de mayo de 2026

La expedición que recorrió la Sierra de Guasayán cuando todavía era un territorio desconocido

A comienzos del siglo XX, una travesía geológica intentó registrar por primera vez una de las regiones menos estudiadas de Santiago del Estero

Por Leyendas del Folclore Santiagueño



Hoy la Sierra de Guasayán forma parte del paisaje habitual del oeste santiagueño. Pero hace poco más de cien años, casi no existían estudios sobre esa región. Había referencias aisladas sobre sus cerros, algunas menciones a la piedra caliza y poco más. No había mapas precisos ni investigaciones profundas. En ese contexto, una expedición iniciada en 1921 buscó recorrer y estudiar un territorio que, para la geología de la época, seguía siendo prácticamente desconocido.

Una región de la que casi no se sabía nada

A comienzos de la década de 1920, la información sobre la Sierra de Guasayán era muy limitada. Los pocos datos existentes se reducían a observaciones generales sobre el relieve y algunas referencias a la composición geológica de la zona. La piedra caliza despertaba interés por su posible uso industrial, pero más allá de eso, casi no había estudios concretos.

Además, muchos de esos apuntes ni siquiera provenían de trabajos realizados en el lugar, sino de comentarios y referencias indirectas.

Por eso, en septiembre de 1921, la Dirección General de Minas, Geología e Hidrología encargó un estudio geológico de la región a pedido del gobierno de Santiago del Estero.

El inicio de la travesía

El recorrido comenzó en Choya. Desde allí se realizaron las primeras excursiones por los alrededores y luego la expedición avanzó hacia la Sierra de Ancaján.

El trayecto siguió por el camino del Mojón y La Bajada, atravesando lugares como Las Peñas, Tres Cerros, Las Higuerillas y La Calera. Más tarde, el grupo cruzó la Sierra de Guasayán por la Quebrada de la Puerta del Jardín y continuó por Guampacha y Las Juntas hasta llegar al pueblo de Guasayán, que ya en ese momento aparecía casi despoblado.

Desde allí se realizaron nuevas recorridas hacia el norte, especialmente hasta Santa Bárbara, cerca del final de la cadena serrana. Después pasaron por Los Cerrillos, Santa Catalina y Sol de Mayo. También recorrieron la Quebrada de Maquijata y el Cerro de Ichagón.

Durante algunos días permanecieron en Villa de La Punta para reunir observaciones geológicas de la zona. La primera etapa del viaje terminó hacia fines de noviembre de 1921, con el regreso a Choya.

El segundo viaje y la búsqueda de agua

Al año siguiente, en 1922, la misma iniciativa impulsó una nueva expedición. Esta vez el objetivo principal era determinar si existían recursos de agua que pudieran abastecer a las poblaciones de la región.

La expedición volvió a partir desde Choya y avanzó hacia el sur para estudiar el área comprendida entre la línea ferroviaria que unía Frías con Santiago del Estero y las Salinas Grandes. Desde el punto de vista geológico, no existían datos sobre esa zona.

El recorrido pasó por Las Lomitas, La Juntura, Cerro Rico, Cerrito de Soria, La Cerrillada, San Rafael y Recreo. Luego regresaron por San Antonio de la Paz, Pozancón, Las Tejas y El Rincón.

Más adelante, el viaje continuó hacia Las Termas de Río Hondo, recorriendo la pendiente este de la Sierra de Guasayán. También se realizaron excursiones sobre ambas márgenes del Río Dulce.

En el regreso, la expedición volvió a pasar por localidades como Doña Luisa, El Tableado, Las Juntas, Guampacha, Los Cerrillos, Santa Catalina, Valparaíso, Sol de Mayo y Villa de La Punta para ampliar y corregir las observaciones del año anterior.

Finalmente, el 20 de enero de 1923, el investigador regresó a Buenos Aires.

Trabajar sin mapas

Uno de los mayores problemas durante la expedición fue la falta de cartografía confiable. Los pocos planos disponibles eran incompletos y presentaban errores en la representación del terreno.

Por eso, gran parte del trabajo consistió en elaborar croquis topográficos utilizando brújula y barómetro. Aunque imperfectos, esos registros permitieron construir una idea bastante clara de la región ubicada entre el Río Dulce y las Salinas Grandes.

Como no era posible recorrer todas las poblaciones dispersas del oeste santiagueño, muchas veces fue necesario recurrir a la información brindada por los vecinos. Esos relatos ayudaron a completar datos sobre caminos, parajes y características del terreno.

Un registro pionero para la región

Más de cien años después, aquellas expediciones siguen teniendo valor porque representan uno de los primeros estudios sistemáticos realizados sobre la Sierra de Guasayán y sus alrededores.

En una época con pocos recursos técnicos y grandes dificultades para trasladarse, el trabajo permitió dejar un registro geológico y topográfico de una región que hasta entonces permanecía casi fuera de los mapas científicos de Santiago del Estero.

Las sierras de Guasayán esconden secretos de la historia

 


La ciudad de Santiago del Estero no está sola. A menos de 70 kilómetros, en dirección a Tucumán, se encuentran las conocidas Termas de Río Hondo. Hacia el Sur se halla la localidad de Loreto, con sus famosas rosquitas y, continuando, aparece la zona de Atamisqui donde las teleras despliegan todo su arte y sabiduría ancestral en la confección de mantas y otros productos hechos con hilo y lana.

La provincia esconde rincones. "Lamentablemente, Villa La Punta está olvidada", señala Héctor Pololo Porfirio, un santiagueño que vivió la mayor parte de su vida en esa localidad, recostada sobre la ladera oriental de las sierras de Guasayán. Este cordón serrano tiene una extensión de 76 kilómetros y se sitúa al oeste de Santiago del Estero. Su ancho es de 4 y 6 kilómetros, y la altura máxima ronda los 700 metros sobre el mar.

Representan las últimas estribaciones de las Sierras Pampeanas y su historia geológica es muy antigua. La cadena está recortada por arroyos temporarios que se vuelcan a la cuenca oriental como el Guasayán, del Ojito, Tala Arroyo y Arroyo de Maquijata, además de ojos de agua que afloran en el corazón de la cadena.

El agua no es suficiente para la actividad agrícola, pero sí para la actividad ganadera. Llamativa es la conformación vegetal sobre las laderas, compuesta de especies propias de la región chaqueña, del llano, mixturadas con ejemplares del monte. Se destacan el yuchán o palo borracho, el chañar, el piquillín y la tusca.

Aires del pasado

En el extremo sur del cordón serrano está Villa La Punta, un pequeño poblado que conserva aires de otros tiempos. Allí, la provincia regentea una hostería de discreta categoría, de las pocas que se pueden encontrar fuera de las Termas de Río Hondo o la ciudad de Santiago del Estero. De Villa La Punta se habla más de lo que fue que de lo que es. Más acerca de las familias que la visitaron que de las que hoy concurren al lugar.

No por eso su paisaje perdió el encanto ni tampoco sus pobladores, poseedores de una sencillez hechicera.

Dicen que en la villa se proyectó una película de cine antes que en la misma Santiago del Estero. "En 1940, vi cine en Villa La Punta por primera vez en mi vida. Las películas eran Mañana serán hombres, con Delia Garcés, y La maestrita de los obreros, un film también argentino", comenta Héctor Porfirio.

En las sierras de Guasayán, a la altura de la quebrada de Maquijata, habría sido herido don Diego de Rojas en 1543, el primero de los conquistadores españoles que, proveniente del Alto Perú, penetró en el territorio conocido como el Tucma, fuera de los límites del recién disuelto Imperio Inca.

Luego, Rojas habría fallecido en Soconcho u otro lugar, tal vez a causa de la flecha envenenada aparentemente lanzada por los lules.

Los que lo acompañaban en la expedición continuaron hacia el río Dulce, fundando el poblado de Medellín.

Villa La Punta fue por mucho tiempo el lugar elegido por la aristocracia local para su esparcimiento. Tuvo su época de oro a fines del siglo XIX y principios del XX, hasta la década del veinte. "Si se hubiese hecho pasar el ferrocarril por al lado del pueblo, la villa hubiese crecido" -agrega Pololo.

"La instalación de las vías arrastró las poblaciones a su orilla. Se duplicó la geografía de Santiago. Villa La Punta y estación La Punta, Atamisqui y estación Atamisqui, Brea Pozo y estación Brea Pozo", señala Luis Garay, del Museo Histórico.

Los jardines de las casas exhiben enormes tunas. Las calles están bordeadas por hileras de yuchanes panzones y floridos. Hay comercios pequeños, dos comedores, pero nadie se dedica al turismo, con excepción de la gente de la hostería. "Aunque como changa, personas como Pelusa Castaño te pueden guiar por la sierra".

En Villa La Punta, los pobladores son devotos de Las Telesiadas, fiestas populares en las que se hacen promesas a La Telesita para que, por ejemplo, "ella ayude a que llueva" -dice Bravo.

La gente se compromete a realizar la fiesta, y entonces beber los siete tragos de ginebra, bailar las siete chacareras y divertirse hasta el amanecer.

Septiembre y octubre son los testigos de la visita de la Telesita, una señora -devenida leyenda-, a la que le gustaba el baile y se hacía presente en todas las fiestas, sin que nadie supiera dónde vivía. Hasta que un día se quedó dormida en el monte, su vestimenta comenzó a incendiarse y así murió.

Fuente: La Nación

Sobre Coquito Cáceres

 Por Juan Carlos "Cacho" García  *

 


Cacho García: Yo era chico cuando Coquito vivió un tiempo en Villa Hortensia, mi barrio, donde me crié. Él vivió ese tiempo con don Arturo Aranda y doña Reina. Un matrimonio que no tenían hijos. Don Arturo, era Bandoneonista, tío carnal de Carlos y Juan Saavedra. A su vez don Arturo era Hermano de don Roberto Roldán, también Bandoneonista, que vivía a pocos metros al norte de la Balcarce, por la calle que pasa detrás de la Unse. Ambos ya murieron hace muchos años y los dos eran de Profesión Pasteleros, (reposteros). Hacían facturas, tortas, panificados dulces. Vivían de eso.

Don Arturo hacía música, acompañado en guitarras por el marido de mi prima, que se llamaba Terio Ramírez y por don Lauro Cáceres. Y por supuesto también acompañado por Coquito, en el tiempo que vivió con don Arturo y doña Reina, en Villa Hortensia.

Casi todos los Domingos a la siesta, ellos hacían su Tertulia musical, y nosotros los chicos, mis primos, Nene y Toti Ramírez, Ramón y Pancho Díaz (hermanos) con Raulito Díaz (primo hermano de ellos), seguramente con algunos otros changuitos, que no recuerdo sus nombres, jugábamos en el Patio de tierra. En mi caso, cada tanto, yo me apoyaba en el pilar de la galería y me ponia a escucharlos un ratito.

Toda la música era instrumental, si bien Terio Ramírez era buen cantor, no tengo imágenes de él, cantando en esas Tertulias, pero si de la música instrumental, folclore (chacareras, gatos, zambas) chamamés.

El chamamé que más recuerdo es Casilda, que por varias décadas no lo escuché más, porque no lo difundían en las Radios, ni tampoco ejecutado por algún conjunto chamamecero, en alguna actuación en vivo, hasta que un grupo de música del litoral, que me parece que es santiagueño, lo reeditó en un disco.

La primera vez que lo escuché, me transporté de inmediato a aquel tiempo de mi niñez a las siestas, en la casa de don Arturo Aranda, en mi Villa Hortensia, querido barrio donde pasé mi niñez, adolescencia y parte de mi juventud. En la actualidad esa imagen vuelve a mi memoria, cada vez que escucho aquel hermoso chamamé de mi tiempo de niñez, que es Casilda.

 *Maestro, educador de INCUPO, Comunicador Popular, Cacho compartió con Santiago del Estero, Historia y Cultura esta interesante vivencia personal:

Fuente: Santiago del Estero, Historia y Cultura


sábado, 9 de mayo de 2026

San La Muerte en Santiago del Estero: la estatua gigante que abrió un debate sobre fe, miedo y religiosidad popular

La aparición de una enorme imagen sobre la Ruta 1, en La Bajada, generó sorpresa, discusiones religiosas y una fuerte repercusión social en Santiago del Estero. Detrás de la polémica aparecen la devoción popular, las tensiones culturales y una disputa judicial que todavía sigue abierta.

Créditos: El Liberal


Por Leyendas del Folclore Santiagueño

De noche, los ojos iluminados se ven desde lejos.

Quienes pasan por la Ruta 1, en la zona de La Bajada, bajan la velocidad casi por reflejo. Algunos frenan para mirar mejor. Otros siguen de largo, incómodos. En pocos días, la enorme figura levantada al costado del camino se convirtió en uno de los temas más comentados de Santiago del Estero.

La estructura representa a San La Muerte. Todavía está rodeada de andamios y en plena construcción, pero eso no impidió que despertara curiosidad, rechazo, preguntas y todo tipo de comentarios. El lugar, además, está frente a un santuario del Gauchito Gil, en un sector donde crecieron viviendas nuevas y el movimiento de gente es constante.

La noticia rápidamente salió de los grupos de vecinos y pasó a los medios provinciales. Después llegaron las opiniones de antropólogos, sociólogos, referentes religiosos y dirigentes políticos. También aparecieron denuncias judiciales alrededor del dueño del predio y discusiones sobre el sentido de estas creencias populares.

Lo que empezó como una imagen llamativa al borde de una ruta terminó abriendo una discusión mucho más profunda.

Una figura imposible de ignorar

La primera impresión es el tamaño.

La estatua sobresale en medio del paisaje rural y se impone incluso a distancia. Los ojos con luces, la estructura oscura y el entorno todavía en obra generan una escena difícil de pasar por alto.

Muchos vecinos se enteraron por fotos y videos compartidos en redes sociales. Otros llegaron hasta el lugar simplemente por curiosidad. En poco tiempo, la imagen de San La Muerte se volvió viral en Santiago del Estero.

El misterio alrededor del proyecto ayudó a que crecieran los rumores. Durante varios días nadie explicó claramente cuál era el objetivo del lugar ni quién estaba detrás de la construcción. Se hablaba de un “santuario de sanación”, aunque sin demasiados detalles.

Ese vacío alimentó todavía más las especulaciones.

El peso simbólico de San La Muerte

San La Muerte es una figura de devoción popular muy extendida en el noreste argentino, Paraguay y algunas zonas de Brasil. Suele representarse como un esqueleto y sus devotos le atribuyen protección, favores y capacidad de intercesión espiritual.

No forma parte de los santos reconocidos oficialmente por la Iglesia Católica, pero eso no impidió que su culto creciera durante décadas en distintos sectores populares.

En muchas familias la devoción permanece puertas adentro. Por eso la aparición de una estatua gigantesca llamó tanto la atención. No era un pequeño altar doméstico ni una imagen escondida en un santuario improvisado. Era una estructura monumental ubicada a la vista de todos.

La antropóloga Pilar Velazquez explicó que este tipo de expresiones deben entenderse dentro de la religiosidad popular y no solamente desde el prejuicio.

Según planteó, detrás de la construcción puede existir una promesa cumplida o una forma pública de agradecimiento. También remarcó que en Argentina conviven distintas creencias religiosas, aunque muchas veces se mantenga la idea de un país culturalmente homogéneo y exclusivamente católico.

En provincias como Santiago del Estero, las devociones populares forman parte de la vida cotidiana desde hace generaciones.

El “Campito de la Sanación”

Con el paso de los días apareció el nombre del propietario del predio: Daniel Quinteros.

En declaraciones periodísticas, se presentó como creyente de Jesucristo, del Gauchito Gil y de San La Muerte. También aseguró que el lugar nació a partir de una promesa familiar relacionada con la salud de un sobrino.

Según contó, hace muchos años atravesó una situación difícil y pidió ayuda espiritual para el niño. Cuando el sobrino se recuperó, sintió que tenía una deuda pendiente.

Así comenzó el llamado “Campito de la Sanación”.

El espacio no reúne solamente imágenes de San La Muerte. También hay figuras de la Virgen del Valle, San Expedito, San Jorge, Difunta Correa y Mama Antula.

Quinteros insistió varias veces en que no ve contradicción entre la fe católica y las devociones populares. “Soy católico y creo en los milagros del santo pagano”, dijo durante una entrevista.

Esa convivencia de símbolos religiosos y creencias populares es justamente uno de los puntos que más discusión generó.

La reacción de la Iglesia

La repercusión llegó rápidamente a distintos sectores religiosos.

Un pastor evangélico consultado por medios locales cuestionó la construcción y habló del avance de “un culto a la muerte”. Incluso adelantó que referentes evangélicos pensaban presentar un pedido para solicitar la demolición de la estructura.

Pero el pronunciamiento más fuerte fue el de Vicente Bokalic.

El arzobispo difundió un comunicado donde advirtió sobre la mezcla entre símbolos católicos y prácticas que consideró ajenas a la fe cristiana. En el texto sostuvo que la fe católica no puede combinarse con elementos esotéricos, supersticiones o sincretismos religiosos.

Bokalic también pidió a los fieles no buscar “seguridades en elementos mágicos o creencias contrarias al Evangelio”.

Al mismo tiempo, reconoció que la religiosidad popular tiene un valor importante dentro de la identidad santiagueña. Pero aclaró que pierde sentido cuando se aparta de las enseñanzas cristianas.

El comunicado tuvo gran repercusión porque puso en discusión un tema histórico dentro de la Iglesia: el límite entre la fe popular y las prácticas consideradas supersticiosas.

Una discusión más social que religiosa

El sociólogo Leonardo Innamorato analizó el fenómeno desde otro lugar.

Según explicó, muchas personas buscan respuestas espirituales rápidas frente a problemas económicos, emocionales o personales. Cuando sienten que las instituciones tradicionales no les dan contención, aparecen otras figuras o creencias que ocupan ese espacio.

Innamorato también señaló que las expresiones religiosas populares existieron siempre y que forman parte de procesos sociales mucho más amplios.

La diferencia, en este caso, es la visibilidad.

La estatua no está escondida. Está al borde de una ruta y se convirtió en una imagen pública imposible de ignorar.

Eso generó reacciones muy distintas. Hay quienes la ven como una expresión legítima de fe popular y quienes la consideran una señal preocupante.

En el fondo, el debate parece hablar menos de la estatua y más de las tensiones culturales que existen alrededor de ciertas creencias.

El rechazo del Círculo Nacionalista

La polémica sumó otro capítulo cuando el Círculo Nacionalista de Santiago del Estero difundió un comunicado cuestionando el crecimiento de “cultos vinculados a la muerte” y “prácticas paganas”.

La organización también criticó a sectores de la Iglesia Católica a los que acusó de relativizar la doctrina religiosa bajo ideas de “inculturación”.

El texto planteó que estas expresiones son ajenas a la tradición espiritual santiagueña y manifestó preocupación por su crecimiento.

Con eso, la discusión dejó de ser únicamente religiosa y pasó a tocar cuestiones culturales e identitarias.

La disputa judicial detrás del santuario

Mientras el debate seguía creciendo, apareció otro conflicto: la situación judicial del terreno donde se construye el santuario.

El abogado Néstor Chazarreta aseguró que existe una causa iniciada hace más de diez años por la propiedad del predio. Según explicó, la Justicia falló en primera instancia a favor de una familia que reclama esas tierras.

La causa todavía espera una resolución definitiva.

Chazarreta también sostuvo que la instalación de imágenes religiosas podría formar parte de una estrategia para dificultar un eventual desalojo.

Daniel Quinteros rechazó esas acusaciones y afirmó que el terreno le pertenece legalmente. Además, negó versiones sobre actividades ilegales o rituales violentos dentro del lugar.

 “Yo no vivo del santo”, declaró en entrevistas periodísticas.

Las causas penales y la controversia

La situación se volvió todavía más tensa cuando distintos medios publicaron que Quinteros aparece mencionado en investigaciones judiciales vinculadas a episodios violentos ocurridos en departamentos del interior santiagueño.

Según esas publicaciones, existen causas relacionadas con conflictos rurales y hechos ocurridos en Alberdi y Aguirre durante 2023.

Los expedientes siguen en proceso judicial y no hay condenas firmes. Sin embargo, la difusión de esas denuncias profundizó aún más la polémica alrededor del santuario.

La discusión ya no giraba solamente alrededor de la fe o la religiosidad popular. También empezaban a aparecer temas vinculados al poder territorial, los conflictos por tierras y la violencia rural.

Una provincia atravesada por la religiosidad popular

Santiago del Estero mantiene una relación muy fuerte con las creencias populares.

Las promesas, los altares familiares, las peregrinaciones y los santos populares forman parte del paisaje cotidiano en muchas localidades del interior.

Por eso, la existencia de devotos de San La Muerte no resulta algo extraño para gran parte de la población.

Lo que sí cambió fue la escala.

La enorme estatua transformó una devoción que muchas veces permanecía en ámbitos privados en una presencia visible y permanente sobre una ruta transitada.

Y ahí apareció el verdadero impacto.

Porque la imagen obligó a todos a posicionarse de alguna manera. Algunos la interpretan como una expresión de fe. Otros sienten temor o rechazo. Y muchos simplemente observan el fenómeno con curiosidad.

El efecto de las redes sociales

Las redes terminaron amplificando todo.

Videos nocturnos, fotos de los ojos iluminados y transmisiones en vivo multiplicaron la circulación de imágenes del santuario. También aparecieron rumores, teorías exageradas y comentarios de todo tipo.

La viralización convirtió a la estatua en un fenómeno provincial.

Ya no era solamente una construcción en La Bajada. Era un tema de conversación en toda Santiago del Estero.

Y como suele pasar en internet, las posiciones se volvieron cada vez más extremas.

Un debate abierto

Mientras la obra sigue en construcción, las discusiones continúan.

La Iglesia mantiene su postura crítica. Los devotos defienden el lugar como un espacio de fe y sanación. La causa judicial todavía espera definiciones. Y la imagen de San La Muerte sigue creciendo al costado de la Ruta 1.

Más allá de las opiniones, el fenómeno dejó algo claro: las creencias populares siguen teniendo una presencia fuerte en la vida social santiagueña.

La enorme estatua levantada en La Bajada terminó funcionando como un espejo de muchas tensiones que ya existían. Religión, identidad cultural, prejuicios, necesidad espiritual y conflictos sociales aparecieron mezclados alrededor de una sola figura.

Y probablemente por eso el tema sigue generando tanto impacto.

Fuentes consultadas: El Liberal, Info del Estero

La Tuna (Opuntia Ficus)

 


En nuestra provincia comúnmente llamada “Tuna”, veamos cómo se la denomina el otras partes del mundo: Chile, Bolivia y Perú :Tuna, Nopal, en España :Chumbera, higos de la India o higo chumbo, en EE.UU.: Prickly – pear (pera espinosa), Higuera chumba, ficus en latín.

Habita en las zonas desérticas de EE.UU., México y América del Sur, en Perú y Bolivia. En el Perú se encuentra en la región Andina, donde se desarrolla en forma espontánea y abundante. También se encuentra en la costa, en forma natural y bajo cultivo.

Se desarrolla en suelos sueltos, arenosos calcáreos en tierras marginales y poco fértiles, superficiales, pedregosos, caracterizándole una amplia tolerancia edáfica; sin embargo, los suelos altamente arcillosos y húmedos no son convenientes para su cultivo.

Originaria América, fue llevada por los españoles a Europa y desde allí distribuida hacia otros países del inundo. Esta gran dispersión geográfica dió origen a muchos ecotipos con características locales propias.

Los principales productores mundiales son Méjico, ltalia, España, el norte de africa Chile y Brasil, país donde se la cultiva sólo para forraje.

En nuestro país, los frutos se destinan al consumo humano, tanto en forma fresca como para la elaboración de productos regionales (dulces, arrope). Las pencas son utilizadas como forraje, siendo un recurso muy valioso en épocas de sequía y baja disponibilidad forrajera para el ganado.

El nombre cactus se deriva del griego kaktos, género descrito por Carlos Linneo. Los frutos del nopal son comestibles y se conocen como tunas.

Composición química: Las pencas son ricas en agua y contienen además sales minerales (calcio, fósforo, hierro) y vitaminas sobre todo la vitamina C.Las tunas contienen alrededor de un 15% de azucares.

Propiedades terapéuticas y preparados: Las culturas prehispánicas le dieron una gran importancia al uso medicinal de los nopales: para detener el flujo, las semillas de la tuna; la goma o mucílago templaba el calor de los riñones; para eliminar las fiebres ingerían el jugo. La fruta era útil para el exceso de bilis. La pulpa de la tuna y las pencas asadas se usaban como cataplasma. Para el tratamiento de hernia, hígado irritado, úlceras estomacales y erisipela, utilizaban la raíz. El mucílago o baba del nopal servía para manos y labios partidos. Las pencas mitigan el dolor y curan inflamaciones. Una pequeña plasta curaba el dolor de muelas. La pulpa de las tunas servía para la diarrea. La savia del nopal, contra las fiebres malignas; las pencas descortezadas ayudaban en el parto. Las espinas fueron usadas en la limpieza de infecciones.

El fruto posee un valor nutritivo superior al de otras frutas en varios de sus componentes: 100 gr de la parte comestible posee 58 a 66 unidades calóricas, 3 gr de proteínas, 0,20 gr de grasas, 15,50 gr de carbohidratos, 30 gr de calcio, 28 gr de fósforo y vitaminas (caroteno, niacina, tiamina, riboflavina y ácido ascórbico).

Es empleado directamente en la alimentación o para la fabricación de mermeladas y jaleas, néctar, tunas en almíbar, alcoholes, vinos y colorantes.

Se utiliza mezclada al barro en el tarrajeo de viviendas rurales y también en la industria para la fabricación de películas adherentes de gran finura. Hoy en día se sigue usando como base de pinturas para casas. Para conservar sus murales.

En Israel, aprovechan las corolas de la flor del nopal para el tratamiento del cáncer de próstata. El nopal se usa principalmente como forraje, pero igualmente se comercializan las pencas tiernas para venderse como verdura.

El fruto posee un valor nutritivo superior al de otras frutas en varios de sus componentes. 100 g de la parte comestible posee 58 a 66 unidades calóricas, 3 g de proteínas, 0,20 de grasas, 15,50 de carbohidratos, 30 de calcio, 28 de fósforo y vitaminas (caroteno, niacina, tiamina, riboflavina y ácido ascórbico). Es empleado directamente en la alimentación o para la fabricación de mermeladas y jaleas, néctar, tunas en almibar, alcoholes, vinos y colorantes.