Hablar de la música de Santiago
del Estero es meterse en un universo de patios de tierra, bombos retumbando y
apellidos que son sinónimo de leyenda. Si hay uno que manda en ese mapa
folclórico, es Carabajal. Y dentro de esa dinastía, la figura de Agustín
Carabajal se destaca por peso propio: fue cantor, bailarín, cofundador de Los
Carabajal, creador del Festival Nacional de la Chacarera y motor de varios
grupos clave de la época.
Sin embargo, como suele pasar con
las figuras populares, con los años su historia se fue llenando de mitos,
errores de registro y relatos orales que pedían a gritos una revisión.
El enredo de las partituras
Para entender sus idas y vueltas
con la música hay que remontarse a uno de los episodios más curiosos del
cancionero santiagueño. Don Andrés Chazarreta había compuesto dos chacareras
instrumentales: "La loretana" y la "Chacarera del itín".
Tenían melodías casi idénticas.
La confusión empezó cuando
Agustín le puso letra a "La loretana", pero la obra terminó
difundiéndose e inscribiéndose popularmente como "Chacarera del
itín". Jorge Luis Carabajal, hijo de Agustín, recordaba que esa confusión
le trajo a su madre más de un dolor de cabeza en SADAIC a la hora de cobrar los
derechos, debido a la superposición de temas y partituras. En los registros
oficiales figuran 21 obras inscritas por Agustín, incluida la autoría
compartida de la "Chacarera del itín" junto a Chazarreta. Cosas del
pago y de los papeles.
Un padrino presidencial y el
viaje a Buenos Aires
La vida de Agustín estuvo marcada
por hechos singulares desde el comienzo. Nacido el 14 de agosto de 1933 en La
Banda, fue el séptimo hijo varón consecutivo del matrimonio de Don Rosario
Carabajal y Doña María Luisa Paz. Por ley y costumbre de la época, fue
apadrinado por el entonces presidente de la Nación, Agustín Pedro Justo.
De muy joven armó un dúo con su
hermano Carlos para recorrer los escenarios locales, hasta que conoció a
Antonio Ramírez. Juntos formaron el dúo Los Centinelas y en 1956 armaron las
valijas rumbo a Buenos Aires, integrados en la compañía de cantores y bailarines
de Andrés Chazarreta.
La tragedia de Los Cantores de
Salavina y el mito desarmado
En 1959 nació un grupo
fundamental para la música norteña: Los Cantores de Salavina. Durante décadas,
la versión popular sostuvo dos cosas: que Agustín había sido su fundador y que
se había salvado de milagro del trágico accidente automovilístico de 1963 en el
que murieron varios de sus integrantes.
Pero la historia oral no siempre
coincide con los hechos. A sus casi 80 años, Osvaldo Duthu, único sobreviviente
de aquel choque, decidió poner las cosas en su lugar y aclarar dos puntos
clave:
- ¿Fundador o integrante? Duthu explicó que el
grupo lo creó él en su casa junto a su hermano Luciano. Probaron varias
voces y Agustín llegó recomendado. Fue un pilar fundamental del conjunto,
pero no su fundador.
- El día del accidente: En octubre de 1963,
cuando el auto volcó al regresar de una actuación en Bahía Blanca, Agustín
no iba a bordo. Se había retirado de la formación cuatro meses antes y su
lugar lo ocupaba Víctor Quinteros. En esa ruta murieron Luciano Duthu,
Antonio Ramírez y el propio Quinteros.
Tiempo después, para rendir
homenaje a los músicos fallecidos, se fundaron Las Voces de Salavina, donde
Agustín volvió a cantar junto a sus hermanos Cuti y Carlos, y su sobrino Cali.
El legado de Los Carabajal y el
Festival
Tras un breve paso de ocho meses
por Los Manseros Santiagueños, en 1967 Agustín dio el paso decisivo: convocó a
Carlos, a Cuti y a su sobrino Cali para fundar Los Carabajal. La idea era
renovar el sonido de la música santiagueña sin perder la raíz. En paralelo,
imaginó y concretó junto a Carlos el Festival Nacional de la Chacarera, un
espacio que se convirtió en referencia cultural y que hasta el día de hoy se
celebra en el Club Unión Santiago.
Agustín falleció el 14 de junio
de 1975 en La Banda. Tenía solo 41 años. En esas cuatro décadas dejó clásicos
absolutos del cancionero popular como "La Telesita" (junto a
Chazarreta), "Pampa de los Guanacos", "La rubia Moreno"
(con Cristóforo Juárez), "Alma de reza baile" y "Escondido del
Cachilo".
A veces la memoria colectiva
simplifica o confunde los hechos. Pero entre los documentos, el testimonio de
quienes compartieron escenario con él y las canciones que se siguen cantando,
la historia de Agustín Carabajal ocupa, finalmente, el lugar exacto que le
corresponde.

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