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| Foto publicada por El Liberal * |
En la Villa de Matará, para Pascua, se celebran las fiestas en honor de la Virgen de los Dolores.
La capilla es antigua. Según una leyenda tallada en el dintel del marco, en la puerta principal, fue construida en 1760. Su aspecto, sin embargo, dice más que la fecha. En efecto, a uno y otro lado, se observan muros derruidos y montículos de escombros. Tres pilares de mampostería, sostienen el frontispicio sin torre. Y en lo alto, una cruz.
En el pequeño atrio, el viajero recoge la impresión que deja las cosas abandonadas. Años de vientos y lluvias han calado las paredes de adobe, anchas de un metro, y han producido en ellas grietas profundas. Por todas partes, señales inequívocas del tiempo. El frontispicio, desconchado. El revoque caído.
Las puertas que cierran la entrada son de algarrobo. El marco, con tallas de la época.
Al entrar, se percibe un olor de casa vetusta. La nave es amplia y larga. El techo, con cabriadas de quebracho que reposan sobre soportales labrados, es de un blanco sucio. Lo mismo que las paredes interiores, donde el salitre ha mordido los zócalos.
Recorremos la nave. Al fondo resplandecen en el suelo algunos cirios encendidos, Miramos en la penumbra. Un altar, desmontado en parte —los restos yacen por el suelo— de talla antigua, de un gran valor tradicional, con florones, volutas y querubes en alto relieve. Sobre la parte del altar que aún hace de tal, un crucifijo de plata oxidada. Sobre unas andas, la imagen de la Virgen de los Dolores, "patrona" de Matará, vestida de luto, y con una cara de blancura antigua sin retoques ni pinturas. Lleva en sus manos un rosario y una corona de espinas. Otra imagen, del Rosario, vestida de seda rosa, con su bastón y su Niño en brazos. Y varias imágenes más: un San José, una Virgen Purísima, una Virgen de la Candelaria, un San Miguel, un San Juan, una Santa Lucía. Miramos a una y otra parte. Un púlpito de color de tierra; dos escaños antiguos, probablemente de la época; un hermoso sillón de algarrobo blanco con asiento de cuero y de gran factura rústica y un Misal fechado en MDCCCLXXVII, con la siguiente dedicatoria: "A la capilla de Ntr. Sra. del Carmen, de la Brea, en la parroquia de Matará, su antiguo cura Laureano Perez Acevedo, Córdoba, 4 de agosto de 1882."
Según Don Gabino Ledesma, el viejo cancerbero del templo, las "fiestas grandes" se celebran en Pascua, con romería de peregrinantes, procesiones, bailes, músicas y "estruendos". Pero ya no se acuerdan más de la Virgen de los Dolores, ni de la vieja capilla.
Todo se va desmenuzando en polvo: templo, imágenes, costumbres, devoción, y los años cubren las cosas y las almas de soledad y tedio.
Salimos. Asoma un sol magnífico. El aire es puro. Miramos el viejo cementerio en el atrio de la iglesia. Cruces de madera y una cerca de alambre, "yuyos" y malezas. Y más allá, una pampa triste, sin vegetación. Sólo algunos viejos algarrobos centenarios coronados de una mata escasa de follaje. Y entre ellos, unos pocos ranchos miserables.
Extraido del libro: El folklore de Santiago del Estero – Orestes Di Lullo
* Capilla de Villa Matará, de la era Jesuítica, Foto de 1955 Colección de María Eugenia Di Lullo de Garay, fotógrafo no identificado, publicado por El Liberal.-

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