miércoles, 7 de octubre de 2026

La presencia de la ausencia: muerte, memoria y misterio en la cultura santiagueña

Fotografías, velorios, creencias y relatos que mantienen vivos a los que ya no están

Foto: © Gustavo Tarchini


Hay una hora en Santiago del Estero en la que el paisaje ha comenzado a cambiar.

El monte ha quedado en silencio, las calles se han ido vaciando y las últimas luces del día han desaparecido detrás de los árboles. En algunas casas, mientras tanto, ha comenzado otra actividad. Una familia ha rezado. Alguien ha recordado al que murió. Se ha encendido una vela. Sobre una mesa se ha acomodado una fotografía.

La noche ha llegado.

Y con ella ha aparecido un Santiago del Estero que durante el día puede pasar inadvertido. Es el territorio de los relatos transmitidos por los mayores, de las creencias religiosas, de las ceremonias familiares y de las historias sobre aparecidos, salamancas, ánimas y seres del monte.

En la cultura santiagueña, la relación con la muerte ha tenido una dimensión comunitaria, religiosa y simbólica. La despedida de una persona ha podido convertirse en un momento de reunión, oración y memoria.

Y allí ha aparecido la imagen.

Una fotografía ha podido conservar el rostro de alguien que ya no está. Ha permanecido durante décadas en un álbum familiar, ha acompañado una ceremonia o ha pasado de una generación a otra, hasta llegar a manos de alguien que jamás ha conocido personalmente a la persona retratada.

La imagen ha permanecido.

El cuerpo ha desaparecido, pero el rostro ha continuado entre nosotros.

Esta relación entre muerte, noche e imagen ha sido estudiada por la antropóloga Maricel Alicia Pelegrín en su trabajo "Presencia de la ausencia en la nocturnidad de Santiago del Estero. Medios audiovisuales como acto de imagen", publicado en 2026 por la revista e-Image[n]. El estudio ha tomado como referencia la obra del fotógrafo documentalista santiagueño Gustavo Tarchini y, especialmente, su proyecto "Religiosidad popular".

La investigación ha permitido acercarse a una cuestión profunda de la cultura popular santiagueña: cómo una comunidad ha mantenido el vínculo con quienes han muerto.

La muerte también forma parte del patrimonio cultural

Cuando se ha hablado del patrimonio de Santiago del Estero, han aparecido rápidamente la chacarera, el bombo, la guitarra, las fiestas populares, los grandes músicos y las danzas. Han sido expresiones fundamentales de una identidad cultural que la provincia ha proyectado mucho más allá de sus fronteras.

Pero también ha existido otro patrimonio, menos visible.

Ha estado formado por las costumbres familiares, las formas de rezar, las celebraciones religiosas, las historias que se han contado en el campo, los rituales relacionados con la muerte y las creencias transmitidas de generación en generación.

Ese patrimonio no siempre ha quedado escrito.

Muchas veces ha sobrevivido porque alguien lo ha contado.

Un abuelo ha recordado una ceremonia. Una mujer ha explicado cómo se hacía un velorio. Un paisano ha contado que durante una noche ha escuchado una música extraña en el monte. Alguien ha recordado cómo se ha rezado junto al féretro de un niño.

Así se ha conservado una parte importante de la memoria santiagueña.

El Centro Cultural del Bicentenario ha señalado que los mitos y las leyendas han constituido uno de los rasgos más expresivos del folclore de Santiago del Estero y que estas narraciones han continuado vinculando el presente con la tradición.

Algo parecido ha ocurrido con las prácticas relacionadas con la muerte.

No han permanecido idénticas. Han cambiado, se han adaptado, algunas han desaparecido y otras han sobrevivido transformadas. Detrás de esas modificaciones, sin embargo, ha persistido una necesidad: recordar.

El velorio como espacio de encuentro

Durante mucho tiempo, el velorio ha sido una de las expresiones más importantes de la vida comunitaria.

La muerte ha reunido a familiares, vecinos y amigos. La casa del fallecido se ha transformado durante varias horas. Se ha rezado, se ha conversado, se ha tomado mate y se han compartido recuerdos.

La noche ha tenido un papel importante.

Mientras afuera ha avanzado la oscuridad, dentro de la casa se ha sostenido la vigilia. El muerto todavía ha permanecido entre los suyos.

La propia palabra "velorio" ha remitido a permanecer despierto, vigilar y acompañar. La persona fallecida no ha quedado inmediatamente apartada de la comunidad. Durante un tiempo, ha seguido ocupando un lugar en medio de familiares y conocidos.

La investigación de Pelegrín ha prestado especial atención a estas prácticas y ha analizado cómo las fotografías de difuntos, los féretros y las ofrendas funerarias han podido actuar como elementos capaces de mantener simbólicamente una presencia.

La muerte ha producido una ausencia física.

El ritual le ha dado un sentido.

Y la fotografía, en ese contexto, ha ayudado a sostener ese vínculo.



El velorio del angelito: cuando la muerte ha adquirido otro significado

Dentro de las tradiciones funerarias santiagueñas ha existido una práctica particularmente significativa: el velorio del angelito.

Se ha tratado de una tradición extendida en distintas regiones de América Latina y presente también en comunidades de Santiago del Estero. La muerte de un niño pequeño ha sido interpretada, dentro de determinadas concepciones religiosas y populares, como el paso del pequeño a una condición de angelito.

La pérdida ha seguido siendo dolorosa. Pero el ritual ha introducido otra interpretación. El niño ha sido imaginado como alguien que ha pasado a un espacio celestial y, por esa razón, su despedida ha adquirido características diferentes.

Pelegrín ha estudiado especialmente este ritual en comunidades de la mesopotamia santiagueña. Su investigación ha incorporado registros relacionados con ceremonias, prácticas de interacción entre vivos y muertos y diferentes formas de acompañar al fallecido.

Aquí la imagen ha vuelto a ocupar un lugar importante.

El rostro del niño ha podido ser fotografiado y conservado. La fotografía ha quedado como testimonio de una existencia breve y, con el paso de los años, ha podido convertirse en uno de los pocos recuerdos materiales de aquella persona.

En "Leyendas del Folclore Santiagueño", este tema ha merecido un desarrollo propio: "El velorio del angelito en Santiago del Estero".

Ese recorrido ha permitido profundizar en el ritual, sus significados, sus transformaciones y su relación con la religiosidad popular.

Foto: © Gustavo Tarchini


Gustavo Tarchini y la memoria detrás de una cámara

Hablar de imágenes de Santiago del Estero ha llevado necesariamente a detenerse en Gustavo Tarchini.

Su trabajo fotográfico documental ha registrado durante años distintos aspectos de la provincia: la vida rural, los trabajadores, los espacios urbanos, las problemáticas sociales, las celebraciones religiosas y otras expresiones de la cultura popular.

Pelegrín ha tomado especialmente su proyecto "Religiosidad popular", que ha reunido fotografías realizadas entre diciembre de 2008 y septiembre de 2016. Allí han aparecido celebraciones como la Fiesta del Señor de los Milagros de Mailín y la de San Esteban, entre otras manifestaciones de la religiosidad santiagueña.

Su mirada ha resultado importante porque no se ha limitado a registrar acontecimientos aislados.

También ha construido memoria.

Una fotografía de una fiesta ha podido convertirse con el tiempo en un documento histórico. Un retrato ha conservado el rostro de alguien que ha muerto. Una escena rural ha mostrado una costumbre que años después ha desaparecido.

La cámara ha terminado haciendo algo parecido a la memoria oral: ha guardado lo que el tiempo ha amenazado con borrar.

Tarchini también ha planteado una idea interesante sobre la fotografía: las imágenes pueden generar preguntas que el propio espectador debe formularse.

Una fotografía antigua no ha necesitado explicarlo todo.

A veces ha alcanzado con mirarla.

Cuando una fotografía ha conservado una presencia

Hay fotografías que han producido una sensación diferente.

No necesariamente porque hayan sido técnicamente excepcionales ni porque hayan sido tomadas por un fotógrafo reconocido. La diferencia ha estado en aquello que han representado.

Una fotografía de una persona viva nos ha devuelto su rostro. Una fotografía de una persona muerta ha planteado algo más complejo: hemos visto a alguien que ya no existe físicamente, pero cuya imagen ha permanecido.

Ahí ha aparecido la tensión entre presencia y ausencia.

La persona ha estado ausente.

Pero su rostro ha estado presente.

La antropología de la imagen ha reflexionado sobre la capacidad de las imágenes para establecer relaciones entre cuerpos, memoria y representación. El trabajo de Pelegrín ha llevado estas herramientas al contexto santiagueño y ha planteado que determinadas imágenes funerarias han podido actuar dentro de las relaciones sociales.

Esto ha permitido comprender por qué una fotografía de un difunto ha conservado una fuerza emocional durante décadas.

No ha sido simplemente papel.

Tampoco ha sido solamente tinta.

Para una familia ha podido ser la última imagen disponible de un padre, una madre, un hijo o un hermano.

Y por eso se ha guardado.

La religiosidad popular y las formas de recordar

La religiosidad popular santiagueña tampoco ha podido separarse de esta relación con la memoria.

En Santiago del Estero han convivido expresiones católicas con creencias, prácticas y representaciones provenientes de distintas tradiciones culturales.

Las peregrinaciones, las fiestas patronales, las promesas, las ofrendas y los altares domésticos han formado parte de una religiosidad que se ha vivido en la vida cotidiana.

En muchas ocasiones, la frontera entre la religión oficial y la creencia popular ha resultado bastante más compleja de lo que parece.

Una persona ha podido rezar a un santo, participar de una procesión y, al mismo tiempo, conservar una creencia transmitida por sus abuelos.

Ha podido visitar un santuario y después regresar al monte con una historia sobre un aparecido.

Ha podido creer en Dios y tener miedo de determinados lugares.

Ese entramado también ha formado parte de la cultura santiagueña.

Por eso, este tema ha podido conectarse con un recorrido específico sobre la religiosidad popular en Santiago del Estero, dedicado a las fiestas, las promesas, los santos, las devociones y otras prácticas que han formado parte de este universo.

La relación con la muerte, entonces, no ha aparecido aislada. Ha formado parte de una concepción más amplia del mundo.


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