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viernes, 14 de agosto de 2026

El gran sismo de 1817 que marcó la historia de la capital santiagueña

 


Por Leonardo Innamorato

Introducción

La madre naturaleza a veces sorprende con distintos fenómenos, y uno de ellos el más violento, destructivos y que más asustan: los terremotos y temblores. Dicho a madre naturaleza a veces nos sorprende con distintos fenómenos, y uno de ellos, suceso no solo forma parte de las efemérides de nuestra provincia, sino sirve además como un antecedente claro, en que, por esos caprichos de la naturaleza, los reacomodamientos de placas y el carácter imprevisible de tales fenómenos, nos es preciso resaltar una de las crónicas de esa época para describir lo acontecido en la ciudad capital de Santiago del Estero y sus alrededores.

La tierra tembló

Las crónicas de esa época relatan que siendo las 20.30 del viernes 4 de julio de 1817 cuando un destructor sismo, con epicentro a 32 Km al sudoeste de nuestra capital, sacudió la tranquila y apacible vida de las poco más de ocho mil almas que poblaban por aquel entonces la Madre de Ciudades.

El movimiento, llamado técnicamente proceso de licuefacción (1), provocó la destrucción de varios edificios como los templos de La Merced y Matriz (actual Catedral Basílica). El fuerte temblor que sacudió la ciudad con la fuerza de un verdadero terremoto, acabó de resquebrajar las paredes y techos de la Iglesia Matriz (Catedral), destruyendo la parte septentrional de la misma”, relata José Achával en su “Historia de la Iglesia de Santiago del Estero”. Dos años más tarde el techo terminaría por colapsar a causa del grave deterioro que sufrió durante el sismo. No se tardó en hacer un relevamiento las instituciones de esa época nos resaltan de daños totales y estructurales en los edificios coloniales de la ciudad; heridos y gente en estado de conmoción. No faltaron, además, las interpretaciones de los supersticiosos y hasta las interpretaciones del fin del mundo.

Los daños

El terrible sismo del 4 de julio tuvo réplicas que se repitieron hasta el 9 de julio por intervalos de cuatro horas. Se agrietaron casas, templos y edificios públicos, muchos de ellos desmoronados. Las actas capitulares así lo señalan: Explosiones de piedra y agua abrieron surcos en la tierra y los campos. Entre las ruinas, el vecindario temió una destrucción similar a la de Esteco y el Callao, aún presentes en la memoria popular.

También se vio reducida prácticamente a escombros la Iglesia La Merced, tras lo cual tuvo que ser reconstruida completamente. A causa de la destrucción de la Catedral, los oficios de la misma fueron trasladados a La Merced en el año 1823. Era la cuarta vez que el templo mayor era destruido por acción de la naturaleza o incendios. El quinto y actual templo se inauguró en 1877 durante la gestión de Don Manuel Taboada.

Según documentos históricos, el Instituto Nacional de Prevención Sísmica estima que el terremoto de 1817 tuvo una magnitud de 7º en la escala de Richter y una intensidad de VIII en la de Mercalli. Hay que aclarar que una escala mide el grado de intensidad del terremoto y la otra, el poder destructivo del mismo. Para tener una idea de la magnitud del temblor que afectó a Santiago cabe destacar que el último gran terremoto ocurrido en la Argentina el 23 de noviembre de 1977, con epicentro en la provincia de San Juan, alcanzó 7,4 grados en la escala de Richter.

La escala de Mercalli mide la intensidad de los efectos producidos por un terremoto. La escala tiene carácter subjetivo y varía de acuerdo con la severidad de las sacudidas producidas en un lugar determinado. Tiene en cuenta los daños causados en las edificaciones, los efectos en el terreno, en los objetos y en las personas. El grado VIII del terremoto de 1817 corresponde a la categoría de “destructivo”. Además, en la época las construcciones no estaban previstas para soportar terremotos puesto que la mayoría del caserío urbano era a base de adobe y de cimientos vulnerables. 

Durante un temblor de esta intensidad se hace difícil e inseguro el manejo de vehículos. Se producen daños de consideración y el derrumbe parcial en estructuras de albañilería bien construidas.

Conclusiones

Si bien, hay ya un antecedente que marcó a la ciudad capital, no hay que olvidarse también el último terremoto, el de 1997, pero que a opiniones de especialistas geólogos, sostienen que – ante la imprevisibilidad de dichos sucesos-  la actividad sísmica en Santiago del Estero la tenemos registrada superficialmente, en referencia a focos que generalmente se ubican entre los diez y treinta kilómetros al oeste del conglomerado Santiago-La Banda. Eso está determinado, particularmente en las sierras de Guasayán.

                                                                                    Licenciado en sociologia, UNSE.

(1) Licuefacción: paso de un componente u objeto, de un estado gaseoso a un estado líquido.

Notas

ACHAVAL, José Néstor (1993) “Historia de la Iglesia en Santiago del Estero: Siglos XIX y XX”, editorial UCSE, Santiago del Estero.

Actas capitulares de Santiago del Estero, 1817, 4 (1727 a 1833). Acta capitular del 11 de julio de 1817, Buenos Aires.

El liberal diario, “Entrevista al geólogo Juan Castellanos”, 21 de septiembre de 2017.

Disponible en la web: https://www.elliberal.com.ar/noticia/367729/geologo-revelo-provinciapodrian-darse-temblores-fuertes

NAVARRO, Carlos A. (2012) INPRES: "Sismicidad Histórica de la R.A." Argentina

PERUCCA Laura, PEREZ Ángel y NAVARRO Carlos (2006) “Fenómenos de licuefacción asociados a terremotos históricos”; su análisis en la evaluación del peligro sísmico en Argentina. Revista de la Asociación geológica argentina 61

 


martes, 7 de julio de 2026

Entre la fe, la escuadra y el misterio: Los secretos que guarda la Catedral de Santiago del Estero

Inaugurada en 1877, la "Madre Iglesia" argentina no solo resguarda reliquias y la cripta de héroes locales; también esconde un sincretismo masónico en sus altares y una red de túneles que desafía la leyenda urbana. Un recorrido por el corazón espiritual y subterráneo de la Plaza Libertad.



Por Leyendas del Folclore Santiagueño

Pararse frente a la Plaza Libertad y alzar la vista hacia las dos torres de 50 metros que custodian la calle 24 de Septiembre es, en Santiago del Estero, un ejercicio de arqueología visual. Allí, imponente y serena, se yergue la Catedral Basílica. Pero más allá de su fachada neoclásica y su ubicación privilegiada (Calle 24 de Septiembre 55), este edificio no es solo un templo; es un cofre de piedra que guarda las capas más profundas de la historia provincial.

Hablamos de la primera catedral de Argentina, erigida originalmente en 1570. Sin embargo, el edificio que hoy admiramos, inaugurado en 1877 y declarado Monumento Histórico Nacional en 1953, es en realidad el quinto templo levantado sobre este mismo suelo sagrado. Cada ladrillo, cada vitral y cada metro cúbico de tierra bajo sus cimientos parece susurrar historias que van desde la devoción colonial hasta los secretos de las logias y la supervivencia en tiempos de guerra.

La "Madre Iglesia" y su esplendor interior

Al cruzar el umbral, el ruido de la ciudad se apaga. El interior es un estallido de neoclasicismo y oro. Los techos ornamentados y los altares detallados guían la mirada hacia un órgano de 1931 que aún respira música en las festividades. Pero es en la cripta donde el tiempo se detiene y la historia se vuelve carne: allí descansan los restos de importantes obispos y héroes provinciales como Juan Francisco Borges, tío abuelo de Manuel Belgrano y figura clave en la gesta emancipadora.

Sin embargo, para el ojo entrenado, la Catedral revela una dualidad fascinante. No todo lo que brilla es ortodoxia católica.

El ojo que todo lo ve: Un guiño masónico

A finales del siglo XIX, mientras se reconstruía el edificio actual, la "Generación del 80" santiagueña —intelectuales, arquitectos y constructores— tenía una particularidad: muchos pertenecían a logias masónicas. Esto derivó en un fenómeno único: un sincretismo donde la simbología católica convive, casi en complicidad, con la iconografía masónica.

Si te animas a buscar, encontrarás las "marcas" del taller:

  • El Delta Luminoso: En la cúpula, sobre el altar mayor, el "Ojo que todo lo ve". Para el fiel católico es la Providencia; para el iniciado, representa al Gran Arquitecto del Universo (GADU).
  • Las Columnas: En el sector de la Virgen de Loreto, las columnas no son solo soporte estructural; evocan la estabilidad y la unión mística entre cielo y tierra, un pilar fundamental de la tradición masónica.
  • La Calavera y las Tibias: Quizás el hallazgo más inquietante se encuentra en un vitral dedicado al Señor de los Milagros de Mailín. Lejos de ser un motivo fúnebre cristiano, en la masonería este símbolo del "cuarto de reflexiones" habla de la mortalidad, el desapego y el renacimiento espiritual.

Este fenómeno no es aislado; si caminas por el casco histórico, verás que estas "firmas" también se repiten en fachadas como las de la Biblioteca Sarmiento, dibujando una ciudad paralela sobre la ciudad visible.

El misterio bajo el asfalto: Túneles que son reales

Pero el misterio no termina en las alturas de la cúpula; se profundiza bajo nuestros pies. Durante décadas, la existencia de túneles subterráneos bajo la Catedral y el casco histórico fue tratada como folclore, una simple leyenda urbana para asustar niños. Hoy, la arqueología ha confirmado lo que la memoria colectiva siempre supo: la red es real.

Se dice que estos pasadizos conectaban los puntos neurálgicos del poder en la época colonial y el siglo XIX: uniendo la Catedral con el Antiguo Cabildo (hoy Centro Cultural del Bicentenario) y la antigua casa del gobernador Juan Felipe Ibarra.

¿Para qué servían? La historia oral y los registros de la Dirección de Patrimonio Cultural sugieren funciones vitales:

  1. Escape seguro: Rutas de huida para gobernantes y clérigos ante revueltas o ataques de malones.
  2. Logística oculta: Traslado discreto de prisioneros o circulación de información sin ser vistos.
  3. Herencia colonial: Algunos ramales habrían sido cavados originalmente por jesuitas y dominicos, y ampliados luego por los gobiernos de Ibarra y los Taboada.

Aunque el tramo exacto bajo la Catedral permanece cerrado por seguridad estructural, el misterio sigue vivo y visitable. Solo basta con bajar al Centro Cultural del Bicentenario (CCB) o a la histórica Casa Taboada. Allí, entre paredes de ladrillo antiguo y techos bajos, uno puede caminar por esas venas subterráneas y sentir, literalmente, el pulso del Santiago del ayer.

Reflexión final

La Catedral Basílica de Santiago del Estero es mucho más que un punto de encuentro dominical. Es un palimpsesto de piedra y tierra donde conviven la fe inquebrantable, la ambición intelectual de la masonería del siglo XIX y el ingenio desesperado de supervivencia de sus gobernantes.

La próxima vez que pases por la Plaza Libertad, no mires solo las torres. Recuerda que, bajo tus zapatos, la historia sigue fluyendo en silencio, esperando ser redescubierta.