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miércoles, 8 de julio de 2026

El guardián del dial: Cómo "Huesito" Pérez le abrió las puertas de la radio al quichua santiagueño

Antes de que el Alero Quichua fuera un símbolo cultural, hubo un hombre que cedió su espacio en LV11 para que Sixto Palavecino cumpliera su sueño. Conocé la historia de José Alberto Pérez, el bandoneonista y dirigente que fue el puente fundamental para que nuestra lengua originaria saliera al aire.



Por Leyendas del Folclore Santiagueño

Corría la década del sesenta y la radio era el rey absoluto de los medios. En Santiago del Estero, el éter estaba poblado de voces, pero había un silencio ensordecedor: la lengua quichua, el latido ancestral de la provincia, parecía no tener lugar en las frecuencias oficiales. Para Sixto Palavecino, ese vacío era una herida. Su sueño era claro: llevar la cultura, la poesía y la palabra quichua a los parlantes de cada hogar santiagueño. Pero los sueños, para hacerse realidad, necesitan de alguien que esté dispuesto a girar la perilla. Y ese hombre fue José Alberto "Huesito" Pérez.

El "sí" que cambió la historia cultural

La historia del rescate radial del quichua no puede desligarse del nombre de Don José Alberto Pérez. Por aquel entonces, Pérez era una figura respetada en el ambiente folclórico y, desde 1958, se desempeñaba como director interino de la legendaria LV 11 Radio del Norte.

Sixto, que ya había pisado los estudios de la emisora actuando junto a sus hijos y contaba con tres discos grabados, sabía a quién debían recurrir. Junto a Felipe Benicio Corpos, Vicente J. Salto y un grupo de entusiastas, le pidieron a Pérez un espacio para difundir la lengua.

Hubo cierta resistencia inicial; los tiempos y los formatos de la radio comercial no eran sencillos de doblegar. Pero Pérez, lejos de ser un burócrata, era un hombre de profunda inquietud cultural y alma de músico. Entendió la magnitud del pedido y accedió. Así, los días domingos a las 11 de la mañana, nació la "Audición Quichua". Fue un 6 de octubre de 1969 cuando el mensaje quichua-castellano comenzó a irradiarse, marcando el génesis de lo que más tarde sería el monumental Alero Quichua Santiagueño.

Un bandoneón con alma de tierra adentro

Para entender la generosidad cultural de "Huesito" Pérez, hay que mirar su origen. Nació en San Miguel de Tucumán, pero el destino quiso que sus padres lo registraran en Santiago del Estero un 19 de mayo de 1913. Y santiagueño se volvió en cada acorde.

Desde temprana edad abrazó el bandoneón, transitando con la misma solvencia el tango, la música clásica de la mano de la Orquesta de Salvador Carfí, y el folklore profundo. Su casa y la de su cuñado, Don Miguel Simón, eran el epicentro de las peñas y fiestas familiares. Allí, entre mates y guitarras, "Huesito" compartía mesa y música con gigantes como Hugo Díaz, Antonio Faro, Cachilo Díaz y Sara Cartier.

Su huella en la música provincial es indeleble. En 1938 integró el histórico conjunto "Los Criollos" junto a Antonio Ríos, Amabrio Luna y Juan de Dios Gallo. Cuentan las crónicas de la época que fue el propio "Huesito" quien, con su ojo avizor, les sugirió a Leocadio del Carmen Torres y Onofre Paz el nombre que los haría inmortales: Los Manseros Santiagueños.

El compositor y el dirigente

Más allá de su rol como facilitador cultural en la radio, Pérez fue un creador prolífico. Socio de SADAIC, su cancionero es un reflejo de la idiosincrasia local. De su pluma (y de su fuelle) nacieron joyas como la chacarera "Inti Sumaj" (con letra de Fortunato Juárez), el gato "El Amoroso", la vidala "Por una preciosa flor" y "Yacu Mishqui", en coautoría con Fidel Lucero.

Pero su compromiso con la provincia iba más allá de la música: también se desempeñó como dirigente del Club Atlético Mitre, demostrando que su amor por Santiago abarcaba todas las instituciones que la hacían grande.

Las huellas invisibles

Don José Alberto "Huesito" Pérez falleció el 7 de julio de 2001. Hoy, tal vez sean pocos los que conocen en profundidad su vida y obra. La historia suele recordar con más facilidad a las voces que brillan en el escenario, pero rara vez se detiene a agradecer a las manos que construyeron ese escenario.

Pérez fue uno de esos arquitectos invisibles de nuestra identidad. Sin su visión, sin su apertura en la vieja LV 11, el camino de la lengua quichua hacia la masividad habría sido mucho más oscuro y silencioso.

La próxima vez que sintonices un programa de folklore, o escuches la dulce cadencia del quichua en la radio, haz un alto. Recuerda que antes de que fuera una política de Estado o un fenómeno cultural masivo, hubo un bandoneonista llamado "Huesito" que decidió que esa lengua merecía, por derecho propio, un espacio en el dial.


sábado, 28 de marzo de 2026

Cuando el quichua era vergüenza: la vida de Don Sixto Palavecino

Entre violines, chacareras y palabras heredadas, construyó una obra que habla del monte, del desarraigo y de una lengua que se negó a desaparecer.

 

Foto: José Luis “Ducky” Ducournau

Hay trayectorias que no hacen ruido al principio. La de Don Sixto Palavecino fue así. Empezó de joven, escribiendo en quichua y poniendo música a esas letras, armando su propio repertorio sin vueltas. Con el tiempo, esa práctica íntima se volvió una marca clara: cantar lo que otros no estaban diciendo.

Un repertorio que nace de lo vivido

Desde los años treinta ya componía. Primero la palabra, después la música. Todo en quichua. No era una elección estética: era su forma natural de expresarse.

En 1954 registró sus primeras obras, pero esas canciones ya circulaban mucho antes. Hablaban del monte, de la vida diaria, de lo que pasaba en serio. No había maquillaje. Aparecía el paisaje, sí, pero también los problemas.

El éxodo santiagueño fue uno de los temas que más trabajó. En "Llajtaymanta llojserani" se mete de lleno en el desarraigo. En "Viaje de la pastorcita", en cambio, pone el foco en las jóvenes que se van con una idea idealizada de la ciudad. La letra muestra ese contraste: lo que se sueña y lo que se pierde.

De la vergüenza al orgullo

Hubo un momento que lo marcó. Leyendo el diario, se enteró de que Domingo Bravo enseñaba quichua en Santiago. Eso lo sacudió.

En su entorno, hablar quichua no siempre era bien visto. Había burlas, silencios incómodos. A veces directamente se lo evitaba. De ahí salió "Penckacus causaj carani" - "Avergonzado vivía".

En esa chacarera aparece esa incomodidad: el quedarse atrás cuando otros hablaban en castellano, el callarse para no exponerse. Pero también aparece el giro. Con el tiempo, lo que era motivo de vergüenza empezó a valorarse. Y él dejó de esconderse. Empezó a cantar en quichua con más decisión.

Una peluquería distinta

En 1969 abrió una peluquería en Santiago del Estero. Tenía lo básico: espejo, sillón, muebles sobrios. Pero el clima era otro.

Mientras los clientes esperaban, tocaba. Chacareras, gatos, escondidos. A veces con guitarra, otras con violín o bandoneón. Era una peluquería, pero también un espacio donde la música aparecía sin aviso.

Algunos días estaba tranquila. Otros se llenaba. Pasaron figuras como Horacio Guarany o Héctor Larrea. También equipos de televisión que caían a grabar.

Una escena simple lo resume bien. Un chango entra y Sixto le dice: "¿Quién te ha cortao tan fiero?". El chico responde: "Usted, Don Sixto". Y él, sin perder el tono: "Ehh... te ha crecio desparejo, chango". Seco, directo.

El Alero Quichua y el trabajo de fondo

Más allá de la música, hubo un trabajo sostenido con la lengua. Ahí aparece Felipe Benicio Corpos.

Se conocieron en 1968. Compartían la misma preocupación por el quichua. De esa relación nació el Alero Quichua Santiagueño. No era solo un espacio cultural. Era una forma de organizar la defensa del idioma.

Desde ahí impulsaron su enseñanza, promovieron actividades y crearon nuevos aleros en distintos lugares. Corpos también escribió, hizo radio y trabajó en la difusión de la cultura del monte.

Murió joven, en 1974, con 39 años. Aun así, dejó un material que sigue circulando en archivos, grabaciones y en la memoria de quienes lo conocieron.

Reconocimientos que llegaron con el tiempo

Con los años, la figura de Don Sixto se fue consolidando. Recorrió escenarios, compartió con artistas como Mercedes Sosa y León Gieco, y recibió distintos reconocimientos.

Entre ellos, el Premio Konex como instrumentista, la distinción como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina y otros vinculados a su trabajo con el quichua. También recibió una bendición apostólica de Juan Pablo II.

Ya de grande, con 93 años, fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario. Viajó acompañado por una delegación de quichuistas. El reconocimiento iba más allá de su figura individual.

La historia de Don Sixto no es solo la de un músico. Es la de alguien que pasó de callarse a decir, de correrse a ocupar un lugar. Lo que antes se escondía, terminó siendo su identidad pública.

Sus canciones siguen ahí. No como recuerdo, sino como registro de una forma de ver y nombrar el mundo. Y eso, en el fondo, es lo que todavía sostiene su vigencia.

Sixto Palavecino: El público espera el "Long Play" que grabaré para R.C.A Víctor

Escribe Polo Serrano

 


Con el deseo de llevar en forma variada los reportajes de nuestros valores, entreviste a Sixto Palavecino, decir este nombre, es pronunciar dos palabras que mejor se ubican dentro del panorama folklórico y en el cariño popular.

Me trasladé al domicilio de este artista en el Jeep del diario La Hora y fui recibido por Haidee, hija mayor de don Sixto.

Este salió a mi encuentro con Carmencita hija menor y expreso:

Lo esperaba Polo, pues A. Salomón difusor de la RCA Víctor me había anunciado su visita.

De esa manera tan simple fui recibido por este valor del folklore, la misma forma directa con que “habla” en sus canciones a todos los públicos y que no está basada en ningún secreto que no sea su forma de ser.

-Yo nací en Salavina hace 49 años y desde mis años de chango aprendí a tocar de oído el violín y luego la guitarra.

-¿Cuándo comenzó a tocar el bandoneón?

-Un conjunto folklórico visito mi pago y me entusiasmo ese instrumento, cuando lo vi tocar a uno de los integrantes de esa orquesta y de inmediato compré y volqué mi vocación musical en el bandoneón que muchas satisfacciones me dio.

-¿Cuándo comenzó a actuar en nuestra ciudad?

-En el año 1962 decidí venir con mi familia a Ciudad Capital y de inmediato comencé a actuar, pues el conjunto estaba integrado por mis hijos, Rubén, Haideee y Carmencita, y siempre tenemos el repertorio bien ensayado, sobre todo que no tengo problemas de incumplimiento por parte de los músicos, muy vulgar en nuestro medio, pues todos vivimos juntos.

-¿Sus hijos aparte de ser músicos desarrollan otras actividades?

-Por supuesto, Rubén que tiene 21 años es Maestro mayor de obras, Haidee de 19 años estudia magisterio y Carmencita, la menor está terminando sus estudios primarios. A veces eso me impide poder desarrollar una actividad más amplia, pues tengo muchas propuestas para recorrer el país, planes que dejare para las vacaciones escolares.

-Según me informo A. Salomón que usted había grabado un Long Play y otro disco simple.

-Es verdad, grave un total de 15 piezas que fueron realizadas en el mismo día ante la admiración de técnicos y director artístico del sello grabador, pues generalmente esa cantidad se graba en 2 o 3 días.

-¿Podría nombrarme alguna de las composiciones que grabo?

-Con mucho gusto, “Historia de un sufrido” (chacarera), que nos habla de las penurias que paso Palito Ortega antes de llegar al estrellato. “El astro de Santiago” (chacarera) que narra el recibimiento que le tributo el pueblo santiagueño cuando Leo Dan nos visitó por primera vez después de triunfar.

-¿Por qué no los titulo entonces con el nombre de los astros?

-Ese fue mi propósito, pero cuando fui en la SADAIC, me exigían una autorización escrita de los astros referidos, lo que hubiera resultado imposible localizarlos por los múltiples compromisos que tienen.

-¿Qué otros títulos grabo?

-Fiel Compañera (chacarera); Para mi bombo leguero (chacarera); Carbonerito santiagueño (bailecito); Así es mi gato (gato).

-¿En la capital Federal que actuaciones realizo?

-En radio Splendid en una audición que hable en quichua y luego yo mismo hice la traducción. Mis hijos cantaron en quichua y fueron muy aplaudidos. También nos presentamos en Radio Argentina, Radio Libertad y Canal 9 de TV y en lugares de espectáculos y en peñas folklóricas.

-¿Qué planes tiene para el futuro?

-Como le decía espero que termine el año escolar para poder cumplir compromisos en Bs As, ahora aquí actuamos los fines de semana en peñas folklóricas y pronto haremos radio, también para la fiesta del Señor de Mailin cumpliremos un compromiso en esa localidad.

-Quiere agregar algo las para terminar este reportaje?

-Sí, agradecer al público en general, a los colegas que cuando supieron de mi grabación del Long Play se interesaron por saber cuándo sale a la venta pata adquirirlo.

Nota publicada originalmente en la edición del día Sábado 15 de mayo de 1965 en el Diario La Hora de Sgo del Estero.


miércoles, 25 de marzo de 2026

En el 76 / Golpe Militar.

La copla de mi padre y la música de Sixto Palavecino. se alzan en lucha en los montes santiagueños. ¡Nace esta Chacarera contra el golpe militar!!! Gana el Festival de la tradición, Añatuya.

 

Foto/De izquierda a derecha: Don Belindo Farías (atrás), Don Fortunato Juárez (con guitarra), Don Sixto Palavecino (poncho al hombro), Juan Carlos Carabajal (atrás de Don Sixto), Dardo del Valle Gómez (bigotes, traje y corbata), Rubén Palavecino (atrás de Dardo, con micrófono, al lado de Juan Carlos), Fany Ledesma, Don Miguel Simón (Corbata y camisa blanca, con bastones) y Miguelito Simón, detrás de su padre Don Miguel.


COPLAS DE UN CHANGO
 
Cuatro puntales
enramada proletaria,
techo de tierra.
Esa es la casa del pobre,
paredes lona arpillera.
 
Rotas sus ropas,
el frió golpeando entero
de una tapera.
Sale un chango taleoneando
toda sus carnes afuera.
 
Panes de cuando
cuervos volando su presa,
filos que ciegan.
Van desgajando tristezas,
hacha con hambre cuatrera.
 
Yo... los he visto,
bañarse en llantos
pobres changos.
Desparramarse la cruz,
besarse las manos.
 
Dardo del valle Gómez / Sixto Palavecino,

La canción gana el festival de la canción inédita, ambos son abucheados y tildados de zurdos, revolucionarios, los propios reaccionaban al miedo producido de aquella época.

Don Sixto y mi Padre se tiene que ir de urgencia por los montes.

CULTURA Y PROCESO MILITAR

Mi padre y Sixto comienzan a ser observado por los militares que en el caso de mi padre los seguían permanentemente, a sol y sombra. De Cultura a mi casa siempre nos seguía un soldado.

Cuando mi Padre izaba la bandera Argentina en la puerta de cultura en la calle 25 de mayo, en la esquina otro militar observaba cada tarde lo que hacia mi padre.

Mi padre me decía... "No tengas miedo, camina. Y caminábamos hasta Villa Constatina, frente las vías del ferrocarril, yo tenía 6 años.

Así la cultura fue su causa, la copla parda su vos, y su forma de militancia para enfrentar con coplas esos tiempos de muertes injustas, asesinatos, torturas, de silenciamiento y exilio de sus amigos como Mercedes sosa, Horacio Guarany, o la Muerte de su mejor amigo Jorge Cafrune.

Dardo del Valle Gomez (h).

Historias del Proceso Militar 

lunes, 31 de marzo de 2025

Don Sixto Palavecino

Grabó su primer disco a los 50 años en 1966 para RCA. Autor de 300 temas, cuenta con 25 LP y dos CD, con un tercero en camino. Recibió el Premio Konex, un Disco de Platino y fue reconocido como Ciudadano Ilustre de Santiago del Estero. Carlos Menem lo distinguió como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina. Ha compartido escenario con figuras como Chico Buarque, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Milton Nascimento y Pete Seeger. Además, actuó junto a León Gieco en estadios como Vélez Sarsfield y Boca Juniors, siendo parte de De Ushuaia a La Quiaca.




El 31 de Marzo del 1915, nacía Sixto Palavecino en la localidad de Barrancas, inserta en el departamento Salavina, en Santiago del Estero.

Su destino parecía determinado desde antes de nacer. "Soy quichuista desde quién sabe qué tiempo anterior", filosofa el músico, y la frase encaja perfectamente con esa imagen sencilla y ancestral. Un poncho santiagueño le cubre el hombro. En su mano derecha, un bastón acentúa la estampa de patriarca folklórico.

Sixto Palavecino creció en un entorno agreste, donde prácticamente nadie hablaba el castellano. La familia vivía del pastoreo y de lo que cosechaba. "Plata no había, no manejábamos dinero. Todo lo que plantábamos o criábamos, como ovejas y vacunos, era para comer".

Esa forma de vida natural y el influjo salamanquero del monte barranquero lo transformó en un músico sacherito (del monte) y bien criollo. "Yo me iba al monte a tocar, porque mi mamá no me dejaba y guardaba el violincito que me había fabricado en el hueco de un viejo algarrobo." Nadie le enseñó a tocar un instrumento. Sixto se contagió del ambiente musical que lo rodeaba. "La gente hacía música para los rezabailes, fiestas religiosas y cumpleaños. Siempre había música y musiqueros por todas partes. En la zona donde vivía había como unos veinte violinistos. De todos ellos aprendí yo. De mirar y escuchar", refresca en su memoria. .

Don Sixto fue el primero en la familia en cumplir varios sueños humildes, pero inalcanzables para algunos de sus mayores, que terminaron sus días en medio del monte. Sixto logró salir de Barrancas y trasladarse 25 kilómetros más cerca de Villa Salavina. "Para nosotros era como ir a Buenos Aires -compara-. Nunca nadie de mi familia había entrado ahí."

Allí conoció a su segunda mujer (se había casado a los 16 y había tenido una hija), tuvo sus tres hijos y alternó su ocupación de musiquero con la de comerciante. "Tenía un bolichito en las afueras del pueblo, antes de cruzar el río. Y en esa época me llamaban de todos los lugares para que participe de las fiestas. A mí me pagaban 50 pesos, al guitarrista 20 y al bombisto 10."

Cumplido el primer objetivo fue tras otros dos grandes sueños. "Quería que mis hijos estudien. Yo apenas había terminado la primaria. Y, además, quería tener un programa de radio pasando repertorio de música tradicional y difundiendo el quichua. Pero no de forma académica, sino por medio de la transmisión oral como aprendimos todos los que vivimos en Santiago." Las dos ilusiones se le cumplieron. Sus hijas se recibieron de docentes, mientras que su hijo se transformó en ingeniero agrónomo.

SIXTO PELUQUERO

El hombre no parece cansado después de haber pasado por diferentes oficios para sobrevivir, mudado de región en varias ocasiones, afincarse definitivamente en Santiago y seguir tocando junto a los integrantes de su familia de forma un poco más profesional. "En realidad, los últimos veinte años me dediqué más a la música. Antes trabajaba en la peluquería y estaba preocupado porque mis hijos terminaran de estudiar. Sólo cuando tenía 45 años formé el conjunto con mis hijos y con ellos hemos andado por todo el país." En la peluquería lo encontró León Gieco, cuando lo fue a buscar para participar de su disco "De Ushuaia a La Quiaca". En la década del sesenta, Jorge Cafrune lo fue a buscar al mismo lugar. "Vino porque me quería escuchar, me grabó dos chacareras que para mí era como llegar al cielo y después me trató de convencer para que salga de gira con él. La idea me interesaba, pero iba a tener que cortar los estudios de mis hijos, que me acompañaban en el conjunto. Me acuerdo que fue una decisión difícil. Una amiga me dijo: "Mire don Sixto, en un mes va a ganar lo que gana en un año en la peluquería". Era tentador, pero, finalmente, no acepté, y mis hijos se recibieron."

NO QUERIA SER FAMOSO

-"Nosotros hacemos la música naturalmente, no por una necesidad profesional o comercial, sino por difundir la cultura de nuestros antiguos. Eso es lo que me interesó desde siempre. Pero nunca pensé, ni soñé con hacerme famoso. Todo era en defensa del quichua. Sólo en el último tiempo comencé a vivir de la música".

Según su visión, con los años, las cosas se desnaturalizaron. Para Sixto el contexto determina: "Yo tuve la suerte de vivir las más sanas costumbres y vivencias. Como fueron antes nuestros antepasados. Hoy, lamentablemente, estamos perdiendo los principios y eso es triste. Claro no es mayoría".

Un detalle, Sixto guarda en el pequeño estuche del violín una foto del Che Guevara. "Tenemos que estar orgullosos de su valentía y su lucha por la libertad", dice.

Será por eso que el músico apuesta a las nuevas generaciones. "Yo tengo la esperanza de que la juventud tome conciencia. Que sepan cómo fueron sus abuelos y bisabuelos, se concienticen y puedan -aunque estamos en una era tremenda- volver a sus raíces", apunta el violinisto

. Lo que se preserva en Santiago del Estero de toda contaminación es el quichua. "En la provincia hay 27 departamentos, 14 de ellos hablan solamente el quichua. Más allá de que sepan castellano, toda la gente es quichuahablante. Yo también, no tengo nada que ver con los estudiosos. Lo mío es natural. A veces hasta me cuesta hablar en castellano", confiesa.

. En su familia se cuidaban todas estas costumbres de sus mayores. El quichua, en su casa, era tan natural como la música. "En mi casa mis dos hermanos mayores hacían música. En cada ranchito había un musiquero", recuerda. Eso sigue sin alterarse en las pocas familias que siguen viviendo en Barrancas. "Lo que hago es para representar ese monte, el lugar donde he nacido. Lo puro. Mi música y mi canto vienen desde ahí, muy en el fondo del tiempo."

EL DIA QUE CONOCIO A ARGELIA

"En un rezabaile de San Antonio la vi a Argelia. Me puso tres años de plazo para casarnos. Tan-to perseguirla le hice bajar a dos años y así le arañé hasta que... nos casamos a los seis meses. Nos casamos de civil en la casa de ella, pero esa noche no me entregan la novia y me volví a mi casa, casado y sin mujer. Así nos trataban. Cuando iba a visitarla cuando fuimos novios, me recibía el padre, ni la veía. Mi suegro ni pintado me quería.

Porque yo era musiquero, era pobrecito. Cuando veo que estoy tan despreciado por mi suegro le hice llegar un papelito a ella: "Argelia: te voy a pedir, pero sé que tu papá se va a negar, si vos estás dispuesta yo estoy dispuesto a sacarte, directamente nos casamos". Ella me contestó que sí. Pero los padres al final cedieron. Fue para toda la vida. Cincuenta y tres años y cuatro meses de alegría y felicidad.

La historia del amor empezó con una cabalgata de locos hacia la iglesia de Salavina. La fueron a buscar a la novia al monte, y a caballo la llevaron a la iglesia. Un contingente de caballos, hombres, mujeres, chicos, viejos y viejas reventando cohetes en nuestro honor.

Y ahí recién, a la nochecita, nos juntamos en mi casa, ya casados por iglesia. Hemos tenido tres hijos. Dos seguidos y hemos dicho vamos a suspender. Luego hemos tenido otrita, y ahí hemos parado para siempre. Así hemos hecho el convenio. A esa época no teníamos ninguna precaución para evitar el embarazo.

El hombre es el que tiene que buscar la forma. Hay otros que meta hijo nomás. No queríamos muchos porque decíamos: hay que educarlos. Entonces yo tenía que sacrificarme para evitar que se ponga embarazada. Ella era para mí la mejor del mundo. Calladita era. No era de ésas.

Cuando andábamos mal, jamás se ha puesto triste ni nada, porque podría haber dicho este hombre, siempre se funde. Murió de 75 años.. Cuanto más tiempo iba pasando, más nos queríamos. Los últimos años, a mí me parecía que más la quería.

"EL ALERO QUICHUA SANTIAGUEÑO"

Don Sixto se emociona el día que decidió visitar la vieja emisora Radio del Norte de Santiago del Estero –L.V. 11- ante el Director interino Don Alberto Pérez (Huesito), a quien le expresara el alcance de sus deseos: pedía una audición quichua para la difusión del idioma y de la cultura quichua; quería llegar a sus hermanos quichuahablantes e indicarles el camino de la reivindicación; deseaba fervientemente transmitir su propio orgullo a través de la onda radial y propagar desde la cuna al país este verdadero sentimiento de identidad nacional.

Don Alberto Pérez entendió el propósito y en valerosa y patriótica decisión autorizó la iniciación de la misma que a la fecha ha cumplido sus 35 años de audiciones ininterrumpidas. Hoy el quichua ocupa el nivel que soñaron sus defensores tales como Don Sixto; el Profesor Domingo Bravo; los poetas Vicente Salto y Felipe Corpos y todos aquellos identificados con estas raíces.

Publicado por Daniel Frediani

Fuente: turismoensantiago.blogspot.com