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jueves, 9 de abril de 2026

La memoria sumergida: un réquiem y renacimiento de Villa Río Hondo

 


Una geografía fantasma yace bajo la extensión turquesa del Embalse del Dique Frontal. En las profundidades del embalse, inaugurado en la primavera de septiembre de 1967, yacen los cimientos de un mundo entregado a las aguas. Es un paisaje marcado por el desarraigo —ese profundo y singular sentimiento hispano de desarraigo— donde el sacrificio de un pueblo se convirtió en el precio del progreso.

La liturgia de la partida

El 26 de marzo permanece grabado en la memoria colectiva de la región, no como un día de derrota, sino como un testimonio de fortaleza comunitaria. Hace cincuenta y nueve años, los habitantes de Villa Río Hondo realizaron un último y desgarrador rito de paso. Liderados por el inquebrantable Padre Juan Bradford, la comunidad transformó su desplazamiento en una procesión.

Con una cruz en alto y sus pertenencias mundanas a cuestas, emprendieron un éxodo tanto espiritual como físico. Fue una epopeya del pueblo, un momento donde la dicotomía entre pérdida y esperanza se desdibujó. El padre Bradford no se limitó a ofrecer oraciones; les brindó el apoyo emocional necesario para sobrellevar el trauma de ver su tierra ancestral destinada a ser sepultada bajo el agua.

La arquitectura de la memoria

En 2026, a las puertas del sexagésimo aniversario de este acontecimiento trascendental, se ha iniciado un minucioso trabajo de recuperación histórica. Este año marca un periodo de profunda reflexión archivística: la recopilación de fechas, documentos antiguos y testimonios orales de las familias que llevaron el espíritu de la antigua villa a su nuevo emplazamiento.

Sin embargo, el testimonio más conmovedor de esta historia no se encuentra en un libro de contabilidad, sino en la viva silueta del Museo Histórico y Religioso. Allí, en el umbral de la iglesia patrimonial, se alza un árbol que ha resistido el paso de las décadas. Durante cuarenta y cinco años, sus dos ramas principales se han extendido hacia el cielo, imitando la postura de un alma en perpetua súplica.

"Estos 'brazos implorantes' sirven como un monumento botánico silencioso a la presencia del Padre y al legado perdurable del grupo juvenil 'Juan Bradford' ."

Una visión para el Jubileo de Diamante

Este árbol simbólico sigue siendo un puente entre el pasado sumergido y el presente resiliente. Mientras la comunidad se prepara para las conmemoraciones históricas de 2026, la atención trasciende la mera nostalgia. Es una invitación a contemplar el Éxodo de Villa Río Hondo con una mirada crítica: como la historia de un pueblo que, ante la creciente ola de cambios, eligió caminar unido, guiado por su fe.

En el suave murmullo de las olas del embalse y en las ramas que se extienden sobre el árbol guardián del museo, la historia de Villa Río Hondo sigue latente, un testimonio de la belleza que puede rescatarse de las profundidades del sacrificio.

sábado, 4 de abril de 2026

Termas de Río Hondo y las "aguas del sol"

 


La ciudad de Río Hondo, cuyo nombre original era Miraflores, es un centro de turismo cuya importancia radica en el balneario termal junto al río Dulce. Sobre este mismo río se halla el Dique Frontal, el cual embalsa un lago artificial apto para la náutica y la pesca deportiva.

El dique fue inaugurado en 1967 con el fin de atenuar las crecidas, mejorar el riego y generar energía.

Las aguas del río Dulce eran ya conocidas desde la época precolombina con el nombre de Aguas del Sol. El prestigio de la ciudad existe desde hace siglos; los príncipes del Alto Perú - los incas- llegaban a las "aguas milagrosas" para disfrutar de un microclima único y darle energía termomineral a sus vidas.

Antes de la llegada de los españoles habitaban la zona aborígenes sedentarios, los tonocotes. Estos se ubicaron a orillas del Soconcho, río de aguas mansas, que en quechua se llamó Misky Mayu y los españoles tradujeron como Río Dulce.

Fueron los príncipes incas quienes organizaron caravanas desde el Cuzco, cruzando el altiplano hasta las orillas del Misky Mayu, para aprovechar las virtudes de las yacu rupáj (aguas calientes) consideradas por ellos de origen divino.

Los incas decían que sus manantiales traían el fuego de la tierra y daban milagrosamente la salud al sufriente o al enfermo. Su fama se extendió con los relatos hasta el imperio del Hijo del Sol, en las alturas del Tahuantisuyo.

Las postas de Vinará y Miraflores le acercaron viajeros ilustres en la época de la Conquista: San Francisco Solano, los congresales de Tucumán, el Ejército del Norte, Facundo Quiroga y los Taboada.

A comienzo del siglo XX, Termas era un villorrio de 300 habitantes y comenzaban a surgir los primeros hoteles para el turismo que encontró algunos precursores a fines del XIX, ya que el primer alojamiento se construyó en 1884.

Fue reubicada a 21 kilómetros de su sitio primitivo en el año 1966, para construir el Dique Frontal.

Su emplazamiento original se encuentra cubierto por las aguas del lago.

Fue declarada ciudad el 6 de septiembre de 1954, pero el Municipio obtuvo su autonomía recién en 1958 y se eligió como primer intendente municipal al sr. Luis Jorge Manzur.

Hoy, es el mayor centro turístico de la provincia y uno de los más importantes de la región.

Se cuenta que san Francisco Solano pasó por la antigua villa rumbo al Tucumán, para proveerse de madera de nogal y construir el templo que hoy se levanta en la ciudad capital de Santiago del Estero. Al regresar, se encontró en las cercanías de Villa Río Hondo con el gran río crecido (río Dulce). Era humanamente imposible vadearlo, pero el santo, se cuenta, desató su cordón, lo arrojó al río y dijo: "Río Hondo, no impedirás nuestro paso". Entonces las aguas se abrieron. Fue el primero en tocar la otra orilla y dejó sus huellas y la de su mula en una piedra que aún se conserva y venera en la nueva Capilla Villa Río Hondo.

A partir de este hecho milagroso, el Santo de la Cruz y el Violín es venerado en la región y el nombre original de Miraflores se transformó a Río Hondo.

Fuente: facebook/elpatiosantiagueño


El secreto del monte santiagueño