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lunes, 22 de junio de 2026

La algarrobiada

 Orestes Di Lullo | El folclore de Santiago del Estero

 


En todos los puntos de la provincia se practica la costumbre de salir en caravana para la cosecha de algarroba. Eran célebres las algarrobiadas que se efectuaban en "El Polear", al otro lado del río, cerca de la ciudad, una de cuyas casas -la de Doroteo Gómez- era el centro de una intensa peregrinación de gente de Santiago que, con árganas, "tipas" y "ponchos" acudían el 24 de diciembre a la cosecha de algarroba. 

El regocijo tenía también un sentido religioso, pues el día del "nacimiento" se velaba al Niño Dios con bailes y cánticos. Allí se escuchaban las notas arrancadas al arpa por la prodigiosa destreza del "finao Lauriano", justamente reputado como uno de los mejores arperos de aquel tiempo.

Durante la noche, después del pesebre, las zambas, los gatos, las chacareras mantenían alerta con sus notas joviales el espíritu de la fiesta. De los árboles colgaban los "noques" repletos de aloja; en torno de los fogones se cocinaban las más suculentas viandas; los hombres en corro bebían enormes "chambaos" y el amor, proclamado mil veces en la canción y la música de las guitarras y cajas y en los giros de las danzas, bajo la noche cálida, constelada de estrellas, era natural y libre; como el deseo incontenible; como la alegría, desbordante.

"El Polear" es todavía un recuerdo vivo de la ciudad. Era el lugar donde residía y había que ir a buscar el amor, como en los campos de la antigua Arcadia. Pasada la fiesta, desocupada el alma, hombres y mujeres con la carga de la cosecha de algarroba en "veranos" y "pozuelos" y niños y doncellas con el haz de leña sobre sus cabezas que sostenían el "pashquil" regresaban al hogar en alegres caravanas, por los caminos olorosos de salvia y de poleo; cruzaban el río llenando el silencio de risas y alegrías, y recomenzaban la tarea diaria, nunca apremiante, con elrecuerdo de la sonrisa de los labios y en la luz de los ojos. 

Hasta aquí lo que escribía Di Lullo en 1943, hace setenta años. Todavía recordamos los que fuimos niños allá por los 50 el gusto por juntar algarroba blanca y negra para disfrutar la dulzura y el alimento que esta fruta natural nos brindaba. Lo mismo la añapa refrescante que salía de la molienda. Bueno es recordar que ella nos hacía aguantar mejor el calor, mientras el tacku (algarrobo en quichua) nos ofrecía sombra a nosostros los chicos y a los animales en esas siestas de 43 grados a la sombra, en tiempos en que la heladera era un lujo. Esto es bueno que lo recuerden aquellos que quieren recuperar la soberanía alimenticia. Con algarroba, mistol, chañar, piquillín. miel de balas, docas, tunas, arrope de algarroba, de tuna y de chañar y otros regalos de la naturaleza sabíamos complementar nuestra dieta santiagueña.

 Fuente: www.desdelolvido.blogspot.com.ar/

 

sábado, 25 de enero de 2025

La Taba, un juego antiguo y olvidado

 

Juego propio del gaucho, sea rico o pobre. No puede haber reunión sin unos tiros de taba.

Taba, se llama un hueso que tiene el animal vacuno, en la pierna, en la parte que forma el garrón; aunque también tienen taba los ovinos, cerdos, etc., pero la empleada en el juego es la de vacuno y grande: de buey o de toro viejo...” ¡Murió el buey, murió el toro…ché!  Sacale las tabas”.

La taba tiene una parte cóncava labrando sus rugosidades, como en forma de S o formando dos caras, del lado opuesto es casi lisa. Cara o suerte se llama la parte de la S. Culo la parte lisa o contraria. Se prepara la cancha (lugar donde se va a jugar), tratando de despejar el suelo de pastos, accidentes del terreno, etc., bien firme, humedeciendo un poco el terreno fuera de la línea del tiro, para los que les gusta clavar (que es tirar la taba, dando una vuelta o vuelta y media en el aire, y caiga sin movimiento). Las canchas tienen un largo de 7 pasos en general, pero se tiraba en canchas de 8 y hasta 9 pasos, que eran las canchas de tiro largo.

Los límites se marcan haciendo una raya recta con la punta del cuchillo o también estirando un hilo fino, sujetado en sus extremos por clavos o grampas hechas con alambre.

Los jugadores, unos parados, otros en cuclillas, rodean los costados de la cancha, haciendo sus apuestas de “Al tiro voy… tanto” (al que tiraba la taba), o “Al que espera, juego” (contrario).

Previamente, los que tiran la taba han depositado en el medio de la cancha, la cantidad que juegan.

Tirando por alto la taba de extremo a extremo de la cancha, si cae con el lado de la suerte para arriba, gana el que la tiró; al revés, pierde. Si cae de costado, no hay juego.

Lo cortó. - Se dice cuando un jugador al tirar la taba echa suerte de entrada (cortó, al contrario, y otro jugador toma entonces la taba).

Pisar la taba. - Significa que el jugador que esto hace, una vez dilucidada una jugada, “copa la parada”, para tirar él.

Taba cargada. - Se decía de una taba que, agujereada en un lado, muy disimuladamente, se le ponían chumbos para que, al ser tirada, hiciera contrapeso. De ahí lo de “tabas culeras”.

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