Buenos Aires — En 1953, cuando la figura de Ricardo Rojas desbordaba los límites de la cultura sudamericana, un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho de la UBA decidió postular al intelectual santiagueño al Premio Nobel de Literatura. La idea sumó apoyo en universidades e instituciones de América y Europa, pero en Argentina chocó de frente contra un muro de silencio oficial.
Rojas, que ya tenía 71 años y conocía bien el paño de la política, no se hizo ilusiones. Sabía que los suecos no iban a arriesgar sus lazos comerciales con el gobierno de Juan Domingo Perón para premiar a un opositor marginado. No se equivocó: el Nobel de 1954 terminó en manos de Ernest Hemingway. El episodio no fue un hecho aislado, sino una escena más en una vida marcada por la creación, la militancia cívica y la persecución.
De la bohemia periodística a la invención de "Eurindia"
Aunque nació en Tucumán el 16 de septiembre de 1882, la identidad de Rojas estuvo ligada desde el origen a Santiago del Estero. Su padre, Absalón Rojas, fue gobernador de la provincia y una figura clave del roquismo. La muerte de Absalón en 1893 dejó a la familia golpeada en lo económico y obligó el traslado a Buenos Aires a fines de siglo.
Ahí arrancó el oficio de Rojas. Hizo calle en diarios como El País y La Nación : cubrió policiales, tribunales y la trastienda política, mientras frecuentaba la bohemia literaria. A los pocos años dejó la carrera de Derecho con una frase tajante: "Creía que el Derecho tenía algo que ver con la justicia". Para ese entonces ya escribía poesía y mantenía correspondencia con figuras de la talla de Miguel de Unamuno y Rubén Darío.
En 1907 viajó a Europa para estudiar cómo se enseñaba Historia en el Viejo Continente. Volvió con una obsesión que definiría su obra: la urgencia de construir una identidad nacional frente a la masa de inmigrantes que transformaba al país. De ese choque entre la herencia hispana y la raíz americana nació su concepto de Eurindia , desarrollado en obras tempranas como La restauración nacionalista
(1909).
El constructor de la cultura nacional.
En 1912, la UBA le encargó crear la primera cátedra de Literatura Argentina, un campo que hasta ese momento prácticamente no existía como disciplina académica. De esa investigación monumental salió su Historia de la Literatura Argentina , publicada en cuatro tomos entre 1917 y 1921. Creó la Biblioteca Argentina para democratizar el acceso a los libros, ejerció como decano de Filosofía y Letras y llegó a rector de la UBA entre 1926 y 1930, desde donde impulsó la reforma universitaria y fundó el Instituto del Petróleo.
El golpe militar de septiembre de
1930 interrumpió ese trayecto. Ante el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen,
Rojas decidió afiliarse al radicalismo. Su defensa de la abstención electoral
le valió la cárcel y el confinamiento en Ushuaia en 1933, durante la dictadura
de Agustín P. Justo. En el penal austral aprovechó el encierro para escribir Archipiélago.
De esos años convulsos salieron también sus biografías fundamentales sobre San
Martín (El Santo de la Espada) y Sarmiento (El profeta de la pampa).
Censura, desgaste y los años
finales
La llegada del peronismo empeoró
su situación. En 1946, el gobierno desconoció el Premio Nacional de Historia
que le habían otorgado por su libro sobre Sarmiento. En respuesta, Rojas
renunció a sus cátedras universitarias y no volvió a enseñar. Sus textos
salieron de las escuelas, los libreros temían exhibir sus obras y su casa de la
calle Charcas llegó a estar marcada con pintura por sectores ultranacionalistas
para ser atacada.
En ese contexto de aislamiento
llegó la candidatura al Nobel de 1953, ninguneada por el Estado nacional pero
celebrada en provincias como Santiago del Estero y Santa Fe.
El derrocamiento de Perón en
septiembre de 1955 —justo el día en que Rojas cumplía 73 años— derivó en un
breve nombramiento como embajador en Perú, cargo al que debió renunciar a los
pocos meses por problemas de salud. Amargado por las fracturas internas que
dividieron al radicalismo a mediados de los cincuenta, se recluyó en su casa y
se acercó a la fe en sus últimos meses. Murió el 29 de julio de 1957.

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