Hay personajes de nuestra
historia que, por una u otra razón, fueron quedando en el olvido. Otros
sobrevivieron gracias a la memoria de la gente, a los relatos que pasaron de
boca en boca y, muchas veces, a las canciones que los hicieron conocidos mucho más
allá de su lugar de origen.
En Santiago del Estero tenemos
varios ejemplos. Y entre ellos está Santos Moreno, la mujer que todos conocemos
como la Rubia Moreno. Una pulpera gaucha que vivió en tiempos difíciles, cuando
las luchas políticas dividían al país y la palabra empeñada podía valer tanto
como una vida.
Pero ¿quién fue realmente esta
mujer? ¿Qué hay detrás de esa figura de falda roja, vincha y puñal que tantas
veces hemos escuchado nombrar en nuestras zambas?
Para conocer su historia tenemos
que volver al siglo XIX, a los tiempos en que los caminos de tierra eran
transitados por comerciantes, arrieros, soldados y viajeros que encontraban en
las pulperías un lugar para descansar, comer algo y enterarse de lo que sucedía
en la región.
Una de esas pulperías estaba
vinculada al antiguo Camino Real, en las cercanías del río Dulce. Allí comenzó
a tomar forma la historia de Santos Moreno.
Una niña criada entre hombres
Según los relatos sobre su vida,
Santos nació alrededor de 1840, en el seno de una familia de origen vasco
francés. Sus padres, los Moreno, se habían establecido en Santiago del Estero
con un negocio de ramos generales.
En aquellos tiempos, muchos
padres esperaban que un hijo varón continuara con el negocio familiar,
atendiera los animales y se hiciera cargo de defender lo suyo cuando las
circunstancias lo exigieran. En esa familia nació una niña a la que llamaron
Santos, un nombre poco habitual para una mujer.
La muerte temprana de su madre
hizo que quedara al cuidado de su padre. Y fue él quien la fue formando en las
tareas del campo y en el manejo de la pulpería.
Santos aprendió a montar a
caballo, a tratar con los hombres que llegaban al negocio y a desenvolverse en
un ambiente donde no siempre alcanzaba con tener buenas palabras. Había que
saber hacerse respetar.
Así fue creciendo. Mientras otras
mujeres de su época eran educadas para la vida doméstica, ella se acostumbró al
movimiento de la pulpería, a las conversaciones de los viajeros y a las
dificultades de la vida rural.
Con los años, su figura comenzó a
llamar la atención. Su cabello rubio y sus ojos claros contrastaban con la piel
curtida por el sol. Pero lo que más se destacaba, según cuentan, era su
carácter.
No era una mujer dispuesta a
quedarse en un segundo plano. Sabía dar órdenes, tomar decisiones y defender
sus intereses. Y en una sociedad donde el poder estaba casi siempre en manos de
los hombres, esa manera de conducirse no pasaba inadvertida.
De allí nació buena parte de la
leyenda de la Rubia Moreno.
Los tiempos de la guerra
Para entender lo que ocurrió
después hay que recordar cómo era la Argentina de aquellos años. El país venía
atravesando largos enfrentamientos entre unitarios y federales, dos corrientes
políticas que defendían distintas formas de organizar el poder. Las disputas no
quedaban solamente en los discursos. Se resolvían muchas veces en los campos de
batalla, con consecuencias que alcanzaban a pueblos enteros.
En Santiago del Estero, los
hermanos Manuel y Antonino Taboada habían construido un poder político y
militar que los convirtió en protagonistas de la vida provincial. Santos Moreno
se vinculó con ese sector y, según los relatos sobre su trayectoria, fue una
ferviente partidaria de los Taboada.
Su pulpería, ubicada en un lugar
de paso, no era solamente un negocio. Por allí circulaban noticias, comentarios
y personas que podían terminar involucradas en los conflictos de la época.
El momento más recordado de su
historia llegó en 1867, cuando el caudillo riojano Felipe Varela encabezó una
rebelión federal contra el gobierno nacional de Bartolomé Mitre.
El enfrentamiento decisivo
ocurrió el 10 de abril de ese año, en la batalla de Pozo de Vargas, cerca de la
ciudad de La Rioja. Allí se enfrentaron las fuerzas de Varela y las tropas
santiagueñas comandadas por Antonino Taboada.
Se cuenta que Santos colaboró con
la causa de sus aliados aportando animales, caballos y recursos para las
tropas. También habría alentado a su padre y a su marido, Juan Manuel
Barrionuevo, a sumarse al ejército de Taboada.
La batalla terminó con la derrota
de Varela y dejó una gran cantidad de muertos. Para Santos Moreno, aquel día
tuvo una consecuencia dolorosa: entre los caídos se encontraba su padre.
Las versiones sobre su
participación personal en el combate no son del todo precisas. No sabemos con
certeza si peleó directamente o si su tarea estuvo vinculada al apoyo de las
tropas. Lo que aparece en los relatos es su compromiso con aquella causa y el
costo que tuvo para su propia familia.
A veces, cuando contamos estas
historias, nos quedamos con el personaje y sus hazañas. Pero detrás de cada
enfrentamiento había personas que perdían a sus seres queridos, familias que
quedaban partidas y vidas que ya no volvían a ser las mismas.
La Rubia Moreno también tuvo que
cargar con esa parte de la historia.
De la prosperidad a la pobreza
Después de la batalla, Santos
regresó a su vida en Santiago del Estero. Durante un tiempo conservó sus bienes
y su posición, vinculada al poder de los Taboada.
Pero la política cambia, los
dirigentes desaparecen y las alianzas que parecían firmes pueden terminar de un
día para otro.
Con la pérdida de influencia de
los Taboada, la situación de Santos habría comenzado a deteriorarse. Los
relatos sobre sus últimos años señalan que fue despojada de sus propiedades y
terminó perdiendo aquello que había construido durante buena parte de su vida.
La mujer que había administrado
una pulpería, tratado con hombres de armas y tomado decisiones en tiempos de
guerra quedó sumida en la pobreza.
Se cuenta que, hacia el final de
su vida, trabajó como empleada doméstica en la casa de su tía, María Rojas, en
la ciudad de La Banda. El destino la había llevado muy lejos de aquellos años
en los que su nombre imponía respeto.
Murió pobre y, según la
tradición, fue enterrada en el Cementerio de la Misericordia, en una tumba sin
nombre que no permitía reconocer la historia de quien allí descansaba.
Cuesta imaginar semejante final
para una mujer que había tenido tanta presencia en su tiempo. Pero la historia
está llena de personajes que, después de haber ocupado un lugar destacado,
terminan desapareciendo de los registros y de la memoria pública.
¿Quién se habría acordado de
Santos Moreno si su nombre no hubiera llegado hasta nosotros por otros caminos?
Una zamba para devolverle la
memoria
Y aquí aparece el folclore, ese
lugar donde tantas historias encontraron una segunda vida.
Fue Cristóforo Juárez, maestro
rural, poeta e investigador santiagueño, quien se interesó por la figura de la
Rubia Moreno. Juárez dedicó parte de su trabajo a rescatar personajes y
expresiones de la cultura de nuestra provincia. Entre esas obras estuvo una
pieza teatral titulada La Rubia Moreno, estrenada en 1956.
Más tarde, su poesía se convirtió
en una zamba con música de Agustín Carabajal. La obra quedó registrada en
SADAIC el 18 de mayo de 1966 y, con el tiempo, comenzó a recorrer los caminos
del país en las voces de distintos intérpretes.
La canción nos dejó aquella
imagen que todos reconocemos: la pulpera gaucha, la falda roja, la vincha y el
puñal. Una mujer que se movía con soltura por el antiguo Camino Real y cuyo
nombre era conocido por quienes transitaban la región.
Los Manseros Santiagueños, Los
Chalchaleros, el Dúo Coplanacu, Horacio Banegas y otros artistas llevaron la
zamba a distintos escenarios. La interpretación de Jorge Cafrune también
contribuyó a extender su difusión.
Y así, casi sin que nos diéramos
cuenta, la historia de una mujer que había terminado sus días en la pobreza
empezó a formar parte de la memoria popular.
Porque una cosa es que un nombre
aparezca en un documento y otra muy distinta es que la gente lo haga suyo. Que
una canción se escuche en una peña, que alguien la entone con la guitarra, que
un chico aprenda sus versos en la escuela o que un cantor vuelva a
interpretarla frente a su público.
En esos momentos, Santos Moreno
deja de ser solamente un personaje del siglo XIX. Vuelve a estar presente.
La memoria de nuestro pueblo
La historia de la Rubia Moreno
tiene sus zonas poco conocidas. Hay episodios que han llegado hasta nosotros a
través de relatos y versiones que no siempre permiten reconstruir con exactitud
lo sucedido. Por eso conviene distinguir los hechos documentados de aquellos
que forman parte de la tradición.
Pero hay algo que no admite
demasiadas discusiones: su nombre logró atravesar el tiempo y permanecer en la
cultura santiagueña.
Y eso también merece que nos
detengamos a pensar.
¿Cuántas mujeres participaron de
la vida política, económica y social de nuestra provincia y terminaron
relegadas al silencio? ¿Cuántas historias se perdieron porque nadie se ocupó de
escribirlas, investigarlas o contarlas?
La Rubia Moreno llegó hasta
nosotros gracias al trabajo de quienes recuperaron su figura y a los cantores
que hicieron circular su nombre. Cristóforo Juárez y Agustín Carabajal, cada
uno desde su lugar, contribuyeron a que aquella mujer no quedara encerrada en
los recuerdos de un tiempo lejano.
Hoy, cuando vuelve a sonar su
zamba, la pulpera gaucha recupera algo de aquella presencia que tuvo en vida.
La vemos en la imaginación, junto al Camino Real, en su negocio, entre los
viajeros que llegaban de distintos rumbos.
Y uno piensa que, a veces, la
memoria de un pueblo hace lo que los documentos no alcanzan a hacer. Mantiene
viva una historia, la transmite de generación en generación y evita que sus
protagonistas desaparezcan por completo.
La Rubia Moreno sigue andando por
esos caminos. Ya no a caballo, como cuentan que lo hacía, sino en la voz de
nuestros cantores y en la memoria de quienes todavía sienten que las historias
de Santiago del Estero merecen ser contadas.
Fuentes:
* Omar Sapo Estanciero, "Zambas con Historias"
* Cristóforo Juárez, investigación histórica sobre Santos Moreno
* Registro SADAIC del 18/05/1966 - "La Rubia Moreno"
*Archivo histórico de Santiago del Estero
* Testimonios orales de la tradición santiagueña
* E ldiariodecarlospaz.com.ar

Me gustaría conocer las fuentes documentales de este archivo.
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