viernes, 4 de septiembre de 2026

Gran Santiago del Estero-La Banda: la ciudad que se reconstruye entre la historia y la desigualdad

Por Leyendas del Folclore Santiagueño

 

Un aglomerado que crece a contramano del orden

En el corazón del noroeste argentino, entre el río Dulce y la memoria de sus raíces rurales, el aglomerado Gran Santiago del Estero-La Banda sigue creciendo. Pero no lo hace de manera pareja ni ordenada. Su historia urbana está marcada por saltos, avances desiguales y distintas formas de ocupar el territorio.

Esta ciudad intermedia, con más de 400.000 habitantes, no solo crece en cantidad de población. También cambia su aspecto, se extiende más allá de sus límites originales y modifica sus antiguas tramas. Aparecen nuevos fragmentos urbanos que muchas veces no terminan de integrarse entre sí. Es, de alguna manera, una ciudad que se va expandiendo como un conjunto de islas, rodeadas por fuertes contrastes.

De plaza y damero: los orígenes fundacionales

Para entender cómo llegó hasta acá, hay que volver bastante atrás, hasta 1553. Ese año, don Francisco de Aguirre funda Santiago del Estero, considerada la ciudad más antigua de las ciudades argentinas.

Después de varios traslados provocados por las crecidas del río, en 1556 la ciudad se establece definitivamente en el lugar donde hoy se encuentra el Parque Aguirre. Su trazado era sencillo y práctico, siguiendo el modelo de las ciudades coloniales de la época: una plaza central rodeada por manzanas cuadradas. Allí se ubicaban los principales espacios del poder, con el Cabildo y la Iglesia como referencias de la vida civil y religiosa.

La Corona española llegó a reconocerla como la "Muy Noble y Leal Ciudad". Durante mucho tiempo, además, Santiago del Estero tuvo un papel estratégico. Desde aquí partieron procesos de fundación que dieron origen, posteriormente, a otras ciudades del norte y del centro del país.

 


Territorio y poder: establecer los límites

Con la autonomía provincial, en 1820 comienza otra etapa. Santiago del Estero empieza a definir con mayor claridad su territorio político y urbano.

Más adelante, la Constitución Nacional de 1853 y la Constitución provincial de 1856 aportan un nuevo marco jurídico. Hacia 1880 comienzan las primeras mensuras de tierras y las ventas fiscales destinadas a obtener recursos para financiar el Estado.

Mientras tanto, algo más estaba cambiando y tendría consecuencias profundas: llegaba el ferrocarril y comenzaba a regularizarse la propiedad de las tierras bajo riego. Poco a poco, la economía y la sociedad de la región empezaban a transformarse.

En 1891 ocurre un hecho decisivo. Un puente ferroviario permite unir por primera vez las dos márgenes del río Dulce. Santiago del Estero y La Banda empiezan así a acercarse físicamente y, aunque todavía nadie podía imaginarlo del todo, también comienzan a entrelazar su futuro urbano.

 


El tren y las chacras: los primeros signos del conurbano

La llegada del ferrocarril no significó solamente poder viajar más rápido. También cambió la forma de organizar y ocupar el territorio.

La Banda, formalmente fundada en 1912, comenzó a convertirse en un importante nodo ferroviario y productivo. Su crecimiento estuvo muy relacionado con el parcelamiento de antiguas estancias y, poco a poco, fue acercándose cada vez más a la capital.

Desde comienzos del siglo XX se trazaron nuevas calles, aparecieron villas y se creó la oficina de Catastro. También empezaron a reglamentarse los caminos rurales. El territorio, que hasta entonces tenía una fuerte impronta rural, comenzó a adquirir una estructura cada vez más urbana.

Y en 1927 llegó otro momento clave: la construcción del puente carretero Hipólito Yrigoyen terminó de consolidar la conexión física entre las dos ciudades.

A partir de entonces, Santiago y La Banda ya no podían pensarse completamente por separado. Empezaban a crecer como un mismo cuerpo urbano, aunque todavía sin un verdadero plan común.

 

Del peronismo a la vivienda social: urbanizar con el Estado

A partir de 1946, el impulso modernizador del peronismo trae consigo nuevos barrios obreros, obras públicas y una fuerte idea de progreso vinculada a la intervención del Estado.

Sin embargo, sería durante las décadas de 1960 y 1970 cuando esa intervención adquiriría todavía mayor importancia. La crisis agroindustrial y el déficit habitacional generaron una demanda creciente de viviendas y servicios.

En ese contexto aparecen los planes de vivienda social, entre ellos el FONAVI, que tendrían una influencia importante en la forma que fue tomando el paisaje urbano santiagueño durante las décadas siguientes.

Pero el crecimiento no dejó de presentar problemas. La ciudad continuó expandiéndose de manera desordenada y con una regulación desigual. Al mismo tiempo, los intereses privados fueron ganando peso en la producción y valorización del suelo urbano.

.Neoliberalismo, exclusión y ciudad fragmentada

Durante la década de 1990 comienza una nueva etapa. El modelo neoliberal deja huellas profundas en la estructura económica y social: privatizaciones, concentración económica y una creciente precarización.

La ciudad continúa creciendo, aunque lo hace de una manera cada vez más dispersa y desigual.

La expansión se orienta principalmente hacia el norte y el sur, siguiendo el eje marcado por el río Dulce. La vieja ciudad compacta empieza a perder protagonismo y aparece una configuración mucho más difusa.

Y junto con esa expansión también se profundizan las diferencias. La pobreza y la riqueza comienzan a ocupar espacios cada vez más alejados entre sí, como si la propia ciudad fuera dibujando sus fronteras sociales sobre el territorio.



Archipiélagos urbanos: entre country y asentamiento

A partir de 2015, esta transformación adquiere una imagen especialmente clara: la del archipiélago.

Por un lado, aparecen barrios cerrados de baja densidad. Por el otro, asentamientos informales que muchas veces carecen de servicios básicos. Entre unos y otros queda una ciudad cada vez más fragmentada, con espacios que crecen cerca, pero que no necesariamente se relacionan entre sí.

El contraste resulta difícil de ignorar. En 2017, el 45,4 % de la población del aglomerado se encontraba por debajo de la línea de pobreza. Al mismo tiempo, nuevas urbanizaciones destinadas a sectores de mayores ingresos comenzaron a ocupar la periferia sur, siguiendo modelos que ya se habían desarrollado en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

Así, el territorio se convierte también en una expresión de las diferencias sociales.

 

Comparación de densidades y tipos de urbanización 

Una ciudad intermedia con problemas de ciudad grande

El caso del Gran Santiago del Estero-La Banda muestra algo que puede resultar llamativo: muchos de los problemas asociados tradicionalmente a las grandes ciudades también aparecen en ciudades intermedias.

La segregación, la fragmentación y la desigualdad llegan más tarde, quizá, pero no por eso tienen menor impacto.

Cuando el crecimiento urbano ocurre sin una planificación suficiente, cuando el mercado inmobiliario tiene una influencia desigual y cuando el Estado pierde capacidad para regular la producción del suelo, la ciudad termina partiéndose en distintos sectores.

Y hay algo más. Cada vez con mayor frecuencia, el lugar donde una persona vive termina condicionando sus posibilidades de acceso a servicios, infraestructura y mejores condiciones de vida.

¿Cómo imaginar el futuro urbano?

Mirar la historia de una ciudad no significa quedarse atrapado en el pasado. En este caso, sirve justamente para pensar qué puede ocurrir de aquí en adelante.

Entender cómo creció Santiago del Estero-La Banda, qué decisiones fueron tomadas, cómo influyeron las migraciones y de qué manera se fueron ocupando los espacios permite reconocer los problemas actuales con mayor claridad.

El desafío, entonces, no parece ser simplemente seguir urbanizando. La cuestión es cómo hacerlo mejor.

Santiago del Estero-La Banda necesita una urbanización que integre, que sea sostenible y que no deje a determinados sectores al margen. Una ciudad donde el acceso a una vivienda, a los servicios y a las oportunidades no dependa tanto del lugar donde cada persona tuvo la posibilidad de instalarse.

Porque la historia de esta ciudad muestra que crecer no siempre significa integrarse. Y quizás uno de los grandes desafíos del futuro sea, justamente, conseguir que esas partes que durante décadas fueron creciendo por separado puedan finalmente formar una ciudad más conectada y más justa.

Fuente principal:

Bonardi, V. J. J. (2025). Ensamblando partes de la historia: la re-construcción urbana del Gran Santiago del Estero-La Banda, una ciudad intermedia del noroeste argentino. Estudios Socioterritoriales, 36(1), 33-54.https://doi.org/10.37838/unicen/est.36-1-102

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