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sábado, 27 de junio de 2026

"La zamba de Vargas"

 


El 10 de abril de 1906, en el diario El Siglo, el Capitán Ambrosio Salvatierra, que participara en la Batalla de Pozo de Vargas integrando las fuerzas nacionales, pública sus recuerdos de la misma.

Luego de referir pormenores del reñido encuentro dice: "que al iniciar las fuerzas de Varela con un cañonazo, el Gral. Taboada ,ordenó que se contestara con el mismo, pero como las fuerzas no tenían cañón, el Sargento Mayor José Brizuela, Comandante de la Compañía de Infantería de Catamarca, ordenó a la Banda de dicha Compañía que tocara y ésta, se hizo oír con una zamba, llamada desde entonces "Zamba de Vargas"(...) Sigue más adelante: "el efecto fue electrizante, las tropas al oír el baile nacional, prorrumpieron en gritos, vivas a su General y mueras al enemigo".

El 26 de agosto de 1906, el músico y tradicionalista santiagueño Andrés Chazarreta, hizo conocer la versión de la "Zamba de Vargas " que aprendiera desde su niñez de los labios de su tío Manuel Antonio Chazarreta, combatiente de la batalla que nos ocupa, de su abuela AGUSTINA, además, tal como dice el historiador Luis Alen Lascano (cf. "Andrés Chazarreta Y El Folclore" B.A. 1973), de haber consultado con el citado Capitán Salvatierra y con otro combatiente, el Teniente abanderado José María Gauna, músico fallecido en 1910.

Cabe señalar que esta zamba es la primera obra impresa con dicho género (zamba) en la historia del Movimiento Tradicionalista Argentino.

La versión de Andrés Chazarreta, es publicada por éste en 1908, 1912 y 1914 (en París) e integra su Primer Álbum de Música Folclórica en 1906, acompañada con coplas populares y tradicionales.

Otro músico santiagueño, Manuel Gómez Carrillo, publica en 1921, otra versión con diferentes técnicas de notación musical, sustancialmente semejante a la de CHAZARRETA.

Después se suceden las versiones, recopilaciones, arreglos, transcripciones, etc. Siempre sobre la misma línea melódica fundamental.

Versión atamisqueña: una versión totalmente diferente en su música a la mencionada anteriormente, es publicada en 1945, por los tradicionalistas santiagueños Bailón Y Luis Alberto Peralta Luna.

La misma fue recopilada hacia 1938 en Villa Atamisqui, población antigua situada en el centro sud de la provincia, donde se conservó muy viva la tradición del canto, la danza criolla y el habla quichua.

Les fue transmitida a los colectores por los músicos populares: Manuel Roldán Benavidez, José Antonio Sosa y Lindaura Roldán De Santillán, quienes, a su vez, la habían aprendido de viejos pobladores de la zona, músicos de notoria fama regional como los arpistas: Rosario Benavidez, Mercedes Gómez Y María Antonia Sosa.

Las coplas anónimas y populares, dan más realce a Varela, Elizondo y Chumbita que a los propios Taboada.

Se la conoce también con los títulos: "La Vargueña" y "La Taboadista". Musicalmente, como la citada anteriormente, es de las denominadas "cortas" o "de 2 vueltas", por ser su versión original de 32 compases bailables.

(Fuente: "Zambas Históricas Y Tradicionales " José A. Faro, Pag.83/85).

"Zamba De Vargas"(Recop. A. Chazarreta): "Forman los riojanos en Pozo e' Vargas/ los manda Varela, firme en batalla, / contra los santiagueños, / con gran denuedo van a pelear, / ya Don Manuel Taboada, / alta su espada se ve brillar.// Atacó Varela con gran pujanza,/ tocando a degüello a sable y lanza,/ se oyen los alaridos/ y en el estruendo de la carga/ ya pierden terreno/ los santiagueños de Taboada. // Bravo santiagueños!, dijo Taboada/ vencer o la muerte!, vuelvan las cargas,/ por la tierra querida/ demos la vida para triunfar/ y ahí nomás a La Banda, / la vieja zamba, mandó a tocar.// Y en el entrevero se oyó esta zamba, / llevando sus notas bríos al alma./ Y el triunfo consiguieron/ los santiagueños de Taboada, / para eterna memoria/ Zamba de Vargas siempre será".

"Zamba De Vargas"(Versión José Ramón Luna):"Batallón de Varela, Pozo de Vargas,/ formó su pelotón,Manuel Taboada. / Si ay...ay...ay..Manuel Taboada. // Aquel bocón que viene, / ha de acabarnos, / vamos a hacer un tiro/ guapos muchachos. / Ay...ay...ay...guapos muchachos. // Al primer tiro que hizo,/ le dio en la boca,/ fumándose Varela,/valientes tropas!/ Ay...ay...ay...valientes tropas. // Desenvainó su espada/Manuel Taboada/ "si esta guerra pierdo,/ no cargo espada"./ Si ay...ay...ay...no cargo espada ".( Esta versión la cantaba Eusebio More).

"Zamba De Vargas" (Recop. Peralta Luna): " A la carga, a la carga/ dijo Varela, / a la carga artilleros (zambita),/ rompan trincheras.// Rompan trincheras, cierto, / dijo Elizondo, / Batallón lagunero (zambita)/ de 2 en fondo. // A la carga, a la carga,/ dijo Taboada, /" si esta guerra no gano (zambita)/ no cargo espada"./ A la carga, a la carga, / dijo Chimbita,/ "las ansias de quererte ( zambita),/ no se me quitan".

Fuente: Libro Inédito " Historia Del Cancionero Folclórico Santiagueño" De Omar Sapo Estanciero

 

sábado, 16 de agosto de 2025

Tucumanos firmes ante el motín santiagueño

 


Por: Por Carlos Páez de la Torre H

En 1865 marcharon juntos a la Guerra del Paraguay guardias nacionales de Tucumán y de Santiago. Estos últimos se amotinaron en La Viuda.

El 1 de mayo de 1865, los gobiernos de la Argentina, Brasil y Uruguay firmaron el tratado ofensivo y defensivo de “la Triple Alianza” contra la República del Paraguay, que presidía Francisco Solano López. Pocos días después se iniciaba aquella sangrienta contienda, que se extendió hasta 1870 con miles de muertos. El 9 de mayo, la Argentina anunció oficialmente que estaba en guerra.

En las provincias, las autoridades empezaron de inmediato a tomar medidas. En Tucumán, el gobernador José Posse declaró “en estado de asamblea” a la Guardia Nacional, e impuso el enrolamiento en ella de todo vecino de entre 17 y 45 años, además de prohibir a los hombres abandonar el territorio sin autorización militar.

Tucumán en armas

El 4 de mayo se dirigió a la Sala de Representantes, exponiendo la situación creada al país por la Guerra del Paraguay. Acompañaba impresos oficiales remitidos por el Gobierno Nacional. Ellos ilustraban, decía, sobre “el estado de guerra en que se halla la República, sorprendida en su reposo por fuerzas paraguayas, con alevosía salvaje, en plena paz, sin motivo ni pretexto para la agresión vandálica que acaba de sufrir el suelo de la patria, en la provincia hermana de Corrientes”.

Informaba Posse que, por lo tanto, había procedido a “poner en armas la provincia”, alistando la Guardia Nacional para que “esté pronta a la voz del presidente de la República (el general Bartolomé Mitre), si es llamada al servicio de guerra”. Esperaba “del patriotismo de mis conciudadanos, que el nombre tucumano no quedará oscuro en la lucha, y que todos concurrirán donde el deber los llame”. Al mismo tiempo aguardaba, sobre el asunto, una “manifestación de la Sala”, que fuera “expresión viva y genuina de los sentimientos de todo el vecindario de la provincia”.

550 hombres

Cuatro días más tarde, la Sala sancionó una ley autorizando a Posse a dirigirse al Ejecutivo Nacional “ofreciéndole el concurso y decidida cooperación del pueblo tucumano” en la contienda. Se lo autorizaba, igualmente, a “disponer de las rentas de la Provincia como lo estimase conveniente y lo requieran las exigencias de la guerra”.

El gobernador actuó con celeridad. En pocos días logró reunir un contingente de 550 hombres, de los cuales 450 pertenecían a la Guardia Nacional y el resto eran enganchados. Además, y de acuerdo con las instrucciones de Buenos Aires, acuarteló en la ciudad un batallón de reserva de 500 plazas. Simultáneamente con estas medidas, el vecindario, con ayuda del Gobierno, aportaba fondos para auxiliar a las familias de los guardias movilizados.

El 8 de agosto, el contingente partió de Tucumán rumbo a Santiago del Estero. Estaba previsto que, en el pueblo de Matará, debía unirse con los guardias alistados de la vecina provincia. Todo el conjunto estaría bajo el mando del general Antonino Taboada, quien los conduciría personalmente hasta su destino.


Taboada al mando

Amos de Santiago eran, desde varios años atrás, los miembros de la familia Taboada, incondicionales del presidente Mitre. En esos momentos gobernaba la provincia un primo de aquellos, Absalón Ibarra, con el general Antonino Taboada como ministro. Desde el frente de guerra del Paraguay, Mitre había pedido -el 12 de mayo- que Santiago enviara fuerzas para engrosar las de la Triple Alianza. Requería que, además del número dispuesto para reforzar el ejército de línea, le mandara una división extra, para la caballería. Y al día siguiente, desde Corrientes, insistía en que se apurase.

En agosto, llegó a Matará el contingente de Tucumán.

Se le unieron allí los dos batallones santiagueños, que totalizaban 800 hombres, y se pusieron en marcha, con el general Taboada a su frente. El 8 de setiembre, llegaban al fortín La Viuda, ubicado entre Frías y Loreto. En ese punto acamparon.

Motín y represión

Pero a la mañana siguiente, cuando Taboada dio la orden de ensillar, los santiagueños huyeron gritando “¡Vamos vendidos, compañeros!” y se alejaron del fuerte a toda carrera. Entretanto, el contingente de Tucumán cumplía la orden de ensillar sin moverse de su sitio. El episodio era una muestra de algo que se repitió en otros puntos del país. El pueblo no quería ir a pelear al Paraguay. Era una guerra que no comprendían y que, para ellos, significaba dejar familia y trabajo, sin saber si algún día iban a volver.

Cabecillas de la revuelta de La Viuda, según el historiador Luis Alén Lascano, eran “los sargentos José Electo Varela, Tadeo Moreno, Hilario Barreto, Marcelino Ardiles, numerosos cabos y soldados”. El general Taboada, enfurecido, organizó la implacable cacería de los alzados. Los persiguió sin compasión “por campos y pueblos” y pudo capturar a muchos. Designó un Consejo de Guerra, presidido por el coronel Juan Manuel Fernández, que condenó a muerte a la mayoría y a otros les aplicó penas que oscilaban entre los 5 y 10 años de servicio en la frontera.

Informe oficial

Los acusaban de intento de asesinato de jefes, ataque al cuartel principal, traición y fuga. Los fusilamientos se llevaron a cabo, dice Alén Lascano, en Matará, Atamisqui o Sumamao. Algunos de los alzados lograron refugiarse en Córdoba.

En su mensaje a la Legislatura de Santiago, el gobernador Ibarra, el 1 de octubre de 1865, informaba que “cuando la provincia se preparaba a enviar 800 soldados, cuando la marcha se había ya emprendido por el desierto, un puñado de traidores que, formados en las filas, habían logrado seducir, con la infamia y el engaño, a algunos alistados, fraguaron un motín escandaloso en el fuerte La Viuda”.

Añadía que “su plan revolucionario, según las declaraciones de los apresados, era tan inicuo como sus almas”. Se proponían “el asesinato alevoso de todos los jefes y, consumado este hecho, enarbolar el trapo de la reacción”. Afirmaba que “gracias al Todopoderoso, los amotinados de La Viuda fueron contenidos por el valor de los jefes, el apoyo de la escolta que acompaña al ministro general y el contingente de Tucumán, que ha cumplido con su deber”.

No más santiagueños

Informaba que, de las declaraciones de los cabecillas capturados, “se colige que habían ramificaciones ocultas fuera de la provincia”.

De todo esto informaron el gobernador Ibarra y el ministro Taboada, al titular de la cartera de Guerra, general Julián Martínez, y al presidente interino de la Nación, doctor Marcos Paz. Frente a los hechos, Paz “consideró conveniente suspender nuevos reclutamientos, en atención a la sequía padecida por la provincia”. A pesar de eso, el Gobierno Nacional volvió a pedir 500 soldados a Santiago, en 1866, encargando a Taboada que los trajese hasta Rosario. Pero el gobernador Ibarra, dice Alén Lascano, “respondió en agosto con evasivas, esforzado en disimular la impopularidad de la contienda”

Años después, el 30 de octubre de 1868, José Posse (que había perdido ya toda la simpatía que alguna vez tuvo por la poderosa familia santiagueña), tocaba el tema en carta a Domingo Faustino Sarmiento. Le recordaba “aquella sublevación en La Viuda, que a no ser el contingente de Tucumán que se mantuvo firme, tiempo hace que hubiera dado cuenta a Dios de sus malas obras toda la estirpe Taboada...” Fuente: La Gaceta

lunes, 2 de diciembre de 2024

Final tucumano de un famoso santiagueño

El general Antonino Taboada, gran protagonista de las agitaciones militares regionales después de la caída de Rosas, terminó sus días exiliado en Tucumán. Ya no salía de su casa y había olvidado los viejos rencores. Por Carlos Páez de la Torre (H)

 


A fines de octubre de 1876, Miguel Cané -el futuro autor de "Juvenilia"- vino a Tucumán entre el grupo de periodistas que integraba la comitiva del presidente Nicolás Avellaneda. El tucumano llegaba para encabezar la ceremonia de inauguración del ferrocarril, y con él, entre otros personajes, arribó Domingo Faustino Sarmiento, su antecesor en la magistratura.

Cané representaba al diario porteño "La Tribuna". En un artículo titulado "La selva de la Yerba Buena", recordaría luego que una de las diversiones de la estadía que le quedó grabada fue la excursión hasta la denominada "Puerta de San Javier". Era el punto del cerro con maravillosa vista al bajo, y al cual los jinetes llegaban por un estrecho sendero, cavado en la roca viva.

Caballo del opositor

"Durante el camino -narra Cané- no dejaba de reflexionar sobre una circunstancia que me parecía curiosa. Iba yo montado en un caballo de propiedad de don Antonino Taboada, personaje a quien no conocía, sino por haber escrito algo poco agradable para él, sobre su régimen de gobierno en Santiago del Estero".

Cané tenía conocida militancia en el partido Autonomista Nacional de Adolfo Alsina, que sostenía a la presidencia Avellaneda. En cambio, Taboada había sido, como hombre del general Bartolomé Mitre, un invariable opositor, desde el Partido Nacionalista, que acaudillaba el ex presidente.

Ya sin rencores

A pesar de eso, cuenta Cané, con ocasión de las fiestas del tren, Taboada "había puesto su casa a disposición del gobernador de Tucumán (que era el doctor Tiburcio Padilla), para que fueran albergados allí los ministros diplomáticos, y había remitido unos cuantos caballos al doctor Angel C. Padilla, a fin de que sirvieran para el paseo a San Javier. El doctor Padilla puso uno de ellos a disposición de Rufino Varela y otro a la mía". Y agrega Cané que las monturas santiagueñas, aunque habituadas a la llanura, "se condujeron brillantemente en la montaña, trepando las cuestas con la seguridad de una cabra o de un caballo de Tafí".

Evidentemente, el caudillo de Santiago, radicado ya en Tucumán, había resuelto colocarse más allá de los viejos rencores. Merece la pena echar una rápida mirada a su historia, tan vinculada con la de Tucumán.

Famosos Taboada

Los Taboada constituyen una verdadera leyenda dentro del pasado de Santiago del Estero y del noroeste argentino, en la segunda mitad del siglo XIX. Miembros de una rica y poderosa familia, hijos de don Leandro Taboada y de doña Águeda Ibarra, eran sobrinos carnales del tan mentado gobernante vitalicio rosista, Juan Felipe Ibarra.

Todos los hermanos fueron hombres importantes: Manuel, como gobernador y político; Gaspar, como comerciante e industrial azucarero en Tucumán; Felipe, como destacado pintor de retratos. Objeto de estas líneas es el hermano mayor, el general Antonino Taboada.

Su vida fue movida y múltiple en empresas que exigían riesgo personal. Nacido en la estancia familiar de Matará, en 1814, estudió y ejerció el comercio en Buenos Aires. Descontento con el gobierno de Juan Manuel de Rosas, optó por emigrar a Montevideo y enrolarse en el ejército del general Juan Lavalle, que marchaba contra el dictador porteño.

Años de guerrear

Estuvo así en las batallas de Don Cristóbal y del Sauce Grande; en la fallida invasión a la provincia de Buenos Aires; en la toma de Santa Fe y en la derrota de Quebracho Herrado. Allí cayó prisionero y fue llevado a la capital, pero logró escapar y trasladarse a Montevideo.

Actuó en la defensa de la ciudad sitada y su exilio prosiguió luego en Bolivia y en Chile, donde hizo amistad con el general Mitre, cuya política secundaría fielmente desde entonces. Regresó al país un poco antes de la derrota de Rosas en Caseros.

Cuando su hermano Manuel asumió el gobierno de Santiago, se inició la protagónica acción militar de Antonino Taboada en esta región del país, como franco opositor a la política de la Confederación. En territorio tucumano luchó varias veces contra los "federales" de Celedonio Gutiérrez, en las acciones de Los Laureles, de Río Colorado y de El Ceibal. Posteriormente, hizo la campaña de La Rioja contra la montonera: bajo su mando, las fuerzas nacionales derrotaron a Felipe Varela en Pozo de Vargas.

La dinastía en ocaso

Entusiasta de la navegación del Salado y de la instalación de líneas de fortines para defenderse del indio, fue comandante general de la Frontera del Chaco y también comandante en jefe de las fuerzas movilizadas en el norte para la Guerra del Paraguay. Pero nunca quiso aceptar el sillón de gobernador.

La muerte de don Manuel empezó a marcar, en 1871, el ocaso de la dinastía Taboada en la provincia que habían mandado durante tantos años. Siempre consecuentes con Mitre, la derrota de la revolución porteñista de 1874 que aquel encabezaba, y el simultáneo ascenso de Nicolás Avellaneda a la presidencia, marcaron el concreto fin del taboadismo.

Con el pretexto del reclamo de garantías para una elección de legisladores, Avellaneda envió tropas nacionales a intervenir en Santiago.

Esto desató la persecusión y la represión contra los Taboada y sus partidarios. Así, Antonino y su hermano Gaspar debieron abandonar su provincia y establecerse definitivamente en Tucumán.

Soledad en Tucumán

Mientras Gaspar armaba un ingenio azucarero en la zona de la actual Villa 9 de Julio, el general Antonino se instaló en una casa -demolida hace ya muchos años- en la calle Rivadavia 258 de nuestra ciudad. Desde allí, vería pasar lentamente los años, estrictamente aferrado a la vida privada.

No salía de la casa casi nunca, mientras los hilos plateados iban invadiendo la gran barba negra del vencedor de Pozo de Vargas. Muy poca gente lo visitaba. Los mismos que cuando guerreaba contra Celedonio Gutiérrez se desgañitaban victoreándolo, hacían ahora como si no existiera. A Taboada no parecía importarle: los años lo habían hecho sabio y filósofo. Por eso, dijimos, en las ceremonias del ferrocarril facilitó al Gobierno su casa y prestó sus caballos a los excursionistas porteños.

El final

Era hombre de salud robusta, pero a fines de febrero de 1883 se enfermó de gravedad. Tanta, que su hermano Gaspar llegó corriendo a la casona de calle Rivadavia, y en la noche del día 28 arribó desde Santiago uno de sus primos, el ex gobernador Absalón Ibarra.

El sábado 3 de marzo, una junta de cinco médicos confirmó que ya no había nada que hacer. El general no era un hombre especialmente religioso, pero ese día accedió a que viniera a confesarlo un viejo amigo, el presbítero José María Sánchez. "Mañana a las 10 me moriré", profetizó sin aspavientos a quienes rodeaban su cama.

Amanecía el domingo 4 de marzo cuando recibió la extremaunción. Ya no podía hablar y respondía por señas al sacerdote. El general Antonino Taboada murió exactamente a las 10 de la mañana.

Imponentes exequias

El entierro se realizó el día 6, en el Cementerio del Oeste. Concurrió una verdadera multitud. La encabezaba el gobernador de la Provincia, doctor Benjamín Paz, quien olvidó noblemente sus diferencias políticas con los famosos santiagueños.

"No bastaron todos los carruajes particulares y de alquiler que hay en Tucumán, para contener a los asistentes", narraba una carta del primo Ibarra. Los restos del general fueron colocados en el mausoleo de don Juan Manuel Méndez. Muchos años más tarde, el 9 de abril de 1947 y con grandes honores militares y civiles, el féretro sería trasladado a la Catedral de Santiago del Estero.

Fuente: lagaceta.com.ar