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sábado, 19 de septiembre de 2026

Hugo Díaz: La armónica que lo hizo famoso en Alemania

 


Cierta vez, durante un viaje por Alemania junto a Domingo Cura, Hugo Díaz llegó a Frankfurt y visitó la casa central de Hohner, por entonces -y probablemente aún hoy- uno de los grandes fabricantes de armónicas del mundo.

En el interior del establecimiento, los dos músicos recorrieron los distintos modelos mientras Hugo probaba algunos instrumentos. Los examinaba, los hacia sonar y elogiaba su calidad. Pero, poco a poco, comenzó a anunciar algo extraño: los empleados lo observaban con una atención que iba más allá de la simple curiosidad.

Hugo, descendiente de indígenas, se lo comentó en voz baja a Domingo Cura. Pensaba que quizás lo estaban vigilando y que podía sospechar que intentaba llevarse alguna armónica. Por eso le pidió a su amigo que fuera él quien las tomara. A Cura, la interpretación le pareció exagerada, aunque también terminó reparando en aquellas miradas insistentes y comprendió que, tal vez, la apariencia de Hugo había despertado alguna sospecha.

En determinado momento, una empleada pareció informar de la situación al gerente. Poco después, el hombre se acercó y le pidió a Hugo que lo acompañara.

Los dos músicos siguieron al gerente bajo la mirada atenta de los empleados. Atravesaron las dependencias de la empresa hasta llegar a la sala de directorio. Allí esperaba una escena que cambiaría por completo el sentido de aquellas miradas.

En una de las paredes había una enorme fotografía mural. En ella apareció Hugo Díaz tocando una armónica de la marca Hohner.

La sorpresa fue inmediata.

El gerente los recibió con todos los honores y presentó a Hugo ante los presentes como uno de los grandes -y, según aquella presentación, el mejor- ejecutantes de armónica del mundo. La empresa, explicó, se enorgullecía de que un músico de su talla utilizara uno de sus instrumentos.

Entonces todo quedó claro.

Los empleados no habían estado vigilando a Hugo por sospechar de él. Lo miraban porque acababan de reconocer, caminando por la fábrica, al pequeño hombre que tantas veces habían visto en aquella fotografía que ocupaba un lugar destacado en la empresa.

La anécdota tiene algo de ironía y también una poderosa carga simbólica. Aquel músico santiagueño que, por un instante, sintió que era observado con desconfianza, terminó siendo reconocido justamente en el lugar donde se fabricaron las armónicas que él había convertido en una extensión de su propia voz.

A veces, el reconocimiento viaja más lejos que el nombre. Y en aquella sala de Frankfurt, Hugo Díaz descubrió que su música ya había llegado antes que él.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Chiquilín de Bachín y Hugo Díaz

 



El 16 de noviembre de 1969 salió a la venta el disco simple de Astor Piazzolla con los temas; Lado A: "Balada para un loco " y Lado B: "Chiquilín de Bachín", ambos con letra de Horacio Ferrer y música de Astor Piazzolla, cantados por Amelita Baltar.

Pablo Alberto González, nació en Burzaco en 1959, su madre se llamaba María Elena y su padre Serafín. Tenía 2 hermanos: Elisa y Luis; vivían en un hotel pensión en Retiro que se denominaba "Pedrito" en calle Leandro Alem entre Paraguay y Charcas (hoy Marcelo T. de Alvear). Muy pobres.

Comenzó a trabajar desde muy chico: abriendo puertas de taxis y luego a vender flores en los restaurantes: "Dorá", "Tronío", "El Imperial".

Su madre hacía la limpieza de algunos bares. Después, frecuentaban la zona de Corrientes hasta Callao, la noche por excelencia de Buenos Aires por los teatros y restaurantes: "La Tablita", "Los Inmortales", "Arturito", "Edelweis" y otros.

En "El Boliche de Bachín”, (parrillada que quedaba en calle Sarmiento en el predio de lo que era el Nuevo Mercado de Buenos Aires, que hoy es "Paseo la Plaza ") se quedaba más tiempo y se sentaba a escuchar a Astor Piazzolla y Horacio Ferrer, que escribía en los manteles de papel de las mesas.

Los conoció en 1968, cuando tenía 9 años.

Ferrer fue como su padre (que no tuvo).

Al salir el disco, Horacio Ferrer, cayó a su pensión con tortas y bebidas para toda la familia y, cuando se estrenó en el Teatro Regina, invitó a toda la familia y el público su presencia al interpretarse el vals.

Trabajaba de noche y se acostaba a la 6 de la mañana y, de día, jugaba a la pelota con otros chicos en un baldío o en las playas de estacionamiento.

Cuando cumplió 28 años, ya casado (contrajo matrimonio en 1984 y Horacio fue el padrino de bodas), terminó la primaria y 5 años más tarde, con 2 hijos, la secundaria.

Horacio Ferrer, le consiguió laburo como tira cables en Canal 7 para poder vivir y pagar el alquiler de una casita vieja en Palermo.

También trabajó como "plomo" de Orquestas de tangos gracias a Horacio, como Pugliese, Troilo y Hugo Díaz, el santiagueño que dimensionó la armónica, lo llevó a Cosquín por varios años para ayudar a grandes como Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, entre otros.

Después de hacer el servicio militar, trabajó como "plomo" en el rock en aquellos recitales de Obras Sanitarias, como: Pappo, Charly García, Moris, etc.

Puso una Pyme en la cual fabricaba bolsas de plástico y las vendía hasta que la crisis del 2001, la fundió.

Después de la crisis, se animó al rubro gastronómico, se encargó de los espectáculos del centro cultural "Padre Mujica" en Banfield y después siguió como fletero con una furgoneta que compró y se terminó con la Pandemia.

CHIQUILÍN DE BACHÍN, quedó inmortalizado en el vals de FERRER y PIAZZOLLA.

Fuente: Omar “sapo” Estanciero

martes, 23 de septiembre de 2025

Hugo Díaz: la armónica que conquistó el mundo

 


Nacido en la pobreza santiagueña en 1925, Hugo Díaz transformó la armónica en un idioma universal. Sin leer música, rozó el título mundial, deslumbró a maestros del jazz, acarició el tango y el folclore, y terminó en un mural de Hohner en Frankfurt. Esta es la crónica de un talento salvaje, un bohemio generoso y un legado que aún pide aplauso.

Agosto de 1925. Buenos Aires se empolva de gala para el príncipe de Gales; en el Colón suenan arias y en el Ópera se celebra el folklore para visitantes ilustres. Lejos del boato, en una casa humilde de Santiago del Estero, nace un niño de orejas legendarias y sonrisa desparramada. Le dicen “Orejita” y “Jetón”. Todavía nadie lo sabe, pero ese chico, Víctor Hugo Díaz, va a soplar una armónica y a cambiar el modo en que la música respira.

El primer escenario fue la calle. Antes que el brillo de las marquesinas, el cajón de lustrabotas: días y noches en mercados, boliches y plazas, con los veranos santiagueños pegados a la piel. Desde la casa de la calle Independencia —entre Mendoza y Mitre— caminaba al centro con una certeza sin técnica y sin manual: la música le nacía a borbotones. No estudió; la intuición fue su conservatorio.

El cauce llegó con la Orquesta Educacional Infantil del maestro Bonell. Allí, junto a Tito Sotelo, se empezó a dibujar el trazo de una carrera que no entendía de mapas. Vinieron luego la vieja radio LV11, el Parque de Grandes Espectáculos y la confitería París —frente a la Plaza Libertad, después “Los dos chinos”—, donde el joven Hugo, contrabajo al hombro, acompañaba al pianista Luis Napoleón Soria junto a otro santiagueño ilustre: Domingo Cura.

Después, la aventura porteña. El éxito, rezagado pero terco, entró de la mano de Victoria Cura —compañera en la vida y en la música— y con Alberto Cortez como guitarrista. La armónica de Hugo viajó por América y cruzó el Atlántico: España, Francia, Alemania, Bélgica y Holanda se rindieron a ese sonido que parecía humanizar el metal. Japón coronó la gira con un Disco de Oro. Era la confirmación: aquel “hombrecito bajo, moreno, simpaticón”, como lo recordaban, había convertido un instrumento escolar en voz mayor.

Hay una escena que lo explica todo. Campeonato mundial de armónicas. La pieza decisiva: La boda de Luis Alonso. Competidores con partitura; Hugo, no. No sabía leer música. Tocó de oído, como siempre, apelando a esa brújula interna que no falla cuando el instinto es verdad. El jurado quedó atrapado entre el reglamento y la emoción: lo suyo fue superior, pero las normas mandan. Subcampeón, sí, pero con una ovación que todavía resuena.

Alemania —tierra de armónicas y exigencias— le reservó un tributo mayor: en la fábrica central de Hohner, en Frankfurt, colgaron un mural enorme con su imagen y una leyenda en cinco idiomas que explicaba el porqué del homenaje. Técnica depurada, dominio asombroso, afinación elevada. Dicho en criollo: hacía cantar a la armónica como si tuviera pulmones propios.

Hugo fue todo a la vez: folclore, jazz y tango. Improvisó una reunión antológica con Dizzy Gillespie —y Domingo Cura en la batería—, tejió con José Colángelo grabaciones donde el tango dialoga en solos y contrapuntos de filigrana, y compuso polcas litoraleñas, gatos y zambas. En Buenos Aires, su ruta bohemia dibuja un mapa sentimental: Pippo, Stopi, el bar Río de Oro, el cine Trocadero, la guitarra del “zurdo” Ovejero, los bailes de “Cuiti” Salvatierra y Carlos Saavedra. La televisión, en blanco y negro, le dio nombre de conjunto: “Hugo Díaz y sus changos”.

Detrás del artista, el hombre. Noctámbulo, amigo de los amigos, se cuenta que pagaba a acomodadores de cines para que, en las madrugadas, dejaran dormir en las butacas a paisanos santiagueños sin donde caer. Un gesto sencillo, casi secreto, que hoy habla más fuerte que cualquier premio.

La enfermedad llegó como una sombra larga. Se fue apagando con tristeza honda y murió en Buenos Aires el 23 de octubre de 1977. En Madrid, su hija Mavi continúa sobre los escenarios: bailarina que hereda, a su modo, la música paterna.

Epílogo santiagueño: música y sacralidad

En Santiago, la música no es adorno: es rito. Del canto litúrgico a la polifonía de Johann Sebastian Bach, la religiosidad y el sonido se han encontrado desde siempre. Por eso, no extraña que, hacia fin de año, la Orquesta de Cámara de la Fundación Cultural Santiago del Estero y el Coro Bach de la Biblioteca Sarmiento —ambos dirigidos por el profesor Eduardo Bucci— llevaran su repertorio a los templos: Santa Rita, en el Barrio Jorge Newbery; la Parroquia de Sumampa; y la catedral de Catamarca el último 3 de diciembre. Invitaciones aceptadas, iglesias llenas, una comunidad que escucha y agradece.

A Hugo Díaz todavía le falta el aplauso unánime de su pueblo, ese gesto final que consagra a los que abrieron caminos sin pedir permiso. Porque en su armónica cabían Santiago, el mundo y algo más: la certeza de que el arte puede nacer en un cajón de lustrabotas y terminar en un mural de Frankfurt sin perder el acento. Es hora de aplaudir, de pie, a “Orejita”: el santiagueño que le enseñó a la armónica a decir gracias.

Esta crónica reconoce la colaboración del profesor Rosario Ángel Sanguedolce, ex director de la Banda de Música de la Provincia y amigo de Hugo Díaz, por el material y las fotografías que permitieron reconstruir estas memorias.

viernes, 25 de abril de 2025

Contra punto Luis Landrisina y Hugo Díaz. ¿Humor en serio o seriedad con humor?

Luis Landriscina (chaqueño) es ya ampliamente conocido por su agudo humorismo provinciano, que en él alcanzó hace años el grado de profesión. No tan difundida es la chispean le gracia del santiagueñisimo Hugo Díaz, virtuoso de la armónica de fama internacional. Por supuesto no todo es broma y es así como en más de un momento la seriedad los gana y nos permite descubrir el enorme caudal humano, las preocupaciones, las inquietudes que habitualmente se esconden detrás de una sonrisa. Es necesario, además, aclarar algo: por las especiales características de nuestros entrevistados de hoy, hemos variado total- mente el mecanismo formal de este Contrapunto, En los realizados hasta ahora luego de preparar un extenso cuestionario interrogábamos por separado a cada uno de las figuras sin que ninguna supiera la respuesta de la otra parte. 

Esta vez preferimos charlar con los dos juntos y en base a un mínimo plan de trabajo dejar en libertad at ingenio y a la improvisación. Muy resumido, el resultado es éste:

¿QUE PIENSAN DEL ACTUAL MOVIMIENTO DE RENOVACIÓN EN LA MÚSICA DE PROYECCIÓN FOLCLÓRICA?

Hugo: Yo estoy a gusto con todo movimiento folklórico porque pienso que quedarme es estancarme. Dentro del tiempo en que vivimos también la música tiene que renovarse.

Luis: Pienso que es muy saludable, pero que también es saludable para el folklore que en todo movimiento de re- novación no se pierda el misticismo, la raíz desde donde se van prolongando las tradiciones. O sea que el folklore necesita renovarse para existir, para vivir, como las generaciones, pero lo lindo seria que no pierdan la esencia.

- USTEDES, ¿SE RENUEVAN?

Hugo: Constantemente. A mí no me gusta hoy lo que hice ayer.

Luis: Bueno, yo también me renuevo: por lo menos trato de comprarme un traje al año... por lo menos. Y en cuanto a Hugo, fijate vos que es tan renovado él que, como tiene dentadura a transistores y es tan comilón, en cada comida se le gastan las pilas y tiene que cambiarlas...

- ¿QUE OPINAN DEL PSICOANALISIS?

Luis: Vendría a ser una situación, digamos asi, lograda a través del "cronometraje idílico"... Porque lo ideal del psicoanálisis es el psicoanalista, y el ideal del psicoanalista es la factura. ¿o no?

Hugo: Que yo tendría que psicoanalizarme... soy tan introvertido.

- ¿Y DE LA MUJER?

Hugo: Creo positivamente en la belle- ... y no contesto más, sino...

Luis: Yo también, creo en el amor y pienso que la mujer es tan necesaria para el hombre como el aire. Más que eso no puedo decir...

Hugo: ¡Te imaginas entonces, la cantidad de mujeres que necesitaría yo... con todo el aire que respiro!

- EN EL DILEMA MINI O MAXIFALDA, ¿QUE POSICION TIENEN?

Luis: ¡Minifalda! El otro día comentábamos en TV este problema. Dicen que la minifalda fue una ofensiva de las mujeres de piernas lindas y la maxifalda es la revancha de las chuecas, y yo dije que si, según se sugiere, es un invento de la industria textil por vender más telas y se aplica el mismo criterio comercial a otros rubros, las pompas fúnebres pronto nos van a ofertar cajones con baño instalado y todas esas cosas...

Hugo: A mí me gusta la maxifalda. Pero preferiría que sea todo minifalda, es más lindo... uno se distrae más.

- ¿CREES EN TU PAÍS?

Hugo: Positivamente. Tenemos de to- do y lo más importante es que es un país Joven, con un futuro preponderante. Después de conocer tantos países, me doy cuenta lo inmenso que es el nuestro. Tal vez falten santiagueños que trabajen... En serio: faltan brazos y un poco más de unión en ese aspecto, que aprendamos a quererlo más, para progresar.

Luis: Con otras palabras, pienso lo mismo que Hugo: que es un país tremendo, tenemos todos los elementos da- dos por la naturaleza y tenemos una suerte de gente sana, de gente buena, limpia... hay las excepciones como en todos lados, pero fundamentalmente la gente es sensible, sentimental, con ganas de hacer y nos falta no más entablar el diálogo. Dentro de tanta grandeza, tenemos una contra: ser demasiado grandes, entonces nos cuesta dialogar y planificar lo que tenemos que hacer. Tenemos un país con un gran futuro y posiblemente lleguemos a ser el granero del hambre del mundo.

-YA QUE HABLAMOS DEL PAÍS, QUE PIENSAN DE:

a) LOS FERROCARRILES

Luis: Ya que están en plan de reestructuración, yo propondría que pongan una cantina o una peña arriba del tren, sobre todo los que van al norte y tardan dos o tres días, asi la gente no se aburre. Además, habría que cambiarles el nombre: dicen que son EFEA y uno no sabe si realmente efea o es linda.

Hugo: Y habría que conseguir que todas las estaciones fueran primavera...

b) TELEFONOS ¿O PREFIEREN PALO MAS MENSAJERAS?

Luis: Yo prefiero la paloma, porque siempre nos queda la posibilidad en época de crisis de comérnosla... el teléfono ya sería más difícil

Hugo: La verdad, a mi no me gusta hablar por teléfono... sería por eso que no progreso.

Luis: Hay otra manera de comunicarse que son las señales de humo. Resulta que había dos indios que se transmitían cerro a cerro, mañana a mañana, a tal hora, las novedades. Una vez uno se quedó dormido y da la casualidad que el del otro cerro estaba notificando de que iban a hacer una explosión nuclear en esa zona, así que tampoco vino a transmitir. Y el que se había dormido había empezado a pedirle disculpas, con las señales de humo, y que lo disculpe, que se había dormido, que no había leído nada; en ese momento explota la bomba con el consabido hongo nuclear, entonces éste le empieza a contestar, con humo también: no me grite ¡que no soy sordo!

c) EL OBELISCO

Hugo: ¡Resulta que habían llegado dos hablar por teléfono... será por eso que mirá que hombre alto lo ha hecho a esto! Y el otro le contesta: No seas estúpido, no ves que lo han hecho primero en el suelo y después lo han parado.

Luis: Del obelisco, yo tengo mi opinión. ¿Hay gente que dice que es un monumento “al cuete” ... “al cuete” por decir que está de balde, sin embargo, podría muy bien ser un monumento al cohete, por la forma, viste?

d) EL TRAFICO EN BS. AS

Hugo: Que hoy se gasta más en estacionamiento que en nafta...

Luis: Que es uno de los tráficos más ordenados del pais, únicamente la gran cantidad, las calles cortadas y los embotellamientos, sino... Y de lo que decía Hugo, de los parquimetros, la primera Impresión que tiene un provinciano cuando viene acá es que son palenques con despertador.

- ¿COMO SE DEFINIRÍA A SI MISMO?

Hugo: Primero me defino santiagueño. Humilde, con grandes inquietudes, trato de no perder la línea que he llevado durante 30 años de trabajo... en fin, el hombre más simple del mundo.

Luis: Cuando yo era chico leí una nota que me destruyó a un ídolo mío, a raiz de unas actitudes que había tenido. insolentes y agresivas, justamente especulando con su gloria. Me amargó tan- to que ese día yo dije: voy a tratar de llegar a ser alguien, para volver a ser yo mismo. O sea que, si uno es más o menos conocido, lo importante es seguir siendo el mismo hombre, con la misma sensibilidad y eso si, progresar en todo lo que sea conocimiento, como base de cultura, para estar enterado y así aprender hasta a sentir el dolor de los demás, y la esperanza también. Esa es mi definición: ser un hombre simple, y ser útil a los demás. Soy un hombre de provincia que quiere contar lo que vio, con más o menos capacidad, con mucha honestidad y mucha sinceridad. Y también como decía hoy Hugo, al servicio de los amigos, de la cosa noble y de todo In que sea importante para mi país.

QUE OPINA LUIS LANDRISCINA: ¿DE HUGO DÍAZ?

Luis: Mi opinión de Hugo Díaz la he manifestado ya en algunas grabaciones donde lo considero una de las grandes jetas del país. Pero jetas con virtudes, porque hay algunas que están el cuete como cenicero de moto. Pienso que la de Hugo es una de las jetas gloriosas del país, puesta al servicio del buen gusto y de la música y sobre todo al servicio de las cosas con proyección folklórica. Hay gente que le toma el pelo a él, no por sus condiciones artísticas, sino por... bueno por eso que ya no es boca, es una bocacalle. Por encima de la broma de amigos, considero que Hugo Díaz es un personaje necesario para la difusión, para la proyección y para el afincamiento en el gusto del país de la música tradicional argentina.

-HUGO DÍAZ: ¿QUE OPINA DE LUIS LANDRISCINA?

Hugo: ¿Le puedo hacer una pregunta a Luis?... ¿Cómo hacés para respirar? En serio, como hombre, extraordinario, gran amigo, gran artista, Soy un admirador enorme de él, de su autenticidad. Tengo mucha fe en Luis, en lo que hace, en lo que vale.

Nota publicada en Revista Folklore

viernes, 27 de diciembre de 2024

Hugo Díaz, músico del mundo.

 El día en que los santiagueños lloraron

 


Hugo Díaz había vivido ya todas las vidas y había muerto varias veces. La muerte del paisaje: cuando tenía apenas cinco años y un golpe lo cegó durante un año. La primera armónica, regalada por un tío, le devolvió su vida, que era la música. La muerte de Sachtmo: cuya desaparición tanto le impactó, y con quien había vivido el gozo de tocar juntos los ritmos de jazz en una larga gira europea por el 63. La muerte de la alegría: en cárceles y hospitales, adonde Hugo dejaba su mensaje de vida y amor, por el solo gusto de hacer el bien. Esta vez ha sido él protagonista de su propia muerte y desde el más allá nos estará enviando sus embrujadas melodías, que no por ser del país celeste serán mejores que las que nos dejó en la tierra. Hugo Díaz nos deja una lección de arte mayor, que debemos aprender para poder vivir después de la muerte.

Porque Hugo Díaz siempre fue canción.

Tocaba la armónica desde que tuvo uso de razón y su casi hermano y amigo, Domingo Cura, le acompañaba haciendo ritmos en tamborcitos de tarros.

La iniciación artística de Hugo coincidió con la Inauguración de LV11 Radio del Norte de Santiago del Estero.

A los diez años se integró a un grupo de niños con veinte tocadores de armónica, y otros tantos guitarristas, violinistas, percusionistas y cuerpo de baile, que representaron a la provincia en el Teatro Rivera Indarte, de Córdoba, ejecutando "Nostalgias Santiagueñas" y el vals "Santiago del Estero". Esta fue la constitución de la Primera Orquesta Infantil de Santiago del Estero cuyo creador fue el Dr. José F. Castiglione. Dirigía el profesor Leopoldo Bonelli. Esta orquesta nació juntamente con el Coro de la Escuela Nacional del Centenario y sus repertorios incluían música clásica y nacional. Dentro de la orquesta, junto a Hugo Díaz, se formaron Chocho Ruiz, guitarrista. Tito Sotelo, armoniquista y Walter Ruiz, guitarrista.

El primer músico de nombre que escuchó a Hugo Díaz y le alentó a perfeccionarse fue Juan Carlos Barbará que hacía giras con su orquesta característica. Por entonces, llegó a Santiago un profesor francés apodado Charlie, que Inventara el instrumento electrónico Teremin, y les hiciera conocer la armónica cromática de 64 voces y la cromónica de 200 a 300 voces,

Hoy, Tito Sotelo que conformaba el grupo de niños. sigue la trayectoria que le marcara el destino al iniciarse en la armónica Junto a Hugo, quien le empujaba siempre a seguir el camino sin desmayo.

El primer contacto de Hugo con el jazz sería una emoción de adolescente. Bix Beiderbecke, Charlie Parker. Louis Amstrong. Duke Ellington, de la mano de los autores anónimos de las chacareras truncas y junto a los hermanos Julio y Benicio Díaz, signarían para siempre su sensibilidad. Su vuelo no tendría límites. Para poder pagar la cuota del Square Hot Club, un circulo de fanáticos del jazz, por medio del que enviaban dinero a Estados Unidos para que les mandaran los discos de los "monstruos sagrados", se ayudaba haciendo toda clase de tareas, mientras que por las noches, ensayaban un incipiente cuarteto de jazz que habían formado.

"Debemos, entre nuestras manos, que son las más numerosas, aplastar la muerte idiota, abolir los misterios, construir la razón de nacer y ser felices".

(Paul Eluard)

Los Hermanos Abalos habían inaugurado en Callao y Santa Fe un estudio de danzas e instrumentos típicas que frecuentaba lo más granado de la sociedad porteña y provinciana que cultivaba al folklore. Los sábados se reunían en una peña donde eran de rigor la guitarreada y las empanadas del Kakuy, que llegaban por mano de un pequeño ahijado del dueño. La hora de las empanadas era esperada con ansiedad por los habituales asistentes. No sabemos si las empanadas eran tan sabrosas, pero sí, que el jovencito que las llevaba tocaba la armónica de maravillas y nadie quería dejarlo ir después de escucharlo.

Nacía tímidamente el gusto por lo tradicional. Los Abalos cierran la casa para abrir Achalay Huasi, con un elenco de primera: el dúo Martínez-Ledesma, con el plano de Enrique Villegas, los Hnos. Abalos y, por supuesto, Hugo Díaz, esta vez acompañado por Vitillo y Machaco. Hugo finalizaba cada actuación tocando una armónica miniatura de cuatro agujeros, en la que ejecutaba "Pájaro campana" sin usar las manos. Esos fueron sus primeros triunfos como profesional, alternando después con un doblete en "MI Rincón", donde a la sazón estaban otros nombres que se perfilaban como los pioneros de al avanzada tradicionalista en Buenos Aires como el de Atahualpa Yupanqul. Hugo formó entonces su primer conjunto que se llamó "Chakay manta" y que comenzó actuando en Radio Splendid.

-Poco a poco fuimos subiendo la escala artística -diría después Hugo-, hasta que pudimos actuar en "Palmolive en el Aire". Y gracias a la actuación allí de Fernando Ochoa, pudimos grabar el primer disco: la chacarera "La Vieja". Más de cien placas en 78 revoluciones vendrían después, juntamente con el creciente éxito. "Gloria al espíritu que puede unirnos, porque, verdaderamente, no vivimos más que de imágenes".

(Rilke) Hugo Díaz nació en Santiago del Estero el 10 de agosto de 1927.

Había perdido a sus padres a raíz de la separación de ambos, razón por la que el niño debió dedicarse al oficio de lustrabotas y a vender chupetines para subsistir. Fue a vivir a casa de Domingo Cura donde lo rodearon del ambiente de un verdadero hogar. Su compañera de juegos fue también Victoria, que tenía entonces 4 años. Crecieron ambos jugando con la música hasta que ésta le enseñó el despertar del amor. Estaban los dos tan Integrados espiritualmente, que Victoria y Hugo apenas pudieron decidir sobre sus destinos. Se unieron para siempre con un amor que sobrellevó años de privaciones, dificultades, sacrificios y angustias.

La fama los premio con la gloria suprema y el amor les regaló una hija: María Victoria, la más importante fuente de superación para Hugo. "Así fue que seguro, eché rumbo a la vida, con la fuerza del ángel en mi andar...".

("Zamba del Ángel" de Petrocelli y Hugo Díaz) En los años 1953, 54 y 55 la fábrica de armónicas Honner, en cuya entrada principal de la central alemana se muestra un mural con la fotografía de nuestro compatriota, lo Invitó al Festival Mundial de Armónica de Viena, donde los jurados, por el único hecho de no saber música, lo relegó al segundo puesto. En esta oportunidad también. Hugo tiene ocasión de ejecutar y hacer un contrapunto de improvisaciones con Duke Ellington y Ella Fitzgerald.

De pronto, el 24 de junio de 1960 Hugo y Victoria Díaz, Alberto Cortez, Oscar Zamboni, Antonio Ferreyra, y el Ballet Los Ranqueles parten en una gira hacia Europa. El grupo se llamaría "Hugo Díaz Ensemble Show" y tocarían las ciudades de Barcelona, Milán Roma, Amberes. Bruselas, Amsterdam, Dusseldorf, Frankfort, Colonia y Bonn. En Bonn, Hugo concretó una de las aspiraciones máximas de su vida al entablar conocimiento con el armoniquísta Jonh Thieleman. Considerado "la mejor armónica del mundo". Thieleman expresó en esa oportunidad su asombro por el sonido particular que sacaba el argentino del Instrumento. Hugo, por su parte, profundizó una amistad que subsistiría a través del tiempo, epistolarmente.

Victoria, su mujer, quiso regresar al país a causa de su incipiente embarazo. Hugo la seguiría después, no sin antes grabar para el sello Monglow el primer disco doble con Alberto Cortez, que Incluía: "Sucu sucu". "Palmeras". un rock de W. Belloso y "Sabor a mí". Después, el mundo en sucesivas giras. El Show Gigante de "Globus" los programó junto a figuras como Michele Morgan. Caterina Valente, Marlene Die trich, en espectáculos donde concurrían hasta 35.000 personas. Luego Japón, y todo lo demás. En 1971 Victoria deja de cantar y Hugo parte por ocho meses a Lima en una gira con Chabuca Granda. Una Invitación de los ministerios de Relaciones Exteriores de España y Argentina para actuar en España. otra gira por América, donde actuó con Sara Vaughan. y la última gira, en Brasil, donde le acompañó en guitarra y canto, su hija María Victoria.

Premios, distinciones, aplausos, reconocimientos en todo el mundo. El Martín Fierro de la Federación Agraria en Santa Fe, el Disco de Oro. Sólo faltaría que SADAIC le otorgara el premio de este año como reconocimiento a uno de los más notables difusores de nuestra música y talentoso compositor tan retaceado de promoción en su propio país. "No tiene frio ni calor. Su prisionero se ha evadido para dormir. No está muerto. Duerme".

(Paul Eluard)

Duro revés asestó el destino al mundo artístico este año, al arrebatar vidas preciosas de gran significación para la cultura de todos los países. Nombres como los de María Callas, Waldo de los Rios, Prevért, Blackle, Stokowsky, Bianco, Bing Crosby, Elvis Prestley, Paul Desmond, Floravanti, Hugo Díaz, nos inclinan a meditar y a proponer la revaloración de lo que significa la obra del artista. Poseer la luz del talento significa habitual- mente cargar con un enorme peso que debe arrastrar- se a lo largo de infinitos pasillos sombríos de esperas. Acechanzas, envidias, manejos turbios. Desengaños, mu chas veces hambres y sacrificios muchas veces estériles.

El placer y la emoción que nos regala la obra de un pintor, un poeta, un músico, es una deuda que no podemos compensar con aplausos porque la creación es un fluir constante que busca su cauce en el alma de los receptores de ese legado. Poseedor de un don sobrenatural, el artista está en una entrega constante como un acto de amor a la humanidad y a la vida. No importa que su arte tenga el reconocimiento que me- rece, porque sus manos florecen en dones que llevan consigo un hábito celeste.

Víctor Hugo Díaz se durmió para los hombres el do- mingo 23 de octubre de 1977 a las 18.30. La hora exacta en que el jazmín comienza a derramar su fragancia.

¿QUIEN FUE HUGO DÍAZ?

Como ser humano, era el más noble que yo haya conocido. Como músico, estuvo siempre avanzado con respecto a su época. Fraseaba de una manera que es casi imposible hacer con un instrumento como la armónica haciendo dentro de la melodía sincopas increíbles de lograr y cada vez de una manera distinta. Y se dio con el gusto de grabar todos los géneros con une autoridad profesional lo mismo en el folklore tradicional, que en el tango o en el Jazz.

Domingo Cura

¿Y POR QUE EL JAZZ?

El jazz nació de la simbiosis de dos culturas, la occidental, con la afroamericana, enriqueciéndose además con los aportes sonoros de la música euro- pea. En el jazz, el verdadero creador, más que el compositor, es el ejecutante que recrea la secuencia armónica basal. Los primitivos creadores eran músicos intuitivos, de ahí que es en realidad un género folk. El ritmo del jazz, io mismo que la chacarera, tiene el acento distintivo en la síncopa, de ahí que ambos géneros hayan florecido con fuerza, unidos en la armónica de Hugo Díaz.

En dieciocho horas se grabaron los diez temas del larga duración que es el testamento musical de Hugo Diaz. La elección de los mismos se hizo en el instante en que Hugo Díaz entrara en la sala de grabación. Buby Lavecchia, que se agregó espontáneamente a los músicos, recuerda: "Lo único que pudimos hacer fue tratar de seguirlo, rogando que no cambiara de idea. En un momento dijo que el sonido salía demasiado lindo, y así no servía...".

Esta obra póstuma, que acaba de salir a la venta con el nombre del artista, editada por Tonodisc, nos da una muestra de la imaginación, la sensibilidad Interpretativa, la frondosa inspiración para la improvisación y el notable manejo de los matices en un instrumento tan limitado como la armónica.

Publicada originalmente en Revista Folklore