Mostrando las entradas con la etiqueta Alfredo Abalos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Alfredo Abalos. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de enero de 2026

Alfredo Abalos – Un amigo inolvidable

 Por José Luis Torres

 


 

El Puka Ruiz me llama por teléfono y me avisa: “Negro, preparate que viene Alfredo Abalos a Rosario”. Ninguno de los dos lo conocía personalmente, pero escuchar sus grabaciones era una costumbre de mucho tiempo atrás. Ya había grabado dos discos con el Negro Domínguez (fabuloso guitarrista) y en 1978 editó un LP en RCA con el título “Silencio, canta Alfredo Abalos”, en su contratapa Marcelo Simón comenta el disco analizando el repertorio tema por tema.

Comenta el encuentro con Alfredo con sus impresiones sobre la grabación “Todo fue elaborado amorosamente. Desde la selección del repertorio, eminentemente santiagueño, incontaminado, hasta la selección de sacha músicos para algunas piezas, desechando la tentación de recurrir a instrumentistas de Buenos Aires, a los que les sobra virtuosismo “pero les falta olor a chipaco recién horneado me dice el gordo – porque es gordo – Abalos”.

Marcelo Simón, muy respetuosamente explica luego que Alfredo utilizó otra palabra menos académica. No hace falta ser quichuista para entenderlo “Les falta olor a aca” decía Alfredo en realidad, y los que no conozcan la palabra “aca” (así, sin acento) pueden recurrir a internet para averiguarlo.

Para el santiagueño es normal utilizarla pues puede describir muchas situaciones. Alfredo la usaba frecuentemente en sus actuaciones cuando se dirigía al director de luces en el escenario “Che, ¡prendeme las luces que no se vé ni aca!”.

Ese LP era muy poco conocido y cuando Alfredo lo encontró entre mis discos se sorprendió gratamente “Negro, ¿de dónde sacaste esto? ¡Es una joya!”- Pero eso fue al tiempo de conocernos.

Alguna vez subí su tapa en un sitio de folklore y se ha utilizado en varios sitios, pero nadie ha mencionado la fuente. Se puede identificar fácilmente porque mis discos tenían una etiqueta con su número, en este caso era el 174. Hace 20 años las cámaras de celular no se conocían, así que tuve que escanearlo y unir las dos tomas, el detalle se puede observar en la foto. Pero eso no es importante para su historia.

Alfredo había grabado en 1982 “La voz de la chacarera” y en 1983 “Moneda que está en el alma”, ambos en EMI Odeón y esos discos se difundían en las radios.

El ciclo “El canto de las provincias” durante la gestión del Negro Ielpi presentó en 1984 y 1985 una cantidad de artistas increíble en la sala Udecoop (Entre Ríos 435). En esa lista de presentaciones, uno de los primeros convocados era el Gordo Abalos. Sabíamos que era gordo (a la vez que alto) pero cuando lo vimos en el escenario nos dimos cuenta que tenían razón al llamarlo así, después les cuento más detalles. Alfredo se presentaba cantando y rasgueando la guitarra como pocos, la primera viola estaba a cargo de Tati Novillo, hermosa persona y buen violero, otro amigo inolvidable. En ese tiempo la chacarera no era un género tan difundido ni conocido por el público, tan es así que los poquitos que querían hacer palmas no sabían dónde comenzaba o terminaba el tema, desconocían la síncopa…y seguían aplaudiendo aún después del final. Salvo los que eran santiagueños o la gente que bailaba folklore.

Solo dos tipos en el escenario con sus guitarras conmoviendo a la platea, ahora nos resulta difícil imaginarlo, pero era así nomás. Verlo al Gordo tocando la guitarra y cantando con esa garganta prodigiosa era un espectáculo inolvidable. Tengo en mis archivos 5 temas grabados de esa actuación. Esa noche fue una fiesta para todos y más para nosotros dos. Cuando nos arrimamos a saludarlo, quizás por el acento santiagueño del Puka, nos vió como paisanos de su pago (aclaro que no soy nacido en Santiago, pero he sido amigo de muchos de ellos) y nos abrió la puerta de su corazón.

Luego de los saludos empezamos a hablar de cuestiones que teníamos en común y ya nos invitó a cenar, aterrizamos en una parrilla compartiendo un asadito bien regado con Norton Clásico (siempre tinto), era el vino preferido de Alfredo.

Me regaló una foto suya y una tarjeta “Alfredo Abalos. Calle y teléfono en el 8 de abril y una aclaración de la misma “No llame hora i´siesta”. De esa esa foto después les contaré su historia, pero vuelvo a contarles de Alfredo. Después de esa noche quedamos como amigos con Alfredo y Tati Novillo, esa presentación tuvo muy buena repercusión.

En el verano del 85 actuó en el Anfiteatro rosarino junto don Sixto Palavecino con Rubén y Carmencita. Después de la actuación nos invitaron a comer en el patio de los Sosa (Cochabamba y Alem), a los músicos y amigos, ahí estuvo también el Negro Ielpi, empanadas, asado y buen tinto. Recuerdo que Tati estaba muy copado con “Chacarera para mi hermano”, la tuvo que tocar varias veces mientras yo lo acompañaba en guitarra y Alfredo en bombo, solo instrumental. Esa chacarera la hizo Cuti Carabajal cuando estando en España se entera que había muerto su hermano Agustín, Kaly hizo la intro. Me acuerdo que Tati la tocaba en Mi mayor, son esas cosas que uno no se olvida.

Unos meses después volvieron a la misma Sala Udecoop (siempre por gestión de Pérez Cantón). Ya nos habían avisado del retorno y esta vez Puka se ofreció a darle una mano acompañando con su bombo, el Gordo lo aceptó y lo presentaba diciendo esa noche “Bueno les presento a mi compañero Julio Novillo, que viene y se sienta, y el bombotólogo es el Puka Ruiz, un santiagueño que está radicado aquí en Rosario, ahí está entrando. Recién veníamos en un auto, no sé si han visto ¡y le hemos hecho tocar el piso contra el suelo! (Se ríe Alfredo) ¡No quería caminar el auto del gordo! ...Bueno, venir a Rosario significa volver a un lugar donde tenemos tantos amigos que nos llenan de atenciones y de cariño, es un gusto estar con ustedes”.

El Puka Ruiz era también gordo y su cupé Chevrolet azul tenía que transportar casi 300 kilos de peso de Alfredo y su dueño, además de Tati y los instrumentos.

Hubo al menos 4 visitas de Alfredo con Tati Novillo, siempre compartidas con ellos, en ese tiempo nos escribimos con Tati varias veces. Creo que era bioquímico y se había radicado en Córdoba.   Después lo perdí de vista. Era nacido en Salto (Bs. As.).

En esas primeras visitas Alfredo tenía el hotel pago, como todos los artistas, pero a partir de su segunda visita prefería venir a casa donde era uno más de la familia. Era muy divertido andar junto a Alfredo, le dice a mi esposa “Marta quedate tranquila que cuando regreses te esperamos con el puchero”. Íbamos a hacer los mandados en el barrio y el Gordo se presentaba “Buen día señor, soy Alfredo Abalos, cantor popular, esta noche canto en el Anfiteatro y lo espero. ¿tendrá chiquizuela? Tengo que hacer un puchero y no quiero fallar a la Martita”. Y así en los otros negocios “Buen día señora, soy Alfredo Abalos, cantor popular. ¿Tendrá zapallito anco y algunos choclos…y si puede me agrega un poquito de apio, le dá muy buen sabor a la sopa”.

Se repetía la escena: a comprar el Gancia “Si no tomamos un Gancia como querés que salga el puchero, hijo querido”, el pan, y Alfredo con su natural acento santiagueño ante gente que no lo conocía. Después con el tiempo me preguntaban “José Luis, ese amigo tuyo santiagueño ¿cuándo vuelve?” Alfredo dejaba su marca en el escenario y también con gente desconocida. Fueron tiempos muy risueños y plenos de emociones compartidas con el querido Alfredo.

A veces he leído que era gruñón, que rezongaba, protestón y una serie de apreciaciones que no comparto, por lo menos no era así con los amigos que entraban en su corazón. Y yo me considero un afortunado que pudo conocer esa parte tan profunda de sus sentimientos. Como decía Violeta Parra “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”

En 1986 volvió a Rosario, pero esta vez junto a la Muni Santillán (su esposa) que cantaba junto a los Hermanos Juárez, Martincito era muy chico y en el escenario tocó el bombo junto a ellos. Fue otra ventana nueva que se abría: conocer y hacernos amigos de Muni, Fortunato, de Sabino, del Chango y Carlitos. Fortunato inolvidable, músico, cantor, quichuista, punteaba y bordoneaba la guitarra y bromisto impagable.

Se presentó esa noche en la Mateo Booz “Nosotros somos los Hermanos Juárez, santiagueños de Loreto pero la gente dice que somos Los Parchís santiagueños. ¡Capaz que tienen razón!”. Se reía Fortunato con su risa contagiosa y aclaraba “Sabino 79 años, yo apenas 75, ¿Saben que pasa? En Loreto la gente vive mucho tiempo, hace poco ha muerto uno de 95 años ¡changuito había sido!”

La Muni no aguantaba la risa, Alfredo me decía “¡Como le gusta hablar macanas este Fortu!”. Martincito tensaba el bombo y Horacio Banegas afinaba su guitarra para acompañar al Gordo querido.

No puedo contarles más, se me humedecen los ojos traidores al recordar estos amigos. “¡Hijo querido, no seas tan flojo!” me diría Alfredo. Y bueno Gordo, disculpame por esta vez.

Fuente: facebook

Rosario, 14 de mayo 2021

sábado, 23 de agosto de 2025

Alfredo Abalos, La voz de la chacarera

El folclorista santiagueño cumple 50 años con la música. Defiende el folclore "de fundamento" contra el "abolerado" y cuenta por qué no se lo reconoció hasta ahora.

 


 

Hace apenas unas horas que llegó de Santiago Don Alfredo Abalos. Vino a Buenos Aires prácticamente a secas, no trajo su bombo legüero ni ningún otro instrumento. Sólo su manera inconfundible de frasear se escucha en el segundo piso de la casa en San Cristóbal donde se instaló por unos días.

Enorme la figura de Abalos al final de escalera. Con una luz de mediodía que potencia el áurea circular de su barba y cabellera blanca, invita a pasar mientras reniega con un mate demasiado corto. La "voz de la Chacarera" festeja sus cincuenta años con la música. Esa es un poco la excusa de su retorno a la provincia en que nació un 21 de abril de 1938.

En una pequeña habitación está el afiche que promocionó su último recital en el ND Ateneo. "Es emocionante, ¿has visto? Tener después de tanto tiempo imágenes de uno por toda la Capital. Es el reconocimiento a una vida en la que me dediqué a hacer las cosas que consideraba tenían un valor musical y literario: rescatar la cultura de Santiago del Estero. Nunca grabé nada con la idea de cantar pavadas para vender algunos discos más".

A los 66 años, Alfredo Abalos está más sosegado, debido en gran parte al yoga, disciplina que practica a diario y que le recomendó Edmundo Rivero hace 40 años. "Uno ya no es tan insistidor, es importante marcar el camino y estar en cosas más espirituales", explica.

Hace 32 años que vive en el 8 de abril, un barrio criollo de la capital Santiagueña en el que eligió pasar su vida luego de abandonar San Fernando, ciudad donde se crió y pasó parte de su niñez. Allá: una vida simple "como se vivía antes, llegan los domingos y los vecinos traen una empanadita, por ahí hacemos un asado en la calle. Vivo con mi compañera, Muni, con quien estoy hace 35 años, y todavía canta lindo, y con mis cinco gatos. No me mueve nadie de ahí, hijo. Es el recuerdo: si habremos hecho en casa juntadas con Miguel Simón, Don Sixto (Palavecino), Pablo Raúl Trullenque, Felipe Corpos, Antonio Tarragó Ros".

Se fue para Santiago luego de escuchar desde chico los relatos de Andrés Chazarreta, quien solía parar en la casa de su abuelo. Abalos se crió con sus tíos luego de que su madre falleciera, dos meses después de su nacimiento. Era una casa de músicos: "Papá tocaba la flauta traversa, tío Julio el violín, tío Pancho el bandoneón; todo el mundo cantaba y los fines de semana eran música y música. Cuando me quise acordar también andaba garroteando un bombo, metiendo los dedos en el piano y haciendo los primeros acordes en la guitarra. Un día empecé a cantar también con el bombo y me escuchó Alberto Ocampo. Ahí nomás me sumó a su conjunto. Tenía 16 años".

Así empezó como bombisto en una de las canchas de básquet durante los carnavales en River. En la pista de al lado tocaba la orquesta de Aníbal Troilo y la Jazz San Francisco. Tiempo después, en el sótano de un bar en Paraná y Sarmiento, mientras estudiaba canto con Rubén de Alvarado, se cruzó con el Polaco Goyeneche y Edmundo Rivero, quien le regaló el primer libro de yoga para que aprendiera a respirar. Luego Leo Dan lo llevó al sello Diapasón para grabar su primer trabajo, Herencia folclórica. A partir de ahí, hizo más de quince discos. El último salió hace cuatro años, Te digo chacarera, donde tocó junto a sus hijos Santiago y Martín. Allí, en La doble sentenciosa, talla una de sus máximas como cantor: no me gusta incomodar ni conversar con cualquiera / y si alguno se aburre por culpa de lo que digo/ o se tapa los oídos o puede irse para afuera.

Un viejo cuento santiagueño dice que Tata Dios sólo sale a bailar truncas si las canta Alfredo Abalos. Pese a todo, en Abalos se confirma eso de que nadie es profeta en su propia tierra. Recién ahora, luego de una ausencia prolongada, retorna a los festivales: el próximo 25 de setiembre estará en el Festival de la Tradición en Añatuya.

¿Por qué piensa que no hay un reconocimiento hacia su figura?

No lo puedo explicar. Hemos salido de Santiago con Don Sixto, con Cuti y Roberto Carabajal y nos ha ido muy bien. La última vez, en el Festival de la Salamanca, han contratado a Los Nocheros y a nosotros no nos tuvieron en cuenta. Y esa ingratitud duele, esa idea de estar en la cosa del momento, llámese Soledad, Los Nocheros, Luciano Pereyra es lo que da plata. Ahí está la cosa. Lo que no quiere decir que lleven buena música.

¿Piensa que también usted ha tenido actitudes que lo han ido marginando?

Puede ser, pero no puedo evitar ser peleador defendiendo cosas que a mí me parecen valiosas. Hace cuatro años que no voy a Cosquín, la última vez me han hecho calentar fulero. Esa noche había subido un montón de gente valiosa como Suma Paz, Hugo Jiménez Agüero y nadie les daba bolilla porque esperaban el cierre con Los Nocheros. Entonces dije por el micrófono: "Ahora les voy a cantar una danza tradicional argentina que se baila, ustedes no la deben conocer porque han venido a escuchar boleros, se llama chacarera". ¿Me entiende? Uno no puede dejar de calentarse con eso. A mí me ha pasado de tocar en Santiago con la gente de moda y ver subir a Don Sixto y que todo se venga abajo.

Usted fue el primero en grabar "Angélica" de Roberto Cambaré, y contó una vez que fue bastante criticado por Atahualpa Yupanqui por algo parecido.

Sí, tenía una métrica de zamba pero la letra era medio, como digo ahora, abolerada... romántica. Don Ata, que era tan criollo, nos criticó duro; era bravo cuando criticaba a la gente joven. Nos dijo algo parecido de lo que ahora pienso del folclore abolerado. De esa crítica hemos aprendido a distinguir el folclore abolerado del folclore con fundamento. Hay que respetar las raíces.

Juan José Santillán

martes, 22 de abril de 2025

Alfredo Ábalos, la voz eterna de la chacarera

Una entrevista realizada cuando el maestro cumplía 50 años con la música


En el momento en que se hizo esta entrevista, Alfredo Ábalos acababa de celebrar medio siglo de trayectoria artística. Con 66 años, el legendario folclorista santiagueño seguía siendo un defensor acérrimo del folclore “con fundamento” y se mostraba crítico con las versiones más comerciales del género. A pesar de su trayectoria, el reconocimiento a su figura seguía siendo esquivo.

La nota fue realizada en Buenos Aires, adonde Ábalos había llegado hacía apenas unas horas desde Santiago del Estero. En aquella ocasión, se instaló por unos días en una casa del barrio porteño de San Cristóbal, sin su clásico bombo legüero ni instrumentos, pero con su inconfundible manera de hablar y cantar.

Se lo veía sereno. La luz del mediodía resaltaba su barba y cabello blanco, y entre mates y recuerdos, el músico repasaba su camino. Celebraba 50 años con la música, y su regreso a la ciudad coincidía con un recital reciente en el ND Ateneo. “Es muy emocionante, ¿viste? Después de tanto tiempo, ver carteles con tu cara por toda la ciudad. Es como un reconocimiento a una vida dedicada a hacer música con raíz”, decía en aquel entonces.

Por esos años, Ábalos ya vivía con más calma, gracias en parte al yoga, disciplina que practicaba desde hacía décadas por consejo de Edmundo Rivero. “Uno ya no es tan insistente. Hoy prefiero enfocarme en lo espiritual, en dejar huella”, comentaba.

Hacía más de 30 años que vivía en el barrio 8 de Abril, en la capital santiagueña, donde llevaba una vida sencilla junto a su compañera Muni y sus gatos. “Nadie me mueve de ahí, hijo. En esa casa hicimos miles de juntadas con amigos como Don Sixto, Trullenque, Tarragó Ros…”, recordaba.

Durante la charla, Ábalos repasaba también sus orígenes musicales. Criado por sus tíos tras la temprana muerte de su madre, se formó en una casa donde la música era parte del aire. A los 16 años ya tocaba en carnavales y no tardó en formar parte de conjuntos importantes. Su primer disco, Herencia folclórica, llegó gracias a Leo Dan, y luego vinieron más de quince álbumes. El último hasta ese momento, Te digo chacarera, lo grabó junto a sus hijos Santiago y Martín.

En esa etapa de su vida, aún le dolía cierta falta de reconocimiento en los festivales más importantes. “Duele esa ingratitud. Hoy se prioriza lo que vende, no necesariamente lo bueno”, lamentaba.

 Tampoco ocultaba su temperamento, algo que, según admitía, podía haberle cerrado algunas puertas. “Siempre fui peleador cuando se trataba de defender lo que creo que vale la pena”, decía, recordando su última visita a Cosquín, en la que no se calló frente a un público más interesado en artistas comerciales que en el folclore tradicional.

La entrevista también tocó anécdotas valiosas, como su vínculo con Atahualpa Yupanqui, quien le criticó haber grabado Angélica, una zamba con aires más románticos. “Don Ata era bravo cuando te criticaba, pero aprendimos. De ahí en más, distinguí entre el folclore abolerado y el de raíz. Las raíces hay que respetarlas”.

FTe:  Juan José Santillán

viernes, 4 de octubre de 2024

SANTIAGO Y SU MAGIA

 


Una generosa crónica con fotografías publicó en 1977 la desaparecida revista "Folklore" con la pluma de Marcelo Simón para resaltar el rotundo éxito que logró la agrupación dirigida por el Profesor José Marcelo Santillán en el Teatro Astral de calle Corrientes entre el 30 de agosto y el 4 de septiembre, denominada "Santiago y su magia".

"Un aplauso sordo y gigantesco, un modelo de buen gusto, tino y rigor artístico - dice la nota- con un espectáculo de danza, música y humor con un elenco de 46 artistas".

Este elenco venía de obtener por segunda vez consecutiva el Camín de Oro en Cosquín.

Dice la nota: "El público, inicialmente integrado por santiagueños y luego engrosado por porteños, gozó de un aporte inédito, un golpe de frescura para aventar tanta mediocridad, tanto lugar común, propio de los shows musicales rotulados como expresiones de la música popular argentina, como las que se suelen ver en las salas capitalinas".

"Santiago y su magia" fue promovido por el Gobierno de la Provincia y La Casa de Santiago en Capital Federal y con las conceptuales palabras iniciales de la Profesora Marta Cartier de Hamann, comenzó la danza para exponer "El marote", "El llanto", "La Chacarera ", "El escondido ", "La zamba" y "El gato", dibujados con pudor y alegría en las tablas del Astral, al mostrar como baila el campesino santiagueño".

Ese protagonismo auténtico estuvo a cargo de María Lina Azar, Gloria Carrizo, Gladys Noemí Ledesma, Julia Gallardo, Aida Elena Coria, Nilda Azucena Chávez, Elisa Maldonado, Félix "Papi" Ávila, Julio Barrientos, Orlando Cáceres, Miguel Sánchez, Gaudencio Acuña, Walter Sambade, Ramón Juárez, Ramón Salvatierra, Dante Rojas y Raúl Adami.

"El Canto de los Quichuas" fue el cuadro a cargo de Sixto Palavecino: "Un artista y, dicho con entusiasmo, sensacional, porque lo suyo es único con sus propias obras que transpiran la recóndita humedad de Salavina".

Miguel Simón, "El Patriarca de los bandoneonistas santiagueños", se llevó el aplauso por sus interpretaciones que reavivaron la música que interpretaba con sus hermanos, acompañado por Juan de Dios Gallo en violín, "Ruso" Ledesma en guitarra y Alberto "Pampero " Paz en bombo, al hacer el cuadro "La Música de mi pueblo ".

Le siguieron Los Tobas, que al decir del abogado catamarqueño Marcos Ocampo: " cantan sin herir las coplas con gritos". Y así estuvieron: Leandro "Meneco" Taboada, "Lolo" Barrionuevo, Horacio y "Coco " Banegas.

La escenificación de "La Fiesta de San Esteban", fue increíblemente perfecta con los personajes infaltables en la vida real de la celebración sumampeña que representaron: Alberto Banegas y Martín Únzaga, Vicente "Morenito " Suárez, un hallazgo. El no hace mucho desaparecido cantor, puso una nota destacada en el espectáculo al cantar con notable fuerza una vidala con el sentimiento que lo caracterizaba. El cuadro se llamó: "Canto en el monte santiagueño ".

Tampoco faltó el humor a cargo de Amadeo "Cacho"Lobo con un abanico de cuentos con coloridos y eficacia.

La fiesta finalizó con la actuación de Los Manseros Santiagueños, aportando su vigor de siempre y que fue digna de habérsela visto y de que se repita.

La crónica de Simón concluye con un elogio para el Director del espectáculo, José Marcelo Santillán, inquieto y talentoso que fue merecedor del "eco sordo de un aplauso solitario que partió del fondo del Astral que quizás provino de su padre protector, Don Andrés Chazarreta, en cuya casa de Mitre 127, se crio y aprendió de las enseñanzas del Patriarca".

"Santiago y su magia ", revivió al cabo de 60 años, precisamente del éxito en el Teatro Politeama en Capital Federal y deslumbró al público porteño que pudo apreciar las raíces culturales del Norte Argentino.

Aquel memorable suceso aconteció en 1921 y no estuvo exento de vicisitudes, pero quedó como emblema de la historia del arte nativo nacional cuando a Don Andrés se le negaron inicialmente los escenarios porteños para actuar hasta que le abrieron las puertas del Politeama, gracias a la mediación de Joaquín de Vedia, lo que constituyó un histórico suceso".

(ROBERTO "PUPI" VOZZA para "Patio Santiagueño ")