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lunes, 3 de agosto de 2026

El Algarrobo en la medicina Popular

 


La fruta del algarrobo o algarroba es rica en calcio y vitaminas. Primero la farmacopea americana y luego la española utilizaron en infusiones los frutos del algarrobo negro para el lavado en infecciones de ojos; y las del algarrobo blanco para disolver los cálculos de vejiga (sólo chupándolas).

La infusión de la flor es diurética y la de la corteza (al 2%) es antidiarreica. También se considera diurética la fruta del blanco, muy madura. La decocción de los frutos es muy efectiva para las afecciones bronquiales y también puede comerse el fruto crudo para lograr efectos laxantes. El patay se recomienda para las enfermedades venéreas y las afecciones bronquiales. Para quienes padecen asma, también es bueno aspirar el humo de los frutos quemados de algarrobo negro.

Calvicie

Pero quizás uno de los descubrimientos de mayor trascendencia lo constituye el hecho de que su consumo contribuye a combatir la calvicie. Esto no puede extrañarnos, pues el fruto contiene gran cantidad de calcio y vitaminas B1 y B2, como lo ha probado el Dr. Pedro Escudero, del Instituto Nacional de Nutrición. Los elementos citados sirven para ayudar al crecimiento, proteger el sistema nervioso y preservar la juventud. Que los nativos no conocieran la calvicie algunos lo atribuyen justamente al hecho de que consumían algarroba en varias formas.

Oftalmías

Se utiliza también el algarrobo negro para las curaciones del maldiojo o "mal de ojo" (conjuntivitis). Pero para las curaciones de las cataratas o "nubes de los ojos" se prefiere el agüita clara del árbol negro. Para ello se recoge en una cuchara limpia el zumo que segrega un gajo de algarrobo negro por uno de sus extremos mientras el extremo opuesto se pone al calor de las brasas. Se dejan caer tres gotas en los ojos tres veces al día.

Son varias las especies de Prosopis que la medicina popular utiliza contra afecciones de los ojos. En algunos herbolarios de Bs As se vendían los frutos de "retortuño" (P.strombulífera) para calmar el dolor de muelas. Del "vinal" (P. ruscifolia), se emplean las hojas y brotes para curar diversas oftalmías.

Traumatología

Para curar las recalcaduras, la gente prepara una humita con las hojas y la colocan bajo las cenizas envuelta en un trapo húmedo. Cuando está bien caliente la sacan del fuego, la abren y la espolvorean con sal; la cierran y la ponen en el lugar afectado, lo más caliente que la persona soporte.

En algunas regiones curaban las fracturas de los huesos (sin herida) con un emplasto hecho de la siguiente manera: les extraían las semillas a algunas algarrobas verdes, las mezclaban con corteza y machacaban ambos elementos junto a sebo de cabra o de carnero.

En otras regiones, para curar las quebraduras de los huesos, machacan hojas y las colocan al rescoldo, envueltas en un trapo húmedo. Cuando está bien caliente le mezclan pez de Castilla molida y agua ardiente, y lo aplican sobre el hueso fracturado. Vendan la región afectada hasta su curación.

Donde el algarrobo es mejor que el oro

 


 

GUANACO SOMBRIANA, Argentina - Cansadas de que la sequía les arrebate a sus hombres y mate sus animales, las mujeres de Guanaco Sombriana, un pueblo del norte de Argentina, salen a pelear su destino aprovechando un árbol que hasta ahora apenas daba sombra en estos paisajes áridos.

El campo de fútbol es un símbolo de esta región semiárida del departamento de Atamisqui, 120 kilómetros al sur de Santiago del Estero, capital de la provincia homónima.

Dos arcos de ramas secas enmarcan la vegetación rala de cactus y arbustos bajos sobre el suelo blanco y salitroso que se extiende por el distrito de unos 10.000 habitantes.

La cancha vacía tiene un significado igual de desolador: los jugadores, maridos, hermanos, hijos y padres, volaron como trabajadores “golondrinas”, esta vez a la cosecha de maíz y de arándano en el sur del país.

“Me llegué a quedar sola con mis siete hijos hasta ocho meses por año. Para sobrevivir criaba vacas, cabritos, lechones y gallinas. Vendíamos y algo nos quedaba para nuestro consumo. Pero, como hace dos años venimos padeciendo una sequía, muchos animales se han muerto”, cuenta Graciela Sauco.

Dicen que es la peor sequía de los últimos 10 años. No hay dinero para forraje y los animales se mueren ante la impotencia de sus dueños. Son campesinos pobres, con predios de hasta 50 hectáreas, heredados de sus antepasados y que poseen en “ánimo de dueño” (sin título de propiedad).

Tampoco se puede sembrar, como antaño, zapallo ni maíz para los animales.

“Me gustaría que mis hijos tuvieran un trabajo mejor, para que no vayan tan lejos. Los extraños”, dice Sauco entre sollozos.

“El último hijo se fue hoy a la desflorada (de maíz) en Buenos Aires. Viven en casitas prefabricadas, pasan calor, duermen en catres”, se lamenta Eleuteria Ledesma.

Para las fiestas de fin de año, “no les dieron permiso para venir”, lo que entristece más a las mujeres de Guanaco Sombriana.

Pero ahora albergan una esperanza.

Una década atrás se organizaron en la Asociación de Pequeños Productores de las Salinas Atamisqueñas (APPSA Guanaco), hoy integrada por 80 familias en esta aldea de 566 habitantes.

 Los comienzos fueron difíciles, recuerda Lastenio Castaño, asesor técnico de la Subsecretaría de Agricultura Familiar del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina.

 “No hay agua a veces ni para el consumo de las personas, menos para los animales o para sembrar. Aquí lo único que se da es ganado caprino”, observa. Pero, “pese a ser un animalito muy aguerrido, en estos últimos años ha habido mucha mortandad”.

La biodiversidad del monte (bosque de arbustos bajos), tampoco ayuda para “emprender alguna cuestión productiva”, señala a Tierramérica. “Hay muy poca variedad de especies”.

Los campesinos tenían la ilusión de que el galpón de adobe que construyeron fuera “un lugar para acopiar frutos del monte y granos para hacer un alimento balanceado para sus animales”, recuerda Castaño.

APPSA, con apoyo de la Subsecretaría y de la Unidad para el Cambio Rural (UCAR), tiene además un pequeño molino para extraer harina de las vainas del algarrobo blanco (Prosopis alba) y negro (Prosopis nigra), típico de la región y presente hasta en las canciones folklóricas santiagueñas.

Las vainas solo se usaban en Guanaco Sombriana como alimento de ganado en épocas críticas. La Asociación tomó cursos de producción de harina de algarroba y alimentos panificados, de moda en tiendas naturistas y ferias orgánicas.

La harina es aromática y dulce, con sabor similar al cacao, rica en fibras, proteínas, fósforo, potasio, calcio, hierro, pectina, varias vitaminas y taninos.

“Antes molíamos las vainas con mortero. Con el nuevo molino molemos un montón en poco tiempo. No solo vainas, sino todo lo que queramos, también el maíz”, explica Lili Farías.

Tierramérica llegó a la sede de APPSA un día de diciembre de trabajo febril, en plena época de cosecha.

Una camioneta cargada de bolsas con vainas estaciona en la puerta. La Asociación ahora tiene recursos para comprar cosecha a otros poblados.

Las mujeres pesan las bolsas y llevan las cuentas en un cuadernito. Otras muelen, en una carrera contra el tiempo. La temperatura llega a 50 grados en esta época del año y las vainas pueden “abicharse”, explican.

Para hacer sus cuentas usan la calculadora de los teléfonos celulares, que “solo sirven para eso y para sacar fotos, porque no tenemos señal”, se queja Marcela Leguizamón.

Cada socia aporta una botella de agua de sus aljibes. Toman mate, la típica infusión de yerba mate, y festejan unos 2.000 kilogramos de harina.

“Esto ha sido un paso muy importante para la Asociación, que ha crecido y está más independiente; tenemos fondos para manejar. Antes nos arreglábamos con las cuotas de los socios o rifas. Ahora, con la venta de la harina nos queda ganancia”, dice Claudia Rojas.

Castaño señala que es necesario mejorar la distribución comercial, el transporte y servicios básicos como electricidad y agua.

Pero APPSA se ha convertido en un interlocutor más fuerte para plantear sus demandas a las autoridades.

Con un fondo rotatorio de unos 21.000 dólares para esta y otras comunidades, APPSA puede comprar alimentos para el ganado y otorgar microcréditos para alambrado de corrales y construcción de aljibes, entre otras necesidades.

El fondo rotatorio se financia a través del Programa de Desarrollo de Áreas Rurales de UCAR, que tiene alcance nacional y se destina a “contribuir a la cohesión social y productiva” de los campesinos, con énfasis en las economías regionales.

Las asociadas de APPSA sueñan con computadoras “para tener un registro de todo” porque los “papelitos a veces se traspapelan”, señala Leguizamón.

Los ingresos de cada familia comienzan a mejorar. Se emplean en comida, ropa o motocicletas, el medio de transporte por excelencia en esta región de caminos a veces intransitables.

“Estamos viendo que jóvenes que se van como golondrinas se queden aquí a trabajar con los frutos del monte. ¿Para qué van a trabajar otras tierras, pudiendo aprovechar lo que tenemos aquí?”, cuestiona Farías.

Se estima que 75 por ciento de la superficie argentina es tierra seca y 40 por ciento de esa área ya manifiesta síntomas de desertificación.

El gobierno quiere extender el proyecto a otras regiones con algarrobo autóctono.

En San Gerónimo, situado en el vecino departamento de Loreto, se replica una experiencia similar.

Teolinda Coronel, su hija, su sobrina y una nieta se van al monte a cosechar vainas de algarroba a las 6.30 de la mañana.

 “Traemos el termo, tomamos mate y volvemos al mediodía. Para esa hora cada una ha juntado 35 kilos o más”, explica. La cosecha recomienza a las cinco de la tarde, cuando baja el sol lacerante.

Ella espera que los hijos vuelvan. Con lo que ganan como golondrinas “no pueden ni pagar sus cuentas”. Y con las vainas han podido comprar ropa, zapatos o ayudar a sus madres.

El recorrido por las zonas donde la vaina de algarroba se ha vuelto oro termina en una mesa con alfajores, budines y bizcochuelos, acompañados de la bebida aloja y del dulce arrope de chañar, otro árbol leguminoso de la zona.

Estos frutos traen también ganancias que no se anotan en los cuadernos.

“Antes estaba en casa estresada pensando cómo hacer unas moneditas y ahora vienen a mi casa a comprar mis productos, conozco otros lugares, otras personas”, cuenta Graciela Ardiles, productora de la localidad de Arraga, que antes trabajaba limpiando casas ajenas.

 “Ahora tengo mi carrera laboral independiente. Y mis hijos podrán estudiar, como yo no pude”, remata. Fuente: ipsnoticias.net

lunes, 29 de diciembre de 2025

El monte que produce futuro: 16 toneladas de chaucha de algarroba desde El Impenetrable

Más de 100 familias recolectaron y duplicaron la cosecha del año pasado. La experiencia consolida una alternativa de economía regenerativa que protege el bosque nativo y genera ingresos locales.



En pleno corazón de El Impenetrable chaqueño, el monte volvió a dar señales de que es posible producir sin destruir. Este año, 113 familias vecinas al Parque Nacional se organizaron para recolectar chauchas de algarrobo y lograron acopiar 16 toneladas que ya partieron rumbo a un molino de Salta, donde serán transformadas en harina de algarroba, un alimento natural con creciente demanda por sus propiedades nutritivas.

La cosecha, impulsada por el programa "Emprendedores por Naturaleza" de la Fundación Rewilding Argentina, no solo duplicó el volumen obtenido el año pasado, sino que también amplió su alcance territorial: los algarrobales trabajados abarcaron unas 250 mil hectáreas y convocaron a casi el doble de participantes que en la edición anterior.

"La idea es darle valor al algarrobo en pie y proteger el monte", explicó Lucía "Luli" Kronhaus, coordinadora Regional de Comunidades de la Fundación, quien celebró que esta iniciativa ya cumpla cinco años consecutivos. Para mejorar el rendimiento, se incorporaron prácticas simples pero efectivas: limpieza del suelo para facilitar la recolección, separación del ganado, instalación de secadores solares elevados y la compra de dos silos con capacidad de siete toneladas cada uno.

El movimiento alrededor de la cosecha también tuvo su postal cotidiana: vecinos llegando en auto, moto, carretilla o a pie con las bolsas cargadas de vainas. Cuando no había medios de traslado, la organización se encargó de buscarlas. "Cuanta más chaucha se cosecha, mayor es el ingreso de los vecinos", remarcó Kronhaus, al definir la actividad como una alternativa económica concreta.

La mayoría de los recolectores pertenece a la comunidad wichí y para muchas familias representa un ingreso adicional clave en el mes de diciembre. A la par, la harina de algarroba comienza a consolidarse como un producto identitario del territorio: es libre de gluten, rica en fibra, proteínas y minerales, y se obtiene sin químicos ni procesos industriales. Capacitaciones gastronómicas, difusión de recetas y eventos comunitarios como la Peña Algarrobera —que reunió a unas 300 personas en Nueva Población para celebrar el inicio de la cosecha— forman parte de una estrategia que busca arraigo y apropiación local.

El desafío que viene es dar un paso más. "Nuestra visión es que la provincia se consolide como productora de algarroba y que podamos tener un molino en la región para generar empleo local", planteó Kronhaus, quien llamó a articular esfuerzos entre municipios, gobierno, cooperativas y el sector privado.  Mientras tanto, el monte sigue en pie y produce. La algarroba, ancestral y resiliente, vuelve a ser símbolo de una economía posible: regenerativa, sustentable y con raíces profundas en El Impenetrable.

 Fuente: diarionorte.com

martes, 16 de septiembre de 2025

“Exportación con identidad: la harina de algarroba de Santiago en el mercado norteamericano”

Un empresario norteamericano dijo que Santiago del Estero es el “centro mundial de la biodiversidad de algarrobos” y propuso un plan estatal que impulse la industrialización del fruto para un mayor valor agregado.



El fruto del algarrobo, considerado un superalimento y eje de la agricultura regenerativa, se abre paso en los mercados internacionales con sello santiagueño.

Investigaciones científicas, proyectos sociales y el trabajo de cooperativas locales sostienen la expansión de este producto hacia Norteamérica.

La harina de algarroba producida en Santiago del Estero ya está instalada en el mercado estadounidense, consolidando un camino que comenzó hace más de dos décadas con la investigación del científico estadounidense Peter Jonayhan Felker y el trabajo de familias rurales organizadas en cooperativas.

El fruto del Prosopis alba, abundante en los montes santiagueños, combina historia, ciencia y desarrollo productivo, y hoy despierta interés global por sus beneficios nutricionales y ambientales.

Quién es Peter Felker, el norteamericano que sueña con exportar harina de algarroba desde Santiago

El sitio digital Bichos de Campo entrevistó recientemente a Felker, quien es considerado un referente mundial en el estudio de las variedades de Prosopis.

 “Estos árboles son los mejores fijadores de nitrógeno, lo cual es el pilar de la agricultura regenerativa y de la captura de carbono para mitigar el calentamiento global”, afirmó. Para el especialista, Santiago del Estero es el “centro mundial de la biodiversidad de algarrobos” y los argentinos deben sentirse orgullosos de este patrimonio.

Felker, nacido en Savannah, Georgia, y doctor en Fisiología y Bioquímica, se radicó en Santiago en 1998 tras casarse con una santiagueña. Allí comenzó el desarrollo de 12 clones de algarrobo blanco de alto rendimiento, implantados en el Campo Experimental de Fernández de la Universidad Católica de Santiago del Estero (UCSE). “Los mejores clones, al cumplir seis años, produjeron hasta 5.000 kilos de vainas por hectárea, de delicioso sabor”, recuerda el investigador.

En 2003, junto a Patricia López, directora de la escuela San Vicente de Paul de Añatuya, inició el primer envío de harina de algarroba a Estados Unidos. El proyecto combinaba producción con participación social: alumnos y familias recolectaban las vainas para su procesamiento. Aunque ese emprendimiento inicial se interrumpió, Felker continuó vinculado a la exportación, colaborando con productores locales y empresas internacionales.

Con el tiempo, la UCSE y otros socios lograron hitos como la primera secuenciación de ADN de Prosopis a nivel mundial, lo que consolidó a Santiago como polo científico en torno a este árbol.

Industrializar la algarroba

Felker insiste en que el desarrollo de la algarroba puede cambiar la economía rural. “Si los clones avanzados se plantaran en toda la provincia, la población tendría un incentivo para no vender sus árboles nativos como leña o carbón, sino vivir de recolectar y vender sus vainas”, propone.

Para lograrlo, subraya que se necesita un plan estatal que impulse la industrialización del fruto, ya que gran parte del proceso sigue siendo artesanal.

En 2021, tras jubilarse, el investigador regresó a residir en Santiago y destinó parte de sus ahorros a construir una planta procesadora con 12 máquinas que cumplen normas internacionales de seguridad alimentaria.

Ya compró 25 toneladas de vainas a la Cooperativa Agronaciente, de Colonia El Simbolar, integrada por 120 familias. A diferencia de otros molinos, Felker utiliza solo el mesocarpio, descartando las semillas y endocarpios donde suelen alojarse toxinas, lo que mejora la calidad del producto final.

El científico también destaca que la harina de Prosopis alba supera en calidad y beneficios a la variedad de algarroba europea (Ceratonia siliqua), que suele importarse desde España y encontrarse en dietéticas argentinas. “Nuestra harina tiene un sabor similar al cacao, pero más nutritivo y sin necesidad de azúcar refinada. Podría reemplazar al chocolate en alimentos escolares, combatiendo la obesidad y la diabetes”, asegura.

Fuente: librepensador.com.ar

martes, 5 de agosto de 2025

La algarrobiada

 Orestes Di Lullo. El folclore de Santiago del Estero

En todos los puntos de la provincia se practica la costumbre de salir en caravana para la cosecha de algarroba. Eran célebres las algarrobiadas que se efectuaban en "El Polear", al otro lado del río, cerca de la ciudad, una de cuyas casas -la de Doroteo Gómez- era el centro de una intensa peregrinación de gente de Santiago que, con árganas, "tipas" y "ponchos" acudían el 24 de diciembre a la cosecha de algarroba.

El regocijo tenía también un sentido religioso, pues el día del "nacimiento" se velaba al Niño Dios con bailes y cánticos. Allí se escuchaban las notas arrancadas al arpa por la prodigiosa destreza del "finao Lauriano", justamente reputado como uno de los mejores arperos de aquel tiempo.

Durante la noche, después del pesebre, las zambas, los gatos, las chacareras mantenían alerta con sus notas joviales el espíritu de la fiesta. De los árboles colgaban los "noques" repletos de aloja; en torno de los fogones se cocinaban las más suculentas viandas; los hombres en corro bebían enormes "chambaos" y el amor, proclamado mil veces en la canción y la música de las guitarras y cajas y en los giros de las danzas, bajo la noche cálida, constelada de estrellas, era natural y libre; como el deseo incontenible; como la alegría, desbordante.

"El Polear" es todavía un recuerdo vivo de la ciudad. Era el lugar donde residía y había que ir a buscar el amor, como en los campos de la antigua Arcadia. Pasada la fiesta, desocupada el alma, hombres y mujeres con la carga de la cosecha de algarroba en "veranos" y "pozuelos" y niños y doncellas con el haz de leña sobre sus cabezas que sostenían el "pashquil" regresaban al hogar en alegres caravanas, por los caminos olorosos de salvia y de poleo; cruzaban el río llenando el silencio de risas y alegrías, y recomenzaban la tarea diaria, nunca apremiante, con el recuerdo de la sonrisa de los labios y en la luz de los ojos.

Hasta aquí lo que escribía Di Lullo en 1943, hace setenta años. Todavía recordamos los que fuimos niños allá por los 50 el gusto por juntar algarroba blanca y negra para disfrutar la dulzura y el alimento que esta fruta natural nos brindaba. Lo mismo la añapa refrescante que salía de la molienda. Bueno es recordar que ella nos hacía aguantar mejor el calor, mientras el tacku (algarrobo en quichua) nos ofrecía sombra a nosotros los chicos y a los animales en esas siestas de 43 grados a la sombra, en tiempos en que la heladera era un lujo. Esto es bueno que lo recuerden aquellos que quieren recuperar la soberanía alimenticia. Con algarroba, mistol, chañar, piquillín. miel de balas, docas, tunas, arrope de algarroba, de tuna y de chañar y otros regalos de la naturaleza sabíamos complementar nuestra dieta santiagueña.

Fuente: www.desdelolvido.blogspot.com.ar/

 

sábado, 7 de junio de 2025

Algarroba: El oro dulce del monte que nutre, sana y sostiene

 


En los llanos secos del norte argentino, cuando el verano empieza a calentar la tierra con ese sol bravo y persistente, no solo cambia la estación. Cambia el aire. Cambia la vida. Es tiempo de “algarrobeada”, esa cosecha comunitaria que no es solo una tarea rural: es un ritual que atraviesa generaciones, une manos y corazones en torno a un fruto que, aunque se presenta con humildad, guarda una riqueza inmensa. La algarroba —el fruto del algarrobo blanco (Prosopis alba)— es uno de los tesoros más nobles del monte chaqueño.

Durante siglos, los pueblos originarios y las familias campesinas del NOA han confiado en este fruto para alimentarse y sanar. Hoy, en un mundo que vuelve la mirada hacia lo natural, la algarroba empieza a ganar un lugar en las cocinas saludables… y en las economías de los pueblos que la han cuidado siempre.

Un perfil nutricional que sorprende

La harina de algarroba, esa que se obtiene moliendo la pulpa seca de las vainas, es una auténtica joya nutricional. Su sabor dulce viene de forma natural: entre un 40% y 50% de azúcares simples como fructosa, glucosa, maltosa y sacarosa. No necesita añadidos. A diferencia del cacao, no tiene que disfrazarse ni endulzarse. Es dulzura pura de la tierra.

Pero eso es solo el principio. Esta harina concentra más hierro que el hígado vacuno y más calcio que un vaso de leche. Y además, está repleta de potasio, magnesio, fósforo, zinc y cobre, minerales que el árbol extrae con paciencia de lo profundo del subsuelo gracias a sus raíces extensas y persistentes. Como si el monte le confiara un mensaje para nuestro cuerpo.

¿Proteínas? También: cerca del 11%, con un buen aporte de triptófano, ese aminoácido que nuestro cuerpo convierte en serotonina, la “hormona del bienestar”. Y como si fuera poco, suma vitaminas A, C, D y del grupo B.

Todo esto sin gluten, con apenas un 3% de grasas y sin procesamientos artificiales. Ideal para personas celíacas o para quienes buscan volver a lo simple, a lo real, a lo que nutre de verdad.

Fibra, taninos y salud desde adentro

Uno de los puntos fuertes de la harina de algarroba es su alto contenido en fibra (un 13%). Pero no cualquier fibra. Contiene pectina y lignina, fibras solubles que hacen maravillas en nuestra flora intestinal. Ayudan a multiplicar lactobacilos —bacterias “buenas”— y a mantener a raya a las que no lo son tanto.

La pectina, en particular, es como una aliada silenciosa: suaviza, limpia, protege. Es laxante natural, antibacteriana, anticancerígena y hasta ayuda a eliminar metales pesados del cuerpo. Hay estudios que la respaldan como coadyuvante en tratamientos de úlceras, diarreas infantiles e infecciones digestivas.

Y luego están los taninos. Durante años se los miró con desconfianza, pero hoy se sabe que son potentes antioxidantes. Pertenecen a la familia de los polifenoles y cumplen múltiples funciones: previenen la formación de sustancias cancerígenas, refuerzan los capilares, desinflaman y cuidan nuestros riñones y corazón.

Del monte a la mesa: sabores que cuentan historias

La algarroba no solo alimenta el cuerpo. También reconforta el alma. Y es que con sus frutos se elaboran delicias tradicionales que todavía viven en los hogares rurales: la añapa, una bebida dulce y refrescante; la aloja, fermentada y ancestral; el patay, ese pan denso hecho con pulpa; y la clásica harina tostada.

Cada preparación tiene su propio aroma, su propio ritmo. En muchos hogares, no son solo recuerdos del pasado: son prácticas vivas que se comparten con orgullo.

Uno de los productos que más ha crecido en popularidad es el café de algarroba. Sin cafeína, pero con mucho para ofrecer. Apto para chicos, grandes, ancianos. Se elabora de manera sencilla: las vainas se recogen, se secan al sol por unas tres semanas, se tuestan hasta volverse oscuras, y luego se muelen. El resultado es una bebida con cuerpo, aroma, historia... y sin la agitación del café común.

Este “café alternativo”, que también se produce con el algarrobo negro y que recuerda a su primo europeo Ceratonia siliqua, empieza a abrirse paso en ferias, mercados naturales y tiendas de alimentos saludables. Y no es casualidad.

Más que un alimento: un motor de vida

Pero la algarroba es mucho más que nutrientes y recetas. Es una oportunidad. Su cosecha y comercialización representan una fuente de ingresos genuina para muchas comunidades rurales que, con saberes heredados y recursos locales, construyen economías más humanas, más arraigadas y más justas.

La algarrobeada no es solo una cosecha. Es una fiesta. Una jornada de encuentro, de risas, de trabajo colectivo. Mujeres, hombres, niñxs, todxs participan. Y en cada vaina que se junta, se cosecha también esperanza: la de un futuro que no dependa solo del mercado, sino del vínculo con la tierra.

Desde lo profundo del monte, una apuesta al mañana

En un mundo donde los ultraprocesados reinan en las góndolas, donde lo rápido le gana a lo bueno, la algarroba llega como un recordatorio. Nos invita a volver a lo que nos hace bien. A saborear lo que viene del monte con paciencia, con respeto, con memoria.

Es nutritiva. Es accesible. Es ancestral. Y tiene el poder de transformar no solo nuestras mesas, sino también las realidades de quienes viven —y resisten— en los paisajes más antiguos del país.

Porque en cada sorbo de añapa, en cada puñado de harina, late una historia. Una memoria viva. Y la posibilidad de construir, desde lo simple, algo grande.

Fuentes consultadas:

 

Ágora Chaco (s.f.). Elaboración del café de algarroba y usos tradicionales del Prosopis alba. Disponible en: www.agora.com.ar

Demaio, P. (1988); Sharpentier, M. (1998). Testimonios sobre la algarrobeada y prácticas rurales en el NOA.

Transmisión oral de saberes campesinos y comunidades originarias del Chaco y norte argentino.

Comparativas nutricionales: INTA y FAO, datos técnicos sobre prosopis spp. (consultar bases específicas para respaldo académico).

Fuentes consultadas:

  • Ágora Chaco (s.f.). Elaboración del café de algarroba y usos tradicionales del Prosopis alba. Disponible en: www.agora.com.ar

  • Demaio, P. (1988); Sharpentier, M. (1998). Testimonios sobre la algarrobeada y prácticas rurales en el NOA.

  • Transmisión oral de saberes campesinos y comunidades originarias del Chaco y norte argentino.

  • Comparativas nutricionales: INTA y FAO, datos técnicos sobre prosopis spp. (consultar bases específicas para respaldo académico).

El café de algarroba.

 En el Chaco se usan los frutos del algarrobo negro y otros, como sucedáneo del café, análogamente al empleo de Ceratonia siliqua en Europa. Las vainas del algarrobo se dejan secar y luego se tuestan, de toda la vaina se hace el café, pues la harina que rodea la semilla va incluida en el mismo.

 


SABÍAS QUE: El café de algarroba es fuente proteica, energética y vitamínica en la alimentación humana, es medicinal y de sabor agradable, no contiene cafeína ni produce dependencia al consumirse. Por su alto contenido de proteínas y minerales, pueden consumirlo niños y ancianos, para consumir la anemia y la desnutrición.

Elaboración del café de algarroba

El proceso para la elaboración del café no requiere de mucho esfuerzo, pudiendo realizársela en forma domestica mediante una técnica sencilla que pueden imitar las familias campesinas.

Procesamiento:

a) Cosecha y recolección de las vainas de algarroba.

b) Selección: se seleccionan las vainas o frutos en buen estado y libres de impurezas, eliminando las malogradas y/o dañadas por insectos.

c) Lavado: se realiza con el fin de sacar las impurezas adheridas a las "vainas" removiéndolas en un recipiente con agua.

d) Secado: se efectúa inmediatamente después del lavado, exponiendo las "vainas" a la acción directa del sol para eliminar la humedad de la superficie. El periodo de secado es de unos 20 a 25 días, lo que redundara en un café de mejor calidad.

e) Tostado: para la preparación casera se emplean una sartén grande, paila y una olla grande, para producción a escala con fines comerciales se utiliza un horno eléctrico (industrial y semi-industrial), por un lapso de unos 40 o 50 minutos, tratando que las vainas tomen una coloración dorada oscura o amarillo oscuro, pero sin llegar al quemado.

f) Enfriado: las vainas tostadas se enfrían en 20 o 25 minutos, distribuyendolas en superficie adecuada.

g) Molido: se realiza en un molino mecánico o eléctrico, tratando que tenga una finura o textura similar al café tradicional, dándole un aspecto óptimo para su consumo.

h) Tamizado: se hace manualmente para eliminar la cubierta de la semilla y otros residuos no molidos, utilizando los coladores o tamices de diámetro adecuado.

i) Envasado, pesado, y sellado del café: el café debe envasarse en bolsas de papel o plástico, dependiendo el tamaño de las necesidades y formas de comercialización.

j) Preparación de la tintura o esencia: el filtrado se realiza en una cafetera común, colocando una porción de café de algarroba y agregándole agua hirviendo. Se espera el tiempo necesario para el filtrado y de esta forma queda lista la tintura (infusión) para su consumo.

fte: www.agora.com.ar

Composición de la harina de algarroba:

Aquí les dejamos las virtudes de uno de nuestros Frutos del Monte, LA ALGARROBA, fruto del prosopis alba. para más información sobre el algarrobo visitar la pestaña Flora santiagueña.

 


- 40-50% de azúcares naturales (fructuosa, glucosa, maltosa y sacarosa). Esto evita la adición de azúcar, cosa que sí requiere el cacao por su sabor amargo.

- Minerales: Otra virtud de los algarrobos es extraer minerales del suelo profundo, a través de su extenso sistema radicular. posee mucho hierro (más que el hígado vacuno), calcio (más que la leche), magnesio, fósforo, cinc, silicio, manganeso y cobre, destacándose por su gran contenido de potasio y bajo contenido de sodio.

- 11% de proteínas, siendo muy rica en triptofano.

- Vitaminas: presencia de A, B1, B2, B3, C y D.

- No posee gluten (es apta para celíacos)

- Posee solo un 3% de grasas

Otro aspecto importante de la algarroba es su riqueza en fibra, sea cuantitativa (13%) que cualitativamente (posee fibras solubles, como pectina y lignina). Esto aporta benéficos efectos a la flora intestinal, disminuyendo bacterias nocivas e incrementando los lactobacilos. La pectina, conocida como espesante, tiene otras importantes propiedades: es laxante, coagulante, bactericida, preventiva del cáncer, reduce el colesterol, ayuda a la formación de las membranas celulares, elimina metales pesados y sustancias radioactivas del organismo, y protege la mucosa intestinal.

Recientes estudios demuestran la gran efectividad de la harina de algarroba contra úlceras, diarreas infantiles e infecciones intestinales. Sus fibras cumplen un triple efecto: convierten el líquido en gel coloidal, distienden las paredes intestinales y estimulan un correcto peristaltismo que elimina las contracciones dolorosas.

Otro componente importante de la algarroba es el tanino, antes considerado producto tóxico y hoy revalorizado dentro del grupo de los polifenoles, con virtudes antioxidantes y protectoras: evitan la formación de cancerígenas nitrosaminas, refuerzan los capilares, son antiinflamatorios, antirreumáticos y benéficos para el corazón y los riñones.