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domingo, 12 de abril de 2026

Cacho Lobo y una vida a plena risa

 Por Cristian Ramón Verduc


"¡Sixto, le he puesto letra al Tero!" Con esta exclamación y una de sus amplias sonrisas entró Cacho Lobo en la peluquería de Don Sixto Palavecino. Las horas compartidas, las actuaciones juntos, la lucha en común por el Alero Quichua Santiagueño, y su particular modo de ser, alegre y extrovertido, hacían que Cacho tuviese ese trato familiar hacia Don Sixto.

Amadeo Lobo era de Laprida, pequeño pueblo del Departamento Choya con una estación de ferrocarril, a poco menos de 40 Km de Loreto yendo hacia Frías. Cacho recordaba siempre a su Laprida como un pueblo tranquilo, de gente amable, algo de salitral y mucho folclore.

Desde chico se inclinó hacia la música folclórica. Aprendió a tocar la guitarra y el charango. El bombo no era para aprender, sino más bien algo natural, igual que el canto. Un poco más crecido también escribía versos a los que les ponía música.

En la ciudad de Santiago del Estero, Cacho Lobo fue cantor y músico. Su carácter chispeante y ocurrente fue manifestándose cada vez más en los escenarios y poco a poco el humorista casi desplazó al cantor. El humor ante un micrófono es cosa seria, más aún si tenemos en cuenta que Cacho era de los humoristas que no recurren a la palabra soez o a la agresión verbal para arrancar una risa del público.

Se integró al Alero Quichua Santiagueño en la época en que Felipe Corpos conducía la audición radial. Cuando Corpos sufrió el accidente fatal, fueron Nidia Franicevich y Cacho Lobo quienes debieron hacerse cargo de conducir la audición. Después se incorporó Rubén Palavecino a la conducción de la audición, y al poco tiempo Nidia se fue a Jujuy para trabajar como locutora en una emisora de radio.

La conducción de la audición radial era compartida entre Rubén Palavecino y Cacho Lobo. En las reuniones de los Lunes por la noche en la peluquería de Don Sixto se planificaba la audición del Domingo que seguía, las salidas a la campaña y otras actividades. Si tales salidas impedían la emisión directa de la audición radial, se grababa el Jueves por la noche.

Con motivo del casamiento del cantor José Sequeira en Villa Salavina, los integrantes del Alero Quichua hemos viajado en un ómnibus contratado para tal fin. La ceremonia y fiesta de casamiento fueron celebradas un Sábado por la noche. El Domingo por la mañana, Don Sixto, Rubén, Cacho Lobo, José M. Lami Hernández (h) y Edgardo Mansilla han ido hasta Barrancas, donde Doña Abdona de Villarreal ha hecho entrega a Don Sixto del primer violín que él tuviera y que hacía décadas había cambiado por otro mejor. Ese trascendental momento ha sido registrado en fotografías y grabación de audio. Tal como hacía Felipe Corpos, en las salidas del Alero se tomaban grabaciones para luego reproducir en la audición.

En las reuniones de esos tiempos, la gente del Alero Quichua estaba procurando un terreno donde construir La Posta Quichua, que sería un emprendimiento integral tradicionalista. Don Sixto tuvo una entrevista con el Gobernador de la Provincia, General César Fermín Ochoa, con quien dialogó en quichua, pues el General Ochoa era quichuista natural del departamento Atamishqui. De esa reunión, a la que Don Sixto concurrió con otras personas del Alero, surgió la urgente necesidad de tramitar la Personería Jurídica. Cacho Lobo fue uno de los impulsores del trámite que se inició en Septiembre de 1.977 y también fue uno de los integrantes de la Comisión Directiva, que era presidida por Don Sixto Palavecino.

Su primer disco, grabado en el formato Larga Duración, se llama Cacho Lobo y sus Santiagueñadas. El disco ha sido presentado junto con el disco Corazón de Mishtoles de Carmen Palavecino. Esa noche Radio Nacional ha transmitido la presentación desde el Teatro 25 de Mayo, que estaba lleno de público mayoritariamente integrante o simpatizante del Alero Quichua Santiagueño.

En su actividad laboral, llegó a tener una imprenta en la que trabajaba con sus hijos, a los que formaba en lo laboral, en lo artístico y fundamentalmente en los valores humanos.

Generalmente actuaba solo, a veces con Don Sixto y a veces como Cacho Lobo y Sus Hijos. Walter Lobo tocaba la guitarra y cantaba a dúo con Cacho. Pablo tocaba el bandoneón y es un músico de prestigio nacional que participó en la grabación del Volumen 6 del Alero Quichua. Mario es violinista y se dedica a la enseñanza. El más chiquito de los que subían al escenario cantaba y hacía imitaciones, mientras que las dos niñas tocaban el bombo. Cacho escribió y grabó el poema Romance Para mis Hijos, donde los compara con las notas musicales. En el disco Cacho Lobo y Sus Hijos (1.987) participan Walter, Pablo, Mario y las dos chicas.

Serio y firme a la hora de defender convicciones, en el trato personal era alegre y bromista. Gustaba de poner un apodo a su interlocutor, para mudar hacia otro en el próximo encuentro, pues el sobrenombre era solo para el momento. Recordando una expresión de Felipe Corpos, llamaba a la peluquería de Don Sixto "La Jabonería de Vieytes", evocando el local donde se reunían a conspirar los patriotas de Mayo de 1.810. En homenaje a Felipe Corpos, creó el gato El Felipe Benicio.

Don Sixto solía tocar en todas sus actuaciones un gato suyo que imitaba al tero. Cacho sabía bien la melodía por ser compañero habitual en la radio y en otras actuaciones. La noche en que llegó a la peluquería anunciando que había puesto letra al gato, lo cantó enseguida con la guitarra que Don Sixto siempre tenía en su lugar de trabajo. La letra describe poéticamente el aspecto y costumbres de la avecita. Una vez registrado, el nombre quedó como El Canto del Tero, música de Don Sixto Palavecino y letra de Cacho Lobo. Ha sido grabado por intérpretes nacionales.

A los nuevos cantores, ansiosos por subir a los escenarios, Cacho solía aconsejar una buena preparación cultural para tener fundamentos a la hora de hablar al público. Decía que uno debía leer por lo menos el manual Santiago del Estero de la escuela primaria. Sugería ensayar ante un espejo para controlar postura, ademanes y gestos. También solía decir: "Changos, no anden con dudas; consulten a Don Sixto; él no solo es nuestro factor humano aglutinante sino también un hombre que sabe mucho."

De pronto, Cacho Lobo dejó de concurrir a todas las actividades del Alero Quichua. Evitaba hablar de los motivos para tal alejamiento. La muchachada del Alero y del folclore en general concurría a diario a la imprenta, donde había conversación alegre y sana, bromas, música, canto y mate. Bebidas alcohólicas no; ni pensarlo en un lugar de trabajo; además, ni el dueño ni sus hijos bebían.

Años después se fue a vivir en Arrufó, provincia de Santa Fe, de donde volvió enfermo y empobrecido. Falleció en Santiago del Estero el 18 de Marzo de 1.997.

Además del recuerdo de su gran sonrisa, sonoras carcajadas y sanos consejos, nos quedan varias creaciones folclóricas, como la chacarera Coplas Dulces, con música de Don Sixto. Con Orlando Gerez creó el chamamé Río Santiagueño y la chacarera Fuelle Santiagueño. La polca llamada Posiblemente, también es de Cacho, al igual que la zamba Coplitas Jujeñas, la chacarera Amaneciendo en Vidalas, la chacarera Anga Súmaj, la zamba Regresando al Pago y la chacarera Don Braulio. Hay más creaciones de Cacho para conocer o recordar. Habrá que preguntar a sus hijos, que siguen sembrando notas musicales por el pago.

Fuente: Facebook: Patio Santiagueño


sábado, 28 de marzo de 2026

Sixto Palavecino: El público espera el "Long Play" que grabaré para R.C.A Víctor

Escribe Polo Serrano

 


Con el deseo de llevar en forma variada los reportajes de nuestros valores, entreviste a Sixto Palavecino, decir este nombre, es pronunciar dos palabras que mejor se ubican dentro del panorama folklórico y en el cariño popular.

Me trasladé al domicilio de este artista en el Jeep del diario La Hora y fui recibido por Haidee, hija mayor de don Sixto.

Este salió a mi encuentro con Carmencita hija menor y expreso:

Lo esperaba Polo, pues A. Salomón difusor de la RCA Víctor me había anunciado su visita.

De esa manera tan simple fui recibido por este valor del folklore, la misma forma directa con que “habla” en sus canciones a todos los públicos y que no está basada en ningún secreto que no sea su forma de ser.

-Yo nací en Salavina hace 49 años y desde mis años de chango aprendí a tocar de oído el violín y luego la guitarra.

-¿Cuándo comenzó a tocar el bandoneón?

-Un conjunto folklórico visito mi pago y me entusiasmo ese instrumento, cuando lo vi tocar a uno de los integrantes de esa orquesta y de inmediato compré y volqué mi vocación musical en el bandoneón que muchas satisfacciones me dio.

-¿Cuándo comenzó a actuar en nuestra ciudad?

-En el año 1962 decidí venir con mi familia a Ciudad Capital y de inmediato comencé a actuar, pues el conjunto estaba integrado por mis hijos, Rubén, Haideee y Carmencita, y siempre tenemos el repertorio bien ensayado, sobre todo que no tengo problemas de incumplimiento por parte de los músicos, muy vulgar en nuestro medio, pues todos vivimos juntos.

-¿Sus hijos aparte de ser músicos desarrollan otras actividades?

-Por supuesto, Rubén que tiene 21 años es Maestro mayor de obras, Haidee de 19 años estudia magisterio y Carmencita, la menor está terminando sus estudios primarios. A veces eso me impide poder desarrollar una actividad más amplia, pues tengo muchas propuestas para recorrer el país, planes que dejare para las vacaciones escolares.

-Según me informo A. Salomón que usted había grabado un Long Play y otro disco simple.

-Es verdad, grave un total de 15 piezas que fueron realizadas en el mismo día ante la admiración de técnicos y director artístico del sello grabador, pues generalmente esa cantidad se graba en 2 o 3 días.

-¿Podría nombrarme alguna de las composiciones que grabo?

-Con mucho gusto, “Historia de un sufrido” (chacarera), que nos habla de las penurias que paso Palito Ortega antes de llegar al estrellato. “El astro de Santiago” (chacarera) que narra el recibimiento que le tributo el pueblo santiagueño cuando Leo Dan nos visitó por primera vez después de triunfar.

-¿Por qué no los titulo entonces con el nombre de los astros?

-Ese fue mi propósito, pero cuando fui en la SADAIC, me exigían una autorización escrita de los astros referidos, lo que hubiera resultado imposible localizarlos por los múltiples compromisos que tienen.

-¿Qué otros títulos grabo?

-Fiel Compañera (chacarera); Para mi bombo leguero (chacarera); Carbonerito santiagueño (bailecito); Así es mi gato (gato).

-¿En la capital Federal que actuaciones realizo?

-En radio Splendid en una audición que hable en quichua y luego yo mismo hice la traducción. Mis hijos cantaron en quichua y fueron muy aplaudidos. También nos presentamos en Radio Argentina, Radio Libertad y Canal 9 de TV y en lugares de espectáculos y en peñas folklóricas.

-¿Qué planes tiene para el futuro?

-Como le decía espero que termine el año escolar para poder cumplir compromisos en Bs As, ahora aquí actuamos los fines de semana en peñas folklóricas y pronto haremos radio, también para la fiesta del Señor de Mailin cumpliremos un compromiso en esa localidad.

-Quiere agregar algo las para terminar este reportaje?

-Sí, agradecer al público en general, a los colegas que cuando supieron de mi grabación del Long Play se interesaron por saber cuándo sale a la venta pata adquirirlo.

Nota publicada originalmente en la edición del día Sábado 15 de mayo de 1965 en el Diario La Hora de Sgo del Estero.


lunes, 16 de marzo de 2026

Patrocinio Díaz (1905 – 16 de enero de 1969)

 

Considerar a esta intérprete santiagueña como tanguera es un despropósito, sólo se permite por el hecho de haber grabado con la orquesta de Filiberto tres tangos y una milonga: “El pañuelito”, “Clavel del aire”, “La canción” y “Porteñita”, de Raúl Fernández Siro y José Cánepa. El resto de sus registros fonográficos fueron canciones nativas, temas folclóricos.

Fue una delicada cancionista, una “estilista”, como la calificó en varias oportunidades el mismo Filiberto. El escritor Ricardo Güiraldes —autor del libro “Don Segundo Sombra”—, una verdadera pintura de época sobre el campo y sus personajes, dijo sobre ella: “Para mí fue la más grande folclorista criolla que he escuchado”.

Por el año 1937, la revista "Radiolandia" la entrevistó: «Nací en la propia capital de la provincia, en una casa de la calle Belgrano. Al fondo había una planta de tunas y un algarrobo centenario. Tengo ascendencia muy argentina, hasta mis abuelos lo eran. Me eduqué en el colegio de Belén, de hermanas, y una monjita me enseñó canciones litúrgicas, luego ella se quedaba horas escuchándome. ¿No se cansa? —le pregunté un día. Y me contestó que las canciones de Dios cantadas por un ángel no podían cansarla. Ya más grande estudié solfeo y piano, mi profesor era Manuel Gómez Carrillo, un alma grande. Después volví a la música para aprender guitarra, ya en tiempos de Chazarreta.

 “Me inicié con el canto lírico. Actué en festivales de aficionados dirigidos por profesionales que se encontraban eventualmente en Santiago. Bajo la dirección de José Osés interpreté la opereta “De Madrid a París”. Luego, con la colaboración del maestro Paride Grandi, hicimos “La Geisha” y más tarde nos atrevimos con “Cavallaria rusticana”, yo hice de Lola. Pero defraudé a todos, porque me pedían que siguiera con el canto lírico y las circunstancias me arrimaron a Chazarreta. Muy pronto intervine en un festival por él organizado e interpreté varias canciones populares. Fue cuando Don Andrés me propuso formar parte del conjunto con el que viajaría a Buenos Aires.»

 “Cuando llegamos, para nuestra sorpresa, ningún empresario nos quería contratar, no podían concebir que pudiera interesar un conjunto proveniente de mi provincia. Humberto Cairo, importante hombre de teatro, nos rechazó. Pero medió Joaquín de Vedia y así pudimos debutar en el Teatro Politeama, el 18 de marzo de 1921. Toda la actuación fue envuelta en una ola de aplausos. Por supuesto estaban todos los coprovincianos presentes, pero también personalidades de la intelectualidad porteña. Lo primero que canté fue “La vidala del santiagueño”. Cuando terminó la función todos querían saludarme. La prensa se ocupó de nosotros y en el diario La Nación, el prestigioso Ricardo Rojas escribió: «Era el coro de la selva y las montañas”, y de mí: “Cuando inició el canto hizo temblar el corazón argentino”. También fue parte de su repertorio la popular zamba, “La López Pereyra”.

 

«Todas nuestras canciones fueron de inmediata repercusión y pasaron a integrar diversos repertorios. Fuimos la primera compañía de arte popular argentino que actuó en el Teatro Colón. Luego pasamos al Teatro Solís de Montevideo, donde no sabían nada del repertorio que llevábamos. Los bailarines llamaron la atención. Recuerdo que en el debut después de cantar, un espectador me gritó: “Cantás lindo gaucha de manos negras”, se refería al color oscuro de mi piel... claro. Al día siguiente en un diario tomaron esa frase y salió publicado: “Es la primera vez que llega a nuestro teatro una criolla legítima de la patria hermana. Una gaucha de manos negras.”

Después de una gira por el interior, Patrocinio se separó de Chazarreta y no actuó por tres años. Fue cuando se casó con el empresario teatral Juan T. Mauri, —que estaba asociado con Chazarreta— y tuvieron un hijo a quien llamaron Ángel, quien a los tres años salió a escena durante las actuaciones de su madre, para bailar malambo.

Fue en 1930, cuando se estableció definitivamente en Buenos Aires. Su nombre real era Patrocinio, pero en su provincia se hacía llamar Patrocinia, los medios de nuestra Capital no siguieron esa decisión y quedó como corresponde, pese a ello en la etiqueta de uno de sus discos figura con a final.

Tenía opiniones propias sobre la música popular y, con referencia al tango, dijo que lo consideraba, pero era un fruto regional porteño. Para ella, la canción nacional había que buscarla en el folclore, en la vidala, por ser la que en esencia refleja el espíritu nacional.

Prosigue diciendo en la entrevista: “Para el retorno preparamos con mi esposo una gran compañía de arte americano. Colaboró el pintor Alfredo Guido, autor de bocetos y decorados. Seleccionamos bailarines, cantores y músicos de Santiago y, sobre la base de un plan orgánico que encerraba las distintas manifestaciones del cancionero del norte, hicimos un espectáculo completo. El debut también fue en el Politeama. Fue un éxito artístico, pero no económico. Queríamos llegar a Europa, no pudimos.”

 “Retorné a Buenos Aires en 1927 para actuar en los espectáculos inaugurales del cine París, allí participaba Filiberto con su conjunto.” En oportunidad de un reportaje al músico, este manifestó con respecto a la primera función: “Estuvo en la platea el Presidente Alvear y el Intendente de la ciudad, yo actué con mi conjunto de arte nativo y con Patrocinio Díaz, maravillosa estilista y con Julia Puigdéngolas, inimitable bailarina de danzas autóctonas.”

Y sigue Patrocinio: “Filiberto era la voz de la pampa y de la ciudad y yo, la voz del norte argentino. Allí por primera vez canté canciones porteñas. Luego tuve muchas actuaciones, hasta que de pronto me encuentro en la radio donde descubro la definitiva labor de mi vida. Debuté en Splendid, donde estuve un año. Después Radio Prieto, donde estuve un año y medio. Luego y hasta el presente (1937) en Radio Belgrano que me brindó mucho. Intervine en la primera transmisión realizada para Europa junto a Enrique Delfino, Canaro, Ada Falcón y otros. En Belgrano integré el elenco para la primera transmisión en directo para Brasil.”

 “Hoy tengo amistad y me visito periódicamente con Santiago Rocca, Delfino, Gómez Carrillo, Homero Manzi. Y Filiberto se me enoja si paso una semana sin compartir un rato con él.”

 “Si me preguntan por la mejor cancionista de folclore, respondo sin dudar Marta de los Ríos, porque interpreta lo norteño con gran propiedad y sencillez. El folclore hay que conservarlo en estado puro, sin detener el progreso. Hay que progresar madurando. Somos un país nuevo, pero tenemos una tradición musical con más años que la Patria misma. Lo norteño tiene siglos. Yo no soy amiga de la estilización, pero los que estilizan deben aclarar que escriben creando para evitar deformaciones. En eso, estimo que hay que seguir la medida de pulcritud que persigue el compositor Sebastián Piana.”

En 1937, fue elegida la mejor folclorista argentina, en un teatro colmado de público. En 1938 decidió incluir en su repertorio canciones nativas de los países de Latinoamérica.

En el cine su imagen quedó plasmada en el film “Juan Moreira”, estrenado el 7 de septiembre de 1936, dirigido por Nelo Cosimi, donde intervinieron los cantores Alberto Gómez, Néstor Feria y Antonio Podestá. Fuente:  www.todotango.com/


viernes, 13 de marzo de 2026

Marcelo "Cola" Ferreyra, en el recuerdo

 Nota extraída de la revista Santiago Guitarra y Copla, creación del Maestro Juan Carlos Carabajal.


Hablar con Elva Jugo significa ingresar a una marca de recuerdos que tiene que ver con un personaje apasionante: su esposo Marcelo Ferreyra, letrista de folkore santiagueño, hombre de la vieja guardia de músicos y artistas, fallecido en julio de 1992.

La notable capacidad de Marcelo como poeta, su gran visión de folklorista y la cantidad enorme de temas que dejó, son, de alguna manera, indicadores de un camino que debieran seguir, en algún momento, los que se dedican a la tarea de la canción.

Elva Jugo fue durante muchos años su compañera, en la vida y en las letras, y tiene la palabra encendida y clara a la hora de evocar al "Cola i'gallo", como se lo conocía a Ferreyra en el ambiente de los músicos. Esta mujer sencilla que es Elva, que habla con voz medida y sin altisonancias, publicó en 1995 a través del sello Phonodisc una grabación homenaje a su esposo. Son 10 canciones (cuyas músicas pertenecen en su mayoría a Elva) que evocan parte de la muy frondosa producción del escritor santiagueño.

Del lúcido recuerdo de Elva sale un concepto como éste: "Marcelo era extraordinario produciendo temas. Veía algo por la calle que le interesaba, un pájaro, una flor... y era como si entrara en otra dimensión. Cuando volvía, ya tenía completo el tema y me lo recitaba. Tenía una memoria y una facilidad increíble para eso"..

El "Cola" era, según evoca Elva, un hombre muy casero que casi no iba a las reuniones. Eran casi siempre infructuosos los pedidos para una fotografía o un reportaje que documentaran su memoria y su obra. No que ría hacerlo. Ella le preguntaba el por qué; él respondía: "no tiene importancia lo mio, no tiene valor".

Pero la obra del "Cola" sí que tenía importancia. Sus temas fueron grabados por primerísimas figuras del canto argentino (Chalchaleros, Manseros Santiagueños, Zamba Quipildor, Cantores del Alba, Los Santiagueños, entre muchos otros), Lo cual confirma la trascendencia que su mismo autor, un hombre solitario y triste, les negaba.

Historia de amor y de vida

 “El venía a mi casa -recuerda Elva - en calle Unzaga, entre Chacabuco y Patagonia, pues era amigo de una de mis hermanas. Curiosamente, allí nunca lo vi, no lo conocí. Estando en Buenos Aires, tras volver de un viaje de Bolivia adonde estuve establecida un tiempo, mis hermanas sugirieron ir a dar un paseo. Yo por entonces atravesaba una fuerte crisis de depresión por la enfermedad de mi padre. Entonces nos encontramos durante ese paseo, de noche y Marcelo se acercó a saludar a mi hermana. Ahí nos conocimos. Luego de esa vez nunca más nos separamos. Fueron 28 años. Finalmente compramos una casa en Glew, un pueblito lindo de la provincia de Buenos Aires, a 39 minutos de Constitución, que es el lugar en que vivo".

MI AMIGO TIENE UNA PENA / SOLEDAD, TIERRA Y QUIMERA / AUSENCIAS DEL PAGO VIEJO AMORES, MADRE, QUERENCIA. / COPLERO DE CIUDAD Y MONTE / DE RAZAS DESHEREDADAS /PERO REVIVE EN TUS COPLAS/PUEBLOS, CAMPOS Y TU INFANCIA. / COPLERO DE LOS SILENCIOS / DEL AMOR, ALMA Y VIDALA / CANTANDO TUS DULCES ZAMBAS/VUELVO A MI TIERRA LEJANA./ MARCELO COPLA FERRERYA / SONCOY BU- LIA DE MI PECHO/HOY TE CANTA AGRADECIDO ESTE CANTOR SANTIAGUEÑO./

"Coplas para un coplero", de Shalo Leguizamón y Germán Gómez, es una canción dedicada a la figura del poeta santiagueño. Es además una de las obras que inspiró el recuerdo de quien fuera prolífico letrista (oficio que cuenta con prestigiosos nombres: Pablo R. Trullenque, Vicente Castiñeira, y siguen las firmas). "También Felipe Rojas -nos apunta Elva- le escribió un hermoso tema, lo que demuestra el cariño y el afecto con que se lo recuerda".

Pedro Segundo Rojas Cuozzo, historiador de vivencias santiagueñas, también tiene lo suyo para decir acerca de Marcelo Cola i gallo" Ferreyra. "Tenía la mirada puesta en la belleza del cielo santiagueño comienza. Y como una forma de ejemplificar la inventiva de Ferreyra recurre a una anécdota: "en el barrio se ganaba la admiración de todos al hacer letras en forma de parodias en base a canciones conocidas. Luego ingresó en una academia de danzas y se lo distinguía por su elegancia para bailar la zamba. Tengo en el recuerdo noches interminables de amigos, zapateos, guitarra y bombo".

Transcurre la charla y la palabra bohemio surge casi de manera obvia para describir la personalidad de Marcelo Ferreyra. Casi de manera automática, Elva corrige sobre la marcha...

"... era un bohemio muy pulcro, uno muy especial. A pesar de que parecía jocoso era tímido al extremo. Cuando llegaba a un lugar y no conocía a nadie, pegaba la vuelta y se iba. Tenía una cantidad de amigos que lo querían y lo respetaban.

¿Cuál fue la primera canción que le grabaron a Marcelo?

"Chacarera del finado", por Los Chalchaleros. Marcelo conoció a Ernesto Cabezas en la provincia de Buenos Aires, cerca de Merlo. Marcelo tenía la costumbre de silbar despacio cajonear sobre su pecho. Y Cabezas (que no lo conocía hasta entonces) iba sentado a la par en el tren; lo escucho y de inmediato trabaron amistad. Marcelo le canto la chacarera, Ernesto se entusiasmó llevó la propuesta al conjunto de grabársela. También era amigo de Juan Carlos Saravia.

Otros amigos de Marcelo eran Los Manseros Santiagueños

Los quería mucho a Los Manseros: también era amigo de Zamba Quipildor, que le grabo varios temas. También Mercedes Sosa le grabo una canción: "Cuando muere el angelito". Fue muy amigo de Juan Carlos Aguirre de Los Cantores del Alba. Muchos conjuntos importantes llevaron la poesía de Marcelo a distintos puntos del globo.

Nuevamente el que habla es Pedro Rojas Cuozzo: "otra cualidad de Marcelo  Ferreyra que lo distinguía de los adolescentes del barrio, Cuando digo el barrio me refiero al lugar de reunión, Avenida Roca y calle Catamarca.

Marcelo fue un excelente ejecutante de bombo. En el barrio se comentaba que Los Chalchaleros querían tenerlo para que les tocara el bombo a la usanza salteña. Marcelo no congenio con esa propuesta y no ingreso al conjunto. Después, en su andar con el arte nativo fue desarrollando su vuelo poético y lo demostró con su "Zamba del Cuarto Centenario", que había escrito con motivos de los festejos que se avecinaban por la fundación de nuestra ciudad. Afirmado sobre una pared y cajoneando sobre su pecho con las manos, nos cantó la zamba. Las autoridades del Consejo General de Educación oficializaron la zamba para que fuera enseñada en las escuelas".

En su cotidianeidad matrimonial, Marcelo y Elva Jugo conjugaron dos roles: esposos y creadores. Nos dice que era la cosa más natural, algo que ocurría a diario: "Marcelo hacia una letra y me pregúntala si podía ponerle música. Sucedió con María sin luz y con El niño del pájaro, un tema que hicimos para Hugo Díaz que no se conoció. Con Marcelo escribimos muchas canciones. Después de su muerte hice Alma vidalera, sobre una letra”.

 

Fuente: Nota extraída de la revista Santiago Guitarra y Copla, creación del Maestro Juan Carlos Carabajal.

martes, 28 de octubre de 2025

Alfredo Palumbo: El Duende que le Cantaba al Monte

Hay historias que merecen ser contadas en voz baja, como un secreto. La de Alfredo Palumbo, el genio oculto del folklore santiagueño, es una de ellas. Un hombre que fue puente entre la chacarera y el rock, y cuya música sigue latiendo en el corazón de la tierra.



Hay figuras que no se olvidan. Personas que, con solo verlas una vez, se te graban en la memoria para siempre. Alfredo Palumbo era una de esas. Quienes lo cruzaron por las calles de Santiago del Estero o en algún polvoriento camino de los Valles Calchaquíes, cuentan que parecía una aparición. Un hombre tallado en la misma madera que los árboles del monte, con una barba blanca que le llegaba al pecho y unos ojos que habían visto de todo. Con su guitarra al hombro, no era simplemente un músico; era un personaje de leyenda, un pedazo del paisaje santiagueño que se había echado a andar.

Y es que, para entender a Palumbo, hay que volver a la tierra. Nació un 24 de julio de 1949 en Los Mimbres, un rincón de Santiago del Estero que él mismo describía como el lugar "donde comienza el reino de la magia". Creció entre Manogasta y Upianita, y aunque la vida lo llevó a la ciudad, su alma nunca se mudó de allí. Ese paisaje primigenio, lleno de mitos y susurros, fue la tinta con la que escribiría toda su música.

Aprendió a tocar la guitarra de chico, pero la verdad es que su espíritu indomable no tardó en soltarle la mano a su primer maestro para lanzarse a su propio camino. Se hizo trovador, un solista que recorría el cancionero popular argentino con una voz que sonaba a tierra y a verdad. Su talento era tan evidente que en 1996 ganó el rubro "Chacarera inédita" en el pre-festival de la Chacarera. El tema era "Carnaval del monte", una joya que compuso junto a otro poeta inmenso, Ricardo "Shinfu" Sgoifo.

Esa canción es mucho más que una canción. Es un portal. En sus estrofas, el monte santiagueño cobra vida en una fiesta cósmica: el Sachayoj se despierta, el Kakuy llora una vidala, la Telesita baila entre harina y esperanzas y hasta el Almamula anda de fugitivo. Palumbo no cantaba sobre el monte; él cantaba con el monte.

 

El sol asoma rojizo

cuando en el monte amanece

y en el follaje se mece

el canto del cardenal.

Anda el corazón del monte

rejuntando soledades

en la siesta las deidades

van jugando al carnaval.

(Fragmentos de "Carnaval del monte")

 

Un Alquimista de Sonidos: Folklore, Rock y Corazón

Etiquetar a Alfredo Palumbo siempre fue imposible, porque él mismo se escapaba de todas las jaulas. En la última entrevista que dio, lo explicaba con una simpleza desarmante: "Yo sigo la línea folklórica, pero le doy toques especiales que tienen algo que ver con rocanroll, esas cosas, ¿me entiendes?". Palumbo no era un guardián de museo, era un cocinero de sonidos.

Su coctel personal era único. En una mano sostenía la sabiduría de Atahualpa Yupanqui, a quien admiraba como un "hombre muy sabio", y la poesía de Dávalos y Castilla. En la otra, la electricidad y la rebeldía de Pappo's Blues, Miguel Abuelo y los Redonditos. En Santiago, su gran referente fue Jacinto Piedra, ese cometa fugaz del folklore con quien compartió amistad, música y sueños.

Con todos esos ingredientes, ¿qué hizo? Creó su propio plato. Inventó la chacaraguá, una mezcla explosiva y bailable de chacarera con el ritmo caliente de la guaracha santiagueña. Su tema "Pobrecito el Tupinami" es la prueba viviente de esa genialidad. Se adelantó a su tiempo y, como suele pasar, nadie le hizo mucho caso cuando mandó las notas a SADAIC para registrar el nuevo ritmo. Pero a él no le importaba demasiado. Ya andaba pensando en el "chacarablue" o el "chacarock", siempre un paso más allá.

El Trovador de la Gente, el Duende de los Valles

La verdad es que el escenario natural de Alfredo no eran los grandes teatros, sino la vida misma. La calle, un bar de mala muerte, el pasillo de un colectivo, una peña improvisada. Allí era donde su música cobraba su verdadero sentido. El escritor Guillermo Gardenal nos regaló el recuerdo de su primer encuentro con él, y es casi una escena de película.

Imaginen la situación: Tafí del Valle, unos amigos compartiendo un trago, y de repente, aparece Alfredo. "Cual duende de la montaña", con la guitarra a cuestas. Se acercó, vio que había música y se sumó. Lo que empezó como un encuentro casual al mediodía se convirtió en una de esas jornadas mágicas que se estiran sin que nadie se dé cuenta. El sol se fue, llegó la noche y ellos seguían ahí, entre chacareras, charlas y vino. Alfredo necesitaba encontrar a un lutier en Cafayate, así que, ya de madrugada, emprendieron una caminata de kilómetros bajo las estrellas, con el alma recargada por la energía de ese viejo sabio. "Sentimos siempre que la energía que el viejo nos había dado nos acompañaría en la caminata nocturna", recuerda Gardenal.

Esa era la magia de Palumbo. No era solo un músico, era un maestro de vida sin proponérselo. En otra ocasión, en una peña, le señaló a Gardenal cómo los siete algarrobos del patio formaban un círculo. Le dijo que solo gracias a esa ronda de árboles, a esa danza silenciosa, era posible la fiesta que estaba ocurriendo adentro. Para él, la naturaleza no era un fondo de pantalla; era la protagonista.

Un Tesoro Escondido en la Memoria

Alfredo se fue de este mundo un 13 de junio de 2010, en Cafayate. Tenía 60 años y, como no podía ser de otra manera, se despidió en medio de una guitarreada con amigos. Su cuerpo volvió a la tierra de Manogasta, pero su música se quedó flotando en el aire, frágil y preciosa.

Poco antes de irse, como si supiera que el tiempo se acababa, grabó el que sería su único disco oficial: "Galopa el duende en el río". Un álbum de doce canciones que es un faro en la niebla, un homenaje a su amigo Jacinto Piedra y la única puerta de entrada oficial a su universo.

Pero ese disco es solo la punta del iceberg. Se dice que compuso más de setenta canciones. La mayoría de ellas duermen en viejos casetes que sus amigos guardan como oro, o, lo que es aún más conmovedor, viven solo en la memoria de quienes lo escucharon cantarlas. Ahora mismo hay gente maravillosa transitando un "camino de recuperación", intentando rescatar esas joyas del olvido. Canciones como "Cueca del Monedón" o el huayno "Presencia", donde uno puede asomarse a su mundo interior de una forma casi mística.

 

Iba creciendo la siesta

el solcito en mi ventana

mis patitas se movían

mi cabecita pensaba

el corazón que sentía

esta rara alegría.

Y es cuando llegan los seres

que uno los lleva en el alma

cuando conversa con ellos

crece la magia a la vuelta

la vida que nos rodea.

(Fragmentos de "Presencia")

 

Su amigo Alberto Tasso lo definió a la perfección: era algo más que un músico y algo más que un paisano. Un "hombre de Naturaleza rabelesiana" que "huye de toda definición".

El Eco del Duende

Al final del día, la historia de Alfredo Palumbo es la del artista en estado puro. El que crea porque no tiene más remedio, porque la música le brota como el agua de un manantial. Fue un cronista de su tierra, un filósofo con guitarra y un innovador valiente.

Su legado es frágil, pero terco. Se resiste a desaparecer. Cada vez que alguien desempolva un casete o tararea una de sus melodías olvidadas, Alfredo vuelve a la vida. Su voz no se ha ido, solo se ha mezclado con el paisaje. Si alguna vez andan por Santiago del Estero y prestan atención, quizás puedan oírla en el canto de un cardenal, en el silbido del viento entre los algarrobos o en el ritmo secreto que late bajo la tierra. Es el eco del duende, que nos sigue invitando a escuchar.

 

Fuentes:

* Gardenal, Guillermo. (2018). Alfredo Palumbo (1949-2010). Hoja aparte en la etnomusicología de Santiago del Estero, Argentina. CUADERNOS SUPAY WASI, Nº2, pp. 59-63.

* Arias, Santiago. (21 de junio de 2010). La última entrevista a Alfredo Palumbo. Obtenido de: http://arenapoliticasde.blogspot.com.ar/2010/06/la-ultima-entrevista-alfredo-palumbo-y.html


sábado, 23 de noviembre de 2024

Julio Argentino Gerez

 


Julio Argentino Gerez, hijo de doña Rosalía Gerez, nació el 26 de julio de 1899 en Cuyoc, departamento Banda, Santiago del Estero.

Llamado Julio Argentino en homenaje a Julio Argentino Roca, dos veces presidente de nuestro país.

Cuando él y su hermano mayor Horacio, eran niños, su madre contrajo matrimonio con Manuel Carrizo, quien los crio como verdaderos hijos.

Radicados en La Banda, ingresa a la Escuela Amadeo Jacques, donde terminó el ciclo primario.

Al cumplir 15 años de edad, ingresa como aprendiz en la carpintería de los hermanos Don José y Don Feliz Cordero y posteriormente trabajó en el ferrocarril. Los empleos no le duraron mucho, ya que la vida de músico y su temperamento, no coincidían con los tiempos y exigencias convencionales del trabajo.

Desde niño demostró su pasión por la música y en la adolescencia le llegó a las manos la primera guitarra. Comenzó como jugando y desde las primeras melodías que sacó en el encordado, no abandonó más el instrumento.

Inició su carrera artística formando un dúo de guitarra y canto con Paciente Paz y emprendieron una exitosa gira por el interior santiagueño.

Tiempo después acompañó en el canto al Teniente 1º Juan Carlos Franco, tucumano, que vivía en “San Carlos”, La Banda, casado con la dama santiagueña “Pepita” de Arzuaga Ruiz.

Las “tenidas” en su casa de la calle Sarmiento fueron memorables. Con Santiago Carrillo, siendo jóvenes, pero ya enamorados de nuestra música, deseosos de escuchar cosas acerca de su vida, concurrimos a la casa de su viejo amigo Julio Herrera, invitados por sus hermanos Adrián y Mario. El dueño de casa para nuestro deleite monopolizó la palabra y luego de hablar con emoción de esa larguísima amistad describió con incomparable gracejo, festivos episodios compartidos con nuestro personaje. En un momento dado, cambiando el tono jocoso por otro evocativo, dijo: “Los amigos de Julio tuvimos el privilegio de gozar de las tertulias musicales de su casa y de caminar la noche de La Banda en gozosas e interminables serenatas”.

A mediados de la década del 20 del siglo pasado, su destino de músico y tal vez una frustración amorosa lo llevaron a dejar el solar nativo y radicarse en Buenos Aires.

Estaba en la época de las ilusiones y de la intrepidez para la aventura; en su interior ardía la pasión de ondas armoniosas que le pedían nuevas vivencias. Se alejó del terruño sin más itinerario que sus sueños, sin más fortuna que su fe y triunfó rotundamente en cielos extraños.

Al comienzo, subsistió desempeñando los más insólitos oficios, hasta que logró dedicarse a su verdadera vocación. Principió integrando el dúo Jerez-Estrella, hasta que, en 1927, logró entrar en la radio, paradójicamente cantando tangos. En 1929 compone su gran éxito “La Engañera” y a mediados del año 1932 tuvo su primera oportunidad como solista en el “Círculo Tradicionalista La Querencia”. Su voz de marcado acento santiagueño, más bien aguda, cantó con emoción y reflejos de muchas madrugadas. Estrenó su canción serrana “Juira, Juira” y tuvo como invitado de honor al Dr. Ramón S. Castillo (catamarqueño), ministro del entonces presidente de la Nación Agustín P. Justo quien, al finalizar la actuación, lo felicitó y gratamente impresionado, le ofreció su apoyo.

Cuando mejoró su situación vivió en Boedo y luego en avenida Belgrano 1838 en viejas casonas, de no menos de diez habitaciones. En cada una tenía instalada una enorme jaula donde trinaban o gorjeaban toda clase de pájaros, por los que de niño tuvo una obsesiva debilidad. De pronto se mostraba inquieto porque debía salir con urgencia a comprar alpiste y, sus amigos maliciosos, no sabían si el tal “alpiste” era del que se come o del que se bebe…

Su enorme trascendencia, más que como intérprete, se debe a su valiosísima obra de compositor y poeta.

Actuó en Radio Belgrano y en Radio Prieto; en 1943 se presentó en Rosario de Santa Fe, invitado por el Centro de Residentes Santiagueños. Como guitarrista, integró la orquesta nativa de José María de Hoyos, que con la cancionista Elvirita Tamahsi actuaba en Radio El Mundo. También fue acompañante de Marta de los Ríos y de “La Negra” Tucumana, a quien acompañó en la grabación de dos temas de su autoría, “Chacarera de mis Pagos” y “Corazones Amantes”, con música de José Luis Padula.

Actuó con cierta asiduidad en “El Círculo Santiagueño”, situado en Membrillares esquina Juan Bautista Alberdi y en “Provincianos Unidos”, Pedernera 250, ambos en el barrio de Flores. También era frecuente su presencia en La Enramada (Santa Fe y Godoy Cruz, Palermo), donde compartía mesa, entre otros, con Félix Dardo Palorma, conocido autor y compositor y con Ramón Espeche, considerado por muchos el mejor bailarín de nuestra música; otro de los lugares que acostumbraba visitar era “La Salamanca” , ubicado en avenida Rivadavia pasando Primera Junta, donde se reunía, entre otros con el catamarqueño Felipe Zurita, el bandoneonista Luís Quiroga, y su comprovinciano José Gerez.

Decía don Lázaro Criado: “Allí (refiriéndose a Buenos Aires) en el improvisado techo de una enramada entre propiedades horizontales entrecerraba los ojos como una persiana y cantaba con acento nostálgico al pueblo que le vio nacer, porque si algo tenía de grande y de noble, era que nunca olvidó su origen”. José Antonio Faro, profundo conocedor de nuestro folklore, me refirió que Julio Jerez componía en cualquier parte, mientras comía o tomaba copas en alguna cantina o en su casa y que en muchas noches de su largo insomnio supo levantarse a buscar la guitarra, cuando alguna melodía o copla le cosquilleaba el alma.

Compuso aproximadamente cuarenta verdaderas “joyas”, de marcado tinte nativista, poseedoras de palpitaciones humanas inconfundibles, que nos hacen evocar los líricos romances que cantaron los viejos santiagueños, cuando la naturaleza virgen era fuente fecunda de inspiración y belleza. En su universo creador, reunió armónicamente su arte incomparable con la emoción sincera de lo grande y eterno e instaló en las almas sensibles la fantástica visión de su tierra natal, con sus selvas seculares y sus bellas llanuras en su reciedumbre agreste y muda. Dentro de una línea clara de tradicionalismo, Jerez agregó introspección y mayor vuelo poético a la música folklórica santiagueña. Con un estilo profundo, combinó lo erudito con lo popular y fundió su música con el espíritu del santiagueño.

Editorial Musical Buccheri, publicó un álbum con once temas suyos titulado, “De mis pagos. Danzas y Canciones Santiagueñas por Julio A. Jerez.”.

Juntamente con la enumeración de los mismos, transcribiré sus dedicatorias, porque a través ellas, conoceremos algunos de sus afectos;

1. De mis pagos. “A mi gran amigo y comprovinciano Sr. Aristóbulo del Valle Paz y familia”.

En la última estrofa de esta chacarera, expresa,

 

De La Banda hasta Santiago

Hay un puente que cruzar

No le empines mucho al trago

Porque puedes resbalar.

 

Con respecto al segundo verso de esta copla, cuando expresa: “hay un puente que cruzar”, me parece oportuna la siguiente aclaración: Por lo general, los santiagueños cuando escuchamos esta parte, pensamos en el puente carretero, pero en realidad hace referencia al viejo Puente Negro (fuera de servicio desde hace muchísimos años), al que podemos ver desde lejos en nuestra costanera.

Antes de 1927, año en el que se inaugura el puente carretero, una de las maneras de unir Santiago y La Banda era el bote. Éste salía a la mañana temprano desde la orilla de La Banda, a la altura de El Polear y terminaba su recorrido en nuestra ciudad capital, poco antes de lo que hoy es la Universidad Católica. Volvía a La Banda poco después del mediodía. Los bandeños, que venían juntos luego de realizar sus gestiones, tenían por costumbre, que los que se desocupaban primero esperaran a los demás, en un bar situado en Alsina y Olaechea, a quinientos metros aproximadamente de donde tenían que tomar el bote de vuelta. El lugar se llamaba “La Amistad”. Eran tan habituales las peleas que se armaban entre los parroquianos, que con el tiempo el ingenio popular le cambió el nombre de “La Amistad”, por el de “Luna Park”.

Otro medio de comunicación era el ferrocarril, que, con varias frecuencias diarias, corría por el “Puente Negro”, siendo la última a las veintiuna desde Santiago a La Banda. Finalmente, también se podía cruzar caminando. O sea que quien perdía el último tren, debía hacer tiempo hasta las cinco y media de la mañana en que salía la primera frecuencia o, caso contrario, volver a pie.

En aquel entonces, una de las posibilidades de pasar la noche, era quedarse en la “Esquina al Campo”, situada en las calles Jujuy y La Plata, a dos cuadras de la estación. El boliche se denominaba así, porque cuando comenzó a funcionar, nuestra ciudad hacia al norte, finalizaba precisamente en ese lugar. Esta manera de “acortar las horas” con música y alcohol, era la elegida invariablemente por Julio Jerez.

La otra alternativa, que es a la que se refiere la copla, era volver a pie. El recordado Puente Negro tenía, aproximadamente, mil ochocientos metros de largo; la parte peatonal del mismo estaba dos metros más abajo y corría paralelamente a las vías; la pasarela o tablón por el que se caminaba, era de treinta y cinco centímetros de ancho y sólo tenía para tomarse una endeble baranda. Como podrá advertir el lector, el consejo de la copla era plenamente justificado, ya que era peligrosísimo cruzar el puente con varios tragos de más.

Mi pariente Marcelo Ábalos Alcorta, me dijo al respecto: “De chico he escuchado a la gente mayor afirmar que varios borrachos habían caído al agua y que más de uno se había ahogado.”

Sigamos con las canciones del álbum:

2- Ayayitay. (Canción serrana). “Para mi buen amigo y admirado compositor indo-americano Atahualpa Yupanqui”.

3- Karisito. (Triunfo). “A mi excelente amigo Hilario Cuadros y a los demás integrantes de su popular conjunto Los Trovadores de Cuyo”.

4- Sendita florida. (Bailecito) “Al Teniente Coronel Sr. Antonio Fernández Lima y a su distinguida esposa Doña Manuela Rodríguez Villar”.

5- Noche, noche, tuta, tuta (Bailecito). “Al meritorio médico argentino, Dr. Adolfo Tagliaferro Almeyra”.

6- Criollita de El Tajamar, milonga. (Danza típica argentina). “A la destacada estilista criolla Dorita Zárate”.

7- ¡Engañera...! (Zamba) “A mi querido amigo, de corazón gaucho por excelencia, Sr. Feliciano Ignacio Lucero”.

8- Tupi, tupi (chacarera). A la Dirección y personal de la Editorial Buccheri Hnos., verdaderos paladines de la música nativa”.

9- La procesión (Bailecito). “A la prestigiosa institución criolla Círculo Santiagueño de Buenos Aires”.

10- De vuelta al pago (Canción). Para el digno Presidente de la Institución Tradicionalista Argentina El Ceibo Dr. Eduardo A. Ramos.

11- El bandeño (Gato). “A mis queridos amigos de La Banda José Saavedra, Felipe Ortiz, Julio Herrera y Vicente Grecco".

Los restantes temas de su autoría son: los bailecitos Cuando me Aleje, El Pregonero y Viditay; las canciones Glorias Cuyanas, Estampa gaucha, con música de Domingo Plateroti, ¡Juira, Juira!, Huayra Rupas y Tardecita Norteña, que fuera del repertorio de Ignacio Corsini; los escondidos ¡Que siga el baile! Y Coro pampa; los gatos El Pamperito y Rasgueando; Así soy, palito; Karisito y Estampa Gaucha, triunfos; Muchacha de mi Pueblo, vals, con letra de Eduardo Moreno; Escuelita de campo (vals); Vidala del adiós; las zambas Huella Huella, Zambita de allá, Ya me Voy, Torcacita, Corazones Amantes con música de José Luís Padula, Camino de Buenos Aires, con letra de Juan Manuel García Ferrari y Aleluya Santiagueña; las chacareras La Baguala, Amargura, La del Payador, La Despedida, Chacarera del Arbolito, con música de Atahualpa Yupanqui y “Añoranzas”, que hoy forma parte de los símbolos provinciales santiagueños. En el artículo 233 de la Constitución de Santiago del Estero, leemos: “Adóptase como Himno Cultural de la Provincia de Santiago del Estero a la obra musical ‘Añoranzas’ (Chacarera), con letra y música del poeta Julio Argentino Jerez.”

También son de su autoría la chacarera inédita “Hagan llover” y su obra inconclusa, “Apología de la chacarera”:

Qué tiene la chacarera

Qué tiene que hace alegrar

A los viejos zapatear

Los mudos la tararean

Y los sordos se babean

Cuando la sienten tocar.

 

Es tristeza, es alegría

Es una danza es canción

Es alma de una región

Que evoca la raza mía

Ella es rara melodía

Nacida del corazón.

 

Su cuna fue un humilde rancho

Un bombo la bautizó

Y un paisano la cantó

Con versos improvisados

Salavina ha reclamado

Diciendo que allí nació.

 

Ella nació como yo

En el pago del mistol

Donde quema mucho el sol,

Se pita cigarro i chala

Donde se cantan vidalas

Y ser criollo es un honor.

Hasta aquí lo escrito por Julio Argentino; el autor de la estrofa que sigue, es decir de la última, sería el Doctor José Antonio Faro, según nos comentaran a Leandro “Meneco” Taboada y a mí, los amigos de los mencionados más arriba.

 • Veamos la última parte:

Chacarera, chacarera

Melodía montaraz

Sos arrullo de torcaz

Bramido de tigre y puma

Sos más criolla que ninguna

Tan noble como Jesús.

El último verso “Tan noble como Jesús”, fue modificado por alguno de los recitadores y en la actualidad es el elegido por el público:

Chacarera, chacarera

Melodía montaraz

Sos arrullo de torcaz

Bramido de tigre y puma

Sos más criolla que ninguna

Y aquí te quiero cantar.

De estatura común, algo corpulento, rostro blanco y ojos rasgados, solterón empedernido, no tan bien parecido pero, paradójicamente, exitoso con las mujeres y, según se decía, “ellas adivinaban los tesoros líricos que aquel hombre llevaba en su interior…” Conversador amenísimo, bohemio absoluto, hermano de la noche y del vino, el que habitualmente lo alegraba, aunque a veces lo ponía nostálgico y otras un tanto alborotador. Gastó su vida en la tertulia amable, rodeado de amigos queridos en los que volcaba su ternura, pero supo dejar para sí el espacio de soledad necesario que le permitió cristalizar su bellísima obra.

“Birilli” Sánchez una de las personas que más estuvo a su lado, me dijo: “Muchas veces cuando creía que estaba solo, sin advertir mi presencia, lo he visto silbar bajito, abstraído, como buceando en su memoria y tengo para mí el convencimiento de que en aquellas circunstancias, él recordaba a la bandeña de su desengaño”. Lucila Bravo se llamó la musa inspiradora de sus temas “La Engañera”, “Ya me voy” y “La Despedida”.

¡Qué inolvidables noches de bohemia aquellas en que participaba Jerez, que comenzaban en la antigua churrasquería “El Pensamiento” en la Plaza Lorea y terminaban en el “Berna”, de generala corrida, en el estruendo de los dados”.

Sus contertulios de siempre eran Félix Pérez Cardoso, Hilario Cuadros, Buenaventura Luna, Miguel Ángel Miranda, “Lito” Bayardo, José Luis Padula, “Atuto” Mercau Soria, Dardo Félix Palorma y excepcionalmente algunos más jóvenes, como Ariel Ramírez y Pedro Pascual Sánchez.

En cuanto a su material discográfico, pese a mi búsqueda incesante, solamente he conseguido dos discos de 78 revoluciones, con dos temas cada uno: el primero tiene en una faz “Coro Pampa” y en la otra “La Torcacita”. Los músicos que lo secundaron, fueron: los hermanos Andrés, Antonio y Luís Ríos en bandoneón, Raúl Infante en violín, Werfil Maldonado (guitarra), Julio Carrizo (guitarra), Pedro Pascual “Birili” (guitarra y 2ª voz) y José Antonio Faro en el bombo; en el segundo “La Candelaria” (zamba de E. Falú y Jaime Dávalos) y “La Huella”. (Danza Tradicional). En esta oportunidad lo acompañan, José Gerez y Leopoldo Díaz (bandoneón), Segundo Gennero (piano), Raúl Infante (violín), Benito Gerez (guitarra), Julio Carrizo (guitarra) y Pedro Pascual “Birilli” Sánchez (guitarra y 2ª voz) y Aníbal “Ani” Gerez, (hijo de José Gerez, en bombo).

Luego de su larga estadía en Buenos Aires...

Después de muchos años sin regresar como músico a su tierra natal, lo hace al frente de una orquesta nativa de diez ejecutantes, contratado para tres recitales en el “Parque de Grandes Espectáculos”. El anuncio de su presencia causó una extraordinaria expectativa y su debut, el jueves 26 de marzo de 1953, constituyó un verdadero acontecimiento amistoso-musical. La orquesta estaba integrada por los Hnos. Andrés, Antonio y Luis Ríos (bandoneón), Pedro Pascual “Birili Sánchez, Julio Carrizo, Werfil “Catingo” Maldonado, Benito “El fiero” Gerez y Miguel Faro (Guitarra y Coro), “Atuto” Mercau Soria, (guitarra, quena y coro) y finalmente José Antonio Faro (bombo) . Todos ellos habían venido de Buenos Aires, acompañados por Santiago Adamini, en ese entonces directivo y luego presidente de Sadaic. Para dar aún mayor brillo, complementaron el espectáculo el recitador Sixto Cortinez y la pareja de bailarines integrada por Carlos Saavedra, ganador de varios concursos provinciales, y Clara Rosa Ramírez, clasificada como la mejor bailarina del año anterior.

Al día siguiente la pareja de danzas estuvo formada por Aldo Camaño y Clara Ramírez y el último día, es decir el sábado 28, por Miguel Ángel Navarro y Clara Ramírez.

Julio Jerez tenía programada una extensa gira por el norte que finalizaría en la ciudad de La Paz, Bolivia. La fuerte emoción del reencuentro y el calor y entusiasmo de sus coterráneos, le hicieron cambiar su hoja de ruta, quedando en Santiago mucho más tiempo del previsto. Esta circunstancia motivó que varios de sus músicos no pudieran acompañarlo durante toda su permanencia. Se sumaron entonces a la orquesta, Justo Marambio Serrano, Héctor Carabajal, Pedro Aparicio “Apalo” Villalba, “Chori” Paz, Rulo González y N. Maidana .

En La Banda se presentó el domingo 29 de marzo en el Centro Recreativo; el 4 de abril en Club Olímpico y en fecha no precisada, en “La Salamanca” de “Tilo” Argañaraz.

A fines de abril se presentó nuevamente en la ciudad de Santiago en “El Tinguilo”, y en el baile de “Grazziani”.

Más allá de lo profesional, cantó “de puro gusto nomás”… en clubes, bares y bodegones de aquel entonces; tal es el caso del almuerzo en el “Centro de Viajantes”, organizado en su homenaje por la comisión provisoria del “Instituto de Folklore”. Estuvieron presentes los Dres: Mariano R. Paz, Horacio G. Rava, Emilio Christensen, Juan Delibano Chazarreta, Marcos J. Figueroa, Guillermo Helman y Alfredo Gargaro; Sres. Julián Díaz (Cachilo), Hipólito Noriega, Domingo Bravo, Napoleón Únzaga, Ramón I. Soria, Alejandro Bruhn Gauna, Raúl F. Monti, Nabor Barrionuevo Justo Marambio Serrano y el “Duro” García, su cuñado. Esa misma noche y luego de una recordada jornada, Julio Jerez y el Dr. Mariano Roberto Paz se trasladaron al viejo edificio del Jockey Club, ubicándose en el salón que da a la calle.

El aplauso de los presentes y su buena disposición, crearon el clima propicio para que se improvisara rápidamente la orquesta. Acompañado por la recordada Sra. Juanita Martínez de Viaña en el piano y por el Dr. Mariano Roberto Paz en el bombo. Julio Jerez comenzó a cantar entre las mesas, convirtiendo en mágica esa noche.

“El Rincón de los Artistas”, inigualado refugio de don Pedro Evaristo Díaz, situado en calle Tucumán 62, Bar “Los Tribunales” de Marcelo Contreras , en calle Libertad 477, pegado al entonces Tribunales, hoy Municipalidad de la Capital, y “Jaime Roldán” , avenida Moreno y Libertad, fueron algunos de los reductos visitados por Julio Jerez en nuestra ciudad capital.

En La Banda estuvo guitarreando en el boliche de “Los Bravo”, calle Besares al frente de la Estación Central Argentino, lugar en el que se reunían espontáneamente cantores y poetas y por supuesto que visitó “El Tenemelo” de “Tino Morales ”.

En este viaje recibe la consagración musical en su propia provincia. ¡Había logrado su sueño!

La última vez que cantó ante el público

Julio Carrizo, guitarrista que lo acompañara en sus grabaciones, me relató que poco tiempo antes de su muerte, durante una actuación de la orquesta folclórica de José Gerez en el Centro de Provincianos unidos, llegó Julio Jerez. Cuando el público advirtió su presencia, aplaudiendo le pidió que cantara. Sin hacerse de rogar, subió al escenario e interpretó “Huella, Huella”, zamba que le pertenece y “Chacarera del arbolito” también suya, con letra de Atahualpa Yupanqui”.

Este lindísimo tema, prácticamente desconocido, que hasta el día de hoy no ha sido grabado, es la única chacarera trunca compuesta por Julio Argentino Jerez.

Sé por Roberto Chavero, hijo de Atahualpa, que es inminente su grabación.

Mientras tanto les hago conocer la letra.

¡Arbolito de mi tierra! ¡Arbolito de mi tierra!

Llenito de sombra buena! Tú sabes mis padeceres:

En algo nos parecemos: de chango, mis travesuras

Mi sombra se llama pena. Y de mozo, mis placeres…

 

El calor de nuestros pagos Si habré cantado a tu sombra

Nos llena el alma de cantos la vidala de mi pago!...

Que, a veces parecen dichas ¡Penas, tambor y esperanzas,

Y, a veces parecen llantos… a la moda de Santiago!

 

¡Arbolito de mi tierra! ¡Arbolito de mi tierra!

¡Sombrita del peregrino! ¡Yo te envidio tu destino!

¡Yo siempre busco tu amparo ¡Siempre florece tu sombra

Cuando me cansa el camino! Cuando queman los caminos

 

¡Algarrobo santiagueño ¡Algarrobo santiagueño

Llenito de cicatrices! Llenito de cicatrices!

Tus penas las sabe el viento… Tus penas las sabe el viento…

¡Sólo al viento de las dices! ¡Solo al viento se las dices!

Julio Argentino Jerez, luego de volver de un homenaje que se le ofreciera, murió en la ciudad de Buenos Aires el 21 de septiembre de 1954 a las tres de la tarde de edema agudo de pulmón.

Haciendo honor a su bien ganada fama de mujeriego, dejó tres “viudas”: Julia Crivelaro , la “Gorda Buitrago y Esther Coronel .

Muchos años después, en una memorable reunión en el “rancho de Ibarra” escuché la versión desopilante de “Birili” Sánchez, Julio Carrizo, José Antonio Faro y Antonio Ríos, sobre el plan que se les había ocurrido y la ejecución del mismo con el fin de evitar el encontronazo de las “viudas durante el velatorio.

Relataron que de acuerdo con lo resuelto, cada uno de los tres primeros se encargaría de una “viuda” y que Antonio Ríos haría de coordinador. En la habitación donde lo velaban, había dos puertas, una de las cuales daba al exterior. Entró la primera y, pasado un tiempo prudencial, “Birili” se encargó cariñosamente de sacarla al patio; De inmediato Antonio Ríos, con una seña disimulada, le advirtió a Julio Carrizo que el camino había quedado despejado. Éste tomó del brazo a la segunda y la acompañó hasta el ataúd. Mientras tanto el “Gordo” Faro, con tono de ocasión y palabras de consuelo, distrajo a la última de las viudas hasta el momento en que le tocó su turno de despedirlo. Y así finalizó sin inconveniente alguno, el singular velorio Julio Gerez.

Había otorgado su testamento en forma de chacarera, cuando en “Añoranzas” expresa:

Tal vez en el campo santo

no haya lugar para mí

paisanos les vua pedir

antes que llegue el momento

Tirenme en campo abierto

pero allí donde nací

Sus amigos, recogiendo su anhelo, iniciaron inmediatamente un movimiento conducente al traslado de sus restos.

Volvió a La Banda, ciudad a la que estuvo ligado por lazos afectivos indestructibles, en el tren Estrella del Norte el sábado 25 de septiembre a las 9,20, traído por su cuñado “el Duro” García, que había viajado al efecto y el Dr. José Antonio Faro, representante de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores.

En la estación de La Banda se había reunido gran cantidad de gente. Fue llevado a la casa de su madre, Sarmiento 494, literalmente cubierto de flores. Allí permaneció hasta las 16, en que se inició el imponente cortejo; la gente condujo el ataúd a pulso hasta el cementerio. El acompañamiento con música de bombos y guitarras, se detenía en las esquinas, ejecutando una chacarera en cada una de ellas, constituyendo una verdadera elegía folclórica. Tales manifestaciones se acentuaron y alcanzaron su máxima expresión cuando ya al borde de la tumba lo despidieron con un sentido responso de música vernácula. ”. Dijo EL LIBERAL: “Se deshizo en lágrimas incontenibles la angustia que oprimía todos los corazones de los presentes y el llanto fue el desborde de ese nudo que ceñía las gargantas con el pesar y el dolor por el ausente”

Allí hicieron uso de la palabra: José Antonio Faro en representación de Sadaic y por los folcloristas santiagueños residentes en Buenos Aires; José Fernando Arias, por la Municipalidad y la Comisión Honoraria Municipal; Alejandro Bruhn Gauna por la peña “Andrés Chazarreta del Centro de Viajantes; Hipólito Noriega en nombre de la comisión provisoria del Instituto del Folclore; Juan Simón, por sus amigos personales; Nabor Barrionuevo por la peña “Benicio Díaz”, y Leandro Martínez, por sus amigos bandeños y, al hacerlo, anunció la formación de la peña “Julio Argentino Jerez”. Fuente: www.atahualpayupanqui.org.ar

Artistas Populares, El folclore de Santiago del Estero, Folklore, Julio Argentino Gerez,

El Algarrobo en la medicina Popular