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domingo, 26 de abril de 2026

Don Manuel Augusto Jugo: El latido eterno del Barrio Chino

 A más de un siglo de su nacimiento, recordamos al hombre que llevó la esencia de Santiago del Estero a los grandes escenarios y cuya obra, forjada junto a los patriarcas del folklore, sigue siendo el refugio de nuestra identidad musical.



Un 26 de abril de 1912, en el corazón del Barrio Chino santiagueño, nacía Manuel Augusto Jugo. La calle Unzaga, a metros del Regimiento 18, fue el escenario de sus primeros pasos, pero su destino estaba marcado por el sonido de las cuerdas y el canto que brota de la tierra misma.

Su trayectoria no fue producto del azar, sino de un deambular persistente por las provincias del Norte, donde su voz y su guitarra empezaron a cobrar renombre. Ese talento no pasó inadvertido para el patriarca Don Andrés Chazarreta, quien lo convocó para integrar su prestigiosa Compañía de Arte Nativo. Fue el inicio de un ascenso meteórico que en 1936 lo llevaría a las luces de la gran ciudad, actuando en Radio El Mundo y dejando sus primeras huellas grabadas en los surcos de RCA Víctor junto a Miguel Acuña.

Sin embargo, la historia grande de nuestra música guarda un rincón especial para su alianza con Leónidas del Jesús “Nono” Corvalán. El dúo Corvalán-Jugo fue mucho más que una sociedad musical; fue un matrimonio artístico que duró 45 años. Juntos recorrieron cada rincón de la Argentina, integrando las formaciones más emblemáticas de la época: desde la orquesta de Chazarreta hasta los conjuntos de Bailón Peralta Luna y José Gómez Basualdo.

Manuel fue un hombre de una sencillez que conmovía. A pesar de los aplausos y de haber compuesto himnos como la “Zamba para mi luna”, nunca perdió esa amabilidad propia de los "pagos". Ese reconocimiento a su integridad y talento cristalizó en 2005, cuando el Ateneo Cultural Folclórico de Cosquín le rindió un emotivo homenaje, devolviéndole en afecto todo lo que él le entregó a la cultura popular.

Un Legado Imprescindible

·         Qué lindo se ha puesto el pago

·         Ciudad madre de ciudades (con Leocadio Torres)

·         Quiscaloro, quiscaloro (con Cristóforo Juárez)

·         Violincito santiagueño (con Fortunato Juarez)

·         Zamba para mi luna

·         Yacu Misky

Porque mientras haya una guitarra en un patio santiagueño, la voz de Don Manuel seguirá contando historias.


El hombre que le puso música a la nostalgia: Una tarde con don Manuel Jugo

 A sus 94 años, el legendario guitarrista y compositor santiagueño nos abre las puertas de su hogar para desandar el camino de una vida entre cuerdas, trenes de carga y el nacimiento de himnos populares como “Añoranzas”.



La tarde caía con esa pesadez típica de la humedad tras la lluvia en el barrio Jorge Newbery. Pero dentro de la casa de don Manuel Jugo, el clima era otro. Allí, el tiempo parece haberse detenido para dar lugar a la memoria. Manuel, con la lucidez de quien ha vivido cada segundo con intensidad, nos esperaba rodeado de sus hijas y de recuerdos que huelen a madera de guitarra y a viajes infinitos.

Manuel Augusto Jugo nació un 26 de abril de 1913, y aunque hoy diga con humildad que su memoria ya no responde, sus anécdotas fluyen con una precisión asombrosa. Su romance con la música comenzó casi como un acto de rebeldía: “Debo haber agarrado la guitarra a escondidas”, confiesa entre risas, recordando el instrumento de su padrastro, quien supo acompañar al mismísimo Andrés Chazarreta.

"En 1938 fuimos a Radio Belgrano y Julio Jerez nos trajo una chacarera. Tuvimos que ensayarla toda la noche, tomando algo, seguro. Era 'Añoranzas'".

Aquel encuentro en Buenos Aires marcaría la historia del folklore argentino. Junto a su compañero de ruta, el "Nono" Jesús Corvalán, integró el legendario Dúo Jugo-Corvalán. Fueron tiempos dorados donde el talento santiagueño conquistaba la capital, no por azar, sino por el peso de su arte. En 1936, Chazarreta ya lo había llevado a debutar en Radio El Mundo y a grabar en los míticos estudios de RCA Víctor.

Su vida fue un desfile de figuras icónicas. Compartió transmisiones con Agustín Magaldi, a quien recuerda como un hombre "muy buen mozo", y cruzó miradas en un rincón de la radio con la mismísima Libertad Lamarque. “Su mismo nombre la llevaba a eso, a la libertad”, reflexiona hoy Manuel, con una sonrisa pícara al recordar su exilio posterior.

Pero Jugo no fue solo un hombre de escenarios y radios elegantes. Fue, ante todo, un buscador. Un viajero que recorrió el norte argentino en trenes de carga, compartiendo vagones con inmigrantes polacos, con la guitarra como único equipaje y el horizonte como destino. “He andado tanto, hermano”, repite, rememorando aquel espíritu libre que incluso lo llevó a enrolarse en Salta antes de que el maestro Chazarreta lo mandara a buscar para traerlo de vuelta al redil de la música.

Su legado creativo es inmenso. De su inspiración nacieron clásicos como “Qué lindo se ha puesto el pago” y la inolvidable “Zamba para mi luna”, compuesta una noche de verano en el patio de su casa. Esta última, grabada por Los Cantores de Salavina y rescatada por el Dúo Coplanacu, sigue emocionando hasta a los propios intérpretes; Roberto Cantos no pudo evitar las lágrimas en un reciente homenaje al maestro.

Hacia el final de nuestra charla, a pesar de que la salud ya no le permite abrazar la guitarra como antes, Manuel no se priva de regalarnos su voz. Se pone de pie en el living y entona un valsecito inédito dedicado a los 450 años de Santiago del Estero. Su vitalidad es contagiosa, su espíritu, inquebrantable.

Cierre reflexivo:

Al despedirnos, queda la sensación de haber transitado por un puente hacia un pasado de sacrificios y grandes satisfacciones. Don Manuel Jugo representa esa estirpe de artistas para quienes la música no era un negocio, sino una forma de caminar la vida. Se va uno con el corazón lleno, sabiendo que mientras existan hombres como él, la esencia de nuestro suelo seguirá vibrando en cada acorde de una chacarera o en el silencio de una zamba bajo la luna.

Nota basada en la entrevista publicada el 9 de mayo de 2007 en el semanario Notiexpress, considerada la última gran crónica realizada al maestro en su tierra natal.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Manuel A. Jugo 94 años no es nada

 


Esa tardecita llovió, estuvo fresco y luego la humedad envolvió todo el barrio Jorge Newbery con su pesadez. Pero nada de eso impidió que don Manuel Jugo nos esperara con ganas de contar algunas de sus historias, impregnadas por 94 años de vida recién cumplidos. Acompañado por dos de sus hijas, Divina y Palmira, estrecha la mano y se acomoda como para iniciar un viaje. O un paseo.

Cuentan las crónicas que junto al “Nono” Jesús Corvalán formó el legendario Dúo Jugo-Corvalán, con el que recorrió los escenarios del país. Y quizás la historia que mejor pueda definir la trayectoria de Manuel sea la que narra la primera interpretación de la chacarera que sería un himno con el paso del tiempo. “Fue en 1938. Fuimos a tocar en Radio Belgrano en Buenos Aires y un día se presenta Julio Jerez con una chacarera para que la toquemos, así que tuvimos que aprenderla y ensayarla durante toda la noche. Y tomando algo, seguro. Era Añoranzas”, cuenta animado don Manuel.

Cada vez que se lo invita a recordar sonríe y empieza a hablar con lucidez envidiable y esa calma que da la experiencia a pesar de afirmar que “a mí la memoria ya no me responde”. Nacido el 26 de abril de 1913 en esta ciudad capital, Manuel no recuerda cuándo fue la primera vez que agarró una guitarra, pero sí que “debe haber sido a escondidas, porque no me iban a entregar la guitarra, no era mía”. Era la de su padrastro, quien tocaba con don Andrés Chazarreta.

 En 1936, el mismo Chazarreta lo llevó a Buenos Aires para actuar, con la Compañía de Arte Nativo, en la recién inaugurada Radio el Mundo y a grabar en RCA Víctor. Por ese entonces formaba un dúo con Miguel Acuña y ahí sí, compró la primera guitarra propia. Corrían los tiempos en que todavía llegar a la gran capital no significaba un triunfo. Viajaban nuestros artistas porque los contrataban.

“Yo tenía dos ídolos de la canción en esa época: Agustín Magaldi y Libertad Lamarque. Con Magaldi compartimos una transmisión de Radio Belgrano, era muy buen mozo. Ese mismo año falleció. Y otro día, en la misma radio, me dice Fernando Raed: ‘Dese vuelta con disimulo, mire quién está sentada en el rincón’. Me doy vuelta y era Libertad Lamarque, la gran estrella de América. Después con el peronismo se tuvo que ir, no sé qué pasó. Y bueno -ríe Manuel- su mismo nombre la llevaba a eso, a la libertad.”

Amante de viajar, de no quedarse quieto, Jugo ha recorrido mucho y varias veces el norte argentino desde muy jovencito, a veces acompañado por algún músico amigo y otras… “He andado tanto hermano. Viajaba en tren de cargas, solo y con la guitarra, pero por andar nomás. Muchos inmigrantes polacos también viajaban así. Yo me enrolé en Salta, pero volví porque don Andrés me hizo buscar. Creo que una sola vez viajé en tren de pasajeros”, dice riendo.

Otra vez, de viaje por Mendoza con Corvalán durante la Fiesta de la Vendimia, acepta una invitación de una radio para un festejo. Y una pareja de baile también llegó invitada. “Todas nuestras miradas eran para la mujer. En un momento me sacó a bailar esta señora hermosa y cuando llegaba el ‘aro aro’ había que detenerse. Y yo me quedé con las manos en su cintura y ella también me agarraba a mí, entrelazados. Cuando me voy a sentar le pregunté a Corvalán: ‘¿Has visto cómo me abrazaba esa mujer?’. Y él me dice: ‘Si ti esta’o odiando’.

“Hice ‘Zamba para mi luna’ sentado en el patio, una noche de verano, viendo la luna. Me inspiré y fue saliendo de a poco”. Esa zamba fue grabada, entre otros, por Los Cantores de Salavina y el Dúo Coplanacu. Estos últimos la unieron a ‘Luna Tucumana’ de Yupanqui. Justamente Roberto Cantos, de Coplanacu, no hace mucho, durante un homenaje a Jugo, al momento de dirigir unas palabras, sólo pudo decir gracias y se quebró emocionado. “Muy buenos son los barbudos -dice Manuel sobre el dúo de Roberto Cantos y Julio Paz- se nota que han estudiado la música, me gustan”.

Don Manuel tiene también en su haber creativo ese clásico que es ‘Qué lindo se ha puesto el pago’, que interpretan muchos, como Los Tucu-Tucu; ‘Mía y de Dios’ es una bella zamba que escribió para su mujer, ‘La Quishcaloro’ con versos de Cristóforo Juárez; ‘Coplas de Chacarera’ o ‘Una estrella va’, compuesta en honor a Andrés Chazarreta cuando éste partió a mejor vida.

Atrapado una vez más por la inspiración, hace unos años Manuel escribió un valsecito inédito para Santiago del Estero con motivo del 450 aniversario de nuestra provincia. Sin ningún problema y mucha gana, el hombre se puso a cantar en el living de su casa:

“Con sus brazos abiertos y sus cuatro centurias, Santiago del Estero se entrega en amistad.

Como ardor de leyenda de sus propias penurias, Resurge majestuosa la muy noble ciudad…”

Fue solo una muestra de la vitalidad del autor. La cantó entera y después empezó otra.

Por un problema de salud no puede con la guitarra, pero no le preocupa tanto ya a este caballero que también fue peluquero y cumplió funciones en el Ministerio de Trabajo de la provincia.

“He hecho una vida de mucho sacrificio, con grandes satisfacciones, pero con sacrifico. No siempre anduve bien comido ni vestido en esos viajes. Gracias a Dios cumplí 94 años y estoy muy bien. Mis hijos me acompañan y no me dejan solo nunca. Estoy muy bien”.

El breve y variado paseo termina. Don Manuel Augusto Jugo tiene más historias y recuerdos que contar sobre un mundo que ya no está y probablemente fue mejor. Lo lindo es que las puertas de su casa están abiertas.

Nota publicada el 9 de mayo de 2007 en el semanario Notiexpress, la última realizada por un medio santiagueño.