Mostrando las entradas con la etiqueta Juan Carlos Carabajal. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Juan Carlos Carabajal. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de mayo de 2026

Porqué soy folklorista

 


Por Juan Carlos Carabajal

Esencialmente por mi condición de santiagueño que lleva en la sangre el mandato de mis mayores y de la gente que habita en esta tierra bendita. Por la emoción que me produce cuando escucho a Juanita Simón y a sus hermanos, a don Sixto hablando el dulce idioma quichua y a su violín desgranando melodías centenarias y Carlos y Graciela Carabajal cantando la vidala “Te hei vuelto a ver”.

Soy folklorista porque desde mi tierna infancia escuché en una radio a batería a don Eduardo Falú tocar “La cuartelera” y a don Atahualpa cantar “El arriero” y a los músicos del pueblito El Pértigo interpretar algún chamamecito retozón para que bailara la paisanada. De vez en cuando aparecía don Leandro Mansilla con su guitarra y me asombraba cantando la chacarera del Mishky Mayu. Un día vino un paisano de la capital, pidió una guitarra y cantó el tema que estaba de moda: la zamba “Qué lindo se ha puesto el pago” de don Manuel Jugo. Escena inolvidable que con sólo recordarla se me calienta el alma.

No podría haber sido otra cosa que folklorista si don Miguel Simón no me llamaba un día a su casa y me daba una melodía de gato que con mi letra se transformó en “Te dejo mi adiós”. Me emociona recordar la fiesta en homenaje a San José los diecinueves de marzo en Sauce Solo, un escondido paraje loretano y ver a la gente bailar una chacarera a la manera tradicional como lo aprendieron de sus mayores y sin atisbos de academia alguna. También a la madre en un patio de tierra enseñar con amoroso gesto a su changuito las vueltas de la coreografía de un gato.

No hubo elección en esto de ser folklorista, simplemente a edad temprana me dediqué a cultivar la música y la poesía teniendo como ejemplo a tanto poeta y músico talentoso que ha parido esta tierra sin igual.

Por mi parte hice lo mío cuya validez no puedo justipreciar, tan solamente vertí sobre el papel lo que me dictaban mis emociones y sentimientos. Tal vez cuando me vaya para el silencio quede alguna línea de mis canciones en la memoria de mi pueblo. Tal vez, quien dice.

Juan Carlos Carabajal / Santiago del Estero, otoño de 2014

viernes, 10 de abril de 2026

La Estirpe del Monte y el Diapasón: El Encuentro que Forjó una Leyenda



En el vasto mapa sentimental de Santiago del Estero, existen encuentros que trascienden la mera anécdota para convertirse en mitología fundacional de nuestra cultura. Uno de esos instantes ocurrió a finales de la década del 40, en el corazón de Nueva Esperanza, cuando un joven Carlos Carabajal —quien por entonces dividía su fervor entre los goles de Sarmiento y el canto— cruzó su destino con el de Don Ponciano Luna. Aquel encuentro, rescatado del archivo sonoro de Juan Carlos Carabajal en su emblemático programa Mateando con Juan Carlos, no solo dio origen a una de las chacareras más entrañables del cancionero popular, sino que cristalizó una forma de entender la vida y el arte.

El Retrato de una Nobleza Rural

Hacia 1947, el llamado del fútbol llevó a Carlos a Nueva Esperanza. Sin embargo, en la casa de su hermano Tito, la pelota cedió protagonismo al asombro. Allí lo esperaba Ponciano Luna. Al recordarlo, la voz de Carlos se impregna de una devoción casi sagrada: describe a Ponciano no solo como un músico, sino como el arquetipo de la hidalguía del monte. Era una nobleza que no se heredaba por títulos, sino por la educación del silencio, el trato afectuoso y esa hospitalidad intrínseca del hombre de campo.

La conexión fue inmediata y telúrica. Ponciano desenfundó el violín y Carlos, con la intuición de los elegidos, se dispuso a acompañarlo. En ese diálogo entre cuerdas y madera, nació un afecto que pronto se expandió hacia los caminos polvorientos de la provincia.

La Liturgia del Camino: Sulquis y Leguas

La formación de un trío junto a Don Lucindo Prado marcó una época de trashumancia musical. Eran tiempos donde la distancia se medía en el cansancio de los animales y la paciencia del viajero. Para tocar un sábado, la partida se imponía el viernes; el sulky era el templo móvil donde se custodiaban los instrumentos. Había una ética del cuidado: llegar antes para que los caballos descansaran, un respeto por el ritmo natural que hoy parece olvidado en la urgencia de la modernidad.

A través de leguas y barriales, Carlos operaba como un puente cultural. Él traía consigo las melodías "de moda" de la capital santiagueña, transmitiéndolas de boca en boca a Ponciano y Lucindo, quienes las tamizaban a través de su propia sensibilidad rural.

El Humor como Refugio

La narrativa de Carlos Carabajal nos regala también una pincelada del ingenio criollo. Entre las "barritas" de jóvenes que rodeaban a los músicos en busca de novedades, Ponciano Luna ejercía una sabiduría pícara. Ante la insistencia de algún muchacho que, buscando lucirse, le preguntaba qué pieza seguía en el repertorio —“¿Qué viene, Don Ponciano?”—, el violinista apelaba a una sordera táctica y magistral. “Cerveza nomás, hijo”, respondía, transformando la ansiedad del pedido en una invitación al brindis, recordándoles que el arte, en el baile, es también una celebración del encuentro.

Del Recuerdo a la Canción

Aquel vínculo, forjado en la nobleza de las madrugadas de Nueva Esperanza, terminó por decantar en la creación artística. Años más tarde, Carlos, junto a su hijo Peteco, traduciría esa admiración en los versos y la melodía de “A Don Ponciano Luna”.

Lo que comenzó como una invitación para jugar un campeonato de fútbol terminó convirtiéndose en un hito de la identidad cultural santiagueña. La historia de Ponciano Luna, rescatada por los Carabajal, nos recuerda que detrás de cada gran chacarera palpita un hombre, un camino recorrido en sulky y la inagotable nobleza de una estirpe que se niega a ser silencio. Don Ponciano Luna fallecería en mayo de 1970.

Fuente: Fragmento de la entrevista de Juan Carlos Carabajal a Carlos Carabajal en el programa Mateando con Juan Carlos.


viernes, 13 de marzo de 2026

Marcelo "Cola" Ferreyra, en el recuerdo

 Nota extraída de la revista Santiago Guitarra y Copla, creación del Maestro Juan Carlos Carabajal.


Hablar con Elva Jugo significa ingresar a una marca de recuerdos que tiene que ver con un personaje apasionante: su esposo Marcelo Ferreyra, letrista de folkore santiagueño, hombre de la vieja guardia de músicos y artistas, fallecido en julio de 1992.

La notable capacidad de Marcelo como poeta, su gran visión de folklorista y la cantidad enorme de temas que dejó, son, de alguna manera, indicadores de un camino que debieran seguir, en algún momento, los que se dedican a la tarea de la canción.

Elva Jugo fue durante muchos años su compañera, en la vida y en las letras, y tiene la palabra encendida y clara a la hora de evocar al "Cola i'gallo", como se lo conocía a Ferreyra en el ambiente de los músicos. Esta mujer sencilla que es Elva, que habla con voz medida y sin altisonancias, publicó en 1995 a través del sello Phonodisc una grabación homenaje a su esposo. Son 10 canciones (cuyas músicas pertenecen en su mayoría a Elva) que evocan parte de la muy frondosa producción del escritor santiagueño.

Del lúcido recuerdo de Elva sale un concepto como éste: "Marcelo era extraordinario produciendo temas. Veía algo por la calle que le interesaba, un pájaro, una flor... y era como si entrara en otra dimensión. Cuando volvía, ya tenía completo el tema y me lo recitaba. Tenía una memoria y una facilidad increíble para eso"..

El "Cola" era, según evoca Elva, un hombre muy casero que casi no iba a las reuniones. Eran casi siempre infructuosos los pedidos para una fotografía o un reportaje que documentaran su memoria y su obra. No que ría hacerlo. Ella le preguntaba el por qué; él respondía: "no tiene importancia lo mio, no tiene valor".

Pero la obra del "Cola" sí que tenía importancia. Sus temas fueron grabados por primerísimas figuras del canto argentino (Chalchaleros, Manseros Santiagueños, Zamba Quipildor, Cantores del Alba, Los Santiagueños, entre muchos otros), Lo cual confirma la trascendencia que su mismo autor, un hombre solitario y triste, les negaba.

Historia de amor y de vida

 “El venía a mi casa -recuerda Elva - en calle Unzaga, entre Chacabuco y Patagonia, pues era amigo de una de mis hermanas. Curiosamente, allí nunca lo vi, no lo conocí. Estando en Buenos Aires, tras volver de un viaje de Bolivia adonde estuve establecida un tiempo, mis hermanas sugirieron ir a dar un paseo. Yo por entonces atravesaba una fuerte crisis de depresión por la enfermedad de mi padre. Entonces nos encontramos durante ese paseo, de noche y Marcelo se acercó a saludar a mi hermana. Ahí nos conocimos. Luego de esa vez nunca más nos separamos. Fueron 28 años. Finalmente compramos una casa en Glew, un pueblito lindo de la provincia de Buenos Aires, a 39 minutos de Constitución, que es el lugar en que vivo".

MI AMIGO TIENE UNA PENA / SOLEDAD, TIERRA Y QUIMERA / AUSENCIAS DEL PAGO VIEJO AMORES, MADRE, QUERENCIA. / COPLERO DE CIUDAD Y MONTE / DE RAZAS DESHEREDADAS /PERO REVIVE EN TUS COPLAS/PUEBLOS, CAMPOS Y TU INFANCIA. / COPLERO DE LOS SILENCIOS / DEL AMOR, ALMA Y VIDALA / CANTANDO TUS DULCES ZAMBAS/VUELVO A MI TIERRA LEJANA./ MARCELO COPLA FERRERYA / SONCOY BU- LIA DE MI PECHO/HOY TE CANTA AGRADECIDO ESTE CANTOR SANTIAGUEÑO./

"Coplas para un coplero", de Shalo Leguizamón y Germán Gómez, es una canción dedicada a la figura del poeta santiagueño. Es además una de las obras que inspiró el recuerdo de quien fuera prolífico letrista (oficio que cuenta con prestigiosos nombres: Pablo R. Trullenque, Vicente Castiñeira, y siguen las firmas). "También Felipe Rojas -nos apunta Elva- le escribió un hermoso tema, lo que demuestra el cariño y el afecto con que se lo recuerda".

Pedro Segundo Rojas Cuozzo, historiador de vivencias santiagueñas, también tiene lo suyo para decir acerca de Marcelo Cola i gallo" Ferreyra. "Tenía la mirada puesta en la belleza del cielo santiagueño comienza. Y como una forma de ejemplificar la inventiva de Ferreyra recurre a una anécdota: "en el barrio se ganaba la admiración de todos al hacer letras en forma de parodias en base a canciones conocidas. Luego ingresó en una academia de danzas y se lo distinguía por su elegancia para bailar la zamba. Tengo en el recuerdo noches interminables de amigos, zapateos, guitarra y bombo".

Transcurre la charla y la palabra bohemio surge casi de manera obvia para describir la personalidad de Marcelo Ferreyra. Casi de manera automática, Elva corrige sobre la marcha...

"... era un bohemio muy pulcro, uno muy especial. A pesar de que parecía jocoso era tímido al extremo. Cuando llegaba a un lugar y no conocía a nadie, pegaba la vuelta y se iba. Tenía una cantidad de amigos que lo querían y lo respetaban.

¿Cuál fue la primera canción que le grabaron a Marcelo?

"Chacarera del finado", por Los Chalchaleros. Marcelo conoció a Ernesto Cabezas en la provincia de Buenos Aires, cerca de Merlo. Marcelo tenía la costumbre de silbar despacio cajonear sobre su pecho. Y Cabezas (que no lo conocía hasta entonces) iba sentado a la par en el tren; lo escucho y de inmediato trabaron amistad. Marcelo le canto la chacarera, Ernesto se entusiasmó llevó la propuesta al conjunto de grabársela. También era amigo de Juan Carlos Saravia.

Otros amigos de Marcelo eran Los Manseros Santiagueños

Los quería mucho a Los Manseros: también era amigo de Zamba Quipildor, que le grabo varios temas. También Mercedes Sosa le grabo una canción: "Cuando muere el angelito". Fue muy amigo de Juan Carlos Aguirre de Los Cantores del Alba. Muchos conjuntos importantes llevaron la poesía de Marcelo a distintos puntos del globo.

Nuevamente el que habla es Pedro Rojas Cuozzo: "otra cualidad de Marcelo  Ferreyra que lo distinguía de los adolescentes del barrio, Cuando digo el barrio me refiero al lugar de reunión, Avenida Roca y calle Catamarca.

Marcelo fue un excelente ejecutante de bombo. En el barrio se comentaba que Los Chalchaleros querían tenerlo para que les tocara el bombo a la usanza salteña. Marcelo no congenio con esa propuesta y no ingreso al conjunto. Después, en su andar con el arte nativo fue desarrollando su vuelo poético y lo demostró con su "Zamba del Cuarto Centenario", que había escrito con motivos de los festejos que se avecinaban por la fundación de nuestra ciudad. Afirmado sobre una pared y cajoneando sobre su pecho con las manos, nos cantó la zamba. Las autoridades del Consejo General de Educación oficializaron la zamba para que fuera enseñada en las escuelas".

En su cotidianeidad matrimonial, Marcelo y Elva Jugo conjugaron dos roles: esposos y creadores. Nos dice que era la cosa más natural, algo que ocurría a diario: "Marcelo hacia una letra y me pregúntala si podía ponerle música. Sucedió con María sin luz y con El niño del pájaro, un tema que hicimos para Hugo Díaz que no se conoció. Con Marcelo escribimos muchas canciones. Después de su muerte hice Alma vidalera, sobre una letra”.

 

Fuente: Nota extraída de la revista Santiago Guitarra y Copla, creación del Maestro Juan Carlos Carabajal.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Una Mateada Inolvidable: Homenaje a la Palabra de Juan Carlos Carabajal

 

"Juanca" Carabajal junto a Pepinot

En el panteón del folclore argentino, hay nombres que resuenan con la fuerza de la tierra misma. Juan Carlos Carabajal, "Juanca" para los amigos, es uno de esos pilares. Compositor prolífico, hombre de radio galardonado con el Martín Fierro y, sobre todo, un guardián de la identidad santiagueña. Su partida deja un silencio, pero su obra permanece como un eco eterno en chacareras, zambas y gatos que son parte del alma popular.

Hoy, a modo de homenaje, rescatamos una de esas charlas íntimas y sinceras, una "mateada" donde desnudó su proceso creativo, sus recuerdos y su visión del arte. A través de esta entrevista, volvemos a escuchar la voz humilde y sabia de un maestro que escribió, no para el éxito inmediato, sino para la eternidad.

Don Juan Carlos, ¿cómo nace ese impulso creativo, ese momento en que un autor se descubre a sí mismo?

- Quien me descubre fue don Miguel Simón, aunque yo ya tenía composiciones mías, escritas en Quimili, por ejemplo “Entra a mi hogar”. Pero digamos que el grueso de mi actividad como letrista fue con don Miguel. Con él, comienzo a escribir las letras para temas de los Hnos. Simón. Hicimos juntos entre 10 y 15 canciones, entre gatos, zambas, escondidos y chacareras.

¿Cuánto significa don Miguel Simón en su carrera?

- Mucho. Don Miguel me alojaba en su casa, me aconsejaba, hacía todos los papeles de S.A.D.A.I.C., o sea, tenía un método más estricto y responsable de trabajo. Me abrió la puerta de entrada, la entrada grande, al ambiente del folclore.

¿Cuál fue su primera creación? ¿Y quién las grabó?

- El primer tema fue una chacarera llamada “Para el señor de Mailin”, que fue compuesto con motivo de la visita de la imagen a Quimili. Después, los Sin Nombre me grabaron una polca que hicimos con José Gómez llamada “Soledad y melancolía”, y los Hnos. Toledo me grabaron “Corazón de crespín”, ahí arranqué. Ya antes, con Don Miguel Simón, hice el gato “Te dejo mi adiós”.

“No escribo por escribir, la canción nace cuando tiene que nacer”

Su obra está repleta de clásicos ¿Usted cree en la temporalidad de una canción folclórica?

- La ventaja del folclore es que puedes resucitar una canción. ¿Sabes cuántos años tiene la zamba “Agitando pañuelos”? Tiene unos 50 años. Es atemporal la canción, afortunadamente eso pasa con el folclore. Y esto debería tener en cuenta los chicos que están escribiendo, que no busquen el éxito inmediato, “pasatista”, sino que apunten a componer canciones que perduren. “Entra a mi hogar” tiene más de treinta años, lo escribí en Quimili. Con Jacinto hicimos “Hermano Kakuy” a fines de los 80.

Hablando de Jacinto Piedra, la creación de "Hermano Kakuy" es casi una leyenda. ¿Cómo fue aquel contacto?

- Fue muy esporádico. La grabación de la melodía de “Hermano kakuy” me viene a través de Elpidio Herrera, a quien le dijo Jacinto: “pásale a Juan Carlos”. Y fue una historia muy larga registrar la canción, porque él estaba en contra del sistema. Jacinto era una persona muy irascible, mas creo que solo estuvo una vez en mi casa, una noche; y después fue encontrarlo por ahí en la calle y hacer planes en común que lamentablemente nunca se pudieron cumplir.

¿Es por esto que no hay más obras junto a Jacinto?

- Yo no escribo por escribir, la canción nace cuando tiene que nacer. Y hay personas con las que a pesar de haberlo intentado nunca pudimos escribir nada, y hay gente que no se dedica a esto y me tiró una idea, y en base a esa idea surge una canción. Lo que interesa es la fuerza de la idea.

¿La letra de una canción nace a partir de la melodía?

- Yo por lo general trabajo sobre las melodías que me pasan mis coautores. Aunque mi hijo me aconseja que abandone a mis coautores; he aceptado ese consejo, él es gente autorizada. Lucas es un gran músico, él armó el Rejunte. He hecho varias canciones, en los dos discos de “En pueblo en pueblo” hay varias canciones con letra y música mías.

De su vasta obra, ¿cuál es la canción que más satisfacciones le trajo?

- Sin dudas, por la repercusión, por la receptabilidad de la gente es “Entra a mi hogar”, es un himno. Cuando el pueblo canta tus canciones desapareces como autor. Hay canciones como “Las coplas de la vida” o “Para los ojos más bellos”, que afortunadamente han trascendido. Son estímulos, satisfacciones que se sienten muy íntimamente y que confirman que lo que he escrito tiene algún fundamento.

Don Juanca, cuénteme sobre “Gatito para mi mama”, una de las más bellas composiciones referidas a la madre.

- Bueno, es la mamá de todos los santiagueños, es una verdadera joya. Ese tema estuvo muchos años escondido. En 1988, salió la segunda edición del disco de Santiago Guitarra y Copla. Mi coautor es el maestro Carlos Toledo. Mario Álvarez Quiroga me hizo un elogio, dice que es lo máximo escrito en materia de temas dedicados a la madre. Son síntesis de la mamá universal. Uno busca siempre que la canción trascienda. Una canción debe tener un espíritu, una idea, una personalidad.

Don Juan Carlos, ¿cómo nace El rejunte?

- El rejunte nace en Oncativo, el dúo con Lucas debuta en Sayana, un desaparecido pub de Oncativo. Recuerdo, el “negro” Blanco, un amigo, después de una charla nos invita a tocar en este pub. A partir de allí con Lucas nos ponemos a armar una carpeta con las letras y se agregó Alejandro Urbani, que falleció ya, y luego Hugo Cano más Juan Manuel Repolles completaron el grupo.

“Que quede claro, yo no busco el reconocimiento”

¿Cómo surge la idea de “De pueblo en pueblo” y qué significa? Tengo entendido que ya va por el tercer disco.

- El origen tiene que ver con visitar a mis amigos en enero de 2006. Con mi guitarra, arranqué en Villa Quilino, así arrancó “De pueblo en pueblo”. Durante ese mes de enero recorrí 11 ciudades. Después me gustó cómo venía la cosa y arranqué. De vuelta en Santa Rosa, Río I, y de allí no paré más. Si la idea es completar una trilogía, ya estamos preparando el tercero.

Usted fue maestro rural, ¿“De pueblo en pueblo” lo llevó a revivir este su primer amor?

- Claro, para mí, el contacto con las criaturas es una maravilla. Llevo cerca de 130 lugares visitados, miles de niños y grandes también, porque después hacemos peñas. Y así voy recogiendo material de los músicos que integrarán mis discos.

Y, para terminar, ¿Don Juan Carlos cómo ve la cultura de Santiago del Estero en la actualidad?

- Santiago avanza culturalmente, por su gente, por los arrestos individuales, esa persistencia de crear, bailar, actuar, escribir. Hay una gran fuerza que nos sustenta. Somos un pueblo de pensamiento, de conceptos, de creatividad, y eso nos distingue a nivel país. El mayor tesoro que tenemos es nuestra identidad. La defensa de nuestra identidad. Hundir el pensamiento en las raíces está a la mano, todos los días.

Al final del camino, ¿se sentía reconocido en su tierra?

- Que te quede claro, yo no busco el reconocimiento. Lo que la gente no sabe es que la gira nacional ha sido declarada de interés educativo, legislativo y nacional. La verdad que no, no figuro en los festivales oficiales, más en el último festival de la chacarera actuamos gratis, no estábamos en cartelera.

Sus palabras finales en aquella charla resuenan hoy con una mezcla de dolor y verdad. Quizás el reconocimiento oficial fue esquivo, pero Juan Carlos Carabajal alcanzó algo mucho más grande: la inmortalidad. La que se gana cuando una canción deja de pertenecer a su autor para convertirse en la banda sonora de un pueblo entero. Su legado no está en las marquesinas, sino en cada guitarra que entona sus melodías y en cada corazón que se estremece con sus versos.

Basado en la entrevista original realizada por Jorge Roberto Galian.

domingo, 2 de marzo de 2025

ORLANDO GEREZ, alma y sentir del bandoneón

 


Felipe Carpos primero
y luego Orlando Gerez.
vivimos en este rancho
de copla, música y miel.
 
 
En este rancho, señores.
changuitos de un dulce tiempo tiempo
que no ha de volver.
hemos vivido los tres.

 Dicen las inspiradas coplas del poeta Alfonso "Pocho" Nassif y el lugar es Pampa Muyoj (Depto. Figueroa). En ese pago vio la luz este músico que está ahora frente nuestro acurrucando en sus rodillas a su compañero inseparable, el que le dio la oportunidad a sus ansias de aprender música, de componer canciones y de trascender.

Territorio quichuista, ("no hablo quichua pero si dos personas dialogan, entiendo perfectamente", admite), allí su padre que era obrajero le compró el primer instrumento. Cuando el hombre falleció, la familia se trasladó a esta capital. Orlando tenía 15 años y muchos deseos de aprender música.

Tocaba de oído algunas chacareras que tuvo que dejar de lado cuando entró a la academia del profesor Gabriel Esper. Estudió con pasión el difícil instrumento que haría desertar a muchos alumnos ante la ansiedad de los padres que querían que los chicos aprendieran cuanto antes para exhibirlos en las fiestas familiares.

-"Entonces era distinto. Estudié con muchas ganas y no quería desaprovechar el tiempo. No duró mucho porque había que trabajar", evoca Orlando que recupera de su memoria la figura de los músicos de aquella época: Lulo Gorostiza, Fidel Lucero, Alberto Pérez. Lazaro Loto, el "Paton" Rios, por ejemplo".

Las dificultades para el aprendizaje se explican porque el bandoneón suena distinto al abrir y al cerrar. "Incluso de la izquierda tiene una octava menos", aclara el músico que observa la escasez de concertistas de bandoneón, aunque si apunta una nómina de grandes ejecutantes, sobre todo en el tango. Admira a Astor Piazzola a quien vio tocar hace muchos años en Santiago, en el famoso Rincón de los Artistas. "Andaba sin su bandoneón porque lo que tuvo que tocar en el que había en el bar al que le faltaban algunos botones".

Su carrera como compositor e intérprete

El joven Orlando Gerez armó su primer grupo en el 57 iniciando una vertiginosa trayectoria que lo proyecta a nuestros días con 16 trabajos grabados. El más reciente, acaba de aparecer y se titula: "A mi pago Coro Pampa".

En el ínterin hay que anotar su aprendizaje revistando en las filas de los grupos de don Sixto Palavecino, los Hnos. Simón, Típica Tradición, "El Barrialito", "Los Ases del Tango" y sobre todo con Domingo Rodríguez, "El Caballero del Chamamé", con el que recorrió toda la provincia.

-"Con mi primer conjunta que integraban Bulacio, Paz y Gómez tocábamos en los bailes populares: "Tinguilo" y el club Villa Nueva, por ejemplo. En el baile de Lucha tocaba con el Ruso Ledesma y su hermano et Tuno, de día en Lucha y de noche en Graciani. Eran los tiempos en que los carnavales duraban seis días y había que tener mucho repertorio, con entradas que duraban una hora", rememora Gerez que por aquellos tiempos también actuaba en la vieja radio LV11 en ciclos mensuales pagados. En el salón auditorio de la emisora vio por primera vez a Fidel Lucero, músico notable que fue su amigo hasta el final de sus días. También vio allí a los Hermanos Simón, a Los Tobas y a Los Luceros. Época también de buenos cantores de tango como el Pibe Miranda, Jorge Cristal, Américo Navarro, en el apogeo del Rincón de los Artistas con el Mandinga del Bandoneón, Sixto Díaz y el Chango Ledesma.

Tiempos heroicos donde los músicos debían cumplir verdaderas maratones porque no existían equipos de sonido ni escenarios.

-"En el campo no querían bailar con grabaciones. Una vez en Garza con el Ruso tocamos desde las 13 hasta las 20, sin descansar. Ahora tocan 15 minutos y ya se quieren bajar".

Los tiempos modernos encuentran al músico con un largo camino recorrido y una madurez como compositor e instrumentista que le han ganado el respeto y la admiración del público y de sus colegas. Valora todo lo vivido hasta ahora y pone el acento en sus maestros. Recuerda a Damasio Esquivel que lo introdujo sabiamente en el universo de la música del litoral que ejecuta con tanta destreza como el folklore.

-Orlando, si tuvieras que aconsejar a los chicos que recién se inician, ¿qué les dirías?

-"Primero que aprendan música, la teoría, el solfeo, la armonía para poder arreglar un tema. Que conozcan con profundidad la música tradicional. Después que hagan lo que quieran, sin desvirtuar la esencia, sin perder la raíz. Que escuchen a los grandes: Chazarreta, Julio Jerez, Hugo Díaz, Hermanos Simón, Hermanos Ríos, los Hermanos Díaz, porque todo nace de ahí".

Orlando Gerez admite que tiene ganas de volver a Pampa Muyoj.

-"A veces cuando voy a Buenos Aires me encuentro con mi coterráneo Segundo Cortés que tiene un programa de radio. Con él hablamos del pago y recordamos cosas de nuestra infancia", Como para no perder contacto con las raíces.

Fuente: Nota extraída de la revista Santiago Guitarra y Copla, creación del Maestro Juan Carlos Carabajal.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Historias e imágenes del recuerdo

Por Juan Carlos Carabajal

 



Jacinto tocó la puerta de mi casa una siesta candente de febrero, allá por 1985 ... o quizás fue en el ´86. Tenía pelo largo, un pantalón jogging de color naranja y el ánimo optimista. Y muchas ganas de escribir.

Dio la casualidad que el músico atamisqueño Elpidio Herrera se encontraba pasando unos días en mi casa. Estábamos junto a mi hijo Fabio -el resto de mi familia estaba en Jujuy- cuando el músico/luthier nos alegró con su presencia.

Antes de esto, Elpidio ya me había pasado con su sachaguitarra una melodía y me había dicho: "esto te manda Jacinto para que le pongas letra".

Meses después, Jacinto y Peteco fueron a verme a mi trabajo, en una oficina provincial adonde trabajé hasta el año ´90. Llegaron a las apuradas a reclamarme la letra de la chacarera. La letra no existía aún. Yo, en los inicios de mi tarea compositiva, no tenía la dinámica adquirida mucho después.

Resulta que la cantante cordobesa Suna Rocha estaba por grabar. Y les había pedido, para su disco, un tema a Peteco y otro a Jacinto.

"Eh muchachos!!" -les dije- "me faltan un par de estrofas, tenganme paciencia ... vengan mañana y ya estará el tema completo". Nada de eso era cierto. Aún no había comenzado mi trabajo, aunque ya tenía la idea (lo cual no es poca cosa en materia de escritura). Eso sí, yo ya tenía pensado escribir sobre una leyenda popular, de las tantas que existen en la memoria colectiva santiagueña.

Apenas se fueron, intenté sentarme a escribir en la oficina. Sorprendidos, mis compañeros no salían del asombro por haber visto a los dos músicos.  No era común ver en persona a figuras tan importantes en pleno ascenso hacia la popularidad de los escenarios.

Mis compañeros, lejos de ayudarme con el silencio, se amontonaban con el ánimo de darme ideas. Ante esto, busqué la tranquilidad de un depósito donde se amontonaban viejos archivos. Ahí hice la letra, esa misma mañana, sin interrupciones y de un tirón.

Cuando vinieron los dos muchachos al día siguiente, ya con el alivio de la tarea cumplida, les entregué el papel con la letra de Hermano Kakuy.

Como final de la historia, Suna eligió para su disco Perfume de carnaval y dejó de lado la chacarera, que debutó en el disco Transmisión huaucke, editado por el sello independiente Confluencia, en uno de los más logrados trabajos de la historia del foklore nacional pues sintetiza un espíritu tradicional con otro mucho más contemporáneo.

Transmisión huaucke es una muestra de lo que los changos recogieron en su andar por el mundo, por la gran ciudad, de haber alternado con otros estilos (recordemos que Jacinto también participó en bandas de rock) y de haber tocado con gente como Chango Farías Gómez, Mono Inzaurralde y Verónica Condomí en aquel interesante proyecto denominado MPA.

Para finalizar, quiero destacar al recordado Rafael Touriño Cantos y al querido Jorge Juan, cuyos trabajos ilustran esta nota. Las fotos del memorable disco fueron sacadas en Vuelta de la Barranca, a poca distancia de la capital santiagueña.




El Algarrobo en la medicina Popular