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viernes, 3 de julio de 2026

La Rubia Moreno de Agustín Carabajal

 


Una melodía sencilla y unos versos tomados del libro "Reflejos del salitral" del poeta Cristóforo Juárez, sirvieron para que un músico casi desconocido, hiciera un éxito. El poema originario, era demasiado largo para una zamba, de ahí que hubo necesidad de cortarlo y adecuar las estrofas restantes a la melodía, de tal manera que el conjunto no perdiera en sentido ni en belleza. Toda la tarea la realizó el compositor, que se sintió atraído por aquellas estrofas del poeta incógnito, que, sin embargo, le hablaba de una manera especial a su intimidad, casi como diciendo lo que él mismo quería expresar. Hacía más de veinte años que había sido editado aquel libro de poemas, pero la personalidad de "La Rubia Moreno" aún subyugaba a quienes lo leían, y en especial a aquel músico que quería dar voz a sus sentimientos.

"La Rubia Moreno" cobró voz y vida a mediados de agosto de 1965, y la inspiradora, que es muy conocida en Santiago, le dio en seguida fama a la canción.

Cuando "Los Manseros Santiagueños la oyeron, en seguida quisieron integrar su repertorio con ese canto a una mujer santiagueña y la estrenaron el 18 de noviembre.

Aunque músico y poeta se conocían desde años atrás, nunca habían imaginado una asociación para el cancionero. La circunstancia fue de lo más favorable, ya que, del primer intento, se llegó al éxito.

El concepto de tradicionalista estricto que observa el compositor, no le quita actualidad a su obra, que es recibida con entusiasmo por todos los intérpretes.

Nos confiesa: —Aspiro a convivir musicalmente con los que hacen los llamados “temas de vanguardia”. Y continúa: —Aunque esta zamba es mi primera obra, creo que es un aporte para nuestra música, lo que me anima a seguir componiendo, que, por otra parte, es lo más ambicioso. Quiero agradecer, además, públicamente, a todos los folkloristas que hicieron posible que esta zamba se conociera, demostrando ausencia de egoísmo y alto espíritu de compañerismo. Es realmente alentador para un compositor, que, siendo un desconocido, su voz llegue a todos los rincones de la patria, y que cantantes que no tienen amistad con uno, se acerquen para pedirnos que les “pasemos” alguna obra.

—¿Qué opina de sus colegas?

—La música popular cuenta con músicos e intérpretes capaces, que hacen posible que se supere continuamente. Además, es importante, comprobar que tanto los intérpretes como el público, se están volcando hacia las canciones auténticas y con verdadero espíritu folklórico.

—La “Rubia Moreno” me ha dado muchas satisfacciones. No solo el hecho de sus numerosas grabaciones, que pueden significar algún beneficio económico. También el haberme puesto en contacto con mucha gente, entre la que he encontrado verdaderos amigos. Tal vez la influencia de la personalidad de la verdadera “Rubia Moreno”, trasciende hacia sus autores, y nos regala con la aureola de afectividad de que ella disfrutaba. Y hasta es probable que la historia no termine allí. ¿Quién sabe si no encontramos a lo largo de la vida, muchas “¿Rubias Morenos”, en música y en persona, para hacer más agradable nuestra existencia...?

Nosotros creemos que, rubias o morenas, o rubias morenos, la obra de ambos creadores, va a estar jalonada de éxitos.

Articulo publicado por la revista “Folclore”

sábado, 23 de agosto de 2025

Alfredo Abalos, La voz de la chacarera

El folclorista santiagueño cumple 50 años con la música. Defiende el folclore "de fundamento" contra el "abolerado" y cuenta por qué no se lo reconoció hasta ahora.

 


 

Hace apenas unas horas que llegó de Santiago Don Alfredo Abalos. Vino a Buenos Aires prácticamente a secas, no trajo su bombo legüero ni ningún otro instrumento. Sólo su manera inconfundible de frasear se escucha en el segundo piso de la casa en San Cristóbal donde se instaló por unos días.

Enorme la figura de Abalos al final de escalera. Con una luz de mediodía que potencia el áurea circular de su barba y cabellera blanca, invita a pasar mientras reniega con un mate demasiado corto. La "voz de la Chacarera" festeja sus cincuenta años con la música. Esa es un poco la excusa de su retorno a la provincia en que nació un 21 de abril de 1938.

En una pequeña habitación está el afiche que promocionó su último recital en el ND Ateneo. "Es emocionante, ¿has visto? Tener después de tanto tiempo imágenes de uno por toda la Capital. Es el reconocimiento a una vida en la que me dediqué a hacer las cosas que consideraba tenían un valor musical y literario: rescatar la cultura de Santiago del Estero. Nunca grabé nada con la idea de cantar pavadas para vender algunos discos más".

A los 66 años, Alfredo Abalos está más sosegado, debido en gran parte al yoga, disciplina que practica a diario y que le recomendó Edmundo Rivero hace 40 años. "Uno ya no es tan insistidor, es importante marcar el camino y estar en cosas más espirituales", explica.

Hace 32 años que vive en el 8 de abril, un barrio criollo de la capital Santiagueña en el que eligió pasar su vida luego de abandonar San Fernando, ciudad donde se crió y pasó parte de su niñez. Allá: una vida simple "como se vivía antes, llegan los domingos y los vecinos traen una empanadita, por ahí hacemos un asado en la calle. Vivo con mi compañera, Muni, con quien estoy hace 35 años, y todavía canta lindo, y con mis cinco gatos. No me mueve nadie de ahí, hijo. Es el recuerdo: si habremos hecho en casa juntadas con Miguel Simón, Don Sixto (Palavecino), Pablo Raúl Trullenque, Felipe Corpos, Antonio Tarragó Ros".

Se fue para Santiago luego de escuchar desde chico los relatos de Andrés Chazarreta, quien solía parar en la casa de su abuelo. Abalos se crió con sus tíos luego de que su madre falleciera, dos meses después de su nacimiento. Era una casa de músicos: "Papá tocaba la flauta traversa, tío Julio el violín, tío Pancho el bandoneón; todo el mundo cantaba y los fines de semana eran música y música. Cuando me quise acordar también andaba garroteando un bombo, metiendo los dedos en el piano y haciendo los primeros acordes en la guitarra. Un día empecé a cantar también con el bombo y me escuchó Alberto Ocampo. Ahí nomás me sumó a su conjunto. Tenía 16 años".

Así empezó como bombisto en una de las canchas de básquet durante los carnavales en River. En la pista de al lado tocaba la orquesta de Aníbal Troilo y la Jazz San Francisco. Tiempo después, en el sótano de un bar en Paraná y Sarmiento, mientras estudiaba canto con Rubén de Alvarado, se cruzó con el Polaco Goyeneche y Edmundo Rivero, quien le regaló el primer libro de yoga para que aprendiera a respirar. Luego Leo Dan lo llevó al sello Diapasón para grabar su primer trabajo, Herencia folclórica. A partir de ahí, hizo más de quince discos. El último salió hace cuatro años, Te digo chacarera, donde tocó junto a sus hijos Santiago y Martín. Allí, en La doble sentenciosa, talla una de sus máximas como cantor: no me gusta incomodar ni conversar con cualquiera / y si alguno se aburre por culpa de lo que digo/ o se tapa los oídos o puede irse para afuera.

Un viejo cuento santiagueño dice que Tata Dios sólo sale a bailar truncas si las canta Alfredo Abalos. Pese a todo, en Abalos se confirma eso de que nadie es profeta en su propia tierra. Recién ahora, luego de una ausencia prolongada, retorna a los festivales: el próximo 25 de setiembre estará en el Festival de la Tradición en Añatuya.

¿Por qué piensa que no hay un reconocimiento hacia su figura?

No lo puedo explicar. Hemos salido de Santiago con Don Sixto, con Cuti y Roberto Carabajal y nos ha ido muy bien. La última vez, en el Festival de la Salamanca, han contratado a Los Nocheros y a nosotros no nos tuvieron en cuenta. Y esa ingratitud duele, esa idea de estar en la cosa del momento, llámese Soledad, Los Nocheros, Luciano Pereyra es lo que da plata. Ahí está la cosa. Lo que no quiere decir que lleven buena música.

¿Piensa que también usted ha tenido actitudes que lo han ido marginando?

Puede ser, pero no puedo evitar ser peleador defendiendo cosas que a mí me parecen valiosas. Hace cuatro años que no voy a Cosquín, la última vez me han hecho calentar fulero. Esa noche había subido un montón de gente valiosa como Suma Paz, Hugo Jiménez Agüero y nadie les daba bolilla porque esperaban el cierre con Los Nocheros. Entonces dije por el micrófono: "Ahora les voy a cantar una danza tradicional argentina que se baila, ustedes no la deben conocer porque han venido a escuchar boleros, se llama chacarera". ¿Me entiende? Uno no puede dejar de calentarse con eso. A mí me ha pasado de tocar en Santiago con la gente de moda y ver subir a Don Sixto y que todo se venga abajo.

Usted fue el primero en grabar "Angélica" de Roberto Cambaré, y contó una vez que fue bastante criticado por Atahualpa Yupanqui por algo parecido.

Sí, tenía una métrica de zamba pero la letra era medio, como digo ahora, abolerada... romántica. Don Ata, que era tan criollo, nos criticó duro; era bravo cuando criticaba a la gente joven. Nos dijo algo parecido de lo que ahora pienso del folclore abolerado. De esa crítica hemos aprendido a distinguir el folclore abolerado del folclore con fundamento. Hay que respetar las raíces.

Juan José Santillán

martes, 10 de diciembre de 2024

Simplemente, Jacinto Piedra

 La noche del domingo 20 de octubre de 1991, “Ventana Abierta” entrevistaba a Jacinto Piedra en su domicilio del Barrio Belgrano. En la madrugada del viernes 25, un accidente truncaba la vida del popular artista santiagueño.

 


"Alma elegida. Te vas empuñando una guitarra. Tu canto azul, más que nunca azul de cielo, ya se encarna en el caballo cósmico que Siempre te ha esperado.... para eternizarte. Partir es volver. Volver significa no haberse ido nunca."

“Nos fuimos a vivir a Buenos Aires cuando yo era muy chiquito. Viví parte de mi niñez y juventud en Morón.

Extrañaba mucho Santiago. Extrañaba el canal de Tala Pozo, los juegos; el clima extrañaba.

Buenos Aires es muy frío. Me acuerdo que había llevado pantalones cortos, mi hermana había llevado pollerita y allí se usaba ya ropa más abrigada.

Cuando sos chico no decides por vos. El desarraigo que dicen algunos no se produce por uno ni por los padres de uno.

Las condiciones sociales que atravesaban la provincia en esos momentos obligo a emigrar a mucha gente.

Peteco también ya se había ido con los padres.”

La Aventura Musical en Buenos Aires

Allá era simplemente Ricardo Manuel Gómez, y en los escenarios se presentaba como Ricardito “el niño cantor”. El chico santiagueño de voz prodigiosa, el que a los 8 años deslumbro el auditorio de la prestigiosa Radio EL Mundo.

A los 12 años ya andaba mezclado en los grupos de música progresiva. Tocaba el bajo y cantaba en “Malva Blues”, de Morón y luego en “El Obelisco”.

“Con peteco somos amigos desde chicos, desde los primeros años. Éramos del mismo barrio, Peteco, por ejemplo, se largó a cantar más grandecito. Yo estudiaba guitarra y tocaba con grupos. Éramos los primeros que tenían el pelo largo, las camisetas y todas esas cosas. Mi raíz estaba en el folklore. Venia de todo lo que era Santiago. Pero en ese momento la música progresiva nos gustaba a todos.

Así fue que anduvimos muchos años en esto, pero después, la música que se llamó progresiva, al comercializarse, al ser empresa, entonces la música empieza a ser proyectos de empresarios y es ahí cuando los intereses corrompen todo. Toda la espiritualidad, la energía, todo lo que sería el arte.

El arte fundamentalmente se basa en los sentimientos y en la espiritualidad, yo creo que aun el más hipócrita de los artistas si es artista en el alma tiene cosas buenas.

Lo de la música progresiva se descompone, y bueno sobreviven los que han podido acomodarse a este sistema, a este juego.

Dentro de eso, nosotros empezamos a organizar nuestros primeros recitales, como una manera de hacernos ver y conocer.

Teníamos en claro que lo más importante de esto era el público.”

Jacinto Piedra nace cuando Horacio Guarani queda admirado de su canto y se convierte en su padrino artístico. En 1983 Jacinto graba su primer disco.

“Los discos son importantes cuando son hechos en función del arte.

Hubo sellos como Trova, como Diapasón, otros sellos independientes donde el artista tenia real acceso a la grabación. Iba mejorando el panorama.

yo siempre he sido un intérprete, pero me he puesto a componer a pesar de que considero que hay gente con mucho más talento que yo para eso, pero me largaba a componer para pincharlos a los demás, para que produzcan mejores cosas los que tienen talento. En Santiago se han dado cosas muy importantes los últimos años.

Al hacer los temas es como una manera de mostrarse uno.

Yo trato de inspirar a los músicos como yo, o más jóvenes, que recién empiezan para que se animen y hagan música. Trato de transmitirles la experiencia que uno a adquirido sobre el escenario.”

¿Qué es lo que puede dar un músico a la comunidad?

-Nosotros los músicos somos en vehículo del mensaje que te esta tirando la gente. Y uno debe escucharla, interpretarla. Debe tener el don y el tiempo. Entrar en un estado contemplativo permanente de la vida, de las cosas.

Por ahí preguntan: “che, ¿a qué te dedicas?”, “a tocar la guitarra”, “si, ¿pero de que trabajas?”

¿Pasa por ahí el compromiso?

-Por ahí pasa. Te decía lo de los músicos porque yo he sufrido mucho por no poderme comprar un instrumento.

Un instrumento nuevo no es un equipo de gimnasia. Y el músico necesita un cable, un equipo, una buena guitarra. Y a veces son inaccesibles.

La industria de la música avanza en todo el mundo, entonces nosotros pasamos a ser un servicio utilitario. Y eso lo tenemos que tener bien en claro.

¿Has tenido apoyo por parte de tu familia?

-Si, bastante; bueno, ellos también han sido artistas. No he tenido un padre que me ha dicho: “No toques”. Al contrario: “Toca, pero toca bien”, me decía.

Los grandes escenarios que recorrió mi padre con la danza, los he recorrido cantando. Eso es un gran orgullo para mi.

¿Como ves el futuro?

-De tanto andar y andar me he convertido yo en un proyecto. Yo soy el proyecto con toda su derivación, ¿no?. Ojalá un día pueda tener acceso a trabajar por estructuras nuevas dentro del arte así sea que tenga que caer en lo político. Yo quisiera trabajar para poner unas escuelas de piano aquí en Santiago donde haya 10 píanos para que los chicos que tengan mucho talento estudien. Desde muy chiquitos ya, formarlos. Formar camadas, y vas a ver que, en 10 años, 20 años, vamos a tener generaciones de excelentes músicos. Yo he venido para trabajar en ese tipo de proyecto en Santiago. Hay otros proyectos que solamente estando al lado del poder se puede luchar por esos espacios estancados que no han progresado en muchos años.

Hay gente que toma las ideas que otros tiran y pasan a ser después los dueños de la pelota. Por lo menos deben leer y conocer el proyecto del otro, acompañar y no copiarlo. Eso es lo lindo. Pero cuando vos no puedes, en tu corazón no existen esas cosas, no puedes hacer nada por nadie. Y ese es un tipo triste.

Yo sigo creyendo que es bueno hacer un conjunto, a tal punto que he armado muchas cosas después de “Los Santiagueños”, espectáculos, todos diferentes, con el grupo vocal Causay, con Horacio Banegas. He impulsado todas esas cosas dentro de lo que puedo hacer. Mira que yo ando en ómnibus, no tengo auto. Ando como puedo, pero con ingenio.

He compartido con Orígenes, con Elpidio Herrera, el acceso que yo tenía a los grandes festivales.

-Volcar en tu provincia lo que puedes dar, a partir de la experiencia recogida...

-Si. No quiero ir a Buenos Aires ya que todo está centralizado allá. Desde aquí quiero realizar este proyecto, aunque aparentemente allá tenga mayores posibilidades. Creo que tenemos que caminar por la música, para que este proyecto que compartimos con Santiagueños siga. Tiene que seguir abriendo escuelas de piano, escuelas de guitarra. Uno puede estar en condiciones de ver y acompañar todo eso sin clasificar ni calificar.

A partir de ahí, podemos hacer cualquier revolución sin arma, la mejor, la pacífica. Eso desemboca en la pintura, en el teatro, en el cine, en muchas cosas.

Pero lo más fuerte de Santiago, lo que hay que cuidar es el patrimonio musical que tenemos.

Crear organismos para que a través de los mismos nos unamos y podamos llevar adelante este proyecto. Porque al más alto gobernante y al más humilde de los militantes, le gusta la chacarera.”

Hugo Orlando Ramírez

Extraído de la revista “Ventana Abierta”

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Manuel A. Jugo 94 años no es nada

 


Esa tardecita llovió, estuvo fresco y luego la humedad envolvió todo el barrio Jorge Newbery con su pesadez. Pero nada de eso impidió que don Manuel Jugo nos esperara con ganas de contar algunas de sus historias, impregnadas por 94 años de vida recién cumplidos. Acompañado por dos de sus hijas, Divina y Palmira, estrecha la mano y se acomoda como para iniciar un viaje. O un paseo.

Cuentan las crónicas que junto al “Nono” Jesús Corvalán formó el legendario Dúo Jugo-Corvalán, con el que recorrió los escenarios del país. Y quizás la historia que mejor pueda definir la trayectoria de Manuel sea la que narra la primera interpretación de la chacarera que sería un himno con el paso del tiempo. “Fue en 1938. Fuimos a tocar en Radio Belgrano en Buenos Aires y un día se presenta Julio Jerez con una chacarera para que la toquemos, así que tuvimos que aprenderla y ensayarla durante toda la noche. Y tomando algo, seguro. Era Añoranzas”, cuenta animado don Manuel.

Cada vez que se lo invita a recordar sonríe y empieza a hablar con lucidez envidiable y esa calma que da la experiencia a pesar de afirmar que “a mí la memoria ya no me responde”. Nacido el 26 de abril de 1913 en esta ciudad capital, Manuel no recuerda cuándo fue la primera vez que agarró una guitarra, pero sí que “debe haber sido a escondidas, porque no me iban a entregar la guitarra, no era mía”. Era la de su padrastro, quien tocaba con don Andrés Chazarreta.

 En 1936, el mismo Chazarreta lo llevó a Buenos Aires para actuar, con la Compañía de Arte Nativo, en la recién inaugurada Radio el Mundo y a grabar en RCA Víctor. Por ese entonces formaba un dúo con Miguel Acuña y ahí sí, compró la primera guitarra propia. Corrían los tiempos en que todavía llegar a la gran capital no significaba un triunfo. Viajaban nuestros artistas porque los contrataban.

“Yo tenía dos ídolos de la canción en esa época: Agustín Magaldi y Libertad Lamarque. Con Magaldi compartimos una transmisión de Radio Belgrano, era muy buen mozo. Ese mismo año falleció. Y otro día, en la misma radio, me dice Fernando Raed: ‘Dese vuelta con disimulo, mire quién está sentada en el rincón’. Me doy vuelta y era Libertad Lamarque, la gran estrella de América. Después con el peronismo se tuvo que ir, no sé qué pasó. Y bueno -ríe Manuel- su mismo nombre la llevaba a eso, a la libertad.”

Amante de viajar, de no quedarse quieto, Jugo ha recorrido mucho y varias veces el norte argentino desde muy jovencito, a veces acompañado por algún músico amigo y otras… “He andado tanto hermano. Viajaba en tren de cargas, solo y con la guitarra, pero por andar nomás. Muchos inmigrantes polacos también viajaban así. Yo me enrolé en Salta, pero volví porque don Andrés me hizo buscar. Creo que una sola vez viajé en tren de pasajeros”, dice riendo.

Otra vez, de viaje por Mendoza con Corvalán durante la Fiesta de la Vendimia, acepta una invitación de una radio para un festejo. Y una pareja de baile también llegó invitada. “Todas nuestras miradas eran para la mujer. En un momento me sacó a bailar esta señora hermosa y cuando llegaba el ‘aro aro’ había que detenerse. Y yo me quedé con las manos en su cintura y ella también me agarraba a mí, entrelazados. Cuando me voy a sentar le pregunté a Corvalán: ‘¿Has visto cómo me abrazaba esa mujer?’. Y él me dice: ‘Si ti esta’o odiando’.

“Hice ‘Zamba para mi luna’ sentado en el patio, una noche de verano, viendo la luna. Me inspiré y fue saliendo de a poco”. Esa zamba fue grabada, entre otros, por Los Cantores de Salavina y el Dúo Coplanacu. Estos últimos la unieron a ‘Luna Tucumana’ de Yupanqui. Justamente Roberto Cantos, de Coplanacu, no hace mucho, durante un homenaje a Jugo, al momento de dirigir unas palabras, sólo pudo decir gracias y se quebró emocionado. “Muy buenos son los barbudos -dice Manuel sobre el dúo de Roberto Cantos y Julio Paz- se nota que han estudiado la música, me gustan”.

Don Manuel tiene también en su haber creativo ese clásico que es ‘Qué lindo se ha puesto el pago’, que interpretan muchos, como Los Tucu-Tucu; ‘Mía y de Dios’ es una bella zamba que escribió para su mujer, ‘La Quishcaloro’ con versos de Cristóforo Juárez; ‘Coplas de Chacarera’ o ‘Una estrella va’, compuesta en honor a Andrés Chazarreta cuando éste partió a mejor vida.

Atrapado una vez más por la inspiración, hace unos años Manuel escribió un valsecito inédito para Santiago del Estero con motivo del 450 aniversario de nuestra provincia. Sin ningún problema y mucha gana, el hombre se puso a cantar en el living de su casa:

“Con sus brazos abiertos y sus cuatro centurias, Santiago del Estero se entrega en amistad.

Como ardor de leyenda de sus propias penurias, Resurge majestuosa la muy noble ciudad…”

Fue solo una muestra de la vitalidad del autor. La cantó entera y después empezó otra.

Por un problema de salud no puede con la guitarra, pero no le preocupa tanto ya a este caballero que también fue peluquero y cumplió funciones en el Ministerio de Trabajo de la provincia.

“He hecho una vida de mucho sacrificio, con grandes satisfacciones, pero con sacrifico. No siempre anduve bien comido ni vestido en esos viajes. Gracias a Dios cumplí 94 años y estoy muy bien. Mis hijos me acompañan y no me dejan solo nunca. Estoy muy bien”.

El breve y variado paseo termina. Don Manuel Augusto Jugo tiene más historias y recuerdos que contar sobre un mundo que ya no está y probablemente fue mejor. Lo lindo es que las puertas de su casa están abiertas.

Nota publicada el 9 de mayo de 2007 en el semanario Notiexpress, la última realizada por un medio santiagueño.

El Algarrobo en la medicina Popular