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jueves, 17 de septiembre de 2026

Música, bohemia y picardía santiagueña en las noches porteñas


El folclore está lleno de historias donde la pasión por el arte y el rebusque de todos los días van de la mano. Cuando vivían en Buenos Aires, los músicos santiagueños Carlos Saavedra y Carlos Carabajal la pasaron realmente mal en lo económico. Paraban en un hotel de mala muerte, tocaban solo por la comida y la plata no les alcanzaba ni para pagar la pieza.

Como no tenían un mango para saldar la deuda, se les ocurrió una salida bastante ingeniosa: irse sin pagar, pero sin levantar sospechas. Durante varios días sacaron la ropa de a poco y la fueron cambiando por piedras que juntaban de la calle, para que el placard mantuviera el peso. Una vez hecho el cambiazo, juntaron lo poco que les quedaba y se borraron.

El problema vino tiempo después, en plena actuación en una peña. Carabajal vio al dueño del hotel entre el público y le avisó en secreto a Saavedra que estaban al horno. Al terminar el show, el hotelero se les acercó y, lejos de armar un escándalo, les tiró una frase genial que quedó para el recuerdo: «Ehhh, muchachos... ¿cuándo van a retirar las piedras?».

La anécdota, contada entre risas por el propio Carlos Saavedra en sus shows, forma parte del libro inédito Anécdotas de folcloristas santiagueños, de Omar «Sapo» Estanciero.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Homenaje a Guillermo González, compositor extraordinario nacido en Villa Silípica

 



A carga de su bisnieta, Romy González, quien nos envió estas maravillosas palabras de Cristian Ramón Verduc.

"Gatito silipiquero, lindo pa' bailar. Lo mismo que Sol de Enero, parece quemar."

Cantaba Negrita Ledesma en un Domingo de Alero Quichua por Radio Nacional. Este hermoso gato, de Juan Carlos Carabajal y Orlando Gerez, relata parte de la vida en Villa Silípica, antigua e histórica población ubicada en el departamento del mismo nombre.

También dice: "Si toca Guillo González... ¿qué puede faltar?", en memoria de uno de sus grandes músicos: Guillermo González, prolífico autor silipiquero.

"A la fiesta de la Virgen nadie ha de faltar." Es verdad. Quien haya ido alguna vez a la fiesta de la Virgen de Monserrat habrá percibido que todos los habitantes de la Villa se involucran y participan en la fiesta patronal. Quien conoce la cantidad de pobladores se da cuenta de que en la fiesta hay mucha más gente que esa cantidad. Dice Juan Carlos Carabajal en su gato: "Paisanos de todas partes, se saben juntar. A la Virgen milagrosa quieren homenajear". Es verdad, pues se ve gente de la región y de lugares lejanos, como la capital provincial, y otros venidos de Buenos Aires, todos afanosos por llegar hasta la imagen.

"Bien alegre va la gente, bien montados los jinetes". Para concurrir al día de la fiesta de la Virgen hay que ir con la mejor ropa, montado en el mejor caballo, con los mejores arreos. No es ostentación; es respeto por la imagen, por la Iglesia, por los vecinos, por los visitantes y por la celebración misma. No es cuestión de ir así nomás, sin preparar, como si uno fuese un turista curioso nomás.

"Entre el ruido de los cuetes sale la procesión", temprano nomás, el día dos de febrero. Muy temprano en la mañana de este lunes fue celebrada la misa y después salió la procesión detrás de la sagrada imagen.

"Si en casa de los Ledesma se oye un bandoneón, es seguro que en la fiesta la gente muy animada ha de estar, como si nada, casi hasta el aclarar." Mucha gente hizo vigilia durante la noche anterior, esperando al son de guitarras, bombo, violín, bandoneón y caja vidalera, cantando y conversando.

Este año, el dos de febrero ha sido día lunes. Los vecinos de Villa Silípica, al igual que los de campos y pueblos vecinos, son agricultores que no siguen la rutina ciudadana, en la que tendrían que descansar durante el fin de semana y volver al trabajo el lunes. La agricultura y la ganadería no conocen fines de semana ni feriados, sino que su gente se organiza para no parar de trabajar ningún día del año y, aún así, participar en las fiestas tradicionales, especialmente las religiosas.

Si uno vive en la ciudad de Santiago del Estero, para llegar a Villa Silípica puede hacerlo de distintas maneras. La más fácil y directa sería con vehículo propio. Para ello, sale hacia el sur por la avenida Belgrano, pasa por El Zanjón, Yanda, Santa María, La Abrita, Árraga y llega a Simbol. En la escuela de Simbol, entra hacia la izquierda por la ruta enripiada y avanza unos seis kilómetros, sin apurarse demasiado para no mandar tierra a las casas vecinas de la ruta y por posibles animales sueltos.

Si uno va en ómnibus, puede viajar en el que va dos veces por día hasta Sumamao y bajarse directamente en Villa Silípica, después de haber pasado por los lugares mencionados. De Silípica, ese colectivo sigue hacia Sumamao por una ruta interna enripiada. También puede tomar un ómnibus de línea o alguno de los vehículos utilitarios que hacen el servicio hacia Loreto, para bajarse en Simbol. El vehículo seguirá hacia el sur hasta llegar a Loreto, distante poco más de veinte kilómetros de Símbolo.

Cuando uno se ha bajado en Simbol, si es día de fiesta patronal, encontrará automóviles, camionetas y sulkys prontos para llevar pasajeros hasta la Villa por un precio bastante bajo. Entonces podrás disfrutar del paisaje de monte que, por trechos, quiere avanzar sobre la polvorienta ruta. De vez en cuando aparecerá una casa, con su represa, que en estos días está quishqui (muy llena, repleta) de agua. Un poco más allá se verá un sembrado.

Así, mirando el paisaje ya la espera de ver cruzar algún zorro, algún zorrino, algún ckoy (cuis) u otro animalito silvestre, se encontrará con un gran espacio abierto, que hace las veces de plaza y cancha, enfrente de la iglesia del pueblo. Antes habrá pasado ante un cartel que da la bienvenida y una inscripción en un muro con el mismo mensaje amable.

Si es dos de febrero y llega temprano, al amanecer, verás que en la iglesia comienza o está por comenzar la misa. Las dos campanas del templo tañen anunciando el oficio religioso. Una vez terminada la misa, los fieles y el párroco sacan la imagen de la Virgen de Monserrat en procesión. A la sombra de los árboles, caballos de montar y los de tiro de los sulkys esperan pacientemente, paciendo.

Después de la procesión, la gente se divide: unos vuelven a su casa, otros van a ver la feria de artesanías, otros van debajo de la gran carpa que reemplaza a los antiguos ramadones y se disponen a compartir comida y bebida; otros, venidos de otros pueblos, ciudades o parajes, aprovecharán para visitar amigos residentes en la Villa.

Muchos están desde la noche anterior, haciendo vigilia al son de los instrumentos musicales y el canto criollo, al calor de fogones y conversación amable. Llegaron desde los pueblos vecinos y algunos desde Buenos Aires. Para el silipiquero, el 2 de febrero y su novena son el acontecimiento esperado durante todo el año.

Tradicionalmente, la novena comienza el 2 de febrero y termina el día 10. Durante ese tiempo, celebran misa por la mañana y, por la tarde, la Salve. En los últimos tres años, por razones que ya están resueltas, la novena comenzó el día 24 de enero, para terminar el dos de febrero. La comunidad está contenta con la vuelta a la antigua costumbre.

Después del oficio religioso, hay música, canto, alegría por los reencuentros, mesas compartidas, vida en camaradería entre vecinos y con los visitantes. Quien llegó de la ciudad, si ha ido en un transporte público y se ha quedado hasta después de terminados los recorridos de ómnibus, seguramente hasta entonces se habrá relacionado con buena gente que le va a resolver el viaje hasta Santiago, o por lo menos hasta Simbol, de donde es muy fácil viajar hacia la ciudad Capital. Mientras tanto, en Villa Silípica continúa la fiesta.

La fiesta es bailable, con casi todo tipo de música, pero la que sobresale en el gusto popular es la música criolla de nuestra provincia. Cuando uno vuelve a la casa, aún suena en su cabeza y en su corazón lo vivido en Villa Silípica y, ya en casa, se dormirá canturreando mentalmente:

"Gatito silipiquero,
¡qué lindo pa' bailar!"

 

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

Dominga Ibarra, La Sargenta Santiagueña


Fue una de las tantas santiagueñas que salieron de su rincón provinciano en busca de trabajo. Había nacido en medio de los mistolares o algarrobales de Tarapaya, Peruchillo o Mal Paso (nunca se ha podido establecer el lugar con exactitud).

Apenas hablaba castellano, mezclado con quichua. Era tan campesina como un tala, fuerte y hecha a todas las inclemencias. Trabajó en Santiago como cocinera, lavandera, acarreadora de leña y en cuanto oficio existiera; apenas le alcanzaba para comer ella y sus hijos. Un día, dejó a sus hijos con la abuela y partió a Buenos Aires en carreta.

Anduvo dos meses vagabunda hasta que encontró trabajo doméstico en la casa de los Sarratea; luego consiguió empleo con los Encalada. Más tarde se empleó en la casa de la familia Mármol y, por último, en la de los Carranza como sirvienta. Fue dejando una estela de dedicación y respeto. Los Carranza tenían ancestros santiagueños, por lo que ella se sentía cómoda y feliz.

En 1806, ocurrieron las primeras invasiones inglesas. Como muchas madres, entregó a sus hijos a la defensa de Buenos Aires y se preparó para dar batalla a los intrusos. Ayudó a transportar municiones, cargar fusiles y atender heridos. En uno de esos trances, vio caer muertos a sus dos hijos; aun teniendo que soportar semejante dolor, no se movió de su puesto de lucha. Liniers resaltó sus actitudes sobresalientes y le dijo: "¡Sargenta!", título que representaba honor, arrojo y valentía.

Pasó el tiempo y se olvidaron de la Sargenta Santiagueña, por lo que Dominga volvió a sus quehaceres hogareños. Sin embargo, no pudo con su genio y volvió a entreverarse entre los soldados, demostrándoles que poseía una fuerza extraordinaria. Se alistó para el Combate de San Lorenzo sin que nadie la convocara; nadie sabe cómo llegó a ese lugar...

De la misma manera, se encontró en Mendoza preparando el Ejército de los Andes. Un día, Dominga cruzó la cordillera desafiando el frío, la nieve y las alturas. Estuvo presente en Chacabuco, pero esta vez no tuvo la misma suerte: cayó prisionera de los godos y fue fusilada junto con otros patriotas.

Cuando los soldados enterraron a los caídos, el asombro y el dolor endurecieron sus rostros al descubrir entre ellos a Dominga.

Tomado de Relatos Santiagueños, de Mario Alejandro Castro. Archivo Gráfico Cultural Santiagueño de Omar "Sapo" Estanciero.

 

jueves, 6 de agosto de 2026

Nicolás Segundo Gennero, "músico. Genio que murió de frío en la calle"

 


En un reportaje practicado al célebre violinista Humberto Carfí dice: "Nicolás Segundo Gennero, era alto, lindo hombre, culto, que se perfeccionó en Buenos Aires. Era compositor, pero...era, no digo ocioso, pero vea, a mi hermano que estudiaba con él, le daba clases en verano, siesteando en el catre.

Mi hermano tocaba su lección y desde la otra pieza, lo iba corrigiendo...'Che, cuidado con la derecha, no te equivoques en esa nota; cuidado con el cuarto dedo en ese pasaje ", le advertía".

"Escribía composición y, si se le caía una hoja, no se agachaba a recogerla, pedía otra. Vivía el momento, no le importaba nada".

"Cuando fue a Buenos Aires, vestía sobretodo a lo Gardel. Tenía una pinta bárbara".

"Cuando llegó la crisis, se acabó todo, se quedó sin trabajo. No sabía hacer otra cosa que tocar el piano muy bien ".

"Hombre bueno e inteligente pero no fue previsor, era muy bohemio".

"Terminó tocando en los piringundines y, un día, amaneció muerto en la vereda, sentado y encogido de frío. Venía de tocar en el bajo por la comida. Estaba en la miseria absoluta".

 (Tomado del muro de José Luis Torres, junio de 2005, Rosario)

Del libro inédito "anécdotas y curiosidades de folcloristas santiagueños" de Omar Sapo Estanciero.


lunes, 13 de julio de 2026

De Acequias y Palacetes: Un Paseo por el Santiago que el Tiempo (Casi) se Llevó

 

Acequia Belgrano

¿Alguna vez te detuviste en medio de la Avenida Belgrano, cerraste los ojos e intentaste imaginar cómo sonaba esta ciudad hace cuatro siglos? Probablemente hoy escuches el rugido de los colectivos y el murmullo incesante del comercio, pero si pudiéramos viajar en el tiempo, el sonido protagonista sería otro: el del agua corriendo con fuerza por una acequia antigua.

Santiago del Estero, nuestra "Madre de Ciudades", no solo es cuna de poetas y cantores; es un rompecabezas de historias fascinantes que a menudo pisamos sin darnos cuenta. Hoy te invito a que nos tomemos un café virtual y charlemos sobre esos rincones, edificios y decisiones que transformaron nuestra fisonomía urbana. ¡Prepárate, porque hay datos que te van a volar la cabeza!

El "río" que dividía la calle: La mítica Acequia Real

Imagínate esto: corría el año 1577. Mientras en el resto del mundo pasaban cosas de libros de historia antigua, aquí ya se estaba construyendo una obra de ingeniería asombrosa. La Acequia Real (o Acequia Belgrano) no era un simple zanjón; era una arteria vital de más de 5 kilómetros de largo que corría justo por donde hoy caminas para ir al centro.

Aquí es donde la historia se pone interesante y un poco misteriosa. ¿Quién la hizo realmente?

La versión mística: Muchos dicen que fueron los Jesuitas, conocidos por su destreza constructiva.

La versión oficial: Existe una carta del 20 de marzo de 1557 enviada por el Gobernador Gonzalo de Abreu y Figueroa al Virrey del Perú, lo que le da el crédito legal a él.

Lo más nostálgico es pensar en la alameda gigantesca que la bordeaba. Era un túnel verde de álamos que refrescaba la ciudad. Lamentablemente, en 1970, bajo una visión de "modernización" del gobierno de Carlos Jenssen, la acequia fue entubada y los árboles talados. Un golpe ecológico que los santiagueños de pura cepa todavía lamentan.

De Casa de Gobierno a Joya Cultural

Si hay un edificio que se roba todas las miradas frente a la Plaza Libertad, es el actual Centro Cultural del Bicentenario (CCB). Pero, ¿sabías que no siempre fue ese faro de cultura?

Construido en 1866 por los hermanos Cánepa durante el gobierno de Manuel Taboada, nació para ser el Cabildo y la Casa de Gobierno. Ubicado estratégicamente en la esquina de Libertad y Tucumán, este edificio ha visto pasar toda nuestra historia política. Fue recién en 1988 cuando se lo declaró Monumento Histórico Provincial, protegiendo para siempre sus paredes cargadas de secretos.

La Casona de los Taboada: El "Multiespacio" del Siglo XIX

A la vuelta, en Buenos Aires al 100, se encuentra la casona construida en 1870 por Gaspar Taboada. Si crees que los espacios de coworking son modernos, esta casa te lleva la delantera. A lo largo de los años, allí funcionaron:

  La primera oficina de Telégrafos.
La primera oficina de Teléfonos.
La redacción del diario El Liberal.
¡Y hasta el Círculo de Ajedrez!

 

El lujo de la Belgrano: 80 Chalets y una Boite

Hubo una época, no tan lejana, en la que la Avenida Belgrano parecía un catálogo de arquitectura europea. Entre el barrio Jorge Newbery y Campo Contreras, se erigían aproximadamente 80 chalets impresionantes.

Nombres como Los Hoyos, el del Gobernador Cáceres, o los de las familias Bagnato y Corvalán, eran sinónimo de elegancia. ¿Lo más curioso? En esa zona también funcionaba una Cancha de Pato y la mítica boite "Fantasius", donde la juventud de otras décadas gastaba la suela de sus zapatos.

El tren que llegaba a la puerta de casa

Hoy nos parece una locura, pero el 12 de octubre de 1884, el ferrocarril llegó literalmente hasta la Plaza Libertad. ¡Imagínate el humo y el silbato del tren en pleno centro!

Tuvimos dos estaciones principales que marcaron épocas:

Estación Belgrano: (Libertad y Pringles). Originalmente del Central Córdoba, hoy es el querido Parque Oeste.

Estación Mitre: (Perú y Alvear). De trocha ancha, el lugar donde hoy funciona el moderno FÓRUM.

El tren no solo traía gente; traía el progreso que permitió, por ejemplo, que en 1904 se inaugurara el servicio de agua corriente y en 1905 se levantara el imponente edificio del Banco Nación.

Secretos en las paredes y cambios de nombre

¿Alguna vez te sentiste observado en la calle Libertad al 400? No es tu imaginación, son los Atlantes de Piedra. Estas figuras colosales que sostienen la estructura frente a la Plaza Libertad fueron creadas por el arquitecto y escultor Rafael Delgado Castro a principios del siglo XX. Son, sin duda, los guardianes más antiguos del centro.

Pero no todo fue piedra y construcción. Los años 70 trajeron cambios drásticos, incluso en cómo llamamos a nuestros barrios. ¿Sabías que muchos de ellos tenían nombres mucho más pintorescos antes de que el gobierno de facto los rebautizara?

Chimillo pasó a ser Reconquista e Independencia.

Tala Pozo se convirtió en Almirante Brown.

Las Cejas fue renombrado como Don Bosco.

Incluso la naturaleza sufrió: en esa época se eliminó la platabanda de hermosos lapachos que adornaban las avenidas Sáenz Peña y Pedro León Gallo. Una decisión que, al igual que la tala de la alameda de la Belgrano, nos dejó una ciudad un poco más calurosa y menos colorida.

Un legado que late

Santiago del Estero es mucho más que sus calles adoquinadas en 1916 o el gas natural que llegó en 1951. Es una ciudad que supo ser industrial, con el Ingenio Saint Germes (1881) como símbolo de tecnología punta, y que supo reinventarse una y otra vez.

Desde el viejo matadero municipal de 1907 (que luego fue mercado y hoy es Jefatura de Policía) hasta la puesta en valor del Complejo Taboada en 2024, nuestra identidad está grabada en cada ladrillo puesto por los Cánepa, Delgado Castro o los pioneros anónimos.

Caminar hoy por Santiago es recorrer un libro abierto. La próxima vez que pases por la Belgrano, recordá que bajo tus pies alguna vez corrió un canal de agua cristalina y que, a tu alrededor, la historia sigue viva, esperando a ser contada.

¿Cuál de estos datos te sorprendió más? ¿Te imaginas cómo sería Santiago hoy si todavía tuviéramos esa acequia bordeada de álamos? La próxima vez que camines por el centro, levanta la vista: siempre hay un detalle del pasado esperando a saludarte.

* Este artículo fue realizado con información del Archivo Gráfico Cultural Santiagueño de Omar Sapo Estanciero, un guardián incansable de nuestra memoria colectiva.

sábado, 11 de julio de 2026

La Banda y el sonido de un legado: el bandoneón que hizo historia en Santiago del Estero

En el Día Nacional del Bandoneón, un recorrido por la vida de Iber Ruiz y el extraordinario semillero de músicos que convirtió a La Banda en una de las ciudades con mayor tradición bandoneonística del país.

 

Imagen: Archivo gráfico Omar Estanciero

Cada 11 de julio, la Argentina celebra el Día Nacional del Bandoneón, una fecha instituida para recordar el nacimiento de Aníbal "Pichuco" Troilo, figura inmensa del tango y uno de los mayores intérpretes que haya conocido el instrumento. Sin embargo, la conmemoración también invita a mirar más allá de Buenos Aires y descubrir otras geografías donde el bandoneón encontró una voz propia.

Una de ellas es La Banda, ciudad santiagueña donde el sonido del fuelle acompañó durante décadas bailes populares, festivales, reuniones familiares, peñas y escenarios de todo el país. Allí, el bandoneón no fue únicamente un instrumento musical: fue una forma de contar la vida, de expresar la nostalgia y de acompañar tanto el tango como el folclore.

Entre los grandes nombres que dio esa tierra se encuentra Iber Ruiz, nacido el 11 de julio de 1926. Su nacimiento coincide, curiosamente, con la fecha en la que hoy se celebra el Día Nacional del Bandoneón, una coincidencia que parece resumir el destino de quien dedicaría toda su vida a ese instrumento.

Un músico formado entre grandes maestros

La historia artística de Iber Ruiz comenzó bajo la guía del maestro Salvador Carfí. Integró su orquesta y recibió de él una sólida formación musical que marcaría para siempre su carrera.

Aquellos años de aprendizaje le permitieron desarrollar un estilo refinado, sensible y versátil. Su bandoneón podía recorrer con la misma naturalidad la intensidad dramática del tango y la riqueza melódica del folclore argentino, dos universos musicales que supo interpretar con igual compromiso.

Esa capacidad lo llevó a compartir escenarios con artistas de enorme prestigio. Entre ellos se destacan el inolvidable Polaco Goyeneche, una de las voces más representativas del tango argentino; Alba Solís, figura emblemática del género ciudadano; y la destacada cantante Nelly Vázquez.

Quienes lo conocieron recuerdan a Iber Ruiz como un músico respetuoso del oficio, de técnica impecable y profundo sentido interpretativo. No necesitaba gestos grandilocuentes para emocionar. Bastaban el aire contenido en el fuelle y la delicadeza de sus frases musicales para transmitir aquello que muchas veces las palabras no alcanzan a decir.

Su fallecimiento, ocurrido en La Banda el 18 de febrero de 2006, dejó un vacío entre colegas, amigos y amantes de la música popular. Sin embargo, su obra permanece viva en el recuerdo de quienes compartieron escenarios con él y en la memoria cultural de la provincia.

Una ciudad donde el bandoneón echó raíces

Hablar de Iber Ruiz es hablar también de una tradición mucho más amplia.

Durante buena parte del siglo XX, La Banda fue una verdadera cantera de bandoneonistas. En sus barrios crecieron músicos que aprendían de oído, otros que estudiaban con maestros y muchos que alternaban presentaciones en orquestas típicas con actuaciones en conjuntos folclóricos.

El bandoneón encontró allí un lugar singular. Mientras en otros puntos del país permanecía asociado casi exclusivamente al tango, en Santiago del Estero dialogó naturalmente con chacareras, zambas, gatos y escondidos.

Ese encuentro entre dos universos musicales dio origen a un modo particular de interpretar el instrumento, con una identidad profundamente santiagueña.

No resulta extraño, entonces, que tantos músicos destacados hayan nacido o desarrollado su carrera en esta ciudad.

Una generación irrepetible

Quienes tuvieron la fortuna de escucharlos coinciden en una idea: hubo una generación extraordinaria de bandoneonistas.

Cada uno poseía un estilo propio. Algunos privilegiaban el virtuosismo técnico; otros se destacaban por la sensibilidad de sus interpretaciones; varios fueron grandes acompañantes de cantores y conjuntos folklóricos; otros brillaron en orquestas de tango.

Pero todos compartían un mismo compromiso con la música.

Esa generación estuvo integrada por Rafael Ingrata, Zoco Díaz, José Gerez, Luis Ríos, Andrés Ríos, Antonio Ríos, Miguel Simón, Federico Yocca, Juan Juárez, Dante Jiménez, Ramón Reyes, Guillermo González, Pedro Ríos, Roberto Roldán, Dante Díaz, Arturo Aranda, Roberto Carrizo, Exequiel Luna, Lázaro Loto, Gregorio Jiménez, Carlos Acuña, Mariano Moreno, Luis Sequeira, Miguel Aguirre, René Paz, Ramón Gil, Miguel Vicelli, Félix Vicelli, Manuel Autalán ("Chunga"), Héctor Castro ("Castrito"), Alberto Arce, "Alico" Rodríguez, Virgilio Ponce, Pascual Medina, "Fierrito" Aranda, Dermidio Castillo, Fidel Lucero, "Masho" Uñates, "Tito" Cabrera, Juan Herrera, Alberto Pérez ("Huesito"), Antonio Villavicencio, Sixto Díaz, Hernán Jugo, Antonio Boix, Iber Ruiz, "Carucho" Ingrata, "Sastre" Juárez, Ignacio Herrera, Raúl Mansilla, Marcelo Bustamante, Raúl Maldonado, Armando Orellana, Gabriel Esper, Cacho Figueroa, "Paquito" Santillán, Nico Cura, Oscar Carrizo, "Chacho" Noriega, Carlos Toledo, Rubén Ledesma, Fermín Leguizamón, Raúl "Trapo" Ponce y Carlos Juárez.

Detrás de cada uno de esos nombres hay historias familiares, noches de ensayo, festivales, carnavales, peñas y celebraciones populares. Muchos de ellos enseñaron a nuevas generaciones; otros dejaron discípulos que continúan interpretando el repertorio tradicional. Todos, de una u otra manera, ayudaron a construir el patrimonio musical de Santiago del Estero.

Mucho más que un instrumento

El bandoneón tiene una historia singular. Nació en Alemania durante el siglo XIX con fines religiosos y terminó encontrando en la Argentina un destino completamente distinto.

Aquí se transformó en el alma del tango, pero también supo adaptarse a las músicas regionales. En Santiago del Estero adquirió una personalidad especial. Se mezcló con el bombo legüero, con las guitarras criollas y con las voces de los cantores populares, aportando matices melancólicos y una riqueza sonora inconfundible.

Cada fuelle abierto parecía contar una historia distinta: la del trabajo, la del monte, la de los caminos polvorientos, la del amor, la despedida o el regreso.

Una memoria que sigue sonando

Recordar a Iber Ruiz y a los numerosos bandoneonistas bandeños es mucho más que un ejercicio de nostalgia. Es reconocer el valor de hombres que hicieron de la música una forma de preservar la identidad de su pueblo.

En tiempos donde las tradiciones necesitan nuevos espacios para seguir vivas, sus trayectorias adquieren un significado renovado. Son parte de una memoria colectiva que merece ser contada, difundida y transmitida.

Cada 11 de julio, cuando el país homenajea al bandoneón, también es oportuno volver la mirada hacia La Banda, esa ciudad que durante décadas respiró música entre sus calles y que regaló al folclore y al tango un puñado de intérpretes inolvidables.

Porque mientras exista alguien dispuesto a abrir un fuelle y dejar escapar sus primeras notas, el legado de Iber Ruiz y de todos aquellos bandoneonistas santiagueños seguirá resonando, como un eco persistente, en la identidad cultural de la provincia y en el corazón mismo de la música argentina.

sábado, 27 de junio de 2026

"La zamba de Vargas"

 


El 10 de abril de 1906, en el diario El Siglo, el Capitán Ambrosio Salvatierra, que participara en la Batalla de Pozo de Vargas integrando las fuerzas nacionales, pública sus recuerdos de la misma.

Luego de referir pormenores del reñido encuentro dice: "que al iniciar las fuerzas de Varela con un cañonazo, el Gral. Taboada ,ordenó que se contestara con el mismo, pero como las fuerzas no tenían cañón, el Sargento Mayor José Brizuela, Comandante de la Compañía de Infantería de Catamarca, ordenó a la Banda de dicha Compañía que tocara y ésta, se hizo oír con una zamba, llamada desde entonces "Zamba de Vargas"(...) Sigue más adelante: "el efecto fue electrizante, las tropas al oír el baile nacional, prorrumpieron en gritos, vivas a su General y mueras al enemigo".

El 26 de agosto de 1906, el músico y tradicionalista santiagueño Andrés Chazarreta, hizo conocer la versión de la "Zamba de Vargas " que aprendiera desde su niñez de los labios de su tío Manuel Antonio Chazarreta, combatiente de la batalla que nos ocupa, de su abuela AGUSTINA, además, tal como dice el historiador Luis Alen Lascano (cf. "Andrés Chazarreta Y El Folclore" B.A. 1973), de haber consultado con el citado Capitán Salvatierra y con otro combatiente, el Teniente abanderado José María Gauna, músico fallecido en 1910.

Cabe señalar que esta zamba es la primera obra impresa con dicho género (zamba) en la historia del Movimiento Tradicionalista Argentino.

La versión de Andrés Chazarreta, es publicada por éste en 1908, 1912 y 1914 (en París) e integra su Primer Álbum de Música Folclórica en 1906, acompañada con coplas populares y tradicionales.

Otro músico santiagueño, Manuel Gómez Carrillo, publica en 1921, otra versión con diferentes técnicas de notación musical, sustancialmente semejante a la de CHAZARRETA.

Después se suceden las versiones, recopilaciones, arreglos, transcripciones, etc. Siempre sobre la misma línea melódica fundamental.

Versión atamisqueña: una versión totalmente diferente en su música a la mencionada anteriormente, es publicada en 1945, por los tradicionalistas santiagueños Bailón Y Luis Alberto Peralta Luna.

La misma fue recopilada hacia 1938 en Villa Atamisqui, población antigua situada en el centro sud de la provincia, donde se conservó muy viva la tradición del canto, la danza criolla y el habla quichua.

Les fue transmitida a los colectores por los músicos populares: Manuel Roldán Benavidez, José Antonio Sosa y Lindaura Roldán De Santillán, quienes, a su vez, la habían aprendido de viejos pobladores de la zona, músicos de notoria fama regional como los arpistas: Rosario Benavidez, Mercedes Gómez Y María Antonia Sosa.

Las coplas anónimas y populares, dan más realce a Varela, Elizondo y Chumbita que a los propios Taboada.

Se la conoce también con los títulos: "La Vargueña" y "La Taboadista". Musicalmente, como la citada anteriormente, es de las denominadas "cortas" o "de 2 vueltas", por ser su versión original de 32 compases bailables.

(Fuente: "Zambas Históricas Y Tradicionales " José A. Faro, Pag.83/85).

"Zamba De Vargas"(Recop. A. Chazarreta): "Forman los riojanos en Pozo e' Vargas/ los manda Varela, firme en batalla, / contra los santiagueños, / con gran denuedo van a pelear, / ya Don Manuel Taboada, / alta su espada se ve brillar.// Atacó Varela con gran pujanza,/ tocando a degüello a sable y lanza,/ se oyen los alaridos/ y en el estruendo de la carga/ ya pierden terreno/ los santiagueños de Taboada. // Bravo santiagueños!, dijo Taboada/ vencer o la muerte!, vuelvan las cargas,/ por la tierra querida/ demos la vida para triunfar/ y ahí nomás a La Banda, / la vieja zamba, mandó a tocar.// Y en el entrevero se oyó esta zamba, / llevando sus notas bríos al alma./ Y el triunfo consiguieron/ los santiagueños de Taboada, / para eterna memoria/ Zamba de Vargas siempre será".

"Zamba De Vargas"(Versión José Ramón Luna):"Batallón de Varela, Pozo de Vargas,/ formó su pelotón,Manuel Taboada. / Si ay...ay...ay..Manuel Taboada. // Aquel bocón que viene, / ha de acabarnos, / vamos a hacer un tiro/ guapos muchachos. / Ay...ay...ay...guapos muchachos. // Al primer tiro que hizo,/ le dio en la boca,/ fumándose Varela,/valientes tropas!/ Ay...ay...ay...valientes tropas. // Desenvainó su espada/Manuel Taboada/ "si esta guerra pierdo,/ no cargo espada"./ Si ay...ay...ay...no cargo espada ".( Esta versión la cantaba Eusebio More).

"Zamba De Vargas" (Recop. Peralta Luna): " A la carga, a la carga/ dijo Varela, / a la carga artilleros (zambita),/ rompan trincheras.// Rompan trincheras, cierto, / dijo Elizondo, / Batallón lagunero (zambita)/ de 2 en fondo. // A la carga, a la carga,/ dijo Taboada, /" si esta guerra no gano (zambita)/ no cargo espada"./ A la carga, a la carga, / dijo Chimbita,/ "las ansias de quererte ( zambita),/ no se me quitan".

Fuente: Libro Inédito " Historia Del Cancionero Folclórico Santiagueño" De Omar Sapo Estanciero

 

martes, 5 de mayo de 2026

El hombre que tiñó de compromiso la palabra: Pablo Raúl Trullenque

Entre libros clásicos, la orfandad y la tintorería, el poeta santiagueño construyó una obra que se niega al eufemismo. Conocé la historia de una de las plumas más sentidas de nuestro folclore.

 


Por Leyendas del Folclore Santiagueño

Hay gente que escribe para adornar el mundo y gente que escribe porque el mundo, tal como está, le duele. Pablo Raúl Trullenque era de los segundos. Lejos de las metáforas que buscan esquivar temas difíciles o de la poesía pura de adorno, entendió el arte como un compromiso: un puente entre lo dura que es la realidad y la esperanza que nace en una canción.

El barrio como punto de partida y el mandato de la abuela

La historia de Trullenque empieza con el silencio de su infancia. Se quedó sin padres de muy chico y su mundo pasó a ser el abrazo de su abuela, quien le dio la libertad para hacerse a sí mismo.

Ella no sabía leer ni escribir, pero le sembró la chispa de lo que vendría después. Justamente la fascinación de Pablo por las palabras nació de lo que a ella le faltaba; su abuela le repetía todo lo que se había perdido por no haber tenido acceso a las letras. Esa carencia se volvió para él un camino a seguir.

Tiempo después, en sexto grado, su maestra Petrona Mendívez le abrió las puertas a autores como Bécquer, Rubén Darío y Horacio Quiroga. Sin embargo, Pablo no se quedó encerrado en las lecturas. Desde su barrio humilde, al que siempre vio como un punto privilegiado para mirar la realidad, fue testigo de la brecha de su tierra: la Santiago del Estero que tiene y la que no.

"La cuestión no es tener, sino agradecer lo que uno tiene y, sobre todo, saber dar", decía siempre, sintetizando la postura con la que vivió y escribió.

De la tintorería a la radio: el cruce con Los Carabajal

Como buena historia argentina, su consagración combina un poco de casualidad y bastante de humildad. Ya instalado en Buenos Aires, Pablo frecuentaba a la familia Carabajal, sabiendo el talento enorme que había ahí. Pero las cosas no fueron fáciles desde el principio.

Se cuenta que le entregó a Carlos Carabajal la letra de "Pa’ carnavalear". En ese momento Carlos no le dio mucha importancia y guardó los versos en algún cajón.

Pasó el tiempo. Pablo seguía con su rutina, trabajando en su tintorería entre el vapor y el olor a solvente. Un día, con la radio prendida mientras trabajaba, escuchó a Los Chalchaleros. La sorpresa fue enorme cuando reconoció su propia letra hecha chacarera sonando para todo el país. Ese fue el impulso que dio inicio a una de las duplas más potentes de nuestro folclore.

Un legado directo y con identidad

Trullenque no buscaba el aplauso rápido; buscaba decir la verdad. "He leído muchas palabras bonitas, pero eso no alcanza, hay que decir algo más", sostenía convencido de que la poesía sirve para transformar.

Al repasar sus letras no solo encontramos ritmo y paisaje. Encontramos a alguien que se animó a hablar del dolor y de la discriminación sin dar vueltas, dejándonos una obra profundamente humana. Pablo Raúl Trullenque no solo compuso canciones: nos dejó una forma de estar en este mundo con los ojos abiertos, la mano tendida y la palabra comprometida con su gente.

Basado en testimonios de Alcira Mancilla de Trullenque y en el libro "Anécdotas y curiosidades de folcloristas santiagueños" de Omar "Sapo" Estanciero.

 


viernes, 24 de abril de 2026

El hombre que nos enseñó a bailar: ¿Quién fue Andrés Chazarreta?

 


Si hoy vas a una peña, escuchas una zamba o te emocionas con una chacarera, hay un nombre que tienes que conocer: Andrés Avelino Chazarreta. No es solo un nombre de calle o de escuela; estamos hablando del verdadero "Patriarca del Folclore Argentino".

Un 24 de abril de 1960, Don Andrés se despidió de este mundo, pero nos dejó la banda sonora de nuestra identidad. ¿Quieres saber por qué su historia es tan fascinante? Sentate, que te cuento.

Un "maestro" en todo sentido

Don Andrés nació en Santiago del Estero un 29 de marzo de 1876. Pero no fue "solo" músico. El tipo era un todoterreno: fue Maestro Normal, Director e incluso Inspector de Escuelas. Quizás esa vocación de enseñar fue la que lo llevó a rescatar nuestros sonidos antes de que se perdieran en el olvido.

Lo más increíble es su destreza técnica. Imaginate esto: ¡ejecutaba 16 instrumentos musicales! Con una base sólida de solfeo y un ojo clínico para la coreografía, Chazarreta no solo tocaba, sino que entendía el baile como nadie.

El día que el folclore "copó" la Capital

Para principios del siglo XX, el folclore era algo "del interior", algo que se quedaba en los patios de tierra. Pero Chazarreta tenía otros planes.

1916: Publicó su Primer Álbum Musical Santiagueño, un hito para la industria musical de la época.

1921: ¡El gran salto! El 18 de marzo, se plantó en el Teatro Politeama de Capital Federal con su Compañía de Arte Nativo. Fue una revolución; la ciudad de Buenos Aires descubrió que había un país entero vibrando con otros ritmos.

1941: Fundó el Instituto del Folclore, que llegó a tener 72 sucursales en toda la Argentina. ¡Un verdadero influencer de la tradición!

Una fábrica de hits (antes de que existieran los hits)

Si sos amante de la música popular, seguro escuchaste o bailaste alguna de sus obras. Don Andrés compuso o recopiló más de 400 temas. Entre su lista de "imprescindibles" encontramos joyas como:

"La 7 de Abril" (un himno para los amantes de la zamba).

"Criollita santiagueña" (en colaboración con el mismísimo Atahualpa Yupanqui).

"La Telesita" y "El 180".

Su capacidad para colaborar con otros grandes, como Agustín Carabajal o Pedro Evaristo Díaz, demuestra que para él, el folclore era una construcción colectiva, un abrazo entre provincias.

Una postal para el recuerdo

Cerrá los ojos e imaginate esta escena en mayo de 1948: la Plaza principal de Catamarca está colmada. Allí está la Compañía de Arte Nativo.

En las fotos de la época se lo ve a Don Andrés, imponente con su poncho, sosteniendo su sombrero con ambas manos. A su lado, su hijo Agustín y figuras legendarias como el Dúo Jugo-Corvalán. Era una verdadera selección nacional de la cultura, llevando nuestra esencia de plaza en plaza.

Dato curioso: Mucha de esta información proviene del libro inédito Biografías de Folcloristas Santiagueños de Omar "Sapo" Estanciero, un tesoro que guarda la memoria de quienes hicieron grande nuestra música.

Hoy, a más de 60 años de su partida, el bombo legüero sigue latiendo gracias a que un maestro santiagueño decidió que nuestra música merecía ser escuchada en todo el mundo. ¡Salud, Patriarca!

jueves, 23 de abril de 2026

Costumbre ancestral prohibida

 


El 18 de enero de 1951, por Decreto 175 firmado por Medina y refrendado por Pericás, el Poder Ejecutivo Provincial, prohíbe en todo el territorio de Santiago del Estero la difundida práctica del "Velorio del Angelito". Esta celebración, realizada por entonces en casi todo el NOA y buena parte de Latinoamérica, se llevaba a cabo cuando moría un niño de corta edad, a quien se consideraba un angelito.  Como se creía que el angelito, al morir sin mácula y sin pecado alguno, debía ir directamente al cielo, se celebraba una fiesta para despedir sus restos en su viaje hacia el más allá. El velorio con frecuencia se prolongaba varios días y en algunas zonas hasta se llegaba a prestar el cuerpito del niño a los vecinos para que éstos realicen su propio velorio.

La prohibición de esta ancestral costumbre, sin embargo, no impidió que durante largos años se la siguiera practicando.

El Decreto también dictaba normas para la celebración de actos religiosos católicos.  El tema venía desde que el 26 de julio de 1948 el Monseñor José Weimann había emitido un mensaje pastoral donde fijaba normas para el culto católico, donde también formulaba serias objeciones a ciertas prácticas religiosas que incluían a los "rezabailes, telesitas y velorios de los angelitos " por ser, según sus palabras, 'actos bochornosos para la cultura y la religión ', agregando que era necesario evitar toda profanación y paganismo. En atención a esto, el Poder Ejecutivo decreta en esta fecha la prohibición de tales prácticas.

("Crónicas de Santiago del Estero " de Luis Pérez. Pag. 38/39. El Escriba Editorial)

DEL ARCHIVO GRÁFICO DE OMAR ESTANCIERO

miércoles, 15 de abril de 2026

La santiagueña

 Por Omar sapo Estanciero



Cuenta TRISTÁN "TATÍN" MONTE que, en 1970, cuando ejercía la docencia en el Departamento Salavina, le supieron relatar que esta chacarera, tenía casi 400 años y nació titulada "Salavinapaj" ("Para Salavina") y muchísimos años después, BAILÓN PERALTA LUNA, la recopila y ALBERTO "GRINGO" BRAVO DE ZAMORA, le incorpora una letra.

Según MONTE, recuerda que en aquella oportunidad le contaron 2 versiones tituladas:  "Salavinamanta" ("De Salavina") y "Salavinapaj "("Para Salavina"). Siempre se ejecutó instrumentalmente y que la versión cantada en quichua, se extinguió.

Por eso, MONTE, hizo una nueva letra en la cual se respeta la esencia de lo que es y representa para el salavinero esta chacarera. (TRISTÁN MONTE, abril 2025).

Ahora bien, según los registros en SADAIC #3181 ISWC T0370034766 Registrada el 9/9 1953 por BAILÓN PERALTA LUNA y no figura ALBERTO BRAVO DE ZAMORA.

Siguiendo con la búsqueda (de mi amigo y colega, a quien agradezco la gentileza JOSÉ "RUBIO" JIMÉNEZ) figura en los registros #2407 ISWC T0370023768 con fecha 01/09/ 1933 de PEDRO CONTRERAS Y RAÚL ODILÓN CONTRERAS.

Entendemos que el 1/08/ 1930, se funda El Círculo de Autores y Compositores de Música. La Asociación Argentina de Autores con la primera, se fusionaron y dan lugar a SADAIC en Lavalle 1545, Capital Federal el 9 de junio 1936.

O sea, DON PEDRO CONTRERAS, tal vez la registró en la primitiva institución.

Por último, figura con el nombre "La santiagueña", zamba, #2403 ISWC T0370023713 con fecha 6/02/1937 a nombre de ANDRÉS AVELINO CHAZARRETA.

"LA SANTIAGUEÑA" (ALBERTO BRAVO DE ZAMORA/ BAILÓN PERALTA LUNA)

"El perfume de tus montes/de lejos me está llamando/ y el recuerdo de tu boca/de lejos me está llamando. // Olfateando estoy viditay/aroma por mi olvidado/ que como un dulce lamento/ en mi se va adentrando.// Quiero estar en Salavina/ pa chacarear mejor/ comenzar con luz de luna/ terminar con luz de sol./// Chacarera yo te canto/aunque esté lejos mi dueña/ vientito tal vez no pueda/ llegar a mi santiagueña.///Están de fiesta en mi rancho/ahora que vuelto a mi pago/y el bombo que llevo adentro/suena más fuerte en Santiago. // Quisiera ser pensamiento/para estar dentro de ti/ saber lo piensas/ cuando te acuerdas de mí.//Sos cadena del amor/que me tiene prisionero/ quisiera ser tu cariño/ para darte algún desvelo".

"LA SANTIAGUEÑA” (TRISTÁN MONTE/ BAILÓN PERALTA LUNA recop.) "Aquí les traigo esta ofrenda/aquerenciada en las salinas/ es la madre de las truncas/y ha nacido en Salavina. // Tiene hechizo y tiene magia, /de misterio y de leyenda, /y en la urdimbre de las notas/ el sentir de una telera.//La recuerdan por las noches/cuando el canto se alza en vuelo/ con dulzura de violines/ y el latir de los legueros. ///La nombraron voces quichuas/en la copla amanecida/ la madre de las truncas/ y ha nacido en Salavina. /// El embrujo en su cadencia/es mudanza y zarandeo/ cuando en los patios de tierra/ se entreveran los recuerdos. // La estrenó la voz del viento, /en siestas salavineras/los coyuyos cantores/ la llamaron Chacarera. //Enredada en los acordes/de la luna sobre el río/en sus notas va llevando/ la razón del canto mío".

DEL LIBRO "HISTORIA DEL CANCIONERO FOLCLÓRICO POPULAR SANTIAGUEÑO" DE OMAR SAPO ESTANCIERO

viernes, 3 de abril de 2026

Ramón “Toy” Von Zeilau (1955-1990)

 


Ramón “Toy” Von Zeilau nació el 20 de marzo de 1955 para convertirse en una de las voces más singulares del folclore santiagueño. Quienes escucharon su entonación y su registro vocal privilegiado supieron, de inmediato, que estaban ante un talento distinto; un cantor de raza que entregó su vida al arte y dejó una huella imborrable en el corazón del pueblo.

Sin embargo, el destino fue injusto con la memoria física de su obra: su muerte prematura interrumpió abruptamente lo que pudo haber sido un archivo documental invaluable. ¿Qué quedó de tanto talento? Apenas un puñado de grabaciones en vivo y en estudio. Entre ese tesoro rescatado del tiempo brilla con fuerza el cassette Más santiagueño imposible, una producción de Oscar Valles en la que Toy compartió micrófono con gigantes de la talla de Jacinto Piedra y Peteco Carabajal.

Su trayectoria estuvo marcada por momentos consagratorios. Uno de los más memorables ocurrió en las paredes de La Casa del Folclorista: Toy Von Zeilau tuvo el privilegio de ser el primer artista en cantar en vivo la icónica chacarera Entre a mi pago sin golpear. Aquella noche, Carlos Carabajal, "El Padre de la Chacarera", llegó al lugar con la melodía fresca y se la hizo escuchar. Bastó un instante para que Toy quedara fascinado. —Déjame cantarla hoy—, fue el deseo imperioso del cantor. Carlos aceptó. Se apartaron del bullicio, repasaron los acordes en penumbras y, minutos después, Toy la lanzó al aire por primera vez. ¿El resultado? Una ovación ensordecedora que retumbó en el recinto y selló a fuego un hito en la historia de la música argentina.

Pero la vida también guardaba la frustración de los sueños que no pudieron ser. Poco tiempo después, Toy y Jacinto Piedra proyectaron unir sus talentos en un proyecto transformador: "El Dúo del Futuro". La ilusión era enorme. Tras un brillante primer ensayo, pactaron reencontrarse dos días más tarde para consolidar la propuesta. Esa reunión jamás ocurrió. Al día siguiente, una enfermedad grave e implacable golpeó a Toy, llevándolo a una internación de la que no saldría.

El 3 de abril de 1990, tras una batalla devastadora, Toy Von Zeilau falleció. La tragedia no terminó allí: meses más tarde, Jacinto Piedra también perdió la vida. El Dúo del Futuro murió antes de nacer, dejando un vacío doloroso y la intriga eterna de una promesa musical que, según sus pares, estaba destinada a revolucionar el folclore.

El impacto de su paso por la vida trasciende las tragedias. Toy fue galardonado con el “Mistol de Oro”, un premio otorgado por sus propios colegas que reflejó el respeto absoluto y el afecto sincero de sus pares. Fuera de los escenarios, volcó esa misma pasión sin reservas en las tribunas del club Unión Santiago, el equipo de sus amores.

Hoy, la partida temprana de Ramón “Toy” Von Zeilau no logró apagar su brillo. La provincia lo recuerda con la vigencia intacta de los verdaderos grandes. Su voz en los cassettes viejos y la nostalgia de aquel dúo que nunca fue continúan alimentando el fuego de las nuevas generaciones que se acercan a nuestra tierra a escuchar sus historias.

Esta biografía fue construida sobre la base del libro inédito "Biografías de folcloristas santiagueños" de Omar “Sapo” Estanciero, sumado al aporte fundamental y la memoria de Santiago Von Zeilau.

 

martes, 31 de marzo de 2026

Juanita Simón, un testimonio que sobrevive



Basualdo la presenta en el escenario del cine Petit Palais en el concurso "Voces Argentinas" y gana el 1º premio cantando el vals "Rosas de Otoño". Ahí surge su misteriosa vocación que deleitaría a toda la Argentina, con un estilo musical, revelación que se aglutina junto a sus hermanos.

Ya integrante del conjunto Los Hermanos Simón, por indicaciones de los Dr. José y Antonio Castiglione, inauguran artísticamente L.V. 11 y un año después (1937) L.V. 12 de Tucumán

De nuevo el silencio. Juanita manifiesta: "Estando mi padre en agonía me dijo que tenía que seguir cantando. Que lo haga con el cariño de siempre. Que lo haga junto a mis hermanos" continua: "eso lo llevo prendido en mi corazón..." Me cuenta, que estando de seis meses de embarazo hace su primera grabación. Luego se sumarían más de 16 L.P. y alrededor de 233 obras grabadas. Con el gobierno de don Eduardo Miguel se mandaron 12.000 discos a los EE. UU. para proyectar nuestra música en los países del norte. Siempre pegadita a sus hermanos recorre cientos de escenarios; toda la Argentina. Dejando un testimonio original y una larga trayectoria de un movimiento que marcó un momento trascendental en la historia del canto argentino. Su pensamiento recorre las imágenes triunfadoras de cuantos recuerdos: "quince años en Radio Bel- grano (Bs. As.) seguidos de renovadas expresiones por un público que nos quería y nos seguía en la audición "Oro y Flama".

No soy el único que puedo descubrir las bondades de esta mujer, pero tengo los medios para hacerlo. Curiosamente le pregunto, ¿por qué no sigue cantando? Su hija me responde. Ella está apoyada en su hombro. "...Mi mami ha vivido mientras cantaba continúa Nilda del Valle (Pochi) su vida siempre fue el canto. Ella renace sobre el escenario. Tiene tanto para seguir entregando..."

Quién no recuerda la calidez de Juanita cantando "Tacita de Plata"; "La Siete de Abril"; "Brasita de mi Chala"; "Chacarera del violín"; "Cajoneando mi guitarra"; "Mi guitarra eres tú"; etc. etc.

En fin, de alguna forma soy un testigo que sabe de su trayectoria, de su música auténtica. Sin deformaciones. Tengo la sensación que estoy rastreando los profundos filamentos de una ver- tiente maravillosa que no admite duda. Es que, Juanita Simón es un testimonio vital que nos sobrevive.

¿Por qué? Porque supo transitar la huella de fidelidad y respeto con la esencia de nuestro folklore. Porque de ella podemos extraer: experiencia, sabiduría, generosidad y pasión que se ha convertido en una verdadera historia, con la cual podríamos llenar páginas enteras. Es que Juanita Simón representa el arquetipo nacional de nuestra música, porque sus cualidades vocales e interpretativas la ubican en un lugar de preponderancia.

La escucho con un verdadero silencio. Me reseña su trayectoria artística. Tenía doce hermanos. Al principio sus padres (Don Juan y Da. Florinda) no la dejaban cantar”. Mujer... qué diría la familia". Juanita no aceptó...porque era este desafío. Cuando tenía diez años, don Gómez

CARLOS MIGUEL FUENTES

Publicada en FBK por: Don Omar Estanciero


jueves, 5 de febrero de 2026

La 7 de Abril: El enigma detrás de la "madre de las zambas"

Don Pedro Evaristo Diaz

En el vasto universo del folclore argentino, pocas piezas despiertan tanta fascinación y misterio como "La 7 de Abril". Considerada la madre de las zambas "de tres vueltas" o zambas largas, su estructura de 36 compases y su melodía final diferenciada la convierten en una joya técnica. Pero más allá de su música, lo que realmente cautiva es la densa niebla que rodea su origen y su nombre.

¿Por qué "7 de Abril"?

Aunque la fecha fue instituida como el Día de la Zamba en honor a esta obra, el motivo real del título sigue siendo objeto de debate. Existen tres grandes teorías que mezclan la sangre, el progreso y el corazón:

La huella histórica: Se dice que homenajea a la localidad tucumana de "7 de Abril" (ubicada en el límite con Santiago del Estero). Allí, un 7 de abril de 1840, se inició el pronunciamiento de la "Liga del Norte" contra Juan Manuel de Rosas.

La llegada del progreso: Otros sostienen que el nombre celebra la llegada del ferrocarril al pueblo, ocurrida en la misma fecha pero del año 1908.

El drama del Juez: Una versión romántica cuenta la historia de un joven rico que, tras recibirse de abogado y ser nombrado juez, debió enfrentar su destino más cruel: casar a la mujer pobre que amaba con otro hombre. Se dice que la letra de Pedro Evaristo Díaz y la de Domingo Lombardi nacieron de este dolor.

Una autoría en disputa

¿Quién fue el verdadero creador de esta melodía que hoy todos silbamos? La lista de pretendientes es larga y revela la rica tradición oral de nuestra tierra:

Andrés Chazarreta: Fue el primero en registrarla en 1916 tras escucharla de músicos populares santiagueños.

Los autores anónimos: Investigadores como Isabel Aretz apuntan a que el verdadero autor fue "El Ñato" Carrillo, un violinista tucumano que falleció en 1911. Otros nombres que resuenan en las cuerdas del arpa son Agenor Reynoso y el "Ciego Chaza".

La injusticia de Don Pedro

Aunque la versión más popular en las peñas es la de Pedro Evaristo Díaz, la historia nos deja un sabor agridulce: Don Pedro nunca pudo cobrar por su autoría. El destino decidió que su obra fuera de todos, menos de él en los papeles.

"La 7 de Abril" no es solo una danza; es un rompecabezas de la identidad del NOA, una zamba que se baila con la elegancia de la historia y se canta con el misterio de lo que nunca se llegará a conocer del todo.

Referencia: Basado en el libro inédito "Historia del cancionero folclórico santiagueño" de Omar "Sapo" Estanciero.

Manuel Gómez Carrillo: Publicó una versión musicalmente distinta en 1923, sobre la cual trabajaron figuras como Leda Valladares y la poetisa Blanca Irurzun."LA 7 DE ABRL" (Pedro Evaristo Díaz/Andrés Chazarreta)

Triste y con pena me voy// voy cantando está canción// buscando consuelo en esta zamba// porque me ha pedido el corazón.

Lejos se escucha una voz// mientras dice en si cantar// en aquella noche silenciosa// dando fuerte alivio a mi pesar.

Otros andarán por ahí// igualito como yo// cantando triste mis penas// zamba con mi canción.

Como el perfume de flor// suave, acompasados son// has hecho bailar a muchos criollos// haciendo vivir la tradición.

Tu melodía quizás// siempre ha sido para mi// hace muchas noches he soñado// y así te nombre 7 de abril.

"LA 7 DE ABRIL" (Domingo Lombardi/ Andrés Chazarreta)

La zamba 7 de Abril// vamos vidita a bailar// obligando gracia a tu perfil// y encendiendo amor es tu mirar// con tu pañuelo ya gentil// y como queriéndote alejar.

Una encendida pasión// aceptó encanto sentir// dando una esperanza al corazón// porque tu desdén hace sufrir// no me quites mi alma está ilusion// porque sin ella no podré vivir.

Criolla labios como flor// la que el sol besó al pasar// y brindas las dulzuras// de algarroba y de chañar// no hagas la desventura// de quien te sabe amar.

Quiero volverte a cantar// en esta zamba mi dolor// al ver si por fin puedo alcanzar// y ser dueño de tu corazón// u en el pañuelito he de expresar// al rodear tu pecho mi intención.

Sobre tu frente pondré// una corona triunfal// con amor constante y leal// un liviano paso seguiré// y en tu pollerita de percal// flores de mi sierra pondré.

Va está zamba a terminar// dando tregua a mi dolor// de negarme un consuelo// mi alma tendrás valor// y a tus pies mi pañuelo// rindo en prueba de amor.

"LA 7 DE ABRIL" (Leda Valladares/Manuel Gómez Carrillo).

Vengan al cerro a escuchar// como canta el montaraz // clava su baguala en pleno cielo// con un alarido de horfandad.

Quien sale al campo a llorar// las vidalas del amor// queda engualichado bajo el monte// y entre los quejidos del tambor.

Zamba de largos sauzales// fiel rescoldo del peón// que tu pañuelo al aire// nunca nos diga adiós.

Que lindo es dejarse estar// bajo un viejo quebrachal// cerca de las grandes salamancas// resollando todo el carnaval.

Nadie se quiere morir// sin gozar el carnaval// sin echar la entraña de  su canto// en el vuelo del polvaredal.

Zamba de triste follaje// resolana del cantor// que  tu pañuelo al aire// nunca nos diga adiós.

La Siete de Abril: SIETE DE ABRIL- M. GOMEZ CARRILLO-BLANCA  IRURZÚN.

Sol de abril en Tucumán
Mil deseos de volar
Con sus madreselvas perfumadas
Y con su luz clara el rosedal
Enfrentando a Juan Manuel de Rosa
El jazmín de Tucumán


Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán


Canto de un 7 de abril
Luminoso y soñador
Haber la esperanza tucumana
Libre la mañana su esplendor
Hay un envainar de resbalosas
Ya universal restaurador


Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán

(Gentileza de Rubén Chamorro)

OMAR SAPO ESTANCIERO