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lunes, 13 de julio de 2026

De Acequias y Palacetes: Un Paseo por el Santiago que el Tiempo (Casi) se Llevó

 

Acequia Belgrano

¿Alguna vez te detuviste en medio de la Avenida Belgrano, cerraste los ojos e intentaste imaginar cómo sonaba esta ciudad hace cuatro siglos? Probablemente hoy escuches el rugido de los colectivos y el murmullo incesante del comercio, pero si pudiéramos viajar en el tiempo, el sonido protagonista sería otro: el del agua corriendo con fuerza por una acequia antigua.

Santiago del Estero, nuestra "Madre de Ciudades", no solo es cuna de poetas y cantores; es un rompecabezas de historias fascinantes que a menudo pisamos sin darnos cuenta. Hoy te invito a que nos tomemos un café virtual y charlemos sobre esos rincones, edificios y decisiones que transformaron nuestra fisonomía urbana. ¡Prepárate, porque hay datos que te van a volar la cabeza!

El "río" que dividía la calle: La mítica Acequia Real

Imagínate esto: corría el año 1577. Mientras en el resto del mundo pasaban cosas de libros de historia antigua, aquí ya se estaba construyendo una obra de ingeniería asombrosa. La Acequia Real (o Acequia Belgrano) no era un simple zanjón; era una arteria vital de más de 5 kilómetros de largo que corría justo por donde hoy caminas para ir al centro.

Aquí es donde la historia se pone interesante y un poco misteriosa. ¿Quién la hizo realmente?

La versión mística: Muchos dicen que fueron los Jesuitas, conocidos por su destreza constructiva.

La versión oficial: Existe una carta del 20 de marzo de 1557 enviada por el Gobernador Gonzalo de Abreu y Figueroa al Virrey del Perú, lo que le da el crédito legal a él.

Lo más nostálgico es pensar en la alameda gigantesca que la bordeaba. Era un túnel verde de álamos que refrescaba la ciudad. Lamentablemente, en 1970, bajo una visión de "modernización" del gobierno de Carlos Jenssen, la acequia fue entubada y los árboles talados. Un golpe ecológico que los santiagueños de pura cepa todavía lamentan.

De Casa de Gobierno a Joya Cultural

Si hay un edificio que se roba todas las miradas frente a la Plaza Libertad, es el actual Centro Cultural del Bicentenario (CCB). Pero, ¿sabías que no siempre fue ese faro de cultura?

Construido en 1866 por los hermanos Cánepa durante el gobierno de Manuel Taboada, nació para ser el Cabildo y la Casa de Gobierno. Ubicado estratégicamente en la esquina de Libertad y Tucumán, este edificio ha visto pasar toda nuestra historia política. Fue recién en 1988 cuando se lo declaró Monumento Histórico Provincial, protegiendo para siempre sus paredes cargadas de secretos.

La Casona de los Taboada: El "Multiespacio" del Siglo XIX

A la vuelta, en Buenos Aires al 100, se encuentra la casona construida en 1870 por Gaspar Taboada. Si crees que los espacios de coworking son modernos, esta casa te lleva la delantera. A lo largo de los años, allí funcionaron:

  La primera oficina de Telégrafos.
La primera oficina de Teléfonos.
La redacción del diario El Liberal.
¡Y hasta el Círculo de Ajedrez!

 

El lujo de la Belgrano: 80 Chalets y una Boite

Hubo una época, no tan lejana, en la que la Avenida Belgrano parecía un catálogo de arquitectura europea. Entre el barrio Jorge Newbery y Campo Contreras, se erigían aproximadamente 80 chalets impresionantes.

Nombres como Los Hoyos, el del Gobernador Cáceres, o los de las familias Bagnato y Corvalán, eran sinónimo de elegancia. ¿Lo más curioso? En esa zona también funcionaba una Cancha de Pato y la mítica boite "Fantasius", donde la juventud de otras décadas gastaba la suela de sus zapatos.

El tren que llegaba a la puerta de casa

Hoy nos parece una locura, pero el 12 de octubre de 1884, el ferrocarril llegó literalmente hasta la Plaza Libertad. ¡Imagínate el humo y el silbato del tren en pleno centro!

Tuvimos dos estaciones principales que marcaron épocas:

Estación Belgrano: (Libertad y Pringles). Originalmente del Central Córdoba, hoy es el querido Parque Oeste.

Estación Mitre: (Perú y Alvear). De trocha ancha, el lugar donde hoy funciona el moderno FÓRUM.

El tren no solo traía gente; traía el progreso que permitió, por ejemplo, que en 1904 se inaugurara el servicio de agua corriente y en 1905 se levantara el imponente edificio del Banco Nación.

Secretos en las paredes y cambios de nombre

¿Alguna vez te sentiste observado en la calle Libertad al 400? No es tu imaginación, son los Atlantes de Piedra. Estas figuras colosales que sostienen la estructura frente a la Plaza Libertad fueron creadas por el arquitecto y escultor Rafael Delgado Castro a principios del siglo XX. Son, sin duda, los guardianes más antiguos del centro.

Pero no todo fue piedra y construcción. Los años 70 trajeron cambios drásticos, incluso en cómo llamamos a nuestros barrios. ¿Sabías que muchos de ellos tenían nombres mucho más pintorescos antes de que el gobierno de facto los rebautizara?

Chimillo pasó a ser Reconquista e Independencia.

Tala Pozo se convirtió en Almirante Brown.

Las Cejas fue renombrado como Don Bosco.

Incluso la naturaleza sufrió: en esa época se eliminó la platabanda de hermosos lapachos que adornaban las avenidas Sáenz Peña y Pedro León Gallo. Una decisión que, al igual que la tala de la alameda de la Belgrano, nos dejó una ciudad un poco más calurosa y menos colorida.

Un legado que late

Santiago del Estero es mucho más que sus calles adoquinadas en 1916 o el gas natural que llegó en 1951. Es una ciudad que supo ser industrial, con el Ingenio Saint Germes (1881) como símbolo de tecnología punta, y que supo reinventarse una y otra vez.

Desde el viejo matadero municipal de 1907 (que luego fue mercado y hoy es Jefatura de Policía) hasta la puesta en valor del Complejo Taboada en 2024, nuestra identidad está grabada en cada ladrillo puesto por los Cánepa, Delgado Castro o los pioneros anónimos.

Caminar hoy por Santiago es recorrer un libro abierto. La próxima vez que pases por la Belgrano, recordá que bajo tus pies alguna vez corrió un canal de agua cristalina y que, a tu alrededor, la historia sigue viva, esperando a ser contada.

¿Cuál de estos datos te sorprendió más? ¿Te imaginas cómo sería Santiago hoy si todavía tuviéramos esa acequia bordeada de álamos? La próxima vez que camines por el centro, levanta la vista: siempre hay un detalle del pasado esperando a saludarte.

* Este artículo fue realizado con información del Archivo Gráfico Cultural Santiagueño de Omar Sapo Estanciero, un guardián incansable de nuestra memoria colectiva.

sábado, 11 de julio de 2026

La Banda y el sonido de un legado: el bandoneón que hizo historia en Santiago del Estero

En el Día Nacional del Bandoneón, un recorrido por la vida de Iber Ruiz y el extraordinario semillero de músicos que convirtió a La Banda en una de las ciudades con mayor tradición bandoneonística del país.

 

Imagen: Archivo gráfico Omar Estanciero

Cada 11 de julio, la Argentina celebra el Día Nacional del Bandoneón, una fecha instituida para recordar el nacimiento de Aníbal "Pichuco" Troilo, figura inmensa del tango y uno de los mayores intérpretes que haya conocido el instrumento. Sin embargo, la conmemoración también invita a mirar más allá de Buenos Aires y descubrir otras geografías donde el bandoneón encontró una voz propia.

Una de ellas es La Banda, ciudad santiagueña donde el sonido del fuelle acompañó durante décadas bailes populares, festivales, reuniones familiares, peñas y escenarios de todo el país. Allí, el bandoneón no fue únicamente un instrumento musical: fue una forma de contar la vida, de expresar la nostalgia y de acompañar tanto el tango como el folclore.

Entre los grandes nombres que dio esa tierra se encuentra Iber Ruiz, nacido el 11 de julio de 1926. Su nacimiento coincide, curiosamente, con la fecha en la que hoy se celebra el Día Nacional del Bandoneón, una coincidencia que parece resumir el destino de quien dedicaría toda su vida a ese instrumento.

Un músico formado entre grandes maestros

La historia artística de Iber Ruiz comenzó bajo la guía del maestro Salvador Carfí. Integró su orquesta y recibió de él una sólida formación musical que marcaría para siempre su carrera.

Aquellos años de aprendizaje le permitieron desarrollar un estilo refinado, sensible y versátil. Su bandoneón podía recorrer con la misma naturalidad la intensidad dramática del tango y la riqueza melódica del folclore argentino, dos universos musicales que supo interpretar con igual compromiso.

Esa capacidad lo llevó a compartir escenarios con artistas de enorme prestigio. Entre ellos se destacan el inolvidable Polaco Goyeneche, una de las voces más representativas del tango argentino; Alba Solís, figura emblemática del género ciudadano; y la destacada cantante Nelly Vázquez.

Quienes lo conocieron recuerdan a Iber Ruiz como un músico respetuoso del oficio, de técnica impecable y profundo sentido interpretativo. No necesitaba gestos grandilocuentes para emocionar. Bastaban el aire contenido en el fuelle y la delicadeza de sus frases musicales para transmitir aquello que muchas veces las palabras no alcanzan a decir.

Su fallecimiento, ocurrido en La Banda el 18 de febrero de 2006, dejó un vacío entre colegas, amigos y amantes de la música popular. Sin embargo, su obra permanece viva en el recuerdo de quienes compartieron escenarios con él y en la memoria cultural de la provincia.

Una ciudad donde el bandoneón echó raíces

Hablar de Iber Ruiz es hablar también de una tradición mucho más amplia.

Durante buena parte del siglo XX, La Banda fue una verdadera cantera de bandoneonistas. En sus barrios crecieron músicos que aprendían de oído, otros que estudiaban con maestros y muchos que alternaban presentaciones en orquestas típicas con actuaciones en conjuntos folclóricos.

El bandoneón encontró allí un lugar singular. Mientras en otros puntos del país permanecía asociado casi exclusivamente al tango, en Santiago del Estero dialogó naturalmente con chacareras, zambas, gatos y escondidos.

Ese encuentro entre dos universos musicales dio origen a un modo particular de interpretar el instrumento, con una identidad profundamente santiagueña.

No resulta extraño, entonces, que tantos músicos destacados hayan nacido o desarrollado su carrera en esta ciudad.

Una generación irrepetible

Quienes tuvieron la fortuna de escucharlos coinciden en una idea: hubo una generación extraordinaria de bandoneonistas.

Cada uno poseía un estilo propio. Algunos privilegiaban el virtuosismo técnico; otros se destacaban por la sensibilidad de sus interpretaciones; varios fueron grandes acompañantes de cantores y conjuntos folklóricos; otros brillaron en orquestas de tango.

Pero todos compartían un mismo compromiso con la música.

Esa generación estuvo integrada por Rafael Ingrata, Zoco Díaz, José Gerez, Luis Ríos, Andrés Ríos, Antonio Ríos, Miguel Simón, Federico Yocca, Juan Juárez, Dante Jiménez, Ramón Reyes, Guillermo González, Pedro Ríos, Roberto Roldán, Dante Díaz, Arturo Aranda, Roberto Carrizo, Exequiel Luna, Lázaro Loto, Gregorio Jiménez, Carlos Acuña, Mariano Moreno, Luis Sequeira, Miguel Aguirre, René Paz, Ramón Gil, Miguel Vicelli, Félix Vicelli, Manuel Autalán ("Chunga"), Héctor Castro ("Castrito"), Alberto Arce, "Alico" Rodríguez, Virgilio Ponce, Pascual Medina, "Fierrito" Aranda, Dermidio Castillo, Fidel Lucero, "Masho" Uñates, "Tito" Cabrera, Juan Herrera, Alberto Pérez ("Huesito"), Antonio Villavicencio, Sixto Díaz, Hernán Jugo, Antonio Boix, Iber Ruiz, "Carucho" Ingrata, "Sastre" Juárez, Ignacio Herrera, Raúl Mansilla, Marcelo Bustamante, Raúl Maldonado, Armando Orellana, Gabriel Esper, Cacho Figueroa, "Paquito" Santillán, Nico Cura, Oscar Carrizo, "Chacho" Noriega, Carlos Toledo, Rubén Ledesma, Fermín Leguizamón, Raúl "Trapo" Ponce y Carlos Juárez.

Detrás de cada uno de esos nombres hay historias familiares, noches de ensayo, festivales, carnavales, peñas y celebraciones populares. Muchos de ellos enseñaron a nuevas generaciones; otros dejaron discípulos que continúan interpretando el repertorio tradicional. Todos, de una u otra manera, ayudaron a construir el patrimonio musical de Santiago del Estero.

Mucho más que un instrumento

El bandoneón tiene una historia singular. Nació en Alemania durante el siglo XIX con fines religiosos y terminó encontrando en la Argentina un destino completamente distinto.

Aquí se transformó en el alma del tango, pero también supo adaptarse a las músicas regionales. En Santiago del Estero adquirió una personalidad especial. Se mezcló con el bombo legüero, con las guitarras criollas y con las voces de los cantores populares, aportando matices melancólicos y una riqueza sonora inconfundible.

Cada fuelle abierto parecía contar una historia distinta: la del trabajo, la del monte, la de los caminos polvorientos, la del amor, la despedida o el regreso.

Una memoria que sigue sonando

Recordar a Iber Ruiz y a los numerosos bandoneonistas bandeños es mucho más que un ejercicio de nostalgia. Es reconocer el valor de hombres que hicieron de la música una forma de preservar la identidad de su pueblo.

En tiempos donde las tradiciones necesitan nuevos espacios para seguir vivas, sus trayectorias adquieren un significado renovado. Son parte de una memoria colectiva que merece ser contada, difundida y transmitida.

Cada 11 de julio, cuando el país homenajea al bandoneón, también es oportuno volver la mirada hacia La Banda, esa ciudad que durante décadas respiró música entre sus calles y que regaló al folclore y al tango un puñado de intérpretes inolvidables.

Porque mientras exista alguien dispuesto a abrir un fuelle y dejar escapar sus primeras notas, el legado de Iber Ruiz y de todos aquellos bandoneonistas santiagueños seguirá resonando, como un eco persistente, en la identidad cultural de la provincia y en el corazón mismo de la música argentina.

sábado, 27 de junio de 2026

"La zamba de Vargas"

 


El 10 de abril de 1906, en el diario El Siglo, el Capitán Ambrosio Salvatierra, que participara en la Batalla de Pozo de Vargas integrando las fuerzas nacionales, pública sus recuerdos de la misma.

Luego de referir pormenores del reñido encuentro dice: "que al iniciar las fuerzas de Varela con un cañonazo, el Gral. Taboada ,ordenó que se contestara con el mismo, pero como las fuerzas no tenían cañón, el Sargento Mayor José Brizuela, Comandante de la Compañía de Infantería de Catamarca, ordenó a la Banda de dicha Compañía que tocara y ésta, se hizo oír con una zamba, llamada desde entonces "Zamba de Vargas"(...) Sigue más adelante: "el efecto fue electrizante, las tropas al oír el baile nacional, prorrumpieron en gritos, vivas a su General y mueras al enemigo".

El 26 de agosto de 1906, el músico y tradicionalista santiagueño Andrés Chazarreta, hizo conocer la versión de la "Zamba de Vargas " que aprendiera desde su niñez de los labios de su tío Manuel Antonio Chazarreta, combatiente de la batalla que nos ocupa, de su abuela AGUSTINA, además, tal como dice el historiador Luis Alen Lascano (cf. "Andrés Chazarreta Y El Folclore" B.A. 1973), de haber consultado con el citado Capitán Salvatierra y con otro combatiente, el Teniente abanderado José María Gauna, músico fallecido en 1910.

Cabe señalar que esta zamba es la primera obra impresa con dicho género (zamba) en la historia del Movimiento Tradicionalista Argentino.

La versión de Andrés Chazarreta, es publicada por éste en 1908, 1912 y 1914 (en París) e integra su Primer Álbum de Música Folclórica en 1906, acompañada con coplas populares y tradicionales.

Otro músico santiagueño, Manuel Gómez Carrillo, publica en 1921, otra versión con diferentes técnicas de notación musical, sustancialmente semejante a la de CHAZARRETA.

Después se suceden las versiones, recopilaciones, arreglos, transcripciones, etc. Siempre sobre la misma línea melódica fundamental.

Versión atamisqueña: una versión totalmente diferente en su música a la mencionada anteriormente, es publicada en 1945, por los tradicionalistas santiagueños Bailón Y Luis Alberto Peralta Luna.

La misma fue recopilada hacia 1938 en Villa Atamisqui, población antigua situada en el centro sud de la provincia, donde se conservó muy viva la tradición del canto, la danza criolla y el habla quichua.

Les fue transmitida a los colectores por los músicos populares: Manuel Roldán Benavidez, José Antonio Sosa y Lindaura Roldán De Santillán, quienes, a su vez, la habían aprendido de viejos pobladores de la zona, músicos de notoria fama regional como los arpistas: Rosario Benavidez, Mercedes Gómez Y María Antonia Sosa.

Las coplas anónimas y populares, dan más realce a Varela, Elizondo y Chumbita que a los propios Taboada.

Se la conoce también con los títulos: "La Vargueña" y "La Taboadista". Musicalmente, como la citada anteriormente, es de las denominadas "cortas" o "de 2 vueltas", por ser su versión original de 32 compases bailables.

(Fuente: "Zambas Históricas Y Tradicionales " José A. Faro, Pag.83/85).

"Zamba De Vargas"(Recop. A. Chazarreta): "Forman los riojanos en Pozo e' Vargas/ los manda Varela, firme en batalla, / contra los santiagueños, / con gran denuedo van a pelear, / ya Don Manuel Taboada, / alta su espada se ve brillar.// Atacó Varela con gran pujanza,/ tocando a degüello a sable y lanza,/ se oyen los alaridos/ y en el estruendo de la carga/ ya pierden terreno/ los santiagueños de Taboada. // Bravo santiagueños!, dijo Taboada/ vencer o la muerte!, vuelvan las cargas,/ por la tierra querida/ demos la vida para triunfar/ y ahí nomás a La Banda, / la vieja zamba, mandó a tocar.// Y en el entrevero se oyó esta zamba, / llevando sus notas bríos al alma./ Y el triunfo consiguieron/ los santiagueños de Taboada, / para eterna memoria/ Zamba de Vargas siempre será".

"Zamba De Vargas"(Versión José Ramón Luna):"Batallón de Varela, Pozo de Vargas,/ formó su pelotón,Manuel Taboada. / Si ay...ay...ay..Manuel Taboada. // Aquel bocón que viene, / ha de acabarnos, / vamos a hacer un tiro/ guapos muchachos. / Ay...ay...ay...guapos muchachos. // Al primer tiro que hizo,/ le dio en la boca,/ fumándose Varela,/valientes tropas!/ Ay...ay...ay...valientes tropas. // Desenvainó su espada/Manuel Taboada/ "si esta guerra pierdo,/ no cargo espada"./ Si ay...ay...ay...no cargo espada ".( Esta versión la cantaba Eusebio More).

"Zamba De Vargas" (Recop. Peralta Luna): " A la carga, a la carga/ dijo Varela, / a la carga artilleros (zambita),/ rompan trincheras.// Rompan trincheras, cierto, / dijo Elizondo, / Batallón lagunero (zambita)/ de 2 en fondo. // A la carga, a la carga,/ dijo Taboada, /" si esta guerra no gano (zambita)/ no cargo espada"./ A la carga, a la carga, / dijo Chimbita,/ "las ansias de quererte ( zambita),/ no se me quitan".

Fuente: Libro Inédito " Historia Del Cancionero Folclórico Santiagueño" De Omar Sapo Estanciero

 

martes, 5 de mayo de 2026

El hombre que tiñó de compromiso la palabra: Pablo Raúl Trullenque

Entre libros clásicos, la orfandad y la tintorería, el poeta santiagueño construyó una obra que se niega al eufemismo. Conocé la historia de una de las plumas más sentidas de nuestro folclore.

 


Por Leyendas del Folclore Santiagueño

Hay hombres que escriben para adornar el mundo y hay hombres que escriben porque el mundo, tal como está, les duele. Pablo Raúl Trullenque pertenecía a los segundos. Lejos de las metáforas que esconden miedos y de los versos de porcelana, el poeta santiagueño entendió el arte como un compromiso de vida, un puente tendido entre la crudeza de la realidad y la esperanza de la canción.

El observatorio del barrio y la obsesión de una abuela

La historia de Trullenque no se explica sin el silencio de su infancia. Huérfano de padres desde muy pequeño, su universo se redujo al abrazo de una abuela que, con la sabiduría de los años, le dio la libertad necesaria para volverse "dueño de sí mismo".

Fue ella, una mujer analfabeta, quien sembró en Pablo la semilla que germinaría en su poesía. Paradójicamente, la obsesión de Trullenque por la palabra nació del vacío de su abuela; ella le contaba todo lo que se había perdido por no saber leer ni escribir. Esa carencia se transformó en un mandato.

Más tarde, en el aula de sexto grado, la maestra Petrona Mendívez le abriría las puertas de los cielos literarios: Bécquer, Rubén Darío y Horacio Quiroga pasaron a ser sus compañeros de ruta. Pero Pablo no se quedó encerrado en los libros. Desde su humilde barrio, al que definió como un "observatorio social", fue testigo de la fractura de su tierra: la Santiago del Estero que tiene y la que no tiene.

"La cuestión no es tener, sino agradecer a Dios por tener y, fundamentalmente, saber dar", solía decir el poeta, resumiendo una ética que atravesó cada una de sus estrofas.

De la tintorería a la inmortalidad: El encuentro con los Carabajal

Como toda gran historia argentina, la de su consagración tiene un toque de azar y otro de humildad. Instalado en Buenos Aires, Pablo frecuentaba a la familia Carabajal. Sabía que allí había un motor creativo único. Sin embargo, el camino no fue una alfombra roja.

Cuenta la anécdota que Trullenque le entregó a Carlos Carabajal la letra de "Pa’ carnavalear". En aquel entonces, Carlos se mostró indiferente, guardando aquellos versos en algún rincón de la memoria o de algún cajón.

El tiempo pasó. Pablo seguía con su vida cotidiana, atendiendo su tintorería, entre el vapor y el olor a solvente. Un día, mientras trabajaba, la radio rompió el aire. Eran Los Chalchaleros. La sorpresa fue total cuando reconoció su propia letra, ahora convertida en una chacarera que recorría el país. Ese fue el chispazo inicial de una de las duplas más prolíficas y exitosas de nuestra música popular.

Un legado sin eufemismos

Trullenque no buscaba el aplauso fácil. Su búsqueda era la verdad. "He leído muchas palabras bonitas, pero eso no es todo, hay que decir algo más", afirmaba con la convicción de quien sabe que la poesía es una herramienta de transformación.

Hoy, al volver a sus letras, no solo encontramos ritmo y paisaje; encontramos un hombre que se animó a mirar de frente a la discriminación y al dolor, devolviéndonos una obra cargada de humanidad. Pablo Raúl Trullenque no solo escribió canciones; nos dejó un mapa ético sobre cómo habitar este suelo: con los ojos abiertos, las manos dispuestas al dar y la palabra siempre puesta al servicio del compromiso social.

Basado en testimonios de Alcira Mancilla de Trullenque y el libro "Anécdotas y curiosidades de folcloristas santiagueños" de Omar "Sapo" Estanciero.

viernes, 24 de abril de 2026

El hombre que nos enseñó a bailar: ¿Quién fue Andrés Chazarreta?

 


Si hoy vas a una peña, escuchas una zamba o te emocionas con una chacarera, hay un nombre que tienes que conocer: Andrés Avelino Chazarreta. No es solo un nombre de calle o de escuela; estamos hablando del verdadero "Patriarca del Folclore Argentino".

Un 24 de abril de 1960, Don Andrés se despidió de este mundo, pero nos dejó la banda sonora de nuestra identidad. ¿Quieres saber por qué su historia es tan fascinante? Sentate, que te cuento.

Un "maestro" en todo sentido

Don Andrés nació en Santiago del Estero un 29 de marzo de 1876. Pero no fue "solo" músico. El tipo era un todoterreno: fue Maestro Normal, Director e incluso Inspector de Escuelas. Quizás esa vocación de enseñar fue la que lo llevó a rescatar nuestros sonidos antes de que se perdieran en el olvido.

Lo más increíble es su destreza técnica. Imaginate esto: ¡ejecutaba 16 instrumentos musicales! Con una base sólida de solfeo y un ojo clínico para la coreografía, Chazarreta no solo tocaba, sino que entendía el baile como nadie.

El día que el folclore "copó" la Capital

Para principios del siglo XX, el folclore era algo "del interior", algo que se quedaba en los patios de tierra. Pero Chazarreta tenía otros planes.

1916: Publicó su Primer Álbum Musical Santiagueño, un hito para la industria musical de la época.

1921: ¡El gran salto! El 18 de marzo, se plantó en el Teatro Politeama de Capital Federal con su Compañía de Arte Nativo. Fue una revolución; la ciudad de Buenos Aires descubrió que había un país entero vibrando con otros ritmos.

1941: Fundó el Instituto del Folclore, que llegó a tener 72 sucursales en toda la Argentina. ¡Un verdadero influencer de la tradición!

Una fábrica de hits (antes de que existieran los hits)

Si sos amante de la música popular, seguro escuchaste o bailaste alguna de sus obras. Don Andrés compuso o recopiló más de 400 temas. Entre su lista de "imprescindibles" encontramos joyas como:

"La 7 de Abril" (un himno para los amantes de la zamba).

"Criollita santiagueña" (en colaboración con el mismísimo Atahualpa Yupanqui).

"La Telesita" y "El 180".

Su capacidad para colaborar con otros grandes, como Agustín Carabajal o Pedro Evaristo Díaz, demuestra que para él, el folclore era una construcción colectiva, un abrazo entre provincias.

Una postal para el recuerdo

Cerrá los ojos e imaginate esta escena en mayo de 1948: la Plaza principal de Catamarca está colmada. Allí está la Compañía de Arte Nativo.

En las fotos de la época se lo ve a Don Andrés, imponente con su poncho, sosteniendo su sombrero con ambas manos. A su lado, su hijo Agustín y figuras legendarias como el Dúo Jugo-Corvalán. Era una verdadera selección nacional de la cultura, llevando nuestra esencia de plaza en plaza.

Dato curioso: Mucha de esta información proviene del libro inédito Biografías de Folcloristas Santiagueños de Omar "Sapo" Estanciero, un tesoro que guarda la memoria de quienes hicieron grande nuestra música.

Hoy, a más de 60 años de su partida, el bombo legüero sigue latiendo gracias a que un maestro santiagueño decidió que nuestra música merecía ser escuchada en todo el mundo. ¡Salud, Patriarca!

jueves, 23 de abril de 2026

Costumbre ancestral prohibida

 


El 18 de enero de 1951, por Decreto 175 firmado por Medina y refrendado por Pericás, el Poder Ejecutivo Provincial, prohíbe en todo el territorio de Santiago del Estero la difundida práctica del "Velorio del Angelito". Esta celebración, realizada por entonces en casi todo el NOA y buena parte de Latinoamérica, se llevaba a cabo cuando moría un niño de corta edad, a quien se consideraba un angelito.  Como se creía que el angelito, al morir sin mácula y sin pecado alguno, debía ir directamente al cielo, se celebraba una fiesta para despedir sus restos en su viaje hacia el más allá. El velorio con frecuencia se prolongaba varios días y en algunas zonas hasta se llegaba a prestar el cuerpito del niño a los vecinos para que éstos realicen su propio velorio.

La prohibición de esta ancestral costumbre, sin embargo, no impidió que durante largos años se la siguiera practicando.

El Decreto también dictaba normas para la celebración de actos religiosos católicos.  El tema venía desde que el 26 de julio de 1948 el Monseñor José Weimann había emitido un mensaje pastoral donde fijaba normas para el culto católico, donde también formulaba serias objeciones a ciertas prácticas religiosas que incluían a los "rezabailes, telesitas y velorios de los angelitos " por ser, según sus palabras, 'actos bochornosos para la cultura y la religión ', agregando que era necesario evitar toda profanación y paganismo. En atención a esto, el Poder Ejecutivo decreta en esta fecha la prohibición de tales prácticas.

("Crónicas de Santiago del Estero " de Luis Pérez. Pag. 38/39. El Escriba Editorial)

DEL ARCHIVO GRÁFICO DE OMAR ESTANCIERO

miércoles, 15 de abril de 2026

La santiagueña

 Por Omar sapo Estanciero



Cuenta TRISTÁN "TATÍN" MONTE que, en 1970, cuando ejercía la docencia en el Departamento Salavina, le supieron relatar que esta chacarera, tenía casi 400 años y nació titulada "Salavinapaj" ("Para Salavina") y muchísimos años después, BAILÓN PERALTA LUNA, la recopila y ALBERTO "GRINGO" BRAVO DE ZAMORA, le incorpora una letra.

Según MONTE, recuerda que en aquella oportunidad le contaron 2 versiones tituladas:  "Salavinamanta" ("De Salavina") y "Salavinapaj "("Para Salavina"). Siempre se ejecutó instrumentalmente y que la versión cantada en quichua, se extinguió.

Por eso, MONTE, hizo una nueva letra en la cual se respeta la esencia de lo que es y representa para el salavinero esta chacarera. (TRISTÁN MONTE, abril 2025).

Ahora bien, según los registros en SADAIC #3181 ISWC T0370034766 Registrada el 9/9 1953 por BAILÓN PERALTA LUNA y no figura ALBERTO BRAVO DE ZAMORA.

Siguiendo con la búsqueda (de mi amigo y colega, a quien agradezco la gentileza JOSÉ "RUBIO" JIMÉNEZ) figura en los registros #2407 ISWC T0370023768 con fecha 01/09/ 1933 de PEDRO CONTRERAS Y RAÚL ODILÓN CONTRERAS.

Entendemos que el 1/08/ 1930, se funda El Círculo de Autores y Compositores de Música. La Asociación Argentina de Autores con la primera, se fusionaron y dan lugar a SADAIC en Lavalle 1545, Capital Federal el 9 de junio 1936.

O sea, DON PEDRO CONTRERAS, tal vez la registró en la primitiva institución.

Por último, figura con el nombre "La santiagueña", zamba, #2403 ISWC T0370023713 con fecha 6/02/1937 a nombre de ANDRÉS AVELINO CHAZARRETA.

"LA SANTIAGUEÑA" (ALBERTO BRAVO DE ZAMORA/ BAILÓN PERALTA LUNA)

"El perfume de tus montes/de lejos me está llamando/ y el recuerdo de tu boca/de lejos me está llamando. // Olfateando estoy viditay/aroma por mi olvidado/ que como un dulce lamento/ en mi se va adentrando.// Quiero estar en Salavina/ pa chacarear mejor/ comenzar con luz de luna/ terminar con luz de sol./// Chacarera yo te canto/aunque esté lejos mi dueña/ vientito tal vez no pueda/ llegar a mi santiagueña.///Están de fiesta en mi rancho/ahora que vuelto a mi pago/y el bombo que llevo adentro/suena más fuerte en Santiago. // Quisiera ser pensamiento/para estar dentro de ti/ saber lo piensas/ cuando te acuerdas de mí.//Sos cadena del amor/que me tiene prisionero/ quisiera ser tu cariño/ para darte algún desvelo".

"LA SANTIAGUEÑA” (TRISTÁN MONTE/ BAILÓN PERALTA LUNA recop.) "Aquí les traigo esta ofrenda/aquerenciada en las salinas/ es la madre de las truncas/y ha nacido en Salavina. // Tiene hechizo y tiene magia, /de misterio y de leyenda, /y en la urdimbre de las notas/ el sentir de una telera.//La recuerdan por las noches/cuando el canto se alza en vuelo/ con dulzura de violines/ y el latir de los legueros. ///La nombraron voces quichuas/en la copla amanecida/ la madre de las truncas/ y ha nacido en Salavina. /// El embrujo en su cadencia/es mudanza y zarandeo/ cuando en los patios de tierra/ se entreveran los recuerdos. // La estrenó la voz del viento, /en siestas salavineras/los coyuyos cantores/ la llamaron Chacarera. //Enredada en los acordes/de la luna sobre el río/en sus notas va llevando/ la razón del canto mío".

DEL LIBRO "HISTORIA DEL CANCIONERO FOLCLÓRICO POPULAR SANTIAGUEÑO" DE OMAR SAPO ESTANCIERO

viernes, 3 de abril de 2026

Ramón “Toy” Von Zeilau (1955-1990)

 


Ramón “Toy” Von Zeilau nació un 20 de marzo de 1955 y se destacó como músico y cantor popular, reconocido por su particular entonación y su privilegiado registro vocal. Durante su vida, consolidó una participación artística significativa dentro del folclore santiagueño, dejando una huella imborrable en quienes valoraron su talento y dedicación al arte.

Aunque su fallecimiento a temprana edad limitó el registro documental de su obra, su legado musical incluye algunas grabaciones en vivo y otras realizadas en estudio. Entre estas, destaca la grabación en formato cassette titulada Más santiagueño imposible, producida por Oscar Valles, en la que participaron reconocidos artistas como Jacinto Piedra y Peteco Carabajal, entre otros.

Una anécdota particularmente memorable dentro de su carrera ocurrió en la emblemática peña La Casa del Folclorista, donde Ramón “Toy” Von Zeilau tuvo el honor de interpretar por primera vez la chacarera Entre a mi pago sin golpear, compuesta por Pablo Raúl Trullenque y Carlos Carabajal. Cierta noche, Carlos Carabajal llegó a la peña y encontró a Toy, a quien le comentó acerca de esta nueva creación y le hizo escuchar la melodía. Embelesado por la canción, Toy le solicitó cantarla esa misma noche. Carlos Carabajal, conocido como “El Padre de la Chacarera”, aceptó gustosamente. Se apartaron del salón para compartir los acordes y la melodía, y esa noche de estreno se coronó con una fuerte ovación del público, sellando un momento inolvidable en la historia del folclore santiagueño.

Otra historia que refleja el impacto de Toy en el ambiente artístico fue su proyecto con Jacinto Piedra. Se sabe que ambos planeaban formar un dúo llamado El Dúo del Futuro, un sueño que prometía fusionar sus talentos únicos. Tras un primer ensayo, quedaron en reunirse dos días después para continuar con los preparativos. Sin embargo, al día siguiente, Toy Von Zeilau enfermó gravemente y fue internado, sin poder recuperarse. Su partida ocurrió el 3 de abril de 1990, tras una dura batalla contra una grave enfermedad. Meses más tarde, Jacinto Piedra también falleció, dejando truncado un proyecto que, según quienes los conocieron, habría marcado un antes y después en la música santiagueña.

A lo largo de su trayectoria, Ramón “Toy” Von Zeilau fue galardonado con el reconocimiento “Mistol de Oro”, otorgado por personalidades destacadas del folclore, premio que refleja la gran estima que despertó entre sus pares y el público. Además de su faceta artística, fue un ferviente hincha del club Unión Santiago, pasión que acompañó su vida con el mismo entusiasmo que entregaba a la música.

A pesar de su partida prematura, su valoración dentro del ambiente folclórico de la provincia continúa siendo elevada, manteniendo vivo el recuerdo de un artista querido y respetado. Su legado, junto a historias como la del dúo que nunca fue, sigue inspirando a nuevas generaciones de músicos y amantes del folclore.

Esta biografía se basa en el libro inédito Biografías de folcloristas santiagueños de Omar “Sapo” Estanciero, complementada con la valiosa colaboración de Santiago Von Zeilau.

 

martes, 31 de marzo de 2026

Juanita Simón, un testimonio que sobrevive



Basualdo la presenta en el escenario del cine Petit Palais en el concurso "Voces Argentinas" y gana el 1º premio cantando el vals "Rosas de Otoño". Ahí surge su misteriosa vocación que deleitaría a toda la Argentina, con un estilo musical, revelación que se aglutina junto a sus hermanos.

Ya integrante del conjunto Los Hermanos Simón, por indicaciones de los Dr. José y Antonio Castiglione, inauguran artísticamente L.V. 11 y un año después (1937) L.V. 12 de Tucumán

De nuevo el silencio. Juanita manifiesta: "Estando mi padre en agonía me dijo que tenía que seguir cantando. Que lo haga con el cariño de siempre. Que lo haga junto a mis hermanos" continua: "eso lo llevo prendido en mi corazón..." Me cuenta, que estando de seis meses de embarazo hace su primera grabación. Luego se sumarían más de 16 L.P. y alrededor de 233 obras grabadas. Con el gobierno de don Eduardo Miguel se mandaron 12.000 discos a los EE. UU. para proyectar nuestra música en los países del norte. Siempre pegadita a sus hermanos recorre cientos de escenarios; toda la Argentina. Dejando un testimonio original y una larga trayectoria de un movimiento que marcó un momento trascendental en la historia del canto argentino. Su pensamiento recorre las imágenes triunfadoras de cuantos recuerdos: "quince años en Radio Bel- grano (Bs. As.) seguidos de renovadas expresiones por un público que nos quería y nos seguía en la audición "Oro y Flama".

No soy el único que puedo descubrir las bondades de esta mujer, pero tengo los medios para hacerlo. Curiosamente le pregunto, ¿por qué no sigue cantando? Su hija me responde. Ella está apoyada en su hombro. "...Mi mami ha vivido mientras cantaba continúa Nilda del Valle (Pochi) su vida siempre fue el canto. Ella renace sobre el escenario. Tiene tanto para seguir entregando..."

Quién no recuerda la calidez de Juanita cantando "Tacita de Plata"; "La Siete de Abril"; "Brasita de mi Chala"; "Chacarera del violín"; "Cajoneando mi guitarra"; "Mi guitarra eres tú"; etc. etc.

En fin, de alguna forma soy un testigo que sabe de su trayectoria, de su música auténtica. Sin deformaciones. Tengo la sensación que estoy rastreando los profundos filamentos de una ver- tiente maravillosa que no admite duda. Es que, Juanita Simón es un testimonio vital que nos sobrevive.

¿Por qué? Porque supo transitar la huella de fidelidad y respeto con la esencia de nuestro folklore. Porque de ella podemos extraer: experiencia, sabiduría, generosidad y pasión que se ha convertido en una verdadera historia, con la cual podríamos llenar páginas enteras. Es que Juanita Simón representa el arquetipo nacional de nuestra música, porque sus cualidades vocales e interpretativas la ubican en un lugar de preponderancia.

La escucho con un verdadero silencio. Me reseña su trayectoria artística. Tenía doce hermanos. Al principio sus padres (Don Juan y Da. Florinda) no la dejaban cantar”. Mujer... qué diría la familia". Juanita no aceptó...porque era este desafío. Cuando tenía diez años, don Gómez

CARLOS MIGUEL FUENTES

Publicada en FBK por: Don Omar Estanciero


jueves, 5 de febrero de 2026

La 7 de Abril: El enigma detrás de la "madre de las zambas"

Don Pedro Evaristo Diaz

En el vasto universo del folclore argentino, pocas piezas despiertan tanta fascinación y misterio como "La 7 de Abril". Considerada la madre de las zambas "de tres vueltas" o zambas largas, su estructura de 36 compases y su melodía final diferenciada la convierten en una joya técnica. Pero más allá de su música, lo que realmente cautiva es la densa niebla que rodea su origen y su nombre.

¿Por qué "7 de Abril"?

Aunque la fecha fue instituida como el Día de la Zamba en honor a esta obra, el motivo real del título sigue siendo objeto de debate. Existen tres grandes teorías que mezclan la sangre, el progreso y el corazón:

La huella histórica: Se dice que homenajea a la localidad tucumana de "7 de Abril" (ubicada en el límite con Santiago del Estero). Allí, un 7 de abril de 1840, se inició el pronunciamiento de la "Liga del Norte" contra Juan Manuel de Rosas.

La llegada del progreso: Otros sostienen que el nombre celebra la llegada del ferrocarril al pueblo, ocurrida en la misma fecha pero del año 1908.

El drama del Juez: Una versión romántica cuenta la historia de un joven rico que, tras recibirse de abogado y ser nombrado juez, debió enfrentar su destino más cruel: casar a la mujer pobre que amaba con otro hombre. Se dice que la letra de Pedro Evaristo Díaz y la de Domingo Lombardi nacieron de este dolor.

Una autoría en disputa

¿Quién fue el verdadero creador de esta melodía que hoy todos silbamos? La lista de pretendientes es larga y revela la rica tradición oral de nuestra tierra:

Andrés Chazarreta: Fue el primero en registrarla en 1916 tras escucharla de músicos populares santiagueños.

Los autores anónimos: Investigadores como Isabel Aretz apuntan a que el verdadero autor fue "El Ñato" Carrillo, un violinista tucumano que falleció en 1911. Otros nombres que resuenan en las cuerdas del arpa son Agenor Reynoso y el "Ciego Chaza".

La injusticia de Don Pedro

Aunque la versión más popular en las peñas es la de Pedro Evaristo Díaz, la historia nos deja un sabor agridulce: Don Pedro nunca pudo cobrar por su autoría. El destino decidió que su obra fuera de todos, menos de él en los papeles.

"La 7 de Abril" no es solo una danza; es un rompecabezas de la identidad del NOA, una zamba que se baila con la elegancia de la historia y se canta con el misterio de lo que nunca se llegará a conocer del todo.

Referencia: Basado en el libro inédito "Historia del cancionero folclórico santiagueño" de Omar "Sapo" Estanciero.

Manuel Gómez Carrillo: Publicó una versión musicalmente distinta en 1923, sobre la cual trabajaron figuras como Leda Valladares y la poetisa Blanca Irurzun."LA 7 DE ABRL" (Pedro Evaristo Díaz/Andrés Chazarreta)

Triste y con pena me voy// voy cantando está canción// buscando consuelo en esta zamba// porque me ha pedido el corazón.

Lejos se escucha una voz// mientras dice en si cantar// en aquella noche silenciosa// dando fuerte alivio a mi pesar.

Otros andarán por ahí// igualito como yo// cantando triste mis penas// zamba con mi canción.

Como el perfume de flor// suave, acompasados son// has hecho bailar a muchos criollos// haciendo vivir la tradición.

Tu melodía quizás// siempre ha sido para mi// hace muchas noches he soñado// y así te nombre 7 de abril.

"LA 7 DE ABRIL" (Domingo Lombardi/ Andrés Chazarreta)

La zamba 7 de Abril// vamos vidita a bailar// obligando gracia a tu perfil// y encendiendo amor es tu mirar// con tu pañuelo ya gentil// y como queriéndote alejar.

Una encendida pasión// aceptó encanto sentir// dando una esperanza al corazón// porque tu desdén hace sufrir// no me quites mi alma está ilusion// porque sin ella no podré vivir.

Criolla labios como flor// la que el sol besó al pasar// y brindas las dulzuras// de algarroba y de chañar// no hagas la desventura// de quien te sabe amar.

Quiero volverte a cantar// en esta zamba mi dolor// al ver si por fin puedo alcanzar// y ser dueño de tu corazón// u en el pañuelito he de expresar// al rodear tu pecho mi intención.

Sobre tu frente pondré// una corona triunfal// con amor constante y leal// un liviano paso seguiré// y en tu pollerita de percal// flores de mi sierra pondré.

Va está zamba a terminar// dando tregua a mi dolor// de negarme un consuelo// mi alma tendrás valor// y a tus pies mi pañuelo// rindo en prueba de amor.

"LA 7 DE ABRIL" (Leda Valladares/Manuel Gómez Carrillo).

Vengan al cerro a escuchar// como canta el montaraz // clava su baguala en pleno cielo// con un alarido de horfandad.

Quien sale al campo a llorar// las vidalas del amor// queda engualichado bajo el monte// y entre los quejidos del tambor.

Zamba de largos sauzales// fiel rescoldo del peón// que tu pañuelo al aire// nunca nos diga adiós.

Que lindo es dejarse estar// bajo un viejo quebrachal// cerca de las grandes salamancas// resollando todo el carnaval.

Nadie se quiere morir// sin gozar el carnaval// sin echar la entraña de  su canto// en el vuelo del polvaredal.

Zamba de triste follaje// resolana del cantor// que  tu pañuelo al aire// nunca nos diga adiós.

La Siete de Abril: SIETE DE ABRIL- M. GOMEZ CARRILLO-BLANCA  IRURZÚN.

Sol de abril en Tucumán
Mil deseos de volar
Con sus madreselvas perfumadas
Y con su luz clara el rosedal
Enfrentando a Juan Manuel de Rosa
El jazmín de Tucumán


Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán


Canto de un 7 de abril
Luminoso y soñador
Haber la esperanza tucumana
Libre la mañana su esplendor
Hay un envainar de resbalosas
Ya universal restaurador


Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán

(Gentileza de Rubén Chamorro)

OMAR SAPO ESTANCIERO


domingo, 1 de febrero de 2026

Mañu Luna, El último silbido del río dulce

 




En el mapa afectivo de Santiago del Estero, existen nombres que dejan de pertenecer a una familia para transformarse en patrimonio de la memoria colectiva. Manuel Aníbal “Mañu” Luna, nacido aquel 29 de mayo de 1928, fue uno de esos hombres cuya vida se tejió con los hilos de la identidad más profunda: el fútbol, el río y la hermandad del barrio.

Hijo dilecto del Barrio 8 de Abril, Mañu vivió frente al Club Atlético Mitre, en la calle Francisca Jacques. Aquella cercanía no fue solo geográfica, sino sentimental; su estirpe estuvo ligada para siempre al "Aurinegro", donde brilló como un jugador notable, dejando un legado que continuaría en las canchas con sus hijos y nietos —nombres como Musha y Bombón—, quienes heredaron su destreza y su pasión por la redonda.

Un hogar de puertas abiertas

Pero la verdadera mística de los Luna se cocía a fuego lento en la intimidad de su casa. Junto a su compañera de vida, María Sara Véliz, Mañu fundó un hogar que fue, durante medio siglo, un templo de la hospitalidad. Allí, entre 18 hijos y el bullicio de una familia numerosa, se cultivó el rito de la amistad.

Mañu era un "challuero" de alma, un pescador que conocía los secretos y las correntadas del bravo Río Dulce como quien lee las líneas de su propia mano. De sus aguas extraía el sustento y el deleite: bagres, bogas y dorados que Sara transformaba en manjares. Aquella casa se convirtió en una posta obligatoria donde músicos, poetas, deportistas y turistas se sentaban a la mesa para compartir una sopa de bagre o un chupín, borrando las jerarquías en una comunión de cuentos, guitarras y madrugadas.

El mito en la canción y la palabra

La figura de Mañu Luna fue tan potente que desbordó la realidad para instalarse en el cancionero popular. El gran Alfredo Ábalos, con versos de Oscar Valles, inmortalizó su estampa en la chacarera "Mi barrio 8 de Abril", recordándolo como el proveedor de esos bagres que Sara sabía cocinar para los "changos" del lugar.

Incluso por encima de las rivalidades futbolísticas, el afecto hacia él era unánime. Vicente "Morenito" Suárez, ferviente hincha de Central Córdoba, le dedicó su pluma en "Para Mañu Luna", retratándolo con la caña al hombro, silbando bajito un gato o una chacarera mientras miraba la costanera, esperando el pique del dorado bajo la luz del naciente. Asimismo, Miguel Brevetta Rodríguez y el músico Tomás Lescano celebraron en un gato su figura humilde y necesaria, aquel hombre que "chimpaba" las lagunas para calmar la hambruna con los tesoros del río.

El legado del pescador

Mañu no solo fue el hombre del río; fue también un trabajador respetado en la Escuela Manuel Belgrano, donde su bonhomía le ganó el respeto de toda la comunidad educativa.

Su partida física, el 5 de julio de 2000, no logró silenciar el eco de su nombre. Mañu Luna permanece vivo cada vez que alguien cruza el Misky Mayu, cada vez que suena un bombo en el 8 de Abril y en cada plato de comida criolla compartido con un desconocido. Fue, en esencia, el símbolo de un Santiago que se resiste al olvido: un hombre que supo hacer de la sencillez un arte y de la amistad una religión.

Fuente: Extracto del libro inédito "Biografías de Folcloristas Santiagueños, Segunda Parte", de Omar "Sapo" Estanciero.

sábado, 31 de enero de 2026

Los Cabezones: el bar donde Santiago latía al ritmo de la amistad y el arte

En la vereda de la bohemia perdida, un reducto en Independencia 187 se convirtió en el corazón cultural de una provincia. Fue bunker de poetas, refugio de músicos, estación de trenes para almas creativas. Esta es la historia del bar-café que nació sin nombre y se hizo leyenda.

 


Santiago del Estero, cuna milenaria de folclore y artistas, ha visto nacer y morir escenarios de leyenda. Primero fue el mítico "Bar Casino" o "Rincón de los Artistas", que durante casi tres décadas congregó a la bohemia. Pero cuando sus puertas se cerraron en 1976, un silencio incómodo se adueñó de las noches. Hasta que, en 1983, como respondiendo a un llamado de la tierra, dos hermanos encendieron las luces de un nuevo refugio en Independencia 187. Un lugar al que los propios parroquianos, con cariño y complicidad, bautizarían para siempre: "Los Cabezones".

No hubo cartel luminoso que lo anunciara, pero la fama del bar-café de los hermanos Alberto "Ari" y Ramón Paz se extendió como un reguero de pólvora cultural. Lo que comenzó como un local para leer el diario o compartir un café entre amigos, se transformó paulatinamente en el bunker indispensable de la cultura santiagueña y nacional. Sus mesas fueron testigos de la alquimia única que se da cuando el terruño se abre al mundo.

El reconocimiento oficial llegó en 2006, cuando el entonces Secretario de Cultura de la Nación, Jorge Núñez, lo eligió para lanzar el ciclo federal "Café, Cultura Nación". Ese sello fue el impulso que consolidó su epopeya. Por su pequeño escenario y sus rincones desfilaron un mosaico deslumbrante: la voz de Ernesto Sábato se mezcló con la guitarra de Liliana Herrero; la lucidez de Osvaldo Bayer y Juan Mascaró en cine-debate compartió espacio con los pasos de Juan Carlos Copes; el rock de David Lebón resonó junto al jazz de Pablo Tozzi. La plástica dejó su huella literal en las paredes, con obras de Rafael Touriño o el retrato de Alfredo Ábalos que el artista jujeño Guadalupe "Michi" Aparicio dibujó con ceniza y vino.



Era un lugar sin jerarquías, donde poetas como Selva "Pocha" Ramos o Alberto Tasso recitaban versos mientras sonaba una zamba de Chacho Echenique. Las noches de función completa eran leyenda: "Hubo noches que cerraban las puertas porque no cabía un alfiler", recuerda la crónica, y los rezagados escuchaban el recital desde la vereda, convertida en platea libre.

En 2008, como había ocurrido con su antecesor, "Los Cabezones" apagó sus luces definitivamente. Y con él, se fue un pedazo del alma colectiva. La metáfora popular lo dice claro: "Llora el kakuy en la rama, gime el crespín, la Salamanca cerró su cueva y el santiagueño quedó en orfandad cultural".

Pero los lugares que verdaderamente laten en el corazón de la gente nunca mueren del todo. Lo sabía bien el poeta Chilalo Jiménez, quien en una carta publicada en 2008 elevó un sentido homenaje al bar de los hermanos Paz. Para él, y para tantos habitués, "Los Cabezones" no fue solo un espacio público. Fue un "lugar interior", una "estación de trenes" de afectos, un "brasero crepitado de amigos" donde se ejercitaba, por sobre todas las cosas, la camaradería.

Hoy, en la puerta de Independencia 187, no hay una placa que recuerde la epopeya. Solo queda el reclamo silencioso de quienes extrañan "el cielo presto, el canto estable que incendia los sentidos". La historia de "Los Cabezones" es la prueba de que los verdaderos templos culturales no se construyen con ladrillos, sino con abrazos, versos sueltos, acordes y la calidez de un café compartido contra el olvido. Un fueguito que, aunque apagado, sigue ardiendo en la alacena del alma de toda una provincia.

Fuente: Información histórica y testimonial recopilada a partir de crónicas y la carta pública de Chilalo Jiménez (2/3/08, Tucumán), en referencia al bar-café cultural "Los Cabezones" de Santiago del Estero. Archivo de gráfico de Omar Sapo Estanciero.

El Algarrobo en la medicina Popular