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miércoles, 26 de agosto de 2026

Un Portal De Hace 30 Años

 


Por: Silvia Majul

Eran tiempos de Norma Pla, del Perro Santillán, del folklore a imagen del país: pizza con champagne. En estos tiempos la moda empujaba a los artistas a viajar a costosos estudios de Estados Unidos, Peteco se plantó a contracorriente en una peña cordobesa para registrar en vivo "Historias Populares", un disco fundacional presentado un 24 de agosto del 96 en el Club Juniors. Aquella velada de sábado, reunió en el mismo escenario a Mercedes Sosa, León Gieco y al baterista Rodolfo García.

Ese portal de agosto coincidió con mi propio embarazo, los datos fríos del almanaque y la versatilidad de un músico todoterreno. Esa noche el club abrió con la potente proclama de «Los indios de ahora». La primera estrofa resonó directa en mi vientre: "Es tiempo de andar despiertos, no repitamos la historia, los indios de ahora vienen marchando por la memoria."

El lazo de Peteco con Córdoba sumó un capítulo impensado seis años después, cuando La Mona Jiménez lo invitó al templo del cuarteto para grabar a puro tunga-tunga «Tú me enseñaste a ser infiel», pocos meses después de meterse a un estudio junto a Charly García y BRUNO ARIAS para registrar la «Canción del brujito».

15 años después se presentaba -también- el mismo día, con Riendas Libres en el #cck.

Esa versatilidad también había quedado sellada en sus años con Músicos Populares Argentinos (MPA) junto a su entrañable amigo, el Chango Farías Gómez. Entre risas, Peteco recuerda la complicidad de aquellos años en Córdoba, donde el Chango, con su genialidad habitual, le pedía con picardía que le diera la parte con la voz más corta en los arreglos vocales para no tener que exigirse de más en los conciertos.

Sin embargo, el 24 de agosto también se transformó en la fecha del adiós. Exactamente diez años después de aquella mítica velada de Juniors, el 24 de agosto de 2006, fallecía su padre, Carlos Carabajal, el "Padre de la Chacarera". Cinco años más tarde, otro 24 de agosto, pero de 2011, la parca se llevaba al Chango Farías Gómez.

Eduardo Galeano diría que Peteco tiene esa fuerza creadora y esa musicalidad total de un Sting, pero nacido santiagueño. Yo digo que Peteco es sinónimo de folklore: hasta pinta, y es tan inmenso que capaz que también es luthier y artesano, y aún no lo sé.

sábado, 4 de julio de 2026

Los hermanos sean unidos... ...sobre todo si son LOS CARABAJAL...

 


Doce hermanos. Todos varones. Todos santiagueños. Casi no hace falta decir: de allí pueden salir dos, tres conjuntos vocales... Y de la familia Carabajal, de La Banda, salieron elementos que integraron Los Cantores de Salavina, Los Manseros Santiagueños y ahora Los Carabajal. Agustín, Carlos, Cuti y Cali Carabajal integran, desde el 1º de enero de 1967, el conjunto que han bautizado, naturalmente, con su propio apellido.

Agustín integró los antiguos Cantores de Salavina; tiene 33 años, es casado y tiene una hija; Carlos estuvo hasta hace poco con Los Manseros Santiagueños; tiene 36 años, casado, dos hijos. Los dos menores, Cuti y Cali, tienen 20 y 19 años respectivamente y por supuesto son solteros.

—No estaban maduros —explica Agustín, el armonizador del conjunto, que, como séptimo hijo varón ha sido ahijado del ex presidente Justo:

Y agrega:

—Pero ahora ya están bien preparados y pueden actuar perfectamente.

Los Carabajal están preparando su primer disco para Diskorn: "Zamba de los yuyos", que cantan con extraordinaria fuerza; "El Pamperito", gato, la chacarera "Si yo fuera río", y "Por las trincheras", zamba de V. A. Giménez y Canqui Chazarreta. El disco tiene un título singular: "Los Carabajales".

Apenas tres meses tiene el conjunto, pero ya han actuado en la estancia "La Valeria" durante el último Festival de "A Lonja y Guitarra" y en diversas peñas: El Hormiguero, Mi Refugio, la de Figueroa Reyes.

—¿En qué se diferencian ustedes de otros conjuntos santiagueños? —les preguntamos.

Y Los Carabajal se miran con desconcierto:

—En realidad, nosotros no nos diferenciamos. Son los otros conjuntos los que descienden de nosotros... —nos contestan sin falsa vanidad—. Y sabemos que en bastante medida es así.

Los cuatro hermanos puntean la guitarra, los cuatro acompañan con la guitarra, los cuatro tocan el bombo, los cuatro cantan, con esa versatilidad que tienen los santiagueños para todo lo que sea música. Y todos viven exclusivamente de la música; no trabajan en otra cosa. Su madre vive en La Banda... "y en Santiago tenemos la sucur-sal, con cuatro hermanos más, que también cantan", nos explican.

—¿Y cómo nació la idea de agruparse?

—Adolfo Abalos, Horacio Guarany, Polo Giménez, mucha gente amiga nos decía que teníamos que formar el conjunto propio, en vez de estar gastando energías en otros... Y así lo hicimos por aquello de que "los hermanos sean unidos..."

—¿Cuál es, a juicio de ustedes, el conjunto santiagueño más importante?

—Los Hermanos Abalos.

—¿Y cuál ha sido la figura más importante del folklore santiagueño?

—Un conjunto: los Hermanos Díaz...

Como se advierte, el concepto de de hermandad influye en Los Carabajal hasta en sus gustos...

—Nuestro repertorio es exclusivamente del noroeste. No hacemos el género litoral porque no nos parece honrado interpretarlo cuando no es nuestra línea.

La visita de los hermanos Carabajal concluye con una interpretación: "Zamba de los yuyos". Escuchándola, pensamos que el Grupo Vocal Argentino hace una versión más afiatada, tal vez, pero no de mayor fuerza. Y cuando se van estos cuatro hermanos unidos, rumbo al éxito, pensamos que una señora santiagueña, madre prolífica de doce voces, ha de haber sido la que con más alegría recibió la noticia de la integración de este conjunto que es, realmente, la objetivación del viejo consejo de Martín Fierro a sus hijos. Porque los hermanos unidos... son indestructibles...

Publicada originalmente en Revista Folklore


jueves, 8 de enero de 2026

El primer cumpleaños de la abuela, contado por Cali Carabajal

Por José Luis Torres 



Esta historia es un adelanto de la biografía de Cali Carabajal. Empezamos a escribirla hace un año y seguimos trabajando en el proyecto, disfrutando de las historias que nos vá relatando su protagonista, descubriendo con sus palabras un mundo lleno de imágenes y recuerdos que me nutren de una historia familiar desde su misma raíz

Mi agradecimiento a Cali por confiarme esta tarea. Cuando terminemos de escribirlo y sea editado les avisaremos.

De todas maneras y a modo de adelanto publicamos una de las tantas historias que Cali nos vá narrando y llenando de asombro al conocerlas.

Mucho se ha escrito sobre esta fiesta que hoy en día convoca miles de personas que llegan a Santiago del Estero para disfrutar de este acontecimiento

Sin embargo, no conozco ningún relato que cuente como nació esta fiesta. Cali fue testigo y protagonista, era un changuito de apenas 6 años en ese tiempo.

 Su frescura y calidez nos permite viajar en el tiempo y encontrarnos en 1951 participando de aquel primer festejo. Espero lo disfruten tanto como lo he disfrutado yo al conocerlo.   

 “Nací en la ciudad de Santiago del Estero. Mi papá se llamaba Enrique Carabajal, trabajaba en el correo desde los 14 años. Mi mamá se llamaba Romelia Brandan y yo nací el 23 de diciembre de 1946. En aquella esa época te acordarás, se anotaban los nombres de acuerdo al almanaque y según esa costumbre me tocaba el nombre de Victoriano.                              

Entonces mi papá, me anotó el 20 de enero de 1947, pero con el nombre de Carlos Roberto, porque no le gustaba Victoriano. Me puso Carlos Roberto Carabajal y no recuerdo bien quien me puso el diminutivo de Carlos como “Cali”, nunca se me dio por preguntar tampoco, pero calculo que debe ser mi viejo, porque me llamaron por primera vez así y ya quedó para toda la vida “Cali”, eso fue en Santiago, en la capital.”

1951 - El cumpleaños de la abuela:

“Te cuento el origen de esta fecha patriarcal, en principio un festejo para la familia, pero más adelante se transformó en una fiesta de La Banda (el hogar donde ella vivía) que tiene trascendencia nacional actualmente y se ha consolidado como una fiesta para la provincia.

Lo que comenzó hace 70 años como un encuentro familiar hoy es fiesta del pueblo.

María Luisa Paz de Carabajal nació el 15 de agosto de 1901 en Clodomira, y en 1951 (al cumplir 50 años de vida) se reúnen sus hijos mayores: Héctor, Enrique, Ernesto, Carlos, Agustín y con el resto de sus hermanos deciden organizar el cumpleaños y se ponen de acuerdo para que por primera vez se festeje el cumpleaños de doña María Luisa

 Ella era el alma de la casa, acompañada por mi abuelo Francisco Rosario Carabajal.

 Él era más bohemio pero muy trabajador, tenía su fábrica de canastos artesanales y la abuela se ocupaba de todo lo demás: de los hijos, los nietos y de toda la familia que ya era numerosa en aquella época.

En ese tiempo yo era changuito, tenía apenas 6 años y la recuerdo caminando permanentemente por el patio, trajinando, lavando ropa en la batea, preparando el amasijo de pan casero que luego horneaba para todos, haciendo empanadas o locros para la mesa larga donde nos juntábamos abuelos, hijos y nietos.

 Era el alma de la casa y así lo reconocían todos, por esa razón sus hijos deciden festejar todos juntos, además de los amigos de la familia que eran muy allegados a su casa

 A partir de ese momento, se continuó con el festejo de su cumpleaños todos los años siguientes. Cada vez que se festejaba el ambiente de la casa era festivo, se respiraba y contagiaba ese clima de fiesta.

Ese ambiente fue contagiando a los amigos de mis tíos, que ya estaban en el ambiente de la música: Héctor, Carlos, Agustín, Enrique (mi viejo), Ernesto, y comenzaron a invitar sus amigos a la celebración y aportaban el espíritu de colaboración a la fiesta, ellos comprendieron que había que colaborar para que esa fiesta fuera cada vez mas grande.

 Uno de ellos ofreció “Bueno, yo colaboro con una vaca”, eso servía para hacer el locro, el asado, las empanadas y todo lo que la tradición marca en una fiesta grande.

 Otros traían cajones de vino, algunos de cerveza, y así todos fueron aportando sucesivamente para que no falte lo esencial para esa fiesta, que era una motivación muy grande para compartir ese festejo con la familia y los amigos.

 Ese día estábamos todos, grandes y chicos reunidos en patio de tierra de la casa esperando que llegue la vaca, hasta que uno que estaba en la puerta de la casa avisó “Muchachos, llegó la vaca. ¡Ahí la traen!”. El aviso motivó un aplauso unánime y algunos hicieron un brindis por la llegada del noble animal.

 Y así fué, pero lo que no sabíamos era que la vaca estaba viva y la traían con una piola en el cuello caminando. “¡Huy, huy, huy!, ¿ahora cómo hacemos? Hay que carnearla, cuerearla, separar los trozos de carne para las distintas comidas”.

 Bueno, alguien fue a buscar a quien pudiera realizar ese trabajo y la vaca quedó esperando en fondo del patio.                                   

 Los más changuitos jugábamos en el patio corriendo tras una pelota hecha con medias viejas. Otros andábamos ocupados en arrimar leñitas para prender el horno de barro familiar.

 Así que los demás siguieron guitarreando y cantando muy entretenidos porque faltaba bastante para sentarse a comer, hasta que al rato uno nos avisa a los gritos y muy desesperado “¡No está la vaca, se ha escapado!”.

Imaginate el desbande: todos a recorrer el barrio tratando de encontrar, grandes y chicos por las calles del barrio, aquellas calles de tierra rastreando la vaca ¡era la base del almuerzo, había que encontrarla!

 Los mayores preocupados y buscando en todos los patios vecinos. Nosotros los más changuitos creo que disfrutábamos en la búsqueda y nos metíamos en todas las casas, los perros alterados por los gritos nos ladraban, pero ni los escuchábamos, había que buscar la vaca, esa era la tarea urgente.

 Y uno de los más grandes nos alentaba “¡Agárrenla porque se nos vá el locro, las empanadas, el asado, se nos vá todo!”, ¡mira que se nos iba a escapar!; la hubiéramos rastreado hasta en el monte y además queríamos colaborar con más grandes.

 Al fin la encontramos, pero no la podíamos agarrar, los más chicos éramos los más inquietos en la búsqueda hasta que uno de los mayores la sujetó de la piola y la llevó a la casa entre el griterío de festejo de los más changuitos.

¡Me acuerdo de aquel momento y me hace sonreír la anécdota!

Finalmente, el encargado de la faena realizó su tarea, acercó los cortes de la vaca y se pudo concretar un menú bien criollo, exquisitos platos que saboreamos entre todos.

 La olla grande burbujeaba con el maíz blanco, los porotos, el zapallo y los trozos de carne. El horno bramaba y humeaba lindo por su oreja, mientras salían las empanadas tan calientes que costaba agarrarlas con las manos para hacer un bocado, la parrilla iba dorando los costillares, mientras los mayores seguían sembrando chacareras y vidalas en el viejo y amplio patio de tierra en la casa mis abuelos, guitarras en mano y un bombo repicador esperando que llegar la tan ansiada comida. 

 Deben ser las empanadas más ricas que he comido, el locro una delicia inolvidable con las salsitas picantes que hacía mi abuela y un asado donde las costillas quedaban peladitas a mordiscones. Los perros miraban con envidia y se relamían esperando que algo quedara para ellos.

Una anécdota inolvidable de aquel primer cumpleaños y quedó grabada en nuestros recuerdos. Son cosas que nos han pasado y hoy estamos recordando de aquellos años cuando éramos changuitos.

En aquella oportunidad, asistió gente muy destacada de la ciudad, como Martín Rodríguez, Ñato Díaz, Expedito Peralta, el doctor Arriaga, médico pediatra de la ciudad que trabajaba en el único hospital que funcionaba en esa época en La Banda. También estuvieron los hermanos Reyes, Chela, Cari, Apalo Villalba y mucho más.                                                                                                

No recuerdo cuantos eran, capaz que 40 o 50 comensales, o quizás más, pero todos estaban allí para festejar el cumpleaños de mi abuela.                                                                                               

 Y ella disfrutó ver tanta gente feliz en ese viejo patio, tanto cariño de sus hijos y nietos sentados en la vieja mesa familiar, más los amigos y vecinos que habían llegado a homenajearla.

 Con el correr de los años se hizo una fiesta en la cual asistieron grandes artistas como Ariel Ramírez, Alfredo Abalos, Sixto Palavecino, Carlos Saavedra, el Ñato Gramajo, en fin, muchos.  

 Como el patio quedó chico, tuvimos que sacar sillas a la calle y “Hoy ya se convirtió en una fiesta popular a la cual asisten no sólo artistas, sino turistas de todo el país y el mundo», afirmó Cuti Carabajal en diálogo con El Resaltador. Cuti es otro de los changuitos que intervino en la búsqueda de la vaca,

 Ella falleció el 10 de agosto de 1993. Su fiesta de cumpleaños, aquella que arrancó como una reunión familiar, para que luego se convirtiera en un espejo donde todos, desde bisoños hasta notorios artistas, quieren reflejar su arte.                                      

Las empanadas, el locro, el asado, el vino, los artesanos, los viajeros de distintas partes del país y los cantautores de la gran familia musical forman parte del paisaje de fiesta que tiene como escenario la calle y al patio de tierra de la casa materna del humilde barrio de La Banda.

 María Luisa Paz de Carabajal, querida abuela ¡siempre estás en nuestros corazones agradecidos!”

Rosario, 9 de junio del 2021

La historia de Los Carabajal

Por José Luis Torres



La foto que acompañamos (publicada por Dardo Molina Chazarreta) eran ese tiempo de "Las Voces de Salavina". Esa foto fué tomada en "Mi refugio" una peña de Buenos Aires donde cantaban todas noches. El texto que publicamos a continuación es parte del libro/biografía "Kali Carabajal" El Eterno, que escribimos y todavía no está editado. Allí figura toda la biografía de Kali y en parte del libro aparecen las razones cuando este grupo decidió cambiar el nombre del conjunto que desde allí se llamó "Los Carabajal. Gracias Kali por confiar y contar toda tu vida para que yo la escribiera.

Al poco tiempo Leo Dan nos llevó a CBS Columbia “Les voy a conseguir una prueba para que vayan a cantar en CBS, a ver si los contratan”. Allí nos recibió Hernán Figueroa Reyes que era director artístico del sello grabador.  Sungo se había retirado del conjunto y se volvió a Santiago. Agustín decide llamar a mi hermano Musha.

1968 – Kaly nos sigue contando:

En ese año tuve que cumplir con la colimba y la hice en Campo de Mayo, en La Policía Militar, algunas veces el conjunto tenía algunos compromisos sobre todo los fines de semana y no siempre me dejaban salir. Y en esas ocasiones Agustín lo llamó a mi hermano Musha para que me reemplazara y poder mantener el formato de cuarteto. Musha era un changuito de 14 años y comenzaba sus primeras aventuras musicales en los escenarios. “Yo tenía 14 años y entré por Kali, que estaba haciendo el servicio militar. Me llevó Agustín para tocar el bombo y completar el cuarteto. Lo que recuerdo es que me hicieron comprar un traje”, se ríe Mario Carabajal. “Y también que Agustín tuvo que hablar con mis padres, Enrique y María, para pedir permiso porque era menor”.                                                                         

Fuimos a probarnos, nos recibió un directivo del sello y luego nos derivó al director artístico que era Hernán Figueroa Reyes y las contrataciones dependían de su aprobación. Hernán lo conocía a Agustín y eran amigos desde tiempo atrás, nos saludó y estuvimos ahí charlando con Hernán.

Nuestro nombre artístico era “Las voces de Salavina”, entonces Hernán le dijo a Agustín: “Mirá, me gusta mucho el conjunto, me hablaron bien de ustedes dijeron que suenan muy lindo, creo que aquí podemos hacer un trabajo bueno con ustedes, pero una cosa les voy a sugerir” Eso le decía a Agustín, era con quien más hablaba y conocía “¿Por qué no le cambian el nombre al grupo? Los van a relacionar y puede parecer que están compitiendo con “Las voces de Salavina”, no me gusta el nombre que tienen”.

Agustín ya había dejado “Los cantores de Salavina” en julio de 1963, “Me gusta más el nombre de Los Carabajal” dijo Hernán. Y tenía razón, no se equivocaba. Agustín no dijo nada, ni sí ni no. Sin embargo, ese comentario de Hernán comenzó a rondar sus pensamientos, aunque nunca nos manifestó nada al respecto.

Nos fuimos de CBS y no sé qué habrá pasado, pero no grabamos y tampoco nos contrataron. Esos detalles nunca le preguntamos a Agustín, él tampoco hablaba demasiado, pero confiábamos en sus decisiones: era quien tomaba las tomaba y nosotros lo seguíamos. Bueno así que nos quedó, me quedó grabada esa imagen, ese recuerdo, y nos fuimos. Al poquito tiempo, en un ensayo Agustín nos dijo “Vamos ponerle Los Carabajal al conjunto”. Allí nace el nombre nuestro y comenzamos a llamarnos “Los Carabajal”, pero fue la idea de Hernán Figueroa Reyes.   

Los Carabajal: sus primeras grabaciones

Y con ese nombre comenzaron nuestras primeras grabaciones, por medio de un amigo boliviano de Carlos Carabajal, grabamos nuestro primer disco doble en un sello que se llamaba “Lauro” o algo así se llamaba. Grabamos nuestras cuatro primeras canciones: el gato del Oveja Montoya “Cruzando el Dulce”, “Corazón atamisqueño” una chacarera de Leo Dan y Carlos Carabajal, la “Sacha vidala” de (Andino Osvaldo Román - González Eduardo Julio) y “Por las trincheras” zamba del Canqui Chazarreta.                                                                                                                     

¿Cómo estaba armado el conjunto? Y mirá, cuando armamos, la primera guitarra era yo, después tocaba la guitarra Agustín que hacía base, Carlos también hacía base y Cuti con el bombo, esa era la formación.

martes, 15 de abril de 2025

Marca registrada

 


Mario Rolando “Musha” Carabajal conversa. Revuelve lentamente el café y sin dejar de hablar mira por la vidriera del bar el bullicio mañanero de una esquina de Villa Urquiza. Repasa la historia de Los Carabajal y se emociona. Esos ojos de los que deriva su sobrenombre –‘musha’ es gato en el quichua santiagueño– le brillan cuando recuerda a los abuelos Francisco y María Luisa, a papa Enrique y mamá María, a los tíos Agustín y Carlos y también a los hermanos, primos, sobrinos, amigos e innumerables compañeros de ruta de años andados a lo largo y a lo ancho del país, sembrando chacareras y recogiendo el afecto de un público que de generación en generación no ha dejado de sentirlos parte de su patrimonio sentimental. Los Carabajal, el conjunto, cumple 50 años. Medio siglo de música y mística santiagueña que tendrán su celebración en el Luna Park de Buenos Aires, el sábado 20 de mayo. Un gran escenario para un día importante.

Cumplir 50 años es siempre algo inmenso. Más si se piensa en términos de “medio siglo”. Y mucho más aún si ese medio siglo transcurrió en el ámbito de la música argentina de tradición criolla, territorio enredado, en el que las pujas por los símbolos, los intereses de la industria y las modas, y fundamentalmente la verticalidad del gusto que desde la capital se impone continuamente sobre las provincias, son los que determinan lo que es bueno y lo otro. Los Carabajal atravesaron este tiempo con personalidad, con la convicción de sus raíces y la sensibilidad para escuchar al público. “Nosotros no somos el éxito de un solo tema. Detrás de Los Carabajal hay una historia” asegura Musha, convencido y orgulloso. “Supimos hacer apuestas bravas, nos arriesgamos y dimos a conocer temas que hoy son clásicos. Pudimos interpretar el gusto del público, pero también abrir nuevas puertas, crear nuevas expectativas en ese público. Y también conquistar nuevos púbicos”, agrega el cantor, uno de los pilares del conjunto en todos estos años.

En la larga usanza musical santiagueña, Los Carabajal bien podrían ser la bisagra entre tradición y modernidad. Formados sobre la huella de Los Manseros Santiagueños y Los Cantores de Salavina, –Carlos y Agustín, respectivamente dejaron esos conjuntos para crear en 1967 el propio, junto a sus hermanos menores Kali y Cuti–, la raigambre musical que forjaron los Chazarreta, los Jerez y los Díaz, entre tantos otros, se proyectó desarrollada en un apellido que por sus aportes a la música santiagueña llegará a convertirse casi en su quintaesencia. “Tuvimos la suerte de que Agustín y Carlos hayan sido nuestras guías, ellos nos señalaron el camino”, comenta Musha y agrega: “Cada concepto de Carlos y Agustín era una enseñanza. Y no hacía falta que repitieran las cosas, tenían autoridad. Personalmente recuerdo a Agustín como mi gran maestro. Él te respondía una pregunta con un ejemplo, tan claro era en su forma de transmitir. Mi respeto y mi admiración hacia Agustín es total. De chico íbamos con mi viejo a escucharlo cantar con Los Cantores de Salavina, un grupo maravilloso, y de ahí fui aprendiendo. En fin, con esa carga nos fuimos formando Los Carabajal. Más el sostén familiar, que ha sido determinante para que hoy podamos estar cumpliendo 50 años”.

 “Con los Manseros Santiagueños mantuvimos siempre una relación importante. Desde los comienzos hubo un Carabajal entre Los Manseros”.

Kali y Musha, que junto a Walter –hijo de Kali– y Blas Sansierra completan la formación actual, son hermanos, hijos de Ricardo el segundo de los 12 hermanos. “Él no se dedicó profesionalmente a la música, pero es muy importante en la historia del conjunto –explica Musha–. Era empleado en el correo y cuando lo trasladaron a Buenos Aires fue durante mucho tiempo el sostén de la familia. No obstante, eso nos alentó para emprender la aventura de empezar a ubicarnos en el mundo de la música, de cautivar a un público, de generar trabajo y la posibilidad de sostenernos. Nos tuvo paciencia, porque se sentía feliz de que pudiésemos trabajar de la música”.

Musha tenía 14 años cuando empezaban Los Carbajal y al poco tiempo ya era parte del conjunto. “Yo entré cuando estaban Agustín, Carlos, Cuti y Kali –recuerda–. Y en esa época a Kali le tocó el servicio militar, así que me llevaban a mí en su lugar, pero para que toque el bombo, para completar el cuarteto. Y ahí me iban preparando. Para mí era todo novedad. Agustín me enseñaba. Él me explicaba cómo hacer segunda y tercera voz. Recuerdo un consejo que me dio: ‘usted cuando vaya en el colectivo, solo, vaya repasando, cantando las canciones en segunda y tercera voz’. Y así hacía y me las memorizaba. Eso me sirvió para fijar y para aprender los primeros repertorios”.

El conjunto Los Carabajal se formó en 1967, cuando comenzaba la parábola descendente del auge que el folkore vivió en esa década. No obstante, el cuarteto se afirmó y logró el respeto de sus pares, como representantes genuinos de la música santiagueña. “Tuvimos desde el comienzo buenas relación y el respeto de artistas como Los Tucu-Tucu y Horacio Guarany, por ejemplo”, destaca Musha.

–¿Cómo fue la relación profesional con otros conjuntos santiagueños?

–Con los Manseros mantuvimos siempre una relación importante. Desde los comienzos de ellos hubo un Carabajal entre Los Manseros. En la primera época cuando eran Leocadio Torres y Onofre Paz, se sumó Carlos y Agustín les armonizaba algunos temas. Más tarde llegó Cuti, que estuvo casi 11 años con ellos. Una vez con Alito Toledo armamos un grupo que se llamaba Los Kimsa. Siempre hubo relación y tenemos un gran respeto y gran admiración por Los Manseros. También con Los Tobas, en particular con los hermanos Banegas (Coco y Horacio), a tal punto que Horacio fue de los primeros en confirmarnos que va a estar con nosotros en el Luna Park. De Los Sin Nombre, Ricardo Santillán estuvo también con Los Carabajal. Y músicos como Miguel Simón, Cristórofo y Fortunato Juárez o Don Sixto, a quien traté mucho, particularmente en sus últimos años.

–Con esa identidad Los Carabajal no necesitaron otro tipo de aditivos para crear un estilo…

–Cuando irrumpieron Los Cantores del Alba con la música mejicana, que hacían muy bien, varias veces nos tentaron para seguir ese camino. Pero nunca hizo falta. Somos referentes de una identidad y el sonido Carabajal inspiró a muchos grupos. Por eso el compromiso es grande.

–¿Qué etapas marcan la historia de Los Carbajal?

–Yo diría que hay un antes y un después en la historia del conjunto con el disco Como pájaros en el aire. Antes de eso éramos un conjunto tradicional, con una fuerte impronta santiagueña. Nos vestíamos de gaucho y el público esperaba de nosotros zambas, gatos y chacareras tradicionales. A fines de la década del ’70 la formación del conjunto era Kali, Roberto Peteco y yo (Musha) y empezamos a probar algunas cosas. Teníamos el violín de Peteco, que era entonces una cosa poco común, y notamos que el público estaba cambiando. Había nuevas generaciones que esperaban otra cosa de la música folklórica y había que llegar hasta ahí, atraerlos. En 1985 grabamos Como pájaros en el aire. De entrada, hubo un cambio de look: en la tapa del Long Play salíamos en ropa de calle, con zapatillas. El contenido del disco también presentaba novedades: había chacareras, sí, pero eran temas nuevos. ¡Los 12 temas de ese disco se hicieron conocidos! Y hasta el día de hoy se cantan en las guitarreadas y en los festivales. Recuerdo que para grabar León Gieco nos prestó la Ovation con cuerdas de acero y con esa guitarra logramos un sonido más actual. A partir de ahí comienza otra etapa. Es la época en la que Peteco toma relevancia también como autor y muchos grupos de la época adoptaron ese sonido, esa manera de cantar y ese repertorio. Más tarde, en la etapa en la que Mario Álvarez Quiroga fue parte del conjunto llegaron temas como Penas y alegrías del amor (1989) y Romance de aquel hijo (1990), que tuvieron mucha repercusión. Sin volvernos locos, creo que Los Carabajal siempre mantuvimos esa atención por estar actualizados y arriesgar con cosas nuevas.

A lo largo de estos 50 años, Los Carabajal recorrieron varias veces un país que sabe en todos sus rincones de la presencia nostálgica de los migrados santiagueños y sus familias. En este sentido, a donde vaya el conjunto es el más esperado embajador de Santiago del Estero. “Con eso pasan cosas maravillosas –enfatiza Musha–. El santiagueño cuando está afuera es muy orgulloso de sus orígenes, de su música, de sus costumbres, de cosas que por ahí estando en Santiago no valoraba tanto. Nosotros vamos a Río Gallegos, donde hay un centro de residentes santiagueños, y vemos llorar al público mientras actuamos. Y eso pasa también en Río Grande y en muchos lugares alejados del país.  Hay gente para la que no es fácil volver a Santiago, entonces depositan en nosotros sus expectativas de volver a compartir su identidad, al menos por un rato. Uno le está llevando su paisaje y ese es un compromiso.

Por aquellos años, Los Carabajal se preparaban para celebrar sus jóvenes 50 años con la música. Así respondió entonces el recordado Musha Carabajal.

–¿Cómo va a ser la celebración en el Luna Park?

–El espectáculo tendrá tres hilos conductores, que son las partes fundamentales de nuestra manera de vivir: la identidad, la familia y los amigos. Todo eso confluirá en el patio. En las casas de Santiago, el patio es el ámbito donde confluyen y se fortalece estas cosas, con el horno, la guitarra, los cantores… En Santiago no hay una peña estable. No tiene sentido, porque las cosas se generan en las casas de la gente. Por eso tomó tanto sentido el patio de la casa de la abuela, donde siempre hay alguien, con una guitarra, un bombo. Se va al patio porque se sabe que siempre se encuentran a alguien, días de semana y sobre todo los fines de semana. Como dice la canción, ‘… un domingo santiagueño no es un domingo cualquiera.

–¿Habrá invitados?

–Muchos, por empezar los ex integrantes del grupo. Van a estar Oscar Testa, que vive en España y viene para esta ocasión, y Oscar Evangelista, Mario Álvarez Quiroga, Mono Leguizamón, Franco Barrionuevo, Carlos Cabral, Lucio Rojas. Y también amigos, los que siempre están cerca, como Horacio Banegas, Néstor Garnica, Orellana-Luca. Juan Saavedra hará las coreografías con su grupo Raza y muchas sorpresas más. Como para que en tres horas de espectáculo estemos a la altura de lo que celebramos.

Fuente: emepea.com

jueves, 3 de abril de 2025

Musha Carabajal: "A mí me sacaron del conjunto. Los muchachos me invitaron a dejar de ser parte"

 El músico destacó: "Es difícil pensar en un regreso al conjunto. No tengo rencor sino aceptación, Que Dios los proteja. No tengo malos deseos. Solo ruego que les vaya bien"


"A mí me sacaron del conjunto". Así de claro y contundente fue el prestigioso músico santiagueño Mario "Musha" Carabajal al referirse a su desvinculación de Los Carabajal, conjunto que integró por más de cincuenta años y le dio su alma y vida.

"Primero y principal, a mí me sacaron del conjunto. Es un hecho juzgado porque los muchachos me invitaron a dejar de ser parte del conjunto. En mí no hay rencor. Son decisiones tomadas que ya son irreversibles", resaltó "Musha"

En diálogo con Walter Díaz, en Radio Panorama, fue categórico cuando reveló cómo se enteró de que ya no formaba parte de Los Carabajal, cuya última actuación todos juntos fue en la edición 2025 del Festival Nacional de Cosquín.

Requerido por Díaz si en la decisión tomada para salir del conjunto "hubo un común acuerdo o era una decisión unilateral", respondió: "Sí, totalmente". Y lo fundamentó: "Hubo conversaciones previas a través de Whatsap. Esos días yo no podía hablar. Le comunicaron a Miriam (Talone, su esposa) y "Cali" (Carabajal, su hermano e integrante del conjunto) le pidió por favor que le avisara que hasta tal fecha iba a estar en el conjunto y que después de esa fecha ya no iba a ser parte del conjunto".

"Y también me pidió que también lo administrativo deje de ser manejado por mí a pesar de que yo estaba pendiente de todo y cualquier pedido que llegaba era transmitido a profesionales para que siguieran el trámite, sea Norberto Bacón o Daniel Naser, productores de hace muchos años", añadió.

"Musha" resaltó: "En estos tiempos no es temporada alta (por la realización de conciertos). No es que se trabaja todos los fines de semana. Hay tiempo para acomodar todo lo que haya que acomodar, intercambiar. Había tiempo para hablar de esas cuestiones si había una solución, pero no, indudablemente ya era una decisión tomada de que yo no esté más en el conjunto".

En Cosquín 2025 fue la última actuación que hicieron juntos. "Después, en Recreo, Catamarca, yo ya tuve problemas de salud y no pude viajar. A partir de ahí se generaron cosas y que hoy se plantea algo que, inclusive, era como previsible y que venía viendo que era algo iba a ocurrir".

"Musha", identidad indiscutida de Los Carabajal, enfatizó: "Soy parte de esta historia y estoy feliz de haber aportado todo lo que di hasta ahora para dignificar al conjunto".

En su lugar ingresó su sobrino Julio, hijo de su hermano "Cali" Carabajal. "Yo deseo que les vaya muy bien. Julito es un chico joven y merecen que les vaya bien a todos".

Fuente: El Liberal