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domingo, 13 de septiembre de 2026

Dominga Ibarra, La Sargenta Santiagueña


Fue una de las tantas santiagueñas que salieron de su rincón provinciano en busca de trabajo. Había nacido en medio de los mistolares o algarrobales de Tarapaya, Peruchillo o Mal Paso (nunca se ha podido establecer el lugar con exactitud).

Apenas hablaba castellano, mezclado con quichua. Era tan campesina como un tala, fuerte y hecha a todas las inclemencias. Trabajó en Santiago como cocinera, lavandera, acarreadora de leña y en cuanto oficio existiera; apenas le alcanzaba para comer ella y sus hijos. Un día, dejó a sus hijos con la abuela y partió a Buenos Aires en carreta.

Anduvo dos meses vagabunda hasta que encontró trabajo doméstico en la casa de los Sarratea; luego consiguió empleo con los Encalada. Más tarde se empleó en la casa de la familia Mármol y, por último, en la de los Carranza como sirvienta. Fue dejando una estela de dedicación y respeto. Los Carranza tenían ancestros santiagueños, por lo que ella se sentía cómoda y feliz.

En 1806, ocurrieron las primeras invasiones inglesas. Como muchas madres, entregó a sus hijos a la defensa de Buenos Aires y se preparó para dar batalla a los intrusos. Ayudó a transportar municiones, cargar fusiles y atender heridos. En uno de esos trances, vio caer muertos a sus dos hijos; aun teniendo que soportar semejante dolor, no se movió de su puesto de lucha. Liniers resaltó sus actitudes sobresalientes y le dijo: "¡Sargenta!", título que representaba honor, arrojo y valentía.

Pasó el tiempo y se olvidaron de la Sargenta Santiagueña, por lo que Dominga volvió a sus quehaceres hogareños. Sin embargo, no pudo con su genio y volvió a entreverarse entre los soldados, demostrándoles que poseía una fuerza extraordinaria. Se alistó para el Combate de San Lorenzo sin que nadie la convocara; nadie sabe cómo llegó a ese lugar...

De la misma manera, se encontró en Mendoza preparando el Ejército de los Andes. Un día, Dominga cruzó la cordillera desafiando el frío, la nieve y las alturas. Estuvo presente en Chacabuco, pero esta vez no tuvo la misma suerte: cayó prisionera de los godos y fue fusilada junto con otros patriotas.

Cuando los soldados enterraron a los caídos, el asombro y el dolor endurecieron sus rostros al descubrir entre ellos a Dominga.

Tomado de Relatos Santiagueños, de Mario Alejandro Castro. Archivo Gráfico Cultural Santiagueño de Omar "Sapo" Estanciero.

 

domingo, 23 de agosto de 2026

Felipe Corpos: la voz quichua que encendió un fuego en Santiago del Estero

Poeta, payador y militante cultural, fundador del Alero Quichua Santiagueño. Su vida fue breve, pero su legado continúa iluminando la memoria y la identidad de un pueblo.




El eco de una lengua ancestral

Cuando se habla de las raíces culturales de Santiago del Estero, el nombre de Felipe Benicio Corpos aparece como una de esas presencias que, aunque breves en el tiempo, dejan huella. Fue poeta, payador, quichuista y uno de los impulsores de un movimiento clave en la defensa del patrimonio lingüístico del norte argentino: el Alero Quichua Santiagueño.

Hablar de él es, inevitablemente, hablar del quichua. Esa lengua que llegó desde los Andes y encontró en Santiago un territorio donde echar raíces propias. Resistió siglos de desprecio y silenciamiento, pero siguió viva en las casas, en las coplas, en los rezos, en las charlas de patio. Felipe entendió temprano que no alcanzaba con resistir: había que darle un lugar visible dentro de la cultura argentina.

Su vida, atravesada por la pasión y el compromiso, también refleja una época en la que las tradiciones luchaban por no quedar arrasadas por la modernidad. Su historia permite ver cómo un hombre del interior del departamento Figueroa logró encender una llama que todavía sigue prendida.

Infancia entre el monte y la lengua quichua

Felipe nació el 23 de agosto de 1935 en Villa Figueroa. Creció en Los Nogales, Pampa Muyoj, en un entorno donde el quichua no era algo excepcional: era el idioma cotidiano. Se hablaba en la familia, en el trabajo, en la vida diaria.

A los nueve años se trasladó a la ciudad de Santiago del Estero con sus padres. Allí terminó la secundaria en la Escuela de Comercio Antenor Ferreyra y se recibió de Perito Mercantil. Ese cambio marcó una tensión que lo acompañaría siempre: el paso de un mundo campesino, íntimamente ligado al quichua, a un espacio urbano donde esa lengua quedaba al margen.

Más tarde viajó a Córdoba para estudiar Abogacía. Cursó tres años y entró en contacto con ambientes universitarios y políticos. Ese paso seguramente reforzó su mirada sobre la situación de las lenguas originarias. Sin embargo, decidió volver. Su camino no estaba en los tribunales, sino en la defensa cultural.

El encuentro con Sixto Palavecino

En 1968, ya de regreso en Santiago, conoció a Sixto Doroteo Palavecino. El vínculo fue inmediato. Compartían la misma preocupación: el quichua seguía vivo, pero recluido, sin reconocimiento público.

Mientras buena parte de la sociedad lo consideraba un idioma menor, ellos lo veían como un núcleo cultural profundo. De esa coincidencia nació una amistad y un proyecto común que terminaría cambiando el panorama cultural de la provincia.

Nace el Alero Quichua Santiagueño

El 5 de octubre de 1969, junto a Vicente Salto y Domingo Antonio Bravo, dieron forma al Alero Quichua Santiagueño. Empezó como un programa de radio, pero rápidamente superó ese formato.

Tenía algo distinto: por primera vez, la radio abría un espacio en lengua indígena en Argentina. No se trataba de hablar *sobre* los campesinos, sino de que ellos mismos tomaran la palabra. Desde distintos puntos de la provincia, la gente participaba con relatos, canciones y coplas.

Felipe lo definía con claridad en una de las aperturas del programa: una voz que se eleva desde el Santiago quichua para mostrar su cultura desde adentro. No era una consigna. Era una forma de devolverle dignidad a una lengua.

Escuelas y expansión

El impacto fue rápido. En 1971 se creó la primera filial en Villa Atamisqui, y después llegaron otras en Córdoba, Buenos Aires y Tucumán.

Pero el crecimiento no fue solo territorial. También hubo un impulso educativo fuerte. Se promovieron escuelas de quichua y, en 1973, se incorporó la cátedra de Cultura Quichua en el profesorado provincial. Ese mismo año se dictaron cursos en distintos puntos de Santiago.

El desafío era grande: enseñar a escribir una lengua que durante siglos se transmitió de forma oral. Aun así, la respuesta fue positiva. El quichua empezaba a salir del ámbito doméstico y a ocupar espacio en las aulas.

Discos y debates culturales

El Alero también impulsó proyectos discográficos. En 1971 se editó un disco documental del canto quichua con el sello Diapasón, con apoyo de Alfredo Ábalos. Allí se incluyó la traducción al quichua del Martín Fierro, realizada por Vicente J. Salto.

En 1973, Felipe organizó una mesa redonda radial sobre el origen de la chacarera. Un tema que, todavía hoy, genera discusión. Ese mismo año se lanzó el disco *Santiago del Estero, desde sus coplas al país*, que amplió la difusión de la cultura local.

El poeta detrás del proyecto

Más allá de su rol como gestor, Felipe era poeta. Escribió letras que luego se transformaron en canciones populares, muchas musicalizadas por Sixto Palavecino. De ahí nacieron piezas como El sacherito, Mi tata sabía canta, Pa’ que bailen o La ñaupa ñaupa.

También trabajó con otros músicos en distintas composiciones. Parte de su obra fue grabada, pero otra sigue inédita. Ese material, todavía disperso, es un reservorio cultural que espera ser recuperado.

Compromiso con la vida cotidiana

Para Felipe, la lengua no era un objeto aislado. En sus programas hablaba de la vida rural, de prácticas agrícolas, de saberes transmitidos de generación en generación. Recuperaba refranes, cuentos, formas de entender el mundo.

En 1974 participó en la creación de la Sociedad de Folkloristas Santiagueños. Ese mismo año lanzó el programa *Domingos Santiagueños*, donde profundizaba en temas vinculados a la identidad local.

También colaboró con investigaciones en historia, arqueología y lingüística. Su objetivo era claro: mostrar que la cultura popular no era un adorno, sino un sistema de conocimiento.

Una vida breve

El 13 de diciembre de 1974, un accidente terminó con su vida. Tenía 39 años. La pérdida fue fuerte y dejó un vacío difícil de cubrir.

Sin embargo, su trabajo no se detuvo. El Alero siguió, las escuelas continuaron, y su nombre empezó a consolidarse como referencia dentro de la cultura santiagueña. Hoy lo recuerdan en espacios públicos y en instituciones educativas que llevan su nombre.

Una herencia que sigue

La historia de Felipe Corpos muestra algo concreto: la cultura no se sostiene sola. Necesita gente que la empuje, que la defienda, que la haga visible.

El quichua santiagueño sigue vivo en gran parte por ese tipo de esfuerzos. Cada vez que se canta en esa lengua o alguien la aprende, hay una continuidad que no se cortó.

Su legado no es abstracto. Está en la voz de la gente, en la música, en las palabras que todavía circulan. Y deja una pregunta abierta, bastante directa: qué estamos dispuestos a sostener para que no desaparezca.

Fuentes consultadas:

Alero Quichua Santiagueño- Diario El Liberal-Diccionario Cultural Santiagueño-María Teresa Papalardo-Antología de poetas santiagueños-Alfonso Nassif.

 

domingo, 26 de julio de 2026

Tras la huella de oro y mito: la Gran Expedición de Diego de Rojas hacia la “Ciudad de los Césares”

En mayo de 1543, un capitán español llamado Diego de Rojas partió desde Cuzco con una expedición de más de 200 hombres, mujeres, esclavos y sirvientes, rumbo a un territorio desconocido: el Tucumán. Su misión era encontrar el mítico reino de Trapalanda, pero lo que halló fue una tierra hostil, guerreros indígenas y una muerte que lo convertiría en leyenda. Esta es la historia de la entrada de Diego de Rojas al Tucumán, el primer paso de la conquista del Noroeste argentino.




Imagina un ejército de hombres y mujeres, armas, caballos y provisiones, avanzando por caminos desconocidos, entre montañas y llanuras, con la esperanza de encontrar un reino de oro y plata. Así fue la expedición de Diego de Rojas, un capitán español que, en 1543, se lanzó al Tucumán con la promesa de descubrir riquezas y fundar nuevas ciudades. Pero lo que encontró fue una tierra de guerreros indígenas, desiertos y salinas, y una muerte que lo convertiría en el primer español en pisar lo que hoy es Santiago del Estero. Esta es la historia de la entrada de Diego de Rojas al Tucumán, el comienzo de la conquista del Noroeste argentino.

El Sueño de Trapalanda

En 1543, el teniente de gobernador de la Provincia de Charcas, Diego de Rojas, partió desde Cuzco con una expedición de más de 200 españoles, negros e indígenas yanaconas, rumbo al Tucumán. Su objetivo era encontrar el mítico reino de Trapalanda, un territorio rico en oro y plata, que según las leyendas, se encontraba en el sur de América. Rojas pensaba que ese reino estaba en la dirección del río de la Plata, por lo que solicitó al gobernador del Perú, Cristóbal Vaca de Castro, que le encomendara la entrada a una provincia situada entre Chile y el nacimiento del río de la Plata.

Vaca de Castro aceptó rápidamente, con la idea de alejar a Rojas y a otros capitanes de posibles luchas intestinas. Rojas se asoció con los capitanes Felipe Gutiérrez y Nicolás de Heredia, y cada uno aportó la suma de 30.000 pesos para financiar la expedición. La expedición se lanzó en tres tandas escalonadas: la primera, bajo el mando de Diego de Rojas, salió de Cuzco en mayo de 1543; semanas después salió la segunda, al mando de Gutiérrez; y la tercera, al mando de Heredia, partió a mediados de junio.

El Camino Real de Collasuyo

Rojas y sus hombres partieron por el Camino Real de Collasuyo, bordeando el lago Titicaca, hasta llegar al poblado indígena de Chicoana. Allí se detuvieron un par de semanas, en espera de los refuerzos que debían arribar bajo el mando de Felipe Gutiérrez. En Chicoana, pueblo pacífico y servicial, la expedición se detuvo un par de semanas, en espera de los refuerzos que debían arribar pronto, bajo el mando de Felipe Gutiérrez.

Algunos cronistas dicen que allí se criaban “gallinas de Castilla”, aunque otros sostienen que, en realidad, los aborígenes de Chicoana sólo les contaron a los europeos que hacia el sur había tierras y poblaciones “muy ricas”, donde podrían encontrar, entre otros animales domésticos, “gallinas”. Rojas no necesitaba más que eso para abandonar el itinerario hacia Chile. Sintiéndose atraído por la posibilidad de encontrar un nuevo Perú en el Sur, decidió continuar hacia el Tucma.

El Primer Contacto con los Diaguitas

Dejó a Diego Pérez de Becerra con veinte soldados para aguardar a Gutiérrez y luego seguirlo. En pocos días de marcha irían internándose por territorios muy distintos. Tucumanaho fue el último pueblo dócil que encontrarían. El siguiente, Capayán, los recibiría a piedrazos y flechazos. Luego de una refriega donde cayeron los primeros muertos y heridos de la expedición, Rojas tuvo miedo a esos bravísimos aborígenes y regresó por donde había venido. Para evitar nuevos enfrentamientos desgastantes y seguir avanzando hacia el Sur.

Los quince diaguitas vieron emerger a aquellos individuos que parecían humanos. No estaban seguros de que lo fuesen, aunque conocían sus propósitos. Apostados a ambos lados de un angosto desfiladero, esperaron a que pasara la mitad de ellos, para comenzar a apedrearlos. Con sistemática precisión, iban lanzando proyectil tras proyectil sobre las cabezas cubiertas de un metal algo herrumbrado. Algunos caían, otros atinaban a disparar sus armas de fuego hacia arriba, a tientas. Pues no veían a sus atacantes, por la penumbra del atardecer y por estar los indios muy bien parapetados. Finalmente, aquellos seres metalizados comenzaron a retroceder. Atropellándose con torpeza, se movían ahora hacia atrás, como una oruga gigante herida. Eso querían los diaguitas. Obligarlos a buscar otro camino. Que necesariamente, los iba a llevar a zonas cada vez más desérticas, salitrosas, sin pobladores, ni plantas, ni animales.

El Paso por las Salinas

Los aborígenes peruanos que oficiaban de sirvientes, ya no conocían el territorio algo más abajo de Chicoana. En las Salinas comenzaban lugares poco explorados por los incas. Habitados por numerosísimos pueblos pequeños, de diferentes etnias. Algunas de las cuales, como los Diaguitas, Yocaviles, Quilmes, Abipones, Sanavirones y Comechingones, eran guerreros extraordinariamente combativos y tenaces. Tanto es así, que iban a ser, con el paso de los años y el avance del proceso conquistador europeo, los últimos en ser aniquilados.

Luego del ataque con hondas al que habían sido sometidos, Rojas decidiría apartarse un poco de las serranías, pero no abandonó sus propósitos de continuar hacia el Sur. Así fue que más adelante los numerosos expedicionarios entrarían en una zona llana, controlable desde el punto de vista militar, pero seca e inhóspita. Debido a lo cual pronto comenzarían a pasar hambre. Tal como le sucediera unos años atrás a Diego de Almagro.

El Llegada a Salavina

Enseguida comenzarían a pisar tierra santiagueña. Sus asesores indígenas, informaban a estos europeos que las etnias a encontrar aquí eran principalmente las de los Lules y Tonocotés. Aunque también algunos diaguitas, más pacíficos que sus primos de las montañas. Abipones hacia el Este y dos pueblos a quienes los peruanos conocían casi únicamente por narraciones: los sanavirones y los comechingones. Se decía de ellos que muchos tenían barba, como los europeos. El detalle acicateó aún más, si era posible, en Rojas la convicción de que llevaban el camino correcto. Y que se estaban acercando cada vez más a la “Ciudad de los Césares”.

No todos los lules y los tonocotés eran pacíficos, sin embargo. Además, informados por sus redes de comunicación con sus hermanos del Noroeste indígena, esperaban a los invasores. Algunos con el propósito de no dejarlos quedarse con las tierras y espacios naturales donde hasta el momento vivían en su propio orden político, y en libertad. Comenzaron a emerger apenas de entre los tupidos bosques pequeños comandos de esbeltos aborígenes que atacaban rápidamente, con intensidad, provocando algunas bajas entre los europeos y sus acompañantes. Y luego, raudamente, volvían a perderse entre la maraña selvática. Así llegaron hasta Salavina. Una región poblada por pacíficas familias indígenas, a las cuales sometieron fácilmente los españoles. Asegurándose así la alimentación cotidiana para los ya más de 180 españoles y cerca de 2.000 aborígenes peruanos que habían sobrevivido a los ataques de los diaguitas durante la travesía. Poco antes se les había unido Felipe Gutiérrez con su mujer, conquistadores europeos y servidumbre aborigen, masculina y femenina. Permanecerían en este poblado de Salavina durante un año.

La Muerte de Diego de Rojas

Cada tanto Rojas, con un grupo de soldados, salía a reconocer el terreno y explorar posibles indicios de lo que buscaban. Durante una de estas salidas, en un lugar denominado Macajar (o Maquijata), fueron repentinamente atacados. Se repetía la táctica de los Lules-Tonocotés: lanzaban flechas, dardos, piedras de honda, eludiendo los cuerpo a cuerpo, y rápidamente se esfumaban entre las frondas. Diego de Rojas fue herido por una flecha en un brazo, casi a la altura del hombro. (Algunas crónicas dicen que en un muslo.) Sin hacer demasiado caso quitó la flecha y ordenó el regreso. Ya durante el camino comenzó a sentir mareos que casi lo derriban del caballo, y cosquilleos debilitantes por todo el cuerpo.

Desde que llegaron a Salavina, los conquistadores y su numerosa comitiva de indios cipayos, habían rodeado a la modesta aldea de aborígenes, posiblemente tonocotés, de hábitos pacíficos. Allí se refugiaría este ahora Diego de Rojas herido, cada vez más atacado por la fiebre, dolores y asfixia, así como calambres que le impedían dormir. Se retorcía en su camastro, cayendo y dándose repetidamente con la cabeza contra el suelo. Desencajado, profería gritos fortísimos de dolor. Y por momentos pedía que lo mataran para dejar de padecer. En uno de sus pasajes de lucidez, designó a Francisco de Mendoza como sucesor en el mando.

Catalina de Enciso intentó curar a Rojas pero le fue imposible. Solicitó para ello la colaboración de sus sirvientas incaicas, pero el veneno inoculado por la flecha hacía todos sus esfuerzos vanos. Por fin, el conquistador murió. Una oleada de insultos y acusaciones se levantó contra las mujeres. Llegando a culpar incluso a la española de “haber embrujado” a Rojas para favorecer a su amante Felipe Gutiérrez. Algunos de los grupos más selváticos de los lules y tonocotés, usaban estas flechas y dardos envenenados contra sus enemigos. Sus armas artesanales solían ser verdaderos prodigios de perfección estética. El historiador Pedro de Angelis dice que con gran “prolijidad trabajaban y pulían. El fuego gasta y el pedernal desbasta los varejones y cuando ya los tienen en el grosor y proporción que desean, los pulen con delicada nimiedad y los dejan tan tersos y lisos, que no los aventajara el más diestro oficial con sus gubias y garlopas. Verdad es que necesitaban meses para sus maniobras”. Y más adelante: “Su tiempo tomarían para sobar los pedernales con el zumo de las yerbas ponzoñosas que ellos conocían a la perfección”.

El Legado de Diego de Rojas

Rojas fue el primer español en arribar a lo que hoy es la provincia de Santiago del Estero. Su expedición tiene el mérito de haber explorado de punta a punta todo el Tucumán hasta Córdoba. Fue la unión del Perú con el Río de la Plata. Esta expedición sirvió para descubrir las naciones indígenas que poblaban el territorio: los calchaquíes, los diaguitas, los tonocotés, los lules y los comechingones.

La entrada de Diego de Rojas al Tucumán fue el comienzo de la conquista y exploración del Noroeste Argentino que sentaría las bases de la posterior conquista y colonización de Juan Núñez de Prado, continuada por Francisco de Aguirre. De los miembros de la expedición de Rojas, veintiocho regresaron más tarde con Núñez de Prado.

La expedición de Diego de Rojas al Tucumán fue un hito en la historia de la conquista del Noroeste argentino. Fue el primer paso de la exploración y conquista de una región que, hasta entonces, era desconocida para los europeos. Rojas y sus hombres enfrentaron desafíos enormes: guerreros indígenas, desiertos, salinas y enfermedades. Pero, a pesar de todo, lograron abrir caminos y sentar las bases para la posterior conquista y colonización de la región.

La historia de Diego de Rojas es un recordatorio de la ambición y el coraje de los conquistadores, pero también de la resistencia y la valentía de los pueblos indígenas que defendieron su tierra y su libertad. Es una historia que nos invita a reflexionar sobre el pasado y a valorar la diversidad y la riqueza cultural de la región que hoy llamamos Tucumán.

Fuente principal:

CARRERAS, Julio. "Diego de Rojas" en 4 historias santiagueñas.

Fuentes históricas citadas en el texto original:

* GUTIÉRREZ DE SANTA CLARA, Pedro (1522-1603). Historia de las guerras más que civiles que hubo en el Reino del Perú (también conocida como "Quinquenarios").

* FERNÁNDEZ, Diego. Testimonio directo como soldado participante de la expedición.

* DE ANGELIS, Pedro. Investigaciones sobre técnicas médicas indígenas.

* QUIROGA, Adán. Estudios sobre tácticas de guerra de los comechingones.

* "La expedición de Diego de Rojas al Noroeste Argentino y sus derivaciones hacia los estudios arqueológicos". Ampurias (Barcelona), t. 35, 1973, págs. 255-260.

lunes, 13 de julio de 2026

De Acequias y Palacetes: Un Paseo por el Santiago que el Tiempo (Casi) se Llevó

 

Acequia Belgrano

¿Alguna vez te detuviste en medio de la Avenida Belgrano, cerraste los ojos e intentaste imaginar cómo sonaba esta ciudad hace cuatro siglos? Probablemente hoy escuches el rugido de los colectivos y el murmullo incesante del comercio, pero si pudiéramos viajar en el tiempo, el sonido protagonista sería otro: el del agua corriendo con fuerza por una acequia antigua.

Santiago del Estero, nuestra "Madre de Ciudades", no solo es cuna de poetas y cantores; es un rompecabezas de historias fascinantes que a menudo pisamos sin darnos cuenta. Hoy te invito a que nos tomemos un café virtual y charlemos sobre esos rincones, edificios y decisiones que transformaron nuestra fisonomía urbana. ¡Prepárate, porque hay datos que te van a volar la cabeza!

El "río" que dividía la calle: La mítica Acequia Real

Imagínate esto: corría el año 1577. Mientras en el resto del mundo pasaban cosas de libros de historia antigua, aquí ya se estaba construyendo una obra de ingeniería asombrosa. La Acequia Real (o Acequia Belgrano) no era un simple zanjón; era una arteria vital de más de 5 kilómetros de largo que corría justo por donde hoy caminas para ir al centro.

Aquí es donde la historia se pone interesante y un poco misteriosa. ¿Quién la hizo realmente?

La versión mística: Muchos dicen que fueron los Jesuitas, conocidos por su destreza constructiva.

La versión oficial: Existe una carta del 20 de marzo de 1557 enviada por el Gobernador Gonzalo de Abreu y Figueroa al Virrey del Perú, lo que le da el crédito legal a él.

Lo más nostálgico es pensar en la alameda gigantesca que la bordeaba. Era un túnel verde de álamos que refrescaba la ciudad. Lamentablemente, en 1970, bajo una visión de "modernización" del gobierno de Carlos Jenssen, la acequia fue entubada y los árboles talados. Un golpe ecológico que los santiagueños de pura cepa todavía lamentan.

De Casa de Gobierno a Joya Cultural

Si hay un edificio que se roba todas las miradas frente a la Plaza Libertad, es el actual Centro Cultural del Bicentenario (CCB). Pero, ¿sabías que no siempre fue ese faro de cultura?

Construido en 1866 por los hermanos Cánepa durante el gobierno de Manuel Taboada, nació para ser el Cabildo y la Casa de Gobierno. Ubicado estratégicamente en la esquina de Libertad y Tucumán, este edificio ha visto pasar toda nuestra historia política. Fue recién en 1988 cuando se lo declaró Monumento Histórico Provincial, protegiendo para siempre sus paredes cargadas de secretos.

La Casona de los Taboada: El "Multiespacio" del Siglo XIX

A la vuelta, en Buenos Aires al 100, se encuentra la casona construida en 1870 por Gaspar Taboada. Si crees que los espacios de coworking son modernos, esta casa te lleva la delantera. A lo largo de los años, allí funcionaron:

  La primera oficina de Telégrafos.
La primera oficina de Teléfonos.
La redacción del diario El Liberal.
¡Y hasta el Círculo de Ajedrez!

 

El lujo de la Belgrano: 80 Chalets y una Boite

Hubo una época, no tan lejana, en la que la Avenida Belgrano parecía un catálogo de arquitectura europea. Entre el barrio Jorge Newbery y Campo Contreras, se erigían aproximadamente 80 chalets impresionantes.

Nombres como Los Hoyos, el del Gobernador Cáceres, o los de las familias Bagnato y Corvalán, eran sinónimo de elegancia. ¿Lo más curioso? En esa zona también funcionaba una Cancha de Pato y la mítica boite "Fantasius", donde la juventud de otras décadas gastaba la suela de sus zapatos.

El tren que llegaba a la puerta de casa

Hoy nos parece una locura, pero el 12 de octubre de 1884, el ferrocarril llegó literalmente hasta la Plaza Libertad. ¡Imagínate el humo y el silbato del tren en pleno centro!

Tuvimos dos estaciones principales que marcaron épocas:

Estación Belgrano: (Libertad y Pringles). Originalmente del Central Córdoba, hoy es el querido Parque Oeste.

Estación Mitre: (Perú y Alvear). De trocha ancha, el lugar donde hoy funciona el moderno FÓRUM.

El tren no solo traía gente; traía el progreso que permitió, por ejemplo, que en 1904 se inaugurara el servicio de agua corriente y en 1905 se levantara el imponente edificio del Banco Nación.

Secretos en las paredes y cambios de nombre

¿Alguna vez te sentiste observado en la calle Libertad al 400? No es tu imaginación, son los Atlantes de Piedra. Estas figuras colosales que sostienen la estructura frente a la Plaza Libertad fueron creadas por el arquitecto y escultor Rafael Delgado Castro a principios del siglo XX. Son, sin duda, los guardianes más antiguos del centro.

Pero no todo fue piedra y construcción. Los años 70 trajeron cambios drásticos, incluso en cómo llamamos a nuestros barrios. ¿Sabías que muchos de ellos tenían nombres mucho más pintorescos antes de que el gobierno de facto los rebautizara?

Chimillo pasó a ser Reconquista e Independencia.

Tala Pozo se convirtió en Almirante Brown.

Las Cejas fue renombrado como Don Bosco.

Incluso la naturaleza sufrió: en esa época se eliminó la platabanda de hermosos lapachos que adornaban las avenidas Sáenz Peña y Pedro León Gallo. Una decisión que, al igual que la tala de la alameda de la Belgrano, nos dejó una ciudad un poco más calurosa y menos colorida.

Un legado que late

Santiago del Estero es mucho más que sus calles adoquinadas en 1916 o el gas natural que llegó en 1951. Es una ciudad que supo ser industrial, con el Ingenio Saint Germes (1881) como símbolo de tecnología punta, y que supo reinventarse una y otra vez.

Desde el viejo matadero municipal de 1907 (que luego fue mercado y hoy es Jefatura de Policía) hasta la puesta en valor del Complejo Taboada en 2024, nuestra identidad está grabada en cada ladrillo puesto por los Cánepa, Delgado Castro o los pioneros anónimos.

Caminar hoy por Santiago es recorrer un libro abierto. La próxima vez que pases por la Belgrano, recordá que bajo tus pies alguna vez corrió un canal de agua cristalina y que, a tu alrededor, la historia sigue viva, esperando a ser contada.

¿Cuál de estos datos te sorprendió más? ¿Te imaginas cómo sería Santiago hoy si todavía tuviéramos esa acequia bordeada de álamos? La próxima vez que camines por el centro, levanta la vista: siempre hay un detalle del pasado esperando a saludarte.

* Este artículo fue realizado con información del Archivo Gráfico Cultural Santiagueño de Omar Sapo Estanciero, un guardián incansable de nuestra memoria colectiva.

martes, 19 de mayo de 2026

Los Ríos de la Historia y el Destino de un Pueblo: La Epopeya Demográfica de Santiago del Estero

De las aldeas fluviales de los tonocotés a la consolidación del conurbano moderno: una crónica profunda sobre los flujos humanos, las guerras de frontera, el auge forestal y el nuevo rostro de la provincia más antigua de la Argentina.



Por Leyendas del Folclore Santiagueño

Introducción: El rumor del agua y el barro del tiempo

El mapa de Santiago del Estero no se dibuja solamente con líneas políticas ni con coordenadas geográficas; se escribe, fundamentalmente, con el movimiento del agua y el barro que dejan las crecidas. Hay un hilo conductor que une a los antiguos alfareros prehispánicos, que moldeaban vasijas a la orilla del río Dulce, con los obreros golondrinas que a mediados del siglo XX subían a los trenes, y con los jóvenes que hoy caminan por el conurbano Santiago-La Banda. Es la historia de un territorio marcado por la migración, la resistencia y la adaptación.

Santiago del Estero, la "Madre de Ciudades", tiene la paradoja de albergar el asentamiento europeo más antiguo que se mantiene en pie en el suelo argentino y, al mismo tiempo, de haber transitado los senderos más complejos de dispersión y reconfiguración poblacional de la región. Mirar sus números censales no es un ejercicio de estadística fría, sino una forma de asomarse a una experiencia colectiva donde el paisaje del bosque santiagueño y los caprichos de sus dos ríos principales —el Dulce y el Salado— dictaron las reglas.

¿Cómo hizo aquella llanura habitada por comunidades agrícolas para transformarse en el corazón administrativo de la inmensa Gobernación del Tucumán, perder luego peso frente a sus vecinas, sufrir el éxodo de sus habitantes y, finalmente, experimentar un crecimiento que la vuelve a colocar en el centro de la escena del Norte Grande? Para entender este proceso, es necesario desandar los pasos del tiempo y seguir el curso de su historia demográfica.

1. El amanecer precolonial: el mundo tonocoté y la vida en los albardones

Mucho antes de que los conquistadores españoles llegaran a la llanura, el territorio santiagueño ya tenía una densa actividad humana. Sin embargo, la reconstrucción de este pasado precolonial no fue sencilla. Las fuentes coloniales dejaron abundantes referencias sobre estos pobladores originarios, pero sus testimonios suelen ser contradictorios en los nombres y las descripciones de los grupos.

Fue la arqueología la que aportó claridad. A través del análisis de los restos materiales, las cerámicas y los entierros, se diferenciaron las etapas culturales de la región. En el centro de este universo prehispánico, ocupando el área misma donde más tarde se fundaría la capital, se recortaba la figura de los tonocotés.

El mapa de los pueblos originarios

El hábitat de los tonocotés estaba definido por la llanura aluvial bañada por los ríos Dulce y Salado, aproximadamente entre los paralelos 26° y 29° de latitud sur. Sus fronteras marcaban una vecindad compleja:

  • Al Norte, en las zonas más boscosas, se encontraban los lules.
  • Al Sur, hacia las sierras de Sumampa y Ambargasta, se asentaban los sanavirones.
  • Al Oeste, contra las siluetas del Aconquija y las tierras de Ancasti, se ubicaban los cacanos (diaguitas).
  • Al Este, cruzando la ribera izquierda del río Salado, el territorio se abría hacia el Chaco Gualamba, dominio de grupos guaycurúes y abipones.


 



Arquitectura de lo efímero: los túmulos fluviales

Los tonocotés eran indígenas sedentarios y agricultores. Aunque recibieron influencias de las culturas andinas —visibles en sus técnicas textiles y ciertos motivos religiosos—, su modo de vida estaba moldeado por la llanura. Sabían que la supervivencia dependía de entender el régimen de los ríos. Por eso, montaban sus aldeas en las orillas, aprovechando las elevaciones naturales llamadas albardones, o construyendo montículos artificiales de tierra conocidos como "túmulos". Estas elevaciones ponían a salvo a las familias y sus bienes durante las crecidas estacionales del Dulce y el Salado.

En lo alto de estos túmulos levantaban sus viviendas con materiales perecederos: ramas, barro y techos cónicos o a dos aguas hechos de paja, con plantas circulares o rectangulares. Como la vida en la llanura incluía conflictos con grupos vecinos, los poblados solían estar rodeados por "palos a pique", empalizadas de troncos que funcionaban como defensa contra las incursiones rápidas de los cazadores nómades del Chaco.

Estética, vestimenta y armamento

Físicamente, los estudios óseos realizados en los yacimientos del río Salado muestran personas de estatura regular, rostros anchos y narices medianas. Su indumentaria combinaba los recursos de la fauna local con el tejido. Los hombres solían vestir un delantal corto de plumas de ñandú y collares del mismo material. Las mujeres confeccionaban sus prendas utilizando fibras de chaguar o lana obtenida del comercio de guanacos y llamas. Su vestimenta consistía en un chiripá inferior y un paño principal anudado sobre uno de los hombros.

Durante el invierno, ambos sexos usaban mantas de abrigo hechas de lana. Estas prendas se adornaban con "chaquiras", pequeñas cuentas circulares que fabricaban puliendo huesos de ave y que utilizaban para decorar los bordes de la ropa, pulseras y collares.

Para la defensa y la caza, los tonocotés utilizaban arco y flecha, boleadoras, hondas, hachas de piedra pulida y macanas, unos garrotes gruesos elaborados con maderas duras como el quebracho o el algarrobo. El arco llamó la atención de los primeros cronistas por su gran tamaño, lo que exigía flechas largas y pesadas. Un rasgo particular de estos guerreros era el uso de flechas impregnadas con un veneno letal cuya composición exacta se perdió.

La economía del bañado y el culto a la lechuza

Aunque la base de su subsistencia era la agricultura del maíz, el poroto y el zapallo, los tonocotés complementaban su dieta explotando los recursos de su entorno. Los ríos Dulce y Salado concentraban fauna diversa: cuises, vizcachas, conejos silvestres, armadillos y guanacos. Las puntas de flecha halladas en los yacimientos arqueológicos reflejan la importancia de la caza.

La pesca era otra actividad vital. Construían "corrales" o trampas de ramas en los cauces secundarios de los ríos para encerrar a los peces y atraparlos con redes o flechas desde la orilla. Sábalos, dorados, palometas y bagres formaban parte habitual de su alimentación.

Recursos de la Llanura Tonocoté

 ├── Agricultura: Maíz, porotos, zapallos

 ├── Pesca: Corrales de ramas, redes, arcos (Sábalo, Dorado, Bagre)

 ├── Caza: Cuises, vizcachas, armadillos, guanacos, suris

 └── Recolección: Algarroba, chañar, tunas, yuca silvestre, miel

Cuando el monte fructificaba, la comunidad se volcaba a la recolección de la algarroba, el chañar y las tunas, además de raíces como la yuca silvestre. Esta abundancia estacional coincidía con celebraciones comunitarias y rituales que los españoles describieron como "borracheras". En estas festividades se consumían bebidas elaboradas a base de la fermentación de la algarroba (aloja) o del maíz (chicha), sirviendo para estrechar lazos y alianzas.

En el plano espiritual, honraban a sus muertos disponiendo entierros en grandes urnas de barro cocido que ubicaban cerca de sus casas. Sus ceremonias estaban destinadas a deidades vinculadas con las fuerzas de la naturaleza, representadas principalmente por la serpiente y la lechuza.

La alfarería fue la manifestación técnica más destacada de este pueblo. Eran ceramistas que producían pucos, urnas funerarias y jarros decorados con diseños geométricos y zoomorfos en tonos rojos, negros y blancos. En muchas piezas aparece la figura de la deidad Antropo-Ornito-Ofídica, una criatura que funde rasgos humanos, de aves (búhos o lechuzas) y de serpientes, sintetizando los elementos de la llanura.

2. La corriente colonizadora: las tres columnas de la conquista

El destino de la región cambió a mediados del siglo XVI, cuando el territorio del actual suelo argentino comenzó a ser ocupado mediante tres corrientes colonizadoras independientes que avanzaron simultáneamente desde distintos puntos del continente.

CORRIENTE DEL NORTE: Desde el Alto Perú (Bolivia) ── Conquista del Tucumán

CORRIENTE DEL OESTE: Desde Chile (Andes) ─────────── Conquista de Cuyo

CORRIENTE DEL ESTE: Desde España (Atlántico) ────── Litoral Rioplatense 

La primera de estas columnas fue la Corriente del Norte, proveniente del floreciente pero tumultuoso Alto Perú (la actual Bolivia). Los conquistadores descendieron abriéndose paso por la Quebrada de Humahuaca, con la misión de ocupar la inmensa e inexplorada región que los incas llamaban el "Tucumán".

Aquella denominación, según explican los historiadores coloniales, derivaba de Tucma, el nombre de un poderoso e influyente cacique que gobernaba los ricos valles Calchaquíes y cuya fama había llegado a oídos de los hombres de armas europeos. 

Casi en paralelo, la Corriente del Oeste avanzaba desde la Capitanía General de Chile. Atravesando las cumbres eternamente nevadas de la Cordillera de los Andes, los expedicionarios chilenos tenían la orden de conquistar y fundar ciudades en la vertiente oriental, la región conocida como Cuyo. Por último, la Corriente del Este penetraba directamente desde el Océano Atlántico. Proveniente de la metrópoli española, esta columna buscaba consolidar una cabecera de playa en el litoral rioplatense, abriendo una vía de acceso directa hacia el interior del continente. 

El espejismo del oro y el rastro de sangre de Diego de Rojas

¿Qué buscaban los españoles en esa inmensidad verde y reseca de la llanura central? Al igual que en el resto de América, el motor inicial fue un espejismo: la búsqueda frenética y obsesiva de riquezas minerales, de yacimientos fabulosos de oro y plata que alimentaban las leyendas de "Los Césares" o la mítica tierra de "Trapalanda". 

Para ordenar el territorio y calmar las sangrientas guerras civiles entre los propios conquistadores en el Perú, el presidente de la Real Audiencia de Lima, el clérigo Pedro de La Gasca, comenzó a otorgar permisos de exploración hacia el sur. La primera expedición de tanteo la lideró Diego de Almagro en el temprano año de 1533. Almagro y sus hombres alcanzaron las tierras altas de la actual provincia de Jujuy, pero al encontrarse con una geografía áspera y la ausencia total de imperios mineros relucientes, decidieron dar la vuelta y regresar desilusionados al Perú. 

El verdadero quiebre lo protagonizó el capitán Diego de Rojas. En 1542, recibió la orden formal de La Gasca de acometer definitivamente la entrada al Tucumán. Rojas y su hueste protagonizaron una de las mayores hazañas militares de la época: penetraron por primera vez en el corazón del Noroeste argentino, adentrándose en un medio biológico completamente desconocido, caluroso y hostil. Buscando establecer un punto de apoyo, Rojas intentó fundar el fuerte de Medellín del Soconcho, que se convertiría en el primer ensayo de población europea en la zona. 

Sin embargo, la fortuna no acompañó al capitán. Su avance hacia el sur fue permanentemente hostigado por las flechas de los nativos. El drama se desencadenó en la Quebrada de Maquijata, en las actuales Sierras de Guasayán. Allí, una flecha disparada por los defensores del territorio hirió a Rojas en la pierna. No parecía una herida mortal, pero la punta del proyectil estaba impregnada con el letal veneno de los tonocotés. Tras agonizar durante varios días entre fiebres y delirios, Diego de Rojas murió en un punto muy cercano a los límites actuales entre Santiago del Estero y Córdoba. Descabezada y desmoralizada, la campaña militar no tuvo más remedio que replegarse y emprender el largo camino de regreso al Perú. 

El drama de la fundación: Una ciudad errante llamada El Barco

La muerte de Rojas no detuvo la ambición de la corona española. El 19 de junio de 1549, el capitán Juan Núñez del Prado recibió un encargo formal del gobernador Pedro de La Gasca: regresar a las tierras recién exploradas del Tucumán y fundar de manera estable una ciudad. Los objetivos estratégicos eran tres: asegurar el camino que comunicaba el Alto Perú con Chile, explorar la viabilidad de una ruta comercial directa hacia el Río de la Plata y, finalmente, emprender la evangelización de las densas poblaciones nativas que habitaban las cuencas fluviales.  

Las Estaciones de la Ciudad Errante

Barco I (1550) ─── Llanos de Tucumán (cerca de Montero)

       ↓ (Conflicto con Villagra / Traslado geopolítico)

Barco II (1551) ─── Valle Quiri-quiri (Salta)

       ↓ (Hostigamiento Calchaquí / Temor a Chile)

Barco III (1552) ── Orilla del Río Dulce (Santiago del Estero)

       ↓ (Expulsión por Francisco de Aguirre)

SANTIAGO DEL ESTERO (1553) ── Fundación definitiva y traslado final

 

La primera fue la Corriente del Norte, proveniente del Alto Perú. Los conquistadores descendieron por la Quebrada de Humahuaca con la misión de ocupar la región que los incas llamaban el "Tucumán". Esta denominación, según los cronistas, derivaba de Tucma, el nombre de un cacique que gobernaba los valles Calchaquíes.

En paralelo, la Corriente del Oeste avanzaba desde Chile. Atravesando la Cordillera de los Andes, los expedicionarios tenían la orden de fundar ciudades en la vertiente oriental, la región de Cuyo. Por último, la Corriente del Este penetraba desde el Océano Atlántico. Proveniente de España, buscaba consolidar una base en el litoral rioplatense para abrir una vía de acceso hacia el interior.

El rastro de Diego de Rojas

Al igual que en otras regiones de América, el motor inicial de las expediciones fue la búsqueda de riquezas minerales, estimulada por leyendas como la de "Los Césares" o "Trapalanda".

Para ordenar el territorio tras las guerras civiles en el Perú, el presidente de la Real Audiencia de Lima, Pedro de La Gasca, otorgó permisos de exploración hacia el sur. La primera expedición de tanteo la lideró Diego de Almagro en 1335, alcanzando el norte de la actual provincia de Jujuy, pero ante la falta de metales preciosos decidió regresar al Perú.

El avance definitivo lo protagonizó el capitán Diego de Rojas. En 1542 recibió la orden de La Gasca de entrar al Tucumán. Rojas y sus hombres ingresaron al Noroeste argentino y, buscando establecer un punto de apoyo, intentaron fundar el fuerte de Medellín del Soconcho, el primer ensayo de población europea en la zona.

Sin embargo, la campaña enfrentó la resistencia de los nativos. En la Quebrada de Maquijata, en las actuales Sierras de Guasayán, una flecha hirió a Rojas en la pierna. La punta del proyectil estaba impregnada con el veneno utilizado por los tonocotés y, tras agonizar durante varios días, el capitán murió en un punto cercano a los límites actuales entre Santiago del Estero y Córdoba. Sin su líder, la expedición terminó replegándose hacia el Perú.

3. La fundación: una ciudad errante llamada El Barco

El intento de colonización continuó. El 19 de junio de 1549, el capitán Juan Núñez del Prado recibió el encargo de regresar a las tierras del Tucumán y fundar una ciudad estable. Los objetivos eran asegurar el camino entre el Alto Perú y Chile, explorar una ruta hacia el Río de la Plata y emprender la evangelización de las poblaciones nativas.

Las Estaciones de la Ciudad Errante

Barco I (1550)  ─── Llanos de Tucumán (cerca de Montero)

       ↓ (Conflicto con Villagra / Traslado geopolítico)

Barco II (1551) ─── Valle Quiri-quiri (Salta)

       ↓ (Hostigamiento Calchaquí / Temor a Chile)

Barco III (1552) ── Orilla del Río Dulce (Santiago del Estero)

       ↓ (Expulsión por Francisco de Aguirre)

SANTIAGO DEL ESTERO (1553) ── Fundación definitiva y traslado final

Núñez del Prado partió de Potosí y en 1550 levantó la primera versión de la ciudad, bautizándola como El Barco, en homenaje a la localidad española de Barco de Ávila, cuna de La Gasca. Este primer asentamiento se ubicó en los llanos tucumanos, cerca de la actual ciudad de Monteros.

La ubicación generó conflictos de jurisdicción con las autoridades de Chile. El capitán chileno Francisco de Villagra, que regresaba de una campaña, se topó con el asentamiento el 10 de noviembre de 1550 e intimó a Núñez a someterse a la autoridad del gobernador de Chile, Pedro de Valdivia. Núñez del Prado cedió inicialmente para evitar un enfrentamiento, pero una vez que Villagra se retiró, decidió despoblar la ciudad y trasladar a los vecinos hacia el norte, al Valle Quiri-quiri (en la actual provincia de Salta), fundando en junio de 1551 Barco II.

El nuevo sitio sufrió el hostigamiento constante de los indígenas calchaquíes. Ante el peligro de destrucción y para evitar nuevos conflictos con Chile, Núñez del Prado ordenó una nueva mudanza en junio de 1552. Guió a los pobladores hacia el sur, buscando el amparo de la llanura de los tonocotés, y estableció Barco III a poca distancia de donde hoy se levanta la plaza principal de Santiago del Estero. Esta aldea se convirtió en la raíz del asentamiento actual.

La intervención de Francisco de Aguirre y la resolución del debate histórico

El traslado de la ciudad motivó la intervención de Santiago de Chile. Al enterarse de los movimientos de Núñez del Prado, el gobernador Pedro de Valdivia envió al capitán Francisco de Aguirre con una tropa de unos 70 hombres.

Aguirre llegó a Barco III el 20 de mayo de 1553 durante la ausencia de Núñez del Prado, quien exploraba la región de Famatina. Tomó el control del asentamiento, apresó a las autoridades locales y expulsó a los hombres de confianza de Núñez. El 24 de junio de 1553, Aguirre realizó una ceremonia de refundación, renombrando al poblado como Santiago del Estero del Nuevo Maestrazgo, combinando el nombre del apóstol con la fisonomía del lugar, caracterizado por las lagunas y esteros que formaba el río Dulce. La fecha oficial se fijó más tarde el 25 de julio. En diciembre de ese mismo año, para evitar las inundaciones veraniegas, Aguirre ordenó trasladar las viviendas unos metros hacia su ubicación definitiva, en las inmediaciones del actual Parque Aguirre.

Durante mucho tiempo, los historiadores discutieron si la fundación debía atribuirse a Núñez del Prado o a Francisco de Aguirre. La historiografía actual concuerda en que el acto de trasladar o renombrar una ciudad presupone la existencia previa de esa comunidad. Por lo tanto, se reconoce a Juan Núñez del Prado como el fundador legítimo de la ciudad original, y a Francisco de Aguirre como el encargado de su traslado y bautismo definitivo.

4. El período colonial: esplendor y declive de la capitalidad

A pesar de sus inicios inestables, la ciudad se transformó en el nodo político y militar de la ocupación española en la región. Aunque inicialmente dependía de Chile, la Corona Española dispuso en 1563 que el territorio pasara a la órbita de la Audiencia de Charcas, dentro del Virreinato del Perú. En 1564 se creó la Provincia de Tucumán, Juríes y Diaguitas, fijando su capital en Santiago del Estero bajo el gobierno de Francisco de Aguirre.

Del Esplendor Territorial al Éxodo Administrativo

1564 ── Santiago es Capital de la Gobernación del Tucumán (700.000 km²)

1570 ── Se establece la Primera Diócesis de la actual Argentina

  ↓ (Inundaciones constantes del Río Dulce / Aislamiento)

1699 ── El Obispado y la Capitalidad se trasladan a Córdoba y Salta

Con la consolidación de la Gobernación y la creación del Obispado en 1570, Santiago del Estero administraba un territorio de más de 700.000 kilómetros cuadrados que abarcaba las actuales provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero, La Rioja, Córdoba y la región boliviana de Tarija.

Desde la plaza santiagueña partieron las expediciones que fundaron las demás capitales del Noroeste y del Centro del país (San Miguel de Tucumán, Córdoba, Salta, La Rioja, San Salvador de Jujuy y Catamarca), lo que le valió el título de Madre de Ciudades. En sus calles se levantó también la primera catedral del territorio nacional.

El impacto ambiental y el traslado de las instituciones

A diferencia de Córdoba o Salta, que lograron un crecimiento urbano sostenido gracias a sus rutas comerciales y climas más estables, Santiago enfrentó serias dificultades ambientales. Su principal problema fue el río Dulce, cuyas crecidas periódicas inundaban el caserío, destruyendo viviendas, iglesias y archivos coloniales.

Este factor desincentivó la inversión y complicó la administración. Santiago comenzó a quedar al margen de las rutas comerciales dinámicas que conectaban a Buenos Aires con Potosí. La pérdida de peso institucional se formalizó a finales del siglo XVII: la sede del gobierno se mudó a Córdoba y Salta, y en 1699 la diócesis eclesiástica fue trasladada definitivamente a la ciudad de Córdoba.

Sin embargo, los registros de la época muestran un fenómeno particular. Mientras las instituciones abandonaban la ciudad, la población del campo santiagueño continuó creciendo. En las zonas de pastoreo y en los montes cercanos a los ríos se consolidó una sociedad rural densa y mestiza, que fusionó elementos nativos, colonos y de población africana. Esta comunidad rural mantuvo el uso de la lengua quichua y sostuvo la vitalidad demográfica de la provincia. Al comenzar el proceso de la Independencia, a principios del siglo XIX, Santiago del Estero era la tercera provincia más poblada del territorio argentino.

Las reformas borbónicas

En las últimas décadas del dominio colonial, las reformas de la dinastía borbónica modificaron la organización política. En 1776, el territorio pasó a formar parte del Virreinato del Río de la Plata, concluyendo la dependencia directa de Lima.

Con la Real Ordenanza de Intendentes de 1782, Santiago del Estero quedó integrada inicialmente en la Gobernación Intendencia de San Miguel de Tucumán. Sin embargo, en 1783, el rey Carlos III modificó la estructura creándose dos unidades:

  • La Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán, con sede en Salta, que incluía a Santiago del Estero, Catamarca, Tucumán, Jujuy y Salta.
  • La Gobernación Intendencia de Córdoba del Tucumán, que agrupaba a Córdoba, San Luis, Mendoza, San Juan y La Rioja.

De este modo, Santiago del Estero inició el siglo XIX bajo la subordinación política de los cabildos de Salta y Tucumán, una situación que generaría tensiones durante el proceso de emancipación.

5. Revolución y el camino hacia la autonomía provincial

Al comenzar la Revolución de Mayo de 1810, Santiago del Estero apoyó la causa patriota, pero no logró obtener una representación política acorde al volumen de su población rural. El centralismo y los intereses de las capitales vecinas postergaron los reclamos locales.

La tensión aumentó en 1814 cuando el Director Supremo, Gervasio Antonio de Posadas, disolvió la intendencia de Salta y creó la Gobernación Intendencia del Tucumán, fijando la capital en San Miguel. Santiago del Estero y Catamarca quedaron bajo las órdenes del cabildo tucumano, lo que impulsó las demandas de autogobierno.

El movimiento de Juan Francisco Borges

El primer intento formal por lograr la autonomía provincial fue liderado por el coronel Juan Francisco Borges. Entre 1815 y 1817, Borges encabezó dos levantamientos revolucionarios dirigidos a romper la dependencia política de Tucumán.

Su movimiento chocó con la estrategia de centralización militar del Congreso de Tucumán y del Ejército del Norte. El general Manuel Belgrano, abocado a mantener la unidad interna frente al avance realista desde el norte, ordenó reprimir la sublevación. Borges fue derrotado, capturado y, por orden de Belgrano, fusilado el 1 de enero de 1817.

Juan Felipe Ibarra y la declaración de 1820

La disolución del poder central del Directorio y del Congreso de Buenos Aires en 1820, tras la batalla de Cepeda, modificó el panorama político. El gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz, intentó constituir la República Federal del Tucumán, obligando a Santiago del Estero a someterse a su jurisdicción.

La reacción local fue inmediata. El comandante de la frontera oriental, Juan Felipe Ibarra, marchó con sus milicias hacia la ciudad capital, desalojó a las autoridades alineadas con Tucumán y, con el respaldo de una asamblea de vecinos, firmó el manifiesto del 27 de abril de 1820, proclamando la soberanía de la Provincia de Santiago del Estero. Ibarra asumió el gobierno y consolidó la existencia institucional de la provincia durante las tres décadas siguientes.

6. Evolución de la población y ciclos demográficos

Desde su consolidación como provincia autónoma, la población de Santiago del Estero mostró un crecimiento continuo en términos absolutos, aunque con fuertes variaciones en sus tasas intercensales debido a los cambios económicos.

  


El Primer Censo Nacional de 1869 registró para la provincia 132.898 habitantes, representando el 7,7% del total del país y ubicándola en el cuarto lugar entre las jurisdicciones más pobladas.

El Censo Nacional de 2022 mostró que la provincia superó el millón de habitantes, alcanzando los 1.054.028 pobladores, lo que implica multiplicar por casi ocho veces la cifra del siglo XIX. Sin embargo, ese volumen representa actualmente el 2,3% del total nacional, lo que sitúa a la provincia en el undécimo (11º) lugar de la jerarquía demográfica del país.

Evolución de la representatividad poblacional santiagueña sobre el total nacional:

1869: ██████████████ 7,7%

1914: ██████ 3,3%

1970: ████ 2,1%

2022: ████ 2,3%

Las etapas demográficas

La evolución de la población santiagueña se divide en tres períodos principales asociados a sus condiciones productivas:

  1. El auge forestal y ferroviario (1869-1947): Período de crecimiento sostenido impulsado por la explotación industrial del quebracho colorado para durmientes ferroviarios y tanino. El tendido de ramales ferroviarios facilitó el surgimiento de nuevas localidades y atrajo mano de obra al interior del territorio.
  2. El ciclo de emigración (1947-1970): Caracterizado por el agotamiento de los recursos forestales y el cierre de los obrajes, lo que generó un estancamiento económico. Entre los censos de 1947 y 1960 la provincia registró una pérdida neta de habitantes. Muchos santiagueños migraron hacia los centros urbanos e industriales de la región pampeana, principalmente al Gran Buenos Aires.
  3. Estabilización y crecimiento reciente (1970-2022): A partir de 1970 el flujo emigratorio comenzó a moderarse. El último período intercensal (2010-2022) mostró un incremento del 21% en la población, acelerando el crecimiento en comparación con el 9% registrado entre 2001 y 2010.

7. Contrastes demográficos por departamentos

El análisis a nivel departamental muestra diferencias internas significativas en el crecimiento de la población.

El departamento Atamisqui registró la mayor variación intercensal de la provincia entre 2010 y 2022, con un crecimiento del 34,5%. Un grupo dinámico de departamentos, entre los que se encuentran Jiménez, Pellegrini, Choya, Silípica, Moreno, Capital, Avellaneda, General Taboada y Juan Felipe Ibarra, mostró incrementos de entre el 20% y el 30%. En contraste, los menores niveles de crecimiento se registraron en Rivadavia, Sarmiento, Ojo de Agua y Quebrachos.

Variación Intercensal Departamental 2010-2022

Atamisqui ──────────██████████████████ 34,5% (Máximo crecimiento)

Grupo Dinámico ─────█████████████ 20% - 30% (Capital, Choya, Moreno, Taboada)

Grupo Atenuado ─────████ 3% - 8% (Rivadavia, Sarmiento, Ojo de Agua)

Mitre ──────────────░░░ (- Valor Negativo - Decrecimiento Único)

Por otra parte, el departamento Mitre, ubicado en el extremo sur de la provincia, fue la única jurisdicción que presentó una variación intercensal negativa. Este comportamiento refleja un proceso de despoblamiento vinculado al aislamiento geográfico y la migración de su población joven hacia otros centros urbanos.

8. Estructura de la población y transición demográfica

Las pirámides de población permiten observar los cambios en la composición por edad y sexo de la sociedad santiagueña.

Al comparar la estructura del censo 2010 con las proyecciones para 2020, se hace evidente el avance de la provincia hacia una forma acampanada. Este perfil muestra un estrechamiento relativo de la base (menor proporción de niños) y un ensanchamiento de los tramos medios y superiores (adultos y adultos mayores), indicando un proceso de transición demográfica.

 

 


Este comportamiento responde a los siguientes factores:

  • Reducción de la base de la pirámide: La proporción de población infantil disminuyó debido a una baja sostenida en la tasa de fecundidad.
  • Crecimiento de los tramos medios: Los grupos de edad de entre 35 y 60 años se incrementaron, asociado a la reducción de la tasa de mortalidad general por mejoras en las condiciones sanitarias.
  • Distribución por sexo en las edades medias: Se observa una mayor presencia de mujeres en los tramos de 30 a 50 años. Esto se vincula tanto a la incidencia de la mortalidad masculina en ciertos rangos como a las características de la migración laboral estacional o permanente, que involucra mayoritariamente a varones.
  • Incremento del ápice: El tramo correspondiente a mayores de 60 años muestra un crecimiento progresivo, reflejando un aumento en la esperanza de vida. En las edades avanzadas se manifiesta claramente la mayor supervivencia femenina.

Estas transformaciones modifican las demandas sociales, incrementando la proporción de población pasiva mayor de 65 años en relación con la población en edad escolar primaria (hasta 14 años).

El proceso de transición demográfica

El comportamiento de la provincia se encuadra dentro de la fase de transición del modelo demográfico general.

Fases de la Transición Demográfica Universal

Fase 1: Preindustrial ─── Natalidad Alta + Mortalidad Alta = Crecimiento Bajo

Fase 2: Transición ────── Subfase A: Natalidad Alta + Mortalidad en Baja = Explosión 

                                                  Subfase B: Natalidad en Baja + Mortalidad Baja = Equilibrio

Fase 3: Moderna ───────── Natalidad Baja + Mortalidad Baja = Crecimiento Nulo/Viejo 


Los registros históricos indican que la tasa de natalidad de la provincia se mantuvo elevada hasta promediar el siglo XX, alcanzando un valor del 44‰ en 1950, para luego iniciar un descenso progresivo que llegó al 25,3‰ en 1995. Por su parte, la tasa de mortalidad descendió desde un 15,3‰ en 1920 hasta situarse en un 6,1‰ en 1995. De este modo, el crecimiento vegetativo acompañó estas tendencias de modernización biológica de la población.

9. Procesos migratorios: balance de entradas y salidas

A diferencia de la región pampeana o el litoral, Santiago del Estero no recibió corrientes masivas de inmigración extranjera a fines del siglo XIX y principios del XX. El aporte de población extranjera fue bajo en términos absolutos.

Los datos de los censos de 1914 y 1947 muestran que la presencia de inmigrantes europeos y de otras regiones tuvo un peso acotado en el volumen total, aunque con un impacto significativo en la actividad comercial y cultural. Las principales colectividades fueron:

  • Españoles: Representaron el 37,6% del total de extranjeros residentes.
  • Italianos: Constituyeron el 21,5%, asentándose principalmente en actividades agrícolas.
  • Árabes (Sirio-Libaneses): Con el 18,4%, tuvieron una participación destacada en el comercio urbano y de las localidades del interior.
  • Rusos: Conformaron el 8,3%.

Estas comunidades se integraron con la población criolla preexistente, influyendo en la configuración social y económica de la provincia.

La emigración santiagueña

El fenómeno migratorio más relevante en la provincia fue la emigración, que se intensificó a partir de la década de 1930 en consonancia con el proceso de urbanización e industrialización del área metropolitana de Buenos Aires.

Según estudios de Gómez e Isorni (1998), para el censo de 1947 la cantidad de personas nacidas en Santiago del Estero que residían en otras jurisdicciones se había incrementado un 12% en comparación con 1914. El principal destino de este flujo fue la región pampeana: la provincia de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe concentraron el 75,3% de los emigrantes. La provincia de Tucumán absorbió un 9,0%, vinculada principalmente a la actividad de la zafra azucarera.

 Destinos de la Diáspora Santiaguina

 ├── Región Pampeana (Bs. As., AMBA, Córdoba, Santa Fe) ── 75,3%

 ├── Provincia de Tucumán ───────────────────── 9,0%

 └── Resto del País ───────────────────────── 15,7%

Esta tendencia emigratoria comenzó a desacelerarse en las últimas décadas del siglo XX, registrando una baja del 61,17% en el volumen de nuevos emigrantes hacia 1991 en relación con las etapas críticas de los años sesenta. La reducción del flujo de salida se consolidó en los censos de 2010 y 2022.

La moderación de la emigración externa coincidió con un proceso de migración interna desde las zonas rurales hacia las principales ciudades de la provincia, impulsando el crecimiento del aglomerado capitalino. Asimismo, se registró un flujo de retorno de familias santiagueñas desde Buenos Aires hacia centros urbanos locales, principalmente al conurbano Santiago-La Banda.

10. Distribución territorial de la población y densidad

La población de Santiago del Estero se encuentra distribuida de manera desigual en su territorio. La concentración principal se localiza en el departamento Capital y disminuye hacia las áreas periféricas y fronterizas de la provincia.

 



El territorio provincial se divide en cinco zonas según sus niveles de densidad:

  1. Zona de concentración máxima: El departamento Capital presenta el valor más elevado con 115,6 habitantes por kilómetro cuadrado.
  2. Primer anillo: Los departamentos de Banda, Robles y Río Hondo, localizados en las áreas de riego y ejes viales principales, registran densidades superiores a 20 habitantes por kilómetro cuadrado.
  3. Segundo anillo: Conformado por los departamentos de Choya, Silípica, Loreto, San Martín, Atamisqui, Avellaneda y General Taboada, con valores que oscilan entre 4 y 9,9 habitantes por kilómetro cuadrado.
  4. Área de baja densidad: Un conjunto de 13 departamentos que cubren gran parte del territorio provincial presenta registros de entre 2 y 3,9 habitantes por kilómetro cuadrado.
  5. Área periférica: Los departamentos de Alberdi, Mitre y Rivadavia muestran los menores niveles de ocupación, con valores entre 0,5 y 1,9 habitantes por kilómetro cuadrado.

Población urbana y rural

La población de la provincia es mayoritariamente urbana, aunque conserva una de las proporciones de población rural más altas del país. El 71,5% de los habitantes reside en localidades de 500 o más pobladores. Nueve departamentos concentran en 37 centros urbanos al 62% de la población provincial. En 15 departamentos, más de la mitad de los residentes vive en áreas urbanas.

Los departamentos de Capital, Banda, Choya, Belgrano y Aguirre registran bajos niveles de dispersión rural, concentrando a sus habitantes en las cabeceras departamentales o nodos urbanos principales. El departamento Choya refleja esta situación, ya que la mayor parte de su población se localiza en la ciudad de Frías.

Por el contrario, el departamento Mitre presenta un 100% de población rural dispersa o habitando en asentamientos de menos de 500 habitantes. En una situación intermedia, varios departamentos combinan población dispersa con localidades de menos de 3.000 habitantes. Las cabeceras de Pellegrini (Nueva Esperanza) y Quebrachos (Sumampa) alcanzan los 4.800 residentes urbanos. Cuatro departamentos (Figueroa, San Martín, Silípica y Mitre) no poseen localidades que superen el piso de los 2.000 habitantes.

11. Estructura del sistema urbano provincial

La red urbana organiza el territorio a través de las funciones administrativas, comerciales, de salud y educativas. Los centros urbanos de Santiago del Estero varían desde pequeños asentamientos rurales hasta la capital de la provincia. De acuerdo a su población e infraestructura, se estructuran en cuatro niveles:


Las Categorías Municipales según la Constitución Provincial

1ª Categoría ────── > 20.000 habitantes (Santiago, La Banda, Termas, Frías, Añatuya) [cite: 178, 181]

2ª Categoría ────── > 10.000 habitantes (Quimilí, Fernández, Monte Quemado, Loreto, Clodomira) [cite: 179, 181]

3ª Categoría ────── > 2.000 habitantes (28 ciudades en total en la provincia) [cite: 180, 181]

* Comisiones Municipales ── Localidades menores o con menor desarrollo financiero


A. Centro Regional: el conurbano principal

El núcleo urbano principal está conformado por las ciudades de Santiago del Estero (252.192 habitantes) y La Banda (106.441 habitantes). Vinculadas a través del río Dulce por infraestructura vial, constituyen un conurbano de 358.633 habitantes.

Este centro concentra las principales funciones político-administrativas, financieras, judiciales y educativas de la provincia. Hacia este nodo confluyen las rutas provinciales y nacionales, extendiendo su área de influencia sobre todo el territorio santiagueño.

B. Centros Locales

Son localidades intermedias que actúan como proveedores de servicios para sus respectivos departamentos o áreas de influencia regional. Se clasifican en dos tramos:

  • Centros locales mayores (10.000 a 28.000 habitantes): Integrado por Las Termas de Río Hondo, Frías, Añatuya, Fernández, Monte Quemado, Clodomira, Loreto y Quimilí. Poseen infraestructura de salud (hospitales zonales), seguridad, educación terciaria y servicios básicos consolidados. Mientras Fernández, Clodomira y Loreto operan bajo la influencia directa del área capitalina, los centros más distantes establecen relaciones comerciales y de servicios con provincias vecinas: Las Termas con Tucumán; Frías con Catamarca y Córdoba; y Monte Quemado con el norte de Salta y el Chaco.
  • Centros locales menores (3.000 a 9.000 habitantes): Incluye a ciudades como Suncho Corral, Beltrán, Villa Ojo de Agua, Forres, Sumampa, Bandera, Colonia El Simbolar, Campo Gallo, Pinto, Nueva Esperanza, Tintina, Pampa de los Guanacos y Los Juríes. Cuentan con servicios de salud distritales, sucursales bancarias y escuelas secundarias, estructurando las actividades de su entorno rural.

C. Centros Menores (1.000 a 3.000 habitantes)

Este tramo abarca a localidades como El Bobadal, La Cañada, Lavalle, Weisburd, Sachayoj, Icaño, San Pedro de Guasayán, Los Telares, El Simbolar, Herrera, Brea Pozo, Sol de Julio, Garza, Villa Atamisqui, Colonia Dora, Pozo Hondo y Selva. Cumplen funciones de servicios esenciales para la población rural dispersa. Varias de estas localidades son cabeceras departamentales y cuentan con oferta educativa secundaria y, en algunos casos, tecnicaturas terciarias.

D. Núcleos Rurales (500 a 990 habitantes)

Constituyen el nivel básico de la red urbana, representado por localidades como Villa Salavina, Guardia Escolta, Nueva Francia, Bandera Bajada, Tapso, Villa Río Hondo, Mailín, Villa La Punta, La Invernada, Árraga, El Caburé, La Aurora, El Charco, Matará, Colonia Tinco, Lugones, Malbrán, El Mojón, Vilelas, Los Pirpintos, Tacañitas, Taboada, Real Sayana, Rapelli, Choya, Laprida y Los Quirogas. Se organizan administrativamente como Comisiones Municipales y disponen de servicios básicos de salud y educación elemental. Destaca el caso de Bandera Bajada, que cuenta con un centro de educación terciaria para su zona de influencia.

12. Organización política y régimen municipal

La organización institucional de los centros urbanos está regulada por la Constitución de la Provincia de Santiago del Estero (Artículos 204, 205 y 206), que reconoce la autonomía de los municipios. Su categorización legal y la asignación de recursos se determinan en función del número de habitantes:

Actualmente, la provincia cuenta con 28 localidades con rango de Municipio. La estructura de gobierno municipal se distribuye entre las intendencias de primera categoría (Santiago del Estero, La Banda, Termas de Río Hondo, Frías y Añatuya) y las de segunda categoría (Quimilí, Fernández, Monte Quemado, Loreto y Clodomira). Las intendencias restantes corresponden a la tercera categoría, mientras que las localidades de menor escala demográfica se administran bajo la forma de Comisiones Municipales para adaptar la gestión pública a las características de la población.

Cierre reflexivo: el porvenir que viene de la tierra

La trayectoria demográfica de Santiago del Estero muestra que los movimientos de población responden de manera directa a los procesos históricos, económicos y ambientales del territorio. Desde los túmulos construidos por los tonocotés para resguardarse de las inundaciones del río Dulce, el arraigo y la adaptación definieron la ocupación de este espacio.

La provincia transitó la pérdida de sus funciones político-administrativas en la época colonial, el impacto económico y social del ciclo forestal y el éxodo de sus habitantes hacia otras regiones del país. En el siglo XXI, los datos muestran una estabilización de estos procesos: la provincia superó el millón de habitantes, las tasas de emigración se redujeron y se consolidó una red de ciudades distribuidas en sus diferentes departamentos.

La evolución demográfica indica que el desarrollo actual de Santiago del Estero no depende de la memoria de su pasado institucional colonial, sino de la articulación de su territorio, la retención de su población y el fortalecimiento de su estructura productiva y social interna.

Fuentes bibliográficas y documentales de referencia

  • Aspectos Demográficos de la Provincia de Santiago del Estero, Material Didáctico de Ciencias Sociales para el Nivel Primario. Autores: Gómez Diego, Guevel Alicia, Santillán Osvaldo.
  • Censos Nacionales de Población, Hogares y Viviendas de la República Argentina (Años 1869, 1914, 1947, 1960, 1970, 1980, 1991, 2001, 2010 y 2022).
  • Gómez, S. e Isorni, M. (1998). Análisis de los movimientos migratorios internos e idiosincrasia de la población santiagueña en el siglo XX.
  • Constitución de la Provincia de Santiago del Estero (Artículos 204, 205 y 206 sobre el Régimen Municipal).
  • Furlani de Civit, María Estela; Molina de Buono, Gladis. Aclaraciones sobre áreas de influencia frente a efímeros territorios organizacionales, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo (UNC), 2001.