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miércoles, 8 de abril de 2026

Zambas y sus versiones "La 7 de Abril"


Zamba “la 7 de abril”

La 7 de Abril es para muchos la madre de las zambas, acaso porque su belleza se completa con misterios. Por ejemplo, no se conoce a su autor verdadero y poco sabemos sobre el motivo de su nombre. Según escribe José Antonio Faro es su libro Zambas históricas y tradicionales, existen dos versiones de la 7 de Abril.

Una es la que Andrés Chazarreta le escuchó tocar a músicos populares santiagueños, a inicios del siglo XX, y que en 1916 registró a su nombre, con una letra romántica.

En 1923, Manuel Gómez Carrillo, publicó una versión cuyas diferencias con la de Chazarreta son de notación musical, dato irrelevante para músicas de tradición oral. A esa versión, Leda Valladares le agregó años más tarde una letra que tampoco explica el nombre.

Si bien no se conoce con exactitud su autor ni el motivo del nombre, santiagueño y tucumanos se disputan la pertenencia.

La investigadora Isabel Aretz refiere que el verdadero autor sería un violinista tucumano conocido como el “Ñato Carrillo”, que murió en 1911. Otras fuentes dan como autor al arpista Agenor Reynoso. Pero en Santiago del Estero es atribuida por tradición a diversos músicos populares de fines del siglo XIX, entre ellos un arpista, “el ciego Chaza”. Los Hermanos Abalos decían que jamás se iba a conocer quién fue realmente su autor. En SADAIC hay dos registros: una de Chazarreta y la otra de Gómez Carrillo.

El nombre

Con respecto al origen de su nombre, se manejan varias conjeturas. Al noreste de Tucumán, en el departamento Burruyacú, existe una localidad con el nombre 7 de Abril. Una comuna sobre la Ruta Nacional 34, uno de los tantos pueblos de esa región que hasta mediados del siglo XX vivió de obrajes madereros y hoy extraña el tren. La letra de Leda Valladares tiene más que ver por esa región:

………………..

“queda engualichado bajo el monte”

…………………

“bajo un viejo quebrachal,”

…………………………

También se dice de una historia de amor. El título de la zamba, dicen en el pueblo, evoca una historia de amor no correspondido: un joven de familia acomodada se enamora de una joven de familia humilde, esta relación no era aprobada por la familia del joven. El muchacho se va a la Universidad y vuelve recibido de abogado y es nombrado juez de paz de 7 de Abril. Y debió casar a la mujer que amaba con otro hombre. Con esta historia tiene que ver tanto la letra de la versión de Pedro E. Díaz, como la letra de la otra versión, la de Domingo Lombardi.

Por otro lado, el 7 de Abril se conmemora el levantamiento de Tucumán contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas. La proclama del 7 de Abril de 1840, cuando Marcos Avellaneda encabezó el pronunciamiento de la llamada “Liga del Norte”, que Rosas respondió con el envío del general Oribe y el coronel Mariano Maza para reprimir a los insurrectos, quienes al mando del general Juan Galo de Lavalle fueron derrotados en Famaillá. Avellaneda huyó al norte, pero Oribe lo alcanzó en Metán y lo fusiló. Llevaron su cabeza a Tucumán y la expusieron en la plaza principal durante varios días.

La 7 de Abril, dos versiones, tres letras y tantas conjeturas. El misterio de una zamba con nombre de día, de tres vueltas para los bailarines y de fascinante vuelo melódico para los cantores. Es una zamba de “tres vueltas” o zamba “larga”, es decir de treinta y seis compases, con la particularidad-casi desconocida entonces-de que la vuelta final lleva melodía diferente a las dos primeras.

VERSIONES DE LA ZAMBA “LA SIETE DE ABRIL”

La Zamba “La Siete de Abril”: Versión A. Chazarreta- Pedro E. Díaz

"La Siete de Abril" (zamba) fue registrada por don Andrés Chazarreta, como autor de letra y música, registro Nº 3049 de SADAIC. Letra Pedro Evaristo Díaz

I

Triste y con penas me voy
voy cantando esta canción
buscando consuelo en esta zamba
porque me ha pedido el corazón.

 

Lejos se escucha mi voz
y ella dice en su cantar
en aquellas noches silenciosas,
canto porque alivio mi pesar.


Otros andarán por ahí
igualitos como yo,
cantando tristes sus penas;
Zamba sos mi canción.

 

II

Como el perfume de flor
suave acompasada sos,
has hecho bailar a muchos criollos
haciendo vivir la tradición.

 

Tu melodía, quizás,
siempre ha sido para mí
la que muchas veces he soñado,
y así te nombré Siete de Abril.

 

Otros andarán por ahí
igualitos como yo,
cantando tristes sus penas;
Zamba sos mi canción.

Esta versión es la que más fue grabada por los artistas y más conocida.

La Zamba “La Siete de Abril”: Versión GOMEZ CARRILLO MANUEL

- VALLADARES LEDA. Registro Nº29306

1

Vengan al cerro a escuchar
como canta el montaraz;
clava su baguala en pleno cielo
con un alarido de orfandad.

 

Quien sale al campo a llorar
las vidalas del amor
queda engualichado bajo el monte
y entre los quejidos del tambor.

 

Zamba de largos sauzales
fiel rescoldo del peón:
que tu pañuelo al aire
nunca nos diga adiós.

2

Qué lindo es dejarse estar
bajo un viejo quebrachal,
cerca de las grandes salamancas
resollando todo el carnaval.

 

Nadie se quiera morir
sin gozar el carnaval,
sin echar la entraña de su canto
en el vuelo del polvaredal.

 

Zamba de triste follaje,
resolana del cantor,
que tu pañuelo al aire
nunca nos diga adiós.

La música es recopilación de Manuel Gómez Carrillo.

En cambio, esta versión es la que más me costó encontrar una versión cantada. Que gracias a la artista Miriam García compartió esta zamba grabada por ella que estará en un material que estará a la venta en Agosto 2015. Es una exquisita interpretación de La 7 de Abril.

La Zamba “La Siete de Abril”: Versión A. Chazarreta- DOMINGO LOMBARDI

La zamba 7 de Abril
vamos viditai a bailar
obligando gracias a tu perfil
Y encendiendo amor es tu mirar
con tú pañuelito ya gentil
y como queriéndote alejar

 

Una encendida pasión
acepto encanto sentir
dando una esperanza al corazón
porque tus desdén hace sufrir
no me quites alma esta ilusión
porque sin ella no podré vivir.

 

Criolla labios como flor
La que sol beso al pasar
Y brinda las dulzuras
De algarroba y chañar
No hagas la desventura
De quien te sabe amar.

 

Quiero volverte a cantar
en esta zamba mi dolor
al ver si por fin
puedo alcanzar
 y ser dueño de tu corazón
y en el pañuelito he de expresar
al rodear tu pecho mi intensión

 

Sobre tu frente pondré
Una corona triunfal
Con un amor constante y leal
Un liviano paso seguiré
Y en tu pollerita de percal
Flores de mis sierras prenderé.

 

Va esta zamba a terminar
Dando tregua a mi dolor
De negarme un consuelo
Mi alma tendrás valor
Y a tus pies mi pañuelo
Rindo en prueba de amor.
 

Grabado por: Julio Molina Cabral

POR OTRO LADO, SE GRABÓ OTRO TIPO DE VERSIÓN CON MÚSICA DE A. CHAZARRETA.

Y EN CANTO SE AGREGA UN ESTRIBILLO.

Me dicen que los conjuntos en los bailes en el campo arengaban para que la gente se arrimara a bailar.

Alberto Ocampo y sus Changuitos Violineros intérpretes de esta versión.

 “Adiós adiós mi Tucumán, tierra de donde nací cuna de mis abuelos te canto 7 de abril”.

SIETE DE ABRIL- M. GOMEZ CARRILLO-BLANCA IRURZÚN.

Sol de abril en Tucumán
Mil deseos de volar
Con sus madreselvas perfumadas
Y con su luz clara el rosedal
Enfrentando a Juan Manuel de Rosa
El jazmín de Tucumán

 

Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán

 

Canto de un 7 de abril
Luminoso y soñador
Haber la esperanza tucumana
Libre la mañana su esplendor
Hay un envainar  de resbalosas
Ya universal restaurador

 

Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán
 

Fte: http://raicesmusical.blogspot.com/

sábado, 16 de agosto de 2025

Zambas históricas: cuando la música guarda memoria de batallas y pasiones

Coplas que nacieron entre la guerra y la vida cotidiana siguen latiendo en el folclore del norte argentino. No fueron solo canciones: muchas veces fueron crónicas cantadas, pañuelos al aire que también hablaban de héroes, derrotas, amores y despedidas.



La zamba argentina no siempre fue únicamente un baile de miradas cómplices. La verdad es que, en más de una ocasión, se convirtió en una forma de contar la historia. En sus letras quedaron atrapados los recuerdos de luchas, de amores contrariados y de identidades que buscaban afirmarse. Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, en pueblos de Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja o Tucumán, las melodías no eran solo entretenimiento: eran relatos colectivos que sobrevivieron de boca en boca, como si fueran cartas que viajaban de generación en generación.

Zamba de Vargas: la voz de Atamisqui

Publicada en 1945 pero recopilada unos años antes en Villa Atamisqui, la “Zamba de Vargas” es el mejor ejemplo de cómo una melodía puede guardar la memoria de un pueblo. Los músicos populares Manuel Roldán Benavidez, José Antonio Sosa y Lindaora Roldán fueron sus portadores, pero detrás de ellos estaban los viejos arpistas de fama regional.

Y es que en sus coplas no se canta a cualquiera: se mencionan nombres como Varela, Elizondo y Chumbita, mientras los atamisqueños evocaban su paso por el Batallón Salavina bajo las órdenes de Taboada. Así, cada verso se volvía un testimonio de tiempos convulsos, donde la música era refugio y recuerdo.

Naranjo esquina: coplas unitarias

Contemporánea a la anterior, esta zamba nos lleva a la década de 1860. Allí aparece la figura del coronel José Miguel Arredondo, un militar uruguayo que perseguía a los derrotados de Pozo de Vargas por los valles del noroeste.

Además, tenía otros nombres que circulaban entre la gente: “Arbolito, arbolito”, “Cueca de Arredondo”, “Canto de los Unitarios”. La recopiló Andrés Chazarreta y, en sus coplas, política y épica se entrelazan. Estanislao Medina, los hermanos Saa, Varela… todos desfilan en la memoria cantada de un país que aún estaba lejos de encontrar paz.

Caspi Cuchara: la zamba de los soldados

El solo nombre ya despierta curiosidad: “Caspi Cuchara”, la cuchara de palo de los soldados. El aire marcial de esta zamba deja en claro su raíz militar. En Santiago se la cantaba hacia 1896, cuando los jóvenes eran llamados a la primera conscripción nacional.

En otros lugares adoptó apodos distintos: “La Artillera” en Salta, “La del 19” en Tucumán. Y aunque la tradición oral quiso vincularla a la Guerra del Paraguay, los investigadores coinciden en que su estructura es posterior, de fines del siglo XIX. De todos modos, cada vez que suena, parece que uno pudiera escuchar el eco lejano de marchas y clarines.

Zamba del 11: música y patriotismo

Dedicada al Regimiento 11 de Línea, que brilló en batallas de la Independencia y luego fue destinado al norte, esta zamba es puro homenaje.

Algunos la atribuyen al maestro Cañete, director de banda en Tucumán; otros al doctor Acuña en Catamarca. Incluso hay quienes hablan del maestro Bonfiglio, que publicó un álbum criollo en 1889. Más allá de esas disputas, lo cierto es que “La Zamba del 11” se convirtió en símbolo: una canción que acompasaba el paso de soldados y, al mismo tiempo, dejaba la emoción de una despedida en la voz de quienes los esperaban.

La Familiar y 🪘 La Huanchaqueña: entre pañuelos y fronteras

No todas las zambas nacieron al calor de la guerra. También hubo espacio para el amor y la melancolía. “La Familiar”, publicada por Chazarreta en 1923, es prueba de ello: en sus versos aparecen pañuelos blancos y celestes, lágrimas que lavan recuerdos y amores que parecen escaparse entre los dedos.

En cambio, “La Huanchaqueña” viajó desde Bolivia, ligada a Huanchaca, cerca de Potosí. Para 1914 ya había cruzado fronteras y se publicó incluso en París, gracias a Lugones. Con el tiempo, sus versiones se multiplicaron en Tucumán y en todo el norte argentino. Sus coplas, que hablan de oro, plata y ojos negros que fulminan de amor, se convirtieron en un canto compartido, un puente musical entre pueblos hermanos.

Un legado vivo

Cada una de estas zambas es más que una melodía: son pequeñas cápsulas de historia. En ellas resuenan las batallas, las despedidas de los conscriptos, el amor de quienes se quedaban esperando y el orgullo de una identidad en construcción.

Escucharlas hoy no es solo un acto cultural: es dejar que esas voces antiguas nos cuenten, otra vez, cómo el pueblo supo transformar dolores y alegrías en canto. Como si cada compás, cada pañuelo al aire, siguiera recordándonos que la música no olvida.


martes, 22 de abril de 2025

Zambita del Musiquero de Canqui Chazarreta

 


Este año una zamba ha tenido una especial difusión: la "Zambita del Musiquero". Su autor, Canqui Chazarreta, no es un desconocido: actuó hace más de diez años en diversos conjuntos tradicionales "de la vieja ola", dice él y en 1962 se presentó en emisoras porteñas como solista. Sin embargo, Canqui Chazarreta estaba formalmente retirado del folklore. Vive en Mar del Plata con su mujer y sus tres hijos va rones, dedicado a actividades comerciales. Este año, no obstante, una reminiscencia de su vena folklórica vino a golpearlo fuerte cuando su "Zambita del Musiquero" empezó a cantarse en todos lados y muchos con- juntos e intérpretes la interpretaron.

Chazarreta no es pariente de don Andrés Chazarreta, como muchos creen: el viejo tradicionalista santiagueño era oriundo de Loreto, mientras que los antepasados de Canqui lo son de Santiago. Así nos cuenta Canqui la creación de su "Zambita del Musiquero".

-Mi padre, que era abogado y santiagueño de ley, tenía un excelente oído musical -como todos los de nuestra tierra. De cuando en cuando, en los intervalos de sus tareas forenses, solía tomar su vieja guitarra y tocaba algunas armonías. Pero al modo antiguo, decía él; en la forma como los paisanos de mi tierra tocaban y cantaban...

"Claro -continúa diciendo Canqui- que nosotros, los hijos, teníamos otra modalidad musical. Lógicamente, los ritmos y las melodías más modernas nos sonaban en los oídos. A veces improvisábamos alguna chacarera, alguna zamba, y le preguntábamos a papá ¿qué te parece? ¿te gusta?". Y el viejo invariablemente nos decía que no es taba mal pero que eso no era lo auténtica mente santiagueño. Que lo nuestro tenía más fuerza, era más vigoroso...

-Supongo que a ustedes no les haría mucha gracia esos juicios...

-Por supuesto que no, pero los respetábamos porque, como digo, era un hombre muy conocedor. Después yo vine a Buenos Aires v actué como integrante de conjuntos o como solista. Con Arnedo Gallo compusimos "La Vuelta del Santiagueño" algunas otras cosas que andan por ahí. Pero siempre tenía en la memoria esos juicios de mi padre sobre lo que debe ser la música auténticamente santiagueña.

- ¿Y entonces?

-Más tarde fui abandonando mi actividad de folklorista. Debía tropezar con muchas cosas con las que no quería transar... Pero eso es otra historia. Lo cierto es que me instalé en Mar del Plata, con mi familia, y zambas y chacareras quedaron solo para mi propio solaz. Sin embargo, el "bichito" siempre me estaba picando... Un verano volví a Santiago del Estero. Fue como si allí los mensajes de la tierra me estuviesen dictando cómo debía componer esa zamba que estaba metida en mi corazón sin que pudiera salir afuera...

-Y fue ahí cuando nació la "Zambita del Musiquero"...

 

así, empezó a nacer, por lo menos. Salió el tema principal, los primeros versos, los recuerdos de Manogasta, aquello de las zambas que mi abuelo cantaba en quichua... Después fue cuestión de pulirla, arreglarla... Pero quedé contento: si mi padre la hubiera escuchado, esta vez hubiera sido aprobado por su severo juicio: esta vez era realmente una zamba santiagueña, con todo el aspecto campero, con la fisonomía netamente rural que yo deseaba....

-Y así empezó a correr su vida la Zambita del Musiquero"

-Primero tuvo un contraste: la envié al concurso Odol de 1963 y no obtuvo ninguna mención. Eso me decepcionó bastante. Pero después la tomaron Los Chalchaleros y ya empezó a caminar bien. Ahora está grabada por más de diez conjuntos o solistas. Este año ha tenido una gran difusión.

-Primero tuvo un contraste: la envié al concurso Odol de 1963 y no obtuvo ninguna mención. Eso me decepcionó bastante. Pero después la tomaron Los Chalchaleros y ya empezó a caminar bien. Ahora está grabada por más de diez conjuntos o solistas. Este año ha tenido una gran difusión.

Y eso me satisface mucho porque demuestra, además, que el folklore tradicional, fiel a la tierra, gusta mucho, gusta más que este folklore tipo "nueva ola" que algunos quieren imponer...

- ¿Y eso no lo anima, Canqui, a reiniciar sus antiguas inquietudes folklóricas?

-Las canciones tienen su destino y yo res peto el de la "Zambita del Musiquero Quién sabe todavía lo que el destino me reserva a mí…

DISCOGRAFÍA DE "ZAMBITA DEL MUSIQUERO"

Las Chaichaleras

Los Fronterizes

Los de Seite

Las Ariscas

Los Cantores de Salavina

Elba Lucero

Los Cantores Argentinas

Tomás Tutu Campos

Miguel Sarevia

Horacio Guarany

Publicada originalmente en Revista Folklore

sábado, 19 de abril de 2025

La Catamarqueña


 Existe en el cancionero de raíz folclórica tradicional de nuestro país, una zamba emblemática que tuvo una ajetreada vida desde su nacimiento hasta nuestros días.

Se trata de La Chujchala (en Santiago del Estero), La Mechuda (en Tucumán) y en Catamarca conocida como La Catamarqueña, La Catamarqueñita o Tejedoras Belenistas.

Todo indica que se trata de una canción folclórica, una canción popular tradicional, es decir se trata de coplas generalmente de origen anónimo (o de dominio público) que se transmiten sin registro, oralmente, de generación en generación. No son el vehículo de expresión de una persona o artista individual sino de una comunidad, es decir su autor se perdió en el tiempo y el pueblo o los musiqueros populares la tomaron como propia.

Rastreando viejos registros y crónicas del siglo pasado, figura como registrada en SADAIC con varios nombres.

Existe o existía un archivo en la Biblioteca del Conservatorio de Bahía Blanca, se trata de una partitura de unas 20 páginas donde esta zamba, con el nombre de “La Mechuda”, figura como recopilada por Eugenio Rodríguez Ascencio (Cárdenas), M. Hernández y Rafael Rossi, dentro de una obra llamada «Arte nativo argentino: de motivos, danzas y cantos regionales del norte»

En 1938, esta zamba es grabada por Rafael Rossi y su Trío en el disco de pasta (78 rpm) Nº 9932 del sello Odeón (Boletín Oficial de la República Argentina de 1938, 1º sección).

Otro de los antecedentes de esta zamba es una grabación de 1952 del emblemático músico y recopilador santiagueño Andrés Chazarreta,que la incluye en su álbum para piano “Bailes Criollos” con el nombre de“La Catamarqueña”.

En 1953 Chazarreta la registra en SADAIC como su compositor.

En 1954 Eugenio Rodríguez Ascencio (Cárdenas), M. Hernández y Rafael Rossi la registran en SADAIC en calidad de compositores y autores con el nombre de “La Mechuda”.

Todo indica que hasta aquí solo se trata de un tema instrumental. Otro santiagueño, Felipe Contreras graba el álbum «Mañanitas Loretanas» que en la pista 1 incluyen La Mechuda, zamba, Rossi y Cárdenas. Al escucharla, la música no es igual a las demás versiones.

Con el tiempo empieza a aparecer con letras, que varían según sean los supuestos autores.

Don Atahualpa Yupanqui la nombró como «La Mechuda», pero interpretando la música de «La Catamarqueña» de A. Chazarreta, con varios arreglos para guitarra.Don Ata, en 1956, graba en Radio Splendid “La Mechuda”, zamba tucumana y en el sello EMI-Odeón, en 1976, “La Mechuda”, zamba popular. Una vez en Alemania –en vivo-la interpreta en un solo de guitarra, presentándola como «La Mechuda-Nostalgia», zamba tucumana y al comenzar la segunda parte, recita magistralmente, parte de un poema del peruano José Santos Chocano.

En Santiago del Estero se la denominó «La Chujchala» (de chujcha, que en quechua se refiere a pelo, cabello. En nuestros días se la pronuncia deformada, puesto que es más fácil incorporar una s y no una j). El compositor santiagueño Nicolás Gennero hace una recopilación y adaptación de esta pieza popular anónima.La Editorial LAGOS en 1955, publica con el título La Chujchala, zamba tradicional santiagueña, recopilación y arreglo de Segundo N. Gennero, que la registra en SADAIC como zamba tradicional.

Varios folkloristas le incorporan letra a esa música, uno de ellos es otro santiagueño, Eduardo «Turco» Manzur.

 “La Catamarqueña” es el título con que es mayormente conocida y la mayoría de las grabaciones son sobre la melodía original, así lo hizo en su recopilación Eduardo Falú a la que Manuel J. Castilla le puso letra. Así está registrada en SADAIC bajo el Nº 332238.

Sin embargo, en 1983 Castilla y Falú vuelven a registrarla con el nombre de “Tejedoras Belenistas” (en plural), donde Falú le agrega un estribillo e hizo una versión cantada.

En el programa social “Andrés Chazarreta”, de la Dirección Nacional de Artes, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, obra una partitura con el título “La Chujchala (La Catamarqueña) ”zamba de autor anónimo, revisión de Ariel Ramírez, arreglos de Carlos «Zurdo» Álvarez.

Todo indicaría que la música es un tema anónimo llamado "La Chujchala" del campo santiagueño, presumo ello debido a lo siguiente:

A unos 14 km al NO de Termas de Río Hondo, por el camino que va a la Cañada de Talapozo (pozo, aguada o laguna del tala), se encuentra el paraje llamado Tagamampa. Se trata de un sitio arqueológico relativamente importante en la zona. En las depresiones cercanas, rodeadas por barrancas, se juntan varias vertientes que dan origen al arroyo Chuschala, que, cruzando la ciudad de Termas, vuelca sus aguas –generalmente en cantidades insignificantes- en el río Dulce. (Arqueología santiagueña: un diseño de investigación para el Formativo Inferior. Fase explorativa. Roque Manuel Gómez).

Si me voy, volveré hecho sombra, dolido otra vez
 
La tierra por dentro, de tanto cantarla me quema
 
y mi boca quiere florecer
 
La tierra por dentro, de tanto cantarla
 
Me quema y mi boca quiere florecer
 
Yo sé que me verán hombre solo, sentido, llorar
 
Porque Catamarca me crece en la sangre
 
Como crece el río desde el arenal
 
Porque Catamarca me crece en la sangre
 
Como crece el río desde el arenal
 
Tejedora belenista, telar en flor
 
Hila con hilo de luna la pena con la canción
 
Agüita de olvidos bebo de tus manos
 
Ardido en el fuego de mi corazón
 
Hombre que, por andar, llena su alma con su soledad
 
Siente a Catamarca, sus viejos rastrojos
 
La canta, la nombra para no llorar
 
Siente a Catamarca, sus viejos rastrojos
 
La canta, la nombra para no llorar
 
Mi Belén, no hay adiós, es el tiempo de azul vendimial
 
Por donde me vaya me sigue esta zamba
 
Y en su pañuelito florece el nogal
 
Por donde me vaya me sigue esta zamba
 
Y en su pañuelito florece el nogal
 
Tejedora belenista, telar en flor
 
Hila con hilo de luna la pena con la canción
 
Agüita de olvidos bebo de tus manos
 
Ardido en el fuego de mi corazón

Fuente: El Ancasti 

Negro Aroca – Catamarcano

Docente, escritor, guía y experto en turismo


lunes, 7 de abril de 2025

Siete de abril: Día Nacional de la Zamba

 

Hay muchas historias que intentan explicar por qué el 7 de abril se celebra el día de la Zamba argentina. Una de ellas menciona que en el año 2000, Marcelo Ábalos, conocido como Machaco, se despidió de este mundo "agitando pañuelos". Así, cerraba un capítulo de más de cincuenta años de música nacional, donde cinco hermanos, "Los Ábalos", llenaron de vida y anécdotas la historia musical de nuestro país, especialmente en Santiago del Estero.

No sé, pero hay algo misterioso en esta zamba; su origen parece envolverse en leyendas que se cuentan alrededor de fogatas, entre sombras y chisporroteos.

Lo que parece casi seguro (un compilador podría decir: "totalmente seguro") es que esta hermosa zamba no es de Chazarreta. El gran maestro de Santiago la registró como compositor. Sin embargo, en Chazarreta no encontramos la mala intención que Francisco Canaro tuvo en la música ciudadana.

Los Hermanos Ábalos afirmaban que nunca se sabría quién fue su autor. En resumen, lo que se conoce hasta ahora es que esta zamba, madre de todas las zambas de tres vueltas —lo que ya la convierte en una "rareza"— es de Autor Anónimo, recopilada por Don Andrés Chazarreta a principios del siglo pasado y registrada en 1916. Si no hubiera sido por él, seguramente se habría perdido.

Desde entonces, ha habido un gran debate entre santiagueños y tucumanos sobre su verdadero origen. La gran Isabel Aretz sostiene que el autor sería el Ñato Carrillo, un violinista tucumano que falleció en 1911. Pero ella no lo dice porque lo haya descubierto, sino porque lo afirmaba un tradicionalista llamado Rafael Oliva, quien también era tucumano. Aunque, curiosamente, la familia "Carrillo" tiene más raíces santiagueñas. Ahora, en cuanto a confirmar su origen...


viernes, 8 de noviembre de 2024

La Lopez Pereyra

 


..O quizás un cuchillo o vaya uno a saber de qué desgraciada manera fatal, este compositor bohemio y músico empedernido despenó a la causante de sus descontrolados celos. Lo indudable es que don Artidorio Cresseri estuvo enamorado hasta los huesos de la víctima de la demencial actitud. Y si no ha sido así, cómo pudo recordarla en su forzado encierro de una manera tal que no recuerdo salteño y muchísimos más que no la cante o la sepa (mal, regular o bien) y la entone como algo propio y por su cualidad de innegable himno salteño.

El contexto metafórico no conlleva ni un dejo de despecho, rabia, indignación o algo muy oculto o “entre líneas” que deje entrever “algo” de pequeñez o chatura. Todo el texto es una tristísima elegía de enamoradísimo ser que, ante la adversidad irreversible, derrama su alma en cada verso y como remate ruega “al Dios piadoso resignación...”

El título de tamaña zamba no tiene nada que ver con la historia, la leyenda, del cómo, del cuándo y los porqué del contenido sentimental del poema. El doctor Carlos López Pereyra, abogado, recibe el agradecido homenaje de Don Artidorio por haberlo “salvado” quizás de una cadena perpetua por su demencial delito, al conseguir la absolución del imputado (Don Artidorio) por “emoción violenta”.

“La López Pereyra”, himno de los salteños y apropiada por innúmeros conocidos e ignotos intérpretes, sigue viva y con muy buena salud en la memoria del pueblo. Ojalá todos los dramas pasionales dejaran canciones de este calibre.

La zamba creció sola, no necesitó de promoción alguna. Se “fue” de Salta como el viento, sin rumbos. Hasta que ocurrió todo lo conocido como “juicio por paternidad autoral” cuando un tal Don Andrés la halló sin que Don Artidorio la perdiera. Pero, el argumento de más peso fue el título y las constancias legales desbarrancaron cualquier fundamento que soño fundamentar el “hallador”.

El Dr. López Pereyra vivó en la ciudad de Salta en la calle “La Florida” al 484 aproximadamente y se comprobó su actividad y las circunstancias en las que se constató su activa participación en el triste hecho que le tocó vivir al pobre Don Artidorio.

Todo lo aquí expresado tiene más de recopilación versionada generacionalmente y no tiene ninguna otra intencionalidad que la de hallarle al magnífico texto poético ese “por qué” fue escrito y cantado.

Sin ningún tipo de “dardo encubierto” invito a que repasemos su sinigual carácter y, porque no, esa estructura literaria que, asociada a la fantástica melodía, hacen una obra, diría, insuperable hasta el presente. Vamos pues a su letra conociendo ya, al menos, una versión más de su historia ¿o leyenda? Fuente: www.portaldesalta.gov.ar