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viernes, 31 de julio de 2026

La leyenda del viento norte

 


Un joven indio, dotado con bondad por la naturaleza en su escultural cuerpo, vivía por los valles, usando de su habilidad como cazador para matar por gusto los animales de la zona.

Cuando se disponía distraerse de ese modo, subía a las cumbres y hacía sonar su cuerno de cazador, cuyo interminable eco se multiplicaba por los lejanos desfiladeros.

Se unían a él otros compañeros feroces que le seguían en sus correrías y entre los que tenía gran prestigio por su destreza, a tal punto, que le habían conferido la autoridad de cacique.

Las alpacas, vicuñas y llamas, como así las aves y animales, temibles huían en cuanto lo divisaban.

Su conducta empezó a disgustar a Llastay, protector de los seres irracionales.

Un día, después de exterminar una familia completa de guanacos, se acostó debajo de un algarrobo a dormir una siesta, entonces fue despertado por los reproches del dios.

Le anunció que Pacha-Mama, la madre tierra que todo lo creó, habría de castigarlo.

Al principio el indio, atemorizado se contuvo, pero al tiempo, volvió con más crueldad a la caza innecesaria de animales, sólo lo hacía por placer.

Fue entonces que Pacha-Mama desencadenó su castigo sobre el soberbio aborigen. Se levantaron nubarrones en polvo arenoso y cálido. Sus seguidores dominados por el espanto se dispersaron. Luego inútilmente lo llamaron, ya no podían verlo, sólo oían su voz, entre la polvareda arenosa. El silbido del viento reemplazó a su cuerno de caza.

Y en eso consistió el castigo, en que quedó arrebatado por el viento, clamando y pidiendo perdón por sus maldades.

Su música y su lamento se pierden hoy por las quebradas y llegan hasta las pircas, que rodean los ranchos, pero su recuerdo es tan ingrato, que la gente se encierra, para no sufrir la sofocante atmósfera que trae su proximidad.

viernes, 18 de abril de 2025

El viento norte

 


"El viento norte, que azota sin misericordia la zona norte, sigue revelándose un verdadero Torquemada del sistema nervioso en la zona central, y empieza a ser menos odioso cuando llega al sud. Porque los vientos, como los demás viajeros, reciben impresiones modificatorias en todos los territorios que recorren, por más que pretendan mantenerse refractarios contra la influencia local.

El viento norte es un verdadero agente de iniquidad para el sistema nervioso. Esa influencia es fatal entre nosotros; mientras sopla este antipático mensajero del norte se observan los síntomas de una acción deprimente sobre las condiciones físicas y morales de las personas. Los que sufren intermitentemente ataques neurálgicos se resignan a soportar un día tribulado; los dispépticos luchan contra la pereza incorregible de su estómago; los individuos de una susceptibilidad delicada se ponen biliosos, y en general las aptitudes hacia el bien se postran, y las tendencias hacia las intemperancias del carácter entran en su fase aguda. Todo asume una fisonomía de cansancio y fastidio, como si de repente el fatalismo de algunos pueblos orientales se hubiese enseñoreado de nuestro ambiente.

Días críticos pueden llamarse aquellos en que el viento norte recorre nuestras calles desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde; y si más de una casa de familia permanece cerrada, si el piano se queda mudo en las horas de recreo doméstico, si las tiendas esperan inútilmente la señorita que va en busca de algo para confeccionar una imitación de la última moda; si el entusiasmo ha sido desterrado de la fisonomía del pueblo, no es difícil reconocer que el responsable de tanto abandono es ese viento que sopla impregnado de principios malignos".

Lorenzo Fazio, "Memoria descriptiva de la provincia de Santiago del Estero", Buenos Aires, 1889 - Tomado de "Historia de ciudades. Santiago del Estero", recopilación de Alberto Tasso, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1984.

Foto: jsk-sde.blogspot.com.ar/