viernes, 13 de marzo de 2026

Fidel Lucero, el fuellista que iluminó la música santiagueña

Su vida estuvo marcada por la ceguera, pero también por la música. Desde los pueblos del oriente santiagueño hasta los estudios de radio en la capital, Fidel Antonio Lucero dejó una huella silenciosa en la historia del folclore provincial.



Un nombre que merece volver a escucharse

La historia de la música nativa en Santiago del Estero se construyó con el trabajo de muchos músicos que, con el paso del tiempo, quedaron fuera de la memoria colectiva. Sin embargo, su aporte fue fundamental para consolidar el prestigio que hoy tiene la música de raíz folclórica.

Entre esos nombres aparece Fidel Antonio Lucero, recordado por muchos como “el inolvidable fueyero ciego”. Su trayectoria se desarrolló en una etapa clave para la cultura musical santiagueña, cuando la radio, los teatros y los encuentros populares eran el centro de la vida artística.

Infancia entre Cejolao y Añatuya

Fidel Lucero nació en 1918 en Cejolao, un pequeño poblado del departamento Moreno, en el oriente santiagueño. Desde su nacimiento fue no vidente. Poco tiempo después, su familia decidió trasladarse a la ciudad de Añatuya, donde pasó su niñez y su adolescencia.

Fue en esos años cuando apareció la música. Su padre, Tomás Lucero, notó que el niño tenía una inclinación natural y decidió regalarle una armónica. Ese fue el primer instrumento que pasó por sus manos.

Con el tiempo llegaron otros. Primero el acordeón y más tarde el bandoneón, el instrumento que terminaría definiendo su estilo.

El primer escenario

En 1928 comenzó a estudiar música con el maestro Segundo Ruiz, quien le enseñó los primeros acordes y tonos. Aprendió rápido. Para 1934 ya estaba preparado para presentarse en público.

Su debut ocurrió en el Teatro Empire de Añatuya, donde interpretó tangos y valses. En aquellos años los teatros del interior funcionaban como espacios centrales para la música popular. Allí se formaban muchos de los músicos que después seguirían carrera en otros escenarios.

La radio y el ambiente musical santiagueño

En 1937 Fidel Lucero decidió trasladarse a la ciudad de Santiago del Estero. Con el tiempo logró incorporarse como músico a la orquesta estable de LV11 Radio del Norte, una de las emisoras más importantes de la provincia.

La radio era entonces un espacio clave para la difusión musical. Desde allí acompañó a cantores locales y también a artistas nacionales que pasaban por la emisora.

Ese ambiente le permitió relacionarse con músicos muy reconocidos de la época: Rosario “Chori” Paz, Pedro “Apalo” Villalba, Héctor Carabajal, Justo Marambio Serrano y José Alberto Pérez. También compartió escenario con cantores como Orlando Ávila, Luis Moqui y Sergio Díaz.

Un aporte a la música de raíz

Fidel Lucero fue parte de una generación que ayudó a consolidar el lugar del folclore santiagueño en el país. Algunas de sus interpretaciones quedaron registradas en la obra integral Santiago del Estero desde sus coplas al país, editada a comienzos de los años setenta.

Ese material, hoy poco difundido, conserva parte de su trabajo y de la sonoridad de una época en la que la radio y los músicos locales sostenían el crecimiento de la música popular.

Un legado que permanece

Fidel Antonio Lucero falleció en la década de 1990. Sus restos fueron sepultados en el cementerio La Misericordia, en la ciudad de La Banda.

Su nombre no siempre aparece en los relatos más conocidos sobre la música santiagueña. Sin embargo, su aporte forma parte de esa trama de músicos que, desde distintos lugares, ayudaron a darle prestigio y proyección al arte nativo.

Cierre

Recordar a Fidel Lucero es volver sobre una parte de la historia musical de Santiago del Estero que muchas veces queda en segundo plano. Su vida muestra el recorrido de un músico que encontró en el bandoneón una forma de expresión y un lugar dentro de la cultura popular de su tiempo.

Rescatar estos nombres no es solo un gesto de memoria. También es una forma de entender cómo se fue construyendo la identidad musical de la provincia, pieza por pieza, músico por músico.


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