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domingo, 23 de agosto de 2026

Felipe Corpos: la voz quichua que encendió un fuego en Santiago del Estero

Poeta, payador y militante cultural, fundador del Alero Quichua Santiagueño. Su vida fue breve, pero su legado continúa iluminando la memoria y la identidad de un pueblo.




El eco de una lengua ancestral

Cuando se habla de las raíces culturales de Santiago del Estero, el nombre de Felipe Benicio Corpos aparece como una de esas presencias que, aunque breves en el tiempo, dejan huella. Fue poeta, payador, quichuista y uno de los impulsores de un movimiento clave en la defensa del patrimonio lingüístico del norte argentino: el Alero Quichua Santiagueño.

Hablar de él es, inevitablemente, hablar del quichua. Esa lengua que llegó desde los Andes y encontró en Santiago un territorio donde echar raíces propias. Resistió siglos de desprecio y silenciamiento, pero siguió viva en las casas, en las coplas, en los rezos, en las charlas de patio. Felipe entendió temprano que no alcanzaba con resistir: había que darle un lugar visible dentro de la cultura argentina.

Su vida, atravesada por la pasión y el compromiso, también refleja una época en la que las tradiciones luchaban por no quedar arrasadas por la modernidad. Su historia permite ver cómo un hombre del interior del departamento Figueroa logró encender una llama que todavía sigue prendida.

Infancia entre el monte y la lengua quichua

Felipe nació el 23 de agosto de 1935 en Villa Figueroa. Creció en Los Nogales, Pampa Muyoj, en un entorno donde el quichua no era algo excepcional: era el idioma cotidiano. Se hablaba en la familia, en el trabajo, en la vida diaria.

A los nueve años se trasladó a la ciudad de Santiago del Estero con sus padres. Allí terminó la secundaria en la Escuela de Comercio Antenor Ferreyra y se recibió de Perito Mercantil. Ese cambio marcó una tensión que lo acompañaría siempre: el paso de un mundo campesino, íntimamente ligado al quichua, a un espacio urbano donde esa lengua quedaba al margen.

Más tarde viajó a Córdoba para estudiar Abogacía. Cursó tres años y entró en contacto con ambientes universitarios y políticos. Ese paso seguramente reforzó su mirada sobre la situación de las lenguas originarias. Sin embargo, decidió volver. Su camino no estaba en los tribunales, sino en la defensa cultural.

El encuentro con Sixto Palavecino

En 1968, ya de regreso en Santiago, conoció a Sixto Doroteo Palavecino. El vínculo fue inmediato. Compartían la misma preocupación: el quichua seguía vivo, pero recluido, sin reconocimiento público.

Mientras buena parte de la sociedad lo consideraba un idioma menor, ellos lo veían como un núcleo cultural profundo. De esa coincidencia nació una amistad y un proyecto común que terminaría cambiando el panorama cultural de la provincia.

Nace el Alero Quichua Santiagueño

El 5 de octubre de 1969, junto a Vicente Salto y Domingo Antonio Bravo, dieron forma al Alero Quichua Santiagueño. Empezó como un programa de radio, pero rápidamente superó ese formato.

Tenía algo distinto: por primera vez, la radio abría un espacio en lengua indígena en Argentina. No se trataba de hablar *sobre* los campesinos, sino de que ellos mismos tomaran la palabra. Desde distintos puntos de la provincia, la gente participaba con relatos, canciones y coplas.

Felipe lo definía con claridad en una de las aperturas del programa: una voz que se eleva desde el Santiago quichua para mostrar su cultura desde adentro. No era una consigna. Era una forma de devolverle dignidad a una lengua.

Escuelas y expansión

El impacto fue rápido. En 1971 se creó la primera filial en Villa Atamisqui, y después llegaron otras en Córdoba, Buenos Aires y Tucumán.

Pero el crecimiento no fue solo territorial. También hubo un impulso educativo fuerte. Se promovieron escuelas de quichua y, en 1973, se incorporó la cátedra de Cultura Quichua en el profesorado provincial. Ese mismo año se dictaron cursos en distintos puntos de Santiago.

El desafío era grande: enseñar a escribir una lengua que durante siglos se transmitió de forma oral. Aun así, la respuesta fue positiva. El quichua empezaba a salir del ámbito doméstico y a ocupar espacio en las aulas.

Discos y debates culturales

El Alero también impulsó proyectos discográficos. En 1971 se editó un disco documental del canto quichua con el sello Diapasón, con apoyo de Alfredo Ábalos. Allí se incluyó la traducción al quichua del Martín Fierro, realizada por Vicente J. Salto.

En 1973, Felipe organizó una mesa redonda radial sobre el origen de la chacarera. Un tema que, todavía hoy, genera discusión. Ese mismo año se lanzó el disco *Santiago del Estero, desde sus coplas al país*, que amplió la difusión de la cultura local.

El poeta detrás del proyecto

Más allá de su rol como gestor, Felipe era poeta. Escribió letras que luego se transformaron en canciones populares, muchas musicalizadas por Sixto Palavecino. De ahí nacieron piezas como El sacherito, Mi tata sabía canta, Pa’ que bailen o La ñaupa ñaupa.

También trabajó con otros músicos en distintas composiciones. Parte de su obra fue grabada, pero otra sigue inédita. Ese material, todavía disperso, es un reservorio cultural que espera ser recuperado.

Compromiso con la vida cotidiana

Para Felipe, la lengua no era un objeto aislado. En sus programas hablaba de la vida rural, de prácticas agrícolas, de saberes transmitidos de generación en generación. Recuperaba refranes, cuentos, formas de entender el mundo.

En 1974 participó en la creación de la Sociedad de Folkloristas Santiagueños. Ese mismo año lanzó el programa *Domingos Santiagueños*, donde profundizaba en temas vinculados a la identidad local.

También colaboró con investigaciones en historia, arqueología y lingüística. Su objetivo era claro: mostrar que la cultura popular no era un adorno, sino un sistema de conocimiento.

Una vida breve

El 13 de diciembre de 1974, un accidente terminó con su vida. Tenía 39 años. La pérdida fue fuerte y dejó un vacío difícil de cubrir.

Sin embargo, su trabajo no se detuvo. El Alero siguió, las escuelas continuaron, y su nombre empezó a consolidarse como referencia dentro de la cultura santiagueña. Hoy lo recuerdan en espacios públicos y en instituciones educativas que llevan su nombre.

Una herencia que sigue

La historia de Felipe Corpos muestra algo concreto: la cultura no se sostiene sola. Necesita gente que la empuje, que la defienda, que la haga visible.

El quichua santiagueño sigue vivo en gran parte por ese tipo de esfuerzos. Cada vez que se canta en esa lengua o alguien la aprende, hay una continuidad que no se cortó.

Su legado no es abstracto. Está en la voz de la gente, en la música, en las palabras que todavía circulan. Y deja una pregunta abierta, bastante directa: qué estamos dispuestos a sostener para que no desaparezca.

Fuentes consultadas:

Alero Quichua Santiagueño- Diario El Liberal-Diccionario Cultural Santiagueño-María Teresa Papalardo-Antología de poetas santiagueños-Alfonso Nassif.

 

miércoles, 8 de julio de 2026

El guardián del dial: Cómo "Huesito" Pérez le abrió las puertas de la radio al quichua santiagueño

Antes de que el Alero Quichua fuera un símbolo cultural, hubo un hombre que cedió su espacio en LV11 para que Sixto Palavecino cumpliera su sueño. Conocé la historia de José Alberto Pérez, el bandoneonista y dirigente que fue el puente fundamental para que nuestra lengua originaria saliera al aire.



Por Leyendas del Folclore Santiagueño

Corría la década del sesenta y la radio era el rey absoluto de los medios. En Santiago del Estero, el éter estaba poblado de voces, pero había un silencio ensordecedor: la lengua quichua, el latido ancestral de la provincia, parecía no tener lugar en las frecuencias oficiales. Para Sixto Palavecino, ese vacío era una herida. Su sueño era claro: llevar la cultura, la poesía y la palabra quichua a los parlantes de cada hogar santiagueño. Pero los sueños, para hacerse realidad, necesitan de alguien que esté dispuesto a girar la perilla. Y ese hombre fue José Alberto "Huesito" Pérez.

El "sí" que cambió la historia cultural

La historia del rescate radial del quichua no puede desligarse del nombre de Don José Alberto Pérez. Por aquel entonces, Pérez era una figura respetada en el ambiente folclórico y, desde 1958, se desempeñaba como director interino de la legendaria LV 11 Radio del Norte.

Sixto, que ya había pisado los estudios de la emisora actuando junto a sus hijos y contaba con tres discos grabados, sabía a quién debían recurrir. Junto a Felipe Benicio Corpos, Vicente J. Salto y un grupo de entusiastas, le pidieron a Pérez un espacio para difundir la lengua.

Hubo cierta resistencia inicial; los tiempos y los formatos de la radio comercial no eran sencillos de doblegar. Pero Pérez, lejos de ser un burócrata, era un hombre de profunda inquietud cultural y alma de músico. Entendió la magnitud del pedido y accedió. Así, los días domingos a las 11 de la mañana, nació la "Audición Quichua". Fue un 6 de octubre de 1969 cuando el mensaje quichua-castellano comenzó a irradiarse, marcando el génesis de lo que más tarde sería el monumental Alero Quichua Santiagueño.

Un bandoneón con alma de tierra adentro

Para entender la generosidad cultural de "Huesito" Pérez, hay que mirar su origen. Nació en San Miguel de Tucumán, pero el destino quiso que sus padres lo registraran en Santiago del Estero un 19 de mayo de 1913. Y santiagueño se volvió en cada acorde.

Desde temprana edad abrazó el bandoneón, transitando con la misma solvencia el tango, la música clásica de la mano de la Orquesta de Salvador Carfí, y el folklore profundo. Su casa y la de su cuñado, Don Miguel Simón, eran el epicentro de las peñas y fiestas familiares. Allí, entre mates y guitarras, "Huesito" compartía mesa y música con gigantes como Hugo Díaz, Antonio Faro, Cachilo Díaz y Sara Cartier.

Su huella en la música provincial es indeleble. En 1938 integró el histórico conjunto "Los Criollos" junto a Antonio Ríos, Amabrio Luna y Juan de Dios Gallo. Cuentan las crónicas de la época que fue el propio "Huesito" quien, con su ojo avizor, les sugirió a Leocadio del Carmen Torres y Onofre Paz el nombre que los haría inmortales: Los Manseros Santiagueños.

El compositor y el dirigente

Más allá de su rol como facilitador cultural en la radio, Pérez fue un creador prolífico. Socio de SADAIC, su cancionero es un reflejo de la idiosincrasia local. De su pluma (y de su fuelle) nacieron joyas como la chacarera "Inti Sumaj" (con letra de Fortunato Juárez), el gato "El Amoroso", la vidala "Por una preciosa flor" y "Yacu Mishqui", en coautoría con Fidel Lucero.

Pero su compromiso con la provincia iba más allá de la música: también se desempeñó como dirigente del Club Atlético Mitre, demostrando que su amor por Santiago abarcaba todas las instituciones que la hacían grande.

Las huellas invisibles

Don José Alberto "Huesito" Pérez falleció el 7 de julio de 2001. Hoy, tal vez sean pocos los que conocen en profundidad su vida y obra. La historia suele recordar con más facilidad a las voces que brillan en el escenario, pero rara vez se detiene a agradecer a las manos que construyeron ese escenario.

Pérez fue uno de esos arquitectos invisibles de nuestra identidad. Sin su visión, sin su apertura en la vieja LV 11, el camino de la lengua quichua hacia la masividad habría sido mucho más oscuro y silencioso.

La próxima vez que sintonices un programa de folklore, o escuches la dulce cadencia del quichua en la radio, haz un alto. Recuerda que antes de que fuera una política de Estado o un fenómeno cultural masivo, hubo un bandoneonista llamado "Huesito" que decidió que esa lengua merecía, por derecho propio, un espacio en el dial.


miércoles, 22 de abril de 2026

Don Vicente Salto



Vicente Javier Salto Taboada nació el 12 de Marzo de 1.913 en Tajamar, propiedad de sus mayores en el departamento Figueroa, zona habitada por quichuistas, cerca del Río Salado.

Su abuelo, el General Antonino Taboada, arengaba a la tropa en quichua, que era el idioma común a los combatientes de la época. La familia Salto Taboada conservaba el quichua en un estado de casi total pureza, sin las castellanizaciones que son habituales. También hablaban un buen castellano.

Autodidacta, sin haber cursado estudios superiores, Don Vicente Salto era un hombre culto, con un excelente vocabulario, ortografía correcta, poeta, buen guitarrista y cantor.

En su poesía se puede percibir el nivel cultural de "Don Vichi", como le decía Don Sixto Palavecino. Tomamos por ejemplos el poema Huahuálay (Mi Hijita), o el consejo para ser prudente expresado en Manarajchu (Aún no es Tiempo). La vidala Uchallicuychu (No debes pecar), con música de Don Sixto, es una serie de coplas con enseñanza moral. El gato Parachcansa (Dicen que llueve), con música de Don Sixto, y el poema Parachúntaj (Que llueva), musicalizado para chacarera por Guillermo Orellana, expresan la alegría del paisano santiagueño ante la lluvia. Todas estas obras tienen dos versiones: quichua y castellano. Parte de su obra ha sido publicada en el folleto Para Yacu (Agua de Lluvia). También creó temas folclóricos en castellano, como la chacarera Una y Otra.

Invitado por Felipe Corpos, formó parte del grupo inicial del Alero Quichua Santiagueño y Presidente de la primera Comisión Directiva. Fue cantor, recitador, relator de cuentos y dialogante quichuista en la audición radial. También enseñó en la Escuela de Quichua del Alero.

Con mucho esmero fue traduciendo poco a poco estrofas del Martín Fierro, cuidando de mantener el sentido del mensaje hernandiano, la métrica, la rima y la pureza del quichua. Parte de esa traducción ha sido grabada en el disco Volumen 3 del Alero Quichua Santiagueño, editado en adhesión al centenario de la publicación de El Gaucho Martín Fierro. En ese disco, Don Vicente Salto recita una estrofa antes de cada tema musical y de un cuento en quichua relatado por él mismo.

Su salud se deterioró seriamente en 1.977, por lo que se alejó del Alero Quichua y sus otras actividades públicas. Falleció el 21 de Abril de 1.978 en la ciudad de San Miguel de Tucumán.

Fuente: Victor Hugo Sayago

sábado, 28 de marzo de 2026

Cuando el quichua era vergüenza: la vida de Don Sixto Palavecino

Entre violines, chacareras y palabras heredadas, construyó una obra que habla del monte, del desarraigo y de una lengua que se negó a desaparecer.

 

Foto: José Luis “Ducky” Ducournau

Hay trayectorias que no hacen ruido al principio. La de Don Sixto Palavecino fue así. Empezó de joven, escribiendo en quichua y poniendo música a esas letras, armando su propio repertorio sin vueltas. Con el tiempo, esa práctica íntima se volvió una marca clara: cantar lo que otros no estaban diciendo.

Un repertorio que nace de lo vivido

Desde los años treinta ya componía. Primero la palabra, después la música. Todo en quichua. No era una elección estética: era su forma natural de expresarse.

En 1954 registró sus primeras obras, pero esas canciones ya circulaban mucho antes. Hablaban del monte, de la vida diaria, de lo que pasaba en serio. No había maquillaje. Aparecía el paisaje, sí, pero también los problemas.

El éxodo santiagueño fue uno de los temas que más trabajó. En "Llajtaymanta llojserani" se mete de lleno en el desarraigo. En "Viaje de la pastorcita", en cambio, pone el foco en las jóvenes que se van con una idea idealizada de la ciudad. La letra muestra ese contraste: lo que se sueña y lo que se pierde.

De la vergüenza al orgullo

Hubo un momento que lo marcó. Leyendo el diario, se enteró de que Domingo Bravo enseñaba quichua en Santiago. Eso lo sacudió.

En su entorno, hablar quichua no siempre era bien visto. Había burlas, silencios incómodos. A veces directamente se lo evitaba. De ahí salió "Penckacus causaj carani" - "Avergonzado vivía".

En esa chacarera aparece esa incomodidad: el quedarse atrás cuando otros hablaban en castellano, el callarse para no exponerse. Pero también aparece el giro. Con el tiempo, lo que era motivo de vergüenza empezó a valorarse. Y él dejó de esconderse. Empezó a cantar en quichua con más decisión.

Una peluquería distinta

En 1969 abrió una peluquería en Santiago del Estero. Tenía lo básico: espejo, sillón, muebles sobrios. Pero el clima era otro.

Mientras los clientes esperaban, tocaba. Chacareras, gatos, escondidos. A veces con guitarra, otras con violín o bandoneón. Era una peluquería, pero también un espacio donde la música aparecía sin aviso.

Algunos días estaba tranquila. Otros se llenaba. Pasaron figuras como Horacio Guarany o Héctor Larrea. También equipos de televisión que caían a grabar.

Una escena simple lo resume bien. Un chango entra y Sixto le dice: "¿Quién te ha cortao tan fiero?". El chico responde: "Usted, Don Sixto". Y él, sin perder el tono: "Ehh... te ha crecio desparejo, chango". Seco, directo.

El Alero Quichua y el trabajo de fondo

Más allá de la música, hubo un trabajo sostenido con la lengua. Ahí aparece Felipe Benicio Corpos.

Se conocieron en 1968. Compartían la misma preocupación por el quichua. De esa relación nació el Alero Quichua Santiagueño. No era solo un espacio cultural. Era una forma de organizar la defensa del idioma.

Desde ahí impulsaron su enseñanza, promovieron actividades y crearon nuevos aleros en distintos lugares. Corpos también escribió, hizo radio y trabajó en la difusión de la cultura del monte.

Murió joven, en 1974, con 39 años. Aun así, dejó un material que sigue circulando en archivos, grabaciones y en la memoria de quienes lo conocieron.

Reconocimientos que llegaron con el tiempo

Con los años, la figura de Don Sixto se fue consolidando. Recorrió escenarios, compartió con artistas como Mercedes Sosa y León Gieco, y recibió distintos reconocimientos.

Entre ellos, el Premio Konex como instrumentista, la distinción como Personalidad Emérita de la Cultura Argentina y otros vinculados a su trabajo con el quichua. También recibió una bendición apostólica de Juan Pablo II.

Ya de grande, con 93 años, fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario. Viajó acompañado por una delegación de quichuistas. El reconocimiento iba más allá de su figura individual.

La historia de Don Sixto no es solo la de un músico. Es la de alguien que pasó de callarse a decir, de correrse a ocupar un lugar. Lo que antes se escondía, terminó siendo su identidad pública.

Sus canciones siguen ahí. No como recuerdo, sino como registro de una forma de ver y nombrar el mundo. Y eso, en el fondo, es lo que todavía sostiene su vigencia.

Sixto Palavecino: El público espera el "Long Play" que grabaré para R.C.A Víctor

Escribe Polo Serrano

 


Con el deseo de llevar en forma variada los reportajes de nuestros valores, entreviste a Sixto Palavecino, decir este nombre, es pronunciar dos palabras que mejor se ubican dentro del panorama folklórico y en el cariño popular.

Me trasladé al domicilio de este artista en el Jeep del diario La Hora y fui recibido por Haidee, hija mayor de don Sixto.

Este salió a mi encuentro con Carmencita hija menor y expreso:

Lo esperaba Polo, pues A. Salomón difusor de la RCA Víctor me había anunciado su visita.

De esa manera tan simple fui recibido por este valor del folklore, la misma forma directa con que “habla” en sus canciones a todos los públicos y que no está basada en ningún secreto que no sea su forma de ser.

-Yo nací en Salavina hace 49 años y desde mis años de chango aprendí a tocar de oído el violín y luego la guitarra.

-¿Cuándo comenzó a tocar el bandoneón?

-Un conjunto folklórico visito mi pago y me entusiasmo ese instrumento, cuando lo vi tocar a uno de los integrantes de esa orquesta y de inmediato compré y volqué mi vocación musical en el bandoneón que muchas satisfacciones me dio.

-¿Cuándo comenzó a actuar en nuestra ciudad?

-En el año 1962 decidí venir con mi familia a Ciudad Capital y de inmediato comencé a actuar, pues el conjunto estaba integrado por mis hijos, Rubén, Haideee y Carmencita, y siempre tenemos el repertorio bien ensayado, sobre todo que no tengo problemas de incumplimiento por parte de los músicos, muy vulgar en nuestro medio, pues todos vivimos juntos.

-¿Sus hijos aparte de ser músicos desarrollan otras actividades?

-Por supuesto, Rubén que tiene 21 años es Maestro mayor de obras, Haidee de 19 años estudia magisterio y Carmencita, la menor está terminando sus estudios primarios. A veces eso me impide poder desarrollar una actividad más amplia, pues tengo muchas propuestas para recorrer el país, planes que dejare para las vacaciones escolares.

-Según me informo A. Salomón que usted había grabado un Long Play y otro disco simple.

-Es verdad, grave un total de 15 piezas que fueron realizadas en el mismo día ante la admiración de técnicos y director artístico del sello grabador, pues generalmente esa cantidad se graba en 2 o 3 días.

-¿Podría nombrarme alguna de las composiciones que grabo?

-Con mucho gusto, “Historia de un sufrido” (chacarera), que nos habla de las penurias que paso Palito Ortega antes de llegar al estrellato. “El astro de Santiago” (chacarera) que narra el recibimiento que le tributo el pueblo santiagueño cuando Leo Dan nos visitó por primera vez después de triunfar.

-¿Por qué no los titulo entonces con el nombre de los astros?

-Ese fue mi propósito, pero cuando fui en la SADAIC, me exigían una autorización escrita de los astros referidos, lo que hubiera resultado imposible localizarlos por los múltiples compromisos que tienen.

-¿Qué otros títulos grabo?

-Fiel Compañera (chacarera); Para mi bombo leguero (chacarera); Carbonerito santiagueño (bailecito); Así es mi gato (gato).

-¿En la capital Federal que actuaciones realizo?

-En radio Splendid en una audición que hable en quichua y luego yo mismo hice la traducción. Mis hijos cantaron en quichua y fueron muy aplaudidos. También nos presentamos en Radio Argentina, Radio Libertad y Canal 9 de TV y en lugares de espectáculos y en peñas folklóricas.

-¿Qué planes tiene para el futuro?

-Como le decía espero que termine el año escolar para poder cumplir compromisos en Bs As, ahora aquí actuamos los fines de semana en peñas folklóricas y pronto haremos radio, también para la fiesta del Señor de Mailin cumpliremos un compromiso en esa localidad.

-Quiere agregar algo las para terminar este reportaje?

-Sí, agradecer al público en general, a los colegas que cuando supieron de mi grabación del Long Play se interesaron por saber cuándo sale a la venta pata adquirirlo.

Nota publicada originalmente en la edición del día Sábado 15 de mayo de 1965 en el Diario La Hora de Sgo del Estero.


miércoles, 25 de febrero de 2026

Cacho Lobo y sus cuentos.

 



En Santiago del Estero, los músicos y humoristas se reúnen principalmente en grandes festividades populares, peñas tradicionales y eventos que celebran la identidad local.

Entre los cuales es muy recordado CACHO.... aquí uno de sus cuentos.

Cuento del pescado", que retrata con mucha gracia la picardía santiagueña:

Cuenta Cacho que un pescador saca un pez del río y, en lugar de comerlo, decide criarlo en un balde. Con el tiempo, el pescado se va acostumbrando tanto a estar fuera del agua que empieza a caminar por el patio. El dueño le pone de nombre Pancho.

La historia escala en humor cuando Pancho, el pescado, empieza a comportarse como un perro: corretea entre los pollos, se pelea con los perros de verdad y hasta duerme la siesta bajo el algarrobo. El desenlace es trágico y cómico a la vez: un día, Pancho intenta cruzar un puente, se cae accidentalmente al río y, como ya se había "olvidado de nadar" por pasar tanto tiempo en el patio, ¡muere ahogado!

Otras historias populares en sus discos:

El santiagueño y el Obelisco: Relata la llegada de un paisano al Gran Buenos Aires que, asombrado ante el Obelisco, es abordado por un porteño que intenta "vendérselo". El santiagueño, sin perder la calma, le responde: "Vaya envolviéndolo nomás, señor, que ya vuelvo".

La rivalidad fraternal: Sus cuentos solían jugar con la relación entre santiagueños y tucumanos, siempre aclarando que, a pesar de las bromas sobre quién es más mentiroso o "pícaro", existe una relación de hermandad profunda entre ambas provincias.

Puedes encontrar estas y otras narraciones en su álbum emblemático "Santiagueñadas", donde mezclaba estas historias con sus canciones folclóricas.

"¡Sixto, le he puesto letra al Tero!" Con esta exclamación y una de sus amplias sonrisas entró Cacho Lobo en la peluquería de Don Sixto Palavecino. Las horas compartidas, las actuaciones juntos, la lucha en común por el Alero Quichua Santiagueño, y su particular modo de ser, alegre y extrovertido, hacían que Cacho tuviese ese trato familiar hacia Don Sixto.

Amadeo Lobo era de Laprida, pequeño pueblo del Departamento Choya con una estación de ferrocarril, a poco menos de 40 Km de Loreto yendo hacia Frías. Cacho recordaba siempre a su Laprida como un pueblo tranquilo, de gente amable, algo de salitral y mucho folclore.

Desde chico se inclinó hacia la música folclórica. Aprendió a tocar la guitarra y el charango. El bombo no era para aprender, sino mas bien algo natural, igual que el canto. Un poco más crecido también escribía versos a los que les ponía música.

En la ciudad de Santiago del Estero, Cacho Lobo fue cantor y músico. Su carácter chispeante y ocurrente fue manifestándose cada vez más en los escenarios y poco a poco el humorista casi desplazó al cantor. El humor ante un micrófono es cosa seria, más aún si tenemos en cuenta que Cacho era de los humoristas que no recurren a la palabra soez o a la agresión verbal para arrancar una risa del público.

Se integró al Alero Quichua Santiagueño en la época en que Felipe Corpos conducía la audición radial. Cuando Corpos sufrió el accidente fatal, fueron Nidia Franicevich y Cacho Lobo quienes debieron hacerse cargo de conducir la audición. Después se incorporó Rubén Palavecino a la conducción de la audición, y al poco tiempo Nidia se fue a Jujuy para trabajar como locutora en una emisora de radio.

La conducción de la audición radial era compartida entre Rubén Palavecino y Cacho Lobo. En las reuniones de los Lunes por la noche en la peluquería de Don Sixto se planificaba la audición del Domingo que seguía, las salidas a la campaña y otras actividades. Si tales salidas impedían la emisión directa de la audición radial, se grababa el Jueves por la noche.

Con motivo del casamiento del cantor José Sequeira en Villa Salavina, los integrantes del Alero Quichua hemos viajado en un ómnibus contratado para tal fin. La ceremonia y fiesta de casamiento fueron celebradas un Sábado por la noche. El Domingo por la mañana, Don Sixto, Rubén, Cacho Lobo, José M. Lami Hernández (h) y Edgardo Mansilla han ido hasta Barrancas, donde Doña Abdona de Villarreal ha hecho entrega a Don Sixto del primer violín que él tuviera y que hacía décadas había cambiado por otro mejor. Ese trascendental momento ha sido registrado en fotografías y grabación de audio. Tal como hacía Felipe Corpos, en las salidas del Alero se tomaban grabaciones para luego reproducir en la audición.

En las reuniones de esos tiempos, la gente del Alero Quichua estaba procurando un terreno donde construir La Posta Quichua, que sería un emprendimiento integral tradicionalista. Don Sixto tuvo una entrevista con el Gobernador de la Provincia, General César Fermín Ochoa, con quien dialogó en quichua, pues el General Ochoa era quichuista natural del departamento Atamishqui. De esa reunión, a la que Don Sixto concurrió con otras personas del Alero, surgió la urgente necesidad de tramitar la Personería Jurídica. Cacho Lobo fue uno de los impulsores del trámite que se inició en Septiembre de 1.977 y también fue uno de los integrantes de la Comisión Directiva, que era presidida por Don Sixto Palavecino.

Su primer disco, grabado en el formato Larga Duración, se llama Cacho Lobo y sus Santiagueñadas. El disco ha sido presentado junto con el disco Corazón de Mishtoles de Carmen Palavecino. Esa noche Radio Nacional ha transmitido la presentación desde el Teatro 25 de Mayo, que estaba lleno de público mayoritariamente integrante o simpatizante del Alero Quichua Santiagueño.

En su actividad laboral, llegó a tener una imprenta en la que trabajaba con sus hijos, a los que formaba en lo laboral, en lo artístico y fundamentalmente en los valores humanos.

Generalmente actuaba solo, a veces con Don Sixto y a veces como Cacho Lobo y Sus Hijos. Walter Lobo tocaba la guitarra y cantaba a dúo con Cacho. Pablo tocaba el bandoneón y es un músico de prestigio nacional que participó en la grabación del Volumen 6 del Alero Quichua. Mario es violinista y se dedica a la enseñanza. El más chiquito de los que subían al escenario cantaba y hacía imitaciones, mientras que las dos niñas tocaban el bombo. Cacho escribió y grabó el poema Romance Para mis Hijos, donde los compara con las notas musicales. En el disco Cacho Lobo y Sus Hijos (1.987) participan Walter, Pablo, Mario y las dos chicas.

Serio y firme a la hora de defender convicciones, en el trato personal era alegre y bromista. Gustaba de poner un apodo a su interlocutor, para mudar hacia otro en el próximo encuentro, pues el sobrenombre era solo para el momento. Recordando una expresión de Felipe Corpos, llamaba a la peluquería de Don Sixto "La Jabonería de Vieytes", evocando el local donde se reunían a conspirar los patriotas de Mayo de 1.810. En homenaje a Felipe Corpos, creó el gato El Felipe Benicio.

Don Sixto solía tocar en todas sus actuaciones un gato suyo que imitaba al tero. Cacho sabía bien la melodía por ser compañero habitual en la radio y en otras actuaciones. La noche en que llegó a la peluquería anunciando que había puesto letra al gato, lo cantó enseguida con la guitarra que Don Sixto siempre tenía en su lugar de trabajo. La letra describe poéticamente el aspecto y costumbres de la avecita. Una vez registrado, el nombre quedó como El Canto del Tero, música de Don Sixto Palavecino y letra de Cacho Lobo. Ha sido grabado por intérpretes nacionales.

A los nuevos cantores, ansiosos por subir a los escenarios, Cacho solía aconsejar una buena preparación cultural para tener fundamentos a la hora de hablar al público. Decía que uno debía leer por lo menos el manual Santiago del Estero de la escuela primaria. Sugería ensayar ante un espejo para controlar postura, ademanes y gestos. También solía decir: "Changos, no anden con dudas; consulten a Don Sixto; él no solo es nuestro factor humano aglutinante sino también un hombre que sabe mucho."

De pronto, Cacho Lobo dejó de concurrir a todas las actividades del Alero Quichua. Evitaba hablar de los motivos para tal alejamiento. La muchachada del Alero y del folclore en general concurría a diario a la imprenta, donde había conversación alegre y sana, bromas, música, canto y mate. Bebidas alcohólicas no; ni pensarlo en un lugar de trabajo; además, ni el dueño ni sus hijos bebían.

Años después se fue a vivir en Arrufó, provincia de Santa Fe, de donde volvió enfermo y empobrecido. Falleció en Santiago del Estero el 18 de Marzo de 1.997.

Además del recuerdo de su gran sonrisa, sonoras carcajadas y sanos consejos, nos quedan varias creaciones folclóricas, como la chacarera Coplas Dulces, con música de Don Sixto. Con Orlando Gerez creó el chamamé Río Santiagueño y la chacarera Fuelle Santiagueño. La polca llamada Posiblemente, también es de Cacho, al igual que la zamba Coplitas Jujeñas, la chacarera Amaneciendo en Vidalas, la chacarera Anga Súmaj, la zamba Regresando al Pago y la chacarera Don Braulio. Hay más creaciones de Cacho para conocer o recordar. Habrá que preguntar a sus hijos, que siguen sembrando notas musicales por el pago.

Por: Cristian Ramón Verduc

domingo, 28 de septiembre de 2025

Felipe Corpos: La música, el quichua, el Alero

 

Foto: Vicente Salto, Felipe Corpos y Sixto Palavecino

Felipe Benicio Corpos fue uno de los fundadores junto a Sixto Palavecino y Vicente Salto del Alero Quichua Santiagueño, poeta, quichua hablante, nacido en el departamento Figueroa. Un hijo de quichuas en cuyo hogar tuvo la oportunidad de aprender la lengua quichua, criado hasta los nueve años, se traslada a Santiago y se radica definitivamente junto a sus padres completando sus estudios primarios y secundarios.

Más tarde se traslada a Córdoba para continuar sus estudios de abogacía hasta completar el tercer año. Regresa a Santiago y en 1968 conoce a Sixto Palavecino con quien mantiene un fluido diálogo hasta llegar a consolidar una amistad que le permitió afianzar sus ideas coincidentes con las de su amigo, para luego fundar el Alero Quichua Santiagueño.

Así comienza su labor cultural dedicándose al estudio lingüístico, creando escuelas de quichua para la enseñanza en la escuela primaria y secundaria. Conduce programas de radio que tienen como fin difundir la música nativa de esta región y todas las costumbres del hombre de campo, mientras su labor literaria comienza a crecer y sus poemas, grabados por numerosos solistas y conjuntos musicales.

Como director del Alero desde su nacimiento en 1968, estuvo dedicado al rescate, difusión y conservación de esta lengua, su música, poesía, costumbres, filosofía y lo relacionado con el quehacer tradicionalista del hombre del norte. Propiciaba la fundación de nuevos aleros en toda la provincia y en todo el territorio nacional.

Fundó los aleros de Atamisqui; Córdoba Buenos Aires y Tucumán, permitiendo que todo aquel que tuviera sensibilidad por conocer esta cultura, encontrara un lugar para informarse y apoyar esta labor.

Su breve paso por esta vida terrenal, ha dejado un caudal de enseñanza cuyo contenido podemos apreciar en sus poemas y comentarios de gente de la cultura nacional, en documentos y archivos de la dirección de cultura municipal y provincial. El pasado 25 de agosto hubiera cumplido 80 años. Lo sorprendió la muerte a los 39 años en un accidente. Falleció el 13 de diciembre de 1974.

Fuente: Alero Quichua Santiagueño.


jueves, 26 de diciembre de 2024

Dalmiro Coronel Lugones describe al Río Dulce desde su nacimiento

Dalmiro Coronel Lugones describe al Río Dulce desde su nacimiento en las cumbres salteñas, su paso por Tucumán y su vida en nuestra provincia…. él presentía su partida.?

 


"Mishqui Mayu, Mishqui Mayu, las voces quichuas lo llaman"

Dice Dalmiro Coronel Lugones en su Romance del Río Dulce. Esta obra del notable poeta bandeño se hizo popular en todo el país al ser cantada por Alfredo Ábalos, luego de que Juan Carlos Carabajal y Horacio Banegas transformaran en zamba unas partes de ella. También han grabado Romance del Río Dulce: Horacio Banegas, Alberto Leguizamón, Onofre Paz, Migui Cáceres y muchos otros intérpretes, a cuál mejor.

El poema de Dalmiro Coronel Lugones describe al Río Dulce desde su nacimiento en las cumbres salteñas, su paso por Tucumán y su vida en nuestra provincia, donde recibe dulces sabores de miel y aloja, mientras su riqueza ictícola provoca malambos de garzas en los bañados causados por los desbordes.

Años antes, Eduardo Ávila había cimentado su fama de recitador apasionado, interpretando obras de Dalmiro Coronel Lugones junto a su cantar de chacareras, gatos, escondidos y zambas. “He de andar por otros rumbos, con ilusiones viajeras…” recita en Romance de la vuelta del santiagueño. “Destino del santiagueño: Vivir de sueños y ausencias.” Al leer sus versos, se percibe cómo Coronel Lugones estaba compenetrado con el ser y el sentir del pueblo santiagueño.

Dalmiro Coronel Lugones nació en La Banda el 20 de Julio de 1919. Contaba uno de sus hermanos que Dalmiro comenzó a escribir poesía cuando aún era niño. Ávido lector, iba creciendo culturalmente con el paso de los años. Inició una carrera universitaria, pero después prefirió dedicarse de lleno al arte, que era su pasión. Quienes han conocido de cerca a Dalmiro Coronel Lugones lo describen como un caballero elegante, gallardo y de trato amable, en el que se evidenciaba su riqueza cultural y su generosidad hacia quienes estaban comenzando en el arte. Ha sido una persona muy querida, tanto en nuestra provincia como en Buenos Aires y en los países adonde viajó por su actividad literaria, que logró gran trascendencia en vida del poeta bandeño. No sólo se dedicó a la poesía, sino también al estudio de la Historia santiagueña y argentina, hizo guiones cinematográficos, incursionó en el periodismo y en la política. 

 “Cuando me lleve el destino por otras huellas un día. Cuando ansias de andar me alejen de mis tardes amarillas, iré cargando bagajes de tristezas escondidas y soledad de distancias hincadas en mis pupilas… ¡Ay! Cuando un sueño me aleje de mis tardes amarillas, me acompañarán los cantos tristones de las urpilas. Vidalas de ausencias largas, cantando mi despedida y soledad de quimiles hecha adiós en sus espinas. ¡Cómo he de extrañar entonces, calor de tierra y de vida! ¡Cómo he de sentir la ausencia de mis tardes amarillas, mientras los parches legüeros se alarguen de lejanías y los ñanarcas me atajen, presintiendo mi partida!” Romance de mis tardes amarillas muestra un profundo amor por Santiago del Estero, al que supo conocer como pocos.

¿Por qué Dalmiro Coronel Lugones hablaba de tardes amarillas? ¿Habrá sido por esas tardes en que polvaredas suspendidas en el aire o presagios de lluvia hacen que Inti (el Sol) otorgue un tono amarillento al atardecer? ¿O tal vez se refería a la abundancia de flores amarillas en las primaveras santiagueñas? En este romance habla de espejos de represas donde las nubes se miran; cuando el Sol poniente ilumina esas puyus (nubes) suele tornarlas amarillas. En primavera abundan las sisas ckellus (flores amarillas), y en esta obra el poeta nombra tuscas floridas y jarillas. Pero es casi seguro que se habrá referido a los amarillos atardeceres, cuando el Sol mismo da idea de lejanía y golpea la nostalgia en la hora final del día.

Su amor por el terruño era su motivación para una fogosa apología permanente de la historia santiagueña, elogiando el valor de los próceres de nuestro pago y con una encendida defensa constante de los valores nacionales. Uno de sus poemas de inspiración histórica es Patricios Santiagueños: “Viene llegando a Santiago la patriota expedición. Ya se escuchan los clarines y el redoble del tambor” … “Son trescientos santiagueños, trescientos guerreros son; las espadas en las diestras, cara al viento y cara al Sol” … “Aquí aguardan los Patricios Santiagueños que alistó el bravo caudillo Borges, con heroica decisión.”

Supo conversar con la gente del pago, con el río, con los montes, con los campos. Conversó con los distintos ritmos nativos argentinos y escribió un poema para cada uno de ellos. En su poema Chacarera, le pregunta: “¿De dónde vienen tus sones, antigua voz de mi tierra? ¿De dónde traes tu hechizo de noches salamanqueras? ¿Junto a qué viejos fogones te improvisaron cuartetas? ¿En qué montes de Atamishqui te encontraron, chacarera? ¿Qué lunas de Salavina te incendian las polvaredas, cuando al son de tus mudanzas el arenal se despierta? ¿Qué salitrales y esteros vienen creciendo en la fiesta? ¿Qué salamancas te nombran en Loreto, chacarera?”

Cuenta el poeta Miguel Brevetta Rodríguez que en una carta del 20 de Septiembre de 1969, su amigo Dalmiro Coronel Lugones le anunciaba su partida, pero no se refería sólo a su partida hacia Buenos Aires, adonde extrañaría las santiagueñas tardes amarillas, sino que le hablaba de un fatídico presentimiento, como anunciando su partida definitiva. Exactamente dos años después, Santiago del Estero y el mundo de las letras sudamericanas fueron sacudidos por la trágica noticia: Dalmiro Coronel Lugones había sido asesinado en Buenos Aires. Seguramente las garzas del Mishqui Mayu habrán suspendido por un rato su malambo cazador para ver por qué los sauces llorones musitaban más tristes que de costumbre. Los atajacaminos habrán lamentado no haber podido atajar la partida.

Han pasado décadas desde aquel fatídico 20 de Septiembre de 1971. Dalmiro Coronel Lugones sigue vivo en las voces de recitadores que se conmueven con su obra poética, y cantores que interpretan las obras que fueran musicalizadas. Podemos encontrarlo también en sus libros Romancero del canto nativo y Tiempo de zamba y malambo.

Quedó una gran cantidad de obras inéditas del notable poeta Dalmiro Coronel Lugones. Un hermano y una sobrina han trabajado en el armado de un libro que contiene todo ese bagaje cultural.

Respondiendo a su anhelo: “Eres himno de mi pueblo, río crecido en mis venas. Por eso quiero tus coplas humildes cuando me muera, hechas responso en tu canto, chacarera santiagueña.

Fuente: Alero Quichua.  Cristian Verduc