domingo, 1 de febrero de 2026

Mañu Luna, El último silbido del río dulce

 




En el mapa afectivo de Santiago del Estero, existen nombres que dejan de pertenecer a una familia para transformarse en patrimonio de la memoria colectiva. Manuel Aníbal “Mañu” Luna, nacido aquel 29 de mayo de 1928, fue uno de esos hombres cuya vida se tejió con los hilos de la identidad más profunda: el fútbol, el río y la hermandad del barrio.

Hijo dilecto del Barrio 8 de Abril, Mañu vivió frente al Club Atlético Mitre, en la calle Francisca Jacques. Aquella cercanía no fue solo geográfica, sino sentimental; su estirpe estuvo ligada para siempre al "Aurinegro", donde brilló como un jugador notable, dejando un legado que continuaría en las canchas con sus hijos y nietos —nombres como Musha y Bombón—, quienes heredaron su destreza y su pasión por la redonda.

Un hogar de puertas abiertas

Pero la verdadera mística de los Luna se cocía a fuego lento en la intimidad de su casa. Junto a su compañera de vida, María Sara Véliz, Mañu fundó un hogar que fue, durante medio siglo, un templo de la hospitalidad. Allí, entre 18 hijos y el bullicio de una familia numerosa, se cultivó el rito de la amistad.

Mañu era un "challuero" de alma, un pescador que conocía los secretos y las correntadas del bravo Río Dulce como quien lee las líneas de su propia mano. De sus aguas extraía el sustento y el deleite: bagres, bogas y dorados que Sara transformaba en manjares. Aquella casa se convirtió en una posta obligatoria donde músicos, poetas, deportistas y turistas se sentaban a la mesa para compartir una sopa de bagre o un chupín, borrando las jerarquías en una comunión de cuentos, guitarras y madrugadas.

El mito en la canción y la palabra

La figura de Mañu Luna fue tan potente que desbordó la realidad para instalarse en el cancionero popular. El gran Alfredo Ábalos, con versos de Oscar Valles, inmortalizó su estampa en la chacarera "Mi barrio 8 de Abril", recordándolo como el proveedor de esos bagres que Sara sabía cocinar para los "changos" del lugar.

Incluso por encima de las rivalidades futbolísticas, el afecto hacia él era unánime. Vicente "Morenito" Suárez, ferviente hincha de Central Córdoba, le dedicó su pluma en "Para Mañu Luna", retratándolo con la caña al hombro, silbando bajito un gato o una chacarera mientras miraba la costanera, esperando el pique del dorado bajo la luz del naciente. Asimismo, Miguel Brevetta Rodríguez y el músico Tomás Lescano celebraron en un gato su figura humilde y necesaria, aquel hombre que "chimpaba" las lagunas para calmar la hambruna con los tesoros del río.

El legado del pescador

Mañu no solo fue el hombre del río; fue también un trabajador respetado en la Escuela Manuel Belgrano, donde su bonhomía le ganó el respeto de toda la comunidad educativa.

Su partida física, el 5 de julio de 2000, no logró silenciar el eco de su nombre. Mañu Luna permanece vivo cada vez que alguien cruza el Misky Mayu, cada vez que suena un bombo en el 8 de Abril y en cada plato de comida criolla compartido con un desconocido. Fue, en esencia, el símbolo de un Santiago que se resiste al olvido: un hombre que supo hacer de la sencillez un arte y de la amistad una religión.

Fuente: Extracto del libro inédito "Biografías de Folcloristas Santiagueños, Segunda Parte", de Omar "Sapo" Estanciero.

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