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jueves, 6 de agosto de 2026

Humberto Carfí: Virtuosismo académico y raíz criolla en primera persona

 


Entrevista realizada por José Luis Torres | Rosario - 1 julio 2003

Nací en la ciudad más linda del mundo: Santiago del Estero. Fue hace muchos años: voy a cumplir 90 años el 22 de julio. Bueno, me crié en Santiago de chico y a los 17 años me fui a Europa, a Roma a estudiar y ahí me quedé muchos años. Estalló la guerra y tuve que venirme, la guerra duró mucho más tiempo de lo que yo me imaginaba, porque pensaba volver ya que estaba muy bien ubicado: me había inscripto en el concurso mundial de ese entonces con reina Elizabeth. Empecé a hacer la carrera acá en Buenos Aires, empecé en la orquesta del Teatro Colón, empecé en el concurso de la Universidad y a partir de ahí me introduje en la enseñanza, tocando siempre solista y fui profesor de cinco universidades del país, además jubilado del teatro Colón, solista de la Sinfónica Nacional, he tocado intensamente en mi vida. Ahora, casi a los 90 años sigo enseñando, la nena esta que viene a dar el concierto del jueves toca muy bien. ¿A usted le gusta la música clásica? a mí me gusta mucho, y la chacarera también. Vaya a escucharla, tiene 15 años, va a ser la Menuhin argentina, vale le pena. Contento de ser santiagueño, contento de estar acá y que la guerra me ha evitado que me quede en Europa sino no hubiera podido ver a mis padres.

¿Mi relación con la música folklórica? Ha sido poca, no mucha, porque yo lo hacía con los Abalos, mis amigos de aquella época, le hablo de 1930. Hasta ese año yo tocaba en Santiago del Estero en la orquesta, porque en esa época Santiago era una de las ciudades que más música tenía: en los cines había música, en la confitería había orquesta, y yo tocaba eso. Intervenía en algunas cosas folklóricas, pero folklorista no le puedo decir que soy. Amo el folklore y amo sobre todo la música criolla, hay grabaciones mías de esas cosas, lo hago con mucho gusto, y ahora se van a hacer en Santiago los festejos de su fundación: me declaran ciudadano ilustre, yo digo que no me conviene: me voy a tener que portar bien entonces, un ciudadano ilustre no va a poder macanear.

En los programas yo siempre pongo música argentina, yo he sido educado en Europa, pero amo la música argentina. Han pasado los años, pero soy bien santiagueño, al contrario, soy como los vinos: cuando el tiempo pasa más auténtico.

¡Cómo no lo voy a conocer! Don Manuel Gómez Carrillo no era un gran músico, era casi un autodidacta. Ha escrito muchas composiciones, algunas originales y otras recopiladas, era director de coros en Santiago del Estero. Yo lo acompañé muchas veces, la señora era una ilustre pianista, y la hija mejor pianista todavía, la Muña, que ya es una mujer grande. Éramos de la misma época, lo he acompañado muchas veces en sus conferencias: él hablaba y yo tocaba. A los 12 años comencé a tocar en público, porque mi papá me corría a las patadas si no estudiaba, y claro, tanto estudiar tenía que tocar bien. Uno de sus hijos era Manolo, murió joven ese muchacho, a Muña hace mucho que no la veo ¿usted está en contacto con Jorge, como está? Sí, fueron los primeros de los grupos vocales del país, pero muy buenos. No sabía que el Cuarteto Gómez Carrillo había nacido acá en Rosario. En los Aires Santiagueños editado por la Casa Riccordi, me lo tenía que dedicar a mí, Manolo me ha llamado muchas veces para hacer retoques, me decía “Me tenés que poner una cadencia acá” y yo dejaba para mañana, pasado, en ese momento tenía mi hija chiquita y andaba con muchas preocupaciones, y se enojó y lo dedicó a Pezzina, que de música de Santiago no sabe un pito, el sabe de tallarines nomás ¿qué sabe un italiano de chacareras? Yo sé de eso. Se enojó porque no fuí y se lo dedicó a él. Hace muchos años hice un homenaje a la música de él, Muña me mandó el material. Pero ahora hay un tal Garnica que hace folklore, ¿cómo toca? He oído hablar, escuché una sola grabación de él, dicen que ha estudiado con un alumno mío, Del Lungo, alumno mío tucumano, sobrino nieto del luthier Del Lungo de Tucumán. Me han dicho que ha hecho capote en Córdoba. Este Garnica lo escuché hace 15 días en Santiago, yo no quería creer: toca folklore con virtuosismo académico, el quiere revolucionar todo eso, le da a las chacareras o las zambas adornos, mueve los dedos ¿me entiende?

Quizás es un poco arrebatado, pero eleva la zamba a una cosa realmente virtuosa. Aunque con esas cosas hay que tener cuidado, hay que respetar la esencia: por ejemplo, a una vidala, si le pone cosas alegres se le cambia el sentido. La vidala es una cosa triste, quejumbrosa, por ahí la quieren tocar con alegría: no corresponde. Ahí en la vidala registro dos cosas: penas de amor y alegrías de amor, las dos cosas, hay que ubicarse. Cristina va a tocar allá en Santiago “La canción del árbol del olvido”, es una página simple con versos de Silva Valdés. Es la historia de un tipo enamorado que está abandonado y no puede olvidar a la novia y le dijeron “¿porqué no vas a dormir bajo un árbol así al día siguiente te olvidas de tu sentimiento?, te quedas sin pena”. El fue y se durmió, pero cuando despertó se olvidó que tenía que olvidar. Esa es la esencia. Ahora, el que toca tiene que demostrarlo, Cristina hace eso. Después está “La rosa y el sauce” de Guastavino, son dos notas, pero amigo..., el enamoramiento del sauce con la rosa, nadie lo toca, hablan sin sentido, y los versos dicen así: un sauce llorón crece a la orilla de un arroyuelo, en el monte, alrededor del sauce crece una rosa y ella se enamora de él, ellos platican, conversan. Un día pasa una negrita ve la rosa, la corta y se vá, y el sauce quedó llorando ¡qué tema ese! El que toca eso, tiene que hablar... si es capaz, claro. Hay que pensar lo que se va a tocar. Ahora este muchacho (Garnica) toca una chacarera, y ahí puede ser, pero en una zamba ya es otra cosa. La zamba es una cosa ni alegre ni triste: mediana. Es decir, el luce su virtuosismo, pero eso no tiene nada que ver, entonces yo digo: si quiere hacer virtuosismo que toque Paganini. Pero él tiene mucha facilidad, yo quisiera conocerlo para hablar de técnicas.

Mis grabaciones con los Abalos fueron hace muchos años, yo no tocaba folklore, ellos me pidieron, yo soy amigo de ellos: íbamos a hondear al parque, al colegio. “Mirá Humbertito, yo sé que te molesto, pero tienes que venir, me hace falta un violín para tocar “Santiago manta”, esas chacareras de hace muchos años están grabadas por mí 70 años atrás. Tenían el conjunto y ellos querían que yo siga con ellos, pero yo estaba en otro callejón ¿me entiende? yo me fui a Europa a estudiar en serio. Tal vez mi hermano que ya falleció sí podía hacerlo, el tocó algo de folklore. Yo no lo quiero desmerecer: el folklore bien hecho, de mucha calidad, folklore estilizado es algo hermoso.

Hoy se están tomando los temas de folklore en el plano clásico, como ha hecho Piazzolla que con su cultura musical lo eleva. Cristina va a tocar acá en Rosario una obra musical  de Guastavino que se llama Pampa mapa, es una cadencia hermosa, no la conoce nadie. Son dos notas, pero como las dice. Yo fui amigo de él, murió hace poco, iba a la casa de él y me tocaba el piano, era químico, un hombre muy solitario, buen músico, mas que Ginastera. Tocaba el piano: cantaba y lloraba, sus obras están inspiradas por alguna poesía. En Pampa mapa, el personaje es abandonado por su mujer y el vá por la pampa llorando, es hermoso, no lo puedo contar. Creo que es de Rafael Obligado.

Si aquí vengo con orquesta de cámara de cuerdas, puedo venir con Cristina que toca Adiós Nonino con orquesta, y dar un curso de cello: no hay cursos de cello acá. ¿Sabe como sonaría “Alfonsina y el mar” con cello? Yo la tengo grabada por Ariel, y en el piano las notas son golpeadas. El tema es doloroso, porque es un homenaje a ella cuando va al mar y se suicida, es trágico eso. Cuando los versos dicen “Qué misterios vas a buscar adentro del mar..” tiene que sonar con dolor, y en el piano está golpeado. En cambio, el cello...suena mucho mejor. En el piano se corta la nota, se vá, en cambio en el cello usted la mantiene, es como la voz humana. El cantar de un instrumento de cuerda no lo dá ningún instrumento, por eso es que la cuerda es el corazón que está sonando.

En Santiago de 1925 había mucha música, después de Buenos Aires era la ciudad con más música: humilde, pero con más música que las demás, teníamos orquestas por todos lados. Los cafés tenían orquestas, yo tocaba ahí, en la parte de arriba, tenía 14 años. Dos funciones por día hacía en el teatro, en el cine Petite Palette, tocaba en la orquesta con mi maestro, ahí tocaba Gennero y tantos otros, y cuando venía la noche venía la mamá de los Abalos (el marido se quedaba a dormir porque era ocioso, vago) ella venía solita y yo la acompañaba del brazo a doña Helvecia, y ella me acompañaba al cine a tocar. Con los muchachos somos muy amigos.

¿Segundo Gennero? Claro, fue mi maestro de piano y también de mi hermano Cayetano, hay muchas composiciones de él, varias las toco yo, Poema Nocturnal es hermoso, El Altiplano lo voy a tocar en Santiago para el 25 de julio. Primero ha sido pianista, de La Banda, un hombre que se perfeccionó en Buenos Aires, grande, hermoso, lindo hombre, culto pero bien cachaciento como buen santiagueño, volvió a Santiago como pianista en el cine, y yo tocaba con él, Humbertito me decía. Me dedicaba muchas obras, era compositor, pero era... no digo ocioso pero vea: a mi hermano que estudiaba con él le daba clases en verano siesteando en el catre a la siesta. Se apoyaba así, mi hermano tocaba su lección y de la otra pieza lo iba corrigiendo “Ché, cuidado con la derecha, no te equivoques en esa nota”, por no moverse vea, “cuidado con el cuarto dedo en ese pasaje” le advertía. Escribía composición, se le caía una hoja y no se agachaba a recogerla: el pedía otra. Escribió muchas cosas, era un hombre muy preparado, cachaciento en forma, se casó con una señora mayor que él, muy inteligente ella: no congeniaron. Conservo cartas de ella, una es hermosísima que me hizo cuando vine de Europa después de 11 años, una mujer culta. El era muy cachaciento, vivía el momento, no le importaba nada. Cuando vino de Buenos Aires, habrá sido en el 30 vestía de sobretodo, a lo Carlos Gardel, una pinta bárbara. Yo le dije a mi hermano “Mirá, es tan dejado ese hombre que va a terminar en la miseria”. Cuando llegó la crisis se acabó todo, Renzi cerró el cine y Gennero se quedó sin trabajo, no sabía hacer otra cosa mas que tocar el piano, era muy bueno, muy inteligente, pero no fue previsor, era muy bohemio. Pasaron muchos años, volvió a Buenos Aires, terminó tocando en los pirigundines y un día amaneció muerto en la vereda, sentado y encogido de frío. Venía de tocar en el bajo por la comida, en la miseria absoluta. Así terminó, ¿en qué año?, puede ser por el 58 o 60, el nació en el 1900, tendría 103 años ahora. No tiene descendientes, era de La Banda, lindo tipo, tenía una cicatriz acá (se señala el rostro) tocábamos en el cine, se apagaban las luces y hacía un gesto solamente y había que empezar a improvisar, alumno de Gaito era, otro famoso músico, yo tengo un gran recuerdo de él. El nombre del cine Renzi es porque su dueño era Armando Renzi, quedó el nombre de él, Cuando yo tenía 14 años iba a tocar ahí de pantalón corto y ya era un viejo, grandote, de mucha guita.

Otro maestro de aquella época era Cinquegrani que falleció a los 70 años, ya no me quedan compañeros de aquella época.

Toqué también con don Andrés Chazarreta, tan delgado y con esos bigotes parecía un suncho, nació viejo digo yo, Humbertito me decía, mire le estoy hablando del año 1924, yo tenía 12 años, me llamaban niño prodigio, ya tocaba en público, sabía lo que era un escenario “Mirá Humbertito, me han invitado para tocar, decime ¿cómo me tengo que poner, de frente o dando la espalda?”

“Nó don Andrés, usted tiene que mirar la orquesta, de espalda al público” la hija tocaba la guitarra y bien, siempre con el poncho andaba Chazarreta. El es dueño de muchas cosas que trajo del interior, hizo un trabajo muy importante, vivía en la misma cuadra mía de la calle Mitre, a dos cuadras de mi casa. Muy querido era.

Yo era muy chico, tenía apenas 10 años y ya tocaba en público, a esa edad debuté en el teatro 25 de Mayo, mi mamá me hizo traje de marinero: toqué las Czardas de Monti con orquesta. Me acuerdo que hacía mucho frío y usé los guantes, grises eran, yo miraba los guantes nomas. La orquesta la dirigía un viejito italiano, Carlos Mozzini, yo era muy chico y no sabía que cuando aplaudían había que agradecer al público, así que terminé de tocar y me quedé mirando asombrado al auditorio. Viene uno de la orquesta y me dice “Ché guaso, saludá” y me agarró de la nuca y me hacía mover la cabeza agradeciendo. Cuantos recuerdos...

¿Otros músicos de Santiago? Hermann Kerr, Móttolla, Cinquegrani, Dávila Miranda, era una época floreciente de músicos en Santiago. El violoncellista de la orquesta era de Praga, la escuela de música tenía muchos alumnos, la Banda de Música daba conciertos, el cine tenía orquestas, nosotros tocábamos fantasías, había confiterías con orquesta, y palco. En la retreta la Banda tocaba música de Chopin, de Verdi, de Donnizzetti, de todos esos maestros.

Llegó un periodista porteño en esa época y no podía creer el movimiento musical que se había en Santiago del Estero.

Por esa época tuve que ir a tocar a Tucumán, era chico, y salió un artículo en La Gaceta de Tucumán: “Santiago ya tiene un violín representativo, se llama Humberto Carfi ¿cuándo tendremos algo así en Tucumán? “

Ahora me quieren invitar para hacer un homenaje, les voy a decir “yo he sido profesor en cinco universidades y Santiago no se ha acordado de mí”.

Si a mí me contrataran, en cuatro años les elevo el nivel de la universidad, yo digo acá hay muchos coches pero no hay locomotoras.

Otro buen conjunto musical era el de los hermanos Simón, el chico de uno de ellos estuvo estudiando conmigo en Córdoba, músico de talento en el campo clásico, ahora hace música folklórica en Canadá. Otro buen músico era Orejita, Hugo Díaz, le decíamos así porque tenía una sola oreja. Una vez el Quinteto Llanos vino a mi casa, eran amigos míos, les digo “acá hay una música folklórica”: quedaron asombrados lo que hacía con la armónica. Lustraba zapatos, gustaba de zapatear y silbaba mientras lustraba. Tomaba mucho, se quemó por dentro, si alguno le decía algo contestaba “quiero morir contento”.

Cuando volví de Europa después de 10 años, me dijeron “acá hay un hombre que toca el arpa”, me interesa les dije. Yo me había casado con una arpista y conocía la temática, me llevaron a verlo, atravesamos el monte, íbamos con una comitiva en medio del monte, era difícil llegar al lugar. Llegamos, golpearon las manos y nos recibió, “pasen, ¿quien anda?”, me presentaron al cieguito Gallardo. Nos atendió con respeto típico del santiagueño “Bienvenido, pasen”, ese respeto indígena propio de la raza, esa mansedumbre que tiene nuestra gente, no es como el porteño atrevido. Cuando ví el arpa en un rincón me llamó la atención, era un arpa clásica, con pedales. En 1875 uno de los hermanos Herhart inventó en Europa un arpa con las cuerdas cruzadas, que permitía recursos musicales muy particulares, pero era un lío para tocarla. Eran casi una rareza en el mundo, y encuentro una en el medio del monte santiagueño ¡me quería morir! ¿Cómo ha llegado esto aquí? “Y no sé señor, yo toco algunas cositas, alguna zambita”. No podía creerlo, ni siquiera los arpistas sabían de ese instrumento y este hombre tocaba en ese instrumento tan difícil, no usaba los pedales, todo lo hacía con las cuerdas cruzadas.

Lo conocí también al ciego Aguirre, el arpista de Chazarreta, pero mi papá no me dejaba juntar con esos músicos. Mi papá quería que fuera músico, y yo quería ser abogado, y también boxeador. Me gustaba mucho el fútbol, a los 16 años jugué en primera en Central Córdoba. En aquella época se jugaba realmente al fútbol, se jugaba limpio, ni siquiera apoyarse para cabecear.    

Es cierto, en el folklore no hay grandes violinistas, porque el género no exige gran cosa. Mire, mi hermano le decía “Dígame Don Sixto ¿cómo hace cuando tiene que cambiar de posición” Vea mijito, le contestaba, yo me pongo en la mitad del mango y de ahí no me muevo. Mire si hubiera estudiado....

Hablando de luthiers, recuerdo que en Roma conocí uno que en ese tiempo ya era famoso, un hombre que tendría como 68 años, de apellido Zannino, yo tendría 22. Era napolitano, vivo como él solo, había estado en París y vendió un violín falsificado: lo corrieron. Después hizo correr la voz que había un viejo sacerdote franciscano, que vivía en una iglesia lejana, en Nápoles y tenía un violín viejísimo. Andaba un inglés buscando un violín, se enteró del dato y después de largo andar y vencer muchas dificultades, cruzó la comarca, y encontró al monje. Este lo llevó a un lugar apartado, envejecido, casi destrozado, y le muestra finalmente un violín casi roto, lleno de tierra. El tipo se lo compró sin dudar por la plata que le pidieron: lo cagó, era él que se había disfrazado de monje. Lo querían linchar después...

A veces me invitaba a comer, se llamaba Vincenzo, me hablaba en italiano y me decía “Mirá, vos te haces unos cuantos violines, te los llevás a la Argentina y en 10 años los vendés por auténticos” Nó, don Vicente “mirá: estos parten para Roma” y en el sofá tenía 8 violines hermosos listos para enviar, y los vendía allá a una casa de música por auténticos, realmente falsificaba tan bien que los hacía pasar por buenos. No me podía convencer, un día se enojó y me dijo “Yo soy capaz de hacerte a vos de madera y ni tu madre te va a reconocer” ¡Cómo imitaba, era un artista falsificando! El sonido salía un poco duro, pero sonaba perfecto.

Claro que el sonido tiene que ver con quien lo ejecuta, mire, esto me pasó hace muchos años en Buenos Aires, un tipo que después se fue a Norteamérica. Rabbamus se llamaba, lindo hombre, la señora había muerto en un bombardeo en Londres, empezó como luthier y un día me conoce, en ese tiempo ya era un violinista conocido. Me escuchó tocar y le gustó mi manera de interpretar, a partir de ahí cada vez que quería vender un violín me llamaba para que yo lo toque. Me decía “te doy el 20 por ciento de cada violín”, claro, no era un gran violín pero si uno lo sabe tocar le va a sacar un buen sonido, parece que es otra cosa. Al violín hay que jinetearlo...

Hablar de música me encanta, cuando estaba en la Sinfónica de Tucumán salíamos de tocar los ensayos a las 11 de la noche, nos íbamos para el café, eran las 5 de la mañana los tipos se quedaban dormidos y yo seguía conversando de música, contando cosas. Por ahí me decían “oiga amigo ¿usted no se cansa nunca, se alimenta con dinamita?”, y eso que estoy viejo, pero antes he sido incansable. Vea, después de un partido de fútbol subía a tocar el violín ¿cuántas veces jugaba un partido a la tarde y a la noche tocaba el violín?, ahora no puedo ni caminar.

Muchas veces me llamaban para tocar en la iglesia y me pagaban unos pesitos, claro, había una misa a las 11 y yo jugaba en los infantiles en Central Córdoba, había partido y no me lo iba a perder. Terminaba de jugar y con los botines de fútbol puestos me iba en el coche, de esos tirados por caballos, subía a la iglesia con los botines y tocaba, no tenía tiempo de vestirme.

¿Julio Jerez? Sí, claro, vivía cerca de casa, allá por 1925 o 1928 en la calle Mitre, famoso era. Esos son músicos natos que si hubieran tenido una cultura musical hubieran llegado quien sabe dónde, es una pena que se desperdicien ciertos talentos. Lo mismo que el caso de Sixto, él se ha hecho solito, si hubiera tenido la posibilidad de estudiar música... De todas maneras, esta gente es necesaria en el folklore.

Esta nena que estoy dirigiendo tiene capacidad para llegar a ser una gran violinista, tiene talento, ella apunta arriba. Eso sí, yo le dije: esto exige dedicación total, hay que resignar muchas cosas y postergar otras, si no nada. Nosotros tenemos talento, acá hay mucho material.

En Santiago todos son músicos, todo el mundo toca, es algo más natural que en otros lados, no sé por qué. Yo les digo, aprovechen ese talento, le he dicho al gobernador “pongan una escuela en serio, va a ver que músicos van a salir”, tienen un oído, un ritmo, creo que eso es telúrico. Allá todavía hay gente que habla en quichua, yo conozco algunas palabras.

Hace muchos años me invitaron al Hotel Alvear en Buenos Aires, fuimos a tocar con Pezzini y otro músico que no recuerdo el nombre, peronista era. Había venido un famoso músico ruso, en esa época las relaciones con la Unión Soviétivaeran así..., entonces el tipo vino con los guardaespaldas, unos gigantes de 2 metros. Yo estaba sentado con Pezzini, nos habían invitado al hotel para conversar sobre música, en la mesa todos hablaban en inglés. Uno de estos guardaespaldas se llamaba Zubrysnky, y le hice algunas preguntas en inglés “¿Cuál es el sistema técnico de la escuela violinística en Rusia”, no hubo respuesta? ¿Cómo se estudia? Tampoco hubo respuesta, así me pasó varias veces. Después me dice Pezzini, en esos momentos solista del teatro Colón, “Carfi, me parece que con estos rusos no tenemos nada que hacer acá, únicamente que les hablé en quichua”, y dije un par de palabras en quichua. El ruso se dio vuelta inmediatamente y apuntándome con el dedo me dice “Quichua santiagueño”, me quedé asombrado. ¿Y cómo es que un ruso puede reconocer el quichua santiagueño? La respuesta era que cuando mandaban gente al extranjero, los preparaban para poder reconocer y entender otras lenguas, aún las menos convencionales. Me quedé frío, nunca hubiera imaginado que ellos hubieran podido entenderme, mire que yo había estado tantos años en Europa, conocí y hablé varios idiomas, pero en quichua...            

Acotaciones personales:

Más allá de su relevancia internacional, Humberto Carfí sentía un gran orgullo de su identidad cultural que conoció y absorbió desde su niñez en Santiago del Estero, provincia donde se han rescatado y desarrollado las corrientes más puras y genuinas de nuestra música folklórica.

Las grabaciones donde intervino con Los Hermanos Abalos creo que son de 1943. Los Hermanos Abalos llegaron a Buenos Aires en 1939 y en 1943 comenzaron sus primeras grabaciones. Ellos pensaban que su formación (piano, guitarras, bombo, quena) era demasiado “pobrecito” y querían presentarlo enriquecido con el sonido de violinistas que ya tocaban en el Teatro Colón. Además, eran amigos personales de don Humberto, del mismo lugar originario y de su misma edad. Actualmente queda un solo sobreviviente de aquella agrupación, se llama Vitillo Abalos y tiene actualmente 92 años.

Con Humberto Carfí esa noche hicimos un brindis por dos cuestiones en común: la admiración por la música santiagueña y la fecha de cumpleaños en común. Ambos nacimos en la misma fecha: Carfí nació un 22 de julio de 1913 y yo en 1944.

Fuente: humberto-carfi.jimdofree.com

 

martes, 13 de enero de 2026

Alfredo Abalos – Un amigo inolvidable

 Por José Luis Torres

 


 

El Puka Ruiz me llama por teléfono y me avisa: “Negro, preparate que viene Alfredo Abalos a Rosario”. Ninguno de los dos lo conocía personalmente, pero escuchar sus grabaciones era una costumbre de mucho tiempo atrás. Ya había grabado dos discos con el Negro Domínguez (fabuloso guitarrista) y en 1978 editó un LP en RCA con el título “Silencio, canta Alfredo Abalos”, en su contratapa Marcelo Simón comenta el disco analizando el repertorio tema por tema.

Comenta el encuentro con Alfredo con sus impresiones sobre la grabación “Todo fue elaborado amorosamente. Desde la selección del repertorio, eminentemente santiagueño, incontaminado, hasta la selección de sacha músicos para algunas piezas, desechando la tentación de recurrir a instrumentistas de Buenos Aires, a los que les sobra virtuosismo “pero les falta olor a chipaco recién horneado me dice el gordo – porque es gordo – Abalos”.

Marcelo Simón, muy respetuosamente explica luego que Alfredo utilizó otra palabra menos académica. No hace falta ser quichuista para entenderlo “Les falta olor a aca” decía Alfredo en realidad, y los que no conozcan la palabra “aca” (así, sin acento) pueden recurrir a internet para averiguarlo.

Para el santiagueño es normal utilizarla pues puede describir muchas situaciones. Alfredo la usaba frecuentemente en sus actuaciones cuando se dirigía al director de luces en el escenario “Che, ¡prendeme las luces que no se vé ni aca!”.

Ese LP era muy poco conocido y cuando Alfredo lo encontró entre mis discos se sorprendió gratamente “Negro, ¿de dónde sacaste esto? ¡Es una joya!”- Pero eso fue al tiempo de conocernos.

Alguna vez subí su tapa en un sitio de folklore y se ha utilizado en varios sitios, pero nadie ha mencionado la fuente. Se puede identificar fácilmente porque mis discos tenían una etiqueta con su número, en este caso era el 174. Hace 20 años las cámaras de celular no se conocían, así que tuve que escanearlo y unir las dos tomas, el detalle se puede observar en la foto. Pero eso no es importante para su historia.

Alfredo había grabado en 1982 “La voz de la chacarera” y en 1983 “Moneda que está en el alma”, ambos en EMI Odeón y esos discos se difundían en las radios.

El ciclo “El canto de las provincias” durante la gestión del Negro Ielpi presentó en 1984 y 1985 una cantidad de artistas increíble en la sala Udecoop (Entre Ríos 435). En esa lista de presentaciones, uno de los primeros convocados era el Gordo Abalos. Sabíamos que era gordo (a la vez que alto) pero cuando lo vimos en el escenario nos dimos cuenta que tenían razón al llamarlo así, después les cuento más detalles. Alfredo se presentaba cantando y rasgueando la guitarra como pocos, la primera viola estaba a cargo de Tati Novillo, hermosa persona y buen violero, otro amigo inolvidable. En ese tiempo la chacarera no era un género tan difundido ni conocido por el público, tan es así que los poquitos que querían hacer palmas no sabían dónde comenzaba o terminaba el tema, desconocían la síncopa…y seguían aplaudiendo aún después del final. Salvo los que eran santiagueños o la gente que bailaba folklore.

Solo dos tipos en el escenario con sus guitarras conmoviendo a la platea, ahora nos resulta difícil imaginarlo, pero era así nomás. Verlo al Gordo tocando la guitarra y cantando con esa garganta prodigiosa era un espectáculo inolvidable. Tengo en mis archivos 5 temas grabados de esa actuación. Esa noche fue una fiesta para todos y más para nosotros dos. Cuando nos arrimamos a saludarlo, quizás por el acento santiagueño del Puka, nos vió como paisanos de su pago (aclaro que no soy nacido en Santiago, pero he sido amigo de muchos de ellos) y nos abrió la puerta de su corazón.

Luego de los saludos empezamos a hablar de cuestiones que teníamos en común y ya nos invitó a cenar, aterrizamos en una parrilla compartiendo un asadito bien regado con Norton Clásico (siempre tinto), era el vino preferido de Alfredo.

Me regaló una foto suya y una tarjeta “Alfredo Abalos. Calle y teléfono en el 8 de abril y una aclaración de la misma “No llame hora i´siesta”. De esa esa foto después les contaré su historia, pero vuelvo a contarles de Alfredo. Después de esa noche quedamos como amigos con Alfredo y Tati Novillo, esa presentación tuvo muy buena repercusión.

En el verano del 85 actuó en el Anfiteatro rosarino junto don Sixto Palavecino con Rubén y Carmencita. Después de la actuación nos invitaron a comer en el patio de los Sosa (Cochabamba y Alem), a los músicos y amigos, ahí estuvo también el Negro Ielpi, empanadas, asado y buen tinto. Recuerdo que Tati estaba muy copado con “Chacarera para mi hermano”, la tuvo que tocar varias veces mientras yo lo acompañaba en guitarra y Alfredo en bombo, solo instrumental. Esa chacarera la hizo Cuti Carabajal cuando estando en España se entera que había muerto su hermano Agustín, Kaly hizo la intro. Me acuerdo que Tati la tocaba en Mi mayor, son esas cosas que uno no se olvida.

Unos meses después volvieron a la misma Sala Udecoop (siempre por gestión de Pérez Cantón). Ya nos habían avisado del retorno y esta vez Puka se ofreció a darle una mano acompañando con su bombo, el Gordo lo aceptó y lo presentaba diciendo esa noche “Bueno les presento a mi compañero Julio Novillo, que viene y se sienta, y el bombotólogo es el Puka Ruiz, un santiagueño que está radicado aquí en Rosario, ahí está entrando. Recién veníamos en un auto, no sé si han visto ¡y le hemos hecho tocar el piso contra el suelo! (Se ríe Alfredo) ¡No quería caminar el auto del gordo! ...Bueno, venir a Rosario significa volver a un lugar donde tenemos tantos amigos que nos llenan de atenciones y de cariño, es un gusto estar con ustedes”.

El Puka Ruiz era también gordo y su cupé Chevrolet azul tenía que transportar casi 300 kilos de peso de Alfredo y su dueño, además de Tati y los instrumentos.

Hubo al menos 4 visitas de Alfredo con Tati Novillo, siempre compartidas con ellos, en ese tiempo nos escribimos con Tati varias veces. Creo que era bioquímico y se había radicado en Córdoba.   Después lo perdí de vista. Era nacido en Salto (Bs. As.).

En esas primeras visitas Alfredo tenía el hotel pago, como todos los artistas, pero a partir de su segunda visita prefería venir a casa donde era uno más de la familia. Era muy divertido andar junto a Alfredo, le dice a mi esposa “Marta quedate tranquila que cuando regreses te esperamos con el puchero”. Íbamos a hacer los mandados en el barrio y el Gordo se presentaba “Buen día señor, soy Alfredo Abalos, cantor popular, esta noche canto en el Anfiteatro y lo espero. ¿tendrá chiquizuela? Tengo que hacer un puchero y no quiero fallar a la Martita”. Y así en los otros negocios “Buen día señora, soy Alfredo Abalos, cantor popular. ¿Tendrá zapallito anco y algunos choclos…y si puede me agrega un poquito de apio, le dá muy buen sabor a la sopa”.

Se repetía la escena: a comprar el Gancia “Si no tomamos un Gancia como querés que salga el puchero, hijo querido”, el pan, y Alfredo con su natural acento santiagueño ante gente que no lo conocía. Después con el tiempo me preguntaban “José Luis, ese amigo tuyo santiagueño ¿cuándo vuelve?” Alfredo dejaba su marca en el escenario y también con gente desconocida. Fueron tiempos muy risueños y plenos de emociones compartidas con el querido Alfredo.

A veces he leído que era gruñón, que rezongaba, protestón y una serie de apreciaciones que no comparto, por lo menos no era así con los amigos que entraban en su corazón. Y yo me considero un afortunado que pudo conocer esa parte tan profunda de sus sentimientos. Como decía Violeta Parra “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”

En 1986 volvió a Rosario, pero esta vez junto a la Muni Santillán (su esposa) que cantaba junto a los Hermanos Juárez, Martincito era muy chico y en el escenario tocó el bombo junto a ellos. Fue otra ventana nueva que se abría: conocer y hacernos amigos de Muni, Fortunato, de Sabino, del Chango y Carlitos. Fortunato inolvidable, músico, cantor, quichuista, punteaba y bordoneaba la guitarra y bromisto impagable.

Se presentó esa noche en la Mateo Booz “Nosotros somos los Hermanos Juárez, santiagueños de Loreto pero la gente dice que somos Los Parchís santiagueños. ¡Capaz que tienen razón!”. Se reía Fortunato con su risa contagiosa y aclaraba “Sabino 79 años, yo apenas 75, ¿Saben que pasa? En Loreto la gente vive mucho tiempo, hace poco ha muerto uno de 95 años ¡changuito había sido!”

La Muni no aguantaba la risa, Alfredo me decía “¡Como le gusta hablar macanas este Fortu!”. Martincito tensaba el bombo y Horacio Banegas afinaba su guitarra para acompañar al Gordo querido.

No puedo contarles más, se me humedecen los ojos traidores al recordar estos amigos. “¡Hijo querido, no seas tan flojo!” me diría Alfredo. Y bueno Gordo, disculpame por esta vez.

Fuente: facebook

Rosario, 14 de mayo 2021

jueves, 8 de enero de 2026

El primer cumpleaños de la abuela, contado por Cali Carabajal

Por José Luis Torres 



Esta historia es un adelanto de la biografía de Cali Carabajal. Empezamos a escribirla hace un año y seguimos trabajando en el proyecto, disfrutando de las historias que nos vá relatando su protagonista, descubriendo con sus palabras un mundo lleno de imágenes y recuerdos que me nutren de una historia familiar desde su misma raíz

Mi agradecimiento a Cali por confiarme esta tarea. Cuando terminemos de escribirlo y sea editado les avisaremos.

De todas maneras y a modo de adelanto publicamos una de las tantas historias que Cali nos vá narrando y llenando de asombro al conocerlas.

Mucho se ha escrito sobre esta fiesta que hoy en día convoca miles de personas que llegan a Santiago del Estero para disfrutar de este acontecimiento

Sin embargo, no conozco ningún relato que cuente como nació esta fiesta. Cali fue testigo y protagonista, era un changuito de apenas 6 años en ese tiempo.

 Su frescura y calidez nos permite viajar en el tiempo y encontrarnos en 1951 participando de aquel primer festejo. Espero lo disfruten tanto como lo he disfrutado yo al conocerlo.   

 “Nací en la ciudad de Santiago del Estero. Mi papá se llamaba Enrique Carabajal, trabajaba en el correo desde los 14 años. Mi mamá se llamaba Romelia Brandan y yo nací el 23 de diciembre de 1946. En aquella esa época te acordarás, se anotaban los nombres de acuerdo al almanaque y según esa costumbre me tocaba el nombre de Victoriano.                              

Entonces mi papá, me anotó el 20 de enero de 1947, pero con el nombre de Carlos Roberto, porque no le gustaba Victoriano. Me puso Carlos Roberto Carabajal y no recuerdo bien quien me puso el diminutivo de Carlos como “Cali”, nunca se me dio por preguntar tampoco, pero calculo que debe ser mi viejo, porque me llamaron por primera vez así y ya quedó para toda la vida “Cali”, eso fue en Santiago, en la capital.”

1951 - El cumpleaños de la abuela:

“Te cuento el origen de esta fecha patriarcal, en principio un festejo para la familia, pero más adelante se transformó en una fiesta de La Banda (el hogar donde ella vivía) que tiene trascendencia nacional actualmente y se ha consolidado como una fiesta para la provincia.

Lo que comenzó hace 70 años como un encuentro familiar hoy es fiesta del pueblo.

María Luisa Paz de Carabajal nació el 15 de agosto de 1901 en Clodomira, y en 1951 (al cumplir 50 años de vida) se reúnen sus hijos mayores: Héctor, Enrique, Ernesto, Carlos, Agustín y con el resto de sus hermanos deciden organizar el cumpleaños y se ponen de acuerdo para que por primera vez se festeje el cumpleaños de doña María Luisa

 Ella era el alma de la casa, acompañada por mi abuelo Francisco Rosario Carabajal.

 Él era más bohemio pero muy trabajador, tenía su fábrica de canastos artesanales y la abuela se ocupaba de todo lo demás: de los hijos, los nietos y de toda la familia que ya era numerosa en aquella época.

En ese tiempo yo era changuito, tenía apenas 6 años y la recuerdo caminando permanentemente por el patio, trajinando, lavando ropa en la batea, preparando el amasijo de pan casero que luego horneaba para todos, haciendo empanadas o locros para la mesa larga donde nos juntábamos abuelos, hijos y nietos.

 Era el alma de la casa y así lo reconocían todos, por esa razón sus hijos deciden festejar todos juntos, además de los amigos de la familia que eran muy allegados a su casa

 A partir de ese momento, se continuó con el festejo de su cumpleaños todos los años siguientes. Cada vez que se festejaba el ambiente de la casa era festivo, se respiraba y contagiaba ese clima de fiesta.

Ese ambiente fue contagiando a los amigos de mis tíos, que ya estaban en el ambiente de la música: Héctor, Carlos, Agustín, Enrique (mi viejo), Ernesto, y comenzaron a invitar sus amigos a la celebración y aportaban el espíritu de colaboración a la fiesta, ellos comprendieron que había que colaborar para que esa fiesta fuera cada vez mas grande.

 Uno de ellos ofreció “Bueno, yo colaboro con una vaca”, eso servía para hacer el locro, el asado, las empanadas y todo lo que la tradición marca en una fiesta grande.

 Otros traían cajones de vino, algunos de cerveza, y así todos fueron aportando sucesivamente para que no falte lo esencial para esa fiesta, que era una motivación muy grande para compartir ese festejo con la familia y los amigos.

 Ese día estábamos todos, grandes y chicos reunidos en patio de tierra de la casa esperando que llegue la vaca, hasta que uno que estaba en la puerta de la casa avisó “Muchachos, llegó la vaca. ¡Ahí la traen!”. El aviso motivó un aplauso unánime y algunos hicieron un brindis por la llegada del noble animal.

 Y así fué, pero lo que no sabíamos era que la vaca estaba viva y la traían con una piola en el cuello caminando. “¡Huy, huy, huy!, ¿ahora cómo hacemos? Hay que carnearla, cuerearla, separar los trozos de carne para las distintas comidas”.

 Bueno, alguien fue a buscar a quien pudiera realizar ese trabajo y la vaca quedó esperando en fondo del patio.                                   

 Los más changuitos jugábamos en el patio corriendo tras una pelota hecha con medias viejas. Otros andábamos ocupados en arrimar leñitas para prender el horno de barro familiar.

 Así que los demás siguieron guitarreando y cantando muy entretenidos porque faltaba bastante para sentarse a comer, hasta que al rato uno nos avisa a los gritos y muy desesperado “¡No está la vaca, se ha escapado!”.

Imaginate el desbande: todos a recorrer el barrio tratando de encontrar, grandes y chicos por las calles del barrio, aquellas calles de tierra rastreando la vaca ¡era la base del almuerzo, había que encontrarla!

 Los mayores preocupados y buscando en todos los patios vecinos. Nosotros los más changuitos creo que disfrutábamos en la búsqueda y nos metíamos en todas las casas, los perros alterados por los gritos nos ladraban, pero ni los escuchábamos, había que buscar la vaca, esa era la tarea urgente.

 Y uno de los más grandes nos alentaba “¡Agárrenla porque se nos vá el locro, las empanadas, el asado, se nos vá todo!”, ¡mira que se nos iba a escapar!; la hubiéramos rastreado hasta en el monte y además queríamos colaborar con más grandes.

 Al fin la encontramos, pero no la podíamos agarrar, los más chicos éramos los más inquietos en la búsqueda hasta que uno de los mayores la sujetó de la piola y la llevó a la casa entre el griterío de festejo de los más changuitos.

¡Me acuerdo de aquel momento y me hace sonreír la anécdota!

Finalmente, el encargado de la faena realizó su tarea, acercó los cortes de la vaca y se pudo concretar un menú bien criollo, exquisitos platos que saboreamos entre todos.

 La olla grande burbujeaba con el maíz blanco, los porotos, el zapallo y los trozos de carne. El horno bramaba y humeaba lindo por su oreja, mientras salían las empanadas tan calientes que costaba agarrarlas con las manos para hacer un bocado, la parrilla iba dorando los costillares, mientras los mayores seguían sembrando chacareras y vidalas en el viejo y amplio patio de tierra en la casa mis abuelos, guitarras en mano y un bombo repicador esperando que llegar la tan ansiada comida. 

 Deben ser las empanadas más ricas que he comido, el locro una delicia inolvidable con las salsitas picantes que hacía mi abuela y un asado donde las costillas quedaban peladitas a mordiscones. Los perros miraban con envidia y se relamían esperando que algo quedara para ellos.

Una anécdota inolvidable de aquel primer cumpleaños y quedó grabada en nuestros recuerdos. Son cosas que nos han pasado y hoy estamos recordando de aquellos años cuando éramos changuitos.

En aquella oportunidad, asistió gente muy destacada de la ciudad, como Martín Rodríguez, Ñato Díaz, Expedito Peralta, el doctor Arriaga, médico pediatra de la ciudad que trabajaba en el único hospital que funcionaba en esa época en La Banda. También estuvieron los hermanos Reyes, Chela, Cari, Apalo Villalba y mucho más.                                                                                                

No recuerdo cuantos eran, capaz que 40 o 50 comensales, o quizás más, pero todos estaban allí para festejar el cumpleaños de mi abuela.                                                                                               

 Y ella disfrutó ver tanta gente feliz en ese viejo patio, tanto cariño de sus hijos y nietos sentados en la vieja mesa familiar, más los amigos y vecinos que habían llegado a homenajearla.

 Con el correr de los años se hizo una fiesta en la cual asistieron grandes artistas como Ariel Ramírez, Alfredo Abalos, Sixto Palavecino, Carlos Saavedra, el Ñato Gramajo, en fin, muchos.  

 Como el patio quedó chico, tuvimos que sacar sillas a la calle y “Hoy ya se convirtió en una fiesta popular a la cual asisten no sólo artistas, sino turistas de todo el país y el mundo», afirmó Cuti Carabajal en diálogo con El Resaltador. Cuti es otro de los changuitos que intervino en la búsqueda de la vaca,

 Ella falleció el 10 de agosto de 1993. Su fiesta de cumpleaños, aquella que arrancó como una reunión familiar, para que luego se convirtiera en un espejo donde todos, desde bisoños hasta notorios artistas, quieren reflejar su arte.                                      

Las empanadas, el locro, el asado, el vino, los artesanos, los viajeros de distintas partes del país y los cantautores de la gran familia musical forman parte del paisaje de fiesta que tiene como escenario la calle y al patio de tierra de la casa materna del humilde barrio de La Banda.

 María Luisa Paz de Carabajal, querida abuela ¡siempre estás en nuestros corazones agradecidos!”

Rosario, 9 de junio del 2021

Historia de la chacarera "La vieja"

Por José Luis Torres


 

Esta chacarera es una de las obras musicales más puras y auténticas de nuestra música folklórica, además de su primordial característica de chacarera trunca, desde donde reconocemos la exclusividad de su origen santiagueño.

La escuchamos desde nuestra niñez y siempre nos acompañó a la hora de mostrar el ejemplo de una auténtica obra folklórica de origen criollo.

Desde aquellos lejanos años escuchamos que sus autores eran los hermanos Díaz, legendario dúo formado por el Soco y el Cachilo Díaz quienes aportaron obras musicales fundamentales de nuestra música folklórica.

Nacidos en la Villa de Salavina, lugar ubicado en el corazón de Santiago del Estero, tierra quichuista cuna de músicos inolvidables que se preocuparon por recoger y transmitir el tesoro musical y poético heredado de sus abuelos, el Soco y el Cachilo Díaz conformaron un dúo musical que habría de marcar a fuego el cancionero santiagueño.

Hijos de Julián E. Díaz y Crescencia Torres, el hermano mayor Francisco Benicio Díaz, a quien apodaban el Soco, nació el 24 de julio de 1899 y falleció el 12 de noviembre de 1948. Su hermano Julián Antonio Díaz, el Cachilo había nacido en Salavina el 23 de marzo de 1905, falleciendo en Santiago el 28 de septiembre de 1967.

Curiosamente, los hermanos Díaz jamás registraron esta chacarera aunque era de las obras favoritas que conformaba el repertorio del dúo. Creo que no la registraron porque su honestidad como personas les impedía adueñarse de una obra que no les pertenecía.

 La primera obra que registran en Sadaic es la vidala “Andando” con fecha 15 de junio de 1949. Para esa fecha ya había fallecido el Soco Díaz.

Cachilo sigue registrando en Sadaic otras obras hasta 1958, algunas a nombre de su hermano, otras a dúo, y a veces con otros autores (vaya como ejemplo A. Yupanqui).                               

Hasta que en 1963 autoriza a Oscar Valles a poner letra a las obras. A partir de ese momento Oscar Valles registra en Sadaic ocho temas como coautor junto a Cachilo. Curiosamente (o nó) viendo la fecha de estos registros en Sadaic, observamos que la chacarera “La vieja” es la primer obra de los Hnos. Díaz que Oscar Valles registra en Sadaic.

LA VIEJA - Registrada el 10/03/1965 - #94167 | ISWC T-037031559-5 – Julián Antonio, Benicio y O. Mazzanti

LA AMOROSA - Registrada el 08/10/1963 - #107790 | ISWC T-037037129-1 – Julián, Benicio y O. Mazzanti

LA HUMILDE - Registrada el 08/10/1963 - #90126 | ISWC T-037029960-7 - Julián Diaz y Oscar Mazzanti

LA OLVIDADA - Registrada el 08/10/1963 - #29376 | ISWC T0370315891 - Julián y Benicio Díaz - Héctor Roberto Chavero 

LA MOCHA - Registrada el 13/10/1965 - #78868 | ISWC T-037025952-1 - Julián, Benicio y Oscar Mazzanti

EL VENTAJAO - Registrada el 28/12/1965 - #91160 | ISWC T-037030344-8 - Julián Diaz y Oscar Mazzanti

LA ENREDADORA - Registrada el 07/03/1968 - #166316 | ISWC T-037079384-2 – Julián Diaz y Oscar Mazzanti

BREA CORRAL - Registrada el 11/09/1968 - #166054 | ISWC T-037079127-7 - Julián Diaz y Oscar Mazzanti

LA SABAGASTERA - Registrada el 11/09/1968 - #167008 | ISWC T-037080055-7 - Julián Diaz y Oscar Mazzanti

 La aparición de Oscar Valles como letrista de estas composiciones, logró una muy buena repercusión y excelente difusión a través de muchas grabaciones.                                                                       

Es indudable que el hecho de vivir en Buenos Aires, su experiencia en registros en Sadaic y la relación de amistad con distintos intérpretes del folklore contribuyó para ello.                       

Podemos decir que su colaboración fue un aporte sumamente valioso para revindicar y hacer conocer las obras de los Hermanos Díaz.

Hasta ahí, la historia que todos conocemos, pero más adelante aparecen datos que modifican parte de este documento.

En 1966 la Revista Folklore Nº 130, publica una entrevista al Cachilo Díaz de su enviada Alma García, prestigiosa periodista y guitarrista.

 Una entrevista muy interesante de la cual transcribimos parte de ella donde Cachilo rememora su viaje a Buenos Aires a instancias de su amigo Adolfo Abalos quien los invitó en 1947 para presentarse en la peña “Achaley Huasi” de Los hermanos Abalos.  

"El dúo de los Hermanos Díaz se inició con un mes en “Achalay huasi”, la peña de moda en ese entonces. Allí se convirtieron éxitos sus composiciones “La finadita” “La amorosa” bautizada así por Estela Peña, “El pintao”, “La vieja” recogida al arpista Gervasio Contreras, “Andando” (vidala), “La olvidada” (Nunca te olvidaremos) y muchas más que casi se popularizaron de tan populares. No olvidaron nunca el éxito que obtuvieron al lado de Adolfo Abalos en el Palacio Municipal de La Plata, antes de regresar a su provincia". 

En este fragmento del testimonio aparece el dato más relevante para nosotros.                                                                                  

Es el mismo Cachilo Díaz quien nos informa que la chacarera es recogida del arpista Gervasio Contreras, dato que nos revela la honestidad del Cachilo al contarnos el origen de la chacarera “La vieja”.

Fue recogida de un arpista, antiguo habitante de Villa Salavina, lugar que vió nacer al Soco y Cachilo Díaz. Y seguramente de allí la recordaban.

 Gervasio Contreras ejecutaba la chacarera que hoy conocemos como “La vieja” en su arpa (aunque el tema no tenía nombre todavía) y podemos suponer con bastante fundamento que era su autor, salvo que alguna investigación fundamente lo contrario.

 Hemos hablado con arpistas actuales y coinciden con la idea de que fue compuesta por un arpista, y que es más sencillo abordarla ejecutando un arpa que por la disposición de cuerdas de este instrumento facilita su interpretación.                                           

Las características musicales de esta chacarera ofrece bastante complejidad al trasladarla a su ejecución en guitarra. Lo que refuerza la idea original sobre la autoría de don Gervasio Contreras.

¿Y quién fue el arpista Gervasio Contreras? Busqué esa información obstinadamente y finalmente encontré una referencia donde se lo nombra. El libro se llama “Sisa pallana”, Antología de textos quichuas santiagueños escrito por Mario C. Tebes y Atila Karlovich F.

Se puede consultar y descargar en https://es.scribd.com/.../Antologia-de-Textos-Quichuas...

 La entrevista ocurrió en 1962, el entrevistado Antonio Aguirre está hablando de una época que podemos ubicar entre 1915 y 1950 aproximadamente.

El violinisto Antonio Aguirre (67 años) / por Domingo A. Bravo – Pág. 226

"Yo a la edad de 15 años compré un violín y comencé a ser músico. Luego de algunos años mi violín ya no servía y otra vez compré uno. Después otra vez se me acabó ese. Ya compré otro. Después cuando tuve ese, me lo quebró un borracho estando en un baile. Después un compañero mío había tenido un violín, y como me lo regaló, ahora tengo ese violín. Hoy en día ya nadie me da trabajo y así yo vivo abandonado, dejando mi violín".                                 

"Hoy en día, porque ya hay músicos modernos, a mí me echan para atrás [no me tienen en cuenta]".

"Hace mucho, la música solía ser: el arpista, el finado Gervasio Contreras, su guitarrero, Santiago Coria, su bombisto, Eusebio Jiménez. Y yo en eso aprendí el violín y entonces formamos un cuarteto. Solíamos ser los músicos aquí en Villa Salavina. Debe ser de 30 a 40 años atrás que nosotros empezamos a ser músicos, fue aquí en Villa Salavina".

El Soco y Cachilo Díaz (muy changuitos en ese tiempo) frecuentaron esos músicos con los cuales fueron aprendiendo sus primeros fundamentos de la música criolla salavinera.

En realidad, jamás los hermanos Díaz afirmaron que esa chacarera les perteneciera. El que la registró y los anotó como autores fue Oscar Valles.

Ellos la aprendieron de músicos populares, la interpretaban y recordaron durante mucho tiempo, preservándola del olvido.

 Existe otro testimonio que refuerza el tema de este informe. En 1996 consulté con Adolfo Abalos sobre este tema y me decía que hace mucho tiempo le había preguntado a Soco y Cachilo cual era la chacarera trunca más antigua que conocían y tocaron esta melodía que conocemos como “La vieja”.                             

Estamos hablando de un tema popular que los Hermanos Soco y Cachilo Díaz habían conocido en Salavina y lo incorporaron a su repertorio.   

El mismo Adolfo Abalos en el año 2000 graba un disco a instancias del musicólogo francés Michele Plisson, titulado “Musique tradionnelle de Santiago del estero”.                                               

 El primer tema del disco es “La vieja” chacarera. (Anónimo). Tema recopilado por B. Díaz) Famosa chacarera de la región de Salavina. Considerada como la más antigua de las truncas. No se conoce el autor, pero existen varias versiones, entre las cuales, entre ellas la de B. Díaz que interpreta aquí A. Abalos.

 Esta chacarera tiene al menos 2 letras distintas. La primera la escribió Adolfo Abalos a fines de los años 50 y no la registró por respeto a los Hermanos Díaz, con quienes compartía una larga amistad y total confianza.                                                               

Por esa relación de amistad no pensó que hiciera falta el detalle burocrático de registrarla en Sadaic.

Tanto Michel Plisson como Adolfo Abalos la reconocen como anónima, ellos desconocían que había sido recogida de Gervasio Contreras en Salavina.

Letra de “La vieja” por Adolfo y un detalle para prestar atención. En su estribillo Adolfo aclara: Chacarera, chacarera, la más vieja de las truncas.

 Esta chacarera trunca ha nacido en Salavina,
la tocaban en guitarra el Soco y Cachilo Díaz. 
 La tocaban en guitarra, en guitarra y bandoneón,
mandolín, guitarra y bombo, y así la recuerdo yo.
¡Salavina es un pedazo de Santiago del Estero,
"Es la tierra que más quiero", decía un salavinero! 

¡Chacarera, chacarera la mas vieja de las truncas,
por ahí tal vez te olviden, pero en Salavina, nunca!

¡Uy, vidita con las truncas! ¡Medio bravas por demás!
Y aunque ariscas y cruzadas, churitas para cantar. 
Si te dice algún amigo: "¡Tocamélo una trunquita!",
hacele escuchar "La Vieja" ¡con alma y bien sentidita! 
Una vieja y otra vieja y otra vieja ya son tres,
si las viejas son como estas, ¡vengan todas de una vez! 

Más adelante, en 1964 apareció la versión de Los Quilla Huasi con letra de su integrante Oscar Valles.  Tenía esta letra:

Esta chacarera es trunca, alma y vida de Santiago,
vieja como los coyuyos que cantan allá en mi pago. 
Sangre de salitre y canto que corre por los senderos,
polvadera, vino y farra febril del salavinero. 
Yo la traigo de mi tierra donde el monte besa el cielo,
hecha canto en mi guitarra y la del Sonco en el recuerdo.

Todos la llaman "la vieja" y algunos me la han copiado,
pero esta es la verdadera que canta todo Santiago.

Achalay mi chacarera, sonco y bulla de mi pecho
y rescoldo de las coplas que cantaron mis abuelos.

Apenitas se la escucha la sangre me cosquillea,
y hasta se salen del alma las penas y mudancean.
Compañera de mis noches, llamita de mis adentros
pa' alumbrar a mis paisanos humildes pero contentos.

Me contaba Adolfo Abalos que cuando escuchó la versión de Los Quilla Huasi (posterior a su letra) se incomodó con la copla que decía:

Todos la llaman "la vieja" y algunos me la han copiado,
pero esta es la verdadera que canta todo Santiago.

Esa frase “y algunos me la han copiado” daba a entender que se refería (posiblemente) a Adolfo Abalos, quien había escrito la otra letra mucho antes que Oscar Valles. Pero luego lo tomó con humor y se olvidó del tema.

Aclaración:

Este informe no tiene como finalidad desmerecer la obra de ninguno de estos próceres. Tan solo es producto del afán de investigar con las herramientas que nos proporciona la tecnología actual, sin ellas hubiera sido imposible realizarlo.

Los Hermanos Díaz son un referente imprescindible a la hora de hablar de la música santiagueña y uno de los más claros exponentes de la chacarera trunca, entre tantas obras creadas por ellos.                                                                                       

 Además de otros géneros como zambas, vidalas, gatos, escondidos.

Oscar Valles, legendario compositor y letrista falleció el 7 de Abril del 2003. Marcelo Simón escribió "Murió un Cacho de Argentina" decía: "...Una de las razones más claras por la que debemos agradecer su talento, es porque redescubrió y completó las creaciones de los geniales salavineros Julián y Benicio Díaz...que permitieron mostrar al país y al mundo, fragmentos del dulcísimo lirismo de los campesinos de la Mesopotamia santiagueña..".

 Adolfo Abalos, el genial pianista de Los Hermanos Abalos creó una escuela pianística que podemos considerar el molde inicial del cual se nutrieron durante décadas nuestros pianistas folklóricos.

 Y vaya nuestro reconocimiento para Gervasio Contreras, Tomita Abendaño, Conrado Pérez, Antonio Gómez, Sixto Palavecino, Fortunato Juárez, Don Andrés Chazarreta, Los hermanos Simón, Los hermanos Abalos, Julio Jerez, y tantos otros a veces desconocidos creadores que han enriquecido nuestro patrimonio musical.

 Una curiosidad sobre el tema en cuestión.                        

Atahualpa Yupanqui grabó muchas obras de los Hermanos Díaz de quienes fue muy amigos. Sin embargo “La vieja” nunca la grabó. Prácticamente no hay grabaciones de esta obra en solo de guitarra, lo que nos permite entender en la complejidad de su ejecución.

Conozco solo una versión en solo de guitarra (solo, sin acompañamiento) y está cargo de Miguel Alvarez. Se puede escuchar en este sitio:

https://www.youtube.com/watch?v=YKiQwQBIsOE

José Luis Torres Urquiza – Rosario, 28 de octubre 2020