Mostrando las entradas con la etiqueta Pedro Evaristo Díaz. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Pedro Evaristo Díaz. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de febrero de 2026

La 7 de Abril: El enigma detrás de la "madre de las zambas"

Don Pedro Evaristo Diaz

En el vasto universo del folclore argentino, pocas piezas despiertan tanta fascinación y misterio como "La 7 de Abril". Considerada la madre de las zambas "de tres vueltas" o zambas largas, su estructura de 36 compases y su melodía final diferenciada la convierten en una joya técnica. Pero más allá de su música, lo que realmente cautiva es la densa niebla que rodea su origen y su nombre.

¿Por qué "7 de Abril"?

Aunque la fecha fue instituida como el Día de la Zamba en honor a esta obra, el motivo real del título sigue siendo objeto de debate. Existen tres grandes teorías que mezclan la sangre, el progreso y el corazón:

La huella histórica: Se dice que homenajea a la localidad tucumana de "7 de Abril" (ubicada en el límite con Santiago del Estero). Allí, un 7 de abril de 1840, se inició el pronunciamiento de la "Liga del Norte" contra Juan Manuel de Rosas.

La llegada del progreso: Otros sostienen que el nombre celebra la llegada del ferrocarril al pueblo, ocurrida en la misma fecha pero del año 1908.

El drama del Juez: Una versión romántica cuenta la historia de un joven rico que, tras recibirse de abogado y ser nombrado juez, debió enfrentar su destino más cruel: casar a la mujer pobre que amaba con otro hombre. Se dice que la letra de Pedro Evaristo Díaz y la de Domingo Lombardi nacieron de este dolor.

Una autoría en disputa

¿Quién fue el verdadero creador de esta melodía que hoy todos silbamos? La lista de pretendientes es larga y revela la rica tradición oral de nuestra tierra:

Andrés Chazarreta: Fue el primero en registrarla en 1916 tras escucharla de músicos populares santiagueños.

Los autores anónimos: Investigadores como Isabel Aretz apuntan a que el verdadero autor fue "El Ñato" Carrillo, un violinista tucumano que falleció en 1911. Otros nombres que resuenan en las cuerdas del arpa son Agenor Reynoso y el "Ciego Chaza".

La injusticia de Don Pedro

Aunque la versión más popular en las peñas es la de Pedro Evaristo Díaz, la historia nos deja un sabor agridulce: Don Pedro nunca pudo cobrar por su autoría. El destino decidió que su obra fuera de todos, menos de él en los papeles.

"La 7 de Abril" no es solo una danza; es un rompecabezas de la identidad del NOA, una zamba que se baila con la elegancia de la historia y se canta con el misterio de lo que nunca se llegará a conocer del todo.

Referencia: Basado en el libro inédito "Historia del cancionero folclórico santiagueño" de Omar "Sapo" Estanciero.

Manuel Gómez Carrillo: Publicó una versión musicalmente distinta en 1923, sobre la cual trabajaron figuras como Leda Valladares y la poetisa Blanca Irurzun."LA 7 DE ABRL" (Pedro Evaristo Díaz/Andrés Chazarreta)

Triste y con pena me voy// voy cantando está canción// buscando consuelo en esta zamba// porque me ha pedido el corazón.

Lejos se escucha una voz// mientras dice en si cantar// en aquella noche silenciosa// dando fuerte alivio a mi pesar.

Otros andarán por ahí// igualito como yo// cantando triste mis penas// zamba con mi canción.

Como el perfume de flor// suave, acompasados son// has hecho bailar a muchos criollos// haciendo vivir la tradición.

Tu melodía quizás// siempre ha sido para mi// hace muchas noches he soñado// y así te nombre 7 de abril.

"LA 7 DE ABRIL" (Domingo Lombardi/ Andrés Chazarreta)

La zamba 7 de Abril// vamos vidita a bailar// obligando gracia a tu perfil// y encendiendo amor es tu mirar// con tu pañuelo ya gentil// y como queriéndote alejar.

Una encendida pasión// aceptó encanto sentir// dando una esperanza al corazón// porque tu desdén hace sufrir// no me quites mi alma está ilusion// porque sin ella no podré vivir.

Criolla labios como flor// la que el sol besó al pasar// y brindas las dulzuras// de algarroba y de chañar// no hagas la desventura// de quien te sabe amar.

Quiero volverte a cantar// en esta zamba mi dolor// al ver si por fin puedo alcanzar// y ser dueño de tu corazón// u en el pañuelito he de expresar// al rodear tu pecho mi intención.

Sobre tu frente pondré// una corona triunfal// con amor constante y leal// un liviano paso seguiré// y en tu pollerita de percal// flores de mi sierra pondré.

Va está zamba a terminar// dando tregua a mi dolor// de negarme un consuelo// mi alma tendrás valor// y a tus pies mi pañuelo// rindo en prueba de amor.

"LA 7 DE ABRIL" (Leda Valladares/Manuel Gómez Carrillo).

Vengan al cerro a escuchar// como canta el montaraz // clava su baguala en pleno cielo// con un alarido de horfandad.

Quien sale al campo a llorar// las vidalas del amor// queda engualichado bajo el monte// y entre los quejidos del tambor.

Zamba de largos sauzales// fiel rescoldo del peón// que tu pañuelo al aire// nunca nos diga adiós.

Que lindo es dejarse estar// bajo un viejo quebrachal// cerca de las grandes salamancas// resollando todo el carnaval.

Nadie se quiere morir// sin gozar el carnaval// sin echar la entraña de  su canto// en el vuelo del polvaredal.

Zamba de triste follaje// resolana del cantor// que  tu pañuelo al aire// nunca nos diga adiós.

La Siete de Abril: SIETE DE ABRIL- M. GOMEZ CARRILLO-BLANCA  IRURZÚN.

Sol de abril en Tucumán
Mil deseos de volar
Con sus madreselvas perfumadas
Y con su luz clara el rosedal
Enfrentando a Juan Manuel de Rosa
El jazmín de Tucumán


Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán


Canto de un 7 de abril
Luminoso y soñador
Haber la esperanza tucumana
Libre la mañana su esplendor
Hay un envainar de resbalosas
Ya universal restaurador


Adiós la luz la libertad
Como una bomba de cristal
Sueños lejanos
Por sierras vienen y va
Tierra valiente
La tierra de Tucumán

(Gentileza de Rubén Chamorro)

OMAR SAPO ESTANCIERO


lunes, 22 de diciembre de 2025

El Rincón de los artistas: El bodegon donde Borges escuchaba folclore y Piazzolla tocó sin una tecla

En el corazón de Santiago del Estero, una antigua casona en la calle Tucumán fue, durante décadas, el refugio clandestino de la cultura popular. Historias de artistas anónimos, empanadas como forma de pago y visitas sorpresivas de grandes figuras de la literatura argentina tejieron la leyenda de “El Rincón de los Artistas”, un lugar que el tiempo y la economía se llevaron, pero que la memoria musical aún guarda con cariño.

 

"El Rincón de los Artistas, bodegón folclórico en Santiago del Estero"


París tiene sus cafés literarios y Buenos Aires, sus tanguerías históricas. Pero Santiago del Estero, cuna del folclore argentino, tuvo durante casi tres décadas un santuario popular inigualable: “El Rincón de los Artistas”. Más que un simple bodegón, era un ecosistema donde la música se respiraba entre el aroma de la pizza recién horneada y el vino servido en jarras de metal. Su creador, Pedro Evaristo Díaz, un hombre sencillo nacido en el paraje Tiuyoj un 21 de diciembre de 1919, construyó con su humildad y visión un legado que hoy solo vive en el recuerdo de quienes disfrutaron de sus mágicas madrugadas.

Las paredes, adornadas con brochazos gruesos de pintura al óleo y murales alegóricos, enmarcaban un ritual cotidiano. Alrededor del mediodía, comenzaba la función, se hacía una pausa para la siesta provincial y renacía al atardecer, extendiéndose hasta el amanecer. Las sillas y mesas de madera crujían al recibir a músicos, poetas, recitadores y humoristas, muchos de ellos anónimos, que encontraban en ese lugar su único escenario posible. “Era un espacio frecuentado por músicos humildes y muy respetuosos, que no se animaban a actuar en otros lugares precisamente por respeto al público. Todo lo contrario, a lo que sucede hoy en día”, reflexiona Leandro Taboada, fundador del conjunto vocal Los Tobas, en una charla con este medio.

Don Pedro inició su camino en sociedad con Edmundo Soria en el “Bar Casino” en 1949, pero pronto compró la parte de su socio y le dio un giro fundamental. Lo renombró y lo transformó en un refugio para aquellos artistas “sin cartel”, con una política de puertas abiertas: cualquiera podía mostrar su arte con solo pagar una consumición. El “cachet” era, muchas veces, un plato de empanadas y una jarra de vino, una propina voluntaria o simplemente el honor de ser escuchado.

Entre sus músicos habituales, la memoria rescata al legendario grupo formado por el “Mandinga del Bandoneón”, Víctor Orellana; los guitarristas hermanos Campos y el “Payo” Luna, un albino malabarista del bombo. También pasaron por sus mesas el cantor Enrique Simón, quien allí consolidó su fama como intérprete de tangos. Pero el Rincón tenía un imán especial que atraía a figuras de renombre nacional. “Por ejemplo, Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y Victoria Ocampo, entre otros grandes de la cultura argentina invitados por mi padre”, evoca el doctor Mariano Paz, hijo de un destacado promotor cultural santiagueño, en un testimonio recogido para esta nota.

La anécdota que mejor captura el espíritu del lugar sucedió una madrugada, cuando Astor Piazzolla, de visita en la provincia, sintió el impulso de tocar su inmortal “Adiós Nonino”. El “Mandinga” Orellana le prestó su bandoneón, aunque le faltaba una tecla. A pesar de lo improvisado y de la limitación del instrumento, quienes presenciaron la interpretación la describieron como sublime, una experiencia tan emotiva que grabó a fuego la esencia del Rincón: lo auténtico por encima de lo perfecto, la conexión por encima del virtuosismo solitario.

En 1976, las dificultades económicas llevaron al cierre definitivo de sus puertas. La calle Tucumán, que hoy es peatonal, perdió el eco de guitarras, bombos y bandoneones que solían brotar de sus oscuros muros. Don Pedro Evaristo Díaz falleció hace unos años, pero no sin antes recibir el homenaje de la ciudad, que reconoció en su obra una contribución invaluable a la cultura popular. “El Rincón de los Artistas” ya no existe físicamente, pero como todo buen duende santiagueño, sigue habitando el aire, susurrando en cada historia contada y en cada memoria que se niega a dejar de oír, en el silencio, el eco de una guitarra y el tintineo de una jarra de vino. 

sábado, 15 de noviembre de 2025

Filosofía de vida en la zamba de pedro Evaristo Díaz: Yo les pregunto por qué

 


Por Luis Ernesto Melano

Profundizar en la vida y obra de Pedro Evaristo Díaz, es conocer y aprender sobre el polifacético entorno humano y cultural que fue atesorando en su dilatada existencia con los que constituyó su gran acervo nativo tradicionalista, del que se sintió muy orgulloso de pertenecer, acrecentar y defender.

Yo mismo me sorprendí escribiendo estos comentarios porque el tema tratado por este enorme santiagueño, autor de la zamba “Yo les pregunto ¿por qué?”, es muy hondo. Como todo lo que escribió, nos convoca a reflexionar en un tiempo en que el hombre cada vez es más individual y muchas veces, considerando el contexto en que habita, esa individualidad hace que se equivoque llevándolo a perder la visión de conjunto, de comunidad y por ello… duda.

Como hombre que nació y vivió en el campo, Pedro Evaristo aprendió muy bien que pensar es crecer en preguntas, incógnitas que van enriqueciendo la vida de una persona con una mirada hacia todos los rumbos de la existencia porque somos de adentro para afuera. Nuestro espacio interior busca permanentemente interpretar, conocer el afuera que nos circunda, interpretarlo. Porque cuando pensamos, estamos yendo tras una verdad como apartándonos de la vida, mirándola desde lejos y este acto, es lo que nos permite dimensionar el aquí y ahora.

La pregunta detiene, es como un semáforo interior. Como generalmente uno se indaga, Díaz se indagó planteándose preguntas de orden existencial en esta letra: ¿Por qué a mí? ¿Por qué la vida es tan injusta? ¿Por qué me limita y provoca este dolor? Indudablemente, se realizó otras preguntas, pero la determinante es: ¿Por qué a mí?

La letra de esta zamba plantea una auténtica filosofía sobre la existencia dejando algo muy en claro: la circunstancia que le tocó vivir. A veces, simplemente, no hay nada que comprender. Parece fácil, pero no lo es. Por lo tanto, nos deja una enseñanza: aprender a reparar en lo frágil y efímero que somos los seres humanos en este universo donde lo único y seguro es el cambio permanente. Por eso las personas no somos sino un “ir siendo”, un “vamos siendo”. Es en ese camino que debemos ir cambiando, adaptándonos al nuevo momento que incesantemente se repite.

“Yo les pegunto ¿por qué?”, profunda reflexión sobre la ceguera, expone una conversación consigo mismo dolorosamente reflexiva. Por momentos es desesperada; el protagonista, Pedro Evaristo Díaz, está enojado con el destino. Y aquí es bueno detenerse un momento para dejar aclarado que muchas personas asocian el destino con la suerte y esto no es correcto porque se trata de una confusión, no se ajusta a la realidad de lo que estamos tratando. Refiero a este punto porque lo que plantea este gran hombre es muy importante.

Veamos entonces qué es la suerte. Tiene varias acepciones:

▪︎ La suerte que nos sonríe hoy nos vuelve la espalda mañana. Por lo tanto, es voluble. Es decir, cambia frecuentemente.

▪︎ La suerte está en relación con sucesos contingentes del mundo, con algo que puede o no suceder.

▪︎ La suerte tiene algo de superstición, como las brujas.

Veamos qué es el destino. Tiene estos significados:

▪︎ El hombre viene al mundo con un destino y ese destino es inmutable.

▪︎ El destino se relaciona con los designios necesarios de la providencia.

▪︎ Cuando ya no podemos con ciertas desdichas incomprensibles, ocultas en el espíritu universal, como la “palma de los mártires” (significado que se le dio en la época pre-cristiana, es decir cuando era una religión perseguida por el Imperio romano, fue considerada como un símbolo de victoria del espíritu sobre lo terrenal y la carne, así como un símbolo del renacimiento y de la inmortalidad.), invocamos el favor del destino, esperanza de nuestros dolores.

▪︎ El destino remite, refiere a algo de sistema, como la razón; algo de dogma, como la fe.

Si perder la visión es un cambio profundo en la vida de una persona, debemos preguntarnos ¿cuál sería el camino que conduce a enfrentar la nueva realidad? El camino es el cambio porque ante esa pérdida total de la visión, una persona debe cambiar, prepararse para enfrentar “el yo y mi circunstancia”.

Amargo destino de andar sin llegar

Pero el asunto es también, y lo más importante, “situarse, ponerse en el lugar de Evaristo”. De hecho, lo mío es un intento de ponerme en su lugar escribiendo este artículo para el que fui convocado, conociendo un poquito su personalidad a través de sus letras y de los comentarios que me hiciera su nieto. Imagino su lucha, el dolor que lo habrá ido carcomiendo porque, parafraseando a mi padre, Pedro Evaristo Díaz “se vio como el ciego que sufre su amargo destino de andar sin llegar”.

Para redactar el presente y otros artículos sobre la vida de este gran autor y compositor, su nieto Emilio Chuni Cardozo, me comentó muchos aspectos de la vida de su abuelo. Por ejemplo, el diabetólogo que lo atendió le anticipaba sobre su enfermedad. Contra ella, don Pedro tuvo que aprender a lidiar con las limitaciones de no poder ver y aprender a ser paciente, entender que ante el desconocimiento a lo que vendrá hay temor y porque cuando se deja de ver, se deja de ser una persona con los mismos anhelos que cualquiera otra porque pasa a ser parte de un grupo social que lucha contra cierta marginalidad, lucha contra muchos obstáculos y sobre todo, debe desaprender lo aprendido aprendiendo a generar nuevos aprendizajes.

Algo para lo que don Pedro no tuvo tiempo: “…Lamentablemente a la semana falleció de un cuadro depresivo total”. Él fue un hombre que toda su vida luchó, dada en el contexto físico (campo) y humano de su tiempo. Durísimo para una persona que siempre estuvo en actividad verse de pronto completamente limitado, emocionalmente sin fuerzas para afrontar su circunstancia. Por eso la contundencia de los versos:

…y se ha metido en mi ojos/que cruel ha sido el destino.

…y condenado a que viva/esta inmensa oscuridad.

…la luz que necesitaba/me ha traicionado el destino (expresada con tanta vehemencia y crudeza, personificando al destino por “haberlo tratado tan mal”).

…llega la noche y me cubre/con su oscuro manto negro.

…hasta el lucero perdido/ninguno se compadece.

…yo les pregunto por qué/le niegan la luz a un ciego.

Los versos finales de cada estrofa son construcciones metafóricas maravillosas que, una vez más, muestran su sensibilidad dentro de la circunstancia “extrema que atravesaba” pero que simultáneamente y vaya uno a saber de dónde (¿acaso en Dios?), en medio de su agonía (lucha), sacó fuerzas para transformar volcando su dolor en bellas metáforas. Y aquí es donde advierto cómo se agiganta la figura, el ser de Pedro Evaristo Díaz.

La música y sentida interpretación en la voz de "Chuni" Cardozo, van de la mano con lo que propone la letra, haciendo de ambas una hermosa conjunción de sentimientos.

En “lo más ancho del cielo”, seguramente don Pedro mirará desde su alma cómo la vida terrenal continúa su marcha. Somos nosotros quienes tenemos el deber de prestar atención al mensaje que nos dejó: luchar siempre, aprovechar la luz que nos permite discernir y aprovechar los momentos que vivimos, pero fundamentalmente, salir a “ganarnos la luz que nos fue prestada”, honrar la vida como lo hiciera Pedro Evaristo Díaz. 

¿No es acaso filosofía de vida lo que nos propone Pedro Evaristo Díaz en su letra? Nos levantamos y vemos la luz de un nuevo amanecer: podemos tocar, oír, saborear, damos por hecho que nuestros sentidos funcionarán a pleno como cada día. Normalmente no nos detenemos a pensar en ello. Lo hacemos generalmente cuando atravesamos un problema de salud. En el caso que nos ocupa, me pregunto ¿cómo será vivir, relacionarse con todo lo cotidiano sin la vista de ayer?

Yoles pregunto ¿por qué?

Autor: Pedro Evaristo Díaz / Música: Emilio "Chuni" Cardozo

 

Por las grietas de mi rostro
la noche encontró el camino
y se ha metido en mis ojos
que cruel ha sido el destino.
 
Dejó enlutada mi vida
me quitó la claridad
y condenado a que viva
esta inmensa oscuridad.
 
Inútilmente buscaba
desesperado y sin tino
la luz que necesitaba
me ha traicionado el destino.
 
El sol se fue despacito
se alejó de mi sendero
llega la noche y me cubre
con su oscuro manto negro.
 
La luna se había escondido
las estrellas no aparecen
hasta el lucero perdido
ninguno se compadece.
 
Luna, sol, lucero, estrellas
y a lo más ancho del cielo
yo les pregunto por qué
le niegan la luz a un ciego.

El Algarrobo en la medicina Popular