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jueves, 23 de julio de 2026

Julio Argentino Jerez, el poeta que hizo de la nostalgia una bandera santiagueña

A 126 años de su nacimiento, recordamos al creador de "Añoranzas", una de las obras más emblemáticas del folclore argentino y un verdadero símbolo de la identidad cultural de Santiago del Estero.

 


Hay artistas que trascienden por la cantidad de obras que dejaron. Otros, en cambio, alcanzan la inmortalidad porque una sola creación basta para resumir el sentimiento de todo un pueblo. Julio Argentino Jerez pertenece a esta última categoría. Su nombre quedó unido para siempre a "Añoranzas", la chacarera doble que, con el paso de las décadas, se convirtió en el himno sentimental de los santiagueños.

Este 23 de julio se cumplen 126 años de su nacimiento. Es una fecha propicia para volver sobre la vida de un hombre irrepetible, un poeta bohemio que encontró en la música la mejor manera de expresar el amor por su tierra y el dolor de vivir lejos de ella.

Un niño nacido entre el monte y las leyendas

Julio Argentino Jerez nació el 23 de julio de 1900 en Cuyoj, departamento Banda, cuando el monte santiagueño era mucho más que un paisaje: era un universo de historias, sonidos y creencias populares.

Entre algarrobos y quebrachos, el canto del kakuy, el lamento del crespín y las leyendas de la Telesita y la Salamanca formaban parte de la vida cotidiana. Ese mundo profundo, cargado de símbolos y de poesía, dejó una huella imborrable en su sensibilidad.

Años después, su familia se trasladó a la ciudad de La Banda, donde completó la escuela primaria. Sin saberlo, aquel pueblo ferroviario comenzaba a moldear la personalidad de quien llegaría a ser uno de los grandes rapsodas del folclore argentino.

La guitarra, su compañera inseparable

Los que conocieron a Julio Jerez lo describían como un hombre singular. Bohemio, de espíritu libre, reservado y profundamente sensible, parecía vivir guiado únicamente por la inspiración.

Nunca buscó los caminos fáciles ni las fórmulas del éxito. Su compañera más fiel fue siempre la guitarra, el instrumento que lo acompañó desde la juventud hasta los últimos días de su vida.

Con ella recorrió escenarios, reuniones de amigos y largas noches de inspiración. Pero también compartió silencios, nostalgias y desvelos.

Era un artista distinto. Muchos estudiosos del folclore coinciden en que no se pareció a ningún otro compositor de su época y que tampoco dejó herederos artísticos capaces de reproducir la intensidad emocional de su obra.

El viaje que cambió su vida

Como tantos santiagueños durante la primera mitad del siglo XX, Julio Jerez debió abandonar su provincia para buscar un futuro en Buenos Aires.

Tenía apenas veinte años cuando el tren partió desde La Banda rumbo a la gran ciudad. Sin embargo, aunque el viaje trasladó su cuerpo, su corazón permaneció en Santiago del Estero.

Ese desarraigo marcaría para siempre su producción artística.

Lejos del monte, de los amigos y de los paisajes de la infancia, comenzó a escribir canciones atravesadas por la melancolía, la memoria y el deseo permanente de regresar.

La soledad también dejó su huella. Algunas versiones hablan de desilusiones amorosas y profundas heridas sentimentales que nunca logró superar. En lugar de ocultarlas, las transformó en poesía.

Por eso sus versos conservan una autenticidad que todavía conmueve.

"Añoranzas", la canción que se volvió patrimonio de un pueblo

Hablar de Julio Argentino Jerez es hablar inevitablemente de "Añoranzas".

La chacarera doble no solo representa el punto más alto de su carrera como compositor, sino también una de las obras más importantes de toda la música folklórica argentina.

En sus versos logró expresar un sentimiento universal: la nostalgia de quien se encuentra lejos del lugar donde nació.

Cada estrofa parece escrita para esos santiagueños que debieron emigrar buscando trabajo o nuevas oportunidades, pero que nunca dejaron de soñar con volver al pago.

No sorprende, entonces, que la Legislatura de Santiago del Estero la haya declarado Himno Cultural de la provincia a fines de la década de 1990. Más que una canción, "Añoranzas" es una parte esencial de la memoria colectiva santiagueña.

El recuerdo de Lito Bayardo

Una de las imágenes más conmovedoras sobre la vida de Julio Jerez fue narrada por el compositor Lito Bayardo, amigo personal del poeta.

Durante la inauguración del busto que hoy recuerda al autor sobre la avenida que lleva su nombre en la ciudad de La Banda, Bayardo compartió un recuerdo que ayuda a comprender quién era realmente aquel hombre.

Contó que los domingos por la tarde, en el patio de su casa de Buenos Aires, rodeado por edificios y acompañado únicamente por su guitarra, Julio Jerez se sentaba a cantarle a Santiago del Estero.

Lo hacía con los ojos humedecidos por la emoción.

Entonces pronunció una frase que quedó para siempre asociada al rapsoda bandeño:

"Jerez los domingos a la siesta, solamente acompañado por su guitarra, le cantaba a su pueblo con lágrimas en los ojos, porque si tuvo algo de noble y bueno es que nunca olvidó su origen."

Es difícil encontrar una descripción más precisa de un hombre cuya vida estuvo atravesada por el amor a su tierra.

Un juglar sin imitadores

Julio Argentino Jerez fue mucho más que un músico o un compositor.

Fue un poeta popular capaz de transformar experiencias personales en emociones compartidas por miles de personas.

Su obra nunca respondió a las modas ni buscó el aplauso fácil. Escribía desde la memoria, desde las ausencias y desde un profundo sentido de pertenencia.

Quizás por eso sigue siendo una figura única dentro del folclore argentino.

No fundó una escuela artística ni dejó discípulos que continuaran exactamente su camino. Su legado es mucho más profundo: dejó una forma de sentir el folclore, de escribir la nostalgia y de cantar a la tierra natal.

Un legado que el tiempo no pudo borrar

Han pasado 126 años desde aquel nacimiento en Cuyoj y varias décadas desde su partida física. Sin embargo, Julio Argentino Jerez continúa presente en la voz de cada cantor que interpreta "Añoranzas", en cada festival folklórico y en cada santiagueño que vive lejos de su provincia.

Porque hay canciones que sobreviven al paso del tiempo y hay autores que terminan convirtiéndose en patrimonio de su pueblo.

Julio Argentino Jerez pertenece a esa categoría excepcional. Su guitarra ya no suena, pero sus versos siguen viajando de generación en generación, recordándonos que las verdaderas raíces nunca se pierden y que el amor por la tierra natal puede convertirse, cuando encuentra la palabra justa, en una obra eterna.

viernes, 29 de mayo de 2026

Primavera del Kakuy, Julioy

 


 

Dos fueron sus despedidas: cuando se fue a Santiago, la más importante, y cuando se fue de la vida, la segunda.

La segunda sucedió el 21 de septiembre de 1954 y no es antojadizo ver en la fecha, todo un símbolo: el canto de Julio Argentino Jerez debía apagarse entonces, en tiempo de vidala en flor, para que quedaran, sobreviviendo todos los inviernos, sus canciones: "La Baguala", "La Engañera", "Chacarera de mis pagos", "Añoranzas"...

Vivía hasta su adiós, en un caserón de Boedo, donde había instalado, en cada habitación, distintas jaulas de pájaros: un presupuesto en alpiste y en ternura.

Era un bohemio total, definitivo, y dueño, sí, del auténtico carisma, el de los elegidos: sus amigos recuerdan su fácil éxito entre las mujeres, sorprendente pues no se trataba de un buen mozo.

Nada sorprendente pues se trataba de un ser con encanto.

Con el encanto que navega en sus coplas plañideras: "Cuando salí de Santiago, todo el camino lloré. / Lloré sin saber por qué, pero si les aseguro, que mi corazón es duro, pero aquel día aflojé..."

Por eso, pensamos, el mejor recuerdo en este aniversario es referirse a aquella primera, sentida des- pedida, que pocos conocen: el momento en que Julio Argentino se fue de Santiago.

Un comprensivo suyo, Marco Antonio Díaz, le enderezó entonces un sentido discurso, mechado con frases en quechua. Era el 15 de febrero de 1948. Transcribimos ese increíblemente cariñoso testimonio en forma textual.

¿No te parece bien, Julioy? (¿Qué dice tu cabeza, mi Julio?): Ruda como la del tropero, carrero, do- mador, tiene, sin embargo, rasgos que anuncian su contenido; es una máquina sensata, generadora de músicas y bellos pensamientos.

¿No te lo imaginas, Julioy? (¿Qué dicen tus ojos...?): Que te pierdes en sueños mientras muestran, además, fiereza montaraz.

Imaina uiaricum voznike? (¿Cómo se oye tu voz?): Arrulladora, como un susurro. Está apagada por las miles de horas de canto que resonaron en tu garganta, ¡y por las siete mil aguardentadas!... (sic).

Viaikeka gestojlla (sólo con el gesto de tu cara) nos llenas de misterio y nos lleva, involuntariamente, a las regiones de tus cantos.

Yo te vi retozando en las trincheras p'al carnaval, en medio del alboroto del paisanaje (¡como potro en las praderas!): ahí estabas. Y te he visto en reunión de familia: ¡sabías estar!

Nunca me olvidaré que te he visto en el Tipiro salir de la reunión, cruzar los alambrados y ostensiblemente, como si hubieras distinguido a tu propio Tata, obsequiar un trago a ese viejo que horquetiaba la fiesta sobre su mulo pardo...

Julio, Julioy, ¡me cuesta creer que seas humano!

¡Supieras los celos que sientes cuando te vas, cuando te alejas de tu selva!... Pero no podemos atajarte porque sos como tu Huayra Rupaj, más allá del Zonda y, aurita nomás, el Huayra Muioj.

¡Cómo me gustaría, Huaukey, verte tallado en quebracho, asentado en las pashkas de un árbol de nuestros montes, guitarra en mano y en actitud de canto!

Y no puedo resistir más, Julioy: ¡tengo el presentimiento de que vos sois la encarnación del Kakuy en los seres humanos!

Publicado originalmente en Revista Folklore

lunes, 26 de enero de 2026

La apología de la chacarera

 


El amigo Alberto Bravo de Zamora, un estudioso de nuestro folclore, santiagueño y gran bombisto, escribió sobre la obra inconclusa de Julio Argentino Jerez, "Apología de la chacarera". La misma en una de sus estrofas fue modificada, en su primera versión decía: "Sos más criolla que ninguna/Tan noble como Jesus". Esto con el tiempo fue cambiado por los recitadores quedando definitivamente: "Sos más criolla que ninguna/ Y aquí te quiero cantar". Pero además tenemos que señalar que Gerez es el autor de cuatro estrofas, por eso dicen que la "Apologia..." es una obra inconclusa. De la última estrofa el autor seria el doctor José Antonio Faro.

También Bravo Zamora cuenta como Julio Argentino Jerez logra uno de sus sueños, la consagración musical en su provincia. Esta es la nota:

Qué tiene la chacarera
Qué tiene que hace alegrar
A los viejos zapatear
Los mudos la tararean
Y los sordos se babean
Cuando la sienten tocar.
 
Es tristeza, es alegría
Es una danza es canción
Es alma de una región
Que evoca la raza mía
Ella es rara melodía
Nacida del corazón.
 
Su cuna fue un humilde rancho
Un bombo la bautizó
Y un paisano la cantó
Con versos improvisados
Salavina ha reclamado
Diciendo que allí nació.
 
Ella nació como yo
En el pago del mistol
Donde quema mucho el sol,
Se pita cigarro i chala
Donde se cantan vidalas
Y ser criollo es un honor.

Hasta aquí lo escrito por Julio Argentino; el autor de la estrofa que sigue, es decir de la última, sería el Doctor José Antonio Faro, según nos comentaran a Leandro “Meneco” Taboada y a mí, los amigos de los mencionados más arriba.

• Veamos la última parte:

Chacarera, chacarera
Melodía montaraz
Sos arrullo de torcaz
Bramido de tigre y puma
Sos más criolla que ninguna
Tan noble como Jesús.

El último verso “Tan noble como Jesús”, fue modificado por alguno de los recitadores y en la actualidad es el elegido por el público:

Chacarera, chacarera
Melodía montaraz
Sos arrullo de torcaz
Bramido de tigre y puma
Sos más criolla que ninguna
Y aquí te quiero cantar.

De estatura común, algo corpulento, rostro blanco y ojos rasgados, solterón empedernido, no tan bien parecido, pero, paradójicamente, exitoso con las mujeres y, según se decía, “ellas adivinaban los tesoros líricos que aquel hombre llevaba en su interior …” Conversador amenísimo, bohemio absoluto, hermano de la noche y del vino, el que habitualmente lo alegraba, aunque a veces lo ponía nostálgico y otras un tanto alborotador. Gastó su vida en la tertulia amable, rodeado de amigos queridos en los que volcaba su ternura, pero supo dejar para sí el espacio de soledad necesario que le permitió cristalizar su bellísima obra.

 “Birilli” Sánchez una de las personas que más estuvo a su lado, me dijo: “Muchas veces cuando creía que estaba solo, sin advertir mi presencia, lo he visto silbar bajito, abstraído, como buceando en su memoria y tengo para mí el convencimiento de que, en aquellas circunstancias, él recordaba a la bandeña de su desengaño”. Lucila Bravo se llamó la musa inspiradora de sus temas “La Engañera”, “Ya me voy” y “La Despedida”.

¡Qué inolvidables noches de bohemia aquellas en que participaba Jerez, que comenzaban en la antigua churrasquería “El Pensamiento” en la Plaza Lorea y terminaban en el “Berna”, de generala corrida, en el estruendo de los dados”.

Sus contertulios de siempre eran Félix Pérez Cardoso, Hilario Cuadros, Buenaventura Luna, Miguel Ángel Miranda, “Lito” Bayardo, José Luis Padula, “Atuto” Mercau Soria, Dardo Félix Palorma y excepcionalmente algunos más jóvenes, como Ariel Ramírez y Pedro Pascual Sánchez.

En cuanto a su material discográfico, pese a mi búsqueda incesante, solamente he conseguido dos discos de 78 revoluciones, con dos temas cada uno: el primero tiene en una faz “Coro Pampa” y en la otra “La Torcacita”. Los músicos que lo secundaron, fueron: los hermanos Andrés, Antonio y Luís Ríos en bandoneón, Raúl Infante en violín, Werfil Maldonado (guitarra), Julio Carrizo (guitarra), Pedro Pascual “Birili” (guitarra y 2ª voz) y José Antonio Faro en el bombo; en el segundo “La Candelaria” (zamba de E. Falú y Jaime Dávalos) y “La Huella”. (Danza Tradicional). En esta oportunidad lo acompañan, José Gerez y Leopoldo Díaz (bandoneón), Segundo Gennero (piano), Raúl Infante (violín), Benito Gerez (guitarra), Julio Carrizo (guitarra) y Pedro Pascual “Birilli” Sánchez (guitarra y 2ª voz) y Aníbal “Ani” Gerez, (hijo de José Gerez, en bombo).

Después de muchos años sin regresar como músico a su tierra natal, lo hace al frente de una orquesta nativa de diez ejecutantes, contratado para tres recitales en el “Parque de Grandes Espectáculos. El anuncio de su presencia causó una extraordinaria expectativa y su debut, el jueves 26 de marzo de 1953, constituyó un verdadero acontecimiento amistoso-musical. La orquesta estaba integrada por los Hnos. Andrés, Antonio y Luis Ríos (bandoneón), Pedro Pascual “Birili Sánchez, Julio Carrizo, Werfil “Catingo” Maldonado, Benito “El fiero” Gerez y Miguel Faro (Guitarra y Coro), “Atuto” Mercau Soria, (guitarra, quena y coro) y finalmente José Antonio Faro (bombo). Todos ellos habían venido de Buenos Aires, acompañados por Santiago Adamini, en ese entonces directivo y luego presidente de Sadaic. Para dar aún mayor brillo, complementaron el espectáculo el recitador Sixto Cortinez y la pareja de bailarines integrada por Carlos Saavedra, ganador de varios concursos provinciales, y Clara Rosa Ramírez, clasificada como la mejor bailarina del año anterior.

Al día siguiente la pareja de danzas estuvo formada por Aldo Camaño Ramírez y el último día, es decir el sábado 28, por Miguel Ángel Navarro y Clara Ramírez.

Julio Jerez tenía programada una extensa gira por el norte que finalizaría en la ciudad de La Paz, Bolivia. La fuerte emoción del reencuentro y el calor y entusiasmo de sus coterráneos, le hicieron cambiar su hoja de ruta, quedando en Santiago mucho más tiempo del previsto. Esta circunstancia motivó que varios de sus músicos no pudieran acompañarlo durante toda su permanencia. Se sumaron entonces a la orquesta, Justo Marambio Serrano, Héctor Carabajal, Pedro Aparicio “Apalo” Villalba, “Chori” Paz, Rulo González y N. Maidana.

En La Banda se presentó el domingo 29 de marzo en el Centro Recreativo; el 4 de abril en Club Olímpico y en fecha no precisada, en “La Salamanca” de “Tilo” Argañaraz.

A fines de abril se presentó nuevamente en la ciudad de Santiago en “El Tinguilo”, y en el baile de “Grazziani”.

Más allá de lo profesional, cantó “de puro gusto nomás” … en clubes, bares y bodegones de aquel entonces; tal es el caso del almuerzo en el “Centro de Viajantes”, organizado en su homenaje por la comisión provisoria del “Instituto de Folklore”. Estuvieron presentes los Dres: Mariano R. Paz, Horacio G. Rava, Emilio Christensen, Juan Delibano Chazarreta, Marcos J. Figueroa, Guillermo Helman y Alfredo Gargaro; Sres. Julián Díaz (Cachilo), Hipólito Noriega, Domingo Bravo, Napoleón Únzaga, Ramón I. Soria, Alejandro Bruhn Gauna, Raúl F. Monti, Nabor Barrionuevo Justo Marambio Serrano y el “Duro” García, su cuñado. Esa misma noche y luego de una recordada jornada, Julio Jerez y el Dr. Mariano Roberto Paz se trasladaron al viejo edificio del Jockey Club, ubicándose en el salón que da a la calle.

El aplauso de los presentes y su buena disposición, crearon el clima propicio para que se improvisara rápidamente la orquesta. Acompañado por la recordada Sra. Juanita Martínez de Viaña en el piano y por el Dr. Mariano Roberto Paz en el bombo. Julio Jerez comenzó a cantar entre las mesas, convirtiendo en mágica esa noche.

 “El Rincón de los Artistas”, inigualado refugio de don Pedro Evaristo Díaz, situado en calle Tucumán 62, Bar “Los Tribunales” de Marcelo Contreras, en calle Libertad 477, pegado al entonces Tribunales, hoy Municipalidad de la Capital, y “Jaime Roldán”, avenida Moreno y Libertad, fueron algunos de los reductos visitados por Julio Jerez en nuestra ciudad capital.

En La Banda estuvo guitarreando en el boliche de “Los Bravo”, calle Besares al frente de la Estación Central Argentino, lugar en el que se reunían espontáneamente cantores y poetas y por supuesto que visitó “El Tenemelo” de “Tino Morales”.

En este viaje recibe la consagración musical en su propia provincia. ¡Había logrado su sueño!

Por Gringo Bravo de Zamora | Publicado en FBK por patio Santiagueño

La obra inconclusa

Por Alberto Bravo Zamora

 


En la obra inconclusa de Julio Argentino Jerez, "Apologia de de la chacarera". La misma en una de sus estrofas fue modificada, en su primera version decía: "Sos más criolla que ninguna/Tan noble como Jesus". Esto con el tiempo fue cambiado por los recitadores quedando definitivamente: "Sos más criolla que ninguna/ Y aquí te quiero cantar". Pero además tenemos que señalar que Gerez es el autor de cuatro estrofas, por eso dicen que la "Apología..." es una obra inconclusa. De la última estrofa el autor seria el doctor José Antonio Faro.

 

Qué tiene la chacarera
Qué tiene que hace alegrar
A los viejos zapatear
Los mudos la tararean
Y los sordos se babean
Cuando la sienten tocar.
 
Es tristeza, es alegría
Es una danza es canción
Es alma de una región
Que evoca la raza mía
Ella es rara melodía
Nacida del corazón.
 
Su cuna fue un humilde rancho
Un bombo la bautizó
Y un paisano la cantó
Con versos improvisados
Salavina ha reclamado
Diciendo que allí nació.
 
Ella nació como yo
En el pago del mistol
Donde quema mucho el sol,
Se pita cigarro i chala
Donde se cantan vidalas
Y ser criollo es un honor.

 

Hasta aquí lo escrito por Julio Argentino; el autor de la estrofa que sigue, es decir de la última, sería el Doctor José Antonio Faro, según nos comentaran a Leandro “Meneco” Taboada y a mí, los amigos de los mencionados más arriba.

 

• Veamos la última parte:

 

Chacarera, chacarera
Melodía montaraz
Sos arrullo de torcaz
Bramido de tigre y puma
Sos más criolla que ninguna
Tan noble como Jesús.

 

El último verso “Tan noble como Jesús”, fue modificado por alguno de los recitadores y en la actualidad es el elegido por el público:

 

Chacarera, chacarera
Melodía montaraz
Sos arrullo de torcaz
Bramido de tigre y puma
Sos más criolla que ninguna
Y aquí te quiero cantar.

De estatura común, algo corpulento, rostro blanco y ojos rasgados, solterón empedernido, no tan bien parecido, pero, paradójicamente, exitoso con las mujeres y, según se decía, “ellas adivinaban los tesoros líricos que aquel hombre llevaba en su interior…” Conversador amenísimo, bohemio absoluto, hermano de la noche y del vino, el que habitualmente lo alegraba, aunque a veces lo ponía nostálgico y otras un tanto alborotador. Gastó su vida en la tertulia amable, rodeado de amigos queridos en los que volcaba su ternura, pero supo dejar para sí el espacio de soledad necesario que le permitió cristalizar su bellísima obra.

 “Birilli” Sánchez una de las personas que más estuvo a su lado, me dijo: “Muchas veces cuando creía que estaba solo, sin advertir mi presencia, lo he visto silbar bajito, abstraído, como buceando en su memoria y tengo para mí el convencimiento de que en aquellas circunstancias, él recordaba a la bandeña de su desengaño”. Lucila Bravo se llamó la musa inspiradora de sus temas “La Engañera”, “Ya me voy” y “La Despedida”.

¡Qué inolvidables noches de bohemia aquellas en que participaba Jerez, que comenzaban en la antigua churrasquería “El Pensamiento” en la Plaza Lorea y terminaban en el “Berna”, de generala corrida, en el estruendo de los dados”.

Sus contertulios de siempre eran Félix Pérez Cardoso, Hilario Cuadros, Buenaventura Luna, Miguel Ángel Miranda, “Lito” Bayardo, José Luis Padula, “Atuto” Mercau Soria, Dardo Félix Palorma y excepcionalmente algunos más jóvenes, como Ariel Ramírez y Pedro Pascual Sánchez.

En cuanto a su material discográfico, pese a mi búsqueda incesante, solamente he conseguido dos discos de 78 revoluciones, con dos temas cada uno: el primero tiene en una faz “Coro Pampa” y en la otra “La Torcacita”. Los músicos que lo secundaron, fueron: los hermanos Andrés, Antonio y Luís Ríos en bandoneón, Raúl Infante en violín, Werfil Maldonado (guitarra), Julio Carrizo (guitarra), Pedro Pascual “Birili” (guitarra y 2ª voz) y José Antonio Faro en el bombo; en el segundo “La Candelaria” (zamba de E. Falú y Jaime Dávalos) y “La Huella”. (Danza Tradicional). En esta oportunidad lo acompañan, José Gerez y Leopoldo Díaz (bandoneón), Segundo Gennero (piano), Raúl Infante (violín), Benito Gerez (guitarra), Julio Carrizo (guitarra) y Pedro Pascual “Birilli” Sánchez (guitarra y 2ª voz) y Aníbal “Ani” Gerez, (hijo de José Gerez, en bombo).

Después de muchos años sin regresar como músico a su tierra natal, lo hace al frente de una orquesta nativa de diez ejecutantes, contratado para tres recitales en el “Parque de Grandes Espectáculos. El anuncio de su presencia causó una extraordinaria expectativa y su debut, el jueves 26 de marzo de 1953, constituyó un verdadero acontecimiento amistoso-musical. La orquesta estaba integrada por los Hnos. Andrés, Antonio y Luis Ríos (bandoneón), Pedro Pascual “Birili Sánchez, Julio Carrizo, Werfil “Catingo” Maldonado, Benito “El fiero” Gerez y Miguel Faro (Guitarra y Coro), “Atuto” Mercau Soria, (guitarra, quena y coro) y finalmente José Antonio Faro (bombo) . Todos ellos habían venido de Buenos Aires, acompañados por Santiago Adamini, en ese entonces directivo y luego presidente de Sadaic. Para dar aún mayor brillo, complementaron el espectáculo el recitador Sixto Cortinez y la pareja de bailarines integrada por Carlos Saavedra, ganador de varios concursos provinciales, y Clara Rosa Ramírez, clasificada como la mejor bailarina del año anterior.

Al día siguiente la pareja de danzas estuvo formada por Aldo Camaño Ramírez y el último día, es decir el sábado 28, por Miguel Ángel Navarro y Clara Ramírez.

Julio Jerez tenía programada una extensa gira por el norte que finalizaría en la ciudad de La Paz, Bolivia. La fuerte emoción del reencuentro y el calor y entusiasmo de sus coterráneos, le hicieron cambiar su hoja de ruta, quedando en Santiago mucho más tiempo del previsto. Esta circunstancia motivó que varios de sus músicos no pudieran acompañarlo durante toda su permanencia. Se sumaron entonces a la orquesta, Justo Marambio Serrano, Héctor Carabajal, Pedro Aparicio “Apalo” Villalba, “Chori” Paz, Rulo González y N. Maidana .

En La Banda se presentó el domingo 29 de marzo en el Centro Recreativo; el 4 de abril en Club Olímpico y en fecha no precisada, en “La Salamanca” de “Tilo” Argañaraz.

A fines de abril se presentó nuevamente en la ciudad de Santiago en “El Tinguilo”, y en el baile de “Grazziani”.

Más allá de lo profesional, cantó “de puro gusto nomás” … en clubes, bares y bodegones de aquel entonces; tal es el caso del almuerzo en el “Centro de Viajantes”, organizado en su homenaje por la comisión provisoria del “Instituto de Folklore”. Estuvieron presentes los Dres: Mariano R. Paz, Horacio G. Rava, Emilio Christensen, Juan Delibano Chazarreta, Marcos J. Figueroa, Guillermo Helman y Alfredo Gargaro; Sres. Julián Díaz (Cachilo), Hipólito Noriega, Domingo Bravo, Napoleón Únzaga, Ramón I. Soria, Alejandro Bruhn Gauna, Raúl F. Monti, Nabor Barrionuevo Justo Marambio Serrano y el “Duro” García, su cuñado. Esa misma noche y luego de una recordada jornada, Julio Jerez y el Dr. Mariano Roberto Paz se trasladaron al viejo edificio del Jockey Club, ubicándose en el salón que da a la calle.

El aplauso de los presentes y su buena disposición, crearon el clima propicio para que se improvisara rápidamente la orquesta. Acompañado por la recordada Sra. Juanita Martínez de Viaña en el piano y por el Dr. Mariano Roberto Paz en el bombo. Julio Jerez comenzó a cantar entre las mesas, convirtiendo en mágica esa noche.

 “El Rincón de los Artistas”, inigualado refugio de don Pedro Evaristo Díaz, situado en calle Tucumán 62, Bar “Los Tribunales” de Marcelo Contreras, en calle Libertad 477, pegado al entonces Tribunales, hoy Municipalidad de la Capital, y “Jaime Roldán” , avenida Moreno y Libertad, fueron algunos de los reductos visitados por Julio Jerez en nuestra ciudad capital.

En La Banda estuvo guitarreando en el boliche de “Los Bravo”, calle Besares al frente de la Estación Central Argentino, lugar en el que se reunían espontáneamente cantores y poetas y por supuesto que visitó “El Tenemelo” de “Tino Morales”.

En este viaje recibe la consagración musical en su propia provincia. ¡Había logrado su sueño!

Fuente: Patio SantiagueñoII

El Algarrobo en la medicina Popular