Las antiguas instalaciones de lo que fue el Hospital de Niños Eva Perón, el primero especializado en atención pediátrica que tuvo Santiago del Estero, pero en el que hoy funcionan un centro de rehabilitación y diversas dependencias del gobierno provincial, encierra entre sus paredes una increíble actividad paranormal que tiene por testigos a empleados, médicos y vigiladores.
Las experiencias más
fuertes percibidas en ese inmueble construido a principios de la década del 50,
tiene que ver con las manifestaciones audibles de chicos llorando o visuales,
ya sea de sombras que surcan veloces el espacio de una habitación o hasta
figuras corpóreas que una vez apreciadas por los testigos, se transforman en
nada.
Los casos más
sorprendentes estallaron a partir de los últimos dos años, y si bien en los
últimos tiempos perdieron peso específico frente al caudal informativo
cotidiano, de ninguna manera dejaron de lado su vigencia como fenómeno
aparentemente inexplicable que se repite y aterra a quienes lo perciben.
Las voces especializadas
que han abordado este tipo de episodios paranormales consideran que los
hospitales son sin duda una caja de resonancia de las energías liberadas en
medio del dolor, la soledad y la desesperación que terminan conformando
"residuos psíquicos" que dan lugar a las diversas manifestaciones.
Una investigación
oportunamente realizada por el Instituto de Psicología Paranormal (IPP) sobre
las manifestaciones extrañas registradas en hospitales y centros asistenciales
del país, arrojó que las vivencias escalofriantes relatadas por médicos y
enfermeras estaban por lo general asociadas a experiencias cercanas a la
muerte.
El trabajo del IPP, que
realizó una encuesta anónima entre trabajadores de la salud para recabar la
casuística, marcaba como expresiones de esos fenómenos casos de luminiscencias
en las salas de terapia y extrañas anomalías registradas en el instrumental
médico.
Sin embargo, mientras el
estudio del instituto se basa en casos ocurridos durante la práctica médica en
un hospital en funcionamiento, lo que ocurre en el viejo Hogar Eva Perón denota
la presencia de lo que el investigador Gustavo Fernández ubica este tipo de
fenómenos, al igual que las psicofonías, dentro de lo que da en llamar
"paquetes de memoria" que expresan "un residuo físico de energía
de una persona ya fallecida".
Fantasmas
de guardia
Respecto de los hechos
que tienen lugar en el antiguo hogar que fue parte de la obra de la Fundación
Eva Perón allá cuando fue inaugurado, el relato de los testigos sintetiza una
variada sucesión de hechos paranormales alineados en cierto modo con los
avances del IPP y las consideraciones.
Los testigos dan cuenta entre la casuística más habitual y si se quiere
común a los ruidos sin explicación alguna y, lo que es aún más terrorífico, los
llantos y quejidos de niños que hielan la sangre de todo aquel que los escuche.
Claro está que eso no es
todo ya que las extrañas situaciones suman murmullos provenientes de pasillos
vacíos y presencias, algunas más corpóreas y visibles de las cuales, en algún
caso, hasta derivó en el diálogo que mantuvo un vigilador con una mujer que
lisa y llanamente no existía.
Ese episodio, relatado en
su momento en una crónica publicada por un medio gráfico santiagueño, refería a
la recorrida que dos miembros del personal de seguridad realizaron en el sector
donde funcionó la cocina en sus años de actividad del hospital desde hace
cuatro años trasladado a su nueva sede y convertido en el Centro Provincial de
Salud Infantil (CEPSI).
En un momento determinado
de esa recorrida efectuada en los días posteriores al traslado del hospital a
su nueva casa, uno de los integrantes de la agencia de seguridad escuchó cómo
su compañero entablaba diálogo con alguien, en un sector del viejo hogar al que
ya nadie tenía acceso.
Cuando se acercó a ver
con quién hablaba, encontró al otro vigilador desmayado producto de la
impresión causada por su contacto con una aparición que se desvaneció de la
cocina no sin antes cruzar unas palabras con su interlocutor.
El hombre recordaba que
la mujer le contó que había tenido familia en ese hospital, pero que a su
hijito se lo habían llevado a La Banda, situación por la cual le pedía que la
ayudara a encontrarlo. En ese punto, el vigilador fue presa del soponcio
aludido.
Lejos de haberse aplacado,
este tipo de manifestaciones y otras tan inexplicables, se reiteran en el viejo
hospital donde los empleados, funcionarios, médicos y personal de seguridad que
se desempeñan en el edificio, conviven con esos registros físicos de los chicos
que, aunque ya no están en este plano, siguen expresando su dolor y
desconsuelo. Fuente: Diariopopular.com.ar

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