miércoles, 18 de febrero de 2026

Fantasmas se niegan a dejar un viejo hospital en Santiago del Estero

Las antiguas instalaciones de lo que fue el Hospital de Niños Eva Perón, el primero especializado en atención pediátrica que tuvo Santiago del Estero, pero en el que hoy funcionan un centro de rehabilitación y diversas dependencias del gobierno provincial, encierra entre sus paredes una increíble actividad paranormal que tiene por testigos a empleados, médicos y vigiladores.



Las experiencias más fuertes percibidas en ese inmueble construido a principios de la década del 50, tiene que ver con las manifestaciones audibles de chicos llorando o visuales, ya sea de sombras que surcan veloces el espacio de una habitación o hasta figuras corpóreas que una vez apreciadas por los testigos, se transforman en nada.

Los casos más sorprendentes estallaron a partir de los últimos dos años, y si bien en los últimos tiempos perdieron peso específico frente al caudal informativo cotidiano, de ninguna manera dejaron de lado su vigencia como fenómeno aparentemente inexplicable que se repite y aterra a quienes lo perciben.

Las voces especializadas que han abordado este tipo de episodios paranormales consideran que los hospitales son sin duda una caja de resonancia de las energías liberadas en medio del dolor, la soledad y la desesperación que terminan conformando "residuos psíquicos" que dan lugar a las diversas manifestaciones.

Una investigación oportunamente realizada por el Instituto de Psicología Paranormal (IPP) sobre las manifestaciones extrañas registradas en hospitales y centros asistenciales del país, arrojó que las vivencias escalofriantes relatadas por médicos y enfermeras estaban por lo general asociadas a experiencias cercanas a la muerte.

El trabajo del IPP, que realizó una encuesta anónima entre trabajadores de la salud para recabar la casuística, marcaba como expresiones de esos fenómenos casos de luminiscencias en las salas de terapia y extrañas anomalías registradas en el instrumental médico.

Sin embargo, mientras el estudio del instituto se basa en casos ocurridos durante la práctica médica en un hospital en funcionamiento, lo que ocurre en el viejo Hogar Eva Perón denota la presencia de lo que el investigador Gustavo Fernández ubica este tipo de fenómenos, al igual que las psicofonías, dentro de lo que da en llamar "paquetes de memoria" que expresan "un residuo físico de energía de una persona ya fallecida".

Fantasmas de guardia

Respecto de los hechos que tienen lugar en el antiguo hogar que fue parte de la obra de la Fundación Eva Perón allá cuando fue inaugurado, el relato de los testigos sintetiza una variada sucesión de hechos paranormales alineados en cierto modo con los avances del IPP y las consideraciones.  Los testigos dan cuenta entre la casuística más habitual y si se quiere común a los ruidos sin explicación alguna y, lo que es aún más terrorífico, los llantos y quejidos de niños que hielan la sangre de todo aquel que los escuche.

Claro está que eso no es todo ya que las extrañas situaciones suman murmullos provenientes de pasillos vacíos y presencias, algunas más corpóreas y visibles de las cuales, en algún caso, hasta derivó en el diálogo que mantuvo un vigilador con una mujer que lisa y llanamente no existía.

Ese episodio, relatado en su momento en una crónica publicada por un medio gráfico santiagueño, refería a la recorrida que dos miembros del personal de seguridad realizaron en el sector donde funcionó la cocina en sus años de actividad del hospital desde hace cuatro años trasladado a su nueva sede y convertido en el Centro Provincial de Salud Infantil (CEPSI).

En un momento determinado de esa recorrida efectuada en los días posteriores al traslado del hospital a su nueva casa, uno de los integrantes de la agencia de seguridad escuchó cómo su compañero entablaba diálogo con alguien, en un sector del viejo hogar al que ya nadie tenía acceso.

Cuando se acercó a ver con quién hablaba, encontró al otro vigilador desmayado producto de la impresión causada por su contacto con una aparición que se desvaneció de la cocina no sin antes cruzar unas palabras con su interlocutor.

El hombre recordaba que la mujer le contó que había tenido familia en ese hospital, pero que a su hijito se lo habían llevado a La Banda, situación por la cual le pedía que la ayudara a encontrarlo. En ese punto, el vigilador fue presa del soponcio aludido.

Lejos de haberse aplacado, este tipo de manifestaciones y otras tan inexplicables, se reiteran en el viejo hospital donde los empleados, funcionarios, médicos y personal de seguridad que se desempeñan en el edificio, conviven con esos registros físicos de los chicos que, aunque ya no están en este plano, siguen expresando su dolor y desconsuelo. Fuente: Diariopopular.com.ar

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