viernes, 13 de marzo de 2026

Tejedoras de Historia: La Lucha Silenciosa de las Mujeres Santiagueñas

Desde los obrajes coloniales hasta la primera gobernadora, un recorrido por el camino hacia la igualdad en una provincia tradicional

Por Leyendas del Folclore Santiagueño | 13 de marzo de 2026



La memoria que no aparece en los libros

En 1857 mujeres textiles en Nueva York iniciaron una huelga. En 1908 otras murieron calcinadas mientras exigían mejores condiciones laborales. El Congreso Internacional de Mujeres Socialistas eligió ese 8 de marzo como día internacional de la mujer en 1910. Las Naciones Unidas lo ratificarían en 1975.

Pero la historia verdadera se escribió lejos de los congresos mundiales. En talleres silenciosos y hogares humildes donde las mujeres de Santiago del Estero tejieron no solo paños, sino también su propia trayectoria.

Este es el relato de quienes cargaron sobre sus hombros el sostenimiento familiar cuando nadie las contaba. De aquellas que desafiaron órdenes reales y convenciones sociales sin recibir aplausos históricos.

El trabajo invisible

Poco sabemos sobre la situación de las mujeres en los pueblos originarios antes de la llegada de los españoles. Lo que sí emerge de los documentos coloniales es cómo los conquistadores utilizaron su superioridad militar para someter —y especialmente— explotar a las mujeres.

Las encomiendas y los obrajes de paño fueron los escenarios principales de dominación. Alonso de Rivera, gobernador del Tucumán en 1608, denunció ante el rey cómo "pobleros, mulatos y mestizos quitaban las mujeres a los indios". Pero las atrocidades no terminaban allí.

En los obrajes las mujeres hilaban todo el año sin respetar descansos ni fiestas religiosas. Castigos corporales y violaciones eran moneda corriente.

Aunque existía legislación protectora de los indígenas, Santiago del Estero era tan remoto que las leyes nunca llegaban realmente a cumplirse. Solo algunas hijas de españoles recibían educación básica, siempre minoritaria y precaria.

María Antonia: una excepción registrada

En medio de este contexto surgía María Antonia de Paz y Figueroa, proveniente de una familia de raigambre capitular. Su vida estaba limitada al hogar doméstico, reuniones familiares e iglesia. Algo cambió cuando comenzó a frecuentar ejercicios espirituales jesuitas.

A los 15 años se asumió como beata de la Compañía. Cuando expulsaron a los jesuitas en 1767, ella tomó acción: decidió reinstaurar esos ejercicios, no solo para hombres sino también para mujeres. Recorrió el noroeste argentino hasta establecerse finalmente en Buenos Aires.

Su epistolario revela una mujer con fortaleza capaz de superar las restricciones de su tiempo. Su rebeldía radicaba en no aceptar la orden real de expulsión y reivindicar su obra desde su rol femenino.

Teleras y luchadoras

En el siglo XIX las mujeres santiagueñas tenían poca visibilidad en documentos oficiales. Sin embargo, informes como el de José Domingo Iramaín en 1805 señalaban claramente que el principal ingreso de la provincia provenía de los telares, la mayoría accionados por mujeres.

Con la entrada de productos manufacturados extranjeros la labor artesanal fue mermando, pero la participación femenina continuó siendo esencial. Una carta conservada en el Museo Histórico Sarmiento escrita por Pastora Ruiz —una "niña pobre" como se autodefinía— acompañaba una colcha tejida "a costa de mucha paciencia y trabajo durante un dilatado número de meses". En ella pedía atención a la falta de apoyo estatal a estos oficios.

La Educación trajo un cambio significativo. Con las presidencias de Sarmiento y Avellaneda, y la ley Láinez, las mujeres comenzaron a ocupar espacios en el mercado laboral como maestras y profesoras. Poco a poco superaron en número a los hombres, aunque los cargos directivos permanecieron en manos masculinas.

El discurso oficial promovía esto legitimando la división sexual del trabajo: la escuela como prolongación del hogar, donde la mujer estaba "naturalmente dotada" de delicadeza y dulzura necesarias para educar niños.

Desigualdades que saltan a la vista

A pesar de estar integradas al mundo del trabajo, las desigualdades económicas eran evidentes. Según la Memoria Descriptiva de Fazio de 1890, los cocineros cobraban $40 mensuales mientras las cocineras solo $16. Los sirvientes percibían $12 frente a $8 de las sirvientas.

En 1908 ocurrieron las primeras huelgas organizadas por mujeres en Santiago del Estero. Comerciantes del mercado, especialmente verduleras y vendedoras del campo, iniciaron protestas contra el aumento del derecho de sisa municipal. Apoyadas por el Partido Socialista y el diario El Pueblo, tras días de manifestaciones portando escobas como estandarte, consiguieron su objetivo.

Perón y los derechos conquistados

Con el peronismo llegó uno de los derechos más trascendentes: el voto femenino. Eva Perón, aunque criticaba formalmente a las feministas, estimuló el protagonismo social de la mujer argentina en la práctica cotidiana. Decía: "Solo las mujeres serán la salvación de las mujeres", y creó el Partido Femenino fuera de la organización política masculina peronista.

En Santiago del Estero, luego de sancionar el voto femenino, las mujeres comenzaron a incorporarse a la Cámara de Diputados. En 1951 se logró la ley que fijaba el pago del aguinaldo para el personal de servicio doméstico. Pero la alianza entre Iglesia Católica, Fuerzas Armadas y empresariado opositor aceleró el golpe militar de 1955, anulado inmediatamente el divorcio vincular que Perón había promulgado.

Dictaduras y resistencia

Durante las décadas de 1960 y 1970 jóvenes hombres y mujeres irrumpieron en la arena política difundiendo ideas de emancipación. Esta fase ascendente fue cortada abruptamente por la dictadura militar, que intensificó el curso reaccionario respecto a la mujer. Isabel Perón ya había prohibido el uso de anticonceptivos y vetado la ley de Patria Potestad.

La ideología de la dictadura enfatizaba que la familia era el "reducto que garantizaba el orden", reforzando la posición subordinada de la mujer como madre y esposa custodio del orden familiar. Hombres y mujeres fueron perseguidos; entre detenidos-desaparecidos, exiliados y cesanteados, las mujeres santiagueñas estuvieron presentes.

Avances y desafíos actuales

La caída de la dictadura abrió espacios democráticos que grupos femeninos trataron de ganar rápidamente. Se desarrollaron numerosos grupos que participaron en Congresos Latinoamericanos de Mujeres y Encuentros Nacionales anuales, promoviendo talleres de discusión sobre problemáticas específicas.

En la actualidad resulta difícil cuantificar la participación de la mujer santiagueña como sujeto histórico. La elección de Cristina Fernández de Kirchner como primera presidenta electa del país da cuenta del avance logrado. No obstante, Santiago del Estero mantiene rasgos patriarcales muy arraigados que coartan la participación femenina en ámbitos públicos.

Su participación en política, amparada por la ley de cupo femenino sancionada durante la última gobernación de Juárez, se ve opacada al momento de ocupar puestos clave donde se privilegia el parentesco sobre la militancia o capacidad para la dirigencia. Marina Aragonés de Juárez, primera gobernadora electa en el siglo XXI, propició medidas favorables como la ley de jubilación para amas de casa, pero no permitió integración plena con hombres en ámbitos partidarios y gubernamentales.

Cierre

La ocupación masculina superó en el censo de 2001 en 23,8 puntos a la femenina en la provincia. Aunque aumentó la participación económica femenina, las mujeres menos calificadas alcanzan registro mayor en tareas informales. En la Universidad Nacional de Santiago del Estero, la asunción de la primera mujer rectora es un hecho auspicioso. Mientras, mujeres campesinas luchan junto a hombres por la defensa de sus tierras.

Sin embargo, la participación no es todavía el signo mayoritario frente a la movilización. Cada mujer que sale de su casa a participar da el primer paso que transgrede el sistema de dominación e impide manipulaciones del patriarcado dominante.

Se requiere un cambio duradero de valores y actitudes que permita a la mujer cumplir un rol equivalente en la vida cotidiana, laboral, gremial y pública. Solo así, mujeres y hombres podrán construir una sociedad más justa e igualitaria.

Porque las teleras de ayer tejen hoy las rutas de nuestra libertad.

Fuente: Adaptación del artículo "La Mujer en Santiago del Estero" de María Mercedes Tenti, disponible en http://historiacriticammt.blogspot.com/2011/03/la-mujer-en-santiago-del-estero-por.html

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