A 15 años de la partida del mítico ex-integrante de Los Manseros Santiagueños
UN DÍA COMO HOY, 11 de
diciembre de 2010, la música folklórica argentina se vistió de luto con el
fallecimiento de Carlos Leguizamón, el cantor, músico, autor y compositor
santiagueño conocido cariñosamente como "El Chivo". Leguizamón, que
integró la formación clásica de Los Manseros Santiagueños, dejó este mundo en
Vicuña Mackenna, provincia de Córdoba, a los 65 años, víctima de una enfermedad
terminal, pero su voz y su legado permanecen inmortales en el cancionero
popular.
Nacido en La Banda, el 4
de enero de 1945, en el seno del barrio Villa Juana, la música fue una vocación
temprana y casi innata. La leyenda popular cuenta que, desde niño, una guitarra
rudimentaria, fabricada por él mismo con un palo de escoba, era su compañera
inseparable. Debajo de un frondoso algarrobo en el patio de su casa, soñaba con
las melodías que más tarde lo llevarían a recorrer el país.
Ya en su adolescencia,
con la ansiada guitarra que sus padres le compraron, comenzó a trazar su
destino artístico. En su barrio natal, fundó su primer conjunto folklórico: "Los Cantores de Villa Juana", un emotivo tributo a su terruño.
La
Gloria de Los Manseros
La etapa que catapultó su
figura al reconocimiento nacional fue su ingreso a Los Manseros Santiagueños.
Durante aproximadamente cuatro años, Leguizamón compartió escenario con pilares
del folklore como Onofre Paz, Leocadio Torres y Carlos Carabajal. Este periodo
fue crucial, llevándolo a recorrer el circuito festivalero y a participar en
los escenarios más importantes del país. Sin embargo, en 1968, Leguizamón
decidió emprender un nuevo camino y se alejó del grupo para iniciar su carrera
como solista, una trayectoria que se extendió a lo largo de unas cuatro
décadas.
El
Eco de una Amistad Sincera
El legado de Carlos
Leguizamón no se limitó a sus dotes artísticas, sino que también residió en su
calidad humana. Su amigo, Oscar B. Castillo, lo recordó como "un
compañero, una persona muy pacífica, con la que se podía conversar sin ningún
tipo de dificultad, y eso lo hacía muy querible”. Castillo inmortalizó esa
amistad dedicándole la sentida chacarera "Santiagueño y Buen Cantor",
donde traza la estampa del "Chivo" como un enamorado de las coplas,
un "changuito lustrador" de las siestas de Santiago.
El día de su partida,
Leguizamón se fue acompañado por su familia. Su ausencia física fue
inmediatamente mitigada por la palabra de sus colegas, como la del poeta Miguel Coria, que le dedicó las "Coplas pal 'Chivo' Leguizamón",
versos que capturan la permanencia de su arte:
"Cantor que nunca es olvido / tampoco nunca es adiós, / de tiempos lejanos regresa / El 'Chivo' Carlos Leguizamón / y en el galope de una zamba / florece perenne tu voz."
El recuerdo del
"Chivo", figura que también anduvo por las peñas y guitarreadas,
según consigna el libro inédito Biografías de Folcloristas Santiagueños Segunda
Parte de Omar "Sapo" Estanciero, permanece como un faro para las
nuevas generaciones, recordándoles que la voz bandeña, nacida bajo un
algarrobo, sigue cabalgando en los tiempos idos a través de los acordes de una
zamba. QEPD querido amigo.
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