sábado, 14 de febrero de 2026

Inés Gómez Carrillo: La pianista que llevó la música latinoamericana al mundo… y la historia la borró

 Una mujer, un piano y un continente de sonidos. La historia de la intérprete que conquistó Carnegie Hall, la Casa Blanca y el silencio de los libros.



Mientras nombres como Martha Argerich o Nelson Freire brillan en la memoria colectiva del piano argentino, hay una figura que durante décadas iluminó escenarios de tres continentes, fue ovacionada por la élite musical de su tiempo y, sin embargo, hoy apenas aparece en un par de líneas de enciclopedias. Inés Gómez Carrillo —Moña para los íntimos— no solo fue una de las pianistas más importantes del siglo XX en Argentina: fue la embajadora oculta de la música latinoamericana, una compositora de sensibilidad nativa y una maestra que formó generaciones. Su historia es un viaje de provincia al mundo, de aplausos al olvido, y una pregunta que resuena hoy: ¿por qué la olvidamos?

El comienzo en el corazón del folclore santiagueño

Nacida el 2 de abril de 1918 en Santiago del Estero, Inés no llegó al piano por azar: nació dentro de él. Su padre, Manuel Gómez Carrillo —compositor, musicólogo y director del Conservatorio Thibaud Piazzini en esa provincia— y su madre, la pianista María Inés Landeta Cesar, le transmitieron el amor por la música desde la cuna. Con solo tres años, ya exploraba el teclado bajo la guía de sus padres. A los doce, egresó como Profesora Superior de Piano, Teoría y Solfeo con calificaciones máximas.

Fue una infancia anclada en la raíz. En sus primeras composiciones —Cunita Blanca, T’hei de dejar, Chascañaui Munanquita— plasmó ritmos del norte argentino: vidalas, chacareras, textos en quechua y modismos santiagueños, envueltos en un lenguaje tonal con matices impresionistas. “Era una fusión de lo incaico con lo europeo; un piano que respiraba nuestra tierra”, describiría años después ella misma en una entrevista radial.

Pero Santiago era pequeño para su talento. En 1940, la Comisión Nacional de Cultura le otorgó una beca para perfeccionarse en el exterior. La Segunda Guerra Mundial desvió su destino: en lugar de Europa, rumbo a Nueva York.

La conquista de Occidente: de la Casa Blanca a Carnegie Hall

A los 22 años, Inés llegó a Nueva York con un maletín, su piano interior y una carta de recomendación de Arthur Rubinstein, quien la había escuchado en Buenos Aires y la definió como “una joya bruta que solo necesita pulirse”. Y se pulió.

Estudió con Edward Steuermann (discípulo directo de Schönberg y heredero de la escuela de Leschetizky), tomó clases de composición con Jerzy Fittelberg y, en un giro inesperado, se sumó a las clases secretas de Wanda Landowska, la reina del clavecín exiliada, que dictaba seminarios en una casa de Connecticut. Pero el gran salto llegó con Olga Samaroff Stokowski —alumna de un discípulo de Liszt— cuyo magisterio le dio la técnica impecable que la caracterizaría.

El mundo se rindió ante sus manos.

* 1942: Clasificó entre las tres mejores pianistas jóvenes de EE.UU. en el Concurso Naumburg (¡60 participantes!). Inmediatamente, la National Broadcasting Company la contrató para 160 emisoras.

* 1943: Debut en el Town Hall de Nueva York. La crítica del New York Times tituló: “Un piano que habla en lenguas universales”.

* 1945: La primera dama Eleanor Roosevelt la invitó a tocar en la Casa Blanca. Impresionados, los Roosevelt le otorgaron una Beca Presidencial que cubrió su manutención por un año.

* 1946-1951: Cuatro giras consecutivas por Europa. Tocó en las salas más emblemáticas: Carnegie Hall (¡tres recitales!), Salle Pleyel en París, Concertgebouw en Ámsterdam. Directores de la talla de Eugene Ormandy (Filarmónica de Filadelfia) la reclamaban como solista.

Pero Inés no era solo técnica; era narradora. En cada programa, incluía al menos una obra argentina o latinoamericana. “Llevaba la música de mi tierra como quien lleva un tesoro en el bolsillo”, contaría más tarde. Grabó discos con La Argentinita (bailadora de flamenco), rescató partituras de compositores contemporáneos y, en 1944, dejó para la posteridad El amor brujo versionado para piano y castañetas —un documento sonoro que hoy es una rareza.

El giro invisible: el amor que silenció el escenario

Todo parecía imparable. Hasta que, en 1952, conoció en una recepción posterior a un concierto a Juan María Campos Catellín Senillosa. Se casaron ese mismo año y nacieron Victoria (1954) y Arturo (1955).

Aquí comienza el gran vacío en su biografía.

Los conciertos se espaciaron. De 1955 a 1960, no hay registro de presentaciones. ¿Por qué? “Las obligaciones de madre y esposa no me permitían dedicarme al piano con la misma intensidad. El piano exige exclusividad; yo elegí la familia”, explicó en una entrevista de 1993.

Aun así, en 1962 —ya divorciada— se mudó a Madrid con sus hijos. Pero el destino la devolvió a casa. En 1968, el director del Conservatorio de La Lucila le ofreció integrarse al nuevo Conservatorio Juan José Castro en Buenos Aires. Aceptó. Así nació su segunda gran vida: la de maestra.

Regresó a Argentina no como la estrella que llenaba teatros, sino como la profesora que formaría a los próximos talentos. Ocasionalmente volvió a los escenarios —en 1980 le ofrecieron volver a EE.UU. con una oferta millonaria: 20.000 dólares por un departamento cerca del Carnegie Hall—, pero rechazó la propuesta: “No podía dejar a mis hijos ni pagar ese alquiler. El piano ya no era mi único hogar”.

La maestra y el legado enterrado

Desde 1969 hasta su jubilación, Inés fue columna del Conservatorio Juan José Castro (luego IUNA/DAMUS). Sus aulas fueron un santuario de rigor y emoción. Entre sus alumnos destacan Amy Wurtz, Lorena Eckell y la propia investigadora que rescató su historia, Mariana Quainelle, quien describe sus clases como “una fusión de disciplina europea y calidez criolla”.

Pero el mayor dolor de su legado fue el olvido público.

A pesar de haber ganado premios municipales, de la Comisión Nacional de Cultura y de ser miembro de la Academia Argentina de Música (1997), su nombre no aparecía en estudios clave:

* 100 años de música en Buenos Aires (Valenti Ferro, 1992)

* Mujeres de la Música (Frega, 2011)

* Música y Modernidad en Buenos Aires (Corrado, 2010)

¿Por qué?

Quien indaga en los archivos descubre la respuesta: Inés no dejó grabaciones de su etapa dorada. Los discos que existen son escasos: las canciones con La Argentinita, unas pocas piezas de su padre y un CD póstumo con grabaciones privadas. Sin esos registros sonoros, su técnica —alabada como “íntgra, perfecta, capaz de hacer llorar al público con un solo arpegio”— quedó en la memoria de quienes la escucharon, no en las vitrinas de la historia.

Mientras otras pianistas de su generación publicaban discos en grandes sellos, ella priorizó la enseñanza y la familia. El resultado: hoy, es la gran ausente de los libros.

El resurgir desde el silencio

La historia de Inés podría haber terminado en el anonimato si no fuera por un detalle: en 2008, la musicóloga Mariana Quainelle la llamó por teléfono, guiada solo por la guía telefónica. Así comenzaron siete años de entrevistas, en su departamento de Recoleta, en residencias de ancianos, en casas de familia. Se ganaron mutua confianza. Inés, ya nonagenaria, abrió sus álbumes de recortes, partituras manuscritas y programas amarillentos.

Gracias a ese trabajo —publicado en el estudio “Inés Gómez Carrillo, creadora y difusora de la música latinoamericana del siglo XX” (2023)— hoy sabemos:

* Fue la única pianista argentina que un maestro brasileño de la Universidad de Hartford conocía personalmente.

* Su genealogía pianística la vincula a Liszt (a través de Olga Samaroff), Scriabin (por Djane Lavoie-Herz) y Chopin (vía Wanda Landowska).

* Compuso 7 obras que fusionaban lo nativo con lo académico, y que hoy son un testimonio único de la generación del 45.

Su mayor triunfo póstumo: en 2014, al morir, los diarios no la mencionaron. Pero en 2023, su nombre resuena en congresos de musicología. “Rescatamos no solo una carrera, sino una voz que conectó el folclore con el concierto universal”, afirma Quainelle.

Cierre reflexivo: ¿quién guarda la memoria del sonido?

Inés Gómez Carrillo murió el 22 de junio de 2014, en la casa de su hija, mientras dormía. Ya no tenía piano. Pero su legado late en cada alumno que enseña, en cada partitura rescatada y en una pregunta incómoda:

¿Cómo es posible que una artista que llenó el Carnegie Hall, la Casa Blanca y el Teatro Colón haya sido borrada de la historia oficial?

La respuesta quizá yace en lo que ella misma eligió: priorizar la vida sobre la fama. En un mundo que celebra el individualismo, Inés optó por la familia, la enseñanza y la música como servicio, no como espectáculo.

Hoy, cuando escuchamos un piano que mezcla una chacarera con un scherzo de Schumann, cuando una joven pianista cita a una maestra que “enseñaba que el piano debe servir a la emoción, no al ego”, estamos ante su sombra benévola.

Su historia no es solo la de un talento olvidado. Es un recordatorio: la cultura no vive solo de los nombres que llenan portadas, sino de aquellas voces que, desde la discreción, tejieron los hilos invisibles de nuestra identidad musical.

Inés Gómez Carrillo no necesitó discos de oro. Su oro fue el silencio de las salas cuando sus dedos tocaban, y el eco de esas notas, que hoy, por fin, empiezan a escucharse.

Fuentes principales para este artículo:

* Quainelle, M. (2023). Inés Gómez Carrillo, pianista argentina. Creadora y difusora de la música latinoamericana del siglo XX. AVANCES, (32). Recuperado de: https://revistas.unc.edu.ar/index.php/avances/article/view/41617

* Benítes, F. L. (1945, 13 de julio). Entrevista a Inés Gómez Carrillo. El Hogar, XLI(1865), pp. 56-61.

* Comisión Nacional de Cultura (1940, 11 de octubre) Beca Comisión Nacional de Cultura. Buenos Aires, Argentina.

* Gómez Carrillo, I. (2009). Sin título [entrevista]. Un puente al pasado, Radio Nacional.

* La pianista Gómez Carrillo define a su patria en Cunita Blanca, Te’i de dejar y Coplas para la Imilla (1941). La Prensa. Nueva York.

* Porto, M. B. (1944/45). Diez minutos con una gran pianista. Para Tí, p. 34.

* Porto, M. B. (1948, mayo). Causa sensación en el mundo Inés Gómez Carrillo. Sintonía, XV, XVI (495), p. 108.

* Discografía: Gómez Carrillo, I. (1996). El amor brujo. Colección de danzas clásicas españolas [disco de vinilo]. Sonifolk. España. / Gómez Carrillo, I. (1943-1945). Argentinita, Danzas españolas con castañuelas [disco de vinilo]. Decca Album. Estados Unidos.

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