viernes, 13 de febrero de 2026

Resistencia en la Cumbre: Crónica de dos siglos de lucha por el Famatina.

Cuando el oro y la plata encienden la codicia a nivel internacional, un cerro en La Rioja se transforma en un símbolo de resistencia tanto ambiental como social.


 

En el centro oeste argentino, el cerro Nevado de Famatina se impone como una presencia constante. No solo por su altura o por la nieve persistente en su cumbre, sino porque condensa una disputa que atraviesa dos siglos de historia política, económica y social. Para los pueblos diaguitas, ese territorio era Wamatinaj: un espacio sagrado, ligado al agua, a la vida y al tiempo largo. Desde 1822 hasta hoy, ese mismo espacio fue resignificado una y otra vez como promesa de riqueza, botín económico o recurso estratégico.

La historia del Famatina no es una anomalía. Es un caso ejemplar de una lógica que se repite en América Latina: proyectos extractivos impulsados desde centros de poder lejanos, Estados que los habilitan o facilitan, y comunidades locales que resisten porque lo que está en juego no es solo un recurso, sino la posibilidad misma de sostener una forma de vida.

Estado, deuda y territorio

El punto de partida moderno de esta disputa se ubica en los primeros años de la organización estatal. En 1822, bajo la gestión de Bernardino Rivadavia como ministro del gobierno de Buenos Aires, se autoriza la negociación de un empréstito externo con la banca inglesa. La operación se inscribe en un contexto internacional marcado por la especulación financiera y la búsqueda de nuevos territorios donde colocar capital excedente.

Ese endeudamiento no fue un hecho aislado. Estuvo acompañado por un proyecto político más amplio: centralizar el control de los recursos y vincularlos de manera directa con intereses financieros externos. Antes incluso de concretar el préstamo con la Baring Brothers, Rivadavia impulsó en Londres la creación de sociedades destinadas a explotar las minas de oro y plata del Río de la Plata. Entre ellas, la Rio Plata Mining Association, que obtuvo concesiones sobre territorios ricos en minerales, con el Famatina como uno de sus objetivos centrales.

Desde el inicio, la minería aparece asociada a la deuda externa, a la especulación y a una concepción del territorio como activo económico antes que como espacio habitado.

Federalismo en tensión

Ese proyecto chocó rápidamente con los límites del orden político de la época. Las provincias, amparadas en la Ley Fundamental, reclamaban el control de sus recursos naturales. En La Rioja, el gobierno provincial había autorizado a una compañía británica a explotar los yacimientos del Famatina.

La respuesta del poder central fue avanzar sobre esa autonomía. Ya como presidente, Rivadavia impulsó leyes que declaraban las tierras públicas como propiedad nacional, reinstalando un esquema centralista que desconocía las decisiones provinciales. Facundo Quiroga, gobernador de La Rioja, se convirtió entonces en un obstáculo político y material para los planes mineros.

Más allá del enfrentamiento institucional, el proyecto se derrumbó por razones estructurales: la supuesta abundancia de oro no se verificó, los costos de explotación eran altísimos y la distancia convertía al Famatina en un emprendimiento poco rentable. En pocos años, las compañías quebraron y el propio Rivadavia dejó el poder.

La primera experiencia extractiva moderna terminó en fracaso, pero dejó instalada una matriz que se repetirá: endeudamiento, concesiones a capitales externos y un Estado dispuesto a reordenar el territorio en función de esos intereses.

El extractivismo como retorno

A fines del siglo XIX, el Famatina vuelve a ser pensado como reserva mineral explotable. Esta vez bajo una lógica más tecnificada, apoyada en estudios geológicos y en infraestructura específica. La mina La Mejicana y el cable carril construido en 1904 materializaron ese nuevo intento.

La experiencia se extendió durante algunas décadas, hasta que la baja concentración del oro y las limitaciones tecnológicas hicieron inviable la continuidad del proyecto. El saldo volvió a ser negativo para la población local: recursos agotados, impacto ambiental y ningún beneficio duradero.

Minería transnacional y escala

El desembarco de Barrick Gold en La Rioja, a partir de 2005, no representó una ruptura sino una continuidad, ahora amplificada por la escala de la minería transnacional. La empresa llegó con un discurso conocido —inversión, empleo, desarrollo— y con un historial internacional marcado por denuncias de contaminación, uso intensivo del agua y conflictos con comunidades indígenas y rurales.

La novedad no estaba en la lógica del proyecto, sino en su magnitud. La minería a cielo abierto implicaba dinamitar la montaña, utilizar sustancias químicas altamente contaminantes y consumir volúmenes de agua incompatibles con una región semiárida.

Organización y resistencia

Frente a ese escenario, las comunidades de Famatina, Chilecito y zonas aledañas comenzaron a organizarse. La resistencia no surgió de una consigna abstracta, sino de un cálculo concreto: sin agua no hay vida posible en el valle.

La frase “El Famatina no se toca” condensó esa lectura. No se trataba solo de oponerse a una empresa, sino de cuestionar un modelo de desarrollo que vuelve prescindibles a los territorios y a quienes los habitan.

La movilización social logró, al menos de manera temporal, frenar el avance del proyecto. Se sancionaron leyes provinciales que prohibían el uso de sustancias contaminantes y habilitaban instancias de consulta popular. Esos avances, sin embargo, fueron revertidos cuando cambiaron las correlaciones de poder.

Estado, alineamiento y represión

El giro del gobierno provincial, tras la consolidación electoral de Luis Beder Herrera, expuso con claridad el rol del Estado en este tipo de conflictos. Las normas ambientales fueron derogadas, se creó una empresa estatal para facilitar la actividad minera y se legitimó el discurso empresarial.

La protesta social fue respondida con censura, judicialización y represión. En lugar de abrir instancias reales de deliberación, el conflicto se administró como un problema de orden público.

Centro, periferia y zonas de sacrificio

El caso Famatina no puede leerse de forma aislada. Forma parte de una geografía global donde los países centrales protegen sus territorios mientras externalizan los costos ambientales hacia regiones periféricas. La minería que sería inaceptable en Canadá o Europa se vuelve viable en América Latina bajo marcos regulatorios más laxos y Estados dispuestos a flexibilizar controles.

En ese esquema, los territorios se transforman en zonas de sacrificio y las comunidades locales en obstáculos a remover.

Identidad, tiempo y sentido

La defensa del Famatina no es solo ambiental. Es identitaria y política. Implica disputar el sentido del desarrollo, del progreso y del tiempo. Frente al tiempo corto de la rentabilidad, las comunidades oponen el tiempo largo del territorio.

Defender la montaña es defender una forma de habitar, una memoria colectiva y la posibilidad de decidir sobre el propio futuro.

Dos siglos después

Desde el empréstito Baring hasta la minería transnacional del siglo XXI, el patrón se repite con una persistencia inquietante. Cambian los nombres y las tecnologías, pero se mantiene la lógica de extracción orientada hacia afuera, sostenida por alianzas entre capitales externos y élites políticas locales.

La pregunta que plantea el Famatina no es solo ambiental ni provincial. Es profundamente política: quién decide sobre los bienes comunes y para qué proyecto de país.

Mientras esa pregunta siga sin respuesta, la disputa seguirá abierta en las laderas de la montaña.

Fuentes consultadas:

* Medina, Hernán Rolando (2009). "Famatina: Dos siglos de violencia". Observatorio de Empresas Transnacionales.

* Ferns, Henry (1966). "Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX". Buenos Aires: Solar/Hachette.

* Svampa, M., Sola Álvarez, M. y Bottaro, L. (2009). "Minería transnacional, narrativas del desarrollo y resistencias sociales". Buenos Aires: Biblos.

* Observatorio de Empresas Transnacionales (2007). "Reporte número 1: Informe sobre Barrick Gold Corporation".

* Rodríguez Pardo, Javier (2007). "Cuando se grita 'no' a una bomba de tiempo".

* Diario Página 12 y Diario Crítica (2009). Coberturas periodísticas citadas.

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