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Hace más de 35 años, en un día de diciembre de 1986, nació una canción que no se quedó en los discos, sino que entró en la piel de quienes la escuchan. La pucha con el hombre, un escondido que se convirtió en un espejo de la condición humana, fue obra de Pablo Raúl Trullenque y Saúl “Cuti” Carabajal. No es solo una canción, es una conversación entre dos voces que, sin pretenderlo, nos descubrieron a nosotros mismos.
En el rico universo del
folklore argentino, hay canciones que se transforman en verdaderos himnos,
mientras que otras se convierten en profundas meditaciones. "La pucha con
el hombre" pertenece a esta última categoría. No es solo una canción; es
un refugio que, con su letra poética y su música melancólica, nos mira a los
ojos y nos plantea preguntas profundas: ¿qué es lo que nos define como humanos?
¿Qué nos hace tan contradictorios? La respuesta, como ocurre con muchas obras
maestras del folklore, no se encuentra en las palabras, sino en la manera en
que las interpretamos, en el tono que elegimos, y en el silencio que queda tras
escucharla.
Pablo Raúl Trullenque
nació en Santiago del Estero el 15 de enero de 1934, en una familia de músicos
que, aunque en ese momento no lo sabía, ya le habían regalado su primer
instrumento: la voz. Huérfano de padre a los cuatro meses, su infancia estuvo
marcada por la ausencia paterna, pero también por la influencia de un padrino
intelectual: don Julio Argentino Jerez, autor de "Añoranzas", uno de
los himnos más queridos del folklore santiagueño. Trullenque, que más tarde se
convertiría en lustrabotas, vendedor de diarios y finalmente ayudante de
sastre, no solo supo ganarse la vida con dignidad, sino que también mostró una profunda
sensibilidad que se reflejó en sus letras.
Desde muy joven,
Trullenque se dedicó a animar fiestas estudiantiles y a recitar las glosas que
él mismo escribía. Su talento poético fue floreciendo a medida que acumulaba
experiencias de vida, y en 1957, al mudarse a Buenos Aires, se cruzó con
Roberto Rimoldi Fraga, un cantor que lo convertiría en una figura fundamental
del folklore argentino. Juntos crearon obras memorables como "argentino
hasta la muerte" y "Revuelo de ponchos rojos", pero fue en su etapa
posterior, cuando Trullenque se destacó como el autor más profundo y filosófico
de su provincia, que su obra alcanzó su mayor esplendor.
Por otro lado, Saúl
“Cuti” Carabajal nació el 3 de marzo de 1947 en el barrio “Los Lagos” de La
Banda, Santiago del Estero. Siendo el menor de doce hermanos, desde muy pequeño
se volcó a la música. A los 13 años formó su primer dúo con Kali, llamándose
“Los Changuitos”, y más tarde, en 1967, fundó el conjunto Los Carabajal junto a
sus hermanos Agustín, Carlos y Kali. Después de una etapa con los Manseros
Santiagueños, donde empezó a consolidarse como compositor, Carabajal se
convirtió en una figura central del folklore santiagueño, con una amplia
producción que incluye canciones como "Ciudad de La Banda", "Santiago
chango moreno" y, por supuesto, "La pucha con el hombre".
La canción nació el 18 de
diciembre de 1986, en un momento en que Trullenque y Carabajal ya habían
recorrido largos caminos. "La pucha con el hombre" no es solo una
canción, es un refugio que, a través de la letra de Trullenque, nos confronta
con la contradicción esencial del ser humano. La canción comienza con una
observación que parece sencilla, pero que, al escucharla, nos invita a
reflexionar: “El hombre nace y muere a veces sin vivir”. Es una frase que,
aunque pueda sonar triste, es profundamente cierta. ¿Cuántas veces pasamos de
ser niños a viejos sin disfrutar de lo que llamamos felicidad? ¿Cuántas veces
buscamos la felicidad en lugares lejanos, cuando en realidad ya está a nuestro
lado?
Trullenque no se queda
solo en describir esta contradicción, sino que la explora a fondo. “Tropieza
tantas veces en una misma piedra / Fruta es que llega a pasar sin madurar”. Es
una imagen poderosa: el hombre, como una fruta que cae sin madurar, repite los
mismos errores, tropieza con las mismas piedras, sin lograr crecer. Y, sin
embargo, también es capaz de hacer cosas grandiosas: “Es muy capaz de dar la
vida o de matar”. La dualidad está presente en cada verso, como si el hombre
fuera un río que fluye entre un monte denso, copla, río y manantial.
Uno de los versos más
conmovedores dice: “Solo se diferencia del reino animal / Porque es el hombre
el único capaz de odiar”. Esta afirmación, aunque dura, es verdad. El ser
humano tiene la capacidad de odiar y destruir, pero también de amar, crear y
soñar. Mientras se asombre, llore y ría, será la fantasía que Dios creó. Esta
imagen nos devuelve la esperanza: a pesar de ser contradictorio y capaz de
odio, el hombre también puede amar, crear y soñar.
Impacto
cultural de La pucha con el hombre:
La pucha con el hombre no
es solo una canción; es un fenómeno cultural que ha cruzado las fronteras del
folklore para convertirse en un ícono de la cultura argentina. Su impacto se ha
sentido en muchos niveles: desde la academia hasta las calles, desde los
escenarios hasta los hogares.
En el ámbito académico,
la canción se ha convertido en un tema de estudio en universidades y centros de
investigación sobre folklore y literatura popular. Su letra, llena de metáforas
y simbolismos, ha sido analizada por académicos como María Elena de la Fuente,
quien resaltó su habilidad para capturar la esencia del ser humano en un solo
verso. Además, la canción se ha incluido en programas de enseñanza de folklore
argentino, convirtiéndose en un ejemplo clásico de cómo la música popular puede
ser una herramienta poderosa para la reflexión y la crítica social.
En el ámbito social,
"La pucha con el hombre" se transformó en un himno para aquellos que
se sentían desconectados del mundo, buscando un sentido más profundo en la vida.
En fiestas, reuniones familiares y bares, la canción se entonaba con una
emoción única, como si cada verso fuera una confesión íntima. Su mensaje sobre
la contradicción humana resonó con fuerza en una sociedad que, durante los años
80 y 90, atravesaba grandes cambios económicos y sociales.
En el ámbito artístico,
esta canción dejó una huella en generaciones de músicos y cantores. Artistas
como Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui y León Gieco, entre otros, reconocieron
la profundidad de la obra de Trullenque y Carabajal. Además, la canción inspiró
a nuevos creadores a adentrarse en temas más filosóficos y existenciales en su
música, alejándose de las temáticas más comerciales y superficiales.
"La pucha con el
hombre" es más que una simple canción. Es un espejo que nos mira a los
ojos y nos cuestiona: ¿qué es lo que nos hace humanos? ¿Qué nos vuelve tan
contradictorios? La respuesta no se encuentra en las palabras, sino en la
manera en que las interpretamos, en el tono que les imprimimos, y en el silencio
que queda después de escucharla.
En un mundo donde a
menudo buscamos la felicidad en lo lejano, en lo material y en lo efímero,
"La pucha con el hombre" nos recuerda que la verdadera felicidad se
encuentra en lo presente, en lo simple, en lo humano. El hombre, a pesar de su
capacidad para odiar, también tiene la capacidad de amar, de crear y de soñar.
Así que cada vez que
escuchamos esta canción, nos surge la pregunta: ¿es el hombre más que una
fantasía creada por Dios? ¿O es que, en su contradicción, en su habilidad para
amar y odiar, para soñar y destruir, es precisamente eso: una fantasía que Dios
creó, pero que, al mismo tiempo, es la única que puede transformar el mundo?

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