El 20 de diciembre de 1979, un trágico accidente se llevó la
vida de tres miembros de "Los Nuevos Manseros Santiagueños". Solo
"Alito" Toledo logró sobrevivir. Esta tragedia también destapó una
traición en el mundo de la música: ese grupo había tomado el nombre de los
verdaderos fundadores, Onofre Paz y Leocadio Torres, quienes fueron engañados y
echados a un lado. Un juicio y un sello discográfico finalmente hicieron
justicia, asegurando que la música santiagueña no perdiera sus voces
auténticas.
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| Manuel Jaime y Domingo Rojas |
El choque que lo cambió
todo:
La ruta estaba oscura esa
noche de diciembre. El auto avanzaba a toda velocidad , llevando a cuatro hombres que, en cuestión de horas,
pasarían de ser estrellas del folclore a protagonistas de una tragedia que
reescribiría la historia de la música argentina. Dentro del vehículo viajaban
Manuel Jaime, Domingo Rojas, Guillermo Ocón y Alfredo "Alito" Toledo,
los integrantes de "Los Nuevos Manseros Santiagueños", un grupo que
nunca debió existir.
Lo que nadie sabía —ni
siquiera ellos— es que ese nombre, "Manseros Santiagueños", ya
pertenecía a otros. A dos hombres que, en ese mismo momento, luchaban en los
tribunales y en los escenarios para recuperar lo que les habían robado: Onofre
Paz y Leocadio Torres, los fundadores originales, traicionados por sus propios
compañeros.
Pero el destino tenía
otros planes. Esa noche, el auto se salió de la ruta y chocó contra un árbol.
Jaime y Rojas murieron en el acto. Ocón fue trasladado de urgencia a un
sanatorio, pero falleció días después, el 7 de enero de 1980. Solo Toledo
sobrevivió, milagrosamente, como si la música misma hubiera decidido salvar a
alguien para contar esta historia.
Lo que siguió fue una
carrera contra el tiempo: un juicio por una marca registrada, la intervención
de Sony Music, y la decisión de una familia dolida que, en medio del duelo,
tomó la decisión que cambiaría el folclore para siempre.
El
robo del nombre: cómo Manuel Jaime y Domingo Rojas engañaron a los fundadores
Todo comenzó en los años
60, cuando Onofre Paz y Leocadio Torres —dos jóvenes santiagueños con voces de
oro— formaron "Los Manseros Santiagueños". Con el tiempo, el grupo
creció, incorporó nuevos miembros y se convirtió en uno de los pilares del
folclore argentino. Pero no todo era armonía.
"Onofre y Leocadio
eran los verdaderos líderes, los que componían, los que llevaban el peso
artístico", cuenta Cuti Carabajal, exmansero y testigo clave de esta
historia. "Pero había roces. Manuel Jaime y Domingo Rojas no se llevaban
bien con ellos. Querían el nombre para sí mismos."
Lo que hicieron fue
imperdonable: registraron el nombre "Los Manseros Santiagueños" a su
nombre, aprovechando que la marca no estaba protegida legalmente. "Paz y
Torres ni se imaginaban que les iban a hacer eso", recuerda Cuti. "Cuando
se enteraron, ya era tarde. Los otros andaban por todos los escenarios,
grabando, firmando contratos… Les habían robado la identidad."
La reacción de los
fundadores fue rearmarse. Llamaron a Fatiga Reynoso (quien ya había estado en
el grupo) y a Cuti Carabajal, quien en ese momento tocaba con otro conjunto.
"Onofre vino a mi casa y me contó lo que había pasado", recuerda
Cuti. "Me dijo: ‘Nos robaron el nombre, pero vamos a pelear por él’. Yo
pensé que sería cosa de un mes o dos, pero me quedé casi seis años."
El problema era que,
legalmente, el nombre ya no les pertenecía. Cada vez que "Los Manseros
Santiagueños" (los de Jaime y Rojas) tocaban en un pueblo, llegaba un
telegrama intimándolos a detenerse. "La gente nos elegía a nosotros porque
sabía que éramos los verdaderos", cuenta Cuti. "Pero teníamos que
pelear en los tribunales, en los medios, en los escenarios… Era una guerra por
la identidad."
El
accidente que lo cambió todo: cuando la muerte devolvió lo robado
El 20 de diciembre de
1979 fue una noche trágica. El auto donde viajaban Manuel Jaime, Domingo Rojas,
Guillermo Ocón y Alfredo Toledo se estrelló en la ruta santiagueña. Tres
murieron en el acto. Solo Toledo sobrevivió.
Lo que nadie sabía es
que, en medio del dolor, esa tragedia terminaría por hacer justicia.
Días después del
accidente, la esposa de uno de los fallecidos —se cree que la de Jaime— tomó
una decisión inesperada: llevó el título de la marca registrada "Los
Manseros Santiagueños" a Onofre Paz y Leocadio Torres. "Nos lo
devolvieron", cuenta Cuti. "No fue por dinero, no fue por un juicio…
fue porque entendieron que ese nombre nos pertenecía."
Pero el reconocimiento
definitivo llegó de Sony Music, el sello que trabajaba con ambos grupos.
"Ellos nos reconocieron como los verdaderos Manseros Santiagueños",
explica Cuti. "Eso nos dio fuerza legal y artística. Ya nadie podía
cuestionarnos."
El
milagro de Alito Toledo: el único testigo que quedó vivo
Alfredo "Alito"
Toledo sobrevivió al accidente, pero nunca volvió a ser el mismo. Las heridas
físicas sanaron, pero el peso de haber perdido a sus compañeros lo marcó para
siempre.
"Alito era un tipo
tranquilo, un gran músico", recuerda Cuti. "Pero después del
accidente, se alejó de la música. No sé si por culpa, por dolor o porque
simplemente ya no quería recordar esa noche."
Lo irónico es que, sin
querer, Toledo se convirtió en el último eslabón de una historia que casi se
pierde. Porque si él también hubiera muerto, nadie habría quedado para contar
cómo fue que "Los Manseros Santiagueños" casi desaparecen para
siempre.
Cuando la música vence a
la traición (y la muerte)
Hoy, 46 años después de
aquel accidente, los nombres de Onofre Paz y Leocadio Torres brillan con la
fuerza que siempre merecieron. "Los Manseros Santiagueños" —los
verdaderos— grabaron discos, llenaron teatros y se convirtieron en leyendas del
folclore. Pero esta historia no es solo sobre justicia restaurada. Es sobre
cómo el arte puede sobrevivir incluso cuando los hombres que lo crean son
traicionados, olvidados o silenciados.
Porque al final, la
música no muere. Se esconde, se resiste, y siempre encuentra la manera de
volver.
Como dice Cuti Carabajal:
"Nosotros éramos los verdaderos. La gente lo sabía, el tiempo lo confirmó,
y hasta la muerte nos dio la razón."
Entrevista: El libro de oro de Los Carabajal

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