sábado, 4 de abril de 2026

Don Cristóforo Juarez

 


Representan anhelos, pensamientos sueltos del criollo que, pensativo, cumple con su misión diaria y al mismo tiempo sueña con integrarse más al entorno misterioso de la naturaleza que lo rodea. Quisiera permanecer para siempre, de alguna forma, en este ámbito que lo viera nacer y crecer. Quisiera trascender a la existencia terrenal, entregando algo que pueda servir al cuerpo y al espíritu del prójimo. Quisiera ser recordado, para quedarse del todo en estos pagos.

En estos días recordamos especialmente a dos santiagueños que nos han dejado obras, aparentemente distintas, pero cuyos objetivos son los mismos: enaltecer y dignificar al ser humano en forma integral. Ambos fueron docentes. El Profesor y Médico Dr. Ramón Carrillo nos legó un sistema hospitalario ejemplar para toda América del Sud y el concepto de la prevención sanitaria. El Maestro y Poeta Don Cristóforo Juárez entregó a coetáneos y a la posteridad la prosa y poesía que vivió en el suelo santiagueño, mostrándonos nuestra realidad e inquietudes.

Ramón Carrillo nació el 7 de Marzo de 1.906 en Santiago del Estero. Sería largo detallar su brillante paso por las escuelas primaria y secundaria en nuestra ciudad, la Universidad en Buenos Aires, los tres años becado en Europa, los logros para la comunidad en su especialidad, la Neurología... Lo que no hay que obviar es que el genial médico fue el Primer Ministro de Salud de la Nación, que organizó el sistema de salud desde una óptica nueva para la época, que nos parece tan natural ahora: la prevención (aunque no tomemos conciencia en cada uno de nosotros todavía). Bregó por la independencia científica de nuestro país. Impulsó la creación de la primera fábrica argentina de medicamentos. Afirmaba que los adelantos científicos y técnicos no servían si sus beneficios no llegaban a toda la población. Fiel a su creencia de que el pueblo merece una vida sana, digna y prolongada, puso énfasis en la atención materna e infantil. Además, colaboró desde su puesto con la creación de Hogares Escuela y Hogares de Ancianos.

Don Cristóforo Juárez nació en Cúyoj (Dpto. Banda) un día de Julio de 1.900. Conoció la campaña provinciana, su paisaje y su gente. Desde San Carlos (Dpto. Banda), con 16 años de edad y su título de Maestro Rural, partió hacia Verón (Dpto. Salavina) para enseñar y aprender con los criollos y los montes salavineros. En su carrera docente llegó a ser Vocal y Presidente del Consejo de Educación. Las vivencias e inquietudes de su rica vida interior nos quedaron en libros publicados e inéditos. Los cantores mantienen viva su alma de poeta, cantándole al Tiempo de la Fruta Madura (póckoy pacha), a un amor dejado en Pampa de los Guanacos, a la épica vida del Chasqui Venancio Caro o la Rubia Moreno, al lindo pago del Polear, mostrándonos la Estampa del Mansero o el Alma Challuera del santiagueño... Leyendo sus libros podremos percibir plenamente los Reflejos del Salitral, Llájtay, Cantares, La Vara Prodigiosa... Seguiremos degustando sus Coplas Maduras a medida que se publiquen o canten.

El Dr. Carrillo, que había llegado al alto cargo nacional con el afán de servir, cuando hubo realizado lo necesario para producir cambios altamente positivos en la salud de la población, declinó luchar contra quienes ambicionaban su Ministerio. Renunció y fué a Estados Unidos para tratarse de la hipertensión que lo torturaba. Despojado luego de sus bienes en Buenos Aires, se empleó en una empresa norteamericana que lo envió a Belém do Pará (Brasil) donde falleció en Diciembre de 1.956. Desde 1.972, descansa en paz en tierra santiagueña. En su honor, desde el año 2.006, el 7 de Marzo es Día del Médico Santiagueño. Don Cristóforo Juárez, con 79 años de edad, escribía la poesía “He llegado a la cumbre”, cuya última estrofa dice:

 

“Mi pupila se apaga como en la estatua griega
 
la pátina ha borrado la ilusión y la fe
 
estoy sólo en la altura, como un cóndor que llega
 
exhausto hasta la cima, para morir después.”

 

 Don Cristóforo Juárez falleció en la ciudad de Santiago del Estero el 10 de Marzo de 1.980.

Encontraremos al Dr. Ramón Carrillo en cada hospital de Sudamérica, en cada posta sanitaria y en cada Médico de Acción Radiante que recorre la zona rural. En cuanto al maestro y poeta bandeño, Juan Carlos Carabajal sintetizó así su permanencia entre nosotros:

 

“Cristóforo Juárez vuelve: 

 

en cada copla del alma
 
y tienen las chacareras
 
olor a Tierra Mojada.”

 

http://aleroquichua.org/sitio/nota_verduc.php?id=8

Termas de Río Hondo y las "aguas del sol"

 


La ciudad de Río Hondo, cuyo nombre original era Miraflores, es un centro de turismo cuya importancia radica en el balneario termal junto al río Dulce. Sobre este mismo río se halla el Dique Frontal, el cual embalsa un lago artificial apto para la náutica y la pesca deportiva.

El dique fue inaugurado en 1967 con el fin de atenuar las crecidas, mejorar el riego y generar energía.

Las aguas del río Dulce eran ya conocidas desde la época precolombina con el nombre de Aguas del Sol. El prestigio de la ciudad existe desde hace siglos; los príncipes del Alto Perú - los incas- llegaban a las "aguas milagrosas" para disfrutar de un microclima único y darle energía termomineral a sus vidas.

Antes de la llegada de los españoles habitaban la zona aborígenes sedentarios, los tonocotes. Estos se ubicaron a orillas del Soconcho, río de aguas mansas, que en quechua se llamó Misky Mayu y los españoles tradujeron como Río Dulce.

Fueron los príncipes incas quienes organizaron caravanas desde el Cuzco, cruzando el altiplano hasta las orillas del Misky Mayu, para aprovechar las virtudes de las yacu rupáj (aguas calientes) consideradas por ellos de origen divino.

Los incas decían que sus manantiales traían el fuego de la tierra y daban milagrosamente la salud al sufriente o al enfermo. Su fama se extendió con los relatos hasta el imperio del Hijo del Sol, en las alturas del Tahuantisuyo.

Las postas de Vinará y Miraflores le acercaron viajeros ilustres en la época de la Conquista: San Francisco Solano, los congresales de Tucumán, el Ejército del Norte, Facundo Quiroga y los Taboada.

A comienzo del siglo XX, Termas era un villorrio de 300 habitantes y comenzaban a surgir los primeros hoteles para el turismo que encontró algunos precursores a fines del XIX, ya que el primer alojamiento se construyó en 1884.

Fue reubicada a 21 kilómetros de su sitio primitivo en el año 1966, para construir el Dique Frontal.

Su emplazamiento original se encuentra cubierto por las aguas del lago.

Fue declarada ciudad el 6 de septiembre de 1954, pero el Municipio obtuvo su autonomía recién en 1958 y se eligió como primer intendente municipal al sr. Luis Jorge Manzur.

Hoy, es el mayor centro turístico de la provincia y uno de los más importantes de la región.

Se cuenta que san Francisco Solano pasó por la antigua villa rumbo al Tucumán, para proveerse de madera de nogal y construir el templo que hoy se levanta en la ciudad capital de Santiago del Estero. Al regresar, se encontró en las cercanías de Villa Río Hondo con el gran río crecido (río Dulce). Era humanamente imposible vadearlo, pero el santo, se cuenta, desató su cordón, lo arrojó al río y dijo: "Río Hondo, no impedirás nuestro paso". Entonces las aguas se abrieron. Fue el primero en tocar la otra orilla y dejó sus huellas y la de su mula en una piedra que aún se conserva y venera en la nueva Capilla Villa Río Hondo.

A partir de este hecho milagroso, el Santo de la Cruz y el Violín es venerado en la región y el nombre original de Miraflores se transformó a Río Hondo.

Fuente: facebook/elpatiosantiagueño


Felipe Corpos: la voz quichua que encendió un fuego en Santiago del Estero

Poeta, payador y militante cultural, fundador del Alero Quichua Santiagueño. Su vida fue breve, pero su legado continúa iluminando la memoria y la identidad de un pueblo.




El eco de una lengua ancestral

Cuando se habla de las raíces culturales de Santiago del Estero, el nombre de Felipe Benicio Corpos aparece como una de esas presencias que, aunque breves en el tiempo, dejan huella. Fue poeta, payador, quichuista y uno de los impulsores de un movimiento clave en la defensa del patrimonio lingüístico del norte argentino: el Alero Quichua Santiagueño.

Hablar de él es, inevitablemente, hablar del quichua. Esa lengua que llegó desde los Andes y encontró en Santiago un territorio donde echar raíces propias. Resistió siglos de desprecio y silenciamiento, pero siguió viva en las casas, en las coplas, en los rezos, en las charlas de patio. Felipe entendió temprano que no alcanzaba con resistir: había que darle un lugar visible dentro de la cultura argentina.

Su vida, atravesada por la pasión y el compromiso, también refleja una época en la que las tradiciones luchaban por no quedar arrasadas por la modernidad. Su historia permite ver cómo un hombre del interior del departamento Figueroa logró encender una llama que todavía sigue prendida.

Infancia entre el monte y la lengua quichua

Felipe nació el 23 de agosto de 1935 en Villa Figueroa. Creció en Los Nogales, Pampa Muyoj, en un entorno donde el quichua no era algo excepcional: era el idioma cotidiano. Se hablaba en la familia, en el trabajo, en la vida diaria.

A los nueve años se trasladó a la ciudad de Santiago del Estero con sus padres. Allí terminó la secundaria en la Escuela de Comercio Antenor Ferreyra y se recibió de Perito Mercantil. Ese cambio marcó una tensión que lo acompañaría siempre: el paso de un mundo campesino, íntimamente ligado al quichua, a un espacio urbano donde esa lengua quedaba al margen.

Más tarde viajó a Córdoba para estudiar Abogacía. Cursó tres años y entró en contacto con ambientes universitarios y políticos. Ese paso seguramente reforzó su mirada sobre la situación de las lenguas originarias. Sin embargo, decidió volver. Su camino no estaba en los tribunales, sino en la defensa cultural.

El encuentro con Sixto Palavecino

En 1968, ya de regreso en Santiago, conoció a Sixto Doroteo Palavecino. El vínculo fue inmediato. Compartían la misma preocupación: el quichua seguía vivo, pero recluido, sin reconocimiento público.

Mientras buena parte de la sociedad lo consideraba un idioma menor, ellos lo veían como un núcleo cultural profundo. De esa coincidencia nació una amistad y un proyecto común que terminaría cambiando el panorama cultural de la provincia.

Nace el Alero Quichua Santiagueño

El 5 de octubre de 1969, junto a Vicente Salto y Domingo Antonio Bravo, dieron forma al Alero Quichua Santiagueño. Empezó como un programa de radio, pero rápidamente superó ese formato.

Tenía algo distinto: por primera vez, la radio abría un espacio en lengua indígena en Argentina. No se trataba de hablar *sobre* los campesinos, sino de que ellos mismos tomaran la palabra. Desde distintos puntos de la provincia, la gente participaba con relatos, canciones y coplas.

Felipe lo definía con claridad en una de las aperturas del programa: una voz que se eleva desde el Santiago quichua para mostrar su cultura desde adentro. No era una consigna. Era una forma de devolverle dignidad a una lengua.

Escuelas y expansión

El impacto fue rápido. En 1971 se creó la primera filial en Villa Atamisqui, y después llegaron otras en Córdoba, Buenos Aires y Tucumán.

Pero el crecimiento no fue solo territorial. También hubo un impulso educativo fuerte. Se promovieron escuelas de quichua y, en 1973, se incorporó la cátedra de Cultura Quichua en el profesorado provincial. Ese mismo año se dictaron cursos en distintos puntos de Santiago.

El desafío era grande: enseñar a escribir una lengua que durante siglos se transmitió de forma oral. Aun así, la respuesta fue positiva. El quichua empezaba a salir del ámbito doméstico y a ocupar espacio en las aulas.

Discos y debates culturales

El Alero también impulsó proyectos discográficos. En 1971 se editó un disco documental del canto quichua con el sello Diapasón, con apoyo de Alfredo Ábalos. Allí se incluyó la traducción al quichua del Martín Fierro, realizada por Vicente J. Salto.

En 1973, Felipe organizó una mesa redonda radial sobre el origen de la chacarera. Un tema que, todavía hoy, genera discusión. Ese mismo año se lanzó el disco *Santiago del Estero, desde sus coplas al país*, que amplió la difusión de la cultura local.

El poeta detrás del proyecto

Más allá de su rol como gestor, Felipe era poeta. Escribió letras que luego se transformaron en canciones populares, muchas musicalizadas por Sixto Palavecino. De ahí nacieron piezas como El sacherito, Mi tata sabía canta, Pa’ que bailen o La ñaupa ñaupa.

También trabajó con otros músicos en distintas composiciones. Parte de su obra fue grabada, pero otra sigue inédita. Ese material, todavía disperso, es un reservorio cultural que espera ser recuperado.

Compromiso con la vida cotidiana

Para Felipe, la lengua no era un objeto aislado. En sus programas hablaba de la vida rural, de prácticas agrícolas, de saberes transmitidos de generación en generación. Recuperaba refranes, cuentos, formas de entender el mundo.

En 1974 participó en la creación de la Sociedad de Folkloristas Santiagueños. Ese mismo año lanzó el programa *Domingos Santiagueños*, donde profundizaba en temas vinculados a la identidad local.

También colaboró con investigaciones en historia, arqueología y lingüística. Su objetivo era claro: mostrar que la cultura popular no era un adorno, sino un sistema de conocimiento.

Una vida breve

El 13 de diciembre de 1974, un accidente terminó con su vida. Tenía 39 años. La pérdida fue fuerte y dejó un vacío difícil de cubrir.

Sin embargo, su trabajo no se detuvo. El Alero siguió, las escuelas continuaron, y su nombre empezó a consolidarse como referencia dentro de la cultura santiagueña. Hoy lo recuerdan en espacios públicos y en instituciones educativas que llevan su nombre.

Una herencia que sigue

La historia de Felipe Corpos muestra algo concreto: la cultura no se sostiene sola. Necesita gente que la empuje, que la defienda, que la haga visible.

El quichua santiagueño sigue vivo en gran parte por ese tipo de esfuerzos. Cada vez que se canta en esa lengua o alguien la aprende, hay una continuidad que no se cortó.

Su legado no es abstracto. Está en la voz de la gente, en la música, en las palabras que todavía circulan. Y deja una pregunta abierta, bastante directa: qué estamos dispuestos a sostener para que no desaparezca.

Fuentes consultadas:

Alero Quichua Santiagueño- Diario El Liberal-Diccionario Cultural Santiagueño-María Teresa Papalardo-Antología de poetas santiagueños-Alfonso Nassif.

 

viernes, 3 de abril de 2026

Ramón “Toy” Von Zeilau (1955-1990)

 


Ramón “Toy” Von Zeilau nació un 20 de marzo de 1955 y se destacó como músico y cantor popular, reconocido por su particular entonación y su privilegiado registro vocal. Durante su vida, consolidó una participación artística significativa dentro del folclore santiagueño, dejando una huella imborrable en quienes valoraron su talento y dedicación al arte.

Aunque su fallecimiento a temprana edad limitó el registro documental de su obra, su legado musical incluye algunas grabaciones en vivo y otras realizadas en estudio. Entre estas, destaca la grabación en formato cassette titulada Más santiagueño imposible, producida por Oscar Valles, en la que participaron reconocidos artistas como Jacinto Piedra y Peteco Carabajal, entre otros.

Una anécdota particularmente memorable dentro de su carrera ocurrió en la emblemática peña La Casa del Folclorista, donde Ramón “Toy” Von Zeilau tuvo el honor de interpretar por primera vez la chacarera Entre a mi pago sin golpear, compuesta por Pablo Raúl Trullenque y Carlos Carabajal. Cierta noche, Carlos Carabajal llegó a la peña y encontró a Toy, a quien le comentó acerca de esta nueva creación y le hizo escuchar la melodía. Embelesado por la canción, Toy le solicitó cantarla esa misma noche. Carlos Carabajal, conocido como “El Padre de la Chacarera”, aceptó gustosamente. Se apartaron del salón para compartir los acordes y la melodía, y esa noche de estreno se coronó con una fuerte ovación del público, sellando un momento inolvidable en la historia del folclore santiagueño.

Otra historia que refleja el impacto de Toy en el ambiente artístico fue su proyecto con Jacinto Piedra. Se sabe que ambos planeaban formar un dúo llamado El Dúo del Futuro, un sueño que prometía fusionar sus talentos únicos. Tras un primer ensayo, quedaron en reunirse dos días después para continuar con los preparativos. Sin embargo, al día siguiente, Toy Von Zeilau enfermó gravemente y fue internado, sin poder recuperarse. Su partida ocurrió el 3 de abril de 1990, tras una dura batalla contra una grave enfermedad. Meses más tarde, Jacinto Piedra también falleció, dejando truncado un proyecto que, según quienes los conocieron, habría marcado un antes y después en la música santiagueña.

A lo largo de su trayectoria, Ramón “Toy” Von Zeilau fue galardonado con el reconocimiento “Mistol de Oro”, otorgado por personalidades destacadas del folclore, premio que refleja la gran estima que despertó entre sus pares y el público. Además de su faceta artística, fue un ferviente hincha del club Unión Santiago, pasión que acompañó su vida con el mismo entusiasmo que entregaba a la música.

A pesar de su partida prematura, su valoración dentro del ambiente folclórico de la provincia continúa siendo elevada, manteniendo vivo el recuerdo de un artista querido y respetado. Su legado, junto a historias como la del dúo que nunca fue, sigue inspirando a nuevas generaciones de músicos y amantes del folclore.

Esta biografía se basa en el libro inédito Biografías de folcloristas santiagueños de Omar “Sapo” Estanciero, complementada con la valiosa colaboración de Santiago Von Zeilau.

 

Don Cristóforo Juarez