sábado, 9 de mayo de 2026

San La Muerte en Santiago del Estero: la estatua gigante que abrió un debate sobre fe, miedo y religiosidad popular

La aparición de una enorme imagen sobre la Ruta 1, en La Bajada, generó sorpresa, discusiones religiosas y una fuerte repercusión social en Santiago del Estero. Detrás de la polémica aparecen la devoción popular, las tensiones culturales y una disputa judicial que todavía sigue abierta.

Créditos: El Liberal


Por Leyendas del Folclore Santiagueño

De noche, los ojos iluminados se ven desde lejos.

Quienes pasan por la Ruta 1, en la zona de La Bajada, bajan la velocidad casi por reflejo. Algunos frenan para mirar mejor. Otros siguen de largo, incómodos. En pocos días, la enorme figura levantada al costado del camino se convirtió en uno de los temas más comentados de Santiago del Estero.

La estructura representa a San La Muerte. Todavía está rodeada de andamios y en plena construcción, pero eso no impidió que despertara curiosidad, rechazo, preguntas y todo tipo de comentarios. El lugar, además, está frente a un santuario del Gauchito Gil, en un sector donde crecieron viviendas nuevas y el movimiento de gente es constante.

La noticia rápidamente salió de los grupos de vecinos y pasó a los medios provinciales. Después llegaron las opiniones de antropólogos, sociólogos, referentes religiosos y dirigentes políticos. También aparecieron denuncias judiciales alrededor del dueño del predio y discusiones sobre el sentido de estas creencias populares.

Lo que empezó como una imagen llamativa al borde de una ruta terminó abriendo una discusión mucho más profunda.

Una figura imposible de ignorar

La primera impresión es el tamaño.

La estatua sobresale en medio del paisaje rural y se impone incluso a distancia. Los ojos con luces, la estructura oscura y el entorno todavía en obra generan una escena difícil de pasar por alto.

Muchos vecinos se enteraron por fotos y videos compartidos en redes sociales. Otros llegaron hasta el lugar simplemente por curiosidad. En poco tiempo, la imagen de San La Muerte se volvió viral en Santiago del Estero.

El misterio alrededor del proyecto ayudó a que crecieran los rumores. Durante varios días nadie explicó claramente cuál era el objetivo del lugar ni quién estaba detrás de la construcción. Se hablaba de un “santuario de sanación”, aunque sin demasiados detalles.

Ese vacío alimentó todavía más las especulaciones.

El peso simbólico de San La Muerte

San La Muerte es una figura de devoción popular muy extendida en el noreste argentino, Paraguay y algunas zonas de Brasil. Suele representarse como un esqueleto y sus devotos le atribuyen protección, favores y capacidad de intercesión espiritual.

No forma parte de los santos reconocidos oficialmente por la Iglesia Católica, pero eso no impidió que su culto creciera durante décadas en distintos sectores populares.

En muchas familias la devoción permanece puertas adentro. Por eso la aparición de una estatua gigantesca llamó tanto la atención. No era un pequeño altar doméstico ni una imagen escondida en un santuario improvisado. Era una estructura monumental ubicada a la vista de todos.

La antropóloga Pilar Velazquez explicó que este tipo de expresiones deben entenderse dentro de la religiosidad popular y no solamente desde el prejuicio.

Según planteó, detrás de la construcción puede existir una promesa cumplida o una forma pública de agradecimiento. También remarcó que en Argentina conviven distintas creencias religiosas, aunque muchas veces se mantenga la idea de un país culturalmente homogéneo y exclusivamente católico.

En provincias como Santiago del Estero, las devociones populares forman parte de la vida cotidiana desde hace generaciones.

El “Campito de la Sanación”

Con el paso de los días apareció el nombre del propietario del predio: Daniel Quinteros.

En declaraciones periodísticas, se presentó como creyente de Jesucristo, del Gauchito Gil y de San La Muerte. También aseguró que el lugar nació a partir de una promesa familiar relacionada con la salud de un sobrino.

Según contó, hace muchos años atravesó una situación difícil y pidió ayuda espiritual para el niño. Cuando el sobrino se recuperó, sintió que tenía una deuda pendiente.

Así comenzó el llamado “Campito de la Sanación”.

El espacio no reúne solamente imágenes de San La Muerte. También hay figuras de la Virgen del Valle, San Expedito, San Jorge, Difunta Correa y Mama Antula.

Quinteros insistió varias veces en que no ve contradicción entre la fe católica y las devociones populares. “Soy católico y creo en los milagros del santo pagano”, dijo durante una entrevista.

Esa convivencia de símbolos religiosos y creencias populares es justamente uno de los puntos que más discusión generó.

La reacción de la Iglesia

La repercusión llegó rápidamente a distintos sectores religiosos.

Un pastor evangélico consultado por medios locales cuestionó la construcción y habló del avance de “un culto a la muerte”. Incluso adelantó que referentes evangélicos pensaban presentar un pedido para solicitar la demolición de la estructura.

Pero el pronunciamiento más fuerte fue el de Vicente Bokalic.

El arzobispo difundió un comunicado donde advirtió sobre la mezcla entre símbolos católicos y prácticas que consideró ajenas a la fe cristiana. En el texto sostuvo que la fe católica no puede combinarse con elementos esotéricos, supersticiones o sincretismos religiosos.

Bokalic también pidió a los fieles no buscar “seguridades en elementos mágicos o creencias contrarias al Evangelio”.

Al mismo tiempo, reconoció que la religiosidad popular tiene un valor importante dentro de la identidad santiagueña. Pero aclaró que pierde sentido cuando se aparta de las enseñanzas cristianas.

El comunicado tuvo gran repercusión porque puso en discusión un tema histórico dentro de la Iglesia: el límite entre la fe popular y las prácticas consideradas supersticiosas.

Una discusión más social que religiosa

El sociólogo Leonardo Innamorato analizó el fenómeno desde otro lugar.

Según explicó, muchas personas buscan respuestas espirituales rápidas frente a problemas económicos, emocionales o personales. Cuando sienten que las instituciones tradicionales no les dan contención, aparecen otras figuras o creencias que ocupan ese espacio.

Innamorato también señaló que las expresiones religiosas populares existieron siempre y que forman parte de procesos sociales mucho más amplios.

La diferencia, en este caso, es la visibilidad.

La estatua no está escondida. Está al borde de una ruta y se convirtió en una imagen pública imposible de ignorar.

Eso generó reacciones muy distintas. Hay quienes la ven como una expresión legítima de fe popular y quienes la consideran una señal preocupante.

En el fondo, el debate parece hablar menos de la estatua y más de las tensiones culturales que existen alrededor de ciertas creencias.

El rechazo del Círculo Nacionalista

La polémica sumó otro capítulo cuando el Círculo Nacionalista de Santiago del Estero difundió un comunicado cuestionando el crecimiento de “cultos vinculados a la muerte” y “prácticas paganas”.

La organización también criticó a sectores de la Iglesia Católica a los que acusó de relativizar la doctrina religiosa bajo ideas de “inculturación”.

El texto planteó que estas expresiones son ajenas a la tradición espiritual santiagueña y manifestó preocupación por su crecimiento.

Con eso, la discusión dejó de ser únicamente religiosa y pasó a tocar cuestiones culturales e identitarias.

La disputa judicial detrás del santuario

Mientras el debate seguía creciendo, apareció otro conflicto: la situación judicial del terreno donde se construye el santuario.

El abogado Néstor Chazarreta aseguró que existe una causa iniciada hace más de diez años por la propiedad del predio. Según explicó, la Justicia falló en primera instancia a favor de una familia que reclama esas tierras.

La causa todavía espera una resolución definitiva.

Chazarreta también sostuvo que la instalación de imágenes religiosas podría formar parte de una estrategia para dificultar un eventual desalojo.

Daniel Quinteros rechazó esas acusaciones y afirmó que el terreno le pertenece legalmente. Además, negó versiones sobre actividades ilegales o rituales violentos dentro del lugar.

 “Yo no vivo del santo”, declaró en entrevistas periodísticas.

Las causas penales y la controversia

La situación se volvió todavía más tensa cuando distintos medios publicaron que Quinteros aparece mencionado en investigaciones judiciales vinculadas a episodios violentos ocurridos en departamentos del interior santiagueño.

Según esas publicaciones, existen causas relacionadas con conflictos rurales y hechos ocurridos en Alberdi y Aguirre durante 2023.

Los expedientes siguen en proceso judicial y no hay condenas firmes. Sin embargo, la difusión de esas denuncias profundizó aún más la polémica alrededor del santuario.

La discusión ya no giraba solamente alrededor de la fe o la religiosidad popular. También empezaban a aparecer temas vinculados al poder territorial, los conflictos por tierras y la violencia rural.

Una provincia atravesada por la religiosidad popular

Santiago del Estero mantiene una relación muy fuerte con las creencias populares.

Las promesas, los altares familiares, las peregrinaciones y los santos populares forman parte del paisaje cotidiano en muchas localidades del interior.

Por eso, la existencia de devotos de San La Muerte no resulta algo extraño para gran parte de la población.

Lo que sí cambió fue la escala.

La enorme estatua transformó una devoción que muchas veces permanecía en ámbitos privados en una presencia visible y permanente sobre una ruta transitada.

Y ahí apareció el verdadero impacto.

Porque la imagen obligó a todos a posicionarse de alguna manera. Algunos la interpretan como una expresión de fe. Otros sienten temor o rechazo. Y muchos simplemente observan el fenómeno con curiosidad.

El efecto de las redes sociales

Las redes terminaron amplificando todo.

Videos nocturnos, fotos de los ojos iluminados y transmisiones en vivo multiplicaron la circulación de imágenes del santuario. También aparecieron rumores, teorías exageradas y comentarios de todo tipo.

La viralización convirtió a la estatua en un fenómeno provincial.

Ya no era solamente una construcción en La Bajada. Era un tema de conversación en toda Santiago del Estero.

Y como suele pasar en internet, las posiciones se volvieron cada vez más extremas.

Un debate abierto

Mientras la obra sigue en construcción, las discusiones continúan.

La Iglesia mantiene su postura crítica. Los devotos defienden el lugar como un espacio de fe y sanación. La causa judicial todavía espera definiciones. Y la imagen de San La Muerte sigue creciendo al costado de la Ruta 1.

Más allá de las opiniones, el fenómeno dejó algo claro: las creencias populares siguen teniendo una presencia fuerte en la vida social santiagueña.

La enorme estatua levantada en La Bajada terminó funcionando como un espejo de muchas tensiones que ya existían. Religión, identidad cultural, prejuicios, necesidad espiritual y conflictos sociales aparecieron mezclados alrededor de una sola figura.

Y probablemente por eso el tema sigue generando tanto impacto.

Fuentes consultadas: El Liberal, Info del Estero

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