La aparición de una enorme imagen sobre la Ruta 1, en La Bajada, generó sorpresa, discusiones religiosas y una fuerte repercusión social en Santiago del Estero. Detrás de la polémica aparecen la devoción popular, las tensiones culturales y una disputa judicial que todavía sigue abierta.
Por Leyendas del Folclore
Santiagueño
De
noche, los ojos iluminados se ven desde lejos.
Quienes pasan por la Ruta
1, en la zona de La Bajada, bajan la velocidad casi por reflejo. Algunos frenan
para mirar mejor. Otros siguen de largo, incómodos. En pocos días, la enorme
figura levantada al costado del camino se convirtió en uno de los temas más
comentados de Santiago del Estero.
La estructura representa
a San La Muerte. Todavía está rodeada de andamios y en plena construcción, pero
eso no impidió que despertara curiosidad, rechazo, preguntas y todo tipo de
comentarios. El lugar, además, está frente a un santuario del Gauchito Gil, en
un sector donde crecieron viviendas nuevas y el movimiento de gente es
constante.
La noticia rápidamente
salió de los grupos de vecinos y pasó a los medios provinciales. Después
llegaron las opiniones de antropólogos, sociólogos, referentes religiosos y
dirigentes políticos. También aparecieron denuncias judiciales alrededor del
dueño del predio y discusiones sobre el sentido de estas creencias populares.
Lo que empezó como una
imagen llamativa al borde de una ruta terminó abriendo una discusión mucho más
profunda.
Una
figura imposible de ignorar
La primera impresión es
el tamaño.
La estatua sobresale en
medio del paisaje rural y se impone incluso a distancia. Los ojos con luces, la
estructura oscura y el entorno todavía en obra generan una escena difícil de
pasar por alto.
Muchos vecinos se
enteraron por fotos y videos compartidos en redes sociales. Otros llegaron
hasta el lugar simplemente por curiosidad. En poco tiempo, la imagen de San La
Muerte se volvió viral en Santiago del Estero.
El misterio alrededor del
proyecto ayudó a que crecieran los rumores. Durante varios días nadie explicó
claramente cuál era el objetivo del lugar ni quién estaba detrás de la
construcción. Se hablaba de un “santuario de sanación”, aunque sin demasiados detalles.
Ese vacío alimentó todavía más las especulaciones.
El peso simbólico de San
La Muerte
San La Muerte es una
figura de devoción popular muy extendida en el noreste argentino, Paraguay y
algunas zonas de Brasil. Suele representarse como un esqueleto y sus devotos le
atribuyen protección, favores y capacidad de intercesión espiritual.
No forma parte de los
santos reconocidos oficialmente por la Iglesia Católica, pero eso no impidió
que su culto creciera durante décadas en distintos sectores populares.
En muchas familias la
devoción permanece puertas adentro. Por eso la aparición de una estatua
gigantesca llamó tanto la atención. No era un pequeño altar doméstico ni una
imagen escondida en un santuario improvisado. Era una estructura monumental
ubicada a la vista de todos.
La antropóloga Pilar
Velazquez explicó que este tipo de expresiones deben entenderse dentro de la
religiosidad popular y no solamente desde el prejuicio.
Según planteó, detrás de
la construcción puede existir una promesa cumplida o una forma pública de
agradecimiento. También remarcó que en Argentina conviven distintas creencias
religiosas, aunque muchas veces se mantenga la idea de un país culturalmente
homogéneo y exclusivamente católico.
En provincias como
Santiago del Estero, las devociones populares forman parte de la vida cotidiana
desde hace generaciones.
El
“Campito de la Sanación”
Con el paso de los días
apareció el nombre del propietario del predio: Daniel Quinteros.
En declaraciones
periodísticas, se presentó como creyente de Jesucristo, del Gauchito Gil y de
San La Muerte. También aseguró que el lugar nació a partir de una promesa
familiar relacionada con la salud de un sobrino.
Según contó, hace muchos
años atravesó una situación difícil y pidió ayuda espiritual para el niño.
Cuando el sobrino se recuperó, sintió que tenía una deuda pendiente.
Así
comenzó el llamado “Campito de la Sanación”.
El espacio no reúne
solamente imágenes de San La Muerte. También hay figuras de la Virgen del
Valle, San Expedito, San Jorge, Difunta Correa y Mama Antula.
Quinteros insistió varias
veces en que no ve contradicción entre la fe católica y las devociones
populares. “Soy católico y creo en los milagros del santo pagano”, dijo durante
una entrevista.
Esa convivencia de
símbolos religiosos y creencias populares es justamente uno de los puntos que
más discusión generó.
La reacción de la Iglesia
La repercusión llegó
rápidamente a distintos sectores religiosos.
Un pastor evangélico
consultado por medios locales cuestionó la construcción y habló del avance de
“un culto a la muerte”. Incluso adelantó que referentes evangélicos pensaban
presentar un pedido para solicitar la demolición de la estructura.
Pero el pronunciamiento
más fuerte fue el de Vicente Bokalic.
El arzobispo difundió un
comunicado donde advirtió sobre la mezcla entre símbolos católicos y prácticas
que consideró ajenas a la fe cristiana. En el texto sostuvo que la fe católica
no puede combinarse con elementos esotéricos, supersticiones o sincretismos
religiosos.
Bokalic también pidió a
los fieles no buscar “seguridades en elementos mágicos o creencias contrarias
al Evangelio”.
Al mismo tiempo,
reconoció que la religiosidad popular tiene un valor importante dentro de la
identidad santiagueña. Pero aclaró que pierde sentido cuando se aparta de las
enseñanzas cristianas.
El comunicado tuvo gran
repercusión porque puso en discusión un tema histórico dentro de la Iglesia: el
límite entre la fe popular y las prácticas consideradas supersticiosas.
Una
discusión más social que religiosa
El sociólogo Leonardo
Innamorato analizó el fenómeno desde otro lugar.
Según explicó, muchas
personas buscan respuestas espirituales rápidas frente a problemas económicos,
emocionales o personales. Cuando sienten que las instituciones tradicionales no
les dan contención, aparecen otras figuras o creencias que ocupan ese espacio.
Innamorato también señaló
que las expresiones religiosas populares existieron siempre y que forman parte
de procesos sociales mucho más amplios.
La
diferencia, en este caso, es la visibilidad.
La estatua no está
escondida. Está al borde de una ruta y se convirtió en una imagen pública
imposible de ignorar.
Eso generó reacciones muy
distintas. Hay quienes la ven como una expresión legítima de fe popular y
quienes la consideran una señal preocupante.
En el fondo, el debate
parece hablar menos de la estatua y más de las tensiones culturales que existen
alrededor de ciertas creencias.
El
rechazo del Círculo Nacionalista
La polémica sumó otro capítulo cuando el Círculo Nacionalista de Santiago del Estero difundió un comunicado cuestionando el crecimiento de “cultos vinculados a la muerte” y “prácticas paganas”.
La organización también
criticó a sectores de la Iglesia Católica a los que acusó de relativizar la
doctrina religiosa bajo ideas de “inculturación”.
El texto planteó que
estas expresiones son ajenas a la tradición espiritual santiagueña y manifestó
preocupación por su crecimiento.
Con eso, la discusión
dejó de ser únicamente religiosa y pasó a tocar cuestiones culturales e
identitarias.
La
disputa judicial detrás del santuario
Mientras el debate seguía
creciendo, apareció otro conflicto: la situación judicial del terreno donde se
construye el santuario.
El abogado Néstor
Chazarreta aseguró que existe una causa iniciada hace más de diez años por la
propiedad del predio. Según explicó, la Justicia falló en primera instancia a
favor de una familia que reclama esas tierras.
La
causa todavía espera una resolución definitiva.
Chazarreta también
sostuvo que la instalación de imágenes religiosas podría formar parte de una
estrategia para dificultar un eventual desalojo.
Daniel Quinteros rechazó
esas acusaciones y afirmó que el terreno le pertenece legalmente. Además, negó
versiones sobre actividades ilegales o rituales violentos dentro del lugar.
“Yo no vivo del santo”, declaró en entrevistas
periodísticas.
Las causas penales y la
controversia
La situación se volvió
todavía más tensa cuando distintos medios publicaron que Quinteros aparece
mencionado en investigaciones judiciales vinculadas a episodios violentos
ocurridos en departamentos del interior santiagueño.
Según esas publicaciones,
existen causas relacionadas con conflictos rurales y hechos ocurridos en
Alberdi y Aguirre durante 2023.
Los expedientes siguen en
proceso judicial y no hay condenas firmes. Sin embargo, la difusión de esas
denuncias profundizó aún más la polémica alrededor del santuario.
La discusión ya no giraba
solamente alrededor de la fe o la religiosidad popular. También empezaban a
aparecer temas vinculados al poder territorial, los conflictos por tierras y la
violencia rural.
Una
provincia atravesada por la religiosidad popular
Santiago del Estero mantiene una relación muy fuerte con las creencias populares.
Las promesas, los altares
familiares, las peregrinaciones y los santos populares forman parte del paisaje
cotidiano en muchas localidades del interior.
Por eso, la existencia de
devotos de San La Muerte no resulta algo extraño para gran parte de la
población.
Lo
que sí cambió fue la escala.
La enorme estatua
transformó una devoción que muchas veces permanecía en ámbitos privados en una
presencia visible y permanente sobre una ruta transitada.
Y
ahí apareció el verdadero impacto.
Porque la imagen obligó a
todos a posicionarse de alguna manera. Algunos la interpretan como una
expresión de fe. Otros sienten temor o rechazo. Y muchos simplemente observan
el fenómeno con curiosidad.
El
efecto de las redes sociales
Las redes terminaron
amplificando todo.
Videos nocturnos, fotos
de los ojos iluminados y transmisiones en vivo multiplicaron la circulación de
imágenes del santuario. También aparecieron rumores, teorías exageradas y
comentarios de todo tipo.
La
viralización convirtió a la estatua en un fenómeno provincial.
Ya no era solamente una
construcción en La Bajada. Era un tema de conversación en toda Santiago del
Estero.
Y como suele pasar en
internet, las posiciones se volvieron cada vez más extremas.
Un
debate abierto
Mientras la obra sigue en
construcción, las discusiones continúan.
La Iglesia mantiene su
postura crítica. Los devotos defienden el lugar como un espacio de fe y
sanación. La causa judicial todavía espera definiciones. Y la imagen de San La
Muerte sigue creciendo al costado de la Ruta 1.
Más allá de las
opiniones, el fenómeno dejó algo claro: las creencias populares siguen teniendo
una presencia fuerte en la vida social santiagueña.
La enorme estatua
levantada en La Bajada terminó funcionando como un espejo de muchas tensiones
que ya existían. Religión, identidad cultural, prejuicios, necesidad espiritual
y conflictos sociales aparecieron mezclados alrededor de una sola figura.
Y probablemente por eso
el tema sigue generando tanto impacto.
Fuentes consultadas: El Liberal, Info del Estero

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