El folclorista santiagueño cumple 50 años con la música. Defiende el folclore "de fundamento" contra el "abolerado" y cuenta por qué no se lo reconoció hasta ahora.
Hace apenas unas horas que llegó de Santiago Don Alfredo Abalos. Vino a Buenos Aires prácticamente a secas, no trajo su bombo legüero ni ningún otro instrumento. Sólo su manera inconfundible de frasear se escucha en el segundo piso de la casa en San Cristóbal donde se instaló por unos días.
Enorme la figura de Abalos al final de escalera. Con una luz
de mediodía que potencia el áurea circular de su barba y cabellera blanca,
invita a pasar mientras reniega con un mate demasiado corto. La "voz de la
Chacarera" festeja sus cincuenta años con la música. Esa es un poco la
excusa de su retorno a la provincia en que nació un 21 de abril de 1938.
En una pequeña habitación está el afiche que promocionó su
último recital en el ND Ateneo. "Es emocionante, ¿has visto? Tener después
de tanto tiempo imágenes de uno por toda la Capital. Es el reconocimiento a una
vida en la que me dediqué a hacer las cosas que consideraba tenían un valor
musical y literario: rescatar la cultura de Santiago del Estero. Nunca grabé
nada con la idea de cantar pavadas para vender algunos discos más".
A los 66 años, Alfredo Abalos está más sosegado, debido en
gran parte al yoga, disciplina que practica a diario y que le recomendó Edmundo
Rivero hace 40 años. "Uno ya no es tan insistidor, es importante marcar el
camino y estar en cosas más espirituales", explica.
Hace 32 años que vive en el 8 de abril, un barrio criollo de
la capital Santiagueña en el que eligió pasar su vida luego de abandonar San
Fernando, ciudad donde se crió y pasó parte de su niñez. Allá: una vida simple
"como se vivía antes, llegan los domingos y los vecinos traen una
empanadita, por ahí hacemos un asado en la calle. Vivo con mi compañera, Muni,
con quien estoy hace 35 años, y todavía canta lindo, y con mis cinco gatos. No
me mueve nadie de ahí, hijo. Es el recuerdo: si habremos hecho en casa juntadas
con Miguel Simón, Don Sixto (Palavecino), Pablo Raúl Trullenque, Felipe Corpos,
Antonio Tarragó Ros".
Se fue para Santiago luego de escuchar desde chico los
relatos de Andrés Chazarreta, quien solía parar en la casa de su abuelo. Abalos
se crió con sus tíos luego de que su madre falleciera, dos meses después de su
nacimiento. Era una casa de músicos: "Papá tocaba la flauta traversa, tío
Julio el violín, tío Pancho el bandoneón; todo el mundo cantaba y los fines de
semana eran música y música. Cuando me quise acordar también andaba garroteando
un bombo, metiendo los dedos en el piano y haciendo los primeros acordes en la
guitarra. Un día empecé a cantar también con el bombo y me escuchó Alberto
Ocampo. Ahí nomás me sumó a su conjunto. Tenía 16 años".
Así empezó como bombisto en una de las canchas de básquet
durante los carnavales en River. En la pista de al lado tocaba la orquesta de
Aníbal Troilo y la Jazz San Francisco. Tiempo después, en el sótano de un bar
en Paraná y Sarmiento, mientras estudiaba canto con Rubén de Alvarado, se cruzó
con el Polaco Goyeneche y Edmundo Rivero, quien le regaló el primer libro de
yoga para que aprendiera a respirar. Luego Leo Dan lo llevó al sello Diapasón
para grabar su primer trabajo, Herencia folclórica. A partir de ahí, hizo más
de quince discos. El último salió hace cuatro años, Te digo chacarera, donde
tocó junto a sus hijos Santiago y Martín. Allí, en La doble sentenciosa, talla
una de sus máximas como cantor: no me gusta incomodar ni conversar con
cualquiera / y si alguno se aburre por culpa de lo que digo/ o se tapa los
oídos o puede irse para afuera.
Un viejo cuento santiagueño dice que Tata Dios sólo sale a
bailar truncas si las canta Alfredo Abalos. Pese a todo, en Abalos se confirma
eso de que nadie es profeta en su propia tierra. Recién ahora, luego de una
ausencia prolongada, retorna a los festivales: el próximo 25 de setiembre
estará en el Festival de la Tradición en Añatuya.
¿Por qué piensa que no
hay un reconocimiento hacia su figura?
No lo puedo explicar. Hemos salido de Santiago con Don Sixto,
con Cuti y Roberto Carabajal y nos ha ido muy bien. La última vez, en el
Festival de la Salamanca, han contratado a Los Nocheros y a nosotros no nos
tuvieron en cuenta. Y esa ingratitud duele, esa idea de estar en la cosa del
momento, llámese Soledad, Los Nocheros, Luciano Pereyra es lo que da plata. Ahí
está la cosa. Lo que no quiere decir que lleven buena música.
¿Piensa que también
usted ha tenido actitudes que lo han ido marginando?
Puede ser, pero no puedo evitar ser peleador defendiendo
cosas que a mí me parecen valiosas. Hace cuatro años que no voy a Cosquín, la
última vez me han hecho calentar fulero. Esa noche había subido un montón de
gente valiosa como Suma Paz, Hugo Jiménez Agüero y nadie les daba bolilla
porque esperaban el cierre con Los Nocheros. Entonces dije por el micrófono:
"Ahora les voy a cantar una danza tradicional argentina que se baila,
ustedes no la deben conocer porque han venido a escuchar boleros, se llama
chacarera". ¿Me entiende? Uno no puede dejar de calentarse con eso. A mí
me ha pasado de tocar en Santiago con la gente de moda y ver subir a Don Sixto
y que todo se venga abajo.
Usted fue el primero en grabar "Angélica" de
Roberto Cambaré, y contó una vez que fue bastante criticado por Atahualpa
Yupanqui por algo parecido.
Sí, tenía una métrica de zamba pero la letra era medio, como
digo ahora, abolerada... romántica. Don Ata, que era tan criollo, nos criticó
duro; era bravo cuando criticaba a la gente joven. Nos dijo algo parecido de lo
que ahora pienso del folclore abolerado. De esa crítica hemos aprendido a
distinguir el folclore abolerado del folclore con fundamento. Hay que respetar
las raíces.
Juan José Santillán

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