La obra de Ramón Ayala retrató la vida de los peones yerbateros del Alto Paraná y terminó convirtiéndose en una de las canciones más fuertes del folklore argentino. Detrás de su melodía hay explotación, conflictos políticos y una idea de cambio que atravesó toda una época.
Hay canciones que
envejecen rápido. Otras, en cambio, siguen respirando, aunque pasen los años.
"El Mensú", escrita en 1956 por Ramón Ayala junto a José Vicente
Cidade, pertenece a ese grupo. No sólo por su valor musical, sino porque logró
ponerle voz a una realidad que durante mucho tiempo quedó escondida entre la
selva, los obrajes y los yerbales del litoral.
La canción apareció en un
momento de fuertes tensiones políticas y sociales en la Argentina y América
Latina. Y aunque nunca se presentó como un himno militante en términos
explícitos, terminó siendo leída como una obra profundamente ligada a las
luchas sociales de su tiempo.
El
mensú: trabajo, deuda y encierro
La palabra
"mensú" viene de "mensualero". Así se conocía a los peones
rurales que trabajaban en la cosecha de yerba mate y en los obrajes madereros
del Alto Paraná, una región marcada por condiciones laborales extremadamente
duras.
A fines del siglo XIX y
principios del XX, miles de trabajadores fueron reclutados bajo sistemas de
explotación basados en deudas, adelantos de dinero, engaños y violencia física.
Muchos quedaban atrapados en los yerbales sin posibilidad real de abandonar el
trabajo. Las jornadas eran agotadoras y las condiciones de vida, precarias.
La figura del mensú ya
había aparecido antes en la literatura y el cine. Horacio Quiroga escribió
sobre ese universo en varios de sus cuentos. Después llegaron películas como Prisioneros de la tierra y Las aguas bajan turbias, que mostraron el nivel
de explotación en los obrajes del litoral.
Pero Ayala hizo algo
distinto: llevó esa historia al terreno de la canción popular.
Una
canción nacida lejos de Misiones
Aunque Ramón Ayala vivía
en Buenos Aires cuando compuso "El Mensú", la memoria de Misiones seguía
muy presente. Según contó años después, la idea surgió mientras caminaba con su
hermano Vicente por la zona del Dock Sud. Ahí apareció la necesidad de escribir
una canción que hablara del hombre misionero y de sus trabajos.
No quería contar un
paisaje idealizado ni repetir la imagen tranquila del folklore tradicional. Lo
que buscaba era mostrar al trabajador, su desgaste, su dolor y también su
dignidad.
Ese enfoque marcó una diferencia importante con gran parte de la música folklórica de la época, donde muchas veces el paisaje aparecía separado de los conflictos sociales.
Folklore,
política y cambio social
"El Mensú"
salió apenas un año después del golpe militar que derrocó a Perón en 1955. La
Argentina atravesaba un período de inestabilidad política, mientras en América
Latina crecían los debates sobre desigualdad, revolución y justicia social.
La Revolución Cubana, las
discusiones dentro de la izquierda latinoamericana y los movimientos culturales
de los años sesenta empezaban a influir también en músicos y escritores.
Ayala quedó cerca de ese
clima político y artístico. Compartió espacios con músicos paraguayos exiliados
y más adelante se vinculó con figuras del Nuevo Cancionero como Mercedes Sosa,
Armando Tejada Gómez y Oscar Matus. Aunque no formó parte oficial del
movimiento, compartía muchas de sus ideas: renovar el folklore y usar la canción
como una forma de reflejar la realidad social.
En 1962 viajó a Cuba
invitado por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. Según el propio
Ayala, la invitación estaba relacionada con el contenido social de sus
canciones. Años después volvería a La Habana para participar del Primer
Encuentro Internacional de Canción Protesta.
La
tensión que atraviesa la canción
La letra de "El
Mensú" nunca habla de revolución de manera directa. Pero todo el tiempo
aparece la idea de conflicto y transformación.
La selva se muestra como
un espacio duro, opresivo, marcado por el cansancio y el castigo:
"Selva,
noche, luna, pena en el yerbal"
Después aparece otra
imagen: la posibilidad de que algo cambie.
"Día
bueno que forjarán los hombres de corazón"
Ese contraste entre la
noche y el amanecer atraviesa toda la canción. Según el análisis de Angélica
Adorni, incluso la estructura musical acompaña esa tensión. La galopa, con su
ritmo constante y sostenido, transmite sensación de movimiento y avance.
No hay una resolución
definitiva. La canción queda abierta, como si el conflicto siguiera todavía en
marcha.
Una
canción que sigue viva
"El Mensú" fue
grabada por Horacio Guarany en 1957 y con el tiempo pasó a formar parte del
repertorio de numerosos artistas populares, entre ellos Mercedes Sosa, Ramona
Galarza y Juan Carlos Baglietto.
Más de sesenta años después, la canción sigue teniendo peso porque no habla solamente de un trabajador rural del litoral. Habla del desgaste, de la injusticia y de la necesidad de dignidad.
Quizás por eso Ramón
Ayala decía que "todo hombre tiene algo de mensú". No como consigna
ni como frase grandilocuente. Más bien como una forma sencilla de reconocer que
detrás de esa historia particular hay algo mucho más amplio y humano.
Fuentes
* Angélica Adorni,
"¿Una canción revolucionaria? Análisis musical y socio-histórico de El
Mensú (1956) de Ramón Ayala".
* Ramón Ayala,
*Confesiones a partir de una casa asombrada* (2015).
* Luis Alberto Romero,
*Breve historia contemporánea de la Argentina* (2001).
* Claudia Gilman, *Entre
la pluma y el fusil* (2003).

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