Por José Luis Torres
Esta historia es un
adelanto de la biografía de Cali Carabajal. Empezamos a escribirla hace un año
y seguimos trabajando en el proyecto, disfrutando de las historias que nos vá
relatando su protagonista, descubriendo con sus palabras un mundo lleno de
imágenes y recuerdos que me nutren de una historia familiar desde su misma raíz
Mi agradecimiento a Cali
por confiarme esta tarea. Cuando terminemos de escribirlo y sea editado les
avisaremos.
De todas maneras y a modo
de adelanto publicamos una de las tantas historias que Cali nos vá narrando y
llenando de asombro al conocerlas.
Mucho se ha escrito sobre
esta fiesta que hoy en día convoca miles de personas que llegan a Santiago del
Estero para disfrutar de este acontecimiento
Sin embargo, no conozco
ningún relato que cuente como nació esta fiesta. Cali fue testigo y
protagonista, era un changuito de apenas 6 años en ese tiempo.
Su frescura y calidez nos permite viajar en el
tiempo y encontrarnos en 1951 participando de aquel primer festejo. Espero lo
disfruten tanto como lo he disfrutado yo al conocerlo.
“Nací en la ciudad de Santiago del Estero. Mi
papá se llamaba Enrique Carabajal, trabajaba en el correo desde los 14 años. Mi
mamá se llamaba Romelia Brandan y yo nací el 23 de diciembre de 1946. En
aquella esa época te acordarás, se anotaban los nombres de acuerdo al almanaque
y según esa costumbre me tocaba el nombre de Victoriano.
Entonces mi papá, me
anotó el 20 de enero de 1947, pero con el nombre de Carlos Roberto, porque no
le gustaba Victoriano. Me puso Carlos Roberto Carabajal y no recuerdo bien
quien me puso el diminutivo de Carlos como “Cali”, nunca se me dio por
preguntar tampoco, pero calculo que debe ser mi viejo, porque me llamaron por
primera vez así y ya quedó para toda la vida “Cali”, eso fue en Santiago, en la
capital.”
1951
- El cumpleaños de la abuela:
“Te cuento el origen de
esta fecha patriarcal, en principio un festejo para la familia, pero más
adelante se transformó en una fiesta de La Banda (el hogar donde ella vivía)
que tiene trascendencia nacional actualmente y se ha consolidado como una
fiesta para la provincia.
Lo que comenzó hace 70
años como un encuentro familiar hoy es fiesta del pueblo.
María Luisa Paz de
Carabajal nació el 15 de agosto de 1901 en Clodomira, y en 1951 (al cumplir 50
años de vida) se reúnen sus hijos mayores: Héctor, Enrique, Ernesto, Carlos,
Agustín y con el resto de sus hermanos deciden organizar el cumpleaños y se
ponen de acuerdo para que por primera vez se festeje el cumpleaños de doña
María Luisa
Ella era el alma de la casa, acompañada por mi
abuelo Francisco Rosario Carabajal.
Él era más bohemio pero muy trabajador, tenía
su fábrica de canastos artesanales y la abuela se ocupaba de todo lo demás: de
los hijos, los nietos y de toda la familia que ya era numerosa en aquella
época.
En ese tiempo yo era
changuito, tenía apenas 6 años y la recuerdo caminando permanentemente por el
patio, trajinando, lavando ropa en la batea, preparando el amasijo de pan
casero que luego horneaba para todos, haciendo empanadas o locros para la mesa
larga donde nos juntábamos abuelos, hijos y nietos.
Era el alma de la casa y así lo reconocían
todos, por esa razón sus hijos deciden festejar todos juntos, además de los
amigos de la familia que eran muy allegados a su casa
A partir de ese momento, se continuó con el
festejo de su cumpleaños todos los años siguientes. Cada vez que se festejaba
el ambiente de la casa era festivo, se respiraba y contagiaba ese clima de
fiesta.
Ese ambiente fue
contagiando a los amigos de mis tíos, que ya estaban en el ambiente de la
música: Héctor, Carlos, Agustín, Enrique (mi viejo), Ernesto, y comenzaron a
invitar sus amigos a la celebración y aportaban el espíritu de colaboración a
la fiesta, ellos comprendieron que había que colaborar para que esa fiesta
fuera cada vez mas grande.
Uno de ellos ofreció “Bueno, yo colaboro con
una vaca”, eso servía para hacer el locro, el asado, las empanadas y todo lo
que la tradición marca en una fiesta grande.
Otros traían cajones de vino, algunos de
cerveza, y así todos fueron aportando sucesivamente para que no falte lo
esencial para esa fiesta, que era una motivación muy grande para compartir ese
festejo con la familia y los amigos.
Ese día estábamos todos, grandes y chicos
reunidos en patio de tierra de la casa esperando que llegue la vaca, hasta que
uno que estaba en la puerta de la casa avisó “Muchachos, llegó la vaca. ¡Ahí la
traen!”. El aviso motivó un aplauso unánime y algunos hicieron un brindis por
la llegada del noble animal.
Y así fué, pero lo que no sabíamos era que la
vaca estaba viva y la traían con una piola en el cuello caminando. “¡Huy, huy,
huy!, ¿ahora cómo hacemos? Hay que carnearla, cuerearla, separar los trozos de
carne para las distintas comidas”.
Bueno, alguien fue a buscar a quien pudiera
realizar ese trabajo y la vaca quedó esperando en fondo del patio.
Los más changuitos jugábamos en el patio
corriendo tras una pelota hecha con medias viejas. Otros andábamos ocupados en
arrimar leñitas para prender el horno de barro familiar.
Así que los demás siguieron guitarreando y
cantando muy entretenidos porque faltaba bastante para sentarse a comer, hasta
que al rato uno nos avisa a los gritos y muy desesperado “¡No está la vaca, se
ha escapado!”.
Imaginate el desbande:
todos a recorrer el barrio tratando de encontrar, grandes y chicos por las
calles del barrio, aquellas calles de tierra rastreando la vaca ¡era la base
del almuerzo, había que encontrarla!
Los mayores preocupados y buscando en todos
los patios vecinos. Nosotros los más changuitos creo que disfrutábamos en la
búsqueda y nos metíamos en todas las casas, los perros alterados por los gritos
nos ladraban, pero ni los escuchábamos, había que buscar la vaca, esa era la
tarea urgente.
Y uno de los más grandes nos alentaba “¡Agárrenla
porque se nos vá el locro, las empanadas, el asado, se nos vá todo!”, ¡mira que
se nos iba a escapar!; la hubiéramos rastreado hasta en el monte y además
queríamos colaborar con más grandes.
Al fin la encontramos, pero no la podíamos
agarrar, los más chicos éramos los más inquietos en la búsqueda hasta que uno
de los mayores la sujetó de la piola y la llevó a la casa entre el griterío de
festejo de los más changuitos.
¡Me acuerdo de aquel
momento y me hace sonreír la anécdota!
Finalmente, el encargado
de la faena realizó su tarea, acercó los cortes de la vaca y se pudo concretar
un menú bien criollo, exquisitos platos que saboreamos entre todos.
La olla grande burbujeaba con el maíz blanco,
los porotos, el zapallo y los trozos de carne. El horno bramaba y humeaba lindo
por su oreja, mientras salían las empanadas tan calientes que costaba
agarrarlas con las manos para hacer un bocado, la parrilla iba dorando los
costillares, mientras los mayores seguían sembrando chacareras y vidalas en el
viejo y amplio patio de tierra en la casa mis abuelos, guitarras en mano y un
bombo repicador esperando que llegar la tan ansiada comida.
Deben ser las empanadas más ricas que he
comido, el locro una delicia inolvidable con las salsitas picantes que hacía mi
abuela y un asado donde las costillas quedaban peladitas a mordiscones. Los
perros miraban con envidia y se relamían esperando que algo quedara para ellos.
Una anécdota inolvidable
de aquel primer cumpleaños y quedó grabada en nuestros recuerdos. Son cosas que
nos han pasado y hoy estamos recordando de aquellos años cuando éramos
changuitos.
En aquella oportunidad,
asistió gente muy destacada de la ciudad, como Martín Rodríguez, Ñato Díaz,
Expedito Peralta, el doctor Arriaga, médico pediatra de la ciudad que trabajaba
en el único hospital que funcionaba en esa época en La Banda. También
estuvieron los hermanos Reyes, Chela, Cari, Apalo Villalba y mucho más.
No recuerdo cuantos eran,
capaz que 40 o 50 comensales, o quizás más, pero todos estaban allí para
festejar el cumpleaños de mi abuela.
Y ella disfrutó ver tanta gente feliz en ese
viejo patio, tanto cariño de sus hijos y nietos sentados en la vieja mesa
familiar, más los amigos y vecinos que habían llegado a homenajearla.
Con el correr de los años se hizo una fiesta
en la cual asistieron grandes artistas como Ariel Ramírez, Alfredo Abalos,
Sixto Palavecino, Carlos Saavedra, el Ñato Gramajo, en fin, muchos.
Como el patio quedó chico, tuvimos que sacar
sillas a la calle y “Hoy ya se convirtió en una fiesta popular a la cual
asisten no sólo artistas, sino turistas de todo el país y el mundo», afirmó
Cuti Carabajal en diálogo con El Resaltador. Cuti es otro de los changuitos que
intervino en la búsqueda de la vaca,
Ella falleció el 10 de agosto de 1993. Su
fiesta de cumpleaños, aquella que arrancó como una reunión familiar, para que
luego se convirtiera en un espejo donde todos, desde bisoños hasta notorios
artistas, quieren reflejar su arte.
Las empanadas, el locro,
el asado, el vino, los artesanos, los viajeros de distintas partes del país y
los cantautores de la gran familia musical forman parte del paisaje de fiesta
que tiene como escenario la calle y al patio de tierra de la casa materna del
humilde barrio de La Banda.
María Luisa Paz de Carabajal, querida abuela
¡siempre estás en nuestros corazones agradecidos!”
Rosario, 9 de junio del
2021

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