jueves, 8 de enero de 2026

El primer cumpleaños de la abuela, contado por Cali Carabajal

Por José Luis Torres 



Esta historia es un adelanto de la biografía de Cali Carabajal. Empezamos a escribirla hace un año y seguimos trabajando en el proyecto, disfrutando de las historias que nos vá relatando su protagonista, descubriendo con sus palabras un mundo lleno de imágenes y recuerdos que me nutren de una historia familiar desde su misma raíz

Mi agradecimiento a Cali por confiarme esta tarea. Cuando terminemos de escribirlo y sea editado les avisaremos.

De todas maneras y a modo de adelanto publicamos una de las tantas historias que Cali nos vá narrando y llenando de asombro al conocerlas.

Mucho se ha escrito sobre esta fiesta que hoy en día convoca miles de personas que llegan a Santiago del Estero para disfrutar de este acontecimiento

Sin embargo, no conozco ningún relato que cuente como nació esta fiesta. Cali fue testigo y protagonista, era un changuito de apenas 6 años en ese tiempo.

 Su frescura y calidez nos permite viajar en el tiempo y encontrarnos en 1951 participando de aquel primer festejo. Espero lo disfruten tanto como lo he disfrutado yo al conocerlo.   

 “Nací en la ciudad de Santiago del Estero. Mi papá se llamaba Enrique Carabajal, trabajaba en el correo desde los 14 años. Mi mamá se llamaba Romelia Brandan y yo nací el 23 de diciembre de 1946. En aquella esa época te acordarás, se anotaban los nombres de acuerdo al almanaque y según esa costumbre me tocaba el nombre de Victoriano.                              

Entonces mi papá, me anotó el 20 de enero de 1947, pero con el nombre de Carlos Roberto, porque no le gustaba Victoriano. Me puso Carlos Roberto Carabajal y no recuerdo bien quien me puso el diminutivo de Carlos como “Cali”, nunca se me dio por preguntar tampoco, pero calculo que debe ser mi viejo, porque me llamaron por primera vez así y ya quedó para toda la vida “Cali”, eso fue en Santiago, en la capital.”

1951 - El cumpleaños de la abuela:

“Te cuento el origen de esta fecha patriarcal, en principio un festejo para la familia, pero más adelante se transformó en una fiesta de La Banda (el hogar donde ella vivía) que tiene trascendencia nacional actualmente y se ha consolidado como una fiesta para la provincia.

Lo que comenzó hace 70 años como un encuentro familiar hoy es fiesta del pueblo.

María Luisa Paz de Carabajal nació el 15 de agosto de 1901 en Clodomira, y en 1951 (al cumplir 50 años de vida) se reúnen sus hijos mayores: Héctor, Enrique, Ernesto, Carlos, Agustín y con el resto de sus hermanos deciden organizar el cumpleaños y se ponen de acuerdo para que por primera vez se festeje el cumpleaños de doña María Luisa

 Ella era el alma de la casa, acompañada por mi abuelo Francisco Rosario Carabajal.

 Él era más bohemio pero muy trabajador, tenía su fábrica de canastos artesanales y la abuela se ocupaba de todo lo demás: de los hijos, los nietos y de toda la familia que ya era numerosa en aquella época.

En ese tiempo yo era changuito, tenía apenas 6 años y la recuerdo caminando permanentemente por el patio, trajinando, lavando ropa en la batea, preparando el amasijo de pan casero que luego horneaba para todos, haciendo empanadas o locros para la mesa larga donde nos juntábamos abuelos, hijos y nietos.

 Era el alma de la casa y así lo reconocían todos, por esa razón sus hijos deciden festejar todos juntos, además de los amigos de la familia que eran muy allegados a su casa

 A partir de ese momento, se continuó con el festejo de su cumpleaños todos los años siguientes. Cada vez que se festejaba el ambiente de la casa era festivo, se respiraba y contagiaba ese clima de fiesta.

Ese ambiente fue contagiando a los amigos de mis tíos, que ya estaban en el ambiente de la música: Héctor, Carlos, Agustín, Enrique (mi viejo), Ernesto, y comenzaron a invitar sus amigos a la celebración y aportaban el espíritu de colaboración a la fiesta, ellos comprendieron que había que colaborar para que esa fiesta fuera cada vez mas grande.

 Uno de ellos ofreció “Bueno, yo colaboro con una vaca”, eso servía para hacer el locro, el asado, las empanadas y todo lo que la tradición marca en una fiesta grande.

 Otros traían cajones de vino, algunos de cerveza, y así todos fueron aportando sucesivamente para que no falte lo esencial para esa fiesta, que era una motivación muy grande para compartir ese festejo con la familia y los amigos.

 Ese día estábamos todos, grandes y chicos reunidos en patio de tierra de la casa esperando que llegue la vaca, hasta que uno que estaba en la puerta de la casa avisó “Muchachos, llegó la vaca. ¡Ahí la traen!”. El aviso motivó un aplauso unánime y algunos hicieron un brindis por la llegada del noble animal.

 Y así fué, pero lo que no sabíamos era que la vaca estaba viva y la traían con una piola en el cuello caminando. “¡Huy, huy, huy!, ¿ahora cómo hacemos? Hay que carnearla, cuerearla, separar los trozos de carne para las distintas comidas”.

 Bueno, alguien fue a buscar a quien pudiera realizar ese trabajo y la vaca quedó esperando en fondo del patio.                                   

 Los más changuitos jugábamos en el patio corriendo tras una pelota hecha con medias viejas. Otros andábamos ocupados en arrimar leñitas para prender el horno de barro familiar.

 Así que los demás siguieron guitarreando y cantando muy entretenidos porque faltaba bastante para sentarse a comer, hasta que al rato uno nos avisa a los gritos y muy desesperado “¡No está la vaca, se ha escapado!”.

Imaginate el desbande: todos a recorrer el barrio tratando de encontrar, grandes y chicos por las calles del barrio, aquellas calles de tierra rastreando la vaca ¡era la base del almuerzo, había que encontrarla!

 Los mayores preocupados y buscando en todos los patios vecinos. Nosotros los más changuitos creo que disfrutábamos en la búsqueda y nos metíamos en todas las casas, los perros alterados por los gritos nos ladraban, pero ni los escuchábamos, había que buscar la vaca, esa era la tarea urgente.

 Y uno de los más grandes nos alentaba “¡Agárrenla porque se nos vá el locro, las empanadas, el asado, se nos vá todo!”, ¡mira que se nos iba a escapar!; la hubiéramos rastreado hasta en el monte y además queríamos colaborar con más grandes.

 Al fin la encontramos, pero no la podíamos agarrar, los más chicos éramos los más inquietos en la búsqueda hasta que uno de los mayores la sujetó de la piola y la llevó a la casa entre el griterío de festejo de los más changuitos.

¡Me acuerdo de aquel momento y me hace sonreír la anécdota!

Finalmente, el encargado de la faena realizó su tarea, acercó los cortes de la vaca y se pudo concretar un menú bien criollo, exquisitos platos que saboreamos entre todos.

 La olla grande burbujeaba con el maíz blanco, los porotos, el zapallo y los trozos de carne. El horno bramaba y humeaba lindo por su oreja, mientras salían las empanadas tan calientes que costaba agarrarlas con las manos para hacer un bocado, la parrilla iba dorando los costillares, mientras los mayores seguían sembrando chacareras y vidalas en el viejo y amplio patio de tierra en la casa mis abuelos, guitarras en mano y un bombo repicador esperando que llegar la tan ansiada comida. 

 Deben ser las empanadas más ricas que he comido, el locro una delicia inolvidable con las salsitas picantes que hacía mi abuela y un asado donde las costillas quedaban peladitas a mordiscones. Los perros miraban con envidia y se relamían esperando que algo quedara para ellos.

Una anécdota inolvidable de aquel primer cumpleaños y quedó grabada en nuestros recuerdos. Son cosas que nos han pasado y hoy estamos recordando de aquellos años cuando éramos changuitos.

En aquella oportunidad, asistió gente muy destacada de la ciudad, como Martín Rodríguez, Ñato Díaz, Expedito Peralta, el doctor Arriaga, médico pediatra de la ciudad que trabajaba en el único hospital que funcionaba en esa época en La Banda. También estuvieron los hermanos Reyes, Chela, Cari, Apalo Villalba y mucho más.                                                                                                

No recuerdo cuantos eran, capaz que 40 o 50 comensales, o quizás más, pero todos estaban allí para festejar el cumpleaños de mi abuela.                                                                                               

 Y ella disfrutó ver tanta gente feliz en ese viejo patio, tanto cariño de sus hijos y nietos sentados en la vieja mesa familiar, más los amigos y vecinos que habían llegado a homenajearla.

 Con el correr de los años se hizo una fiesta en la cual asistieron grandes artistas como Ariel Ramírez, Alfredo Abalos, Sixto Palavecino, Carlos Saavedra, el Ñato Gramajo, en fin, muchos.  

 Como el patio quedó chico, tuvimos que sacar sillas a la calle y “Hoy ya se convirtió en una fiesta popular a la cual asisten no sólo artistas, sino turistas de todo el país y el mundo», afirmó Cuti Carabajal en diálogo con El Resaltador. Cuti es otro de los changuitos que intervino en la búsqueda de la vaca,

 Ella falleció el 10 de agosto de 1993. Su fiesta de cumpleaños, aquella que arrancó como una reunión familiar, para que luego se convirtiera en un espejo donde todos, desde bisoños hasta notorios artistas, quieren reflejar su arte.                                      

Las empanadas, el locro, el asado, el vino, los artesanos, los viajeros de distintas partes del país y los cantautores de la gran familia musical forman parte del paisaje de fiesta que tiene como escenario la calle y al patio de tierra de la casa materna del humilde barrio de La Banda.

 María Luisa Paz de Carabajal, querida abuela ¡siempre estás en nuestros corazones agradecidos!”

Rosario, 9 de junio del 2021

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Cacho Lobo y una vida a plena risa