miércoles, 13 de mayo de 2026

La mudanza del silencio: El zapateo femenino como acto de resistencia y memoria

Históricamente narrado como un duelo de virilidad y destreza masculina, el malambo esconde bajo la tierra las huellas de mujeres que desafiaron su tiempo. Recuperar su historia no es solo un ejercicio académico, sino un acto político para desarmar los mitos que nos impidieron verlas.




El sonido es un golpe seco, un latido que retumba en el pecho. Por generaciones, nos contaron que ese estruendo contra el suelo era patrimonio exclusivo del gaucho, una prueba de fuerza y masculinidad. Pero si escuchamos con atención, entre los pliegues de nuestra historia, el zapateo también suena en clave de mujer. La presencia femenina en el malambo no es una "incorporación" moderna; es una existencia ancestral que fue sistemáticamente invisibilizada por una narrativa patriarcal.

Romper el mito: La mujer más allá de la sombra

Durante décadas, la historiografía oficial del folklore relegó a la mujer al rol de acompañante: la que espera, la que luce el vestido, la que suaviza la escena. Sin embargo, los estudios de Carlos Vega y otros investigadores nos devuelven una imagen mucho más potente. El malambo, como expresión de identidad, nunca tuvo un solo dueño.

La invisibilización de la mujer en esta danza no fue un accidente, sino el resultado de una construcción cultural que menospreció su capacidad técnica. A pesar de esto, ellas estuvieron ahí, apropiándose de una herramienta de expresión que les permitía demostrar destreza, creatividad y, sobre todo, una fuerza que la sociedad de entonces prefería no ver.

El eco de 1921: Cuando ellas ocuparon el centro

Uno de los testimonios más disruptivos que sobreviven al paso del tiempo proviene de la Encuesta Nacional de Folklore de 1921. Allí, un hombre de 65 años llamado Lorenzo Maratini dejó asentado un dato que hoy es una bandera: la participación de parejas mixtas en competencias de malambo.

Este registro no es una simple anécdota. Es la prueba de que existieron espacios de competencia directa, donde la mujer no era una invitada de piedra, sino una contendiente que desafiaba la norma. Eran mujeres que, hace más de un siglo, ya estaban disputando el territorio del zapateo, demostrando que la técnica y el ritmo no conocen de géneros, sino de pasión y pertenencia.

El malambo como lenguaje de liberación actual

Hoy, el resurgimiento del interés por nuestras raíces ha permitido que miles de bailarinas retomen ese legado. Ya no se trata de "imitar" al varón, sino de reinterpretar el malambo desde la corporalidad y la vivencia femenina. Las nuevas interpretaciones incorporan elementos contemporáneos que dialogan con las luchas actuales de las mujeres en Argentina.

Sin embargo, el camino hacia el reconocimiento pleno sigue teniendo obstáculos. La percepción del malambo como un bastión de lo masculino genera techos de cristal en competencias y festivales. Por eso, las iniciativas de talleres y espacios exclusivos para mujeres no son solo pedagógicas, sino reparadoras: buscan reescribir una narrativa donde ellas sean, por fin, las protagonistas de su propio zapateo.

Un cierre para que la tierra hable

Reconocer la presencia femenina en el malambo es devolverle al folklore su verdadera integridad. No podemos hablar de una danza "nacional" si dejamos fuera a la mitad de la población que la sostuvo en las sombras.

El malambo es, y debe ser, un reflejo de una cultura inclusiva. Mientras cada vez más mujeres marquen sus mudanzas sobre la tierra, el eco de aquellas pioneras de 1921 seguirá vibrando, recordándonos que el zapateo no es solo una danza, sino un grito de libertad que ya nadie puede silenciar.

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