Sobre esta zamba: Tanto en Santiago del Estero como en La Rioja, se han recopilado distintas versiones de la zamba de Vargas, llegándose a contabilizar hasta 39, que exaltan a uno u otro ejército según su procedencia. Algo similar sucedió en las provincias vecinas. Es que la denominada ‘canción patriótica’ surgida a partir de la gesta revolucionaria de mayo, como una canción de protesta, había ido transformándose en la denominada canción partidista, que caracterizó al período de las luchas intestinas de mediados del siglo XIX, tanto en el bando unitario como en el federal. Muchas de estas piezas del denominado folclore histórico, transmitidas en forma oral, se perdieron a lo largo de los años por falta de una recopilación sistemática de las mismas, aunque algunas perviven en la memoria colectiva.
Oscar Segundo Carrizo
tomó del zapateador y guitarrero Narciso Gómez, ¨Nachi Gómez¨, la siguiente
versión:
Nachi Gómez es por sí
mismo una acentuada evocación de nuestro folklore bailable y musical. Es, sin
disputa, el santiagueño que más intensamente lo ha vivido. Desde los días
inmediatos postcoloniales, Nachi era ya un “chango” a quien arrastraba
insensiblemente al baile y al canto popular. En toda una visión retrospectiva,
fugaz y llena de color, nos refiere Nachi sus andanzas de cantor, de bailarín y
de músico.
Tenía apenas –dice Nachi-
13 años cuando hombre como de treinta me desavió a un “malambo”. Yo bailaba
descalzo. No tenía zapatos. Así “chaquin ya talla” –con los pies al campo- dice
en quichua, me presenté. Le gané fácilmente. Sabía yo muchas mudanzas y tenía
las tabas livianas. Me dijeron que el hombre se enojó y que me buscó para
azotarme. El individuo era de Salavina y pronto se fue. Después de este hecho
mi crédito se agrandó. Todos comenzaban a invitarme.
Por esos tiempos -dice
haciendo una digresión- el monte estaba metido todavía en la ciudad. Para
llegar a estos lugares -donde hoy vive en Colón y Pringles, sobre Güemes- al
centro, o sea al Cabildo, teníamos que ir por un caminito de cabras, haciendo a
un lado los “ichiles”, una planta regional sin espinas.
No había mucha gente
-prosigue Nachi- que cantar o bailara bien nuestros bailes. Tenían entonces las
reuniones otro carácter. La gente bebía mucho. Los cantores tenían el orgullo
cerril de no ceder sitio a otros. Cuando se juntaban dos, se producía el reto.
Venía la payada, esta seguía el desafío a beber y cuando no había vencidos
evidentes, esta disputa adquiría caracteres más feroces: salían de sus vainas
los cuchillos y los hombres se trababan en terrible duelo. Era en los tiempos
cosas de machos.
Usted, -le decimos a
Nachi- debe haber conocido mucha gente y muchos lugares.
Cierto, no había bailes
ni fiestas que yo no conociera en la provincia. Conozco casi todos los santos a
los que se hace fiesta. Hombres de todas las categorías. Yo estuve en Rosario
con el doctor Manuel Gorostiaga, gran santiagueño. Era ordenanza. Por ahí
andando me ocurrió un percance curioso. Yo no sabía leer. Trabé conocimiento
con una “galleguita”. Me enamoré de ella y ella se prendió de mí. Y como la
mujer enamorada hace milagros, ella me enseñó a leer y escribir. Y en cuanto
aprendí le perdí el amor. Dicen que el diablo también perdió su influencia en la
tierra por meterse a enseñar.
Más tarde volví para mis
pagos. Cometí otro error si podemos decir así. Robé a la mujer que es hoy mi
esposa y a los tiempos me casé. No dejé de bailar ni de cantar por eso. Esta
era mi pasión más fuerte. Eso sí, no aprendí ni a beber ni a fumar. Sólo tenía
la debilidad de “zorriar”. Indica con esto que le cautivaban las faldas. Nachi era,
además, buen tabeador y los naipes en sus manos, se embrujaban para
favorecerlo.
Nachi está hoy un poco
viejo. Más de setenta años. Posee una memoria extraordinaria para todas estas
cosas. Nos hubiese agradado consignar todo lo que nos ha dicho, pero el
espacio, severo dictador, nos lo impide.
Nachi, es además
compositor. Escribe piezas bailables. Tiene varias que han sido ya grabadas y
se difunden en discos. Tiene otras en preparación.
De modo que es Vd.
-decimos- quien más ha agitado el folklore.
-Sí, porque yo lo he
bailado, lo he cantado, lo he tocado y lo he vivido. Todavía lo vivo, aunque
con menos intensidad, pero con igual fervor

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