Por José Luis Torres
El Puka Ruiz me llama por teléfono y me avisa: “Negro, preparate que viene Alfredo Abalos a Rosario”. Ninguno de los dos lo conocía personalmente, pero escuchar sus grabaciones era una costumbre de mucho tiempo atrás. Ya había grabado dos discos con el Negro Domínguez (fabuloso guitarrista) y en 1978 editó un LP en RCA con el título “Silencio, canta Alfredo Abalos”, en su contratapa Marcelo Simón comenta el disco analizando el repertorio tema por tema.
Comenta el encuentro con
Alfredo con sus impresiones sobre la grabación “Todo fue elaborado
amorosamente. Desde la selección del repertorio, eminentemente santiagueño,
incontaminado, hasta la selección de sacha músicos para algunas piezas,
desechando la tentación de recurrir a instrumentistas de Buenos Aires, a los
que les sobra virtuosismo “pero les falta olor a chipaco recién horneado me
dice el gordo – porque es gordo – Abalos”.
Marcelo Simón, muy
respetuosamente explica luego que Alfredo utilizó otra palabra menos académica.
No hace falta ser quichuista para entenderlo “Les falta olor a aca” decía
Alfredo en realidad, y los que no conozcan la palabra “aca” (así, sin acento)
pueden recurrir a internet para averiguarlo.
Para el santiagueño es
normal utilizarla pues puede describir muchas situaciones. Alfredo la usaba
frecuentemente en sus actuaciones cuando se dirigía al director de luces en el
escenario “Che, ¡prendeme las luces que no se vé ni aca!”.
Ese LP era muy poco
conocido y cuando Alfredo lo encontró entre mis discos se sorprendió gratamente
“Negro, ¿de dónde sacaste esto? ¡Es una joya!”- Pero eso fue al tiempo de
conocernos.
Alguna vez subí su tapa
en un sitio de folklore y se ha utilizado en varios sitios, pero nadie ha
mencionado la fuente. Se puede identificar fácilmente porque mis discos tenían
una etiqueta con su número, en este caso era el 174. Hace 20 años las cámaras
de celular no se conocían, así que tuve que escanearlo y unir las dos tomas, el
detalle se puede observar en la foto. Pero eso no es importante para su
historia.
Alfredo había grabado en
1982 “La voz de la chacarera” y en 1983 “Moneda que está en el alma”, ambos en
EMI Odeón y esos discos se difundían en las radios.
El ciclo “El canto de las
provincias” durante la gestión del Negro Ielpi presentó en 1984 y 1985 una
cantidad de artistas increíble en la sala Udecoop (Entre Ríos 435). En esa
lista de presentaciones, uno de los primeros convocados era el Gordo Abalos.
Sabíamos que era gordo (a la vez que alto) pero cuando lo vimos en el escenario
nos dimos cuenta que tenían razón al llamarlo así, después les cuento más
detalles. Alfredo se presentaba cantando y rasgueando la guitarra como pocos,
la primera viola estaba a cargo de Tati Novillo, hermosa persona y buen
violero, otro amigo inolvidable. En ese tiempo la chacarera no era un género
tan difundido ni conocido por el público, tan es así que los poquitos que
querían hacer palmas no sabían dónde comenzaba o terminaba el tema, desconocían
la síncopa…y seguían aplaudiendo aún después del final. Salvo los que eran
santiagueños o la gente que bailaba folklore.
Solo dos tipos en el
escenario con sus guitarras conmoviendo a la platea, ahora nos resulta difícil imaginarlo,
pero era así nomás. Verlo al Gordo tocando la guitarra y cantando con esa
garganta prodigiosa era un espectáculo inolvidable. Tengo en mis archivos 5
temas grabados de esa actuación. Esa noche fue una fiesta para todos y más para
nosotros dos. Cuando nos arrimamos a saludarlo, quizás por el acento
santiagueño del Puka, nos vió como paisanos de su pago (aclaro que no soy
nacido en Santiago, pero he sido amigo de muchos de ellos) y nos abrió la
puerta de su corazón.
Luego de los saludos
empezamos a hablar de cuestiones que teníamos en común y ya nos invitó a cenar,
aterrizamos en una parrilla compartiendo un asadito bien regado con Norton
Clásico (siempre tinto), era el vino preferido de Alfredo.
Me regaló una foto suya y
una tarjeta “Alfredo Abalos. Calle y teléfono en el 8 de abril y una aclaración
de la misma “No llame hora i´siesta”. De esa esa foto después les contaré su
historia, pero vuelvo a contarles de Alfredo. Después de esa noche quedamos
como amigos con Alfredo y Tati Novillo, esa presentación tuvo muy buena
repercusión.
En el verano del 85 actuó
en el Anfiteatro rosarino junto don Sixto Palavecino con Rubén y Carmencita.
Después de la actuación nos invitaron a comer en el patio de los Sosa
(Cochabamba y Alem), a los músicos y amigos, ahí estuvo también el Negro Ielpi,
empanadas, asado y buen tinto. Recuerdo que Tati estaba muy copado con
“Chacarera para mi hermano”, la tuvo que tocar varias veces mientras yo lo
acompañaba en guitarra y Alfredo en bombo, solo instrumental. Esa chacarera la
hizo Cuti Carabajal cuando estando en España se entera que había muerto su
hermano Agustín, Kaly hizo la intro. Me acuerdo que Tati la tocaba en Mi mayor,
son esas cosas que uno no se olvida.
Unos meses después
volvieron a la misma Sala Udecoop (siempre por gestión de Pérez Cantón). Ya nos
habían avisado del retorno y esta vez Puka se ofreció a darle una mano
acompañando con su bombo, el Gordo lo aceptó y lo presentaba diciendo esa noche
“Bueno les presento a mi compañero Julio Novillo, que viene y se sienta, y el
bombotólogo es el Puka Ruiz, un santiagueño que está radicado aquí en Rosario,
ahí está entrando. Recién veníamos en un auto, no sé si han visto ¡y le hemos
hecho tocar el piso contra el suelo! (Se ríe Alfredo) ¡No quería caminar el
auto del gordo! ...Bueno, venir a Rosario significa volver a un lugar donde
tenemos tantos amigos que nos llenan de atenciones y de cariño, es un gusto
estar con ustedes”.
El Puka Ruiz era también gordo y su cupé Chevrolet azul tenía que transportar casi 300 kilos de peso de Alfredo y su dueño, además de Tati y los instrumentos.
Hubo al menos 4 visitas
de Alfredo con Tati Novillo, siempre compartidas con ellos, en ese tiempo nos
escribimos con Tati varias veces. Creo que era bioquímico y se había radicado
en Córdoba. Después lo perdí de vista.
Era nacido en Salto (Bs. As.).
En esas primeras visitas
Alfredo tenía el hotel pago, como todos los artistas, pero a partir de su
segunda visita prefería venir a casa donde era uno más de la familia. Era muy
divertido andar junto a Alfredo, le dice a mi esposa “Marta quedate tranquila que
cuando regreses te esperamos con el puchero”. Íbamos a hacer los mandados en el
barrio y el Gordo se presentaba “Buen día señor, soy Alfredo Abalos, cantor
popular, esta noche canto en el Anfiteatro y lo espero. ¿tendrá chiquizuela?
Tengo que hacer un puchero y no quiero fallar a la Martita”. Y así en los otros
negocios “Buen día señora, soy Alfredo Abalos, cantor popular. ¿Tendrá
zapallito anco y algunos choclos…y si puede me agrega un poquito de apio, le dá
muy buen sabor a la sopa”.
Se repetía la escena: a
comprar el Gancia “Si no tomamos un Gancia como querés que salga el puchero,
hijo querido”, el pan, y Alfredo con su natural acento santiagueño ante gente
que no lo conocía. Después con el tiempo me preguntaban “José Luis, ese amigo
tuyo santiagueño ¿cuándo vuelve?” Alfredo dejaba su marca en el escenario y
también con gente desconocida. Fueron tiempos muy risueños y plenos de
emociones compartidas con el querido Alfredo.
A veces he leído que era
gruñón, que rezongaba, protestón y una serie de apreciaciones que no comparto,
por lo menos no era así con los amigos que entraban en su corazón. Y yo me
considero un afortunado que pudo conocer esa parte tan profunda de sus
sentimientos. Como decía Violeta Parra “Gracias a la vida, que me ha dado
tanto…”
En 1986 volvió a Rosario,
pero esta vez junto a la Muni Santillán (su esposa) que cantaba junto a los
Hermanos Juárez, Martincito era muy chico y en el escenario tocó el bombo junto
a ellos. Fue otra ventana nueva que se abría: conocer y hacernos amigos de Muni,
Fortunato, de Sabino, del Chango y Carlitos. Fortunato inolvidable, músico,
cantor, quichuista, punteaba y bordoneaba la guitarra y bromisto impagable.
Se presentó esa noche en
la Mateo Booz “Nosotros somos los Hermanos Juárez, santiagueños de Loreto pero
la gente dice que somos Los Parchís santiagueños. ¡Capaz que tienen razón!”. Se
reía Fortunato con su risa contagiosa y aclaraba “Sabino 79 años, yo apenas 75,
¿Saben que pasa? En Loreto la gente vive mucho tiempo, hace poco ha muerto uno
de 95 años ¡changuito había sido!”
La Muni no aguantaba la
risa, Alfredo me decía “¡Como le gusta hablar macanas este Fortu!”. Martincito
tensaba el bombo y Horacio Banegas afinaba su guitarra para acompañar al Gordo
querido.
No puedo contarles más, se me humedecen los ojos traidores al recordar estos amigos. “¡Hijo querido, no seas tan flojo!” me diría Alfredo. Y bueno Gordo, disculpame por esta vez.
Fuente: facebook
Rosario, 14 de mayo 2021

No hay comentarios.:
Publicar un comentario